Hugo Chávez

El legado de Chávez. De Rogelio Núñez Castellano

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, el martes 22 en el Palacio de Miraflores en Caracas.

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, el martes 22 en el Palacio de Miraflores en Caracas. Cristian Hernández (EFE)

Nicolás Maduro ha exacerbado los problemas estructurales del proyecto bolivariano.

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Rogelio Núñez Castellano es profesor del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Alcalá.

Rogelio Núñez Castellano, 24 agosto 2017 / EL PAIS

Crisis económica, miseria social y polarización política. Ese es el legado final que deja todo tipo de populismo, sea de izquierdas o de derechas. Ese es el panorama sobre el que se alza, en estos momentos, el Gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. El heredero de Hugo Chávez encabeza un régimen que, en realidad, solo es la culminación de un proceso con antiguas raíces. Cabe preguntarse, como hiciera sobre Perú Zavalita, el personaje de Mario Vargas Llosa en Conversación en La Catedral, cuándo se jodió Venezuela.

el paisEl autoritarismo, escaso liderazgo y gruesos errores políticos y de gestión que acumula en su historial el presidente Nicolás Maduro provocan que sea contemplado como el principal culpable de todos los males que arrastra Venezuela. En verdad, los méritos de Maduro no son tan extensos: su Gobierno finalmente no ha hecho sino exacerbar unos problemas estructurales heredados de la presidencia de Hugo Chávez.

Chávez conquistó la presidencia en 1998 alzando la bandera de la lucha contra la corrupción y prometiendo cambiar el modelo en el que se sustentaba Venezuela: el clientelismo político, basado en los ingresos petroleros, y la monodependencia económica con respecto a la exportación de hidrocarburos. El régimen bolivariano, amparado en el auge de los precios de las materias primas desde 2003, no solo no cumplió con estas promesas sino que profundizó la dependencia con respecto al petróleo (que representa más del 90% de las exportaciones), las políticas clientelares (las famosas misiones) y añadió nuevos componentes (el “guerracivilismo” y el revanchismo social) a un cóctel que con el tiempo se ha demostrado explosivo. Ya en 2013, cuando falleció Hugo Chávez, Venezuela albergaba los gérmenes de su actual crisis institucional, política y socioeconómica que Maduro no se ha atrevido a afrontar y que ha contribuido a profundizar.

La época de la convivencia política, propia de la IV República (1959-1999), dio paso a la polarización y al enfrentamiento al dividir el país en bolivarianos y “pitiyanquis”, en lenguaje chavista. La politóloga Margarita López Maya recuerda que si “la atmósfera política de fines del siglo XX fue convulsionada, la de los primeros años del Gobierno de Chávez exacerbó aún más las tensiones… La polarización continúa deteriorando la convivencia pacífica y la calidad de la vida cotidiana… El discurso presidencial descalifica a los adversarios políticos: ‘Escuálidos’, ‘puntofijistas’ y ‘vendepatrias’ son algunos de los calificativos que se les endilga”.

La polarización continúa deteriorando
la convivencia pacífica y la calidad de la vida cotidiana

El desprecio al adversario y la intransigencia frente a las opiniones diferentes no son un invento de Maduro, que se ha limitado a llevar hasta el extremo lo que tanto utilizó su antecesor. Marcel Oppliger, autor del libro La revolución fallida. Un viaje a la Venezuela de Hugo Chávez, describía en 2011 cómo “Venezuela está partida en dos trincheras irreconciliables… Existe una gran odiosidad entre los venezolanos, separados, enfrentados y divididos entre chavistas y antichavistas. Antes copeyanos y adecos se detestaban pero eran capaces de convivir y reconocían la legitimidad del otro. Ahora eso no existe. El otro es el enemigo al que hay que convencer o destruir”.

De igual forma, el abuso de la norma, el personalismo y el manejo a su antojo de la Constitución y las instituciones es una estrategia de claro corte chavista. Hugo Chávez, tras ser derrotado en 2007 en un referéndum que buscaba legitimar su reelección indefinida, forzó la convocatoria de otra consulta, en 2009, para alcanzar lo que dos años antes había sido rechazado. Maduro, desde 2015, ha buscado de forma continua acabar con el único polo de oposición a su régimen, la Asamblea Nacional. Primero vaciándola de contenido y competencias gracias a una Sala Constitucional del Supremo controlada por el chavismo; y ahora convocando una Asamblea Constituyente que nace con el propósito de disolver el poder legislativo antichavista.

El futuro pasa por construir un proyecto de país consensuado por el chavismo y el antichavismo. Un proyecto que rescate la capacidad de diálogo de la época anterior a Chávez y que posea la preocupación social (pero sin clientelismo) que ha caracterizado al chavismo. Venezuela no será viable ni desde el elitismo de la IV república ni desde el populismo demagógico y autoritario de la V. Cualquier opción que se base en la exclusión conduce a prolongar la actual situación: la de un país dividido y enfrentado, con un Gobierno que legisla para una mitad contra la otra.

