Nicaragua

“Ortega está orquestando una sucesión dinástica en Nicaragua”: Carlos Fernando Chamorro

diario hoySegún el director del periódico nicaragüense Confidencial, el presidente Daniel Ortega busca preservar el poder en su familia y consolidar un modelo político basado en el autoritarismo y la corrupción.

Carlos Fernando Chamorro habló del chantaje Ortega y el FSLN con los medios de comunicación.

Carlos Fernando Chamorro habló del chantaje de Ortega y el FSLN con los medios de comunicación.

Entrevista de Ricardo Avelar, 2 agosto 2016 / EDH

El 29 de julio pasado, el presidente nicaragüense Daniel Ortega consolidó una de sus principales pretensiones desde que asumió el poder en enero de 2007: gobernar sin una oposición formal, después de la destitución de 28 diputados opositores en la Asamblea Nacional.

El Diario de Hoy conversó sobre el clima político, las alianzas del régimen y el deterioro de las libertades civiles con el periodista nicaragüense Carlos Fernando Chamorro, director del periódico Confidencial y del Centro de Investigaciones de la Comunicación, quien ilustró con mayor profundidad las ambiciones de poder de Ortega  y su esposa, Rosario.
 
¿Cómo se resumen los últimos sucesos en Nicaragua?
Esto empieza el 4 de junio, cuando Daniel Ortega prohíbe la observación electoral para las elecciones del 6 de noviembre y dice que los observadores son unos sinvergüenzas.
El 8 de junio, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) emite una resolución en la cual despoja de la representación legal del PLI  a quienes en 2011 representaron a la oposición y obtuvieron 26 diputados. Había otro grupo que impugnaba la forma en que se constituyó el partido.
Le dicen a la oposición que la personería en torno a la que hicieron coalición ya no es legal y los candidatos ya no son los que nominaron. Le trasladan representación a otro grupo sin peso político, a la oposición la dejan sin derecho de ir a la elección. La semana pasada se cierra el periodo para inscribir alianzas electorales y la oposición no pudo inscribirse, esta no tiene casilla electoral o candidato.
Lo último sucedido la semana pasada es que el Consejo Supremo Electoral (CSE) ratificó la resolución de la CSJ diciendo que los 16 diputados propietarios y 12 suplentes opositores del PLI quedan destituidos. El CSE argumenta que a estos diputados se le aplican los artículos legales que se hicieron para castigar el transfuguismo. Todos estos son subterfugios legales. Ni la CSJ ni el CSE son poderes autónomos o plurales, son extensiones partidarias del Frente Sandinista y el control de Ortega en el Ejecutivo. Dos instituciones que deberían ser del Estado y aplicar la ley están solo ejecutando órdenes políticas y partidarias que dejaron a la oposición sin casilla y sin posibilidad de elecciones y destituyen a diputados electos.
 
¿Qué reacción popular se ha generado?
Hicimos un sondeo en la calle y no se vive un ambiente de alarma o emergencia por la trascendencia que tienen estas acciones. Eso se explica por varias razones. Por un lado, la población está desconectada de la política. Esta se ha desprestigiado en los últimos años como resultado de los fraudes electorales, el control social y la cooptación del sandinismo. Además no hay expectativa de que estas elecciones iban a ser competitivas.
 
¿Hay una base de clientelismo en apoyo al régimen que pueda contrarrestar una posible movilización de la oposición?
Objetivamente hablando, Ortega llegó al poder en 2007 con un apoyo del 38%. Después de nueve años en el poder, el techo electoral sobrepasa el 50%, en gran parte por el asistencialismo y la cooptación del Estado y que la oposición se ha debilitado. Este es un régimen autoritario con apoyo popular.
 
Numéricamente hablando, la base del oficialismo puede callar cualquier protesta…
Cuando ha habido intentos de disputarle al régimen espacios públicos la respuesta ha sido represión con fuerzas paramilitares, policiales. Hay intimidación pues los derechos de movilización política han sido conculcados. Hay miedo de manifestarse. Es real que el gobierno tiene un músculo en su estructura, en el control de todas las alcaldías del país y el control de todo el aparato del estado. En Nicaragua no hay un movimiento opositor pujante sino un oficialismo con gran capacidad de movilizar fuerzas políticas.
 
El relato popular dice que Nicaragua es una especie de “dictablanda”, con estabilidad e inversiones. ¿Son los eventos recientes una confirmación de una dictadura pura y dura?
Las acciones de junio para acá son una realidad muy específica pero esto es un proceso regresivo desde 2008, cuando se impuso un fraude electoral descarado en las elecciones municipales. Hubo represión contra las protestas y se fueron cooptando a las fuerzas armadas y la policía que dejaron de ser fuerzas profesionales para ser extensiones políticas del régimen.
En 2011 hubo otra elección donde Ortega se reeligió ilegalmente. No tenía forma de presentarse como candidato pero a través de un subterfugio de la CSJ reformó la Constitución para ser candidato a presidente. Se reeligió y obtuvo mayoría calificada. En 2014 estableció reelección indefinida. Esto no es algo que ha ocurrido solo en los últimos dos meses. Estos últimos eventos son la consecuencia natural de un proceso progresivo de concentración del poder y regresión autoritaria en el país.
Lo que puedo decir es que cada vez que el régimen es desafiado responde duro, con represión paramilitar, policial y en el interior del país ha habido hasta ejecuciones de opositores.
El régimen también tiene desde 2009 una alianza muy consistente con el sector empresarial, en torno a la estabilidad macroeconómica y favorecer que se desarrollen inversiones y negocios. Aquí hay autoritarismo político puro y duro y oportunidades de negocio para el capital si este no se involucra en política.

¿Esta luna de miel con el empresariado sigue viva?
En este momento se mantiene inalterable. Lo que se conoce es que hay preocupación en el empresariado; en comunicados dicen que estas últimas acciones no le convienen al país porque puede afectar a mediano plazo el clima de negocios al deteriorarse el pluralismo político, la división de poderes y la democracia. Ahora, esta es una declaración que expresa preocupación. Que eso se transforme en una acción de los grandes empresarios es incierto y no se tiene conocimiento de alguna presión sobre el gobierno. Se conoce que el capital le pidió a Ortega desde inicios de junio una reunión para hablar sobre estos temas y que no ha habido respuesta del gobierno.
El gobierno mantiene su política con el capital de dialogar sobre las leyes económicas y negocios, pero no sobre política.
 
¿Esta relación será sostenible? ¿No hay riesgo de que Ortega rompa esta cordialidad?
Ese es uno de los dilemas que enfrenta este régimen a mediano plazo. Hasta ahora ha conjugado autoritarismo y represión con un clima de negocios pro inversión privado. La historia demuestra que hay muchos ejemplos de gobiernos que han hecho esta combinación, pero no es duradera. El clima de negocios requiere de instituciones democráticas permanentes, de transparencia, rendición de cuentas. Este es un dilema que los propios empresarios enfrentarán en los próximos años en la medida en que otros factores económicos afecten al país.
Yo entrevisté al representante del FMI la semana pasada y decía que Nicaragua tiene nubarrones en el horizonte. Hay proyecciones estables pero nubarrones asociados al deterioro de los precios de productos internacionales y la reducción de la cooperación venezolana que ha sido uno de los pilares de este régimen. La pregunta de si durará o no la deben responder los empresarios pero han sido los principales beneficiarios de la alianza con el gobierno.
 
