Venezuela

Carta a Trump: Salvar Venezuela sin ir a la guerra. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 15 agosto 2017 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Dear Donald:
Sé que tiene un Departamento de Estado acéfalo y que sus únicos asesores son militares. Se nota. Le voy a mandar algunos consejos no solicitados, a los cuales usted por supuesto ni siquiera haría caso si le lo diera algún experto anglosajón en política hacía América Latina.

masSi realmente quiere ayudar a Venezuela a recuperar su democracia, lo peor que puede hacer es amenazar a Maduro con una intervención militar de Estados Unidos. Es de las pocas cosas que a esta altura le pueden dar oxígeno a este régimen aislado interna y externamente. Maduro y sus narco-generales lo aman por esta su nueva bravuconería.

En vez de esto, lo que el presidente de Estados Unidos debe hacer son tres cosas:

  1. EDH logHablar con Cuba y darle garantías que con un cambio de régimen en Venezuela no perderá el suministro de petróleo. O sea, convencer a Cuba que sostener a la fuerza a Maduro y apoyar la represión contra la oposición no es la única forma que Cuba puede asegurar su sobrevivencia económica. Esto requiere negociaciones paralelas con la oposición venezolana.

Pero lo que usted hace es cerrar las puertas recién abiertas de comunicación con Cuba, obligando a Castro y Maduro a defenderse mutuamente.

  1. Negociar con China, que es el principal acreedor de Venezuela. Venezuela ha empeñado los próximos 20 años de su producción petrolera a China, y Pequín sabe perfectamente que el régimen de Maduro, aunque logre sobrevivir a pura fuerza de represión, nunca tendrá capacidad de honrar esta deuda. La única manera de asegurar que Venezuela le pague a China es un cambio democrático que logre reconstruir la economía nacional. Nuevamente, igual que en el caso de Cuba, Estados Unidos puede dar las garantías que va a facilitar que un nuevo gobierno venezolano, con la ayuda de los organismo financieros internacionales, honre la deuda con China.

Pero lo que usted hace es tensionar la relación con China con su discurso de guerra comercial y sus amenazas militares a Coreo del Norte.

  1. En vez de amenazar con suspender las compras de petróleo a Venezuela, mejor negocie con Colombia para que juntos corten la conexión narco que mantiene funcionando el régimen narco-militar venezolano. Boicotear el petróleo venezolano afectaría a la población venezolana que ya está sufriendo la crisis de abastecimiento. Cortar la conexión FARC-Maduro y su negocio narco, sólo afectaría y efectivamente debilitaría a las cúpulas militares y políticas de Venezuela.

Estoy claro que su ceguera ideológica no le permitirá modificar sus políticas hacía Cuba y China, ni siquiera para salvar Venezuela y estabilizar América Latina. Pero la tercera opción, tal vez la más efectiva para debilitar a Maduro, encaja perfectamente en su discurso macho, Mr. Trump. A menos que sea discurso y nada más.

Si tiene más preguntas, consulte con los expertos en América Latina que abundan en Washington. O haga que su embajadora en Salvador me llame. Tengo varias cosas que me gustaría discutir con ella.

Sincerely yours,

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Oposición y chavismo disidente en un mismo foro: ¿qué dijeron? Prodavinci

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MonitorProDaVinci, 6 agosto 2017 / PRODAVINCI

prodavinciEl domingo 6 de agosto de 2017, un día después de que la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) removió a Luisa Ortega Díaz del Ministerio Público venezolano, la Fiscal General dijo que desconoce la decisión y se mantendrá en el cargo, durante un foro organizado por la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas, donde coincidieron por primera vez líderes opositores y exdirigentes chavistas.