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How Does Populism Turn Authoritarian? Venezuela Is a Case in Point. De Max Fisher/Amanda Taub

Hundreds of thousands of Venezuelans took to the streets of Caracas in October to demand a referendum to oust President Nicolás Maduro. Credit Meridith Kohut for The New York Times

Max Fisher/Amanda Taub, 1 abril 2017 / THE NEW YORK TIMES

When Hugo Chávez took power in Venezuela nearly 20 years ago, the leftist populism he championed was supposed to save democracy. Instead, it has led to democracy’s implosion in the country, marked this past week by an attack on the independence of its Legislature.

Venezuela’s fate stands as a warning: Populism is a path that, at its outset, can look and feel democratic. But, followed to its logical conclusion, it can lead to democratic backsliding or even outright authoritarianism.

Populism does not always end in authoritarianism. Venezuela’s collapse has been aided by other factors, including plummeting oil prices, and democratic institutions can check populism’s darker tendencies.

The country is feeling the fundamental tensions between populism and democracy that are playing out worldwide. Those tensions, if left unchecked, can grow until one of those two systems prevails. But although countries must choose which system to follow, the choice is rarely made consciously, and its consequences may not be clear until it is too late.

Hugo Chávez, then president of Venezuela, at a campaign event in Guarenas in 2012. His first election in 1998 was propelled by populism. Credit Meridith Kohut for The New York Times

When Mr. Chávez became president, the judiciary was dysfunctional and corrupt. A report by Human Rights Watch found that Venezuela’s top administrative court “had actually established set fees for resolving different kinds of cases.”

Less than 1 percent of the population had confidence in the judiciary. As a result, there was broad support for Mr. Chávez’s first round of judicial reforms in 1999, which increased judicial independence and integrity, according to a survey that year by the United Nations Development Program.

But when the Supreme Court refused to allow the criminal prosecution of four generals who Mr. Chávez believed had participated in an attempted coup against him, he came to see the judiciary as an obstacle to popular will and an accomplice of the corrupt elites he had promised to oppose.

Tensions grew in 2004 when the Supreme Court ruled that a petition for a referendum to recall Mr. Chávez from office had enough signatures to go forward.

Mr. Chávez gave himself the authority to suspend unfriendly judges and to pack the courts with new ones, destroying the judiciary’s power to act as a check on his presidency.

“Over the next several years,” the 2008 Human Rights Watch report found, “the newly packed Supreme Court would fire hundreds of judges and appoint hundreds more.”

In Mr. Chávez’s telling, this meant a judiciary that was more responsive to the will and needs of the people — a message that may have appealed to supporters who had voted him into office on explicit promises of smashing the corrupt old elite’s hold on power.

Supporters of Mr. Chávez during a campaign rally in Caracas in 2006. His message was that the country’s problems were caused by unresponsive, undemocratic elites. Credit Tyler Hicks/The New York Times

That requires handing power to unelected institutions, which are necessary to preserve democracy but at odds with the image of pure popular will. This contradiction leaves an opening for populists to challenge those institutions.

But when populist leaders take authority away from institutions to “return power to the people,” as such leaders often say, in practice they are consolidating this power for themselves.

“The logic of personalism drives populist politicians to widen their powers and discretion,” Professor Weyland wrote.

This is why populists often cultivate cults of personality. Mr. Chávez, in addition to hosting a Sunday talk show, held rallies and appeared almost constantly on television. This practice is typically driven by more than ego; such leaders derive their authority not from the rules-based system that governs consolidated democracies, but from raw popular support.

This works only as long as those leaders can claim to have a unique relationship with the public that enables them to attack internal enemies — say, the judiciary or the free press — on their behalf.

Consolidating Power for the People

Populism’s authoritarian tendencies could be seen in Mr. Chávez’s early battles with labor unions, which he had entered office promising to “democratize.”

Venezuela’s union leaders were corrupt, he argued, and had failed to protect workers’ rights.

His government created a parallel system of new unions, while undermining established unions over which it had less influence. But this set up a dynamic in which pro-Chávez unions were favored and dissenting unions were punished.

Mr. Chávez also began exercising more direct control over the powerful state-run oil company, a further extension of his message that power had to be taken back for the people.

But when workers from that company went on strike in protest in 2002, he fired more than 18,000 of them and prohibited the action.

By 2004, Mr. Chávez’s government had begun to blacklist workers, identifying people who had been disloyal to his government and excluding many of them from government jobs and benefits.

This sent a speech-chilling message: To oppose the president was to oppose his project of “Bolívarian socialism” on behalf of the people. Dissent, by that logic, was a threat to freedom, not evidence of it.

These episodes show how initial populist steps — standing up to unelected institutions, paving the way for seemingly necessary reforms — can take on a momentum of their own, until the list of populist enemies has grown to include pillars of basic democracy.

A shop in Bolivar State was looted in December amid rioting in protest of the retirement of the 100 bolivar bill. The country’s institutions have been so crippled that crime is rampant and corruption is near universal. Credit Meridith Kohut for The New York Times

Shortcuts to Democracy

In retrospect, these steps pointed squarely toward authoritarianism, culminating in the attempt this past week to muzzle the Legislature, which was among the final remaining checks on President Nicolás Maduro, Mr. Chávez’s successor.

