Mes: mayo 2019

Carta a los jueces: Busquen soluciones salomónicas. De Paolo Luers

1 junio 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Hoy todos se concentran en el traspaso del poder. Yo me concentro en una noticia que para mí es mucho más importante: Terminó el “caso tregua”. Hay sentencia. Nadie va a la cárcel.

¿Por qué para mi es más importante? Algunos de los acusados son mi amigos, como Raúl Mijango, el mediador, y los dos valientes oficiales que sirvieron como enlaces de inteligencia de la PNC con el equipo de mediadores. A otros, como los directores de diferentes cárceles y sus jefes en la Dirección General de Centro Penales, los conocí como funcionarios correctos, comprometidos con su misión de promover la convivencia pacífica en los penales bajo su responsabilidad. Trabajando de cerca con los mediadores, ellos lograron que durante los 15 meses de la tregua las asesinatos, los suicidios, los motines, las fugas en el sistema carcelario se redujeran a cero. En vez de llevarlos a juicio, deberían condecorarlos…

Fueron detenidos durante 2 meses y sometidos a un juicio que duró 3 años. Pero al fin, ninguno de los 19 acusados irá a la cárcel – debido a la sabiduría del juez Cruz Vázquez.

El juez especializado estaba en una situación bien complicada. Su colega Godofredo Salazar, uno de los jueces más respetados del Centro Judicial Isidro Menéndez, ya había rechazado todas las acusaciones y teorías de la fiscalía y absuelto a todos los acusados. Pero la fiscalía apeló este fallo y la Cámara Especializada ordenó al juez suplente Cruz Vázquez repetir la vista pública. Por una parte el juez sabía que la sentencia de su colega Salazar fue correcta, pero por otra parte estaba bajo gran presión de la opinión pública, de la fiscalía y de la cámara superior. Lo que adaptó el juez Cruz Vázquez ayer fue realmente una solución salomónica: Desechó por ausencia de pruebas las acusaciones más aventureras de la fiscalía: ‘asociación ilícita’ e ‘introducción de objetos ilícitos a penales’. Con esto quedaron absueltos Raúl Mijango y los oficiales de la PNC.

También desechó el delito de ‘falsedad ideológica’, que la fiscalía había imputado a los  profesionales del Consejo Criminológico que habían dado su visto bueno al traslado de unos 50 pandilleros de la cárcel de máxima seguridad a otras regulares.

Quedaron pendientes dos delitos: ‘decisiones arbitrarias’ y ‘omisión de deberes’. A Nelson Rauda, director general de centros penales, y a su inspector general, la fiscalía los acusaba de haber autorizado procedimientos que violaban los manuales y reglas vigentes en los penales. Por ejemplo, habían autorizado reuniones en los penales, en el marco del trabajo de los mediadores – y algunas reuniones implicaron traslados de reos. Si estos y otros procedimientos extraordinarios fueron adecuados, justificados, incluso necesarios o si fueron arbitrarios e ilegales es asunto de interpretación – y el juez aprovecho esta brecha para salir de su dilema: pronunció condenas contra los dos máximos funcionarios de centros penales, pero con la condena mínima de 3 años. Lo mismo hizo en el caso de los 5 directores de distintos penales, quienes obedecieron estos ordenes superiores, según el juez cayendo en ‘omisión de deberes’. Los condenó a 2 años de cárcel. Pero al final decidió sustituir, en todos los casos, los años de cárcel con ‘trabajo de utilidad pública’.

Así que se hizo justicia: Nadie va a la cárcel, pero sí hubo condenas. En los casos de las acusaciones insostenibles, el juez absolvió. En los casos discutibles, optó por condenar, pero haciendo derecho de su opción de sustituir la pena de cárcel.

A veces la justicia, para funcionar, necesita buscar de soluciones salomónicas…

El buen juez no cerró la vista pública sin hacer fuertes señalamientos a la fiscalía. La acusó de incapacidad y parcialidad… y de omisión de deberes, porque no investigó bien.

