Mes: enero 2018

Sobre los intelectuales-cebolleta. De Manuel Cruz

El intelectual vendría a ser quien esclarece, porque trae a la conciencia de la mayoría de personas aquello que, sin saberlo a ciencia cierta, pensaban. Su compromiso es únicamente con sus ideas: decir lo que piensa y no otra cosa.

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Manuel Cruz,  catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona y diputado del PSOE

Manuel Cruz, 31 enero 2018 / EL PAIS

El término intelectual apenas conserva unas pocas briznas de su antiguo prestigio, de cuando dicha figura venía a constituir una modalidad secularizada del sacerdote y se le atribuía una enorme autoridad para emitir juicios de valor sobre cuanto pudiera ocurrir en la esfera pública y buena parte de la privada. Hoy en día para conseguir el mismo efecto sobre la ciudadanía hace falta reunir un número muy elevado de profesionales de la cultura, como si la cosa ya fuera al peso, y para alcanzar la repercusión que obtenía alguno de aquellos intelectuales de antes con sus argumentos no hubiera otra que recoger una abundante cantidad de firmas.

Esta patente devaluación de la figura a menudo se interpreta en una clave equivocada. Como si lo que ya no existieran fueran intelectuales de una superioridad intelectual y moral tan notable como la que supuestamente poseían los del pasado. Cuando tal vez la clave debería ser la contraria, y habría que empezar afirmando que el secreto de la autoridad que se les atribuía nunca residió en esa presunta jerarquía sino casi en su opuesto. De ahí que quizá la definición más adecuada del intelectual se podría resumir en unas pocas palabras, sin duda para muchos exageradamente modestas: intelectual es aquel que tiene algo que decir.

el paisDe aceptar la definición de urgencia, lo que caracterizaría a la mejor versión de esta figura no sería su superioridad, su excepcionalidad o ninguna otra forma de supremacía sino, más bien al contrario, su completa, absoluta y perfecta normalidad. Esto es, el hecho de que fuera capaz de plantear y argumentar unas ideas susceptibles de ser entendidas y aceptadas por el máximo de gente o, si se prefiere, de decir unas palabras en las que cualquiera se pudiera reconocer. El intelectual vendría a ser quien esclarece porque trae a la conciencia de la mayoría de personas aquello que, sin saberlo a ciencia cierta, pensaban. La tarea que tendría encomendada sería entonces la de acompañar a sus interlocutores en el camino de la autoclarificación, tarea que finalizaría en el momento en que estos consiguieran acceder a su particular ¡eureka!

No hay otra opción que señalar lo que uno
cree estar viendo, incluso a riesgo de cebolletismo

Recuerdo una entrevista con Fernando Fernán Gómez que leí hace unos años. En ella reconstruía su trayectoria, centrándose especialmente en su faceta como director de cine, e iba pasando revista a las películas de las que había quedado más satisfecho a nivel personal, a las que habían tenido mejor crítica, sin olvidar aquellas que habían resultado un auténtico fiasco en taquilla. En un momento dado de la entrevista, al ser preguntado precisamente por la película de la que había quedado menos contento, hizo referencia a una, cuyo título no consigo recordar, pero respecto de la que sí recuerdo bien las razones de su descontento.

Había sido, comentaba, una película de autoencargo. Esto es, alcanzada una cierta altura de su carrera, Fernán Gómez llegó al convencimiento de que había adquirido el suficiente dominio del oficio y de los gustos del público como para llevar a cabo un producto con unas características tales que tuviera el éxito asegurado. Filmó esa película y el resultado fue un desastre. Entonces descubrió que lo que debía hacer no era, artificiosamente, ponerse en la piel de otros y realizar algo a la medida de lo que les atribuía, sino permanecer lo más fielmente en su propia piel y dirigir las películas que a él le gustaran, confiando en que gustaran también a mucha gente.

Así fue como consiguió grandes creaciones. No había más secreto: ser lo más veraz posible y, desde esa sencilla afirmación de sí mismo, conectar con los espectadores. Materializaba con este nada pretencioso comportamiento lo que antes señalábamos, esto es, asumía que sus gustos no eran excepcionales sino perfectamente comunes y que lo que a él le emocionaba podía emocionar a cualquiera. Lo más íntimo es lo más universal, escribió el poeta hace muchas décadas, y de nuevo este sencillo criterio resultaba ser el camino más directo para acceder al alma del mayor número de personas.

