Venezuela

¿Se sostendrá el gobierno de Maduro ante la nueva confrontación que se le avecina? De Juan Carlos Zapata

Un artículo que explica la crisis constitucional en Venezuela, a raíz de la toma de posesión de la presidencia de Nicolás Maduro, considerada ilegítima por la comunidad internacional y la oposición venezolana. Explica sobre todo la delicada situación del jovenen presidente de la Asamblea Nacional.

Jun Carlos Zapata,
periodista venezolano

14 enero 2019 / ALnavío

Lo que hay que preguntarse de entrada es si el gobierno de Nicolás Maduro se encuentra en mejores condiciones para salir airoso del reto que le ha planteado el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó. A simple vista parece un gobierno consolidado que tiene al frente a una oposición sin fortalezas. Pero las apariencias engañan.

Desde que el 5 de enero se juramentó Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional y el 10 de enero Nicolás Maduro ante el Tribunal Supremo de Justicia, las cartas están echadas. Los polos opuestos van a una nueva confrontación. Y tal vez sea el choque decisivo que conlleve a que Maduro y el chavismo se queden por años y décadas en el poder o que la oposición logre debilitar tanto al régimen que este no pueda sostenerse.

Ya se habla de desenlace. Ya se habla de un choque inevitable. Ya se habla de fuerzas que se mueven, y para muchos desconocidas. Por primera vez, he visto actores políticos y empresariales de envergadura desconcertados ante la línea lanzada por el joven presidente -35 años- del Parlamento venezolano. Porque algunos de estos actores le dijeron a Guaidó que hiciera lo contrario de lo que está haciendo y da la casualidad que sectores radicales de la oposición quieren que Guaidó haga también lo contrario de lo que está haciendo. Para estos últimos, Guaidó ya ha debido declararse Presidente de la República. El Gobierno también quiere esto para actuar, y en ese sentido la señal de este domingo de detenerlo por media hora. De modo que los extremos se tocan. Radicales y Gobierno coinciden.

Pero Guaidó tiene otro plan. Y él lo ha dicho. No hará lo que haya que hacer hasta que el pueblo lo acompañe, hasta que la Fuerza Armada lo acompañe, hasta que los sindicatos lo acompañen, hasta que el chavismo disidente también lo acompañe, hasta que los distintos sectores que todavía hacen vida en Venezuela lo acompañen. Por ahora cuenta con el decisivo apoyo de la comunidad internacional.

Quien mejor ha recogido la estrategia de Guaidó es el analista Jesús Seguías, presidente de la consultora Datincorp: “Pragmatismo de anciano en boca de un joven”. A 10 días de haber asumido el cargo, ha superado las expectativas iniciales. Ha terminado de convencer a quienes incluso se llevaron las manos a la cabeza al oírle el primer discurso en calidad de presidente del Parlamento, que es hoy por hoy el único poder legítimo de Venezuela. En 10 días ha ido sumando. En 10 días ha ido despejando una hoja de ruta. En 10 días ha celebrado varias reuniones y actos públicos, y cada vez con mayor asistencia. En 10 días ha logrado que el Gobierno cometa el error de detenerlo. Y hoy es noticia mundial.

Tal como estaba previsto, la juramentación de Maduro iba a producir reacciones. E iba a desencadenar fuerzas. Lo que nadie preveía son las expectativas. La activación de fuerzas que estaban dormidas y que ahora despiertan. El discurso de Guaidó llamando a la conciliación, y proponiendo una amnistía para militares no ha caído en saco roto. Porque además de lo que dice, es cómo lo dice Guaidó: sin estridencias, sin amenazas; sereno y pausado, que ya con ello marca un estilo diferente en un país que oyó por años los insultos y los gritos de Hugo Chávez y sigue escuchando los insultos y gritos de Maduro, pese a que uno hablaba de amor y paz y el otro repite paz y amor.

“Yo les hablo de amnistía, de perdón y de reconciliación. Los que tienen miedo son los que están en (el Palacio de) Miraflores porque son una cúpula de siete envilecidos ladrones que pretenden robarnos la esperanza, pero ya no van a poder frenar el ímpetu de la gente por un cambio para superar la pobreza y el hambre”. Eso dijo Guaidó luego de ser liberado, y es lo que según su versión, le dijo a sus captores. Después el Gobierno afirmó que el hecho respondió a una acción unilateral de un grupo de funcionarios, lo cual no es creíble. Y si fuera cierto, demuestra la situación interna en los cuerpos represivos. Hace poco, un grupo de policías de la misma policía política que detuvo a Guaidó, actuó contra la caravana presidencial, generando cualquier tipo de conjeturas.

¿Pero es más fuerte el gobierno de Maduro que hace 4 años cuando la oposición alcanzó el control de la Asamblea Nacional? ¿Es más fuerte luego con un Parlamento acusado de estar en desacato y al que le han arrebatado las competencias? ¿Es más fuerte pese a que el Alto Mando Militar le ha jurado lealtad? ¿Es más fuerte a pesar de que derrotó a la oposición en la calle, reprimiendo y matando jóvenes, gente del pueblo, y encarcelando y torturando dirigentes políticos? Veamos:

Guaidó tiene un plan distinto a los radicales y al Gobierno / Foto: @jguaido
Guaidó tiene un plan distinto a los radicales y al Gobierno / Foto: @jguaido

-Es un Gobierno al que no reconocen los países más importantes de la comunidad internacional.

-Es un Presidente ilegítimo.

-Es un Gobierno enfrentado a todos los países vecinos.

-Es un Gobierno al que le queda un solo aliado en Sudamérica, Evo Morales.

-Es un Gobierno que cuenta con dos aliados incondicionales en la región, Cuba y Nicaragua.

-Es un Gobierno que no ha podido resolver la crisis económica. (Hoy anunciará nuevas medidas).

-Es un Gobierno desacreditado por haber originado un éxodo masivo de venezolanos.

-Es un Gobierno que ha coartado la libertad de prensa.

-Es un Gobierno que ha roto el hilo constitucional.

-Es un Gobierno que ya no vende esperanza.

-Es un Gobierno confrontado por fuerzas chavistas declaradas disidentes.

-Es un Gobierno que controla la Fuerza Armada, pero una Fuerza Armada con fisuras internas.

-Es un Gobierno que llevó al extremo la complicidad con la Fuerza Armada, lo cual incluye la corrupción.

-Es un Gobierno que destruyó PDVSA.

-Es un Gobierno que hizo lo que parecía imposible: tumbar la producción petrolera.

-Es un Gobierno que entró en default con los bonos de la deuda.

-Es un Gobierno cuyos aliados, Rusia y China, lo observan con cuidado, más en lo económico.

-Es un Gobierno sancionado, y sus principales dirigentes, sancionados, también.

-Es un Gobierno con problemas internos: no ha podido sacar el proyecto de Constitución que Maduro prometió.

-Es un Gobierno que no ha podido arrasar con la Asamblea Nacional.

-Es un Gobierno que a pesar del terror no ha podido acabar con la protesta social.

-Es un Gobierno que no ha podido arrasar con el espíritu ni las fuerzas democráticas.

-Es un Gobierno que a pesar de haber derrotado a la oposición en la calle no logró celebrar elecciones masivas.

-Es un Gobierno cuya base de apoyo es fundamentalmente clientelar.

-Es un Gobierno partido en grupos, con unidad circunstancial.

-Es un Gobierno incapaz de vender un proyecto de país.

