educación

Inversión en el futuro, no en parches. Columna Transversal de Paolo Luers

Hace falta una profunda reforma educativa y hacen falta inversiones para hacerla. Si no, estamos boicoteando la competitividad y el desarrollo del país. La reforma tiene que partir de un análisis de los conocimientos y habilidades que las futuras generaciones de salvadoreños necesitan adquirir para poder enfrentar las exigencias del cambio tecnológico, que va cambiando todo, incluyendo el mercado de trabajo y la competitividad de empresas y países. 

paolo3Paolo Luers, 3 diciembre 2017 / El Diario de Hoy

EDUCACIÓN DE CALIDAD
El lamentable estado de las escuelas del país, sobre todo (pero no solo) en el campo, es obvio y suficientemente documentado. Pero reparar los techos de las escuelas, ponerles baños que funcionen, conectarlos al sistema de agua potable, a la red eléctrica y al Internet no son las inversiones que tenemos que hacer para que nuestros hijos —y el país y su economía— tengan futuro. Todo esto, en el presupuesto de cualquier empresa, caería en el rubro de mantenimiento, no de inversiones, mucho menos de innovación. Es lo que un gobierno decente debiera hacer permanente, sin discusión y sin excusas.

EDH logOtra cosa son las inversiones en el futuro. Aunque tuviéramos resueltas todas estas deficiencias, nuestro sistema educativo todavía estaría lejos de estar a la altura de los retos que el país enfrenta. Hace falta una profunda reforma educativa y hacen falta inversiones para hacerla. Si no, estamos boicoteando la competitividad y el desarrollo del país.

La reforma tiene que partir de un análisis de los conocimientos y habilidades que las futuras generaciones de salvadoreños necesitan adquirir para poder enfrentar las exigencias del cambio tecnológico, que va cambiando todo, incluyendo el mercado de trabajo y la competitividad de empresas y países. Tanto el individuo, como las empresas y sociedades que no se preparan para esto, no tendrán futuro. O sea, no tendrán participación en la nueva manera de generar bienestar que se está gestionando en el mundo entero.

El camino falso: sobrecargar el currículum de materias de urbanidad y valores religiosos y cívicos, en vez de aplicar materias y métodos que generen habilidades lingüísticas, tecnológicas, de trabajo en equipo y de flexibilidad intelectual y laboral. Formar individuos integrales y con autoestima no funciona con sermones, sino dándoles a los estudiantes conocimientos y métodos para aplicarlos en su vida profesional, privada y cívica. Pero para esto hay que invertir en la educación, empezando con la formación académica y metodológica de los docentes. Elevando su profesionalidad (y también sus salarios), se eleva su estatus social y su impacto en los estudiantes. En todos los países desarrollados, los profesores gozan de alto prestigio y autoridad en sus comunidades y sociedades.

Otra parte de la reforma educativa necesaria sería crear centros educativos integrales, con todos los servicios y toda la tecnología, y con un cuerpo de docentes calificado y diversificado. No podemos seguir con la política de acercar las escuelas a cada cantón, porque terminaremos teniendo muchas escuelas mediocres o miserables. Hay que acercar a los estudiantes a centros educativos completos, mediante un sistema de transporte escolar.

Cada niño, aunque viva en un cantón aislado, tiene derecho a tener acceso a un centro escolar integral y profesional —pero además es una urgencia de la sociedad y su futuro desarrollo humano— el cual es la base para el desarrollo económico. Los bachilleratos en todo el país tienen que producir ciudadanos bilingües, aptos para usar todos los instrumentos de la era digital, conectados con el mundo del conocimiento, capacidades para adquirir y procesar conocimientos.

Si no invertimos en esto, El Salvador no tendrá futuro.

Los próximos gobiernos y legisladores tienen que elevar el presupuesto de educación al 6 % del presupuesto nacional, meta que todo el mundo ha prometido, pero sin cumplirlo, ni siquiera parcialmente. Esto requiere de una redefinición de las prioridades, así como lo han hecho otras naciones, por ejemplo Costa Rica, que han superado la miseria de la pura sobrevivencia.