Lo más íntimo es lo más universal y lo más
directo para acceder al mayor número de personas

Es desde semejante perspectiva desde la que (re)cobra su sentido la vieja expresión “compromiso del intelectual”, así como la afirmación según la cual el compromiso del intelectual es únicamente con sus ideas. En efecto, esta figura, definida por su sencillez, también viene obligada por un compromiso a su vez sencillo: decir lo que piensa, y no otra cosa. No, por ejemplo, lo que sus lectores estén esperando que diga, lo que él crea que es más conveniente para sus intereses, lo que entienda que puede agradar al editor del medio para el que trabaja o cualquier otra consideración ajena al pensamiento mismo. Rechazar estas tentaciones tiene sus riesgos, claro está. El específico fracaso que aguarda a quien mantiene en la plaza pública lo que de veras piensa en su fuero interno es quedar descalificado por otros, verse refutado por los acontecimientos o ser incapaz de dar cuenta de aquello que pretende explicar.

Intentaré ilustrar en primera persona lo que estoy pretendiendo sostener. En los últimos tiempos, a menudo he tenido la impresión de que los comportamientos y las palabras de algunos de los nuevos protagonistas que irrumpían en la vida pública de este país, anunciando una regeneración radical, no me venían de nuevas. Al contrario, me provocaban la poderosa sensación de que la película que protagonizaban, supuestamente recién estrenada, yo ya la había visto. De inmediato, lo confieso, me asaltaba el temor a estar incurriendo en el imperdonable pecado de cebolletismo (por el legendario abuelo Cebolleta de los tebeos de mi infancia, que todo cuanto ocurría lo relacionaba con algún episodio de su lejana juventud), esto es, la resistencia a aceptar los cambios y novedades que acompañan al devenir de la historia. Pero, inevitablemente, me preguntaba a continuación: ¿hay otra opción que señalar lo que uno cree estar viendo?, ¿acaso resulta aceptable ocultar lo que se piensa por el miedo a según qué tipo de críticas, o a las críticas de según quién?

Para mi tranquilidad y alivio, el tiempo se encargó de demostrar que, en efecto, estábamos ante un mero remake de una vieja película. Un remake que, lejos de hacernos olvidar la versión original, conseguía que la añoráramos intensamente. Pero, de cualquier forma, más allá de que en unas ocasiones el tiempo nos pueda dar la razón y en otras quitárnosla, no hay para ese particular profesional del espíritu que es el intelectual más alternativa que la de correr el riesgo de decir lo que piensa, sea esto lo que sea. Por más que a continuación twiter, facebook y similares puedan rugir o incluso arder en llamas.

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La otra elección. De Luis Mario Rodríguez

Los ataques a la autonomía de los magistrados, especialmente a los de la Sala de lo Constitucional, se han incrementado, llegando incluso a la amenaza de procesarlos penalmente una vez concluya su período como miembros de esa instancia.

Luis Mario RodríguezLuis Mario Rodríguez, 1 febrero 2018 / El Diario de Hoy

Los diputados que integren la Asamblea Legislativa a partir del 1 de mayo elegirán a cinco nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Esta designación tendrá lugar en julio. Los legisladores deberán escudriñar los antecedentes de treinta candidatos procedentes, la mitad de ellos producto de la elección que efectúan los abogados, y el resto, de la lista que envíe el Consejo Nacional de la Judicatura.

EDH logSobre este tema existen dos posibles escenarios: el primero, una eventual acefalía en la Sala de lo Constitucional por no lograr las fuerzas mayoritarias un acuerdo que atienda los mandatos de la Constitución, situación que pondría en riesgo la tutela de los derechos fundamentales; y el segundo, una elección con criterios políticos que no responda al perfil del magistrado establecido en la Ley Fundamental y en las sentencias dictadas por la actual Sala, cuyos miembros ya no estarán en funciones y, por tanto, no ejercerían ningún control de legalidad.

