Manuel Hinds

Con los agiotistas. De Manuel Hinds

El manejo eficiente de las finanzas públicas es clave porque ahorra enormes cantidades de dinero en comparación con los intereses que tiene que pagar un estado manirroto y mal manejado.

manuel hindsManuel Hinds, 24 febrero 2017 / EDH

El gobierno publicó ayer como un grandioso logro la venta de $600 millones en bonos con vencimiento en 2029 a una tasa de interés de 8.625 por ciento. Como razón adicional de orgullo el gobierno indicó que había recibido ofertas cinco veces más altas que la cantidad que se quería colocar (recibió ofertas que sumaban $3,359 millones entre todos los potenciales compradores cuando solo se estaban ofreciendo $600 millones). El tono de triunfo es totalmente inapropiado porque la tasa de interés es horriblemente alta, el equivalente para un gobierno de tomar prestado dinero de agiotistas. También es inapropiado presumir que les habían ofrecido mucho más dinero que el que querían porque eso lo único que indica es que el gobierno estaba ofreciendo tasas de interés demasiado altas, tan altas que diario hoyatrajo tantas abejas al panal. Es bien fácil atraer miles de compradores si usted ofrece algo muy barato, y peor si lo vende a un precio que deja a muchos compradores con ganas de comprar. Usted beneficiaría a los que compraron a costa del estado salvadoreño ya que los compradores podrían darse la vuelta y vender los bonos a mayores precios de los que le pagaron a usted, para una ganancia instantánea. El gobierno debería de aclarar si hubo ventas inmediatamente después de que el gobierno vendió, y a qué precios.

En todo caso, la tasa de interés es altísima. En este momento el rendimiento de los bonos a 10 años del Tesoro de Estados Unidos es de 2.41 por ciento, lo cual indica que El Salvador pagará aproximadamente 6.2 por ciento más que la que paga Estados Unidos y 4.8 por ciento más que lo que pagaría México. Compararnos con México no es fuera de orden porque por varios años tuvimos grado de inversión, una calificación de riesgo mucho mejor que ese país (mientras mejor es la calificación de riesgo menor es la tasa de interés).

Ahora calcule usted cuánto pagaremos en estos bonos y cuánto hubiéramos pagado si todavía tuviéramos la calificación que teníamos en los años noventas.

Estos bonos nos van a costar en intereses, por año, $600,000,000 X 8.625 por ciento = $51,750,000. Multiplique esto por 12 años y le dará $621,000,000. Es decir que por $600 millones de deuda, pagaremos en capital e intereses $1,221,000,000 (si, mil doscientos veintiún millones de dólares). Si fuéramos todavía comparables con México, pagaríamos en intereses solo $22,800,000. En los 12 años pagaríamos $263,600,00 en intereses, que al sumarlos a los $600,000,000 de deuda, llegamos a $873,600,000 de pago total. Esto es $347,400,000 menos que lo que tendremos que pagar ahora.

Piense ahora en lo que se podría hacer con esa diferencia, y piense lo que se podría hacer con la cantidad total que el gobierno tendrá que pagar por esos bonos, mil doscientos veintiún millones, y recuerde que el gobierno no hace nada visible con las enormes cantidades de dinero que gasta.

Estas cifras deberían de hacer pensar a los salvadoreños, que, con gran liviandad piensan que tener grado de inversión (una calificación muy buena que solo Chile y El Salvador tenían en los finales de los años noventas) no es importante. El manejo eficiente de las finanzas públicas es clave porque ahorra enormes cantidades de dinero en comparación con los intereses que tiene que pagar un estado manirroto y mal manejado. Allí, en esos $347,400,000 que tendremos que pagar de más van 347 escuelas de un millón de dólares cada una, o 347 unidades de salud del mismo precio, o casi 700 becas de $100,000 cada una para estudiar posgrados en universidades de primera en Estados Unidos o en Europa. ¿Cuántas universidades se podrían equipar con $347 millones?