En la primera alocución de Ortega después de que la ANC anunciara su destitución y nombrara al Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, como su reemplazo temporal para reestructurar el Ministerio Público, la Fiscal señaló:

“No puede ser que la primera decisión de esta Asamblea, esta Constituyente presidencial, teniendo instrucciones del Ejecutivo cuando la Constitución dice que el poder constituido no le va a dar instrucciones a la Asamblea Constituyente, […] procedieron a remover, de manera ilegítima, a la Fiscal General. Yo desconozco esa remoción. Yo sigo siendo la Fiscal General de este país”.

En el foro “Encuentro en defensa de la Constitución”, Ortega compartió el estrado con el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, el vicepresidente del Legislativo, Freddy Guevara, y el gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles. En representación del chavismo descontento con la gestión del presidente Nicolás Maduro, asistieron el exministro del Interior, Justicia y Paz Miguel Rodríguez Torres, la exdefensora del Pueblo, María Gabriela Ramírez, los diputados Eustoquio Contreras y Germán Ferrer (esposo de la Fiscal), así como el analista político Nicmer Evans.

Tras asegurar que recibió llamadas de respaldo de gobiernos y fiscales de otros países, Ortega indicó:

“Estamos ante un poder de facto porque no es un gobierno. Aquí no hay gobierno. Los gobiernos, además de todo el concepto doctrinario y filosófico que existe, es para garantizar la felicidad al pueblo. Y aquí, quien está ocupando de manera ilegal el poder es la Asamblea Nacional Constituyente”.

Un contingente de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) rodeó el sábado 5 de agosto los accesos a la sede principal del Ministerio Público en el centro de Caracas e impidió el ingreso de Ortega a sus oficinas.

Al cerrar su intervención, la Fiscal General llamó a la oposición a que no permita que la ANC los expulse del Palacio Legislativo, tal como ofreció el sábado el líder oficialista Diosdado Cabello. Ortega afirmó que ve “con mucha preocupación el tema electoral” frente a los comicios regionales. “Si la oposición no participa, las elecciones van. Si participan no van. Alerta con eso”.

A finales de marzo, la Fiscal denunció la ruptura del orden constitucional después de que el Tribunal Supremos de Justicia (TSJ) publicó dos sentencias que desconocían las competencias de la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, y se las delegaba a Maduro. Luego dijo que la convocatoria a la Constituyente era inconstitucional y ha criticado el enjuiciamiento de civiles en tribunales militares por manifestar contra el gobierno.

El TSJ inició un antejuicio de mérito contra la Fiscal. Le prohibió salir de Venezuela, congeló sus bienes y la inhabilitó para ocupar puestos en la administración pública.

Unidad frente a la Constituyente

Después de la Fiscal tomó la palabra Borges, quien dijo que “cada paso de avance de la Constituyente es un paso hacia el precipicio del gobierno y hacia su propio hundimiento”:

“No es que terminó con la Constituyente algo y ahorita comienza algo nuevo. […] Esta lucha que comenzó hace 130 días nunca tuvo como meta plantearse que el fin del mundo era la Constituyente o no. Estamos unidos en defensa de la Constitución, y lo más importante, de la necesidad de que todos los venezolanos cambien de una vez este gobierno a través de unas elecciones libres”.

El diputado Freddy Guevara, primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, llamó “usurpador” a Saab por asumir el cargo de la Fiscal y cuestionó su capacidad para imponer decisiones desde la acción penal. “Si la Asamblea Constituyente reconoce como Fiscal a William Saab, la población reconoce a Luisa Ortega Díaz como Fiscal legítima”.

Por su parte, Henrique Capriles, dirigiéndose a los ponentes chavistas, dijo:

“No le tengamos miedo a sentarnos juntos, a sentarnos intercalados. No le tengamos miedo a la foto. No le tengamos miedo porque lo que está en juego es Venezuela”.

Seguidamente, el militar retirado y exministro de Interior, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, se mostró solidario con Ortega y reconoció “su valentía en defensa de la Constitución”:

“No tenemos Tribunal, no tenemos Asamblea, no tenemos Presidente y no existe el pueblo. […] Tenemos un país, realmente, donde nadie sabe quién manda. Este es un país anarquizado y caotizado por la decisión de liderazgo político”.

