Ricardo Avelar

La vieja fórmula. De Ricardo Avelar

Ricardo-Avelar-01.pngRicardo Avelar, 21 febrero 2018 / El Diario de Hoy

Los seres humanos recurrimos a la costumbre y a las fórmulas que han probado ser exitosas para lograr nuestros resultados en el pasado. Si bien tenemos la capacidad de ser innovadores, hay situaciones apremiantes donde lo viejo conocido resulta más efectivo.

No hay situación más evidente para ejemplificar este punto que una campaña electoral. El mundo del mercadeo y la publicidad da pasos agigantados y sus profesionales (los más éticos y talentosos, al menos) cada vez encuentran formas más sofisticadas de conectar con potenciales consumidores, empoderándolos y ‘co-creando’ contenido y narrativas envolventes. Sin embargo, en el mundo de la política no hay tanto espacio para la experimentación y se tiende a optar por las viejas avenidas.

EDH logDentro de pocos días, los salvadoreños acudiremos a las urnas para elegir a diputados, alcaldes y concejos municipales por los próximos tres años. El tortuoso proceso que nos está llevando al famoso “Día D” ha sido uno de propuestas trilladas, jingles de mal gusto y promocionales varios, como escobas, discos de tonadas navideñas y cántaros. Nada que aspire a un León de Cannes, galardón máximo de la publicidad.

Hay, sin embargo, en el universo de promesas una que siempre me llama la atención. Y digo siempre porque entre la marea de ofertas es de las más recicladas y sin la cual la temporada electoral se siente tan vacía como las navidades sin fuegos artificiales.

Cada tres años, cuando el país se aproxima a los comicios, más de algún diputado propone una reforma constitucional para blindar el matrimonio como una unión exclusivamente entre hombre y mujer así nacidos. Al estilo de los atletas de velocidad, que al aproximarse a la meta estiran su cuello para ganar unos últimos metros, muchos aspirantes a una diputación ven esta promesa como un último recurso para garantizar algunos votos extra, además de un par de notas periodísticas y tiempo de aire.

Con esta iniciativa que no puede faltar —y de hecho no ha faltado al menos en los últimos cuatro comicios— los candidatos que la abanderan apelan al sector más conservador del voto en El Salvador, ese que se opone sin reservas a refrescar instituciones como el matrimonio o que se niega a repensar las restrictivas y contraproducentes regulaciones de interrupción de embarazos, por ejemplo.

Estas propuestas no empoderan al ciudadano, no le hacen partícipe de un debate sensato y racional de ideas, ni identifican una prioridad de país en la que un candidato pueda ofrecer sus mejores talentos y cualidades para salir adelante. Son argucias emocionales para permanecer en sus cargos.

Me atrevo a decir que hasta se aprovechan de los electores y sus valores y creencias. Si esto fuese un eje programático serio, a lo largo de la legislatura se plantearía una discusión al respecto. Pero no. Se juega como último recurso a trece días de las elecciones y en esta ocasión, el desafortunado portador de esta “innovadora” propuesta es el diputado Ricardo Velásquez Parker, quien ha hecho del discurso conservador su principal apuesta.

Este lunes, el legislador arenero que busca la reelección por el departamento de La Libertad volvió a presentar la iniciativa. Más allá de estar en contra del contenido de la misma, me limito a cuestionar lo que me parece un malicioso tiempo político y una manipulación. ¿O no le parece al sector conservador que lejos de haber batallado por este punto con constancia y consistencia, lo está explotando como último recurso?

Una vez más, lo viejo conocido sustituye a un proceso legislativo de calidad, que empodere, que promueva discusión, que involucre.

Mi primer impulso es, claramente, cuestionar al legislador y sus formas de hacer campaña. No se vale aprovecharse de temas emocionales a pocos días de la elección para ocultar una falta de propuestas sustanciales. Pero hay un tema subyacente que me provoca mayor preocupación: la falta de agencia o protagonismo de los electores.

Que esta desagradable fórmula de reventar cohetes emocionales a pocos días de la elección siga pasando es señal de lo permisivo que es el elector salvadoreño. Un elector que cansado del sinsentido usual, se cansó de exigir pero nunca castigó. Un elector que tiene nuevamente el poder de impedir el oportunismo, pero que no sabemos si lo utilizará. Un elector que en febrero o marzo de 2021 seguramente volverá a escuchar esta iniciativa de reforma constitucional. ¿Apostamos?

