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¿Estamos financiando a terroristas? De Centro de Estudios Jurídicos CEJ

Es saludable que inicie un debate serio sobre este tema. Con énfasis en serio. Ojala que no se limite a enmarcar el problema de los pactos electorales con pandillas en el contexto de la tregua, sino donde verdaderamente pertenece: las políticas de Seguridad post tregua del FMLN y la ausencia de alternativas por parte de ARENA.

Paolo Luers

Centro de Estudios Jurídicos CEJ, 14 agosto 2017 / LA PRENSA GRAFICA

centro estudios CEJLa semana pasada se celebró audiencia en el proceso que se instruye contra ciertos exfuncionarios, empleados públicos, y sujetos privados a quienes se les atribuye la comisión de delitos en el marco de la política del gobierno conocida como la tregua con las pandillas.

En esa audiencia, un líder pandillero rindió su testimonio y aseveró que para las elecciones presidenciales de 2014 el FMLN y ARENA les entregaron a las 3 principales pandillas cantidades de dinero para requerirles apoyo en la campaña electoral. Ese apoyo, para el caso del FMLN, incluía quitarles el Documento Único de Identidad a las personas afines a ARENA, y así evitar que ejercieran su derecho al sufragio.

LPGCabe recordar que a inicios de este año, ciertas investigaciones periodísticas revelaron las reuniones de altos dirigentes de ARENA y el FMLN con líderes pandilleros en el contexto de las elecciones de 2014. En esa ocasión dijimos en esta columna: “Lo que merece todo nuestro repudio es que las conversaciones (con las pandillas), negociaciones o como quiera llamárseles, se manejen en la penumbra y tengan como propósito la obtención de réditos políticos electorales. Es la vida y la tranquilidad de los ciudadanos la que día a día está en juego”.

La declaración testimonial relacionada, aunada a las investigaciones periodísticas sobre ese mismo asunto, son indicios suficientes para que la Fiscalía General de la República (FGR) inicie de inmediato una investigación.

En respeto al derecho a la presunción de inocencia, debemos ser prudentes y evitar condenar de antemano a cualquier sujeto o partido político. Pero, de igual manera, ejercer ciudadanía supone exigir a FGR que investigue profunda y rápidamente si los partidos políticos, sus dirigentes, y algunos sujetos relacionados con aquellos, han participado en financiar a los grupos pandilleros.

Esto adquiere singular importancia porque en agosto de 2015, la Sala de lo Constitucional emitió una sentencia en que, de un modo innovador, hizo una declaratoria general de las pandillas como organizaciones terroristas. Dijo: “Son grupos terroristas las pandillas denominadas Mara Salvatrucha o MS-13 y la Pandilla 18 o Mara 18, (…) en consecuencia, sus jefes, miembros, colaboradores, apologistas y financistas, quedan comprendidos dentro del concepto de terroristas”.

De ese modo, no es baladí la existencia de indicios de un financiamiento directo de las pandillas por parte de los dos partidos políticos mas grandes del país. Tal circunstancia supondría no solo que tales partidos, y en particular algunos de sus dirigentes, financiaron organizaciones terroristas, sino que también ellos serían considerados terroristas, a partir de los criterios definidos por la Sala de lo Constitucional.

El caso resulta peor ya que de acuerdo con tales indicios, los diálogos y el financiamiento a las pandillas fue con el objeto de obtener apoyo en votos y en actos criminales disuasivos para la elección presidencial de 2014. Y siendo que esta se definió apenas por 6,634 votos –que representaron el 0.22 % de los votos válidos– es altamente probable que la existencia de tales irregularidades –si es que ocurrieron– haya sido determinante para alterar el resultado final.

De ser cierto, esto supondría el delito de fraude electoral, y uno de los más graves atentados a la democracia después de la firma de los Acuerdos de Paz.

Los donantes de los partidos –empresarios, empleados públicos, y cualquier individuo– así como todos los contribuyentes –que también financiamos indirectamente a los partidos mediante el pago de impuestos que fondean la deuda política– debemos exigir explicaciones a los líderes de los partidos, y resultados inmediatos a la FGR.