Felicito al juez quien sacó a la justicia del gran dilema, en el cual casi la hundió la fiscalía de los señores Luis Martínez y Douglas Meléndez. Por suerte ya no están.

Saludos,

La administración Sánchez Cerén. De Luis Mario Rodríguez

30 mayo 2019 / EL DIARIO DE HOY

La tentación cuando finaliza un ciclo de gobierno es la de calificar a los mandatarios asignándoles una nota que refleje el desempeño, malo o bueno, de su paso por la Presidencia de la República. Las encuestas permiten ese tipo de evaluaciones. Los estudios de opinión pública de las universidades y de algunos medios de comunicación señalan si el presidente de turno aprobó o reprobó su gestión al frente del Ejecutivo. Otros análisis, con metodologías diferentes, repasan los principales hitos del quinquenio y proporcionan información que contribuye a la contraloría social y al estudio por parte de organizaciones civiles o centros de pensamiento, nacionales e internacionales, que se dedican a proponer políticas públicas.

Ese es el caso del Departamento de Estudios Políticos (DEP) de FUSADES. A partir de 2009 y durante diez años consecutivos, el DEP ha presentado una apreciación de las principales áreas de la administración y los rasgos más relevantes del comportamiento del presidente en su relación con el sector privado, con el Órgano Legislativo y con las entidades que respaldaron su candidatura acompañándolo durante todo su período. El documento también muestra la conducta del Jefe de Estado respecto de los principios democráticos y da cuenta de la eficacia con la que cumplió las promesas de campaña y los programas incluidos en su plan de gobierno.

La evidencia demuestra que el presidente Sánchez Cerén supo construir las coaliciones necesarias con los distintos grupos parlamentarios representados en la Asamblea Legislativa. La aprobación unánime de aproximadamente el cincuenta por ciento de las iniciativas de ley más importantes del Ejecutivo lo mismo que el uso moderado de los mecanismos de control, conocidos como vetos u observaciones, confirman su capacidad para lograr consensos con el resto de fuerzas políticas. Los proyectos de presupuesto y la aprobación de préstamos internacionales fueron los aspectos en los que más se dificultaron los acuerdos.

El mandatario respetó la forma de gobierno, no instrumentalizó a las instituciones públicas en contra de sus críticos y adversarios políticos y mostró una genuina disposición al diálogo. Contrario a lo anterior, el gobernante compartió con el FMLN, su partido, la narrativa y los ataques en contra de la Sala de lo Constitucional, no apoyó el restablecimiento del orden constitucional en Venezuela, Nicaragua y Cuba y se opuso al fortalecimiento de la Fiscalía General de la República al vetar la reforma que otorgaba autonomía a la Unidad Financiera de esa institución.

El vínculo con los empresarios pasó por diferentes etapas pero no terminó en ruptura como sucedió entre 2009 y 2014. El presidente Sánchez Cerén logró recomponer el diálogo con las gremiales empresariales no obstante la escalada de tensión que originó su silencio ante las conclusiones del FMLN en las que este instituto político reivindicó un modelo socialista con el que esperaba estatizar la economía y donde la independencia de poderes se consideraba un estorbo a las aspiraciones de esa fuerza política de izquierda. La pérdida de confianza, que no derivó en el rompimiento total del nexo con el empresariado, llegó ante el anunció de la apertura de relaciones diplomáticas con la República Popular China seguida de la denuncia del Tratado de Libre Comercio con Taiwán, debido a la opacidad con la que se fraguaron esas resoluciones.

Por otro lado el reconocimiento de los líderes del FMLN al papel que desempeñó el presidente, como comandante guerrillero, durante el conflicto armado le garantizó, en los cinco años de gobierno, el amparo de la comisión política.

