Bukele

Un cambio en el viento. De Manuel Hinds

15 enero 2019 / EL DIARIO DE HOY/Observadores

El nuevo año ha traído tres cambios muy marcados en la dirección del viento electoral que prometen producir resultados muy diferentes a los que las encuestas sugieren hasta este momento.

El primer cambio es el que ha dado en la actitud del FMLN con respecto a GANA y su candidato Nayib Bukele. Como lo señalé en “La extraña agonía del FMLN” [https://www.elsalvador.com/opinion/observadores/546343/la-extrana-agonia-del-fmln/], un artículo que escribí hace unas semanas, el FMLN había estado mostrando una actitud sumamente pasiva frente a la candidatura de Bukele, actitud que sus bases habían interpretado como un permiso para que votaran por Bukele y así evitar que ARENA ganara las elecciones. El resultado de esta negligencia había sido que Bukele había crecido muy rápidamente mientras el FMLN había caído igualmente rápido y por la misma magnitud. En ese momento todo el potencial de votos que Bukele tenía se lo estaba quitando al FMLN. Comparando con la votación de la primera vuelta de 2014, ARENA no había ganado ni perdido nada en términos de porcentaje del padrón, mientras que Bukele había crecido en 26.5% del padrón, de los cuales había tomado 16.0% del FMLN y el resto de los indecisos—un resto que había sido del FMLN en 2009 y que lo había perdido ya en 2014. Así, todo Bukele era tomado del FMLN. ARENA no había ni ha perdido nada a Bukele.

Pero en algún momento en las últimas semanas del año, la cúpula del FMLN cayó en la cuenta de que una victoria de Bukele representaría el fin del FMLN porque se apoderaría de sus bases, sus estructuras y su clientela de la misma forma en la que se apoderó de GANA. Como resultado, le explicó a sus bases que no deben votar por Bukele, y está en una campaña de gran intensidad de recuperación de los líderes locales y regionales para retomar sus bases y su espacio territorial. Este proceso está erosionando muy rápidamente a Bukele porque cada voto que retoma el FMLN es un voto que pierde Bukele.

El segundo cambio, que refuerza el primero, es una serie de decisiones tomadas por GANA-Bukele, que, surgiendo de una clara sensación de debilidad, han acentuado dicha debilidad al destruir la imagen del candidato. La debilidad ya venía volviéndose evidente con las acusaciones sin sentido de fraude electoral y con el uso de la violencia y la amenaza de esta. Se volvió más evidente con la respuesta nula que dieron los supuestos partidarios de GANA y Bukele al llamamiento del último para que se inscribieran para defender el voto en las urnas. De los 300,000 que llamaron, de los 80,000 que tienen cada uno de los partidos grandes, sólo llegaron 4,957.

Todavía peor fue la negativa de Bukele de participar en los debates con los otros candidatos y las circunstancias en las que esta negativa se dio—echándose para atrás cuando ya había aceptado debatir usando excusas que ni sus partidarios le creyeron, tales como decir que la Universidad de El Salvador estaba conspirando con Carlos Calleja. En vez de creer estas excusas, el público tomó la impresión de que el candidato tenía miedo de enfrentarse a los otros por falta de ideas y de habilidades para formar un plan. La impresión fue peor porque esta retirada fue acompañada de lo que sin duda trataba de ser un “reality show” en el que el candidato pretendió que estaba presentando en vivo su plan en el Auditorio de FEPADE mientras los otros candidatos debatían. La excusa era que no podía estar en el debate porque estaba en FEPADE. Pero FEPADE desmintió que él estuviera en sus instalaciones en ese momento, dejando en evidencia que hubiera podido estar en el debate que inicialmente había prometido atender. Finalmente, los que oyeron el plan que presentó en ese show se dieron cuenta de que en parte era copiado de documentos publicados por otros y en parte una exposición de la infantil idea de hacer un aeropuerto en el oriente del país—que presentó con dibujos del Aeropuerto de Abu Dhabi—como si el país no tuviera un aeropuerto funcional y como si complementar a este fuera un problema nacional por encima de la falta de seguridad, trabajos, salud, educación y servicios sociales.