Ningún financista de partidos políticos ni ningún otro ciudadano debería tolerar que el dinero que aportan a esos institutos termine en manos de organizaciones criminales que amenazan la seguridad y vida de todos los salvadoreños. Estaremos atentos a las actuaciones de la FGR.

Que soplen nuevos vientos. De Leda Romero

Los ciudadanos parece que nos hemos acomodado a la mediocridad de lo que hay: dos partidos retrógrados y adormecidos por la falta de propuestas convincentes con liderazgos creíbles.

leda romeroLeda Romero, 13 agosto 2017 / LPG-SEPTIMO SENTIDO

Constantemente he comentado en este valioso espacio de opinión, que no me siento representada por ninguno de los partidos políticos salvadoreños. ¿Por qué? Pues porque me da la sensación de que las dos principales fuerzas partidarias del país, en lugar de ser serios, se pelean por comprobar cuál es más retrógrado o menos consecuente, y la vida se nos va en leer sobre escándalos ridículos, cadenas nacionales, inasistencias a las plenarias o decisiones cuestionables.

septimo sentidoProbablemente llego tarde a esta conversación, pero está bien, porque creo que es un tema que no debe perder vigencia y en torno al cual vale la pena continuar hablando: que las vacaciones no nos aparten de lo importante.

Me refiero al reciente episodio en el que una muy preparada joven precandidata a diputada suplente por el partido tricolor fue excluida del listado. Esta expulsión no se debió a una falta de idoneidad para el cargo –porque Aída Betancourt cuenta con un currículum envidiable–, esta negativa se debió a que Aída, que ha cultivado una opinión crítica, ha manifestado desacuerdos con el partido ARENA.

Es decir, un partido que durante años se ha enfrentado a una dura crisis de liderazgos, que pide a gritos una renovación, o al menos, atisbos de nuevos aires y personajes que resulten esperanzadores, decide descartar a una precandidata que además de encarnar esta posibilidad, cuenta con la preparación, las agallas y la disposición para entrar en el mundo político.

¿Es acaso un autoboicot? ¿Es acaso que ARENA tiene la necesidad de demostrar que no hay ninguna expectativa por renovarse, por cambiar la forma de hacer política, por ser mejores?

Si ARENA no demuestra algún ánimo por la autocrítica, por evaluar cómo están haciendo las cosas y cuáles son sus posibilidades de mejorar, únicamente seguirán construyendo el camino hacia la decadencia.

Y este camino no ha sido construido únicamente por el partido opositor. El FMLN también se esfuerza por demostrar una y otra vez esta suerte de surrealismo mágico, en el que todo está bien y El Salvador es incluso un poco mejor que la isla de la fantasía.

El país se encuentra dividido entre dos fuerzas políticas que no ofrecen ninguna propuesta convincente y, mientras tanto, los ciudadanos parece que nos hemos acomodado a la mediocridad de lo que hay: dos partidos retrógrados y adormecidos por la falta de propuestas convincentes con liderazgos creíbles.

¿O no?

Fue interesante ver, durante ese par de días que duró el escándalo, cómo fueron surgiendo diversidad de opiniones lamentando el incidente. Eso significa que hay una suerte de compromiso, o al menos de preocupación, desde algunos sectores que vieron cómo se excluía sin miramientos un perfil idóneo para incorporarse a la Asamblea Legislativa; y al mismo tiempo, que hay voces dispuestas a cuestionar a las cúpulas de los partidos históricos de nuestro país.

No se trata de causar más divisiones o de continuar polarizando la situación, se trata de tener claro que existe una necesidad evidente de renovación y de propuestas políticas dirigidas a un segmento de la población que no está conforme con los partidos actuales.

Por otra parte, esta columna es una invitación a ARENA para que no vea a la crítica como un enemigo, sino como una oportunidad. Dejen de hacer oídos sordos a la imperante necesidad de renovación en sus filas.

