Venezuela

Venezuela: El reto es combinar realismo, audacia y unidad. De Paolo Luers

paolo3Paolo Luers, 22 octubre 2017 / EDH-OBSERVADORES

La oposición venezolana perdió las elecciones de gobernadores (en 17 de los 23 estados) por dos razones: por un descarado fraude efectuado por la autoridad electoral controlada por el partido chavista; y por la abstención de una parte de la oposición, que ya no cree en elecciones y anticipaba el fraude.

Elecciones en dictaduras -y nadie duda a esta altura que el régimen de Maduro es una dictadura- sólo se pueden ganar obteniendo una mayoría tan grande que los mejores mecanismos del fraude no alcanzan. Así ganó en 1988 el NO opositor el plebiscito sobre la permanencia en el poder de Pinochet. Así salió Uruguay de la dictadura, con plebiscitos y elecciones con participación opositora tan fuerte la cual el régimen no podía compensar con fraudes. Y así logró la oposición venezolana en 2015 elegir una Asamblea Nacional con mayoría opositora de dos tercios.

observadorEn 2015 la oposición venezolana estaba más unida que nunca. Pero luego, al ver que ni las masivas protestas ciudadanas en las calles podían defender la Asamblea Nacional electa contra los golpes de Estado del gobierno y su Corte Suprema, que le restaban todas sus facultades constitucionales, en el movimiento opositor se generó una controversia: participar o no en las elecciones de gobernadores. La mayoría de los liderazgos y partidos de la Mesa de la Unidad Democrática llegaron a la conclusión de que luego de exigir durante meses que el régimen convocara estas elecciones, no podían darles la espalda cuando al fin fueron convocadas. Pero otra parte del liderazgo llamó abiertamente al abstencionismo, con varios argumentos: primero que Maduro iba a orquestar fraude; segundo, que ir a elecciones iba a “enfriar la calle”, o sea las masivas protestas exigiendo “la salida” de Maduro y del chavismo. Irónicamente, estas movilizaciones, luego de meses en las calles y luego de más de 100 muertos y centenares de detenidos, ya se habían “enfriado” de todos modos.

La MUD organizó sus primarias, postuló candidatos, e hizo campaña. Pero incluso entre los que habían tomado la decisión correcta de que un movimiento democrático tiene que usar siempre las elecciones para enfrentarse a la dictadura, hubo muchos que estaban en esta campaña con la cabeza, pero no con el corazón. El resultado: La oposición no logró movilizar a todas sus bases, a toda esta mayoría absoluta de venezolanos hartos de la corrupción, de la escasez, y de la represión. Aun así la oposición alcanzó mayorías en 16 estados, según las encuestas de boca de urna y cálculos de expertos, pero no mayorías tan aplastantes que vuelvan inútiles los mecanismos de fraude. Sólo en 5 estados el gobierno se vio obligado a reconocer el triunfo de candidatos opositores.

La oposición venezolana tendrá que resolver este serio problema interno, que obviamente corresponde a un problema de ánimo de la gente que está cansada de la represión, de las marchas, de la crisis de abastecimiento… y de elecciones. Porque al final van a tener que salir de la dictadura y de la crisis con elecciones. Sólo muy pocas figuras dentro de la oposición -los más derechistas- apuestan a una salida que no sea electora: una insurrección, una intervención externa, o un golpe de Estado. Estas tres “salidas” no son realistas, y tampoco son deseables ni aceptables, no sólo por el alto costo de vidas y sufrimiento que significarían, sino también porque solamente una salida política, pacífica y electoralmente legitimada generará las condiciones para la reconstrucción de la economía, del sistema democrático y del dañado tejido social del país.

La oposición -y la sociedad en general- necesitan iniciar de inmediato un debate franco y realista sobre cómo recomponer la unidad frente a la dictadura, y como alcanzar una salida política al la crisis. Las condiciones están dadas: El régimen no tiene mayoría popular ni posibilidades de recuperarla; la comunidad internacional está unida en exigir una transición democrática y comienza a aplicar sanciones al gobierno de Maduro que profundizarán su declive. Lo único que falta es una estrategia compartida por toda la oposición política y social, que sea a la vez audaz y realista – y la capacidad de comunicarla a los venezolanos y la comunidad internacional.

