Venezuela

Una gran coalición. De Manuel Hinds

Los partidos que persiguen convertir a los países en tiranías ganan las elecciones no porque ellos hayan triunfado, sino porque las oposiciones han perdido.

Manuel Hinds, 24 marzo 2017 / EDH

La manera en la que Venezuela cayó en el desastre en el que se encuentra ahora fue muy triste. Los partidos tiránicos logran imponerse porque los demás ciudadanos, que siempre son muchos más que ellos, no hacen nada aunque vean que van a perder su libertad y su bienestar. Hay cuatro razones principales por las que no hacen nada.

Primero, dejan todo en manos de los políticos y realizan su error solo cuando se dan cuenta de que los políticos, cuidando sus propios intereses, han descuidado los de los ciudadanos.

Segundo, los políticos de la oposición creen que es obvio que los partidos populistas van a perder por sus malos gobiernos, y que lo único que queda por decidir es quién va a ganar entre los precandidatos del partido más fuerte. Eso genera no una competencia interna, sino una guerra sin cuartel que lleva a un desmembramiento interno de los partidos que pudieran derrotar a los tiranos potenciales.

Tercero, muchos políticos supuestamente democráticos se acomodan a ser oposición eterna, sin llegar siquiera a luchar por una victoria electoral.

Hallan un nicho en alcaldías o en la Asamblea Nacional que, piensan ellos, siempre va a estar allí, gane quien gane la presidencia. Eso genera esa displicencia que se nota en esos partidos de oposición que no levantan un dedo para defender a la población, ni para prepararse con propuestas útiles para el país, ni para siquiera contradecir las miles de cosas falsas que el gobierno dice cada día.

Cuarto, estas personas, acostumbradas ya a una cómoda inacción, combaten a muerte la renovación de sus partidos, en ideales, organización y en nuevos líderes, oponiéndose más mientras mejores sean los recién llegados. Hacen esto porque sus objetivos no incluyen la mejoría del país y del partido sino sólo el mantenimiento de sus cómodas posiciones. Estas cuatro cosas, el abandono de la política a los políticos, la garduña por las posiciones que ya se creen ganadas, la acomodación en posiciones confortables sin tener que ganar las elecciones presidenciales, y el ataque inmisericorde a cualquiera que quiera cambiar estas circunstancias, son altamente divisivas y llevan a la derrota. De esta forma, los partidos que persiguen convertir a los países en tiranías ganan las elecciones no porque ellos hayan triunfado sino porque las oposiciones han perdido. Esto fue lo que pasó en Venezuela, en Ecuador y en otros países que han caído en las garras de partidos dictatoriales.

El Salvador también presenta estos síntomas. Como me dijo recientemente una persona del FMLN, mientras que ARENA basa sus esperanzas para el 2019 en el desgaste terrible que ha tenido el FMLN en el gobierno, el FMLN basa las suyas en la desintegración que está teniendo ARENA por las razones apuntadas arriba. Esto deja abierta la posibilidad de que cualquiera de los dos gane, quizás con ventaja para el FMLN si es que esa desintegración sigue y ARENA se niega a contemplar la posibilidad de que puede perder por tercera vez contra un partido que sólo pésimos gobiernos ha producido.

La situación del país es demasiado complicada como para dejarla sólo en manos de los partidos políticos de oposición. Lo que se necesita es formar una coalición de la sociedad civil democrática para promover ideas y personas que puedan formar una presidencia digna, dándoles una plataforma para que alcancen a la ciudadanía y eleven el nivel de la discusión política. Esta plataforma debe formarse ya, y abrirse a personas de la sociedad civil con altas calificaciones para la presidencia de la república y con posibilidades de ganarlas.

Estas personas deben firmar que si uno de ellos gana la candidatura todos los demás lo apoyarán en la campaña y en el gobierno. Ver una competencia entre candidatos serios, fuera del ambiente de zancadillas e intrigas que hay adentro de los partidos, daría inmediatamente una esperanza a la ciudadanía, que es lo que más se necesita ahora. Si los políticos no realizan que esta es la única salvación para el país, y siguen tratando de posicionarse para ganar candidaturas en las que ya nadie cree, verán la destrucción de su propio partido, y la de El Salvador…y de las posiciones cómodas que algunos de ellos puedan tener.

No hay mal que dure cien años. Ni cuerpo que lo resista. De Mario González

Mario González, editor subjefe de EDH

Mario González, 18 marzo 2017 / EDH

Es inconcebible cómo el régimen venezolano viola descaradamente los derechos humanos al mantener encarcelado a su principal líder opositor, Leopoldo López, y se niega a liberar al general Baduel pese a que ya cumplió siete años en la prisión.

El general Baduel, compadre de Hugo Chávez, encabezó la operación cívico-militar que restituyó en el poder a Chávez durante el Golpe de Estado de 2002. Mal le paga…

Sin embargo, es más inaudito el silencio cómplice de la llamada “comunidad internacional”, que no reacciona con la misma intensidad y vehemencia que procedió, por ejemplo, contra Pinochet hasta que falleció.

