Mes: noviembre 2015

Presidente reprobado: Encuesta LPG-Datos

El 53 % de los salvadoreños desaprueba el trabajo realizado por Salvador Sánchez Cerén en su primer año y medio de trabajo. Esta es la cifra más baja obtenida por un mandatario en los últimos 11 años.

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Edwin Segura, 30 noviembre 2015 / LPG

La mayoría de salvadoreños desaprueba el trabajo que ha realizado el presidente Salvador Sánchez Cerén en el primer año y medio de su gestión, según la encuesta más reciente realizada por LPG Datos, la unidad de investigación social de LA PRENSA GRÁFICA.

Para este estudio fueron entrevistadas 1,200 personas mayores de 18 años, seleccionadas aleatoriamente en todo el país entre el 13 y el 16 de noviembre. Lo anterior permite hacer inferencias sobre el total de población con un nivel de confianza del 95 % y un margen de error del 2.9 %.

Una de las primeras preguntas que se hizo a los entrevistados fue la siguiente: El presidente de la República está a punto de cumplir un año y medio en el cargo, ¿usted aprueba o desaprueba el trabajo que ha realizado Salvador Sánchez Cerén como presidente hasta el momento?

El 38.1 % de los entrevistados dice que aprueba el trabajo realizado por el presidente, mientras que el 52.8 % lo desaprueba. LPG Datos comenzó a hacer encuestas trimestrales de evaluación en mayo de 2004, y desde entonces le lleva el pulso a la nación. Esta es la encuesta de evaluación presidencial número 46, y es la primera vez que un presidente es desaprobado por más de la mitad de los ciudadanos.

A los entrevistados también se les hizo la siguiente pregunta: en una escala del cero al 10, donde cero es la calificación más baja y 10 la más alta, ¿con cuánto califica el trabajo hecho por el presidente durante su primer año y medio de gestión? La nota promedio otorgada al mandatario ha sido de 5.1.

Los ciudadanos consideran que el principal fracaso del presidente, hasta el momento, está en el campo de la seguridad pública y en la generación de más empleos. Este año ha sido particularmente difícil en este aspecto, ya que el país ha padecido una de las escaladas de homicidios más alta, desde la firma de los Acuerdos de Paz.

La gente reconoce como logros una serie de programas que se ejecutan en las escuelas como la entrega de paquetes escolares, el programa “Vaso de leche” y “Un niño, una niña, una computadora”. La educación es, en suma, el aspecto mejor evaluado del Gobierno.

En cuanto a funcionarios, la gente opina que quienes han hecho mejor su trabajo son el encargado del área de Obras Públicas, Gerson Martínez; el vicepresidente, Óscar Ortiz; y el ministro de Educación, Carlos Canjura.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Francisco de Sola: “Población no dejará que el FMLN rompa la institucionalidad”

Llama al FMLN a dejar el lenguaje confrontativo y descalificante. Le pide al gobierno generar confianza para unir al país alrededor de proyectos de país como el enfocado a la seguridad.

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Francisco de Sola, ex-presidente de FUSADES y miembro del Consejo Nacional de Crecimiento que la Presidencia constituyó con algunos empresarios a petición del gobierno de Estados Unidos

 

30 noviembre 2015 / EDH

diario hoyPara el ex-presidente de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (Fusades), el congreso del partido oficial FMLN ha enviado un mensaje “peligroso” y confrontativo al no ocultar su propósito de impulsar su socialismo, hacerse con el control de la Sala de lo Constitucional y crear un Estado que controle todo.

Para Francisco De Sola, el propósito del FMLN de ser un partido hegemónico significa un ataque a la institucionalidad que no resuelve los problemas más acuciantes que viven los salvadoreños, en particular la inseguridad y el débil crecimiento económico ante la falta de confianza para generar empleo, inversión local y extranjera.

Y esa confianza, dice, no se está edificando, sino al contrario, los mensajes que se están enviando desde el partido y el gobierno  ensombrecen el clima para la inversión.

Por otra parte, plantea que la falta de transparencia y comunicación efectiva hacen que no se vea un plan contra la delincuencia y que no invite a unirse todos a ese plan.

Pero más allá de las observaciones, De Sola enfatiza en esta entrevista concedida a El Diario de Hoy, la importancia de proponer y de que surjan “estadistas” desde los partidos con voluntad de  aportar, pero además la necesidad de que el gobierno escuche.

Se han hecho críticas a los planteamientos en el congreso del FMLN de que no es lo más conveniente para el país. ¿Cuál es su visión o llamado a que se genere apertura y diálogo y no enfrentamiento?

Yo coincido en que la ocasión que usó el Frente en su Congreso para que se divulgara su pensamiento en los tres documentos es desafortunado, primero porque lleva un lenguaje sumamente confrontativo y descalificante.

Segundo, que allí estén los principales mandatarios del Ejecutivo, Legislativo y de las bases del partido arropándose en este mensaje, y en especial el presidente de la República, que es el presidente de todos.