@docAvelar

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Negar la cruz de su parroquia. De Ricardo Avelar

En casa hay otro partido que no puede negar algunos rasgos: el FMLN. Durante sus años en el gobierno han buscado pintarse como abiertos y progresistas, pero la evidencia apunta a lo contrario.

ricardo avelarRicardo Avelar, 24 enero 2018 / El Diario de Hoy

Hace unos días leí un interesante ensayo de mi amiga Cristina, quien comparaba al Partido de Acción Nacional de su natal México con la Unión Demócrata Independiente de Chile. Mi colega buscaba estudiar la relación que ambos jugaron en la transición de un autoritarismo a una democracia competitiva. Si bien el contraste es claro, un factor llama mucho la atención, y es que los dos partidos han tratado de diversificar su oferta y sus bases.

Sin embargo, y de una forma muy coloquial, Cristina expresó cómo ninguno de los dos “puede negar la cruz de su parroquia”, pues a pesar de cualquier esfuerzo no pueden abandonar su naturaleza, cuyas raíces residen en élites conservadoras de sus países.

EDH logEn casa hay otro partido que no puede negar algunos rasgos: el FMLN. Durante sus años en el gobierno han buscado pintarse como abiertos y progresistas, pero la evidencia apunta a lo contrario. En la paleta de colores políticos, tienden hacia lo autoritario, donde una cúpula concentra las decisiones y no se permite el disenso.

Como lo prometí, dedicaré de aquí a las elecciones columnas a diferentes candidatos. Y esta columna quise dedicarla a alguno del FMLN, pero no encontré a quién. Esto se debe a que este partido no ha permitido hacer campañas diferenciadas y lejos de nivelar el terreno de juego a todos sus aspirantes, busca privilegiar a algunos ungidos.

En una pancarta colocada en la presentación de su plataforma legislativa solo figuraban los rostros de doce candidatos de esta agrupación política para San Salvador, pese a que esta circunscripción tiene veinticuatro escaños en la Asamblea. Sobra decir que estos doce son los favoritos de la cúpula y el resto parece estar “de relleno”.

En cuanto a lo programático, su plataforma legislativa ofrece cuatro ejes: una democracia participativa y transparente; transformación económica; inclusión e integración social; y convivencia y cultura de paz.

Por el espacio limitado me enfocaré en el primer punto. Entre las promesas del eje resaltan las consultas populares, proveer más recursos al sector justicia, una nueva Ley de Probidad y reforzar la lucha contra la corrupción.

Como no puedo individualizar las preguntas, lanzo algunas al partido. Si su idea de democracia incluye participación, ¿es promover con “preferencia” a un bloque de candidatos una forma de responder a una ciudadanía que demanda un vínculo más cercano con sus representantes? ¿Emplazarán al presidente —del partido que sea— cuando este muestre hostilidad a funcionarios que ejercen control del sector público?
¿Promoverán la transparencia exigiendo que el mandatario solicite permiso por cada viaje y presente un reporte completo de cada visita al exterior? ¿Aceptan seguir blindando a personajes cuestionados por la justicia con cargos públicos y fuero?

¿Se comprometen, además de dar más recursos algunas instituciones, con aprobar presupuestos balanceados? ¿Cumplirán con la sentencia de la Sala de lo Constitucional que manda a incluir todas las áreas en el plan de gastos del Estado? ¿Negarán sus votos a presupuestos exagerados en Casa Presidencial, con todo y las áreas opacas que estos implican?

Sobre Probidad, ¿buscarán una ley que fortalezca la existente normativa contra el enriquecimiento ilícito o volverán a buscar una ley blandengue como hicieron en 2015? ¿Cesarán sus intentos por colmar instituciones como la CSJ, la FGR, la Corte de Cuentas o el TSE de gente afín a su partido?

Hasta el momento, no pueden negar su naturaleza autoritaria, que busca “candidaturas de consenso” y designa posiciones por “dedazo” en lugar de favorecer la participación y el disenso de su militancia. Pero en 2018 viene una nueva oportunidad de redimirse y mostrarse transparentes y abiertos.

A quienes resulten electos, recuerden que su compromiso legal es con todo el pueblo salvadoreño, como lo manda el artículo 125 de la Constitución. No solo con su militancia o el ala más recalcitrante de esta. Y en el plano moral, su compromiso debería ser con el espíritu antiautoritario que motivó a muchos —claramente no a todos— a la lucha armada y posteriormente política.

Posdata: A dos semanas de la columna anterior, el candidato por ARENA, Abraham Soto, no contestó ninguna de las preguntas que le hice. Su silencio también es elocuente. Finalmente, la próxima columna irá al actual presidente del Legislativo.

