Seguridad

Carta a Rodrigo Ávila: La Mano Dura no tiene futuro. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 23 noviembre 2017 / MAS! y El Diario de Hoy

Cuando fuiste candidato presidencial, todavía no podía votar, porque aún no tenía este derecho. Lo hubiera hecho, no por ARENA, sino en parte porque te conocí como hombre honesto; pero principalmente porque ya sabía qué clase de presidente iba a ser Mauricio Funes.

Hubiera preferido votar por un hombre honesto, a pesar de muchas diferencias con su conservadurismo, que a un tipo corrupto, a pesar de tener con él más coincidencias con su discurso reformador.

logos MAS y EDHComo amigo siento que tengo el derecho y el deber de decirte algo que te va a doler: Tenés que apartarte de tu sueño de ser el hombre que va a componer la política de Seguridad Pública. Tenés que dejar espacio para que el próximo gobierno aproveche la oportunidad histórica de dar un giro al combate a la violencia, la marginación social. Pero tiene que ser un giro para delante, no un regreso al pasado, a las políticas de Seguridad fracasadas de los gobiernos de Paco Flores y Tony Saca. Tenés futuro como diputado, porque no sos un borrego del partido, sino un hombre con independencia y principios. Pero tenés que soltar la batuta en cuanto a seguridad.

Lo peor que puede pasar al país es que las próximas contiendas electorales fueran entre dos partidos que se disputan quien será el más macho para aplicar la Mano Dura y dirigir la guerra. Si esto hubiera pasado en la campaña electoral de 1989, entre el PDC y ARENA, el país se nos hubiera ido al carajo. Pero no pasó, porque Alfredo Cristiani hizo campaña diciendo que iba a buscar la paz. Y la hizo. Este es el legado histórico de ARENA, y ustedes tienden a olvidarlo…

Vos puedes jugar un papel histórico, Rodrigo, así como lo hizo Roberto D’aubuisson, cuando tuvo el valor y la sabiduría de dejar que Cristiani hiciera lo que él no iba a poder: buscar la paz.

Te digo todo esto ahora, porque te observo haciendo propuestas como la del registro de pandilleros que tal vez son populares, pero que no resolverán nada. Es una propuesta que nos aleja de una solución dentro del Estado de Derecho.

El próximo gobierno tiene que apostar a una política audaz de inclusión social y de reinserción, aplicando los principios del Estado de Derecho. No seas obstáculo para esta oportunidad histórica.

Saludos,

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Los temas serios. De Manuel Hinds

Es esencial tomar medidas que mejoren el ambiente de los negocios, pero nada será sostenible si no contamos con una fuerza de trabajo bien educada, con salud y seguridad. Una sociedad con pobre capital humano no puede esperar vivir como la de Silicon Valley.

manuel hindsManuel Hinds, 17 noviembre 2017 / El Diario de Hoy

Probablemente el peor de los problemas que tiene El Salvador es la falta de una visión clara de los problemas que enfrenta y de la manera en la que podría insertarse y lograr el desarrollo en un mundo que no solo está creciendo sino cambiando totalmente en su estructura económica.

EDH logPor una visión clara no me refiero a contar con enormes volúmenes detallando programas que nadie lee o con comisiones que eternamente se escuchen a sí mismas, sino a una serie de pensamientos ordenados que puedan ser entendidos por todos y que nos indiquen la dirección en la que tenemos que movernos. Sin este sentido de dirección los problemas nos caerán como nos han ido cayendo por casi dos décadas: como pedradas al azar en un ambiente de progresivo caos.

Hay por lo menos dos problemas cruciales que por nuestra proverbial superficialidad no hemos analizado como se debe: el terrible problema de inseguridad que está destruyendo el tejido social del país y la manera en la que nos estamos atrasando en adquirir el capital que se necesita para progresar, y aun para no decaer, en la nueva economía del Siglo XXI.

El problema de la seguridad es doblemente trágico porque no solo causa enormes sufrimientos a la población sino porque a pesar de que ha estado presente por más de una década jamás se ha hecho un análisis claro de cómo se genera y cómo se puede resolver. Lo que se ha hecho por todo este tiempo es simplemente tirar así llamadas soluciones al problema, como si los médicos tiraran medicinas al azar a los enfermos para ver si algo de lo que les tiran les hacen un efecto positivo y no los mata. Estas soluciones, llamadas “prácticas”, no han logrado nada sino solo empeorar este problema.

