Salvador Samayoa

“Lo que no se tolera al FMLN es la actitud con la corrupción”: Salvador Samayoa

Dice que si el FMLN hace contubernios con Bukele perdería el alma por completo y cree que el encubrimiento a Funes molestó a la gente.

Salvador Samayoa, intelectual de izquierda.

Yolanda Magaña, 19 mayo 2018 / El Mundo

Salvador Samayoa, pensador de izquierda fue comandante del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y firmó los Acuerdos de Paz, reflexiona sobre el futuro del partido de izquierda luego de una derrota electoral cuya gran magnitud no se la esperaba. “No podría ni imaginar que fuera de ese tamaño”, dice. No cree que el partido haya muerto pero advierte que el FMLN no tiene capacidad de ser competitivo en las elecciones presidenciales de 2019.


¿Está muerto el Frente?

El Frente no está muerto, pero creo que es algo más que una derrota electoral lo que ocurrió. Necesitan un nivel de lucidez y coraje para cambiar cosas y de no hacer medidas desesperadas, que muestren desesperación o un bandazo, que no sería correcto; si hacen con lucidez los cambios que tienen que hacer y cambia su discurso político, creo que tiene cierta capacidad de recuperarse, salir del hoyo en el que quedaron, eso no significa, al día de hoy, no creo que tengan gran capacidad de ser competitivos en la elección presidencial, pero sí pueden salvar al partido y una vez fuera del hoyo comenzar a recuperarlo.

 

¿Ve indicios de esa recomposición en las reacciones en el Frente respecto a la derrota: el Presidente, Gerson Martínez, José Luis Merino?

En esas reacciones hay de todo, comenzando por lo de Merino, con el tema de dejar abierta la puerta a cualquier forma de contubernio con Bukele, para mí ese exactamente el camino equivocado, esa sería la manera segura de perder primero el control y después el alma del partido pero ya por completo. Yo creo que no deben tomar medidas con lógica electorera, sino con lógica de salvar al partido, a los principios que una vez tuvieron porque de otra manera no lo van a hacer bien. La reacción de Gerson, su video, su comunicado, me lo envió él, a mí me pareció flojo, no es el lenguaje ni el tono que quiere escuchar la militancia que está resentida y molesta como los sectores de la sociedad que los han apoyado antes y que están desilusionados, creo que quisieran escuchar un lenguaje más claro que indique que realmente comprenden por qué está molesta la gente y yo eso no lo he visto. La declaración del Presidente me parecen transitorias, el Presidente no es de discursos, va a hablar con algunos cambios y algunas medidas que se dirá con justa razón que demasiado poco o demasiado tarde, pero es posible que sean medidas y cambios en la dirección correcta. Lo que sí quiero resaltar es que han tenido cierta humildad que buena falta les hacía porque el poder los convirtió a muchos de ellos en una arrogancia…

 

¿Aceptaron la derrota luego?

Aceptaron la derrota con poco berrinche y esa es una virtud democrática que debe ser reconocida porque aquí hay sectores, sobre todo de la derecha, que pensaban que el FMLN nunca aceptaría una derrota electoral, pero la aceptaron bien y eso es importante.

 

¿Cuáles fueron las causas?

Huy, hay muchas pero yo creo que hay que distinguir entre causas más inmediatas en el tiempo y factores que afectaron a grandes segmentos, y otras que son más de fondo.

 

¿Cuál fue el error central del Frente?

No hay un error central del Frente, hay mal gobierno en general pero ese no es todo el problema, porque mal gobierno tenemos siempre o casi siempre en nuestros países y la gente no tiene el nivel de enojo que expresó en esta elección, la gente tiene cierta capacidad de tolerar y sufrir mala administración porque está acostumbrada a eso. Lo que no se le tolera y sobre todo al FMLN es el tema de la actitud con la corrupción, eso es intolerable. En el imaginario público, la izquierda debía ser decente. Y el hecho de que una de sus máximas expresiones, que fue Mauricio Funes, haya sido tan ostensiblemente, haya caído en enriquecimiento ilícito y que el FMLN lo haya encubierto y protegido eso le molestó muchísimo a la gente. No son solo las cosas de mal gobierno, es el tema moral el que también molesta. Luego, creo que el tema de la guerra de las pandillas tuvo un efecto importante porque se enemistó con un colectivo, por llamarlo así, les declaró la guerra sobre todo con las medidas extraordinarias y tuvo ese costo de la agresividad de las pandillas y no tuvo el beneficio de haber resuelto el problema de la seguridad para la sociedad. No tengo duda que los subsidios fueron un impacto; en septiembre de 2016 fueron más de 160,000 hogares, de hecho se afectó a prácticamente la totalidad porque en algunos casos solo se redujo y en otros casos quedaron excluidos, energía y gas. Le afectó también lo del TPS, la gente sabe que la política de Trump es la que es independientemente de nuestros gobiernos, sí, pero es distinto si nuestro gobierno no es hostil, la gente cree que tendríamos otras posibilidades. Con la hostilidad ideológica que muestran algunos dirigentes del Frente, era inevitable que la furia y el malestar de nuestros compatriotas en EE.UU., alguien tenía que pagar la factura y la pagó electoralmente el Frente, aunque no fuera de todo culpable de lo que ocurrió.


¿Qué no debería faltar en los cambios que haga el Gobierno?, ¿se trata de cambiar personas o políticas en los 14 meses que le faltan?

Yo distinguiría en los cambios que ya puede hacer este Gobierno, al que le queda semanas, quizás solo sea un poco más de eficacia en los servicios públicos y darle la satisfacción simbólica a la gente de que los funcionarios que en los que la gente enfoca más sus prejuicios se han relevado, el caso de ANDA es muy claro, está en todas las listas cortas de relevo del Gobierno. Sectores grandes y de las capas medias sufrieron lo que ellos llamaron errores del sistema en las facturas. Hay cosas que a la gente le molestan todos los días y no ve beneficio, como el impuesto a las telecomunicaciones. Pero eso es en lo inmediato. Lo que el Frente, si quiere recuperarse como fuerza política viable en el país a futuro, lo tiene que hacer es una reflexión mucho más de fondo, es su modelo, o tiene capacidad de romper con algunas telarañas y ataduras del pasado y definirse como una fuerza política de izquierda democrática que sea viable, o se va a quedar en un partido marginal en el país. Porque con esos discursos de que el faro es Venezuela el Frente no va para ninguna parte, está alejado de lo que la gente quiere.

 

¿Es imprescindible sacar a figuras cuestionadas del Frente o Gobierno?

No tengo una opinión tan nítida porque tengo clara una cosa: el Frente, uno de los errores que tiene, es que no ha formado cuadros con carácter, personalidad, independencia, con experiencia y, si en este momento, se trata decir: que salgan los viejos y entren los jóvenes, ¿y cuáles jóvenes, por el amor de Dios?, ¿dónde están los líderes jóvenes del Frente? y por otra parte ser jóvenes no significa ser mejor, ni moral ni políticamente. Tenemos unos cuantos casos de personas que eran jóvenes y mire lo que han hecho en la política del país. Yo no doy por hecho que la solución esté en cambiar la dirección. Dicho eso, sí creo que algunos compañeros de la dirección del Frente, ellos solos debieran buscar la manera de comprender que están terminando un ciclo de 50 años. Yo lo sitúo el inicio de todo esto en la huelga magisterial de 1968 porque ahí empieza a incubarse todo este fervor revolucionario y de cambio, y la mayor parte de dirigentes incluso de las FPL vienen de esas coyunturas, pero llevan ya 50 años en esto, yo de verdad creo que debieran considerar que sí necesitan renovar el parto. Por derrotas menos graves que esta, en cualquier país de Europa Occidental, el jefe del partido renuncia a su cargo. Entonces, no quiero ser extremista, de decir que no hay solución si no se va la dirección del Frente, pero sí quiero decir que es hora sin duda de que esa dirección encuentre la manera y el momento de abrir paso a una renovación creíble, una renovación de verdad.

 

¿Y cómo podría corregir el Frente el tema de Funes?

