Venezuela

África en América Latina. De Hécter E. Schamis

La guerra por el recurso y la tragedia venezolana.

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Héctor E. Schamis, politólogo de la Universidad de Georgetown.

Hécter E. Schamis, 14 enero 2018 / EL PAIS

Una buena parte de mi aprendizaje sobre Venezuela ha tenido lugar gracias a mis frecuentes intercambios con Ibsen Martínez y la regular lectura de sus textos, varios de ellos en este mismo periódico. Un tema es recurrente en sus escritos, casi una obsesión, me animo a decir: el petróleo, siempre la variable explicativa de su propio Macondo, esa Venezuela Saudita donde la mismísima categoría “tiempo” parece inexistente. Como en Macondo, precisamente, un pueblo sin historia.

Habiendo trabajado sobre la economía política del desarrollo, mi afinidad con este tema no podría ser más directa e inmediata. Es que el Macondo petrolero de Ibsen es una genial acuarela literaria de lo que, en un dialecto intelectual diferente, llamamos “la maldición del recurso”. Son narrativas gemelas.

el paisEsta literatura, fundamental en economía política, habla de países que funcionan en base a exportar recursos naturales. Nos dice que dichas economías crecen durante shocks de precios favorables, pero con las clásicas distorsiones de la “enfermedad holandesa”. El exceso de divisas aprecia el tipo de cambio real, afectando la competitividad del sector industrial y desplazando el grueso de la inversión hacia el sector exportador. De este modo, la renta exportadora se usa para financiar importaciones de manufacturas. Cuando los precios internacionales caen, y siempre caen, se desacelera el crecimiento.

En consecuencia, en estos países la economía crece por debajo de su potencial, modestamente en el largo plazo y con visibles desequilibrios sectoriales y regionales, resultado de pronunciados ciclos de boom and bust. Típicamente, ello invita políticas fiscales inconsistentes, sumando otro desequilibrio: de presupuesto. El final de este camino los encuentra en medio de una gran crisis macroeconómica y una masiva destrucción de activos. Tanta riqueza los ha hecho pobres.

La política, a su vez, refleja, al mismo tiempo que exacerba, estos ciclos. Diversas facciones se disputan las rentas a efectos de distribuir beneficios entre sus clientes políticos, un escenario propicio para sistemas de dominación patrimonialistas. Un corolario de esto es un aparato estatal de tenue densidad institucional, propicio para un jefe del ejecutivo con autoridad discrecional sobre la política económica.

Con un Aureliano Buendía sentado sobre oro negro, entonces, la democracia es improbable. La Venezuela del Punto Fijo, democrática mientras el resto de América Latina estaba bajo dictaduras militares, constituía una anomalía teórica. Era democrática no por su riqueza petrolera sino a pesar de ella. Uno no encuentra semejante extravagancia en el Golfo Pérsico, continuando con la metáfora Saudita. Evidentemente, Chávez llegó determinado a corregir dicha rareza.

Por supuesto que Noruega—donde dos tercios de la canasta exportadora son en gas y petróleo—es la excepción a la regla, aunque en gran medida por el beneficio de una excepcional secuencia histórica. Es que Noruega descubrió la democracia casi un siglo antes de descubrir petróleo. El tiempo puede ser una variable relevante.

Pero si la economía de recursos naturales está asociada a desequilibrios macroeconómicos y al autoritarismo, también lo ha estado al conflicto prolongado y la guerra civil. Uno tras otro, los estudios empíricos confirman una robusta asociación entre una economía dependiente de exportaciones de recursos naturales y la violencia interna en países de bajo ingreso per cápita. El factor precipitante puede ser el petróleo, como en Sudan y Congo; pero también diamantes, como en Sierra Leone; oro y cobre, como en el Congo Democrático; cacao y café, como en Liberia; fosfatos, como en Marruecos; o bien sustancias ilícitas, como el opio en Afganistán.

Lo común a todos es que la volatilidad de los ciclos económicos en un sistema político de carácter patrimonial incentiva a las facciones a obtener la propiedad del recurso. La erosión de la legitimidad y autoridad del Estado magnifica esta tendencia. Irremediablemente, dichos grupos cumplen funciones cuasi estatales: control del territorio (léase, definir y hacer cumplir derechos de propiedad) y el cobro de tributos (léase, extorsión), claro que sin detentar el monopolio absoluto de la coerción y generando entonces competencia entre sí y mayor fragmentación.

Es decir, generando violencia. El rango de la misma puede ir de la violencia anómica, como es el caso del crimen urbano, hasta una declarada guerra por el recurso dirigida y financiada por warlords—contrabandistas, extorsionadores, traficantes, terroristas o una combinación de todo lo anterior—en ejercicio de una proto-soberanía. Ante la ausencia de autoridad política centralizada, el Estado, una cierta secesión ocurre de facto.