El tercer cambio es el efecto acumulado de la creciente fuerza territorial de ARENA y Carlos Calleja, que han consolidado un contingente enorme de votantes, que, diferente de los de Bukele, son visibles y están dispuestos a trabajar por su partido. La visibilidad de estos partidarios y la invisibilidad de los de Bukele disminuyen la imagen de vencedor que el último ha querido proyectar, y acelera la caída causada por los dos cambios anteriores.

El resultado neto de estos cambios es una tendencia a reposicionar los candidatos en la competencia por la presidencia. La tendencia es a dejar a Calleja en primer lugar, a Martínez en segundo, a Bukele de tercero, y a Alvarado en cuarto.

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Incertidumbre 2019. De Federico Hernández Aguiar

2 enero 2018 / EL DIARIO DE HOY

Arranca el año 2019. Una sola palabra define el ánimo colectivo: incertidumbre. Hay aprensión en el ambiente, flota en el aire una singular carga de escepticismo, de amargo recelo. La decepción por una campaña presidencial amorfa y sin brillo ha dado paso a la ansiedad. Las pláticas entre familiares y amigos, al calor de las reuniones navideñas y de fin de año, han girado en torno al mismo tema recurrente: ¿qué pasará en estas elecciones? Ninguna hipótesis parece calmar a los más nerviosos: las tendencias unánimes de las encuestas han puesto números a sus peores pesadillas. Y a cada análisis integral de los posibles escenarios responden con suspiros. “Quiera Dios que tengás razón”, deslizan, entre la incredulidad y la esperanza.

En un mes vamos a las urnas y cuesta ver cómo las campañas de ARENA y el FMLN darán los virajes estratégicos de que carecieron siempre. Afortunadamente, la historia del comportamiento electoral salvadoreño tampoco acompaña los delirios de grandeza del candidato de GANA. Encuentro muy difícil, por tanto, que alguien pueda proclamarse ganador en primera vuelta, si bien creo que solo ARENA estaría en capacidad de lograrlo; y esto no solo por razones logísticas, sino por el recurso (aún poco explotado) de apelar a la conciencia de aquellos electores que tienen en sus manos el resultado final.

La movilización del voto el día D es clave para los tres partidos con posibilidades reales de triunfo, pero únicamente los dos más grandes disponen de estructuras territoriales preparadas para esa misión. Si el candidato que ya recurrió a ese fantasma insiste en el fraude, lo que revelará es que ha entendido (quizá muy tarde) que la disputa material por cada sufragio no puede ser sustituida por un “like” ni por miles de seguidores ficticios en redes sociales. O se cuenta con gente para contar, o las cuentas alegres no cuentan.

Pero hay algo todavía más valioso, un intangible que ya únicamente ARENA puede transmitir a los votantes indecisos: certidumbre. La llamada a reflexionar sobre el futuro del país, descartando cualquier aventura populista, es el mensaje que el principal partido de oposición está obligado a repetir y repetir. Aunque todo ofrecimiento específico tiene su peso, la campaña ha entrado en una fase en la que debe apelarse a la sensatez del electorado.

Ciertamente, exige mucha mayor creatividad explicar a la gente por qué la democracia es activo indispensable. Pero renunciar a creer en la capacidad de los salvadoreños para razonar su voto no es opción. Los populismos se alzan con la victoria allí donde quienes deben contrarrestarlos lo hacen con timidez o torpeza. El populista es un experto en el manejo de las emociones, pero pierde los papeles cuando se enfrenta a dosis letales de sentido común.

“Los mismos de siempre”, por ejemplo, es un reduccionismo que descansa en la veracidad de la antítesis que propone: si ellos son “lo mismo”, mi opción encarna “lo nuevo”. El problema con GANA no es solo que sea más de lo mismo, sino que viene a ser lo peor de lo mismo. Aparte de ninguna novedad, el mayor aporte del partido fundado por Tony Saca en estas elecciones es una trayectoria plagada de bien documentadas traiciones a la democracia. ¿Por qué entonces ha sido tan difícil exponer esta contradicción, siendo tan evidente?

“Dime a quién le crees y te diré de qué careces”, es una frase que podría resumir el desafío de los liderazgos democráticos en cualquier parte del mundo. En El Salvador, con la alternativa tercerista más inescrupulosa de nuestra historia, poner a los votantes frente al espejo de sus ansiedades podría estimular reflexiones que propicien un movimiento electoral como el que se registró en la segunda vuelta presidencial de 2014.