Es que aquí hay dos posibilidades, que es poco probable pero es posible, es que de verdad no se den cuenta de todo el enriquecimiento de este señor y por eso piensen que son campañas de los medios de comunicación o de la derecha; si ese es el caso, lo que tienen que mejorar es su nivel de información y de análisis, porque está a la vista lo que ocurrió. Si el caso es que, sabiendo de que se enriqueció de una manera ofensiva y ostentosa, sobre todo un hombre que tanto le dijo a la gente que su guía era Monseñor Romero. Si saben que hizo lo que hizo de verdad que debieran decirle con humildad pero con claridad al país: Nos equivocamos y hemos estado encubriendo aquí a esta persona que no hay ninguna duda que su conducta no se correspondió con los ideales éticos que tenía el partido. Eso es lo menos que podrían decir y, por tanto, la decisión de no seguir encubriendo eso. Es que la gente no aguanta porque el Frente le dijo que iba a ser las cosas de manera distinta.

 

La inconformidad está siendo absorbida por un nuevo personaje adoptado por el Frente por un momento, Nayib Bukele. ¿Qué futuro le ve?

Yo no creo que le abunde la fuerza para realmente ser competitivo por lo menos en la próxima elección presidencial. Si quiere hacer bien las cosas, tiene paciencia y no quiere hacerse millonario político en un día, es posible que tenga un futuro, pero de otra manera, no. Nayib en este momento es un holograma, se le mete un cuchillo y no le sale sangre porque no es una persona real en la política pero no puede seguir siendo un holograma, cada vez más tiene que ser una persona que toma posiciones, que hace alianzas o que no las hace, pronuncia discursos y que por tanto comienza a hacerse vulnerable. No tengo ninguna duda que pueda sacar las 50,000 firmas en dos días, después tiene que pasar por el requisito de mecanismos de democracia interna, elecciones internas que no sean una payasada, eso lo veo más complicado. Después tiene que tomar decisiones, si va a solo, con sus Nuevas Ideas, que parece ser su decisión, sí tendría una novedad y frescura, pero no tendría aparato territorial para hacer una campaña. Y si buscando aparato tiene alianza con algunos partidos que están un poco desprestigiados ese mismo día empieza su desgaste.

 

“ARENA tiene más posibilidades de equivocarse”

¿Cuál debe ser la actitud de ARENA ante los resultados?

La primera que creo que está ocurriendo razonablemente bien es no reventar cohetes de vara, está bien con su triunfo pero es obvio que no es un gran triunfo, de haberse ganado el corazón y el alma de los salvadoreños, de eso está bien lejos. A mí me parece que los dos precandidatos de ARENA podrían hacer un trabajo importante de replantear el desarrollo del país, la recuperación de la economía y ojalá que ahora no se olviden de verdad que ahora lo más importante es la gente.

 

¿Cuáles serán los retos de ARENA en la Asamblea  con la nueva aritmética?

El primer año, aparte de lo que es trillado, que sabemos todos, que van a elegir la Sala de lo Constitucional, el fiscal y todo, aparte de eso, no hay grandes temas de agenda legislativa. Es de suponer que van a aprobar los vencimientos de los bonos de 2019, no tiene ninguna ciencia aprobar financiamiento para esos vencimientos. Yo no veo ni en el área fiscal ni en otras áreas veo una agenda complicada de esta Asamblea Legislativa.

 

¿Pero habrá una prueba de fuego para ARENA que sea valorada por el electorado para decir: cambiaron o no cambiaron?

Hay más posibilidades de cometer errores que de hacer cosas buenas. Ejemplo, en la elección de los magistrados, si quieren irse con la aplanadora, con prepotencia y todo, eso lo va a ver mal la gente. Si hacen repartos y contubernios, lo va a ver mal la gente, pero por último a la gente esos temas políticos le interesan menos, el tema de la gente es la seguridad y el empleo, y yo no creo que la Asamblea tiene gran cosa de decir. ARENA tiene más posibilidades de equivocarse que  de hacer cosas buenas que la gente diga: “Wow, qué gran partido”.

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Salvador Samayoa: “La gente tiene derecho a estar enojada, pero debe cuidarse de los falsos profetas”

De acuerdo al firmante de la paz y observador político de El Diario de Hoy, los salvadoreños y especialmente los jóvenes no deben de “borrarse” de la participación política, sino involucrarse y hacerse cargo del país y su destino.

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Entrevista de Guillermo Miranda Cuestas, 16 febrero 2018 / El Diario de Hoy

A semanas de la elección del 4 de marzo y ante voces que gritan votar nulo o quedarse en casa, el firmante de la paz y exdirigente del FMLN durante el conflicto armado, Salvador Samayoa, explica con acostumbrada agudeza crítica y lenguaje franco por qué no da igual cómo quede integrada la próxima Asamblea Legislativa.

Samayoa no solo distingue entre candidatos honestos y sinvergüenzas, sino entre ideas y proyectos contrapuestos por los partidos políticos en la integración de la Corte Suprema de Justicia, la situación fiscal del país y la calidad de los servicios públicos, entre otros temas. Además, dibuja el peligro del discurso antipolítico a través de los efectos desastrosos que esta ha producido en el vecindario latinoamericano.

“No es cierto que todos sean “la misma porquería”, como dicen algunos. Hay candidatos honestos y hay sinvergüenzas. Tenemos el poder de nuestro voto para apoyar a unos y rechazar a otros. Decir que todos son iguales y que no vale la pena votar es un análisis muy pobre o un planteamiento interesado.”

Salvador Samayoa

A lo largo de esta entrevista, y sobre todo en su conclusión, Salvador Samayoa centra su foco en los jóvenes y destaca que lejos de reproducir amarguras y desesperanza contra el sistema político, deben dedicar su energía y dinamismo para construir una sociedad distinta.

¿Qué significa esta elección para el país?

Esta elección es muy importante, como todas las elecciones. A través de sus resultados se configura un componente importante del poder político del país. Todos sabemos que un poder mal orientado, perverso, corrupto o ideológicamente distorsionado puede hacerle mucho daño a los ciudadanos, a las instituciones, a la economía.

Y de la misma manera, cuando el ejercicio del poder es relativamente sano, aunque no sea del todo eficiente, si está orientado por la decencia y por principios democráticos, se convierte en una garantía importante de respeto a los derechos ciudadanos y en una esperanza de progreso para amplios sectores. O sea que el poder político es muy importante para el desarrollo del país y para la vida cotidiana de las personas.

“Un partido político, por ejemplo, cree, piensa y propone -y si tiene los votos lo va a hacer- que los magistrados de la Corte Suprema de Justicia deben ser elegidos por votación popular. Eso sería una distorsión y una aberración muy peligrosa.”

Salvador Samayoa

¿Qué está en juego particularmente en estas elecciones del 4 de marzo?

Hay muchos temas que son importantes. En la Asamblea Legislativa se hacen las leyes y se definen las instituciones del Estado. En ese ejercicio se pueden fortalecer o destrozar las libertades públicas. Un partido político, por ejemplo, cree, piensa y propone -y si tiene los votos lo va a hacer- que los magistrados de la Corte Suprema de Justicia deben ser elegidos por votación popular.

Eso sería una distorsión y una aberración muy peligrosa, sin precedentes nacionales y sin referentes respetables en alguna parte del mundo. La sola idea de que alguien tenga que hacer campaña política para obtener una magistratura, y por tanto, entre otras cosas, tenga que pedir dinero y apoyos a los poderes fácticos, convertirse en figura mediática, adelantar opinión sobre procesos judiciales, comprometerse en cualquier sentido ante la opinión pública o realizar cualquier acción imaginable propia de una contienda electoral para ser elegido magistrado, sería un contrasentido, se prestaría a grotescas manipulaciones de la justicia y nos haría retroceder décadas, hasta los tiempos en que la Corte Suprema era poco más que un apéndice del poder político de turno.

Y así de peligrosa como es esta propuesta, hay un partido político, en este caso el Frente, que si logra los votos necesarios la va a llevar adelante.