Tanto el caso de Leopoldo López como el del general Baduel y otros líderes de la oposición venezolana muestran a un régimen represivo que encarcela a personas solo porque el dictador de turno no puede soportar que protesten contra él y lo más fácil es callarlos.

En esto volvemos a la pregunta: ¿Por qué la corrupción, la persecución y la cárcel contra opositores eran condenables cuando eran obra de los militares de derecha, pero son puras y sacrosantas si las dirigen regímenes populistas de ultraizquierda?

Con el argumento de que no se permitía la libre expresión ni la disidencia ni la oposición política, países como El Salvador, Nicaragua y Guatemala fueron escenarios de cruentas y prolongadas guerras. ¿No es lo mismo que hace ahora el chavismo?

Por eso es decepcionante y repulsivo que funcionarios y autoridades salvadoreños le den su respaldo, cuando saben bien que es el régimen de Maduro es el causante de la debacle económica de su país, de la falta de libertades y de que la gente no tenga más remedio que buscar comida entre la basura.

Yo quisiera ver a los países democráticos levantando su voz como lo hicieron contra Somoza en Nicaragua, Ríos Montt en Guatemala, García Meza en Bolivia o Videla y Galtieri en Argentina, pero todos vuelven la vista a otro lado, en lugar de exigir cambios y respeto a los derechos humanos.

El chavismo es tan pernicioso y repulsivo como lo fueron tales regímenes y como repetidamente se denunció que actuaron los gobiernos militares en El Salvador.

Bajo el manto de populismo en que se arropan estas dictaduras se esconden la corrupción y una nueva forma de regimentación y esclavismo que se asientan precisamente en la inacción y la indiferencia no solo de los demás países, sino también de los mismos pueblos.

Es así como países enteros se han convertido en cárceles, como ocurrió con la Europa del Este, que más temprano que tarde vio la caída de tales despotismos con el Muro de la Ignominia.

Una vieja canción de protesta de Los Guaraguao decía que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. Yo así lo espero para bien de Venezuela.

El nuevo “informe Almagro”… De Luis Mario Rodríguez

El nuevo “informe Almagro” intenta reforzar el blindaje democrático para el continente que inició en mayo de 2016 con su primer informe en contra de nuevos experimentos populistas y autoritarios.

Luis Mario Rodríguez, 16 marzo 2017 / EDH

En su segundo informe sobre la crisis que vive Venezuela, el Secretario General de la OEA dijo que en ese país se violan “todos los artículos de la Carta Democrática Interamericana” y que “la Constitución ha dejado de tener sentido”. Almagro no titubeó al señalar que “el Estado de derecho no está vigente”. Las acusaciones son claras, sin rodeos ni sutilezas. Al referirse a los ciudadanos, el secretario advierte que “si el Gobierno desea encarcelarlos, lo hace; si desea torturarlos, los tortura; si lo desea, nos los presenta a un juez ni instruye acusación fiscal”.

Respecto del diálogo impulsado por diferentes entidades, incluyendo organismos internacionales y Estados como el Vaticano, sentencia que  “ha fracasado” y que únicamente ha servido como “cortina de humo para perpetuar y legitimar el poder autoritario”. Dice que “el diálogo no es tal, porque no es recíproco, ni ha ofrecido garantías, ni ha cumplido ninguna de sus premisas”. El alto funcionario de la OEA admite que seguir esperando soluciones de ese proceso, que lo único que ha hecho es “agravar la situación del país y legitimar la continuidad del deterioro de sus instituciones”, los hace cómplices por omisión. Su inacción en esta situación “es sinónimo de omisión en proteger la democracia y los derechos humanos en Venezuela”.

Luis Almagro nos recuerda, en este segundo documento histórico, que “la protección de la democracia no debe limitarse a las palabras, requiere actuar”. Por eso los que promovieron el diálogo en Venezuela, como mecanismo para solucionar la precaria situación en la que se encuentran sus habitantes, ahora señalan que esta herramienta debe ir “acompañada de acciones”. En ese sentido la Santa Sede, según el informe que se comenta, urgió la activación de cuatro cuestiones: aliviar la crisis humanitaria, el establecimiento de un calendario electoral, la restitución del rol de la Asamblea Nacional previsto en la Constitución y la liberación de los arrestados, en referencia a los presos políticos.

El Secretario General enumera una serie de recomendaciones orientadas a normalizar el funcionamiento del sistema democrático. Pide el referéndum revocatorio, solicita la liberación de todas las personas recluidas por razones políticas, llama al Poder Ejecutivo y al Poder Legislativo a resolver, de manera conjunta, la vulneración de los derechos básicos de la población, exige a esas instancias brindar estándares suficientes de seguridad, reclama el respeto al equilibrio de poderes del Estado, requiere una nueva integración del Tribunal Supremo de Justicia, exhorta al combate a la corrupción a través de un sistema como el de la CICIG en Guatemala y demanda la incorporación del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos a la comisión de la verdad.

