elecciones presidenciales 2019

Un cambio en el viento. De Manuel Hinds

15 enero 2019 / EL DIARIO DE HOY/Observadores

El nuevo año ha traído tres cambios muy marcados en la dirección del viento electoral que prometen producir resultados muy diferentes a los que las encuestas sugieren hasta este momento.

El primer cambio es el que ha dado en la actitud del FMLN con respecto a GANA y su candidato Nayib Bukele. Como lo señalé en “La extraña agonía del FMLN” [https://www.elsalvador.com/opinion/observadores/546343/la-extrana-agonia-del-fmln/], un artículo que escribí hace unas semanas, el FMLN había estado mostrando una actitud sumamente pasiva frente a la candidatura de Bukele, actitud que sus bases habían interpretado como un permiso para que votaran por Bukele y así evitar que ARENA ganara las elecciones. El resultado de esta negligencia había sido que Bukele había crecido muy rápidamente mientras el FMLN había caído igualmente rápido y por la misma magnitud. En ese momento todo el potencial de votos que Bukele tenía se lo estaba quitando al FMLN. Comparando con la votación de la primera vuelta de 2014, ARENA no había ganado ni perdido nada en términos de porcentaje del padrón, mientras que Bukele había crecido en 26.5% del padrón, de los cuales había tomado 16.0% del FMLN y el resto de los indecisos—un resto que había sido del FMLN en 2009 y que lo había perdido ya en 2014. Así, todo Bukele era tomado del FMLN. ARENA no había ni ha perdido nada a Bukele.

Pero en algún momento en las últimas semanas del año, la cúpula del FMLN cayó en la cuenta de que una victoria de Bukele representaría el fin del FMLN porque se apoderaría de sus bases, sus estructuras y su clientela de la misma forma en la que se apoderó de GANA. Como resultado, le explicó a sus bases que no deben votar por Bukele, y está en una campaña de gran intensidad de recuperación de los líderes locales y regionales para retomar sus bases y su espacio territorial. Este proceso está erosionando muy rápidamente a Bukele porque cada voto que retoma el FMLN es un voto que pierde Bukele.

El segundo cambio, que refuerza el primero, es una serie de decisiones tomadas por GANA-Bukele, que, surgiendo de una clara sensación de debilidad, han acentuado dicha debilidad al destruir la imagen del candidato. La debilidad ya venía volviéndose evidente con las acusaciones sin sentido de fraude electoral y con el uso de la violencia y la amenaza de esta. Se volvió más evidente con la respuesta nula que dieron los supuestos partidarios de GANA y Bukele al llamamiento del último para que se inscribieran para defender el voto en las urnas. De los 300,000 que llamaron, de los 80,000 que tienen cada uno de los partidos grandes, sólo llegaron 4,957.

Todavía peor fue la negativa de Bukele de participar en los debates con los otros candidatos y las circunstancias en las que esta negativa se dio—echándose para atrás cuando ya había aceptado debatir usando excusas que ni sus partidarios le creyeron, tales como decir que la Universidad de El Salvador estaba conspirando con Carlos Calleja. En vez de creer estas excusas, el público tomó la impresión de que el candidato tenía miedo de enfrentarse a los otros por falta de ideas y de habilidades para formar un plan. La impresión fue peor porque esta retirada fue acompañada de lo que sin duda trataba de ser un “reality show” en el que el candidato pretendió que estaba presentando en vivo su plan en el Auditorio de FEPADE mientras los otros candidatos debatían. La excusa era que no podía estar en el debate porque estaba en FEPADE. Pero FEPADE desmintió que él estuviera en sus instalaciones en ese momento, dejando en evidencia que hubiera podido estar en el debate que inicialmente había prometido atender. Finalmente, los que oyeron el plan que presentó en ese show se dieron cuenta de que en parte era copiado de documentos publicados por otros y en parte una exposición de la infantil idea de hacer un aeropuerto en el oriente del país—que presentó con dibujos del Aeropuerto de Abu Dhabi—como si el país no tuviera un aeropuerto funcional y como si complementar a este fuera un problema nacional por encima de la falta de seguridad, trabajos, salud, educación y servicios sociales.