El reto es combinar realismo, audacia y unidad. Así como cuando todos unidos ganaron las elecciones en 2015. Y como cuando todos juntos salieron a la calle en 2016 y pusieron a temblar al régimen.

 

 

 

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Fraudes electorales. De Luis Mario Rodríguez

El riesgo es que estos procesos electorales presentan desviaciones cada vez más pronunciadas, entre las que destacan la inequidad en el financiamiento político, el ventajismo oficial, la adulteración de los resultados.

Luis Mario RodríguezLuis Mario Rodríguez, 19 octubre 2017 / EL DIARIO DE HOY

El fraude electoral en Venezuela nos demuestra que la manipulación de la voluntad popular sigue constituyendo una amenaza a la democracia. La ausencia total de independencia del Consejo Nacional Electoral (CNE) y su sumisión descarada al Ejecutivo burlaron por completo las reglas de la competencia. Así lo delató la oposición política aglutinada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), el Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y 16 de los expresidentes que integran la Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA).

EDH logA diferencia del siglo pasado, cuando las dictaduras truncaron por completo la alternancia política, la defensa internacional de la democracia ha pasado a un primer plano en el que los organismos internacionales y la comunidad de naciones reaccionan de inmediato para reclamar el restablecimiento del orden constitucional allá donde existen amagos de graves fracturas políticas. La Carta Democrática Interamericana garantiza la práctica de la democracia representativa y su aplicación, aunque depende de la voluntad de los Estados que integran a la OEA, cuida la limpieza de las elecciones y fomenta la denuncia de todo intento de distorsión por parte del oficialismo.

Entre noviembre de 2017 y octubre de 2018 se celebrará en diferentes países latinoamericanos, incluyendo El Salvador, un aproximado de 14 elecciones entre presidenciales, legislativas y municipales. En Chile, Honduras, Costa Rica, Paraguay, Colombia, México, Brasil y Venezuela se elegirán a los titulares del Ejecutivo. Algunos de estos países también votarán por diputados, gobernadores y alcaldes.
La buena noticia es que la democracia electoral persiste como el mecanismo por excelencia para alcanzar el poder político. El riesgo es que estos procesos, no obstante erigirse como la única vía para acceder a la administración de la cosa pública, presentan desviaciones cada vez más pronunciadas, entre las que destacan la inequidad en el financiamiento político, el ventajismo oficial, la adulteración de los resultados, como acusó Smartmatic en la consulta para la ilegal Asamblea Constituyente en Venezuela, la insuficiencia de información a los votantes, la parcialidad de los árbitros electorales y la pésima organización de los comicios.

La sofisticación para engañar a los votantes incluye también al populismo y al clientelismo político. Nicaragua representa un buen ejemplo. La combinación de reformas constitucionales para reducir el porcentaje de votos que necesita el ganador, el secuestro de las instituciones, incluyendo al organismo encargado de administrar las elecciones, y el intercambio de bienes por votos contaminan por completo la esencia del sistema electoral. Otro recurso empleado en la última década, principalmente en los países que integran el socialismo del siglo XXI, fue el del “nuevo constitucionalismo”. La principal reforma en esa corriente es la de permitir la reelección presidencial indefinida. Sucedió en Venezuela y Ecuador. Los gobernantes que no obtuvieron el respaldo para cambiar la Carta Magna invocaron la interpretación del máximo tribunal de justicia para conseguir el aval que les permitiera competir de nuevo por el cargo. Ese fue el caso de Evo Morales en Bolivia, Daniel Ortega en Nicaragua y Juan Orlando Hernández en Honduras. También lo intentó sin éxito Álvaro Uribe en Colombia y lo logró Óscar Arias en Costa Rica.