Eso desanima a todos los que  creemos que el país es de todos y debemos convivir.

También siento que es desafortunado porque aquí le están hablando a una nueva generación de correligionarios del Frente, que es la generación post Acuerdos de Paz, y esto les infunde rencor, odio, una serie de pensamientos que no son conducentes a ponernos de acuerdo sobre la ruta que debe seguir este país.

Sin embargo, esa es una oportunidad porque indiscutiblemente despierta a la población de que aquí hay que hacer lo posible para ponernos de acuerdo y cambiar de rumbo, y pronto porque vamos muy mal.

¿Y cuál es su llamado?

Mi llamado es a los estadistas de los partidos, y de la sociedad, gente apta que tenga una visión de futuro y de país para tomar esta oportunidad y comenzar a dialogar sobre los temas críticos que nos aquejan.

¿Cuáles son esos temas?

El primero y más obvio es la inseguridad que nos tiene en vilo a todos, no hace distinción de ideología ni de clase; el segundo es empleo, básicamente porque empleo mueve todo, mueve la economía, da dignidad y es el motor del crecimiento, y no lo tenemos.

El tercero es uno fundamental para nuestra democracia y es la institucionalidad. Las leyes y las instituciones nos hacen libres y eso está en acecho, clarísimamente.

Y el último es la transparencia y honestidad. En la población existe una clara y manifiesta, quizá sutil, de que aquí no estamos obrando sobre la mesa limpia y hay mucha gente que se está aprovechando indebidamente, que nos falta sacar a la luz pública para enjuiciar, apartar o condenar lo que se está haciendo mal.

En Venezuela los dirigentes están diciendo que no entregarán el poder aunque gane la oposición. ¿Qué están haciendo los actuales gobernantes del país siguiendo ese denominado faro de luz?

Aquí no hemos llegado al grado de permisibilidad o ausencia de instituciones que permitan eso, honor a nuestra Constitución y al desarrollo político que hemos tenido desde los acuerdos de paz; sin embargo, los lenguajes que se oyeron en ese congreso y que están plasmados en los lineamientos casi indican que pudiera ser una posibilidad de que ocurran estas cosas.

Mi llamado es que tenemos que ser transparentes y abiertos al diálogo para que la población esté muy alerta a las señales que puedan existir de torcer las reglas del juego democrático y de nuestra estructura constitucional.

El FMLN  es una fuerza política de respeto y tienen el derecho de decir lo que quieran hacer, pero también deben saber que hay cosas que no se deben hacer y que no se pueden hacer porque la población no se los va a permitir.

Los pragmatistas filosóficos decían algo muy sencillo pero muy potente: democracia es una conversación y si se  cesan las conversaciones ocurren cosas como en Venezuela.

La conversación es también una voz de alerta: usted no me va hacer cosas indebidas a mí, usted me puede descalificar,  pero eso no me va a parar para seguir trabajando por lo que yo creo.

Como Usted dice, no hemos llegado a cierto punto, pero se plantean situaciones peligrosas como el ataque a la Sala de lo Constitucional.

Institucionalidad es uno de los temas clave porque en la medida que un partido político o un grupo no-partido desprestigie, descalifique y ataque con lenguaje muy agresivo a una de las instituciones clave de esta estructura democrática constitucional que tenemos, causa que la población se obnubile y pierda confianza en esa institución. Y cuando  amenazan elegir como miembros de esa Sala gente partidista, que lleve la línea del partido realmente hay que decirlo, no se va a poder, no vamos  a dejar hacerlo.

Y habrá todo tipo de reacciones dentro de una democracia para evitar que eso ocurra, y como lo han dicho casi literalmente en estos documentos, la reacción es lógica, esto no se debe dejar cumplir.

¿Se recurriría a todos los medios legales para impedirlo?

Ese es el punto.

Ya se ha expresado muchas veces un ataque directo.    Otra institución fundamental es la Fiscalía, y es clave tener una esctructura allí comandada por funcionarios públicos que tengan el estado de Derecho como su misión, su dogma y su mantra. Y ahora  que vamos a elección, esa debería ser la  sine qua non del siguiente Fiscal.

¿Qué otras cosas no debe hacer el FMLN?

Un Estado omnipotente o   con hegemonía de un solo partido es una receta para irnos a un mundo de pobreza porque se tuercen las libertades… la economía se desvirtúa y no es lo que quieren los salvadoreños. Si uno va a lo económico, tenemos un clima de inversión muy malo por una serie de razones y allí hay ciertas cosas que a saber qué quieren hacer.

¿Sobre todo porque tocan el motor de la economía y buscan un Estado controlador?

Un tema que está en la mente de todos es las pensiones, porque la amenaza está en que los ahorros de los que están en este sistema puedan ser trastocados o pudieran desaparecer, y eso no se debería hacer, no se debería cambiar el sistema.