El tercer cambio es el efecto acumulado de la creciente fuerza territorial de ARENA y Carlos Calleja, que han consolidado un contingente enorme de votantes, que, diferente de los de Bukele, son visibles y están dispuestos a trabajar por su partido. La visibilidad de estos partidarios y la invisibilidad de los de Bukele disminuyen la imagen de vencedor que el último ha querido proyectar, y acelera la caída causada por los dos cambios anteriores.

El resultado neto de estos cambios es una tendencia a reposicionar los candidatos en la competencia por la presidencia. La tendencia es a dejar a Calleja en primer lugar, a Martínez en segundo, a Bukele de tercero, y a Alvarado en cuarto.

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Tal vez fallaron los detectores de bullshit, pero no los de prepotencia. De Paolo Luers

Columna Transversal, 13 enero 2019 / EL DIARIO DE HOY

Los debates entre candidatos son pruebas de carácter, más que ocasiones para transmitir contenidos y propuestas. En los debates, sobre todo cuando son de verdad, uno observa como los hombres que quieren conducir el país se manejan bajo estrés, y cómo encaran la crítica y las preguntas incómodas, en un ambiente que no pueden controlar y que puede volverse hostil. El futuro presidente tendrá que enfrentar este tipo de situaciones críticas con frecuencia, en escenarios internacionales y nacionales. Tendrá que enfrentar conflictos con la oposición o con movimientos sociales; huelgas, desastres y crisis regionales. Tiene que saber conducirse y conducir en situaciones críticas y hostiles.

Esta capacidad de los candidatos es muy difícil de medir, sobre todo cuando en sus campañas prefieren solo enfrentarse al público en situaciones controladas, puestas en escena, coreografiadas. Los debates ponen a prueba esta capacidad.

La manera más contundente de reprobarla es no asistir.

Bukele no asistió al debate convocado por la UES, y no participará este domingo en el debate televisivo organizado por ASDER. No solo esto: Su vice Félix Ulloa no llegó a la cita de los vicepresidentes con ASDER, y ninguno de ellos se dignó asistir al evento del Colegio Médico, en el cual los médicos presentaron sus demandas a los candidatos. Tampoco hicieron caso a una convocatoria que varias ONG hicieron a los candidatos a nombre de la niñez salvadoreña.

Son candidatos ausentes. Esta ausencia extraña en la recta final de una campaña también se manifiesta en los medios. Bukele y Ulloa son los únicos candidatos que no se exponen a preguntas ni a entrevistas. Prefieron monólogos. Incluso en los programas donde invitan a representantes o voceros de las diferentes campañas para discutir ciertas problemáticas del país, quedan vacías las sillas reservadas para GANA.

Lo mismo se refleja en los territorios. Bukele solo se deja ver en pocos eventos totalmente controlados y coreografiados para limitar el contacto directo con la población, incluso con la propia militancia. Los otros candidatos diariamente se exponen a ‘baños de pueblo’ en colonias, actividades casa por casa, mercados, buscando el contacto directo con todos, incluyendo escépticos y adversarios. Por esto es que están ganando terreno. Bukele rehúye este contacto y todas las situaciones que se escapan del control y de la estricta escenografía de sus showmasters.

¿Qué hay detrás de esta ausencia sistemática? Miedo a enfrentarse a riesgos, desafíos, y preguntas incómodas. Detrás de este miedo: inseguridad. Pero también la inmensa arrogancia de alguien que no cree en debates, en intercambios de ideas, en concertaciones, en la necesidad de escuchar. Prepotencia e inseguridad son una mezcla fatal.

