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Salvador Samayoa: “La democracia está funcionando en lo fundamental”

Samayoa muestra su optimismo respecto a la democracia en el país, en medio de un creciente sentimiento contra el sistema político.

Salvador-Samayoa

Guillermo Miranda Cuestas, 6 octubre 2017 / EL DIARIO DE HOY

EDH logSalvador Samayoa ha sido protagonista en coyunturas de alta convulsión e inestabilidad política en El Salvador. En su lectura, esta no es una de esas coyunturas. El exministro de Educación de la primera Junta Revolucionaria de Gobierno de 1979 y uno de los máximos representantes del FMLN en el extranjero durante el conflicto armado aprecia con optimismo el estado actual de la democracia salvadoreña y es crítico de quienes dibujan un diagnóstico sombrío para el país.

Recientes encuestas de opinión han mostrado un sentimiento importante de “antipolítica” en El Salvador, entendida esta como un rechazo al sistema político y a las instituciones de representación, incluidos los partidos políticos.

En esta entrevista, quien durante la posguerra integró la reconocida Comisión Nacional de Desarrollo y lideró el Consejo Nacional de Seguridad Pública, señala dos factores principales que potencian la antipolítica. Uno es el aparecimiento de una serie de escándalos de corrupción, que a su juicio es precisamente prueba de los avances institucionales. El segundo factor tiene que ver con un desencanto de “densidad histórica” respecto a la izquierda en el poder. Y aunque aprecia con optimismo el involucramiento de algunos jóvenes al debate político nacional, reconoce que hay una apatía generalizada.

La entrevista surge en el contexto de su cátedra sobre antipolítica de la Escuela Centroamericana de Gobierno y Democracia (ECADE), un proyecto liderado por FUSADES con el apoyo de la Fundación Hanns Seidel de Alemania.

Recién iniciamos un ciclo electoral que se extenderá hasta 2019. ¿Qué tan saludable se encuentra nuestra democracia en estos momentos?

Todo es relativo en esta vida.

Yo veo El Salvador bastante mejor que casi todos los países de la región.

Por ahí la democracia, como alguna vez escribí, sí puede ser una vieja fea y choyuda. Es decir, que toma más tiempo, nos desespera a los ciudadanos y no tiene la cara más linda. Pero yo no tengo la mínima duda de que la democracia está funcionando en todo lo fundamental.

Ha habido importantes embates, intentos de desnaturalizarla, de manipularla -sobre todo en años anteriores. De una manera o de otra, las instituciones han respondido. La libertad y las plataformas de la sociedad civil, que son parte orgánica de la democracia, han funcionado. Y creo que en este momento el sistema de partidos políticos de El Salvador y las instituciones del Estado salvadoreño son más sólidas que en otros países de la región.

También hay alarmas de algunos sectores. La UCA y Álvaro Artiga han dicho que hay un creciente sentimiento de antipolítica y que eso podría deslegitimar al sistema de partidos políticos.

Comparto la apreciación; las dos cosas son ciertas.

Es cierto que el sistema político está relativamente sólido y también es cierto que importantes segmentos de la población no lo ven así y que tienen un desencanto y una actitud agresiva hacia la política, hacia los políticos y hacia los partidos.

Hay sectores y líderes de opinión que yo los llamo “alaracos” porque hacen unas alharacas que de verdad no se corresponden con la realidad.

En varios artículos de opinión he visto que algunos dicen “qué envidia Guatemala” porque la gente está en la calle. Y yo digo: esperate, despacio, no entiendo bien, ¿por qué te da envidia que el otro tiene cáncer y está saliendo a la calle a ver cómo resuelve su cáncer?

Y vos tenés otros achaques distintos -porque sí tenés achaques y dolencias- pero no tenés cáncer. ¿Por qué envidiás el cáncer del vecino? Guatemala tiene un nivel de inestabilidad política y de corrupción absolutamente incomparable con El Salvador.

Nunca oculto las deficiencias de nuestra democracia. De hecho yo era el que más me estaba quejando por el transfuguismo cuando se le sustrajeron diputados al partido ARENA en 2009 y otra vez en 2012 -supongo que con dinero venezolano. De esa manera se burló la voluntad popular. Se habían pasado 11 diputados de un partido a otro en un proceso político complejo.

En Guatemala, el día que se inaugura la legislatura se cambian 40 o 50 diputados de un partido para otro y es lo habitual.

Aquí tenemos un sistema de partidos reconocibles con ideologías y programas reconocibles a los cuales se apegan, más o menos, o de los cuales se apartan, más o menos. Pero hay un punto de referencia. Guatemala tiene una atomización de partidos políticos; son decenas de partidos políticos.

¿Qué hay entonces en el ecosistema que está generando un sentimiento de antipolítica?

Hay dos factores más importantes que otros. Uno es la corrupción, que ahora ha salido más. Por cierto, podemos darle vuelta a ese hecho: qué bien por las instituciones de El Salvador, tanto las del Estado como las de la sociedad civil. Si no funcionaran, ¿cómo demonios habría salido la corrupción a flote?

Pero volviendo al clima antipolítico, la corrupción es ciertamente algo que indigna a la gente, la molesta, la decepciona, la frustra.