Una vez que la violencia se dispara, ello desencadena una fatal reversión del desarrollo. A medida que el conflicto escala, el ingreso se contrae, la mortalidad crece, las enfermedades se propagan, el crimen se desborda. El hambre se esparce y el consumo de proteínas colapsa. Toda una generación puede estar privada del desarrollo neuronal necesario para el aprendizaje. Las pérdidas en capital humano son irrecuperables.

Los efectos de estos conflictos no reconocen fronteras. Se cuentan en epidemias, refugiados y en la propagación de actividades ilícitas. Todo lo cual supone costos crecientes para los países vecinos en defensa, salud pública y seguridad. El control de fronteras, narcotráfico y lavado de dinero requiere mayores presupuestos en toda la región contigua al conflicto. Una carrera armamentista también es plausible, la violencia engendra más violencia.

He obviado a Venezuela deliberadamente en la segunda parte de esta columna, en la esperanza que el lector haya hecho el paralelo en su mente. Ocurre que, entre sus muchos crímenes, el chavismo ha instalado la guerra por el recurso en América Latina y el Caribe, un tipo de amenaza que la región tendrá que enfrentar por décadas. La Venezuela Saudita ha traído África a América Latina. Su tragedia le pertenece a todo el hemisferio.

@hectorschamis

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Adiós a un mal año. De Alberto Barrera Tyszka

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ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, ESCRITOR Y COLUMNISTA VENEZOLANO

Alberto Barrera Tyszka, 31 diciembre 2017 / PRODAVINCI

El 2017 fue áspero, duro, doloroso. Por eso se va cabizbajo, cargando muchas melancolías bajos los brazos. Este año, la mayoría de los venezolanos hemos sido derrotados. 

Nos venció un gobierno que decidió abandonar la política para ejercer exclusivamente la violencia en todas sus formas y dimensiones, para convertir la extorsión y el chantaje en la práctica oficial cotidiana. Nos venció una institucionalidad sometida voluntariamente a los designios de la nueva oligarquía.  Nos venció un poder moral entregado a la inmoralidad. Nos venció una Asamblea Nacional Constituyente que ni siquiera se representa a sí misma, que solo es un instrumento para defender los intereses de los poderosos. Nos venció también una oposición errática, incapaz de unirse alrededor del sufrimiento de las mayorías; un liderazgo opositor dividido, obsesionado por sus ambiciones personales más que por las grandes tragedias del país.

prodavinciNos venció  la economía, la inflación y la escasez. Nos venció el horror de ser un país donde mueren niños por desnutrición.  Nos venció el hambre y la enfermedad.  Nos venció, sobre todo, la ceguera y la soberbia de un gobierno que no quiere ver nada de esto, que no está dispuesto a reconocer la realidad.  Nos venció una élite que rechaza la “ayuda humanitaria”, una élite a la que no le importa nada, que no quiere negociar, que –hasta nuevo aviso- ha decidido suspender la democracia en Venezuela.

Nos vencieron los enchufados. Los que cada vez son menos. Los privilegiados. Los que aparecen bailando en la TV. Los que sonríen y hacen chistes sobre la pobreza. Los que tienen escoltas y soldados para protegerse. Los que pueden enfermarse sin ningún problema. Los que no necesitan un carnet de la patria para sobrevivir.

¿Cómo se le dice adiós a un mal año? ¿Con qué ánimo se puede recibir al 2018?

Sería ideal poder creer en la fantasía del año nuevo y la vida nueva. Imaginar, por ejemplo, que Tarek Williams Saab aparecerá el 3 de enero mostrando el video donde Euzenando Prazeres de Azevedo, ex presidente de Odebrecht en Venezuela, asegura haber entregado 50 millones de dólares para la campaña de Nicolás Maduro.  O esperar que  alguien en el gobierno tenga el coraje y la dignidad de aceptar que hay graves problemas, que el modelo fracasó, que la gente pasa hambre, que la corrupción y la negligencia han sido más eficaces y potentes que el imperialismo.  Pero, por lo que se ve, nada de esto sucederá.  En el horizonte del 2018 no se ven milagros.

George Orwell, que pensó y narró con mucha agudeza procesos como el que estamos viviendo, escribió en 1946 que “un Estado totalitario es una teocracia y su casta dominante, para mantener su posición, debe creerse infalible”.   Esa es nuestra desgracia. Nos gobiernan los infalibles.

Ellos ya solo son la certeza del poder. Una certeza cada vez más pequeña y más violenta. No hay nada nuevo en ellos. Nada distinto. Así sea difícil, así parezca imposible, la única posibilidad de cambio está de nuestro lado, somos nosotros. Todos los demás.  Esa incertidumbre, ese temor, esa desazón, aunque parezca increíble, sigue siendo nuestra única esperanza.

