represión

La prevención estrangulada. De Mario Vega

La gran cruzada contra los cabecillas de las pandillas resultará a la larga inútil si no se hace nada para evitar el surgimiento de nuevas generaciones de jóvenes en conflicto con la sociedad que tomarán el lugar de aquéllos.

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Mario Vega, pastor general de la iglesia ELIM

Mario Vega, 13 octubre 2017 / EL DIARIO DE HOY

La prevención es la cenicienta del tema de seguridad. Por un lado, es despreciada por la población que, harta de violencia, desea salidas rápidas sin reparar en que con su ira vengativa multiplica lo que desea remediar. Por el otro lado, también es despreciada por los políticos que, sedientos de proselitismo, procuran salidas rápidas a un problema cuya solución no tiene atajos. Tales desprecios no permiten que la prevención se aborde con la seriedad que requiere y la espiral violenta continúa alimentándose a sí misma año tras año.

EDH logUn ejemplo de ello es la manera como la Asamblea Legislativa distribuye la Contribución Especial para la Seguridad o impuesto a la telefonía. El Plan El Salvador Seguro ha sido diseñado de manera que un 73 % de la inversión se haga en acciones de prevención en tanto que solamente el 7 % se enfoque en el eje de la persecución del delito. No obstante, en el semestre comprendido entre enero a junio del corriente año se asignó un 38 % de los fondos para prevención en tanto que un 44 % en el rubro de persecución. Esa disparidad debilita el Plan al despojarle de los fondos adecuados para atender el eje de la prevención. Además, es importante hacer constar que dicha asignación se logró a fuerza de argumentar con partidos dentro de la Asamblea que proponían una asignación aún más desequilibrada.

El énfasis en el tema de la prevención no niega ni anula los esfuerzos que deben realizarse en el campo de la persecución del delito. Esa es una responsabilidad ineludible del Estado. Pero, de la misma manera que se aplica toda contundencia a la persecución, debería darse igual contundencia al tema de la prevención.

La gran cruzada contra los cabecillas de las pandillas resultará a la larga inútil si no se hace nada para evitar el surgimiento de nuevas generaciones de jóvenes en conflicto con la sociedad que tomarán el lugar de aquéllos. Se trata de un ciclo interminable de sucesión en el liderazgo de las pandillas que no se detendrá mientras no se desarrollen planes serios y sostenidos de prevención que atiendan a las causas del problema. Pero si se niegan los fondos, la prevención seguirá condena a ser siempre mendiga, limitada, estrangulada e ineficiente. Todo ello, para mal de la ciudadanía; que si bien es cierto que presiona para que se tomen medidas cada vez más violentas, terminará por pagar un altísimo precio de sangre para convencerse de su error cuando ya sean demasiadas las víctimas.

Mientras tanto, las iglesias y otras organizaciones para-eclesiales continúan trabajando con fondos propios en los niveles de prevención primaria, secundaria y terciaria. Pero, continuamente enfrentando grandes obstáculos para completar la inserción social de los jóvenes redimidos. Uno de los obstáculos es la carencia de la ley de rehabilitación e inserción de ex miembros de pandillas, la cual, fue ofrecida por primera vez en septiembre de 2010 y que hasta el día de hoy continúa acumulando olvido en algún archivo.

La falta de un marco legal que ofrezca garantías a los jóvenes rescatados se convierte en un elemento que desanima a otros que también preferirían abandonar sus actividades delictivas si supieran que serán respetados por la policía y el ejército y aceptados en su nueva vida sin sufrir abusos. Todas estas cosas son las que se necesita cambiar para comenzar a tener un poco de esperanza si es que soñamos con un El Salvador seguro.

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Escribir la historia. De Alberto Barrera Tyszka

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Fotografía de Leo Álvarez

Alberto Barrera Tyszka, 23 julio 2017 / PRODAVINCI

“Cuando desperté nada podía hacer: seis revólveres me apuntaban a la cara. Abrí un ojo. Un vistazo soñoliento, brumoso, parcial. Podía ser una pesadilla. Fracciones de segundo para saber que estaba preso. Debía hacer algo. Seis revólveres.”

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ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, ESCRITOR Y COLUMNISTA VENEZOLANO

No es el testimonio de un estudiante detenido injustamente en algún prisión del interior del país. Pero podría serlo. Tampoco es un fragmento de una carta de un preso político, llevado sin trámite legal y de madrugada desde su casa hasta El Helicoide. Las comillas con las que comienzo este domingo no fueron escritas en este tiempo y, sin embargo, dolorosamente, de pronto vuelven a formar parte de nuestro presente. Esas tres líneas con un hombre inocente frente a seis revólveres están en la primera página de una novela escrita por José Vicente Abreu en 1964.  “Se llamaba SN” es su título. Es un libro terrible y desolador, una denuncia sobre la brutal represión durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. SN era nombre del terror, las siglas designaban a la Seguridad Nacional.

prodavinciHoy en día no hay un solo cuerpo de destrucción, un solo nombre. Hoy está el SEBIN pero también está la Guardia Nacional Bolivariana, la Policía Nacional Bolivariana, la milicia, los grupos paramilitares…Actúan sin temor, sin remordimiento, como si la violencia contra civiles que protestan fuera algo natural, como si la represión, la tortura y el asesinato formaran parte de una nueva normalidad.

