Nicaragua

La insurrección de los estudiantes. De Pedro Joaquín Chamorro

Pedro Joaquín Chamorro, ex diputado nicaraguense, hijo del periodista asesinado Pedro Joaquín Chamorro y de la ex presidente Violeta Barrios

27 abril 2018 / El Diario de Hoy

Nicaragua ha vivido seis días de una verdadera insurrección popular iniciada por jóvenes estudiantes auto convocados a una protesta pacífica, que al ser reprimida con violencia tanto por los grupos de choque paramilitares, como por la propia Policía Nacional ha resultado en al menos 28 jóvenes asesinados con fusiles de guerra cargados con balas de verdad.

En unas pocas horas, el panorama político ha cambiado radicalmente y tal como lo expresó un amigo: “el país vive ahora una oleada democratizadora cuyo impulso vital lo ha puesto la sangre de los jóvenes asesinados”.

Daniel Ortega ha cruzado muchas rayas rojas en tan poco tiempo durante estos álgidos días, comenzando el pasado 19 de abril, pero la más importante es haber disparado contra su pueblo, tal como lo hizo Somoza.

A manera de comparación histórica: la masacre estudiantil del 23 de julio de 1959 que perpetró la guardia somocista en León contra una marcha de jóvenes de la UNAM que se dirigía a protestar al comando local, dejó como saldo fatal cuatro estudiantes asesinados y 60 heridos.

En contraste, a la noche del lunes 23, se contabilizaban 28 jóvenes asesinados con certeros balazos en la cabeza, en el corazón o en el tórax, entre ellos figura un periodista de Bluefields asesinado en cámara. Sin contar los cientos de heridos de menor o mayor consideración, como el infortunado joven que perdió un ojo a consecuencia de una bala de goma.

Enardecida la juventud, y llena de una energía inspiradora, ha hecho ondear la bandera azul y blanco de Nicaragua donde antes estaban los megarrótulos de culto a la personalidad de la pareja presidencial, en algunas alcaldías bajaron la bandera partidaria y han dejado ondeando únicamente la azul y blanco, y en un gesto de simbolismo profundo, reemplazaron en el cuello de la estatua de Sandino en Niquinohomo, la bandera rojinegra del partido sandinista, colocando en su lugar la que cobija a todos los nicaragüenses.

También han quemado y botado estrepitosamente varios inmensos árboles de lata que han sido el símbolo esotérico y fachadista del actual gobierno, que plagan los cuatro puntos cardinales de la capital. Jamás imaginé verlos caer al suelo, como el caballo de “Tacho”, o quemados, como los árboles de Indio Maíz.

En esta insurrección cívica que aún no termina. Hemos observado escenas que jamás se han visto ni en las películas, como la población civil en actitud verdaderamente cristiana y solidaria, devolviendo a los supermercados “Palí” el botín que los vándalos, ante la vista y paciencia de la Policía, se habían llevado a sus casas.

El pueblo nicaragüense ha dado al mundo una muestra de civismo que nos enorgullece a todos y estos jóvenes estudiantes, que un día parecieron apáticos o hipnotizados, le han dado a la nación un ejemplo que cambiará nuestra historia para bien.

Gracias a la tecnología moderna, toda persona con un teléfono celular es hoy un reportero; por ello todo ha quedado documentado en videos y compartido miles de veces por medio de WhatsApp, una aplicación elemental para la comunicación masiva en estas situaciones, cuando el régimen controla la gran mayoría de las comunicaciones y ha ordenado el cierre de la señal de medios independientes como “100 % Noticias”, un medio con el que me solidarizo totalmente, así como la incendiada “Radio Darío” de León.

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Terrorismo de Estado. Editorial de La Prensa/Nicaragua

Jóvenes universitarios de ambos sexos, ancianos pensionados, activistas de la sociedad civil y periodistas de diversos medios de comunicación social, han sido víctimas de la brutalidad de los matones orteguistas.

Editorial, 20 abril 2018 / LA PRENSA

La brutal represión gubernamental contra las personas que han salido a protestar por las reformas del INSS, ejecutada por matones de la Juventud Sandinista apoyados descaradamente por la fuerza policial, es una típica operación de terrorismo de Estado.

Jóvenes universitarios de ambos sexos, ancianos pensionados, activistas de la sociedad civil y periodistas de diversos medios de comunicación social, han sido víctimas de la brutalidad de los matones orteguistas, que además de golpear sin misericordia a sus víctimas pacíficas e indefensas, les roban sus teléfonos celulares, cámaras y cuanto bien material les pueden arrebatar.

Además, en su frenesí represivo el régimen de Daniel Ortega ha censurado a las estaciones de televisión 100% Noticias, Canal 12, Canal 23 e inclusive el católico Canal 51 de la Conferencia Episcopal de Nicaragua. LA PRENSA protesta enérgicamente por esas graves violaciones al derecho y la libertad de información y declara su incondicional solidaridad con los medios censurados.

Aunque no es la primera vez que el régimen de Daniel Ortega practica el terrorismo de Estado contra quienes ejercen su derecho de protestar pacíficamente, la brutalidad de los matones orteguistas —y el descaro de las fuerzas policiales que los apoyan—, han sido ahora mayores que en ocasiones anteriores.

Con toda razón el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, hizo un dramático llamado a “Daniel Ortega y su esposa, para que detengan la violencia y la represión: “¡No pongan en peligro la paz del país!”, dijo Monseñor Báez a la pareja gobernante. “Sepan escuchar, dialoguen, tengan la madurez de rectificar tantos errores por el bien de Nicaragua. ¡Sean sensatos!” Por su parte el cardenal Leopoldo Brenes deploró la violencia represiva y llamó al Gobierno a reflexionar si está haciendo bien o mal con las reformas al Seguro Social que son repudiadas por el pueblo.