El exministro consideró que el gobierno decidió “hacer de la política un campo de batalla militar”, donde “los venezolanos, por la razón política, nos convirtamos en dos ejércitos enfrentados”. Bajo estas condiciones, “Venezuela está inmersa en el concepto de Estado forajido […] Es un Estado que no tiene capacidad de cumplir el rol para el cual existe”.

Nuevamente, pena propia. De Cristina López

Tengo pena propia de decir que vengo del país que, en calidad oficial, con la seriedad que las relaciones diplomáticas implican, reiteradas veces continúa acuerpando al gobierno dictatorial venezolano.

Cristina LópezCristina López, 7 agosto 2017 / El Diario de Hoy

No hay nada más incómodo que la pena propia. La ajena va acompañada de algo de misericordia y hasta piedad. La pena propia, la que viene de que la afiliación con el sujeto causal de la vergüenza, es imposible de negar, y el problema es que no por la afiliación se siente menos vergüenza. Ejemplo de lo anterior, es la sensación que algunos habrán experimentado, esa, como de haber tragado soda cáustica cuando notan que no solo sus papás decidieron llegar a buscarlos temprano a la fiesta, además llegaron en pijamas y decidieron bajarse a saludar. Dado que mis progenitores leen esta columna de vez en cuando, cabe aclarar que a mí nunca llegaron a buscarme a ninguna parte en traje de dormir, pero el ejemplo del evento de pena propia mantiene vigencia con independencia de si se ha experimentado o no.

EDH logEl mismo tipo de pena propia da, ante el mundo, ser salvadoreña en este momento. No porque no me enorgullezca mi país, mis raíces, nuestra historia riquísima de tradiciones y luchas, la familia y los amigos que dejé cuando emigré. Tengo pena propia de decir que vengo del país que en calidad oficial, con la seriedad que las relaciones diplomáticas implican, reiteradas veces continúa acuerpando al gobierno dictatorial venezolano. No solo acuerpando a sus gobernantes, sino acuerpando sus acciones antidemocráticas, como la amañadísima elección para elegir a los miembros de la constituyente. ¿Cómo es democrática, igualitaria, o plural una constituyente conformada exclusivamente por los secuaces de Maduro?

El gobierno salvadoreño, al “felicitar” al gobierno de Maduro, felicita también la extorsión con la que Maduro está oprimiendo a los venezolanos más pobres, que con tal de no perder los beneficios gubernamentales de los que dependen para subsistir, deben pagar el precio de continuar apoyando su agenda política. El gobierno salvadoreño, conformado por los miembros del FMLN, curiosamente llama imperialismo o dictadura a cualquier cosa menos a la de Venezuela, a la que obedecen ciegamente, incluso al punto de hacer ridículos internacionales. ¿Qué más imperialismo que el poder que aparentemente ejerce sobre el FMLN un gobierno extranjero (del que ni siquiera dependemos económicamente) aparentemente muy por encima de sus constituyentes salvadoreños?

Qué pena ser salvadoreña, sabiendo que cuando El Salvador “felicita” al gobierno de Maduro, está tácitamente también felicitando el arresto a empujones de Antonio Ledezma y Leopoldo López, con un cinismo que a estas alturas solo puede llamarse complicidad. Hela la sangre pensar que si tienen la capacidad de ignorar los abusos a los derechos humanos cuando pasan en cámara y se vuelven virales en internet, tendrán la misma capacidad de ignorarlos cuando sea su pueblo el que los sufre, siempre que ignorarlos les garantice réditos políticos.

Y la cosa con la pena propia cuando surge de las afiliaciones familiares es que por amor no queda más que sufrirla. ¿Pero sufrir pena propia por culpa de gente de la que podemos desafiliarnos sacándolos del gobierno mediante elecciones democráticas, transparentes y competitivas? De nosotros depende cambiarlo. Escojamos gente que, si no tiene solidaridad con la comunidad internacional, tenga por lo menos empatía por la cantidad de seres humanos sufriendo bajo la dictadura de Maduro.