Quienes invocaron el Caracazo para rebelarse en contra de los poderes establecidos, han terminado reproduciendo miles de Caracazos cada día. Han profesionalizado la ejecución institucional en contra de la población. Han hecho de la masacre no un evento esporádico sino un procedimiento legal; una rutina uniformada, con permiso para liquidar ciudadanos. El chavismo, en vez de combatir la represión, la ha sacralizado. La violencia militar en contra del pueblo es ahora un acto heroico. Atacar entre 7 u 8 a un estudiante, golpearlo con todo y donde sea, dispararle…merece un bono, una condecoración. Hay que entender que la represión que hemos visto y padecido durante todos estos largos días no es un acontecimiento aislado, no es una reacción repentina frente a la multitud indignada. Es un sistema. El mismo sistema que se aplica en las OLP o en la nómina de las empresas públicas.  El mismo procedimiento que aprobó el CNE y que define las bases comiciales para la elección de la Constituyente.  El Estado como arma de exclusión y aniquilamiento.

Pero hoy el discurso legitimador es mucho más potente, más delirante. Ahora el poder desarrolla y trata de imponer, con mucha más fuerza, su propia justificación. Las dictaduras militares que azotaron a Suramérica en el siglo XX trataron de excusar su violencia denunciando la amenaza comunista. El gobierno de Maduro invoca ahora la amenaza derechista. Pero actúa de la misma manera. El SEBIN y la Fuerza Armada funcionan con los mismos patrones de comportamiento que el crimen organizado. No tienen ningún control. Secuestran ciudadanos. Los desaparecen dentro de los túneles de las fortalezas oficiales. Se mueven al margen de la ley. Y acumulan muertos.  Imponen una justicia propia, sin respetar a los tribunales civiles. Y llenan las cárceles de presos políticos…Y siguen repitiendo que todo lo hacen por la paz, por el futuro, por el progreso, por el amor al pueblo y a la patria. También así hablaba Pinochet. Eso mismo también dijo Videla.

El discurso oficial es otra versión de las mismas prácticas represivas del Estado. Es una bomba lacrimógena o una ráfaga de perdigones sobre el orgullo, sobre el derecho a protestar, sobre el ánimo, sobre el sentido común.  Te disparan pero, además, te llaman asesino. Te golpean pero, encima, te acusan de golpista. Todo tiene que ver con la misma estructura. El discurso también forma parte del mismo sistema de producción de muerte. Existe para confundir, para desesperar, para generar sensación de impotencia, rabia, locura. Cada palabra y cada pausa, cada cita y cada omisión, tienen un espacio y una función en la maquinaria. No es azaroso el silencio selectivo que practica con demasiada frecuencia el Defensor del Pueblo, por ejemplo. Es otra versión de la violencia. Una forma de tratar de darle un nuevo orden al caos.

Cuando Nicolás Maduro dice que la Constituyente traerá la paz y el reencuentro de todos los venezolanos, lo único que hace es bailar nuevamente sobre los muertos. Cuando asegura que la Constituyente es un milagro, que relanzará la economía, que nos dará una nueva identidad, no está en el fondo diciendo nada. Solo trata de distraer. Habla para evitar decir. Y, mientras tanto, en alguna oscura celda, hoy como ayer, una mano tal vez raya unas líneas sobre un papel y escribe la verdadera historia del país: “Cuando desperté nada podía hacer. Seis revólveres me apuntaban a la cara”.

Un electrón libre. De Alberto Barrera Tyszka

Fotografía de Marco Bello para REUTERS

ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, ESCRITOR Y COLUMNISTA VENEZOLANO

Alberto Barrera Tyszka, 4 junio 2017 / PRODAVINCI

La imagen se cuela debajo de tus ojos. No sabes cuándo la viste. ¿Fue esta mañana, en un tuit, después de cepillarte los dientes? ¿Te la mandó tu hermana por teléfono? ¿O la imaginaste con brutal nitidez cuando, al final de la tarde, la comentaron en la radio? La imagen sigue ahí. Tras tus párpados. Titilando. Aún a las doce de la noche. Es la espalda de un muchacho que no llega a los 20 años. Está llena de hoyos. Disparos. Alrededor de cada agujero la piel se levanta. Parece un retrato de ciencia ficción. Cuando despiertas en la mañana, la imagen sigue ahí. Se ha mudado dentro de ti. Y duele. Y se queja. Y cruje. Y tú sientes ese dolor, ese ay, ese crujido. Tú sientes la impotencia, la rabia, el ácido. Cómo arden las lágrimas antes de salir.