Ha hecho comparaciones con el somocismo. ¿Este régimen trasciende las ideologías?
Ortega predica un discurso que intenta asociarse a las banderas de la revolución de 1979, pero en la práctica sigue políticas represivas y aspectos neoliberales. Él critica los 16 años de neolibralismo en Nicaragua de 1990 a 2006 pero sus políticas dan continuidad a estas políticas. Es un régimen de discurso revolucionario con políticas autoritarias, no hay ningún progresismo o revolución.
 
¿Qué tanto han empeorado las limitaciones a las libertades y a la prensa?
Si se compara la situación actual con 2006, es más fácil entender que se ha producido una drástica regresión, de un sistema que era competitivo, pluralista y abierto a muchas voces a un sistema actual en el que predomina un duopolio en la televisión donde de los nueve canales, están en manos de la familia Ortega Murillo o en manos del mexicano Ángel González, además de un clima de autocensura.
Además ha existido un drástico deterioro en los derechos ciudadanos de manifestarse, expresarse o tener acceso a los medios de comunicación. Se practica la libertad de expresión con represalias en algunos pocos medios independientes que aún quedan en Nicaragua.
 
¿Como medio han tenido problemas ?
Los pocos medios independientes tienen cero acceso a publicidad pública, a fuentes oficiales, se nos excluye de conferencias de prensa y hasta de las audiencias judiciales. Hay también campañas de intimidación y hostigamiento contra periodistas y medios. En 2008 fuimos objeto de una presunta investigación de lavado de dinero que derivó en la ocupación de nuestras oficinas por la Fiscalía con más de 40 policías. Se nos quería atribuir un delito que nunca pudieron probar, pero en el fondo eso respondía a un acto de intimidación por la labor de periodismo independiente y la labor de fiscalización del poder que realizamos.
 
¿Qué viene para Nicaragua, especialmente con elecciones a la vuelta de la esquina?
Las elecciones persiguen refrendar el tercer periodo de Ortega. La legitimidad de su reelección está cuestionada por la oposición y otros sectores de la sociedad civil como una farsa electoral. Participará el FSLN y partidos satélite o “zancudo” sin credibilidad o legitimidad.
Hay que ver si la oposición logra movilizar a la población para denunciar la farsa electoral. No se prevé un cambio político inmediato. Ortega asumirá en enero de 2017 en un contexto de mayor ilegitimidad, pero lo que viene es difícil de predecir porque hay muchos factores.
Entre los factores externos, es diferente una dictadura en bonanza que una en miseria…
El apoyo venezolano ha sido clave para financiar el clientelismo y afianzar la alianza con el sector privado, unos $3,500 millones en los últimos ocho años, de los cuales como el 60% se ha desviado a actividades privadas lucrativas. Con ese dinero se ha creado un consorcio económico que controla la familia Ortega que se llama Albanisa. Esa cooperación que se manejó como un presupuesto paralelo sin auditoría estatal se ha reducido.
No es que el gobierno se vaya a desplomar pero le resta flexibilidad para resolver problemas o mantener la alianza con el capital. Para decirlo sencillamente, esa cooperación le permitió a Ortega no tener que hacer una verdadera reforma tributaria. Al reducirse esos recursos sus relaciones serán tensas porque siempre hay una disputa por recursos del estado.
 
¿En Nicaragua no ha habido procesos sistemáticos de reforma tributaria?
Las principales leyes económicas implementadas han sido consensuadas con el capital. Aquí no se discuten ni en el parlamento ni en consultas públicas. Esa ha sido la prerrogativa del régimen al empresariado, que ha dictado las reglas económicas a su conveniencia.
 
En un país poco acostumbrado a una oposición pujante, ¿qué puede venir después?
Lo que vemos es un régimen que no está en una etapa de debilidad, sino en una etapa de fortalecimiento, adoptando medidas que lesionan su propia legitimidad y por otro lado se sostiene esa alianza pero también se sostiene en un estado de control personalista que difícilmente es sostenible.
Además se sostiene en una estructura que fomenta la corrupción pública porque no hay sistema de control o rendición de cuentas.
 
El modelo de Ortega no está agotado entonces…
Este martes (hoy) es el día tope para inscripción de candidaturas presidenciales y de diputados para el 6 de noviembre. Ahí sabremos si en la lista de candidatos aparece Rosario Murillo, la esposa de Daniel Ortega. Ortega está orquestando no una sucesión democrática sino una heredada o dinástica.
 
Entonces el rol de Rosario Murillo es clave…
Ella juega un rol de “copresidenta”. Formalmente es vocera del gobierno y en la práctica es como una primera ministra atendiendo los asuntos del día a día del gobierno, pero no tiene una relación institucional con la sucesión del poder.
 
Se ha hablado de las recientes acciones como un golpe de Estado. ¿Se le puede considerar así o compararlo a lo que hizo Fujimori en Perú o Serrano Elías en Guatemala?
No creo que sea un autogolpe porque no se trata de suprimir el parlamento, sino un golpe al pluralismo. Se está eliminando la representación de diputados electos por el voto popular y se le cercena a los electores su derecho no

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Why we should care that Nicaragua is becoming a dictatorship (again). By Tim Rogers

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Tim Rogers, Fusion's senior editor for Latin America

Tim Rogers, Fusion’s senior editor for Latin America

Tim Rogers, 30 julio 2016 / FUSION

When Daniel Ortega was re-elected president in 2006, I cheered for Nicaragua.

When he sidestepped the constitution to get himself re-elected in 2011, I worried for Nicaragua.

And now that he has consolidated authoritarian rule in his bid to become president for life, I am afraid for Nicaragua.

Nicaragua is my second country. It’s my muse. My wife’s native land. The place that keeps me up at night.

 I moved to Nicaragua in 2004 at age 28, chasing the romantic memory of the revolution I watched on the nightly news of my childhood. I had posters of Daniel Ortega, Gen. Augusto Sandino, and Comandante Cero. A red-and-black Sandinista flag used to hang above my bed.
Famous painting in Managua of Gen. Augusto C. Sandino, the "General of Free Men" and the namesake of the Sandinista National Liberation Front

Famous painting in Managua of Gen. Augusto C. Sandino, the “General of Free Men” and the namesake of the Sandinista National Liberation Front

But it didn’t take me long to become disenchanted with Ortega and the Sandinistas once they returned to power.

I was always leery of Ortega. He was a politician with a long tail; a man who was accused of sexually abusing his own stepdaughter. But I always wanted the leftist Sandinista Front to have a fair shot at governing Nicaragua in times of peace. During the 1980s, the Sandinistas managed to implement important social, educational, and health programs while fighting a brutal war against contra guerrillas—who were funded, trained, and equipped by the United States.

So just imagine what the Sandinistas could do in times of peace and with a fat check from Tio Hugo Chávez, I thought naively.

fusionWhen the Sandinistas were voted back into power after 16 years of “governing from below,” Nicaragua was ready to give them another chance. After all, Ortega and his party had respected the rules of the game enough to acknowledge electoral defeat in 1990, and again in 1996 and 2001. So the Sandinistas had proven that they were housebroken and respected rule of law—or so I thought.

Boy was I so wrong.

Since returning to office nearly a decade ago, Ortega has methodically and completely dismantled Nicaragua’s fragile institutional democracy from within and reshaped the laws in a way that support his personal aspirations to create a one-party system that he can govern unopposed till death do they part. By hook and crook, Ortega and his lackeys have taken control of all four branches of government, implemented a repressive zero-tolerance policy for street protests, and rewritten the constitution to eliminate checks and balances.