La antipolítica es otro de los grandes aliados del debilitamiento de las democracias. Acuerpados por la decepción del pueblo ante la falta de respuesta por parte de los gobiernos de turno al desempleo, la pobreza, la inseguridad y por la carencia de servicios públicos de calidad, los “outsiders” han venido penetrando en la conciencia ciudadana y se han impuesto a los partidos tradicionales. En México, el Instituto Nacional Electoral (INE) reportó la pretensión de 86 personas para aspirar a candidaturas independientes a la presidencia de la República en 2018. Quienes pasen el filtro que establece la ley deberán obtener más de 800,000 firmas para que su intención se concretice y se les inscriba oficialmente como aspirantes a la “silla del águila”.

El blindaje más efectivo para enfrentar el boicot de las elecciones es la observación electoral nacional e internacional. Solo así es posible descubrir la determinación de algunos de falsear los eventos electorales o de utilizar artificios que inclinen la balanza a favor de uno u otro candidato. Ese será el antídoto más seguro en el caso salvadoreño.

Venezuela: Se materializó un proceso electoral fraudulento sin precedentes. Comunicado de la oposición

logo-mud_nacima20150313_0082_1916 octubre 2017 / MUD

Mesa​ ​de​ ​la​ ​Unidad​ ​Democrática​ ​ante​ ​el​ ​proceso​ ​electoral​ ​fraudulento​ ​consumado​ ​el día​ ​de​ ​ayer

El 15 de octubre se materializó un proceso electoral fraudulento sin precedentes en nuestra historia. Como Mesa de la Unidad Democrática asumimos la responsabilidad de desconocer los resultados, profundizar la lucha para que se respete la voluntad del pueblo expresada el 15-O y cambiar este corrupto sistema electoral para lograr el cambio de régimen y la vuelta a​ ​la​ ​democracia.

Desde el inicio de este proceso, denunciamos todas y cada una de las arbitrariedades que
violaron la ley y los derechos electorales de los venezolanos. A pesar de ello, asistimos a este proceso con la firme convicción que al régimen también debíamos enfrentarlo en este terreno para lograr, o bien continuar la conquista de nuevos espacios para la lucha democrática, o por el contrario mayor deslegitimación nacional e internacional de la dictadura​ ​como​ ​consecuencia​ ​de​ ​un​ ​proceso​ ​electoral​ ​amañado.

Lamentablemente, el régimen optó por la segunda opción. Asumió el camino del fraude, la violencia, irregularidad, manipulación, ventajismo, corrupción, trampa, extorsión, coacción y chantaje para torcer y desconocer la voluntad de nuestro pueblo. Nadie duda que las elecciones​ ​en​ ​Venezuela​ ​no​ ​son​ ​libres,​ ​justas​ ​ni​ ​transparentes.

Hasta este momento, hemos podido detectar y recopilar un gran número de irregularidades ocurridas antes y durante la elección, sin menoscabo de otras que podamos encontrar en el camino,​ ​que​ ​confirman​ ​nuestra​ ​posición.​ ​Algunas​ ​de​ ​ellas​ ​son:

1- Una población electoral de al menos 1.000.080 electores se les impidió u obstaculizó votar en centros históricamente favorables a la oposición, por máquinas dañadas, mesas que​ ​no​ ​abrieron​ ​o​ ​que​ ​tuvieron​ ​retrasos​ ​injustificados​ ​hasta​ ​altas​ ​horas​ ​de​ ​la​ ​noche.

2- Más de 700 mil venezolanos que fueron migrados de sus centros 48 horas antes de la elección​ ​e​ ​inclusive​ ​el​ ​mismo​ ​día​ ​de​ ​la​ ​elección.

3- Una población electoral de al menos 350.000 ciudadanos afectados por violencia e intimidación dentro y fuera de los centros electorales lo que impidió u obstaculizó el ejercicio libre​ ​al​ ​voto.

4- Al menos 90.537 votos nulos que debieron haber sido adjudicados a los candidatos de la oposición producto del impedimento de sustitución de candidatos ya retirados en fraude a la ley.

