Mirella Schoenenberg De Wollants

El conocimiento ya no vale y por eso migra. De Mirella Schoenenberg de Wollants

Mirella Schoenenberg De Wollants, médico, nutrióloga y abogada

Mirella Schoenenberg de Wollants, 31 marzo 2018 / El Diario de Hoy

Recién mi esposo y yo nos hemos graduado de una segunda carrera y muchos nos interrogan: “¿Por qué?”. Con sinceridad, no hallo qué responder a esa pregunta pues la motivación para estudiar, en lo personal, es diversa y tendría que extenderme en muchas explicaciones para contestarla, siendo que últimamente me he limitado a responder: “Para conocer mejor el mundo”, como parafraseó un abogado que recién conocía en una graduación hace tres años y nos daba, considero yo, la mejor razón para estudiar Derecho.

No se me quita de la cabeza que cuando los interrogadores escuchan mi respuesta, ponen, la mayoría, cara de extrañeza, y emiten comentarios como los que siguen y que son el fondo del artículo de hoy: “Te felicito pero… ¡tanto esfuerzo en un país donde no te valoran por lo que sabes!”, “Bueno, tú sabrás, ¡matarse tanto para un país donde no vale que tengás un título!”… “y para qué, si ni para Presidente ni para diputado vale tener tanto estudio en este país”, “Este país no vale el esfuerzo, gana más un motorista de la Asamblea que un médico”.

Y los comentarios continúan en ese sentido, lo cual, por un momento, me hace pensar que los salvadoreños ya dejaron de confiar en que una carrera universitaria les va a aportar el conocimiento necesario para realizar actividades materiales e intelectuales que los conduzcan a la satisfacción de sus necesidades humanas de tal manera que les permita lograr una vida satisfactoria y plena.

Sin embargo, cambio de opinión cuando reviso datos y veo que en el 2016 el Ministerio de Educación registraba que la matrícula estudiantil reportada por las universidades locales era de 168,018 salvadoreños, siendo por cierto que de ella 76,684 matriculados (45.64 %) eran hombres y 91,334 (54.36 %), mujeres. Esto quiere decir que en ese año hubo ¡más de 168,000 connacionales que creyeron en el conocimiento como una herramienta para la vida!

Más allá del tema de la obtención de conocimiento, y examinando la formación lingüística de los comentarios, creo que el origen psicológico de los mismos no radica en el “conocimiento” en sí, sino más bien en la palabra “valor” y por eso la he subrayado en ellos.

El valor es, en una de sus acepciones, la cualidad o conjunto de cualidades por la que una persona o cosa es apreciada o bien considerada.

De tal manera que para algunos, el estudio universitario, más allá de una herramienta para la vida, tiene la connotación de un medio para ser “apreciado” o “considerado” por otros. Se es apreciado porque se es valorado. Se es tomado en cuenta por que vale algo. “Cuánto eres o tienes, cuánto vales”.

Y esto no es criticable; muy por el contrario, es comprensible, pues la persona humana es un ser gregario y se satisface al estar dentro un grupo de su misma especie, donde por supuesto está porque es apreciado, de lo contrario, estaría fuera, excluido, rechazado.

Considero que dentro del vivir del grupo social salvadoreño se han dado una serie de hechos y actos que han llevado a que algunos de sus miembros piensen que el esfuerzo que hicieron para obtener conocimientos a través del estudio universitario, no les permitió alcanzar el aprecio y la inclusión que buscaban, lo cual se manifiesta en: ingresos insuficientes, el que no sea un requisito el título académico a la hora de llenar un cargo o plaza pública o privada, la falta de escalafón en las instituciones públicas y en las empresas, la falta de seguridad jurídica y laboral, y lo más importante, la falta de reconocimiento social al trabajo nacido a partir del estudio universitario.

Entre los muchos problemas que aquejan al conglomerado humano nacional uno de los más importantes es que el ciudadano se siente excluido a pesar de cumplir con los requisitos, como en este caso, el del estudio universitario. Se portaron bien, siguieron las reglas, pero no hubo recompensa. Esta es una sensación que destruye a cualquier sociedad humana, no por gusto nos rodea el negativismo, y el graduado que puede, migra.

mirellawollants2014@gmail.com

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