Muchos quieren explicar la ausencia de los candidatos como la estrategia adecuada de quienes creen que están ganando. La lógica: ¿Por qué exponer a los candidatos a cualquier riesgo (en entrevistas, en debates, en eventos territoriales no controlables), si ya estamos ganando? Entonces, ven la ausencia como muestra de fuerza. Yo la veo más bien como muestra de pánico. Comienzan a ver que el globo se está desinflando – y no saben cómo pararlo. La mejor prueba de eso es el intento fracasado de corregir en un fin de semana el error de no haber construido a tiempo su aparato de defensa del voto y apoyo logístico para el ‘Día D’.  No saben ellos cuánto le está costando este error, precisamente con las bases del FMLN que ya estaban al punto de enamorar. Las bases del FMLN saben qué es organización territorial, sectorial y local, saben cuánto cuesta y saben cuánto vale. Organización es parte de su ADN. Observando a Nuevas Ideas haciendo política como unos principiantes que no entienden, sino más bien menosprecian la organización popular, y que no saben moverse fuera de las redes sociales, estas bases históricas de la izquierda comienzan a perderle el respeto a Bukele – y se les esfuma la expectativa de que este nuevo partido Nuevas Ideas podría ser la nueva izquierda, sustituyendo a un Frente desgastado. Pero estas bases de la izquierda, por más que estén frustrados con el FMLN y quisieran castigarlo, lo que menos soportan es el menosprecio a la gente que comienzan a detectar en Bukele, en su ausencia y en su arrogancia.

Igual los jóvenes, sobre todo los que se sienten rebeldes e irreverentes. Tal vez son vulnerables que les den paja, pero a la vez tienen un detector infalible de prepotencia. Estas alarmas ya están activadas, tanto en las bases de la izquierda, como en los jóvenes. Y por esto la campaña de Bukele se está desinflando.

Carta con mi pronóstico electoral. De Paolo Luers

8 enero 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Voy a hacer lo que normalmente no se hace: dar mi pronóstico para las elecciones presidenciales. ¿Por qué? Porque no son tiempos normales. Demasiadas fantasías.

  • ARENA/PCN/PDC: 1,400,000 votos – 50%
  • FMLN: 600,000 votos – 21.43%
  • GANA: 740,000 votos – 26.43%
  • VAMOS: 60,000 votos – 2.14%
  • Total: 2,800,000 votos – 100%              

Esto significa que Calleja puede ganar en primera vuelta, o tendrá que ir a una segunda contra Bukele. Pero viendo estos números, también ganaría en segunda vuelta.

En la segunda vuelta, el resultado dependerá principalmente de los votantes del FMLN y de VAMOS, los dos que quedarían afuera. Incluso si todos los votantes del FMLN votaran por el candidato de GANA, este solo llegaría a 1.34 millones de votos. Lo más probable es que la mitad de los votantes del FMLN se queden en casa, que una porción muy pequeña vote por ARENA, y que el resto vote por Bukele. Démosle otros 300 mil votos extra a Bukele…

En el caso de VAMOS, estimo que un tercio de sus votantes se quedará en casa, un tercio votará por Calleja y el restante tercio por Bukele. Démosle otros 20 mil votos a Bukele. Entonces, el cuadro sería así:

  • Bukele: 740,000 + 300,000 del FMLN = 20,000 de VAMOS = 1,06 millones = 42.23%
  • Calleja: 1,400,000 + 30,000 del FMLN + 20,000 de VAMOS = 1.45 millones = 57.77%

Con solo 2.51 millones de votos tendríamos la participación más baja en un segunda vuelta en la historia, debido a la abstención masiva de los votantes del FMLN.

Si calculamos que este número de abstenciones será compensado por unos 300 mil ciudadanos que no votarán en la primera ronda, pero sí querrán votar en la segunda, el número total de votantes llegaría otra vez a un poco más de 2.8 millones. Es razonable asumir esta cantidad, ya que tradicionalmente hay un 10% adicional votando en la segunda ronda de las presidenciales. Solo que esta vez el total no subiría, debido a los votantes de Frente que no quieren votar ni por ARENA ni por GANA.