@docAvelar

Puedo estar equivocado. De Ricardo Avelar

La polarización no es un fenómeno nuevo en el país, pero llama la atención sobremanera cómo gente de una nueva generación no vacila en llamar a otros viejas consignas guerrafriístas.

ricardo avelarRicardo Avelar, 20 diiembre 2017 / El Diario de Hoy

No es sorpresa para nadie que yo me considero liberal. Me inclino a pensar que soy liberal progresista y que más allá de defender las bondades del libre mercado –en las que creo, con algunos matices que escapan el objetivo de esta columna– trato de extender mi entendimiento a temas sociales y a áreas inherentes a la soberanía de las personas sobre su cuerpo y sus decisiones.

Lo que nunca he creído es que soy un policía de la pureza ideológica. De hecho, recuerdo las palabras de mi buen amigo Lucas Ghersi, un joven académico peruano, quien resalta que ante todo el liberalismo es un ejercicio de humildad intelectual.

EDH logPrimero, porque un liberal debe reconocerse ignorante en lo que respecta a los deseos y aspiraciones de otras personas. Por ende, debe evitar interferir en sus decisiones mientras estas no afecten a otros. Y, segundo, porque el liberalismo siempre fue un producto intelectual alejado de los dogmas. En cambio, es un ejercicio de exploración constante, de diálogo interno.

Las palabras de Ghersi se combinaron con una de las canciones que más disfruto, ‘I Might Be Wrong’ (Podría estar equivocado) de Radiohead. Desde que me encontré con ella, allá por mi adolescencia, he coqueteado con la idea de que podría estar equivocado en lo que creo. Me parece que, de momento, no lo estoy, pero dejo la puerta abierta a aceptar errores.

De tal manera que de cuando en cuando reconozco que he cometido groseras simplificaciones y he tratado como dogma algunos temas que requerían discusión, contexto y análisis. Me retracto de algunas cosas que sostuve, pues esto es natural, pero muchas otras las he reforzado y he descubierto nuevas áreas de interés.

Además, me siento feliz de entablar conversaciones al respecto con quien de buena fe lo ofrezca y me alegra saber que muchos de mis entrañables amigos coinciden en muy pocas áreas conmigo, pero eso no detiene la cordialidad y, de vez en cuando, un brindis fraterno.

Por ello es que recientemente me he visto sorprendido por el ánimo cada vez más crispado de las discusiones sobre algunos temas en El Salvador. La polarización no es un fenómeno nuevo en el país, pero llama la atención sobremanera cómo gente de una nueva generación no vacila en llamar a otros viejas consignas guerrafriístas: como el exaspirante a la candidatura presidencial tricolor, que a pesar de estar en sus treintas, anda vergonzosamente diciendo “piricuacos comunistas” o quienes en mítines afines al FMLN celebran mantas que dicen ‘Yankees go home’.

Otros, más creativos, están haciendo uso de nuevas etiquetas que sí son divertidas, pero reflejan un poco de sentimiento tribal y, al menos en mi entendimiento limitado, un poco de deshonestidad académica. Por ahí se repiten consignas como “neomarxistas”, “liber progres” o mi favorito, el “social confuso”, con potencial de eslogan pero poco arraigo intelectual.

Eso de las cruzadas ideológicas e intelectuales siempre me pareció peligroso. Primero, porque es un ejercicio de soberbia. Segundo, porque cada humano es débil ante el poder y no quisiera pensar qué pasaría si alguna de esas personas que a su manera pregona libertad tuviera acceso a tomar decisiones públicas – ¿cómo trataría el disenso? Tercero, porque los fanatismos son caminos al odio y al “lado oscuro”, ahora que está de moda.

Tanta crispación en el ambiente me recordó a una de las viejas escrituras del nefasto Mao Tse-Tung, bajo cuyo legado hay sangre de millones de personas.

En su texto “Combatir el liberalismo”, busca desenmascarar a quienes pretenden ser marxistas, pero tienen “actitudes de liberales”. Y las enumera, llamando a sus copartidarios “leales, honestos, activos y correctos” a oponerse a estas tendencias.

A veces pareciese que es del interés de muchos contemporáneos hacer un frente ideológico capaz de derrotar, a la inversa de Mao, a quienes se dicen liberales pero tienen “actitudes de marxistas”. Y en otros bandos, se busca simplemente silenciar a quienes piensen diferente. Así no solo no se reconstruyen puentes de entendimiento derribados tras tantos años de violencia política en el país. Además, nos aislamos y a falta de diálogo significativo en la sociedad civil, no encontramos acuerdos en áreas prioritarias.

Tanta tensión me tiene muy preocupado. Eso sí, puedo estar equivocado.