Daniel Ortega has dismantled Nicaragua's democracy from the inside

Daniel Ortega has dismantled Nicaragua’s democracy from the inside

Ortega put the final nail in the coffin of Nicaragua’s democratic pluralism on Friday, when his sycophants in the Supreme Electoral Council ordered the ouster of 28 opposition lawmakers and substitute lawmakers from the National Assembly. Now Ortega doesn’t face any political opposition, symbolic or otherwise, and can run unopposed for another re-election in November.

The Sandinistas argue that the death blow to the opposition was legal, and they should know since they wrote the laws. So congratulations, comandante, you’ve finally got your dream of turning Nicaragua into your family farm.

But does anyone really care?

Nicaraguans don’t seem to. With the exception of the weekly Wednesday protests that draw a few dozen familiar people into downtown Managua to demonstrate for free elections, no Nicaraguans are in the streets. Some people are clearly too scared to protest, but many others are apathetic or too busy chasing Pokémon. Ortega remains remarkably popular, despite his power grab and his inability to deliver on any of of the megaprojects he has promised, from the interoceanic canal to the oil refinery. And despite recurring reports of re-armed contras organizing in the mountains, Nicaragua has not mustered any meaningful opposition to El Comandante’s family rule.

The U.S. doesn’t seem to care, either. Thirty years after spending more than $1 billion to fund an illegal counterrevolutionary war against the Sandinista government in the 1980s, the U.S. doesn’t even seem to acknowledge what’s going on in Nicaragua anymore.

In fact, as Ortega’s party was finalizing its power grab on Friday afternoon, the U.S. Embassy was sending out a press release congratulating itself for a successful business “networking” grip-and-grin they hosted to “contribute to the economic development of the country.” The U.S. Embassy couldn’t appear more disconnected from Nicaragua’s political reality if it were operating in a parallel galaxy.

The U.S. embassy held a business networking event on Friday, as Ortega put the final nail in the coffin of Nicaragua's democratic pluralism

The U.S. embassy held a business networking event on Friday, as Ortega put the final nail in the coffin of Nicaragua’s democratic pluralism

 

Reagan must flipping in his grave.

As well he should be. The old bastard’s war on Nicaragua caused horrific suffering, death, and destruction on a tiny country that was trying to change its course in history and determine its own destiny. But for the U.S. to go from being hellbent on driving Ortega from power in the 1980s to being entirely indifferent to Ortega’s anti-democratic power grab in 2016 makes Uncle Sam seem like he’s suffering from a case of undiagnosed amnesia.

The truth is that the U.S. was wrong to make war on Nicaragua in the 1980s. But it’s wrong again to not care what is happening there now.

Putting out cookies and coffee for business innovators to speed network while the country’s democracy goes completely off the rails just outside the embassy gates reminds us that the United States’ priorities in the world are oftentimes different than advertised. Washington, D.C. likes to think it’s a beacon for freedom and democracy, but the light it’s tending to on the hill shines for business and trade.

But in the long run, economic development needs rule of law. Even the country’s private sector, which has been allied with Ortega since 2007, knows that what’s coming isn’t good for business. COSEP, the country’s largest business chamber, released a communique on Friday night fretting about “political stability,” the “weakening of a representative democracy,” and “social cohesion.”

Ortega has become increasingly reclusive since returning to power a decade ago, but he wasn't always afraid of the public. Pictured here in 2005

Ortega has become increasingly reclusive since returning to power a decade ago, but he wasn’t always afraid of the public. Pictured here in 2005

 

The head of COSEP told me years ago for an interview with my old news site, Nicaragua Dispatch, that their chamber’s strategy was to work with Ortega to build the country’s economy to levels where democracy would have a chance to finally take root. His thinking was that Nicaragua was too poor to be a democracy. Well now it’s too authoritarian to be a democracy. And maybe too anti-democratic to anything other than poor.

The point is that democracy matters now, and forever—even in Nicaragua, which was never very good at it in the first place.

Democracy is loud and messy and imperfect. But it also tends to be self-correcting and enduring. Despite its warts, democracy is still way better than the alternative. As Winston Churchill famously said, “Democracy is the worst form of government, except for all the others.”

Nicaragua is making a serious mistake by not tending to its young democracy, and allowing it to be replaced by the weeds of authoritarianism and personal ambition. These things never end well.

Nicaragua might have been unpracticed in democracy, but it shouldn’t be so insecure to think it can’t learn. And the world is wrong to not care that Nicaragua has stopped trying.

Daniel Ortega asesta otro golpe al Parlamento y se hace con todo el poder en Nicaragua

El Tribunal Electoral, controlado por el presidente, despoja a la oposición de sus escaños parlamentarios. Ortega impone en Nicaragua un régimen de partido único.

Daniel Ortega en un acto en Managua este jueves. Jorge Torres EFE

Daniel Ortega en un acto en Managua este jueves. Jorge Torres EFE

Carlos Salinas, 30 julio 2016 / EL PAIS

el paisEl Tribunal Electoral de Nicaragua entregó este viernes al presidente Daniel Ortega el control total del Parlamento, al despojar a los diputados de la oposición de sus escaños. El mandatario nicaragüense consolida así todo el poder en su figura, con tintes cada vez más autoritarios, e impone un régimen de partido hegemónico en el país centroamericano.

El fallo del tribunal ordena a la directiva de la Asamblea Nacional el despojo de los escaños a los diputados que fueron electos en 2011 por el PLI, que comandaba el líder opositor Eduardo Montealegre.

El 8 de junio, la Corte Suprema ya había despojado a Montealegre de la representación legal del partido. Con aquella decisión, la justicia nicaragüense dejaba a la oposición sin una casilla electoral para participar en las presidenciales de noviembre, en las que Ortega, del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), será el único candidato importante en liza.

La Corte entregó la representación del Partido Liberal Independiente (PLI) a un político de poca monta que hasta entonces era desconocido en Nicaragua, Pedro Reyes, quien exigió obediencia a los 20 diputados elegidos en 2011 por el PLI y su aliado, el Movimiento Renovador Sandinista (MRS).

Estos representantes opositores —que desde su elección han denunciado desde el Parlamento las arbitrariedades de Ortega, convirtiéndose en una voz incómoda para el presidente— se negaron a obedecer a Reyes, al que consideran un “aliado silencioso” de Ortega, y éste pidió al Tribunal Electoral que los despojase de sus escaños, decisión que ha tomado este jueves.

De esta manera, Reyes pasa a las páginas de la historia de Nicaragua como el político que entregó todo el poder a Ortega, considerado por la oposición como un mandatario autoritario que quiere imponer una nueva dinastía familiar en el país, que no logra sacudirse un pasado de opresión, dictaduras y guerras.

Varios dirigentes del MRS, fundado en 1994 por el exvicepresidente y escritor Sergio Ramírez y conformado por disidentes del Frente Sandinista, denunciaron en un comunicado publicado en redes sociales que el presidente “ha liquidado la Asamblea Nacional sacando a diputados opositores”. Por su parte, el movimiento Ciudadanos por la Libertad —que aglutina a los simpatizantes de Montealegre y a los diputados opositores despojados de sus escaños— también emitió una nota crítica con la decisión judicial. “Podrán destituir a todos y quitarnos un partido, pero la dignidad y principios nunca”, remarcaba.

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Hasta ahora no queda claro cuál será la estrategia de la oposición tras quedar fuera de la competencia electoral y sin su principal fuerza: la representación parlamentaria. Algunas voces abogan, desde el interior del movimiento opositor, un cambio de estrategia y un nuevo liderazgo.