@crislopezg

 

Petróleo y dictadura en Venezuela. De Joaquín Villalobos

JOAQUIN VILLALOBOSJoaquín Villalobos, 6 agosto 2017 / EL PAIS

En un confuso incidente, un grupo de militares entró o tomó desde adentro parte de una guarnición en el Estado de Valencia en Venezuela. No fue un alzamiento en forma, sino una operación armada al parecer para robar armamento. Tanto quienes realizaron este ataque, como algunos grupos que protestan en las calles y un oficial que robó un helicóptero, han usado la palabra resistencia para identificarse. El Gobierno de Maduro ha incrementado exponencialmente la represión, impedido el derecho a la protesta pacífica, cerrado los espacios legales a la oposición y realizado un fraude electoral para nombrar una Asamblea Constituyente. En estas condiciones, la radicalización de algunos jóvenes no debe sorprender.

el paisEste incidente armado se suma a la represión y el cinismo de Maduro, como síntomas de debilidad de un régimen que está en descomposición. El punto central para dirimir la crisis venezolana es la alternancia en el poder. La Constituyente es un invento para mantener el Gobierno y dejar a la oposición como un adorno político subordinado al régimen. A partir de que los opositores se convirtieron en mayoría, las posibilidades de estabilidad en Venezuela giran en torno a la necesidad de dar garantías al partido chavista para que se convierta en oposición, y a la oposición para que pueda llegar al Gobierno. Esto es el centro del problema y de esto debe hablarse si se quiere una salida negociada en serio.

El Gobierno de Maduro ha presentado una resistencia inusual, cualquier Gobierno latinoamericano ya habría caído o negociado su salida frente a cuatro meses de protestas en las que han participado millones de personas. La explicación de esta resistencia reside en que se trata de una dictadura militar con ropaje izquierdista en un país petrolero.

El petróleo es el centro de gravedad del poder en Venezuela. La renta petrolera es el factor de cohesión de la coalición de gobierno. Facilitó la alianza entre militares de derecha y chavistas de izquierda, permitió las victorias electorales y construyó una geopolítica de protección en el continente y el mundo. No importa cuánto hayan bajado los precios del petróleo y cuánto la crisis afecte a los pobres. Los ingresos siguen siendo suficientes para que la élite gobernante no se sienta afectada y mantenga viva la expectativa de que si los precios mejoran, podrán quedarse en el poder eternamente.

Luego de que los venezolanos han luchado durante cuatro meses en las calles, el papel principal para salvar a Venezuela lo tiene la comunidad internacional. El Gobierno de Maduro es ahora un problema regional que tiene implicaciones migratorias y criminales por el narcotráfico. Esto se agrava mucho más porque puede acabar convertido en un conflicto armado. Las sanciones individuales generan presión psicológica y son importantes, pero no afectan el centro de gravedad del poder. Sin afectar de forma directa o indirecta los ingresos petroleros, la alianza entre el chavismo y el militarismo puede mantener a Venezuela en una prolongada agonía.

La sangre de Venezuela. De Manuel Hinds

Cuando los salvadoreños ven a los del FMLN defendiendo al régimen venezolano deben darse cuenta de que están viéndolo describir el futuro de El Salvador si el pueblo no hace nada para detenerlos.

manuel hindsManuel Hinds, 4 agosto 2017 / El Diario de Hoy

La situación en Venezuela se ha ido empeorando a una gran velocidad este año. Y eso que el año había empezado ya muy mal. La empresa Smartmatic, que manejó las elecciones para la supuesta Asamblea Constituyente el domingo pasado, declaró oficialmente que el gobierno agregó al menos un millón de votos.