El gobierno eliminó la posibilidad de celebrar el referéndum revocatorio. Retrasó plazos, adicionó requisitos no exigidos en la ley e hizo colapsar la infraestructura electoral. Además impidió la elección de 23 gobernadores y de los 236 miembros de las asambleas legislativas estatales que debieron renovarse el 16 de diciembre de 2016, al cumplirse su mandato constitucional de cuatro años. Por otra parte, Maduro mantiene en la cárcel a sus adversarios políticos por sus ideas, criminaliza las protestas, no les permite a los detenidos tener acceso a su familia ni asesoramiento jurídico, existen “detenciones secretas”, las condiciones carcelarias son inadecuadas y aplica, según el informe, el “efecto puerta giratoria”, es decir que “mientras libera a algunos presos políticos, encarcela a un número similar”.

En Venezuela, de acuerdo al documento del Secretario Almagro del pasado 14 de marzo,  hay crisis económica, falta de seguridad personal, estancamiento en la reducción de la pobreza, escasez de alimentos y medicinas, aumento de la mortalidad infantil y tráfico de drogas.

Human Rights Watch, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, The Global Competitiveness del Foro Económico Mundial, el World Justice Project y el Democracy Index de la Revista The Economist, entre otros, confirman el secuestro de la institucionalidad en Venezuela. Así lo dictamina el nuevo “informe Almagro” y de esta manera intenta reforzar el blindaje democrático para el continente que inició en mayo de 2016 con su primer informe en contra de nuevos experimentos populistas y autoritarios.

Memoria del ñame. De Alberto Barrera Tyszka

Fotografía de Andrés Kerese para el especial “El hambre y los días”

Alberto Barrera Tyszka, 12 marzo 2017 / PRODAVINCI

Escuché en la radio una propaganda oficial promocionando el ñame. La muchacha tenía una voz agradable y hablaba con un entusiasmo casi musical. Como si nos estuviera invitando a una fiesta: vamos todos pa’ la rumba. No te la puedes perder. Vamos a pasarla bomba. Va a haber yuca, ocumo y mapuey.

De inmediato, la memoria —siempre flexible y errática— me dejó en alguna noche de mi infancia. A veces, a la hora de la cena, mi madre ponía sobre la mesa ñame y queso. Eso era lo que tocaba. Uno o dos pedazos del tubérculo hervido y una rodaja de queso blanco salado. A mi me encantaba. Y, desde entonces, se me activa el recuerdo debajo de la lengua cuando pienso en esa combinación. El ñame con queso forma parte de los sabores de mi nostalgia. Pero no es un ideal gastronómico. Si mi madre hubiera podido, de seguro nos habría servido un bisteck con arroz o un rueda de carite sierra con ensalada. Hacer de la pobreza una utopía me parece indignante.

El gobierno se empeña en no reconocer el hambre. La ve pero no la acepta. Prefiere el espejismo que la realidad porque la realidad delata su ineficacia, su negligencia, su corrupción. Por eso, entonces, el oficialismo se dedica infamemente a convertir la miseria en una virtud. Desde el año pasado, lanzaron la campaña “Agarra dato, come sano, come venezolano”. El proyecto promueve el consumo de verduras y de vegetales producidos en el país, para tratar de paliar la imposibilidad de la mayoría de la población para acceder a productos como la carne, el pollo, el pescado, el arroz, las pastas, la harina… Pero el tiempo ha demostrado que tampoco la ahuyama, la batata, la yuca o el ñame son tan baratos. Un presupuesto familiar tampoco puede acceder fácilmente a los —ahora— tan bolivarianos tubérculos. Tal vez por eso mismo la muchacha de la radio también hablaba de sembrar y de cultivar en cada casa sus propias cosechas. Todo sabemos que eso es imposible. El futuro de la revolución está en la calle: el hombre nuevo debe comer basura.

Quizás llegue el día en que, en una cadena nacional, el Presidente diga que comer perrarina no es tan malo. Que se ha descubierto que las conchas del cambur son muy saludables. Que el cartón mojado con un poco de sal es alimenticio y le hace bien al corazón. Y saldrán, nuevamente, Delcy Rodríguez y Jorge Valero a repetir por el planeta que en Venezuela no hay hambre, que somos felices y no tenemos ninguna necesidad, que aquí —literalmente— comemos de todo.

La noticia de un bebé de 3 meses, fallecido esta semana en Ocumare del Tuy a causa de desnutrición, debería haber paralizado al país. Pero solo es un caso más, otra noticia repetida. Nada demasiado nuevo. Nada demasiado sorprendente. Es aterrador constatar que la tragedia se nos ha convertido en una rutina. Al negarla, el gobierno banaliza la realidad. Le quita peso, valor, dignidad. La despoja de su posibilidad de escándalo. El oficialismo ahora vive para ocultar el sufrimiento del pueblo.