En este momento los altísimos intereses que estaremos pagando solo afectan este préstamo. Pero marcan el camino que el país seguirá si el gobierno no ajusta su manejo fiscal y hasta la manera en la que habla. Si este ajuste no se da, cada vez que se tome un préstamo se pagará una tasa así de alta o mayor, con lo que poco a poco la tasa promedio que se paga sobre la deuda va a ir aumentando hasta asfixiar al país.

Ese será el gran logro de los gobiernos del FMLN.

Comenzando a caerse. De Manuel Hinds

manuel hindsManuel Hinds, 17 febrero 2017 / EDH

En varias ocasiones he descrito el problema fiscal del gobierno del FMLN como una gotera que, si no se repara, puede botar el techo. Lo he descrito como una gotera porque, vista en sus números fríos, la famosa crisis no sería crisis si el gobierno fuera manejado por personas competentes y responsables. Al gobierno le ha entrado y todavía le entra el dinero a borbollones desde que el FMLN está en el poder y, de una situación fiscal muy razonablemente buena cuando tomó la presidencia en 2009 ha pasado a una en la que no le alcanza el dinero para nada.

diario hoyLa he descrito como una gotera que puede botar el techo porque no hay fortaleza que resista el impacto sostenido de la negligencia, el desorden y el desperdicio desaforado con los que el FMLN maneja las finanzas públicas y el gobierno en general. Es claro que en este ambiente, en algún momento el agua va a corroer una viga, o a romper una columna, o a erosionar una fundación. Hasta este momento la situación de impago del gobierno había afectado a los proveedores y a los usuarios de los servicios públicos, que cada vez carecen más de materiales, y que cada vez son peores, pero este impacto había sido difuso. El dinero no llegaba a las escuelas y tampoco a los hospitales y unidades de salud, y la gente sufría esto pero como individuos. La gente estaba sufriendo, pero el gobierno podía pretender que todo funcionaba.

Pero el miércoles se supo que la negligencia del gobierno había cruzado otra línea, una en que los efectos de cruzarla se sentirán en conjunto y simultáneamente por toda la población: debido a la enorme y vieja mora del gobierno del FMLN, las empresas guatemaltecas que exportan energía a El Salvador han decidido ya no venderle electricidad al país. Este es el comienzo de un proceso de descalabro de la oferta de electricidad que si no es prontamente corregido llevará a escasez de electricidad, mayores costos, racionamientos y un colapso en la producción del país. El costo de una escasez de electricidad no solo es el foco que no se encendió o la comida que se pudrió en la refrigeradora sino también el tiempo perdido en la operación de maquinaria y las consecuentes pérdidas en salarios y producción.

El FMLN toma estos problemas con la misma falta de interés que ha mostrado en todas sus tareas de gobierno. En realidad, llegar a escaseces y racionamiento no es una novedad para los gobiernos marxistas. En Cuba todo es racionado y en Venezuela ya casi todo, lo cual es muy bienvenido para los partidos hermanos del FMLN en esos países. El racionamiento les presenta la oportunidad de darles electricidad a unos sí y a otros no, haciendo que la gente vaya dependiendo más de estar bien con los del gobierno y el partido para sobrevivir. Les ayuda a apretar la soga en el cuello de la población.

El racionamiento, obviamente, tendría un costo político para el FMLN pero, seguramente, si llegamos a los apagones, el gobierno primero le restará importancia al hecho (diciendo, por ejemplo, que en muchos lados hay apagones) y, segundo, le echará la culpa a ARENA por no aprobarle más endeudamiento en la Asamblea.

El gobierno confía en que le puede echar la culpa de su pésimo gobierno a ARENA porque ésta, ocupada en visitar y revisitar sus sedes locales para asegurarse y reasegurarse de la lealtad de sus funcionarios internos para las siguientes elecciones internas, nunca tiene tiempo ni interés para decir nada y menos para protestar firmemente. Como resultado, mientras peor es el gobierno del FMLN, más cae la popularidad no sólo del FMLN sino también de ARENA. Y hay menos protección contra los abusos del FMLN.

Mucha gente no lo realiza, pero por este camino iremos, poco a poco, cayendo en la desgracia de Venezuela.