Otro tema es el de los impuestos, que tanto nos molestan a los ciudadanos y nos indigna cuando vemos nuestro dinero gastado no solo en viajes y en autos caros de funcionarios del Estado, sino que vemos en la prensa cuántos millones más va a costar el retraso del edificio de la Corte porque estaban mal hechos los planos; cuántos cientos de millones de dólares ha consumido de nuestros impuestos el hoyo del Chaparral, la decisión absurda y corrupta de expulsar al socio estratégico en la producción de energía geotérmica o el abandono por incompetencia del puerto de La Unión; o cuántos millones en intereses de bonos o préstamos internacionales nos ha costado el manejo irresponsable de las finanzas públicas.

Estos y otros despilfarros no han sido solo responsabilidad de los gobernantes, sino también de los diputados. Entonces nos cobran muchos impuestos y despilfarran nuestro dinero cuando no se lo roban directamente, sin darle a la gente servicios públicos de calidad.

Que haya más impuestos o menos impuestos, que se respeten o se expropien los ahorros de pensiones de los trabajadores, que los servicios públicos de salud dispongan de los fondos necesarios para la gente que no puede pagar seguros privados depende, como muchas otras cosas, de cuáles partidos y cuáles candidatos ganen las elecciones de marzo.

“Que un joven se borre de la participación política, que no tenga ninguna esperanza, que tenga un análisis tan malo como para pensar que da igual tener a unos o a otros en la Asamblea Legislativa, me parece de verdad patético. El que llame a los jóvenes a hacer eso se comportaría como un falso líder, como un oportunista; y los jóvenes que lo sigan, si es que lo siguen en esa consigna, demostrarían ser débiles y fácilmente manipulables.”

Salvador Samayoa

 

Hay líderes políticos que dicen que da igual quién gane y que hay que votar nulo o quedarse en casa.

Esto es una imbecilidad. No se puede calificar de otra manera. No es cierto que todos sean “la misma porquería”, como dicen algunos. Ni son iguales en lo que defienden y proponen los partidos, ni son iguales en capacidad y decencia las personas que los representan. Hay candidatos honestos y hay sinvergüenzas. Tenemos el poder de nuestro voto para apoyar a unos y rechazar a otros. Decir que todos son iguales y que no vale la pena votar es un análisis muy pobre o un planteamiento interesado.

Este es un slogan típico de movimientos que tienen por bandera la antipolítica y ya sabemos -o debiéramos saber- adónde lleva la antipolítica. Casi todos los casos recientes en los que hubo predicadores de ese tipo -figuras iluminadas, aparentemente frescas, redentores con barba o sin barba, que venían a salvar a la población de la miasma de los partidos- terminaron mal para la gente.

La gente tiene derecho a estar enojada, pero debe cuidarse de los falsos profetas. Mirá lo que pasó en Venezuela: todo comenzó cuando la gente decidió no ir a votar porque estaba cansada de los políticos. Veinte años llevan ya con este régimen oprobioso, incomparablemente más corrupto que los anteriores, sin el menor respeto por los derechos y las libertades democráticas. Era uno de los países más ricos y ahora todo el pueblo se encuentra en la miseria; los pobres que ya eran pobres, las clases medias empobrecidas, las empresas cerradas, los líderes de oposición encarcelados y los “salvadores de la patria” convertidos en tiranos crueles y represivos. Las situaciones donde han ocurrido este tipo de prédicas de que “los partidos no sirven” o “no hay que ir a votar” no han terminado bien para la gente.

Si un líder político o un líder de opinión llama a la gente a no votar, solo hay dos posibilidades: o es muy irresponsable o quiere aprovecharse del cansancio y la desesperanza de la gente por un interés particular. Hasta ahora solo he escuchado a dos o tres figuras mediáticas hacer este llamado. El más prominente es Nayib Bukele. No sé por qué no lo mencionás por su nombre en tu pregunta, como si fuera Lord Voldemort, “el que no debe ser nombrado”.

Sí, por ejemplo, Nayib Bukele.

Bukele tiene un cierto potencial de influencia en los jóvenes, pero en este caso, creo que se ha equivocado y parece que ya ha comenzado a reconocerlo. Ha sido una falta de astucia política -que normalmente le sobra- y una falta de respeto a los jóvenes pedirles precisamente que no voten o que anulen el voto.

Se puede entender que un viejo piense así, que esté amargado, cansado, hastiado, que se haya vuelto escéptico y nihilista, que ya no quiera participar, que no tenga ya esperanza y que caiga en la parálisis política o social hasta el punto de no levantarse siquiera para votar. Pero que un joven, sobre todo un joven de las capas medias urbanas, que tiene mucho que ganar y mucho que perder, a diferencia de los más ricos y los más pobres, se borre de la participación política, que no tenga ninguna esperanza, que tenga un análisis tan malo como para pensar que da igual tener a unos o a otros en la Asamblea Legislativa, me parece de verdad patético. El que llame a los jóvenes a hacer eso se comportaría como un falso líder, como un oportunista; y los jóvenes que lo sigan, si es que lo siguen en esa consigna, demostrarían ser débiles y fácilmente manipulables.

“Es necesario que en cada tiempo haya jóvenes
dispuestos a encarnar el mito de Prometeo,
dispuestos  a arrebatar el fuego de los dioses.”

Salvador Samayoa

Más allá de votar un día, ¿en qué más se puede involucrar un ciudadano común?

Se puede participar de manera más activa y permanente entrando a un partido político. No todas las personas tienen esa inclinación, y algunos que la tienen no aguantan el ácido, pero es obvio que la política sería mejor si en vez de solo crítica entrara otro tipo de gente a la palestra, como en tiempos pasados en los que el compromiso de muchos jóvenes de sectores no muy proclives a la militancia imprimió a las fuerzas políticas mucha energía, innovación, dinamismo y sentido de nación.

También se puede estar en movimientos sociales, en una cantidad de instituciones de la sociedad civil que se preocupan por los problemas del país, que los estudian, los analizan y tratan de tener propuestas e influir en el desarrollo de las cosas. Lo que no se vale es borrarse, no hacerse cargo. Cuando hay conciencia y voluntad de contribuir de alguna manera al bien común, hay muchas modalidades para participar en la vida nacional, muchas formas de hacerse cargo de los problemas del país.

Algunos dirán que es difícil hacerse cargo uno en un sistema tan polarizado que absorbe hacia los extremos.

En primer lugar, no es cierto que esté polarizado, esta es una palabra que repiten como loros muchos “analistas” en los medios de comunicación. En realidad, la polarización es una categoría que el discurso político ha tomado prestada de la física, de ciertas analogías simplificadas -no necesariamente científicas- con la teoría de los campos electromagnéticos, en el particular sentido de la tendencia de las partículas dentro del campo a gravitar por atracción magnética en la órbita de los polos.

“A la política no se puede entrar pidiendo garantías.
Uno logra lo que puede con su esfuerzo y con su lucha.
Uno se enfrenta con poderes que parecen inamovibles.
A veces logramos ablandarlos y hasta removerlos;
otras veces prevalecen los poderes establecidos.”

Salvador Samayoa

Esto es lo que ocurría antes en el país, que no podía haber partidos políticos, medios de comunicación, iglesias, sindicatos, asociaciones gremiales realmente independientes, que tuvieran existencia autónoma, sin vínculos fuertes, afinidad, nexos de subordinación, alianzas con o necesidad de protección de alguna de las fuerzas enfrentadas en el conflicto. Todos terminaban gravitando en torno a uno de los polos; había sindicatos de izquierda gravitando alrededor del Frente y sindicatos de derecha con el gobierno.

Lo mismo ocurría con los medios de comunicación, alineados con una u otra parte del conflicto, que solo podían subsistir en esa órbita. Algo parecido ocurría con los intelectuales académicos, la seguridad pública, la justicia y todo lo demás. En ese contexto de la guerra sí estaba polarizada la política y la sociedad, porque era casi imposible o no tenía sentido la existencia autónoma o la independencia real de las fuerzas políticas y sociales.

Esta no es la situación que tenemos hoy. No es cierto que El Salvador sea un país polarizado. Distinto es que haya dos fuerzas predominantes, con posiciones a veces irreductibles, cuyo enfrentamiento se considera frecuentemente estéril y absurdo, pero eso no es polarización.

Bueno, pero aún admitiendo que el término “polarización” no sea correcto, ¿cómo se garantiza que el que se meta en política no será absorbido por alguna de estas fuerzas?