EDH logEl tema de Venezuela se ha convertido en un parteaguas, un tema definitorio que ha dividido a la gente en dos grupos, no sólo en América Latina sino en el mundo entero. Hay gente que dice que la definición es ideológica, suponiendo que los que son de izquierda apoyan al gobierno del Socialismo del Siglo XXI mientras que los de derecha están en contra de éste. Esto, sin embargo, es un insulto a la izquierda porque no hay ideología de izquierda o de derecha que pueda apoyar a un régimen que ha destrozado económicamente al país; que lo ha entregado a una nación extranjera, Cuba, a la que sigue mandando enormes cantidades de dinero aunque los venezolanos están muriendo de hambre; que ha convertido al territorio en una guarida de narcotraficantes desde donde operan con la seguridad provista por el estado; que ha prostituido todas las instituciones del Estado con el propósito único de mantenerse en el poder para seguir explotando al pueblo, y que ha ensangrentado al país entero asesinando diariamente a héroes que se manifiestan en contra de la tiranía.

No. Los que apoyan al Socialismo del Siglo XXI no pueden estar haciéndolo por una ideología. Tampoco pueden estar haciéndolo por intereses nacionales, porque el hecho de tener intereses políticos o económicos ligados a la supervivencia del gobierno actual de Venezuela no implica que esos intereses tengan que subordinarse a los más básicos principios de moralidad que dicho gobierno está violando. La sangre de Venezuela pesa más, mucho más que cualquier interés político o económico que cualquiera pueda tener. La decencia también pesa más que los intereses.

Esto es tan así que todo el mundo civilizado se ha volcado en contra del régimen venezolano. Después de protestar por años contra los abusos de dicho régimen, el Secretario General de la OEA lo ha condenado por el “fraude electoral más grande de la historia de Latinoamérica en porcentaje y en millones de votantes”. Esta semana la Unión Europea y sus países miembros desconocieron la nueva asamblea, llamaron a que no se instale y pidieron la liberación inmediata de todos los presos políticos. El ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido llamó a Maduro un “dictador del mal”. En su reporte anual 2016-2017, Amnistía Internacional denuncia al régimen de cometer crímenes contra las leyes internacionales y violaciones de los derechos humanos, añadiendo que los que tienen responsabilidad por esos crímenes no son llevados a la justicia. Entre muchas cosas más, el reporte indica que la escasez de comida y medicinas se ha intensificado dramáticamente y que el gobierno ha introducido trabajos forzados en la fracasada producción de comida. Los asesinatos llevados a cabo por personeros del Estado son diarios y la sombra de un colapso total de la sociedad se vuelve cada vez más ominosa.

Y, mientras tanto, el gobierno del FMLN no sólo sigue rehusándose a condenar al régimen del Socialismo del Siglo XXI sino también sigue llamándolo “el faro de luz” que ilumina su propio futuro. Como lo discutimos arriba, esto no puede estar haciéndolo por ideología, ni por intereses nacionales (que en realidad van en contra del régimen venezolano) sino sólo porque ve muchas cosas de sí mismo en el régimen de Venezuela: el rechazo del pueblo a su desastroso manejo de la nación y su decisión de mantenerse en el gobierno aunque eso signifique violar los derechos de los ciudadanos. Cuando los salvadoreños ven a los del FMLN defendiendo al régimen venezolano deben darse cuenta de que están viéndolo describir el futuro de El Salvador si el pueblo no hace nada para detenerlos. La sangre de Venezuela se está vertiendo por Venezuela y por los países que, como el nuestro, están en camino a repetir su destino.

On a Date While Venezuela Burns. De Carlos Hernández

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Barricades constructed by protesters who opposed the election last month for a new National Constituent Assembly in Caracas, Venezuela.

Carlos Hernández, 4 agosto 2017 / THE NEW YOTK TIMES

CIUDAD GUAYANA, Venezuela — It was 7 p.m., and the restaurant was empty. I was taking her to my favorite place in the city, informal but charming, with plastic tables and chairs outside, and sometimes live music. It has the best pizza.

