Manuel Hinds

La desigualdad. De Manuel Hinds

8 abril 2019 / EL DIARIO DE HOY-OBSERVADORES

Como todos los salvadoreños tienen una marcada tendencia a creer que El Salvador es el peor país del mundo en todo, una actitud que ha sido reforzada por décadas de propaganda del FMLN y acompañantes, aquí se asume que nuestro país tiene la peor distribución del ingreso del mundo —es decir, que aquí es donde se observan las mayores diferencias entre los pobres y los ricos, no solo en una localidad específica, sino en general. Para toda esta gente será una sorpresa ver la gráfica 1, que muestra, para toda Latinoamérica, el índice de Gini, que mide la desigualdad en una sociedad.

El índice mide el porcentaje en el que la distribución del ingreso del país se aparta de una distribución que fuera de total igualdad. De esta forma, mientras más alto el índice, mayor desigualdad, y, por supuesto, mientras más bajo, menor desigualdad.

FUENTE: Banco Mundial, https://databank.worldbank.org/data/source/world-development-indicators#

La gráfica, hecha con datos del Banco Mundial, muestra que el país con menor desigualdad en Latinoamérica es El Salvador. El más alto es Brasil y todos los demás están en medio.

Al ver la gráfica nadie debe de caer en la trampa de pensar que ésta mide la pobreza. Desigualdad y pobreza no son lo mismo. Un país puede ser menos igualitario que otro pero tener menos pobreza. Por ejemplo, como se ve al comparar las gráficas 1 y 2, Chile es mucho más desigual que El Salvador, pero tiene mucho menos pobreza (el 6.4% de la población contra 29% en El Salvador) porque su ingreso por habitante es muchísimo más alto. El pastel se distribuye menos igualitariamente en Chile, pero, como el pastel es más grande relativo a la población, los pedazos que recibe la gente son más grandes.

FUENTE: Banco Mundial, https://databank.worldbank.org/data/source/world-development-indicators#. Los pobres se definen como los que reciben, por persona, por día, menos de 5.50 dólares PPP a precios de 2011 (o 17.50 por familia de cinco).

La comparación de estas dos gráficas muestra que la causa principal de la pobreza en El Salvador no es la desigualdad sino el bajo ingreso que la economía genera. La solución no está en quitar a unos para dar a otros sino en aumentar la producción, lo cual, como lo hemos dicho tantas veces, requiere invertir mucho en capital humano—es decir, en educación y salud y en la seguridad ciudadana que permita que esa inversión se dé.

La mejor educación no solo aumentará la producción sino también disminuirá aún más la desigualdad.

La Política Fiscal. De Manuel Hinds

En los años del FMLN enormes cantidades de dinero se dedicaron a emplear correligionarios de ese partido que no dan ningún valor agregado a la ciudadanía. En realidad, en vez de ayudar, estorban. De esta forma, mientras el FMLN contrataba más gente de su partido para trabajar en el Estado, peores se han vuelto los servicios que el gobierno presta a la sociedad.

5 abril 2019 / EL DIARIO DE HOY

Mucha gente se preocupa mucho por la política fiscal pero entiende por política fiscal solo una o quizás dos de sus varias dimensiones. El motivo mayor de su preocupación es la diferencia entre los ingresos totales y los gastos totales. Si los ingresos son mayores, hay un superávit; si los egresos son mayores, hay un déficit. El déficit naturalmente tiene que ser cubierto con préstamos de alguien más —como los bancos que le prestan dinero al gobierno, o como los inversionistas que compran bonos emitidos por el Ministerio de Hacienda. Esto implica que cualquier déficit aumenta la deuda del gobierno. Cuando esta aumenta, los pagos de intereses se van aumentando, dejando menos dinero para gastarlo o invertirlo en otras cosas, como construir escuelas u hospitales.

El mantener los déficits bajo control, pues, es indispensable. Pero mantener esa disciplina no es la única dimensión importante de la política fiscal. Es sólo un requisito, como decir que el carro que se va a usar para un viaje tiene que tener llantas buenas. Hay al menos otras dos grandes áreas que forman la esencia de la política fiscal, las que definen hacia donde irá el carro: los efectos económicos y sociales de los impuestos, y los de los gastos del gobierno.