El otro factor que está influyendo es que hasta hace 10 años había un importante contingente social, no sé si mayoritario pero muy amplio dentro del espectro político, que tenía una gran esperanza de que cuando gobernara el Frente iban a cambiar cosas muy importantes para la gente y para el país. Mi juicio sintético de los ocho años que van en el gobierno es que esto, simplemente, no ocurrió.

Eso explica el desencanto de mucha gente que durante décadas estuvo pensando que El Salvador podía ser mejor cuando tuviera la oportunidad de gobernar la izquierda. Ahí hay un nivel importante de frustración y alejamiento de los partidos políticos, ocasionado por unos gobiernos decepcionantes del FMLN.

Con el anterior partido de gobierno ARENA había también y todavía hay mucho desencanto. Este es el desgaste normal de los partidos políticos, pero el desencanto con mayor densidad histórica es ahora con el FMLN, aunque en algunos aspectos su gestión no haya sido tan negativa como se expresa en la percepción de la mayoría de la población.

¿Y ese discurso antipolítica surge de quienes confrontan a las cúpulas? ¿Como los diputados de ARENA que renunciaron a sus candidaturas o el alcalde de San Salvador?

No, a ninguno de los dos los considero como un fenómeno típico de antipolítica.

Quizá el que más se parece es el de Johnny Wright, porque él ha tenido un discurso expreso y una posición expresa de salir del partido político y en postularse, no sabemos si lo hará finalmente o no, como independiente.

Para mí, cada persona que se postula como independiente está proclamando que no cree en ningún partido político y, por tanto, no cree en el sistema de partidos políticos. Juan no, al contrario. Juan está haciendo una acción que fortalece la política, no la contraría.

No es antipolítica; es intentar justamente que los partidos sean sólidos, sean creíbles y se queda dentro del partido a luchar por eso.

Screen Shot 2017-10-06 at 9.42.41 PMY en el caso de Nayib, que esté propiciando él mismo su salida del Frente, son sus propios cálculos electorales. Nayib no tiene un discurso antipartido. Nayib cuando salga del FMLN -que saldrá- tardará poco en intentar alcanzar sus aspiraciones personales con otro partido.

Lo de Bukele no es “antipolítica”, es simplemente el juego de un político inmaduro, ambicioso, agrandado, con acentuados rasgos narcisistas y con la falta de paciencia propia de su edad y de su escasa trayectoria y experiencia política. En mi opinión, sus críticas al Frente tienen poca credibilidad, no porque el Frente no tenga algunas de las deficiencias que señala el alcalde, sino porque están deformadas y contaminadas por la deslealtad y el oportunismo.

¿Pero no es un momento en que la decepción contra las cúpulas tradicionales puede sumar apoyos a este tipo de discursos?

Podría generar algunas simpatías si él mantiene ese discurso en contra de los partidos y de las cúpulas. Podría ocurrir como en cualquier parte los outsiders de la política lo han hecho. Efectivamente, capitalizan un momento de cierta frustración social con los partidos y se proclaman como profetas en contra de los partidos y ciertamente pueden tener algún nivel de éxito.

Del lado de la ciudadanía, ¿ve intenciones de involucrarse y mejorar el sistema o de deslegitimarlo?

Ambos. Veo protagonismos bastante sanos y movimiento y organizaciones de la así llamada -muchas veces mal llamada- sociedad civil. Veo movimientos de buenas intenciones, coadyuvantes, complementarios, que basan su valor en exigir a las instituciones y no en ponerles una carga de dinamita; que basan su movimiento en exigirles a los partidos y no de ir en contra del sistema de partidos.

Y veo también, en la sociedad civil y sobre todo en ciertos líderes de opinión, expresiones claramente antipolíticas, nítidamente antipolíticas. Y dentro del continente social de los partidos que vota por los partidos, que no quiere que haya partidos, a veces el nivel y la forma de la crítica tiene unas expresiones de inmadurez y de alharaca muy grande.

¿Algún caso en particular que muestre esta actitud?

Te voy a poner un ejemplo que ha estado muy presente en la vida nacional.

Algunos dicen que qué mal estamos y qué mal está la democracia y en qué grave peligro está la democracia porque el FMLN y la dirección del FMLN y Medardo González, cada vez que pueden, echan una diatriba contra las resoluciones de la Sala de lo Constitucional.

Yo digo: ¡qué bien estamos! ¿Qué expresa este nivel? Expresa que tienen molestia, el Órgano Ejecutivo y el poder político tienen molestia con el Órgano Judicial. ¿Y qué significa que tienen molestia? Que son independientes.

¿Y cuál es la esencia de la democracia? Que tengamos poderes independientes.

Entonces, los berrinches del FMLN los veo como una confirmación y muestra de lo saludable que tenemos la democracia y no como lo contrario, como lo ve mucha gente. ¿Y por qué no se puede hacer el berrinche? ¿Cuál es el problema si tenemos libertad de expresión? Si no acataran las sentencias, si crearan una crisis de Estado, eso sería un problema diferente.