“Se necesita un liderazgo, pero uno que entienda que es temporal y dependiente de ideas, de una plataforma ideológica, no un líder que se haga dueño del partido o siga per sécula seculórum [por los siglos de los siglos]. Precisamente lo que nos pasa a los liberales y a muchos otros partidos en América Latina, es que no tenemos teoría de sucesión. Entonces, cuando se trata de suceder a un líder, ocurre una guerra intestina que termina despedazándonos”, admite el político opositor Eliseo Núñez.

Sin oposición y con todos los poderes bajo su control, ahora a Ortega solo le falta solucionar un problema: encontrar una fórmula más o menos legítima para garantizar la sucesión familiar en el poder y fundar una nueva dinastía.

El mandatario ya ha situado a sus hijos en cargos públicos y al frente de la administración de las empresas que han enriquecido a su familia al amparo de la ingente cooperación petrolera de Venezuela. Pero todavía no ha designado a ninguno de sus familiares como sucesor. En los mentideros nicaragüenses, los rumores apuntan a su mujer, Rosario Murillo, una poderosa primera dama que controla toda la administración pública y cogobierna con Ortega. El mandatario tiene, según la ley electoral, hasta el 2 de agosto para nombrar a su candidato a la vicepresidencia. Y en Managua se cree que la línea de sucesión llega a los pies de Murillo.

Nicaragua: “No supimos conducir el poder” – Henry Ruiz “Modesto”

“La gran consigna debería ser la abstención para descalificar ya totalmente el proceso”, asegura el ex miembro de la Dirección Nacional del FSLN.

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Comandante Modesto, a 37 años de la revolución, evalúa lo que falló tras la revolución de 1979.

19 julio 2016 / confidencial.com.ni

confidencialHenry Ruiz, hace un mea culpa. 37 años después del triunfo de la revolución sandinista que puso en efervescencia a toda una región, Ruíz —uno de los nueve comandantes que condujeron Nicaragua en los ochenta— confiesa que el FSLN se apresuró y no supo manejar el poder que conquistó, después de encabezar una gran alianza nacional.

El ex ministro de planificación y cooperación externa alude a las confiscaciones de propiedades, más allá de los bienes de Somoza y sus allegados, que generaron rechazo en un momento en que más bien necesitaban “alianzas”. No se queda ahí. El “Comandante Modesto” admite que el servicio militar obligatorio debilitó mortalmente al FSN y los dejó, incluso, sin sus más fervientes seguidores. “La guerra necesita gente joven”, afirma, pero “los frentes de batalla terminaron votando en contra de nosotros”.

En entrevista con Esta Noche, Ruiz sostiene que la revolución terminó en 1990 y explica que en el país los auténticos herederos del sandinismo hoy son los campesinos que defienden “la soberanía y la integridad territorial”. Habla sobre la posibilidad de que la primera dama, Rosario Murillo, sea vicepresidenta de Nicaragua. Y en relación a las elecciones del seis de noviembre, cuestionadas en su credibilidad, es tajante y llama a la abstención para “descalificar el proceso” y continuar la lucha. “Es la única forma de evitar un conflicto armado”, dice.

El triunfo de la revolución en 1979 significó una ruptura política en Nicaragua, pero vemos, casi 40 años después, que los viejos lazos del poder político y económico se mantuvieron y se han fortalecido, ¿por qué fracasó en esto la revolución?

Para colocar una dimensión, fueron 10 años y por más que queramos encontrarle las virtudes que supuestamente instalaría ese proceso, es difícil que en ese arco temporal encontremos rangos definitivos de la historia. Segundo, que creo que no supimos conducir el poder, fuimos muy buenos haciendo la organización de la guerra, dándole a la naturaleza política militar y al mando político militar suficiente capacidad para encontrar la forma de insurreccionar al pueblo.

Los que estábamos ahí sabíamos que era como una eclosión militar con la que se iba a destruir toda la columna vertebral del poder, no era Somoza nada más, para nosotros era Somoza y el sistema, íbamos en contra de todo.

¿Y cómo se tuvo que haber dado esa administración del poder a la que hace referencia?

Como estamos a 37 años esto es ya un componente reflexivo, me da la impresión que íbamos muy apresurados, ahora a mí me parece que la confiscación a los bienes de Somoza y sus allegados, tuvo el aval internacional, la OEA (Organización de los Estados Americanos) incluso autorizó que era correcto lo que estaban haciendo los luchadores contra Somoza y por lo tanto se legitimaba la confiscación de todos los bienes y capital que tenía Somoza.

En ese momento uno no sabe lo que tiene, porque es mucho el rumor y otro cosa es el texto de la propiedad y cuando lo examinamos eso era suficiente para organizar lo que se llegó a llamar “Área propiedad del pueblo”, después comenzamos que queríamos más, que queríamos esto, comenzamos a unir propiedades que no estaban en ese decreto y comenzó a afectarse a la gente y comenzó el disgusto.

Más todavía se comenzó a provocar una reacción rápida de lo que es el legítimo enemigo de la revolución, que son los factores de clase, y el enemigo militar que habíamos destruido no fue totalmente eliminado y se comenzó también a organizar.

Con la presencia de (Ronald) Reagan en el poder esos elementos necesitaban otro tipo de administración, tal vez buscando más alianzas (…) Esto es la reflexión que me dan los años.

Dentro de esa reflexión que hacés 37 años después ¿cuál es tu opinión ahora del servicio militar obligatorio? ¿Fue necesario? ¿Valió la pena?   

Yo voté en positivo a la solicitud de Humberto Ortega, de introducir el servicio militar patriótico que vaya decirse obligatorio, entre otras cosas por los informes que brindaba de los planes militares que se hacían anualmente y la cantidad de gente que se necesitaba para alimentar las filas del Ejército.

Hay que recordar que la guerra necesita gente joven, la guerra no se alimenta de los viejitos. Eso lo dicen los textos y quienes anduvimos en eso te das cuenta que ahora yo iría donde fui, pero soy de los que opinan que una causa no se defiende compulsivamente.

Opino como Fidel Castro en su momento las causas se defienden con voluntad, con militancia, etc. y nosotros lo que hicimos fue compulsar, sacar gente que a lo mejor simpatizaban o no simpatizaban y nos la llevábamos y eso fue creando un resentimiento malo.

Yo sé que cuando perdimos, hay madres que tenían las simpatías completas a la revolución y que se lamentaron ir a votar en contra porque pensaban que la presunción nuestra, de los organizadores de esa campaña, pensábamos que íbamos a ganar con un 70 por ciento (…) Los cuadros mismos terminaron oyendo, si tenemos garantizada la victoria para qué nos vamos a molestar con tanto trabajo.

Los frentes de batalla terminaron votando en contra de nosotros. Creo yo que ese fue un factor decisivo para doblarle el brazo al poder revolucionario.

Ahora vemos un proceso bastante interesante, Daniel Ortega se convirtió en la figura que se apoderó prácticamente del Frente Sandinista, ¿cómo se da ese proceso?        

A mí me parece que el colapso del poder está en el 90 y aquí podemos tener diferencias. Daniel Ortega por ejemplo decía que lo que perdimos en el 90 no era el poder, sino el Gobierno. Esta es una mentalidad aparatista, es decir que no habíamos perdido el poder, porque estaba el Ejército y la Policía de nuestro lado.

Pero allá quien había ganado era un proyecto político que iba a tratar de hacer las transformaciones de acuerdo a ese proyecto político, y por lo tanto iba a tratar que la Policía y el Ejército no fueran militantes.