De chips a estancamiento. De Manuel Hinds

manuel hindsManuel Hinds, 10 febrero 2017 / EDH

El último informe sobre El Salvador de la administración del Banco Mundial a su Junta de Directores tiene en la portada una fotografía de un chip de computadora manufacturado en los años setenta por la empresa Texas Instruments. El chip dice “Made in El Salvador”, Hecho en El Salvador. El objetivo de mostrar esta fotografía en la portada es mostrar lo que El Salvador era capaz de hacer hace casi cincuenta años, algo que muy pocos países en desarrollo podían hacer en esos años: tener una industria que no dependía de productos primarios sino de puro conocimiento y que, al contrario de lo que en esa época era común en el Tercer Mundo, añadía un alto valor agregado tanto en términos de los salarios de los obreros que trabajaban en la manufactura misma de los chips como de los de los ingenieros salvadoreños que los dirigían, entrenados en las técnicas más modernas de su tiempo.

diario hoyLos representantes de la empresa manifestaron muy frecuentemente su satisfacción con la calidad del trabajo de profesionales y obreros, y planearon convertir a El Salvador en una de sus sucursales principales en países en desarrollo. Dentro de esos planes estaban el ayudar a las universidades para que pudieran elevar el nivel de las ingenierías electrónicas, de sistemas, y de producción para que el país pudiera absorber niveles mayores de producción y la instalación de otras empresas que proveían materiales para Texas Instruments o que usaban sus productos en sus propia producción.

El Salvador era en ese tiempo la envidia de muchos países en desarrollo. Desgraciadamente, movimientos que luego formarían el FMLN comenzó su campaña de secuestros, atentados y acciones para desestabilizar al país, y Texas Instruments fue una de las víctimas de ella. Resistió por un tiempo pero al final los costos que estas campañas del FMLN le causaban, en términos humanos y monetarios, superaron las ventajas que la alta calidad y el buen desempeño de los salvadoreños les daban. Decidieron irse, y se llevaron a varios ingenieros salvadoreños porque los consideraban excelentes.

La enorme magnitud de lo que El Salvador perdió puede medirse por lo que ganaron los países adonde Texas Instruments y sus asociadas se fueron. El mayor beneficiado fue Singapur, que en ese momento era un país que apenas comenzaba su vida independiente y cuya población tenía ingresos menores que los de El Salvador. La pobreza era enorme en ese país, el esfuerzo por mejorar la educación y la salud apenas estaban comenzando. Texas Instruments se movió a un país bastante más pobre que El Salvador, menos desarrollado.

Pero en vez de alejarlos, en vez de volverlos víctimas de atentados, Singapur acogió a Texas Instruments y a otras empresas asociadas que fueron muy importantes en el desarrollo del país. Estas empresas convirtieron a Singapur en un foco de desarrollo tecnológico, algo que El Salvador perfectamente podría haber hecho si no hubiera sido por las campañas de odio que levantó el FMLN. Ahora Singapur es uno de los países más ricos del mundo, basado en atraer empresas de alta tecnología como la Texas Instruments.

Es bien triste no solo que esto haya pasado sino también que se haya olvidado tan completamente, y que no se haya extraído ninguna lección de lo que fue una tragedia. Desde 1970 hasta ahora el FMLN ha inyectado odio y sembrado división, y en su afán de escalar el poder total ha logrado paralizar al país en una economía de bajo valor agregado, mientras Singapur y otros países han logrado desarrollarse en el mismo tiempo que ha pasado desde que el FMLN logró expulsar a Texas Instruments y las posibilidades de movernos a una industria de algo valor agregado. Aquí está el FMLN, ahora en el poder, alentando al pueblo salvadoreño a que se peleen por las migajas de lo que es ahora el país, cuando, sin sus inyecciones de odio, el país pudiera ser el Singapur de Latinoamérica.

Por supuesto, nunca lograremos cambiar al FMLN, que lo que quiere es el poder total, económico y político, para sus líderes. Pero sí podemos dejar de votar por ellos para que no sigan destruyendo a El Salvador.

