Manuel Hinds

¿Quiere suicidarse el gobierno? De Manuel Hinds

Un segundo impago llevaría a un paro del financiamiento al país —no sólo al gobierno, sino al país entero—. Y al gobierno esto parece no importarle. Es difícil entender por qué está dispuesto a tirar al país a un barranco.

Manuel Hinds, 23 junio 2017 / EDH

Hace un par de meses —sin necesidad, porque tenía el dinero para pagar—, el gobierno cayó en impago en una deuda con los cotizantes de las pensiones. Con esto se le volvió casi imposible conseguir financiamiento.

Ahora, el gobierno, con toda tranquilidad, juega con la posibilidad de no pagar completamente otro vencimiento de las deudas con los cotizantes de las pensiones. Al igual que en abril, el gobierno tiene dinero para hacer el pago completo, pero está insistiendo en que en todo caso pagará sólo los intereses, aunque las clasificadoras de riesgo le han advertido seriamente que el pagar sólo los intereses sería clasificado inmediatamente como un impago. Este segundo impago llevaría a un paro del financiamiento al país —no sólo al gobierno, sino al país entero—. Y al gobierno esto parece no importarle.

Es difícil entender por qué el gobierno está dispuesto a tirar al país a un barranco: si lo está haciendo por mala intención o por ignorancia, ya que ambas existen.

La mala intención parece ser que el gobierno usaría el impago como pretexto para expropiar las pensiones y con ellas tener plata para reventarla durante las campañas electorales de 2018 y 2019. Pero aquí entra la ignorancia. Creen que el único problema del impago sería la falta de financiamiento para el gobierno, que ellos piensan que estaría resuelto con la expropiación de las pensiones. Pero la cesación de créditos llevaría a un colapso de la demanda interna y a un crisis similar a la de Venezuela, y, con ella, al derrumbe de la gobernabilidad del país.

Para que entiendan. El financiamiento externo aumenta la demanda interna del país porque se usa para financiar gastos domésticos e inversiones, que a su vez se convierten en demandas de bienes y servicios y en producción. Las salidas brutas de divisas en operaciones corrientes en 2016 fueron de $12,104 millones, y las entradas brutas de $11,573 millones. Al restar las salidas de las entradas queda un neto de $531 millones, que se cubrió con préstamos netos adicionales. Si lo que dejara de entrar al país fueran sólo esos $531 millones, la actividad económica del país caería por esa cantidad, que representa el 2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país.

Pero el efecto en la demanda sería mucho mayor que eso. Usar el flujo neto para calcular el impacto en la demanda lo subestima porque muchos créditos externos son necesarios para generar las exportaciones que los pagan. Como se toman y se pagan en el mismo año no aparecen como aumentos en el crédito neto. Pero el impacto de su eliminación en la producción del país sería devastador ya que las exportaciones y la producción local caerían si desaparece el crédito necesario para financiar las materias primas. Este impacto se magnifica porque el mismo crédito de largo plazo se usa dos o tres veces al año, de modo que, por ejemplo, un crédito rotativo de mil dólares puede ser usado para producir tres mil dólares en mercadería en tres períodos secuenciales. De igual forma, al caer el crédito del ejemplo de mil a cero dólares, la producción perdida no sería de mil sino de tres mil.

Es imposible estimar exactamente cuánto sería la caída de la producción si el crédito internacional se nos negara como consecuencia de un segundo impago, pero sería enorme. Las salidas brutas de divisas, $12,104 millones en 2016, son financiadas en gran parte con créditos externos de corto plazo. Estas representan cerca del 50 por ciento del PIB de El Salvador. La caída de la demanda no sería tan grande porque las empresas se ajustarían a trabajar con menos crédito por producto terminado. Pero aun tomando en cuenta este efecto, la contracción de la economía al secarse el financiamiento externo podría ser del orden del 25 por ciento del PIB —o sea, del mismo orden que lo que está pasando en Venezuela—. Infligir esta tragedia en la población es lo que, por la mala intención de quedarse con las pensiones, y por su ignorancia de la más elemental economía, se está jugando con tanta liviandad el gobierno.

¿Hay alguien que les pueda explicar que lo que quieren hacer es un suicidio?

