Cristina López

El sexismo no me da risa. De Cristina López

Si de las burlas por apariencia no se libran ni las mujeres más aventajadas del país — estas con educación u otras, electas a cargos públicos — aquellas con menos poder no tienen cómo salvarse.

Cristina López, 26 junio 2017 / EDH

Es sano recurrir de vez en cuando a la autoexaminación para determinar aspectos del carácter en los que no nos caería mal una repelladita. A ver, nadie es monedita de oro: una mejoría interna a nadie le ha caído mal nunca; lo difícil es identificar el área de trabajo y meterle ganas a eso del oficio de volverse, por lo menos un poquito, mejor persona.

A mí me pasó recién en forma de recordatorio, cuando vi el video producido por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales en el que la meteoróloga Sandra Martínez ofrece su respuesta a la broma de mal gusto que circulaba por redes sociales en la que algún neandertal pretendía sacar risas baratas ridiculizando su físico o edad comparándola con “las chicas del clima” en otros países. Martínez, con una elegancia envidiable, explica que el “meme” le causó gracia, puesto que el mérito que sus 20 años de preparación y reconocimiento internacional le han ganado a puro esfuerzo no se ve en nada amenazado por el sexismo cotidiano de nuestros lares.

Vi el video y pensé: “Ojalá algún día logre reaccionar a este tipo de sexismos tan cotidianos en nuestro El Salvador con la elegancia de Sandra Martínez”, haciendo el firme propósito de trabajar para reducir la rabia que me producen estas manifestaciones reduccionistas de la mujer. Algún día. Pero ese día no es hoy. Hoy sí voy a dejarme reaccionar con toda la rabia posible, en nombre de todas las niñas que quizás solo vieron el meme y no la reacción de Martínez y que quizás internalizaron el mensaje de que la manera como se ven es más importante que el esfuerzo que ponen en

Meme1

El meme y la respuesta de Sandra Martínez

prepararse. Rabia por todas las mujeres capacitándose que tienen que esforzarse el doble para tener aunque sea la mitad de respeto, solo porque la cultura (que incluye a hombres y a otras mujeres) las juzgará primero por cómo se ven. Rabia, porque si de las burlas por apariencia no se libran ni las mujeres más aventajadas del país — estas con educación u otras, electas a cargos públicos — aquellas con menos poder no tienen cómo salvarse.

Rabia, porque el mensaje para los niños y hombres también es tristísimo. Implica que lo que hay que valorar en sus pares femeninas es el envoltorio, desestimando lo de adentro. Los niños que internalizan este razonamiento, porque lo ven popularizado, viral y chistoso en las redes sociales, son los hombres a quienes el día de mañana se les volverá facilísimo ignorar la dignidad humana de una mujer y objetivizarla en un meme, acosarla en la calle, o peor aún, toquetearla “en broma”.

Rabia, porque el humor, que puede ser una manifestación de mensajes sociales valiosísimos cuando se hace de manera inteligente, también es una expresión transparente del nivel cultural de una sociedad. Y que la apariencia física de una mujer con décadas de preparación en un campo científico profesional en el que aún hay pocas mujeres, y en el que (como en muchos otros) hay retos de diferencias salariales con los pares masculinos, en nuestro país pase como “humor” demuestra que estamos bastante mal en cuanto a nivel cultural se refiere.

Rabia, porque mucha gente no termina de entender por qué la broma es sexista y degradante. Cuando se le imponen a las mujeres estándares físicos que jamás se le impondrían a un hombre en la misma posición (en este sentido, un meteorólogo), se incurre en sexismo. Que no, dirán, que también se habrían reído del físico de un hombre salvadoreño, en comparación a sus pares en el extranjero. Entonces lo que les da risa es la apariencia étnica que compartimos millones en el país y esto, como humor, es aún más incomprensible, pues degradarse a uno mismo no solo no es chistoso, es también bastante estúpido.