Pero Daniel Ortega y su consorte son insensibles. Ellos creen que los problemas sociales y las protestas cívicas de los ciudadanos se deben enfrentar con terrorismo de Estado. Ellos cumplen el precepto de Nicolás Maquiavelo, precursor doctrinario del terrorismo de Estado, quien aconsejó a los gobernantes que es mejor que sean temidos en vez de respetados. A su vez, el líder de la revolución francesa Maximiliano Robespierre, sostuvo que el terror es un elemento esencial del gobierno popular en momentos de emergencia. Y para todos los tiranos la protestas populares son siempre una emergencia.

La dictadura de los Somoza usaba a las “turbas nicolasianas” (así llamadas porque eran dirigidas por la activista somocista Nicolasa Sevilla) para reprimir las protestas de los ciudadanos. Pero Daniel Ortega, el Somoza del siglo XXI, no solo se puede jactar de haber quebrado el sistema de Seguridad Social, de desmantelar la institucionalidad democrática y eliminar el Estado de derecho, sino también de que en materia de brutalidad represiva ha superado —y con mucho— a la dictadura somocista.

Lea en La Prensa:
-Rosario Murillo confirma al menos 10 muertos durante
enfrentamientos entre ciudadanos y antimotines

Le en Confidencial.ni:
Cámaras empresariales llaman a marchar
No aceptamos censura

“Ortega está orquestando una sucesión dinástica en Nicaragua”: Carlos Fernando Chamorro

diario hoySegún el director del periódico nicaragüense Confidencial, el presidente Daniel Ortega busca preservar el poder en su familia y consolidar un modelo político basado en el autoritarismo y la corrupción.

Carlos Fernando Chamorro habló del chantaje Ortega y el FSLN con los medios de comunicación.

Carlos Fernando Chamorro habló del chantaje de Ortega y el FSLN con los medios de comunicación.

Entrevista de Ricardo Avelar, 2 agosto 2016 / EDH

El 29 de julio pasado, el presidente nicaragüense Daniel Ortega consolidó una de sus principales pretensiones desde que asumió el poder en enero de 2007: gobernar sin una oposición formal, después de la destitución de 28 diputados opositores en la Asamblea Nacional.

El Diario de Hoy conversó sobre el clima político, las alianzas del régimen y el deterioro de las libertades civiles con el periodista nicaragüense Carlos Fernando Chamorro, director del periódico Confidencial y del Centro de Investigaciones de la Comunicación, quien ilustró con mayor profundidad las ambiciones de poder de Ortega  y su esposa, Rosario.
 
¿Cómo se resumen los últimos sucesos en Nicaragua?
Esto empieza el 4 de junio, cuando Daniel Ortega prohíbe la observación electoral para las elecciones del 6 de noviembre y dice que los observadores son unos sinvergüenzas.
El 8 de junio, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) emite una resolución en la cual despoja de la representación legal del PLI  a quienes en 2011 representaron a la oposición y obtuvieron 26 diputados. Había otro grupo que impugnaba la forma en que se constituyó el partido.
Le dicen a la oposición que la personería en torno a la que hicieron coalición ya no es legal y los candidatos ya no son los que nominaron. Le trasladan representación a otro grupo sin peso político, a la oposición la dejan sin derecho de ir a la elección. La semana pasada se cierra el periodo para inscribir alianzas electorales y la oposición no pudo inscribirse, esta no tiene casilla electoral o candidato.
Lo último sucedido la semana pasada es que el Consejo Supremo Electoral (CSE) ratificó la resolución de la CSJ diciendo que los 16 diputados propietarios y 12 suplentes opositores del PLI quedan destituidos. El CSE argumenta que a estos diputados se le aplican los artículos legales que se hicieron para castigar el transfuguismo. Todos estos son subterfugios legales. Ni la CSJ ni el CSE son poderes autónomos o plurales, son extensiones partidarias del Frente Sandinista y el control de Ortega en el Ejecutivo. Dos instituciones que deberían ser del Estado y aplicar la ley están solo ejecutando órdenes políticas y partidarias que dejaron a la oposición sin casilla y sin posibilidad de elecciones y destituyen a diputados electos.
 
¿Qué reacción popular se ha generado?
Hicimos un sondeo en la calle y no se vive un ambiente de alarma o emergencia por la trascendencia que tienen estas acciones. Eso se explica por varias razones. Por un lado, la población está desconectada de la política. Esta se ha desprestigiado en los últimos años como resultado de los fraudes electorales, el control social y la cooptación del sandinismo. Además no hay expectativa de que estas elecciones iban a ser competitivas.
 
¿Hay una base de clientelismo en apoyo al régimen que pueda contrarrestar una posible movilización de la oposición?
Objetivamente hablando, Ortega llegó al poder en 2007 con un apoyo del 38%. Después de nueve años en el poder, el techo electoral sobrepasa el 50%, en gran parte por el asistencialismo y la cooptación del Estado y que la oposición se ha debilitado. Este es un régimen autoritario con apoyo popular.
 
Numéricamente hablando, la base del oficialismo puede callar cualquier protesta…
Cuando ha habido intentos de disputarle al régimen espacios públicos la respuesta ha sido represión con fuerzas paramilitares, policiales. Hay intimidación pues los derechos de movilización política han sido conculcados. Hay miedo de manifestarse. Es real que el gobierno tiene un músculo en su estructura, en el control de todas las alcaldías del país y el control de todo el aparato del estado. En Nicaragua no hay un movimiento opositor pujante sino un oficialismo con gran capacidad de movilizar fuerzas políticas.
 
El relato popular dice que Nicaragua es una especie de “dictablanda”, con estabilidad e inversiones. ¿Son los eventos recientes una confirmación de una dictadura pura y dura?
Las acciones de junio para acá son una realidad muy específica pero esto es un proceso regresivo desde 2008, cuando se impuso un fraude electoral descarado en las elecciones municipales. Hubo represión contra las protestas y se fueron cooptando a las fuerzas armadas y la policía que dejaron de ser fuerzas profesionales para ser extensiones políticas del régimen.
En 2011 hubo otra elección donde Ortega se reeligió ilegalmente. No tenía forma de presentarse como candidato pero a través de un subterfugio de la CSJ reformó la Constitución para ser candidato a presidente. Se reeligió y obtuvo mayoría calificada. En 2014 estableció reelección indefinida. Esto no es algo que ha ocurrido solo en los últimos dos meses. Estos últimos eventos son la consecuencia natural de un proceso progresivo de concentración del poder y regresión autoritaria en el país.
Lo que puedo decir es que cada vez que el régimen es desafiado responde duro, con represión paramilitar, policial y en el interior del país ha habido hasta ejecuciones de opositores.
El régimen también tiene desde 2009 una alianza muy consistente con el sector empresarial, en torno a la estabilidad macroeconómica y favorecer que se desarrollen inversiones y negocios. Aquí hay autoritarismo político puro y duro y oportunidades de negocio para el capital si este no se involucra en política.