La desesperanza aprendida. De Manuel Hinds

manuel hindsManuel Hinds, 3 enero 2017 / EDH

En un artículo reciente el Dr. José María Sifontes, psiquiatra, escribió acerca de un experimento realizado por el Dr. Martin Seligman en 1967. En el experimento un perro era sometido a experiencias contradictorias en un cuarto dividido en dos partes por una pared baja que el perro podía saltar. De pronto, una luz roja se encendía, y el suelo de la zona donde estaba el perro se electrizaba. El perro saltaba a la otra zona y descubría que esa no estaba electrizada. Al ver la luz encenderse, sin esperar a que el piso se electrizara, se saltaba la barda y se quedaba tranquilo en el lado no electrizado.

diario hoyPero una vez se encendió la luz y al saltar se encontró que con que la zona a la que saltaba estaba electrizada y tenía que saltar de regreso a la otra. Al poco tiempo aprendió que al encenderse la luz no tenía que saltar. Pero de pronto entonces todo comenzó a cambiar caóticamente, de modo que a veces la luz anunciaba que se electrizaría el suelo en donde estaba, a veces que no, a veces que las dos se electrizarían al mismo tiempo, a veces que nada pasaría. El perro comenzó a llenarse de angustia. Primero se volvió agresivo, pero luego comenzó a deprimirse, hasta que llegó un momento en el que dejó de comer, y se tiró en el suelo sin reaccionar cuando le electrizaban el suelo. Había perdido la esperanza de poder alterar su destino, y se entregó pasivamente a lo que pasara.

Este estado de ánimo se volvió permanente, aun cuando sacaron al perro de ese cuarto. A ese estado le llamaron “impotencia aprendida” o “desesperanza aprendida”. Es lo que les pasa a las personas sujetas a estímulos poderosos y totalmente contradictorios, a la esperanza y luego a la desesperanza, al pánico y a la tranquilidad.

Stalin fue un experto en esta técnica. Por ejemplo, durante la época del Gran Terror mató a decenas de sus asistentes más cercanos, militares y civiles, tratándolos como al perro en el experimento. Los mató uno a uno, en una progresión en la que todos los que iban quedando vivos no podían tener ninguna duda racional de que el turno inevitablemente les iba a llegar a ellos. Se veían todos los días y hubieran podido unirse y derrotar a Stalin. Y sin embargo, no hicieron nada porque Stalin les había inducido la impotencia.

Todos se daban cuenta de quién iba a ser la próxima víctima porque Stalin lo abrazaba y le decía frente a todos que lo quería mucho, y que a pesar de que había cometido muchos errores, y que aunque merecía castigos, nunca le haría nada. En las semanas siguientes Stalin lo sometía a un tratamiento de grandes cariños y amenazas cada vez más ominosas. A Nicolás Bukharin, por ejemplo, cuando ya Stalin lo había abrazado y amenazado por semanas, lo llegaron a buscar a media noche los de la NKVD, la policía secreta. En ese momento sonó el teléfono. Era Stalin, que le dijo que los mandara al diablo, porque él siempre lo iba a querer. Bukharin los mandó al diablo a los policías y se fueron. Un día, ya nadie detuvo a los de la NKVD, se lo llevaron y lo mataron después de una farsa de juicio. Nadie levantó un dedo por Bukharin. En el juicio, sin embargo, dijeron que Bukharin había denunciado como traidores a Stalin a otros de los íntimos de éste, y Stalin los abrazó, y les dijo que aunque merecían castigo, no les haría nada. El proceso volvió a comenzar.

Uno piensa, ¿Cómo es posible que se dejaron? Y luego piensa, ¿no es esto lo que nos están haciendo, día a día, diciendo que van a tomar el poder total, que van a hacer de este país una Cuba y una Venezuela, para luego decir, “son exageraciones que decimos para nuestras bases, pero no haremos nada contra la democracia”? ¿No es lo mismo que invitar al diálogo y al mismo tiempo quemar llantas en las calles y desatar a los troles? Esas tácticas contradictorias son la manera de inocular la desesperanza aprendida, para que nadie se oponga a su asalto final al poder.