El mandatario acompañó a los miembros de la máxima dirección del partido oficial en sus posiciones a favor de Maduro, Ortega y los Castro, y materializó su simpatía por esos regímenes oponiéndose a las resoluciones de la Organización de los Estados Americanos que proponían la activación de la Carta Democrática Interamericana.

Asimismo calificó el bloqueo de los Estados Unidos a Cuba como “injusto y anacrónico” en la Asamblea General de las Naciones Unidas. El lazo con las bases del partido y con buena parte de los sindicatos y los movimientos sociales se debilitó gradualmente, profundizándose en 2018 con la derrota del FMLN en las elecciones legislativas.

La ineficacia fue, indudablemente, el mayor de los déficits del Presidente. No alcanzó las metas de inversión pública; cayeron los indicadores económicos en materia de competitividad, facilidad para hacer negocios y libertad económica; el área social, si bien reveló ciertos avances principalmente en la formación de los docentes, no cumplió con las expectativas de la población; y la inseguridad pública mantuvo un estado de crisis permanente, un progresivo deterioro de la institucionalidad y una falta de liderazgo que deja al país y a la próxima administración con un grave problema de criminalidad.

Para consultar el documento completo del DEP visite la página http://www.fusades.org o su cuenta en twitter @fusades.

Carta con preguntas abiertas que debemos hacer al futuro presidente. De Paolo Luers

30 mayo 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

El 1 de junio, el presidente tendrá su fiesta. Ganó las elecciones, y tiene derecho a celebrar su ascenso al poder – y a poner a los suyos a festejar.

Pero para el resto del país, el 1 de junio también será el día de la verdad. El presidente electo ha tenido 4 meses para armar el diseño de su gobierno y buscar a los funcionarios idóneos para hacerlo realidad. Hasta la fecha poco ha revelado sobre qué cambios piensa a hacer a la estructura del gobierno, y sobre las personas que lo van a conducir.

Sólo ha revelado la creación de 2 nuevos ministerios, Vivienda y Desarrollo Local, a partir de la transformación de dos instituciones autónomas, FONAVIPO y el FISDL. Ha nombrado a las dos respectivas ministras, aparte de las de Educación, Salud, y Cultura. Además ha nombrado una embajadora, ante naciones unidas – de un total de casi 50 embajadas que necesitan nombramientos nuevos o confirmaciones de titulares.

La verdad es que faltando dos días muy poco sabemos sobre el gobierno que asumirá su trabajo el 1 de junio. Hay incógnitas en cuanto a las personas: De los ministerios claves, sólo conoceos las titulares de Salud y Educación.

Entonces, la primera incógnita es: ¿Quiénes y escogidos con qué criterios y prioridades van a asumir el resto de los ministerios?

Está en absoluto secreto quiénes van a componer el gabinete de seguridad y dirigir la Policía, la Fuerza Armada y las estructuras de Inteligencia. Pero detrás de las incógnitas sobre personas hay incógnitas absolutas sobre asuntos tal vez aun más importantes:

SEGURIDAD:

¿Vamos a seguir con esquema donde los jefes policiales controlan toda la política de seguridad pública – o vamos hacia la recuperación del control civil sobre la policía, así como lo establece el espíritu de la Constitución y de los Acuerdos de Paz? Ahora la dirección de la PNC, el Ministerio de Seguridad, el Viceministerio de Prevención (!), Migración y Centros Penales – todos están bajo mando directo de oficiales policiales. Bukele tendrá que tomar varias decisiones de gran importancia: ¿Romper o no con el control de un grupo de oficiales sobre las políticas e instituciones de Seguridad – o establecer control civil y político?

En este mismo contexto: ¿Van a restablecer el Ministerio de Justicia o dejar este área supeditado a las lógicas de Seguridad?

