HENRIQUE CAPRILES

Pueblo sin miedo. De Henrique Capriles

Henrique Capriles, gobernador de Miranda y ex candidato presidencial de la opositora MUD

Henrique Capriles, 16 abril 2017 / POLIS

En los últimos años Venezuela ha dado pasos agigantados hacia la pobreza, gracias a la incapacidad de Nicolás Maduro para tomar decisiones acordes a la realidad del país. Pero a la ineptitud de este señor se le suman otros factores.
Hace tiempo que el régimen de Nicolás Maduro no es capaz de sostener la estabilidad social y política dentro del marco de respeto al orden jurídico establecido, es decir, perdió su capacidad de gobernar.
Intenta aferrarse al poder sólo por la vía de la represión desmedida, pero a medida que despliega su arsenal de armas, incluso algunas vencidas y otras con efectos no conocidos, se deslegitima cada día más y acelera su salida del poder.
La protesta es uno de los derechos humanos fundamentales y el gobierno sigue quebrantando esa garantía. Que las protestas sean reprimidas y hayan sido atacadas por grupos armados civiles, son demostraciones inequívocas de las graves violaciones cometidas contra quienes nos manifestamos contra el quebrantamiento del orden constitucional.
Mientras en el país cada vez son más contados los alimentos y las medicinas brillan por su ausencia, el narco gobierno pretende intimidar a un pueblo que sale a la calle a exigir sus derechos, con una represión sin precedentes, pero que no ha hecho mella en las ganas de los manifestantes de seguir exigiendo la restitución del hilo constitucional.
Ya existe el cálculo. En unas horas de movilización, las fuerzas de seguridad del Estado pueden llegar a lanzar hasta 300 artefactos lacrimógenos. Lo que podría representar un gasto entre 2.700 y 14.000 dólares, que equivaldría entre 1,9 millones y 10 millones de bolívares calculado a dólar Simadi (Bs. 717). Esto, tomando en cuenta que cada artefacto puede costar en el mercado estadounidense entre 8,99 hasta 46 dólares.
Imagínense cuántos alimentos y cuántas medicinas podrían traerse con 10 millones de bolívares que el gobierno gasta en una sola tarde para no permitir que los venezolanos se expresen. Multipliquen esos 10 millones de bolívares por cada tarde en la que los venezolanos han salido a tomar las calles con el único fin de las que las instituciones del Estado nos escuchen y se respeten nuestros derechos.
Las prioridades del gobierno siempre han estado al revés, pero en la situación en la que vivimos, en la que las mismas personas que dieron su confianza a quienes hoy están en el poder también padecen y pasan por el trago amargo de acostarse sin comer, la actitud de la cúpula corrupta sobrepasa lo irracional.
Es por eso que hoy hay un pueblo movilizado, con peticiones genuinas en la calle. En Venezuela se dio un Golpe de Estado y eso no cambia borrando unas líneas a una sentencia, el autogolpe continúa, no fueron devueltas las competencias al Parlamento, ya que las aclaratorias fueron sobre medidas cautelares  y tienen carácter temporal, por eso decimos que el autogolpe sigue y estamos llamados a derrotarlo.
No existe norma jurídica que establezca que el TSJ pueda suspender el funcionamiento de un poder público por el incumplimiento de una decisión y la figura de desacato se fija a personas naturales que se rebelan, previa realización de procedimientos penales a solicitud del Ministerio Público.
También por órdenes de Maduro, uno de sus títeres nos impuso una inhabilitación para intentar sacarnos de la contienda política. Las supuestas faltas por las que se dicta la inhabilitación no afectaron el patrimonio público, pero además todas las acciones señaladas están apegadas a la Ley, y durante la apertura y transcurso del procedimiento, las pruebas de la defensa fueron negadas. Es evidente que es una medida montada por retaliación, que, además de ser desproporcional, ya que por una multa de 10 dólares se me impone una inhabilitación de 15 años (la máxima de la Ley Orgánica de la Contraloría de la República); también es inconstitucional porque el Contralor se otorga la función de decidir quién puede o no optar a cargos públicos sin pasar por tener una sentencia firme.
Todo forma parte del mismo paquete del autogolpe de un régimen que sabe que por los votos no se mantendrá en el poder. La mayoría de este tipo de regímenes terminan divorciados de la democracia, porque entienden a ésta, no como un proceso negociado con el fin de incluir y servir a todos, sino como una batalla absoluta entre la voluntad del pueblo y quien se oponga a ella.
Sabemos que el gobierno juega sucio y se le metió en la cabeza escoger la oposición que a ellos les convenga para realizar una contienda electoral, por eso, hoy más que nunca, todos los venezolanos, estemos o no investidos de autoridad, estamos llamados a ejercer nuestra ciudadanía para restablecer el hilo constitucional, tal como lo contempla nuestra Constitución Nacional en el artículo 333, porque esta no es una lucha de un solo hombre, sino de todos los venezolanos.
Los venezolanos estamos en la calle porque queremos recuperar el hilo constitucional, queremos que se respeten las competencias de la Asamblea Nacional, electa por 14 millones de venezolanos; queremos que se convoque a elecciones libres y se establezca un cronograma electoral, nuestra Constitución es muy clara en cuanto a los tiempos; queremos que se libere a los presos políticos y no haya inhabilitaciones, porque en ambos casos violenta los derechos políticos que tenemos como venezolanos; y por último, pero no menos importante, queremos que se abra el canal humanitario para que lleguen a nuestro país los alimentos y medicinas que tanto necesita nuestro pueblo.
Nuestra arma es la Constitución, es nuestro camino a un destino distinto, a un horizonte de oportunidades, a una nueva Venezuela.
Sigamos adelante en la calle, exigiendo lo que por derecho nos corresponde. Nos han quitado tanto, que hasta nos quitaron el miedo. Sigamos adelante, que el sol viene alumbrando con fuerza. Nos vemos en las calles de toda Venezuela el próximo 19 de abril, es hora de parir una nueva independencia para nuestra patria, la independencia frente a la corrupción y la dictadura que hoy impera.