El objetivo principal del gobierno es ayudar al crecimiento económico y al desarrollo social de la población. El volumen y la composición de los impuestos tienen un impacto enorme en los incentivos para la inversión y en el volumen de los recursos que el sector privado (entendiendo por éste no sólo las empresas grandes sino todas, incluyendo a todos los individuos que no trabajan en el gobierno) tiene para gastar e invertir. Si los impuestos se elevan, los recursos de inversión del sector privado se disminuyen, y con eso la posibilidad de crear empleos en la economía. El tipo de impuestos también es crucialmente importante. Hay algunos impuestos que reducen más las posibilidades de inversión y crecimiento que otros.

El otro aspecto crucial es el ligado al volumen y la composición del gasto público. Estos gastos son la razón por la cual existen las finanzas públicas y los ministerios de hacienda y por los cuales se cobran impuestos. Es a través de estos gastos que se vuelven concretas las políticas del gobierno. Es a través de ellos que se invierte o no en educación, salud, seguridad pública, infraestructura pública, etc.

En El Salvador, con algunas excepciones, los presupuestos se han manejado por acumulación de gastos año con año —es decir, tomando lo que ya se gasta como dado, y sumándole lo que piden los ministros que más gritan, o lo que se puede financiar con los préstamos más fáciles de conseguir. En los años del FMLN enormes cantidades de dinero se dedicaron a emplear correligionarios de ese partido que no dan ningún valor agregado a la ciudadanía. En realidad, en vez de ayudar, estorban. De esta forma, mientras el FMLN contrataba más gente de su partido para trabajar en el Estado, peores se han vuelto los servicios que el gobierno presta a la sociedad.

El resultado de todo esto han sido presupuestos que no ayudan al desarrollo del país y que en muchas instancias lo obstaculizan. Y cada vez queda menos dinero para hacer las cosas que son necesarias para dicho desarrollo. De esta forma, a nadie le debería sorprender que a pesar de que la ciudadanía paga sustanciales impuestos, la educación, la salud, la seguridad, la seguridad y los servicios públicos en general son muy deficientes.

Lo que se requiere es establecer objetivos bien claros de lo que el gobierno quiere hacer para ayudar al desarrollo de largo plazo del país, y revisar el presupuesto entero, no solo su crecimiento, para eliminar actividades que no contribuyen a estos objetivos, para incluir las que sí van a contribuir, y mantener el déficit dentro de los límites de la prudencia financiera. Un cambio de gobierno como el que viene es el momento más adecuado para hacer esto.

¿Lo mismo de siempre? De Manuel Hinds

2 abril 2019 / El Diario de Hoy

El Salvador ha pagado un precio enorme por los conflictos que llenaron su historia en los últimos cincuenta años, desde los secuestros que comenzaron en los setentas, que destruyeron la rápida expansión industrial que incluía los desarrollos iniciales de la industria electrónica, la primera de Centro América, hasta la guerra civil que dejó 80,000 muertos y causó enormes sufrimientos y una caída del ingreso por habitante de 25%, hasta la postguerra llena de incertidumbre que retardó el desarrollo del país por la amenaza continua que el FMLN planteaba contra las instituciones democráticas del país. La gráfica adjunta muestra el menor de los costos: el económico. La línea azul muestra el ingreso por habitante desde 1920 a 1979. La línea negra muestra lo que tendríamos si hubiéramos seguido creciendo a la tasa a la que veníamos haciéndolo en esos años.

La roja muestra lo que e ha sido la realidad de 1979 hasta ahora. El ingreso por habitante actual es apenas un poco más de la mitad de lo que sería si no hubiéramos tenido la caída de la guerra en 1979 y todo el periodo de odios y conflictos que siguió.

FUENTE: Maddison Historical Data https://www.rug.nl/ggdc/historicaldevelopment/maddison/ y DataBank del Banco Mundial.