Ahí sí compartiría la tesis de que qué mal, amenazada y precaria está la democracia. ¡Pero no es el caso! Las mismas cosas pueden ser materia de opiniones, no solo distintas sino que incluso contrarias.

Suelo decir que nosotros lo que tenemos son problemas de desarrollo de la democracia. Antes lo que teníamos eran problemas de falta de democracia.

Son problemas de naturalezas diferente. La sociedad civil hace cosas importantes en pro del sistema y tiene elementos de antipolítica que muchas veces son reacciones bastante exageradas y desajustadas. Reacciones que justamente no comprenden la democracia.

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Mientras usted ve esperanza y avances en el agregado, más allá de los retrocesos, hay otros que ven un futuro incierto. Particularmente en este ciclo electoral en donde puede haber una ausencia de Sala de lo Constitucional por muchos meses. ¿Es esto una percepción alarmista? ¿Es compatible que la sociedad vaya más o menos bien y luego haya un retroceso sustantivo?

Si de verdad va más o menos bien no va a haber un retroceso sustantivo. Uno de los dos calificativos va estar mal; o no es sustantivo el retroceso o no estaba tan bien, pero las dos cosas a la vez no creo que puedan ocurrir. Insisto en que hay mucho nivel de ansiedad, mucho nivel de alharaca y mucho nivel de coyunturalismo.

Recuerdo perfectamente una vez que estaba en un grupo de 30 o 40 personas y se atrasaban diciendo que iban a destituir a los magistrados de la Sala y que era el acabóse, el fin del Estado de Derecho y el golpe de Estado. Después de una hora y media que hablaron casi todos, alguien me preguntó que qué iba a pasar; y no en minoría, sino en soledad absoluta, dije: nada, no va a pasar nada, están equivocados todos. Y no pasó nada.

Igual ahora, para algunos era absolutamente imposible que ocurriera el acuerdo de pensiones. Yo no lo veía imposible. Es más, estaba seguro de que iba ocurrir lo que ocurrió.

¿Que podríamos tener un bache, un impasse, en el próximo año según salga la correlación de fuerzas en la Asamblea Legislativa? Sí, podríamos tener un impasse, un bache, un atraso en elegir Sala de lo Constitucional.

La primera Sala de lo Constitucional que se eligió con la nueva normativa después de los Acuerdo de Paz y de la reforma constitucional tardó dos meses también. Pero yo no veo que vaya a ser un problema inmanejable en ningún sentido.

Cuando se iba a elegir el fiscal anterior era una cosa que se caía el cielo y la tierra. Eligieron tarde pero eligieron un fiscal que creo que ha estado mejor que los anteriores, para ponerlo de esa manera.

Siempre digo que en política las cosas, y sobre todo los acuerdos y las soluciones realmente importantes, se hacen siempre faltando cinco para las 12. Lo que pasa que tú vas a encontrar mucha gente que desde las 11:15 ya tiene un nivel de ansiedad y de histeria increíble.

Me preocupa, más que ese tema de la Sala, que las elecciones salgan con un nivel de desorganización y por tanto de falta de credibilidad parecido al de 2015. Eso me preocupa más. Ahí sí estaríamos hablando, sobretodo por ser dos ocasiones continuas, de un problema importante porque justamente se trata de la legitimidad del poder emanado de las urna, que es la esencia y almendra de la democracia.

Desde la firma de los Acuerdos de Paz, El Salvador ha tenido todos los problemas que vos le querrás poner pero hay uno que jamás ha tenido y es justamente este. Puede haber berrinches y cosas pero no ha estado en discusión seria el poder emanado de las urnas.

En cambio, si empieza a haber un problema, caos y desorganización como el que hubo que 2015 es preocupante. Y desde luego, esta Sala de lo Constitucional que va a terminar en 2018 ha creado un precedente complicado, porque ha habido una línea de excesiva interpretación y de habitual desapego a los sentidos más obvios y a los significados más claros de la letra misma. La interpretación debe sobrevenir cuando la letra no es clara; pero cuando es clara la letra, no.

Creo que una Sala que ha interpretado tanto y que ha puesto tantos principios exógenos a la voluntad misma del legislador ha creado un precedente complicado. Estos por lo menos son decentes -los cinco que había y los cinco que hay. Si nos llega a salir una Sala de lo Constitucional con gente que no ha sido tan decente, con este precedente, será complicado.

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En un documental usted dijo que hace 30 años los jóvenes se hicieron cargo del país, más allá de las valoraciones sobre las decisiones tomadas. Hoy se habla de que los jóvenes están alejados de la política. ¿Cómo se logra un repunte de mayor compromiso y protagonismo en un contexto en el que los políticos son sinónimos de decepción en la opinión pública?

Francamente no lo sé. Parece que es un fenómeno de épocas. Hay épocas que son más espirituales, más intelectuales, y épocas que son menos en esa dirección. Por ejemplo, a unos jóvenes que dicen que todo está mal y no se meten a tratar de arreglarlo no los comprendo.

Pero me preguntas qué habría qué hacer con esos jóvenes, no lo sé. Están completamente aburguesados, acomodados, dan por garantizada toda su vida y por alguna razón no ven que tengan un rol en meterse a cambiar las cosas. Pero aún eso está cambiando.