-Es un Gobierno que lanzó una Asamblea Constituyente y a la que al cabo de dos años ha desprestigiado.

-Es un Gobierno acosado por las denuncias de corrupción, una corrupción planetaria.

-Es un Gobierno de un país del que escapan magistrados del Tribunal Supremo y ex altos funcionarios.

-Es un Gobierno a cuyo presidente ni siquiera el Papa quiere recibir.

-Es un Gobierno aliado de los peores regímenes del mundo. -Es un Gobierno sin credibilidad para recomponer la institucionalidad. -Es un Gobierno sin voceros con credibilidad nacional e internacional.

El gobierno de Maduro está enfrentado a todos los países vecinos / Flickr: Cancillería Perú
El gobierno de Maduro está enfrentado a todos los países vecinos / Flickr: Cancillería Perú

-Una pregunta que es duda a la vez: ¿Se prestarán la Guardia Nacional y los cuerpos policiales a repetir la represión de 2017, 2016 y 2014?

De modo que Maduro no es más fuerte que hace 4 años. Tampoco es más fuerte que hace un año ni hace un mes. Pero eso no significa que ya está derrotado. Maduro ha sido un sobreviviente. Maduro ha sabido resistir. Sabe administrar la crueldad. Sabe administrar el chantaje y la presión hacia los suyos y el enemigo. Esta vez la cuantía de frentes abiertos supera el número de aliados, fortalezas y recursos. Con decir, que hasta el entorno inmediato tiene problemas que le generan cuadros de duda e incertidumbre, y de allí pueden surgir factores que le retiren el apoyo. Maduro tiene enfrente a un joven que no representa el pasado, y ni siquiera puede acusarlo de oligarca y burgués. Maduro mantiene un discurso militar mientras que Guaidó habla con el tono y el fondo del dirigente civil, y esto hoy es una fortaleza, luego de años de impronta militar. La política de Maduro ahora es lenta pues debe medir los pasos y las reacciones internas. Guaidó también va a un ritmo. Sin prisa pero sin pausa. Porque lo primero que se ha propuesto es el despertar de las fuerzas que se oponen al régimen. Y es convencer a los otros factores de la ruta. Y que la misma se recorra en unidad. En resumen, Guaidó está proponiendo que es posible el cambio, y que es posible la transición, y que una vez lograda, lo primero es la reconciliación, la amnistía y un pacto de país. Le está diciendo a Venezuela que la recuperación económica también es posible, y de allí la suma de apoyos internacionales, de países dispuestos a ayudar.


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Veinte años de estafa. De Henrique Capriles

Uno de los líderes de la opsición democrática venezolana, Henrique Capriles, hace balance de 20 años del régimen chavista. Capriles ha sido presidente de la Cámara de Diputados hasta su disolución por la Asamblea Constituyente de Hugo Chávez en 1999, alcalde de Baruta, gobernador del Estado de Miranda y candidato opositor a la presidencia.

Segunda Página

Hwnrique Capriles, ex gobernador de Miranda

Diciembre 2018 / HENRIQUE CAPRILES

Esta semana se cumplieron dos décadas de una de las más lamentables farsas políticas en la historia de América Latina: el inicio de una supuesta “revolución” que prometió justicia social, pero que en veinte años sólo ha conseguido convertir la vida de los ciudadanos en un infierno, marcado por el hambre, la corrupción y la muerte. Nuestra amada Venezuela es en 2018 el país más pobre de toda la región.

Cuando Hugo Chávez Frías llegó al Poder, luego de las elecciones de diciembre de 1998, en Venezuela se inició un proceso, premeditado y alevoso, cuyo objetivo inicial fue fracturar a la sociedad en dos sectores polarizados que instalaron en el país una confrontación infértil y el caldo de cultivo para las desgracias que hoy vivimos los venezolanos.

Al comprender que sólo dividiéndonos sería posible instalar en Venezuela su tipo de gobierno, la Democracia venezolana fue herida de muerte. Y así comenzaron la instalación de un modelo político autoritario y corrupto, el secuestro de las instituciones y la quiebra del aparato productivo de la Nación por acciones que van desde las expropiaciones y los controles de precios y de cambio, hasta una serie de políticas públicas ideadas para quebrar a la inversión privada y hacer al pueblo cada vez más dependiente del gobierno.

Aun así, para muchos debe mantenerse viva una pregunta que los hechos han ido respondiendo: ¿cómo fue que logró instalarse en Venezuela un proyecto tan vil e ineficaz a la vez?

Y para responderla hay que echar mano de la historia y hacerse cargo de aquello que, desde el liderazgo opositor, quizás no hayamos sabido leer, responder ni aprovechar.

Tal como recuerda en un trabajo publicado la profesora Margarita López Maya, el chavismo apareció en medio de un hartazgo del pueblo en cuanto a la corrupción de las élites y sucesos significativos, como El Caracazo o las dos intentonas violentas de golpe de Estado en 1992. Si a eso le sumamos la fiereza con la que la antipolítica se apoderó de todos los discursos posibles, incluso en los políticos de aquella vieja guardia que alguna vez enfrentó la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez, la llegada al Poder de Hugo Chávez se convirtió en un riesgo inminente, en una amenaza cumplida, en un mal augurio.

Y aunque muchos advertimos que el peligro de la instalación de un gobierno no creyente de las reglas democráticas estaba latente en un proyecto como el propuesto por el entonces candidato Chávez, muchos hicieron oídos sordos y se dedicaron a emborracharse de carisma con el presunto outsider de este cuento.

Los partidos no resistieron la embestida. La democracia había sido lacerada. Había que hacer algo.

Ante la fragmentación de la sociedad, surgimos una nueva generación de políticos empeñados en no cometer los errores del pasado. Así le dimos forma a proyectos que terminaron transformándose en partidos políticos de un nuevo siglo y en una nueva manera de entender la política como un compromiso con la idea de estar al servicio del Pueblo.

Sin embargo, mientras esto sucedía en las filas de la naciente oposición, el oficialismo hacía uso de un lenguaje simplista, demagogo, que insistía en dividir a la sociedad con premisas fundadas en el odio, el revanchismo, la frustración.

Aprovechando que estábamos peleando entre nosotros, Hugo Chávez logró que su partido empezara a crecer gobierno adentro. Se tratara del MBR-200, del MVR o del hipertrofiado PSUV, Chávez se encargó de hacerle creer a su militancia que era él quien encarnaba al Estado y que sus antojos y caprichos estaban justificados en ese revanchismo peligroso y malsano que confunde la justicia con la venganza.

Después de los sucesos de abril de 2002, creo que el oficialismo tuvo que reconocer que aquel disfraz de políticos alternativos con el cual tapaban su verdad ya no les servía.

Quizás Venezuela fue el único país petrolero al cual la época de la bonanza, con un barril de petróleo que durante años rondó los cien dólares, le trajo más malas noticias que buenas. La cantidad de dinero que entró en Venezuela por concepto del petróleo patrocinó una de las cleptocracias más sinvergüenzas del mundo.

Robaron. Hoy siguen robando, pero en aquel momento robaron sin piedad. Robaron mucho. Robaron a manos llenas. Y mientras sus equivocaciones iban conduciendo al pueblo hacia el hambre, la enfermedad, la muerte, decidieron no rectificar.

Hugo Chávez y su petrochequera seguían por el mundo comprando complicidades. Regalaron nuestro petróleo, empeñaron nuestro futuro e hicieron los peores negocios que Venezuela ha hecho en su historia comercial. Los mismos negocios que hoy tienen a nuestro país hipotecado a China y Rusia.