Todos los muertos, todos los heridos, todos los detenidos, son nuestros huéspedes.

Viven en nosotros. Siguen moviéndose dentro de nuestro cuerpo. Inquietos. Preguntan. Protestan. No pueden descansar. No conocen la paz. Siguen diciendo sus nombre. Tercos, testarudos. Son la memoria de la vida en contra de toda la publicidad oficial, en contra de toda la propaganda que diariamente distribuye el poder.

¿Qué suena más? ¿Una cadena o el nombre de César Pereira, de Paola Ramírez o de Juan Pernalete? ¿Qué vale más? ¿Qué tiene más rating? ¿Un programa pagado en la televisión de los poderosos o todos los gritos y los llantos que repican noche a noche en los barrios populares?

Llevamos más de 60 días de violencia. El Estado actúa como si el pueblo fuera un enemigo. Como si su derecho a manifestarse no fuera legítimo. Basta ver lo ocurrido esta semana en La Vega o en El Valle. Ahora el oficialismo piensa que la democracia participativa y protagónica es una conspiración. Por eso necesitan la Constituyente. Están buscando un nuevo marco legal que les permita traicionarse sin pudor. Necesitan una nueva Constitución para prohibir al pueblo.

El oficialismo continúa igual. No está dispuesto a cambiar nada. La única oferta del gobierno es la simulación. Te propongo aparentar que este método electoral es democrático. Te propongo aparentar que, después de la Asamblea Nacional Constituyente, tendremos un referendo consultivo. Te propongo aparentar que aquí no pasa nada, que la solución es el diálogo. Pero mientras tanto, no se ahorra una sola bala. Sigue disparando. Día a día. Cada vez con más saña. Llevamos más de 60 muertos en este tránsito. El Estado actúa como si estuviera de cacería.

Esta semana, en una entrevista a la agencia EFE, Antonio Benavides Torres, Mayor General de la Guardia Nacional Bolivariana, declaró que el comportamiento de sus soldados durante todo este tiempo ha sido “muy profesional e impecable”. No ha visto él nada de lo que tanto denuncian. No tienes bajo sus ojos las imágenes que la mayoría de los venezolanos tenemos. El Mayor General Benavides Torres está tranquilo, satisfecho. Piensa que todo es culpa de la oposición. Cree que las multitudes en las calles responden a una sola vocación, a un plan de “golpe suave”, dictado por una manual extranjero.

Escuchas a Benavides Torres y algo tiembla tras tus pupilas. Sientes que se quema un grito entre las cuerdas vocales. Recuerdas el rostro ensangrentado y desfigurado del obrero que recibió una bomba lacrimógena. Ves de nuevo, sobre la pantalla de la memoria, los demasiados videos donde soldados golpean, abusan, roban, detienen… entre varios e impunemente a cualquier ciudadano. Aquí hay un país indignado, desesperado, que ya no sabe cómo estallar. Pero el Mayor General Benavides Torres no se entera. Ni se inmuta. Apenas reconoce que, quizás, “uno o dos” funcionarios pueden haber cometido algún “exceso”. Nada más. Y, además, los considera una excepción, un “electrón libre” en medio la combustión que existe.

Un electrón libre es un átomo o una molécula que anda por la libre, que se desprende de la estructura a la que pertenece y actúa un poco por su cuenta. Así explica y resuelve Benavides Torres todo lo que ocurre. Así define lo que te duele, lo que no te deja dormir, las ganas de llorar que te esperan apenas despiertas cada mañana.

No es cierto. Un electrón libre es una fantasía mediocre. Una ofensa. La mayoría de los venezolanos hemos visto, vivido o padecido los excesos de la represión militar. Su violencia no es una excepción. Es una orden. Es un método. Es un plan. Es un proyecto de sumisión, de muerte. Nadie puede venir ahora a maquillar esta historia. Es imposible contarnos otra versión. Vive aquí adentro. Aquí se mueve. Nosotros somos todos nuestros heridos, nuestros detenidos; todos nuestros muertos.

Levanto mi vos. De Gustavo Duhamel

“We must stop ignoring the just cry of the people suffocated by an intolerable crisis,” Gustavo Dudamel, the music director of the Los Angeles Philharmonic, said of his native Venezuela. Credit Hiroyuki Ito for The New York Times

Gustavo Duhamel, 4 mayo 2017 / FACEBOOK
Mi vida entera la he dedicado a la música y al arte como forma de transformar las sociedades. Levanto mi voz en contra de la violencia y la represión. Nada puede justificar el derramamiento de sangre. Ya basta de desatender el justo clamor de un pueblo sofocado por una intolerable crisis. Históricamente el pueblo venezolano ha sido un pueblo luchador pero jamás violento.
Para que la democracia sea sana debe haber respeto y entendimiento verdadero. La democracia no puede estar construida a la medida de un gobierno particular porque dejaría de ser democracia. El ejercicio democrático implica escuchar la voz de la mayoría, como baluarte último de la verdad social. Ninguna ideología puede ir más allá del bien común. La política se debe hacer desde la consciencia y en el más absoluto respeto a la constitucionalidad, adaptándose a una sociedad joven que, como la venezolana, tiene el derecho a reinventarse y rehacerse en el sano e inobjetable contrapeso democrático.