Incertidumbre no será nunca síntoma de conformidad, a menos que la certidumbre no conforme ya a nadie. Y en el país no hemos llegado a ese extremo.

Carta a la izquierda: ¡Pónganse serios! De Paolo Luers

13 diciembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

El ascenso del nuevo populismo celeste va a costa del FMLN. Muchos que durante toda la posguerra han votado por el Frente, hoy anuncian en encuestas su intención de votar por Nayib Bukele.

¿A qué se debe este fenómeno? No es que estos votantes hayan dejado de sentirse identificados con la izquierda. Pero se sienten frustrados con el partido que representa a la izquierda.

Hablando con ex militantes de FMLN que ahora apuestan a Bukele, uno recibe una respuesta simple: “Bukele y Nuevas Ideas representan la ‘nueva izquierda’, que va a corregir los errores del Frente. Se trata de ‘refundar’ la izquierda.” Ellos no tienen ninguna afinidad con GANA, más bien detestan la cultura de corrupción y chanchullos que representa este partido. El pacto de Bukele con GANA no lo ven como traición, sino como movida táctica, que se va a corregir luego de las elecciones. Tienen fe que Bukele y Nuevas Ideas son la solución a la crisis de la izquierda, la cual muchos de ellos viven como crisis personal.

Digo “fe”, porque apostar a Bukele y Cía. para refundar la izquierda solo puede ser un acto de fe. No está basado en una trayectoria de izquierda de los líderes de Nuevas Ideas. Mucho menos de sus operadores políticos y propagandísticos, que casi todos provienen de la derecha más mafiosa.

Entiendo la frustración con el FMLN y sus actitudes conservadoras y oportunistas.

¿Pero en qué se transforma esta frustración? Lo lógico sería luchar por la renovación del Frente, o por construir una nueva izquierda: moderna, democrática, abierta al debate.

Pero pensar que un demagogo con actitudes de playboy hijo de papi puede salvar la izquierda y convertirse en el heredero de tanta lucha y tantos sacrificios, es absurdo y ofensivo. Este hombre nunca ha sido de izquierda, se metió al Frente por oportunismo, y así salió. Obviamente tiene la habilidad de apropiarse de consignas y banderas históricas de la izquierda, pero esto no lo convierte en luchador social. También un militar golpista y corrupto como Hugo Chávez tuvo esta habilidad – y ya sabemos que el régimen que estableció no tiene nada de izquierda.

El primer requisito para alguien que proclama querer renovar la izquierda, es vocación democrática. La segunda: tener una estrategia para empoderar a la sociedad, sobre todo los sectores marginados. Cosa que es excluyente con empoderase como líder que representa a las masas y las convierte en instrumento para preservar su poder. Bukele no cumple ninguno de estos dos requisitos. Construye un partido a la medida de su líder. Se vanagloria que este partido es un movimiento sin cúpulas. Este ha sido siempre el truco de los movimientos autoritarios, incluyendo los fascistas al estilo de Mussolini, Perón y, otra vez, Hugo Chávez: No quieren gobernar con instituciones, sino mediante la conexión directa entre líder y movimiento. Terminan con un déspota que no rinde cuentas a ninguna instancia, ni del partido ni de Estado, sino directamente “al pueblo”, o sea a todos y a nadie.

Esto es lo contrario a izquierda, porque es contrario a los principios de libertad, democracia y emancipación. Por esto no solo el Frente se distanció (a fin) de Bukele, sino también se desmarcan de él figuras históricas de la izquierda democrática como Rubén Zamora, Salvador Samayoa, Roberto Rubio. Les da pena, igual que a mi, que un oportunista y ególatra pueda tener éxito navegando con banderas usurpadas de izquierda. Les inspira desconfianza, igual que a mi, que Bukele y Ulloa despotrican contra el sistema pluralista construido por los Acuerdos de Paz y hablan de una Constituyente para construir una “Segunda República”. El país necesita estabilidad institucional, no experimentos de anti-política que encubre nuevos autoritarismos.

Compañeros, pónganse serios. Si quieren preservar la izquierda como fuerza relevante, no abandonen al Frente en el momento que al fin comienza a renovarse. Si ya no creen en esta renovación, voten por Calleja para que medio levante el país y dedíquense a construir una nueva izquierda. Si ambas opciones les parecen imposibles, registren su protesta votando por Josué Alvarado, quien es un hombre correcto con gran compromiso social. Pero no caigan en la trampa del nuevo populismo.