Para crecer necesitamos establecer reglas de juego que mejoren el clima de inversión, y eso se llama confianza. La confianza se desaparece instantáneamente con lenguajes agresivos y promoviendo leyes que son muy peligrosas como la imprescriptibilidad del delito fiscal. Esa es una catástrofe para el pequeño y mediano empresario, para no decir los grandes empresarios.  Las leyes contra la libertad de expresión generan una desconfianza terrible.

¿Vemos cada vez más cargas tributarias, no se sabe cómo se administra ese dinero y la población ya no aguanta?

Para mí, la cifra más llamativa del Digestyc es que necesitamos cada año 60 mil o más empleos para salir adelante y no estamos ni cerca de eso, porque hay más desempleo y mucha más informalidad, cuando existe eso y la economía no crece no le entra al Estado suficiente dinero para poder hacerle frente a sus gastos, y por eso se generan nuevos impuestos  que no necesariamente van a resolver el problema. El problema se resuelve creciendo y poniendo a la gente a trabajar, invirtiendo y atrayendo más inversión de afuera, entonces el enfoque es el que está equivocado. Tampoco tenemos claridad de porqué se está gastando tanto y no se está generando más empleo. Eso genera un círculo vicioso: se endeudan más, hay más impuestos y reducen la confianza  para revertir eso.

¿Qué propuestas tiene usted en materia de seguridad?

La población no entiende cuál es el plan ni cuál es la estrategia, están subiendo los asesinatos, los extorsiones, crece la angustia, y de lo que sí se habla es de cuánto nos va a costar algo que no entendemos. Es una irracionalidad de ellos. Primero, no vamos a resolver la violencia y la prevención si no nos unimos todos; un solo partido o una sola institución no lo va a resolver, pues entonces hay que comunicar para que haya un liderazgo idóneo al reto, y francamente no existe todavía. Seamos objetivos, el FMLN está al mando del Ejecutivo y hay que apoyarlo en la medida que cumpla y nos convenza de que hay un plan que nos unirá a todos para combatir esto y darle el apoyo que se merece.

¿Percibe usted un plan de seguridad, acción del gobierno?

Yo por lo menos no veo cuál es el plan y yo estudio estas cosas, y estoy ansioso de oír un plan coherente, bien estructurado que yo pueda creer, porque me angustia que no estamos haciendo  lo que necesitamos hacer para generar confianza de que ya vamos por el buen camino.

¿Qué otro elemento es clave?

No hay que inventar la rueda, En Colombia se manejó un problema igual o más grave que el nuestro con un llamado a la población que respondió monetariamente para enfrentar el problema, trascendiendo gobierno y fue manejado en una forma público-privado muy inteligente. Y yo sí tengo que marcar aquí que veo una muy gran resistencia de este gobierno en aceptar esa idea, y esa es una de las primeras ideas que hay que convencerlos que hay que hacer.  Es un cúmulo de dinero enorme que va a tomar muchos años en ser desembolsado y entre más profesionalmente se maneje es mejor para todos, eso da confianza y la gente se une en un proyecto así.

¿Qué se necesita hacer en materia de transparencia?

Lo que ha ocurrido en Guatemala es icónico e impresionante, allí ha funcionado, no fue fácil… copiar el modelo de Guatemala posiblemente para la situación nuestra no es lo mejor pero sí el objetivo es claro: eliminar la impunidad, establecer el estado de Derecho,  mejorar  la investigación y el sistema judicial, a través de un esfuerzo de apoyo con injerencia directa y cuanto más pronto lo hagamos mejor, eso va a traer otra vez confianza de la gente en su gobierno.

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País aún tiene oportunidad de unirse, afirma De Sola

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30 noviembre 2015 / EDH

diario hoyPese a sus problemas y diferencias para el empresario Francisco De Sola, el país aún tiene la oportunidad de un reencuentro entre los distintos sectores y para ello hay que dejar de lado las ideologías o dogmatismos y aprovechar el “remanso” de las campañas electorales.

Para De Sola, la situación financiera “demanda que los estadistas se pongan de acuerdo y encuentren solución” a los problemas. Pero apunta una tercera razón para darse esa oportunidad: el país no puede seguir viendo solo hacia adentro y ver hacia afuera, pues a su juicio somos el país menos competitivo de Centroamérica.

“Los vecinos están buscando inversionistas afuera, nosotros no hacemos eso… Entonces la situación económica competitiva nos impone que nos pongamos de acuerdo”, afirma De Sola y ejemplifica en que hace 20 años éramos una potencia cafetera y que ahora Nicaragua produce 4 millones de quintales y Honduras 8 millones, nosotros no llegaremos a 600 mil.

Eso se debe, añade, a “que ha habido un colapso del sistema”, no se está reactivando el agro como se dice, mientras la violencia y la falta de atención y de seguridad tienen despoblado el campo.

“Este es el momento de desgranar las diferencias hacia los meollos, al ADN de los problemas, y estamos de acuerdo en muchas cosas: la pobreza hay que derrotarla, la injusticia también, la democracia hay que enriquecerla”, insta.

