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Nadie quiere ser el villano. De Erika Saldaña

Los partidos políticos deben dejar a un lado los oportunismos o intereses políticos y construir respuestas efectivas a los problemas que aquejan a El Salvador, aun si estas son medidas impopulares.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 12 febrero 2017 / EDH

Escuchar sobre la necesidad de que los partidos políticos mayoritarios se sienten a dialogar para encontrar respuesta a los problemas del país se ha convertido en el pan diario de los salvadoreños. El Ejecutivo ha organizado mesas en los temas de desarrollo económico, sostenibilidad de finanzas públicas y reforma de pensiones; la oposición le ha puesto pausa a esos diálogos, señalando la falta de voluntad de cumplir los acuerdos que poco a poco se fueron armando. Mientras dura esa pausa, la ciudadanía continúa echándose al hombro los problemas que se generan de la mala administración de las finanzas estatales, tales como la escasez en los servicios públicos y deterioro en áreas como educación, salud y seguridad.

diario hoyLa urgencia de un diálogo político en que las partes le den valor y sentido a la opinión del otro no es nada nuevo. Probablemente, la necesidad de este se encuentra desde que los dos partidos mayoritarios se consolidaron como tales. Ambos institutos políticos han centrado sus esfuerzos en mantener, obtener o regresar al poder, alejándose del ideal de procurar el bienestar de todos los ciudadanos en una sociedad democrática. Algunas personas consideran que para alcanzar este ideal es necesario estar en una posición de dominio de los órganos Ejecutivo y Legislativo, para así ejecutar las políticas que se consideren convenientes para cada problema.

Sin embargo, la solución a los problemas que afectan a El Salvador no puede resumirse en que uno u otro partido se encuentre en el poder, sino que ambos sean capaces de construir soluciones conjuntas; y, además, que estas respuestas  sean realistas al problema que se enfrentan. Cuando cualquiera de los partidos ofrece soluciones generalmente lo hace analizando una sola óptica de manera sesgada; el problema lo ven solo de un lado y por tanto las propuestas para solventarlo son incompletas. Y, además, las medidas que deben tomarse en muchas ocasiones son impopulares.

Cuando hablamos de solucionar el problema fiscal de El Salvador es necesario reducir el gasto del Estado; y hacer referencia al gasto no hablo de los montos asignados a los programas sociales como tienden a hacerlo ver los funcionarios de Gobierno, sino al gasto superfluo que no supone ningún beneficio para la población, tales como viajes, seguros médicos, alimentos, carros, gasolina, etc. Además, es imperativo que se reduzca la plantilla laboral en las instituciones públicas, pues existen plazas innecesarias y sueldos arbitrarios e insostenibles para las finanzas públicas.

En la respuesta al problema fiscal también debe analizarse el ingreso, pues es claro que el dinero que actualmente se recauda no alcanza para cubrir las obligaciones adquiridas y los gastos necesarios. Quizá sea necesario establecer impuestos adicionales o aumentar los porcentajes de los que ya tenemos; también, es obligatorio buscar la forma de combatir la evasión y elusión fiscal, así como ampliar la base tributaria mediante la formalización de muchas empresas y personas. La solución no se limita a una u otra opción, tienen que tenerse en cuenta ambas, gasto e ingreso.

En el caso de la reforma de pensiones, algunos expertos señalan la necesidad de evaluar las posibilidades de aumentar las tasas de cotización y edad de retiro de los ciudadanos. Todas las medidas mencionadas anteriormente son impopulares, pues muchos no quiere que se limiten sus beneficios, que se ordenen los sueldos, que se prescinda de los servicios de muchos en instituciones estatales, y definitivamente nadie quiere que se cobren más impuestos, pagar más al sistema de pensiones y trabajar más años. Pero si se quiere solventar el problema de manera integral, son medidas que vale la pena analizar o establecerse.

