Manuel Hinds

Un cambio en el viento. De Manuel Hinds

15 enero 2019 / EL DIARIO DE HOY/Observadores

El nuevo año ha traído tres cambios muy marcados en la dirección del viento electoral que prometen producir resultados muy diferentes a los que las encuestas sugieren hasta este momento.

El primer cambio es el que ha dado en la actitud del FMLN con respecto a GANA y su candidato Nayib Bukele. Como lo señalé en “La extraña agonía del FMLN” [https://www.elsalvador.com/opinion/observadores/546343/la-extrana-agonia-del-fmln/], un artículo que escribí hace unas semanas, el FMLN había estado mostrando una actitud sumamente pasiva frente a la candidatura de Bukele, actitud que sus bases habían interpretado como un permiso para que votaran por Bukele y así evitar que ARENA ganara las elecciones. El resultado de esta negligencia había sido que Bukele había crecido muy rápidamente mientras el FMLN había caído igualmente rápido y por la misma magnitud. En ese momento todo el potencial de votos que Bukele tenía se lo estaba quitando al FMLN. Comparando con la votación de la primera vuelta de 2014, ARENA no había ganado ni perdido nada en términos de porcentaje del padrón, mientras que Bukele había crecido en 26.5% del padrón, de los cuales había tomado 16.0% del FMLN y el resto de los indecisos—un resto que había sido del FMLN en 2009 y que lo había perdido ya en 2014. Así, todo Bukele era tomado del FMLN. ARENA no había ni ha perdido nada a Bukele.

Pero en algún momento en las últimas semanas del año, la cúpula del FMLN cayó en la cuenta de que una victoria de Bukele representaría el fin del FMLN porque se apoderaría de sus bases, sus estructuras y su clientela de la misma forma en la que se apoderó de GANA. Como resultado, le explicó a sus bases que no deben votar por Bukele, y está en una campaña de gran intensidad de recuperación de los líderes locales y regionales para retomar sus bases y su espacio territorial. Este proceso está erosionando muy rápidamente a Bukele porque cada voto que retoma el FMLN es un voto que pierde Bukele.

El segundo cambio, que refuerza el primero, es una serie de decisiones tomadas por GANA-Bukele, que, surgiendo de una clara sensación de debilidad, han acentuado dicha debilidad al destruir la imagen del candidato. La debilidad ya venía volviéndose evidente con las acusaciones sin sentido de fraude electoral y con el uso de la violencia y la amenaza de esta. Se volvió más evidente con la respuesta nula que dieron los supuestos partidarios de GANA y Bukele al llamamiento del último para que se inscribieran para defender el voto en las urnas. De los 300,000 que llamaron, de los 80,000 que tienen cada uno de los partidos grandes, sólo llegaron 4,957.

Todavía peor fue la negativa de Bukele de participar en los debates con los otros candidatos y las circunstancias en las que esta negativa se dio—echándose para atrás cuando ya había aceptado debatir usando excusas que ni sus partidarios le creyeron, tales como decir que la Universidad de El Salvador estaba conspirando con Carlos Calleja. En vez de creer estas excusas, el público tomó la impresión de que el candidato tenía miedo de enfrentarse a los otros por falta de ideas y de habilidades para formar un plan. La impresión fue peor porque esta retirada fue acompañada de lo que sin duda trataba de ser un “reality show” en el que el candidato pretendió que estaba presentando en vivo su plan en el Auditorio de FEPADE mientras los otros candidatos debatían. La excusa era que no podía estar en el debate porque estaba en FEPADE. Pero FEPADE desmintió que él estuviera en sus instalaciones en ese momento, dejando en evidencia que hubiera podido estar en el debate que inicialmente había prometido atender. Finalmente, los que oyeron el plan que presentó en ese show se dieron cuenta de que en parte era copiado de documentos publicados por otros y en parte una exposición de la infantil idea de hacer un aeropuerto en el oriente del país—que presentó con dibujos del Aeropuerto de Abu Dhabi—como si el país no tuviera un aeropuerto funcional y como si complementar a este fuera un problema nacional por encima de la falta de seguridad, trabajos, salud, educación y servicios sociales.