5- Coacción y chantaje a empleados públicos y beneficiarios de programas sociales obligándolos a votar con el acompañamiento de dirigentes del PSUV y a través del carnet
de​ ​la​ ​patria,​ ​lo​ ​que​ ​impide​ ​el​ ​ejercicio​ ​del​ ​voto​ ​libre.

6- Electores que ejercieron multiples votos e irrespetando el principio “un elector un voto”, facilitado​ ​por​ ​la​ ​ausencia​ ​de​ ​tinta​ ​indeleble​ ​por​ ​primera​ ​vez​ ​en​ ​nuestra​ ​historia.

7-​ ​Prórrogas​ ​irregulares​ ​luego​ ​de​ ​la​ ​hora​ ​del​ ​cierre​ ​legal.

8- Obstaculización de las auditorías del proceso de verificación ciudadana lo que impide
verificar​ ​la​ ​consistencia​ ​entre​ ​los​ ​votos​ ​emitidos​ ​y​ ​los​ ​resultados​ ​transmitidos.

9 Inconsistencia numérica de resultados electorales históricos así como con todos los estudios,​ ​encuestas​ ​y​ ​bocas​ ​de​ ​urnas​ ​realizadas.

Todo ello adicional a irregularidades anteriormente denunciadas que vale la pena volver a recordar y no acostumbrarnos a ellas: i. la persecución, encarcelamiento e inhabilitación de candidatos, ii. la ausencia de observación electoral nacional e internacional confiable y iii. el uso de recursos del estado para promover candidatos y movilizar votos para los candidatos del​ ​régimen.

Ante​ ​todo​ ​esto,​ ​la​ ​Mesa​ ​de​ ​la​ ​Unidad​ ​Democrática​ ​anuncia:

1. Convocamos al pueblo y al mundo a luchar por un nuevo sistema electoral y la convocatoria urgente de elecciones libres y transparentes. El pueblo de Venezuela debe elegir​ ​un​ ​nuevo​ ​Presidente,​ ​alcaldes​ ​y​ ​gobernadores​ ​bajo​ ​un​ ​sistema​ ​electoral​ ​confiable.

2. Declarar en emergencia a los equipos técnicos de la Unidad para que en un plazo perentorio presenten un informe exhaustivo del proceso en general y de las irregularidades particulares, en conocimiento de que las artimañas del Estado fueron diseñadas quirúrgicamente de acuerdo a la realidad concreta de cada región.

3. Convocamos a una reunión de emergencia a nuestros 23 candidatos y sus equipos técnicos para continuar la acción política de respuesta.

4. Exigimos una auditoría total, cuantitativa y cualitativa, que no sea impuesta por el ente comicial, de todo el proceso electoral con verificación internacional confiable. Se trata de un proceso total que no se puede limitar únicamente a comparar el contenido de las cajas con las actas. Estamos ante un proceso de grandes dimensiones y de múltiples variables que requiere la más rigurosa e independiente investigación para determinar la verdad sobre el sistema electoral venezolano. Sólo así podremos reconocer lo que haya que reconocer y exigir​ ​las​ ​repeticiones​ ​donde​ ​haya​ ​que​ ​realizarlas.

5. No asistiremos a ningún proceso de exploración, conversación o negociación hasta tanto no se hayan aceptado las auditorias y cambios que requieren la pulcritud inherente al ejercicio los derechos políticos de los venezolanos.

6. Solicitamos el respaldo de los pueblos, parlamentos y gobiernos del mundo para lograr
estos objetivos así como la mayor condena, presión y sanciones contra el régimen de Nicolás Maduro. Enviaremos una delegación a reunirse con los gobiernos democráticos para explicar la naturaleza de las irregularidades electorales, y las exigencias y propuestas para​ ​superarlas.