Su supuesto “carisma” pretendió comprar el apoyo de naciones que incluso habían sido diezmadas y torturadas por totalitarismos militares, disfrazando su autoritarismo de generosidad continental. Un capricho petrolero que le salió irresponsablemente caro al país, pero bastante barato a Cuba, a China y en especial a Petrocaribe.

Y así, entre un capricho y otro, el oficialismo convirtió al Banco Central de Venezuela en el alcahuete de PDVSA, contaminó instancias como el Tribunal Supremo de Justicia o el Consejo Nacional Electoral y llenó el mapa de violencia, dándole a sus colegas militares un poder casi infinito en cuanto al monopolio de la violencia, pero sin olvidar que también era necesario armar su propio aparato parapolicial y así llenar los barrios y las zonas populares de armas a favor de un proyecto político.

Aun así llegó 2007, el año en que aquel hombre que se creía indestructible y que supuestamente estaba en contra del estatus quo perdió los estribos. El problema de creerse invencible es que nunca estás preparado para la derrota. Y aquel año, como dice el adagio, la verdad nos hizo libres.

Y entonces el proyecto político se reconoció en su esencia: lo único importante era mantenerse en el Poder, bien fuera a punta de real o a punta de pistola.

El pensamiento único fue, poco a poco, cercando a quienes menos tienen. Y en los barrios, en el campo, en la pobreza, el ciudadano se iba convirtiendo en un sujeto dependiente de los mismos caprichos que destrozaron a la democracia y la separación de poderes.

No hubo más alternancia. No hubo pluralidad. No hubo tolerancia.

La violencia y la corrupción son las únicas constantes en su proyecto de país.

Y en 2012 y en 2014 y en 2017 y hoy en día reprimen y amenazan a las fuerzas opositoras y democráticas desde donde hemos decidido defender a una mayoría verdadera.

La muerte de Hugo Chávez y el relevo de Nicolás Maduro, en unas condiciones de facto que todos en el país conocemos, terminó de poner en evidencia que la supuesta “revolución” no fue sino una farsa, ideada para que un grupito se enriqueciera, mientras el resto no sabe qué comerá mañana y el déficit fiscal sigue creciendo, convirtiéndonos en uno de los dos únicos casos de hiperinflación en lo que va del siglo.

La supuesta “revolución” pasó de tener un amplio respaldo en las urnas electorales de 1998 a ser una tiranía que tiene miedo de medirse en unas elecciones libres y que, además, hoy es responsable del mayor éxodo de venezolanos en nuestra historia desde la Independencia.

Una revolución convertida en una vergüenza política irreparable.

Han ejercido el Poder durante dos décadas y no son responsables sino de muertes y desgracias. Hagan el repaso y se darán cuenta: no existe ni siquiera un programa social, una obra de insfraestructura, una política pública o algún plan de gobierno del cual puedan sentirse orgullosos.

Tanto es así que se han dedicado a amenazar, perseguir, encarcelar e incluso asesinar a los líderes políticos que no nos callamos y que nos mantenemos del lado del Pueblo, acompañándolo en sus desgracias y buscando juntos las soluciones posibles y la conquista de la Libertad y la Democracia.

Aun así, muchos seguimos aquí. Trabajamos como nunca para no repetir errores. Nos ha tocado asumir las equivocaciones, rectificar, hacernos cargo. Y lo hacemos porque tenemos un compromiso real con quienes han puesto el pecho en nombre de una lucha común.

A pesar del blackout en los medios, a pesar de las amenazas y la violencia, seguimos aquí convencidos de que pronto seremos gobierno. Y sobretodo lograr que ese cambio por el que tanto hemos soñado los venezolanos se convierta en una vigorosa realidad.

Y para entender esto es importante asumir que el contexto ha cambiado: ya no hay un líder carismático comprando consciencias con una petrochequera, porque incluso fueron capaces de quebrar a la mayor petrolera estatal del continente por su afán de robar y destrozar el aparato productivo.

Ha sido difícil poner en evidencia global las características autoritarias que el gobierno venezolano ha impuesto durante estos veinte años. En algún momento el dinero ayudó a distraer las consciencias. Sin embargo, ya el costo político es demasiado alto: ninguno de los cómplices de siempre está dispuesto a seguir siendo asociado con Nicolás Maduro, mucho menos cuando casi todos han perdido el Poder.

Nicolás Maduro ha decidido ejercer el peor rol y con eso marcará la debacle de los vestigios de credibilidad política que todavía algún distraído podría adjudicarle al chavismo gobernante. Y no porque el 10 de enero sea una fecha mágica, sino porque decidieron mantenerse en el Poder a como diera lugar, sin importarles si eso significaba asfixiar al pueblo y matarlo de hambre, con tal de no soltar los privilegios.

Son veinte años que deben servirnos como aprendizaje político.

Son veinte años que deben servirnos como una lección contra la antipolítica, la fascinación por los outsiders y los vendedores de humo.

Son veinte años de una dolorosa farsa que cuando tenga que hacer su inventario conseguirá muchas más vergüenzas y crueldades que obras y conquistas.

No permitamos que vuelva a instalarse el espejismo de la antipolítica como una opción. Trabajemos juntos y asumamos la necesidad de convertir estos veinte años en algo que no deberá repetirse nunca más. Es nuevamente hora de rescatar la democracia y nos corresponde blindarla contra el revanchismo, el falso populismo y la demagogia. Si cumplimos con ese objetivo, si asumimos la responsabilidad y entendemos que sólo entre todos podremos reparar el inmenso daño que han hecho en estas dos décadas, nada impedirá el progreso de nuestra Venezuela.

El futuro es nuestro. Y es indetenible. ¡No lo olvidemos!

¡Que Dios bendiga a Venezuela!


Frente Amplio Venezuela Libre hace público su manifiesto

El Congreso Venezuela Libre, en el Aula Magna de a Universidad Central de Venezuela, inaugurado por Luis Ugalde s.j., exrector de la Universidad Católica Andrés Bello.

Luego de divisiones y derrotas en los últimos dos años, la oposición democratica de Venezuela se está redefiniendo, ampliando y adoptando un nuevo lenguaje. El “Frente Amplio Venezuela Libre”, luego de meses de consultas en todo el país, presentó el 26 de noviembre su Manifiesto Venezuela Libre.

Segunda Vuelta

26 noviembre 2018 / Frente Amplio Venezuela Libre

Somos el Congreso Venezuela Libre. El encuentro de una gran cantidad de sectores sociales y políticos, de las fuerzas democráticas de todo el país, convocados por el Frente Amplio para intercambiar propuestas y coordinar acciones. Representamos una nueva forma de organización del país democrático. Resueltamente decididos a construir una instancia de encuentro social y político a través de la cual pondremos en marcha el cambio político definitivo en nuestro país. El país nos demanda construir una Unidad Superior, y no descansaremos en este esfuerzo.
Nuestros objetivos son transparentes y democráticos: accionar todas nuestras decisiones desde el consenso que resulta del debate eficaz y oportuno, organizar las fuerzas democráticas que componen a la sociedad venezolana, plantear las líneas estratégicas de la lucha por el cambio definitivo en la política nacional y, sobre la base de estas orientaciones, ser la voz que cuente la historia verdadera del proceso que estamos llevando adelante.
Así, a partir de las propuestas e ideas esenciales del Congreso Nacional Venezuela Libre, resultado de los exitosos Congresos Regionales, hacemos de conocimiento público el siguiente Manifiesto:

I. Este Congreso marca el inicio de una etapa de reunificación de todas las fuerzas democráticas dispuestas a enfrentar a la dictadura para superar la crisis humanitaria que azota a los venezolanos, permitir que todos vivamos en condiciones dignas del ser humano, conquistar la libertad y, en lo adelante, evitar que el populismo y el autoritarismo la pongan en riesgo.