La Fundación para el Debido Proceso, un organismo internacional de carácter privado, de reconocido prestigio por su labor a favor de la justicia en el Continente, anunció que vigilará la transparencia de la designación de los nuevos magistrados. Varias universidades y organizaciones civiles solicitaron también a la OEA su asistencia. Este último organismo hemisférico veló por la limpieza del nombramiento de los jueces de la CSJ en Ecuador durante el 2005. Asimismo el gobierno boliviano requirió de nuevo los oficios de la OEA para resguardar las elecciones judiciales que se realizaron en diciembre de 2017.

Son preocupantes las señales que se observan en el caso salvadoreño. Los ataques a la autonomía de los magistrados, especialmente a los de la Sala de lo Constitucional, se han incrementado, llegando incluso a la amenaza de procesarlos penalmente una vez concluya su período como miembros de esa instancia. Este comportamiento denota una clara intención de elegir para los siguientes nueve años a personas que no continúen con la labor desarrollada desde el 2009 por la Sala. Semejante realidad enfrentaría al país a una crisis de gobernabilidad por la reversión de la jurisprudencia que ha contribuido a fortalecer varios ámbitos del sistema político y democrático.

Durante los últimos ocho años la justicia constitucional ha impactado positivamente al sistema político y a la democracia salvadoreña. Las diferentes resoluciones han fortalecido el acceso a la información pública, la transparencia y el combate a la corrupción.

Se han sentado precedentes relativos a la “despartidización” de las instituciones públicas. Entidades como la Fiscalía General de la República, la Corte de Cuentas, el Tribunal Supremo Electoral y la misma CSJ, entre otras, estaban cooptadas ideológicamente con titulares directamente vinculados a las organizaciones partidarias; algunas mantienen esa distorsión. La Sala también obligó a que el proyecto de Presupuesto General de la Nación contemplara tanto los ingresos como los gastos ya que la práctica, desde hace más de una década, era la de aprobar este instrumento no obstante la omisión de las autoridades de incluir el financiamiento necesario para hacer frente a las inversiones que se proponían.

Otros fallos han generado debate por su influencia en el sistema electoral y en la amnistía que benefició a los que intervinieron en el conflicto armado, tanto guerrilleros como miembros de la Fuerza Armada. Para una parte de la población la Sala fortaleció el sistema de representación y, para la otra, las elecciones se han complejizado. En todo caso la falta de iniciativa de los partidos, que debían revisar periódicamente el funcionamiento del sistema electoral, motivó a los ciudadanos a presentar recursos ante la Sala de lo Constitucional. Quienes hicieron la guerra y principalmente los familiares de las víctimas asesinadas en las masacres cometidas por uno y otro bando festejaron la decisión de la Sala, mientras que otros señalaron que la sentencia vendría a desestabilizar políticamente a la nación que terminó los años de violencia armada con la firma de la paz.

Lo cierto es que esta otra elección es tan importante como la del próximo 4 de marzo. La observación internacional y la atención de la sociedad civil significan una garantía para sostener la independencia de la justicia.

Carta a Mijango: El tamal podrido que te armaron. De Paolo Luers

Paolo Luers, 1 febrero 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

paolo luers caricaturaEstimado Raúl:
Al fin pude leer el mamotreto, con el cual la fiscalía te acusa de extorsión: el plan B, que el fiscal general activó el día de perder el “caso tregua”, el cual terminó con la absolución tuya y de todos los acusados – por falta de pruebas, por contradicciones e incluso mala fe, que el juez señaló a los fiscales.

Inmediatamente ordenaron a incluirte en este caso de extorsión. Leyendo el caso, se nota que lo armaron en carrera y sin convicción. No sé si reírme o llorar.

logos MAS y EDHOtra vez, el ataque va directo al concepto de la mediación, igual que en el caso tregua. Te acusan de extorsionista, cuando actuaste como mediador – a solicitud de la empresa extorsionada. Ellos te pidieron intervenir para llegar con las pandillas a un acuerdo que garantice la vida de sus empleados. Esto fue el objetivo de la mediación. Y lo lograste. La empresa continuó pagando renta, pero gracias a tu mediación, logró su objetivo mayor. La empresa quedó agradecida – hasta que pasó a ser parte del imperio ALBA. Los nuevos directivos, cumpliendo órdenes del FMLN, pusieron la denuncia, porque al gobierno también le interesa erradicar el concepto del diálogo y la mediación. No cabe en su plan de mano dura.