La riqueza y las empresas. De Manuel Hinds

La capacidad de organizar económicamente a una sociedad está en sus empresas, no en los ministerios de economía o hacienda.

Manuel Hinds, 16 junio 2017 / EDH

Al final de la Segunda Guerra Mundial hubo un breve momento en el que, con las medidas convencionales de la riqueza y el ingreso, Alemania y Japón parecieron haber caído en la pobreza. Con sus ciudades en el suelo, con su infraestructura destruida por las bombas y la artillería aliadas, los dos países tuvieron que dedicar grandes esfuerzos a remover escombros, limpiar las calles y volver a ver lo que había quedado de sus ciudades. Por un tiempo, la gente pasó hambre y sufrió pobrezas inenarrables, peores que las que azotaban en esos tiempos a muchos países asiáticos, africanos y latinoamericanos. De acuerdo a las medidas convencionales de los ingresos y la riqueza, y viendo la escasez de bienes materiales, de infraestructura funcional y de equipo para producir, era razonable decir que esos países se habían empobrecido.

Sin embargo, a la vuelta de unos cuantos años, no más de diez, Alemania y Japón habían vuelto a convertirse en grandes potencias económicas, capaces de producir enormes cantidades de productos industriales de alto valor y gran calidad. De acuerdo a las medidas convencionales de ingreso y riqueza, ya otra vez eran ricos. De acuerdo a una nueva medida del ingreso y la riqueza, ahora siendo desarrollada en el Media Lab del Massachusetts Institute of Technology (MIT) los países nunca dejaron de ser ricos, sólo pasaron por un momento terrible de dislocación de su riqueza.

De acuerdo a esta manera de ver la riqueza, esta reside principalmente en el capital humano (los conocimientos y habilidades de la población) y la capacidad de organizarlo para producir complejos productos de alto valor agregado (una capacidad que es también parte del capital humano). En esta visión, los recursos naturales pueden ser objeto de creación de riqueza pero sólo si existe el capital humano y la capacidad de organizarlo en empresas que los extraigan y los transformen en productos útiles. Pero la riqueza no depende de los recursos naturales, que si no se tienen se pueden importar para darles valor agregado. Dependen de la capacidad de organizarse para llevar adelante tareas complejas. Eso nunca lo perdieron ni Alemania ni Japón durante la guerra. Nunca dejaron de ser ricos. Parte de la riqueza es la capacidad de volver a generar ingresos y riqueza misma después de un revés como la guerra.

Esta capacidad de ejecutar tareas complejas de alto valor agregado no existe en el vacío. No es abstracta. Las sociedades la adquieren y le dan continuidad a través de dos tipos de instituciones: las empresas, que transforman el capital humano en riqueza e ingresos, y las instituciones estatales, que mantienen el orden social y contribuyen a crear nuevo capital humano a través de la educación y la salud pública. Aunque todas estas instituciones son esenciales, el proceso se inicia con las empresas, que crean cadenas de coordinación económica que dan a la sociedad la capacidad productiva. Es decir, las empresas crean los caminos para que la coordinación de las tareas complejas se lleve a cabo día a día, internamente por sus propios procesos internos, externamente por las cadenas de abastecimiento hacia atrás y hacia delante que crean con sus actividades. Así, las empresas son la fuente de la riqueza de un país.

Mucha gente cree que las empresas le deben a la sociedad. En realidad las sociedades les deben a las empresas por organizar la actividad económica y crear la riqueza y los ingresos del país. Así, la recuperación de Alemania no se dio en el vacío o por orden del gobierno federal, sino a través de las empresas, grandes y pequeñas, que reorganizaron las complejas actividades que son necesarias en toda la economía para que un Mercedes Benz, o cualquier otro producto industrial, salga de la línea de producción. Igual fue en Japón. Igual es en todas las economías. La capacidad de organizar económicamente a una sociedad está en sus empresas, no en los ministerios de economía o hacienda.

Este fue el tema que don Samuel Quirós, desde el punto de vista de un empresario, desarrolló en su discurso al recibir un premio de la ASI a la innovación. Cuanta razón tiene en su argumento.