@docAvelar

¿El diagnóstico equivocado? De Ricardo Avelar

El diagnóstico no es que el FMLN nos lleva al marxismo y que ARENA es la solución de la debacle actual, sino la nula distinción que ambos hacen entre la agenda partidaria y la agenda de país. Es momento de ser una sociedad civil activa, pero también astuta y menos impresionable.

ricardo avelarRicardo Avelar, 6 diciembre 2017 / El Diario de Hoy

Hace unas semanas, algunos de los principales voceros del FMLN emitieron comentarios sobre las aspiraciones de este partido para el país. Entre ellas, se mencionó la postura ante la propiedad privada, los medios de comunicación y la Sala de lo Constitucional.

En diversos discursos resaltó, como siempre, la matonería del partido de gobierno, que se muestra hostil ante cualquier crítica a su forma de gobernar.

EDH logEsto, en sí mismo, es preocupante. Un cuarto de siglo después de la firma de la paz y en medio de un mundo que demanda una profundización de la democracia no es poca cosa que uno de los actores políticos más importantes del país muestre tan poco interés por la institucionalidad y una economía abierta y funcional.

Habiendo dicho esto, me parece que el discurso del FMLN tiene grandísimas inconsistencias con la forma en que en efecto gobierna. Por tanto, si bien es legítimo criticar estas palabras incendiarias, me parece que asumir que estamos en camino a convertirnos en otra Venezuela o Cuba es una aseveración exagerada y alejada de la realidad.

No hay homogeneidad ideológica, solidez financiera ni respaldo social suficiente para construir un movimiento que efectivamente socave las bases “seudoliberales” de la economía salvadoreña y veo difícil la construcción de un modelo autoritario al estilo de los citados países, en medio de una sociedad civil más o menos activa, con medios tradicionales bien arraigados y una creciente cultura de periodismo investigativo y emprendimiento periodístico digital que se posicionan como posibles salvaguardias de la democracia.

Las alarmas de que nos estamos convirtiendo en una Habana en Centroamérica lucen panfletarias y simplistas. Esto no quiere decir, sin embargo, que no tengamos que preocuparnos, por ejemplo, por la salud de instituciones que han dado muestras de independencia y que sin dudarlo el FMLN socavaría, pero diagnostiquemos bien el problema para no saltar a conclusiones exageradas que nos prepararán para fantasmas que realmente no están sucediendo.

¿Qué es lo que sí está pasando? Durante los ocho y medio años del FMLN hemos visto un aparataje institucional que pasa de estar en función de “lo público” a estar en función del partido en el poder y sus aliados. Esto no es un fenómeno nuevo. De hecho, fue una de las características principales de los gobiernos de ARENA, donde las instituciones de control jurisdiccional protegieron a los funcionarios de ese partido y fueron siempre más estrictas con la oposición.

La principal amenaza a la democracia actual es una que ya conocemos bien, pero por alguna razón fue poco discutida, reporteada y denunciada entre 1989 y 2009. El FMLN y ARENA se parecen mucho en su estilo de gobierno. En vista de que ninguno ha alcanzado suficientes escaños para una mayoría simple, en lugar de buscar acuerdos con su mayor contrincante, han hecho concesiones peligrosas a los partidos minoritarios para lograr gobernabilidad, pero también control e instituciones a su favor.

Asimismo, a lo largo de la joven democracia salvadoreña ningún gobierno ha logrado proveer soluciones a los principales problemas del país. Eso lleva a la ciudadanía a la desafección y el desencanto y éstos a favorecer soluciones “rápidas” como las manos duras o las medidas extraordinarias, que no mejoran la situación, solo colocan parches publicitarios y cortoplacistas.

Estas son algunas de las amenazas que El Salvador ha vivido y no son exclusivas de un partido u otro. Se puede argumentar que ha habido mayor incapacidad y un peor manejo de la cosa pública en uno u otro momento, pero más allá de la retórica, la vocación democrática de ambas agrupaciones políticas deja mucho que desear.

El diagnóstico, por tanto, no es que el FMLN nos lleva al marxismo y que ARENA es la solución de la debacle actual, sino la nula distinción que ambos hacen entre la agenda partidaria y la agenda de país.

Es momento de ser una sociedad civil activa, pero también astuta y menos impresionable. Si compramos la retórica exagerada, nos veremos en la penosa situación en la que están los hermanos hondureños, donde se critican duramente las prácticas antidemocráticas del contrario, pero se callan o se excusan las del propio. Y ese sí es el camino en el que se socava el sistema actual.