That progression was not inevitable. Strong democratic checks can sometimes resist the pressures of populism and keep leaders in line. Italy’s Silvio Berlusconi, for example, left office with a mixed record and a storm of corruption charges, but with the country’s democracy intact.

But it is rarely obvious at the time which path a country is taking, and not only because initial steps toward authoritarianism often look or feel democratic.

Tom Pepinsky, a political scientist at Cornell University, has argued that authoritarianism is often an unintended consequence of structural factors that weaken institutions — such as an armed conflict or economic shock — and of incremental steps taken by leaders who may earnestly believe they are serving popular will.

“Just as democracies can be governed by authoritarians, so too can true-believing democrats lay the groundwork for authoritarianism,” Professor Pepinsky wrote on his blog in February. Decisions that feel like shortcuts to democracy — tossing out judges or vilifying a hostile news media — can, in the long term, have the opposite effect.

Along the way, this process can be difficult to spot, as it plays out mainly in the functioning of bureaucratic institutions that most voters pay little mind to. Elections are often still held, as they have been in Venezuela, the news media retains nominal freedom and most citizens can go about their lives as normal.

Venezuela exhibits the worst-case outcome of populist governance, in which institutions have been so crippled that crime is rampant, corruption is nearly universal and the quality of life has collapsed. But those consequences are obvious only after they have done their damage.

 

Carta de un patriota cooperante. De Alberto Barrera Tyszka

Fotografía de la serie Hasta en la sopa, de Diego Vallenilla.

Fotografía de la serie Hasta en la sopa, de Diego Vallenilla

Alberto-Barrera-Tyszka-640Alberto Barrera Tyszka, 29 enero 2017 / PRODAVINCI

Compañero Diosdado:
Perdóneme la franqueza, pero no tengo otra manera de empezar: ¿qué vaina es esa, pues? ¿A usted qué le dio? Cuando leí la noticia, al principio, yo pensé que era un chiste pero, luego, cuando vi que la cosa venía en serio, me asusté. No puede ser, compañero. Ustedes no pueden seguir equivocándose de esa forma. Y cuando digo ustedes me refiero a ustedes: unidos o peleados, en bandos o en fracciones, son siempre el mismo grupetín que está allá arriba, rotándose los cargos, pasándose la pelota los unos a los otros, siempre en la pomada, pues. Ustedes están convirtiendo el autogol en el deporte preferido del chavismo.

prodavinciDéjeme explicarme, camarada. Esto de andar poniendo letreritos, pancartas, carteles o calcomanías en todos lados, diciendo “Aquí no se habla mal de Chávez” es —antes que nada— una estúpida manera de evidenciar que estamos en problemas. Si usted prohíbe algo es porque ese algo ya ocurre. ¿Me entiende? Se lo pongo más claro: si usted pone frente a su casa un aviso que dice: “Se pinchan cauchos”, usted está reconociendo que ya se hartó, que ya no soporta que haya gente que se la pasa estacionando su carro en ese lugar, delante de su residencia. Y por eso advierte, amenaza, prohibe. Pues lo mismito pasa con su gran idea. Usted, diputado Cabello, esta semana le ha anunciado a todo el mundo que en este país, en casi todos lados, se habla mal de Hugo Chávez. Que el Comandante Eterno ya no está en los altares sino en las muelas, en los refunfuños, en la exasperación, en el ayayay por todo lo que nos pasa.

¿Quién le dio esa idea, compañero? Parece una estrategia del enemigo. Es una vaina que no tiene ni pies ni cabeza. Se lo digo de pana. Yo creo que es una cosa que atenta, incluso, contra la identidad. ¿Usted ha visto cómo, en general, reaccionamos los venezolanos ante lo prohibido? ¿Usted ha visto cómo funciona nuestro ADN frente a cualquier protocolo del orden? Nos da piquiña. Nos cuesta. Las formas nos parecen una invitación a transgredirlas. Alborotan nuestras resistencias. Es el síndrome de la raya amarilla. Fíjese: cuando en el piso hay una raya amarilla y un anuncio que dice: “Espere su turno detrás de la línea”, ¿qué hace uno? Mínimo, pisa la raya. Y luego, saca un zapato hacia delante. O inclina medio cuerpo, como si la vaina fuera la partida de una carrera de caballos. Hay algo en ese tipo de indicaciones que nos incomoda enormemente. ¿Usted ha visto lo que importa un semáforo en Caracas? Nada. Pues estamos hablando de algo parecido. ¿Qué cree usted que va a pasar cuando un grupo de compatriotas llegue a una oficina pública y se encuentre, ahí, colgado en la pared, un letrero que diga “aquí no se habla mal de Chávez”? ¿Qué cree que es lo primero que van a hacer esas personas? ¡Exactamente! ¡Hablar mal de Chávez! ¡De forma inmediata! ¡En piloto automático y todos al mismo tiempo, además! Y si no los dejan hablar, entonces se van a quedar en silencio, mirándose, con una extraña complicidad, con una sonrisita pícara. Y en ese momento todos se van a poner a pensar mal de Chávez. De Chávez y de toda la cuerda de empleados que cuelguen letreros como ése en sus oficinas.