 

Las falsas distinciones. De Manuel Hinds

Independientemente de cómo se generó, si no se resuelve la crisis fiscal, el país entero pagará un precio todavía más alto que el que hasta ahora ha pagado. Resolver la crisis será caro, pero la alternativa, no resolverla, es peor.

Manuel Hinds, 9 junio 2017 / EDH

¿Qué le importa al ciudadano que no tiene una cuenta o un crédito bancario si hay crédito disponible, o si las tasas de interés suben, o si las calificaciones de la deuda del gobierno están bajas, o si el gobierno, como ya hizo, entra en impago? Es muy común la idea de que esas cosas sólo le importan a las empresas grandes que tienen crédito y relaciones con el exterior, y a sus dueños.

Esta, sin embargo, es una falsa distinción que ignora las infinitas interrelaciones de una economía moderna. En el fondo proviene de la idea que la economía es un terreno en el que la sociedad entera pelea por una cantidad de bienes y servicios que no cambia, de tal forma que los sectores sólo ganan cuando le quitan algo a los otros sectores, y que si a un sector le va mal a los otros no les afecta e incluso pueden ver mejorada su situación. Este error es muy grave, ya que los sectores dependen unos de otros, de modo que, por ejemplo, si las tasas de interés suben, o los plazos de las inversiones se reducen, la inversión se reducirá, con lo que la tasa de creación de empleos se va a reducir, y las personas que buscan un trabajo se quedarán desempleadas, y los que tengan trabajo verán sus salarios estancarse.

El error también es muy costoso. Todo el país está siendo afectado negativamente por la situación macroeconómica del país, y especialmente por el impago en el que cayó el gobierno hace unas semanas, en parte por creer en esa falsa idea de que las suertes económicas del gobierno, las empresas y los ciudadanos son independientes entre sí. Teniendo el dinero para pagar, el gobierno entró en impago, pensando que con eso le daría un susto a ARENA para que le diera sus votos para seguir endeudándose. La magnitud de la ignorancia del gobierno se evidenció con este hecho. No se dio cuenta de que al dejar de pagar la calificación de la deuda del país caería al peor de sus niveles, lo cual le impediría tomar más dinero prestado porque nadie se lo prestaría. Sólo hasta haberlo hecho se dio cuenta el gobierno de que había serruchado la rama en la que estaba sentado.

El problema es que el que cayó al abismo no fue sólo el gobierno sino el país entero, incluyendo, muy prominentemente, a los que no tienen cuentas bancarias y a los que ni siquiera se han dado cuenta de que sus crecientes dificultades en sus empresas y en sus trabajos (y en su lucha por conseguir trabajo), están relacionados muy cercanamente con el manejo imprudente de las cuentas fiscales.

Este problema no comenzó con el innecesario impago del gobierno. Había comenza-do en la administración anterior del FMLN, en la que se inició el deterioro del manejo fis-cal. El país, de tener una de las mejores calificaciones de deuda de Latinoamérica (grado de inversión) desde los años noventas, pasó a tener una de las peores y terminó con la segunda peor que existe. Todo este proceso ha tenido un impacto devastador en las posibilidades de conseguir inversión nacional y extranjera, y en la creación de empleos. Este gobierno está teniendo pésimas calificaciones de la población en términos de su manejo económico. Ya es hora de que se dé cuenta de que los desmanes en gastos tienen consecuencias muy negativas en el crecimiento de la economía y en la creación de empleos, y que estos tienen consecuencias también muy negativas en la aprobación de la ciudadanía.

Pero ahora nos encontramos en una situación muy grave. Independientemente de cómo se generó, si no se resuelve la crisis fiscal el país entero pagará un precio todavía más alto que el que hasta ahora ha pagado. Resolver la crisis será caro, pero la alternativa, no resolverla, es peor. Así, el país debe hacer todo lo necesario para resolverla de una manera razonable (darle las pensiones de los trabajadores al gobierno no es razonable), y aprender la lección de no darles el poder otra vez a los que no manejan el fisco responsablemente.

Las estatuas de sal y el renuevo generacional. De Manuel Hinds

El pueblo salvadoreño, como la mujer de Lot, ha volteado a ver al pasado, y se ha quedado convertido en una estatua de sal, paralizado y estéril, inmerso en los conflictos y las emociones negativas que llevaron a la guerra.