@docAvelar

Al lado del camino. De Ricardo Avelar

Si alguien decide estar al lado del camino, podrá creer —como lo decía la canción que lleva precisamente ese nombre— que es “más entretenido y más barato”. Pero no. Con esa apatía solo se contribuye a un país más injusto.

ricardo avelarRicardo Avelar, 24 noviembre 2017 / El Diario de Hoy

Como muchos países de la región, en el marco del fin de la Guerra Fría, El Salvador inició un importante proceso que poco a poco ha permitido que una democracia electoral sustituya las décadas de autoritarismo.

Pese a que nominalmente los salvadoreños podían acudir a las urnas con normalidad, el fantasma del fraude, la represión a las fuerzas opositoras y los dados cargados hacia el oficialismo volvían las elecciones meros formalismos y fachadas democráticas.

EDH logDurante los últimos 28 años es innegable el avance en construcción de instituciones y la renovada confianza en algunos procesos democráticos. Sin embargo, parece que nos estamos estancando y, peor aún, que hay retrocesos en apariencia mínimos pero significativos. Y no me refiero a que un partido u otro quiera cooptar el poder, pues en ese respecto tanto ARENA como el FMLN en diferentes momentos han vuelto “lo público” material de capital político —y económico a veces— para su partido.

Los retrocesos que me preocupan tienen que ver más con la aceptación de la democracia y la promoción de derechos humanos en el país.

Por un lado, la falta de efectividad en la implementación de políticas públicas para reducir los principales problemas del país generan una idea de que la democracia y sus procesos no son suficientes o incluso son muy lentos para las urgentes necesidades de gran parte de la población, como lo evidencian las últimas mediciones de Latinobarómetro, por ejemplo.

Si bien el problema está bien identificado (la falta de soluciones), no son la democracia y sus instituciones sus causantes per se. La falta de transparencia, la perenne corrupción, la idoneidad en asignar cargos técnicos y el nepotismo facilitan el desvío de fondos públicos y el funcionamiento a medias del Estado. Todas estas son áreas de profundización democrática y no sustitutos, como algunos, motivados por la desafección y el desencanto, quisieran creer.

Por otro lado, el respeto a los derechos humanos en el país es una deuda pendiente. En una entrevista publicada por este medio, un connotado miembro del Cuerpo Diplomático expresa algunas de esas preocupaciones con elocuencia.

Las salidas no institucionales al fenómeno de violencia —que facilitan grupos de externinio y promueven más odio en la sociedad— así como una pobre discusión sobre formas de promover una sociedad más inclusiva, los derechos sexuales de las mujeres y derechos de la comunidad LGBT+ nos hacen reflexionar sobre lo limitados que son los frutos de la democracia en el país.

El marco más básico de la democracia salvadoreña existe, pero es endeble y limitado. Si no lo robustecemos con mayor institucionalidad y políticas orientadas a atender con mayor énfasis a quienes han sido sujetos de exclusión sistemática estamos en riesgo de volver a una ficción de bienestar y a una mera sustitución de élites políticas de cuando en cuando.

En este sentido, tenemos dos opciones: o nos involucramos o permanecemos al lado del camino. Si nos involucramos, hagámoslo bien, promovamos discusiones en temas espinosos, cuestionemos a quienes pretenden liderarnos y no bajemos nunca nuestros estándares. Básicamente, no dejar de joder pero tampoco de proponer.

Si, por otro lado, alguien decide estar al lado del camino, podrá creer —como lo decía la canción que lleva precisamente ese nombre— que es “más entretenido y más barato”. Pero no. Con esa apatía solo se contribuye a un país más injusto, donde los olvidados se alejan más de los frutos de la democracia y donde las élites políticas duermen cómoda e impunemente pues sus pecados nunca serán expuestos.

Se nos ha dicho por mucho tiempo el cuento de la polarización y nos hemos situado como víctimas de las posiciones mezquinas de los principales partidos. Pero el seguirlos votando ciegamente, y el optar por el lado de farándula y no el contenido de la política y sus aspirantes nos vuelven también victimarios.

El Salvador inició una era importante de democratización cuando algunos grupos se sentaron a pactar una salida pacífica a los problemas del momento. E hicieron bien. Sin embargo, las tribulaciones del presente son más complejas y requieren más manos a la obra y más mentes discutiendo.

En resumen, que el único “al lado del camino” que disfrutemos sea la canción de Fito Páez.

@docAvelar

¿Preguntas al presidente? De Ricardo Avelar

¿Cuándo fue la última vez que un presidente de la República se sometió a un cuestionamiento directo por parte de miembros de la oposición en El Salvador? ¿Habrá habido alguien, después de Armando Calderón Sol, que se sometiera constantemente al escrutinio de la prensa?

ricardo avelarRicardo Avelar, 26 octubre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Cada miércoles, en la Cámara de los Comunes del Parlamento Británico, quien ocupa la silla de Primer Ministro debe sentarse por 45 minutos frente a sus compañeros parlamentarios y ser bombardeado con preguntas sobre cualquier tema de coyuntura o cualquier política que sea relevante en el momento para los británicos.