¿Esta luna de miel con el empresariado sigue viva?
En este momento se mantiene inalterable. Lo que se conoce es que hay preocupación en el empresariado; en comunicados dicen que estas últimas acciones no le convienen al país porque puede afectar a mediano plazo el clima de negocios al deteriorarse el pluralismo político, la división de poderes y la democracia. Ahora, esta es una declaración que expresa preocupación. Que eso se transforme en una acción de los grandes empresarios es incierto y no se tiene conocimiento de alguna presión sobre el gobierno. Se conoce que el capital le pidió a Ortega desde inicios de junio una reunión para hablar sobre estos temas y que no ha habido respuesta del gobierno.
El gobierno mantiene su política con el capital de dialogar sobre las leyes económicas y negocios, pero no sobre política.
 
¿Esta relación será sostenible? ¿No hay riesgo de que Ortega rompa esta cordialidad?
Ese es uno de los dilemas que enfrenta este régimen a mediano plazo. Hasta ahora ha conjugado autoritarismo y represión con un clima de negocios pro inversión privado. La historia demuestra que hay muchos ejemplos de gobiernos que han hecho esta combinación, pero no es duradera. El clima de negocios requiere de instituciones democráticas permanentes, de transparencia, rendición de cuentas. Este es un dilema que los propios empresarios enfrentarán en los próximos años en la medida en que otros factores económicos afecten al país.
Yo entrevisté al representante del FMI la semana pasada y decía que Nicaragua tiene nubarrones en el horizonte. Hay proyecciones estables pero nubarrones asociados al deterioro de los precios de productos internacionales y la reducción de la cooperación venezolana que ha sido uno de los pilares de este régimen. La pregunta de si durará o no la deben responder los empresarios pero han sido los principales beneficiarios de la alianza con el gobierno.
 
Ha hecho comparaciones con el somocismo. ¿Este régimen trasciende las ideologías?
Ortega predica un discurso que intenta asociarse a las banderas de la revolución de 1979, pero en la práctica sigue políticas represivas y aspectos neoliberales. Él critica los 16 años de neolibralismo en Nicaragua de 1990 a 2006 pero sus políticas dan continuidad a estas políticas. Es un régimen de discurso revolucionario con políticas autoritarias, no hay ningún progresismo o revolución.
 
¿Qué tanto han empeorado las limitaciones a las libertades y a la prensa?
Si se compara la situación actual con 2006, es más fácil entender que se ha producido una drástica regresión, de un sistema que era competitivo, pluralista y abierto a muchas voces a un sistema actual en el que predomina un duopolio en la televisión donde de los nueve canales, están en manos de la familia Ortega Murillo o en manos del mexicano Ángel González, además de un clima de autocensura.
Además ha existido un drástico deterioro en los derechos ciudadanos de manifestarse, expresarse o tener acceso a los medios de comunicación. Se practica la libertad de expresión con represalias en algunos pocos medios independientes que aún quedan en Nicaragua.
 
¿Como medio han tenido problemas ?
Los pocos medios independientes tienen cero acceso a publicidad pública, a fuentes oficiales, se nos excluye de conferencias de prensa y hasta de las audiencias judiciales. Hay también campañas de intimidación y hostigamiento contra periodistas y medios. En 2008 fuimos objeto de una presunta investigación de lavado de dinero que derivó en la ocupación de nuestras oficinas por la Fiscalía con más de 40 policías. Se nos quería atribuir un delito que nunca pudieron probar, pero en el fondo eso respondía a un acto de intimidación por la labor de periodismo independiente y la labor de fiscalización del poder que realizamos.
 
¿Qué viene para Nicaragua, especialmente con elecciones a la vuelta de la esquina?
Las elecciones persiguen refrendar el tercer periodo de Ortega. La legitimidad de su reelección está cuestionada por la oposición y otros sectores de la sociedad civil como una farsa electoral. Participará el FSLN y partidos satélite o “zancudo” sin credibilidad o legitimidad.
Hay que ver si la oposición logra movilizar a la población para denunciar la farsa electoral. No se prevé un cambio político inmediato. Ortega asumirá en enero de 2017 en un contexto de mayor ilegitimidad, pero lo que viene es difícil de predecir porque hay muchos factores.
Entre los factores externos, es diferente una dictadura en bonanza que una en miseria…
El apoyo venezolano ha sido clave para financiar el clientelismo y afianzar la alianza con el sector privado, unos $3,500 millones en los últimos ocho años, de los cuales como el 60% se ha desviado a actividades privadas lucrativas. Con ese dinero se ha creado un consorcio económico que controla la familia Ortega que se llama Albanisa. Esa cooperación que se manejó como un presupuesto paralelo sin auditoría estatal se ha reducido.
No es que el gobierno se vaya a desplomar pero le resta flexibilidad para resolver problemas o mantener la alianza con el capital. Para decirlo sencillamente, esa cooperación le permitió a Ortega no tener que hacer una verdadera reforma tributaria. Al reducirse esos recursos sus relaciones serán tensas porque siempre hay una disputa por recursos del estado.
 
¿En Nicaragua no ha habido procesos sistemáticos de reforma tributaria?
Las principales leyes económicas implementadas han sido consensuadas con el capital. Aquí no se discuten ni en el parlamento ni en consultas públicas. Esa ha sido la prerrogativa del régimen al empresariado, que ha dictado las reglas económicas a su conveniencia.
 