Yo era de los que sostuve que nosotros habíamos perdido el poder y que habíamos recibido una derrota estratégica y por tanto mi propuesta fue que regresáramos al territorio, fuéramos al trabajo, hiciéramos un trabajo de autocrítica y crítica para encontrar dónde estaban los factores que nos debilitaron tanto.

No se decidió eso. Se decidió centralizarse. Era necesario que esa Dirección (Nacional) reconociera que había desacertado, que había perdido estratégicamente el timón de comando y eso no lo quiso hacer y eso lastró en muchas cosas, por ejemplo, los comandantes salieron y todos se dispersaron. Aquí solo nos quedamos algunos. Trabajando, haciendo el trabajo político, el reclutamiento, etc., etc. Nos dividimos después el país en regiones.

No se puede ver claramente si esa ambición de poder está desde la primera semilla, muchas cosas que estuvieron en manos de Daniel nosotros voluntariamente lo hicimos, no nos pusimos a pelear. Visto en la perspectiva de cómo se fue encaramando, con mentiras, con todas las trampas que hace un político tradicional, sí debo decir que él escondía un enorme ambición.

Cualquiera diría que Humberto Ortega que ha escrito que la historia la hizo él, desde el Big Bang hasta nuestros días, sin embargo no tuvo la codicia de poder. Él quería estar solo en el mando, quería estar solo en el Ejército pero el Gobierno de doña Violeta, que era un gobierno de coalición nacional no quería que siguiera, entonces lo destituyen. Ahí quedó. El otro no, el otro tiene continuidad.

Ese 30, 40 por ciento que se le adjudica al comandante Ortega de apoyo del electorado, ¿es por la figura de él como o es por cierta nostalgia de lo que fue la revolución?

Yo no sé si en realidad ese 40 por ciento de apoyo es sandinista. Yo no apuesto ya por eso. Habemos sandinistas, pero por ver lo que hace el Frente de Daniel, ahí no hay escuela, ahí no hay un relato que diga la lucha revolucionaria fue de esta manera, los problemas fueron de esta manera, se solucionaron de esta manera, ahí no hay un estratega que le diga al joven vale la pena respaldar el sandinismo y curiosamente, en la actualidad hay muchos estudios sobre Sandino, sobre la lucha sandinista, que bien valdrían una cátedra en las universidades para entender aquella epopeya en la que nosotros nos basamos, pero ese partido no tiene las herramientas para decir  de que es sandinista.

Es Danielismo y es una especie de cómo se llenan los partidos tradicionales.

Y qué pasó con el sandinismo en Nicaragua, ¿sigue vigente?

Algunos portamos ideas. Algunos sin querer están afiliados a ese sandinismo original, los campesinos, que están en La Fonseca están defendiendo la soberanía y la integridad territorial, porque una ley de despropósitos nacionales y soberanos como es la 840, producto de este que se llama revolucionario y sandinista, está en la Constitución con la escala de la institución y ese hecho nos hace recordar nuestra militancia anterior.

Entonces ¿qué estamos celebrando ahora? Son 37 años de esta gesta y el Gobierno dice que esta es la segunda etapa de la revolución.

Revolución no hay.  No hay. Qué es la economía política de este período, no es la misma economía neoliberal, además, con algo que no tuvieron los otros gobiernos, los de los famosos 16 años, que fue la alianza con el gran capital, tanto el internacional como el nacional.

Eso es una sola macolla y la política expresión de la economía. Tienen una relación casi biunívoca históricamente ambas actividades. Es del neoliberalismo de lo peor, es extractivista.

¿Cómo voy a pensar yo que ese es revolucionario? Además el enriquecimiento ilícito de toda esta gente. Voy a poner como ejemplo la deuda externa. Han escondido que esa deuda es pública para el usufructo privado. Porque cuando se firmó el convenio entre el presidente Hugo Chávez Frías él era presidente de Venezuela y lo firma con Daniel Ortega Saavedra, presidente de Nicaragua. Dos personas naturales, o dos personas jurídicas. Ninguno podía decir, el petróleo es mío, te lo regalo y el otro muchas gracias me lo echo, pero el otro se lo echó a la bolsa.

Hay rumores que dicen que el presidente Ortega podría nombrar como su vicepresidenta a la primera dama Rosario Murillo, ¿crees que el presidente estaría dispuesto a ceder tanto poder al nombrarla a ella?

Yo me hago una pregunta de otra manera, ¿qué le agregaría de utilidad a Daniel Ortega hacer a la compañera Rosario su vicepresidenta? La Rosario Murillo funciona como un Primer Ministro, por eso es que la ven haciendo todo lo que hace, porque el otro es un presidente que vive acostado.

Quien gobierna es Rosario Murillo, funciona como un Primer Ministro. Rosario Murillo, queda como vicepresidenta sin funciones y él como presidente y qué pasa con el que va a coordinar gabinete y el que hace las cosas que están haciendo la Rosario Murillo, que yo creo que las lo hace bien, comienza un choque innecesario.

La otra posibilidad es que efectivamente Daniel esté enfermo y que tiene los días contados. Entonces la sucesión sí califica que la Rosario sea la sucesora del poder.

¿Hay alguna esperanza de cambio en el país?

Yo no la veo ahorita.

Las elecciones son una herramienta esencial. El voto es un derecho, no es compulsivo y obligatorio (…) pero también es derecho el abstenerse.

La gran consigna debería ser la abstención para descalificar ya totalmente el proceso y tener un activo político para continuar la lucha, porque si dejamos continuar acumulándose estas contradicciones que todos los días se van a volver más potentes, podemos llegar al lugar al que no debemos llegar nunca más que es la lucha armada.

Eduardo Montealegre: “Me preocupa mucho que en este país se piense ya en una confrontación”

El líder opositor nicaragüense Eduardo Montealegre analiza sus opciones ahora que no puede participar en las presidenciales de noviembre.

El líder opositor nicaragüense Eduardo Montealegre. CARLOS HERRERA

El líder opositor nicaragüense Eduardo Montealegre. CARLOS HERRERA

Carlos Salinas, 29 junio 2016 / EL PAIS

el paisEduardo Montealegre (Managua, 1955) se queja de no haberse preparado mejor para la sesión de fotos posterior a la entrevista. Vestido con una camisa color rosa de manga corta, el líder de la oposición nicaragüense posa delante de grandes imágenes de idílicas playas del sur del país. La fotografía es una de las aficiones de este político que un día aspiró a convertirse en presidente de este convulso Estado centroamericano. Montealegre se devana los sesos para entender qué opciones tiene su formación política, ahora que no puede participar en las presidenciales de noviembre: un fallo de la Corte Suprema le ha despojado de la representación legal de su partido, el Liberal Independiente (PLI) y ha invalidado invalida las candidaturas de los también opositores Luis Callejas y Violeta Granera.

El presidente Daniel Ortega, que controla todos los poderes, les ha reducido a un movimiento inocuo, con una gran parte del electorado desilusionado con la política y con una mayoría de la población apremiada en la supervivencia diaria. Sin una estrategia clara por parte de la oposición para hacerle frente, Ortega tiene todas las cartas a su favor.

Pregunta. ¿Qué opciones le quedan a la oposición?

Respuesta. Si Ortega no reflexiona, me preocupa mucho que en este país la gente ya esté pensando en una confrontación, no de disturbios callejeros, sino una confrontación de hecho para sacarlo del poder.