La desventaja de reaccionar con rabia a los sexismos cotidianos que las redes sociales normalizan es que se interpreta como una falta de sentido del humor. Y esto, sabiamente, lo sabía Sandra Martínez y dio el ejemplo al elevarse sobre el mal gusto con su reacción elegante. Yo todavía no he llegado a su nivel, y por el momento, con tal de combatir manifestaciones culturales degradantes, estoy perfectamente cómoda con que me llamen malhumorada.

@crislopezg

Vea el video de Sandra Martínez

Gallegos, comediante. De Cristina López

Quizás los poderes sanadores de la comedia era lo que tenía en mente el presidente de nuestra asamblea, cuando esta semana le regaló a la opinión pública un chiste de primer nivel.

Cristina López, 19 junio 2017 / EDH

La comedia realmente se siente balsámica a veces. Sobre todo en momentos de zozobra. Y es probablemente la zozobra lo que mejor describe el estado de la política en el país, en que la población aparentemente desaprueba de todos los partidos políticos. Quizás los poderes sanadores de la comedia era lo que tenía en mente el presidente de nuestra asamblea, cuando esta semana le regaló a la opinión pública un chiste de primer nivel. No pretendo en esta columna abordar cómo es posible que el presidente de la Asamblea Legislativa — de los tres poderes del gobierno, el que en teoría representa directamente a la ciudadanía — sea miembro de uno de los partidos políticos menos representativos. ¿O es representativo GANA, cuya intención de voto según las más recientes encuestas parece más bien vuelto de tienda? Ese tema daría para un par de columnas y media docena de discusiones y coloquios académicos estudiando la erosión de la representación democrática a partir de los intereses monetarios y la debilitación de la institucionalidad democrática, pero la presente columna solo llega hasta la discusión de cómo el presidente de la Asamblea, el diputado Guillermo Gallegos considera que aquí estamos como en el Carnaval de San Miguel: “para gozar, para sentir felicidad”.

El goce nos lo dio Gallegos diciendo la semana pasada, según reportó una cuenta digital de La Prensa Gráfica, que “Si Gana no existiera, este país fuera inviable”. Quiero permitirle al lector una pausa para que pueda libremente expresar su ataque de risa. Las declaraciones del diputado solo pueden obedecer a tres razonamientos: audacia absoluta, de atreverse a decir cualquier estupidez no fundamentada sin temor a consecuencia alguna; carencia total de autoconciencia y de la capacidad de verse a sí mismo — y su partido, en el mismo sentido — de la manera en la que le ven los demás; o, lo que a mi parecer debería explicar una opinión tan descabellada, “puro vacil”. O sea, ganas de regalarnos a todos una buena y merecida carcajada en estos tiempos de incertidumbre.

Porque, ¿desde cuándo un partido que se vende al mejor postor, que carece de cualquier tipo de principios respaldados en una filosofía política coherente o una ideología fundamentada, es lo que le da viabilidad a un país entero? Realmente, ¿cómo, un partido que cuenta con el difícil récord de ser el único con más de un curul titular que no cuenta con representación femenina, es lo que le da viabilidad a un país en que aproximadamente la mitad de la población es mujer? Tiene que ser una payasada decir que sin el partido que se prestó como vehículo político para que Tony Saca, de cuya administración había tantas preguntas con respecto al uso de fondos públicos y quien se encuentra en la actualidad en pleno proceso por presunta corrupción, intentara nuevamente llegar a la presidencia, El Salvador sería inviable.