¿Padres de la Patria responsables? De Erika Saldaña

Hoy más que nunca hay que exigir a los diputados una verdadera representación, pues no es posible que se acuerden de la ciudadanía únicamente para pedirnos el voto.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 17 julio 2017 / EDH

El salvadoreño siempre ha tenido la fama de trabajador. Somos esas personas que nos levantamos con los primeros rayos del sol y durante el día hacemos nuestro mejor esfuerzo para que las labores terminen de la mejor manera. Los salvadoreños honrados procuramos llegar a tiempo a las labores diarias, estar atentos en las reuniones, brindar resultados a los jefes, enfocarnos en lo importante y sacar lo más pronto posible lo urgente. Pero en la Asamblea Legislativa los diputados hacen todo lo contrario.

Si como dice el artículo 121 de la Constitución, la función primordial de los diputados es legislar, pareciera que en El Salvador su trabajo principal es echarle la culpa a los otros partidos de los nulos avances del país, levantar la mano según les ordene la dirigencia y no su conciencia o entendimiento; muchos se dedican a elaborar teorías de la conspiración, echarle zancadilla a cualquier avance en temas importantes, negociar a puerta cerrada y buscar como desgastar leyes que empiezan a funcionar como la Ley de Extinción de Dominio y Ley de Enriquecimiento Ilícito. Pareciera que, al darse cuenta de que algo funciona, su labor es desmantelar la poca institucionalidad que nos va quedando en entidades como la Sección de Probidad o la Fiscalía General de la República.

En El Salvador hay diputados que llegan a la Asamblea al finalizar la plenaria o que se aparecen una vez cada seis meses; otros están en su curul haciendo dibujitos mientras el presidente de la República habla o prefieren salir a fumar mientras se realiza la votación de propuestas importantes; hay 51 diputados que tenían mejores cosas que hacer que estar a las 9 a.m. escuchando y cuestionando el informe anual del Ministro de Hacienda y del resto del gabinete. Algunos tienen tan escasa participación como legisladores que nunca los hemos escuchado hablar o no sabíamos que eran diputados electos.

Y mientras ellos se dedican a hacer casi nada, el país sigue sin alcanzar ningún tipo de acuerdo trascendental para lograr aplacar la crisis fiscal que nos ha tenido en vilo desde hace varios meses. Seguimos sin una reforma de pensiones integral, discutida de manera consciente y consensuada por la mayoría de sectores de la población. Seguimos sin contar con un mecanismo objetivo y transparente para la elección de funcionarios, por lo que no resultaría extraño que sean ciertos los rumores según los cuales las reformas a extinción de dominio y pensiones se negocian a cambio de la elección de Corte de Cuentas de la República.

Es una vergüenza, falta de consideración e irrespeto a la población, que los diputados piensen que el cargo público que se les ha encomendado es una especie de prerrogativa o título nobiliario y no un genuino trabajo por el cual reciben un salario y tienen que presentar resultados. Causa indignación que anden casa por casa ofreciendo trabajar por el país y defender los derechos de los ciudadanos, mientras que a la hora de demostrar su compromiso todas esas promesas y palabras se las lleva el viento.

Esta época electoral es el tiempo perfecto para cuestionar a los diputados sobre qué han hecho por el país y cuáles son sus planes si buscan ser electos en 2018. No bastan las frases adornadas con las típicas “voy a trabajar por el país” o “voy a defender sus derechos”. Como ciudadanía tenemos que educarnos y aprender a exigir resultados de los que son nuestros representantes en la Asamblea Legislativa.

Los políticos responden a incentivos y probablemente el temor al elector sea lo único que los haga darse cuenta y reaccionar en su falta de visión y liderazgo; no existen propuestas legislativas integrales en muchos temas y hay una grave ausencia de resultados en aspectos que nos interesan a todos los salvadoreños. Hoy más que nunca hay que exigir a los diputados una verdadera representación, pues no es posible que se acuerden de la ciudadanía únicamente para pedirnos el voto. Si los diputados son los que toman las decisiones al interior de la Asamblea, tengan claro que nosotros, los ciudadanos, las tomamos en las urnas.

Entre molinos y gigantes. De Andrés Betancourt

En la política salvadoreña hay varios grupos de individuos que ven gigantes en lugar de molinos. Viven en una realidad alternativa a la nacional, convencidos de que su visión de país es la correcta, sus propuestas inmejorables y su derecho a incidir en la política, divino.