Discurso de Julio Borges en la entrega del Premio Sájarov

El presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, acompañado de Antonio Ledezma en representación de los presos políticos, recibieron el máximo reconocimiento que otorga la Unión Europea a los defensores de los derechos humanos.

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Antonio Ledezma y Julio Borges reciben el reconocimiento del Parlamento Europeo. Foto de Frederick Florin para AFP

Julio Borges, 13 diciembre 2017 / PRODAVINCI

prodavinciEl Parlamento Europeo concedió el Premio Sájarov para la Libertad de Conciencia a la oposición venezolana, en particular a la Asamblea Nacional (AN) y a los presos políticos de la lista del Foro Penal Venezolano, representados por Leopoldo López, Antonio Ledezma, Daniel Ceballos, Yon Goicoechea, Lorent Saleh, Alfredo Ramos y Andrea González.

Julio Borges, presidente de la AN, y Antonio Ledezma recogieron el Premio Sájarov este miércoles 13 de diciembre de 2017. Antonio Tajani, máxima autoridad de la cámara, dijo que se trata del reconocimiento más importante “que otorga la Unión Europea a aquellos que defienden los derechos humanos”. Añadió en su discurso que es la primera vez que una institución, la AN, gana este galardón.

“Como todos los Parlamentos del mundo, incluso el nuestro, es el símbolo de la democracia y de la diversidad de opinión. (…) Al otorgar este premio, defendemos las Constituciones, las instituciones, la separación de los poderes. Este es la base de la democracia. Así como la libertad de expresión. Hoy tenemos con nosotros representantes de algunos de los presos políticos. Saludo su presencia así como la de Antonio Ledezma sentado a mi lado. Pero no hay que olvidar a los demás. Según el Foro Penal son casi trescientos. Este Premio es igualmente para ellos”.

También advirtió que en el país “la situación de los derechos humanos se deteriora cada día más”.

Estas fueron las palabras del presidente del Parlamento venezolano al recibir el Premio:

“Señor Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo
Honorables miembros del Parlamento Europeo.
Respetables asistentes.
Pueblo de Venezuela.

Desde que unos navegantes llegaron a suelo americano hace siglos, Europa y Venezuela han tenido una relación de ida y vuelta.

Aunque algunos pretendan cambiar la historia, estamos hermanados desde entonces.

Hoy a los venezolanos nos toca agradecer que Europa, ustedes, nos han tendido una mano amiga en las que, sin duda, son las horas más oscuras de nuestra historia republicana. Es esa misma mano que los venezolanos ofrecimos en el siglo XX a miles de europeos que emigraron con las cicatrices de las guerras en sus almas y en sus cuerpos, entre ellos mis propios padres y abuelos.

Algunos han retornado a sus lugares de origen expulsados por los devastadores efectos del Socialismo del Siglo XXI que se ha pretendido instaurar en mi país y tristemente los jóvenes venezolanos también han dejado atrás su tierra, con la esperanza de encontrar en Europa y otros rincones del mundo el futuro y las oportunidades que el Gobierno les arrebató.

Ese viaje de ida y vuelta, esa historia común, nos ha traído hasta aquí. El Parlamento Europeo hoy reconoce la valiente e incansable lucha de los venezolanos al otorgarle el Premio Sájarov a la oposición democrática representada en la Asamblea Nacional, la cual tengo el honor de presidir, y a todos los presos políticos que hay en mi país, quisiera que hoy le diéramos un aplauso a quienes hoy nos acompañan aquí: Antonieta y Leopoldo López, padres de Leopoldo López; Antonio Ledezma, Patricia de Ceballos, esposa de Daniel Ceballos, además de los familiares y representantes de Lorent Saleh, Yon Goicoechea y Andrea González, y a todos nuestros exiliados.

Recibimos esta distinción con profundo agradecimiento. Lo acoge todo el país. Lo hace suyo Venezuela entera y unida. Es un reconocimiento para la madre que se priva de alimentos para salvar a sus hijos, para el niño que hurga en la basura intentando saciar el hambre, para el abuelo que muere de mengua por la escasez de medicamentos. Lo recibe también ese joven que hoy emigra desesperado en busca de oportunidades en otras latitudes, el maestro que vence la ceguera ideológica y se aferra a la tarea de formar hombres y mujeres libres. Lo reciben quienes luchan por los derechos humanos y los periodistas que se arriesgan para mostrar una realidad que pretende ser silenciada. Esta distinción también atraviesa los barrotes de los calabozos en los que están injustamente detenidos cerca de 350 presos políticos en las cárceles venezolanas. ¡Ellos y su lucha también están reconocidos aquí!