De este evento, llamado creativamente Prime Minister’s Questions (Las preguntas al primer ministro, o primera ministra en este caso), han surgido importantísimos debates y algunos momentos bastante entretenidos.

EDH logEn un formato que pareciese caótico hay ciertas reglas que tomaría tiempo explicar, pero en términos generales buscan que haya una dinámica de constante cuestionamiento entre las diferentes bancadas políticas. Estos eventos además son abiertos al público, aunque por razones de espacio hay asientos limitados.

Desde la instauración de la práctica en 1880, los británicos saben que además de las usuales discusiones que se sostienen en el Parlamento, al menos una vez por semana quien ocupa la oficina de primer ministro será cuestionado directamente y no hay opción de evadir las preguntas, aunque algunos han sido más hábiles en “hablar paja”. El desorden y el ruido que se produce en la Cámara son señales importantes de un estilo de hacer política que se somete a una constante evaluación.

¿Cuándo fue la última vez que un presidente de la República se sometió a un cuestionamiento directo por parte de miembros de la oposición en El Salvador? ¿Habrá habido alguien, después de Armando Calderón Sol, que se sometiera constantemente al escrutinio de la prensa?

La falta de una práctica sistemática de preguntas a un presidente o a cualquier funcionario relevante, ya sea por la oposición, la ciudadanía o en conferencias de prensa, tiene varios efectos nocivos en una democracia. Primero, lo obvio, no sabemos qué piensan sobre determinada situación. Podrán pronunciarse en rimbombantes cadenas o comunicados de prensa sobre un tema o dos, pero la agenda nacional es más amplia que esos pocos minutos al aire.

Segundo, no se puede repreguntar. Es decir, si una respuesta, postura o enunciado queda a medias, ¿cómo hacemos para ahondar? La comunicación en una vía no le permite a un mandatario saber si aquello que sus asesores le prepararon es realmente una respuesta a las diferentes inquietudes de la ciudadanía. Y honestamente no me consta que lo quiera o le interese saber.

Tercero, es fácil calificar de desestabilización u oposición necia cualquier crítica si no hay una forma sistematizada de exigir rendición de cuentas en vivo y a todo color. Por otro lado, si la hubiese, se podría notar cuáles son aquellos temas donde siempre hay dudas, repreguntas o cuestionamientos.

Cuarto, quien sea que pudiese tener acceso a las preguntas (la oposición, la ciudadanía o la prensa) se pierde de un importantísimo ejercicio de fogueo. El hábito de preguntar requiere precisión y práctica, y si se hace constantemente es cada vez más inquisitivo.

Y como estas, veo muchas más cosas que los salvadoreños nos estamos perdiendo cuando no establecemos como costumbre este tipo de ejercicios democráticos.

Pensémoslo bien: nuestro presidente difícilmente da la cara y cuando lo hace, es en eventos montados por su equipo, como los “Festivales del buen vivir”, donde los mensajes provistos pintan un país que le produce mucha envidia a suecos y finlandeses. Algunos de los principales alcaldes del país parecen ser inalcanzables para la prensa y hay unos que hasta le han cerrado puertas a medios en concreto.

Es más fácil encontrar a un diputado, pero pueden llegar a ser elusivos o solo dar la cara cuando hay temas en su agenda en particular que les interesa posicionar. Y ante preguntas difíciles, tienden a cerrarse sin temor a ningún costo político.

Por otro lado, esto no es una calle de un solo sentido. Los ciudadanos nos hemos acomodado a no exigir respuestas y solo emitir un juicio fácil o parcializado ante una situación política en particular.

La democracia británica claramente no es la ideal, algo que se puede evidenciar mucho estos días, por ejemplo, con la incertidumbre sobre el Brexit. Sin embargo, algo se puede aprender de estos mecanismos, que obligan a rendir cuentas y no le permiten a ningún primer ministro vivir la falsa ilusión de aceptación y aplausos que le pueda proveer su equipo de propaganda.

@docAvelar

“Si no se renueva, ARENA puede perder toda su credibilidad”: Juan Valiente

El diputado advierte que más allá de los discursos, si la ciudadanía no ve cambios en las posturas éticas y manejo de los recursos en el partido tricolor, le dará la espalda en 2018 y en 2019.