Andrés Betancourt, 12 julio 2017 / EDH

Las principales fuerzas políticas salvadoreñas han dado un golpe de autoridad en sus respectivos procesos internos. En la izquierda no hay mucha sorpresa, ya que sus convicciones ideológicas favorecen a un partido centralizado y homogéneo como promotor de cambio. Sin embargo, y para sorpresa de muchos, la derecha “renovadora”, promotora del individuo y no el partido como base de acción social, favoreció la uniformidad de pensamiento, sobre la diversidad, al fiel estilo de sus contrincantes políticos. Esta práctica, sin importar de dónde venga en el espectro ideológico, es nociva para todo país, especialmente para aquellos en condición similar a la que se encuentra El Salvador.

La icónica novela de Miguel de Cervantes, “Don Quijote de la Mancha”, además de sus innumerables cualidades literarias, ilustra los riesgos de la uniformidad de pensamiento. En el capítulo VIII, Don Quijote y su escudero Sancho Panza “descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento”. Este, sin embargo, pensó que eran “desaforados gigantes”, con los que haría “batalla” y les quitaría “a todos las vidas”. Sancho Panza le advirtió que estos no eran gigantes, sino “molinos de viento” y que “lo que en ellos” parecían “brazos” eran “aspas”. Don Quijote, ignorando las advertencias, se lanzó a la carga. Sin duda el autodenominado “caballero” vivía en su propio mundo. Pero ¿qué hubiera sucedido si Sancho Panza, en lugar de ser la voz de razón, hubiera visto a los molinos como gigantes? En esa precisa escena, con los dos personajes pensando de la misma manera, los molinos serían, en efecto, gigantes.

En la política salvadoreña hay varios grupos de individuos que ven gigantes en lugar de molinos. Viven en una realidad alternativa a la nacional, convencidos de que su visión de país es la correcta, sus propuestas inmejorables y su derecho a incidir en la política, divino. Ambos lados de la balanza han tenido la oportunidad de poner sus ideas a prueba, y el resultado siempre ha sido uno con índices económicos bajos, altos grados de delincuencia, corrupción, pobreza y exclusión social. Sin embargo, y viendo los resultados del pasado, los mismos que han fracasado siguen controlando las riendas de la política nacional y se rehúsan a abandonar su influencia. La razón de esto, sea por interés propio o por creerse miembros de un grupo de guardianes socráticos, es incierta. Lo certero es que le hace daño al país.

Un partido político que favorezca un escenario en el que todos sus miembros piensan igual, limita el debate interno y por ende las ideas innovadoras que puedan salir a raíz del mismo. De manera similar, restringe la posibilidad de expandir su base, particularmente en sectores del electorado históricamente marginados, como lo son las mujeres y la juventud. Más importante aún, elimina la existencia de un Sancho Panza dentro de sus filas; una voz de razón y equilibrio cuando el partido se ha dejado llevar por prejuicios antiguos y acciones ideológicamente radicales. Es imposible hablar de renovación y prohibir, ya sea con “dedazos” o el constante cambio de estatutos, la entrada de individuos con un pensamiento un tanto diferente, ya que el renovar requiere un cambio de prácticas y estas solo se obtienen con un cambio de motor ideológico, que desecha lo malo del pasado e incorpora lo nuevo del futuro.

Lastimosamente la uniformidad de pensamiento es justificada bajo el eterno umbral de “principios y valores”. Todo ser humano tiene valores que no son negociables y dentro del discurso civil, esto es respetable y honorable. Sin embargo, conectar toda acción a estos – especialmente si son acciones lamentables, que incrementan el poder de las élites que tanto daño le han hecho al país – les resta, irónicamente, credibilidad y apoyo.

Un partido político es el principal medio de cambio en una sociedad democrática. Las diferencias dentro del mismo deberían de forjar una visión holística de país. La diversidad es fuerza y la tolerancia de ambos lados una virtud. El Salvador merece ambas.

“Costumbres viejas no abren puertas nuevas”. De Bernard Garside

El partido que tenga éxito en las elecciones será el que proponga ideas frescas, políticas innovadoras, una visión inclusiva (en lugar de divisiva) del futuro de El Salvador y (quizás lo más importante) el que posea una porción saludable de miembros con mentalidad joven, abierta.