REAL PREVENCIÓN
Lo mismo es cierto para la prevención, que siempre se menciona en el debate sobre la Seguridad Ciudadana. Lo que hasta la fecha se está haciendo en este campo, gastando miles de millones de dólares, es pérdida de dinero, tiempo y energía. La única prevención real contra la inseguridad, la delincuencia, y la violencia, es un Estado que a cabalidad cumple sus funciones —pero en todos los territorios del país.

Todos hablan de que el Estado tiene que recuperar el territorio, pero lo entienden como tomar control policial o militar. No se trata de esto: Si queremos que el Estado recupere los territorios, cuyo control el Estado ha perdido a las pandillas, el Estado en toda su dimensión tiene que tener presencia, erradicando la marginalización y exclusión social, acercando a toda la población a la educación, la salud, los servicios básicos y las oportunidades de empleo. Esto no funciona con un mosaico de proyectos e iniciativas, posiblemente bien intencionados, que ponen parches a deficiencias y necesidades que provienen de un abandono histórico y sistémico. Funciona si redefinimos las prioridades del Estado, focalizando sus recursos en la superación de la marginalización social y la informalidad económica, como una línea transversal que abarque a todo el Estado: sus alcaldías, sus ministerios, su legislación, sus presupuestos.

CORRUPCIÓN
Otro ejemplo: ¿cómo combatir la corrupción? No podemos pensar que solo enjuiciando a los funcionarios ladrones vamos a erradicar este cáncer. La corrupción se erradica haciendo eficiente al Estado en todas sus expresiones. La corrupción comienza con la ineficiencia de las burocracias y con el incumplimiento de las funciones esenciales del Estado. Un funcionario ineficiente es tan corrupto como un funcionario que roba o se deja sobornar.

Comencemos a atacar los problemas estructurales, en vez de seguir con la práctica populista de poner parches a las dolencias. Esto es válido para educación, seguridad, probidad, salud. Ojalá que por lo menos uno de los presidenciables apueste por el futuro.

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Los temas serios. De Manuel Hinds

Es esencial tomar medidas que mejoren el ambiente de los negocios, pero nada será sostenible si no contamos con una fuerza de trabajo bien educada, con salud y seguridad. Una sociedad con pobre capital humano no puede esperar vivir como la de Silicon Valley.

manuel hindsManuel Hinds, 17 noviembre 2017 / El Diario de Hoy

Probablemente el peor de los problemas que tiene El Salvador es la falta de una visión clara de los problemas que enfrenta y de la manera en la que podría insertarse y lograr el desarrollo en un mundo que no solo está creciendo sino cambiando totalmente en su estructura económica.

EDH logPor una visión clara no me refiero a contar con enormes volúmenes detallando programas que nadie lee o con comisiones que eternamente se escuchen a sí mismas, sino a una serie de pensamientos ordenados que puedan ser entendidos por todos y que nos indiquen la dirección en la que tenemos que movernos. Sin este sentido de dirección los problemas nos caerán como nos han ido cayendo por casi dos décadas: como pedradas al azar en un ambiente de progresivo caos.

Hay por lo menos dos problemas cruciales que por nuestra proverbial superficialidad no hemos analizado como se debe: el terrible problema de inseguridad que está destruyendo el tejido social del país y la manera en la que nos estamos atrasando en adquirir el capital que se necesita para progresar, y aun para no decaer, en la nueva economía del Siglo XXI.

El problema de la seguridad es doblemente trágico porque no solo causa enormes sufrimientos a la población sino porque a pesar de que ha estado presente por más de una década jamás se ha hecho un análisis claro de cómo se genera y cómo se puede resolver. Lo que se ha hecho por todo este tiempo es simplemente tirar así llamadas soluciones al problema, como si los médicos tiraran medicinas al azar a los enfermos para ver si algo de lo que les tiran les hacen un efecto positivo y no los mata. Estas soluciones, llamadas “prácticas”, no han logrado nada sino solo empeorar este problema.