Pero insiste que faltan estadistas que devuelvan la confianza, pues el desánimo “es muy peligroso” y si la gente no sabe a dónde va, no le alumbran al final del túnel y el ruido alrededor es negativo, descalificante, despectivo, nace una verdadero desencanto.

Ve “peligrosísimo” que los salvadoreños caigan en la apatía a la situación de violencia y corrupción, y que no exija cuentas a sus gobernantes.

En ese contexto, De Sola aplaude que desde Probidad se están dando pasos “muy buenos” en la investigación del enriquecimiento ilícito de los funcionarios públicos.

Pero además insta a otras instituciones a ser transparentes en el manejo de los recursos. Por ejemplo, dice que la CEL debió haber explicado detalladamente cómo se tomó la decisión de hacer un pago millonario por los trabajos inconclusos de la presa El Chaparral y despejar dudas.

En ese caso, personas como el expresidente Mauricio Funes no deben sentirse ofendidas porque se exija cuentas por eso, sobre todo porque él “hizo su carrera atacando a gente corrupta”.

¿Están surgiendo propuestas al Gobierno y este está escuchándolas?, se le pregunta a De Sola. “Propuestas hay, pero si escuchar redunda en acción no es suficiente”, dice, pues se hace poco por hacer que fluya el comercio a causa de la burocracia. “Del dicho al hecho hay mucho trecho”, añade el empresario.

De Sola insiste en que oportunidad hay para unirse en un proyecto de país y dejar lenguajes “antidiluvianos” que no abonan. “En el caso personal, aparecemos nombrados como la gente más terrible del mundo y culpables de todos los problemas del país, pero mi actitud es: a mí no me van a sacar de aquí, yo voy a seguir diciendo lo que necesito decir y trabajar por un mejor país”, apunta.

Apetitos. De Cristian Villalta

Si vivir fuera sobrevivir, nadie les necesitaría. Pero en un país como el que sufrimos, para vivir o para sobrevivir se necesitan esperanza, inspiración y una luz.

CRISTIAN VILLALTAChristian Villata, 29 noviembre 2015 / LPG
la prensa graficaAntes, cuando el Estado aterrorizaba sistemáticamente a los salvadoreños, muchos ciudadanos encontraron inspiración en la militancia. Resistir fue un concepto poderoso y muy gráfico en aquellos años; la vida podía tratarse de resistir al enemigo, fuera este el establishment y sus siniestros guardianes, o la utopía y su brazo armado. Ese espíritu de resistencia, esa conciencia de que cada día era singular, de que se estaba escribiendo la historia, inspiró a una generación de modo transversal, y afectó a otra irremediablemente. La revolución y cómo el país la atajó es un tema que desvelará persistentemente a ambas generaciones, inconformes todos por igual.

Resumir esa época es difícil. Sin aldea global, sin world wide web y sin la hiperconectividad a la que nos hemos acostumbrado, fuimos malinformados y desinformados de tal suerte que, aún con los esfuerzos de reconstrucción histórica de unos y otros, sólo intuimos quién cometió qué, y rellenamos las lagunas con una mezcla de evocación heroica y morbo criminalístico. Preferimos evocar esa era, y lo hacemos a través de aquellos personajes en los que nuestros padres creyeron, políticos, gente de armas, líderes sindicales, ideólogos de ambos bandos…

La mayoría de esos hombres y mujeres ya fallecieron, pero sus ideas, por hermosas u horribles que hayan sido, quedaron clavadas en el corazón de sus sobrevivientes. Por pensamiento, palabra, obra u omisión, el futuro del país seguirá ligado a ellos durante décadas. De eso se tratan los líderes.

Nunca admitiré que algún tiempo pasado haya sido mejor, y mucho menos uno en el que murieron tantos de nuestros mejores compatriotas. Pero debemos aceptar que desde entonces, la pobreza de los liderazgos políticos y sociales en El Salvador ha sido paulatina, profunda, irreversible. Ni izquierda ni derecha produjeron más contenido, ni renovaron exitosamente su visión sobre el futuro del país ni la modernización del Estado. Si el FMLN perdió gente brillante durante la guerra, qué decir de los cerebros que dejó fugarse en tiempos de paz merced a su ofuscamiento. En Arena, una vez el lenguaje guerrerista cayó en desuso, advino una confusión que persiste hasta nuestros días, sin más iniciativa que la de las formas (desde el saquismo hasta los megáfonos), resignada a no renovar su fondo. Y en la sociedad civil, es más frecuente encontrar títeres de los poderes fácticos que líderes de opinión.

¿Qué nos queda entonces? La iglesia.

La iglesia salvadoreña acompañó, consoló y reivindicó con mano firme y convicción durante los años más crudos del conflicto. Lo hizo con ideologización en algunos lados, por estricto compromiso evangélico en otros, a la altura de las circunstancias en muchos casos, católica y protestante por igual.