7. Haremos una evaluación profunda de las políticas y estructuras desarrolladas por la Unidad con el propósito de identificar oportunidades de mejora, cambio o reforzamiento
orientadas a servir mejor a los intereses del pueblo de Venezuela. Hacemos un llamado a
todos los sectores y liderazgos de la sociedad democrática, que estén dentro o fuera de la MUD,​ ​para​ ​la​ ​discusión,​ ​reflexión​ ​y​ ​unificación​ ​de​ ​estrategias​ ​para​ ​alcanzar​ ​la​ ​libertad.

8. Convocamos a todos los sectores sociales y políticos del país para la activación y movilización de la sociedad venezolana a luchar por las demandas y derechos del pueblo. Lograr una auditoría total del sistema electoral, un nuevo sistema electoral y la convocatoria de elecciones libres y justas sólo podrá realizarse con la participación de todo el pueblo y el respaldo​ ​de​ ​la​ ​comunidad​ ​internacional.

Reiteramos nuestro reconocimiento al bravo pueblo de Venezuela que salió a votar a pesar de todos los obstáculos, a los miles de testigos y voluntarios que colaboraron en esta lucha y​ ​a​ ​todos​ ​los​ ​que​ ​durante​ ​meses​ ​han​ ​luchado​ ​en​ ​las​ ​calles​ ​para​ ​conquistar​ ​la​ ​libertad.

Somos mayoría, la dictadura cada día se deslegitima más y cada día aumenta más el rechazo​ ​popular​ ​y​ ​la​ ​condena​ ​mundial​ ​contra​ ​este​ ​régimen​ ​hambreador.

Por el pueblo que sufre, por nuestro mártires, por nuestros presos y perseguidos políticos y por todo lo que hemos sacrificio para llegar hasta acá, estamos obligados a mantenernos de pie​ ​y​ ​continuar​ ​la​ ​lucha​ ​hasta​ ​lograr​ ​el​ ​cambio​ ​y​ ​la​ ​libertad.

Volver a la calle. De Alberto Barrera Tyszka

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Fotografía de Verónica Aponte / Para ver la galería completa titulada “20 imágenes de la consulta popular del #16J” haga click en la imagen

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ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, ESCRITOR Y COLUMNISTA VENEZOLANO

Alberto Barrera Tyszka, 8 octubre 2017 / PRODAVINCI

Quizás hay que empezar reconociendo que las elecciones del próximo domingo provocan, en la mayoría de los ciudadanos, algo parecido a un cortocircuito interior, un breve mareo en la conciencia, un beriberi emocional por lo menos. Juntos llevamos casi 2 años haciendo todo lo correcto, todo lo posible, todo lo democráticamente correcto y posible, para ejercer nuestro voto y expresar de manera participativa y protagónica nuestra opinión. Y juntos fracasamos. El oficialismo, de forma tramposa, cobarde y violenta, hizo lo imposible por impedir que hubiera votaciones libres y universales. Peor aún: organizó su propio bingo de los animales para estafar electoralmente al pueblo venezolano. Sí. Así pasó. Y es una historia que genera una frustración enorme, una indignación infinita.

prodavinciHay que reconocer y aceptar que duele. Todavía, cada vez que veo y escucho a Tibisay Lucena, me crujen todas las vocales. Se me atasca una rabia en el origen de la lengua. Hasta mi cédula de identidad echa humo. No es fácil pensar en votar, ir a votar de nuevo, después de todo lo que ha pasado, con este mismo CNE, con este mismo gobierno fraudulento. No es nada fácil. Pero esto no es un gobierno democrático. Y las luchas contra los gobiernos no democráticos nunca han sido fáciles. Exigen superar la radicalidad instantánea, manejarse con mayor inteligencia ante el poder del adversario. La indignación es un sentimiento legítimo pero no es una estrategia política. La emoción no es una forma de pensamiento. No es una maniobra. A veces, por el contrario, es un lujo que no podemos darnos.