“No hagas colas innecesarias”, dijo la muchacha de la propaganda en la radio. Esa es la voz del poder. No solo desconoce tu realidad, tu angustia; encima descalifica tu desesperación, tus intentos por enfrentar esa realidad, por salir de esa angustia. Para el gobierno, las colas son un caprichito, una mala crianza de aquellos necios que todavía no han entendido que ser pobre es bueno, que no hay nada como el ñame, que tener hambre nos hace mejores venezolanos.

Esta semana, sin embargo, hubo una manifestación diferente. Es un hecho que puede ser muy subversivo dentro del panorama simbólico del país. Fue una protesta por comida, según señala la noticia. Pero fue, además, frente a la casa de un gobernador. La gente trató de acercarse a la fachada donde reside el General retirado García Carneiro y comenzó a reclamar. El destino del hambre no tiene control. La gente sabe dónde viven los poderosos. El gobierno podrá negar la realidad, hasta que la realidad toque las puertas de sus casas. ¿Qué hay en la despensa del Gobernador? ¿Qué comen los ministros? ¿Qué hay en la nevera de Miraflores? ¿Una bolsita clap?

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EL HAMBRE Y LOS DIAS/Especial de PRODAVINCI

El Caracazo: 28 años después. De Alberto Barrera Tyszka

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Vladimir Padrino López, ministro de Defensa de Venezuela y Comandante Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana

Alberto-Barrera-Tyszka-640Alberto Barrera Tyszka, 5 marzo 2017 / PRODAVINCI

Mi hija Paula tenía 3 años. Volteó a verme con un qué pasa en la mirada. Vivíamos a unas cuadras del Puente de Baloa y de la redoma de Petare. Durante todos esos días, nunca dejamos de escuchar disparos. Decían que era peligroso asomarse a las ventanas. Pero desde la azotea vimos imágenes espantosas. Vimos a militares armados, disparando, avanzando por la calle; vimos a gente tendida en el suelo, detenida, herida, tal vez muerta. Todo era confuso y aterrador. Aparecía ante nosotros un país que no habíamos visto, al menos así de cerca, en esas dimensiones. El país de la violencia.

prodavinciYo estaba empleado en El Diario de Caracas. Trabajaba en el archivo, ordenando o buscando textos escritos, imágenes, materiales hemerográficos. Mi otra  tarea consistía en llegar muy temprano cada mañana a leer todos los periódicos importantes del país y, luego, redactar un informe para la dirección, detallando cómo había salido El Diario con respecto a los otros medios impresos: qué noticias faltaban o no, qué información o qué sesgo diferente había ganado o perdido el rotativo en la edición de ese día.  Ese trabajo me permitió conseguir un permiso para transitar libremente por la ciudad mientras duró el toque de queda.  Nunca había sentido que Caracas fuera tan frágil.

Después del 27 de febrero de 1989, la ciudad ya no pudo ser la misma. Ya todos sabíamos de lo que éramos capaces. Una nueva posibilidad se coló en todas las hipótesis de los caraqueños. Se inauguró la posibilidad del saqueo masivo, del descontrol y —también— la posibilidad de la violencia del Estado, una agresión más ordenada y también más feroz. Nos estrenamos en la transgresión colectiva y en la represión impune. Caracas era otra. El miedo renovó su significado. Tal vez comenzamos a entender, de otra manera, que los otros pueden ser una amenaza.

Días después asistí a varias reuniones y asambleas con miembros de organizaciones populares. El debate estaba caliente ¿Realmente podía evaluarse todo lo ocurrido como una expresión política, orgánica, con alguna dirección? ¿O se trataba solo de un estallido, de la manifestación de un descontento ante las medidas de ajustes que –contra todas sus promesas electorales- acababa de tomar el recién iniciado gobierno de Carlos Andrés Pérez? ¿Qué significado político podían tener los saqueos?  También, por supuesto,  se sumaba al debate la actuación de los militares y de los cuerpos policiales, la cantidad de muertos, de desaparecidos, las violaciones a los derechos humanos que —todavía hoy— siguen sin aclararse.

Hace pocos días, en el contexto del nuevo aniversario del Caracazo, el General Vladimir Padrino López  señaló que “aquel fatídico día, el gobierno de turno hizo uso desmedido de la fuerza pública para orquestar una represión que generó caos, anarquía y consecuentemente la masacre de conciudadanos desarmados, lo cual fue y seguirá siendo objeto de repudio y rechazo”.   El Ministro de la Defensa tiene el mismo problema que la mayoría de los altos funcionarios del gobierno: habla en un idioma que los venezolanos no comprendemos.  La élite oficialista vive en otra dimensión, en una zona donde todo es distinto, donde nada se parece a nuestra realidad. Hablan desde un tiempo donde ya todo ha cambiado. Se mudaron a la utopía y nos dejaron aquí, con el país.