Armando Cañizales Carrillo, músico de la Orquesta Sinfonica Simón Bolivar, de la cual Gustavo Duhamel fue director. El estudiante murio de un disparo en una manifestacion contra el gobierno de Maduro.

Los venezolanos están desesperados por su derecho inalienable al bienestar y a la satisfacción de sus más básicas necesidades. Las únicas armas que se le puede entregar a un pueblo son las herramientas para forjar su porvenir: instrumentos musicales, pinceles, libros; en fin, los más altos valores del espíritu humano: el bien, la verdad y la belleza.
Hago un llamado urgente al Presidente de la República y al gobierno nacional a que se rectifique y escuche la voz del pueblo venezolano. Los tiempos no pueden estar marcados por la sangre de nuestra gente. Debemos a nuestros jóvenes un mundo esperanzador, un país en el que se pueda caminar libremente en el disentimiento, en el respeto, en la tolerancia, en el diálogo y en el que los sueños tengan cabida para construir la Venezuela que todos anhelamos.
Es el momento de escuchar a la gente: Ya basta. Gustavo Dudamel

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Gustavo Dudamel, durante el concierto de Año Nuevo con la Orquesta Filarmónica de Viena. Credit Ronald Zak/Associated Press

Gustavo Dudamel condena la represión en Venezuela: ‘Ya basta de desatender el justo clamor de un pueblo sofocado’

, 4 MAYO 2017 / THE NEW YORK TIMES

El director Gustavo Dudamel, una de las máxima estrellas de la música clásica en el mundo, parece haber respondido a la presión de muchos venezolanos y ha condenado por primera vez la actuación del gobierno de Nicolás Maduro durante la crisis que sufre su país.

El jueves Dudamel escribió en su perfil de Facebook: “Levanto mi voz en contra de la violencia y la represión. Nada puede justificar el derramamiento de sangre. Ya basta de desatender el justo clamor de un pueblo sofocado por una intolerable crisis”.

Este pronunciamiento sucedió un día después del fallecimiento del joven Armando Cañizales Carrillo, un músico de la Orquesta Sinfónica Juvenil José Francisco del Castillo, quien se encontraba en una protesta en la autopista Francisco Fajardo de Caracas cuando recibió un balazo.

Hasta el momento las protestas, que ahora entran en su segundo mes, han dejado al menos 35 muertos, centenares de heridos y más de un millar de detenidos, reporta Associated Press.

“Hago un llamado urgente al Presidente de la República y al gobierno nacional a que se rectifique y escuche la voz del pueblo venezolano. Los tiempos no pueden estar marcados por la sangre de nuestra gente”, sostuvo Dudamel en su declaración.

El pronunciamiento del famoso músico venezolano, que también es el director musical de la Filarmónica de Los Angeles, ha provocado diversas reacciones entre el mundo político venezolano. Freddy Guevara, primer vicepresidente de la Asamblea Nacional y dirigente del partido opositor Voluntad Popular, escribió en Twitter: “Venezuela entera necesitaba que uno de sus hijos más talentosos tomara esta posición. Que tu voz levante conciencias en el régimen, Gustavo”.

De igual manera, Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas, quien se encuentra preso, saludó las palabras del director: “Dudamel coloca batuta dónde esperábamos que lo haría por su patria. Gustavo Dudamel este es tu mejor concierto”.

Estudiantes de la Universidad Central de Venezuela se enfrentan con la policía durante una protesta, en Caracas el 4 de mayo de 2017. Credit Federico Parra/Agence France-Presse – Getty Images

El director fue muy criticado en las redes sociales por un breve video que el 25 de abril publicó en su cuenta de Twitter: “Llamo a los líderes encontrar las vías necesarias para salir de esta crisis que aqueja a Venezuela, principalmente, dejar a un lado los egos e ideologías para escuchar a la gente”. Aunque expresaba su preocupación por los sucesos de Venezuela, muchos pensaron que su pronunciamiento de ese momento no era suficiente.

El impacto que Dudamel ha tenido en el selecto cenáculo de la dirección de orquesta, es comparable a la presencia avasalladora de leyendas como Bernstein y Toscanini. Los asiduos a la Filarmónica de Los Ángeles, de la que Dudamel es director musical desde 2009, suelen exclamar con alborozo: “It´s amazing, it´s the Dudamel´s Experience”.