El segundo problema es que el mundo está pasando por una revolución tecnológica que está cambiando la fuente de la riqueza del capital físico (las máquinas) al conocimiento y la capacidad de coordinar tareas complejas a la distancia. El conocimiento siempre fue importante. Al fin y al cabo, las máquinas que caracterizaron a la era industrial eran producto del conocimiento. Lo que ha cambiado es que, mientras que antes las máquinas eran las valiosas y los trabajadores las atendían a ellas, ahora lo valioso es el ser humano con conocimientos, y las máquinas están para ayudarle a realizar sus actividades creativas. Antes, las políticas sociales se necesitaban para darle una vida digna a los que trabajaban las máquinas. Ahora estas políticas sociales —la educación, la salud, la seguridad— se han convertido en la principal política económica, porque la inversión de la que depende el desarrollo es la inversión en capital humano. En la vieja economía se conseguían fácilmente los trabajadores si se tenían las máquinas. Ahora, si se tiene capital humano, es fácil conseguir las máquinas. Nosotros todavía estamos viviendo en la vieja economía.

Mucha gente piensa que hablar así de este tema es superficial, o porque creen que la educación no tiene nada que ver con la economía, o porque creen que por lo obvio no necesita hablarse. Ninguna de estas razones es válida. Por un lado, el mundo entero está demostrando que el valor agregado está en el conocimiento. Por el otro, si es tan obvio, ¿por qué no estamos invirtiendo en capital humano? Lo que es superficial es seguir hablando como si todavía fuera el Siglo XX, como si la teoría económica no estuviera ya cambiando para adecuarse al nuevo mundo, como si nuestro futuro económico pudiera ser determinado por actividades que en pocos años serán realizadas por robots. Ciertamente que es esencial tomar medidas que mejoren el ambiente de los negocios, pero nada será sostenible si no contamos con una fuerza de trabajo bien educada, con salud y seguridad. Una sociedad con pobre capital humano no puede esperar vivir como la de Silicon Valley.

Estos problemas, que están muy ligados entre sí, requieren definiciones a este nivel de análisis que luego se traduzcan en estrategias de inversión en capital humano en salud y educación, en la construcción de comunidades, en establecer la presencia del Estado con las instituciones que harán dicha inversión, y en la planeación fiscal que haga posible pasar al desarrollo.

Políticas económicas y sociales. De Manuel Hinds

Si queremos que el país crezca y se desarrolle, necesitamos invertir muy fuertemente en la formación de capital humano, principalmente en educación y en salud. Por supuesto, no se trata de cualquier educación, sino de una que integre a nuestros ciudadanos en la nueva economía.

manuel hindsManuel Hinds, 14 julio 2017 / EDH

La revolución tecnológica que estamos viviendo está transformando la vida entera, incluyendo las políticas económicas que son necesarias para asegurar el desarrollo del país. Estamos seguros de que estas nuevas tecnologías, basadas en el matrimonio de las computadoras y las comunicaciones, han lanzado una revolución porque han cambiado la dirección del progreso. La Revolución Industrial, que creó el mundo moderno empezando en Inglaterra a fines del siglo XVIII, estaba orientada a multiplicar el poder del músculo. La Revolución de la Conectividad, o la Revolución de la Información, como también es llamada, está orientada a multiplicar el poder de la mente.

EDH logA nadie le escapan los cambios enormes que las nuevas tecnologías han introducido en los comportamientos de las personas. Igual han cambiado la manera en la que se comportan las empresas en el mundo desarrollado. La conexión entre las computadoras y las comunicaciones ha permitido la coordinación de tareas complejas a distancia y de una manera instantánea. Esto ha revolucionado al mundo de maneras que benefician a los países en desarrollo.

Durante la Revolución Industrial la fábrica de cualquier producto tenía que estar toda localizada en un único lugar porque la producción podía coordinarse sólo si todas las actividades estaban en el mismo terreno. Hoy la coordinación puede realizarse a distancia, y esto permitió que las empresas pudieran partir sus líneas de producción, pasando las que producían partes sencillas del producto, que no requieren habilidades especiales, a países en desarrollo, en donde los salarios son más bajos, y dejando en los países desarrollados las tareas que requerían el trabajo de personal especializado que sólo se obtiene en esos países. Esto llevó a los encadenamientos productivos internacionales que ahora dominan la producción mundial.