Las palabras de Padrino López, puestas en ese mismo orden, una tras otra, con la misma cadencia y el mismo sentido, podrían acompañar perfectamente las imágenes de los soldados disparando, golpeando, deteniendo a personas….durante las muchas manifestaciones populares que han expresado su descontento ante gobierno de Nicolás Maduro. Los ejemplos sobran. Debe haber un subgénero en youtube dedicado a la represión bolivariana.  Las comillas del Ministro de la Defensa podrían ilustrar perfectamente el video de la salvaje golpiza que la guardia nacional le dio a Marvinia Jiménez. Solo es un ejemplo.

Mi hija va a cumplir 31 años y, a veces, todavía tiene la misma pregunta en los ojos ¿Qué pasa? El país ha cambiado tanto y, a la vez, no ha cambiado nada. Los discursos varían, la violencia persiste. Siempre estamos peor. Padrino López asegura que la FANB “reza” para que no se repita otro Caracazo. Él personalmente podría hacer mucho más. En enero del 2015, el Ministerio de la Defensa dictó la resolución 8610 que, contraviniendo lo que establece la Constitución, permite a los militares usar armas de fuego en contra de las manifestaciones civiles.  Es decir que, 28 años después, el Estado ha otorgado un permiso para que la Fuerza Armada actúe, legalmente, como lo hizo en el caracazo. Padrino López podría derogar esa resolución. Solo es otro ejemplo.

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Venezuela: Sin apoyo militar no salimos de la dictadura

Luego de que el régimen chavista cerró la posibilidad de resolver la crisis venezolana por la vía constitucional, bloqueando la posibilidad de cambiar el gobierno con un referéndum revocatorio previsto en la Constitución, suspendiendo las elecciones de gobernadores y preparando la ilegalización de los partidos de oposición; luego del fracaso también de la iniciativa de diálogo promovida por el Vaticano, surgió una propuesta radical de solución: un golpe militar para restablecer el orden constitucional, la gobernabilidad, la ecomomía y la paz social.

Lo sorprendente es que esta propuesta proviene del padre jesuita Luis Ugalde, ex rector de la Universidad Católica Andrés Bello, intelectual destacado, y sobre todo: persona muy cercana al Papa Francisco. Ugalde obviamente no es ni golpista ni militarista, todo lo contrario. Aquí presentamos su propuesta que seguramente será muy discutida en Venezuela.

Segunda Vuelta

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Héctor Becerra Vidarte, 21 febrero 2017 / EL NUEVO PAIS ZETA

screen-shot-2017-02-21-at-6-34-30-pmEl padre Luis Ugalde aseguró, durante un foro realizado por la Fundación Espacio Abierto el sábado, que sin el apoyo de las Fuerzas Armadas no será posible lograr el cambio de Gobierno en Venezuela, reseñó Info Cifras.

Durante su participación, Ugalde recordó al vicealmirante Wolfgang Larrazábal, quien asumió la Presidencia de la República cuando fue derrocada la dictadura de Marcos Pérez Jiménez  en 1958.

En su consideración, es necesaria una figura como la de Larrazábal para encabezar una transición en el país y se refirió a la actual situación por la que atraviesa Venezuela, afirmando que “en el último mes el Ejecutivo ha acentuado su voluntad y carácter dictatorial. Para mí esto es indiscutible”.

En este sentido, señaló que el Gobierno del presidente Nicolás Maduro cerró las puertas a un cambio en el Ejecutivo que se dé por la vía electoral y así solucionar los problemas económicos, sociales y políticos, así como recuperar la democracia.

Ugalde explicó un escenario de transición de Gobierno que tituló “Larrazábal II” y aseguró que para esto es necesaria una figura parecida a la del vicealmirante que tomaría “la responsabilidad del Ejecutivo nacional y la Presidencia y proclamaría ante el país un gobierno de transición y de unidad nacional; obligado por la grave y creciente emergencia y dictadura; una dictadura cerrada a todo cambio; que la población considera absolutamente necesarios”.

El sacerdote cuestionó cuánto tiempo duraría un Presidente, proveniente de la sociedad civil, que tome las medidas necesarias para solucionar la crisis sin apoyo del sector militar y aseguró que solo serían unos meses.

Asimismo, señaló que el mensaje de este Larrazábal II al tomar el Gobierno Nacional podría ser el siguiente:

“Nosotros nos vemos obligados a tomar el poder Ejecutivo ante la gravísima situación de la población: falta de medicinas, comida, seguridad ciudadana, inflación, corrupción y la radical negación del gobierno dictatorial a poner soluciones. Somos un gobierno plural; de salvación nacional, para responder de inmediato a la tragedia humanitaria y recuperar la democracia plural, y establecer las bases y acuerdos sólidos con los empresarios, para impulsar una economía productiva, con compromiso social; con fuerte y sostenida inversión privada nacional e internacional, y unos programas sociales de emergencia inmediata”.

Seguidamente, el sacerdote procedió a enumerar las medidas que tomaría este nuevo encargado de la Jefatura de Estado venezolana:

1.- Preparar elecciones con nuevo CNE para fines de 2017.

2.- Libertad inmediata de 80 presos políticos y creación de una comisión mixta de derechos humanos, para abordar de inmediato, y decidir los casos de los demás presos políticos pendientes.