Pero de manera especial, el Premio Sájarov honra la memoria de los 157 venezolanos asesinados por la brutal represión gubernamental durante las protestas pacíficas que se realizaron durante más de 130 días continuos en 2017.

Cuando Andrei Sájarov fue reconocido con el Premio Nobel de la Paz en 1975 no pudo recibirlo personalmente. Se encontraba a las afueras de un tribunal lituano esperando la injusta sentencia que marcaría la vida de su amigo, el científico Serghey Kovalyev. En el discurso de aceptación del Nobel que leyó su esposa estaban los nombres de un centenar de presos políticos y exiliados. Pidió disculpas por los que no recordó y aseguró que ‘cada nombre, mencionado o no, representa un destino humano duro y heroico, años de sufrimiento, años de lucha por la dignidad humana’. Son, sin duda, palabras que remueven hoy el alma de cada venezolano y resumen su persistente lucha durante los últimos años.

Estoy convencido que nuestro noble desafío no le es ajeno a Europa. A ustedes, honorables eurodiputados, no les resulta extraña la pelea que estamos dando contra la dominación y el miedo. En pleno siglo XXI los venezolanos resistimos y enfrentamos a un Estado totalitario, una segunda Cuba pero con las reservas de petróleo, gas y oro más grandes de occidente. Puedo asegurar que nosotros, al igual que ustedes hace décadas, estamos determinados a persistir y vencer esa perversa pretensión de colonizar la conciencia de cada venezolano.

El régimen que ha secuestrado la democracia en mi país instauró el hambre para administrar la miseria. Destruyó el sistema de salud para gestionar la muerte. Expropió miles de empresas para repartir pobreza. Adoctrinó las aulas para ofrecer ignorancia.

A diferencia de la socialdemocracia, el Socialismo del Siglo XXI es una versión renovada e igual de traumática que el socialismo real que ustedes padecieron durante décadas. Aunque está condenado al fracaso, se ha constituido en el mayor obstáculo para la paz, el progreso y los derechos humanos de los venezolanos.

La imposición de este sistema en nuestra nación ha causado destrucción y miseria sin precedentes. Tras haber vivido la mayor bonanza petrolera hace pocos años, la economía venezolana acaba de entrar a la infame lista de las que han padecido una hiperinflación: el alza promedio de los precios de los alimentos llegará al final de este mes a 2000%. Dicho de otra forma, en Venezuela basta que transcurran unas horas para registrar la inflación que los países europeos acumulan en todo un año. El hambre se instauró en los hogares: 75% de los venezolanos han bajado hasta 10 kilos en los últimos 12 meses y por si fuera poco 4 de cada 10 niños ya sufren algún grado desnutrición. La muerte también avanza: en las farmacias escasean 9 de cada 10 medicinas requeridas para enfermedades crónicas.

La tragedia es evidente y dolorosa. Solo la soberbia de quienes conciben el poder como una forma de dominación la han desconocido y subestimado, hasta el punto de cerrar las puertas a quienes generosamente nos han ofrecido alivio. ¡Hoy lo reitero: la apertura de la cooperación humanitaria de alimentos y medicinas es urgente! Es una exigencia que clama al cielo y que hemos presentando en todas las instancias nacionales e internacionales en las que hemos debatido y alertado sobre nuestra realidad.

Más temprano que tarde, la larga lucha por la dignidad referida por Sárajov dará sus frutos y nos permitirá reconquistar la libertad. Nos aferramos también a lo que decía Don Rómulo Gallegos, nuestro gran literato y expresidente: ‘El mal es temporal. La verdad y la justicia imperan siempre’.

Lejos de lo que desean quienes pretenden dominarnos no estamos llenos de odio y por ello comparto con ustedes lo que considero nuestro mayor triunfo: no guardamos rencor a quienes han hecho tanto daño. Casi a diario nos empujan para obligarnos a odiarlos, pero no lo han logrado, ni lo podrán hacer. Tampoco harán que perdamos la esperanza, o que dejemos de luchar por una Venezuela libre y democrática.

La situación de Venezuela es difícil. Nos urge concretar un cambio político hacia la democracia para enfrentar la terrible crisis humanitaria, que apenas he podido describir aquí y caminar de forma decidida y unidos hacia el progreso. Así lo manifestamos en el reciente encuentro que tuvimos con la delegación del Gobierno venezolano en República Dominicana y que se dio gracias a la intermediación y veeduría de varios cancilleres latinoamericanos.

No hemos dejado de levantar nuestra voz, pese al efecto distorsionador de la censura y la propaganda. Nos mantenemos firmes en todos los espacios y terrenos de lucha posibles. Por eso hemos acudimos a la comunidad internacional, a ustedes, al mundo libre, para invocar los principios de justicia social internacional y encontrar caminos que contribuyan con el rescate democrático en mi país. Por eso hemos luchado en las calles, ejerciendo nuestro derecho a la protesta pacífica.