Diabetes fiscal. De Manuel Hinds

Como un diabético mal cuidado, el gobierno se engorda mientras que los servicios públicos y las actividades legítimas del gobierno tienen cada vez tienen menos recursos.

manuel hindsManuel Hinds, 28 enero 2017 / EDH

El gobierno quiere que creamos que el problema fiscal del país es que no puede pa-gar sus deudas porque sus ingresos son más bajos que sus egresos. El equivalente médico de esta enfermedad sería inanición. Los síntomas serían ver a un gobierno adelgazado, esquelético. Su cura sería reducir el uso de energía o aumentar la comida. Pero la enfermedad fiscal del gobierno de El Salvador no es inanición. Lo que tiene el gobierno es diabetes fiscal—una enfermedad en la que la persona come mucho, puede engordar enormemente, pero se está muriendo de hambre porque los alimentos no se usan para que sus células puedan trabajar. La enfermedad se come la energía que entra al cuerpo y deja sin comida a las células que la comida debería alimentar. Esto es lo que pasa en el país. El gobierno cada vez cobra más impuestos, y diario hoycada vez dedica menos de estos (y de los préstamos que logra conseguir) a pagar los servicios públicos que el gobierno debería de proveer. Como un diabético mal cuidado, el gobierno se engorda mientras que los servicios públicos y las actividades legitimas del gobierno tienen cada vez tienen menos recursos. La diabetes, médica y fiscal, engorda al paciente pero causa inanición en sus células.

Las radiografías del gobierno muestran un enorme gordo en sus ingresos, y un pobre esquelético muriéndose de hambre en las funciones que debería de estar cumpliendo. El remedio no es darle más de comer al diabético. Hacerlo es altamente contraproducente, porque el darle más comida acelera el proceso por el cual los que reciben la comida se las quitan a las células del cuerpo. Si el gobierno consigue más dinero, su gordura aumentará pero sus actividades legítimas caerán cada vez más en la inanición.

Por supuesto, el gobierno clama, cuando pide más y más dinero, que se queda sin efectivo porque, siendo un gobierno de izquierda, está gastando mucho en servicios sociales para los pobres. Hay gente que les cree: los que no viven en este mundo, los que no se dan cuenta de cómo los servicios sociales se han deteriorado, los que no se detienen a pensar que no es posible que este gobierno ha recibido más recursos que cualquier otro gobierno y ha llevado al estado a una situación paupérrima, los que no se dan cuenta de que el gobierno del FMLN ha logrado que le aprueben un presupuesto que no contiene todos los gastos que tendrá que cubrir en 2017 porque si los incluyera se vuelve obvio que el presupuesto está desfinanciado.

Pero los que se tragan la peregrina idea de que el gobierno se ha metido en problemas fiscales porque gasta mucho en ayudar a los pobres deberían de reaccionar viendo como, en medio de la crisis espantosa por la que pasan los hospitales públicos porque no reciben dinero suficiente ni para los medicamentos más esenciales, el gobierno del FMLN les ha recortado 17 millones en el nuevo presupuesto, diciendo que en realidad no les hará falta, implicando que no los necesitan. Pero al mismo tiempo el gobierno gasta 50 millones en extravagantes seguros de salud privados cuyas primas cuestan, en todo el gobierno, cerca de 50 millones de dólares que, si fueran invertidos en los hospitales públicos, harían una gran diferencia para la población del país. Que el FMLN hace esto muy conscientemente lo demuestran las declaraciones de una de sus líderes en la Asamblea, que llena de indignación dijo que ella y sus colegas no podrían ir a clínicas públicas o del Seguro Social porque son muy inferiores a las del sector privado. ¡Claro! ¡Si día a día ellos mismos le quitan dinero a los servicios públicos! Este es un claro caso de diabetes fiscal, en la que las glóbulos que deberían de llevar la glucosa a las células del cuerpo se quedan con ella y la usan para su propio beneficio.

