Cristian Villalta

Luz. De Cristian Villalta

A efectos, prácticos lo sustancial —la marginalidad, la exclusión, el diseño alienado del Estado— no cambió, y la nación salvadoreña continúa defraudada y desilusionada.

cristian villaltaCristian Villalta, 3 diciembre 2017 / La Prensa Gráfica

Estimado señor. Desde que usted se fue, mucho pasó. Y desde que usted se fue, poco cambió.

Como usted lo temía, hubo una guerra que enfrentó a hermano contra hermano. Como usted lo advirtió, el proceso popular hacia la justicia social era endeble y corría el riesgo de convertirse en mero ejercicio de la violencia.

Sobrevivimos a la guerra por tozudez, porque en el corazón de los nuestros a falta de sabiduría siempre hubo esperanza y porque la mayoría de salvadoreños se abraza de modo célebre a la vida porque es lo único que tienen, lo único que es suyo y no prestado.

LPGLógicamente, la índole de la variedad que usted reconocía como inherente a nuestra nacionalidad y a la fe cristiana fue atacada de modo virulento en esos años. La intolerancia que arrodilla y nubla el juicio de los salvadoreños del siglo XXI fue sembrada ferozmente en esa década.

Ya no es solo ejercicio sistemático de la fuerza como método de seguridad pública. Lo que le describo es natural intolerancia al que es distinto, un germen destructor que no purgamos ni después de los miles de muertos de aquella guerra. Usted aseveraba que la violencia es solo un fruto del crimen y que su modalidad mortal es pecado venga de donde venga. Sin embargo, ahora como antes nuestra sociedad matiza el asesinato. Es lo que aprendió desde 1932.

Por cierto, los militares ya no gobiernan. La idolatría a la institución armada efectivamente terminó aunque desde el poder civil se escuchan con insensata frecuencia apologías de la represión para justificar el aumento de la esfera de influjo militar. Se sorprendería al reconocer entre los rostros de esos apologistas a algunos de los jóvenes que denunciaban la represión paramilitar hace 40 años. Ellos gobiernan ahora.

Eso fue posible merced a unos acuerdos que aliviaron la carga de terror y sangre de la nación. Quizá fueron las semanas más honrosas de nuestra historia, con tantas personas de signo contrario, algunos de ellos enemigos todavía hoy, sometiendo intereses personales o sectarios al bien común, hasta que a unos y otros se les antojó amnistiarse de sus crímenes.

Desde entonces, el ejercicio político cambió, y en ese orden la rueda de la historia dio una vuelta de 180 grados hace algunos años, cuando un hombre que no estaba asociado al círculo tradicional del poder ganó la Presidencia de la República. Usted no le conoce; él a usted, tampoco.

Sí, hubo alternancia en el Gobierno; y lamentablemente, el rayo de salvación que usted esperó, del que tanto habló, no ha llegado. A efectos prácticos, lo sustancial —la marginalidad, la exclusión, el diseño alienado del Estado— no cambió, y la nación salvadoreña continúa defraudada y desilusionada.

Discúlpeme si sueno pesimista o malagradecido. El esfuerzo y la vida de tantas personas, la sangre de los mejores de dos generaciones no debe desperdiciarse. Y sí, acaso estemos a la puerta de una época fabulosa, pero antes necesitamos a un líder, uno al menos que se resista a mentirle a la nación, que no le venda odio ni división y que la invite a sacrificarse para garantizar un país que no verá. Uno que tenga algo de verdad… un poco de verdad es siempre un montón de luz, Monseñor.

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Villano. De Cristian Villalta

Veintitrés años después de su fundación, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos visitó El Salvador. Lo hizo por invitación del gobierno para discutir los avances y los retos en materia de derechos humanos. A su regreso a Ginebra, dedicó a nuestro Estado unas declaraciones sobre las que todo salvadoreño debe meditar.

CRISTIAN VILLALTA

Cristian Villalta, 19 noviembre 2017 / La Prensa Gráfica

Entendamos que el Alto Comisionado tiene como uno de sus principales objetivos ser el portavoz de las víctimas de cualquier crisis de derechos humanos en el mundo, y que su autoridad moral se superpone a cualquier consideración política o ideológica nacional.