El tercer cambio es el efecto acumulado de la creciente fuerza territorial de ARENA y Carlos Calleja, que han consolidado un contingente enorme de votantes, que, diferente de los de Bukele, son visibles y están dispuestos a trabajar por su partido. La visibilidad de estos partidarios y la invisibilidad de los de Bukele disminuyen la imagen de vencedor que el último ha querido proyectar, y acelera la caída causada por los dos cambios anteriores.

El resultado neto de estos cambios es una tendencia a reposicionar los candidatos en la competencia por la presidencia. La tendencia es a dejar a Calleja en primer lugar, a Martínez en segundo, a Bukele de tercero, y a Alvarado en cuarto.

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La triste similitud de los populistas. De Manuel Hinds

11 enero 2019 / EL DIARIO DE HOY

Se ha vuelto muy común decir que los dos países más grandes de América Latina, Brasil y México, han caído en regímenes populistas, pero en direcciones opuestas porque uno se dice de derecha y el otro de izquierda. Pero en realidad ambos países se están moviendo en exactamente la misma dirección —la que define el mismo populismo, que en es más determinante que la izquierda y la derecha.

Por muchos años el populismo se entendió como una enfermedad de la izquierda: un régimen irresponsable, que gasta más de lo que le entra en nombre de la justicia social, que comienza con muchas dádivas sin pensar en cómo van a ser pagadas y termina con crisis económicas muy serias, como las del Brasil de Lula, la Argentina de Perón y luego la de los Kirchner, la Venezuela de Chávez y la Nicaragua de Ortega.

Esta concepción del populismo era muy incompleta. Por una parte, la historia ha mostrado que la demagogia no es exclusiva de la izquierda. En realidad, uno de los primeros populistas en la región, Juan Domingo Perón, no podía ser catalogado como de izquierda sino como fascista. Igual que los regímenes fascistas europeos de su época, compartió la agitación política en nombre de la justicia social, usó dádivas enormes para comprar votos y terminó en gran corrupción y desastres económicos. Poco a poco, la gente ha entendido que hay populistas de derecha y de izquierda.

Además, aunque ciertamente la irresponsabilidad fiscal y la falsa apelación a la justicia social son partes importantes del populismo, hay una parte más fundamental, que es la que le da su esencia, que es lo que comparten los populismos de derecha e izquierda: la sustitución de las instituciones democráticas por el comando autocrático de un caudillo, alrededor del cual se construye un culto a la personalidad. Es por esta razón, porque buscan es una dictadura absoluta, que los populistas de cualquier signo ideológico son enemigos a muerte de la institucionalidad democrática, en la que nadie tiene el poder absoluto.

La gente tiende a ignorar esta dimensión del populismo porque los populistas sacan su parte tiránica solo después de haber adquirido el poder y de haber limpiado a sus rivales y a las instituciones que tienen poder independientemente de él —los poderes legislativo y judicial y los cientos de instituciones que contribuyen al manejo del Estado.

En sus inicios los venezolanos y los nicaragüenses se reían de los que les hablaban de la conversión de los populistas en tiranos sangrientos. No comprendían que el populista acusa a todas las instituciones democráticas de ser corruptas para argüir que para cambiar la sociedad hay que destruirlas y darle a ellos el poder total. Cuando alguien pide el poder absoluto para poder resolver los problemas del país está pidiendo que lo hagan dictador.

Por supuesto, el populista quiere el poder total por el poder mismo, no como instrumento para mejorar al pueblo. El beneficio del pueblo es el pretexto a través del cual los populistas se vuelven tiranos. Con el poder total, con las instituciones destruidas, los populistas se corrompen absolutamente y se arrogan el derecho de mantenerse en el poder a costa de sangre y sufrimientos para la población, como en Venezuela y Nicaragua.

Esa es la historia de Venezuela y de Nicaragua y podría ser la de El Salvador si elegimos a Nayib Bukele, que ya comenzó, antes de llegar al poder, a tratar de usar la fuerza bruta para intimidar al pueblo y a las instituciones democráticas. Igual que Chávez en su momento, amenaza con usar el poder militar de la presidencia para intimidar a la Asamblea, dice que va a cambiar la Constitución aunque un presidente no tiene el poder de hacerlo, y ha usado turbas para amenazar a la Fiscalía y el Tribunal Supremo Electoral. La imagen que proyecta es la de un caudillo que se cree que está por encima de las instituciones —que es la imagen que de sí mismos tienen todos los tiranos.