3.- Apertura inmediata y amplia a la ayuda humanitaria en salud, alimentación y gestión con los países y organismos internacionales. Agregó que, al mismo tiempo, se formarían organizaciones solidarias de la sociedad y empresas para la distribución suficiente, transparente y equitativa.

4.- Creación de un equipo de trabajo con fuerte presencia de los sectores productivos privados para una rápida reactivación del aparato productivo .

5.- Reconocimiento pleno de la AN; elegida en diciembre de 2015, y apertura del diálogo y colaboración efectiva entre el Ejecutivo y el Legislativo en orden a la democratización del país y los cambios necesarios en los poderes judicial y electoral.

6.- Explicitación y activación de políticas sociales urgentes y duraderas.

7.- Inmediata negociación, para abrir el país a la solidaridad internacional. Apoyo de los gobiernos y de los multilaterales para refinanciación de la deuda y para préstamos por el orden de los 40 ó 50 mil millones de dólares.

8.- Unificación cambiaría. Revisión del gasto público y puesta inmediata en práctica de audaces políticas compensatorias, para los sectores más necesitados.

9.- Recuperación inmediata del sector educativo, con refuerzo de los educadores con criterios democráticos, plurales, sin imposiciones ideológicas dictatoriales.

10.- Seguridad ciudadana con recuperación del control de las armas por parte del gobierno, y una nueva y activa conciencia de reconciliación, defensa de la vida; con estímulos y sanciones coherentes.

Monseñor Ugalde prosiguió a cuestionar “¿Dónde está este militar?” y se remontó al año 1957 para explicar que Wolfgang Larrazábal no tenía ningún mérito o cargo dentro del Gobierno y no fue impedimento para dirigir la transición.

“Una cosa es que yo demócrata en 1957-58, negocie con el militar Pérez Jiménez, y otra cosa es que cuando aparece este otro militar que quiere un cambio democrático, yo AD, Copei, URD negocie con él. Porque se trata de un militar, empeñado en restablecer la democracia y necesita nuestra ayuda”, aseguró el sacerdote.

Por otro lado, enfatizó la necesidad de que se realicen elecciones presidenciales, regionales y locales, así como un pacto democrático entre los distintos partidos políticos de oposición para ir a estas elecciones y añadió que un precedente de esto fue el Pacto de Punto Fijo.

Venezuela necesita más de un año para recuperarse

El padre Ugalde aseguró que los problemas del país no serán de rápida solución y agregó que es necesario un “Gobierno democrático sustentado en un pacto y un programa de gobernabilidad, gane quien gane” y rechazó la tesis de una Asamblea Constituyente para resolver la crisis por la que atraviesan los venezolanos.

Leopoldo López: No podemos ser presa del miedo para desafiar a la dictadura

El líder de Voluntad Popular cumple tres años preso en la cárcel de Ramo Verde, donde vive en carne propia la descomposición de la justicia que padecen miles de venezolanos.

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Leopoldo López en el momento que en medio de una manfestación se presentó a la Guardia Nacional Bolivariana para que ejecuta su orden de captura. 18 de febrero 2014

el nacional19 febrero 2017 / EL NACIONAL

La restricción del derecho a la información que ha implantado el gobierno traspasa lo masivo. Ya no es solo censurar al emisor, CNN en Español y NTN 24, por citar apenas dos ejemplos. La censura está en el ámbito de lo personal, en el individuo. De eso puede dar fe Leopoldo López, que ha visto vulnerados todos sus derechos humanos y a quien en la cárcel de Ramo Verde, cuando le dan acceso a la prensa, muchas veces le llega el periódico recortado.

Esa censura también tuvo otra expresión. López no pudo contestar completo el cuestionario de 11 preguntas de El Nacional. Apenas dio respuesta a 5 de las interrogantes. Las otras se quedaron en el camino.

López cumple tres años preso en esa cárcel militar, aislado, y su cable a tierra, además de la visita de familiares y abogados, es la lectura de la prensa.

—¿Está de acuerdo con la reestructuración que se hizo de la MUD?