Pero pongamos que yo estoy equivocado, compañero. Que he sido vulnerable ante la campaña mediática de la derecha y del imperialismo gringo. Que estoy confundido y que usted tiene toda la razón. ¿Entonces? ¿Cuál es el proyecto? ¿Prohibir la crítica y el cuestionamiento? ¿Obligar a todo el mundo a quedarse en silencio, aceptando las cosas como están? Se lo pregunto así, de frente, porque usted también dijo que no hay “argumentos para hablar mal de Maduro ni de su gobierno”. O sea que la cosa sigue por esa vía. ¿Y entonces? ¿Hay que quedarse callado frente un hospital donde no funciona la emergencia por falta de insumos? ¿Hay que hacer silencio frente a la Masacre de Barlovento? ¿No hay que decir nada sobre la corrupción, sobre los miles de millones de dólares que nadie sabe dónde están? ¿Hay que quedarse callado ante la escasez y la inflación? ¿Cómo se tapan los gritos cuando uno ve a gente buscando comida entre bolsas de basura? ¿Qué es lo que quiere, diputado? ¿Convertir al país en una manada de mudos? ¿Esa es la revolución? ¿Así funciona la democracia participativa y protagónica? ¿La imposición del silencio es el nuevo plan de la patria?

Yo a veces siento, compañero, que ustedes viven en otro sitio. O que el país en el que ustedes viven no se parece en nada al nuestro. Ustedes viven en el país donde hay dólares y no existen los controles, en el país donde no hay que hacer colas y sobran los escoltas. En el país donde todas las noticias son excelentes y nadie tiene una crítica. Pero todos los demás, los que no estamos enchufados, vivimos en Venezuela. Y por eso somos lenguas largas. Todos somos mal hablados. Ustedes pueden seguir haciéndose los sordos. Pero jamás podrán prohibir que la realidad les hable.

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¿Qué enseña Hugo Chávez sobre Donald Trump y la política del espectáculo? De Alberto Barrera Tyszka

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Alberto-Barrera-Tyszka-640Alberto Barrera Tyszka, 2 septiembre 2016 / THE NEW YORK TIMES/Español

Mucho antes de ser presidente, Hugo Chávez también organizó concursos de belleza.

Cuando era soldado solía desarrollar actividades culturales entre las que se destacaban las elecciones de misses. Sobre una tarima, micrófono en mano, Chávez también fungía como animador, guiando el concurso, motivando al público, leyendo el veredicto final. Ya su vocación de showman latía debajo de su uniforme. Según sus propias palabras, en estos improvisados certámenes, siempre copiaba los procedimientos que había visto en la televisión. Esa fue su gran escuela.

NEW YORK TOMES NYTAños después, en 1992, cuando intentó tomar el poder mediante un golpe de Estado, el espectáculo mediático le envió otra señal. Gracias a la televisión, su fracaso militar se convirtió en una victoria política. Cuando Chávez apareció en la TV, llamando a sus compañeros a rendirse, conquistó a la audiencia. Un minuto en la pantalla fue más eficaz y fulminante que los tanques, las ametralladoras y las balas.

Así se inició en la política. Su origen no está en las luchas sociales. Llegó a la presidencia sin haber ejercido nunca antes un cargo público, un puesto de representación, un trabajo que lo obligara a negociar con otros. Desde que ganó su primera elección (1998) hasta la última (2012), Chávez se fue haciendo un experto en convertir el espectáculo televisivo en una forma de gobierno.

Ahora Donald Trump le está proponiendo lo mismo a Estados Unidos.

Más allá de las diferencias ideológicas, Trump y Chávez comparten una misma vocación telegénica. Ambos construyen el liderazgo con las herramientas y los procedimientos del espectáculo mediático. Chávez aparecía todos los domingos en un show personal llamado “Aló, Presidente”, un programa donde podía cantar, comentar la realidad o nombrar y destituir ministros. No tenía límite de tiempo. El más largo duró 8 horas y 7 minutos.

Pero, además, Chávez podía decidir aparecer en los medios en cualquier momento. Para eso usaba las “cadenas” (emisiones que están obligadas a transmitir todas los medios radioeléctricos del país). Hasta el año 2012 había realizado 2377 cadenas, sumando 1641 horas en los medios. Como mínimo, Chávez tuvo diariamente 54 minutos de presencia protagónica en la televisión. Su verdadera utopía parecía ser la consolidación de un telegobierno.

De la misma manera, no se puede entender a Trump sin la televisión. No solo por el apoyo directo que le han dado algunos canales privados: una cobertura gratuita equivalente a 2 mil millones de dólares.