El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, una obra social y cultural del Estado venezolano con más de 40 años de experiencia, es un exitoso método de enseñanza musical que favorece la integración de jóvenes de bajos recursos en Venezuela y ha inspirado el establecimiento de proyectos similares en más de 60 países del mundo.

A pesar de la gran labor social de El Sistema, su cercanía con el gobierno ha hecho que muchos se pregunten si esa institución, la orquesta nacional y el mismo Dudamel funcionan como una especie de órgano propagandístico de un gobierno que ha sumido a ese país en una de las crisis más grave de su historia.

Dudamel ha dicho que su principal preocupación es la perpetuación de El Sistema. En 2015 escribió un artículo de opinión en Los Angeles Times en el que explicaba que tomar partido en el conflicto de su país podría politizar El Sistema, y eso sería una amenaza para la institución. “Para quienes creen que he permanecido en silencio demasiado tiempo, les digo: No confundan mi falta de postura política con falta de compasión o ideales”, escribió en 2015.

Su disensión pública es un duro golpe para la imagen del gobierno de Maduro, que se ufana de las actuaciones de Dudamel durante algunos actos públicos. Aunque siempre ha existido una gran especulación sobre la posición política del músico, no queda duda de su condena por los recientes sucesos que afectan a su país: “Los venezolanos están desesperados por su derecho inalienable al bienestar y a la satisfacción de sus más básicas necesidades”, escribe. “Es el momento de escuchar a la gente: Ya basta”.

Carta a los que rechazan la dictadura: La cita es martes 2 de mayo. De Paolo Luers

Paolo Luers, 29 abril 2017 / MAS! y EDH

Venezuela está en la encrucijada: o cae la dictadura o logran romper la resistencia democrática, o se derrumbará ante la incesante presión de cientos de miles de ciudadanos que se enfrentan a tanquetas y escuadrones de la muerte.

Aunque el escenario principal son los barrios de Venezuela, el desenlace también depende de los apoyos internacionales que el régimen chavista y sus opositores pueden movilizar. Esto nos hace parte del conflicto.

Maduro perdió la batalla en la OEA. Intentó con sus aliados bloquear que la OEA discuta medidas para restablecer la democracia en Venezuela – y fracasó. 19 países decidieron poner a Venezuela en la agenda de una cumbre especial de cancilleres. Ante la presión de Estados Unidos, de la Asamblea Nacional y la opinión pública, nuestro gobierno ya no se atrevió a seguir votando en pro de Maduro, y en la votación final se abstuvo. Pero nunca tuvo el valor ni la decencia de ponerse en contra de la dictadura.

Luego del fracaso en la OEA, Venezuela pidió al gobierno salvadoreño que convoque la CELAC en San Salvador. Este organismo lo inventaron Castro y Hugo Chávez para crear una OEA sin Estados Unidos y Canadá, pero con Cuba y dirigido por el bloque ALBA. Fiel a sus patrones, Hugo Martínez convocó para el 2 de mayo una cumbre de cancilleres de la CELAC, para brindar a Maduro el respaldo que en la OEA perdió.

La sociedad civil salvadoreña tiene oportunidad de pronunciarse el 2 de mayo si está con Maduro o con el pueblo venezolano; si está con Hugo Martínez y sus cancilleres invitados de los gobiernos que apoyan a Maduro, o si está con los países democráticos que exigen a Maduro cesar la represión, liberar a los presos políticos y convocar elecciones libres. Las bases del FMLN van a marchar el 1 de mayo para apoyar a la revolución chavista. No permitamos que hablen por nosotros.

En Venezuela, los dirigentes opositores todos los días marchan en primera línea, desafiando gases lacrimógenos y balas. Espero que aquí, donde no existen estos peligros, los líderes de los partidos democráticos se pongan a la cabeza de la manifestación con la cual vamos a recibir a los cancilleres de la CELAC.

La cita es el martes 2 de mayo a las 4pm, en el redondel Italia en San Benito, porque la cumbre se celebrará en la Feria o en el Hotel Presidente. No es una cita partidaria. Convocan todos los que amamos la libertad y detestamos que nuestro gobierno no la defienda. Pero los partidos, sus líderes y diputados son bienvenidos. Es más, les debería dar pena si inventan pretextos para no poner la cara.

Nos vemos el 2 de mayo en San Benito,

Observador Político: El drama de Venezuela

Paolo Luers, 22 abril 2017 / EDH-Observadores

La política tiene una dimensión personal que muchas veces no expresamos adecuadamente. Preferimos quedar en un plano analítico. El análisis es necesario, pero igual lo es el impacto personal que nos hacen los dramas humanos detrás de la política. Me duele Venezuela. Me duelen las imágenes de las manifestaciones pacíficas y masivas reprimidas por policías, militares y paramilitares que parecen fuera de control, pero no nos equivoquemos: actúan bajo control de Maduro y la cúpula chavista.