El segundo problema es que el mundo está pasando por una revolución tecnológica que está cambiando la fuente de la riqueza del capital físico (las máquinas) al conocimiento y la capacidad de coordinar tareas complejas a la distancia. El conocimiento siempre fue importante. Al fin y al cabo, las máquinas que caracterizaron a la era industrial eran producto del conocimiento. Lo que ha cambiado es que, mientras que antes las máquinas eran las valiosas y los trabajadores las atendían a ellas, ahora lo valioso es el ser humano con conocimientos, y las máquinas están para ayudarle a realizar sus actividades creativas. Antes, las políticas sociales se necesitaban para darle una vida digna a los que trabajaban las máquinas. Ahora estas políticas sociales —la educación, la salud, la seguridad— se han convertido en la principal política económica, porque la inversión de la que depende el desarrollo es la inversión en capital humano. En la vieja economía se conseguían fácilmente los trabajadores si se tenían las máquinas. Ahora, si se tiene capital humano, es fácil conseguir las máquinas. Nosotros todavía estamos viviendo en la vieja economía.

Mucha gente piensa que hablar así de este tema es superficial, o porque creen que la educación no tiene nada que ver con la economía, o porque creen que por lo obvio no necesita hablarse. Ninguna de estas razones es válida. Por un lado, el mundo entero está demostrando que el valor agregado está en el conocimiento. Por el otro, si es tan obvio, ¿por qué no estamos invirtiendo en capital humano? Lo que es superficial es seguir hablando como si todavía fuera el Siglo XX, como si la teoría económica no estuviera ya cambiando para adecuarse al nuevo mundo, como si nuestro futuro económico pudiera ser determinado por actividades que en pocos años serán realizadas por robots. Ciertamente que es esencial tomar medidas que mejoren el ambiente de los negocios, pero nada será sostenible si no contamos con una fuerza de trabajo bien educada, con salud y seguridad. Una sociedad con pobre capital humano no puede esperar vivir como la de Silicon Valley.

Estos problemas, que están muy ligados entre sí, requieren definiciones a este nivel de análisis que luego se traduzcan en estrategias de inversión en capital humano en salud y educación, en la construcción de comunidades, en establecer la presencia del Estado con las instituciones que harán dicha inversión, y en la planeación fiscal que haga posible pasar al desarrollo.

Carta a los que quieren gobernarnos: Tengan el valor de decirnos la verdad. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 24 octubre 2017 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimados candidatos, pre-candidatos y pre-pre-candidatos:
Sin haber luchado por este derecho, la Sala nos regaló el voto por cara y el voto cruzado. O sea, el derecho de votar por personas en vez de partidos; y de escoger entre las diferentes planillas su propia lista de diputados.

Poco hacemos uso de estos nuevos derechos que vinieron de arriba: del cielo, de Santa Claus Estado, o de unos sabios. Por tanto, los partidos tampoco apuestan a esta nueva modalidad. El resultado: Entre los más de 600 candidatos a diputados no hay ninguno que marque la diferencia. Nadie sabe qué harán diferente.

logos MAS y EDHYo tendré serios problemas para encontrar por quiénes votar entre los casi 200 candidatos en mi papeleta de San Salvador. No porque me caigan mal (aunque algunos sí), sino porque nadie me da una buena razón de marcar su rostro.

Todavía hay tiempo que algunos de ustedes se perfilan con posiciones claras. Se lo recomiendo. ¿De qué otra manera piensan distinguirse del montón? ¿Regalando espejitos, como todos?

Pero donde este tema puede convertirse en el factor decisivo es en la larga carrera por las candidaturas presidenciales. Hasta ahora es un enigma lo que piensa hacer con el país cada uno de los pretendientes. Hablan bonito, pero no aterrizan en nada. Todos. ¿Alguien de los presidenciables del FMLN hará algo sustancialmente diferente a Funes y Sánchez Cerén? ¿Alguien de los precandidatos de ARENA hará algo diferente a los famosos 20 años? ¿Bukele hará lo mismo que en las dos alcaldías y sobre todo en redes sociales? En algún momento tendrán que decirlo.