Veo una media docena de expresiones de jóvenes desde hace tres, cuatro, cinco, seis años. Los veo que comienzan a estar muy involucrados, a pensar sistemática, periódica y ordinariamente sobre la política, sobre los problemas del país.

Se ven, por ejemplo, en las páginas de este Diario. Sinceramente, no es porque yo esté en El Diario de Hoy, pero veo mejor esta plataforma que otras. No es la única, pero si tú anotas la cantidad de jóvenes que están comenzando a escribir periódicamente se observa algo importante. Por supuesto no todos son buenos, pero no todos los viejos son buenos tampoco. Entonces veo expresiones de compromiso de jóvenes ahora más que hace 10 o 15 años. Pero en general sigue siendo válido decir que hay una apatía.

¿En qué se evidencia esta apatía?

Lo ves en las cifras de muchachos que iban a cumplir años a tiempo para votar en 2018 y que podían, aún no habiendo cumplido años, tener la prerrogativa de estar en el registro del padrón electoral y no la utilizaron.

La mayor parte de los que tenían esa prerrogativa no les interesó, siendo un trámite tan sencillo. Entonces a nivel sociológico el fenómeno dominante sigue siendo apatía, como forma de expresión del desencanto y no de luchar para cambiar las cosas.

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Realidad, no populismo. De Erika Saldaña

Los candidatos o precandidatos para cualquier puesto público tienen que darle un cambio de dirección total a la forma de hacer política, para que eventualmente tengamos un gobierno que no solo prometa, sino que funcione.

erika saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 11 septiembre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Aunque muchos no queramos, el periodo electoral ha iniciado. En medio del mar de promesas que empiezan a surgir está el hartazgo de la ciudadanía sobre la forma tradicional de hacer política en El Salvador. Esa apatía es alimentada por los asesores de muchos candidatos, quienes tienen como credo de campaña que el contenido es irrelevante si logran hacer el ruido suficiente; una foto en portada o viralizada en redes sociales vale más que diez propuestas de políticas públicas bien elaboradas.

Los políticos saben que el populismo ha sido la forma de ganar las elecciones en el pasado. Regalar promocionales, prometer cosas que en la realidad son imposibles, gobernar sin un plan específico y deslegitimar al contrincante han sido EDH loglas estrategias de muchos. Y la falta de educación de la población ha colaborado a que el populismo partidista sea receta para alcanzar el poder. Pocos han comprendido que esta forma de hacer política no solo es vacía y hasta absurda, sino que causa un grave daño a la democracia de un país.

La ola populista surge como respuesta a la incapacidad de los políticos a brindar soluciones realistas a los problemas que aquejan a la ciudadanía. Los populistas prometen lo inasequible, el placebo temporal, sin considerar los costos o el déficit que generarán sus propuestas. Los populistas dicen lo que la gente quiere escuchar, aunque sean cuestiones inviables. ¿Quién no quiere recibir una pensión más alta? ¿Quién no quiere que regalen uniformes y zapatos para sus hijos? Pero nadie nos dice de donde saldrá el dinero para financiarlas, ni si estas acciones de verdad están ayudando a minimizar el problema principal.

No solo necesitamos campañas y políticos con una retórica política persuasiva que devuelva la ilusión a una ciudadanía; es urgente que los políticos construyan los cimientos de esa ilusión, que tengan ideas y planes concretos sobre la forma en que resolverán los problemas de la población, así como un equipo con capacidad de ejecución. Los candidatos o precandidatos (irrelevante el nombre cuando se conocen sus intenciones) para cualquier puesto público tienen que darle un cambio de dirección total a la forma de hacer política, para que eventualmente tengamos un gobierno que no solo prometa sino que funcione.

Necesitamos gente que sepa dirigir y ser líderes para el país; pero también, urge que esas personas tengan ideas claras, al mejor grupo de expertos para elaborarlas y ejecutarlas, y la capacidad política de negociar consensos entre las distintas fuerzas políticas. Necesitamos personas que tengan la habilidad de escuchar críticas o las buenas ideas de la contraparte, que dejen a un lado el ego político y la manía de desprestigiar a todo aquel que piense distinto. Lo contrario terminará de hundir a la ya desgastada política salvadoreña.

En El Salvador abundan los grupos políticos preocupados por sus intereses y ajenos de la realidad que vive la mayoría. Se adjudican la voz del pueblo cuando poco conocen la precaria realidad que estas personas tienen que vivir con un dólar al día, cuyos hijos van a escuelas sin agua y hacen hazañas para llevar comida a su casa. No tienen como prioridad identificar problemas reales, elaborar respuestas realistas, ejecutar proyectos ni medir consecuencias; lo único que tienen en mente es ganar.

La política partidaria ya llegó a un punto muerto, pues los políticos carecen de credibilidad ante la mayoría de la población. No hemos hecho nada por construir un debate público decente. Ahora necesitamos un cambio radical que les permita ir convenciendo poco a poco a la ciudadanía que no son más de lo mismo; y esto solo lo podrán hacer políticos y políticas públicas enfocados en resolver problemas y no solo en ganar una elección. No se conviertan en cómplices del decaimiento de la democracia. Elevar el nivel de discurso político y que este sirva para ayudar al país necesita la colaboración de los políticos que proponen y de una ciudadanía más activa que escuche.