La gráfica muestra solo parte del costo que las confrontaciones han tenido para el país. Además de reducir el ingreso por persona a prácticamente la mitad de lo que podría ser, hay que sumar el costo mismo de la guerra (el costo de los dos ejércitos) y las muertes y los sufrimientos. Solo viendo la gráfica todos deberíamos de entender que el conflicto y la violencia sólo pueden llevarnos a más pobreza y a más conflicto, en un círculo vicioso que es el que hemos vivido desde que la violencia se fue apoderando del país a fines de los años setentas.

Un cambio de gobierno es siempre una oportunidad para iniciar cambios que sean positivos y significativos para el desarrollo del país. En el discurso de aceptación de su triunfo electoral, el Presidente Electo dijo que, con ese triunfo, ganado con un partido diferente a ARENA y al FMLN, se cerraba el período de la postguerra que había sido caracterizado por los mismos conflictos que habían llevado a la guerra. ¿Qué más positivo y significativo podría suceder que terminar con ese período de odios y conflictos enconados que comenzó en los setentas y sigue todavía vigente 50 años después? Por supuesto, los conflictos tienen al menos dos partes y alguien tiene que tomar la iniciativa para terminarlos y hacer prevalecer la razón sobre los odios, las revanchas y las soberbias. Por la Constitución, que da al Presidente la responsabilidad de mantener la armonía social en el país, y por la responsabilidad misma del liderazgo, es al Presidente Electo al que le toca iniciar el proceso de reconciliación que es necesario para que el país entre a una etapa de progreso. Si no lo hace, el país seguirá con lo mismo de siempre en el sentido más fundamental de la expresión, porque lo mismo de siempre por 50 años ha sido el personalismo, la agresividad, el revanchismo, y el deseo no de aceptar que hay gente que tiene ideas distintas a los que detentan el poder y que si los hay, hay que aniquilarlos. Eso ha sido lo de siempre, y los resultados s e ven en la gráfica.

Si el Presidente Electo logra que las instituciones funcionen en medio de la diversidad de opiniones políticas que es natural en toda sociedad, pasará a la historia como la persona que terminó con la guerra que ha dividido y atrasado al país por 50 años. Si no, dejará esta tarea histórica para otro presidente futuro, con todo el costo que esto significa para el país. Su período habrá sido otro ejemplo de “lo mismo de siempre”.

La columna vertebral del desarrollo. De Manuel Hinds

Sin duda que hay algunas políticas económicas que deben implementarse para volver al país atractivo para la inversión y para posibilitar la inversión pública, pero las “políticas sociales” no son adjuntas a éstas, sino la columna vertebral del desarrollo del país. Son lo más importante que tenemos que hacer y merecen las prioridades más altas.

29 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

La sociedad es un organismo muy complejo y su desarrollo requiere acciones en un gran número de dimensiones. Sin embargo, hay ciertos temas que son fundamentales en todas estas dimensiones, y acciones que si no se toman detienen todo el progreso. Para identificar cuáles son esos temas fundamentales es necesario tomar una perspectiva lejana, viendo el bosque para que los árboles individuales no distraigan la vista.

El bosque es bien simple. Lo podemos describir con dos hechos. El primero es que El Salvador crece muy poco para poder salir del subdesarrollo dentro del siguiente medio siglo. A la tasa promedio a la que hemos estamos creciendo desde que terminó la guerra en 1992 (que es un poquito mas alta que la del promedio de Latinoamérica), nos tardaríamos 55 años para alcanzar el ingreso por habitante que ahora tiene Uruguay, el país latinoamericano con mayor ingreso por habitante pero todavía no plenamente desarrollado.

El segundo hecho es que la única manera de subir la tasa de crecimiento de la economía (y generar desarrollo) es educando al pueblo para que puedan producir bienes y servicios más sofisticados y así generar más valor agregado en la producción, obteniendo más ingresos. Esto, que siempre ha sido cierto, lo es mucho más aún en la economía del conocimiento que está capturando al mundo entero. Esto es cierto aún para los países con recursos naturales porque dichos recursos no se pueden explotar sin conocimiento; es más cierto aún para un país como el nuestro que no los tiene.