Para que los diálogos y negociaciones entre el Gobierno y la oposición tengan sentido, es necesario que estas realmente resuelvan los problemas que afectan al país, no que sean placebos que alivien temporal o falsamente las coyunturas. Estas respuestas pueden ser impopulares, pues a nadie le gusta hacer sacrificios en el corto o mediano plazo, pero pueden constituirse como las respuestas adecuadas. Los partidos políticos deben dejar a un lado los oportunismos o intereses políticos y construir respuestas efectivas a los problemas que aquejan a El Salvador, aun si estas son medidas impopulares. Nadie quiere ser el villano ante los votantes, pero, en este caso, todos tienen que serlo.

“Evidentemente que hay un espionaje sistemático”: José Miguel Fortín

Al exdirector del IML le extraña que el Gobierno se desmarque sin investigar. También cuestiona la forma de hacer política del alcalde Bukele de parecer simpático y de tener troles detrás de él.

Dr. José Miguel Fortín Magaña, exdirector de Medicina Legal, fundador del "Movimiento Libertad"

Dr. José Miguel Fortín Magaña, exdirector de Medicina Legal, fundador del “Movimiento Libertad”

Entrevista al Dr. José Miguel Fortín, de Cristian Meléndez, 4 febrero 2017 / LPG

la prensa graficaMiguel Ángel Fortín es miembro fundador del Movimiento Libertad, organización que no duda en decir es claramente política. Desde ese escenario, critica la actuación de nuevos líderes, así como de los que tras ser investigados han salido del país. Se refiere al caso del alcalde de San Salvador, Nayib Bukele, y al expresidente Mauricio Funes. Fortín Magaña también tiene claro que existe el espionaje en el país, sobre todo, de las instituciones a las cuales el gobierno del FMLN pudiera ver como enemigas.

¿Qué opina de la realidad salvadoreña, en lo político, en lo social? Se lo pregunto tomando en cuenta que estamos en medio de una clara polarización política.

Desde hace algunos años en lugar de ir avanzando las cosas han ido para peor, como una política sistematizada del gobierno, por lo menos del gobierno anterior. La confrontación entre un grupo y el otro se hizo más evidente y llegamos a un punto en donde la mitad uno llegó a odiar a la mitad dos, y viceversa. Realmente no hemos sabido reconciliarnos, sino que hemos llegado a odiarnos unos con otros.

¿Qué se debe hacer para superar esa polarización?

Es una cosa interesante, porque desde la perspectiva psicológica muchas veces esto hace que la ciudadanía quede sin moverse, estática, porque saben que cuando digan algo van a ser insultados por una parte importante de la gente. De los políticos o de los troles que existen.

¿Ha identificado un caso de político que recurre a esto?

Sí, y los troles también, y volvemos a la misma historia. Cuando yo oí al alcalde de San Salvador hablar de la nueva forma de hacer política, por un instante tuve la ilusión de que habría una nueva forma de hacer política, pero cuando me doy cuenta de que la nueva forma de hacer política es parecer muy simpático, pero por atrás tener troles o una serie de atacantes que hablan mal lo que él no se atreve a decir públicamente, cuando un personaje no comprende el concepto de la democracia y en una conferencia de prensa excluye a los que no le son simpáticos, por alguna razón, entonces yo no veo una nueva forma de hacer política. Simplemente veo la misma grotesca forma de imponer las ideas e intentar destruir al adversario convirtiéndolo en su enemigo.

¿Es un riesgo para la democracia esta clase de político?

No hablando de una persona en concreto, ya hablando de forma general ese es uno de los grandes riesgos. Cada uno se va enconchando en su propia esquina creyendo que todo lo que uno dice está mal y que todo lo que él diga está bien. Cuando esto sucede se va perdiendo el contacto con la realidad porque ya no se es capaz de escuchar la crítica, porque se considera a la crítica como un acto de enemistad, por lo tanto cada uno de los políticos se ha ido aislando del sentir popular. Entonces se tiene a un FMLN que dice que representa al pueblo, pero no oye nada de los intereses del pueblo. Cuando cada uno de los partidos políticos se ha ido aislando por ver en todos los contrarios a sus enemigos, los mismos partidos han perdido el contacto con la población, y al perder ese contacto con la población, la población comienza a buscar algunos líderes que pudieran de alguna manera y ahí el peligro de los liderazgos caudillismos no siempre sanos. Hay que tener cuidado con los líderes caudillos. Ahí apareció Hugo Chávez en Venezuela y así pueden aparecer algunos caudillos que aparentan tener algún interés por la población, pero no lo tienen.