Incluso si el 100% de voto nuevo se inclinara por Bukele, no sería suficiente para igualar o superar el voto de Calleja.

El cuadro probable para la segunda vuelta sería más o menos así:

  • Calleja: 1,400,000 + 30,000 del FMLN + 20,000 de VAMOS + 100,000 votos nuevos = 1.55 millones = 55.16%
  • Bukele: 740,000 + 300,000 del FMLN + 20,000 de VAMOS + 200,000 votos nuevos = 1,26 millones = 44.84%

¿Estos números son realistas? Bueno, no menos realistas que las cuentas alegres que sacan Bukele y sus propagandistas. Ellos basan sus números en las encuestas. Yo baso los míos en los resultados de las últimas elecciones legislativas de marzo 2018, en las cuales la suma de votos para ARENA+PCN+PDC llegó a 1.24 millones, y para el FMLN a 569 mil. Para la primera ronda calculo que la alianza ARENA/PCN/PDC solo tendrá un aumento modesto de 160 mil, tomando en cuenta que la participación en elecciones presidenciales siempre es más alta que en legislativas.

Por la misma razón calculo al FMLN un aumento, aunque sea muy modesto, poniéndole 600 mil votos. Detrás de esto está el análisis político que, aunque es cierto que la fuerza electoral de GANA/Bukele ha crecido muy rápido, fue a costa del FMLN, pero que esta hemorragia se ha logrado parar a partir de la candidatura de Hugo Martínez. Mientras tanto, los partidos de la derecha, aunque no han crecido sustancialmente, se han mantenido. Para que Bukele gane, el FMN tendría que colapsar totalmente, y además GANA tendría que quitarles masivamente votos a ARENA, PCN y PDC.

Las golondrinas basan sus pronósticos en su monitoreo de las redes sociales, y yo en el monitoreo del trabajo territorial de las diferentes campañas. Pronto veremos quien hizo cuentas alegres.

Saludos,

El privilegio de aplicar tests de pureza. De Cristina López

7 enero 2019 / EL DIARIO DE HOY

Hoy sí, tras cerrar las fiestas navideñas y de fin de año, en El Salvador ya estamos a nada de las elecciones presidenciales. A estas alturas, la mayoría de gente con un índice saludable de participación cívica tiene, por lo menos, una vaga idea del voto que van a emitir y de las razones que lo motivan. La mayoría de personas motivan su voto con base en las opciones disponibles, pensando en las consecuencias futuras y tomando en consideración los elementos del pasado, pero siempre con base en lo que consideran mejorará sus circunstancias personales y las de sus familias.

Hay otros —y estos son los que no termino de entender— que motivan su voto con base en lo que en política estadounidense llaman el “litmus test” o estándares de pureza que esperan de sus candidatos. Digo que no los termino de entender, quizás porque nunca he estado en esa situación de privilegio espectacular en la que mis circunstancias (económicas, sociales, o de seguridad personal) son tan, tan buenas que no se ven afectadas por el gobierno de turno. Privilegio espectacular (por que la otra opción es crudamente, fanatismo ciego) es lo único que explica a quienes pueden darse el lujo de decidir no votar a menos que los candidatos sean la reencarnación del mismísimo Gandhi.

La realidad es que es saludable no compartir al ciento por ciento la visión de políticas públicas de ninguno de los candidatos. Es saludable porque obliga a cambiar la perspectiva y enfocarla hacia la visión de país. Obliga a comparar candidatos y contrastar todas las opciones —si lo hacemos con cosas tan triviales como modelos de televisor antes de comprometernos a comprar, lo mínimo que se espera de un ciudadano responsable sería aplicar tan siquiera el mismo cuidado con el voto. Obliga a la empatía, a pensar cómo la mayor parte de las políticas afectarán a la mayoría de salvadoreños cuyas condiciones no son de privilegio. Este tipo de ejercicio para la motivación del voto es valiosa también, porque puede traducirse en exigencia de rendición de cuentas en los temas en los que no se coincide del todo y resultar en una mayor participación cívica más allá de solo ir a las urnas.