En un país poco acostumbrado a una oposición pujante, ¿qué puede venir después?
Lo que vemos es un régimen que no está en una etapa de debilidad, sino en una etapa de fortalecimiento, adoptando medidas que lesionan su propia legitimidad y por otro lado se sostiene esa alianza pero también se sostiene en un estado de control personalista que difícilmente es sostenible.
Además se sostiene en una estructura que fomenta la corrupción pública porque no hay sistema de control o rendición de cuentas.
 
El modelo de Ortega no está agotado entonces…
Este martes (hoy) es el día tope para inscripción de candidaturas presidenciales y de diputados para el 6 de noviembre. Ahí sabremos si en la lista de candidatos aparece Rosario Murillo, la esposa de Daniel Ortega. Ortega está orquestando no una sucesión democrática sino una heredada o dinástica.
 
Entonces el rol de Rosario Murillo es clave…
Ella juega un rol de “copresidenta”. Formalmente es vocera del gobierno y en la práctica es como una primera ministra atendiendo los asuntos del día a día del gobierno, pero no tiene una relación institucional con la sucesión del poder.
 
Se ha hablado de las recientes acciones como un golpe de Estado. ¿Se le puede considerar así o compararlo a lo que hizo Fujimori en Perú o Serrano Elías en Guatemala?
No creo que sea un autogolpe porque no se trata de suprimir el parlamento, sino un golpe al pluralismo. Se está eliminando la representación de diputados electos por el voto popular y se le cercena a los electores su derecho no

Why we should care that Nicaragua is becoming a dictatorship (again). By Tim Rogers

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Tim Rogers, Fusion's senior editor for Latin America

Tim Rogers, Fusion’s senior editor for Latin America

Tim Rogers, 30 julio 2016 / FUSION

When Daniel Ortega was re-elected president in 2006, I cheered for Nicaragua.

When he sidestepped the constitution to get himself re-elected in 2011, I worried for Nicaragua.

And now that he has consolidated authoritarian rule in his bid to become president for life, I am afraid for Nicaragua.

Nicaragua is my second country. It’s my muse. My wife’s native land. The place that keeps me up at night.

 I moved to Nicaragua in 2004 at age 28, chasing the romantic memory of the revolution I watched on the nightly news of my childhood. I had posters of Daniel Ortega, Gen. Augusto Sandino, and Comandante Cero. A red-and-black Sandinista flag used to hang above my bed.
Famous painting in Managua of Gen. Augusto C. Sandino, the "General of Free Men" and the namesake of the Sandinista National Liberation Front

Famous painting in Managua of Gen. Augusto C. Sandino, the “General of Free Men” and the namesake of the Sandinista National Liberation Front

But it didn’t take me long to become disenchanted with Ortega and the Sandinistas once they returned to power.

I was always leery of Ortega. He was a politician with a long tail; a man who was accused of sexually abusing his own stepdaughter. But I always wanted the leftist Sandinista Front to have a fair shot at governing Nicaragua in times of peace. During the 1980s, the Sandinistas managed to implement important social, educational, and health programs while fighting a brutal war against contra guerrillas—who were funded, trained, and equipped by the United States.

So just imagine what the Sandinistas could do in times of peace and with a fat check from Tio Hugo Chávez, I thought naively.

fusionWhen the Sandinistas were voted back into power after 16 years of “governing from below,” Nicaragua was ready to give them another chance. After all, Ortega and his party had respected the rules of the game enough to acknowledge electoral defeat in 1990, and again in 1996 and 2001. So the Sandinistas had proven that they were housebroken and respected rule of law—or so I thought.

Boy was I so wrong.

Since returning to office nearly a decade ago, Ortega has methodically and completely dismantled Nicaragua’s fragile institutional democracy from within and reshaped the laws in a way that support his personal aspirations to create a one-party system that he can govern unopposed till death do they part. By hook and crook, Ortega and his lackeys have taken control of all four branches of government, implemented a repressive zero-tolerance policy for street protests, and rewritten the constitution to eliminate checks and balances.

Daniel Ortega has dismantled Nicaragua's democracy from the inside

Daniel Ortega has dismantled Nicaragua’s democracy from the inside

Ortega put the final nail in the coffin of Nicaragua’s democratic pluralism on Friday, when his sycophants in the Supreme Electoral Council ordered the ouster of 28 opposition lawmakers and substitute lawmakers from the National Assembly. Now Ortega doesn’t face any political opposition, symbolic or otherwise, and can run unopposed for another re-election in November.

The Sandinistas argue that the death blow to the opposition was legal, and they should know since they wrote the laws. So congratulations, comandante, you’ve finally got your dream of turning Nicaragua into your family farm.

But does anyone really care?

Nicaraguans don’t seem to. With the exception of the weekly Wednesday protests that draw a few dozen familiar people into downtown Managua to demonstrate for free elections, no Nicaraguans are in the streets. Some people are clearly too scared to protest, but many others are apathetic or too busy chasing Pokémon. Ortega remains remarkably popular, despite his power grab and his inability to deliver on any of of the megaprojects he has promised, from the interoceanic canal to the oil refinery. And despite recurring reports of re-armed contras organizing in the mountains, Nicaragua has not mustered any meaningful opposition to El Comandante’s family rule.

The U.S. doesn’t seem to care, either. Thirty years after spending more than $1 billion to fund an illegal counterrevolutionary war against the Sandinista government in the 1980s, the U.S. doesn’t even seem to acknowledge what’s going on in Nicaragua anymore.

In fact, as Ortega’s party was finalizing its power grab on Friday afternoon, the U.S. Embassy was sending out a press release congratulating itself for a successful business “networking” grip-and-grin they hosted to “contribute to the economic development of the country.” The U.S. Embassy couldn’t appear more disconnected from Nicaragua’s political reality if it were operating in a parallel galaxy.

The U.S. embassy held a business networking event on Friday, as Ortega put the final nail in the coffin of Nicaragua's democratic pluralism

The U.S. embassy held a business networking event on Friday, as Ortega put the final nail in the coffin of Nicaragua’s democratic pluralism

 

Reagan must flipping in his grave.