NEW YORK TIMESI was nervous. I hadn’t been on a date in forever, and María, a student in electrical engineering, had a ponytail and red lipstick. What if I ran out of things to talk about? What do you talk about on a date when your country is collapsing? Outside that restaurant, outside that bubble I wanted to get into that night, people were dying in the streets fighting President Nicolás Maduro’s bloody authoritarianism.

I live in Ciudad Guayana, an industrial city in northeastern Venezuela. The opposition isn’t very strong here, and the turnout for local protests hasn’t been great. Most of the action that’s been making headlines happens in Caracas, the capital. But I’ve talked to people who carried the body of a protester killed by the police in a town nearby, and to a man who was tortured by the authorities.

I’ve had a tough time myself. Even young professionals like me have been going hungry, and my older brother almost died from an allergic reaction because we couldn’t find an injection to give him. So I’ve joined the marches to the courthouses, to demand respect for the Constitution, ask for the release of protesters who have been arrested and honor those who have died.

That Tuesday last week I needed a break, I needed that date. The following Sunday the government was going to hold a bogus referendum to create a constituent assembly, giving it unlimited power to change the Constitution. Things were only going to get worse.

“You’re the first ones to arrive. You’re almost opening the restaurant,” the owner said with a smile. “What would you like?”

He was sitting at one of the tables by himself, drinking a beer and checking his phone. His head was shaved. He wore a black T-shirt with the logo of the restaurant, the name “Portofino” in white letters with a long curly “P” that made the silhouette of a guitar. It had just stopped raining; the tables and the brick floor were wet. The street lamps there have never worked well, and the dim lighting, which might have been pleasant under other circumstances, brought out the drabness of the place. Reggae music played in the background.

“Would you like some beers? I’ve got Polar.”

“What else do you have?”

“That’s all I’ve got. The delivery truck didn’t come today.”

“Soft drinks?”

“No soft drinks.”

And certainly no pizza.

That Tuesday was the 116th day of protests since the government-controlled Supreme Court stripped the opposition-led National Assembly of its powers, and more than 100 people had since died in clashes between demonstrators and police forces or paramilitary groups.

The day before, the opposition had announced more protests. It called for a national strike starting Wednesday, and for barricading city streets throughout the country, for 48 hours. On Friday, there would be a massive protest in Caracas. After that, who knew what. Tuesday was a day for us to stock up on supplies and brace ourselves. A truce of sorts.

For a moment in the restaurant that evening, María and I weren’t sure whether to sit down at a table or just leave. There wasn’t much to do there, but it was truce day and a date.

The owner started talking about how difficult it was to keep the restaurant going. “People don’t feel safe enough to leave their homes,” he said.

I said that people didn’t go out because they didn’t have enough money, and before I knew it we were talking about how the country was falling apart, just what I hadn’t wanted to do that night. María and I sat down anyway: My brother, our ride, wasn’t answering his phone. The owner kept talking, complaining that the crisis was killing business. He said that because of several shootings, only two out of four bars were left on Caruachi Street. He called it “Tarantino Street.”

María doesn’t drink, but I asked for a beer, so that we hadn’t come for nothing.

“We recently hired a comedian from Valencia and had to cancel the show,” the owner said, referring to a city a 12-hour drive away. “He couldn’t come because the streets were blocked.”

“If this continues, I’m closing up and going to Puerto Rico. I’ve got family there.”

That morning I’d gone out to buy whatever I could find. The supermarket was full of people doing the same thing. But food shortages are not as bad today as they were a year ago: Many Venezuelans have become too poor to even shop. I got rice, wheat flour, bananas, yuccas and potatoes. I saw several people carrying just two or three kilograms of rice in their arms — their groceries for the apocalypse, and they didn’t need a cart. They will have run out of that by now.

By 8 p.m. we were ready to leave the restaurant. The owner charged me half price for the beer: He didn’t have change. Another cash crisis.