Esta nueva organización permite que los países que quieren integrarse a la revolución lo puedan hacer a cualquier nivel de sofisticación, produciendo cosas muy sencillas con personal con poca educación, con bajos valores agregados, o cosas muy complejas de alto valor con personal altamente calificado. De esta forma, la proyección económica de un país se ha convertido en una función directa de la educación de su gente —lo que se llama el capital humano. Ahora se ha vuelto más obvio que los países ricos son ricos porque tienen gente educada, y los pobres son pobres porque su gente no tiene educación. Se ha vuelto obvio también que en el largo plazo las políticas sociales que aumentan el capital humano se han convertido en las políticas económicas más importantes.

La implicación para nuestro país, que tiene un bajo nivel de educación, es muy clara. Si queremos que el país crezca y se desarrolle necesitamos invertir muy fuertemente en la formación de capital humano, principalmente en educación y en salud. Por supuesto, no se trata de cualquier educación sino de una que integre a nuestros ciudadanos en la nueva economía. Esto requiere fortalecer algunas áreas tradicionales —tales como matemáticas, ciencias e ingenierías— y también algunas nuevas que se están convirtiendo en claves en el mundo moderno —tales como el desarrollo de la capacidad para trabajar en equipo, de las habilidades creativas, de la inteligencia emocional y del pensamiento crítico.

El cambio que se necesita es enorme, pero las mismas tecnologías de punta están facilitando la prestación de la educación y de los servicios de salud, volviéndolos más baratos y más efectivos. El tema de la inversión en capital humano debe abordarse con objetivos muy claros de lo que se debe lograr para mejorar el ingreso de los salvadoreños, y con criterios de eficiencia de Primer Mundo. Hay países como Finlandia y ahora Polonia que han logrado estos saltos de calidad teniendo muy claro que el deber del gobierno tiene que ser ayudar al individuo para que se desarrolle. El tema pasa por preparar mejor a los maestros y al personal de salud para que funcionen como funcionan los equipos en los países del Primer Mundo, y por prepararse para pagar los sueldos que son consistentes con esa calidad, y sólo cuando esa calidad exista. Sólo así podremos romper los círculos viciosos del subdesarrollo.

 

Sobre el resurgimiento y prosperidad de El Salvador. De Alberto Arene

Enfrentar y superar semejante crisis histórica conduciendo al país a su resurgimiento y prosperidad constituye el desafío histórico de nuestro tiempo.

Alberto Arene, 29 junio 2017 / LPG

Lideramos el homicidio mundialmente, el menor crecimiento y competitividad de la región, el mayor endeudamiento e insostenibilidad de las finanzas públicas, y los mayores grados de división y polarización política sostenidas –Venezuela excluida– en el nuevo siglo, en el país más pequeño y de menores recursos de Latinoamérica. Enfrentar y superar semejante crisis histórica conduciendo al país a su resurgimiento y prosperidad constituye el desafío histórico de nuestro tiempo; tarea de estadistas y visionarios comprometidos con la transformación y el futuro, pero también de políticos capaces y honestos en la sociedad civil y el Estado.

El punto de partida es, por supuesto, un diagnóstico y caracterización de los principales problemas con los que concluiremos la segunda década del siglo XXI en un mundo que se transforma aceleradamente. Estos problemas constituyen, en su mayoría, manifestaciones de agotamientos estructurales de varias décadas con distancias que siguen creciendo respecto al mundo que se transforma aceleradamente con la revolución científico-tecnológica y las tecnologías de la información, particularmente.

Se trata de aprovechar las oportunidades del futuro que ya se hizo presente. Y esto es precisamente lo que dijo Francisco de Sola en su discurso de aceptación de Miembro Honorario de FUSADES 2017, que por su relevancia, citamos ampliamente. Después de referirse a Otto Von Bismarck (“La tarea del estadista es de captar el sonido de los pasos de Dios a través de la historia, ¡y de tratar de agarrarse de sus faldones al pasarle por frente!), dijo “¡DESPIERTEN! Se trata de “agarrarnos de los faldones” de esa evolución tecnológica que nos está pasando por frente con una rapidez asombrosa, y cambiando el mundo como hoy lo conocemos…”.