As well he should be. The old bastard’s war on Nicaragua caused horrific suffering, death, and destruction on a tiny country that was trying to change its course in history and determine its own destiny. But for the U.S. to go from being hellbent on driving Ortega from power in the 1980s to being entirely indifferent to Ortega’s anti-democratic power grab in 2016 makes Uncle Sam seem like he’s suffering from a case of undiagnosed amnesia.

The truth is that the U.S. was wrong to make war on Nicaragua in the 1980s. But it’s wrong again to not care what is happening there now.

Putting out cookies and coffee for business innovators to speed network while the country’s democracy goes completely off the rails just outside the embassy gates reminds us that the United States’ priorities in the world are oftentimes different than advertised. Washington, D.C. likes to think it’s a beacon for freedom and democracy, but the light it’s tending to on the hill shines for business and trade.

But in the long run, economic development needs rule of law. Even the country’s private sector, which has been allied with Ortega since 2007, knows that what’s coming isn’t good for business. COSEP, the country’s largest business chamber, released a communique on Friday night fretting about “political stability,” the “weakening of a representative democracy,” and “social cohesion.”

Ortega has become increasingly reclusive since returning to power a decade ago, but he wasn't always afraid of the public. Pictured here in 2005

Ortega has become increasingly reclusive since returning to power a decade ago, but he wasn’t always afraid of the public. Pictured here in 2005

 

The head of COSEP told me years ago for an interview with my old news site, Nicaragua Dispatch, that their chamber’s strategy was to work with Ortega to build the country’s economy to levels where democracy would have a chance to finally take root. His thinking was that Nicaragua was too poor to be a democracy. Well now it’s too authoritarian to be a democracy. And maybe too anti-democratic to anything other than poor.

The point is that democracy matters now, and forever—even in Nicaragua, which was never very good at it in the first place.

Democracy is loud and messy and imperfect. But it also tends to be self-correcting and enduring. Despite its warts, democracy is still way better than the alternative. As Winston Churchill famously said, “Democracy is the worst form of government, except for all the others.”

Nicaragua is making a serious mistake by not tending to its young democracy, and allowing it to be replaced by the weeds of authoritarianism and personal ambition. These things never end well.

Nicaragua might have been unpracticed in democracy, but it shouldn’t be so insecure to think it can’t learn. And the world is wrong to not care that Nicaragua has stopped trying.

Daniel Ortega asesta otro golpe al Parlamento y se hace con todo el poder en Nicaragua

El Tribunal Electoral, controlado por el presidente, despoja a la oposición de sus escaños parlamentarios. Ortega impone en Nicaragua un régimen de partido único.

Daniel Ortega en un acto en Managua este jueves. Jorge Torres EFE

Daniel Ortega en un acto en Managua este jueves. Jorge Torres EFE

Carlos Salinas, 30 julio 2016 / EL PAIS

el paisEl Tribunal Electoral de Nicaragua entregó este viernes al presidente Daniel Ortega el control total del Parlamento, al despojar a los diputados de la oposición de sus escaños. El mandatario nicaragüense consolida así todo el poder en su figura, con tintes cada vez más autoritarios, e impone un régimen de partido hegemónico en el país centroamericano.

El fallo del tribunal ordena a la directiva de la Asamblea Nacional el despojo de los escaños a los diputados que fueron electos en 2011 por el PLI, que comandaba el líder opositor Eduardo Montealegre.

El 8 de junio, la Corte Suprema ya había despojado a Montealegre de la representación legal del partido. Con aquella decisión, la justicia nicaragüense dejaba a la oposición sin una casilla electoral para participar en las presidenciales de noviembre, en las que Ortega, del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), será el único candidato importante en liza.

La Corte entregó la representación del Partido Liberal Independiente (PLI) a un político de poca monta que hasta entonces era desconocido en Nicaragua, Pedro Reyes, quien exigió obediencia a los 20 diputados elegidos en 2011 por el PLI y su aliado, el Movimiento Renovador Sandinista (MRS).

Estos representantes opositores —que desde su elección han denunciado desde el Parlamento las arbitrariedades de Ortega, convirtiéndose en una voz incómoda para el presidente— se negaron a obedecer a Reyes, al que consideran un “aliado silencioso” de Ortega, y éste pidió al Tribunal Electoral que los despojase de sus escaños, decisión que ha tomado este jueves.

De esta manera, Reyes pasa a las páginas de la historia de Nicaragua como el político que entregó todo el poder a Ortega, considerado por la oposición como un mandatario autoritario que quiere imponer una nueva dinastía familiar en el país, que no logra sacudirse un pasado de opresión, dictaduras y guerras.

Varios dirigentes del MRS, fundado en 1994 por el exvicepresidente y escritor Sergio Ramírez y conformado por disidentes del Frente Sandinista, denunciaron en un comunicado publicado en redes sociales que el presidente “ha liquidado la Asamblea Nacional sacando a diputados opositores”. Por su parte, el movimiento Ciudadanos por la Libertad —que aglutina a los simpatizantes de Montealegre y a los diputados opositores despojados de sus escaños— también emitió una nota crítica con la decisión judicial. “Podrán destituir a todos y quitarnos un partido, pero la dignidad y principios nunca”, remarcaba.

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Hasta ahora no queda claro cuál será la estrategia de la oposición tras quedar fuera de la competencia electoral y sin su principal fuerza: la representación parlamentaria. Algunas voces abogan, desde el interior del movimiento opositor, un cambio de estrategia y un nuevo liderazgo.

“Se necesita un liderazgo, pero uno que entienda que es temporal y dependiente de ideas, de una plataforma ideológica, no un líder que se haga dueño del partido o siga per sécula seculórum [por los siglos de los siglos]. Precisamente lo que nos pasa a los liberales y a muchos otros partidos en América Latina, es que no tenemos teoría de sucesión. Entonces, cuando se trata de suceder a un líder, ocurre una guerra intestina que termina despedazándonos”, admite el político opositor Eliseo Núñez.