Juan Valiente

Juan Valiente, diputado de la fracción de ARENA. Foto EDH por Mauricio Cáceres

Entrevista a Juan Valiente, de Ricardo Avelar, 15 septiembre 2017 / EL DIARIO DE HOY

El 3 de julio, los diputados Johnny Wright y Juan Valiente desistieron de su precandidatura para la reelección legislativa por el partido ARENA.

En su momento, denunciaron arbitrariedades y favoritismos en las internas tricolores. Meses después, Wright ha planteado la posibilidad de buscar una nueva plataforma para incidencia política, pero Valiente ha optado por permanecer en las filas areneras.

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En una conversación con El Diario de Hoy, este último confirmó esta decisión, pero matizó que se queda para impulsar algunos cambios necesarios en la ética y el uso racional de fondos públicos.

Si ARENA no avanza en ese sentido, advierte, perderá la credibilidad y demostrará que su discurso fue una “fantasía democrática”. Esto fue lo que dijo a este medio:

¿A qué responde este planteamiento de racionalidad?

Yo no continué en el proceso de internas porque percibía que no estaba claro el compromiso del partido con eliminar las prácticas indebidas en el uso de recursos públicos y promover genuinos cambios.

Ser candidato hubiera generado conflicto con los demás, pero no tener interés en las próximas elecciones me permite mantener viva la agenda que dije en campaña y a mi ingreso a la política.

¿Por qué sale del proceso y se queda en el partido?

Creo que los partidos son fundamentales para el adecuado funcionamiento de la democracia participativa y tengo particular esperanza de que el partido pueda transformarse y ser parte de una mejor clase política en el país. Un poco en la línea de lo que dijera un famoso líder de la izquierda democrática de ES: después del militarismo es la partidocracia un gran problema en el fortalecimiento de la democracia y la institucionalidad.

¿Se ha corregido algo de lo que criticó al renunciar de la candidatura?

No ha cambiado nada. Siguen siendo los mismos planteamientos y un discurso fundamentado en las pasiones políticas y en avivar a los ya convencidos y no se han dado cuenta que más allá de los colores y la marcha hay que convencer a una mayoría de ciudadanos alienados con la política y los partidos políticos.

¿Es ARENA un partido poco transparente?

La falta de ética se mantiene, especialmente en la Asamblea y ese no es un pecado del cual solo ARENA es culpable. Hay partidos que hacen peor uso de los recursos que ARENA, sin embargo si no logramos dar el ejemplo no podemos estar tratando de fundamentar una campaña de diferenciación.

¿Es más grave si son el partido que presiona al gobierno por uso de recursos?

Por supuesto. Tenemos el riesgo de perder toda credibilidad por esa falta de congruencia entre el discurso y la práctica política; los salvadoreños nos siguen castigando y no confían en nosotros y nuestra transformación.

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Eso explica por qué se ha deteriorado la preferencia política de ARENA y los partidos en los últimos meses. Los ciudadanos a pesar de nuestro discurso no nos creen porque el discurso no ha sido acompañado de acciones adecuadas.

Y las voces que piden ética, ¿cómo se reciben dentro?

Pedir comportamiento ético creo que es una presencia incómoda, pero a mi juicio es compartida en amplios sectores del partido. Los que ciertamente no están a la altura son los miembros de la dirigencia. Tenemos que promover que sea desde la alta dirigencia que esta agenda y de racionalidad prive, que haya enfoques técnicos y no puramente ideológicos. La alta dirigencia debe hacer el cambio.

Tienes por ejemplo el tema de la planilla de empleados de la Asamblea Legislativa. Los diputados aunque no con nuestros votos aprobaron un presupuesto cercano a los $60 millones, de los cuales cerca de $33 millones son únicamente para remuneraciones. De ese monto, 14 millones van a la planilla institucional y cerca de 20 a la planilla política. Es inaceptable que no podamos promover una agenda de ahorro para asegurar que los recursos se usen para personal de apoyo técnico y no para activistas políticos.

¿ARENA ofrece una reducción unilateral de su planilla?

No públicamente. De hecho, el año pasado presentamos con Mauricio Vargas y David Reyes la Ley Especial de Ahorro y Austeridad y tocaba esos temas en todas las instituciones del Estado. No tocamos el tema de personal, sin embargo hice llegar a la fracción de ARENA propuestas de cómo manejar el tema del personal y es una propuesta que presentaré en el futuro cercano porque hay espacio para ahorrar unos $10 millones solo en personal en los partidos.

¿Cómo es su relación con la dirigencia en estos temas?