En caso de que no sea chiste, y que el diputado equivocadamente tenga a su partido en tan inmerecido pedestal, vale la pena recordarle un par de cosas: 1. La palabra viabilidad, en su concepto más simple, se refiere a la posibilidad de ser o existir, de ejecutar algo. 2. Por lo anterior, la viabilidad de este país, por suerte, no depende de GANA. ¡Dios guarde! La viabilidad se la damos su gente trabajadora, ya sea dentro o fuera del país, tanto los que día a día se enfrentan a la inseguridad que nuestras autoridades no han sabido resolver para salir a sacar adelante la economía o educarse para un mejor futuro, o los que a muchos kilómetros de distancia contribuyen económicamente para darle un empujoncito a su familia. 3. El Salvador sigue siendo viable porque no nos hemos rendido, y porque a diario mentes soñadoras y manos emprendedoras se parten la espalda con organizaciones filantrópicas llenando los vacíos que el gobierno no ha sabido llenar. 4. Este país dejará de ser viable cuando nosotros, la ciudadanía a la que nos importa crear un país mejor, nos creamos por un segundo que la viabilidad de El Salvador depende de gente como Guillermo Gallegos. Y para eso, por suerte, falta mucho. Pero gracias por la carcajada.

@crislopezg

Proyecto Cero, ciudadanía al rescate. De Cristina López

¿Cómo es que cuando los partidos mayoritarios únicamente son capaces de retener a su voto duro, no hay más campañas de apertura y renovación?

Cristina López, 12 juno 2017 / EDH

Al momento de escribir esta columna, la mayoría de la población expresaba poca fe en los principales partidos políticos y a menos que en el lapso transcurrido entre la redacción de este escrito y su publicación nuestros representantes en cargos públicos hayan salvado a la humanidad de un apocalipsis, los números al momento demostraban que una mayoría del electorado preferiría votar por ningún partido político antes que confiar de nuevo en las opciones posibles. Según una encuesta reciente de la Universidad Centroamericana, un 40 por ciento del electorado no votaría por ningún partido, el siguiente 40 por ciento se lo dividen casi parejo los dos partidos principales, con 20 cada uno y los partidos minoritarios mantienen arrastres de un solo dígito porcentual.

Cabe hacerse la pregunta: ¿cómo es que cuando los partidos mayoritarios únicamente son capaces de retener a su voto duro, no hay más campañas de apertura y renovación? ¿Cómo es que, cuando hay tanta evidencia de la incapacidad del partido de gobierno, la oposición no ha sido capaz de venderse como una opción viable? ¿Es que acaso nuestros gobernantes están secretamente buscando quedarse sin empleo, que no están intentando construir puentes con la ciudadanía?

Por suerte, por lo que la oferta política (en otras palabras, las opciones electorales) no está haciendo, la demanda política (los electores) está compensando. Un grupo de activistas ciudadanos con espíritu emprendedor y con ansias de transformar la política salvadoreña acaba de lanzar la iniciativa “Proyecto Cero”. En lo personal, la encontré convincente por la simpleza de su mensaje: creen en la democracia y la transparencia, en que la ciudadanía es soberana frente al estado, y en la igualdad y libertad para cada ciudadano. Difícil no coincidir con esos qués.

En cuanto a los cómos, saben que una manera eficiente de empoderar a la ciudadanía para tomar decisiones con respecto a nuestros gobernantes, es brindándole información transparente que permita pedirles cuentas. Es así como su primera campaña lleva el nombre de “Nada que esconder” y busca tabular un registro de votos por diputado, sus declaraciones patrimoniales, solvencias tributarias y declaraciones de interés. Algunos diputados han visto el valor de esta iniciativa y han prometido brindar su información. Debido a que entregar la información es un acto voluntario, quienes no la brinden demostrarán poco interés en empoderar a los ciudadanos o dejarán entrever que tienen algo que esconder.

A futuro, Proyecto Cero tiene en el horizonte otros “cómos” para lograr el objetivo de cambiar el status quo, entre ellos el apoyo a candidaturas independientes, que permitan desencadenar al servidor público de los intereses partidarios y abrir la palestra para quienes no tienen acceso a vehículos partidarios. Tampoco han cerrado la puerta a trabajar con los partidos que existen y que acepten sus “qués,” un buen ejercicio de cruce de oferta y demanda electorales. Sin embargo, el mensaje más importante que una iniciativa como Proyecto Cero envía a nosotros, los ciudadanos, es el recordatorio de que no habrá político mesiánico, redentor y salvador que pueda rescatarnos del estado actual de la política. Tenemos que rescatarnos nosotros.