Pero la motivación superficial basada en que los candidatos y sus equipos pasen tests absurdos de pureza que pocas personas de carne y hueso aprobarían sin hipocresías es la antítesis de un voto motivado y responsable. Por ejemplo, me he encontrado con más de un caso en el que potenciales votantes dicen que no acudirán a las urnas porque consideran que ningún candidato entre todas las opciones es lo suficientemente antiaborto para merecer su voto. En este ejemplo el test de pureza que pretenden exigir de los candidatos y sus compañeros de fórmula, es la absoluta condena al aborto. Quienes emplean este test de pureza consideran que con este tipo de compromiso radical están salvando vidas. Se les olvidó en el camino que en nuestro país, la premisa de que la vida comienza desde la concepción ha sido elevada a principio constitucional. Aplican su test de pureza en las elecciones presidenciales como si no importara que la Constitución solo puede reformarse con dos Asambleas, por lo que importa menos lo que opinen los candidatos a la presidencia o vicepresidencia en una república donde existe la división de poderes y en la que del órgano Ejecutivo dependen otras políticas de vida o muerte, como la seguridad nacional en un país en que las cifras de homicidios diarios tienen dobles dígitos.

Presumen de rectitud de principios, pero en realidad están abdicando su deber como ciudadanos responsables. Tienden a ser también la gente cuyo patrimonio, dirección residencial, o capacidad financiera les protege de las políticas, historial de corrupción, falta de capacidad para manejar la inseguridad, o tendencias autoritarias del candidato que llegue a presidente. Así, cualquiera.

@crislopezg

Carta a los candidatos: Caras queremos ver. De Paolo Luers

3 enero 2018 / MAS! Y EL DIARIO DE HOY

Estimados señores que nos quieren gobernar:
Están entrando en la recta final. Ya no queda tiempo para que nos den grandes explicaciones y propuestas. Solo falta una cosa – y podría ser la que defina las elecciones: ¿Quiénes van a gobernar? ¿A quiénes van a poner para que nos gobiernen?

Siempre se dice “Dígame con quien andas, y te digo quién eres”. Es parte de la sabiduría popular. Pero es muy difícil aplicar en el caso de las campañas presidenciales. Normalmente se ve a los candidatos rodeados de algunas personas, pero no necesariamente son los que realmente conducen la campaña – y mucho menos los que ejercerán el poder, una vez que su candidato gane.

En el 2009, cuando Rodrigo Ávila y Mauricio Funes entraron en la recta final, estaban empatados, y todos teníamos las mismas dudas y nos hicimos las misma preguntas: ¿Con quiénes van a gobernar? ¿En caso que gane, Mauricio Funes va a poner el gobierno en manos de los comandantes del FMLN? ¿En caso que gane Rodrigo Ávila, los hombres de Tony Saca van a acaparar el gabinete y seguir gobernando?

Funes entendió que si la gente pensaba que detrás de él iban a ganar los comandantes del FMLN, iba a perder. Entonces, pocas semanas antes de las elecciones presentó una cuantas caras conocidas y reconocidas: el Dr. Héctor Silva, ex alcalde de San Salvador, renovador purgado por la cúpula del Frente; y al Dr. Héctor Dada Hirezi, veterano luchador socialcristiano. El mensaje era claro: Voy con la bandera del Frente, pero en mi gobierno habrá contrapesos.

Rodrigo Ávila no hizo nada. No presentó ninguna cara de su futuro gobierno. Dejó espacio a la especulación. Y perdió.

Hoy tenemos una situación comparable. Mucha gente se pregunta, con gran ansiedad, qué tipo de gobierno podemos esperar de cada candidato?