Como el objetivo de la fiscalía es deslegitimar y penalizar la mediación en todos los conflictos relacionados con las pandillas, usan este caso como plan B para joderte.

Aquí las inconsistencias de la acusación que el próximo 7 de febrero llegará a audiencia.

La FGR no presenta ningún indicio de que te beneficiaste de la extorsión. ¿Adónde han visto a un extorsionador que no se queda con una parte del botín?

Acusan también a 20 miembros de diferentes pandillas, pero dejan afuera a los dos cabecillas que organizaron esta extorsión. En la lista de llamadas telefónicas intervenidas que presenta la fiscalía, el que más aparece es el famoso “Piwa”, Marvin Adalí Quintanilla Ramos, figura clave en el caso Jaque como supuesto arquitecto financiero de la MS. La fiscalía comprueba que fue la persona que coordinó toda la extorsión – pero no lo acusa. Tampoco lo presenta como testigo. Tendrán otros planes con él…

Presentan un montón de llamadas intervenidas, pero en ninguna te mencionan. Además, todas estas grabaciones son del 2015, pero las presentaron como pruebas en septiembre del 2017, fuera del plazo que permite la ley. Por esta simple razón, no solo se las va a caer el caso contra el mediador, sino incluso contra los extorsionistas.

La contraparte del “Piwa” en la 18 aparece en el requerimiento como testigo criteriado clave “Toreto Uno”. Pero en el caso tregua lo presentaron con nombre y apellido, y con exactamente el mismo testimonio. Se llama Carlos Eduardo Burgos Nuila, alias “Nalo”. E identificó incluso la empresa extorsionada, que ahora aparece bajo clave. Otra incoherencia. Tampoco “Nalo” está entre los acusados. Es el único testigo para involucrarte. Pero testifica, según la misma FGR, que “Mijango persuadió a las pandillas a cambiar la exigencia a la empresa extorsionada”. Lo que indica que actuó de mediador.

Por una acusación tan mal armada la FGR mandó a sacarte del hospital y meterte a Mariona. El 7 de febrero, luego de 5 meses en la cárcel, tendrás tu día en la corte y saldrás libre.

Saludos,

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Carta al vice Ortiz: Ya estuvo. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 30 enero 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Estimado Oscar:
Tu problema es que Gerson es un fiel soldado del partido por convicción, mientras que vos sos un fiel soldado del partido cuando te conviene. Te convino (o por lo menos vos te hiciste esta ilusión) cuando te pidieron acompañar a Salvador Sánchez Cerén como vice, para compensar sus conocidas deficiencias intelectuales y oratorias, y para darle a la fórmula la apariencia de amplitud y unidad.

Acordate que te dije que no te convenía aceptar este papelón, por lo menos si querías mantener vivo tu perfil de renovador. Pero vos asumiste el rol de soldado del partido, dejando al lado tus ideas de renovación y democratización del FMLN. Muy fiel, porque incluso pusiste la cara para una política de seguridad represiva totalmente contraria a lo que predicaste como alcalde.

EDH logAhora querés cobrar el favor y exigir que te dejen competir en igualdad de condiciones por la candidatura presidencial. ¿Realmente te extraña que no te cumplen? Ellos apuestan a quien es fiel por convicción. Vos mismo les comprobaste que no te mueve la convicción, sino la conveniencia. Si no, no hubieras aceptado ser vice de Sánchez Cerén, ni mucho menos dar la cara por una política de seguridad que sabes que no puede funcionar.

Claro que no te permitirán ser candidato. Ellos, con razón, dudan de tus convicciones. En cambio, Gerson es un candidato sin peligro de dar sorpresas: un cuadro del partido, obediente por convicción. Gerson no tiene conveniencias más allá de las del partido. Tiene ambiciones, como cualquier político, pero ninguna que puede entrar en choque con el interés del partido.

Así que ya no tenés opciones. Podrás insistir en primarias, la formalidad de ley está de tu lado, pero ya no las podrás convertir en una batalla política por el futuro del partido, porque ya no tenés bandera política. La vendiste, cuando aceptaste la vicepresidencia. Luego de poner durante 5 años la cara por cualquier burrada y fracaso, ¿cómo vas a volver a levantar a bandera de la apertura, la democracia interna y la transformación del FMLN en un partido moderno?