Después de todo este tiempo de batallas, desde el inicio de la nueva Asamblea Nacional hasta las marchas en la calle de este año, el oficialismo apura unas elecciones regionales. Sabe que es el momento, su mejor oportunidad, para intentar derrotar a la oposición y lograr recuperar un poco de legitimidad internacional. Su mejor aliado, curiosamente, está del otro lado. Para los comicios del próximo domingo, el gobierno depende más de las bases de la oposición que de las bases del chavismo. Por eso promueven la confusión, distribuyen el desánimo, alientan la abstención. Si todos los pensáramos con el miocardio, nadie iría a votar el 15 de octubre. Luchar contra una dictadura obliga pensar de otra manera.

No deja de ser sorprendente la cantidad de artículos, mensajes, tuits… que están circulando, tratando con ansia de convencer a los futuros abstencionistas del domingo. Es un gran desgaste realizar una campaña donde tú mismo eres tu adversario. Quienes sentencian que votar es claudicar, que votar es “negociar con el régimen”, suelen basar sus feroces críticas en el referendo organizado por la propia oposición. Dicen, repiten, agitan la idea de que “el mandato del pueblo el 16 de julio” fue otro. Que no hay que salir de la calle hasta que Maduro se vaya y se acabó. Que no se hable más. Que cada quien coja su esquina y así resolvemos esto rapidito. Los radicales creen que la magia mueve la historia.

El 16 de julio del año 2017 yo solo vi a un pueblo que quería votar. Más aun: un pueblo que se volcó a votar, incluso con la desautorización institucional. Con un CNE opuesto, con un gobierno amenazante, aun con todo esto, una mayoría abrumadora salió a votar. Ese día, el pueblo mismo se convirtió en institución. En una acción inédita le quitó el poder y la legitimidad al oficialismo. Gracias a eso, en gran parte, la Constituyente se convirtió en una parodia que desconocieron demasiados países en el planeta. El mandato del 16 de julio tiene que ver precisamente con eso. Con un pueblo que, a pesar de su frustración y con todas las sospechas sobre el proceso, insiste en el voto. Quiere pronunciarse. Necesita nombrarse y reconocerse como la mayoría.

Es muy fácil ser un súper héroe en Twitter. Pero la vida real es mucho más compleja. Los ciudadanos de Venezuela tenemos demasiados adversarios: la crisis económica, el proyecto totalitario del gobierno, las divisiones del liderazgo opositor, el cansancio, la impotencia, el desespero… No es fácil. No es nada fácil. Pero es lo que toca. Así son las guerras. Y el Estado nos está haciendo la guerra. El Estado nos quiere arrinconar. Callar. Invisibilizar. Paralizar.

Hay que reconocer y aceptar que cuesta. Pero no es una invitación a una rumba. No se trata de decir: vente a votar, qué gozadera. No. El 15 de octubre forma parte de una misma, larga y difícil, jornada ¿Quieres calle? Ahí está. Los métodos de lucha cambian. El próximo domingo hay una gran marcha. Votar también es volver a la calle.

Por qué hay que dialogar con los militares en Venezuela. De Alberto Barrera Tyszka

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El presidente Maduro con su esposa Cilia Flores, de blanco a la izquierda, y el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, en Maracay, Venezuela, el 26 de septiembre de 2017. Foto: Reuters

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ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, ESCRITOR Y COLUMNISTA VENEZOLANO

Alberto Barrera Tyszka, 1 octubre 2917 / THE NEW YORK TIMES

MEDELLÍN, Colombia – El pasado 26 de septiembre, el presidente Nicolás Maduro fue condecorado con la Cruz del Comando Estratégico Operacional. El acto militar se realizó en una base aérea cercana a Caracas y, al momento de hablar, el Presidente de Venezuela dijo que “hoy la patria sustenta su unión en la cohesión de esta Fuerza Armada Nacional Bolivariana”. No solo se refería a una cuestión de orden y represión de las protestas públicas. Maduro se refería, sobre todo, a una sociedad cuyo principal protagonista es la fuerza armada. Finalmente, Maduro ha cumplido el sueño de Chávez: los militares son el motor de la historia venezolana.