Pero igual, me siento sumamente orgulloso y optimista de ver a personas que en muchos viajes a Venezuela se han convertido en amigos, resistir a la fuerza bruta de un régimen que se resiste a aceptar que su pueblo le ha quitado legitimidad, apoyo y sostenibilidad. Ayer vi un video de la marcha opositora, en el cual Henrique Capriles, gobernador de Miranda y ex candidato presidencial, caminaba en primera fila enfrentando a los antimotines de la Guardia Nacional Bolivariana, con las manos arriba, no en señal de “nos rendimos”, sino en señal desafiante de “vean, venimos desarmados”… La Guardia les tiró a los manifestantes una batería de bombas con gas lacrimógeno, vi a Henrique tosiendo, asfixiándose, pero no retrocediendo. Estas imágenes solamente los podemos ver porque los periodistas independientes venezolanos su juegan el pellejo tomándolas y difundiéndolas en redes sociales. Son otros héroes de este drama. Los medios venezolanos hacer ratos han perdido la libertad de cubrir estos eventos…

Hoy vi un video muy parecido de Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, otro líder opositor, encarcelado desde hace tres años. Los muchachos le pusieron a Lilian una máscara de gas, y luego de respirar por unos momentos, ella se la puso a una señora que estaba al punto de asfixiarse.

Hoy recibimos en el almuerzo semanal de los Observadores de El Diario de Hoy a Tamara Suju, en cuya casa en Caracas tuve el privilegio de conocer, en el año 2009, a los intelectuales más brillantes de Venezuela: ex rectores de universidades, ex ministros, escritores, columnistas –todo un “Consejo de Sabios”-, discutiendo cómo unificar la oposición y cómo construir una mayoría para el regreso a la democracia. Pocos años después, Tamara tuvo que ir al exilio porque sus permanentes denuncias de capturas arbitrarias, torturas y otras formas de represión comenzaron a convertirse en un peligro para el régimen. Amenazaron a ella y su familia, y tuvieron que salir del país.

Tamara me contó del caso de Raúl Baduel, un joven que hace dos años fue detenido por su participación en una cadena humana en protesta contra la represión. Raúl fue vilmente torturado, es uno de los casos que Tamara está llevando ante el Tribunal de La Haya contra Maduro y sus funcionarios – por sistemática tortura de opositores. Conocí a Raúl en junio del 2010, en la cárcel militar Ramo Verde, donde visité a su padre, el general Raúl Isaías Baduel. Junto con toda la familia Baduel almorzamos bajo un gran afiche de Nelson Mandela. “Hay una sola cosa que temo”, me dijo el ex ministro de defensa de Hugo Chávez convertido en opositor y preso político, “y es que me pueden tratar de romper la moral tocando a mis hijos.” Exactamente esto pasó 5 años después, cuando detuvieron y sometieron a tortura a su hijo Raúl. Sin embargo, no lograron doblegar al general Baduel, y por tanto, pocos días antes de que terminara su condena, lo volvieran a acusar, esta vez por “traición a la patria”. Los dos siguen presos.

En Ramo Verde también está recluido Leopoldo López, a quien conocía en el 2008 cuando era alcalde de Chacao, lejos de ser el líder nacional en que se convirtió después. Tamara Suju, quien lleva el caso de Leopoldo ante el Tribunal Internacional de La Hay, cuenta que en estos días de convulsión lo hacen desnudarse varias veces al día, lo hacen caminar desnudo por el pasillo, le prohíben recibir a su familia, y le quitan sus libros. Si Maduro pensaba que con esto se podía quitar encima la pesadilla de un líder opositor que no le daba tregua, tuvo que observar que la captura de Leopoldo no dejó ningún vacío en la oposición. El calvario al que someten a Leopoldo ha creado una pesadilla que persigue a Maduro: No solo le ha dado a Leopoldo un estatus de héroe, también a su esposa Lilian, quien se ha convertido en la voz más escuchada contra las violaciones de los Derechos Humanos – en Venezuela y en el mundo entero.

A todo esto me refiero cuando digo que estoy orgulloso de mis amigos venezolanos, y optimista que van a lograr derrocar a Maduro y su mafia, de la forma que sea. Y solo lo puedo explicar en este plano muy personal, hablando de personas de carne, hueso y corazón que tuve el privilegio de conocer.

Y como es tan personal el drama de Venezuela, me duele cada vez que enciendo la televisión en estos días.