Saludos, Paolo Luers  

¿Quién domina las redes? De Manuel Hinds

11 diciembre 2018 / EL DIARIO DE HOY-OBSERVADORES

La mayor parte de la población contestaría esta pregunta, con el aburrimiento con el que uno dice una cosa obvia, que sin la menor duda es Nayib Bukele, basando su opinión en los datos contenidos en la gráfica 1 que, a su vez, están basados, como todas las gráficas en este artículo, en un estudio que Esteban Mora escribió para el Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria, con fecha 16 de octubre a 15 de noviembre de 2018. Como se ve en gráfica, Bukele es el que, por mucho, tiene más seguidores en Facebook y en Twitter. Tiene 4.3 veces el número de seguidores en Facebook, y 9.7 veces en Twitter, que Calleja, que es el segundo en número.

Esta, sin embargo sería una respuesta muy superficial porque, como es sabido, existen las cuentas falsas e inactivas. Como se mostró en un artículo publicado en El Diario de Hoy el candidato Bukele es el que tiene el 90% de las cuentas falsas e inactivas del total de los cuatro candidatos. La diferencia que esto hace se nota en una medida llamada engagement, que mide el compromiso de los seguidores con la cuenta—no solo compartiendo sino también comentando e interactuando en otras maneras. Como se ve en la gráfica 2, todos los otros tres candidatos tienen más engagement (compromiso) en total (no sólo por persona) que Bukele. Es decir, Bukele es el que más tira líneas para comunicarse, pero los otros tres se comunican con más gente. En sus páginas Web, Facebook considera el engagement como la mejor medida de cómo el contenido resuena con la audiencia. La mayor parte de la población se sorprenderá de saber, como lo muestra la gráfica 2, que los otros tres candidatos tienen más resonancia real con mayor número de personas.

El autor del reporte del Instituto Holandés reconoce que el engagement es la mejor medida pero la descalifica porque, por persona (no en el total de seguidores como está en la gráfica 2), el engagement tiende a disminuir cuando el número de seguidores aumenta. Pero Facebook sabe que esto pasa y aun así la considera la mejor medida porque aunque esto pasa en todos los casos, el engagement por persona cae pero no con la misma velocidad, y la velocidad es lo que cuenta. Es obvio que en el caso que estamos viendo, el engagement por persona de Bukele ha caído muchísimo más que el de los otros tres candidatos, tanto que de ser el que más seguidores tiene, es el que tiene menos engagement.

El compromiso disminuye con la cantidad de seguidores porque los primeros de éstos que se consiguen son los más comprometidos, los segundos son un poco menos comprometidos, y así hasta que a los últimos conseguidos no les importa el contenido y no interactúan con él. Lo interesante no es que esto pase, sino la velocidad con la que pasa, que depende de cuántos seguidores indiferentes (o no existentes) hay en una cuenta. La velocidad con la que el engagement cae es mucho mayor cuando un porcentaje altísimo de las cuentas son falsas o inactivas. Las cuentas falsas son inactivas porque es fácil y barato crearlas, pero es muy difícil y caro tenerlas interactuando con la cuenta principal. Sale más barato crear una nueva, falsa, cuando se necesita para multiplicar mensajes y dar una impresión falsa de volumen.

Como se vio en el artículo que cité de El Diario de Hoy, un enorme porcentaje de las cuentas de Bukele han sido usadas sólo una vez para multiplicar un mensaje enviado por la cuenta madre. Su existencia da la impresión de un gran volumen. Pero cuando se mide en términos del engagement (compromiso) Calleja tiene el triple de resonancia con su audiencia, Martínez más del doble, y Alvarado 20% más.

Lo mismo sucede con Twitter, excepto que en este caso el que tiene más engagement (compromiso) de sus seguidores es Hugo Martínez, el segundo Calleja y el tercero Alvarado, todos muy arriba de Bukele (el que tiene menos de los tres, tiene 4.4 veces lo que tiene Bukele). Es decir, cuando las cuentas inactivas son descontadas (que lo hace el engagement porque no interactúan) Bukele resulta teniendo el menor impacto real en las redes.