CASA PRESIDENCIAL:

¿Qué va a hacer el presidente Bukele en su propia casa? Desde Funes queda instalado en Casa Presidencial un aparato de sobre-gobierno, que quita competencias a los ministerios y al Consejo de Ministros. Por ejemplo: La Secretaría de Inclusión de la Presidencia fue creada para darle un feudo propio a la esposa de Funes. Desde este cargo, ella intervenía en todo el gobierno, creando no solo molestias sino serios desórdenes administrativos y canales de corrupción. Vamos a ver si el nuevo presidente decidirá desmontar las estructuras de poder paralelo en CAPRES – o si prefiere hacer uso de ellos, para su propios fines. Esto incluye la Secretaría que durante 10 años ha conducido Marcos Rodríguez, la de transparencia y Participación Ciudadana, que a todas luces es un aparato de propaganda, desinformación y chantaje a funcionarios.

SECTOR ENERGÉTICO: 

Más allá de los funcionarios que el presidente ponga al cargo de la CEL y las instituciones que controla (GEO, INE, ETESAL), las verdaderas interrogantes son: ¿Van a continuar la política energética desastrosa de las administraciones Saca, Funes y Sánchez Cerón, que han tenido el ‘Grupo CEL’ como instrumento de financiación corrupta y no como medio para dotar al país de energía económica y sostenible?

¿Van a frenar el intento de David López, el actual presidente de CEL, de revertir la exitosa descentralización del sector energético y concentrarlo nuevamente en la todopoderosa CEL?

¿Van a cambiar radicalmente la política de inversiones en proyectos inútiles como El Chaparral y la ampliación de la 5 de Noviembre y volver a invertir en la Geotérmica y otras energías renovables?

¿Van a romper con el mecanismo obsceno de esconder las ganancias de LaGeo en una sociedad anónima, creada para evadir la rendición de cuentas?

El día que asume su cargo de presidente, tiene que presentar su gabinete completo. E inmediatamente la ciudadanía y los medios debemos buscar respuestas a todas estas incógnitas. Este gobierno arranca con transparencia o arranca mal.

Saludos,

Expectativas y auto engaño. De Paolo Luers

28 mayo 2019 / EL DIARIO DE HOY – Observadores

Cuando terminó el quinquenio de Tony Saca, muchos genuinamente creyeron que el nuevo gobierno del FMLN con Mauricio Funes iba a ser sustancialmente mejor. Tenían una gran expectativa de ‘cambio para mejorar’. Y aun los escépticos que no compartimos este optimismo, pensamos que haga lo que haga Funes, difícilmente podía ser peor que cínico el régimen de corrupción de Saca. Impresionante cómo nos equivocamos todos, los optimistas como los escépticos. Lo que ya estaba mal, se hizo peor…

Cinco años más adelante, cuando estaba al punto de asumir el segundo gobierno del Frente, pero ya sin el ‘accidente histórico’ Funes, las expectativas eran parecidas, aunque mucho menores. Muchos esperaban que un gobierno de izquierda sin la contaminación de Funes podía corregir los errores del primer gobierno del Frente. Y los escépticos, aunque no confiamos en la capacidad de la izquierda salvadoreña de corregir sus errores, volvimos a decir: Después de Funes, solo nos puede ir mejor. No tomamos en cuenta la profundidad de la incompetencia y de las trabas ideológicas de un gobierno conducido por la cúpula del FMLN.

Otra vez nos equivocamos todos, tanto los optimistas de izquierda como los escépticos. El nuevo gobierno del Frente no resolvió el problema de la corrupción  y empeoró el problema de seguridad – y en cuanto a incapacidad y falta de liderazgo cayó aun más bajo que el gobierno de Funes.

Hoy veo a un montón de gente cayendo por tercera vez en la misma trampa, pensando que el gobierno de Bukele, aunque sea deficiente, solo puede ser mejor que el saliente. Todos nos fijamos en los fracasos del gobierno saliente y en su torpe intento de esconderlos, maquillando las cifras económicas, sociales y de seguridad de su gestión.