La respuesta es simple: nadie lo puede garantizar. Cualquiera puede ser triturado en el trapiche de la política. El que entra debe saber que tiene que luchar para cambiar las cosas. Así ha sido siempre y así seguirá siendo siempre. A la política no se puede entrar pidiendo garantías. Uno logra lo que puede con su esfuerzo y con su lucha. Uno se enfrenta con poderes que parecen inamovibles. A veces logramos ablandarlos y hasta removerlos; otras veces prevalecen los poderes establecidos.

Uno se enfrenta dentro de los partidos con gente dogmática, con ideas anquilosadas, se enfrenta con tremendas resistencias al cambio, con vergonzosas defensas de intereses personales. Los partidos tienen cúpulas instaladas, que no ceden fácilmente sus posiciones. El que quiera entrar tiene que enfrentarse a eso. Es la realidad. Por eso es necesario que en cada tiempo haya jóvenes dispuestos a encarnar el mito de Prometeo, dispuestos a arrebatar el fuego de los dioses.

Salvador Samayoa: “Antes no se podía acceder al poder por medios democráticos”

El firmante del Acuerdo de Paz destaca los cambios al Órgano Judicial como eje central de la reforma.

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Entrevista a Salvador Samayoa, de Guillermo Miranda Cuestas, 13 diciembre 2017, El Diario de Hoy

 

EDH log¿Cómo fue valorada la Constitución de 1983 dentro de la guerrilla?
Para nosotros era una Constituyente y una Constitución contrainsurgente. El presidente era Roberto D’aubuisson, que en ese momento, al menos, era el anatema para la izquierda revolucionaria. Es una Constituyente en la que están excluidas las fuerzas de izquierda, solo participan ARENA, PCN y PDC.

¿Se plantearon otra Constitución?
Justamente por eso convertimos en un punto central de la negociación la reforma constitucional. Es que a la gente se le olvida, no sabe o son muy jóvenes, que hace poco tiempo, hasta 1964, el partido que ganaba las elecciones tenía todos los diputados de la Asamblea. Yo tenía 14 años de edad cuando por primera primera vez los partidos opositores obtuvieron diputaciones en una elección legislativa. ¡Ahora parece de la edad de las cavernas aquello, la incivilización total! Pues no, ¡es bien cerca! Pero aún así, en todos esos años en la Asamblea el partido de gobierno siempre tenía mayoría simple. Y por lo tanto lo que ahora nos quejamos tanto, con razón, de que haya un partido que quiera controlar totalmente los órganos del Estado, era la práctica habitual de los partidos de derecha. Por eso exigimos la reforma de la manera de elegir los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, que antes era un apéndice del Ejecutivo; el partido que ganaba las elecciones era el que elegía a los magistrados de la Corte y por lo tanto esos magistrados le respondían políticamente al partido de gobierno. Eso lo cambiamos en la reforma.

Igual con el Tribunal Electoral que entonces era el Consejo Central de Elecciones de tres miembros. Para todo efecto práctico, elegían solo a los suyos con la mayoría simple que le daba su poder en la Asamblea Legislativa. En las dos últimas Asambleas elegidas antes a la negociación, la de 1988 (vigente en ese momento) y la de 1991, la suma de los votos de ARENA, que en ese momento era un partido de extrema derecha, y PCN, el partido de los militares hasta esa fecha, les daba una mayoría simple bastante holgada para elegir a los tres miembros del CCE. Esta situación se podía reproducir en ulteriores elecciones. Nosotros cambiamos eso; que no fueran tres, que fueran cinco; que no se pudieran elegir por mayoría simple, sino por mayoría calificada. Eso fue lo que empezó a dar ciertas garantías de pluralismo.

¿No era la reforma a las Fuerzas Armadas lo central para el FMLN en la negociación?
No, no era el propósito central, era uno de los ejes importantes, por supuesto. La Fuerza Armada tenía todos los poderes menos el de hacer llover y quitar la lluvia. Incluso se convertía por Constitución en el garante de la democracia; por eso había tanto golpe de Estado, porque cuando a los militares se les ocurría que había un riesgo para la democracia daban golpe de Estado. Esas cosas las cambiamos; le quitamos los poderes hipertrofiados que tenía históricamente la Fuerza Armada en el país. Ahora se elige al fiscal por mayoría calificada y tiene funciones más fortalecidas, porque antes la que llevaba a su antojo la investigación penal era la Policía Nacional.

¿Eran estos los elementos que faltaban para que el FMLN aceptara entrar al sistema?
No solo se trata de las reformas de la Constitución. Por ejemplo en el Órgano Judicial pactamos también la reestructuración del Consejo Nacional de la Judicatura, la reforma de la Carrera Judicial… Fueron varias cosas las que se hicieron en ese sector. La seguridad pública se transformó totalmente. Esas reformas, el conjunto de ellas, varias con rango constitucional, son las que nos permitieron pensar que ahora habría un escenario en el que se podía considerar la lucha por métodos pacíficos y democráticos, porque antes simplemente no se podía acceder al poder por medios pacíficos y democráticos.

¿Cuenta la Constitución con mayor legitimidad en su pluralidad después del 91?
Sin duda, tiene mucha mayor legitimidad de pluralismo político que en toda la historia anterior del país, en el sentido que son más fuerzas políticas, y más diversas y plurales, las que han estado representadas para aprobar la Constitución.

Licencia para embaucar. De Salvador Samayoa

Foro El Diario de Hoy, roces entre Asamblea Legislativa y Corte Suprema de Justicia y otros temas de interes a la ciudadania. participantes Fabio Castillo, Francisco Bertrand Galindo y Salvador Samayoa

Salvador Samayoa, 7 diciembre 2017 / EDH-Observadores

El Tribunal de Sentencia de Santa Tecla absolvió de todos los cargos a los “troles” que falsificaron y divulgaron en redes sociales páginas electrónicas falsas de importantes medios de comunicación del país. Si no se enmienda la plasta judicial en la instancia de apelación correspondiente, los ciudadanos, las entidades y la opinión pública quedarán desprotegidos ante cualquiera que tenga el dinero y los recursos técnicos para realizar este tipo de engaño masivo.

observadorPublicar noticias discutibles no es problema. Casi todas tienen elementos de información o enfoques con los que unos pueden estar de acuerdo y otros no. Publicar noticias tendenciosas es un problema ético, en la frontera de la mentira o la desinformación. Publicar noticias o declaraciones falsas – las famosas “fake news”- sabiendo que son falsas o, peor aún, habiendo fabricado la falsificación, puede ser un asunto muy grave de carácter jurídico, político y social. Falsificar el “sitio web” de periódicos de gran circulación y viralizar las páginas clonadas es a todas luces un delito de considerable importancia en el ámbito nacional.

En este caso, además, con extraordinarios agravantes de cinismo y premeditación. Para muestra, circuló como parte de los archivos extraídos de discos duros, teléfonos móviles y otros dispositivos de los acusados un documento denominado “ejes comunicacionales” . Eran los ejes de una campaña para desprestigiar al adversario y favorecer la victoria del candidato Nayib Bukele en la elección municipal de la ciudad capital. En una parte dice textualmente: “El sitio será la copia exacta de uno de los periódicos digitales más reconocidos y de mayor consulta por la población. El mirror será promocionado por medio de Facebook… y de igual forma generaremos incertidumbre por medio de noticias falsas a favor de la campaña”.

De la sentencia absolutoria preocupa la argumentación tanto como la conclusión. A reserva de analizar más en detalle el razonamiento cuando el Tribunal emita el texto completo de su resolución, de antemano preocupan las razones que se han esgrimido para la absolución. Que no fuera acusado el personaje que a la luz de evidencias inobjetables pareciera ser el principal responsable de la trama y el jefe indiscutible de la agrupación, es algo que habrá que esclarecer pidiendo explicaciones al Fiscal, pero no vemos de qué manera esa deficiencia o abstención de la acusación pueda librar de responsabilidad a quienes de manera probada participaron en la planificación y realizaron el fraude comunicacional.

De igual manera, si se dice que los acusados no son responsables de falsedad material porque solo se probó que difundieron y no que elaboraron o decidieron las pautas de desinformación, este precedente abrirá la puerta al desenfreno de los estafadores políticos sin mayor consideración.