En nuestra memoria aún están nítidas las imágenes de la brutal represión que las fuerzas de seguridad del Estado desplegaron en contra de ciudadanos desarmados, muchos de ellos jóvenes que apenas sobrepasaban los 20 años de edad. Las armas de la República enlutaron a 157 hogares venezolanos. Esas armas no deben usarse para resolver lo que podemos dirimir a través de la palabra y el voto, que es precisamente el vehículo para que millones de voces hablen en los sistemas democráticos”.

 

¡Feliz cumpleaños, Nicolás! De Alberto Barrera Tyszka

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ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, ESCRITOR Y COLUMNISTA VENEZOLANO

Alberto Barrera Tyszka, 26 noviembre 2017 / PRODAVINCI

El gran logro de la oposición en las últimas semanas ha sido la celebración pública del cumpleaños del Nicolás Maduro. Quién sabe cómo pudieron infiltrarse en el Estado Mayor de Comandos Superiores para la Organización de Festejos Presidenciales pero, sin duda alguna, el numerito del merengue televisado, con la participación de un artista internacional, fue una genialidad. En medio de la hiperinflación y de la escasez, de la pelazón generalizada, del hambre con hache dura, ahí estaba el Presidente, tan sonriente, intentando bailar mientras Bonny Cepeda cantaba una pieza titulada “Asesina”. ¿No es acaso una imagen impactante?

prodavinciEse mismo día, el propio Maduro había promocionado por las redes sociales un video biográfico que –en la clásica tradición de la industria del culto a la personalidad– comienza a construir un nuevo melodrama heroico, reinventa la vida personal desde el poder. Según esta pieza, el niño Nicolás, con apenas 8 años, cada vez que veía El Ávila pensaba en Simón Bolívar. No faltaba más. Es una asociación súper lógica. Pero al tocar el momento de la adolescencia, el guion resolvió la narrativa de manera aun más trepidante y veloz: con una frase que asegura que, un buen día, el joven Nicolás le dijo a sus amigos “me voy a vivir la revolución”. Y se acabó. Lo demás son fotos con el Comandante Chávez y un cierre emotivo con un niño que declama loas y que luego se suma a un gran grupo de infantes para gritar “¡Feliz cumpleaños, Presidente!”

¿A quién se le ocurre producir, distribuir y promover algo así en un país donde la harina se vende por cucharadas? Porque la gente no puede pagar. Porque el sueldo solo da para eso. Según una nota firmada por el medio Efecto Cocuyo, varios productos de la cesta básica ya se mercadean de esta manera en las zonas populares. Hoy en día, los niños de los barrios ven la montaña y se marean. Tienen un ay bajo el ombligo. Siguen pensando en comer.

Los mensajes de felicitación nos mostraron diferentes niveles posibles de adulación. El exceso de adjetivos también empacha. Pero ya es un protocolo, forma parte de la ceremonia oficial del poder. Se puede observar en cualquier acto público. Esta misma semana, para no alejarnos demasiado, en un encuentro con estudiantes de educación media, una dirigente habló durante varios minutos sin expresar más de una idea pero repitiendo –hasta el empalago– la fórmula “Compañero-Comandante-Camarada Presidente Maduro” para alabarlo, agradecerle, reafirmarle de manera constante su apoyo incondicional. La retórica como método. La retórica como sometimiento.

¿Será posible diagnosticar cuándo y cómo el liderazgo oficialista perdió su conexión con la realidad? ¿Cuándo decidió conscientemente evitarla y, luego, de manera abierta, negarla? Entre el país del oficialismo y el país de la mayoría de los venezolanos hay un abismo irremediable. La revolución solo es una parodia. La vida real es una tragedia.

En honor a la verdad, podría decirse que no se trata de un problema exclusivo del gobierno. También el liderazgo de la oposición vive un cisma similar. Basta con revisar todo el proceso reciente. En buena parte, es una dirigencia que parece vivir en un país paralelo. Lamentablemente, sobran los ejemplos: Manuel Rosales y Timoteo Zambrano, más cómplices del gobierno que de la unidad; los grandes partidos y sus candidatos permanentes a la Presidencia; Antonio Ledezma y su inútil intento por convertir su fuga en una epopeya política (dejándole una bandera sin significados a María Corina Machado, proponiendo purgas en Madrid, coqueteando con la posibilidad de ser nombrado Presidente por el TSJ del exilio)… El país se encuentra hundido en una profunda crisis de representación política. No solo se trata de las élites, de aquellos que aspiran a conducir la dinámica política. Se trata del sentido mismo de la representación, de su pertinencia y de su validez. De la idea de su eficacia.