II. Definimos el 10 de enero de 2019 como una fecha que representa un hito histórico en esta etapa oscura de la vida nacional. Ese día vence el periodo presidencial vigente. Con ello desaparece por completo cualquier vestigio de legitimidad de un dictador totalitario que por la vía de los hechos ya carecía de ella, razón por la cual, a partir del 10 de enero, ocurriría una usurpación continuada del poder presidencial, pues quien pretende ejercerlo lo haría sin la legitimidad de origen que solo da la voluntad del pueblo.

III. Por ello, nos organizamos desde ahora en instancias tácticas, estratégicas y logísticas para darle cauce al creciente malestar social del pueblo venezolano, víctima de una terrible crisis humanitaria y de un brutal proceso de empobrecimiento generalizado, a través de la protesta pacífica de calle que aumente la presión sobre la dictadura y haga cesar la usurpación.

IV. El Frente Amplio Venezuela Libre se compromete a construir las bases de un Acuerdo Nacional que defina las reglas de una transición ordenada e inmediata y que garantice la plena vigencia de la Constitución de 1999 como instrumento jurídico- constitucional que unifica el sentimiento de la mayoría del pueblo venezolano. En este sentido, reconocemos a la Asamblea Nacional como la única institución con legitimidad democrática y responsabilidad institucional para garantizar y conducir la transición.

V. Junto a las reglas para una transición ordenada e inmediata, el Frente Amplio Venezuela Libre se compromete a presentar un Plan de Políticas Públicas para ser ejecutado en el momento de la reconstrucción nacional. Serán diez las prioridades de este Plan de Gobierno en Consenso:

  1. Atención de la emergencia humanitaria compleja en materia de salud y alimentación, con énfasis en nuestra población más vulnerable.
  2. Cambio del modelo político, económico y social.
  3. Atención inmediata a la crisis económica. Detener la hemorragia causada por la hiperinflación y recuperar el poder adquisitivo de la población.
  4. Recuperación de los servicios públicos para hacerlos eficientes y sostenibles.
  5. Reestructuración de las instituciones y lucha frontal contra la corrupción, que incluya la recuperación de activos provenientes de ella.
  6. Respeto a los derechos laborales, a fin de garantizar el acceso de todos al trabajo, a un salario digno y a la posibilidad de crecer económica y socialmente en progreso y en paz.
  7. Reforma integral del sistema de seguridad ciudadana, que incluya no sólo la reducción drástica de los índices de criminalidad que desangran a nuestro pueblo sino también la recuperación de territorios tomados por grupos irregulares, y respeto de los Derechos humanos de todos por igual.
  8. Compromiso pleno con la educación masiva y de calidad de los venezolanos, para que sin importar lugar de nacimiento o situación social, todos tengamos la posibilidad de desarrollar nuestro potencial como seres humanos.
  9. Compromiso con el restablecimiento de la dignidad de nuestra Fuerza Armada Nacional, con la mejora en las condiciones de vida y de servicio de sus integrantes, todo lo cual pasa por el respeto estricto a su naturaleza y funciones, descritos de manera clara en el artículo 328 de nuestra Constitución Nacional.
  10. Reconciliación nacional y justicia, y desmontaje del lenguaje y prácticas de odio que dividen y explotan a los venezolanos.

VI. El Frente Amplio Venezuela Libre se ofrece como el lugar de encuentro nacional para coordinar la Protesta Social y la Defensa de la Democracia, que tendrán como fin último la transición democrática.

VII. El Frente Amplio Venezuela Libre anima a la comunidad internacional a continuar reconociendo las luchas democráticas del pueblo venezolano, y a intensificar la presión y las acciones que contribuyan con la salida de la dictadura. La dictadura venezolana es una amenaza para todos los pueblos libres del mundo, y en especial de nuestra América.

VIII. El nuestro es un compromiso con la construcción de una estructura organizativa funcional y efectiva, que haga posible reforzar la necesaria organización ciudadana y la acción de nuestros objetivos en cada uno de los rincones del país. Para ello hacemos un llamado al trabajo conjunto con otras organizaciones ciudadanas y populares. La Unidad Superior es nuestro norte.

IX. Convocamos a toda la ciudadanía a defender la Constitución, y de manera especial a los hombres y las mujeres de la Fuerza Armada Nacional a asumir su responsabilidad con el inmediato restablecimiento del orden constitucional. La dictadura es un peligro para todos los venezolanos, tanto civiles como militares. La represión es contra todos por igual y se da en las calles y dentro de los cuarteles también. Necesitamos rescatar el espíritu cívico de unidad del 23 de enero de 1958.

X. Los hijos e hijas de esta tierra llamada Venezuela, hoy le decimos al mundo, a nuestros hermanos de otras latitudes y pueblos, que estamos decididos a ser plenamente libres. Gritamos a todos los vientos que NO habrá dictador alguno que pueda contener la fuerza y la férrea determinación del pueblo de Venezuela en la lucha por su libertad, su soberanía, su felicidad, su prosperidad, y por una sociedad democrática e inclusiva.

Todos somos hijos, hermanos o hermanas, padres o madres, somos el PUEBLO DE VENEZUELA, y podemos encontrarnos en la Constitución vigente. Somos el país con el que soñamos ser y por el cual luchamos: un país de oportunidades, un país de igualdad, de acceso a bienes y servicios públicos, donde se respeten TODOS los derechos de TODOS, incluyendo a quienes disienten de nuestras ideas.


Un invitado incómodo. De Alberto Barrera Tyszka

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, en marzo de 2018, y el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, en octubre de 2018 Credit Cristian Hernández/EPA, vía Shutterstock; Ulises Ruiz/Agence France-Presse — Getty Images

ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, ESCRITOR Y COLUMNISTA VENEZOLANO

CIUDAD DE MÉXICO, 4 noviembre 2018 / THE NEW YORK TIMES

El tiempo entre el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador y el día en que, por fin, tome protesta como presidente de México es demasiado largo. Lo que fue una avasallante victoria se ha ido diluyendo. La Cuarta Transformación comienza a parecer más bien una decimosexta modificación. Por eso, supongo, el nuevo presidente necesita mantener en alto la polarización. Le conviene permanecer siempre bajo los focos mediáticos y en el centro de la discusión pública. Necesita hacer sentir que algo pasa, que no se ha dormido, que el cambio está en movimiento.

Por eso apuró una consulta inconsistente sobre el nuevo aeropuerto. Más que un acto democrático, la encuesta era una provocación. Por eso, tal vez, también parece disfrutar de las indignadas reacciones ante la invitación a Nicolás Maduro a su toma de posesión el 1 de diciembre. “Somos amigos de todos los pueblos y de todos los gobiernos del mundo”, dice sonriendo.