La corrupción es algo que nos golpea cada vez más frecuentemente, ¿cree que se está combatiendo?

Creo que hay algunas señales, algunos intentos para combatir digamos el aspecto relativo a la corrupción. Lo que pasa es que dentro de la impunidad que ha imperado en la tierra cuscatleca, en la clase política también ha habido una especie de arreglo tácito entre esos corruptos. Quiero aclarar que hay políticos responsables; pero muchos se han distinguido por la corrupción. Resulta chocante oír el cinismo de cómo algunos políticos tachados de corruptos hablan del prójimo.

¿Qué políticos se han distinguido por la corrupción?

Sabe perfectamente de quién estoy hablando. En este último período me parece totalmente chocante que el inquilino de Managua, me refiero al (expresidente Mauricio) Funes esté hablando que a los trabajadores que hay que defender su salario mínimo, mientras tiene, seguramente, en la mesa en la que escribe con su computadora o lo que sea, una botella de Cognac Luis 13, de ¤5,000, que solo la botella vacía vale como ¤800 porque es del cristal más fino del mundo.

¿Quién está fallando en el combate a la corrupción? ¿Cree que la Asamblea está actuando en consonancia con el combate a la corrupción o en consonancia con la corrupción misma?

A lo mejor están actuando en consonancia de la corrupción algunos de ellos. Yo tengo mis dudas en el quehacer de la Asamblea Legislativa. Por ejemplo con la aprobación de un Presupuesto General de la Nación que está desfinanciado. Los salvadoreños nos hemos vuelto complacientes con todo esto y llega el momento en que todos luchemos contra la corrupción dejando de ser espectadores. En las últimas semanas se ha denunciado una serie de casos de posible espionaje a instituciones que el Gobierno o el FMLN considera oposición. ¿Cree que hay espionaje? Evidentemente hay un espionaje. Ahora llama la atención que el Gobierno se desliga de esto sin ninguna investigación. Cuando uno encuentra que hay un acto sistemático en donde todos los enemigos potenciales del Gobierno están siendo espiados, en un país civilizado esto sería una crisis nacional, pero en este caso la diputada (Jackeline) Rivera se burla de esto. El señor dizque de Transparencia, y subrayo dizque porque no hay ninguna transparencia, dice que no hay ningún problema, el señor (Eugenio) Chicas dice no hay problemas. Lo que me parece inaudito es que se diga que no se va a investigar, que aparezca un aparato de espionaje y el Gobierno diga que no va a investigar nada.

¿Como Movimiento Libertad qué proponen para solucionar todos estos problemas?

Nuestras reuniones tienen que ver del porqué la población no hace nada. Ese es el sentido de este movimiento, hagamos algo. Nadie, si no es la misma población civil, puede empoderarse y decirle a los políticos que son empleados de nosotros y tenemos derecho a exigirle y decirle que no se está de acuerdo con esto o lo otro. Este es un movimiento político que pretende empoderar a los ciudadanos. No toleramos más la corrupción.