Bernard Garside, embajador del Reine Unido

Bernard Garside, 7 julio 2017 / EDH

Dentro de un año tendremos una nueva Asamblea Legislativa. La votación se habrá llevado a cabo, los votos habrán sido contados, y en algunos casos, recontados, con la esperanza de que el proceso de votación termine de forma tranquila y con transparencia. Así que, ¿cuál será la forma de la política y de la Asamblea Legislativa en El Salvador el próximo año?

Espero que la política sea diferente. Espero que los miembros de la Asamblea Legislativa sean renovados, con nuevos ímpetus, frescos, dispuestos a trabajar juntos por los salvadoreños.

Se dice que el futuro de cualquier país está en las manos de la juventud, que es vital que se invierta apropiadamente en la nueva generación y que nos sintamos orgullosos de eso. Pero también debemos aceptar que las nuevas generaciones ven las cosas de forma muy diferente a nosotros y que esa diversidad debe ser aceptada. La frase “a mí manera o de ninguna manera” (My way or the highway) tiene poco, o nada de mérito. Solo miremos alrededor de la región para darnos cuenta lo malo que resulta este tipo de políticas. Si quieren seguir adelante, no pueden caminar solos. Necesitan llevar a la gente con ustedes.

Pero hay un buen equilibrio que debe ser experimentado. Como J.K. Rowling escribió en la orden del Fénix, “la juventud no puede saber cómo piensa y siente la edad. Pero los adultos son culpables si se olvidan de lo que era ser joven”. En otras palabras, la juventud no puede reemplazar fácilmente la edad y experiencia; y aquellos con edad y experiencia no pueden sustituir la innovación, entusiasmo y visión fresca sobre la vida. Pero lo que se puede lograr es una mezcla saludable y diversidad de pensamiento, que es importante en cualquier organización que quiera sobrevivir. Porque con la edad, nuestra mente nos juega trucos y, entre los muchos malos hábitos que recogemos, creemos que lo que sucedió en el pasado siempre fue mejor que lo que nos espera en el futuro. ¿Qué mejor manera, por lo tanto, que aceptar el cambio a través de la juventud, recibiéndolo con entusiasmo pero suavizando la inexperiencia con la sabiduría de la edad?

Y solo es una advertencia saludable; porque esto no va a resolver todos los problemas que enfrenta la política global. Es comprensible, la gente quiere más que nunca que su clase política sea honesta, transparente y que tenga en el corazón un interés genuino por su país.

En El Salvador, el partido que tenga éxito en las elecciones será el que proponga ideas frescas, políticas innovadoras, una visión inclusiva (en lugar de divisiva) del futuro de El Salvador y (quizás lo más importante) el que posea una porción saludable de miembros con mentalidad joven, abierta, que están dispuestos a escuchar lo que el público quiere, en lugar de lo que su partido quiere.

Ese partido político no tendrá miedo de abordar temas controversiales como el diálogo con las pandillas, embarazos en menores de edad, o los derechos sexuales de las mujeres –todas las mujeres, ricas y pobres– sin ningún tipo de prejuicio. Por último, será un partido político que reconoce que la responsabilidad del poder no es un derecho divino o algo para tomar por sentado y mantenerlo para siempre. En cambio, entenderá que el poder político es algo que la población le ha confiado, a la cual deberá responder, como individuo, así como partido político.

Entonces, ¿ese partido en realidad existe en El Salvador? Dejo que ustedes juzguen, pero personalmente presiento que aunque la gente se oponga y quiera vivir en el pasado, viene un cambio. La pregunta final es si la gente desea recibirlo y montarse a la ola de dicho cambio para un futuro El Salvador, o si desea ser barrida en el proceso.

La renuncia de los diputados… De Luis Mario Rodríguez

En los controversiales temas “liberales” y “conservadores”, como lo señaló la presidenta de la Fundación Democracia, Transparencia y Justicia, Claudia Umaña, “lo relevante es abrir el espacio a la discusión”.