Se trata también de su propia identidad. Su verdadero crecimiento como personaje público se origina en The Apprentice, un show donde él era el animador, el juez y también el premio, y que acumuló 10 temporadas y millones de televidentes. Desde ahí comenzó a asociar su imagen a la idea de que los problemas financieros se pueden resolver muy fácilmente, con autoridad y en una hora de televisión. Así también es su campaña. Para él, la democracia es un concurso, un reality show.

Chávez y Trump son expertos en la provocación. Saben cómo producir continuamente una noticia. Manejan bien los falsos suspensos. Sus narrativas están más cerca de la ficción audiovisual que del debate político. Un ejemplo elocuente es la visita de Trump a Enrique Peña Nieto. Se mostró aplacado y diplomático en Ciudad de México y horas después, en Phoenix, no solo dijo que México pagaría cien por ciento del muro, sino que lanzó otro ataque feroz contra los inmigrantes. Su lógica no reside en el pensamiento sino en la emoción. Su coherencia solo es otra variable del show. Depende del auditorio. En el fondo, engaña en ambos lados de la frontera. Probablemente ni siquiera él mismo sabe lo que hará. No está gobernando. Solo está en campaña.

¿Realmente Trump puede levantar un muro en la frontera con México? ¿Es en realidad un proyecto probable, medianamente viable? No parece. Lo único que importa es el efecto emocional que esa promesa despierta en la audiencia. Su única consecuencia es mediática. Trump solo busca garantizar que el público siga —a favor y en contra— escuchando a Donald Trump.

Chávez también usaba la polémica como anzuelo. Era capaz de inventar o de magnificar un conflicto para mantener en vilo a su público. Conocía perfectamente el poder del lenguaje. En 2011 dijo: “Obama eres un fraude, un fraude total. Si yo pudiese ser candidato en Estados Unidos te barrería”. Son palabras que tienen la temperatura de un show televisivo. Donald Trump también conoce bien esos trucos. Y tampoco tiene ningún escrúpulo a la hora de usarlos. “El Estado Islámico honra al presidente Obama. Él es el fundador del Estado Islámico”, dijo. No hay ni una sola idea detrás de estas fórmulas. No hay pensamiento sino puro incendio mediático.

También su relato es muy parecido, de una fantasía halagadora. Ambos discursos denuncian un presente injustamente inmerecido. Ambos aluden a un pasado heroico. El primer spot televisivo de Trump ofrece el regreso a un supuesto pasado “seguro”. Trump promete como futuro la versión hollywoodense de la Segunda Guerra Mundial.

Chávez siempre propuso una vuelta a la épica de la guerra de independencia. Tanto que, incluso, le cambió el nombre al país y ahora somos la República Bolivariana de Venezuela. La premisa es la misma: existe un destino de gloria que nos ha sido arrebatado por una fuerza enemiga. Es un cuento esquemático pero muy eficaz: somos los mejores y debemos recuperar nuestros tesoros. También es un cuento peligroso: legitima la violencia.

Los discursos de Chávez y de Trump constantemente proponen la posibilidad de que la violencia sea la mejor solución para ciertos conflictos. Más allá de sus controversiales declaraciones sobre Hillary Clinton y la segunda enmienda, son muchos los ejemplos de Trump expresando incluso sus propias ganas de golpear a un adversario. Chávez hizo de la amenaza una rutina. Siempre recordaba que su revolución era “pacífica pero estaba armada”.

Un carisma como el de Chávez o Trump también es un síntoma. Reflejan lo que está en sus propias sociedades. Chávez surge en un país que había cultivado la certeza de ser un país rico pero que vivía en la pobreza. Un país con una larga tradición militarista, deseoso de soñar con un caudillo que llegara a distribuir equitativamente el botín petrolero.

De igual forma, el éxito de Trump también habla de su país. O al menos de un sector de su país que vive con incomodidad las consecuencias de la crisis económica y la globalización. Habla de un país que se ve a sí mismo como un país blanco, contaminado por la experiencia extranjera, sobre todo latinoamericana y árabe. De un país que se siente seducido por la intolerancia.

Tanto Trump como Chávez representan el espejismo de las soluciones mágicas. Son los nuevos caudillos mediáticos. Contagian la idea de que los problemas sociales tienen salidas fáciles y rápidas. Ambos representan la coronación de la frivolidad mediática, el triunfo de la televisión sobre la política. Se trata de una locura tentadora.

En Venezuela, las consecuencias de haber optado por un caudillo mediático son evidentes: los pronósticos de inflación para el 2016 superan el 700 por ciento. Casi 2 millones de habitantes han debido emigrar. La ONU ha confirmado que nos encontramos al borde de una crisis humanitaria. Ya sabemos que elegir a Chávez significó elegir la destrucción del país.

Donald Trump organizaba concursos de belleza y ahora quiere ser presidente.

“La lucha continúa, Chávez vive”: Salvador Sánchez Cerén en Caracas

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Allá por el año 1996, nosotros habíamos firmado los Acuerdos de Paz en 1992, y llegó el Presidente Chávez al Foro de Sao Paulo, y el Presidente en ese momento iniciaba una labor titánica y heroica que era demostrarle al mundo que con la unidad de los pueblos se podía avanzar, se podía construir procesos y procesos revolucionarios.