Sea quien sea electo presidente, tendrá que aumentar impuestos, pero nadie quiere decirlo. El próximo presidente tendrá que abandonar la fatal continuidad de mano dura y enfrentar el problema de seguridad y violencia de otra forma, pero nadie se atreve a decirlo. Mucho menos cómo. Y quien no tiene claro estas dos necesidades, no debería ser presidente.

Estas mentiras y cobardías son la fuente principal del gran desencanto con la política. Nadie dice la verdad sobre los sacrificios necesarios para sacar al país del estancamiento. ¿Quieren prolongar esto? El que rompa el silencio y comience a decir la verdad, tal vez a corto plazo pone en riesgo su candidatura, pero a mediano plazo puede ganar confianza. Estamos a mediano plazo. Pero quien no se atreva a decir la verdad, pone en riesgo su presidencia, porque llegará con las manos atadas por sus propias mentiras.

Quien ahora dé el paso valiente de decirnos las verdades impopulares, todavía tendrá 15 meses para convencernos de las soluciones que plantea.

A ver quién se atreve. Este será presidente. Saludos,

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Iguales. De Cristian Villalta

CRISTIAN VILLALTA

Christian Villalta, director de El Gráfico

Cristian Villalta, 8 octubre 2017 / LA PRENSA GRAFICA

No idénticos, pero sí iguales.

Esa es al menos la enternecedora pretensión recogida en el artículo 3 de nuestra Constitución Política: la de que todos los salvadoreños somos iguales ante la ley. Y así, para gozar de los derechos civiles, nadie puede aspirar a preferencias sobre otro basándose en diferencias de nacionalidad, raza, sexo o religión.

En 2017, es imposible no ruborizarse con esta noción, sobre todo con el plano de la igualdad relativo a “ante la ley”, ese que opera exclusivamente para proteger a los ciudadanos ante los poderes públicos, limitando sus abusos y obligándolos a respetar a cada salvadoreño de la misma manera.

LPGLas pretensiones de nuestros actuales administradores son hacerle un pie de página a la Carta Magna, y que en letras chiquitas se lea: “Excepto si el salvadoreño vive en una ciudad dormitorio, parece sospechoso, navega en la pubertad, se conduce en transporte público o camina por el centro de San Salvador con apariencia ambigua”.

Que el ministro de la Defensa, señor Munguía Payés, celebre que el personal militar se dedique otra vez a labores de seguridad pública, ahora con auxilio de toda la utilería castrense, es razonable. Reacción primitiva de un hombre primitivo. Pero que civiles en el Gobierno, especialmente el vicepresidente de la república, insistan con una retórica guerrerista, vecina a la limpieza social, es grave. Si los salvadoreños ya no somos efectivamente iguales ante la ley, ¿qué posibilidades tenemos de que la ley se nos aplique de modo igualitario?

El rubor ante la idea de igualdad en nuestra nación también pasa por la indecencia de nuestra clase política. Sin excepciones. Y por tal me refiero a que la principal piedra de tropiezo para el avance democrático de El Salvador lo representan precisamente ellos, instalados no solo ni principalmente como operarios de los poderes fácticos, sino como una oligarquía dentro del aparato público, que con independencia de la temática gana con cada crisis y con cada controversia. El pago de pensiones es apenas el último ejemplo.

Debido a la codicia de nuestros políticos, la democracia no funciona: el poder sale del pueblo, pero las recompensas de esa activación se quedan en la política, no suelen volver al “demos”. En esa cleptomanía al gobernar y en ese desprecio para con la nación, ARENA y FMLN fueron formidables alumnos del PCN.

Si algo inspira a nuestros políticos y principales servidores públicos es la singularidad de sus beneficios y prebendas, y no quieren renunciar a ellas aunque la sociedad lo demande y la situación lo exija. Son, llanamente, unos miserables.

¿Qué, sino, podemos decir de todos esos ministros, diputados y mandos medios que gozan de un seguro médico privado que es cortesía de los contribuyentes? En un país en el que endémicamente los hospitales no tienen suficientes camas, en el que llegó a haber desabastecimiento de más de 350 medicamentos hace tres meses, y en el que la próxima cita puede ser dentro de seis meses, solo un cretino puede creerse merecedor de tales prebendas.