Manuel Hinds, 2 junio 2017 / EDH

En el libro del Génesis hay una historia con un enorme contenido simbólico. Cuenta que dos ángeles llegaron a la casa de Lot, el único ciudadano justo de Sodoma y le dijeron que tenía que irse de allí con su familia porque Dios iba a destruirla. Añadieron que al huir no podían ver para atrás. Lot partió con su esposa y sus dos hijas. La esposa volteó a ver cuando el fuego caía sobre Sodoma y Gomorra y se convirtió en estatua de sal.

La simbología es clara. Habían pasado muchas cosas malas en Sodoma y Gomorra, tan malas que resultarían en su propia destrucción. Las personas que no habían estado involucradas en esas maldades sólo tenían una ruta para sobrevivir: escapar del nido de la destructividad, y no voltear a ver hacia el resultado del pasado de iniquidades. Muy frecuentemente se interpreta que lo que le pasó a la mujer de Lot fue un castigo a su curiosidad o a su desobediencia. Pero hay otra interpretación: al voltear a ver a Sodoma y Gomorra, la mujer de Lot estaba volviendo a ver al pasado, y eso no sólo la convirtió en estatua, que es el símbolo de la parálisis, sino en una de sal, que es el símbolo de la esterilidad. El pecado fue voltear a ver, no cortar el ombligo con el pasado.

Esta lección se repite en muchas partes en la Biblia. En el nuevo testamento, Jesús le dijo a un hombre que encontró en el camino: “Sígueme”. El hombre le contestó que lo dejara ir primero a enterrar a su padre. Jesús le contestó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve y anuncia el reino de Dios”. Después Jesús añadió: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”.

Esta es una lección que debemos aprender en El Salvador. El país pasó por una guerra espantosa en los años ochentas que causó miserias inenarrables y destrucciones que han sido como amputaciones de las capacidades para desarrollarse y crecer. En los veinticinco años que han pasado desde que terminó esa tragedia hemos tenido abiertos dos caminos. Uno es dejar que los sentimientos que crearon esa conflagración y, peor aún, los que se generaron durante ella, sigan dominando nuestros comportamientos. El otro es dejar de ver para atrás, alejarnos de esa destrucción y enfocarnos en el desarrollo futuro de nuestro país.

En los años desde la firma de la paz ha habido de las dos cosas, pero la mirada hacia atrás ha aumentado con el paso del tiempo, alimentada no por curiosidad sino por el deseo de mantener vivos los sentimientos perversos que llevaron a la guerra, con el objetivo de obtener y mantener el control del país entero en manos de los que iniciaron la guerra y se mantienen prisioneros de las pasiones que los llevaron a ella. Son los objetivos de una generación pasada.

Esa generación ha sido larga, larga. Sus miembros han dominado al país por cuaren-ta años, desde finales de los años setentas hasta ahora. Hicieron cosas muy buenas y otras muy malas. Pero desencadenaron una tragedia que nunca debería de haber pasado. Sabiendo esto, tratan de justificarla día a día, destruyendo la posibilidad de que los jóvenes vivan su propio futuro en vez del pasado de los que causaron la guerra.

El resultado ha sido que el pueblo salvadoreño, como la mujer de Lot, ha volteado a ver al pasado, y se ha quedado convertido en una estatua de sal, paralizado y estéril, inmerso en los conflictos y las emociones negativas que llevaron a la guerra. Así, los jóvenes, que nunca vivieron la guerra, que viven una realidad muy distinta a la que existía hace cuarenta años, se han visto sujetos a las tenebrosas visiones de los muertos que deberían estar enterrando a sus muertos.

Ya es hora de que esa generación pase, y que líderes jóvenes guíen al pueblo para que tome el arado y mire hacia delante, hacia el futuro brillante que ya ha esperado por demasiado tiempo a El Salvador.

Divide y vencerás. De Manuel Hinds

Maduro y sus aliados cubanos ya han demostrado hasta la saciedad que no les importa matar, encarcelar y violar los derechos de sus ciudadanos con tal de mantenerse en el poder.