¿Mierda? De Willy McKey

Willy McKey. Poeta. Cronista. Articulista. Venezolano

Willy McKey, 19 abril 2017 / PRODAVINCI

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Un grupo de personas se arriesga a atravesar la endeble estructura de servicios para salvarse del estiércol, pero no todos caben ahí. Ya hay algunos que lograron cruzar y ahora deben superar la pendiente y confrontar a los efectivos que están en la otra orilla. Un grupo pequeño, en la imagen parecen ser cinco, se sujetan de los hombros e intentan superar la corriente pútrida. Otro grupo más pequeño está a punto de cruzar, pero se sujetan de una sola mano. Varios de quienes ya cruzaron se han virado, miran hacia quienes vienen detrás de ellos. Del lado derecho de la imagen están quienes todavía no saben cuál es la manera correcta de entrar en ese río para salvarse.

El miedo sólo podrá transformarse en asco allá, en la otra orilla.

¿Cuán cruel debe ser la represión para que unos manifestantes conviertan las aguas del río podrido que atraviesa Caracas en la única guarida, el único resguardo? ¿Cuán feroz puede ser el ataque como para que quienes huyen de aquello prefieran hundirse en la mierda?

1

Carlos estuvo ahí. Él atravesó el río. Tuvo que hacerlo huyendo de la represión con bombas lacrimógenas con las cuales las fuerzas públicas impedían que la marcha avanzara hacia la Defensoría del Pueblo. Carlos cuenta que tuvo una sensación que nunca antes había tenido. Algo nuevo en el cuerpo. Tenía que salvarse y se lanzó al río. Se quitó la franela que llevaba para empaparla y la usó para aliviarse el ardor en los ojos, la nariz, el rostro. “Agradecí el agua podrida”. Luego caminó unos cien metros con la corriente llegándole hasta la cintura. Dice que mientras corría hacia el río vio ancianos que no sabían qué hacer. Gente indefensa, sin armas, que sólo quiere llegar una vez hasta la Defensoría del Pueblo como si la ciudad también fuera de ellos. El fondo del río es muy resbaloso. Y la corriente estimulada por todas las cloacas de la ciudad es fuerte. Muy fuerte. “Es mucha mierda”.

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El Partido Socialista de Venezuela difundió un meme cruel, macabro. Utilizó la misma foto de los manifestantes espantados hasta el punto de atravesar el río Guaire y le colocó un texto encima: “A Dios lo que es de Dios. Al César lo que es del César. Al Guaire lo que es Guaire” [sic.]. Usaron un hashtag para corregir la falta: #AlGuaireLoQueEsDelGuaire.

Ver el mensaje podría movilizar a cualquiera a preguntarse si ése era el espíritu de la militancia o si esta acción dos punto cero debía tomarse como una línea del partido. En segundos, en lo que parece una broma pesada de los bots, el Poder convertía la ofensa en un anuncio oficial: la cuenta del presidente Nicolás Maduro hizo retuit automático del mensaje.

Existe una máxima del arte de la guerra que aconseja escoger muy bien a los enemigos, porque es posible terminar transformado en algo que se les parezca después de la última batalla. ¿Qué fuerza puede mover a un partido de gobierno hasta el extremo de tratar al contendor político como estiércol, como mierda?

3

Al Guaire lo que es del Guaire. En agosto de 2005, Hugo Chávez Frías invitó a quien todavía sigue siendo presidente de Nicaragua a bañarse en el río Guaire:

“El río Guaire será limpiado bajo mi gobierno y los caraqueños podrán navegar en él. […] Invito a todos a bañarnos en el río Guaire. […] Daniel Ortega, te invito a que nos bañemos en el Guaire el próximo año. La invitación es de la ministra [Jacqueline] Faría”.

Doce años después, el río Guaire sigue siendo un caudal de estiércol donde hacen vida indigentes, animales carroñeros y delincuentes. El dinero del presupuesto de la Nación y de entes como el Bando Interamericano de Desarrollo ha sido arrojado a las cloacas. Aun así, el partido de gobierno se atreve a confesar esta falta sólo por el brevísimo placer de ofender a sus contendientes políticos.

Así de escatológico.

Así de mierda.

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Después de caer varias veces y sentir el agua alcanzándole la cara, Carlos consiguió unas cabillas enterradas en el falso lecho del río. Las usó como apoyo y así logró salir por el lado del Farmatodo. Ahí estaba la Guardia Nacional. Al salir, empapado y son el pecho descubierto, levantó las manos para que no le dispararan. Carlos dice que prefería entregarse antes que volver a cruzar el río. Los efectivos se rieron de él. Entre ellos se decían “Dispárale, vale. Dispárale”. Ahí pudo ver que estaba cerca del puente de servicios. Arrancó a correr y aún así seguía escuchando a los guardias. Cruzó el puente y escapó hacia la otra orilla.

Tiene la cabeza rota por culpa de un bombazo. No pudo ver de dónde vino la lata que lo golpeó.

¿Carlos cree que esto valió la pena? ¿Cómo saberlo? ¿Cómo medir su experiencia con unas expectativas que jamás consideraron que tendría que hundirse en la mierda?