Luis Mario Rodríguez, 6 julio 2017 / EDH

El alboroto causado por la renuncia de dos diputados a su reelección para la Legislatura 2018-2021 por el principal partido de oposición ha provocado el debate sobre los procedimientos y criterios que se están aplicando en las elecciones internas de los partidos políticos. Estos últimos fallaron al no divulgar públicamente los requisitos que exigirían para tamizar las solicitudes de los aspirantes a precandidatos. Transparentar esta información probablemente habría evitado el escándalo mediático que causó el rechazo de las personas propuestas por los legisladores Wright y Valiente como sus suplentes.

El episodio del fin de semana nos deja dos reflexiones. La primera tiene relación con las condiciones establecidas por las dirigencias de los institutos políticos para la inscripción de los precandidatos. Puede tratarse de la experiencia en actividades de servicio, la preparación académica y la militancia previa, entre otros aspectos. Estas formalidades deben ser coherentes con lo dictado por la Sala de lo Constitucional en sus resoluciones y con los requerimientos que señala la Constitución de la República. En efecto, se requiere de filtros que prevengan una inscripción masiva de aspirantes, algunos de los cuales probablemente no reúnan el perfil indispensable para los cargos respectivos. Sin embargo, los reglamentos de los partidos no pueden imponer, a quienes aspiren a competir, “barreras de entrada” más allá de las indicadas en las sentencias de la Sala y en la Carta Magna.

Por otra parte, si la normativa está apegada a Derecho surge la obligación de aplicarla de manera uniforme a todos los precandidatos. No es válido exigir determinadas calificaciones a unos y a otros relajarle su imposición con tal que puedan ser aceptados sin problema alguno. En otras palabras, el “colador” tiene que ser parejo y no arbitrario. De lo contrario, los partidos se exponen a reclamos y a nulidades que pondrían en riesgo la inscripción de candidaturas ante el Tribunal Supremo Electoral.

En un proceso de este tipo las reglas son fundamentales. Su ambigüedad o su empleo abusivo e injusto puede provocar sismas innecesarios en los partidos. También es fundamental que quienes valoren la posibilidad de someterse a la competencia por la candidatura a diputado, alcalde, presidente o vicepresidente calculen los riesgos, asuman que otros buscan ganar el proceso y reconozcan los resultados. Si no están conformes existen los mecanismos para apelar las decisiones hasta llegar, si fuera el caso, a pedir la intervención del árbitro electoral.

La segunda consideración tiene que ver con los valores, las posturas y los principios de los precandidatos. Aspectos como la probidad y el compromiso con materias asociadas a la transparencia, al acceso a la información pública, a la separación de poderes, a los derechos fundamentales y, en general, a las condiciones de todo sistema democrático, indudablemente no tienen discusión alguna. Los que no comulguen con estas ideas no podrían ser tomados en cuenta.

Luego vienen los controversiales temas “liberales” y “conservadores”. Se trata, por ejemplo, del derecho a la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, el matrimonio y la legalización de las drogas. Son áreas en las que algunos estamos convencidos que no hay espacio para posiciones “relativas” que den lugar a “medias tintas”. Muchos sostenemos que no es posible valorar ningún tipo de aborto, que el matrimonio es entre un hombre y una mujer y que el consumo de las drogas puede generar estragos irreparables para quienes las usan. Sin embargo, la realidad se impone y buena parte del electorado, en especial los jóvenes, exige un debate acerca de estas cuestiones.

Este es uno de los retos más complejos para los partidos sobre todo cuando su ideario es incompatible con aquellos asuntos. En estos casos, como lo señaló la presidenta de la Fundación Democracia, Transparencia y Justicia, Claudia Umaña, “lo relevante es abrir el espacio a la discusión”, teniendo presente que finalmente el partido, si es conservador, no respaldará esta agenda y, por tanto, algunos de los aspirantes posiblemente decidan no inscribirse en el proceso, o si se trata de diputados electos, se les permitirá votar diferente a sus colegas, alegando “objeción de conciencia”, aunque en el resto de la agenda legislativa se coincida en un ciento por ciento.

DECIDE… De Luis Mario Rodríguez

La gran controversia en la actualidad tiene que ver con la credibilidad de los partidos políticos. Precisamente ese es el “disparador” para el surgimiento a movimientos amplios y democráticos como DECIDE.