 

La población abandonada. De Manuel Hinds

Los partidos políticos han seguido funcionando de la misma manera en la que lo hacían hace veinte años. No están acompañando a la fuerza más dinámica que está creciendo en nuestra sociedad.

manuel hindsManuel Hinds, 23 diciembre 2016 / EDH

El Salvador es un caso digno de estudio. Su clase política se ha quedado atrás del desarrollo del país. En los últimos cuarenta años la sociedad salvadoreña ha dado los primeros pasos que clásicamente marcan el inicio de la modernización: la población ha pasado de ser mayormente rural a ser predominantemente urbana; la producción y las exportaciones, que eran principalmente agrícola, ahora son principalmente industriales; y la población, que era 60 por ciento pobre, es ahora 70 por ciento de clase media. El número de vehículos automotores en circulación es ya de 925,000 en un país con aproximadamente 1.3 millones de familias. De acuerdo a un estudio hecho por el Banco Mundial en 2010 en términos de la proporción de clase media a población total El Salvador se encuentra en el promedio de Latinoamérica. El ingreso por habitante de El Salvador lo coloca en la categoría de ingresos medios (no de pobres) aunque se redujera la estimación del PIB como algunos han sugerido en contra de toda la evidencia del surgimiento de la clase media en el país.

diario hoyEstos cambios no son originales de El Salvador. Han acompañado al desarrollo económico y social en todos los países que han pasado de la adormilada sociedad agraria a la dinámica sociedad industrial, llevando a transformaciones sociales y políticas muy profundas. Por supuesto, la clase media urbana es muy diferente de la población agrícola. No solo es que tiene acceso a muchos más servicios públicos y privados, y que a través de mayores contactos con otras personas desarrolla más capacidades; es también que experimenta el progreso, la capacidad de mejorarse y mejorar a su familia, y traduce esto en una ambición de desarrollo que luego trasmite al país entero. Conectada con las ciudades por una infraestructura creciente de comunicaciones y transporte, la parte de la sociedad que se mantiene agraria se integra a esta nueva modernidad urbana.

En todos los países en los que esto ha pasado, los partidos políticos se han adaptado muy rápidamente a los cambios en la población y se han enfocado en las necesidades de esa nueva clase media, conscientes de que el destino del país ahora depende de que esa clase media crezca y se desarrolle, teniendo más acceso a la educación, la salud, la seguridad y los demás servicios públicos que le facilitan su progreso. Esto es lo que no ha pasado en El Salvador.

Los partidos políticos, que nacieron en medio de una sociedad pobre y agraria, han seguido funcionando de la misma manera en la que lo hacían hace veinte años. No están acompañando a la fuerza más dinámica que está creciendo en nuestra sociedad, y siguen hablándole a la población como si ésta todavía estuviera escuchándoles en un corral, queriendo oír a los señores de la ciudad que vienen a decirles que pongan todo en sus manos, como si no tuviera ninguna educación, como si no estuviera ya tratando de armar una vida moderna para sí misma y para sus hijos, como si no hubiera ido ya a visitar a sus parientes que viven en Estados Unidos, como si todavía vivieran en un rancho y no en una casa que tienen que pagar al banco, como si sus problemas no fueran cómo pagar la educación de sus hijos, cómo mantener la salud de su familia, cómo protegerla en estos tiempos de grandes inseguridades.

El sector privado reaccionó muy rápidamente a los cambios, proveyendo vivienda y servicios masivos para la población, conectándola con un gran número de destinos aéreos en Estados Unidos, dotándolos de teléfonos y computadoras e Internet, desarrollando el comercio para que adquieran los bienes y servicios que requieren para elevar su nivel de vida, y, más que nada, proveyéndoles con sitios de trabajo para que eleven su ingreso.

Solo son los partidos políticos los que se han quedado en el pasado, usando expresiones como “reduzcamos la pobreza” en vez de decir “seamos todos de clase media”, y perdiendo el foco de lo que la población quiere —mejor educación, mejor salud, mejor seguridad, proporcionadas de una manera competente. Esto, no ideologías malgastadas, es lo que quiere el pueblo salvadoreño y es lo que necesita para convertirse en una sociedad desarrollada.