Manuel Hinds, 26 mayo 2017 / EDH

La lucha en Venezuela se va haciendo cada vez más larga. El repudio del pueblo al régimen del Socialismo del Siglo XXI es abrumador y decidido. Pero los Socialistas del Siglo XXI están ya tan enquistados en las estructuras de poder que pueden resistir indefinidamente a los embates de las protestas sin que eso les importe un comino. Maduro y sus aliados cubanos ya han demostrado hasta la saciedad que no les importa matar, encarcelar y violar los derechos de sus ciudadanos con tal de mantenerse en el poder.

Si los venezolanos hubieran actuado hace unos años con la fuerza que hoy están mostrando los Socialistas del Siglo XXI ya hubieran desaparecido del mapa político para dar paso a una democracia moderna. Pero dejaron que el monstruo creciera, subyugara a las fuerzas armadas y a la policía, e invadiera todas las instituciones del país, capturándolas para que en vez de servir al país se convirtieran en instrumentos del abuso del poder de Chávez, Maduro, los cubanos y sus asociados.

Los venezolanos no pudieron actuar a tiempo para deshacerse de este régimen por dos razones. Primero, porque no pudieron generar una unión entre todos los opositores del gobierno para formar una fuerza irresistible. Los partidos moderados, todos enemi-gos del chavismo y de Maduro, se mantuvieron divididos por razones irrelevantes y por personalismos estúpidos. Esto permitió a los chavistas mantener el poder ejecutivo en sus manos contra viento y marea. Segundo, porque, en gran parte por esa razón, dejaron a los Socialistas del Siglo XXI cambiar las leyes, la constitución, y las instituciones de tal forma que ellos llevaban siempre la ventaja en las elecciones, y para asegurarse de que aunque perdieran no soltarían el poder. La manipulación del sistema electoral fue tal que el pueblo tuvo que votar abrumadoramente en contra de ellos para sacarlos del poder. Pero cuando eso pasó, los Socialistas del Siglo XXI se han negado a cumplir con la constitución y a entregar el poder.

Esta historia debe ser ejemplo para nosotros. Por años, el FMLN ha venido socavan-do las instituciones del país para que nadie pueda oponérseles.

Las elecciones de 2018 y 2019 dan la oportunidad, quizás la última, de botar a los del FMLN del gobierno y la Asamblea. La sociedad civil y los partidos que no son el FMLN o satélites de éste deben comprender que si esta oportunidad no se usa probablemente no habrá otra, y que si la hay el aprovecharla tendría costos enormes para la sociedad entera—costos como los que Venezuela ha estado pagando en los últimos años. Por esa razón, toda la sociedad civil debe unirse con el propósito de expulsar al FMLN de su enquistamiento en el gobierno, recuperar la democracia y el respeto a los derechos individuales para esta y las futuras generaciones, y abrir las puertas para que gobiernos electos democráticamente puedan invertir en capital humano y desarrollar el país.

En esta lucha, el objetivo último es recuperar el poder ejecutivo. Por supuesto que la Asamblea es crucial, y que debe lucharse para lograr la mayor ventaja posible en ella. Pero basta ver Venezuela para darse cuenta de que la oposición puede controlar entero el poder legislativo y aún así estar impotente ante el ejecutivo, que puede desatar un poder imbatible con su control de las fuerzas armadas y de la economía del país.

Varias personas han manifestado su interés por ser presidentes de la república. Sólo uno de ellos va a triunfar. Si estas personas son patriotas, no deben permitir que la ambición de ser ese uno destroce la unidad de la oposición, permitiendo que, como pasó en Venezuela, el FMLN se perpetúe en el poder. Tienen que competir, pero con programas y políticas, no con ataques destructivos que le ahorren al FMLN el trabajo de destruir a la oposición. Luego, al elegir al candidato de la oposición, todos los demás líderes deben apoyarlo. Esto es importante no sólo por la razón obvia de que la unión hace la fuerza, sino también porque el pueblo quiere ver que sus líderes están luchando por ideales, no por ambiciones personales.

La transformación de la economía. De Manuel Hinds

El entorno ha cambiado, y ese nuevo entorno es el que crea los empleos que se han perdido en actividades especificas. Pero cada vez se requiere más educación.