5

En diciembre de 2007, Hugo Chávez Frías decidió utilizar la forma vulgar de referirse al excremento y convertirlo en vocería oficial. Lo hizo recordando una mítica entrevista al político (y poeta) griego Panagulis:

“Oriana Fallaci [en Entrevistas con la historia] interroga a Alekos Panagulis, en un diálogo maravilloso. Él le dice: Mira, cuando te acerques a esos grandes símbolos donde está la historia reflejada… los grandes escudos de armas… tú te acercas en torno a los cuales hay leyendas y glorias de los hombres de la historia pasada… tú te podrás acercar a esos escudos de armas y podrás ver que hay como una herrumbre. El tiempo convirtió cosas, materias, en una herrumbre. Y eso tiene dos componentes: sangre y mierda

Aquella fue la primera vez que Hugo Chávez sufrió una derrota electoral. Nueve años después de esta alocución disruptiva, quienes en 2007 eran líderes estudiantiles llegaron a la Asamblea Nacional como diputados electos en la victoria electoral más reciente de la oposición.

Desde entonces no ha habido más elecciones.

“¡Eso es! ¡Mierda! Y aquí lo que hay es dignidad. Dejen quieto al que está quieto. Sepan administrar su victoria, pero ya la están llenando de mierda. Es una victoria de mierda”.

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Una acción de calle nunca ha bastado para que un gobierno totalitario deje el Poder. Este tipo de acciones forman parte de lo que en la retórica política se conoce como “presión popular”. Y este tipo de acciones, por naturaleza, tiene objetivos concretos: demostrar capacidad para generar movilizaciones masivas, poner en evidencia los abusos de las fuerzas públicas y capitalizar el rédito simbólico de la acción para que los aliados naturales del Poder sientan que existe un nuevo equilibrio político.

¿Cómo puede medirse el éxito de una movilización como la del miércoles 19 de abril de 2017?

Haga el ejercicio de revisar los objetivos naturales de una acción como la convocada por la oposición. ¿Considera que, más allá del cerco mediático, la convocatoria fue exitosa y el liderazgo político acompañó a la militancia? ¿Considera que las acciones de las fuerzas públicas para impedir que la marcha llegara hasta la Defensoría del Pueblo fueron excesivas y desproporcionadas? ¿Considera que hubo nuevos elementos simbólicos involucrados, como presencia en territorios que antes no habían sido abordados por esta fuerza política? Finalmente pregúntese si esta acción puede motivar acciones similares capaces de las mismas conquistas, y usted podrá concluir si la acción tuvo éxito o no.

Ahora bien, notará que esta evaluación no tiene nada que ver con sus expectativas individuales ni con su experiencia singular de la acción de calle. Las expectativas individuales muy pocas veces están en completa sintonía con las conquistas colectivas. Y eso es bueno porque permite que los manifestantes siempre puedan exigir más al liderazgo y haya crecimiento político.

¿Y cómo saber si hay crecimiento político? También puede intentar medirlo mediante tres preguntas. ¿Siente que el colectivo ha aprendido algo? ¿Puede identificar elementos estratégicos nuevos que hayan sido exitosos? ¿Estaría dispuesto a acompañar una nueva acción convocada por las mismas fuerzas?

En efecto, una vez más la evaluación de una acción política no tiene nada que ver con sus expectativas previas a la marcha, sino con el análisis que haga después y con lo que pueda imaginar a partir del nuevo contexto político. Porque, aunque no es sencillo controlar nuestras expectativas, ésa es la única manera de prevenir el desgaste que genera la frustración.

Y, al menos para la oposición, repetir la receta de la frustración política en un clima político como el que ahora determina el rumbo político en Venezuela no sería sino eso: una mierda.

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El mismo día en que su líder político hablaba de diálogo y paz, el partido se burlaba de la dignidad de unos manifestantes que sólo deseaban llegar a la oficina del Defensor del Pueblo, martirizados hasta el extremo literal de verse hundidos en excremento.

¿Qué significa que un pueblo esté dispuesto a atravesar el Guaire para seguir protestando, para manifestar su desacuerdo con el Poder, para salvarse?

¿Cómo leer que el liderazgo opositor, después de que parte de su militancia atravesara agua podrida, se atreva a convocarla para repetir el empeño de llegar a la Defensoría del Pueblo el día siguiente?

¿A qué puede tenerle miedo Carlos, después de haber cruzado el río dos veces para poder contarlo?

¿Qué habrá después?

¿Más mierda?

Quizás no la suficiente.

Al menos no tanta como ocultar que el partido de gobierno fue capaz de convertir el sufrimiento de un grupo de ciudadanos en un cruel juego de palabras, en un chiste escatológico, en una victoria de mierda.

Y eso no puede interpretarse sino como un estruendoso fracaso político, histórico.

¿Es esto el tiempo convirtiendo la revolución en herrumbre? ¿En sangre? ¿En lo mismo?