Las dificultades de los diputados… De Luis Mario Rodríguez

Luis Mario RodríguezLuis Mario Rodríguez, 1 diciembre 2016 / EDH

La dificultad para obtener la candidatura a una diputación, el control social al que están sometidos los legisladores y la audacia para responder a sus votantes, sin que su comportamiento genere suspicacias al interior de la respectiva bancada, hace mucho más difícil la labor de un diputado.

diario hoyLas sentencias de la Sala de lo Constitucional que ordenaron la elección, en procesos internos, de candidatos a cargos públicos a través del voto libre, directo y secreto de la militancia, la obligación de transparentar las finanzas de los partidos, candidatos y precandidatos, y la apertura de las listas junto al “voto cruzado” en las elecciones legislativas, representan un gigantesco desafío para quienes pretenden representar a los ciudadanos en la Asamblea.

Antes de 2012, los aspirantes al Órgano Legislativo eran designados por las cúpulas partidarias. Los preferidos ocupaban los primeros puestos en las listas; un voto por bandera significaba el respaldo a esos candidatos. Por otro lado no había control de las donaciones para sus campañas y tampoco competían contra sus mismos compañeros de partido por ganar la simpatía de los electores.

Ahora es más complejo alcanzar una curul, es más difícil ejercer las funciones legislativas y también es mucho más alto el riesgo de no ser reelegido en la siguiente elección. Someterse a un escrutinio al interior de un partido político obliga a quienes participan a adoptar la simbología y los rituales con los que comulgan sus miembros. No hacerlo podría interpretarse como una falta de identificación con el instituto político. Otros adoptan la estrategia de alejarse de esas “ceremonias” y se presentan como “el cambio”.

En definitiva, este primer escalón no es fácil de subir. Requiere carácter, estrategia y recursos. La competencia interna es otro de los cercos que debe cruzar el que anhela convertirse en diputado. Desde 2012, además de enfrentar a los postulantes de los partidos políticos adversarios, los candidatos también “pelean” el puesto con sus propios correligionarios. Sus ideas no pueden “golpear” a su colega y al mismo tiempo deben diferenciarlo del resto de sus camaradas para que los electores lo prefieran a él. Se presenta entonces una situación que fragmenta los mensajes de un partido. Sólo la coordinación desde la más alta dirección puede evitar contradicciones en este caso. También surge el riesgo de impugnaciones de resultados y de luchas legales por la candidatura que no deberían ser difíciles de resolver si las comisiones electorales cuentan con la facultad para dirimir esas diferencias y si el Tribunal Supremo Electoral, también con atribuciones expresas en la ley, sirve como árbitro de última instancia.

Por otra parte en la actualidad se castiga la falta de transparencia, no sólo por la población sino también a nivel formal, por quienes tienen a su cargo la fiscalización del dinero invertido. La presión social por el acceso a la información pública alcanzó a la política partidaria y llegó para quedarse. Un candidato o un partido que no revele sus finanzas, los gastos de campaña y el origen de sus fondos será visto con recelo. Declarar su patrimonio, aún antes de ser electo, y publicar un informe en el que rinde cuentas de las donaciones recibidas, de sus patrocinadores y del uso que hizo con esos recursos, son prácticas que el siglo XXI ha insertado en el manual para convertirse en diputado.

Una vez juramentados los legisladores encaran un desafío adicional. El nuevo sistema de votación permite identificar el número de marcas obtenidas por un candidato. Alguien que consigue miles de marcas y se impone con amplia ventaja sobre sus competidores, cuida el sentido de su voto. Sabe que los electores lo observan  y que vigilan el cumplimiento de las promesas que hicieron en campaña. Si hace lo contrario, en tres años estará afuera del hemiciclo legislativo. La discusión que observamos, sobre todo en el principal partido de oposición, cuando se eligen funcionarios de segundo grado o se debate la aprobación de préstamos internacionales que necesitan de mayoría calificada, debería responder precisamente a esas razones y no a divisiones internas o compra de voluntades. Pero ese es precisamente el reto: saber comunicar por qué se aparta del grupo parlamentario sin que lo acusen de tránsfuga o corrupto.