Estas cifras explican otras cosas extrañas que están pasando en la campaña—como que la aparente popularidad del candidato de GANA + NI no se manifiesta en la realidad. Nadie llega a los mítines de GANA + NI mientras que sí llegan en grandes cantidades a los de Calleja y de Martínez. Las organizaciones territoriales de GANA + NI no están activas y más bien se ven bien debilitadas mientras que las de los otros dos se ven fortalecidas.

Esto no quiere decir que el enorme ruido que genera GANA + NI en las redes no tenga impacto. Posiciona al candidato en la boca de los ciudadanos, lo que, como ha sido tantas veces demostrado aquí y en el mundo entero, influye a los ciudadanos al contestar encuestas pero no al decidir el voto.


La extraña agonía del FMLN. De Manuel Hinds

6 diciembre 2018 / EDH-OBSERVADORES

La gráfica 1 muestra los cambios en las preferencias partidarias medidas por las encuestas de LPG Datos desde la primera vuelta de la última elección presidencial hasta el momento. Como puede verse, ARENA no se movió, de modo que el crecimiento de GANA más Nuevas Ideas (25% de los encuestados) se alimentó de una caída del FMLN de 16.0% y de Otros e Inciertos (los que no saben por quién van a votar, o si van a hacerlo, etc.), que cayeron 9.5%.

Pero, como se ve en la gráfica 2, ese 9.5% el FMLN ya lo había perdido al grupo de Otros e Inciertos entre 2009 (el momento máximo del FMLN) y el 2014. De este modo, la coalición de GANA + NI se ha alimentado casi exclusivamente de quitarle los votos que el FMLN había ganado de 2006 a 2009. Esto lo hizo en dos etapas: agarrando votos (9.5%) que el FMLN ya había perdido al grupo de Otros e Inciertos en 2014, y luego quitándole directamente 16% al FMLN en los últimos meses. Así, pues, GANA + NI le está robando el mandado al FMLN y, si tiene éxito, lo estaría reduciendo al 15% de los encuestados, un tamaño mucho más pequeño que GANA + NI y ARENA (cada uno con cerca de 26% de los encuestados). GANA + NI se convertiría en uno de los dos partidos principales y el FMLN se convertiría en un partido menor.

FUENTE: LPG Datos, encuesta publicada el 29 de noviembre de 2018 en las redes. Los datos de 2018 corresponden a noviembre de ese año.

De este modo las dos gráficas muestran una historia muy coherente: la migración de las bases de un partido a otro, efectuada en dos etapas—primero a través de un grupo grande de previos votantes del FMLN que prefiere no votar que votar por el FMLN, y luego un grupo de votantes más duros que se unen a los anteriores para votar por un nuevo partido.

La estrategia de GANA + IN para extraerle los votantes al FMLN es muy clara. Busca convencer a éstos de que GANA + NI es el único que pueden ganarle a ARENA, de tal forma que los que voten por el FMLN están desperdiciando su voto. La cuchilla escondida debajo de este argumento es que mientras más gente se mueva en estas elecciones del FMLN a GANA + NI más se acercaría el FMLN al punto de no regreso—un nivel de votos tan pequeño que lo haría perder no solo una cantidad irrecuperable de los subsidios que da el gobierno a los partidos por voto obtenido sino también su credibilidad como factor de poder. El poder de un partido y de sus partidarios y de sus cúpulas depende de que la gente crea que tienen poder. Eso es lo que atrae a nuevos partidarios y lo que hace que lo otros partidos y el país entero lo tomen en cuenta. Como toda reputación, es más fácil obtener la credibilidad del poder que recuperarla. Una vez que se ha tenido y se ha perdido, no se puede recuperar, ya que la imagen de decadencia permea todas las percepciones. Por esta razón, el FMLN no puede pensar que puede permitirle a GANA + IN que le quite sus votos pero que después los va a recuperar, sea que GANA + NI gane o pierda las elecciones.

FUENTE: LPG Datos, encuesta publicada el 29 de noviembre de 2018 en las redes. Los datos de 2018 corresponden a noviembre de ese año.

El FMLN, que las encuestas dicen no llegará ni al 10% de los votos, pasaría a segunda categoría como partido. No sólo eso. Los votantes mismos, las estructuras y la base dura del FMLN que se pasen a GANA + NI se convertirían en ciudadanos de segunda clase en un partido que ya no sería de ellos.