Hagás lo que hagás, digás lo que digás, de todos modos vas a terminar siendo el que legitima la manera vertical y autoritaria de poner candidato. Podés desistir de tu precandidatura, y terminarás avalando lo que el Politburó dispuso. O podés competir, pero sin igualdad de condiciones, haciéndoles el favor de armar el show de un proceso democrático, pero aun más servirás para legitimar al proceso.

De todos modos, en el 2019 van a perder el poder. Lo que está en juego no es la presidencia, sino el futuro del partido FMLN. Y vos ya no tendrás mucha vela en este entierro. Pero esto no depende de lo que decidás ahora (dar la pelea o apartarte), esto se definió hace 5 años, cuando para convertirte en vice abandonaste la batalla política por un partido diferente.

Así terminará una historia triste. Saludos,

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El reto para el próximo presidente. De Cristina López

Reconstruir la relación con Estados Unidos será indispensable, porque bajo la actual administración la política exterior ha carecido de estrategia alguna fuera del servilismo asqueante para con el Socialismo del Siglo 21 que, fuera de llenar los bolsillos de la cúpula efemelenista con dinero petrolero, fue una política exterior que hizo poquísimo por el salvadoreño promedio.

Cristina LópezCristina López, 29 enero 2018 / El Diario de Hoy

La semana pasada los tres precandidatos presidenciales de ARENA suspendieron simbólicamente su campaña por unos días para visitar, juntos, en bloque, la capital de los Estados Unidos, Washington DC. Durante un conversatorio dirigido a salvadoreños que viven en esta ciudad y en las zonas aledañas de los estados de Maryland y Virginia, los tres precandidatos abordaron varios de los temas pertinentes a la relación de El Salvador con Estados Unidos que, inevitablemente, deberán ser parte de la agenda de la próxima administración presidencial en El Salvador.

EDH logEntre ellos, lógicamente, se encontraban el tema del TPS y la urgencia de buscar otra alternativa para los 200,000 que quedarán desamparados luego que la administración de Trump decidiera, por pura demagogia para complacer al elemento más virulentamente anti-inmigrante de su base. El simple recordatorio de que nuestros gobernantes actuales ven enviar a nuestros compatriotas en peligro de deportación a Catar o a Bolivia como una opción seria, debería servir para prestar atención a las propuestas que cualquiera de estos precandidatos tiene en lo que a reconstruir la relación con Estados Unidos respecta.

Y reconstruir la relación con Estados Unidos será indispensable, porque bajo la actual administración la política exterior ha carecido de estrategia alguna fuera del servilismo asqueante para con el Socialismo del Siglo 21, que fuera de llenar los bolsillos de la cúpula efemelenista con dinero petrolero, fue una política exterior que hizo poquísimo por el salvadoreño promedio.

Durante el conversatorio, el precandidato Javier Simán señaló la patética realidad de que la actual embajadora de El Salvador ante los Estados Unidos no domina el idioma del país en que trabaja. Si bien su deber es atender a los millones de salvadoreños que residen acá, también es responsable de representar a nuestro país frente a las autoridades estadounidenses, por lo que no es pedir demasiado que al igual que tantos salvadoreños que trabajamos en Estados Unidos, se cumpla a cabalidad el requisito mínimo de tener las herramientas de lenguaje necesarias para desempeñar su cargo. Es refrescante saber que de llegar al poder, los precandidatos tomarán en cuenta la importancia de devolverle a la embajada de El Salvador su lugar de relevancia en la capital gringa.

Lo digo porque para Washington DC, políticas aparte, la comunidad salvadoreña es importantísima. Sus contribuciones a la sociedad washingtoniana son apreciadísimas por todas las comunidades, colonias y barrios. Más de un estadounidense ha aprendido a echar pupusas, que son vistas casi como un platillo local de esta capital multicultural, y son varios los gringos que sin ironía alguna pueden verse por la ciudad con camisetas del Mágico o la Selecta. La barra del club de fútbol local es en español, probablemente porque muchísimos de sus hinchas son salvadoreños gritando “¡vamos, vamos United!”. Nuestra gente se ha construido, a punta de partirse la espalda trabajando, un lugar respetadísimo aquí, lejos de su tierra natal.