Por supuesto, no se puede educar bien a un pueblo que no tiene salud ni seguridad. Está comprobado además que la formación del individuo para que pueda desarrollar la innovación y la creatividad que son esenciales para generar tasas altas de desarrollo el conocimiento debe estimularse muy tempranamente en los niños, y que deben acompañarse de cuidados de salud que van mucho más allá que los que ahora reciben. El cerebro humano se abre a aprender ciertas cosas básicas a edades muy tempranas y luego se cierra en estas dimensiones. Los que aprendieron a usar estas habilidades en esos años pueden progresar a estadios más altos que los que no lo lograron hacer. La falta de atención a la educación y la salud en esos años condena a la mayor parte de los salvadoreños a quedarse permanentemente atrás en su vida. Además, proveyendo esta atención se previenen muchas enfermedades en los adultos, que luego sale más caro tratar que lo que hubiera costado prevenir.

Tercero, no sería ni justo ni práctico concentrar toda la inversión en las generaciones futuras por lo que también hay que hacer un esfuerzo muy grande para mejorar la educación y la salud de los adultos, con el mismo objetivo de mejorar sus habilidades para mejorar su valor agregado. La revolución tecnológica actual da muchos mecanismos para facilitar esta educación, y todos deben ser ocupados. En casos como el del software, se ha observado que muchos individuos que podrían acceder a nuevas actividades y aumentar enormemente sus ingresos no lo hacen porque no se les imagina que lo pueden hacer. Esto pasa especialmente con las mujeres. Hay que hacer un esfuerzo en este sentido también, empoderando al pueblo no para que pelee con otros sectores sino para que se de cuenta de que puede lograr su propio desarrollo.

A todo esto que estamos hablando —la educación, la salud, la seguridad, el empoderamiento— la gente la llama “las políticas sociales”, como si fueran un adjunto a otras políticas, quizás más serias e importantes. Sin duda que hay algunas políticas económicas que deben implementarse para volver al país atractivo para la inversión y para posibilitar la inversión pública, pero las “políticas sociales” no son adjuntas a éstas, sino la columna vertebral del desarrollo del país. Son lo más importante que tenemos que hacer y merecen las prioridades más altas.

Lo son por dos razones. Primero, porque el tener educación, salud y seguridad es lo que es el desarrollo. Estas actividades son fines en sí mismas. Segundo, porque sin ellas no vamos a crecer económicamente y nunca alcanzaremos el desarrollo pleno de nuestra sociedad. Es decir, son fines y medios para el desarrollo. Debemos darles primera prioridad desde ya, desde este minuto y todos debemos colaborar para su éxito.

La legitimidad de ARENA. De Manuel Hinds

22 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

La legitimidad es dinámica. Se puede tener pero luego perder o aumentar en las siguientes elecciones. Esta fluidez aumenta cuando las circunstancias están cambiando, como en este momento. En Inglaterra le llaman a la oposición “la leal oposición”. El objeto de la lealtad es el pueblo y es esta lealtad lo que le da la legitimidad a los partidos políticos. Estén en el gobierno o en la oposición, el pueblo espera que estos partidos busquen el beneficio del pueblo. Es esa lealtad la que los hace elegibles para el poder.

En El Salvador, uno de los factores más importantes en los resultados electorales del 3 de febrero fue precisamente la percepción de la ciudadanía de que los dos partidos que dominaron la política del país en los últimos treinta años se habían concentrado en atacarse el uno al otro, olvidando esta lealtad. El malestar de la población, que no se sentía representada en estas grescas, se manifestaba en la baja participación en las elecciones.

Por años varios columnistas advertimos que si los dos partidos se concentraban en estas luchas sin sentido iban a abrir el espacio para que, como sucedió en Venezuela, en Ecuador y en Perú, surgiera una tercera fuerza a desalojar a los que se consideraban indispensables. Pero los dos partidos principales pensaban que la población no tendría otra alternativa que votar por cualquiera de ellos dos, porque formar una tercera fuerza era imposible. En realidad, a través de la historia moderna del país, nadie diferente a ARENA y el FMLN había logrado competir en esta lucha en la que estaban enzarzados estos partidos. Hasta 2019.