La trampa. De Cristian Villalta

La urgencia con la cual Cristian Villalta reclama la ausencia de un debate serio, sobre todo en el seno de la sociedad civil, es válida – aunque no estamos de acuerdo con todo su diagnóstico, ni con su pesimismo. Los partidos, pero también los generadores de opinión desde la sociedad civil, harán bien tomar en serio los planteamientos de Villalta, estén de acuerdo o no con cada una de sus afirmaciones. Reflejan un malestar real de muchos, y una deficiencia de los partidos de definir y comunicar con claridad sus propuestas y soluciones en cuanto a la crisis fiscal, las pensiones, la violencia, la falta de crecimiento. Ojala esta crítica tan generalizada de Villalta provoque los debates necesarios.

Segunda Vuelta

CRISTIAN VILLALTACristian Villalta, 16 octubre 2016 / LPG

No creo que nuestros políticos puedan hacer mejor las cosas. Lo siento por sus fans, alguno de ellos gente a la que admiro pero que padece de un optimismo parecido a la locura.

El último triste ejemplo de lo que estos conciudadanos pueden hacer contra nuestra convivencia se tejió alrededor del tema de las pensiones, con unos y otros actuando desvergonzadamente, arrastrando un tema de inalienable relevancia estructural a la pobreza de la politiquería tradicional y de esa anacrónica y barriobajera guerra fría que aún mantiene ocupados a ARENA y al FMLN.

la prensa graficaEsa miopía y esa superficialidad en el análisis característica de los debates parlamentarios se extiende tristemente como lepra a toda la sociedad. Es como una plaga que invade las mesas de discusión, las opiniones, los comentarios, un germen maniqueo que contagia a las mejores mentes del país.

Entendiendo que debatir es construir, negociar, ceder, vivir en la coincidencia y respetar la divergencia. No hay una sola cosa sobre la que los dos institutos políticos de país con más afiliados hayan debatido en toda esta administración.

¿Seguridad pública? Unos y otros se acusan de ser admiradores de las pandillas. ¿Recaudación fiscal? Visiones contrapuestas. ¿Austeridad en el Gobierno? ¿Transparencia? ¿Ninis? ¿Inversión en capital humano? No hay puntos de encuentro ni un vocero acreditado y creíble que tienda un puente. Y tras cada intento real o propagandístico de negociación, adviene el corifeo de críticos patrocinados por unos y otros, la máquina de desacreditación digital sponsoreada por unos y otros, y la generosa colcha de la mediocridad con la que arropan a nuestra patria todas las noches.

Principal abono de este escenario es la estrategia discursiva del Gobierno. Aunque Sánchez Cerén se haya convertido en el León Tolstói del Trópico y hable de diálogo y de amor, los eunucos del palacio le viven atizando a todo el que disiente con las medidas gubernamentales. Además de antidemócrata, es un método cobarde que no le envidia nada a las porquerías de los gobiernos areneros que el FMLN criticaba.

El Salvador necesita romper su sometimiento a los partidos políticos. Esos instrumentos no bastan para conducir al país, y en algunos escenarios son una ilusión, una metáfora, una deformación de la representatividad que en lugar de dinamizar la construcción de ciudadanía, la desmantela.

Peor aún, en temas de relevancia estructural como los relativos a recaudación fiscal o tamaño del aparato público, la suma de los intereses representados en la tribuna por FMLN y ARENA no equivale a los de la mayoría de los ciudadanos. En tal sentido, ellos monopolizan un espacio en el que deberían confluir más y mejores visiones de la nación y del Estado; al ocuparlas sin abrazar el diálogo como método, ambos partidos boicotean la democracia.

La sociedad civil tendría que ser el caldo nutricio de los partidos; el secuestro del debate público es tal que ninguna fuerza ciudadana puede participar en las mesas en que se escribe el futuro del país si no es a través del FMLN o de ARENA. Mientras eso no cambie, los salvadoreños seguiremos en medio de un pleito entre dos facciones económicas, una de viejo y otra de nuevo cuño.