—Luego del robo del revocatorio por parte de la dictadura envíe una carta a la Unidad Democrática donde proponía que antes de que finalizara 2016 se diera un debate amplio y se aprobará una ruta de acción unitaria para la defensa de la soberanía, el voto popular y la reconquista de la democracia. El proceso que debe atravesar la MUD debe trascender al de una simple reestructuración. No se trata solo de revisar estructuras, procesos, funciones y personas. El objetivo central de la revisión debe ser ampliar el horizonte de la Unidad. Por eso propuse que debía pasarse de la Mesa de la Unidad Democrática al Movimiento de Unidad Democrática. A la Unidad de partidos debe unirse con una sola estrategia y propósito distintos representantes de la sociedad. La MUD fue una alianza de partidos que mostró un gran éxito ante coyunturas electorales y hoy nos guste o no, entramos en una fase distinta, en una fase de resistencia. Hoy ha sido cerrada la vía electoral por parte de la dictadura y para estos tiempos se requiere replantear la lucha y se requiere una unidad más amplia, no por incapacidad de los partidos, sino porque la responsabilidad de luchar contra la opresión es de toda la sociedad, no solo de los partidos políticos. También he insistido que una vez ampliada la Unidad hacia un gran Movimiento de Unidad Nacional debe discutirse una visión clara de hacia dónde vamos y asumir los riesgos para llegar allí. El cambio es urgente y debe ser nuestro único compromiso y agenda. Nuestra actitud ante esta dictadura violadora de los derechos humanos tiene que ser de permanente irreverencia, debemos desafiarla y promover un cambio profundo, un cambio democrático. La desesperanza vendrá si, dadas las circunstancias que vivimos, asumimos una timidez paralizante que impida que la oposición en su conjunto sea de manera creíble una opción de cambio. Ni mucho menos podemos ser presa de un miedo paralizante al momento de tomar decisiones que impliquen riesgos, que desafíen la dictadura y nos permitan avanzar en la lucha. Ese temor y la administración del terror por parte del régimen han sido elementos fundamentales de su permanencia en el poder. Si no logramos derrotar ese miedo, no se tendrá la capacidad de concebir y liderar un proceso de cambio.

—¿Cómo mantiene la conexión con los problemas de la gente si lo tienen tan aislado?

—Hace tres años dijimos claramente que había que cambiar a un régimen ineficiente, corrupto, antidemocrático y cuyos altos jerarcas estaban presuntamente ligados al narcotráfico. Por tener esa convicción fue que hicimos un llamado a los venezolanos a conquistar un cambio pacífico democrático y constitucional, que nos costó nuestra libertad. Estábamos preocupados por la situación del país y, más allá, seguros de que esa situación se agravaría a tal extremo que el colapso de este modelo equivocado haría pagar a nuestro pueblo la factura de su fracaso. Hoy esos problemas que denunciamos para nadie es un secreto que han profundizado y esa factura hoy la pagamos todos, menos la élite gobernante más corrupta e ineficiente de nuestra historia, la cual ha saqueado y robado las riquezas de los venezolanos. Cuando puedo tener acceso a la prensa, tengo el hábito de leerla absolutamente toda, aunque a veces me llega con noticias ya recortadas; es decir, censuradas. La prensa escrita tiene varias lecturas y es por eso que cuando puedo me gusta leer más de un periódico. La primera lectura es la noticia en sí misma, luego la línea editorial de cada periódico según la importancia que le dan a cada noticia y, comparando unos con otros, las omisiones o censura de algunas noticias. Luego está la lectura de las opiniones y de las caricaturas que logran captar en una imagen la noticia, llevada a una expresión artística. Leo la prensa casi completa, desde deportes, farándula, fotos, sucesos, internacionales. Asimismo, en ocasiones puede escuchar radio. Pero además de la prensa mis familiares y abogados me mantienen disciplinadamente informado de toda la situación política, social y económica del país. Aunque no pueden presentarme nada en físico, ellos siempre traen información que yo solicito.

—¿Pensaba que iba a durar tanto tiempo preso?

—Con mucha sinceridad te digo que al momento de tomar la decisión de presentarme y dar la cara no me fijé plazos. No podía hacerlo. Al alzar nuestra voz para desnudar a un régimen que además de corrupto e ineficiente se había convertido en una dictadura y convencido de que había que reaccionar, que había que despertar conciencias y que debíamos iniciar una lucha por un cambio, sabía que esto podía llevarnos un mes, dos meses, un año, dos, o tres. Si alguna destreza psicológica puede desarrollarse en la cárcel es la capacidad de estar en paz contigo mismo y a reconocer la mayor fuerza que debemos dominar para mantener la estabilidad emocional: el tiempo. El tiempo es un enemigo inagotable. Días convertidos en semanas, semanas en meses y meses convertidos en años. Al tiempo lo dominamos o nos domina. Por eso no me he fijado plazos, sé que voy a salir en libertad a luchar a brazo partido por la libertad y la democracia en Venezuela, Por sacar a tanta gente buena del ciclo perverso de la pobreza donde la ha encerrado el régimen de Maduro, y eso basta. Sé que voy a salir en libertad, no tengo dudas de eso y que cuando lo haga estaré más fuerte de alma, mente y cuerpo. Estar en esta situación también me ha llevado a adquirir nuevos compromisos y responsabilidades. Mandela dijo una y otra vez que no hay mejor defensor de los derechos humanos que aquellos a quienes les han violado sus propios derechos. Estar preso me ha acercado en carne propia a la descomposición de la justicia venezolana que padecen miles de venezolanos. La manipulación, el retraso procesal, la corrupción de jueces, la manipulación política de jueces y fiscales en su condición de provisorios que los hace dependientes, vulnerables, servidores de un sistema y no de la justicia son para mí mucho más que cifras y diagnósticos, representan una vivencia que me obliga a tener una responsabilidad moral y patriota para cambiarlo.