@crislopezg

Horchata aguada. De Cristina López

Pensando con buena fe y asumiendo que en el discurso presidencial no hubo intento de estafar a la población vendiéndole gato en vez de liebre, la única explicación posible es que con todo y buena fe, la instrucción y moralidad del presidente son más bien simbólicas.

Cristina López, 5 junio 2017 / EDH

Alguna vez han ido a una piñata concurrida? Lo que tienen en común estos eventos es que para atender la sed de las masas los anfitriones se ven forzados a echarle agua a la horchata. A veces, dependiendo de la sed y de la cantidad de gente, la horchata se vuelve más bien simbólica, pues es tanta el agua que de horchata solo queda la ilusión.

Ya sea por atender al clamor de las masas, que tienen la osadía y el abuso de exigir sin parar un gobierno que funcione, sea transparente y resuelva los problemas de país, nuestras autoridades se han visto forzadas, como anfitriones de piñata, a echarle agua a la horchata. Es por eso que muchísimos de los conceptos que en papel pensaríamos significan una cosa, nuestras autoridades han diluido de tal manera a pura retórica, que al final de cuentas han perdido cualquier tipo de significado.

Tomemos como ejemplo los conceptos de moralidad e instrucción notoria que nuestra Constitución impone como requisito a ciertos miembros del Órgano Ejecutivo: al presidente, ministros, viceministros, y gobernadores. El discurso de rendición de cuentas del presidente Sánchez Cerén el 1 de junio dejó clarísimo que el concepto de moralidad e instrucción notoria en nuestro país está más devaluado que el bolívar venezolano, porque la perorata estuvo repleta de medias verdades, cifras engañosas, comparación de períodos no equivalentes y mentiras a secas.

¿O es acaso verdad que las autoridades cumplen “a totalidad” la Ley de Acceso a la Información? (A menos que su nombre sea Marcos Rodríguez, cualquier persona que ha intentado obtener información transparente del Estado conoce como yo que el acceso a la información pública tiene mucho por mejorar.) Es difícil aplaudir la declaración de que tenemos un país más seguro, porque con cifras de hoy, solo es más seguro que hace 2 años. Estamos, estadísticamente hablando, con los mismos niveles de homicidios con los que contábamos en 2014. No tenemos como saber si las cifras de pobreza que mencionó son confiables, puesto que el 2.1 por ciento que citó no está respaldado con datos oficiales. Dijo también que la economía va a crecer un 2.4 por ciento — dejó afuera el contexto: nuestros pares en la región están creciendo cerca del doble que nosotros. Si somos tan parecidos a los países que están creciendo casi el doble, manteniendo todas las variables constantes y controlando por el impacto de la inseguridad en nuestro país, cualquier persona sin título de economista podría concluir con facilidad que lo que tenemos diferente son precisamente nuestros gobernantes. ¿Será esta la variable que tenemos que cambiar pronto?

Pensando con buena fe y asumiendo que en el discurso presidencial no hubo intento de estafar a la población vendiéndole gato en vez de liebre, la única explicación posible es que con todo y buena fe, la instrucción y moralidad del presidente son más bien simbólicas. Bien intencionadas, como la horchata aguada, pero igual de faltas de sustancia.

Como posdata, es interesante notar que nuestra asamblea constituyente omitió el requisito de moralidad a nuestros diputados. Como requisito para el cargo se exige “notoria honradez e instrucción”. Previeron nuestros constituyentes que quizás exigirle moralidad a los diputados — que al lugar de trabajo presentan actitudes que a cualquiera nos harían perder el empleo en el sector privado, como llegar armados o quedarse dormidos en el puesto — era poner el estándar muy alto.