Ojalá que ni México ni Brasil ni El Salvador caigan en esta maldición.

Levantando el techo del crecimiento. De Manuel Hinds

28 diciembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

El Gobierno de Estados Unidos ha anunciado la asignación de más de $5,000 millones al Triángulo Norte para levantar de una manera permanente la capacidad de crecimiento de las tres economías, de tal manera que se desincentiven las migraciones ilegales a ese país. El efecto que esta enorme cantidad puede tener en el desarrollo de estos países puede terminar siendo totalmente nulo o totalmente exitoso, dependiendo de las prioridades que guíen su asignación. Dos elefantes blancos ahora pesando sobre la economía del país —el Puerto de La Unión y la carretera del Norte— proporcionan ejemplos tristes de cómo buenas intenciones de la cooperación externa pueden resultar en fracasos monumentales.

El Puerto costó más de $200 millones que en una parte hay que pagar al Gobierno de Japón mientras que en la otra parte ya se pagó en los costos de contrapartida que tuvo que poner el gobierno durante la construcción. Hasta el momento, el Puerto no ha generado un solo dólar para pagar estos costos. El gobierno salvadoreño está ahora tratando de venderlo o darlo en concesión a China en un trato que probablemente va a salir más caro que tenerlo sin uso, como ha estado ya por varios años. La carretera del Norte, que se esperaba contra toda esperanza que desencadenara el desarrollo del norte del país, no ha logrado nada de eso y se ha convertido en una carretera que nadie usa, pero que hay que mantener. Ningún posible emigrante ha sido detenido en su emigración por estos proyectos.

Con todo y que fueron fracasos, estos proyectos no han sido los más inútiles de los últimos años. Hay muchos proyectos que han fondeado el subsidio del consumo y no han dejado nada de beneficio a los que los recibieron. El costo de estos subsidios es gigantesco, excediendo los $2,000 en un período presidencial (equivalente a construir diez puertos de la Unión). Con esta cantidad podría cambiarse el destino del país. Sin embargo, este costo gigantesco no deja nada duradero a sus beneficiarios o al país y ni siquiera se sabe qué fue lo que subsidiaron, ya que el subsidio de un producto no necesariamente se traduce en mayor consumo de ese producto sino en liberar fondos que el beneficiario iba a usar para comprar dicho producto y permitirle así poder comprar otro, como ir al cine.

Estos fondos deberían asignarse a actividades que puedan aumentar permanentemente nuestra capacidad de desarrollarnos, levantando el techo que restringe nuestra tasa de crecimiento —y que lo dejen levantado de allí en adelante—. Esto solo puede lograrse invirtiendo en capital humano, cuyas deficiencias actuales son el obstáculo más grande para crecer en el mundo de la economía del conocimiento. Hay dos proyectos que pueden causar ese salto de calidad que nos permitiría acceder al desarrollo. El primero sería invertir en la generación que está naciendo ahora para que gocen de una salud y una educación consistente con la de un país en franco desarrollo. Este esfuerzo en crear una primera generación desarrollada es factible y nos llevaría en dos o tres décadas al desarrollo sostenible. Esta estrategia, sugerida por la oficina local de Unicef, sería similar a la seguida por los países nórdicos y los países más exitosos de Asia.

Este proyecto debería complementarse con un plan de inversión en la educación de adultos en instituciones de primer mundo para que nuestra población actual pueda integrarse a la economía del conocimiento. Esto no implica educar físicos especializados en cohetes, sino personas que puedan acceder al conocimiento para enriquecer la producción en todas las actividades corrientes en nuestro país— en la agricultura, la industria y los servicios. Como Edward C. Prescott, Premio Nobel de Economía, lo ha demostrado fehacientemente, las diferencias en la productividad del trabajo, que son el origen de las diferencias en la riqueza de las naciones, dependen del uso correcto de conocimiento libremente obtenible en nuestro mundo conectado. Con estos dos proyectos cubriríamos el corto y el largo plazo de una verdadera estrategia de desarrollo. Si logramos que nuestra población aprenda a usar el conocimiento en la producción entraremos al proceso del desarrollo, y la gente preferirá quedarse a vivir aquí en vez de irse a países desarrollados.