—¿Que mensaje le daría usted a sus carceleros?

—Mis carceleros van desde Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, pasando por la juez y los fiscales, hasta los custodios. En el fondo, soy víctima al igual que millones de venezolanos de un sistema corrupto e injusto. Ahora bien, en cuanto a los carceleros de Ramo Verde sé que no todos los funcionarios actúan de mala fe y que muchos son obligados a actuar por una frase nefasta y oscura que se repite en todas las instituciones: “Por órdenes superiores”. Aunque evidentemente esto no justifica ni los exime de sus responsabilidades, en mi corazón y mi alma los considero más que victimarios, víctimas de ese sistema. He tenido largas conversaciones con los funcionarios responsables de mi custodia, con comandos del Sebin, DGCIM; y cuando estuve en juicio, con los alguaciles del Palacio de Justicia. De todos recojo una frustración sobre la situación del país y con el nivel de complicidad del alto Gobierno con la delincuencia y otras actividades ilegales. Eso es una verdad a voces. Todos tienen historias de familiares o compañeros de trabajo que han sido víctimas del hampa. Durante el juicio y aquí en Ramo Verde he sido víctima de muchos abusos y cada uno de ellos es una nueva razón para afianzar el compromiso, nuestro compromiso con la justicia para Venezuela. No hay reforma más importante de las que nos toca hacer, que las del sistema de justicia venezolana. Hoy la justicia se vende al mejor postor y es utilizada al antojo por quienes están en el poder. Los jueces son simples marionetas del poder. Están allí para satisfacer las demandas de la injusticia y, mientras tanto, usan los casos para enriquecerse, para quitarle lo que no tienen a quienes nada tienen, para hacerse ricos con el dolor y sufrimiento de las víctimas y dejan como afectados directos a sus familiares. No hay razón para esto, es indignante ver la justicia enterrada debajo de toneladas de corrupción. Eso nos tiene que afianzar el compromiso con un cambio profundo para todos los venezolanos porque hoy nadie se escapa de la injusticia. Solo la élite corrupta es inmune a esta manipulación.

—¿Está dispuesto al perdón?

—Absolutamente. Sé que cuando salga estaré más fuerte de alma y mente y que saldré fortalecido y sin rencores; el odio y el resentimiento son las reacciones propias de quienes han llevado a nuestro país a esta crisis humana tan severa, y han intentado hacernos, física y espiritualmente, más pobres e infelices. Desde el poder se ha alentado a los venezolanos a tratarnos como enemigos por el solo hecho de pensar distinto. Eso ha destruido nuestra convivencia. Eso no puede continuar y mucho menos estimulado desde las funciones de gobierno. Recientemente pude escribir un artículo donde justo hablé sobre la reconciliación una vez superada esta coyuntura y recuperada la democracia y la libertad. Allí expuse claramente que el chance de recuperarnos como país es prácticamente nulo mientras estemos enfrentados a nosotros mismos. Aquellos que tenemos un rol de liderazgo afrontamos dos grandes responsabilidades. La primera, con las víctimas de la represión, las violaciones de los derechos humanos y la discriminación política. Con los familiares de quienes fueron asesinados, con los encarcelados, perseguidos o maltratados por el poder y por los grupos que actuaron bajo su sombra con la complicidad de un sistema de poderes secuestrados y una “justicia injusta”. Debemos alcanzar garantías para las víctimas y a sus familiares. Asegurarnos de que se harán todos los esfuerzos para descubrir la verdad y hacer justicia. Esto debemos hacerlo con una prudencia que nos permita entender que muchos de los que nos parecen cómplices del sistema han sido, en realidad, sus víctimas y que aquellos que ocuparon las posiciones más altas de poder deben rendir sus cuentas ante la sociedad, seguros de la existencia de un marco legal justo. Quiero vivir con mi familia y mis afectos en una sociedad sin afán de venganza, pero sí de seguridad y de justicia. Mi voluntad de reconciliación y entendimiento la he reiterado mil veces. Eso no implica que me identifiquen como quien cambia impunidad por paz. Aquellos quienes hayan violado derechos humanos deben ser responsabilizados y recibir, luego de un juicio con todas las garantías, su justo castigo por tales crímenes. La segunda responsabilidad que tenemos quienes asumen un rol de liderazgo es con la democracia y su futuro: debemos inaugurar una nueva etapa de convivencia democrática, con instituciones sólidas, que impida un retorno al autoritarismo. Es clara la necesidad de sentar las bases de un nuevo contrato social. Aceptar la pluralidad que nos define y que asegure la estabilidad democrática, el respeto a las minorías, la alternabilidad del poder, la que garantice a cada quien su vocación emprendedora y productiva y cumplir lo que señala nuestra Constitución: la subordinación del poder militar al poder civil.  Vamos a ratificar la voluntad de vivir en libertad viendo hacia el mañana, hacia el futuro, comprometidos con la paz, el progreso y el bienestar que otras naciones y pueblos ya han alcanzado.