¿Quiere un seguro médico privado? Págueselo usted. O pregúntele a sus electores si usted se lo merece más que ellos. Le dirán que lo mismo para los mismos no es igualdad.

La encuesta de El Diario de Hoy: ARENA queda debajo del FMLN

Pocos días después de la publicación de la encuesta de LPG-Datos, El Diario de Hoy publica su encuesta, realizada por Predictvia. Las evaluaciones que los ciudadanos dan del gobierno del FMLN son casi idénticas: hay un mayoritaria rechazo a las políticas del gobierno. Pero a diferencia de la encuesta de LPG-Datos, la de EDH registra que ARENA todavía queda debajo del FMLN en intención de votos.

Segunda Vuelta

La evaluación del gobierno del FMLN y sus políticas

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La inclinación por los partidos

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Las políticas del gobierno del FMLN hacia Venezuela y Estados Unidos

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La reforma de pensiones

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El anális del director de Predictvia, la casa encuestadora de El Diario de Hoy

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Ficha Técnica

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Compare esta encuesta con la de LPG-Datos

 

La falsa respuesta. De Florent Zemmouche

Hay obsesiones de algunos hombres políticos que se pueden resumir en una sola palabra: armar. Pretenden resolver los graves problemas de inseguridad en nuestro país armando a ultranza. Pero están equivocados. Y si su error es multifacético, también revela un síntoma recurrente de la ineficacia política.

Florent Zemmouche, 26 mayo 2017 / LPG

Por lo general, estos políticos se inscriben dentro de un mismo marco de ideas retrógradas e inadecuadas como lo son el restablecimiento de la pena de muerte o la legalización de grupos de “autodefensas comunales”. Incluso, este último proyecto ha sido ya apoyado mediante el financiamiento de licencias de tenencia de armas de una comunidad. Por cierto, es interesante que un diputado en cualidad de hombre público proponga una medida y mientras tanto, sin que sea aceptada, como ciudadano lambda, la aplique. Es una manera particular de entender y de practicar el proceso democrático. Tal separación del individuo no puede existir para un hombre político quien no es un ciudadano cualquiera. Además, preciso es notar que si bien el dinero da cierto poder, el poder no rima necesariamente con la inteligencia.

Frente a cada nuevo caso de violencia, aquellos dirigentes repiten su inquietante leitmotiv: hay que armar a la población. Tal propuesta es fruto de una observación errónea de la realidad. La inseguridad proviene precisamente de la tenencia masiva de armas en El Salvador. Impulsar su distribución en la sociedad civil no resuelve el problema, lo incrementa. Tal acción es perniciosa. Hay que optar por la dinámica contraria, la del desarmamiento. Por ejemplo, en vez de pagar para armar, ¿por qué no dar dinero a cambio de cada arma depositada definitivamente en manos de una organización designada para ello?

El hecho de apoyar económicamente la tenencia de armas denota la cobardía de los políticos que se destituyen de sus responsabilidades. La seguridad pública es un deber constitucional del Estado. Le incumbe fundamentalmente conservar y proteger la vida de sus ciudadanos, con sus fuerzas de seguridad. El monopolio de la violencia legítima es, según Max Weber, la definición misma del Estado. Otorgarle a cada individuo la posibilidad de defenderse por sí mismo destruiría ese monopolio central destinado a garantizar el orden. Desaparecería entonces el Estado, dejando la sociedad ser devorada por una guerra de todos contra todos.

En realidad, este tipo de medida obedece a la lógica de la política-espectáculo que nos gobierna y cuya esencia es la inmediatez. Somos impacientes. Y la impaciencia destroza la eficacia de la acción política. Queremos que todos los problemas se resuelvan inmediatamente mientras que la política no puede concentrarse sola y exclusivamente en el presente. Tiene que proponer una visión, un proyecto, un futuro. Su trabajo es una construcción. Entendamos entonces que la respuesta a la violencia en nuestro país es un largo proceso que requiere paciencia. Sus resultados no serán inmediatos. La política de la “mano dura” es un paliativo. Por cierto, los abusos policiales y los estragos colaterales ya son numerosos y a cargo de profesionales. ¿Cuántos serán los errores con novatos?