No es solo por sus remesas que a quien sea que llegue a Casa Presidencial en el 2019 debería de interesarle, más allá de la política electorera, fortalecer los lazos con los salvadoreños que estamos fuera. Es también porque en los últimos veinte años las autoridades gubernamentales le han fallado al salvadoreño en el exterior de manera doble: en primer lugar, creando las condiciones que hicieron que muchos tuvieran que salir huyendo y, en segundo lugar, mostrando incapacidad absoluta para construir un lugar al que puedan regresar. Y ese es el reto para cualquiera que tenga el privilegio de servir como nuestro próximo presidente.

@crislopezg

El TSE es supremo, falta que se lo crea. De Erika Saladaña

Siempre he pensado que el TSE no se ha creído la parte final del artículo 208 de la Constitución, que lo cataloga como “la autoridad máxima en materia electoral”; no se ha adjudicado el calificativo de “supremo”. Asumir este rol implica que tanto en lo administrativo como en lo jurisdiccional el TSE sabe lo que hace y ejerce liderazgo. Pero otra ha sido la historia.

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Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saladaña, 29 enero 2018 / El Diario de Hoy

Hay instituciones que deberían creerse un poco más el rol que les toca desempeñar. Tienen asignadas funciones trascendentales para el desarrollo del país, pero van a paso de tortuga o se conforman con ser simples pasapapeles. Tenemos una Corte de Cuentas prácticamente invisible en la fiscalización de la ejecución del presupuesto general de la nación, un Tribunal de Ética dormido, y así podemos ir analizando cada institución.

La campaña política indudablemente nos hace pensar en el rol del Tribunal Supremo Electoral (TSE). La última elección de diputados para la Asamblea Legislativa, concejos y Parlamento Centroamericano dejó a la vista la vulnerabilidad del máximo tribunal en temas electorales. Se dieron incidentes preocupantes y hasta vergonzosos, los cuales en un país civilizado obligarían a las cabezas de la institución a renunciar. Pero estamos en El Salvador.

EDH logEl conteo de votos duró alrededor de 72 días; difícil echarle totalmente la culpa al voto cruzado cuando solo el 7 % a nivel nacional hizo uso de esta forma de votación. En las Juntas Receptoras de Votos se anularon indebidamente más de 20,000 votos, lo cual quedó evidenciado con el recuento ordenado por la Sala de lo Constitucional para el departamento de San Salvador. Hubo demasiados casos de inconsistencias en las actas, se dieron lamentables desastres técnicos como la falla total del sistema de transmisión de datos y hasta la perdida de la fibra óptica.

Siempre he pensado que el TSE no se ha creído la parte final del artículo 208 de la Constitución, que lo cataloga como “la autoridad máxima en materia electoral”; no se ha adjudicado el calificativo de “supremo”. Asumir este rol implica que tanto en lo administrativo como en lo jurisdiccional el TSE sabe lo que hace y ejerce liderazgo. Pero otra ha sido la historia. En el proceso electoral pasado el TSE fungió como simple observador de los partidos políticos. Estos hicieron lo que quisieron el día de la elección y en el conteo de votos. Se supone que es el TSE quien tiene las reglas claras y debería ejercer el rol de árbitro imparcial, brindar apoyo técnico y estar listo para resolver los incidentes. Pero no. Fue un tribunal prácticamente de adorno.

Una labor más activa del TSE no solo se debería limitar al momento de las elecciones, sino desde el principio del proceso electoral. Pareciera que el TSE no establece ningún filtro para la inscripción de candidatos, obviando por completo que -en el caso de los diputados- estos deben cumplir con los requisitos de notoria honradez e instrucción; además, desatendiendo las prohibiciones para ser candidatos que establece el artículo 127 de la Constitución.