Dicho de otro modo, sus manifestaciones no pueden ser descartadas con un argumento superficial ni con un exabrupto barato, como este gobierno estiló el último año cada vez que se le preguntó sobre garantías constitucionales y su amenaza bajo la excusa de la militarización de la seguridad pública.

LPGEl Alto Comisionado, Zeid Ra’ad Al Hussein, se refirió en esencia a cuatro realidades de la democracia salvadoreña: que los índices de violencia, especial por la acción pandilleril, son escandalosos y dieron pie al “retorno de los escuadrones de la muerte”; que hay desplazamiento forzado a consecuencia de estos fenómenos; que las condiciones del sistema carcelario son inhumanas; que El Salvador es el lugar más peligroso para cualquier mujer en Centroamérica.

Al Hussein dejó estas recomendaciones a nuestro gobierno: derogación de las medidas penitenciarias extraordinarias y acceso de organizaciones internacionales a los centros de detención; ratificación del Protocolo Facultativo de la Convención contra la Tortura; reconocimiento oficial del desplazamiento forzado continúa a consecuencia de la violencia; suspensión del artículo 133 del Código Penal sobre el aborto consentido y propio; revisión de todos los casos de detención por ofensas relacionadas con el aborto.

Asimismo, expresó su estupor al constatar que de entre un centenar de crímenes cometidos durante la guerra civil, incluyendo célebres casos de lesa humanidad, solo tres investigaciones hayan sido reabiertas tras la declaratoria de inconstitucionalidad de la Ley de Amnistía.

¿Qué diferencia hay entre lo descrito por el Alto Comisionado y decir que el Estado salvadoreño sufre una crisis de derechos humanos? ¿No es obvio que la dignidad de la persona humana no es un derecho sino un privilegio del que solo gozamos algunos en nuestro país?

Una nación con tal triste pasado en esta materia tiene que abrazar decididamente esta discusión; esa deficiencia ha estado a la base de los cíclicos episodios de violencia de nuestra historia contemporánea, letanía de muertos que debió concluir en 1991. Pero nuestro Estado continúa funcionando como una fábrica de víctimas, jóvenes pobres y sin posibilidades, y si estas víctimas son mujeres, condenadas a un oprobio adicional.

Simán, Calleja, Bukele y cualquiera de los dos Martínez, todos los candidatos de 2019 deben pronunciarse claramente sobre la en absoluto secreta precariedad en que yacen los derechos humanos de nuestros adolescentes y jóvenes. Y tomar una posición orgánica que rebase los ademanes y la publicidad.

El futuro que piensen para El Salvador, cualquiera que ese sea, requiere de políticos valientes anclados en el hoy. No se trata solo o de maquillar a la administración actual o de sacar al Frente del aparato; en materia humanitaria se debe rediseñar al Estado, el gran villano de nuestra crónica nacional.

Lea el informe que el Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas publicó luego de su visita a El Salvador

¿Serán? De Cristian Villalta

Alguien debe devolver la decencia a la discusión política; eso incluye decirnos la verdad sobre la viabilidad del país y sobre cuánto nos costará el futuro…

Christian Villalta, director de El Gráfico

Cristian Villalta, 22 octubre 2017 / LA PRENSA GRAFICA

Hay un velo de pesimismo sobre las elecciones, producto de dos nociones tristemente populares en nuestra nación: irrelevancia de la política y corrupción de los políticos.

En la práctica, el ejercicio electoral de 2017 es poco apasionante y su desenlace es predecible. En las legislativas, es imposible que el oficialismo conserve sus números en la Asamblea, aun con lo poco atractiva que es la oferta parlamentaria de su opositor. El desgaste de la imagen del FMLN es incuestionable, y ese es el principal capital de campaña de ARENA, pese a que su fracción ha estado a la altura apenas intermitentemente y a los episodios de locura propagandística de algunas y algunos.

LPGPero eso no significa mucho. Hace dos años y medio, el FMLN consiguió 13 mil votos más que ARENA a escala nacional, y solo el sistema de escaños por residuos le privó de tener fuerzas parejas en el parlamento; de 2018 no saldrá con mejor correlación, pero mientras conviva con GANA o cualquier otro vehículo igual de “voluble”, la aritmética legislativa no variará dramáticamente, al menos en el último año de gobierno (amén) de Sánchez Cerén.