Sin oposición y con todos los poderes bajo su control, ahora a Ortega solo le falta solucionar un problema: encontrar una fórmula más o menos legítima para garantizar la sucesión familiar en el poder y fundar una nueva dinastía.

El mandatario ya ha situado a sus hijos en cargos públicos y al frente de la administración de las empresas que han enriquecido a su familia al amparo de la ingente cooperación petrolera de Venezuela. Pero todavía no ha designado a ninguno de sus familiares como sucesor. En los mentideros nicaragüenses, los rumores apuntan a su mujer, Rosario Murillo, una poderosa primera dama que controla toda la administración pública y cogobierna con Ortega. El mandatario tiene, según la ley electoral, hasta el 2 de agosto para nombrar a su candidato a la vicepresidencia. Y en Managua se cree que la línea de sucesión llega a los pies de Murillo.

Nicaragua: “No supimos conducir el poder” – Henry Ruiz “Modesto”

“La gran consigna debería ser la abstención para descalificar ya totalmente el proceso”, asegura el ex miembro de la Dirección Nacional del FSLN.

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Comandante Modesto, a 37 años de la revolución, evalúa lo que falló tras la revolución de 1979.

19 julio 2016 / confidencial.com.ni

confidencialHenry Ruiz, hace un mea culpa. 37 años después del triunfo de la revolución sandinista que puso en efervescencia a toda una región, Ruíz —uno de los nueve comandantes que condujeron Nicaragua en los ochenta— confiesa que el FSLN se apresuró y no supo manejar el poder que conquistó, después de encabezar una gran alianza nacional.

El ex ministro de planificación y cooperación externa alude a las confiscaciones de propiedades, más allá de los bienes de Somoza y sus allegados, que generaron rechazo en un momento en que más bien necesitaban “alianzas”. No se queda ahí. El “Comandante Modesto” admite que el servicio militar obligatorio debilitó mortalmente al FSN y los dejó, incluso, sin sus más fervientes seguidores. “La guerra necesita gente joven”, afirma, pero “los frentes de batalla terminaron votando en contra de nosotros”.

En entrevista con Esta Noche, Ruiz sostiene que la revolución terminó en 1990 y explica que en el país los auténticos herederos del sandinismo hoy son los campesinos que defienden “la soberanía y la integridad territorial”. Habla sobre la posibilidad de que la primera dama, Rosario Murillo, sea vicepresidenta de Nicaragua. Y en relación a las elecciones del seis de noviembre, cuestionadas en su credibilidad, es tajante y llama a la abstención para “descalificar el proceso” y continuar la lucha. “Es la única forma de evitar un conflicto armado”, dice.

El triunfo de la revolución en 1979 significó una ruptura política en Nicaragua, pero vemos, casi 40 años después, que los viejos lazos del poder político y económico se mantuvieron y se han fortalecido, ¿por qué fracasó en esto la revolución?

Para colocar una dimensión, fueron 10 años y por más que queramos encontrarle las virtudes que supuestamente instalaría ese proceso, es difícil que en ese arco temporal encontremos rangos definitivos de la historia. Segundo, que creo que no supimos conducir el poder, fuimos muy buenos haciendo la organización de la guerra, dándole a la naturaleza política militar y al mando político militar suficiente capacidad para encontrar la forma de insurreccionar al pueblo.

Los que estábamos ahí sabíamos que era como una eclosión militar con la que se iba a destruir toda la columna vertebral del poder, no era Somoza nada más, para nosotros era Somoza y el sistema, íbamos en contra de todo.

¿Y cómo se tuvo que haber dado esa administración del poder a la que hace referencia?

Como estamos a 37 años esto es ya un componente reflexivo, me da la impresión que íbamos muy apresurados, ahora a mí me parece que la confiscación a los bienes de Somoza y sus allegados, tuvo el aval internacional, la OEA (Organización de los Estados Americanos) incluso autorizó que era correcto lo que estaban haciendo los luchadores contra Somoza y por lo tanto se legitimaba la confiscación de todos los bienes y capital que tenía Somoza.

En ese momento uno no sabe lo que tiene, porque es mucho el rumor y otro cosa es el texto de la propiedad y cuando lo examinamos eso era suficiente para organizar lo que se llegó a llamar “Área propiedad del pueblo”, después comenzamos que queríamos más, que queríamos esto, comenzamos a unir propiedades que no estaban en ese decreto y comenzó a afectarse a la gente y comenzó el disgusto.

Más todavía se comenzó a provocar una reacción rápida de lo que es el legítimo enemigo de la revolución, que son los factores de clase, y el enemigo militar que habíamos destruido no fue totalmente eliminado y se comenzó también a organizar.

Con la presencia de (Ronald) Reagan en el poder esos elementos necesitaban otro tipo de administración, tal vez buscando más alianzas (…) Esto es la reflexión que me dan los años.

Dentro de esa reflexión que hacés 37 años después ¿cuál es tu opinión ahora del servicio militar obligatorio? ¿Fue necesario? ¿Valió la pena?   

Yo voté en positivo a la solicitud de Humberto Ortega, de introducir el servicio militar patriótico que vaya decirse obligatorio, entre otras cosas por los informes que brindaba de los planes militares que se hacían anualmente y la cantidad de gente que se necesitaba para alimentar las filas del Ejército.

Hay que recordar que la guerra necesita gente joven, la guerra no se alimenta de los viejitos. Eso lo dicen los textos y quienes anduvimos en eso te das cuenta que ahora yo iría donde fui, pero soy de los que opinan que una causa no se defiende compulsivamente.

Opino como Fidel Castro en su momento las causas se defienden con voluntad, con militancia, etc. y nosotros lo que hicimos fue compulsar, sacar gente que a lo mejor simpatizaban o no simpatizaban y nos la llevábamos y eso fue creando un resentimiento malo.