P. ¿Quiénes piensan en eso?

R. Mucha gente lo dice. Nosotros no estamos de acuerdo con esa alternativa. Creemos que Ortega debería reflexionar.

P. ¿Qué acciones tomarán ahora que la vía electoral está descartada?

R. Esta es una lucha que apenas comienza, que no se va a terminar en noviembre con las elecciones. Nos corresponde buscar alternativas, salidas democráticas, para no tener que repetir lo que ha pasado en este país después de una farsa electoral, porque cada vez que hay una farsa electoral viene la confrontación, el derramamiento de sangre. Esta vez todos tenemos que poner nuestro esfuerzo para encontrar esa salida.

P. Tras las elecciones de noviembre, el presidente Ortega controlará totalmente el Parlamento. Ustedes pierden ese espacio…

R. Sí. Lo que tenemos que hacer es aprender de la historia. En 1974, en tiempos del somocismo, el país estaba en una situación muy similar a esta. Somoza quería continuar en el poder, no había reelección, había hecho un cambio en la Constitución y venían las elecciones. La oposición decidió no participar, por lo que esas elecciones fueron una farsa electoral. En este caso, Ortega no nos está dejando participar y lo que va a haber, si no nos deja participar, es otra farsa electoral. Lo que quisiera es que la solución no sea la que se dio cinco años después, cuando hubo una confrontación armada, una revolución, 50.000 muertos y la destrucción de todas nuestras bases económicas y sociales.

P. ¿Diría que Nicaragua vive una nueva dictadura?

R. Absolutamente. Cuando tienes a alguien que controla el poder legislativo, el poder judicial, el electoral, la Policía, el Ejército y hacen lo que él dice, ¿cómo le llama a eso?

P. El sector privado de Nicaragua mantiene una buena relación con el Gobierno. ¿Qué esperan de los empresarios?

R. No he hablado con ellos. El presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), José Adán Aguerri, dijo que la decisión de la Corte Suprema en relación a quitar la representación legal del PLI era grave. No sé si van a hacer algo al respecto. Creo que para su propio bienestar es mejor que yo no me meta a hablar con ellos de eso, porque es obvio que Ortega las tiene contra mí.

P. ¿Un asunto personal, no político?

R. No personal. Él sabe que no he sido como [el expresidente] Arnoldo Alemán [1997-2002 y acusado por corrupción], que no me he entregado, que no me he doblegado. Eso le molesta, porque a ninguno de estos caudillos le gusta que uno se le plante.

P. ¿Qué dicen sus bases en las zonas rurales del país, la mayoría campesinos?

R. Hay una gran molestia. Algunos están dispuestos a ir más allá de lo que a nosotros nos gustaría, porque queremos una salida cívica, democrática.

P. ¿Qué les dice usted frente esa molestia?

R. No los voy a detener. Pero no quisiera ver a mis compatriotas confrontados otra vez en una guerra fratricida.

P. ¿Es imposible el diálogo?

R. El problema es que Ortega busca dialogar para ver cómo se entienden dos personas. Yo busco un diálogo para beneficiar a seis millones de nicaragüenses, para que haya respeto a la institucionalidad, a las leyes, a la Constitución, a los derechos humanos, al voto de cada ciudadano. Me gustaría pensar que Ortega medita que la salida para Nicaragua es acabar con el caudillismo y que él quiere ser el último caudillo. Porque esa es la única manera de acabar con el caudillismo, como lo acabó Franco en España o Pinochet en Chile. No pierdo la esperanza de que Ortega piense que él es el último caudillo. Y que después de eso surja un nuevo país.

Acuerdos de EE.UU. y Cuba agravan crisis migratoria

La migración terrestre de cubanos hacía Estados Unidos y la negativa de Nicaragua de dejarlos pasar ha creado una crisis humanitaria. Se necesita un acuerdo entre todos los pases “de paso” y de Estados Unidos para resolverla. El gobierno de El Salvador no se ha pronunciado ni hecho propuestas constructivas, por lo menos no publicamente. Tampoco hemos escuchado un compromiso del presidente de El Salvador de dejar pasar y atender a los migrantes cubanos, en caso que Nicaragua los deje pasar.

Segunda Vuelta

El exilio cubano en Miami exige a Nicaragua que permita el paso a cerca de 2,000 cubanos que intentan llegar a territorio estadounidense. | Foto por Agencia EFE

El exilio cubano en Miami exige a Nicaragua que permita el paso a cerca de 2,000 cubanos que intentan llegar a territorio estadounidense. | Foto por Agencia EFE

23 noviembre 2015 / EDH

diario de hoyUna cadena de presiones, de acuerdos que no terminan de explicarse para evitar retratarse y en los que están involucrados Estados Unidos, Cuba y diversos países americanos, ha hecho estallar una bomba humanitaria en una de las fronteras de ese largo y tortuoso camino que emprenden por tierra miles de cubanos desde Ecuador a Estados Unidos: Nicaragua ha colocado a su ejército en la frontera con Costa Rica y ha repelido a casi 2,000 cubanos que se hacinan ahora, en malas condiciones humanitarias, en la parte costarricense.

Los balseros a pie, como los denominó  el periódico español El Mundo hace un mes y medio, son en este momento el gran reto migratorio del continente americano.

“El gobierno de Estados Unidos presiona a Cuba y a México para parar la avalancha de cubanos que entran en su país y los cubanos han recurrido a sus socios de Nicaragua para que les hagan el trabajo.

El conflicto territorial entre Costa Rica y Nicaragua por Isla Portillos, que parece próximo a resolverse, también tiene su peso”, explica a El Mundo Eduardo Matías, abogado cubano que se dedica a ayudar a los migrantes de su país que atraviesan México.

“Es de suprema importancia entender que este es un problema de personas que tienen ilusiones, necesidades, que buscan llegar a un destino donde quieren vivir mejor. Son personas que necesitan ser atendidas en su ansiedad y protegidas en su necesidad”, ha denunciado el presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís.

“Más que cualquier consideración de orden geopolítico, hay una situación que se ha presentado con una decisión del gobierno de Nicaragua, que de manera absolutamente injustificada e irresponsable, ha acusado a Costa Rica de utilizar de alguna manera a estos inmigrantes para generar una violación”, ha remarcado Solís.

Con las fuerzas de seguridad
Nicaragua, por su parte, anunció que “con la finalidad de restablecer el orden y la tranquilidad ciudadana, fuerzas especiales de la policía nacional ejecutaron acciones operativas, teniendo como resultado que los inmigrantes cubanos fueron regresados a territorio costarricense de donde fueron lanzados”.

El Ejecutivo de Daniel Ortega denuncia también que los cubanos han causado “destrozos en sus instalaciones fronterizas”.

Cuba, mientras, se ha limitado a sacar un comunicado del régimen en el que mete el dedo en el ojo a su viejo enemigo norteamericano y le recuerda que la presión migratoria es culpa de Washington: “El Ministerio de Relaciones Exteriores desea enfatizar que estos ciudadanos son víctimas de la politización del tema migratorio por parte del gobierno de los Estados Unidos, de la Ley de Ajuste Cubano y, en particular, de la aplicación de la llamada política de ‘pies secos-pies mojados’, la cual confiere a los cubanos un tratamiento diferenciado y único en todo el mundo, al admitirlos de forma inmediata y automática, sin importar las vías y medios que utilizan, incluso si llegan de manera ilegal a su territorio”.

Por último, el régimen cubano asegura que “el Ministerio de Relaciones Exteriores ratifica que los ciudadanos cubanos que hayan salido legalmente del país y cumplan con la legislación migratoria vigente tienen derecho a retornar a Cuba, sí así lo desean”.