Y sobre las municipales, la única elección de concejos con interés superior al de su municipio será la de San Salvador; gane o pierda la alcaldía, esa noche sabremos finalmente a cuánto asciende el voto duro del FMLN en la ciudad capital, dato de gran utilidad para todo el espectro partidario.

Muchos hablamos de estos eventos con el mismo interés que cuando hablamos del fútbol o del clima, pero con una mezcla de resignación y convicción acerca de lo irrelevante que son esos movimientos en el mando del primer órgano o de la cosa municipal. El sentimiento se multiplica cuando la conversación gira alrededor de la otra elección, la de 2019.

Ya conocemos el guion de la próxima presidencial. A nivel de discurso, “rescatar el país” vs. “defender los cambios”; a nivel emocional, convencer al país que aquella administración fue más ladrona que la mía, y viceversa. Y no más.

No más porque si FMLN y ARENA comienzan a explicarnos sus planes de seguridad, salud y educación para el quinquenio siguiente, no encontraríamos diferencias sustanciales. Sus principales discusiones durante esta década nacieron cuando desde el Estado o se afectaron intereses empresariales tradicionales o se benefició a nuevos capitales en la esfera de influencia del oficialismo. Pero cuando se trata de la gestión del recurso público para aliviar un poco a la población más vulnerable, los matices son ideológicos, puro maquillaje. Entre unos y otros, la represión con desparpajo castrense despierta más pasiones que el vaso de leche.

Por eso es que la política nos interesa cada vez menos. Claro, es culpa de los políticos, de su descaro, de su falta de compromiso y de un etcétera que Guillermo Gallegos alarga cada vez que puede. Pero sobre todo se debe a que la política se alejó tanto de las necesidades de la nación, que no conmueve sino negativamente la vida de la gente.

Alguien debe devolver la decencia a la discusión política; eso incluye decirnos la verdad sobre la viabilidad del país y sobre cuánto nos costará el futuro, y quiénes más ayudarán a la clase media a financiarlo. Pero, ¿serán los políticos?

Iguales. De Cristian Villalta

CRISTIAN VILLALTA

Christian Villalta, director de El Gráfico

Cristian Villalta, 8 octubre 2017 / LA PRENSA GRAFICA

No idénticos, pero sí iguales.

Esa es al menos la enternecedora pretensión recogida en el artículo 3 de nuestra Constitución Política: la de que todos los salvadoreños somos iguales ante la ley. Y así, para gozar de los derechos civiles, nadie puede aspirar a preferencias sobre otro basándose en diferencias de nacionalidad, raza, sexo o religión.

En 2017, es imposible no ruborizarse con esta noción, sobre todo con el plano de la igualdad relativo a “ante la ley”, ese que opera exclusivamente para proteger a los ciudadanos ante los poderes públicos, limitando sus abusos y obligándolos a respetar a cada salvadoreño de la misma manera.

LPGLas pretensiones de nuestros actuales administradores son hacerle un pie de página a la Carta Magna, y que en letras chiquitas se lea: “Excepto si el salvadoreño vive en una ciudad dormitorio, parece sospechoso, navega en la pubertad, se conduce en transporte público o camina por el centro de San Salvador con apariencia ambigua”.

Que el ministro de la Defensa, señor Munguía Payés, celebre que el personal militar se dedique otra vez a labores de seguridad pública, ahora con auxilio de toda la utilería castrense, es razonable. Reacción primitiva de un hombre primitivo. Pero que civiles en el Gobierno, especialmente el vicepresidente de la república, insistan con una retórica guerrerista, vecina a la limpieza social, es grave. Si los salvadoreños ya no somos efectivamente iguales ante la ley, ¿qué posibilidades tenemos de que la ley se nos aplique de modo igualitario?

El rubor ante la idea de igualdad en nuestra nación también pasa por la indecencia de nuestra clase política. Sin excepciones. Y por tal me refiero a que la principal piedra de tropiezo para el avance democrático de El Salvador lo representan precisamente ellos, instalados no solo ni principalmente como operarios de los poderes fácticos, sino como una oligarquía dentro del aparato público, que con independencia de la temática gana con cada crisis y con cada controversia. El pago de pensiones es apenas el último ejemplo.