La derrotas catastrófica del FMLN y la incapacidad estructural que este partido tiene para evaluarse a sí mismo y renovarse —evidente en el hecho de que sus dirigentes siguen siendo los que eran durante la guerra hace treinta años, y en la rigidez de su ideología— da pie para pensar que ese partido está en decadencia terminal y que va a ser sustituido eventualmente por otro partido, ahora de izquierda moderada.

Pero ARENA sigue siendo una fuerza importante, con poder en términos de la Asamblea y de las municipalidades que ganó hace apenas un año, y con posibilidad de mantener y aumentar este poder. Pero para poder lograrlo, ARENA tiene que aprender a fondo las lecciones que el 3 de febrero le dejó. La primera y principal es que los pleitos internos son terriblemente destructivos, para el partido mismo y para la percepción que la gente tiene de él. La gente ve los pleitos internos, las zancadillas, los boicots mutuos y concluye que son síntomas que evidencian que los líderes que se disputan el poder de esas formas tan descarnadas están solo interesados en sus propias ambiciones personales y que el partido y el pueblo no les importan. Los que llegan al extremo de preferir que su propio partido pierda con tal de que un rival no gane demuestran que para ellos los ideales del partido no son importantes y que el partido solo es un vehículo para lograr sus ambiciones personales. Esa falta de lealtad con la gente es lo que la ciudadanía vio en el pleito entre ARENA y el FMLN, y este conflicto sin sentido entre los dos lo castigó en las elecciones. Si ARENA misma entra en un pleito interno de gatos por el control del COENA el pueblo volverá a pasar factura. El conflicto actual debe terminar rápidamente y de una manera institucional para que el partido pueda pasar al otro punto importante: su papel en el manejo del país con la nueva administración del Ejecutivo.

Si quiere mantener y aumentar su legitimidad y no seguir el ejemplo del colapso del FMLN, ARENA tiene que jugar un papel positivo en las nuevas circunstancias, demostrando que su lealtad es hacia el pueblo. Debe, primero que nada, defender la institucionalidad del país, que es la única garantía que tenemos para mantener las libertades del pueblo. Segundo, debe proponer y ayudar a implementar las acciones que pueden sacar al país del subdesarrollo en las que más puede ayudar: la inversión en capital humano y la recuperación de la inversión y el crecimiento del empleo. Tercero, no debe oponerse a todo por oponerse, sino cuando sea necesario para cumplir con las dos anteriores. Eso es lo que el pueblo espera de ARENA.

Los planetas alineados. De Manuel Hinds

21 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

El presidente electo pareciera tener todos los planetas alineados para tener éxito en su administración. Con el colapso del FMLN ha quedado clara la coincidencia de intereses que tenemos con Estados Unidos, una coincidencia que estuvo oculta por el apoyo que el FMLN y su gobierno dieron al régimen de Maduro en Venezuela, la peor dictadura que ha existido en Latinoamérica, y al de Ortega en Nicaragua.

Hay mucha gente que cree que la coincidencia está dada por la voluntad del nuevo gobierno de revertir ese apoyo y unirse a las demás democracias continentales en su rechazo a esas tiranías. Pero hay una coincidencia mucho más profunda: tanto Estados Unidos como el pueblo salvadoreño estamos interesados en convertir El Salvador en un país en el que la gente quiera vivir y hacer su futuro en él en vez de emigrar a Estados Unidos.

Como lo ha demostrado en las últimas semanas, Estados Unidos está dispuesto a invertir fuertemente en nuestro país económica y políticamente. Si no lo había hecho en las magnitudes en las que está dispuesto a hacerlo ahora era porque el FMLN no tenía ni el deseo de permitirlo (el FMLN siempre ha mantenido la actitud de que Estados Unidos es un enemigo) ni la capacidad de coordinar la enorme complejidad de las inversiones que se generarían, y tampoco de permitir el crecimiento del sector privado.

El presidente electo, en su reciente discurso en la Heritage Foundation en Washington D.C. estableció las líneas que su gobierno seguiría en términos de políticas exteriores y domésticas, todas en armonía con la democracia liberal, que es el motor de la sociedad estadounidense y que da las seguridades que los inversionistas, norteamericanos y locales, esperan para apostarle con fuerza al crecimiento de El Salvador.