En la paz a la usanza de Maximiliano, en la paz a la usanza de los delfines del PCN, en la guerra, en la postguerra, en todas la iglesia salvadoreña jugó un papel decisivo; siempre hubo una grey a su merced y a su cuidado, encontrando alivio en el servicio del clero, un servicio que osciló desde catalizar espiritualmente las ansiedades hasta el sacrificio de un mártir. Sí, en el país de los asesinatos, la iglesia puso sus mártires.

Pero esta semana, hemos comenzado a enterarnos que en el país de las víctimas, la iglesia también produjo víctimas. Algunos en el clero abusaron de su posición de autoridad para cometer delitos, traicionando sus votos y embaucando a sus feligreses durante décadas.

Podemos lidiar con la pobreza de nuestros líderes políticos y sociales, con los impresentables gobernantes que hemos tenido. Los cada vez más conocidos excesos de algunos ex funcionarios ya no nos sorprenden, burdos ladrones, mafiosos de cuarta. Pero, ¿qué corazón puede quedarle a nuestra sociedad si se confirma que nuestros sacerdotes y pastores no fueron más fuertes que sus apetitos?

Ellos, los que debían convencernos de que vivir no es sólo sobrevivir, ¿tampoco se resistieron?

El tiempo de las iglesias. De Mario Vega

Mario Vega, pastor de ELIM

Mario Vega, pastor de ELIM

Mario Vega, 30 noviembre 2015 / EDH

diario hoyEl ingreso a una pandilla fue durante años un proceso meritorio en el que el aspirante debía ir cumpliendo con pruebas de lealtad. Todo comenzaba con un primer contacto.  Éste no era difícil de conseguir pues las pandillas conviven en las comunidades y son parte de ellas. Todos sus pobladores, directa o indirectamente, tienen mayor o menor contacto con los miembros de pandillas.  A ello seguía la simpatía. Siempre era una iniciativa del aspirante. Pero, el ingreso a una pandilla no podía darse por una simple simpatía. El postulante debía mostrar algún signo de compromiso y eso le llevaba a la fase que fue conocida como “chequeo”. Ésta consistía en realizar labores de información, vigilancia, favores y otros que permitían al aspirante ir acumulando méritos. Finalmente llegaba “el brinco”.  Éste era el ingreso oficial a la pandilla que suponía un rito donde el postulante debía pagar un precio. Por años se trató de una golpiza grupal durante varios segundos. En caso de ser una joven el precio de la lealtad podía ser diferente. Pero, de cualquier manera, siempre era un costo que el aspirante debía pagar.

Ese fue el código durante años. No obstante, con la actual ola de fuerza bruta en la guerra entre Estado y pandillas, las normas han cambiado. Las pandillas saben que no están preparadas para un enfrentamiento abierto contra las fuerzas del orden público. Sus principales necesidades son de armamento, entrenamiento y nuevos miembros. De ser una aspiración individual, el ingreso a la pandilla se ha convertido ahora en un reclutamiento que a veces es deseado y a veces no. Se trata de un reclutamiento universal y obligatorio. La única excepción que va quedando es la de aquellos niños y jóvenes que llevan una vida activa en una iglesia. A quienes viven de manera auténtica y dedicada la fe cristiana, las pandillas les respetan y no les molestan. En su cosmovisión, existe un respeto y una distancia con respecto a Dios, las iglesias y las personas que allí asisten. Cuando saben que un joven es un cristiano devoto, no le molestan y tampoco intentan reclutarlo.

Hoy, más que nunca, es cuando la historia ha llevado a las iglesias a un lugar que no buscaron; pero que su propia naturaleza y misión les han llevado a asumir. Por más de cien años las iglesias evangélicas se han dedicado a la atención y formación de los niños. Nadie sabe a ciencia cierta cuántas iglesias hay en El Salvador. Pero, a juzgar por los datos de las denominaciones mayores, un dato conservador rondaría las 4,000. Cada una de esas iglesias tiene un trabajo semanal de formación para docenas de niños. Juntas totalizan una cantidad nada despreciable de menores. Dadas las actuales condiciones, es el tiempo de las iglesias para ser más intencionales en su alcance de niños y jóvenes para salvarles, literalmente, de la muerte.

Paradójicamente, la mayor dificultad para alcanzar esa meta es la inconciencia de las mismas iglesias en reconocer el rol que las condiciones les han asignado. Hace falta una sensibilización que debe comenzar por los ministros de culto y que luego se debe contagiar a ese poderoso voluntariado que son los cristianos sinceros. La meta debería ser relacionar al doble de niños con un compromiso serio de fe. Haciendo eso, las iglesias darán un aporte inestimable que nadie más puede dar, en esa dimensión, en esta hora oscura.

Cultura de la impunidad. De Erika Saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 30 noviembre 2015 / EDH

diario hoyA medida pasan las noticias, los salvadoreños demostramos nuestro nivel de tolerancia ante ciertas situaciones. Pero no la tolerancia que deberíamos tener en el trato con los demás o sus opiniones; no aquella tolerancia que conlleva respeto a las creencias ajenas cuando no concuerdan con las propias. Los ciudadanos estamos “tolerando” (o mas bien, dejando pasar), actos de descaro de muchas personas civiles y funcionarios que realizan (o realizaron) hechos contrarios al correcto desempeño de una labor o de un cargo que le fue encomendado. Estamos permitiendo la falta de castigo para quienes realizan actos indebidos y propiciando una cultura de impunidad, donde los responsables pueden andar tranquilos a sabiendas que nada pasará.

