Julio Rank Wright

Un partido político moderno es… De Julio Rank Wright

En los próximos dos meses los principales partidos políticos del país irán a sus respectivos Congresos y Asambleas partidarias para elegir a nuevas autoridades o reafirmar la permanencia de las que están.

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Julio Rank Wright, 3 septiembre 2015 / LPG

De cara a lo que viene en repetidas ocasiones analistas políticos, académicos, formadores de opinión, editorialistas y ciudadanía general se han expresado, aludiendo a la necesidad de que los partidos políticos salvadoreños se modernicen. De cara a esa demanda, en ocasiones silenciosa, por la modernización pronta de los principales vehículos de representación política, se vuelve importante delinear las principales características de un partido político moderno. La lista no pretende ser exhaustiva pero sí atiende lo medular.

Un partido político moderno es uno, en primer lugar, que no le tiene miedo a la transparencia, a la rendición de cuentas y a la democracia interna. Segundo, es uno donde la coherencia en pensamiento, propuesta y acción, la razón y la agenda nacional imperan sobre agendas personales. Es uno que no está cooptado o manejado por poderes fácticos. De igual importancia resulta ser que un partido moderno es uno que no ventila sus “trapos sucios” públicamente sino que los resuelve internamente. Estos puntos son esenciales, ya que suelen ser los que más critica y señala la ciudadanía informada de la era digital.

Un partido político moderno refleja, como mínimo, una plataforma ideológica y programática e incluye a los sectores excluidos en su estructura partidaria. Los cambios socio-demográficos del mundo obligan a que los partidos encuentren en el cambio un motor para su modernización y en ese sentido la resistencia al cambio únicamente ayudará a hundirlo. No basta reducir el cambio a cambio de rostros con mensajes del pasado. El cambio debe no solo proyectarse como genuino sino que las acciones y propuestas políticas derivadas deben reflejar un cambio en visión.

Un partido político moderno también resulta ser uno que funciona bajo la meritocracia. Reconoce el esfuerzo del ciudadano con preparación y con buenas ideas, indistintamente de su historia de militancia. Como complemento, un partido prepara bien a sus cuadros políticos, rinde cuentas a su militancia y da la cara de frente a la ciudadanía.

El Salvador lleva demasiadas elecciones en donde la principal propuesta de campaña es el miedo. Un partido político apegado a las nuevas realidades del mundo no atrae adeptos ni crece con base en el miedo. Es propositivo. Es uno ajustado a los tiempos. No vive anclado al pasado y reconoce los cambios demográficos, socio-económicos y geopolíticos del país, de la región y del mundo. Es decir, a pesar de que su campo de acción es El Salvador, puede hablar de coyuntura política de otros países y otras regiones. Está insertado en espacios de debate con otros actores nacionales e internacionales. Finalmente, un partido político moderno es uno que inspira.

La crisis por la que pasa el país demanda de partidos políticos serios y comprometidos con la ciudadanía. Si queremos mantener la esperanza en el sistema de partidos políticos de cara al futuro lo menos que debemos observar es que al menos hagan el intento genuino por atender y cumplir los requerimientos básicos de un partido político moderno.

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