En el caso del delito de violación de distintivos comerciales, los jueces mostraron un apego literal que refleja exactamente lo que no hay que hacer en el ejercicio judicial. La parte sustantiva es la prohibición de utilizar de cualquier modo sin consentimiento del titular una marca, nombre o distintivo comercial. Es cierto que el código castiga expresamente al que lo haga con fines industriales o comerciales, pero es obvio que no está en esa particular finalidad el sentido único del tipo penal, porque si así fuera caeríamos en el absurdo de dejar impune al que viole distintivos con la finalidad de socavar la credibilidad, afectar económicamente o causar otro perjuicio a una empresa o a cualquier organización, siempre que no lo haga con algún fin comercial. En este enfoque absurdo de la ley, estos propósitos aviesos se considerarían como finalidades lícitas de la falsificación.

Si no se revierte la sentencia, que no nos extrañe que en tiempos de intensa confrontación política, se envenene aún más la convivencia social y se agudice la guerra sucia en las plataformas informáticas de la tecnología digital.
No hay que olvidar que en el engaño masivo orquestado por los troles, el propósito era favorecer la victoria electoral de su candidato a la alcaldía de la capital. En una concepción social de la “fe pública”, esta constituye un bien jurídico colectivo y su protección penal debe extenderse a aquellos hechos susceptibles de inducir a engaño a un número indeterminado de personas, en otras palabras al público en general.

Este caso debe servir a la comunidad jurídica para tomar conciencia de que el apego literal -leguleyo- al texto en casos que obviamente requieren criterios más amplios aleja el lenguaje jurídico de las expectativas ciudadanas, aísla al sistema judicial de las situaciones propias de cada época y, sobre todo, resta legitimidad social a todo el andamiaje de la justicia penal.

Este es un problema típico de letra y espíritu de la ley, sobre el que se han derramado ríos de tinta desde tiempos inmemoriales. Se sabe que es peligroso abusar de la interpretación cuando no es necesaria, pero de igual manera es peligroso renunciar a toda interpretación ante situaciones nuevas, que no existían antes como modalidades posibles de transgresión de la ley, o en casos en los que el sentido más razonable y lógico de la norma jurídica así lo demande.

No es correcto disociar la semántica del sentido práctico y el significado obvio de los textos jurídicos. Aquí aplica el trillado ejemplo de una ordenanza que obliga a cerrar la venta de bebidas alcohólicas a las 12 de la noche. Un leguleyo “vivo” puede recomendar a su cliente que cierre a las 12 y vuelva a abrir a las 12:05, porque la ley solo dicta que los establecimientos deben cerrar a esa hora y no dice expresamente que deben permanecer cerrados a partir de esa hora. Se entiende la “viveza” del tinterillo en este caso, pero es obvio que ese no es el sentido de la ordenanza. Que los defensores de intereses particulares actúen así es una cosa, que los jueces lo hagan es otra muy diferente. Y, por cierto, llama la atención que se haya programado el viernes 22 de diciembre para publicar la sentencia, justo el día en que queda desmovilizada por completo la opinión pública por la vacación de navidad.

Salvador Samayoa: “La democracia está funcionando en lo fundamental”

Samayoa muestra su optimismo respecto a la democracia en el país, en medio de un creciente sentimiento contra el sistema político.

Salvador-Samayoa

Guillermo Miranda Cuestas, 6 octubre 2017 / EL DIARIO DE HOY

EDH logSalvador Samayoa ha sido protagonista en coyunturas de alta convulsión e inestabilidad política en El Salvador. En su lectura, esta no es una de esas coyunturas. El exministro de Educación de la primera Junta Revolucionaria de Gobierno de 1979 y uno de los máximos representantes del FMLN en el extranjero durante el conflicto armado aprecia con optimismo el estado actual de la democracia salvadoreña y es crítico de quienes dibujan un diagnóstico sombrío para el país.

Recientes encuestas de opinión han mostrado un sentimiento importante de “antipolítica” en El Salvador, entendida esta como un rechazo al sistema político y a las instituciones de representación, incluidos los partidos políticos.

En esta entrevista, quien durante la posguerra integró la reconocida Comisión Nacional de Desarrollo y lideró el Consejo Nacional de Seguridad Pública, señala dos factores principales que potencian la antipolítica. Uno es el aparecimiento de una serie de escándalos de corrupción, que a su juicio es precisamente prueba de los avances institucionales. El segundo factor tiene que ver con un desencanto de “densidad histórica” respecto a la izquierda en el poder. Y aunque aprecia con optimismo el involucramiento de algunos jóvenes al debate político nacional, reconoce que hay una apatía generalizada.

La entrevista surge en el contexto de su cátedra sobre antipolítica de la Escuela Centroamericana de Gobierno y Democracia (ECADE), un proyecto liderado por FUSADES con el apoyo de la Fundación Hanns Seidel de Alemania.

Recién iniciamos un ciclo electoral que se extenderá hasta 2019. ¿Qué tan saludable se encuentra nuestra democracia en estos momentos?

Todo es relativo en esta vida.

Yo veo El Salvador bastante mejor que casi todos los países de la región.

Por ahí la democracia, como alguna vez escribí, sí puede ser una vieja fea y choyuda. Es decir, que toma más tiempo, nos desespera a los ciudadanos y no tiene la cara más linda. Pero yo no tengo la mínima duda de que la democracia está funcionando en todo lo fundamental.

Ha habido importantes embates, intentos de desnaturalizarla, de manipularla -sobre todo en años anteriores. De una manera o de otra, las instituciones han respondido. La libertad y las plataformas de la sociedad civil, que son parte orgánica de la democracia, han funcionado. Y creo que en este momento el sistema de partidos políticos de El Salvador y las instituciones del Estado salvadoreño son más sólidas que en otros países de la región.

También hay alarmas de algunos sectores. La UCA y Álvaro Artiga han dicho que hay un creciente sentimiento de antipolítica y que eso podría deslegitimar al sistema de partidos políticos.

Comparto la apreciación; las dos cosas son ciertas.

Es cierto que el sistema político está relativamente sólido y también es cierto que importantes segmentos de la población no lo ven así y que tienen un desencanto y una actitud agresiva hacia la política, hacia los políticos y hacia los partidos.

Hay sectores y líderes de opinión que yo los llamo “alaracos” porque hacen unas alharacas que de verdad no se corresponden con la realidad.

En varios artículos de opinión he visto que algunos dicen “qué envidia Guatemala” porque la gente está en la calle. Y yo digo: esperate, despacio, no entiendo bien, ¿por qué te da envidia que el otro tiene cáncer y está saliendo a la calle a ver cómo resuelve su cáncer?

Y vos tenés otros achaques distintos -porque sí tenés achaques y dolencias- pero no tenés cáncer. ¿Por qué envidiás el cáncer del vecino? Guatemala tiene un nivel de inestabilidad política y de corrupción absolutamente incomparable con El Salvador.

Nunca oculto las deficiencias de nuestra democracia. De hecho yo era el que más me estaba quejando por el transfuguismo cuando se le sustrajeron diputados al partido ARENA en 2009 y otra vez en 2012 -supongo que con dinero venezolano. De esa manera se burló la voluntad popular. Se habían pasado 11 diputados de un partido a otro en un proceso político complejo.

En Guatemala, el día que se inaugura la legislatura se cambian 40 o 50 diputados de un partido para otro y es lo habitual.

Aquí tenemos un sistema de partidos reconocibles con ideologías y programas reconocibles a los cuales se apegan, más o menos, o de los cuales se apartan, más o menos. Pero hay un punto de referencia. Guatemala tiene una atomización de partidos políticos; son decenas de partidos políticos.

¿Qué hay entonces en el ecosistema que está generando un sentimiento de antipolítica?

Hay dos factores más importantes que otros. Uno es la corrupción, que ahora ha salido más. Por cierto, podemos darle vuelta a ese hecho: qué bien por las instituciones de El Salvador, tanto las del Estado como las de la sociedad civil. Si no funcionaran, ¿cómo demonios habría salido la corrupción a flote?

Pero volviendo al clima antipolítico, la corrupción es ciertamente algo que indigna a la gente, la molesta, la decepciona, la frustra.