¿Estamos financiando a terroristas? De Centro de Estudios Jurídicos CEJ

Es saludable que inicie un debate serio sobre este tema. Con énfasis en serio. Ojala que no se limite a enmarcar el problema de los pactos electorales con pandillas en el contexto de la tregua, sino donde verdaderamente pertenece: las políticas de Seguridad post tregua del FMLN y la ausencia de alternativas por parte de ARENA.

Paolo Luers

Centro de Estudios Jurídicos CEJ, 14 agosto 2017 / LA PRENSA GRAFICA

centro estudios CEJLa semana pasada se celebró audiencia en el proceso que se instruye contra ciertos exfuncionarios, empleados públicos, y sujetos privados a quienes se les atribuye la comisión de delitos en el marco de la política del gobierno conocida como la tregua con las pandillas.

En esa audiencia, un líder pandillero rindió su testimonio y aseveró que para las elecciones presidenciales de 2014 el FMLN y ARENA les entregaron a las 3 principales pandillas cantidades de dinero para requerirles apoyo en la campaña electoral. Ese apoyo, para el caso del FMLN, incluía quitarles el Documento Único de Identidad a las personas afines a ARENA, y así evitar que ejercieran su derecho al sufragio.

LPGCabe recordar que a inicios de este año, ciertas investigaciones periodísticas revelaron las reuniones de altos dirigentes de ARENA y el FMLN con líderes pandilleros en el contexto de las elecciones de 2014. En esa ocasión dijimos en esta columna: “Lo que merece todo nuestro repudio es que las conversaciones (con las pandillas), negociaciones o como quiera llamárseles, se manejen en la penumbra y tengan como propósito la obtención de réditos políticos electorales. Es la vida y la tranquilidad de los ciudadanos la que día a día está en juego”.

La declaración testimonial relacionada, aunada a las investigaciones periodísticas sobre ese mismo asunto, son indicios suficientes para que la Fiscalía General de la República (FGR) inicie de inmediato una investigación.

En respeto al derecho a la presunción de inocencia, debemos ser prudentes y evitar condenar de antemano a cualquier sujeto o partido político. Pero, de igual manera, ejercer ciudadanía supone exigir a FGR que investigue profunda y rápidamente si los partidos políticos, sus dirigentes, y algunos sujetos relacionados con aquellos, han participado en financiar a los grupos pandilleros.

Esto adquiere singular importancia porque en agosto de 2015, la Sala de lo Constitucional emitió una sentencia en que, de un modo innovador, hizo una declaratoria general de las pandillas como organizaciones terroristas. Dijo: “Son grupos terroristas las pandillas denominadas Mara Salvatrucha o MS-13 y la Pandilla 18 o Mara 18, (…) en consecuencia, sus jefes, miembros, colaboradores, apologistas y financistas, quedan comprendidos dentro del concepto de terroristas”.

De ese modo, no es baladí la existencia de indicios de un financiamiento directo de las pandillas por parte de los dos partidos políticos mas grandes del país. Tal circunstancia supondría no solo que tales partidos, y en particular algunos de sus dirigentes, financiaron organizaciones terroristas, sino que también ellos serían considerados terroristas, a partir de los criterios definidos por la Sala de lo Constitucional.

El caso resulta peor ya que de acuerdo con tales indicios, los diálogos y el financiamiento a las pandillas fue con el objeto de obtener apoyo en votos y en actos criminales disuasivos para la elección presidencial de 2014. Y siendo que esta se definió apenas por 6,634 votos –que representaron el 0.22 % de los votos válidos– es altamente probable que la existencia de tales irregularidades –si es que ocurrieron– haya sido determinante para alterar el resultado final.

De ser cierto, esto supondría el delito de fraude electoral, y uno de los más graves atentados a la democracia después de la firma de los Acuerdos de Paz.

Los donantes de los partidos –empresarios, empleados públicos, y cualquier individuo– así como todos los contribuyentes –que también financiamos indirectamente a los partidos mediante el pago de impuestos que fondean la deuda política– debemos exigir explicaciones a los líderes de los partidos, y resultados inmediatos a la FGR.

Ningún financista de partidos políticos ni ningún otro ciudadano debería tolerar que el dinero que aportan a esos institutos termine en manos de organizaciones criminales que amenazan la seguridad y vida de todos los salvadoreños. Estaremos atentos a las actuaciones de la FGR.

Que soplen nuevos vientos. De Leda Romero

Los ciudadanos parece que nos hemos acomodado a la mediocridad de lo que hay: dos partidos retrógrados y adormecidos por la falta de propuestas convincentes con liderazgos creíbles.

leda romeroLeda Romero, 13 agosto 2017 / LPG-SEPTIMO SENTIDO

Constantemente he comentado en este valioso espacio de opinión, que no me siento representada por ninguno de los partidos políticos salvadoreños. ¿Por qué? Pues porque me da la sensación de que las dos principales fuerzas partidarias del país, en lugar de ser serios, se pelean por comprobar cuál es más retrógrado o menos consecuente, y la vida se nos va en leer sobre escándalos ridículos, cadenas nacionales, inasistencias a las plenarias o decisiones cuestionables.

septimo sentidoProbablemente llego tarde a esta conversación, pero está bien, porque creo que es un tema que no debe perder vigencia y en torno al cual vale la pena continuar hablando: que las vacaciones no nos aparten de lo importante.