Sombras del pasado. De Manuel Hinds

En los últimos días ha habido dos eventos que nos regresan como mínimo al Siglo XX y en realidad al Siglo XIX.

18 diciembre 2018 / EL DIARIO DE HOY / OBSERVADORES

Dijo George Santayana que los que no pueden recordar la historia están condenados a repetirla. Hay signos muy claros que esto puede pasar en El Salvador, en donde hay mucha gente que no sólo está mostrando que no conoce la historia sino que además no puede distinguir la dirección del progreso de la del retroceso. En los últimos días ha habido dos eventos que nos regresan como mínimo al Siglo XX y en realidad al Siglo XIX.

El primer signo es la toma del Tribunal Supremo Electoral perpetrada por GANA y Nuevas Ideas con el pretexto de que creían que se estaba fraguando un fraude allí—supuestamente manifestado en que el color aprobado en las pruebas de imprenta para las boletas de votación no era el de GANA. Ellos dijeron eso a pesar de que un representante de GANA lo había aprobado. Esta queja fue solo un pretexto de GANA + NI para intimidar al Tribunal y a la ciudadanía con la amenaza de usar métodos violentos si no les gusta el resultado de las elecciones. Este asalto es un retorno al Siglo XIX y principios del Siglo XX, cuando los partidos se tomaban los puestos de votación para controlar los resultados de las votaciones.

El segundo evento fueron las declaraciones del Ministro de Defensa en las que amenaza con la intervención de las Fuerzas Armadas en los procesos políticos del país. Estas declaraciones han sido muy criticadas porque evidencian una participación política del ministro, en nombre de las Fuerzas Armadas que son y deben ser apolíticas—críticas que el ministro ha contestado diciendo que él es el representante político de las Fuerzas Armadas por ser miembro del gabinete, y por tanto un político.

Esta defensa muestra que el problema es mucho más profundo, que el pasado al que está regresando es más arcaico y primitivo que lo originalmente pensado. El ministro no parece saber que el ejército no es un cuerpo deliberativo, y que no tiene ninguna legitimidad para ser representado políticamente. Según la Constitución, el único que puede ser representado políticamente es el pueblo. Según la Constitución, las Fuerzas Armadas son y deben ser obedientes y, como corresponde a todas las Fuerzas Armadas profesionales, no está en ellas el poder de cuestionar las órdenes del verdadero Comandante General de las Fuerzas Armadas, que es el Presidente de la República, y que, aunque fuera un militar, no ejerce su puesto ni habla en nombre de los militares sino del pueblo, que es el verdadero soberano. El ministro no es más que el representante de la autoridad civil, el Presidente, que manda sobre las Fuerzas Armadas. Y en esta función, el que lo puede remover no son los militares (que sería el caso si él los representara) sino el Presidente mismo.

En sus declaraciones el ministro evidencia que él cree que él es el soberano, como lo creían los militarones del Siglo XIX, o como mínimo, que los soberanos son los militares en su conjunto, como casta privilegiada, y que ellos, por habérseles confiado las armas, pueden juzgar si algo es o no un fraude (que le toca al TSE), Constitucional o no (que le toca a la Sala de lo Constitucional) y que pueden tomar acción en estas cuestiones por su propia decisión y darse golpes de estado entre ellos—que es lo que los militares del Siglo XX creían y hacían.

El problema no está en que el caudillo de GANA + NI y el ministro crean esto sino que el pueblo permita que actúen sobre estas creencias con tomas y con amenazas al pueblo de que si no votan como ellos quieren van a retornar al país al pasado terrible de prepotencias basadas en la posesión de las armas, y de las tiranías sostenidas sobre acciones violentas y sobre la presunción de que los soberanos en este país no son los ciudadanos sino los caudillos y los militares que los mantienen a base de fusiles y bayonetas. La ciudadanía no debería permitir estos retornos al pasado.

¿Quién domina las redes? De Manuel Hinds

11 diciembre 2018 / EL DIARIO DE HOY-OBSERVADORES

La mayor parte de la población contestaría esta pregunta, con el aburrimiento con el que uno dice una cosa obvia, que sin la menor duda es Nayib Bukele, basando su opinión en los datos contenidos en la gráfica 1 que, a su vez, están basados, como todas las gráficas en este artículo, en un estudio que Esteban Mora escribió para el Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria, con fecha 16 de octubre a 15 de noviembre de 2018. Como se ve en gráfica, Bukele es el que, por mucho, tiene más seguidores en Facebook y en Twitter. Tiene 4.3 veces el número de seguidores en Facebook, y 9.7 veces en Twitter, que Calleja, que es el segundo en número.