El otro factor que está influyendo es que hasta hace 10 años había un importante contingente social, no sé si mayoritario pero muy amplio dentro del espectro político, que tenía una gran esperanza de que cuando gobernara el Frente iban a cambiar cosas muy importantes para la gente y para el país. Mi juicio sintético de los ocho años que van en el gobierno es que esto, simplemente, no ocurrió.

Eso explica el desencanto de mucha gente que durante décadas estuvo pensando que El Salvador podía ser mejor cuando tuviera la oportunidad de gobernar la izquierda. Ahí hay un nivel importante de frustración y alejamiento de los partidos políticos, ocasionado por unos gobiernos decepcionantes del FMLN.

Con el anterior partido de gobierno ARENA había también y todavía hay mucho desencanto. Este es el desgaste normal de los partidos políticos, pero el desencanto con mayor densidad histórica es ahora con el FMLN, aunque en algunos aspectos su gestión no haya sido tan negativa como se expresa en la percepción de la mayoría de la población.

¿Y ese discurso antipolítica surge de quienes confrontan a las cúpulas? ¿Como los diputados de ARENA que renunciaron a sus candidaturas o el alcalde de San Salvador?

No, a ninguno de los dos los considero como un fenómeno típico de antipolítica.

Quizá el que más se parece es el de Johnny Wright, porque él ha tenido un discurso expreso y una posición expresa de salir del partido político y en postularse, no sabemos si lo hará finalmente o no, como independiente.

Para mí, cada persona que se postula como independiente está proclamando que no cree en ningún partido político y, por tanto, no cree en el sistema de partidos políticos. Juan no, al contrario. Juan está haciendo una acción que fortalece la política, no la contraría.

No es antipolítica; es intentar justamente que los partidos sean sólidos, sean creíbles y se queda dentro del partido a luchar por eso.

Screen Shot 2017-10-06 at 9.42.41 PMY en el caso de Nayib, que esté propiciando él mismo su salida del Frente, son sus propios cálculos electorales. Nayib no tiene un discurso antipartido. Nayib cuando salga del FMLN -que saldrá- tardará poco en intentar alcanzar sus aspiraciones personales con otro partido.

Lo de Bukele no es “antipolítica”, es simplemente el juego de un político inmaduro, ambicioso, agrandado, con acentuados rasgos narcisistas y con la falta de paciencia propia de su edad y de su escasa trayectoria y experiencia política. En mi opinión, sus críticas al Frente tienen poca credibilidad, no porque el Frente no tenga algunas de las deficiencias que señala el alcalde, sino porque están deformadas y contaminadas por la deslealtad y el oportunismo.

¿Pero no es un momento en que la decepción contra las cúpulas tradicionales puede sumar apoyos a este tipo de discursos?

Podría generar algunas simpatías si él mantiene ese discurso en contra de los partidos y de las cúpulas. Podría ocurrir como en cualquier parte los outsiders de la política lo han hecho. Efectivamente, capitalizan un momento de cierta frustración social con los partidos y se proclaman como profetas en contra de los partidos y ciertamente pueden tener algún nivel de éxito.

Del lado de la ciudadanía, ¿ve intenciones de involucrarse y mejorar el sistema o de deslegitimarlo?

Ambos. Veo protagonismos bastante sanos y movimiento y organizaciones de la así llamada -muchas veces mal llamada- sociedad civil. Veo movimientos de buenas intenciones, coadyuvantes, complementarios, que basan su valor en exigir a las instituciones y no en ponerles una carga de dinamita; que basan su movimiento en exigirles a los partidos y no de ir en contra del sistema de partidos.

Y veo también, en la sociedad civil y sobre todo en ciertos líderes de opinión, expresiones claramente antipolíticas, nítidamente antipolíticas. Y dentro del continente social de los partidos que vota por los partidos, que no quiere que haya partidos, a veces el nivel y la forma de la crítica tiene unas expresiones de inmadurez y de alharaca muy grande.

¿Algún caso en particular que muestre esta actitud?

Te voy a poner un ejemplo que ha estado muy presente en la vida nacional.

Algunos dicen que qué mal estamos y qué mal está la democracia y en qué grave peligro está la democracia porque el FMLN y la dirección del FMLN y Medardo González, cada vez que pueden, echan una diatriba contra las resoluciones de la Sala de lo Constitucional.

Yo digo: ¡qué bien estamos! ¿Qué expresa este nivel? Expresa que tienen molestia, el Órgano Ejecutivo y el poder político tienen molestia con el Órgano Judicial. ¿Y qué significa que tienen molestia? Que son independientes.

¿Y cuál es la esencia de la democracia? Que tengamos poderes independientes.

Entonces, los berrinches del FMLN los veo como una confirmación y muestra de lo saludable que tenemos la democracia y no como lo contrario, como lo ve mucha gente. ¿Y por qué no se puede hacer el berrinche? ¿Cuál es el problema si tenemos libertad de expresión? Si no acataran las sentencias, si crearan una crisis de Estado, eso sería un problema diferente.

Ahí sí compartiría la tesis de que qué mal, amenazada y precaria está la democracia. ¡Pero no es el caso! Las mismas cosas pueden ser materia de opiniones, no solo distintas sino que incluso contrarias.

Suelo decir que nosotros lo que tenemos son problemas de desarrollo de la democracia. Antes lo que teníamos eran problemas de falta de democracia.

Son problemas de naturalezas diferente. La sociedad civil hace cosas importantes en pro del sistema y tiene elementos de antipolítica que muchas veces son reacciones bastante exageradas y desajustadas. Reacciones que justamente no comprenden la democracia.

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Mientras usted ve esperanza y avances en el agregado, más allá de los retrocesos, hay otros que ven un futuro incierto. Particularmente en este ciclo electoral en donde puede haber una ausencia de Sala de lo Constitucional por muchos meses. ¿Es esto una percepción alarmista? ¿Es compatible que la sociedad vaya más o menos bien y luego haya un retroceso sustantivo?

Si de verdad va más o menos bien no va a haber un retroceso sustantivo. Uno de los dos calificativos va estar mal; o no es sustantivo el retroceso o no estaba tan bien, pero las dos cosas a la vez no creo que puedan ocurrir. Insisto en que hay mucho nivel de ansiedad, mucho nivel de alharaca y mucho nivel de coyunturalismo.

Recuerdo perfectamente una vez que estaba en un grupo de 30 o 40 personas y se atrasaban diciendo que iban a destituir a los magistrados de la Sala y que era el acabóse, el fin del Estado de Derecho y el golpe de Estado. Después de una hora y media que hablaron casi todos, alguien me preguntó que qué iba a pasar; y no en minoría, sino en soledad absoluta, dije: nada, no va a pasar nada, están equivocados todos. Y no pasó nada.

Igual ahora, para algunos era absolutamente imposible que ocurriera el acuerdo de pensiones. Yo no lo veía imposible. Es más, estaba seguro de que iba ocurrir lo que ocurrió.

¿Que podríamos tener un bache, un impasse, en el próximo año según salga la correlación de fuerzas en la Asamblea Legislativa? Sí, podríamos tener un impasse, un bache, un atraso en elegir Sala de lo Constitucional.

La primera Sala de lo Constitucional que se eligió con la nueva normativa después de los Acuerdo de Paz y de la reforma constitucional tardó dos meses también. Pero yo no veo que vaya a ser un problema inmanejable en ningún sentido.

Cuando se iba a elegir el fiscal anterior era una cosa que se caía el cielo y la tierra. Eligieron tarde pero eligieron un fiscal que creo que ha estado mejor que los anteriores, para ponerlo de esa manera.

Siempre digo que en política las cosas, y sobre todo los acuerdos y las soluciones realmente importantes, se hacen siempre faltando cinco para las 12. Lo que pasa que tú vas a encontrar mucha gente que desde las 11:15 ya tiene un nivel de ansiedad y de histeria increíble.

Me preocupa, más que ese tema de la Sala, que las elecciones salgan con un nivel de desorganización y por tanto de falta de credibilidad parecido al de 2015. Eso me preocupa más. Ahí sí estaríamos hablando, sobretodo por ser dos ocasiones continuas, de un problema importante porque justamente se trata de la legitimidad del poder emanado de las urna, que es la esencia y almendra de la democracia.