Los periódicos están llenos de balances de los 10 años del Frente, y por supuesto son negativos. El Faro aporta, a una semana de asumir Bukele, un relato extenso y detallado de todos los lujos que Funes se dio con nuestro dinero – y lo presenta en Twitter con la frase: “Feliz lunes. ¿Quieren indignarse?” Claro, nos encanta indignarmos, aunque nos puede nublar la vista para lo que viene. Mirar para atrás siempre es menos riesgoso que mirar para adelante. ¿Por qué habrá tanta gente que en este momento, que está en juego el futuro, quieren que la nación entera y sus instituciones se enfoquen en los errores de los años 80?

Incluso quienes han sido críticos del estilo populista, confrontativo y incoherente del presidente electo, y quienes han observado con preocupación con quiénes Bukele se estaba rodeando en su campaña (operadores políticos y mediáticos del entorno del ex presidente Saca, compañeros de viaje de Funes, caciques de GANA y ‘bisneros’ de José Luis “Ramiro” Merino) ahora de repente dicen: No puede ser peor que lo que tuvimos en los dos gobiernos del Frente. Es más, hay que reconocer que es Bukele quien al fin derrotó al FMLN y está reparando que se hizo a las relaciones con Washington…

Tres veces equivocarse con la misma expectativa que “las cosas no pueden salir peores de lo que ya tenemos”, a pesar de que cada vez había indicios de lo contrario, es un caso preocupante de auto engaño sistemático.

No estoy hablando del intento de adaptarse a la realidad del nuevo gobierno, lo que para muchos sectores es una necesidad. Adaptarse, buscar convivencia e incluso construir coincidencias son actitudes realistas y no hay que confundirlos con oportunismo y sumisión. Pero todo esto, que puede ser necesario para sobrevivir, nos funcionará mejor teniendo conciencia de los peligros que significan la característica del próximo presidente y de su círculo interno que va a tomar las decisiones, aunque no necesariamente de manera formal, transparente y sujeto a rendición de cuentas.

Más vale tener claro lo que viene y estarse preparando para defender la libertad de expresión, la transparencia, la independencia y profesionalidad de las instituciones, el funcionamiento de los controles y balances del poder.

La sociedad y sus manifestaciones organizativas, mediáticas, gremiales y académicas tienen el deber de enfocarse en esta fase de transición en el estado critico en que el FMLN está entregando el gobierno, los servicios públicas y las instituciones y de todas sus instituciones. Pero mucho cuidado: la coincidencia que la ciudadanía crítica puede encontrar con la crítica que el gobierno entrante manifiesta justificadamente al ejecutivo saliente, es coyuntural y no debe desviar nuestra atención de la manera cómo arranca la administración nueva. Necesitamos tener, desde el primer día, un escrutinio, no solo del desastre del gobierno saliente, sino de los primeros pasos del gobierno entrante: la composición de su gabinete de gobierno; la selección de los cientos de cuadros de confianza. Las estructuras creadas por los gobiernos anteriores en Casa Presidencial, en el gobierno y en las autónomas para facilitar y encubrir corrupción, ¿las van a usar así como las encuentran o las van a limpiar o erradicar? Por ejemplo las Secretarías de Transparencia, de Gobernabilidad o de Comunicación en Casa Presidencial; o el FOVIAL que ya no cumple la misión para la cual fue creado; o el INE, que sirve para esconder del escrutinio institucional y público las ganancias de la geotérmica… para solo mencionar algunos ejemplos.

Todo esto hay que monitorearlo críticamente desde el primer día, y para hacerlo no hay que nublarse la cabeza con expectativas ingenuas tipo “peor que el Frente no lo pueden hacer” o “como ya no van a estar los comunistas, todo será mejor”.

(Posdata: Para publicar este artículo, este martes no sale Carta de Paolo.)