Manuel Hinds, 19 mayo 2017 / EDH

La población salvadoreña parece ignorar los efectos en el mercado laboral de la profunda revolución por la que está pasando la economía mundial en estos años como resultado de la habilidad para coordinar complejas tareas a distancia que la conectividad ha introducido en nuestro mundo. Estos efectos se han dado en tres oleadas principales.

Primero, la habilidad de coordinar a distancia ha permitido a las empresas partir sus líneas de producción, dejando en países avanzados aquellas porciones que requieren habilidades especializadas para llevarse a cabo, y moviendo las que requieren pocas habilidades a países en desarrollo, en donde la mano de obra es más barata. De esta forma, las cadenas de producción dejaron de estar en un solo país que exportaba el producto terminado para dejar paso a las cadenas internacionales, en las que se comercian los productos intermedios. Esta primera oleada inició la globalización en los años ochentas.

La segunda oleada comenzó en la última década con la introducción de robots en las líneas de producción, que permiten repatriar gran parte de las cadenas internacionales de producción a los países desarrollados, aunque creando muchos menos trabajos que antes porque los robots sustituyen a humanos. Esto generó grandes temores de que la nueva revolución tecnológica iba a causar grandes tasas de desempleo.

De hecho, sí las va a causar, pero sólo en ciertos sectores, mientras que lo van a aumentar, y con salarios mucho mayores, en actividades nuevas. Esta es la tercera oleada, que ha venido mezclada con la segunda y que ya ha comenzado a manifestarse.

La tercera oleada está demostrando el error garrafal que se comete al enfocarse en sólo una parte de la economía para determinar el impacto de una tendencia general, como es la revolución tecnológica. Es como si hace 100 años uno hubiera pensado que los carros de combustión interna iban a resultar en una caída en el empleo porque, obviamente, el número de los que trabajaban en hacer látigos para caballos, o rieles para trenes, iban a quedar sin trabajo porque los carros iban a sustituir a los carruajes y a muchos de los trenes en las actividades de transporte. Por supuesto, ahora sabemos que las maquinarias han creado mucho más puestos de trabajo que los que han destruido, y que la mayor parte de estos empleos se han creado en actividades que nadie soñó en 1800. La gente ya no ara, siembra o recolecta a mano sino con tractores. Esto dejó a mucha gente sin empleo. Pero se crearon muchos empleos en las fábricas de tractores, y de muchas otras cosas, y en los servicios que los que vivieron en el siglo XVIII nunca sospecharon que se crearían.

La revolución de la conectividad creará más trabajos y mejor pagados que ahora en actividades muy distintas de las de hoy. Así como el mundo industrial es completamente distinto del mundo agrario que reemplazó, el nuevo mundo de la conectividad no será igual al de ahora solo que con más teléfonos inteligentes. No es como el de 1800 sólo que más rápido por ayuda de las máquinas. Para los de esa época la velocidad de entrega de las comunicaciones dependía de hacer barcos más rápidos, pero ahora las comunicaciones son instantáneas no porque se hayan inventado barcos más rápidos. El comercio electrónico no se maneja como una tienda de la esquina, sólo que más rápida. El entorno ha cambiado, y ese nuevo entorno es el que crea los empleos que se han perdido en actividades especificas. Pero cada vez se requiere más educación. Así, de 2008 a 2016, la economía norteamericana perdió 5.5 millones de puestos de trabajo para personas con escuela secundaria o menos, pero creó 11.6 millones de puestos en otros sectores para gente con mayor educación.

Eventualmente, los que trabajan con máquinas de coser serán desplazados por robots mientras que los educados van a ganar más y van a progresar en el nuevo mundo que nos viene. El Salvador debe entender esto, y rápido. La educación es la diferencia entre regresar a la pobreza y desarrollarnos como país.

La política exterior y la política doméstica. De Manuel Hinds

Los gobiernos del FMLN han establecido una política exterior que no sólo ignora las necesidades de la población, sino que va en contra de ellas en aras de ideas ya superadas en el resto del mundo y de compromisos con grupos que han establecido tiranías en Cuba y en Venezuela.