Que esto esté pasando es bien extraño porque la cúpula y las estructuras del FMLN no están haciendo nada para detener el sangramiento excepto manejar una campaña presidencial que parece de entrada una aceptación de una derrota. Esto equivale a un abandono de sus propias bases, que no terminan de entender la diferencia entre perder unas elecciones y cometer un suicidio como partido. Es más extraño todavía porque ni siquiera hay convergencia ideológica entre el FMLN y GANA + NI, que si existiera podría pensarse que justificaría la negligencia con la que la cúpula del FMLN está dejando abandonado su partido. La transfusión de votantes se está dando de un partido que se definió como de izquierda hacia uno que nunca ha tenido el más mínimo trazo de una ideología y ha sido oportunista sin ambages desde que nació.

La única manera en la que el FMLN puede sobrevivir es mostrando una votación respetable, que indique que lo que está sufriendo no es un colapso total sino una fluctuación de un poder que se mantiene. Si saca sustancialmente menos que el 20% de los votos, el FMLN pasará a segunda categoría, asesinado no por otros partidos políticos, sino por la deserción de sus propios votantes. Quizás algunos se lamenten después de cómo se suicidaron políticamente.


Pongan sus votos donde está su boca. Daniel Olmedo

6 diciembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Fue el 29 de octubre de 2015. Los partidos FMLN, GANA y algunos diputados del PCN aprobaron la Ley de Contribución Especial para la Seguridad Ciudadana. Con esta se le gravó a usted con el tributo conocido popularmente como Impuesto a la Telefonía.

Todos los productos y servicios relacionados a las telecomunicaciones se gravaron con una alícuota de un 5 %. El objeto era fortalecer el financiamiento del Estado en materia de seguridad pública.

A finales de 2015 un ciudadano presentó una demanda de inconstitucionalidad contra ese tributo. La Sala de lo Constitucional mantuvo inerte esa demanda —como ocurrió con muchas otras de naturaleza tributaria. No fue hasta treinta meses después, el 30 de mayo de 2018, cuando apenas se admitió a trámite la demanda. Aún falta que ese proceso se sentencie.

La Sala no brindó en este caso la pronta y cumplida justicia que le obliga el artículo 182 ordinal 5o. de la Constitución. Mientras tanto usted, mes a mes, ha dejado de entregar a su familia una cantidad del dinero que gana para dárselo al Estado a través de esa contribución especial. Usted juzgará si tras estos años ha visto los resultados de ese sacrificio.

El pasado lunes el candidato presidencial Carlos Calleja, de la alianza ARENA, PCN y PDC, dijo: “Llegó la hora de tomar decisiones; en mi gobierno ya no vas a pagar el impuesto del 5 % a la telefonía; lo voy a eliminar”. Horas después el candidato presidencial Nayib Bukele, del partido GANA, dijo en un tuit: “¿ARENA va a hacer alguna propuesta o solo se va a quedar a copiar las nuestras? Tenemos más de un año de haber propuesto, varias veces, quitar el impuesto a la telefonía y a la tecnología”.

Los gringos tienen buenas frases. Una de ellas es: Put your money where your mouth is. En las campañas electorales suele haber mucha boca. Es normal, de eso se trata. Pero en este punto sería bueno exigirles a los candidatos presidenciales: Pongan sus votos donde está su boca.

Resulta que para derogar la Ley de la Contribución Especial a la Seguridad Ciudadana no es necesario que ni el señor Calleja ni el señor Bukele lleguen a la Presidencia. El artículo 131 ordinal 5o. de la Constitución atribuye a la Asamblea Legislativa la facultad de aprobar leyes, y también la de derogarlas. La iniciativa para derogar la Ley de Contribución Especial para la Seguridad Ciudadana la puede tener cualquier diputado de la Asamblea Legislativa, y para aprobar tal derogatoria bastarían 43 votos. GANA, ARENA, PCN y PDC los tienen.

Sí, es probable que el Presidente de la República vete el decreto que deroga esa ley. Pero resulta que GANA, ARENA, PCN y PDC suman 59 votos; y si a ellos se les suma el CD, que manifiesta apoyar a GANA en las próximas elecciones, alcanzarían 60. Para superar un veto presidencial se necesitan 56 votos, de manera que les sobran votos para derogar el “Impuesto a la Telefonía”.