Francisco de Sola

Efectivamente, y continuó afirmando: “Cuando más gente tiene acceso a información, a contacto con otras gentes, hay disrupción: los Estados se ven forzados a apertura y transparencia, las fronteras como las conocemos se derrumban, los trabajos que nos dan seguridad se disgregan, las ventajas comparativas que nos dieron de comer desaparecen, todas las reglas de la convivencia tambalean. Y la velocidad del cambio es lo que preocupa. Lo sensato no es abandonarnos en pánico, más bien es de enfocar en que las tecnología de información, al forzar que sean más eficientes los procesos, a la vez empodera nuevos modelos de negocios, nuevos productos y nuevas plataformas de crecimiento… Los sabios de hoy nos insisten que en la historia mundial, las sociedades que son abiertas a los flujos de información, de finanzas, de cultura, de comercio y de educación, y las que aprenden de todo esto son las que saldrán adelante”.

Dos son las ventajas competitivas que tenemos, nuestra ubicación geográfica y nuestra gente, pero tenemos que hacer la tarea que no hemos hecho en ambas. Si bien es fundamental crear confianza y certidumbre para favorecer la inversión privada y el crecimiento, necesitamos apalancarnos y sacar provecho de ambas, impulsando sostenidamente la transformación productiva, fomentando el desarrollo logístico y productivo-exportador, el cluster de servicios aeronáuticos, la industria exportadora de bienes y de servicios diversos con niveles crecientes de tecnología y comercialización digital, la agro-industria azucarera, cafetalera y del cacao con mayores grados de diversificación, productividad y valor agregado. Así transformaríamos la economía, crearíamos más y mejores empleos y nos insertaríamos a la economía regional y mundial de manera competitiva.

Por eso afirma de Sola: “América es un gran continente donde hemos sido estratégicamente colocados por el destino en el centro, entre norte y sur y entre los grandes Océanos Pacífico y Atlántico. Esa es una de nuestras grandes riquezas. La otra gran riqueza, también excepcional, es la pirámide poblacional de la región, donde la edad media se estima en 27 años. ¡En esas dos riquezas está nuestro futuro: una ubicación ideal para conectividad, con una población joven que ya absorbe la tecnología moderna de comunicación! Hoy día nos definimos por fronteras físicas, legales y comerciales, por preceptos y culturas que nos impiden pensar en grande, como demandan los retos del siglo XXI”.

La transformación productiva y exportadora anclada en la conectividad digital, logística, productiva y exportadora desde una perspectiva centroamericana e internacional debe constituir el eje vertebrador de la estrategia de resurgimiento y prosperidad: “Un tema toral de infraestructura es concentrar exportaciones en grandes y eficientes puertos fortalecidos y nutridos por servicios y manufacturas en su derredor. Se fomentaría que las poblaciones se muevan en libertad dentro de la región, con visión de logística y productividad. Concentraríamos inversiones y proyectos de desarrollo en territorios idóneos, según ventaja comparativa, en vez de replicarlos en cada país. Se crearían núcleos de innovación en ciudades abiertas a la atracción de talento, capital y la conectividad que es el tuétano de la evolución tecnológica. Las grandes eficiencias que vienen de pensar, gestionar y construir a escala mayor cambiarían la región completamente, en educación, en salud, en producción agrícola, en administración del Estado, y muchos otros campos, y nos apuntarían a competitividad progresiva y multiplicadora, en un nuevo esfuerzo visionario para vencer la pobreza y escalar a otro nivel de desarrollo”.

Vaya desafío el que tenemos. Para visionarios y estadistas, y políticos capaces y honestos.

La transformación de la economía. De Manuel Hinds

El entorno ha cambiado, y ese nuevo entorno es el que crea los empleos que se han perdido en actividades especificas. Pero cada vez se requiere más educación.

Manuel Hinds, 19 mayo 2017 / EDH

La población salvadoreña parece ignorar los efectos en el mercado laboral de la profunda revolución por la que está pasando la economía mundial en estos años como resultado de la habilidad para coordinar complejas tareas a distancia que la conectividad ha introducido en nuestro mundo. Estos efectos se han dado en tres oleadas principales.

