Carlos de la Torre

El bolivarianismo. De Carlos de la Torre

Si bien está en crisis, tardará tiempo en que caigan estos gobiernos.

Carlos de la Torre, profesor de Sociología en la Universidad de Kentucky

Carlos de la Torre, profesor de Sociología en la Universidad de Kentucky

Carlos de la Torre, 25 sept. 2015 / EL PAIS

Ahora que está en decadencia, es un buen momento para reflexionar por qué el bolivarianismo se expandió rápidamente en los países andinos. Para muchos la respuesta es simple. Hugo Chávez usó petrodólares para exportar su revolución bolivariana ofreciendo un libreto: convocar a una asamblea constituyente, llamar a elecciones para construir una nueva hegemonía y desplazar a los partidos políticos tradicionales, usar el estatismo económico y forjar una política exterior basada en la soberanía nacional y el antiimperialismo.

Sin embargo si se analiza en detenimiento los casos donde a primera vista parecería que Chávez exportó su modelo se observa que no se adoptaron todas sus recetes. Morales por ejemplo mantuvo una política monetaria prudente y al igual que Correa no nacionalizó empresas y propiedades privadas como lo hizo Chávez. Pero sobre todo muchas de las propuestas bolivarianas respondían a pedidos endógenos de la izquierda y de los movimientos sociales: dar fin con el neoliberalismo, convocar a una asamblea constituyente participativa y reestablecer la soberanía nacional.

Los altos precios del petróleo están detrás de la autonomía relativa que permitió que los gobiernos bolivarianos usen retóricas antiimperialistas

La difusión del bolivarianismo se explica mejor por factores endógenos: la crisis de los partidos políticos, la resistencia masiva al neoliberalismo y el repudio a que la soberanía nacional esté en manos de los EU y del FMI. El bolivarianismo ofreció una utopía y una estrategia revolucionaria a aquella izquierda que no se democratizó en los años 80 y 90. Para los izquierdistas que siguieron soñando con las utopías de la revolución socialista, el bolivarianismo reconfirmó la validez de sus sueños.

Los países a los que se expandió, además, no vivieron experiencias traumáticas con gobiernos autoritarios que llevó a que la sociedad civil y la izquierda valorice la democracia. En los países en que la izquierda y la sociedad civil aprendieron a valorar la democracia liberal y el pluralismo, el bolivarianismo no se expandió porque despertó sospechas de que detrás de la retórica de refundación se vislumbraban peligros autoritarios.

Si bien factores exógenos explican la difusión del bolivarianismo, los altos precios del petróleo y de los minerales explican su longevidad. Los altos precios del petróleo están detrás de la autonomía relativa que permitió que los gobiernos bolivarianos usen retóricas antiimperialistas. También explican la creación de organismos supranacionales alternativos a los controlados por EEUU. El ALBA fue un tratado entre personalidades políticas, más que entre países. Funcionó gracias al carisma de Chávez. Pertenecer al Alba y salir en fotos con los hermanos Castro y con Chávez permitió que Correa pretenda ser de izquierda mientras que su gobierno abría las puertas al extractivismo, criminalizaba la protesta, perseguía a los partidos de izquierda y atacaba a los movimientos sociales sobre todo al indígena. El ALBA más que dinero dio credenciales izquierdistas y la posibilidad de ser parte de un club de amigos que se autodefinían como de izquierda.

La muerte de Chávez dejó huérfano al bolivarianismo. Correa trató de ser el nuevo líder y organizó dos encuentros latinoamericanos progresistas pero carece de los petrodólares y del carisma de Chávez. Además se nota que es un izquierdista manufacturado por los publicistas, no sólo que jamás militó sino que desconoce el pensamiento y los símbolos marxistas.

Si bien el bolivarianismo está en crisis, tardará tiempo en que caigan estos gobiernos. No creen en la alteridad del poder y tienen mucho que esconder por lo que no dudarán en tratar de quedarse en el poder a cualquier costa.

Anuncios

¿La venezuelanización de Ecuador? De Carlos de la Torre

Los ecuatorianos se oponen a las enmiendas constitucionales que permitirían otra reelección de Correa.