Outside, businesses were closing, the streets were emptying out. María and I decided to go to the main shopping mall: With any luck we’d find a place that wasn’t about to go broke. It was almost deserted, but we were able to catch the last movie screening of the day, “Wonder Woman.” We had two hours and 20 minutes of not thinking about three-digit inflation, mass emigration and people feeding on garbage. But that bubble burst as soon as we walked out: Children were waiting around, begging for money to buy food.

María and I never got to eat that night, but we agreed to meet again.

Last Sunday, the vote for the constituent assembly was held. It was a horrible day, the worst, I think, since the protests started in March. Between 10 and 16 deaths, and many other casualties, were reported throughout the country. I found out about them mostly through WhatsApp, listening to voice messages left by frightened people, with the sounds of detonations in the background. That day, several people were shot and wounded in Ciudad Guayana, my city, the quiet city.

Carta a Leopoldo López: Tu hora llegará. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 3 agosto 2017 / MAS! y El Diario de Hoy

Leopoldo:
Es la tercera vez que te dedico una carta. Publiqué una hace más de 3 años, cuando te entregaste a La Guardia, en la plaza pública, puño en alto. Llamo La Guardia a la Guardia Nacional Bolivariana, porque de nacional y de bolivariano no tiene nada. Y porque aquí, en El Salvador, La Guardia es símbolo de la maquinaria de represión de la dictadura militar, de la cual sólo nos deshicimos luego de 12 años de guerra civil. Ahora vemos en Venezuela las mismas escenas de La Guardia reprimiendo estudiantes en la calle para defender un régimen militar contra la ira de su pueblo. Espero que a ustedes no les toque una guerra civil para conquistar la libertad.

masLa segunda carta te la dediqué cuando estabas en huelga de hambre en la cárcel militar Ramo Verde, pidiéndote que no sacrificaras tu vida. Desde que te conocí, en el 2008, cuando todavía eras alcalde de Chacao, nunca he tenido duda que Venezuela necesita líderes como vos que la conduzcan para adelante y no para atrás.

Cuando luego de más de 3 años de cárcel te dieron arresto domiciliario, muchos decían: A este hombre ya lo compraron, canjeó su semi-libertad por la desmovilización del pueblo en la calle… Sólo gente que no te conoce podía pensar esto.

Y ahora te encarcelaron otra vez, llegaron a medianoche como suelen hacer los esbirros de dictaduras militares, para sacarte de tu casa, de tu familia. Igual pasó a Antonio Ledezma, que es otro que no se ha callado. Sabiendo el costo que esto iba a tener, ustedes EDH logaprovecharon su arresto domiciliario, no para desmovilizar la resistencia, sino para darles ánimo a los miles y miles de estudiantes, amas de casa y gente de los cerros que ya pasaron más de 100 días enfrentándose en las calles a la maquinaria represiva de Maduro. La verdad es que a Maduro no le quedaba otra opción: vos sos demasiado peligroso para no tenerte en la cárcel. Te sacó para bajar la presión que ya no aguantaba, en la calle y en el teatro internacional – pero la presión no bajó. Continúa la lucha de la gente en la calle –y la presión de los gobiernos democráticos del mundo, porque su objetivo y motivación no es liberar a Leopoldo o Antonio, sino liberar Venezuela.

Está jodido Maduro: Sos demasiado peligroso para él fuera de la cárcel, pero aun más peligroso encarcelado. El poder de los líderes opositores crece en la cárcel. Igual Maduro que no se atrevió a suspender su Constituyente, aunque está dividiendo sus propias filas chavistas, porque hubiera sido un triunfo para la oposición y de la calle – pero realizar su proyecto de imponer una constitución cubana también lo está acercando aun más al abismo. Maduro no tiene opciones. Vos sí: Sólo tenés que sobrevivir la cárcel, y tu hora llegará, tarde o temprano. Creo que temprano.

Resistí, Leopoldo. Aunque te vuelvan a someter al más hermético aislamiento, nunca estarás solo.

Un abrazo, tu amigo

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