Sorprende cómo cada semana se destapan noticias que tienen que ver con dudosas actuaciones gubernamentales, legislativas, judiciales, fiscales, policiales, entre otras, y los ciudadanos nos indignamos momentáneamente, lo que dura la crónica en primera plana o un tuit en el aire; luego se nos olvida o aceptamos con resignación los hechos, describiéndolos como “el pan nuestro de cada día” o “una raya más al tigre”.

Esta semana nos escandalizamos con la posible liberación de una persona que descuartizó a alguien sin cumplir ni la décima parte de la condena que recibió, y, probablemente, nos vamos a indignar lo que dura la audiencia programada por el juez, pero terminaremos aceptando la actuación de una fiscalía que solicitó el proceso abreviado y “logró” un tercio de la pena que le correspondía a un homicidio confesado. En los próximos días se llevará acabo la audiencia contra un expresidente de la República, y se levantan los rumores que la tan controvertida actuación fiscal será premiada por los partidos políticos con la reelección del actual Fiscal General, a quien el puesto le ha quedado grande. Y, si no queda más remedio, es posible que los ciudadanos terminemos aceptando tres años más de una institución sumamente cuestionada.

Nos indignamos por la corrupción existente en e l sistema judicial, que estos días ha sido representada por el juez noveno de paz, suspendido por la Corte Suprema por realizar actuaciones que son incompatibles con su cargo y de las cuales debía tener conocimiento bajo el aforismo “nadie puede alegar ignorancia de la ley”, menos un juez, y los exjueces de San Miguel que están siendo procesados por actos de corrupción. Ojalá no se nos olvide y sigamos de cerca la depuración del Órgano Judicial, algo que debería realizarse en todas las instituciones estatales. También, muchos nos enojamos y entristecimos por el aceptado delito de abuso sexual de una menor de edad por un sacerdote durante varios años, que deja en evidencia el hecho que la corrupción es un riesgo latente en todo tipo de instituciones.

Llevamos varios años observando cómo el gabinete de seguridad no desarrolla ningún plan que combata la delincuencia y reduzca la tasa de homicidios diarios. Con ello, nos encontramos tolerando la ausencia de castigo de las autoridades de seguridad a las personas que han cometido delitos y hemos llegado al punto de deshumanizarnos tanto que una muerte se convierte en un número más. Llevamos más de dos décadas aceptando que en todos los gobiernos hay corrupción y consolándonos bajo el efecto placebo del “antes las cosas eran peores”.

Ahora bien, no todos los funcionarios, jueces, fiscales, legisladores o sacerdotes son malos, pero para que el trabajo de los buenos se refleje y aprecie de mejor manera es necesario depurar a quienes deshonran los cargos que se les ha encomendado. Los ciudadanos ya no podemos seguir tolerando la pasividad de las distintas autoridades en el ejercicio de sus funciones, ni el descaro de muchos al evadir los cuestionamientos que se les realizan, llámandolos “irrelevantes”, “cortinas de humo” o “banalidades”. No se debe permitir que las noticias que tanto nos indignan se desvanezcan y permitan a las redes de corrupción seguir perpetuándose y vivir de los fondos del Estado; ni que personas carentes de moralidad se presenten a cargos de elección popular en las próximas elecciones (populares o de segundo grado). De alguna forma, ya sea cuestionando a las autoridades o solicitando que se activen las instancias pertinentes para la investigación, los salvadoreños tenemos que erradicar la cultura de impunidad que se encuentra arraigada a nuestro sistema y que tanto daños nos hace como sociedad.

Empezar una conversación sobre derechos humanos. De Cristina López

Cristina López, Lic. en Derecho de la ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Cristina López, Lic. en Derecho de la ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Cristina López, 30 noviembre 2015 / EDH

diario hoyGanó Mauricio Macri en Argentina, el candidato centrista. El gane significa muchísimas cosas, entre ellas, el agotamiento del Kirchnerismo, la prueba de que la candidatura de Scioli era inviable desde un principio, pues nunca logró sacudirse la toxicidad de su patrona, mi homónima Cristina. Pero son más importantes las consecuencias para el resto de la política latinoamericana.

Muchos analistas han anunciado que el debilitamiento del socialismo del siglo 21 vendría por la vía económica, inevitablemente cuando la gallina, exhausta, dejara de producir huevos de oro. Al quedarse en números rojos la cuenta de cheques, sería entonces imposible seguir comprando apoyos electorales a través del populismo, construyendo imperios personalistas, y financiando campañas políticas en la región para construir un amigable bloque y reducir la influencia de Washington.