Desde la firma de los Acuerdos de Paz, El Salvador ha tenido todos los problemas que vos le querrás poner pero hay uno que jamás ha tenido y es justamente este. Puede haber berrinches y cosas pero no ha estado en discusión seria el poder emanado de las urnas.

En cambio, si empieza a haber un problema, caos y desorganización como el que hubo que 2015 es preocupante. Y desde luego, esta Sala de lo Constitucional que va a terminar en 2018 ha creado un precedente complicado, porque ha habido una línea de excesiva interpretación y de habitual desapego a los sentidos más obvios y a los significados más claros de la letra misma. La interpretación debe sobrevenir cuando la letra no es clara; pero cuando es clara la letra, no.

Creo que una Sala que ha interpretado tanto y que ha puesto tantos principios exógenos a la voluntad misma del legislador ha creado un precedente complicado. Estos por lo menos son decentes -los cinco que había y los cinco que hay. Si nos llega a salir una Sala de lo Constitucional con gente que no ha sido tan decente, con este precedente, será complicado.

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En un documental usted dijo que hace 30 años los jóvenes se hicieron cargo del país, más allá de las valoraciones sobre las decisiones tomadas. Hoy se habla de que los jóvenes están alejados de la política. ¿Cómo se logra un repunte de mayor compromiso y protagonismo en un contexto en el que los políticos son sinónimos de decepción en la opinión pública?

Francamente no lo sé. Parece que es un fenómeno de épocas. Hay épocas que son más espirituales, más intelectuales, y épocas que son menos en esa dirección. Por ejemplo, a unos jóvenes que dicen que todo está mal y no se meten a tratar de arreglarlo no los comprendo.

Pero me preguntas qué habría qué hacer con esos jóvenes, no lo sé. Están completamente aburguesados, acomodados, dan por garantizada toda su vida y por alguna razón no ven que tengan un rol en meterse a cambiar las cosas. Pero aún eso está cambiando.

Veo una media docena de expresiones de jóvenes desde hace tres, cuatro, cinco, seis años. Los veo que comienzan a estar muy involucrados, a pensar sistemática, periódica y ordinariamente sobre la política, sobre los problemas del país.

Se ven, por ejemplo, en las páginas de este Diario. Sinceramente, no es porque yo esté en El Diario de Hoy, pero veo mejor esta plataforma que otras. No es la única, pero si tú anotas la cantidad de jóvenes que están comenzando a escribir periódicamente se observa algo importante. Por supuesto no todos son buenos, pero no todos los viejos son buenos tampoco. Entonces veo expresiones de compromiso de jóvenes ahora más que hace 10 o 15 años. Pero en general sigue siendo válido decir que hay una apatía.

¿En qué se evidencia esta apatía?

Lo ves en las cifras de muchachos que iban a cumplir años a tiempo para votar en 2018 y que podían, aún no habiendo cumplido años, tener la prerrogativa de estar en el registro del padrón electoral y no la utilizaron.

La mayor parte de los que tenían esa prerrogativa no les interesó, siendo un trámite tan sencillo. Entonces a nivel sociológico el fenómeno dominante sigue siendo apatía, como forma de expresión del desencanto y no de luchar para cambiar las cosas.

“Para terminar el quinquenio con mejores resultados habría que hacer cambios en el equipo de gobierno”: Salvador Samayoa

Además, para el observador político, los errores de uno y otro bando han provocado que la Sala de lo Constitucional deba dirimir asuntos que debieron resolverse en la arena política.

Salvador Samayoa hizo una evaluación del tercer año de gobierno de Salvador Sánchez Cerén. Foto de Archivo.

Entrevista de Enrique Miranda y Ricardo Avelar, 2 junio 2017 / EDH

Salvador Samayoa ve que en el país no hay una tradición de caudillismo que haga pensar que haya espacio para un líder mesiánico. Todavía ve una institucionalidad fuerte y cree que el tema de la seguridad pública y la reforma de pensiones puede llegar a buen puerto si el partido oficial logra entablar acuerdos con el resto de partidos políticos. Acá sus respuestas sobre diversas áreas de los tres años de Sánchez Cerén:

Tras un congreso del FMLN, se definió una línea estratégica que dejaba preocupación por su poco compromiso con la institucionalidad. ¿Es en la práctica el camino consciente del FMLN? ¿Están debilitando las instituciones?

No creo que están debilitando las instituciones. Pecan más de pensamiento y de palabra que de obra. Si la oposición política y social fuera más débil, tal vez el FMLN caería en la tentación de suprimir la independencia de poderes, a juzgar por su amistad e identificación con regímenes antidemocráticos, como el de Venezuela.

Sobre una posible incapacidad en la gestión, ¿hacia dónde debería transitar el FMLN para terminar este gobierno con mejores resultados? ¿Qué rol debería jugar la oposición en este proceso más allá de solo denunciar los errores?

La incapacidad es relativa. El gobierno tiene áreas que maneja de manera aceptable y áreas muy deficientes. Para terminar el quinquenio con mejores resultados y con mayor sentido de concordia y de unidad nacional, habría que hacer cambios importantes en el equipo de gobierno, y habría que llegar muy pronto a un acuerdo fiscal que le dé oxígeno y estabilidad al gobierno a la vez que desmonta o alivia las ansiedades y desconfianzas de otros sectores. Lo más necesario en este momento es la confianza para dinamizar la inversión, el crecimiento y el empleo.

Crisis de medicamentos y convulsión a nivel laboral

Hemos visto ataques duros a la Sala de lo Constitucional, denuncias del grupo promotor de que el Gobierno se quiere tomar el Instituto de Acceso a la Información y denuncias de los empresarios por saltarse el procedimiento del aumento al salario mínimo, entre otros. ¿Está en riesgo la institucionalidad del país?

Creo que no hay que exagerar los riesgos, pero tampoco podemos dormirnos. La clave está en la correlación de fuerzas que surja en las elecciones del 2018. Mientras haya un conjunto de partidos que respetan la democracia y que cuentan con dos tercios de los votos en la Asamblea, no hay mayor problema, aunque difieran en otros temas de la agenda nacional.

Si hubiese un ánimo de debilitar las instituciones y desconocer las reglas del juego democráticas, ¿qué caminos tiene El Salvador para no seguir la senda de otros países que han erosionado la institucionalidad?

Las preguntas son un poco reiterativas y todas parten de la premisa de una amenaza inminente a la democracia en nuestro país que yo no comparto. En todo caso, el antídoto a esa amenaza es la construcción de partidos fuertes, mayoritarios de preferencia, la preservación de medios de comunicación independientes y la vigilancia permanente para evitar la corrupción en la Fuerza Armada. Los pueblos que cayeron en las garras de regímenes autoritarios o dictatoriales descuidaron esas tres cosas.

Tres años de amenazas constantes a la institucionalidad

Si El Salvador sigue sin demostrar mejoras en servicios públicos y sin mejorar sustancialmente la inseguridad, ¿puede el descontento llevarnos a optar por liderazgos antipolíticos y mesiánicos? ¿Es el arraigo partidario suficiente para derrotar este fenómeno?

No creo que en El Salvador ocurra algo como eso. El sistema de partidos en nuestro país, con todas sus deficiencias, es más sólido que en los otros países de Centroamérica. El caudillismo, como en Nicaragua o Venezuela, es ajeno a la historia y a la cultura de los salvadoreños. Es posible -nos ocurrió hace poco- que algún político mediático nefasto sorprenda la buena fe de los electores, pero no veo probable un fenómeno de mesianismo. Dicho esto, es obvio que a mayor desesperación de la gente por la inseguridad y el desempleo, mayor el riesgo de implantación de algún liderazgo de este tipo.

Pensando a mediano plazo y en vista del mal desempeño de ambos partidos, ¿qué tan sostenible es el “bipartidismo salvadoreño”?

No tenemos un bipartidismo estrictamente tal, como en los Estados Unidos o como en Honduras hasta hace poco tiempo. Tenemos predominio de dos partidos más fuertes que los demás, pero siempre hay dos o tres partidos con suficientes votos para darle juego y vigencia efectiva al sistema de contrapesos, aunque en ocasiones han prestado “servicios de gobernabilidad” con pautas de corrupción.