Debido a la codicia de nuestros políticos, la democracia no funciona: el poder sale del pueblo, pero las recompensas de esa activación se quedan en la política, no suelen volver al “demos”. En esa cleptomanía al gobernar y en ese desprecio para con la nación, ARENA y FMLN fueron formidables alumnos del PCN.

Si algo inspira a nuestros políticos y principales servidores públicos es la singularidad de sus beneficios y prebendas, y no quieren renunciar a ellas aunque la sociedad lo demande y la situación lo exija. Son, llanamente, unos miserables.

¿Qué, sino, podemos decir de todos esos ministros, diputados y mandos medios que gozan de un seguro médico privado que es cortesía de los contribuyentes? En un país en el que endémicamente los hospitales no tienen suficientes camas, en el que llegó a haber desabastecimiento de más de 350 medicamentos hace tres meses, y en el que la próxima cita puede ser dentro de seis meses, solo un cretino puede creerse merecedor de tales prebendas.

¿Quiere un seguro médico privado? Págueselo usted. O pregúntele a sus electores si usted se lo merece más que ellos. Le dirán que lo mismo para los mismos no es igualdad.

Esperanza. De Cristian Villalta

Y para ahorrarnos el gasto en policías, tanquetas y fusiles, ¿por qué mejor no matamos a nuestros enemigos antes de que crezcan?

CRISTIAN VILLALTA

Christian Villalta, director de El Gráfico

Cristian Villalta, 24 septiembre 2017 / LA PRENSA GRAFICA

Entiendo que matarlos por hambre o desnutrición les parezca más congruente con el actual estado de las finanzas públicas, es ideal matar sin hacer nada más que ignorar los deberes constitucionales, y que eso no cuesta un peso, pero no hay garantías de triunfo, Óscar. La resiliencia de esa gente es casi una necedad.

Tampoco envenenarles la leche garantiza nada, aunque se agradece la sugerencia, ministro. Recuerde que la mayoría de ellos no van a la escuela, o en todo caso comenzaron el año escolar pero la deserción puede más, y la idea es aniquilar completamente. ¿Tierra arrasada, no?

Además, si estos periodistas progres y mequetrefes lloriquean por las actividades extracurriculares de algunos de la corporación, ni nos imaginemos la preguntadera que les cogería.

LPGNo nos desanimemos, tenemos un punto a favor. Al fin entendimos que nada bueno puede salir de la pobreza. Que la pobreza produce pobres –gran línea, profe. De modo que los pobres son el enemigo de cara al futuro. Los pobres de hoy no son solo los pobres del mañana, sino que entre ellos inevitablemente están los delincuentes de la próxima década.

Entenderlo no es poca cosa, camaradas. Esa es una visión connatural a la historia salvadoreña. Y los descalzos perdieron siempre, desde los pipiles hasta El Mozote.

Disculpen la pausa. Por la emoción, se me secó la garganta.

Comprendo las dudas de algunos. Con tanta blandenguería política, han perdido el enfoque; una conciencia desenfocada puede volverse escrupulosa. Pero ya parémosle a tanta logística y habladera… Convengamos en que si los agarramos desprevenidos, advendría un triunfo militar inobjetable. Esa guerra sí la podemos ganar. Y no es poca cosa, desde Sánchez Hernández no ganamos una.

Y antes de que alguno acá objete mamarrachadas tipo derechos humanos, de la niñez y otras sensiblerías pequeño burguesas, le invito a que recuerde aquellas horribles noches, oculto en la montaña.

¿Qué les mantenía despiertos, pese al hambre, parados y ateridos, con piojos desde el pelo hasta las botas? ¿El espíritu bolivariano? No, Medardo, siga durmiendo.

Les mantenía esa enfermedad, ese mal endémico de ciertos pueblos que se llama esperanza. Ese germen crece y se reproduce ferozmente entre los marginales, los excluidos y los pobres. Por eso es que Jesús les tenía tanto cariño, si eran su clientela.