Yo sé que cuando perdimos, hay madres que tenían las simpatías completas a la revolución y que se lamentaron ir a votar en contra porque pensaban que la presunción nuestra, de los organizadores de esa campaña, pensábamos que íbamos a ganar con un 70 por ciento (…) Los cuadros mismos terminaron oyendo, si tenemos garantizada la victoria para qué nos vamos a molestar con tanto trabajo.

Los frentes de batalla terminaron votando en contra de nosotros. Creo yo que ese fue un factor decisivo para doblarle el brazo al poder revolucionario.

Ahora vemos un proceso bastante interesante, Daniel Ortega se convirtió en la figura que se apoderó prácticamente del Frente Sandinista, ¿cómo se da ese proceso?        

A mí me parece que el colapso del poder está en el 90 y aquí podemos tener diferencias. Daniel Ortega por ejemplo decía que lo que perdimos en el 90 no era el poder, sino el Gobierno. Esta es una mentalidad aparatista, es decir que no habíamos perdido el poder, porque estaba el Ejército y la Policía de nuestro lado.

Pero allá quien había ganado era un proyecto político que iba a tratar de hacer las transformaciones de acuerdo a ese proyecto político, y por lo tanto iba a tratar que la Policía y el Ejército no fueran militantes.

Yo era de los que sostuve que nosotros habíamos perdido el poder y que habíamos recibido una derrota estratégica y por tanto mi propuesta fue que regresáramos al territorio, fuéramos al trabajo, hiciéramos un trabajo de autocrítica y crítica para encontrar dónde estaban los factores que nos debilitaron tanto.

No se decidió eso. Se decidió centralizarse. Era necesario que esa Dirección (Nacional) reconociera que había desacertado, que había perdido estratégicamente el timón de comando y eso no lo quiso hacer y eso lastró en muchas cosas, por ejemplo, los comandantes salieron y todos se dispersaron. Aquí solo nos quedamos algunos. Trabajando, haciendo el trabajo político, el reclutamiento, etc., etc. Nos dividimos después el país en regiones.

No se puede ver claramente si esa ambición de poder está desde la primera semilla, muchas cosas que estuvieron en manos de Daniel nosotros voluntariamente lo hicimos, no nos pusimos a pelear. Visto en la perspectiva de cómo se fue encaramando, con mentiras, con todas las trampas que hace un político tradicional, sí debo decir que él escondía un enorme ambición.

Cualquiera diría que Humberto Ortega que ha escrito que la historia la hizo él, desde el Big Bang hasta nuestros días, sin embargo no tuvo la codicia de poder. Él quería estar solo en el mando, quería estar solo en el Ejército pero el Gobierno de doña Violeta, que era un gobierno de coalición nacional no quería que siguiera, entonces lo destituyen. Ahí quedó. El otro no, el otro tiene continuidad.

Ese 30, 40 por ciento que se le adjudica al comandante Ortega de apoyo del electorado, ¿es por la figura de él como o es por cierta nostalgia de lo que fue la revolución?

Yo no sé si en realidad ese 40 por ciento de apoyo es sandinista. Yo no apuesto ya por eso. Habemos sandinistas, pero por ver lo que hace el Frente de Daniel, ahí no hay escuela, ahí no hay un relato que diga la lucha revolucionaria fue de esta manera, los problemas fueron de esta manera, se solucionaron de esta manera, ahí no hay un estratega que le diga al joven vale la pena respaldar el sandinismo y curiosamente, en la actualidad hay muchos estudios sobre Sandino, sobre la lucha sandinista, que bien valdrían una cátedra en las universidades para entender aquella epopeya en la que nosotros nos basamos, pero ese partido no tiene las herramientas para decir  de que es sandinista.

Es Danielismo y es una especie de cómo se llenan los partidos tradicionales.

Y qué pasó con el sandinismo en Nicaragua, ¿sigue vigente?

Algunos portamos ideas. Algunos sin querer están afiliados a ese sandinismo original, los campesinos, que están en La Fonseca están defendiendo la soberanía y la integridad territorial, porque una ley de despropósitos nacionales y soberanos como es la 840, producto de este que se llama revolucionario y sandinista, está en la Constitución con la escala de la institución y ese hecho nos hace recordar nuestra militancia anterior.

Entonces ¿qué estamos celebrando ahora? Son 37 años de esta gesta y el Gobierno dice que esta es la segunda etapa de la revolución.

Revolución no hay.  No hay. Qué es la economía política de este período, no es la misma economía neoliberal, además, con algo que no tuvieron los otros gobiernos, los de los famosos 16 años, que fue la alianza con el gran capital, tanto el internacional como el nacional.

Eso es una sola macolla y la política expresión de la economía. Tienen una relación casi biunívoca históricamente ambas actividades. Es del neoliberalismo de lo peor, es extractivista.

¿Cómo voy a pensar yo que ese es revolucionario? Además el enriquecimiento ilícito de toda esta gente. Voy a poner como ejemplo la deuda externa. Han escondido que esa deuda es pública para el usufructo privado. Porque cuando se firmó el convenio entre el presidente Hugo Chávez Frías él era presidente de Venezuela y lo firma con Daniel Ortega Saavedra, presidente de Nicaragua. Dos personas naturales, o dos personas jurídicas. Ninguno podía decir, el petróleo es mío, te lo regalo y el otro muchas gracias me lo echo, pero el otro se lo echó a la bolsa.

Hay rumores que dicen que el presidente Ortega podría nombrar como su vicepresidenta a la primera dama Rosario Murillo, ¿crees que el presidente estaría dispuesto a ceder tanto poder al nombrarla a ella?

Yo me hago una pregunta de otra manera, ¿qué le agregaría de utilidad a Daniel Ortega hacer a la compañera Rosario su vicepresidenta? La Rosario Murillo funciona como un Primer Ministro, por eso es que la ven haciendo todo lo que hace, porque el otro es un presidente que vive acostado.

Quien gobierna es Rosario Murillo, funciona como un Primer Ministro. Rosario Murillo, queda como vicepresidenta sin funciones y él como presidente y qué pasa con el que va a coordinar gabinete y el que hace las cosas que están haciendo la Rosario Murillo, que yo creo que las lo hace bien, comienza un choque innecesario.