Primero, la habilidad de coordinar a distancia ha permitido a las empresas partir sus líneas de producción, dejando en países avanzados aquellas porciones que requieren habilidades especializadas para llevarse a cabo, y moviendo las que requieren pocas habilidades a países en desarrollo, en donde la mano de obra es más barata. De esta forma, las cadenas de producción dejaron de estar en un solo país que exportaba el producto terminado para dejar paso a las cadenas internacionales, en las que se comercian los productos intermedios. Esta primera oleada inició la globalización en los años ochentas.

La segunda oleada comenzó en la última década con la introducción de robots en las líneas de producción, que permiten repatriar gran parte de las cadenas internacionales de producción a los países desarrollados, aunque creando muchos menos trabajos que antes porque los robots sustituyen a humanos. Esto generó grandes temores de que la nueva revolución tecnológica iba a causar grandes tasas de desempleo.

De hecho, sí las va a causar, pero sólo en ciertos sectores, mientras que lo van a aumentar, y con salarios mucho mayores, en actividades nuevas. Esta es la tercera oleada, que ha venido mezclada con la segunda y que ya ha comenzado a manifestarse.

La tercera oleada está demostrando el error garrafal que se comete al enfocarse en sólo una parte de la economía para determinar el impacto de una tendencia general, como es la revolución tecnológica. Es como si hace 100 años uno hubiera pensado que los carros de combustión interna iban a resultar en una caída en el empleo porque, obviamente, el número de los que trabajaban en hacer látigos para caballos, o rieles para trenes, iban a quedar sin trabajo porque los carros iban a sustituir a los carruajes y a muchos de los trenes en las actividades de transporte. Por supuesto, ahora sabemos que las maquinarias han creado mucho más puestos de trabajo que los que han destruido, y que la mayor parte de estos empleos se han creado en actividades que nadie soñó en 1800. La gente ya no ara, siembra o recolecta a mano sino con tractores. Esto dejó a mucha gente sin empleo. Pero se crearon muchos empleos en las fábricas de tractores, y de muchas otras cosas, y en los servicios que los que vivieron en el siglo XVIII nunca sospecharon que se crearían.

La revolución de la conectividad creará más trabajos y mejor pagados que ahora en actividades muy distintas de las de hoy. Así como el mundo industrial es completamente distinto del mundo agrario que reemplazó, el nuevo mundo de la conectividad no será igual al de ahora solo que con más teléfonos inteligentes. No es como el de 1800 sólo que más rápido por ayuda de las máquinas. Para los de esa época la velocidad de entrega de las comunicaciones dependía de hacer barcos más rápidos, pero ahora las comunicaciones son instantáneas no porque se hayan inventado barcos más rápidos. El comercio electrónico no se maneja como una tienda de la esquina, sólo que más rápida. El entorno ha cambiado, y ese nuevo entorno es el que crea los empleos que se han perdido en actividades especificas. Pero cada vez se requiere más educación. Así, de 2008 a 2016, la economía norteamericana perdió 5.5 millones de puestos de trabajo para personas con escuela secundaria o menos, pero creó 11.6 millones de puestos en otros sectores para gente con mayor educación.

Eventualmente, los que trabajan con máquinas de coser serán desplazados por robots mientras que los educados van a ganar más y van a progresar en el nuevo mundo que nos viene. El Salvador debe entender esto, y rápido. La educación es la diferencia entre regresar a la pobreza y desarrollarnos como país.

Avances, retrocesos y desafíos. De Sandra de Barraza

Con todo esto, en 23 años (1992-2015) la escolaridad ha subido 2.48 grados. Hemos llegado a 6.8 grados promedio por persona. ¿Es suficiente? No. No es suficiente.

Sandra de Barraza, 24 marzo 2017 / LPG

Flacso El Salvador, Fundaungo, la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y la Universidad Don Bosco se han unido para convocar a la reflexión sobre la educación en El Salvador a 25 años de los Acuerdos de Paz. El tema provoca.