La deslegitimación del CNE y del sistema electoral solo agudizan la situación. La caída en picada del voto, como expresión útil, como valor, como espacio de poder, hace más evidente el precipicio. ¿Es este el triunfo final de la antipolítica?

El país que celebra en cadena nacional el cumpleaños de Nicolás Maduro es el mismo país de una ANC cuya prioridad, hasta ahora, es reglamentar la censura y la represión. Es el país de un TSJ que, esta semana, por cuarta vez negó un recurso presentado por la ONG Cecodap para salvaguardar la salud de los niños ante la escasez de medicinas. Es el país que, según aseguró Castro Soteldo hace dos días, abrirá una primera fábrica de fusiles Kalashnikov el año que viene.

En el país de la mayoría de los venezolanos, un trasplantado renal protesta en la calle, alzando con sus dos manos un cartón, porque no hay medicinas que impidan su muerte. Una mujer compra cuatro cucharadas de harina en la redoma de Petare. Demasiados jóvenes sueñan desesperadamente con salir del mapa. En el país de la mayoría, hay difteria y niños que se mueren de desnutrición. Ninguno de ellos, esta semana, pudo aparecer en un video gritando ¡Feliz cumpleaños, Nicolás!

Un grito. De Alberto Barrera Tyszka

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Fotografía de Helena Carpio.

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ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, NOVELISTA Y COLUMNISTA VENEZOLANO

Alberto Barrera Tyszka, 29 octubre 2017 / PRODAVINCI

La mujer se asomó a la ventana. Tenía puesta una bata sencilla, sin mangas. Aunque no se le veían, podían adivinarse unas chancletas de plástico medio desencajadas debajo de sus pies. Su cabello se desordenaba apenas hasta el cuello. Su rostro estaba cruzado por una mueca que, con dificultad, contenía un alarido. Lo aguantó durante pocos segundos. La mujer se asomó a la ventana y lanzó un grito: ¡que se vayan todos a la mierda! Y sin que le faltara el aire prosiguió: ¡que se vayan todos al mismísimo carajo! ¡Son unos farsantes, unos sinvergüenzas, unos grandes coño e madres! Sus palabras se colaron entre las casas y las veredas, retumbaron en los escalones, siguieron sonando más allá, a lo lejos. Luego hubo un silencio tenso, irritado. Una rabia muda.

prodavinciEl desespero ya no necesitan nombres. Hay muchos destinos para la indignación en este tiempo, en este mapa ¿Cómo puede sentirse cualquier venezolano cuando ve cómo Maduro nombra a sus candidatos derrotados como “protectores” de los Estados donde fueron, democráticamente, rechazados? ¿Qué siente el ciudadano común cuando escucha a Henry Ramos Allup tratando de disfrazar sus maniobras, mintiendo, pretendiendo salirse por la tangente con juegos de palabras? Cualquiera siente exasperación. Siente dolor, humillación. Siente impotencia. La política se ha convertido en una ficción muy violenta.

¿Qué puede representar Tibisay Lucena para la mayoría de los habitantes de este país? La misma figura que obstaculizó e impidió cualquier evento electoral el año pasado es ahora quien, con idéntica serenidad y armonía, facilita y organiza de manera express unos comicios para el próximo mes de diciembre. En su actitud no solo hay engaño, la voluntad de intervenir a favor del poder los procesos electorales, sino también hay cinismo. El cinismo del fariseo que, cuando comete un delito, actúa como si estuviera ejecutando una virtud. El CNE no representa ni protege a la ciudadanía. El CNE ni siquiera ya se representa a sí mismo. Ha perdido cualquier majestad institucional. Es absurdo que, después de todo lo ocurrido, la oposición se plantee –tan siquiera- participar o no en una nueva elección. El fraude ya ha quedado expuesto, de manera evidente. El fraude ya es un modo de producción. Es la única suma que tiene el gobierno, la manera de contarnos y de someternos.

Hasta ahora, el principal elemento de la ANC ha sido, en la práctica, proponer la eliminación de la democracia protagónica y participativa de nuestra Constitución. El nuevo modelo del oficialismo es otro. Más opaco, más chantajista, más extorsionador. La acción contra Guanipa en Zulia es zarpazo salvaje en contra del poder del pueblo. En el fondo, el oficialismo, por iniciativa propia, se está encargando de decirle al mundo que este gobierno no es democrático porque –precisamente- suprime o pervierte los mecanismo democráticos para poder cambiarlo. Y, mientras esto sucede, mienten. Todo el tiempo. Siguen hundiéndose, y hundiendo al país, en un engaño sin límites, en una estafa suicida. Elvis Amoroso, hace pocos días, aseguró que si no existiera Dólar Today “los venezolanos comeríamos lomito todos los días”.