Algunos creen que es suficiente dar la apariencia de avance en temas éticos para convencer a los ciudadanos en lugar de dar cambios de fondo, necesarios y correctos. Los ciudadanos están demostrando que ya no se les puede engañar tan fácil. Por eso es que a pesar del discurso renovador que hemos tenido y de la participación de personas como Johnny Wright o tu servidor, ya no se creen que ARENA está renovado y transformado.

¿Prefiere ARENA la lealtad aun con faltas de ética que integridad que es crítica?

Son de las contradicciones que genera la dinámica del cambio, que al promover que el partido sea inclusivo, los liderazgos juveniles en lugar de ser recibido con la puerta abierta sean purgados, como Aída Betancourt. Es lamentable y refleja que en lugar de consolidarse en el partido la fuerza que lo renovaba y lo volvía moderno, abierto y democrático, se estaba convirtiendo en uno conservador, cerrado que no permite la transición hacia el partido que necesita el país.

En la Asamblea General el mensaje de la dirigencia fue que no es momento de criticar, sino de motivar y “ARENA a una sola voz”.

Algunos no estamos dispuestos a acomodar nuestra voz a ocultar la corrupción y por eso necesitamos un partido que genuinamente se transforme y genere decisiones en el sentido correcto.

¿Cuánto tiempo está dispuesto a dar esta lucha si no ve avances?

Tenemos un espacio en los próximos 18 meses para dar esta batalla. Es necesario delinear el tipo de gobierno municipal, nacional y la gestión legislativa que podríamos construir con gente comprometida con hacer las cosas a la luz de la ética y racionalidad.

¿Se puede hacer estos cambios en época electoral?

Las dirigencias deben entender que las campañas en estos días ya no son únicamente publicitarias, sino que deben tener contenido más allá de la marcha y deben ofrecer soluciones verdaderas pero estas se construyen sobre cambio interno y no podemos ofrecer austeridad si no tenemos prácticas austeras en gestiones públicas que lideramos.

¿Quiénes ganan más espacio en ARENA, los renovadores o los más conservadores?

De los partidos políticos más importantes del país en términos de reconocimiento ciudadano, uno ni siquiera juega a la democracia, trabaja de forma centralizada y dice “estos son los candidatos electos por el comando central” y los afiliados ratifican.

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ARENA juega a una fantasía de democracia pero afectando arbitrariamente las planillas y con un nivel importante de manipulación del padrón que permite que permanezcan los candidatos que la dirigencia quiere y no los que los ciudadanos quieren promover.

A 6 meses de elecciones, ¿están a tiempo de hacer cambios?

Solo si la alternativa es liderada por candidatos y precandidatos. Hay un espacio donde estos pueden ayudar a buscar transformaciones políticas que internamente en los partidos han sido difíciles.

En esto, ¿qué rol han jugado los precandidatos presidenciales?

Con diferentes estrategias pero dándose a conocer, dentro del partido y fuera. Carlos Calleja y Javier Simán tienen más tiempo y recursos para hacerlo pero todavía, a mi juicio, no se les ha obligado a tomar posiciones políticas sobre ciertos temas y es lo que quiero hacer en las próximas semanas. De hecho ya me he reunido con casi todos los precandidatos para presentarles esta iniciativa y espero que todos acompañen eso.

¿Ve falta de contenido en precampaña?

El énfasis está en lo desastroso que es el gobierno, pero mi preocupación es que la única manera de convertirnos en un partido que cuente con un amplio reconocimiento ciudadano pasa por reconstruir la confianza y esta solo se reconstruye si logramos acompañar con acciones nuestro discurso y ganar credibilidad.

Cuando salió de la candidatura afirmó que el juego no estaba siendo limpio…

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Es que los compromisos con lo ético eran, cuando menos, mediocres. Para un periodo legislativo podía argumentar que no conocía la podredumbre de la Asamblea, pero después del primer periodo no podía ser sino cómplice si seguía dentro sin cambiar nada.

¿Hay juego limpio en la precampaña presidencial?

Es un reto que tenemos, garantizar que esta elección interna vaya mejorando. Estamos a la espera de los reglamentos que debe aprobar la Comisión Política, de elecciones, afiliaciones y el reglamento del tribunal de primera instancia porque tampoco está a la altura del momento.

Si estos vicios no se corrigen en estos 18 meses, ¿cómo llega ARENA a 2019?

Con pocas posibilidades de ganar. Aún hay personas dentro del partido que no entienden que la fortaleza de la democracia está en actuar con transparencia, con base en la institucionalidad y en la ética. Si no actuamos así, pagaremos un precio altísimo y difícilmente aumentaremos el número de diputados, y probablemente no podamos ganar la presidencia.