Esta, sin embargo sería una respuesta muy superficial porque, como es sabido, existen las cuentas falsas e inactivas. Como se mostró en un artículo publicado en El Diario de Hoy el candidato Bukele es el que tiene el 90% de las cuentas falsas e inactivas del total de los cuatro candidatos. La diferencia que esto hace se nota en una medida llamada engagement, que mide el compromiso de los seguidores con la cuenta—no solo compartiendo sino también comentando e interactuando en otras maneras. Como se ve en la gráfica 2, todos los otros tres candidatos tienen más engagement (compromiso) en total (no sólo por persona) que Bukele. Es decir, Bukele es el que más tira líneas para comunicarse, pero los otros tres se comunican con más gente. En sus páginas Web, Facebook considera el engagement como la mejor medida de cómo el contenido resuena con la audiencia. La mayor parte de la población se sorprenderá de saber, como lo muestra la gráfica 2, que los otros tres candidatos tienen más resonancia real con mayor número de personas.

El autor del reporte del Instituto Holandés reconoce que el engagement es la mejor medida pero la descalifica porque, por persona (no en el total de seguidores como está en la gráfica 2), el engagement tiende a disminuir cuando el número de seguidores aumenta. Pero Facebook sabe que esto pasa y aun así la considera la mejor medida porque aunque esto pasa en todos los casos, el engagement por persona cae pero no con la misma velocidad, y la velocidad es lo que cuenta. Es obvio que en el caso que estamos viendo, el engagement por persona de Bukele ha caído muchísimo más que el de los otros tres candidatos, tanto que de ser el que más seguidores tiene, es el que tiene menos engagement.

El compromiso disminuye con la cantidad de seguidores porque los primeros de éstos que se consiguen son los más comprometidos, los segundos son un poco menos comprometidos, y así hasta que a los últimos conseguidos no les importa el contenido y no interactúan con él. Lo interesante no es que esto pase, sino la velocidad con la que pasa, que depende de cuántos seguidores indiferentes (o no existentes) hay en una cuenta. La velocidad con la que el engagement cae es mucho mayor cuando un porcentaje altísimo de las cuentas son falsas o inactivas. Las cuentas falsas son inactivas porque es fácil y barato crearlas, pero es muy difícil y caro tenerlas interactuando con la cuenta principal. Sale más barato crear una nueva, falsa, cuando se necesita para multiplicar mensajes y dar una impresión falsa de volumen.

Como se vio en el artículo que cité de El Diario de Hoy, un enorme porcentaje de las cuentas de Bukele han sido usadas sólo una vez para multiplicar un mensaje enviado por la cuenta madre. Su existencia da la impresión de un gran volumen. Pero cuando se mide en términos del engagement (compromiso) Calleja tiene el triple de resonancia con su audiencia, Martínez más del doble, y Alvarado 20% más.

Lo mismo sucede con Twitter, excepto que en este caso el que tiene más engagement (compromiso) de sus seguidores es Hugo Martínez, el segundo Calleja y el tercero Alvarado, todos muy arriba de Bukele (el que tiene menos de los tres, tiene 4.4 veces lo que tiene Bukele). Es decir, cuando las cuentas inactivas son descontadas (que lo hace el engagement porque no interactúan) Bukele resulta teniendo el menor impacto real en las redes.

Estas cifras explican otras cosas extrañas que están pasando en la campaña—como que la aparente popularidad del candidato de GANA + NI no se manifiesta en la realidad. Nadie llega a los mítines de GANA + NI mientras que sí llegan en grandes cantidades a los de Calleja y de Martínez. Las organizaciones territoriales de GANA + NI no están activas y más bien se ven bien debilitadas mientras que las de los otros dos se ven fortalecidas.

Esto no quiere decir que el enorme ruido que genera GANA + NI en las redes no tenga impacto. Posiciona al candidato en la boca de los ciudadanos, lo que, como ha sido tantas veces demostrado aquí y en el mundo entero, influye a los ciudadanos al contestar encuestas pero no al decidir el voto.