Carlos de la Torre, profesor de Sociología en la Universidad de Kentucky

Carlos de la Torre, profesor de Sociología en la Universidad de Kentucky

Carlos de la Torre 20 agosto 2015 / EL PAIS

Parecería que Ecuador está siguiendo la trayectoria de la Venezuela chavista. En los dos países, outsiders prometieron devolver al pueblo el poder que estaba secuestrado por la partidocracia neoliberal. Apelaron al poder constituyente para dar fin con el poder constituido. Convocaron asambleas constituyentes que redactaron nuevas cartas políticas. Expandieron los derechos y concentraron el poder en el ejecutivo. Resucitaron la noción de revolución, entendida como cambio radical de todas las estructuras de poder y como un imaginario refundacional, pero en lugar de balas usaron votos. A través de campañas electorales permanentes desplazaron a los viejos partidos.

Prometiendo democratizar el acceso a la comunicación, controlaron y censuraron la esfera pública. Crearon organizaciones sociales paralelas, cooptaron y reprimieron a los liderazgos autónomos de los movimientos sociales. Coparon todas las instituciones de control con personas cercanas al Ejecutivo.

En ausencia de canales legales independientes que procesen las demandas en contra de los abusos del poder, los medios privados y las organizaciones de la sociedad civil recurrieron a organismos internacionales que fueron denunciados como agentes del imperialismo. Sin poder acceder a las instituciones de la democracia la resistencia se trasladó a las calles. Estos Gobiernos movilizaron a sus seguidores, criminalizaron la protesta y reprimieron a los críticos.

Los procesos venezolano y ecuatoriano también han tenido diferencias. Mientras que la clase media organizada estuvo al frente de la resistencia al chavismo, en Ecuador fueron los movimientos sociales populares, sobre todo el indígena. Hubo momentos en que como en Venezuela la clase media tuvo el liderazgo pero las movilizaciones y el paro del 13 de agosto del 2015 fueron convocadas por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador.

La fuerte presencia de sectores populares dificulta la credibilidad de la descalificación de Correa de las protestas como si fuesen de derecha. A diferencia de Venezuela donde los sectores empresariales activamente se opusieron a Chávez, en Ecuador estos no sólo se han beneficiado del boom petrolero sino que no cerraron sus fábricas, bancos y negocios el 13 de agosto.

Los militares venezolanos, luego del fallido golpe, se convirtieron en la base institucional del chavismo. Los militares ecuatorianos que se han beneficiado del mayor gasto en armamentos en la historia democrática del país no son la base institucional del correísmo. Es de esperar que no repriman al pueblo.

Las diferencias entre estos dos gobiernos populistas autoritarios se explican en parte por el tipo de liderazgo. Chávez combinó en su persona a Bolívar y Jesucristo. Fue el mesías internacionalista que prometió el nuevo reino de Dios en la tierra. Correa, católico convencido, juntó al tecnócrata y al populista. Sus políticas públicas prometieron la redención de los expertos que llevarán al país a la modernidad de las grandes carreteras, la nanotecnología y las ciudades del conocimiento.

Los dos despilfarraron la renta petrolera en proyectos faraónicos. Pero a diferencia de Chávez, que organizó desde el Estado mecanismos de participación popular, Correa se contentó con el intercambio de votos por obras y servicios. Mientras que en Venezuela se crearon lealtades fuertes, en Ecuador el gobierno tiene dificultades para movilizar seguidores. Muchos de quienes salen a las calles a defender el gobierno son burócratas obligados.

Los venezolanos aprendieron que la unidad es el único camino para dar fin al chavismo en las urnas. Los ecuatorianos están de acuerdo en que no hay que aprobar las enmiendas constitucionales que permitirían otra reelección de Correa. El mecanismo para dar fin a estos autoritarismo es la lucha de todos por la democracia. Si bien parecería que las diferencias de la oposición ecuatoriana son irreconciliables, al agredir a sectores populares y medios Correa está promoviendo su unidad en las luchas callejeras. El 13 de agosto del 2015 marcharon los sindicatos, los indígenas, los médicos, los estudiantes, junto a la izquierda y la clase media.

La tarea de la oposición en los dos países es dar fin a la maraña legal creada por estos autoritarismos para controlar la sociedad. Hay que ver qué mecanismos legales permitirán terminar con la concentración del poder en el Ejecutivo y liberar a la sociedad civil y a la esfera pública de la tutela estatal.

Además hay que cambiar el discurso político maniqueo descalificador y violento que transformó a los rivales en enemigos por un discurso que acepte que en democracia hay una pluralidad de opiniones y propuestas.