Un ejemplo de lo anterior: el actual Viceministro de Inversión Extranjera, José Luis Merino, se limitó a presentar un “permiso sin goce de sueldo” para ser inscrito en la lista del FMLN, a pesar que la Constitución establece que no podrán ser candidatos a diputados los viceministros de Estado. Avalar dicho permiso sin considerar el fondo de las incompatibilidades establecidas en la Constitución es una interpretación demasiado básica y sin fundamento. Primero, es exageradamente inocente pensar que el hecho de no recibir sueldo lo libera de la incompatibilidad; segundo, existe un acto deliberado de mantener el resto de prerrogativas que van con el cargo, como el fuero, teniendo en cuenta que hay senadores en Estados Unidos pidiendo que se investigue al viceministro por vínculos con el narcotráfico.

Un TSE más activo y acucioso habría dado más análisis a este tema y no conformarse con recibir un permiso sin goce de sueldo. Y como ese ejemplo quizá encontremos a personas con antecedentes penales y policiales activos, con juicios pendientes en distintas instancias jurisdiccionales, entre otras situaciones cuestionables, mientras el TSE se limita a no decir nada e inscribirlos.

Ojalá que el TSE se atreva a asumir el rol que constitucionalmente le corresponde, teniendo en cuenta que todavía falta la ejecución de dos elecciones y más de un año de camino. Ya suficiente tenemos en un país con problemas políticos, sociales y económicos, como para sumarle la desconfianza al ente encargado de supervisar el conteo de votos. Urge que el Tribunal Electoral se crea que es Supremo.

Trump en un mundo mejor. De Héctor Aguilar Camin

Nunca la humanidad ha vivido con tanto progreso y con menos violencia. La paradoja es que en este contexto Estados Unidos haya elegido a un presidente que es un emisario de la utopía regresiva y que representa un riesgo civilizatorio.

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Héctor Aguilar Camin, escritor mexicano, director de NEXOS

Héctor Aguilar Camin, 28 enero 2018 / EL PAIS

Siempre es buen momento para decir que todo anda mal. Quien celebra la bondad de sus tiempos cae bajo la ironía de Voltaire, encarnada en su invencible personaje Pangloss, quien, en medio de guerras y desastres sin fin, creía siempre estar viviendo en el mejor de los mundos posibles.

La novela de Pangloss, que lleva el elocuente nombre de su discípulo, Cándido, es una mordaz demolición del optimismo que acompaña al espíritu del progreso. El progreso existe, sin embargo, pese a Voltaire. El progreso material se prueba por sí solo en la calidad y la duración de la vida humana de hoy, comparada con la de hace 100, 500 o 2.000 años.

El progreso moral también puede probarse por el hecho extraordinario de que el hombre, el animal más peligroso del reino zoológico, es hoy menos sanguinario y cruel de lo que ha sido nunca en su historia. No vivimos en el mejor de los mundos posibles, como quería Pangloss, pero es un hecho que vivimos en el menos violento de los mundos conocidos.

el paisOigo reír al lector, pero esta es la materia asombrosa y consistente del libro de Steven Pinker: The better angels of our nature. Why violence has declined? (Penguin 2011). Pinker demuestra ahí, con lujo de estadísticas históricas, que la humanidad nunca ha sido menos violenta que ahora. Nunca ha muerto menos gente en campos de batalla, ni la guerra ha cobrado menos vidas, como en los últimos 50 años. Nunca la especie humana ha compartido valores civilizatorios tan altos.

La visión de Pinker es cualquier cosa menos un recetario de optimismos históricos. Es una exploración científica de la disminución de la violencia en la historia. Me extenderé un poco sobre los números de Pinker, porque contradicen el saber común, y vale la pena oírlos con algún detalle.

El lugar más seguro para vivir que ha existido en la historia de la humanidad es la Europa Occidental de hoy, donde el índice de homicidios es de 1 por cada 100.000 habitantes. La zona más peligrosa que ha existido nunca es la comunidad de Kato, California, en los años 1840, donde la tasa de violencia llegó a ser de 1.500 homicidios por cada 100.000 habitantes.

La exploración forense de sitios arqueológicos ha permitido medir la increíble proporción de seres humanos que morían violentamente en la prehistoria. En promedio, un 15% de las muertes totales: 524 homicidios por cada 100.000 habitantes. El primer gran arco de disminución de la violencia fue el fin del nomadismo primitivo, esencialmente predador, y la aparición de las sociedades agrícolas sedentarias, que dieron paso a distintas formas de Estado.