Manuel Hinds, 12 mayo 2017 / EDH

Como todas las políticas del país, la política exterior debe estar orientada a dar satisfacción a las necesidades e intereses de la ciudadanía. Cómo hacer esto es muy fácil de determinar porque la población tiene tres intereses muy claros internacionalmente: primero, tener buenas relaciones con los países desarrollados, fuente de inversión y de oportunidades económicas; segundo, integrarse con los vecinos latinoamericanos para crear un vecindario libre de tiranías y de crímenes internacionales que destrozan el orden interno del país; y, tres, promover, con el resto del gobierno, la integración del país a las cadenas internacionales de producción para que haya más y mejores oportunidades de empleo y crecimiento económico en el país. Los gobiernos del FMLN han establecido una política exterior que no sólo ignora las necesidades de la población sino que va en contra de ellas en aras de ideas ya superadas en el resto del mundo y de compromisos con grupos que han establecido tiranías en Cuba y en Venezuela.

La política exterior hacia los Estados Unidos es parte de la vida de todos los salvadoreños porque Estados Unidos es el lugar donde más salvadoreños viven aparte del territorio nacional y donde más producen para el beneficio de los salvadoreños.

El Producto Interno Bruto (PIB) producido por los salvadoreños que viven en Estados Unidos excede el PIB producido en El Salvador mismo ($27 mil millones en 2010 contra 26 mil millones aquí en 2016). Su PIB por persona ($13, 500) es el triple del producido aquí ($4,443), lo cual les permite enviar $4,600 millones de dólares de remesas al país (17% del PIB). Las remesas entran a los sectores más bajos de la población, ayudando a acrecentar la clase media del país, permitiéndole a más niños a entrar y mantenerse en las escuelas y tener mejor salud.

Muchas empresas, grandes, medianas y pequeñas viven, dan empleo a miles de salvadoreños e invierten con los fondos que reciben vendiéndoles a los que reciben las remesas. El contacto con los salvadoreños que viven en Estados Unidos es continuo por todas las vías, desde los electrónicos hasta los aviones que vuelan llenos de salvadoreños en ambas direcciones a destinos en toda la extensión de Estados Unidos. Hay muchos salvadoreños que se han nacionalizado estadounidenses y muchos que sirven en el ejército de ese país.

Dentro de los dos millones que viven allá, hay 700,000 que viven ilegalmente y que por tanto, podrían ser repatriados a El Salvador legalmente. El problema de los ilegales es viejo. En el camino, sin embargo, el gobierno y los ciudadanos de Estados Unidos han encontrado muchas maneras para que la inmensa mayoría se queden allá, legalizados o, aunque todavía sin papeles permanentes, con permisos para trabajar y con facilidades para arreglar su estatus migratorio. En eso, El Salvador ha recibido un trato muy especial. Como prueba de ello, a pesar de las nuevas políticas para restringir la inmigración que está adoptando ese país, Estados Unidos extendió en marzo de este año, por una año más, el Programa de Protección Temporal (TPS) para los salvadoreños. No hay país que está más cerca del nuestro en nuestros problemas y no hay ninguno con el que nuestros destinos estén ligados tan íntimamente. En todas las encuestas el pueblo manifiesta su amistad con Estados Unidos. Todas estas consideraciones indican con toda claridad cual debería de ser nuestra política exterior hacia ese país.

Sin embargo, los gobiernos del FMLN, desde su incepción pero cada vez con más saña, ponen en peligro esta relación privilegiada del pueblo salvadoreño con el pueblo norteamericano con sus ataques continuos a Estados Unidos, identificándolo como el enemigo principal del pueblo salvadoreño y alineándose con sus enemigos en cada ocasión que tienen. Estos enemigos, que son los amigos del FMLN, han establecido tiranías terribles en Cuba y Venezuela y, al menos en el caso de Venezuela, han sido acusados frecuentemente de tráfico de drogas y de internacional lavado de dinero. Son países que además están totalmente marginados de las cadenas internacionales de producción y aislados de la región y del mundo entero. Es decir, con su política servil hacia esos países, el FMLN también contradice los intereses de la población salvadoreña. El pueblo salvadoreño no puede permitir que esto pase.