¿Qué es el cambio? De Manuel Hinds

7 diciembre 2018 / El DIARIO DE HOY

El 3 de febrero los votantes tendrán que decidir entre dos propuestas de cambio. La primera se enfoca en cambiar las personas que han detentado el poder. La segunda se enfoca en cambiar las realidades que detienen el progreso de las familias salvadoreñas.

La lógica de la primera propuesta es ridículamente simple. El que la sostiene dice que otros de izquierda y de derecha ya han ejercido el poder presidencial y que ahora le toca a él. Es una propuesta de poder, puramente personal, orientada a cambiar la situación del candidato de no ser nada a ser Presidente de la República.

Ese cambio solo tiene sentido en la segunda propuesta, que debe centrarse en el ciudadano y sus problemas, en sus noches de desvelo preocupado de cómo va a hacer para pagar sus deudas, para que le alcance el dinero para mandar a tus hijos a la escuela, para que su familia tenga acceso a una buena salud, en un país seguro y con oportunidades.

Y es aquí, al examinar estos problemas, que se puede ver claramente que tomar la decisión de votar solo para cambiar a la persona en el poder, razonando que hay que darle una oportunidad, no solo es inconsecuente sino realmente dañina, porque esa es la manera en la que se ha votado en El Salvador con mucha frecuencia y esa es la razón por la que hemos terminado con gobiernos que son muy buenos para gritar insultos contra “los ricos” y muy incompetentes y desinteresados en la mejoría de la familia salvadoreña. Para lograr sus objetivos personales, estos políticos han negado toda evidencia de progreso en el país, han inyectado odio y han llamado al conflicto, sin presentar planes de progreso, sin dar ideas para mejorar el país… enfocado solo en dar la impresión de que las tienen, sin importarles más que la manera de apropiarse del poder.

Y mientras se dedican ya en la presidencia a gritar, insultar y quejarse, han dejado que las familias tengan que pagar tres veces los costos de la salud porque con sus impuestos se pagan los hospitales públicos, porque además les descuentan la cuota del Seguro Social, y, como estos no funcionan, tienen que pagar médicos y clínicas privadas para garantizar la salud de su familia. Igual pasa con la educación, que pagan dos veces, veces, porque la calidad de la educación estatal deja mucho que desear. Además, tienen que pagar impuestos para pagar la seguridad estatal aunque ésta no funciona. Con el dinero de las familias se subsidia el transporte público que es tan malo que los usuarios tienen que ir amontonados en unidades inseguras y mal mantenidas.

Pero aunque estos problemas se arreglaran, los ingresos de la familia no les alcanzan como para darle una vida digna a sus hijos porque los gobiernos recientes han ahuyentado la inversión con sus odios y victimizaciones, limitando las oportunidades de empleo.

Es decir, estas preocupaciones las tienen las familias salvadoreñas porque creyeron en otros cuentos similares a los que les están contando hoy, que se enfocan solo en las quejas y no en las soluciones a los problemas de los ciudadanos y sus familias. Lo que el país necesita no es una persona que sea excelente para insultar y echar culpas, sino personas que tengan propuestas realistas para que los ciudadanos puedan mandar a sus niños a una buena escuela pública y a buenas unidades de salud y hospitales públicos, y que puedan vivir en comunidades seguras, en las que los niños puedan crecer en un ambiente sano y libre de violencia.

Tenemos que terminar con los cuentos de los populistas, que quieren hacernos creer que la salvación está en que ellos estén en el poder, cuentos que crearon nuestro estancamiento, y nuestros desencuentros y nuestros odios. Tenemos que pasar del odio a la armonía y del estancamiento al crecimiento, para que todos nosotros tengamos las oportunidades que nos merecemos y vivamos en un país seguro y próspero.


La extraña agonía del FMLN. De Manuel Hinds

6 diciembre 2018 / EDH-OBSERVADORES

La gráfica 1 muestra los cambios en las preferencias partidarias medidas por las encuestas de LPG Datos desde la primera vuelta de la última elección presidencial hasta el momento. Como puede verse, ARENA no se movió, de modo que el crecimiento de GANA más Nuevas Ideas (25% de los encuestados) se alimentó de una caída del FMLN de 16.0% y de Otros e Inciertos (los que no saben por quién van a votar, o si van a hacerlo, etc.), que cayeron 9.5%.