La otra posibilidad es que efectivamente Daniel esté enfermo y que tiene los días contados. Entonces la sucesión sí califica que la Rosario sea la sucesora del poder.

¿Hay alguna esperanza de cambio en el país?

Yo no la veo ahorita.

Las elecciones son una herramienta esencial. El voto es un derecho, no es compulsivo y obligatorio (…) pero también es derecho el abstenerse.

La gran consigna debería ser la abstención para descalificar ya totalmente el proceso y tener un activo político para continuar la lucha, porque si dejamos continuar acumulándose estas contradicciones que todos los días se van a volver más potentes, podemos llegar al lugar al que no debemos llegar nunca más que es la lucha armada.

Eduardo Montealegre: “Me preocupa mucho que en este país se piense ya en una confrontación”

El líder opositor nicaragüense Eduardo Montealegre analiza sus opciones ahora que no puede participar en las presidenciales de noviembre.

El líder opositor nicaragüense Eduardo Montealegre. CARLOS HERRERA

El líder opositor nicaragüense Eduardo Montealegre. CARLOS HERRERA

Carlos Salinas, 29 junio 2016 / EL PAIS

el paisEduardo Montealegre (Managua, 1955) se queja de no haberse preparado mejor para la sesión de fotos posterior a la entrevista. Vestido con una camisa color rosa de manga corta, el líder de la oposición nicaragüense posa delante de grandes imágenes de idílicas playas del sur del país. La fotografía es una de las aficiones de este político que un día aspiró a convertirse en presidente de este convulso Estado centroamericano. Montealegre se devana los sesos para entender qué opciones tiene su formación política, ahora que no puede participar en las presidenciales de noviembre: un fallo de la Corte Suprema le ha despojado de la representación legal de su partido, el Liberal Independiente (PLI) y ha invalidado invalida las candidaturas de los también opositores Luis Callejas y Violeta Granera.

El presidente Daniel Ortega, que controla todos los poderes, les ha reducido a un movimiento inocuo, con una gran parte del electorado desilusionado con la política y con una mayoría de la población apremiada en la supervivencia diaria. Sin una estrategia clara por parte de la oposición para hacerle frente, Ortega tiene todas las cartas a su favor.

Pregunta. ¿Qué opciones le quedan a la oposición?

Respuesta. Si Ortega no reflexiona, me preocupa mucho que en este país la gente ya esté pensando en una confrontación, no de disturbios callejeros, sino una confrontación de hecho para sacarlo del poder.

P. ¿Quiénes piensan en eso?

R. Mucha gente lo dice. Nosotros no estamos de acuerdo con esa alternativa. Creemos que Ortega debería reflexionar.

P. ¿Qué acciones tomarán ahora que la vía electoral está descartada?

R. Esta es una lucha que apenas comienza, que no se va a terminar en noviembre con las elecciones. Nos corresponde buscar alternativas, salidas democráticas, para no tener que repetir lo que ha pasado en este país después de una farsa electoral, porque cada vez que hay una farsa electoral viene la confrontación, el derramamiento de sangre. Esta vez todos tenemos que poner nuestro esfuerzo para encontrar esa salida.

P. Tras las elecciones de noviembre, el presidente Ortega controlará totalmente el Parlamento. Ustedes pierden ese espacio…

R. Sí. Lo que tenemos que hacer es aprender de la historia. En 1974, en tiempos del somocismo, el país estaba en una situación muy similar a esta. Somoza quería continuar en el poder, no había reelección, había hecho un cambio en la Constitución y venían las elecciones. La oposición decidió no participar, por lo que esas elecciones fueron una farsa electoral. En este caso, Ortega no nos está dejando participar y lo que va a haber, si no nos deja participar, es otra farsa electoral. Lo que quisiera es que la solución no sea la que se dio cinco años después, cuando hubo una confrontación armada, una revolución, 50.000 muertos y la destrucción de todas nuestras bases económicas y sociales.

P. ¿Diría que Nicaragua vive una nueva dictadura?

R. Absolutamente. Cuando tienes a alguien que controla el poder legislativo, el poder judicial, el electoral, la Policía, el Ejército y hacen lo que él dice, ¿cómo le llama a eso?

P. El sector privado de Nicaragua mantiene una buena relación con el Gobierno. ¿Qué esperan de los empresarios?

R. No he hablado con ellos. El presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), José Adán Aguerri, dijo que la decisión de la Corte Suprema en relación a quitar la representación legal del PLI era grave. No sé si van a hacer algo al respecto. Creo que para su propio bienestar es mejor que yo no me meta a hablar con ellos de eso, porque es obvio que Ortega las tiene contra mí.

P. ¿Un asunto personal, no político?

R. No personal. Él sabe que no he sido como [el expresidente] Arnoldo Alemán [1997-2002 y acusado por corrupción], que no me he entregado, que no me he doblegado. Eso le molesta, porque a ninguno de estos caudillos le gusta que uno se le plante.

P. ¿Qué dicen sus bases en las zonas rurales del país, la mayoría campesinos?

R. Hay una gran molestia. Algunos están dispuestos a ir más allá de lo que a nosotros nos gustaría, porque queremos una salida cívica, democrática.

P. ¿Qué les dice usted frente esa molestia?

R. No los voy a detener. Pero no quisiera ver a mis compatriotas confrontados otra vez en una guerra fratricida.

P. ¿Es imposible el diálogo?

R. El problema es que Ortega busca dialogar para ver cómo se entienden dos personas. Yo busco un diálogo para beneficiar a seis millones de nicaragüenses, para que haya respeto a la institucionalidad, a las leyes, a la Constitución, a los derechos humanos, al voto de cada ciudadano. Me gustaría pensar que Ortega medita que la salida para Nicaragua es acabar con el caudillismo y que él quiere ser el último caudillo. Porque esa es la única manera de acabar con el caudillismo, como lo acabó Franco en España o Pinochet en Chile. No pierdo la esperanza de que Ortega piense que él es el último caudillo. Y que después de eso surja un nuevo país.