Sin embargo, por mucho que los resultados electorales de Argentina impliquen la confirmación del debilitamiento del socialismo del siglo 21, el análisis de las implicaciones de la victoria de Macri no es uno que debería hacerse con una óptica de triunfalismo para la derecha: el margen de la victoria fue demasiado estrecho como para asignarle demasiada importancia a esa narrativa. El resultado más importante puede que sea el inicio de una conversación sobre derechos humanos.

Es desafortunado que cuando se habla de derechos humanos siempre se hace desde la óptica de “los tuyos” vs “los nuestros”, con una polarización parecida a la que el ojo-pachismo ante la corrupción cuando es de un lado del espectro político. Muchos han dicho que Macri representa esperanza en el campo de los derechos humanos en el sentido que condenó de manera enérgica la opresión política que se vive en Sur América, desde el cautiverio de Leopoldo López en Venezuela hasta las mordazas mediáticas de Rafael Correa en Ecuador.

Sin embargo, para otros, Macri podría significar un obstáculo en los procesos judiciales contra quienes han sido acusados en los setenta, de haber estado del lado de los opresores. Ojalá se siga exigiendo justicia para los opresores setenteros pero con el mismo volumen con el que debe exigirse justicia también para los opresores del presente. Si lo que se quiere es justicia, no debería haber distinciones para quién se pide. Con la misma convicción debe buscarse la justicia y esclarecimiento para las víctimas de antes como para los Nismans y Lópezes de ahora. Lo contrario es hipocresía o politiquería.

No es solo la falta de desarrollo económico lo que mantiene a Latino América en la retaguardia. Es la flexibilidad con la que se aplican derechos constitucionales que en otros lugares se consideran escritos en piedra. Los derechos humanos y la ley que los protege son el límite que en otros lugares detiene al poder. En Latino América, el poder aplica y desaplica a conveniencia, la Constitución y el Estado de Derecho, más que piedra son hule de elasticidad circense, y los derechos humanos, más que límite al poder, son obstáculo que incomoda y que hay que apartar amordazando o encarcelando.

Daniel Lansberg-Rodríguez comentaba en la revista Foreign Policy que el triunfo de Mauricio Macri pondría nuevos niveles de presión al bloque de aliados en el Sur para que justifiquen el silencio complaciente que demuestran ante las barbaridades violatorias de los derechos humanos que hacen sus vecinos. Una cosa es callar ante lo indefendible cuando nadie exige explicaciones, pero si un Mauricio Macri en las cumbres internacionales aboga por los presos políticos con el volumen que lo hiciera en la campaña electoral, obligará a Doussef, Mujica y compañía a sentar postura. ¿Se atreverán entonces a defender lo indefendible, eso de que violar los derechos humanos si son de “los tuyos” y no “los nuestros” es justificable? ¿Qué hará el gobierno del buen vivir? ¿Qué harán los medios? ¿Pintarán las conversaciones de derechos de colores ideológicos o coincidirán en que deberían de ser inaceptables siempre –desde el punto de vista de la universalidad de la dignidad humana– si queremos prosperar como región? La responsabilidad es de todos.

@crislopezg

Controversia entre Nicolás Maduro y Luis Almagro, el secretario general de la OEA

Maduro calificó de “basura de la OEA” a Almagro por los dichos sobre Venezuela

El secretario general del organismo había afirmado que el asesinato del político opositor fue “una herida de muerte a la democracia”.

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, y Luis Almagro, secretario general de la OEA.

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, y Luis Almagro, secretario general de la OEA.

 

26 noviembre 2015 / EL OBSERVADOR (Uruguay)

Screen Shot 2015-11-29 at 2.40.05 AMEl presidente venezolano, Nicolás Maduro, tildó este jueves de “basura” al secretario general de la OEA, Luis Almagro, luego de que este afirmara que el asesinato de un político opositor en un mitin electoral constituye “una herida de muerte a la democracia”.

“Todavía no se cumplen 12 horas del avance de la investigación y ya sale la basura de Luis Almagro a declarar contra Venezuela, contra el pueblo y contra la revolución bolivariana”, dijo el mandatario socialista en un acto público.

“Espero una rectificación de usted, señor basura, porque se ha metido con nuestra patria (…). Señor basura, con el perdón de la basura”, añadió Maduro en un encendido discurso ante cientos de seguidores en la ciudad de Portuguesa (oeste de Venezuela).

Luis Manuel Díaz, secretario de Acción Democrática en Altagracia de Orituco, localidad del estado Guárico (centro), fue baleado la noche del miércoles en una tarima donde hacía campaña para las elecciones legislativas del 6 de diciembre junto con Lilian Tintori, esposa del dirigente preso Leopoldo López.

Maduro aseguró que el crimen de Díaz, quien no era candidato, apunta a un presunto “ajuste de cuentas entre grupos rivales”, según las investigaciones preliminares.

Este jueves, el jefe de la Organización de Estados Americanos (OEA) señaló en una nota oficial que dicho homicidio “no es un episodio aislado, sino que se da conjuntamente con otros ataques realizados contra otros dirigentes políticos de la oposición en una estrategia que procura amedrentar a la oposición”.