Luis Mario Rodríguez, 29 junio 2017 / EDH

El hartazgo político está haciendo ebullición. Era natural que el fastidio con los partidos generara tal efervescencia que obligara a la sociedad civil a pasar de la crítica a la acción. Está sucediendo desde hace un quinquenio cuando surgieron los indignados en España y los “Occupy Wall Street” en los Estados Unidos. Luego explotó en Brasil y Guatemala con escandalosos casos de malversación de fondos públicos, llegó a México cuando la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, se extendió a Honduras con la “marcha de las antorchas”, y los referéndums en Colombia y el Reino Unido reflejaron un comportamiento diferente de los habitantes. También las elecciones en Francia, Grecia y España mostraron una motivación del voto influenciada por el desasosiego de cientos de miles de familias afectadas por diversas razones.

Este hervidero de frustraciones ciudadanas se repite periódicamente en algún lugar del mundo. Abundan los reclamos por la falta de servicios públicos, por el pobre desempeño de la economía, por el creciente desempleo, por los intentos de concentrar el poder y por la abultada corrupción.

El empacho colectivo con los representantes que surgen de las urnas está provocando un remezón de enormes magnitudes en diferentes latitudes. En algunos sitios el malestar de la sociedad hundió a los partidos tradicionales, fragmentó el sistema y abrió el espacio para los líderes populistas. La reacción del electorado está causando oleajes peligrosos para la democracia. Se deteriora aceleradamente la confianza en las instituciones, las grietas por las que se cuela el financiamiento ilícito de la política se están ensanchando y se cree que las candidaturas independientes son el sustituto ideal a falta de liderazgos partidarios.

Por eso es relevante el surgimiento de nuevas voces y de entidades civiles que aspiran a proteger el sistema político, a fomentar el Estado de Derecho y a educar a la población para elevar la calidad del debate político. Esta es precisamente la plataforma que distingue al movimiento “Defensa ciudadana de la democracia” el cual, según sus fundadores, está integrado por varias otras iniciativas cuya agenda es coincidente con los intereses de DECIDE.

La gran controversia en la actualidad tiene que ver con la credibilidad de los partidos. Precisamente ese es el “disparador” que impulsa a las agrupaciones sociales a lanzarse al activismo. El debilitamiento de los primeros es precisamente el “caldo de cultivo” para demandar, entiéndase bien, su depuración, no su desaparición. Nada bueno puede surgir en un sistema democrático sin organizaciones partidarias. Cuando en política participan individuos sin un ideario que refleje la forma de pensar del que quiere alcanzar el poder, sin una estructura nacional y con un personalismo por encima de cualquier institución o grupo social, se fomenta el autoritarismo y se desnaturalizan las políticas públicas confundiéndose con programas asistencialistas que no garantizan su sostenibilidad en el tiempo.

DECIDE incluye entre sus acciones el “desarrollo de un amplio programa de educación y formación política que le permita al ciudadano interpretar la realidad del país y entender cómo esta le afecta directamente”. Con ello se compromete, en resumen, a fortalecer la cultura política de los salvadoreños. Buena parte de los dilemas nacionales tienen su origen en la falta de información y en el desinterés por los asuntos políticos y por la administración del Estado. En la medida que los funcionarios públicos, los partidos y quienes desempeñan un cargo de elección popular sepan que se les exigirá una detallada y más exhaustiva rendición de cuentas seguramente mejorará su desempeño, teniendo en cuenta que, con excepción de la presidencia y la vicepresidencia de la república, la reelección es admitida por la Constitución y la ley.

DECIDE agrega en su comunicado que servirá de “plataforma de debate político para la gestión de ideas, proyectos y propuestas de solución de los grandes problemas nacionales”. Se trata de una labor fundamental que lamentablemente no se practica en el país y, cuando se hace, se instrumentaliza ideológicamente. Si la nueva organización cumple con aquel objetivo habrá contribuido a mejorar la vida en democracia. Esa es la ruta para que los partidos elijan mejores candidatos, se modernicen, ajusten sus planes a las necesidades del país y procuren buscar acuerdos con sus adversarios.