Esta semana leí dos artículos extraordinarios sobre este mismo tema. Un magnífico y puntual recuento del historial de mentiras oficialistas escrito por Sebastiana Barráez y un agudo texto donde José Rafael Herrera nos recuerda que, en la política, “decir la verdad es una cuestión absolutamente necesaria”. Es inevitable. La versión oficialista de la vida, además, se empeña en producir fantasías enloquecidas. Nunca antes un gobierno estuvo tan separado de las necesidades reales de la gente. La oposición está obligada a deslindarse. La oposición tiene el desafío de la transparencia. ¿Cuánto niños mueren por desnutrición este domingo en Venezuela?

Una mujer se asoma a la ventana y lanza un grito.

La observación electoral independiente. De Luis Mario Rodríguez

Cuando el encargado de organizar las elecciones no indica los avances de aspectos relevantes como la tecnología que se utilizará para transmitir y procesar los resultados, se genera un ambiente de escepticismo que puede provocar una baja participación el día de las elecciones.

Luis Mario RodríguezLuis Mario Rodríguez, 26 octubre 2017 / EL DIARIO DE HOY

La Organización de los Estados Americanos (OEA) publicó esta semana un informe que explica “la diferencia entre tener o no observación electoral independiente”. Lo hizo en clara alusión a las recientes elecciones en Venezuela sobre las cuales, previamente, este organismo hemisférico señaló que estuvieron “a todas luces plagadas de irregularidades que restringieron los derechos políticos de los ciudadanos e impidieron que los resultados publicados por el Consejo Nacional Electoral (CNE) reflejaran la voluntad del pueblo venezolano”.

EDH logLa facilidad con la que el ciudadano puede ejercer su derecho al sufragio y la confianza en el árbitro electoral son dos de los elementos fundamentales que distinguen a unos comicios válidos y transparentes de otros que no lo sean. Si al votante se le dificulta encontrar su centro de votación o éste se encuentra alejado de su domicilio, no tiene clara la forma de votar, sus datos no coinciden con los del padrón y no consigue referencias de los candidatos y de las propuestas de los partidos, entonces nos encontramos frente a un sistema que no simplifica el proceso para votar y, por tanto, obstaculiza la posibilidad de la población de exigir cuentas a sus representantes.

Por otra parte, cuando el encargado de organizar las elecciones no indica los avances de aspectos relevantes como la tecnología que se utilizará para transmitir y procesar los resultados, los requisitos para que los ciudadanos pueden integrar las mesas de votación, la capacitación de los responsables de contar los votos, las medidas que se adoptarán con la finalidad de evitar el uso indebido de recursos del Estado para campañas electorales o el método para fiscalizar el dinero que recibirán los partidos políticos, se genera un ambiente de escepticismo que puede provocar una baja participación el día de las elecciones.

Para no ahuyentar a los electores de las urnas debe garantizarse el empleo efectivo de todas las formalidades mencionadas en los párrafos anteriores. También es necesario certificar que los comicios contarán con reglas claras y condiciones equitativas que posibiliten una competencia pareja a los que aspiran al poder. La observación independiente contribuye a alcanzar ese objetivo. La OEA advierte en su análisis acerca de los riesgos que enfrenta una elección cuando no se impulsa este tipo de supervisión por actores ajenos al proceso. Además aclara que hay procedimientos que tienen que ser auditados en paralelo a su ejecución y no en una “fase postelectoral”. Aquellos que sí pueden evaluarse con posterioridad al evento “requieren del acceso a mucha información” y contar con el compromiso de la autoridad de transparentar los procesos y ofrecer toda la documentación a los auditores.

En Venezuela debió vigilarse la convocatoria del proceso y el calendario del mismo; la admisión, rechazo o sustitución de candidaturas; la elaboración del padrón; el acto para escoger la posición de los partidos en la papeleta; la conformación de las mesas de votación; la aprobación y publicación del directorio de centros de votación; la campaña, el acceso a medios y la regulación del financiamiento político; y la totalización, adjudicación y la proclamación de resultados.

En prácticamente todas las etapas se presentaron anomalías “que se hicieron visibles dentro y fuera del país y generaron un clima de desconfianza e incertidumbre respecto a la transparencia y validez de los comicios”.

Otra de las auditorías que la OEA describe como imprescindible es la aplicable a los sistemas informáticos. El uso de tecnología en las elecciones es cada vez más frecuente como reiterado es también el debate sobre la seguridad de estos nuevos métodos. Tanto el voto electrónico como la posibilidad de transmitir y procesar los resultados a través de mecanismos tecnológicos generan en la población el temor que su sufragio sea alterado o se distorsione la voluntad popular. La OEA recomienda el acompañamiento de los partidos políticos y de actores creíbles a los exámenes y revisión que el organismo electoral efectué a los equipos que se utilicen.