Solís ha reiterado que la crisis de emigrantes cubanos varados en suelo costarricense no debe ser mezclada con la geopolítica y, en ese sentido, espera que exista la voluntad internacional para solucionar el problema.

“Tengo la viva esperanza de que los cancilleres harán su mayor esfuerzo para garantizar que encontremos una solución humanitaria para estos migrantes”, declaró Solís

El mandatario se refirió así a la reunión extraordinaria que se llevará a cabo en El Salvador el próximo martes, entre los cancilleres de Centroamérica, ampliada a México, Cuba, Ecuador y Colombia.

“Hay que construir un espacio de tránsito para que el flujo de emigrantes cubanos puedan viajar con seguridad, documentados, en condiciones adecuadas, sin recurrir al crimen organizado”, manifestó.

“Para lograr esto se necesita la colaboración de todos los países desde Cuba hasta Estados Unidos (…) Si hubiera voluntad política habría posibilidad de éxito”, expresó.

Costa Rica ha habilitado siete albergues cerca de la frontera con Nicaragua, donde atiende a 1,300 cubanos, mientras otros 400 prefirieron quedarse en el puesto fronterizo de Peñas Blancas.

Pero la realidad es que todos los países involucrados parecen decir verdades a medias de un muy complicado tema migratorio que se está inflamando gravemente, sostiene El Mundo.

Y a continuación señala los puntos claves de este conflicto que pone en aprietos a miles de emigrantes cubanos.

El diario español menciona que Estados Unidos se ha encontrado con una avalancha de cubanos que llegan a su país ante el posible fin del conflicto diplomático entre ambos países.

Los cubanos, en caso de que se normalicen las relaciones, perderán los muy ventajosos privilegios que les otorga la Ley de Ajuste y sus cuantiosas ayudas económicas.

Los norteamericanos presionan a países como México para que les hagan el trabajo de detención de esta migración que ha provocado que cubanos de todo el continente emprendan la marcha a EE.UU. Pero también, asegura, cuestiona que otros no están interesados en parar la migración, por los beneficios que perciben de ese movimiento migratorio masivo.

Cuba podría parar esta migración presionando a Ecuador, su socio, para anular el tratado de libre visado para los naturales de la isla (único país con el que lo tiene). Sin embargo, el régimen castrista alivia presión demográfica y obtiene con la salida de miles de inmigrantes la llegada de divisas que mandan éstos a sus familias y que es esencial para la débil economía de la isla.

Un recorrido lleno de penurias
Miles de cubanos que hacen el viaje entre Ecuador y Estados Unidos sufren una serie de abusos por parte de mafias (los llamados coyotes) y de la corrupción policial. Se calcula que más de 100,000 cubanos han viajado hasta Ecuador para emprender ruta a Estados Unidos.

Y en ese camino se encuentran con que en los países por los que pasan se hacen de la gorda, miran a otro lado y les van concediendo salvoconductos de paso a cambio de mordidas y detenciones arbitrarias que casi nunca acaban con deportaciones, bien por falta de convenio con Cuba o bien porque el régimen cubano no solicita su extradición.

Países como México han visto cómo en Tapachula, en el estado de Chiapas, su frontera se ha saturado con la llegada de 60 cubanos cada día y han tenido que abrir sus centros de inmigración por estar saturados.

En este momento, la presión migratoria cubana es muy fuerte. Recientemente Cuba y México han firmado un acuerdo migratorio que no se ha hecho público y que parece que podría referirse a este grave problema. El gobierno de Estados Unidos hace una labor soterrada: Ejecutivo (Demócrata) y Legislativo (Republicano) ven de forma distinta el conflicto cubano aunque nadie lo habla abiertamente.

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Panorama incierto para los cubanos

El apoyo de EE.UU. y Cuba es clave para la solución a crisis en frontera de Costa Rica y Nicaragua.

Miembros de la policía impiden el paso de inmigrantes cubanos hacia Nicaragua. | Foto por Agencia EFE

Miembros de la policía impiden el paso de inmigrantes cubanos hacia Nicaragua. | Foto por Agencia EFE

23 noviembre 2015 / EDH

diario de hoyEstados Unidos y Cuba deben trabajar de conjunto para aliviar la crisis migratoria cubana que enfrenta a Costa Rica y Nicaragua, considera el presidente costarricense Luis Guillermo Solís.

Para el mandatario costarricense, tanto las autoridades del país de origen como las de la nación de destino deben ayudar a buscar una solución definitiva a los migrantes, según reportó el diario costarricense  La Nación.

El mandatario espera que la reunión de cancilleres del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), que tendrá lugar este martes 24 de noviembre en El Salvador, ayude a paliar el problema, con el compromiso de todas las naciones incluidas en la llamada “ruta cubana”.

La llegada de más de 2.500 cubanos a Centroamérica, en camino hacia territorio estadounidense, se ha convertido en un dilema regional debido a que el flujo de los caribeños no cesa.

Solís ha insistido en que las autoridades estadounidenses y cubanas se deben sentar con Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala y México, en la próxima cita.

 El Gobierno costarricense llevará a la reunión la propuesta de crear un corredor humanitario libre de violaciones, robos y otras vejaciones que caracterizan al actual trayecto, plagado de peligros naturales y traficantes de personas.

“Hay que construir un espacio de tránsito para que el flujo de emigrantes cubanos puedan viajar con seguridad, documentados, en condiciones adecuadas, sin recurrir al crimen organizado”, enfatizó Solís. recalcó que “Si hubiera voluntad política habría posibilidad de éxito”.

Estados Unidos estará atenta a los resultados de la reunión extraordinaria de cancilleres del SICA sobre la emigración cubana, declaró la embajadora estadounidense en Nicaragua, Laura F. Dogu.

“Vamos a esperar para ver qué es lo que estará ocurriendo en esa reunión en San Salvador la semana que viene”, señaló la diplomática.

Pero Nicaragua tiene una lectura diferente. Según Daniel Ortega, Costa Rica se victimiza y se autoproclama como defensor de los derechos humanos.

Ante esto, Solís respondió que su país no se victimiza y tampoco “cambiará de política sobre la entrega de visas”.

“Este es un conflicto de orden humanitario, no geopolítico. Nuestros temas bilaterales (con Nicaragua) se están resolviendo donde se debe, en los tribunales internacionales de justicia. La población migrante no debe sufrir por los problemas entre ambos países”, añadió Solís.

A la reunión de los cancilleres asistiría la esposa de Ortega, Rosario Murillo. El Gobierno de Costa Rica espera que ella adopte una “posición solidaria” con la población migrante y que su país les permita el paso hacia el norte.

La crisis por el flujo de cubanos, con pasaporte pero sin visas, que cruzan del sur al norte de América se complicó el domingo, cuando tropas nicaragüenses atacaron con gases lacrimógenos en Peñas Blancas, puesto limítrofe entre Costa Rica y Nicaragua, a casi un millar de personas nacidas en la isla para impedirles ingresar a la nación vecina.

Costa Rica recibió a 12,166 cubanos de enero a septiembre del 2015, un promedio de casi 44 por día, y casi 2,000 la semana pasada, frente a 5,114 en el 2014, según cifras oficiales.

Can Nicaraguan soldiers stop the surge of Cubans heading to the U.S.? By Tim Rogers/Fusion

(Part III in Fusion’s week-long series on Cubans’ 5,000-mile trek to freedom. Read parts I and II here and here.)