Me refiero al reciente episodio en el que una muy preparada joven precandidata a diputada suplente por el partido tricolor fue excluida del listado. Esta expulsión no se debió a una falta de idoneidad para el cargo –porque Aída Betancourt cuenta con un currículum envidiable–, esta negativa se debió a que Aída, que ha cultivado una opinión crítica, ha manifestado desacuerdos con el partido ARENA.

Es decir, un partido que durante años se ha enfrentado a una dura crisis de liderazgos, que pide a gritos una renovación, o al menos, atisbos de nuevos aires y personajes que resulten esperanzadores, decide descartar a una precandidata que además de encarnar esta posibilidad, cuenta con la preparación, las agallas y la disposición para entrar en el mundo político.

¿Es acaso un autoboicot? ¿Es acaso que ARENA tiene la necesidad de demostrar que no hay ninguna expectativa por renovarse, por cambiar la forma de hacer política, por ser mejores?

Si ARENA no demuestra algún ánimo por la autocrítica, por evaluar cómo están haciendo las cosas y cuáles son sus posibilidades de mejorar, únicamente seguirán construyendo el camino hacia la decadencia.

Y este camino no ha sido construido únicamente por el partido opositor. El FMLN también se esfuerza por demostrar una y otra vez esta suerte de surrealismo mágico, en el que todo está bien y El Salvador es incluso un poco mejor que la isla de la fantasía.

El país se encuentra dividido entre dos fuerzas políticas que no ofrecen ninguna propuesta convincente y, mientras tanto, los ciudadanos parece que nos hemos acomodado a la mediocridad de lo que hay: dos partidos retrógrados y adormecidos por la falta de propuestas convincentes con liderazgos creíbles.

¿O no?

Fue interesante ver, durante ese par de días que duró el escándalo, cómo fueron surgiendo diversidad de opiniones lamentando el incidente. Eso significa que hay una suerte de compromiso, o al menos de preocupación, desde algunos sectores que vieron cómo se excluía sin miramientos un perfil idóneo para incorporarse a la Asamblea Legislativa; y al mismo tiempo, que hay voces dispuestas a cuestionar a las cúpulas de los partidos históricos de nuestro país.

No se trata de causar más divisiones o de continuar polarizando la situación, se trata de tener claro que existe una necesidad evidente de renovación y de propuestas políticas dirigidas a un segmento de la población que no está conforme con los partidos actuales.

Por otra parte, esta columna es una invitación a ARENA para que no vea a la crítica como un enemigo, sino como una oportunidad. Dejen de hacer oídos sordos a la imperante necesidad de renovación en sus filas.

¿Padres de la Patria responsables? De Erika Saldaña

Hoy más que nunca hay que exigir a los diputados una verdadera representación, pues no es posible que se acuerden de la ciudadanía únicamente para pedirnos el voto.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 17 julio 2017 / EDH

El salvadoreño siempre ha tenido la fama de trabajador. Somos esas personas que nos levantamos con los primeros rayos del sol y durante el día hacemos nuestro mejor esfuerzo para que las labores terminen de la mejor manera. Los salvadoreños honrados procuramos llegar a tiempo a las labores diarias, estar atentos en las reuniones, brindar resultados a los jefes, enfocarnos en lo importante y sacar lo más pronto posible lo urgente. Pero en la Asamblea Legislativa los diputados hacen todo lo contrario.

Si como dice el artículo 121 de la Constitución, la función primordial de los diputados es legislar, pareciera que en El Salvador su trabajo principal es echarle la culpa a los otros partidos de los nulos avances del país, levantar la mano según les ordene la dirigencia y no su conciencia o entendimiento; muchos se dedican a elaborar teorías de la conspiración, echarle zancadilla a cualquier avance en temas importantes, negociar a puerta cerrada y buscar como desgastar leyes que empiezan a funcionar como la Ley de Extinción de Dominio y Ley de Enriquecimiento Ilícito. Pareciera que, al darse cuenta de que algo funciona, su labor es desmantelar la poca institucionalidad que nos va quedando en entidades como la Sección de Probidad o la Fiscalía General de la República.

En El Salvador hay diputados que llegan a la Asamblea al finalizar la plenaria o que se aparecen una vez cada seis meses; otros están en su curul haciendo dibujitos mientras el presidente de la República habla o prefieren salir a fumar mientras se realiza la votación de propuestas importantes; hay 51 diputados que tenían mejores cosas que hacer que estar a las 9 a.m. escuchando y cuestionando el informe anual del Ministro de Hacienda y del resto del gabinete. Algunos tienen tan escasa participación como legisladores que nunca los hemos escuchado hablar o no sabíamos que eran diputados electos.