¿Qué ha pasado en 25 años? En El Salvador se han hecho esfuerzos por incrementar la cobertura del sistema educativo. Estudios demuestran que entre el año 2000 y 2011 la tendencia ha sido creciente, no se ha logrado el 100 % en ningún nivel, aunque en los primeros dos ciclos de educación básica falta poco para lograrlo.

Los resultados son desafiantes para el nivel de tercer ciclo y el bachillerato. Entre 7º y 9º grado, 40 de cada 100 quedan fuera del sistema educativo. En bachillerato, 65 de cada 100 quedan fuera del sistema educativo. También queda pendiente atender a los menores de 7 años. Se ha logrado cubrir casi a la mitad de población en edad preescolar, pero, la educación inicial, la de población menor de 4 años, queda pendiente.

La información oficial del Ministerio de Educación (MINED) demuestra el esfuerzo pendiente. En el año 2016, se matricularon 1.5 millones de alumnos en el sistema educativo. 7 de cada 10 son de Educación Básica. Un poco más de 8 de cada 10 fueron atendidos por el sector público.

Ese mismo año, entre el primer ciclo y el segundo ciclo de educación básica hay una diferencia de 9,667 alumnos. Entre el segundo ciclo y el tercer ciclo la diferencia es de 8,038 alumnos. Pero la diferencia entre la matrícula de tercer ciclo de educación básica y educación media es de 135,000 alumnos.

Esto significa que el año recién pasado, 135,000 personas que tendrían que estar en la escuela estuvieron fuera, con las implicaciones sociales y económicas que esto representa. Difícil no reconocer que se ha puesto poca atención a los jóvenes entre 12 y 15 años. Se van de la escuela y a nadie le importa.

Con esta deserción, la matrícula de educación media (bachillerato) representa no más que el 14 % (205,351). Esto es extraordinariamente bajo. La cobertura y los resultados del proceso de aprendizaje son otra vez del sector público. Casi 8 de cada 10 estudiantes de bachillerato son atendidos por el sector público.

La cobertura pública tiene más relevancia y en consecuencia, los resultados obligan a concentrar la atención especialmente en el maestro y la escuela públicas, porque la educación, como muchos reconocen, llega hasta donde llega el maestro. El número contratado ha crecido de 26,200 en 1992 a 57,100. Casi 8 de cada 10 trabajan en lo público y 7 de cada 10 son mujeres. Hay más del doble, pero ¿enseñan mejor?

Para esta atención, el presupuesto se ha incrementado. Entre el año 2001 y 2017, el presupuesto ha incrementado de $472.3 a $944.4 millones. Casi un 100 % de incremento. El MINED absorbe alrededor del 20 % del presupuesto general de la república. Como porcentaje del PIB, a educación se le asigna alrededor del 3 %. ¿Es suficiente? No, no es suficiente.

Hay otras fuentes de financiamiento a la educación. Hay millonarios recursos destinados a educación dispersos en otras instituciones de gobierno, en organizaciones no gubernamentales, en la empresa privada y en las alcaldías. Los hogares también aportan aunque según la Encuesta de Ingresos y Gastos de la Dirección de Estadística y Censos, se gasta más en telefonía móvil y fija que en educación.

El destino del incremento por niveles educativos llama la atención. La mayor tasa de crecimiento se registra en el nivel de educación superior. Presupuestariamente se ha hecho mayor esfuerzo para financiar la educación superior que ofrece la Universidad de El Salvador (UES) que en educación media.

El país continúa invirtiendo poco en educación. En educación preescolar se gastan $271 por alumno, en básica $342 y en media $470. Esto contrasta con el gasto por persona en los privados de libertad. Según el Banco Mundial, en el año 2006 el gasto promedio fue de $2,000 al año. En octubre de 2013 (LPG), el responsable de la Dirección de Centros Penales declaró que en alimentación gastan $1,754 por persona al año.

Con todo esto, en 23 años (1992-2015) la escolaridad ha subido 2.48 grados. Hemos llegado a 6.8 grados promedio por persona. ¿Es suficiente? No. No es suficiente.