“El asesinato de un dirigente político es una herida de muerte a la democracia”, sostuvo Almagro, quien no logró que la autoridad electoral venezolana aprobara una misión de acompañamiento de la OEA a los comicios parlamentarios, como aspiraba la oposición.

En su comunicado, Almagro sostuvo que para que los venezolanos puedan votar tranquilamente es necesario evitar “los discursos cargados de amenazas, de pronósticos oscuros y a desarmar a cualquier grupo civil armado, especialmente aquellos que dependen del gobierno o del partido de gobierno”.

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LA RESPUESTA DE LUIS ALMAGRO

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Carta abierta del Secretario General de la OEA
sobre clima pre-electoral

 28 de noviembre de 2015 / OEA

Hoy, a una semana del acto electoral del 6D vuelvo a hacer un pedido en favor de la paz y de poner fin a la violencia en Venezuela. Los insultos y la impunidad, venga esta de donde venga, no pueden ser la respuesta a un clamor nacional e internacional de igualdad de derechos y justicia electoral.

No es ser basura, Señor Presidente Nicolas Maduro condenar el asesinato de un político y hacer un llamado a detener ya la violencia en curso en el país, o decir que ”la muerte violenta de toda persona es un hecho execrable que nuestra conciencia no puede admitir. El asesinato de un militante político, además, nos deja a todos más vulnerables, señala que somos todos víctimas reales, no solamente potenciales”. Basura sería sostener lo contrario.

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Igualmente, no es ser basura decir que “el asesinato de un dirigente político es una herida de muerte a la democracia, y una sucesión de hechos de violencia política en un proceso electoral es la muerte de mucha democracia”.

Tampoco lo es, hacer referencia “a otros ataques realizados contra otros dirigentes políticos en una estrategia que procura amedrentar a la oposición” y que “en realidad, el temor llega a la sociedad entera y estremece a toda la comunidad internacional”.

Inseguridad y Miedo no pueden dominar campaña

Y si no le consta, Señor Presidente de todos los venezolanos, el miedo y la inseguridad de la oposición, entonces debería escucharlos para que se lo digan directamente.

Pido solamente que cada militante y cada estudiante -de la filiación política que sea- puedan salir a expresarse en paz política y socialmente, y pueda estar seguro de volver tranquilo a su casa; que cada político, desde el mejor al peor, sean protegidos, estén a salvo de cualquier atentado por el motivo que sea. Ser basura sería pedir y querer lo contrario.

No es ser basura, pedir “al Gobierno actuar ya”, pedir “el cese de toda violencia; pedir “transformar la contienda electoral en una fiesta y no en un ejercicio de fuerza, violencia y miedo”; pedir “las garantías más absolutas para todos”. Serlo sería no reclamar esos derechos.

Desarmar grupos civiles armados, un imperativo cívico

No es ser basura pedir “restablecer el clima de paz y el respeto a las leyes inmediatamente”, ni querer ponerle fin a “los discursos cargados de amenazas, de pronósticos oscuros y a desarmar a cualquier grupo civil armado, especialmente aquellos que dependen del Gobierno o del partido de Gobierno”. Y mi petición se refiere especialmente a estos últimos, porque supongo y espero que tenga influencia y poder sobre ellos, señor Presidente. En cualquier caso, al país le haría bien despojar a la política de las armas y de la delincuencia.

No es ser basura señalar que “no debe haber un muerto más, no debe haber una amenaza más”, que es “hora de ponerle fin al miedo”, que “cada muerto en Venezuela duele hoy en todas las Américas”.

Serlo sería ser indulgente con la muerte violenta, con las amenazas, con las razones del miedo; ser basura sería que no dolieran los muertos de Venezuela. Cada muerte nos debe doler, se llame Eleazar Hernández o Pablo Sussoni, Génesis Arguisone o casos del pasado como el de Robert Serra y su pareja, o Eliezer Otaiza, o el más reciente, Luis Manuel Díaz, que murió en un acto de campaña.

Que los principios no nos separen

Y sobre el caso de Luis Manuel Díaz es urgente– por la naturaleza de crimen político–una investigación del asesinato, y que esa investigación aporte conclusiones irrefutables, igual que es necesario investigar y resolver los casos pendientes de los 43 asesinados en las manifestaciones del pasado u otros casos todavía no resueltos. Eso brindaría seguridad.

Espero que estos principios, señor Presidente, no nos separen y me pongan a mí de un lado y a Usted del otro. Y esta respuesta de hoy, no la hago para ponerme a salvo de los intentos de insultarme, pero prefiero escuchar argumentos.

Me importa la felicidad y la paz de su pueblo. Y deseo, además, que el Pueblo venezolano alcance su felicidad durante su mandato, porque la felicidad de los pueblos “no admite la menor demora”, como tampoco sus causas, en el sentido original de la frase del General José Gervasio Artigas.

Luis Almagro,
Secretario General de la OEA