5 marzo 2016 / presidencia.gob.sv

Él en ese momento andaba promoviendo el movimiento bolivariano, que dio origen a todos estos procesos, y lo hacía con una fe y con una confianza.

En aquella época las perspectivas estaban sobre la base de los partidos políticos y no sobre los movimientos, pero él tenía la confianza y la firmeza que en Venezuela se podía levantar un enorme movimiento que además llevara prosperidad y lucha a ese pueblo.

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Maduro convocó a todos y sølo estos tres llegaron: Evo, Daniel y Salvador.

Después tuve la oportunidad de conversar con él, junto a un líder nuestro, un hermano nuestro, que tiene nuestro cariño, nuestro amor, el compañero Schafik Jorge Handal, un salvadoreño luchador, amigo, hermano del presidente Chávez, que compartieron sus ideas, compartieron sus visiones. Lo más importante es que en ese momento de la visita nuestra aquí a Venezuela, fue siete días después del intento del Golpe de Estado y que el pueblo, ese pueblo, ustedes venezolanas, venezolanos lo llevaron de regreso a Casa Presidencial.

Y él estaba consternado, desde ese momento su reflexión fue; tenemos que hacer responderle a este pueblo y ahí se identificó él con aquellos sectores, los sectores más humildes, los sectores más alejados, los más pobres que fueron los que se levantaron y lo defendieron y lo regresaron, él decía, es enorme el amor que este pueblo tiene por la revolución, por la esperanza, por la lucha. Él dijo vamos a comenzar a trabajar, ese movimiento convertirlo en un gran partido que defienda la revolución, que luche por la revolución, y así fue como surgieron la ideas de este partido unido socialista venezolano, que es la fuerza que va a empujar y va a desarrollar este proceso.

Lo que nos queda de lección, los que nos queda de enseñanza a todos nosotros, es que no solo hay que tener ideas, sino que esas ideas hay que tener la capacidad de construirlas y que solo se pueden construir con el pueblo y junto al pueblo, amando al pueblo, es la única forma como se pueden desarrollar y como se pueden construir.

Y lo otro, importantísimo es la unidad, la unidad de todas las fuerzas, la unidad que nos va a permitir derrotar esta agresión que sufre, no solo Venezuela, sufren todos los movimientos revolucionarios, los gobiernos revolucionarios y los movimientos progresistas, sufren una agresión, porque nuevamente las oligarquías junto a los poderes imperialistas quieren apoderarse nuevamente de nuestros recursos.

Por ello, estar acá en esta conmemoración es también un compromiso, un compromiso de lucha, de lucha por la América, de lucha por el Caribe, en ese sentido es que nos reunimos hoy acá para rendir el más sentido tributo a nuestro compañero, hermano y amigo el Presidente Hugo Chávez, quien nos entregó un legado de enorme significado para todos los hombres y mujeres que creemos en el espíritu de la unidad y solidaridad en nuestros pueblos.

Recordamos al Presidente Chávez desde lo más sentido de nuestros corazones, con gratitud por su ejemplo y obra al servicio de la humanidad, por el noble compromiso y amor con su pueblo y los pueblos del mundo, por su lucha por los más pobres y vulnerables.

CczbBnBUcAAX0eSHoy compañero y amigo Hugo Chávez Frías, te sentimos más presente que nunca, hablar del Presidente Chávez es hablar de vida y de esperanza, de dignidad y prosperidad para nuestros pueblos, el comandante Chávez con su vida y obra, con sus ideas, con su ternura y amor por el pueblo forma parte de los próceres que entregaron todo por la libertad y el progreso de nuestra América indomable, Simón Bolívar, Francisco Morazán, José Martí, muchos hombres y mujeres luchadores incansables, cuyo ejemplo y legado continúan guiando nuestro proceso de unidad paz y bienestar.

A nuestro hermano Hugo Chávez, Bolivariano, lo recordamos por su incansable trabajo, por la integración de los países latinoamericanos y caribeños, dignificando nuestra identidad, cultura y valores de toda la diversidad de nuestro pueblos, la CELAC, UNASUR, el ALBA, PetroCaribe, son fruto de su amor inagotable por los pueblos de nuestra América, y estamos obligados a defenderla y hacerlas avanzar en la ruta correcta para cumplir su anhelo de una vida mejor para nuestros pueblos.

Por ello, hoy recuerdo aquellas sabias palabras del Presidente Chávez, para que haya un continente verdaderamente libre, requerimos del desarrollo y de la unidad de todos nuestros pueblos.

Compañeras y compañeros, en El Salvador hemos luchado a lo largo de nuestra historia, por la justicia y la igualdad, siguiendo la ruta de la fraternidad e integración regional, a partir de los Acuerdos de Paz hemos logrado importantes avances en el desarrollo con inclusión social, y continuamos trabajando con toda nuestras energías y valor, por la tranquilidad y el bienestar de todos y todas.