@crislopezg

Asesoría de campaña gratis. De Cristina López

Propongan una Corte de Cuentas con dientes y sin colores políticos, que cuente los centavos y las costillas de quienes hemos elegido para manejarlos.

Cristina López, 29 mayo 2017 / EDH

No es necesariamente mi experiencia principal la estrategia electoral, pero algo conozco. Quienes se dedican exclusivamente a la planificación de tácticas políticas y construcción de mensajes electorales con el fin de llevar a diferentes candidatos al poder tienden a ganar salarios que rondan los millones de dólares. Es un rubro sumamente lucrativo, ese de llevar gente al poder, diciéndoles qué tienen que decir y hacer para conseguir votos.

En El Salvador, a dos años de las elecciones presidenciales, comienzan a darse a conocer las ambiciones de diferentes aspirantes a la presidencia, que seguramente, pagarán pequeñas fortunas a diversos consultores para que les construyan el mapa de ruta que los lleve con éxito a la Casa Presidencial. Sin ganas de andarle quitando trabajo a ninguno de estos consultores de lujo, motivada en parte por altruismo y en parte por el hartazgo del status quo, voy a darles sin cobro alguno a los aspirantes presidenciales una estrategia de campaña que llevaría al triunfo electoral a cualquiera, con instrucción notoria o a falta de ella.

La persona que base su candidatura en el compromiso con erradicar por completo el uso discrecional de fondos públicos y prometa transparentar cada centavo que del erario se disponga, ganaría en un abrir y cerrar de ojos. Es triste que algo que es tan elemental para otros países, en el nuestro suene como una revolucionaria e innovadora manera de hacer política, pero la realidad es que en un país donde la tasa de pobreza ha ido en crecimiento en los últimos años, tener presidentes cuyas “partidas secretas” (por lo menos antes de que la Sala de lo Constitucional limitara el flujo de excedentes monetarios ministeriales hacia Casa Presidencial) y uso de fondos públicos sin auditoría alguna, es una vergüenza monumental.

El asco ante la falta de transparencia y la corrupción política trasciende los colores políticos. Importa poco o nada si en lo personal le rezan a Marx, a Mao, a Ayn Rand, o al Mayor, si cuando tomen posesión van a hacer uso de los fondos públicos sin darle cuentas a la población. La reciente investigación periodística de El Faro le puso números a lo que cualquier ciudadano sin ingenuidad por lo menos sospechaba: que la partida secreta se ocupaba como caja chica durante las administraciones de ARENA y que poco indica que con la llegada del FMLN al poder haya habido un cambio (ni práctico ni filosófico) en la manera en que se usaban estos fondos. Estamos hablando de cientos de millones de dólares, una porción respetable en proporción a lo que un país de bajo crecimiento económico como el nuestro produce.

Defensores de los anteriores mandatarios podrán argumentar que el uso que se hizo de los fondos no necesariamente fue para beneficio propio, o que se puso al servicio de fines políticos que terminarían favoreciendo la implementación de políticas públicas en pro de la sociedad. El tema es que no importa para qué se usaron los fondos. El hecho de que no quedara evidencia y que se manejara una contabilidad paralela es una afrenta a la probidad y a la honradez básica.

Por eso, aquí les va la asesoría gratis, a candidatos presidenciales e incluso, legislativos: condenen este tipo de prácticas. Propongan una Corte de Cuentas con dientes y sin colores políticos, que cuente los centavos y las costillas de quienes hemos elegido para manejarlos. Prometan consecuencias para quienes hagan mal uso de los fondos que deberían estar orientándose hacia una mejor educación y desarrollo para la población. Basando su plataforma en estos principios básicos, cualquiera gana. Cúmplanlos de veras en su gestión, y tienen la reelección garantizada.