En El Salvador debe promoverse la observación de todas las etapas del proceso electoral. Con ello se daría certeza al trabajo del TSE y se suprimiría toda sospecha de trampa. El aval de la OEA animaría al electorado a concurrir masivamente a esta fiesta cívica.

Venezuela: El reto es combinar realismo, audacia y unidad. De Paolo Luers

paolo3Paolo Luers, 22 octubre 2017 / EDH-OBSERVADORES

La oposición venezolana perdió las elecciones de gobernadores (en 17 de los 23 estados) por dos razones: por un descarado fraude efectuado por la autoridad electoral controlada por el partido chavista; y por la abstención de una parte de la oposición, que ya no cree en elecciones y anticipaba el fraude.

Elecciones en dictaduras -y nadie duda a esta altura que el régimen de Maduro es una dictadura- sólo se pueden ganar obteniendo una mayoría tan grande que los mejores mecanismos del fraude no alcanzan. Así ganó en 1988 el NO opositor el plebiscito sobre la permanencia en el poder de Pinochet. Así salió Uruguay de la dictadura, con plebiscitos y elecciones con participación opositora tan fuerte la cual el régimen no podía compensar con fraudes. Y así logró la oposición venezolana en 2015 elegir una Asamblea Nacional con mayoría opositora de dos tercios.

observadorEn 2015 la oposición venezolana estaba más unida que nunca. Pero luego, al ver que ni las masivas protestas ciudadanas en las calles podían defender la Asamblea Nacional electa contra los golpes de Estado del gobierno y su Corte Suprema, que le restaban todas sus facultades constitucionales, en el movimiento opositor se generó una controversia: participar o no en las elecciones de gobernadores. La mayoría de los liderazgos y partidos de la Mesa de la Unidad Democrática llegaron a la conclusión de que luego de exigir durante meses que el régimen convocara estas elecciones, no podían darles la espalda cuando al fin fueron convocadas. Pero otra parte del liderazgo llamó abiertamente al abstencionismo, con varios argumentos: primero que Maduro iba a orquestar fraude; segundo, que ir a elecciones iba a “enfriar la calle”, o sea las masivas protestas exigiendo “la salida” de Maduro y del chavismo. Irónicamente, estas movilizaciones, luego de meses en las calles y luego de más de 100 muertos y centenares de detenidos, ya se habían “enfriado” de todos modos.

La MUD organizó sus primarias, postuló candidatos, e hizo campaña. Pero incluso entre los que habían tomado la decisión correcta de que un movimiento democrático tiene que usar siempre las elecciones para enfrentarse a la dictadura, hubo muchos que estaban en esta campaña con la cabeza, pero no con el corazón. El resultado: La oposición no logró movilizar a todas sus bases, a toda esta mayoría absoluta de venezolanos hartos de la corrupción, de la escasez, y de la represión. Aun así la oposición alcanzó mayorías en 16 estados, según las encuestas de boca de urna y cálculos de expertos, pero no mayorías tan aplastantes que vuelvan inútiles los mecanismos de fraude. Sólo en 5 estados el gobierno se vio obligado a reconocer el triunfo de candidatos opositores.

La oposición venezolana tendrá que resolver este serio problema interno, que obviamente corresponde a un problema de ánimo de la gente que está cansada de la represión, de las marchas, de la crisis de abastecimiento… y de elecciones. Porque al final van a tener que salir de la dictadura y de la crisis con elecciones. Sólo muy pocas figuras dentro de la oposición -los más derechistas- apuestan a una salida que no sea electora: una insurrección, una intervención externa, o un golpe de Estado. Estas tres “salidas” no son realistas, y tampoco son deseables ni aceptables, no sólo por el alto costo de vidas y sufrimiento que significarían, sino también porque solamente una salida política, pacífica y electoralmente legitimada generará las condiciones para la reconstrucción de la economía, del sistema democrático y del dañado tejido social del país.

La oposición -y la sociedad en general- necesitan iniciar de inmediato un debate franco y realista sobre cómo recomponer la unidad frente a la dictadura, y como alcanzar una salida política al la crisis. Las condiciones están dadas: El régimen no tiene mayoría popular ni posibilidades de recuperarla; la comunidad internacional está unida en exigir una transición democrática y comienza a aplicar sanciones al gobierno de Maduro que profundizarán su declive. Lo único que falta es una estrategia compartida por toda la oposición política y social, que sea a la vez audaz y realista – y la capacidad de comunicarla a los venezolanos y la comunidad internacional.

El reto es combinar realismo, audacia y unidad. Así como cuando todos unidos ganaron las elecciones en 2015. Y como cuando todos juntos salieron a la calle en 2016 y pusieron a temblar al régimen.