A diez años de “el cambio”. De Erika Saldaña

27 mayo 2019 / EL DIARIO DE HOY

Hace casi diez años el FMLN llegó a la Presidencia de la República. Arribó acompañado del gran interés que generó la primera alternancia de partido político en el poder en la época post Acuerdos de Paz; con la ilusión de más o menos 1,354,000 personas que les dieron el voto y con el beneficio de la duda de muchos otros con altas expectativas en el autodenominado “cambio”. La primera presidencia del FMLN abría la posibilidad de corregir los errores de los gobiernos de ARENA. Diez años han pasado de esa histórica fecha, el cambio no llegó.

Cuando el FMLN era oposición —rol que manejó con mucha destreza por veinte años— nunca faltaron las fuertes críticas hacia las decisiones de los gobiernos de ARENA en nombre del pueblo salvadoreño. De los miembros del partido, de los simpatizantes y de las organizaciones sindicales y gremiales afines a la izquierda. Una vez el FMLN llegó al poder y durante los diez años que han pasado, estas voces se enterraron en la negación o el miedo a discrepar de la organización que apoyaron durante la época de la derecha en el poder. Fueron incapaces de criticar las decisiones que en otros años habrían sido duramente escrutadas. Quizá porque temían ser tachados de traición o de tintes areneros, o porque siempre es más fácil ver la viga en el ojo ajeno que en el propio. O porque a algunos les convenía.

Para muchos simpatizantes de la izquierda era más importante mantener la consigna de “ARENA nunca más” a enfrentar los señalamientos de corrupción que se realizaban hacia los repentinamente acaudalados dirigentes de su partido. Siempre he creído que los principales llamados a criticar y exigir a los funcionarios en el poder son las personas que votaron por ellos; sin embargo, no es extraño escuchar decir a los simpatizantes de una organización política que el enemigo es el partido opuesto, aunque la más urgente de limpiar sea la casa propia. A la izquierda le hizo falta alzar la voz crítica dentro de ella, que habría generado cambios antes de convertirse en el gran perdedor de las elecciones de 2018 y 2019.

El FMLN-oposición criticó fuertemente el uso de la partida secreta de la Presidencia de la República que permitía los gastos discrecionales. Juzgó fuertemente temas como la Ley de Amnistía para la Consolidación de la Paz, las elecciones adelantadas por parte de asambleas dominadas por la derecha, la corrupción de la que se señalaba a los gobiernos de ARENA. La llegada de “el cambio” al poder suponía que se enderezaría el rumbo de estos asuntos tan criticados.

El FMLN-gobierno continuó con el uso de la partida secreta de la Presidencia, a pesar de que la Sala de lo Constitucional la declaró inconstitucional. Cuando también la Ley de Amnistía fue declarada inconstitucional, el presidente Sánchez Cerén criticó la decisión, acusando a los magistrados de no medir el impacto de sus decisiones.

En 2012, dio impulso a las dobles elecciones de funcionarios por una misma Asamblea Legislativa, al filo del fin de período, práctica de la derecha que tanto había criticado en el pasado. El FMLN-gobierno se ha hecho del ojo pacho con la corrupción de la que han sido señalados muchos de sus dirigentes.

Una izquierda renovada es un imperativo en El Salvador. Una izquierda coherente con la defensa del interés social, que trabaje por alcanzar la mayor igualdad posible para todos los ciudadanos y el progreso de los derechos de la clase trabajadora. Esta vez no pudo ser, pero ojalá los verdaderos simpatizantes de la izquierda algún día logren reivindicar los principios y las promesas con las que fue fundado su partido.

Legado de irrelevancia. De Cristina López

27 mayo 2019 / EL DIARIO DE HOY

Se acabó. Con más penas que glorias, a Salvador Sánchez Cerén se le terminó su gestión como presidente de la República. Según quienes le escriben los discursos, le deberíamos estar agradeciendo por la disminución en la cantidad de homicidios, o por haberle dado un golpe al narcotráfico con los “cientos de toneladas de drogas incautadas” durante su administración. Desafortunadamente, las cifras del discurso de despedida de Sánchez Cerén no coinciden con las estadísticas oficiales disponibles, y cualquiera con la buena intención de escrutar la propaganda y llegar a la verdad podría darse cuenta.