NEW YORK TOMES NYTEs necesario recordar que, hace un poco más de un año, obligado finalmente a reconocer la terrible crisis económica y social por la que pasa el pueblo venezolano, el presidente decidió crear un orden mayor, la Gran Misión Abastecimiento Soberano y Seguro, con más poder que todos los ministerios, dedicado a combatir el desabastecimiento de comida y de medicinas. Al frente de esta nueva misión designó al ministro de la Defensa, General en Jefe Vladimir Padrino López. Fue un paso definitivo en la creciente militarización de la gestión administrativa del Estado. Esa ha sido la constante más clara del gobierno de Maduro: cederle la economía y la política a la fuerza armada. En la famosa “unión cívico militar” que tanto pregona el oficialismo, los civiles son cada vez más un adorno. La historia ahora se viste de uniforme.

El avatar de Twitter de Padrino López es una foto en la que aparece vestido en traje de campaña, con el uniforme lleno de polvo, cargando un fusil y trotando hacia adelante. Hay algo cinematográfico y heroico en esta imagen del general Padrino López. Aunque su discurso invoque insistentemente la paz, su carta de presentación es un fusil. Hace pocos días, en un foro público, volvió a repetir que las marchas populares que se dieron en Venezuela entre abril y julio no eran “manifestaciones pacíficas” sino “operaciones subversivas”. Es curioso ver cómo los supuestos revolucionarios de izquierda del siglo XXI utilizan los mismos argumentos que los gorilas derechistas del siglo XX.

El informe de la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, sin embargo, tiene otra versión. Señala el uso sistemático de la fuerza y la utilización de armas letales por parte de las Guardia Nacional Bolivariana en contra de los manifestantes, dando por resultado denuncias sobre 5051 personas detenidas arbitrariamente, allanamientos ilegales, tortura, uso de tribunales militares para juzgar a civiles, así como el registro de más de 100 asesinatos. Para cualquier venezolano, la imagen del general Padrino apretando un arma entre sus manos es lo contrario de una metáfora de la paz.

Pero al ministro le gusta filmarse y promoverse en las redes sociales. No es ninguna novedad. Twitter es un método express de banalización del discurso. Gracias a esta red social, todos podremos ser líderes políticos, aunque solo sea por unos segundos.  Hace unos meses, en julio de este año, Padrino López colgó en su cuenta un video donde aparecía en una práctica militar, agazapándose y disparando a algunas siluetas, corriendo, saltando entre neumáticos, ocultándose, volviendo a disparar. Es una secuencia de entrenamiento bastante común en algunas películas o series de tv. Al final, un tanto jadeante, mirando a cámara, el ministro ofrece un mensaje a propósito de la soberanía y la independencia.

“El esquema del guion siempre es igual: Padrino López le habla a la cámara. Como si tuviera la fantasía secreta de ser un youtuber”

No es su única pieza fílmica. Ya en otras oportunidades, y en otros contextos, ha producido y actuado en otros breves capítulos: el general entrando a su oficina y hablando de la patria y la unidad nacional. El general en un cuartel recibiendo su ración de comida como cualquier otro soldado, y conversando amenamente con algunos compañeros. El general en el campo sosteniendo en sus manos dos frutos, mientras comenta algunos detalles sobre las posibilidades de reposicionar al cacao dentro de la producción agrícola nacional. El esquema del guion siempre es igual: Padrino López le habla a la cámara. Como si tuviera la fantasía secreta de ser un youtuber.

Nada de esto es casual ni aislado. Es otra expresión simbólica de un proceso que viene desarrollándose en Venezuela desde hace años. En 1999, cuando asumió por primera vez la presidencia, Hugo Chávez sabía claramente cuál era su proyecto, cómo y con quien pensaba gobernar. “Yo no creo en los partidos políticos. Ni siquiera en el mío. Yo creo en los militares”, le dijo a Luis Ugalde, rector para ese entonces de la Universidad Católica Andrés Bello. Casi veinte años después, Venezuela más que un país es un derrumbe, un caos que desafía cualquier pronóstico y demuestra que no hay límites, que siempre se puede estar peor.