¿Carlos Calleja, aunque habla de un gobierno no partidario, compuesto con criterios de meritocracia, realmente va a excluir del poder gubernamental a la vieja guardia partidaria? ¿Y los que va a poner, serán independientes de los empresarios que apoyaron su candidatura?

¿Nayib Bukele, aunque no deja de condenar a ‘los mismos de siempre’, a la hora de armar su gabinete va a recurrir a los dirigentes de GANA y a las fichas que su movimiento Nuevas Ideas heredó de Tony Saca y Mauricio Funes?

¿Hugo Martínez, aunque su discurso se desmarca de los errores de los gobiernos de Funes y Sánchez Cerén, realmente va a excluir de su gobierno a los fracasados y corruptos? ¿Y en este caso, por quiénes los va a sustituir?

Estas preguntas son fáciles de contestar, señores candidatos. Nadie está esperando su lista de gabinete. Lo único que necesitamos es que nos presenten un par de mujeres y hombres de alto grado de credibilidad, reconocimiento y capacidad y digan: Ellos van a estar a mi lado en el gobierno…

Si Carlos Calleja nos presenta 3, 4 o 5 personajes del quilataje de Carmen Aída Lazo, los indecisos le van a dar el gane en primera vuelta. Si presenta solo a caras desprestigiadas, estos indecisos se quedarán en la casa.

Al revés en el caso del candidato de GANA. Si nos presenta un par de gente de calibre de Félix Ulloa o Guillermo Gallegos, pierde. En este caso realmente no sé a quienes nos podría presentar para convencernos que habrá capacidad de gobernar y de evitar corrupción.

Tienen todo enero para sacarnos de las dudas sobre el tipo de gobierno que armarían.

Saludos,

Incertidumbre 2019. De Federico Hernández Aguiar

2 enero 2018 / EL DIARIO DE HOY

Arranca el año 2019. Una sola palabra define el ánimo colectivo: incertidumbre. Hay aprensión en el ambiente, flota en el aire una singular carga de escepticismo, de amargo recelo. La decepción por una campaña presidencial amorfa y sin brillo ha dado paso a la ansiedad. Las pláticas entre familiares y amigos, al calor de las reuniones navideñas y de fin de año, han girado en torno al mismo tema recurrente: ¿qué pasará en estas elecciones? Ninguna hipótesis parece calmar a los más nerviosos: las tendencias unánimes de las encuestas han puesto números a sus peores pesadillas. Y a cada análisis integral de los posibles escenarios responden con suspiros. “Quiera Dios que tengás razón”, deslizan, entre la incredulidad y la esperanza.

En un mes vamos a las urnas y cuesta ver cómo las campañas de ARENA y el FMLN darán los virajes estratégicos de que carecieron siempre. Afortunadamente, la historia del comportamiento electoral salvadoreño tampoco acompaña los delirios de grandeza del candidato de GANA. Encuentro muy difícil, por tanto, que alguien pueda proclamarse ganador en primera vuelta, si bien creo que solo ARENA estaría en capacidad de lograrlo; y esto no solo por razones logísticas, sino por el recurso (aún poco explotado) de apelar a la conciencia de aquellos electores que tienen en sus manos el resultado final.

La movilización del voto el día D es clave para los tres partidos con posibilidades reales de triunfo, pero únicamente los dos más grandes disponen de estructuras territoriales preparadas para esa misión. Si el candidato que ya recurrió a ese fantasma insiste en el fraude, lo que revelará es que ha entendido (quizá muy tarde) que la disputa material por cada sufragio no puede ser sustituida por un “like” ni por miles de seguidores ficticios en redes sociales. O se cuenta con gente para contar, o las cuentas alegres no cuentan.