@crislopezg

La “Defensa de ARENA”. De Cristina López

Coincidimos en que las políticas que permiten más libertad para más personas generan más prosperidad que la opresión estatal. Y esto, en teoría, es algo en lo que cree también ARENA. O por lo menos eso dicen sus estatutos.

Cristina López, 22 mayo 2017 / EDH

Esta semana, un blog a medio montar que se hace llamar “Defensa de ARENA” publicó una nota en tonos de pánico sobre los supuestos intentos de infiltración al partido que un grupo de jóvenes confabuladores aparentemente se encuentra organizando. La nota era una reacción a la supuesta posibilidad de que Aída Betancourt — a quien tengo la satisfacción de contar entre mis amistades — considere lanzar una candidatura suplente acompañando al actual diputado Juan Valiente. Valiente, durante su primer período en la Asamblea, ha demostrado en repetidas ocasiones un compromiso en la lucha contra la corrupción, una honestidad intelectual refrescante y una apertura a la crítica y al debate que más servidores públicos deberían imitar.

La nota en el blog pretendía exponer al actual diputado Johnny Wright y sus planes de activar a una supuesta red de “activistas liberales” con la macabra intención de tomarse el partido. Los autores del blog anónimo presentan todo un organigrama en el que aparecen un grupo de jóvenes exintegrantes de la Juventud Republicana Nacionalista, otro columnista de este medio, Guillermo Miranda, una persona que comparte mi nombre (imposible por falta de detalle saber si la que integra la red de desestabilizadores soy yo, mi homónima marchista y actual diputada, o una tercera tocaya) y se nos acusa, entre otras cosas, de criticar públicamente al partido en las redes sociales.

Esta es la parte donde hace falta pausar para permitirnos un ataque de risa. Risa, porque es un tanto cómica la paranoia y el tono de pánico, sobre todo porque algunos de los mencionados ni siquiera nos hemos conocido en persona. Otros nunca hemos intercambiado palabra con Wright. Lo que sí tenemos en común, es el deseo de que el partido con las únicas posibilidades reales y económicas de hacerle una oposición seria al desastre tragicómico que es el FMLN, se renueve y sea un vehículo para que personas con principios basados en la libertad lleguen al servicio público a través de un proceso electoral. Ese deseo lo hemos expresado abiertamente, haciéndole críticas honestas al partido, tal y como lo permite la libertad de expresión: haciendo (a veces un tanto ingenuamente) sugerencias de buena fe de que se abran a nuevos liderazgos y permitan la entrada de gente honesta, independiente y con demostradas capacidades intelectuales para servir en la palestra pública.

Es importante notar que, a diferencia del blog cobardemente anónimo, estas críticas y sugerencias las hemos hecho siempre dando la cara: firmando con nuestro puño y letra y poniendo nuestro nombre para demostrar responsabilidad y hacernos dueños de lo que decimos y hacemos. Entre nosotros posiblemente hay una variada gama de posturas individuales en temas específicos de política pública, desde la penalización o no de las drogas hasta detalles más complicados como explorar la despenalización del aborto, pero coincidimos en que las políticas que permiten más libertad para más personas genera más prosperidad que la opresión estatal. Y esto, en teoría, es algo en lo que cree también ARENA. O por lo menos eso dicen sus estatutos.

Por supuesto que la postura de un blog anónimo no refleja necesariamente la postura del partido ni de sus dirigentes. Por supuesto que a diferencia de la paranoia estilo guerra fría, puede que los dirigentes estén sumamente abiertos a un relevo generacional. Por supuesto que unos pocos, anclados a su obsesiva lealtad al partido en lugar de coherencia de principios, no representan ni al vehículo político que podría ser ARENA, ni a quienes elijan subirse como candidatos. Pero también cabe la posibilidad de que les esté dando demasiado crédito.