Caracas, 5 marzo 2016

Caracas, 5 marzo 2016

Un principio rector ha sido potenciar a El Salvador como un país integrado a la región, al mundo, que aporte creativamente a la paz y al desarrollo.

Con ese sentimiento de unión que nos congrega a recordar la vida del presidente Chávez, reitero el mensaje de solidaridad a todos y todos los venezolanos, al presidente Nicolás Maduro, a su Gabinete y muy fraternalmente a la familia del compañero Hugo Chávez.

Traigo también el mensaje de profunda gratitud de nuestro pueblo y gobierno, por la permanente solidaridad del Presidente Chávez y Venezuela, con El Salvador.

Recuerdo en especial la rápida respuesta del Presidente Hugo Chávez cuando dos desbastadores terremotos sembraron muerte y destrucción en nuestro país, en el 2001, la generosa ayuda del pueblo y gobierno de Venezuela, liderados por el Presidente Chávez, llegó de inmediato, y como lo hacen los hermanos verdaderos, sin pedir nada a cambio.

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La historia, el ejemplo y la obra del líder de la revolución bolivariana, Hugo Chávez, nos ha dejado un legado vivo que continuará transformando la realidad de Latinoamérica, inspirando las luchas de nuestros pueblos en la construcción de la patria grande que soñó Bolívar.

La lucha del compañero Chávez de libertad, justicia, paz y prosperidad para nuestros pueblos son indestructibles y seguirán venciendo el miedo, la ignorancia, el subdesarrollo y los intereses mezquinos de aquellos grupos que solo piensan en lucrarse de la riqueza de nuestra región.

Presidente Chávez, como nos enseñó también otro salvadoreño, con quién tú compartiste sueños, victorias y esperanzas, Schafik Handal, te decimos la lucha continúa, la lucha continúa, Chávez vive, Chávez vive.

Muchas gracias.

Un hombre llamado Baduel. De Luis García Mora

Baduel saliendo de la cárcel militar Ramo Verde. Fotografía de El Universal

Baduel saliendo de la cárcel militar Ramo Verde. Fotografía de El Universal

 

Luis Garcia Mora, periodista venezolano

Luis Garcia Mora, periodista venezolano

Luis García Mora, 16 agosto 2015 / PRODAVINCI

Soltaron a Isaías Baduel.

Y esto no es cualquier cosa. Baduel era un preso de Chávez, su preso particular, su preso personal. Quizás su preso más odiado.

¿Por qué? Por razones muy sencillas, si nos metemos en la cabeza de aquel  todopoderoso: Baduel lo liberó. ¡Oh, pecado! Y se convirtió en el héroe, cuestión que a Chávez le resultaba inadmisible, por lo que casi inmediatamente después de haberlo nombrado general en jefe y entregarle, como agradecimiento (de él, del líder superior), el ministerio de la Defensa, comenzó una operación propagandística del 2002 al 2006, en su estilo cubano, para quitarle copete.

Para dejarlo plano. Para evitar desafíos, y así levantar su épica desde la “historia oficial” (no autentica, por supuesto) de que “el pueblo derrotó a los golpistas”, que una movilización espontánea y hasta fantasmal de seis o siete millones de personas, lo habían devuelto al poder luego de aquellas 48 horas de infarto (para todos) en que cayó y regresó.

Y aquel acto heroico de Baduel, peligrosísimo para la imposición y credibilidad de una ansiada y nunca lograda épica “revolucionaria”, aquella operación de un innegable nivel estratégico, militar y político de inclinar el fiel de la balanza y jugarse el pellejo (y admitámoslo: muy por encima de quienes se pusieron al frente de aquel manotón católico-militar, en que jamás estuvieron preparados ni operativa ni mentalmente para asumir el poder), desapareció en el aire.

Como todo megalómano al fin, a la capacidad de Chávez de dominar a las masas como nadie se sumaría la obsesión de superioridad política e intelectual sobre cualquier rival potencial. “Ni padre, ni madre, ni perro que le ladre”

Y en esto (como Hitler, sí, aunque, claro, las distancias son anchas) comenzó a entrar en juego, después de regresar al poder, algo que no habíamos conocido en nuestra experiencia democrática: La adopción de una postura por parte de un cuasi dictador todopoderoso e indestituible, libre de las ataduras de cualquier constitución o división de poderes, en la que se desligaba en Miraflores de toda forma conocida de dirección colegiada.

Y comenzó a funcionar la omnipotencia plena de un presidente electo a quien nadie (absolutamente nadie) podía pedirle cuentas.

Junto a algo más que en cierta forma implicaba una monstruosidad: la subordinación de la política y calendario de un jefe del Estado a la presumible duración de su vida terrenal.

Con lo que postulaba y practicaba su propia insustituibilidad. Y así, Baduel, su propio salvador y compadre, a pesar (o precisamente por ello) de su inmenso liderazgo en las FAN, y su ascendencia, su auctoritas y su reconocimiento como tal, se tornó para Chávez en algo realmente insoportable.

Lo sabía militarmente superior, y realmente lo era. Aparte de que además, como lo hizo Gómez con Castro, se acababa de demostrar en los hechos.