Pero hay algo todavía más valioso, un intangible que ya únicamente ARENA puede transmitir a los votantes indecisos: certidumbre. La llamada a reflexionar sobre el futuro del país, descartando cualquier aventura populista, es el mensaje que el principal partido de oposición está obligado a repetir y repetir. Aunque todo ofrecimiento específico tiene su peso, la campaña ha entrado en una fase en la que debe apelarse a la sensatez del electorado.

Ciertamente, exige mucha mayor creatividad explicar a la gente por qué la democracia es activo indispensable. Pero renunciar a creer en la capacidad de los salvadoreños para razonar su voto no es opción. Los populismos se alzan con la victoria allí donde quienes deben contrarrestarlos lo hacen con timidez o torpeza. El populista es un experto en el manejo de las emociones, pero pierde los papeles cuando se enfrenta a dosis letales de sentido común.

“Los mismos de siempre”, por ejemplo, es un reduccionismo que descansa en la veracidad de la antítesis que propone: si ellos son “lo mismo”, mi opción encarna “lo nuevo”. El problema con GANA no es solo que sea más de lo mismo, sino que viene a ser lo peor de lo mismo. Aparte de ninguna novedad, el mayor aporte del partido fundado por Tony Saca en estas elecciones es una trayectoria plagada de bien documentadas traiciones a la democracia. ¿Por qué entonces ha sido tan difícil exponer esta contradicción, siendo tan evidente?

“Dime a quién le crees y te diré de qué careces”, es una frase que podría resumir el desafío de los liderazgos democráticos en cualquier parte del mundo. En El Salvador, con la alternativa tercerista más inescrupulosa de nuestra historia, poner a los votantes frente al espejo de sus ansiedades podría estimular reflexiones que propicien un movimiento electoral como el que se registró en la segunda vuelta presidencial de 2014.

Incertidumbre no será nunca síntoma de conformidad, a menos que la certidumbre no conforme ya a nadie. Y en el país no hemos llegado a ese extremo.

Los escenarios políticos para el 2019. De Paolo Luers

31 diciembre 2018 / El DIARIO DE HOY

En todas las elecciones presidenciales de la postguerra, muchos tuvieron la percepción que estaba en juego todo: el carácter de la república, la democracia, la paz social, la viabilidad económica.

Pero no era así. Estos miedos alimentaban los discursos de campaña, pero nunca la base sobre la cual funcionaba la política. Por esto en el 2009 pudo haber una transición del poder sin sobresaltos, totalmente pacífica, y ampliamente aceptada por la sociedad y toda la clase política.

Se estaban enfrentando (y al final alternando en el poder) las dos fuerzas que juntos habían creado, con los Acuerdos de Paz y las correspondientes reformas constitucionales, el sistema democrático pluralista, con independencia de poderes y garantía de las libertades. Aunque ARENA y Frente tuvieron (y siguen teniendo) diferentes concepciones de cómo desarrollar este sistema, ambos en esencia estaban comprometidos a defenderlo. Y no solo los dos partidos de la polaridad política, sino toda la sociedad tuvo este consenso básico.

Este consenso se ha roto con el surgimiento de una fuerza meramente populista. El populismo no es nada nuevo en El Salvador, no lo inventó Nayib Bukele. Tanto la derecha y la izquierda tuvieron sus delirios populistas, con sus presidentes Tony Saca y Mauricio Funes. Lo nuevo es que ahora surgió una fuerza que en forma y fondo es nada más que populista, sin ninguna limitación por parte de una definición ideológica. Por esto resultó tan fácil fusionar Nuevas Ideas con GANA. Surgió una fuerza anti-política que declara que quiere cambiar el sistema partidario – y que busca modificar el sistema republicano de pesos y contrapesos. Bukele y Ulloa hablan de transitar a una “Segunda República”, mediante una Constituyente. Hablan de una gobernabilidad que no reside en mayorías legislativas y acuerdos entre partidos, sino de en la relación entre “el líder” y “su pueblo”.