Pero esa respuesta es una fórmula retórica. Suena bien pero puede ser muy contradictoria, incluso incoherente. A veces, proclamarse amigo de un gobierno implica convertirse en enemigo de su pueblo. Nicolás Maduro no cuenta con ninguna legitimidad internacional. Su popularidad, dentro y fuera del país, es también ínfima. Sin duda, se trata de un invitado incómodo, de una presencia irritante. Su asistencia a la toma de posesión obliga a un rápido estreno de López Obrador en el complejo y frágil equilibrio diplomático que vive la región. El nuevo gobierno puede defender el principio de la “no injerencia”, pero ¿cómo reacciona ante las fehacientes pruebas de corrupción y de violación a los derechos humanos que acorralan a Nicolás Maduro?

No se trata de una opinión personal. Tampoco es una conspiración del capitalismo internacional. Hay informes, datos concretos, confesiones… Si alguien representa en Venezuela a “las mafias del poder” es Nicolás Maduro.

El discurso de Maduro aprovecha la gramática de la izquierda, invoca a los pobres y ataca al imperialismo, pero detrás de su lengua hay una caja registradora que nunca se detiene. Está siendo investigado por el desfalco y blanqueo de 1200 millones de dólares a la empresa estatal petrolera. Un miembro directivo de Odebrecht lo denunció al señalar que recibió 35 millones de dólares para su campaña electoral. Su propios excompañeros de gobierno, todavía chavistas, exigen que responda ante el país por 350 mil millones de dólares desaparecidos en el vaho de muchas empresas fantasmas. Su gobierno está implicado en una trama de corrupción en una red de distribución de alimentos comprados en el exterior para ser supuestamente vendidos a precios solidarios a los pobres de Venezuela. Se trata de una estafa gigantesca, que supone una cifra de 5000 millones de dólares y que ha desatado la persecución oficial de los periodistas que investigan los hechos.

Y esto podría ser solo una pequeña muestra de todo el gran sistema de corrupción que se mueve detrás de su gobierno. Para cualquier mexicano, invitar a Maduro podría ser algo parecido a convidar a Javier Duarte a la inauguración presidencial. El exgobernador de Veracruz, actualmente en prisión, es el emblema de la corrupción y del descaro político en México, una imagen de la perversión del PRI en el manejo de los dineros públicos y en el ejercicio de la violencia. Eso, ya tal vez mucho más, es Nicolás Maduro en el Caribe.

Otro de los elementos importantes que problematiza la alianza entre AMLO y el gobierno de Venezuela tiene que ver con el respeto a los derechos humanos. Insisto: no se trata de un asunto de criterios íntimos, de elucubraciones sesgadas. Casi desde el comienzo de su gobierno, Nicolás Maduro ha desatado una guerra feroz desde el Estado en contra de sus ciudadanos. En Venezuela hay actualmente 232 presos políticos y 7495 personas sometidas a procesos judiciales, ligados a motivos políticos. Esto sin contar la cantidad de programas y medios de comunicación censurados o suprimidos, periodistas a quienes se les retiene el pasaporte, ciudadanos cuyos derechos son vulnerados por participar en protestas en contra del gobierno.

Durante una protesta en octubre de 2018 frente al Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), un manifestante pide pruebas de vida de los presos políticos en Venezuela. Credit Miguel Gutiérrez/EPA-EFE/REX

En términos de uso de fuerza contra la población, las estadísticas de Nicolás Maduro son sangrientas. Un informe de la OEA reseña que solo en las protestas del año 2017 se cuentan 163 muertos. Naciones Unidas, por su parte, ha pedido una investigación especial sobre los operativos de seguridad diseñados por el gobierno, en los que, según denuncias, ha habido 505 ejecuciones extraoficiales. A todo esto, habría que sumar el supuesto suicidio de un concejal opositor, detenido de forma ilegal, en una prisión de la policía política; así como el reciente testimonio de un joven, desterrado a España tras cuatro años de prisión, sobre las diferentes modalidades de tortura que padeció. Es evidente que no se trata de un caso aislado sino de una política de Estado. Si, en 1968, Nicolás Maduro hubiera sido presidente de México, tal vez la masacre de Tlatelolco se hubiera perpetrado de la misma manera. O peor.

En abril de 2017, miembros de la Guardia Nacional Bolivariana bloquean una calle durante una protesta contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Credit Miguel Gutiérrez/European Pressphoto Agency

Dice López Obrador que “México ya cambió”. Tiene una enorme fe en sí mismo. Como lo sostuvo también en su campaña electoral, piensa que su sola presencia puede tener un efecto mágico en el sistema, en la vida pública, en la condición humana. Lamentablemente, la historia demuestra que todo es mucho más complejo. Si algo, por ejemplo, contradice toda su prédica, es la presencia de Nicolás Maduro en el inicio de su mandato.

Maduro encarna toda la corrupción, el abuso y la represión que AMLO pretende combatir. Incluso para sus seguidores puede resultar una incongruencia monumental. La dicotomía entre la izquierda y la derecha se ha vuelto un sinsentido. La primera posverdad que hay que enfrentar es la ideología. Maduro no representa ninguna revolución popular y latinoamericanista. Representa un gobierno ilegal, corrupto y autoritario.

Ha señalado el historiador Rafael Rojas que “para emprender cualquier gestión diplomática mediadora, en relación con Venezuela, el rechazo al autoritarismo y a la violación de derechos humanos es una premisa insoslayable”. Ese es un gran desafío que tendrá el nuevo gobierno de México por delante. Estará obligado a participar en una crisis internacional sin establecer complicidades, sin traicionar sus propias promesas.

En estos momentos, no se puede ser amigo del pueblo de Venezuela y amigo del gobierno de Nicolás Maduro al mismo tiempo. Si AMLO quiere ser coherente con todo lo que ofreció en su campaña, si desea ser leal a sus votantes, no puede entonces establecer una alianza ciega con “la mafia del poder” que oprime al pueblo venezolano.

Teodoro Petkoff fue el símbolo de la izquierda democrática en América Latina. De Jorge Castaneda

El intelectual, político y economista Teodoro Petkoff en Caracas, en mayo de 2015 Credit Miguel Gutiérrez/EPA-EFE/REX

Jorge Castaneda, político, intelectual y comentarista mexicano. Ocupó el cargo de Secretario de Relaciones Exteriores de 2000 a 2003

1 noviembre 2018 / THE NEW YORK TIMES

NUEVA YORK – Pocos personajes de la historia de la izquierda latinoamericana afectaron y reflejaron la evolución de la misma a lo largo de los últimos sesenta años como Teodoro Petkoff. Falleció ayer en Caracas a los 86 años, después de una larguísima trayectoria recorriendo todos los meandros de esa izquierda de América Latina. Transitó de la guerrilla castrista en Venezuela a principios de la década de los sesenta hasta la crítica despiadada, acertada e ilustrada de los peores excesos del chavismo y del actual presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, pasando por una larga etapa como símbolo de una nueva izquierda: democrática, independiente de Moscú y de La Habana, moderna y globalizada.

Petkoff inició su trabajo político a finales de la década de los cuarenta en Caracas. Muy poco después del triunfo de la Revolución cubana, en enero de 1959, y del primer viaje al exterior de Fidel Castro a Caracas el 23 de enero para celebrar el primer aniversario de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, Petkoff empezó a conspirar con los cubanos y con su hermano Luben para crear un foco guerrillero en las montañas venezolanas. No tardó en entrar en conflicto con el Partido Comunista de Venezuela (PCV), del cual eran miembros y que —como casi todos los partidos comunistas de América Latina en esa época— era prosoviético, reformista, pacifista y opuesto a la teoría cubana del foco guerrillero, teorizada por el joven filósofo francés Régis Debray, quien mantuvo una relación lejana pero constante con Petkoff todos estos años. Tras años de lucha contra el gobierno venezolano, finalmente fueron derrotados por el entonces presidente de Venezuela y quizás el primer socialdemócrata verdadero en América Latina, Rómulo Betancourt.