La política económica fundamental. De Manuel Hinds

La economía que está surgiendo es la economía del conocimiento, en la que el factor principal de producción es la educación incorporada en las personas.

manuel hindsManuel Hinds, 30 diciembre 2016 / EDH

Como lo explicó hace muchos años Joseph Schumpeter, el desarrollo conlleva dos elementos, uno destructivo y otro constructivo. Para hacer camino para las innovaciones que son el fundamento del desarrollo, la economía naturalmente destruye las actividades que estas innovaciones han vuelto obsolescentes. Los que trabajan en estas últimas experimentan bajas en los salarios y reducciones en las oportunidades de trabajo, mientras que los que trabajan en actividades que toman ventaja de las nuevas tecnologías experimentan lo contrario—más oportunidades y mayores salarios. Este proceso se acelera en las épocas en las que, como la que estamos viviendo, se está desarrollando una revolución tecnológica.

diario hoyEs clave, pues, identificar la dirección que la economía y las oportunidades de empleo están tomando si que queremos que nuestro país tome ventaja de ellas y no quede aplastado dentro de el tipo de economía que está desapareciendo. Es decir, debemos entender hacia dónde va el mundo.

En estas columnas he insistido ya por muchos años que la verdadera política económica de largo plazo, la que puede llevarnos al desarrollo, debe estar contenida en la inversión en capital humano—es decir, en la inversión en educación y salud, que por supuesto necesitan también de seguridad ciudadana. La Universidad de Georgetown publi-có el 30 de junio recién pasado un estudio que proporciona aun más pruebas de la verdad de esta aseveración. https://cew.georgetown.edu/cew-reports/americas-divided-recovery/

El estudio es sobre el tipo de trabajos que se han generado en Estados Unidos durante la Gran Recesión de 2008-2009 y en los años posteriores. Durante la recesión se perdieron 7.2 millones de trabajos. Esta cifra, sin embargo, era el resultado neto de 7.4 millones perdidos en trabajos que requerían un grado de educación equivalente a haber cursado algo de universidad o menos, y de una ganancia de 187,000 trabajos para gente con grado universitario o más alto. Es decir, la gente con grados universitarios no experimentaron caída en el empleo mientras que los que tenían menos educación sufrieron una pérdida enorme, 7,4 millones de puestos de trabajo.

Luego, en la recuperación, de 2009 a 2016, la economía recobró 11.6 millones de trabajos. Pero de éstos, 11.5 millones fueron para trabajadores con al menos alguna educación universitaria. Sólo 80,000 fueron para los que tienen secundaria o menos. Al observar el período entero (la Gran Recesión y su recuperación, de 2008 a 2016), la economía estadounidense creó 11,6 millones de trabajos para los que tienen algo de universidad o más, y perdió 5.5 millones en los que tienen sólo secundaria o menos.

El papel de la educación en el empleo se reconfirma con los datos de otra investigación realizada por el Hamilton Project  que muestra que de 1990 a 2013 los salarios han subido o bajado de acuerdo al nivel de educación: los más educados han tenido aumentos sustanciales mientras que los menos educados han sufrido re-ducciones en sus salarios. Los dos extremos en la distribución de estos grupos son los que tenían menos que un diploma de secundaria, que perdieron un 20 por ciento de sus salarios, y los que tenían alta educación, que tuvieron un aumento del 21 por ciento.

Estas cifras muestran claramente la naturaleza del proceso de desarrollo económico y la dirección en la que se está moviendo. La economía que está surgiendo es la economía del conocimiento, en la que el factor principal de producción es la educación incorporada en las personas. Por supuesto que la inversión en infraestructura, maquinaria y equipo seguirá teniendo enorme importancia en el desarrollo, pero esa misma inversión lleva dentro de sí enormes cantidades de capital humano, y su realización y su uso para producir requiere cada vez mayores niveles de educación.

En El Salvador (y en América Latina en general) la educación es despreciada por los políticos porque sus resultados se ven sólo en el mediano y largo plazo. Esta es la razón por la que la región sigue subdesarrollada después de 200 años de independencia. Ojalá que el 2017 sea el año en el que al fin los políticos y la gente entiendan que la clave de todo el desarrollo está en la educación.