Y haber llenado el discurso final en el que defendía su legado con mentiras comprobables —que debería ser un escándalo por la audacia de mentir tan descaradamente— será algo prontamente olvidado, de la misma manera que el legado irrelevante de Sánchez Cerén.

La que podría ser una inspiradora historia del profesor con padres artesanos que llegó a ser presidente es en vez la historia del educador que no hizo nada por mejorar tangiblemente la educación pública en el país. Lo que se podría decir de la valentía de un comandante guerrillero que se lanzó al combate para desmontar las injusticias de un Estado autoritario queda más bien opacado por la realidad de un burócrata que se apoltronó de manera inerte en el poder, cuyo coraje asemeja la débil y airosa consistencia del carbohidrato dulce que la opinión popular para siempre conectará con su imagen.

¿O no es demostrar un carácter con resistencia comparable a la de un nuégado ser incapaz de pronunciarse con independencia para condenar las violaciones a los derechos humanos llevadas a cabo por los regímenes de Venezuela y Cuba? No, Sánchez Cerén jamás se atrevió a levantar la voz contra las corruptelas y atrocidades autoritarias de sus compadres: más bien, las trató de endulzar con mensajes solidarios y de traducir al sistema salvadoreño disfrazándolas de un buen vivir que solo disfrutó la dirigencia del Frente y la oligarquía de ALBA, pero no el salvadoreño de a pie por quien, en teoría, se alzó en armas el comandante Leonel.

Lo que deja, luego de su irrelevante permanencia de una década en el Órgano Ejecutivo (¿o se les olvidó que fue el vice de Mauricio Funes, aparentemente durmiendo en feliz ignorancia del saqueo sistemático de las arcas del Estado?) y otros lustros más como diputado, es un país donde se asesina a más gente que en cualquiera de las tres administraciones anteriores, donde el crecimiento económico se ha estancado y donde gran parte de la población prefiere aventurarse a emigrar que buscar la movilidad social dentro del territorio.

Será tristemente más recordado por medir el agua en kilovatios que por resolver la crisis hídrica, por inspirar más memes virales que por avanzar el acceso a internet para el mayor número posible de salvadoreños, por parecerse más a un postre típico que a un prócer de la Patria. Un legado de irrelevancia, cuando se considera la cantidad de tiempo que dedicó al servicio público y lo poco que tiene para adjudicarse en la historia del progreso de nuestro país. Adiós, y que le aproveche.

@crislopezg

Un remedio novedoso contra las infecciones políticas. De Joaquín Samayoa

25 mayo 2019 / EL DIARIO DE HOY / OBSERVADORES

Me cuento entre los que hubieran preferido que otro candidato ganara la elección presidencial, pero no por eso dejaré de reconocer el valor de las actuaciones que me parezcan atinadas en el gobierno de Nayib Bukele.

Lo voy a decir rápido y sin rodeos. Me ha parecido muy interesante y me ha sorprendido gratamente la designación de cinco mujeres para posiciones clave en el nuevo gabinete de gobierno. Conozco a tres de ellas y creo que están muy bien calificadas para desempeñarse en esas posiciones, pero más que sus capacidades, suma de formación y experiencia, me alegra que sean mujeres; y más que sean mujeres, veo muy bien que sean nombres y rostros frescos en el gobierno, todas ellas relativamente libres de contaminación política y de esclavitudes ideológicas.

Es temprano para saber si el presidente electo nos va a cumplir o nos va a quedar debiendo con lo de las nuevas ideas, pero es un buen paso empezar formando equipo con nuevas personas. Y ojalá siga empleando esos mismos criterios al seleccionar a quienes completarán el núcleo de su equipo de trabajo, porque casi todos los nombres, ya bien conocidos, de los que se han mantenido cerca de él antes, durante y después la campaña electoral, me generaban mucha desconfianza y bastantes temores. Espero que esas personas no aparezcan más adelante en otras posiciones importantes. Esto último lo digo también rápido y sin rodeos. Si a alguien le pica, está en total libertad para rascarse.