Por otro lado, el colapso del FMLN también abre la puerta para darle viabilidad económica y política a la administración del presidente electo y en general a la democracia salvadoreña en un conjunto de circunstancias realmente histórico. La democracia ha funcionado en El Salvador ya por más de tres décadas pero es la primera vez en la que se dan dos circunstancias en las que la verdadera democracia puede consolidarse. Una es que por primera vez ninguna de las dos fuerzas políticas más poderosas está movida ideológicamente (si las palabras de la Heritage son sinceras) por el objetivo de destruir la democracia.

La otra es que, por primera vez también, el poder está realmente dividido en dos: el presidente tendrá el ejecutivo pero está muy lejos de tener los votos necesarios para controlar el legislativo. Esto había pasado en otros gobiernos, pero la diferencia de votos para lograr la mayoría era suficientemente pequeña para que los partidos pequeños (el PCN, GANA y la DC) pudieran asegurar que se lograría. Y así lo hicieron.

Ahora la diferencia es enorme. Si todos los partidos pequeños (incluyendo GANA, el del presidente electo) se unen lograrían apenas 23 votos de los 84 de la Asamblea. Pasar una medida por mayoría simple requiere 43 votos, que se pueden lograr sumando ARENA (37 votos) con los del presidente electo (11 de GANA para un total de 48), o con la suma de GANA, PCN, DC y FMLN (46 votos en total).

Estas situaciones se dan en muchas democracias, tanto que la madurez democrática puede medirse por la eficiencia con la que dos fuerzas políticas pueden colaborar por el beneficio del pueblo, sin entregarse la una a la otra pero cooperando por este beneficio. En Alemania, por ejemplo, este ha sido el caso por décadas.

La situación en El Salvador permite lograr una legitimidad enorme para el nuevo presidente si se logra armar una coalición basada en el beneficio del país. Esto haría historia. Si no se logra, el país entero va a perder en conflictos sin sentido.

Pero hay algo que puede desarticular todos los planetas que hoy están alineados: el intento de gobernar sin las instituciones del estado, saltándose el orden establecido por la ley. Cuando esto se hace, como en Venezuela y Nicaragua, el orden jurídico se derrumba, el poder se concentra absolutamente, y así es como surge la corrupción absoluta de esos países.

En esta semana el presidente electo tomó una acción con la que se saltó el orden jurídico del país cuando ordenó a la PNC que soltara a dos estudiantes capturados en una manifestación.

La policía los acusó de tirar proyectiles contra agentes policiales, un delito que se configura como desorden público y daños materiales. En un segundo twit, el presidente electo le dio dos horas a la PNC para soltarlos, amenazando a los policías individuales con que si no lo hacían les iba a abrir un expediente después del 1 de junio.

La PNC dijo que se apegaría a los plazos procesales establecidos por la ley y que, como también dice la ley, remitiría los expedientes a la Fiscalía General de la República, que es la que decide si los acusa o no.

Los procesos que establece la ley protegen a la ciudadanía contra las arbitrariedades del poder político. Ni un presidente ya en funciones tiene el poder para soltar a alguien que ha sido capturado. La policía debe entregar a los reos con su acusación a la Fiscalía y esta decide si acusarlos, y para condenarlos o soltarlos hay que ir a un juez. Eso evita que a alguien lo suelten o lo meten preso dependiendo de si le cae bien o no al presidente.

Esto es lo que ha pasado en Venezuela y en Nicaragua, y este poder sobre vidas y haciendas es lo que les permitió a Chávez, a Maduro y a Ortega imponer su tiranía a base de violencia. En todos estos casos, los presidentes justificaron el salto de las instituciones diciendo que todos los demás eran corruptos. Cuando las instituciones cayeron porque ellos se las saltaron, ellos se constituyeron en tiranos, y como dijo Lord Acton, con el poder absoluto se corrompieron absolutamente.

El presidente electo ha dicho que se opone a las tiranías de Venezuela y Nicaragua. Debe entonces evitar tomar acciones que convertirían a El Salvador en otra Venezuela y destruirían todas las posibilidades de progreso que se abren en este momento.