Igual pasa en educación, en donde las escuelas reciben cada vez menos dinero.. Pero, grandes como son estos casos, ni siquiera comienzan a explicar a dónde se va tanto dinero que el gobierno recibe y sigue recibiendo de los ciudadanos mie

Lecciones de los empresarios para el FMLN, lección 1. De Manuel Hinds

manuel hindsManuel Hinds, 20 enero 2017 / EDH

Esta semana la línea aérea VECA, fundada con dinero de Alba y manejada por líderes del FMLN, colapsó, dejando sin cumplir muchas obligaciones con proveedores, empleados y clientes. El colapso se desencadenó cuando los dueños de uno de los dos aviones que volaba la empresa lo embargaron porque la aerolínea no pagaba su alquiler. Vergonzosamente, hasta el momento del colapso VECA siguió vendiendo pasajes a sabiendas que no los iba ni a honrar ni a pagar nunca. Los gerentes tenían que haberlo sabido porque entendían que les iban a quitar el avión porque no estaban pagando el alquiler, y que esto los iba a llevar a la quiebra.

diario hoyEl FMLN y sus simpatizantes deberían de reflexionar sobre esta quiebra, y sobre las pérdidas de todas las empresas que el partido fundó con dinero de los venezolanos que ahora están pasando hambre. Son baños de realidad que contradicen el concepto que han tenido toda su vida de lo que es el mundo y cómo funciona. En su primitiva ideología marxista, ellos pensaron que con el mundo ya había venido apartado un puesto para cada empresa, de modo que los empresarios solo habían tenido que apoderarse de ellas, como quien se apropia de una silla en el teatro y se asegura una buena vista de la función. En su ideología, los servicios de los empresarios no representan valor agregado, porque, según ellos, la verdadera producción solo la hacen los trabajadores.

Ahora que han manejado VECA y la han llevado a la quiebra, igual que a todas las empresas que han manejado, la realidad les está mostrando que no había un espacio reservado en el mercado para que cualquiera que fuera el dueño de VECA ganara dinero. Tampoco había una prohibición de que VECA existiera y ganara mucho dinero. Como todas las empresas, VECA pudo haber sido un éxito o el fracaso que fue, no porque hay una predeterminación en la historia, sino porque las empresas tienen éxito o fracasan dependiendo de cómo son manejadas. Si la hubieran manejado bien, hubiera crecido y sido un éxito como tantas empresas salvadoreñas. Pero como la manejaron mal, la llevaron a la quiebra.

Después de ser humillados por la realidad, los del FMLN deberían de entender y respetar a los miles de empresarios salvadoreños, de todos los tamaños, que ellos han odiado y envidiado por tantos años. Esos empresarios luchan diariamente para hacer lo que ellos no pudieron hacer —pagar los sueldos de sus empleados, pagar a sus proveedores, cumplir con sus clientes y no dejarlos colgados con pasajes que no podrán nunca usar ni cobrar. Dos aviones, dinero y unos cuantos pilotos y empleados no hacen una empresa. Lo que la hace es la organización y la fuerza que le da un empresario de verdad.

Y después de entender esto deberían de sentirse mal de que en su soberbia inaudita llegaron a creer que podían manejar no solo empresas sino también el estado, y que en el espíritu de esa soberbia ellos armaron una guerra terrible que dejó ochenta mil muertos solo para lograr tener lo que ahora ellos tienen: empresas quebradas y un estado fallido, y ni la más mínima idea de cómo levantar al país que están hundiendo con sus fracasos.

Al igual que con VECA, ellos han destrozado las finanzas del país mientras han devaluado todos los servicios públicos que el gobierno debería de estar brindando. Al igual que VECA, el estado salvadoreño está fallido, no porque falten unos nuevos Acuerdos de Paz, ni porque no han podido gobernar por la polarización (ellos han controlado el Ejecutivo y la Asamblea Nacional en sus dos gobiernos) sino por dos razones vergonzosas: una por su incompetencia para manejar empresas e instituciones, y la otra por sus constantes esfuerzos por socavar las instituciones democráticas del país para asegurarse el control total del país, aun sabiendo que son incapaces. Esto es otra prueba de que los ha movido siempre no ideales sino su soberbia insatisfecha. ¿Y para esto fueron todas las muertes?