La primera interrogante para el 2019: ¿Prevalecerá el consenso de defender la República fundada en los Acuerdos de Paz, con una polarización partidaria dentro del mismo sistema político – o esta polarización será sustituida por una entre “el sistema” y una fuerza anti-sistema?

Tendremos para el 2019 dos escenarios: O asumirá el poder Carlos Calleja, con apoyo de ARENA, PCN y PDC – o Nayib Bukele, con apoyo de Nuevas Ideas y GANA. Dibujemos estos escenarios.

Un gobierno de Calleja tendrá bastante posibilidades de crear mejoras en los principales problemas de país, aunque esto dependerá del apoyo que encuentre en la sociedad para los cambios necesarios y contra las resistencias incluso en sus propios partidos.

  • Gobernabilidad sólida en la Asamblea Legislativa para arrancar con las iniciativas legislativas necesarias (y posiblemente no populares);
  • Un gobierno más eficiente y transparente;
    Un gobierno que redefina las prioridades del Estado, abandonando la práctica clientelista de los últimos tres gobiernos;
  • Un boom de inversión, debido a inversiones retenidas en los últimos años y una mejor relación entre gobierno y sector privado;
  • Menos peligro para la estabilidad institucional, mas seguridad jurídica; más predictibilidad para los inversionistas;
  • Voluntad de enfrentar el problema de seguridad con inversión social sostenida y focalizada, en vez de apostar a una guerra interminable contra las pandillas.

En cambio, con un gobierno de Bukele enfrentaríamos el peligro que varios de los principales problemas del país se agraven:

  • Tensa relación gobierno-sector privado;
  • Poca capacidad administrativa y de ejecución;
  • Prioridad de gastos de carácter clientelista y en proyectos de impacto mediático;
  • Incertidumbre sobre las políticas de seguridad, ya que Bukele evade este tema.
  • Falta de gobernabilidad en el Legislativo, con el peligro de resolver este vacío con medidas que atenten contra la separación de poderes.

Para prevenir los riesgos que plantea este segundo escenario del 2019, es fundamental que se haga desde ya, aprovechando la correlación de fuerzas en la Asamblea, todo lo posible para fortalecer la institucionalidad:

  • Tener una fiscalía general fuerte e independiente;
  • No sabemos si la nueva Sala responde a este criterio. Hay que presionar desde la ciudadanía;
  • Fortalecer la capacidad de incidencia de la Sociedad Civil y sus articulaciones gremiales, sociales y académicas;
  • Avanzar decididamente en la renovación de los partidos, en especial FMLN y ARENA, moviéndolos al centro, democratizándolos, recuperando la confianza ciudadana;
  • Robustecer la libertad de expresión y la independencia y la capacidad de incidencia de los medios de comunicación.

Todo esto es esencial, gane quien gane. También Calleja necesitará una ciudadanía activa e instituciones fuertes, para facilitar que realmente pueda formar un gobierno que no corresponda a intereses particulares y partidarios.

Entonces, las otras interrogantes para el 2019 son:

¿Logra el FMLN parar su declive, posicionarse como una propuesta válida de izquierda, deshacerse de sus tendencias populistas, y ejercer su rol de oposición y correctivo ante el gobierno que salga electo?

¿Logra ARENA aprovechar los nuevos aires aportados por sus nuevas figuras Carlos Calleja, Javier Simán y Carmen Aída Lazo para hacer irreversible su renovación, independientemente si le toca gobernar o ejercer la oposición y la defensa de la institucionalidad?

¿En qué tipo de fuerza se va a convertir la alianza que respalda a Bukele? Todo indica que no va a perdurar, gane o pierda las elecciones presidenciales. En ambos casos, habrá una competencia férrea entre GANA y Nuevas Ideas sobre quién de los dos se convertirá en el 2021 en la verdadera tercera fuerza en la Asamblea y en los gobiernos locales.

Este artículo es parte de la Edición Especial
de fin de año de EL DIARIO DE HOY