Que una gran parte del gabinete sea femenina abre buenas posibilidades para hacer las cosas de manera diferente. No me agradan los estereotipos, ni los positivos ni los negativos, como criterio para juzgar a las personas, pero hay que reconocer que, en general, las mujeres suelen tener ciertas cualidades que los hombres tenemos de manera más excepcional. Me refiero a cualidades importantes para conducir ciertos asuntos de gobierno; cualidades como la capacidad de empatía, la sensibilidad emocional, la intuición y la inclinación hacia formas no egocéntricas y poco agresivas de resolver conflictos. En la medida en que estas nuevas funcionarias hayan cultivado esas virtudes, habrá más probabilidades de experimentar nuevas formas de hacer política.

Eso sería ya una ganancia. Pero además quiero enfatizar lo atinado de dar oportunidad a personas con un expediente limpio de crímenes y desaciertos políticos. Solo María Ofelia Navarrete (María Chichilco) tuvo un rol activo en el conflicto armado, pero ella es una persona tan sabia en su sencillez, que no se ha dejado contaminar por las cosas más abominables que ocurrieron durante la guerra, ni se ha prestado a desplegar lealtades ideológicas rígidas u obsoletas. Nunca perdió el rumbo. Lo importante para ella sigue siendo ayudar y promover a los más pobres y marginados de esta sociedad.

No sabemos, al fin de cuentas, cuán grande será la participación de mujeres o de gente fresca en el nuevo gobierno, pero si los primeros nombramientos son una indicación de lo que falta por conocerse, creo que el presidente Bukele ha comenzado bien. Y ojalá él mismo se deje transformar por las personas virtuosas a su alrededor, para que se ocupe de lo que debe ocuparse y lo haga con ecuanimidad; para que no se convierta en otro Trump u otro Funes, que viven para pelear con sus adversarios y con fantasmas en una interminable guerra de “tweets” que a nadie benefician.

Hasta ahora, con muy pocas excepciones, los gobiernos han sido una especie de patriarcado y la política un escenario para el combate público entre políticos narcisistas, incompetentes y ambiciosos. Eso es lo primero que debe empezar a cambiar si aspiramos a edificar una sociedad diferente. La mujer no debe seguir relegada a posiciones subordinadas ni a pequeños espacios de decisión y acción, generalmente en ámbitos poco relevantes. Tampoco debe ser forzada a copiar lo peor del género masculino para poder destacarse y tener oportunidades. La mujer salvadoreña ha sido históricamente uno de los pilares más sólidos de nuestra sociedad. Justo es que se le reconozca su valor y se le conceda su espacio de acción.

Y ya que hablo de estos temas en referencia al nuevo gobierno, quisiera extrapolar estas consideraciones al terreno de los partidos políticos, cuya pérdida progresiva de legitimidad los llevó a una aparatosa derrota el 3 de febrero recién pasado y a una crisis interna que los ha seguido desgastando y los está reduciendo a su mínima expresión.

Tanto en ARENA como en el FMLN se está desplegando una lucha de poder que no responde a una mayor conciencia de su propia realidad ni a un planteamiento ideológico claro en cada una de las fracciones contendientes. Son luchas entre dirigentes, jóvenes o viejos, que están ya demasiado gastados, dirigentes que no traen nada nuevo y no entienden que ellos mismos son una parte importante del problema y, por consiguiente, lo mejor que pueden hacer es apartarse y facilitar una auténtica renovación en sus respectivos partidos. De otra forma, las infecciones políticas que los tienen postrados no van a sanar, solo van a seguir enconándose hasta provocarles la muerte.