@crislopezg

Con la mirada hacia el futuro. De Cristina López

Nuevamente, se nos ha presentado la oportunidad de cambiar todo lo que criticamos en nuestra Asamblea. De pasar de la queja en redes sociales a la acción a través de un voto razonado.

Cristina López, 15 mayo 2017 / EDH

Más de alguna vez hemos sido todos víctimas del hartazgo electoral. Todos, quizás con la excepción de los políticos, para quienes la elección define si consiguieron hueso o no. Para el resto de nosotros —simples mortales— requiere esfuerzo y esmero hacerle frente a la obligación cívica de informarse al respecto de las políticas de uno u otro candidato, examinar records, y establecer juicios de valor. Sobre todo cuando el volumen de las campañas electorales (ahora multiplicadas por el voto por cara) llena de ruido todos los espacios, visuales y auditivos. Es por eso que el descanso que nos dan los años como este, en que tenemos “vacación electoral”, lo tenemos más que ganado.

Sin embargo, vale la pena ver tiempos como este, en que estamos a menos de un año de elegir a nuestros representantes para la Asamblea Legislativa, como una oportunidad de aprovechar que no ha comenzado la estridencia de las campañas (al menos oficialmente) para ver hacia el futuro. Nuevamente, se nos ha presentado la oportunidad de cambiar todo lo que criticamos en nuestra Asamblea. De pasar de la queja en redes sociales a la acción a través de un voto razonado. De influir en las plataformas y propuestas que en estos momentos comienzan a construir los candidatos que buscan ganarse nuestras simpatías.

¿Le molesta que los diputados que escogió en la elección pasada no se presentan a la plenaria? No los reelija. ¿Le estorba que la falta de renovación de liderazgos esté dejando poco espacio para el debate de nuevas ideas? Déjele saber al partido de su afinidad que necesitan una oferta electoral que se apoye en mentes jóvenes con experiencias diversas, y no de las reliquias arcaicas a quienes ya se les dio (en contadas ocasiones y periodos legislativos) la oportunidad de hacer cambios y no los hicieron. Votar por las mismas personas que han estado marinándose por años en los jugos del poder y pensar que ahora sí se lograrán cosas diferentes es hacer gala de un optimismo que raya en la ingenuidad. También los suplentes importan: aunque históricamente el papel del suplente se ha visto como llanta de repuesto, en realidad la suplencia es tan importante como el legislador electo. Las suplencias, más que huesos del nepotismo, deberían verlas los candidatos como semilleros de liderazgo futuro, buscando suplentes que puedan complementarlos en áreas que por falta de experiencias vividas o estudios, encuentren más débiles que otras.

Jamás tendremos representantes de los que podamos enorgullecernos si las opciones, en lo que a candidaturas se refiere, siguen siendo iguales. Es en este momento de vacación electoral en que a los ciudadanos comprometidos nos toca hacer la tarea y exigir de los partidos mejores candidatos, y de los actuales representantes, mejores propuestas con cambios específicos si es que quieren reelegirse.

No deberían merecer la reelección aquellos que a través del nepotismo (o imprudencia, el último eufemismo de moda) favorecen a sus familias con los bienes públicos que financiamos como ciudadanos. No deberían merecer la reelección los que mienten, ni los que aprovechan los recursos públicos para uso propio. No deberíamos reelegir a los que no llegan a la plenaria, ni a los que no se plantean el combate a la corrupción como prioridad. Sería una vergüenza darle otra oportunidad a diputados que han usado su plataforma privilegiada para aplaudir abusos de derechos humanos en otros países por puro interés político, en vez de abogar por quienes son oprimidos por gobiernos autoritarios. ¿Que si seguimos estos criterios nos quedaríamos sin opciones? Entonces anímese a lanzar una candidatura, o apoye los esfuerzos de aquellos líderes en su comunidad con vocación de servicio que lancen las suyas. Aprovechemos la vacación electoral para ver al futuro, antes de que la elección nos robe la paz.

@crislopezg