Claro, la esperanza que nos animaba, bueno, que les animaba a ustedes porque yo estoy acá solo de asesor estratégico, aunque siempre he admirado su causa, Normita, era la del triunfo socialista. Y digo, pues, yo sé que siguen peleando por el socialismo… desde el capitalismo… transición anticapitalista me corrige Sigfrido, gracias. Y eso que ustedes no eran pobres, sino que habían hecho la opción preferencial. Of course.

Pero estos pobres de hoy y sus esperanzas son tan poca cosa. No aspiran más que a salud digna, educación suficiente, libertad de circulación y… esto es lo más risible… seguridad adonde viven. Y después, toda esa plataforma neoliberal de espacio público, identidad nacional, igualdad sustantiva. Babosadas, pues, nada que conmueva el curso de la historia. ¿Qué van a saber de dialéctica si solo saben de hambre?

Por eso, mis estimados camaradas, antes que nuestros enemigos se contagien de esperanza y luego se les transforme en desencanto, y del desencanto pasen a la rabia, al brinco, la pertenencia y el delito, les recomiendo que nos anticipemos y que les entremos a sangre y fuego.

Al enemigo por su nombre: cualquier niño sospechoso de ser pobre, con el agravante de ser salvadoreño.

Can-di-da-tos . De Cristian Villalta

A muchos de nuestros políticos les vendría bien callarse la boca.

CRISTIAN VILLALTA

Christian Villalta, director de El Gráfico

Cristian Villalta, 10 septiembre 2017 / LA PRENSA GRAICA

Cuántas veces el piadoso lector no habrá pensado, al leer o escuchar al diputado o ministro de moda esa semana, “¿y estos sabrán leer y escribir o sólo firmar?”. Y digo “de moda” porque, como si recorriéramos los pasillos de un circo de esperpentos, nuestra fauna política es de fugaz notoriedad, como corresponde a gente sin sustancia, sin discurso sobre cosa alguna, sin posiciones personales sobre los temas de la polis, puro efecto, tan relevantes como unos ejotes en el almuerzo. Personajes de nuestra política que, conscientes de su incapacidad para capturar opinión pública a través de la dialéctica, se resignan a obedecer a sus publicistas. Y así salen a la luz la pirueta de la melaza, el hombre Marlboro, las cunas de cartón y otros bodrios.

LPGPasemos de largo sobre la solvencia moral con la que opinan. Desde el día en que Guillermo Gallegos juró como presidente de la Asamblea Legislativa para luego protagonizar un chusco monólogo sobre la Biblia, el Centro de Gobierno superó a Macondo.

No se trata de demandar decencia como condición “sine qua non” para el ejercicio público y los cargos de elección popular; “faltaba más, no nos pongamos puristas”, diría ese renacentista de la curul que se llama Blandino Nerio. Pero si se acercan los días en que la chulada de candidatos a diputados y a alcaldes que recorre el espectro ideológico nos pedirán primero atención y después el voto, lo menos que podemos exigirles es un discurso con las tildes bien puestas, que parezca escrito por un estudiante de bachillerato, al menos sujeto, verbo y predicado.

Eso es a nivel estrictamente formal, porque lo otro, que es aguardar por un debate valiente y sincero sobre los problemas de la ciudad o del país, no ocurrirá.

Además de una expresión mediocre, de un desconocimiento abrumador de la sintaxis y de una supina ignorancia de la Historia disfrazada de posmodernismo, si algo caracteriza a una persona vulgar, malamente educada, es su intolerancia por los que piensan distinto. Y este último rasgo es distintivo de la mayoría de voceros del FMLN, y de más de los representantes que el partido ARENA quiere reconocer.

Su rechazo a la discusión, a la argumentación, al refuerzo táctico, es de tal porte que se resisten incluso a establecer una posición. ¿Cómo es posible que en medio de la crisis fiscal ninguna de las dos fuerzas políticas mayoritarias le haya dicho al país que se vienen más impuestos? ¿Cómo es posible que, en lugar de debatir sobre la recuperación del espacio público como parte de la estrategia contra las pandillas, los municipios más importantes del país se dediquen a la virguería? ¿Por qué se les antoja más recrear una corte de eunucos digitales que les aplauda las “agudezas” que debatir en el país real, ese lugar a la vez violento y sublime, sordo y necesitado que se llama El Salvador?