Pero, como se ve en la gráfica 2, ese 9.5% el FMLN ya lo había perdido al grupo de Otros e Inciertos entre 2009 (el momento máximo del FMLN) y el 2014. De este modo, la coalición de GANA + NI se ha alimentado casi exclusivamente de quitarle los votos que el FMLN había ganado de 2006 a 2009. Esto lo hizo en dos etapas: agarrando votos (9.5%) que el FMLN ya había perdido al grupo de Otros e Inciertos en 2014, y luego quitándole directamente 16% al FMLN en los últimos meses. Así, pues, GANA + NI le está robando el mandado al FMLN y, si tiene éxito, lo estaría reduciendo al 15% de los encuestados, un tamaño mucho más pequeño que GANA + NI y ARENA (cada uno con cerca de 26% de los encuestados). GANA + NI se convertiría en uno de los dos partidos principales y el FMLN se convertiría en un partido menor.

FUENTE: LPG Datos, encuesta publicada el 29 de noviembre de 2018 en las redes. Los datos de 2018 corresponden a noviembre de ese año.

De este modo las dos gráficas muestran una historia muy coherente: la migración de las bases de un partido a otro, efectuada en dos etapas—primero a través de un grupo grande de previos votantes del FMLN que prefiere no votar que votar por el FMLN, y luego un grupo de votantes más duros que se unen a los anteriores para votar por un nuevo partido.

La estrategia de GANA + IN para extraerle los votantes al FMLN es muy clara. Busca convencer a éstos de que GANA + NI es el único que pueden ganarle a ARENA, de tal forma que los que voten por el FMLN están desperdiciando su voto. La cuchilla escondida debajo de este argumento es que mientras más gente se mueva en estas elecciones del FMLN a GANA + NI más se acercaría el FMLN al punto de no regreso—un nivel de votos tan pequeño que lo haría perder no solo una cantidad irrecuperable de los subsidios que da el gobierno a los partidos por voto obtenido sino también su credibilidad como factor de poder. El poder de un partido y de sus partidarios y de sus cúpulas depende de que la gente crea que tienen poder. Eso es lo que atrae a nuevos partidarios y lo que hace que lo otros partidos y el país entero lo tomen en cuenta. Como toda reputación, es más fácil obtener la credibilidad del poder que recuperarla. Una vez que se ha tenido y se ha perdido, no se puede recuperar, ya que la imagen de decadencia permea todas las percepciones. Por esta razón, el FMLN no puede pensar que puede permitirle a GANA + IN que le quite sus votos pero que después los va a recuperar, sea que GANA + NI gane o pierda las elecciones.

FUENTE: LPG Datos, encuesta publicada el 29 de noviembre de 2018 en las redes. Los datos de 2018 corresponden a noviembre de ese año.

El FMLN, que las encuestas dicen no llegará ni al 10% de los votos, pasaría a segunda categoría como partido. No sólo eso. Los votantes mismos, las estructuras y la base dura del FMLN que se pasen a GANA + NI se convertirían en ciudadanos de segunda clase en un partido que ya no sería de ellos.

Que esto esté pasando es bien extraño porque la cúpula y las estructuras del FMLN no están haciendo nada para detener el sangramiento excepto manejar una campaña presidencial que parece de entrada una aceptación de una derrota. Esto equivale a un abandono de sus propias bases, que no terminan de entender la diferencia entre perder unas elecciones y cometer un suicidio como partido. Es más extraño todavía porque ni siquiera hay convergencia ideológica entre el FMLN y GANA + NI, que si existiera podría pensarse que justificaría la negligencia con la que la cúpula del FMLN está dejando abandonado su partido. La transfusión de votantes se está dando de un partido que se definió como de izquierda hacia uno que nunca ha tenido el más mínimo trazo de una ideología y ha sido oportunista sin ambages desde que nació.

La única manera en la que el FMLN puede sobrevivir es mostrando una votación respetable, que indique que lo que está sufriendo no es un colapso total sino una fluctuación de un poder que se mantiene. Si saca sustancialmente menos que el 20% de los votos, el FMLN pasará a segunda categoría, asesinado no por otros partidos políticos, sino por la deserción de sus propios votantes. Quizás algunos se lamenten después de cómo se suicidaron políticamente.