Así no se resuelve el verdadero problema. Las raíces de la plaga permanecen intactas. Detrás de la violencia se esconde una sociedad que no funciona. Un Estado que no cumple con sus deberes. Si hay dinero que gastar, que sea usado de manera sensata. ¿Por qué no financiar escuelas? ¿Docentes? ¿Por qué no apoyar económicamente la construcción de estructuras sociales en todo el país? ¿Por qué no dedicarse a integrar los territorios abandonados? Seamos exigentes y rigurosos para estar a la altura de las dificultades. No caigamos en la trampa de la impaciencia y de la rabia.

Mitos sobre la violencia. De Mario Vega

Cuando el tema de seguridad se aborda desde una óptica electoral, se definen prioridades cuestionables y se hacen inversiones insuficientes en aquellos elementos que es necesario atender para mitigar el problema, pero que no reditúan mucho apoyo electoral.

Mario Vega, pastor general de la Iglesia ELIM

Mario Vega, 5 mayo 2017 / EDH

El problema de la violencia es el resultado de la confluencia de múltiples variables que deben ser reconocidas para desarrollar un auténtico diagnóstico del problema y, consecuentemente, una auténtica solución. Lastimosamente, eso es lo que no se hace en nuestro país, pues el problema se ha abordado desde la política electoral y no desde las ciencias sociales. Al utilizar el problema de la violencia en perspectiva electoral se desarrollan mitos que dificultan la objetividad en el acercamiento al problema. Por ejemplo, pensar que la cantidad de homicidios es el mejor parámetro para medir las violencias es un desacierto mayúsculo que desvía la atención de las causas para enfocarse en las consecuencias. En ese ir y venir de las manipulaciones electorales, los medios de comunicación pueden entrar en el juego amplificando los temores y legitimando simplificaciones. Cuando las simplificaciones penetran en la mentalidad colectiva se convierten en mitos que distorsionan por completo la comprensión del problema.

El principal mito que se ha creado baja esa dinámica es el de pensar que el tema de la violencia se resuelve con el uso de la fuerza. En ese afán, que es ya desesperado, se deja de combatir a la violencia para combatir a las personas. Con ello se produce una distorsión de la etiología de la violencia, que es equivalente a mutilar un miembro y no al cáncer. Las personas que creen que la violencia es la manera de resolver los conflictos lo hacen, porque es el modelo que aprendieron en sus hogares. Es decir, opera en ellos la misma lógica de los miembros de pandillas: están reproduciendo en el mundo exterior los modelos interiores de sus hogares paternos. El considerar la violencia como la única salida al problema de seguridad puede llevar a razonamientos absurdos como el de calificar al fiscal general como protector de las pandillas por enjuiciar a policías acusados de ejecuciones ilegales.

A pesar de todo ello, existen en el ambiente elementos esperanzadores que ameritan un poco más de reflexión. Uno de ellos es la aprobación de fondos para el Plan para la Prosperidad para el Triángulo Norte, el cual, es un reconocimiento de las causas estructurales subyacentes a la migración y que, desembocan en problemas de seguridad. En ese caso no solamente se reconocen las causas sino también se reconoce que las mismas son comunes a los tres países del Triángulo de la Muerte, debido a que sus complicaciones estructurales son comunes. Esa es una visión más globalizadora de un problema que de por sí no es simple. Cuando el tema de seguridad se aborda desde una óptica electoral se definen prioridades cuestionables y se hacen inversiones insuficientes en aquellos elementos que es necesario atender para mitigar el problema pero que no reditúan mucho apoyo electoral. Dado que nos aproximamos a nuevos eventos electorales, se ve ya en el ambiente intentos por continuar utilizando el dolor de los salvadoreños para ofrecer soluciones populistas que nada tienen que ver con las auténticas causas de las violencias y mucho menos con sus soluciones. Como población, debemos mantener la mente abierta y pensar en el punto adonde nos ha llevado una serie de medidas desatinadas y el alto costo humano que eso ha representado para miles de familias. Es tiempo de poner un alto a tanto juego con la vida y el dolor humano para ponernos serios en el mayor problema del país.