En esos años, Venezuela fue el punto de intersección más importante entre dos esfuerzos: los de la Revolución cubana por apoyar un foco guerrillero y reproducir la epopeya de la Sierra Maestra y los del gobierno de Estados Unidos —primero de Eisenhower y sobre todo de Kennedy— de contrarrestar ese esfuerzo cubano a través de una estrategia contrainsurgente, pero también de la alianza para el progreso y un enfoque socialdemócrata como el de Betancourt.

Después de esa derrota, varias pasantías por la cárcel y el paso de los años, Teodoro Petkoff entró en otra dinámica, la de la lucha pacífica por la misma revolución, y luego por una revolución distinta.

En 1971, junto con varios compañeros venezolanos, funda el Movimiento al Socialismo (MAS), cuyo estreno tuvo, entre otras virtudes, el haber recibido en donación el dinero que Gabriel García Márquez recibió por el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos y un himno compuesto especialmente para ellos por Mikis Theodorakis. El MAS fue la niña de los ojos de la izquierda latinoamericana moderada, democrática, modernizada durante muchos años. Teodoro fue candidato a la presidencia por el MAS en 1983 y en 1988, pero la organización no despegó. El viejo partido Acción Democrática, el de Betancourt y de Carlos Andrés Pérez, nunca perdió su base obrera de los sindicatos venezolanos y, más allá de intelectuales y estudiantes, el MAS se marginalizó.

El partido cerró su ciclo a finales de la década de los ochenta, después del “Caracazo” y de las desventuras de toda la izquierda pacífica e institucional venezolana. El MAS empezó a ser sustituido por grupos más radicales como Causa Radical y por el intento de golpe de Estado de un puñado de jóvenes militares encabezados por Hugo Chávez, aparentemente nacionalistas, pero en realidad formados directa o indirectamente por los cubanos.

Teodoro Petkoff nunca fue chavista, aunque en las pláticas que tuve con él a finales de la década de los noventa y principios de este siglo manifestaba cierta simpatía, no por las propuestas de Chávez, sino por su diagnóstico de la catástrofe generada por el famoso Pacto de Punto Fijo, que sirvió de base para el bipartidismo de Acción Democrática y Copei. Petkoff fue ministro de Coordinación y Planificación de 1996 a 1999, durante el último gobierno del Pacto (aunque algunos no lo considerarían como tal), el de Rafael Caldera. Durante un tiempo se convirtió en una especie de vicepresidente. Realizó un gran esfuerzo por poner al día al Estado venezolano benefactor y controlador, sobre todo de las gigantescas reservas petroleras de la faja del Orinoco. En mis conversaciones con él en aquel momento, tuve la impresión de que no obtuvo de parte de Caldera —un hombre mayor— el apoyo necesario para sacar adelante todas sus propuestas.

Para mucha gente Petkoff se volvió neoliberal al final de su vida política. No lo creo. Tanto en el gobierno de Caldera y luego como líder de opinión en Venezuela durante los primeros años de Chávez —en el diario El Mundo y después en Tal Cual, que él fundó y que fue reprimido por el chavismo— sostuvo una postura, no siempre lograda, de izquierda democrática. Para mí, Teodoro Petkoff fue alguien que luchó por las mismas causas desde el inicio de su carrera, en la década de los cincuenta, hasta el final de su vida, cuando el gobierno de Nicolás Maduro arrinconó a Tal Cual y le abrió un juicio, con lo que le prohibió a Teodoro salir del país.

Ha muerto un personaje de gran valor, honestidad y congruencia de la izquierda latinoamericana, de la que quisiéramos que imperara en toda la región y que nadie como él ha encarnado a lo largo de estos últimos seis decenios.

“No soy el gurú de la oposición”. Entrevista a Teodoro Petkoff, de Paolo Luers

El 31 de octubre murió en Caracas Teodoro Petkoff, la gran figura de la izquierda anti-chavista de Venezuela. Fue guerrillero, fue comunista, para convertirse en el crítico más duro del autoritarismo del sistema soviético.
Fundó con el Movimiento al Socialismo (MAS) la izquierda democrática venezolana, que lo lanzó dos veces como candidato a a presidencia (1983 y 1988). En 1999 renunció al partido por él fundado, por que no estaba de acuerdo que este apoyara a Hugo Chávez. Se convirtió en el crítico más duro y consistente de la llamada “revolución bolivariana” y logró unificar a la oposición bajo un concepto democrático, pluralista, anti-golpista y anti-abstencionista.
Su periódico TalCual sigue siendo la voz intelectual de la oposición.
Para presentar al teórico y activista Teodoro, publico nuevamente una entrevista que le hice en 2010 para la serie “Con o sin Chávez, la revolución en crisis” publicada en El Diario de Hoy.

Paolo Luers

Teodoro Petkoff, director del periódico TalCual, estratega, autoridad moral de la oposición venezolana. Foto: Paolo Luers

Caracas, ENVIADO ESPECIAL | PAOLO LÜERS, 19 junio 2010 / EL DIARIO DE HOY

Dice que no es gurú de la oposición, pero es precisamente esto. Teodoro Petkoff, el padre de la izquierda democrática venezolana. Luego de años de luchas internas en el Partido Comunista, luego de ser guerrillero con el legendario comandante Douglas Bravo, Petkoff marcó en 1969 la ruptura definitiva entre la izquierda democrática y la izquierda comunista y autoritaria, con su libro “Checoslovaquia: El Socialismo como problema”, que causó terremotos en las izquierdas latinoamericanas.

¿Me puedes definir el momento político actual de Venezuela?

Lo voy a resumir así: Es el peor momento de los 11 años de Hugo Chávez, peor incluso que cuando lo tumbaron en 2002. Y es el mejor momento de la oposición. Nunca he visto al gobierno peor que hoy y nunca he visto a la oposición mejor que hoy.

¿Como puedes resumir la crisis del régimen?

Le han caído encima cuatro grandes crisis simultáneas. Uno, la situación económica del país. Tú habrás visto los números del primer trimestre de este año: es una caída de 5.8 puntos. Tuvimos el año pasado 25% de inflación, la más alta del Continente. El país está en una situación económica mala, que obviamente afecta al gobierno.

Lo que plantea una crisis para el populismo y clientelismo de Chávez…

Sí, la crisis económica pone en crisis el modelo político. Además está la crisis eléctrica. Venezuela es el país más electrificado de América Latina y tiene una crisis del sistema eléctrico; encima del racionamiento hay apagones en todo el país, menos en Caracas. Desvían toda la electricidad de otras partes para Caracas, porque saben que lo que no pasa en Caracas, no pasa. En 10 años no se han hecho inversiones ni en el sistema de generación ni de transmisión. Cero, ni siquiera mantenimiento. Tercero, una crisis en el sistema de salud pública, que afecta quizás no a los 28 millones de venezolanos, pero sí a la mayor parte del país pobre. Y la cuarta es una crisis dramática del sistema de seguridad ciudadana. El gobierno está manejando, como un malabarista, cuatro crisis, frente a ninguna de las cuales tiene respuesta.

¿Cómo reacciona el gobierno?

Con un radicalismo inútil. En su lenguaje y en sus medidas: Han llegado al extremo de nacionalizar una torrefactora de café. ¿Qué sentido tiene estatizar una torrefactora de café?