Eso sí, en caso decidieran derogar ese tributo, deben cumplirse con los principios constitucionales que rigen el proceso de formación de ley. Esto significa, por ejemplo, cumplir con los principios de publicidad y deliberación. Hacerlo en un madrugón dejaría expuesta la derogatoria a una inconstitucionalidad por vicio de forma. Pero eso tampoco sería una excusa para dorarnos la píldora con una deliberación ad infinitum.

Candidatos, hoy que hablaron, si deciden no acompañar con acciones sus palabras, o si sus fracciones legislativas no les acompañan en una iniciativa así, los electores tendrán un insumo más para evaluar su honestidad y liderazgo. La pelota está en su cancha.

@dolmedosanchez


Carta a los indecisos: Votar es un acto de razón. De Paolo Luers

6 diciembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Últimamente he tenido muchas conversaciones que van más a menos así:

– ¿Crees que el FMLN debería tener otro gobierno más?
No. El país no lo aguantaría.

– De acuerdo. ¿Crees que Bukele es la alternativa?
– No, Dios guarde, sería peor.
– A ver, ¿por qué?
– Este hombre no es confiable. Demasiado egocéntrico. Un gobierno de él sería impredecible. No tiene respeto por la institucionalidad. Está rodeado de pícaros…

– De acuerdo. Entonces, ¿no votarías ni por el Frente ni por Bukele?
– No. La única razón de votar por Nuevas Ideas sería expresar el hartazgo con la clase política y como ha gobernado. Pero la medicina sería peor que la enfermedad. Además se ha aliado con GANA, que es la peor parte de la clase política. ¡No way!

– De acuerdo. ¿Y el Frente, con Hugo Martínez? ¿Crees que sería diferente a Funes y Sánchez Cerén?
– Hugo es un tipo razonable. Pero no puede contra los dinosaurios. Si yo fuera de izquierda, votaría por él. Porque si colapsa el Frente, solo beneficia a Bukele…

– Entonces, si no eres de izquierda, ¿eres de derecha?
– A esta altura, ya no sé. No me gusta ARENA, por nada. Soy liberal, tal vez progresista. Pero esta opción no existe entre los partidos…

– De acuerdo. A mi tampoco nunca me ha gustado ARENA. Pero la dupla Carlos Calleja/Carmen Aída Lazo no son los típicos areneros. ¿Podrías votar por ellos?
–  Tal vez, pero no para ARENA. Por…(Mayor D’Aubuisson, Paco Flores, Tony Saca, corrupción, los conservadores anti-liberales que todavía tienen…)

– Entonces, ¿estás seguro que un tercer gobierno del Frente sería un desastre?
– Sí, ya fracasaron. Tienen que ir a laoposición.

– ¿Y estás seguro que Bukele/Gana/Nuevas Ideas no esuna opción?
– No. Les tengo miedo. A GANA igual que a Bukele. Y aun más a la gente que lo rodea.

– ¿Crees que un gobierno de Calleja y Carmen Aída sería un desastre?
– No sé. Tal vez no. Pero no me gusta ARENA. Si no estarían con ARENA, tal vez serían una opción.

– Resumamos: El FMLN fracasó y de todos modos queda afuera. De Bukele estás convencido que sería un desastre como presidente. Y con Calleja no estás seguro qué esperar. ¿Correcto?
– Correcto. Así es.

– Entonces, corres el riesgo que gane Bukele. ¿No sería más lógico votar por quien te parece que significa menos riesgo?
– No sé. No me gusta ARENA.

– No es más racional verlo como un problema de riesgos, no solo de gustos?
No sé.

– ¿Y entonces?
– Entonces, ¿qué?
– Entonces, si la alternativa es Calleja o Bukele, ¿qué vas a hacer tu?
– No sé. Está complicado. Tal vez no votaré…
– No, hombre, no votar es votar por Bukele. Tienes que tomar una decisión.

. . .

Tengo este tipo de conversaciones casi todos los días. Con amigos, con gente inteligente, crítica, escéptica, que no son fáciles de engañar. Y voy a continuar argumentando.

Aunque parezca iluso, quiero pensar que elegir a un presidente es un acto de razón, no de gustos, resentimientos, hartazgos. También es un acto de responsabilidad. Son los indecisos que definirán la elección.

Piénsenlo,amigos escépticos, críticos, progresistas y liberales.

Saludos de