Y mientras ellos se dedican a hacer casi nada, el país sigue sin alcanzar ningún tipo de acuerdo trascendental para lograr aplacar la crisis fiscal que nos ha tenido en vilo desde hace varios meses. Seguimos sin una reforma de pensiones integral, discutida de manera consciente y consensuada por la mayoría de sectores de la población. Seguimos sin contar con un mecanismo objetivo y transparente para la elección de funcionarios, por lo que no resultaría extraño que sean ciertos los rumores según los cuales las reformas a extinción de dominio y pensiones se negocian a cambio de la elección de Corte de Cuentas de la República.

Es una vergüenza, falta de consideración e irrespeto a la población, que los diputados piensen que el cargo público que se les ha encomendado es una especie de prerrogativa o título nobiliario y no un genuino trabajo por el cual reciben un salario y tienen que presentar resultados. Causa indignación que anden casa por casa ofreciendo trabajar por el país y defender los derechos de los ciudadanos, mientras que a la hora de demostrar su compromiso todas esas promesas y palabras se las lleva el viento.

Esta época electoral es el tiempo perfecto para cuestionar a los diputados sobre qué han hecho por el país y cuáles son sus planes si buscan ser electos en 2018. No bastan las frases adornadas con las típicas “voy a trabajar por el país” o “voy a defender sus derechos”. Como ciudadanía tenemos que educarnos y aprender a exigir resultados de los que son nuestros representantes en la Asamblea Legislativa.

Los políticos responden a incentivos y probablemente el temor al elector sea lo único que los haga darse cuenta y reaccionar en su falta de visión y liderazgo; no existen propuestas legislativas integrales en muchos temas y hay una grave ausencia de resultados en aspectos que nos interesan a todos los salvadoreños. Hoy más que nunca hay que exigir a los diputados una verdadera representación, pues no es posible que se acuerden de la ciudadanía únicamente para pedirnos el voto. Si los diputados son los que toman las decisiones al interior de la Asamblea, tengan claro que nosotros, los ciudadanos, las tomamos en las urnas.

Entre molinos y gigantes. De Andrés Betancourt

En la política salvadoreña hay varios grupos de individuos que ven gigantes en lugar de molinos. Viven en una realidad alternativa a la nacional, convencidos de que su visión de país es la correcta, sus propuestas inmejorables y su derecho a incidir en la política, divino.

Andrés Betancourt, 12 julio 2017 / EDH

Las principales fuerzas políticas salvadoreñas han dado un golpe de autoridad en sus respectivos procesos internos. En la izquierda no hay mucha sorpresa, ya que sus convicciones ideológicas favorecen a un partido centralizado y homogéneo como promotor de cambio. Sin embargo, y para sorpresa de muchos, la derecha “renovadora”, promotora del individuo y no el partido como base de acción social, favoreció la uniformidad de pensamiento, sobre la diversidad, al fiel estilo de sus contrincantes políticos. Esta práctica, sin importar de dónde venga en el espectro ideológico, es nociva para todo país, especialmente para aquellos en condición similar a la que se encuentra El Salvador.

La icónica novela de Miguel de Cervantes, “Don Quijote de la Mancha”, además de sus innumerables cualidades literarias, ilustra los riesgos de la uniformidad de pensamiento. En el capítulo VIII, Don Quijote y su escudero Sancho Panza “descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento”. Este, sin embargo, pensó que eran “desaforados gigantes”, con los que haría “batalla” y les quitaría “a todos las vidas”. Sancho Panza le advirtió que estos no eran gigantes, sino “molinos de viento” y que “lo que en ellos” parecían “brazos” eran “aspas”. Don Quijote, ignorando las advertencias, se lanzó a la carga. Sin duda el autodenominado “caballero” vivía en su propio mundo. Pero ¿qué hubiera sucedido si Sancho Panza, en lugar de ser la voz de razón, hubiera visto a los molinos como gigantes? En esa precisa escena, con los dos personajes pensando de la misma manera, los molinos serían, en efecto, gigantes.

En la política salvadoreña hay varios grupos de individuos que ven gigantes en lugar de molinos. Viven en una realidad alternativa a la nacional, convencidos de que su visión de país es la correcta, sus propuestas inmejorables y su derecho a incidir en la política, divino. Ambos lados de la balanza han tenido la oportunidad de poner sus ideas a prueba, y el resultado siempre ha sido uno con índices económicos bajos, altos grados de delincuencia, corrupción, pobreza y exclusión social. Sin embargo, y viendo los resultados del pasado, los mismos que han fracasado siguen controlando las riendas de la política nacional y se rehúsan a abandonar su influencia. La razón de esto, sea por interés propio o por creerse miembros de un grupo de guardianes socráticos, es incierta. Lo certero es que le hace daño al país.