¿Y la oposición, por qué dices que está en su mejor momento?

Permítame que haga historia. No es un proceso reciente. La oposición venezolana pasa por tres etapas. Una primera, del 99 –cuando Chávez asume el poder– hasta el fin del paro petrolero en febrero de 2003. En esta etapa, la oposición estuvo dirigida por los poderes fácticos: económicos, mediáticos, militares. Los partidos políticos estaban prácticamente colapsados, derrumbados. En esa etapa los, poderes fácticos impusieron una estrategia golpista. Tenían una inclinación política muy hacia la derecha, lo cual le facilitó la vida a Chávez muchísimo, porque pudo marcar la diferencia entre él, el campeón de los pobres y oprimidos, y del otro lado los ricos, los dueños de los medios de comunicación, los militares golpistas. La bandera de la legitimidad y la legalidad quedó en sus manos.

¿Cuál fue el papel de los partidos en esta etapa?

Iban al remolque de los poderes fácticos. Hubo tres tentativas de golpe y todas fracasaron. Esa etapa terminó con el paro petrolero, con cuyo fracaso los poderes fácticos retroceden, y los partidos, obligados prácticamente, recuperan cierta capacidad de acción. Reviven la Coordinadora Democrática y se trazan el objetivo del referéndum revocatorio. Se logra convocar el referéndum revocatorio. Chávez lo gana, sin trampa. Gana porque tenía más votos. Pero la oposición logra que alrededor del 40% de la gente exprese su opinión contraria al gobierno.

No es un mal resultado…

Es un hecho político formidable. Sólo que la misma oposición no lo entiende. Comete el error garrafal de denunciar un fraude que no existió. Se dedicó durante meses a hablar de fraude, con el fatal resultado de que en los procesos electorales subsiguientes (para gobernadores y alcaldes) hubo una abstención colosal. Los votantes opositores se abstuvieron, y de gratis el gobierno cogió el control de todas las gobernaciones menos dos. Tenía ocho gobernaciones la oposición y quedaron reducidas a dos. Y Chávez se quedó prácticamente con todos los gobiernos municipales.

¿Cuáles son las conclusiones que la oposición saca de esta situación?

¡Ninguna! Por lo contrario, cometen el error increíble de llamar a la abstención, ya está vez explícitamente, para las elecciones parlamentarias. Una verdadera catástrofe: la oposición le entregó a Chávez la Asamblea Nacional completa.

¿Hasta ahí llegó la segunda etapa?

Sí. Ahí hay una ruptura. A partir de 2006 comienzan algunos partidos, particularmente los nuevos, Un Nuevo Tiempo y Primero Justicia, a repensar la necesidad de una estrategia democrática que asuma la vía electoral. Se impulsa la candidatura de Manuel Rosales; todos terminan unidos alrededor de ella. Es el primer caso de unificación con un propósito claro y se obtiene un resultado de 38%. Comienza una estrategia democrática a ser aplicada por la oposición y esa estrategia se mantiene a lo largo de 2007, 2008 y 2009.

…Para llegar a la Mesa de Unidad que hoy coordina a la oposición.

El actual acuerdo unitario no es flor de un día, no nació ahora, es un proceso que arranca en 2006 con la candidatura unitaria. Se aborda unitariamente el referéndum constitucional de 2007, que además se gana. Se participa unitariamente, de manera casi completa, pero con unas fallas, en las elecciones de 2008 para gobernadores y alcaldes. Se gana las cinco gobernaciones más importantes del país, más la alcaldía metropolitana de Caracas. La oposición regresa a las instituciones. Finalmente se constituye la Mesa de Unidad Democrática, una organización que reúne a toda la oposición. Esa mesa logra un acuerdo prácticamente milagroso, presentando candidaturas unitarias para cada uno de los 165 cargos en disputa. Aquí culmina una etapa de tres años de forjar una unidad por supuesto muy variada, de la izquierda hasta la derecha.

Entonces, hoy es cuándo…

Hoy la oposición está en la mejor situación de estos 11 años: Si ves los resultados electorales, hay un crecimiento de la votación opositora del 40% en 2006 hasta un promedio de 50% en las últimas tres votaciones. Y un descenso de la votación progubernamental del promedio de 60% al 50%. No son encuestas, son resultados electorales. Y para septiembre 2010, las encuestas vienen confirmando la tendencia descendente del gobierno y la tendencia incremental de la votación opositora.

Pero, ¿logra la oposición dibujar un proyecto político propio?

Terminaron plasmando una agenda legislativa. Y un programa de gobierno, que se llama Cien Medidas.

¿Hay una estrategia electoral conjunta?

La estrategia de la oposición es muy clara: librar la batalla en cada circunscripción electoral contra el candidato del PSUV, no contra Chávez. No es un referéndum sobre Chávez, aunque él quisiera. En esta elección se trata de vencer al partido de Chávez, no al presidente.

¿Se puede decir que el peso de la oposición se ha movido más a una posición de centro-izquierda?

La oposición va de la derecha a la izquierda. Henrique Capriles Radonski, por ejemplo, aunque su partido es más bien centroderecha, tiene un acento muy social en su gobierno. En general, la oposición es la combinación de fuerzas de centroderecha y una mayoría de centroizquierda. Y ahora ha ocurrido un fenómeno sumamente interesante, que es la disidencia del gobernador de Lara, Henri Falcón, y la separación del PPT del bloque chavista.

Pero ellos no se han unido a la oposición. ¿La dividen o la complementan?

Se están manteniendo en una tercera posición, tratando de recoger toda la disidencia chavista, que es muy grande. A lo largo de los años hay varias capas geológicas que empiezan a desprenderse.

Siento que hay una confrontación muy fuerte con el movimiento laboral. Parece que Chávez no sabe respetar a los sindicatos, no los entiende. Ahí se ve que el hombre viene de la casta militar, no de la izquierda.

Chávez tiene planteado liquidar al movimiento sindical. Ahí hay un campo muy fértil para el PPT y la izquierda dentro de la oposición.

¿Está preparada la oposición para escoger a un sólo candidato presidencial para 2012?

El problema que tenemos ahora no es el que teníamos antes. Antes no teníamos prácticamente candidatos viables.

¿Ahorita el problema es que hay varios?

Hay varias personalidades que han ido surgiendo de las gobernaciones, de la Alcaldía Metropolitana, y probablemente la presencia en la Asamblea va ha hacer que sean visibles otras personas. Eso tendremos que resolver por primarias, a menos que uno de ellos sobresalga de manera tal que sea indiscutible.

Escuchándote hablar en primera persona, te voy a hacer una pregunta que no sé si la quieres contestar. En todo ese proceso, incluyendo el proceso de unidad, ¿qué papel puede jugar un periodista, pensador, escritor como tú?

Bueno, el que he jugado.

¿Aparte del periódico, me refiero a Teodoro Petkoff, el intelectual de la izquierda?

Pero yo soy un político. No estoy en ningún partido, pero estoy en todos. Tengo una relación con la Mesa de Unidad muy estrecha, y les he ayudado muchísimo. Estoy en este esfuerzo desde el año 2006, en la candidatura de Rosales: eso fue Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo y yo. Yo actué de modo tal que se hizo posible la acción unitaria.

¿Y esto es abierto? ¿La gente lo sabe, el gobierno lo sabe?

Sí, claro.