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Tim Rogers, 18 noviembre 2015 / FUSION

Screen Shot 2015-11-18 at 11.26.56 AMPEÑAS BLANCAS, Costa Rica—Nicaragua’s southern border has become an unusually crowded place in recent days. Thousands of road-weary Cubans of all ages congregate under malinche trees, compete for the limited shade of awnings, and hang their hand-washed clothes on the fence to catch some afternoon sunrays before the evening brings another tropical downpour that turns everything to soup.

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A Cuban woman washes clothes on the Nicaraguan border

It looks like a refugee tent city, only without the tents.

Since Nicaragua militarized its border last Sunday to prevent Cubans from continuing their 5,000-mile journey to the United States, the frontier along northern Costa Rica has become a bizarro “Little Havana.”

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Cubans trapped on the border between Costa Rica and Nicaragua

And similar to its namesake, it’s a place Cubans aren’t allowed to leave.

The standoff on the Costa Rica-Nicaragua border started on Sunday when Sandinista riot police and soldiers fired tear gas and swung bone-crunching truncheons to repel a wave of some 2,000 Cubans “defectors” who were trying to cross the border from Costa Rica. Since then, the Sandinistas have maintained a 24-hour military patrol on their border, while the number of Cubans has swelled to nearly 3,000. Many of the sick and elderly have been moved to Costa Rican shelters as frustrations flare on the border.

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Nicaraguan soldiers line the Costa Rican border, acting tough.

“They are communists, just like in Cuba! This is Cuba by another name!” yells Celia Sanchez, waving an angry hand towards the stone-faced Sandinista soldiers. “We were the ones who sent doctors and teachers to Nicaragua to help the revolution. We taught them how to read and write because they were illiterate. Now they’re biting the hand that fed them.”
The scene here is almost comically lopsided. On the north side of the fenceline, Sandinista police and soldiers dressed in jungle camo hold the line with riot shields and AK-47s. Facing them, close enough to make eye-contact, is an unintimidating group of Costa Rican police officers carrying water bottles and wearing neon-striped Kevlar vests that make them look like crossing guards.
Cuban men watch Costa Rican police on the border.

Cuban men watch Costa Rican police on the border.

The Costa Rican cops are woefully out-gunned and out-muscled. But ultimately they might be better dressed for the occasion.

“We just want to cross. This problem could be resolved in 24 hours if they just let us through,” a Cuban man named Hector tells me. “No one wants to stay in Nicaragua, we just want to continue on. We don’t want problems; we’re willing to pay for transit visas to cross legally, but there’s no turning back for us.”

Nica migra agent looks at passport of a non-Cuban crossing the border. In background, Nicaraguan soldiers are ready to shoot bad guys

Nica migra agent looks at passport of a non-Cuban crossing the border. In background, Nicaraguan soldiers are ready to shoot bad guys

The Cubans can’t go home, they can’t stay on the border, and they can’t advance— at least not legally. Some have tried to hire local smugglers to sneak them across the border and on to Honduras. A group of 15 Cubans was caught by Nicaraguan soldiers and returned to Costa Rica on Tuesday morning after their coyote abandoned them in southern Nicaragua.

The Cubans are carrying passports and asking Nicaragua to allow them to cross legally

The Cubans are carrying passports and asking Nicaragua to allow them to cross legally

The border bottleneck is turning the Cuban emigration problem into a legitimate refugee crisis. And it’s one that’s threatening to destabilize Central America.

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Cubans try to find some shade in the woods next to the border crossing

The Sandinista government has blamed Costa Rica of violating its sovereignty and causing a “serious crisis” at the border by “forcing” undocumented Cubans into their territory, even though some 20,000 Cubans have already crossed through Nicaragua this year. That’s a conservative estimate based on the fact that 18,397 Cubans arrived in Texas during the first nine month of 2015, meaning more have crossed through Nicaragua because hundreds were deported along points further north in Honduras, Guatemala and Mexico.

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A Cuban family poses for a photo while stuck on the Nicaraguan border

But Nicaragua is acting like this is a new thing. The Sandinista government is taking its gripe before The Central American Integration System (SICA), a toothless regional bureaucracy that farts about and has failed to resolve other regional crises in the past.

Costa Rica, meanwhile, is trying to organize a special summit of foreign ministers from all the countries between Ecuador and Mexico to develop a common safe-passage policy for the growing wave of Cubans hiking to the U.S. In the meantime, Tico authorities are struggling to attend to the basic needs of the Cubans piling up on the border.
Costa Rica's Red Cross spoons out food to the Cubans stuck on the border

Costa Rica’s Red Cross spoons out food to the Cubans stuck on the border

Younger Cubans are chomping at the bit. Those calling for calm are having an increasingly hard time getting their voices heard over the din of those demanding action. (No subtitles are needed to understand this scene of frustration.)

“In the end we’re going to be the ones who lose if we try to force this situation or block the border for other people trying to cross, because we’re hurting the only people who have helped us [the Costa Ricans],” said David, the man in the yellow shirt, after managing to quiet the crowd long enough to hear him out. “We have to wait for the authorities to give us an answer, because Nicaragua is a military country, and we come from a military country so we know how these things work.”

After David managed to defuse the small crowd at the border fence, I pulled him aside and asked how long he gives the situation before the pot boils over. Three days, he said.

“There has to be a solution, right?! We can’t remain here forever,” he said.

So why is Nicaragua doing this now?

Nicaragua’s beef with the Cuban emigrants may seem curious to those who remember that the Sandinista revolution was aided by Cuban solidarity. But for the Sandinista government, which insists on calling itself “Christian, Socialist and in-Solidarity,” the Cubans who left the island for the U.S. are traitors who are unworthy of Nicaragua’s self-styled Christian solidarity.

“The Nicaraguan police called us counterrevolutionaries against Castro,” said Daniel Torres, who was part of the initial wave of Cubans who got pushed back into Costa Rica by Sandinista riot shields.

Cuban Ricardo Perez, 30, holds up an unflattering sign that compares Nicaragua's president to Der Führer

Cuban Ricardo Perez, 30, holds up an unflattering sign that compares Nicaragua’s president to Der Führer

Some of the Cubans on the border suspect that Sandinista President Daniel Ortega closed the Nicaraguan border to islanders on the orders of Cuban President Raul Castro (so much for sovereignty). But as is often the case in Nicaragua, there’s no way of knowing what’s really going on behind the Sandinista curtain.

What does seem clear is that Nicaragua, which is in a long-standing border tiff with Costa Rica, has taken a martial delight in sending troops and guns to the frontier as a show of force. A Costa Rican border guard told me that the Nicaraguan soldiers conduct marching drills at certain times during the day, just to remind the Ticos which side has the army.

Riot police and soldiers show Nicaragua means business

Riot police and soldiers show Nicaragua means business

“I think this whole thing has more to do with problems between Costa Rica and Nicaragua than it does with us,” says Cuban emigrant Alain Carmona, 28.

Others think the Sandinistas closed their border because they’re afraid that the Cubans—as they did in the last ’70s—will give Nicaragua’s brow-beaten opposition the encouragement it needs to rise up against a repressive regime.

“The Nicaraguan government is afraid of us. We penetrated eight kilometers inside the country before they turned us back. The Nicaraguan people we met along the way are afraid of their government, but they came out of their homes to support us and bring food,” says Roberto, an outspoken young Cuban man. “The government is afraid that if the Nicaraguan people see us challenging the police, they’ll become more likely to rebel as well.”

More in Cuba series:

Part I: Exodus of Cubans walking to U.S. is quickly becoming the Americas’ own refugee crisis

Part II: How Ecuador became a bizarre trailhead for Cubans hiking to the U.S.