La educación para los cambios. De Manuel Hinds

15 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

En esta columna he enfatizado muchas veces la importancia de invertir en el capital humano del país, elevando el nivel y la penetración de la educación y la salud del pueblo entero. Es igualmente importante discutir los tipos de educación que necesitamos para evitar graduar personas que no encuentren trabajo en el mercado —algo que está pasando en este momento—. La falta de convergencia entre las necesidades de la sociedad y lo que el sistema educativo está produciendo proviene de dos problemas principalmente. Uno es que la enseñanza no está enfocada en dichas necesidades. El otro es que la calidad de la enseñanza es mala, de tal forma que las cosas que el sistema dice que enseña al alumno realmente no se las enseña. El segundo problema es, sin duda, el peor porque conlleva una mentira que para las personas que invierten sus recursos en educarse adquiere la naturaleza de estafa.

La solución de este problema es muy difícil pero es esencial. Involucra no solo la mejoría técnica del profesorado sino, y muy importantemente, la inyección de la pasión por lograr excelencia en su profesión. Esto, por supuesto, debe ir acompañado de mejoras en la educación, la remuneración y el prestigio del profesorado. Los países que han logrado éxitos más grandes en la educación de su gente, incluyendo prominentemente a los nórdicos, lo han hecho enfocándose mucho en la mejora de sus profesores.

Pero es igualmente importante enfocarse en las necesidades de la sociedad, tanto a largo como a corto plazo, lo cual requiere destruir varios mitos, comenzando con el que dice que el ideal debe ser que todos tengan una educación universitaria. Países como Alemania e Inglaterra, que han invertido mucho en la educación técnica, enfocada en generar habilidades que lleven al alumno a conseguir rápidamente un empleo de valor agregado, han demostrado que dicha educación es un camino muy eficiente para lograr y sostener el desarrollo económico. Y, si es exitosa, puede ser mucho más barata que la alternativa de tratar de pasar a todos por la universidad. Sin duda es muchísimo más barata que no dar educación y dejar que el pueblo se defienda con habilidades de bajo valor agregado.

La orientación de los estudiantes a habilidades que sean demandadas por la sociedad tiene un problema muy particular: las tecnologías están cambiando tan rápidamente que cuando los estudiantes se gradúan las tecnologías que han estudiado muy probablemente son obsoletas. Por eso, lo más importante es lograr que los alumnos aprendan a aprender para que siempre se puedan mantener al día.

Esta semana estuve en una conversación con un exitoso empresario salvadoreño de software que está muy interesado en este problema porque lo que restringe el crecimiento de su empresa es la disponibilidad de programadores. Es decir, si la empresa logra conseguir programadores, le es relativamente fácil conseguir clientes para el crecimiento de su empresa y dinero para financiarlo. Con 27 años, maneja una empresa que tiene cerca de 70 programadores y está creando entre 6 y 8 empleos nuevos cada mes. Los empleos pagan $500 mensuales al ingresar a la empresa y pueden subir en pocos años a $1,500 mensuales y aún más.

La entrada a esta profesión no requiere un grado universitario sino solo los conocimientos básicos de un bachillerato (la empresa no exige ningún título) y un entrenamiento de cuatro meses. Los que la empresa escoge para contratar son personas que hayan realizado proyectos, que les enseñan a conceptualizar problemas y a resolverlos. Pero lo que más les sirve para escoger es la pasión que los aplicantes tienen, no por conseguir un trabajo sino por el placer de aprender y por la satisfacción de resolver problemas de programación. Esto es lo que motiva a los muchachos a enfrentar el gran reto de la nueva revolución tecnológica: aprender a aprender.

Hay otras profesiones que requieren de habilidades más elaboradas, de matemáticas más avanzadas, de ciencias naturales profundamente estudiadas. Pero en todos los campos es cierto que lo esencial es enseñar a las nuevas generaciones y a sus profesores a aprender, que es lo que tendrán que hacer por todas sus vidas, y darles la pasión por el conocimiento, que es lo que los va a motivar y les dará satisfacción. Ambas cosas son cruciales en nuestros tiempos.