¿Y eso no te afecta como director de un periódico? ¿Cómo es la relación entre el Teodoro que es dirigente de la oposición y el periodista, el periódico? ¿Son roles complementarios o entran en conflicto?

TalCual es un periódico explícitamente político. Es para eso. Claro, no lo pongo al servicio de ningún partido. Pero este periódico ha propiciado debates, ha estimulado la causa unitaria, ha apostado por la causa unitaria.

Critica y propone…

La oposición merece que se le critique. Pero yo no confundo el periódico con mi actividad política, ni lo uso para finalidades personales. Yo tengo muy buena relación con la gente de la mesa, con los partidos, ellos me consultan mucho, tienen actitudes deferentes conmigo. Además, como yo no aspiro a ninguna candidatura, entonces puedo ser amigo de todos. Y hablarles claro.

Es un gran privilegio y una gran responsabilidad…

Hay que actuar con prudencia. No soy metiche, no quiero dirigir la Mesa. Tengo una actividad muy intensa de debate con los dirigentes, pero sin abusar, sin ser metiche, sin creerme el gurú de la oposición.

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El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, durante una conferencia de prensa en el Palacio de Miraflores en Caracas, el 18 de septiembre de 2018 Credit Marco Bello/Reuters

ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, ESCRITOR Y COLUMNISTA VENEZOLANO

23 septiembre 2018 / THE NEW YORK TIMES

CIUDAD DE MÉXICO — El título de este artículo es una frase peligrosa. Podría ser diseccionado semánticamente por un tribunal en Venezuela y condenarte a veinte años de prisión.

¿Qué quiere decir realmente? ¿Que Nicolás Maduro tiene, posee, un burro? ¿Que es el dueño legítimo de un animal cuadrúpedo, de la familia de los équidos, conocido como burro, asno o borrico? ¿O quiere decir, más bien, que Nicolás Maduro es un burro? ¿Se refiere acaso a esa acepción de “persona bruta e incivil”, como refiere el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española? El problema de fondo, sin duda, es que esta interpretación sea un asunto judicial en Venezuela.

Ricardo Prieto y Carlos Varón, dos miembros del cuerpo de bomberos de Apartaderos, una población de la región andina del país, decidieron un día pasear a un burro por los diferentes espacios de su estación. Mientras el animal deambulaba, fueron filmándolo con un teléfono, haciendo comentarios en evidente tono de broma, relatando que se trataba de una visita de Nicolás Maduro a las abandonadas dependencias del cuerpo. Alguien colgó el video en las redes sociales y, de pronto, esa jocosa “visita presidencial” se volvió viral.

Y entonces, unos oficiales de la Dirección General de Contrainteligencia Militar se presentaron y detuvieron a los bomberos. Y entonces, poco después, en un acto casi instantáneo, fueron imputados por el cargo “instigación al odio”. Y entonces, luego, en una rueda de prensa, el propio Maduro se mostró intemperante y agresivo en contra de un periodista que se atrevió a preguntar por el caso: dudó de su calidad y de su honestidad profesional y se negó a responderle. Esta seguidilla de hechos y declaraciones solo ha logrado magnificar y darle más resonancia a lo que era una simple broma.

¿Cómo un burro puede llegar tan lejos?

La respuesta a esa pregunta está en la violencia que estructura y define cada vez más a la élite que domina de forma autoritaria a Venezuela. Es una clase, tan reducida como feroz, que todavía no entiende que hay cosas, como la inflación o el humor, que no se pueden controlar imponiendo decretos. Por eso reaccionan ante ambas con la misma ceguera y brutalidad.

La represión y la censura, ya se sabe, sirven para mostrar fuerza pero también delatan una enorme fragilidad. Quien no tiene argumentos tampoco tiene humor. Solo puede negociar a golpes con la realidad. Como señala el poeta Charles Simic, el humor muestra “la dimensión ridícula de la autoridad”. Relativiza su poder, lo democratiza. Es un indicador natural del estado en que se encuentra cualquier sociedad, de su capacidad de discernimiento y de ejercicio de las libertades. Reprimir el ingenio o el chiste es una expresión inequívoca de una gran violencia institucional, un síntoma de un régimen aterrado que distribuye terror.

Quizás vale la pena recordar el caso de Marianne Elise K., una viuda a quien en 1943, en una pausa de trabajo, se le ocurrió contarle a un compañero de la fábrica un chiste sobre Hitler. Fue delataba, acusada, enjuiciada por el Tribunal del Pueblo y condenada a muerte. La lógica del poder a veces se parece mucho al descontrol. En medio de la decadencia militar nazi, entre la zozobra y el temor, una mujer fue ejecutada por decir un chiste. Año y medio después, el füher también estaba muerto. El chiste todavía existe. La risa, según decía Mijaíl Bajtín, nunca “pudo oficializarse, fue siempre un arma de liberación en las manos del pueblo”.

La broma de dos bomberos que quisieron reírse un poco de la autoridad y de su propia desgracia, se ha encontrado con una destemplada y feroz reacción del gobierno. Mientras la región se organiza para discutir el terrible problema del flujo migratorio y debatir de forma colectiva el caso de Venezuela, Nicolás Maduro logra que dos humildes apagafuegos formen parte de los más de 250 presos políticos que ya tiene su régimen.

La intolerancia ante el humor refleja nítidamente el grado de autoritarismo que necesita Maduro para continuar en el poder. Lo del burro es una tontería. Basta recordar que en el año 2006, públicamente, Hugo Chávez se burló del entonces presidente George W. Bush, llamándolo donkey en varias oportunidades. El tema real es la violencia. Resulta irónico, casi un chiste cruel, que mientras la mayoría del Grupo de Lima se pronuncia en contra de una intervención violenta en Venezuela, el gobierno venezolano se pronuncia a favor de una intervención violenta en contra de los ciudadanos de su propio país.

En septiembre de 2018, se organizó una manifestación frente al Banco Central de Venezuela, en Caracas, para demandar al presidente Maduro el pago completo de sus pensiones. Credit Fernando Llano/Associated Press

No creo que la solución o la salida a la tragedia que vive mi país sea una invasión militar. Pero sí creo que hay que debatir, buscar y encontrar nuevas maneras de actuar y presionar de manera más eficaz a un gobierno que actúa de manera hipócrita y salvaje, que exige internacionalmente aquello que no desea cumplir dentro de sus fronteras. Con el pretexto de la amenaza de una invasión externa, el gobierno de Maduro ha invadido y saqueado a su país y a sus ciudadanos. ¿Qué se puede hacer entonces frente a un gobierno violento que se alimenta del carácter no violento de sus vecinos?

Nicolás Maduro no es un burro. Puede que sea inepto y negligente, que con frecuencia actúe como un incivil. Pero no es bruto. No seguiría ahí si lo fuera. No habría logrado apartar a sus rivales internos y consolidarse como lo ha hecho. No tiene humor pero sí tiene un proyecto. Él —o a quienes él representa— desea quedarse para siempre en el gobierno. Cada vez con más poder. De cualquier forma y a cualquier precio. Incluso, al tratar de hacer lo imposible: prohibir la risa.

La internacionalización del conflicto no puede opacar el endurecimiento represivo que el gobierno de Maduro ejerce dentro de Venezuela. Es necesario, desde la experiencia ciudadana y desde la práctica política, pero también desde la solidaridad internacional y desde la diplomacia, inventar nuevas formas de presión, nuevos mecanismos de lucha. ¿Es posible desarmar y derrotar a los violentos de manera pacífica? ¿Cómo? Ese es el debate.