15,700 homicidios en estos tres años de gobierno

La reforma de pensiones es la gran batalla del Gobierno y ya hay tres propuestas: la del FMLN, la de la Sociedad Civil y la de Gana. ¿Cree que se logrará una solución técnica o será más política en este tema?

Creo que la discusión se ha ido depurando con el paso de los meses. No es ahora tan enconada como a fines de 2015 y los primeros meses de 2016. El FMLN sabe que no tiene los votos para el modelo que quería impulsar y sería poco inteligente que insistiera en un camino que no va a ninguna parte. La propuesta de la ICP tampoco es la panacea. Tiene unos supuestos muy discutibles. La propuesta de GANA no es confrontativa. En este punto todos saben que es hora de una buena y pronta negociación.

En Seguridad Pública se ha pasado de una tregua a mano dura en los penales y un discurso a favor de la prevención, pero la escalada de violencia sigue. ¿Qué hace falta al gobierno para sacar adelante este tema?

Creo que el gobierno ha avanzado un buen trecho en el combate a las pandillas, que constituyen el principal factor de violencia en el país. Creo que debe seguir en esa línea de combate, sin incurrir en abusos o violaciones de derechos humanos, y debe poner un esfuerzo convincente en el componente social de la estrategia, particularmente en el mejoramiento de barrios populares y en la transformación de las escuelas e institutos que sirven a esos asentamientos.

Bajan los homicidios pero sigue la inseguridad

Le queda un año a esta Sala de lo Constitucional considerada independiente por todos menos por el FMLN. ¿Qué escenario vislumbra para la elección de los nuevos cuatro magistrados si se mantiene la correlación legislativa actual en 2018?

Habría sido mejor que la Sala tuviera menos protagonismo y suscitara menos ansiedades y anticuerpos, pero los errores del FMLN y la incapacidad de la oposición han terminado cargando a la Sala con muchos conflictos que debieron dirimirse en instancias políticas. Eso ha convertido la elección de los próximos magistrados en la madre de todas las batallas. Si el FMLN no corrige discurso y no rectifica pronto y de manera efectiva algunas áreas estratégicas de su gestión, podría perder escaños de los 31 que actualmente tiene. En ese escenario, la elección de magistrados sería difícil, pero viable. Si el FMLN obtiene al tercio del veto, será muy complicada la elección de magistrados independientes.

Lo que falta por andar. De Salvador Samayoa

Salvador Samayoa, 2 junuo 2017 / EDH-Observadores

Cada vez que se cumple un año de gobierno, el presidente rinde su informe al tiempo que las casas encuestadoras y la “comentocracia” del país dedican extensos espacios al análisis de su desempeño. La evaluación se hace como cada uno la entiende, o como a cada uno le conviene. Defensores y detractores van a lo suyo. Unos a exaltar las muchas buenas obras del gobierno, otros a proclamar lo mal que está todo y lo mal que se hace todo. No es el día nacional de la ecuanimidad. La crítica, aunque sea injusta o excesiva, es mejor que la apología para la salud de la democracia. Al poder –ya se sabe– es mejor llevarlo corto.

En ese sentido, cuando se trata de evaluar al gobierno, la condescendencia está fuera de lugar. La vara de medir no puede reducirse al reconocimiento de un listado de obras realizadas o de servicios públicos prestados. El gobierno central es una empresa con casi 140,000 empleados y miles de millones de dólares para gastar. Es obvio que algunas cosas hará. Faltaría más. Con esa cantidad de recursos -y con mucho menos, por cierto- se pueden hacer bastantes obras. Pero la esencia, el sentido, la razón de ser del gobierno y, por tanto, la vara con la que debemos medir su desempeño está en otra dimensión. Aquí y en cualquier parte del mundo, la gente quiere ante todo seguridad, libertad y buenos empleos. Lo demás puede ser útil y bien recibido, pero los pueblos juzgarán siempre a sus gobiernos por estas tres condiciones fundamentales.

Cuando la gente opina sobre la situación económica, no está pensando en el índice Dow Jones, en el déficit fiscal o en la tasa LIBOR. Esa es jerga de elites. La gente sabe bien si tiene o no tiene trabajo, se vende o no vende, si están abriendo o cerrando fábricas, si lo que gana alcanza o no alcanza para vivir. Por supuesto, si no tiene ingresos buenos y estables, necesitará y pedirá ayudas, tal vez en forma de “programas sociales”, pero lo que más quiere, lo que realmente sirve a su dignidad y a sus aspiraciones, lo que realmente le da bienestar es tener un buen empleo o una buena empresa propia para andar por la vida sin muletas, con la frente en alto y con el optimismo a flor de piel.

Desde esta perspectiva, la evaluación del desempeño del gobierno es negativa y así lo expresa la gente en las encuestas. La economía está estancada o reduciendo sus factores de crecimiento, los empresarios se quejan de trabas burocráticas, hostilidad en oficinas de gobierno y desincentivos de índole diversa. En materia de seguridad no se ve todavía la luz al final del túnel, y en materia de libertades, las capas medias y las elites viven preocupadas por las frecuentes adhesiones partidarias y oficiales a regímenes autoritarios o dictatoriales. Esta conclusión o balance general se puede sostener sin caer en el fanatismo y la ceguera de los que no pueden reconocer áreas administrativas aceptables o buenas obras en la gestión gubernamental.

En estos días se derramarán ríos de tinta y se subirá al ciberespacio cualquier cantidad de “gigabytes” en elementos de información y de valoración sobre el último año, o sobre los tres años que lleva en la presidencia Salvador Sánchez Cerén. Algunos se referirán con mayor hondura a los ocho años de gobierno del FMLN, y bien merecidos tendrá el partido los palos que le caigan por no haberse distanciado nunca de tan funesto predecesor. Pero además de este necesario y entretenido ejercicio de poner la vista atrás, también será útil pensar en el futuro, en los dos años que restan al gobierno del presidente Sánchez Cerén.

Viendo hacia adelante, son bastante claros los asuntos que el gobierno debe cambiar para mejorar significativamente su gestión. El primero, sin duda, es un fuerte viraje de timón en todo lo que concierne al clima de inversión. A diferencia de su predecesor, el presidente Sánchez Cerén no ha caído en la acritud de las diatribas furibundas y las amenazas cotidianas al sector empresarial, pero muchas decisiones y manejos en su partido y en diversos sectores de su gobierno, algunos del tipo de insufribles trabas burocráticas, otros del tipo ideológico antiempresarial y otros, especialmente los manejos fiscales, directamente obstructivos, han minado de manera severa la confianza de los inversionistas, hasta el punto de dejar al país en los niveles más bajos de inversión en toda la región. Es hora de una apuesta consistente por el círculo virtuoso de confianza-inversión-crecimiento-empleo-bienestar social-sanidad fiscal.

Y hablando de sanidad fiscal, el problema de las finanzas públicas ha estado consumiendo la presidencia de Sánchez Cerén. Según datos del FMI, heredó un pesado aumento de casi 2 % del PIB en remuneraciones, correspondiente al último año de Saca y a los cinco años de Funes. Según la misma fuente, el déficit fiscal aumentó en ese mismo período casi 1 % del PIB, y la deuda pública 8 % del PIB. Habiendo optado por la inercia de la continuidad, el gobierno ya no pudo, o no quiso, o no supo cómo frenar en esa bajada fatal.

Ahora está contra las cuerdas. Ahora tiene que llegar muy pronto a un acuerdo con la oposición para el ajuste fiscal y el financiamiento de corto y mediano plazo de toda la actividad gubernamental. El arreglo está avanzado y no es tan complicado, pero el gobierno tendrá que hacer concesiones en pensiones y tomar un par de cucharadas amargas para comenzar a sanar. Si no lo hace, mejor dicho: si no lo hace ahora, vendrá una crisis desastrosa e inmanejable con altísimos costos para la presidencia, para el partido y para toda la población.

En otro orden, de menor sustantividad pero de considerable conflictividad, el gobierno tendrá que reconsiderar su política exterior y su estrategia de seguridad. Las dos minas le pueden estallar. Cuando terminen los discursos del tercer año de gobierno, estos son los retos que deberá enfrentar.