¡Qué Dios bendiga a nuestra Venezuela!

Un problema de todos. De Henrique Capriles Radonski

La oposición pide que el Gobierno de Venezuela respete las leyes y permita el revocatorio.

Un grupo de personas manifiestan contra miembros de la Guardia Nacional Bolivariana en Caracas en protesta por la carestía. MIGUEL GUTIERREZ EFE

Un grupo de personas manifiestan contra miembros de la Guardia Nacional Bolivariana en Caracas en protesta por la carestía. MIGUEL GUTIERREZ EFE

 

Hwnrique Capriles, gobernador de Miranda

Henrique Capriles, gobernador de Miranda

Henrique Capriles Radonski, 5 junio 2016 / EL PAIS

Las catástrofes naturales, las guerras y las crisis económicas generan emigrantes y refugiados que huyen por miedo o hambre. Las guerras en África y Asia están desestabilizando a toda Europa Occidental; en los ochenta las guerras en Centroamérica expulsaron a millones de sus países. ¿Cuáles serán las consecuencias para los gobiernos del continente si el deterioro social, político, económico y de seguridad de Venezuela sigue creciendo? La diáspora venezolana ya está en marcha, pero, ante la crisis humanitaria que se ha desatado y el peligro de una mayor conflictividad, se puede afirmar que lo peor estaría por venir.

En los últimos dos años más de 50.000 venezolanos han sido asesinados por la falta de seguridad, la inflación de alimentos supera 700% y las fábricas privadas y públicas están paralizando su producción por falta de insumos. La escasez de el paismedicinas y comida está generando muertes y saqueos todos los días. Los cortes de energía y agua han forzado a reducir la semana laboral y escolar. Más de un millón de personas han huido del país en la última década, el 90% en los últimos cuatro años. La desesperación y la irritación están creciendo aceleradamente. Hay brotes espontáneos de violencia todos los días. Una anarquía que deja la sensación de que no hay gobierno.

El Gobierno del Maduro se considera víctima de una guerra económica, pero la mal llamada revolución bolivariana no ha enfrentado una guerra contrarrevolucionaria como la que vivió Nicaragua en los 80 y tampoco un embargo como el que ha soportado Cuba durante medio siglo. Las relaciones comerciales y diplomáticas de Venezuela son normales con todo el mundo; EE UU no ha dejado de comprarnos petróleo, nadie nos ha agredido, ni cerrado mercados. El único culpable del desastre económico venezolano es el actual gobierno. El manejo en extremo festinado e ineficiente de la bonanza petrolera que ya concluyó, el desmantelamiento de la casi totalidad de la planta productiva y comercial del país y la pelea permanente con los empresarios, han derivado en emergencia humanitaria.

El año pasado la oposición unida ganó en las elecciones parlamentarias obteniendo la mayoría absoluta con 112 de los 167 escaños que tiene la Asamblea Nacional. Durante 17 años el gobierno se jactó de ser democrático, pero esta victoria de la oposición acabó con la farsa y ahora el gobierno de Maduro se ha alejado completamente de la Constitución y la democracia. No respeta las facultades constitucionales de la Asamblea Nacional, rechaza la realización del referéndum revocatorio establecido por la constitución y demandado por los venezolanos, se opone a programar las elecciones de gobernadores, se niega a liberar a decenas de presos políticos, prohíbe el derecho de manifestación pacífica en el momento en que los ciudadanos tienen razones para protestar y se empecina en hacer más de lo mismo frente a la calamidad económica y social que ha creado.

El anterior gobierno argentino perdió las elecciones y entregó el poder, el gobierno brasileño rechazó políticamente las disposiciones de su parlamento, pero las aceptó; el gobierno de Nicaragua se entiende sin problemas con los empresarios, Cuba restablece relaciones con Estados Unidos y los guerrilleros de las FARC están por firmar la paz con el Gobierno colombiano. Maduro se empeña en mantenerse gobernando por la fuerza, afectando el futuro y exponiendo al país a un desastre humanitario. ¿Cuántos cientos de miles de refugiados y emigrantes venezolanos están dispuestos a aceptar los gobiernos de la región?, ¿Cuántos Chapos, Pablos y grandes capos tendrá que perseguir el mundo si Venezuela termina convertida en una gran retaguardia criminal?

Los opositores venezolanos somos clara mayoría y estamos organizados en partidos políticos, no estamos armados, no creemos ni promovemos la violencia, al contrario, en sentido estricto somos el mecanismo principal para evitarla. No podemos dar, ni queremos que nadie dé, un golpe de Estado. No queremos venganza ni persecución, no deseamos repetir la intolerancia que hemos sufrido, eso no ayudaría a resolver la crisis económica que sufren millones de venezolanos. Queremos un cambio legal ordenado y pacífico que permita reconciliar al país y reconstruir su economía. En definitiva, lo único que pedimos es que se respete la constitución y las leyes para que los venezolanos podamos votar y decidir mediante un referéndum revocatorio, establecido en el artículo 72 de nuestra carta magna.

Henrique Capriles Radonski, del partido Primero Justicia, es el líder de la oposición venezolana.