Todo eso es posible porque en la política tenemos un alarmante per cápita de incapaces por kilómetro cuadrado que hicieron de una cosa la cosa, o para que nos entendemos mejor, mi querido Othon, del insulto el discurso.

Uno, al menos uno de los candidatos al concejo o a la diputación de su departamento tendría que ser mejor que usted o que yo; no me refiero a la moralidad ni al imperativo categórico, a si creen en todos los santos o si saludan de beso en el cachete a los LGTB. Me refiero a que sean más educados y cultos que sus votantes y a que sepan deletrear mejor que María Paz.

La cháchara. De Cristian Villalta

A nuestro gobierno no hay que creerle ni la incapacidad. Si parece que varios diputados del FMLN, así como algunos ministros, no conectan con la población y no tienen sensibilidad en temas delicados de la agenda pública, no hay que tomárselo de modo literal.

CRISTIAN VILLALTACristian Villalta, 30 julio 2017 / LPG

La intervención del presidente de la república a media semana pareció prueba final de una desconexión con la población. Creer que los salvadoreños abrazaremos mensajes de siniestra ambigüedad es ignorar nuestra historia moderna, la inercia de esta época, y abstraerse de las conquistas en materia de separación de poderes y orden constitucional que la sociedad, Frente incluido, debería considerar orgullosamente suyas. Pero ¿qué hubo de auténtico en esas palabras?

LPGNo estoy discutiendo que el partido oficial ha perdido la huella de muchos de sus votantes, que no encuentra el rastro de la izquierda académica, que rompió sus vasos comunicantes con la clase media. Ese divorcio paulatino con el interés de la mayoría, por obvio que este sea, es resentido cada cinco o 10 años por cientos de miles de votantes que desprecian a aquellos a quienes eligieron como sus representantes en el Ejecutivo. Esa ha sido la dinámica de nuestra vida política en democracia. Tal divorcio ocurre no porque los políticos sean todos corruptibles o el poder esencialmente corrupto, sino porque a más tiempo en el Gobierno, más ideología y menos pensamiento.

Lo vimos con ARENA, que aún no se recupera de sus años en el poder, y ahora con el FMLN: el pensamiento es sustituido por la ideología. Y no ideología de derecha o izquierda, sino a una versión menor y menos digna, que es la pura mentalidad ideológica, es decir, una visión sin filosofía ni metafísica ni cosa alguna que la respalde que reemplaza el razonamiento por eslóganes y descalificaciones, y que no aspira sino a la conservación del estado de las cosas y a simular lo políticamente correcto.

Si sumamos las declaraciones brindadas esta semana por Sánchez Cerén, Mata Bennett, Lorena Peña y Roberto Lorenzana, voceros representativos del oficialismo, establecemos rápidamente la naturaleza del contenido, la lógica del método y el tenor de los meses que vienen. Y toda la narrativa gubernamental puede resumirse como patrañas.

Denominador común en sus discursos, se simplifica la insolvencia de nuestro sistema previsional, reduciendo un problema multidisciplinario a mera agenda arenera de los magistrados de la Sala de lo Constitucional; ni el más militante de los dirigentes del FMLN se cree ese argumento, reduccionismo de cátedra. Y sobre esa base, cada uno puso algo de su cosecha personal: manierismos revolucionarios poco creíbles en el doctor Mata, sarcasmo bien logrado en la diputada Peña, casi marasmo emocional en Sánchez y nada en Lorenzana.

¿Por qué el partido en el Gobierno no quiere pasar de la cháchara ideologizante en el tema de las pensiones? Quizá porque considera que poner el énfasis en la retórica contra las AFP y sus propietarios es más conveniente en estos tiempos electorales, le permite reconectar con su votante duro a través de una neocruzada contra el capitalismo y echar mano del resto de páginas del manual de Martita Harnecker. Y todo eso mientras el futuro de los jubilados de hoy y mañana es cada vez más negro.

Talvez en otra época habríamos aplaudido este derroche de pragmatismo, pero a aquellos en el FMLN que camuflan la independencia y fuerza de su pensamiento, acomodados entre lo que han acumulado y la aprobación de sus mentores, solo cabe reclamarles por su inacción y silencio. Sería preferible tener incapaces auténticos a gente inteligente pero domesticada y cobarde.