Un partido político que favorezca un escenario en el que todos sus miembros piensan igual, limita el debate interno y por ende las ideas innovadoras que puedan salir a raíz del mismo. De manera similar, restringe la posibilidad de expandir su base, particularmente en sectores del electorado históricamente marginados, como lo son las mujeres y la juventud. Más importante aún, elimina la existencia de un Sancho Panza dentro de sus filas; una voz de razón y equilibrio cuando el partido se ha dejado llevar por prejuicios antiguos y acciones ideológicamente radicales. Es imposible hablar de renovación y prohibir, ya sea con “dedazos” o el constante cambio de estatutos, la entrada de individuos con un pensamiento un tanto diferente, ya que el renovar requiere un cambio de prácticas y estas solo se obtienen con un cambio de motor ideológico, que desecha lo malo del pasado e incorpora lo nuevo del futuro.

Lastimosamente la uniformidad de pensamiento es justificada bajo el eterno umbral de “principios y valores”. Todo ser humano tiene valores que no son negociables y dentro del discurso civil, esto es respetable y honorable. Sin embargo, conectar toda acción a estos – especialmente si son acciones lamentables, que incrementan el poder de las élites que tanto daño le han hecho al país – les resta, irónicamente, credibilidad y apoyo.

Un partido político es el principal medio de cambio en una sociedad democrática. Las diferencias dentro del mismo deberían de forjar una visión holística de país. La diversidad es fuerza y la tolerancia de ambos lados una virtud. El Salvador merece ambas.

“Costumbres viejas no abren puertas nuevas”. De Bernard Garside

El partido que tenga éxito en las elecciones será el que proponga ideas frescas, políticas innovadoras, una visión inclusiva (en lugar de divisiva) del futuro de El Salvador y (quizás lo más importante) el que posea una porción saludable de miembros con mentalidad joven, abierta.

Bernard Garside, embajador del Reine Unido

Bernard Garside, 7 julio 2017 / EDH

Dentro de un año tendremos una nueva Asamblea Legislativa. La votación se habrá llevado a cabo, los votos habrán sido contados, y en algunos casos, recontados, con la esperanza de que el proceso de votación termine de forma tranquila y con transparencia. Así que, ¿cuál será la forma de la política y de la Asamblea Legislativa en El Salvador el próximo año?

Espero que la política sea diferente. Espero que los miembros de la Asamblea Legislativa sean renovados, con nuevos ímpetus, frescos, dispuestos a trabajar juntos por los salvadoreños.

Se dice que el futuro de cualquier país está en las manos de la juventud, que es vital que se invierta apropiadamente en la nueva generación y que nos sintamos orgullosos de eso. Pero también debemos aceptar que las nuevas generaciones ven las cosas de forma muy diferente a nosotros y que esa diversidad debe ser aceptada. La frase “a mí manera o de ninguna manera” (My way or the highway) tiene poco, o nada de mérito. Solo miremos alrededor de la región para darnos cuenta lo malo que resulta este tipo de políticas. Si quieren seguir adelante, no pueden caminar solos. Necesitan llevar a la gente con ustedes.

Pero hay un buen equilibrio que debe ser experimentado. Como J.K. Rowling escribió en la orden del Fénix, “la juventud no puede saber cómo piensa y siente la edad. Pero los adultos son culpables si se olvidan de lo que era ser joven”. En otras palabras, la juventud no puede reemplazar fácilmente la edad y experiencia; y aquellos con edad y experiencia no pueden sustituir la innovación, entusiasmo y visión fresca sobre la vida. Pero lo que se puede lograr es una mezcla saludable y diversidad de pensamiento, que es importante en cualquier organización que quiera sobrevivir. Porque con la edad, nuestra mente nos juega trucos y, entre los muchos malos hábitos que recogemos, creemos que lo que sucedió en el pasado siempre fue mejor que lo que nos espera en el futuro. ¿Qué mejor manera, por lo tanto, que aceptar el cambio a través de la juventud, recibiéndolo con entusiasmo pero suavizando la inexperiencia con la sabiduría de la edad?

Y solo es una advertencia saludable; porque esto no va a resolver todos los problemas que enfrenta la política global. Es comprensible, la gente quiere más que nunca que su clase política sea honesta, transparente y que tenga en el corazón un interés genuino por su país.

En El Salvador, el partido que tenga éxito en las elecciones será el que proponga ideas frescas, políticas innovadoras, una visión inclusiva (en lugar de divisiva) del futuro de El Salvador y (quizás lo más importante) el que posea una porción saludable de miembros con mentalidad joven, abierta, que están dispuestos a escuchar lo que el público quiere, en lugar de lo que su partido quiere.

Ese partido político no tendrá miedo de abordar temas controversiales como el diálogo con las pandillas, embarazos en menores de edad, o los derechos sexuales de las mujeres –todas las mujeres, ricas y pobres– sin ningún tipo de prejuicio. Por último, será un partido político que reconoce que la responsabilidad del poder no es un derecho divino o algo para tomar por sentado y mantenerlo para siempre. En cambio, entenderá que el poder político es algo que la población le ha confiado, a la cual deberá responder, como individuo, así como partido político.

Entonces, ¿ese partido en realidad existe en El Salvador? Dejo que ustedes juzguen, pero personalmente presiento que aunque la gente se oponga y quiera vivir en el pasado, viene un cambio. La pregunta final es si la gente desea recibirlo y montarse a la ola de dicho cambio para un futuro El Salvador, o si desea ser barrida en el proceso.