La inflación se calcula en un 700 por ciento, la población se encuentra al borde de una crisis humanitaria en todos los sentidos, la práctica política está casi paralizada, la represión es cada vez mayor y la libertad de expresión es cada vez menor, la independencia de poderes no existe. La única institución que parece haber sobrevivido es la fuerza armada. Ese es el verdadero logro de la autoproclamada “Revolución Bolivariana”. El socialismo del siglo XXI es, en el fondo, una rentable empresa militar.

Los ciudadanos, no obstante, conocemos muy poco del mundo militar. No sabemos nada de sus reglas internas, de sus protocolos y de sus acuerdos. No manejamos sus códigos. La dirigencia política de la oposición tampoco sabe qué pasa en el interior de la fuerza armada. Los militares de Venezuela son un enigma que se presta a muchas especulaciones.

Más de una vez, tanto nacional como internacionalmente, algunos han creído que los militares actuarían decididamente en contra del gobierno y, sin embargo, la historia ha demostrado lo contrario. Incluso cuando de manera más evidente el gobierno ha violado la Constitución o actuado al margen de las instituciones, la fuerza armada siempre se ha puesto de su lado. Y, de hecho, se ha definido como chavista adoptando la misma marca que el partido de gobierno. Al igual que el liberalismo, también el socialismo puede ser salvaje y privatizar hasta el orden público y la defensa de la patria.

“Chávez diseñó y desarrolló un modelo donde los civiles cuentan para darle al gobierno una escenografía democrática, pero donde el poder real debe ser ejercido por los militares”

Suelen esgrimirse dos argumentos para explicar esta sumisión. El primero tiene que ver con el soporte económico y los privilegios que el oficialismo le ha otorgado durante estos años a la fuerza armada. El segundo con el proceso de ideologización que, también desde hace años, mantiene el chavismo sobre la institución. Ambos pueden ser ciertos. Sin embargo, hay que considerar otra hipótesis: que en realidad el oficialismo no controla al estamento militar. Que la Fuerza Armada Bolivariana ya es un poder independiente, una gran corporación, con sus propias peleas internas pero también con mayor sentido de cuerpo y de respeto a las jerarquías. Y que, por el contrario, Maduro quizás solo sea la fachada civil de un gobierno militar.

Durante estos últimos años, la fuerza armada se ha consolidado como un importante holding económico del país. Aparte de ocupar puestos fundamentales en la gestión pública, los militares tienen 20 empresas en sectores estratégicos claves que van desde la producción de armamento hasta la distribución de agua y alimentos, pasando por la explotación de hidrocarburos y minería. Poseen y manejan medios de comunicación, compañías de seguros, compañías constructoras, empresas de transporte y una entidad bancaria. Todo esto sin contar las denuncias que existen sobre la estrecha relación con el narcotráfico y con otras ramas del crimen organizado.

Un ejemplo de la fragilidad del Estado y de los ciudadanos ante el poder militar en Venezuela es el Servicio Bolivariano de Inteligencia Militar, dirigido por otro general, Gustavo González López. Este cuerpo actúa con absoluta independencia e impunidad. Tan es así que varios detenidos del SEBIN siguen presos, a pesar de las órdenes de liberación emitidas por tribunales civiles. Es una prueba palpable y grotesca de que la justicia, en Venezuela, no depende de los jueces sino de los militares.

Chávez diseñó y desarrolló un modelo donde los civiles cuentan para darle al gobierno una escenografía democrática, pero donde el poder real debe ser ejercido por los militares. Sin embargo, en la mesas de diálogo y en la negociaciones, nunca participan directamente. ¿Quién habla por ellos? ¿Acaso realmente Maduro y el oficialismo los representan? Cualquier salida a la crisis de Venezuela pasa necesariamente por responder estas preguntas. Es indispensable sincerar la situación, aceptar que los militares son un poder de facto que debe incorporarse de manera independiente a cualquier negociación.