El lugar más seguro para vivir que ha existido
en la historia es la Europa Occidental de hoy.

El Estado fue entonces el gran pacificador. También fue el origen de las guerras subsecuentes de la historia: las pequeñas, las grandes y las hemoclísmicas.

Pero, en términos del proceso civilizatorio, como lo llamó Norbert Elías, la violencia que el Estado redujo fue superior a la que creó. El Estado teocrático azteca tenía una tasa de 250 homicidios; muy alta, pero la mitad de la de las sociedades prehistóricas, anteriores al Estado.

La Francia de la Revolución y de las guerras napoleónicas tuvo un promedio de 70 homicidios por cada 100.000 habitantes, cifra sorprendentemente baja comparada con la de siglos anteriores. Las guerras mundiales del siglo XX arrojaron tasas de violencia de 144 muertes en Alemania y 135 en la URSS.

Desde el fin de la II Guerra Mundial, el número de muertos en guerras, entre naciones, guerras civiles, guerras étnicas y religiosas, y actos terroristas, no ha hecho sino descender, al tiempo que asciende en todos los órdenes algo parecido a la “paz perpetua” imaginada por Kant, en la que triunfan, paso a paso, los mejores impulsos de la naturaleza del animal moral que es el hombre: la empatía, el autocontrol, el sentido moral y la razón.

La melancolía social no se disipa con estadísticas, desde luego: en los años en que menos seres humanos mueren en conflictos bélicos tenemos la sensación térmica de un mundo violento como nunca. La caída del muro de Berlín puso fin a la Guerra Fría y abrió paso a un momento de paz y prosperidad cuyo trofeo mayor fue la unificación de Occidente en los valores de la democracia, la prosperidad, el libre comercio, la cooperación entre las naciones, la globalización y el fin del fantasma de la hecatombe nuclear.

La construcción del muro de Trump resume y representa lo contrario: la llegada al poder, en la potencia hegemónica de Occidente, de un presidente cuya utopía regresiva (“Make America Great Again”) está construida con el viejo discurso de la discriminación racial, el rechazo al libre comercio, el unilateralismo diplomático, el aislacionismo estratégico y la amenaza nuclear, vertida en estos días sobre Corea del Norte.

El único riesgo es la confrontación nuclear,
con la que Trump amenaza a Corea del Norte

Apenas puede exagerarse la intensidad con la que se abren paso en los países centrales de Occidente algunos de los viejos demonios aislacionistas, nacionalistas, xenófobos, racistas y aún antisemitas. Es una oleada de regreso a lo peor del pasado ante la frustración por lo peor del presente. Explica por igual el Brexit, el ascenso del nacionalismo, la xenofobia y la derecha en Europa, así como la victoria de Trump, vocero de la parte más vieja, menos abierta al futuro, de su sociedad.

La paradoja no deja de ser inquietante: la sociedad más moderna del mundo ha elegido como presidente al emisario de una utopía regresiva que quiere volver el reloj de la historia atrás y reponer la grandeza pasada de Estados Unidos: con riesgo nuclear, con exclusión migratoria, con discriminación racial, con proteccionismo comercial, con bilateralismo diplomático, con aislacionismo, más que con responsabilidad de gran potencia.

Regreso a Pinker y a su visión del progreso civilizatorio. Si algo falta en ella es la sospecha trágica, probada por la historia, de que los mejores ángeles de nuestra naturaleza suelen ser vencidos por nuestros peores demonios. La primera guerra mundial interrumpe una de las más largas eras de paz y civilización conocida hasta entonces por Europa.

El proceso civilizatorio de los últimos cincuenta años tiene sólo un riesgo, uno solo, de tornarse súbitamente su contrario. Es el riesgo de una confrontación nuclear, el riesgo con el que Trump juega en estos días en su batalla de amenazas contra Corea del Norte. Si sus amenazas tienen efecto, si el dictador de Corea del Norte llega a convencerse de que efectivamente será, junto con su país, borrado del planeta, ¿qué incentivos tendría para no lanzar su propia bomba?

La deriva de Trump no solo representa un acoso a la civilización, sino un riesgo civilizatorio. De modo que vivimos en el menos malo de los mundos posibles, salvo Trump.

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