Nadie, nunca, como el general Isaías Baduel dentro del “proceso revolucionario” –y esto es algo que siempre ha pasado por debajo de la mesa- le latió desde tan cerca a Chávez.

Baduel. Un tipo entre enigmático y firme, que tiene una historia muy interesante.

Durante los sucesos del 11-A para inclinar el fiel de la balanza contra el golpe, se requería de la instauración inmediata de un centro de comando político clave que atrajera a los anti-golpistas. Que hasta el 12-A había sido Chávez, y que, tras su detención, desde la 42 brigada de Infantería Paracaidista de Maracay, lo constituye el general Baduel. Es a quien contacta Fidel Castro, es quien genera y encuentra el apoyo y orienta al sector militar. Y a quien ni las amenazas de ataques aéreos con F-16, contra los cuales no había armas de defensa, ni la amenaza de un ataque con tanques, amilanó. Y supo del golpe y lo paró.

Y este constituiría, digamos, su primer acto político. De envergadura, claro está, y militarmente victorioso. Ya que el segundo, y este estrictamente político y también muy trascendental, no resultaría para él victorioso. Que fue su actuación frente al Sí, (también corajuda) durante el famoso referendo constitucional de 2007.

Entre el año 2002 y el 2007, cuando pasa a retiro, algo ha cambiado en este hombre.

Al retirarse en 2007 Baduel declara que se aparta de la vida pública a trabajar en su hacienda y a reflexionar. Un paréntesis que termina en su irrupción pública en el debate de la reforma constitucional promovida por Chávez, de manera fundamental para reelegirse indefinidamente en el poder.

Pareciera que en ese momento, si nos atenemos al testimonio decisivo de su tal vez mejor conocedor, Heinz Dieterich, que en Baduel y su equipo (Dieterich incluido, creo) nacen señales de una alta preocupación frente a Chávez y la evolución del proyecto bolivariano.

El escaso vigor en el combate a la corrupción. El desarrollo inflacionario de la economía. Y, sobre todo, en la discrecionalidad rampante en el uso de los ingresos de PDVSA y en la falta de definición institucional del socialismo del siglo XXI.

En fin, de la inviabilidad y el colapso del modelo.

Lo que lleva a pensar a Baduel, que se considera un hombre de leyes, que desde 1999 el Gobierno no ha logrado reducir el bloque opositor (fijo en su 35-40%), lo que evidentemente constituye una poderosa plataforma ante una crisis para un salto al poder, y que para evitar ese futuro incierto, lucía impostergable el abrirse al resto de la nación. Para lo que se habría considerado necesario que el Supremo y Baduel llegaran a un acuerdo negociado, basado en una “alianza estratégica entre un centro político, que lideraría Baduel, y el (chavismo) bolivarianismo”.

Esta “tesis de la alianza” es considerada en su momento, desde algún ángulo “revolucionario” y ante el peligro cierto de una derrota absoluta o relativa del Sí, como la única posibilidad de impedir que se abriese (como en efecto ocurrió después) “una fase tendencialmente caótica”.

Eran obvias las debilidades estructurales de un modelo que amenazaba con hacer crisis desde la economía en 2008. Y para Baduel era necesario ese pacto estratégico entre ambas fuerzas, no solo para proteger el proceso, sino también para volver “al espíritu democrático original del Samán de Güere”.

Se considera posible este imposible (dada la personalidad ahora sí autoritaria y megalómana del Supremo, y que uno cree que Baduel y Cía. no consideraron  acertadamente), dado el ejemplo reciente tras el conflicto con Arias Cárdenas.

Que había llegado a decir textualmente en RCTV que Chávez era un “asesino”, una “persona enferma” y “jefe de una banda de delincuentes”, para luego ser llamado para entregársele la embajada en la ONU y convertirse en el jefe del PSUV en el Zulia.

“La política es el arte de las alianzas posibles”, dice alguno, y se apuesta a la responsabilidad de ambos para resolver la crisis política de entonces, y la crisis económica inmediata.

Y Baduel escoge el momento que garantizaría el máximo efecto del impacto sorpresa que iniciará su carrera política: el inicio de la campaña por el Sí, y de las protestas y sacudidas.

18 días antes había apoyado la reforma. Y he aquí que inesperadamente el 5 de noviembre de 2007, el general en jefe y ministro de la Defensa Raúl Isaías Baduel se manifiesta en contra de la reforma constitucional promovida por Chávez y por la Asamblea, llamando a levantarse ante lo que consideraba un momento crucial en la historia moderna venezolana.

En la jugada perdería de calle el apoyo que tenía dentro del “chavismo duro”, pero apostó al apoyo en el centro y en los bolivarianos decepcionados, para compensar esa pérdida de capital político. Pero materializaría ese centro político inexistente (hasta el día de hoy) en él, y obligaría a Chávez a pactar.

No. No ocurrió completamente así. Pero ocurrió algo que Chávez jamás le perdonaría.

El golpe de opinión lo sacudió todo.

Rompía abiertamente con el Presidente, Y, peor (en esto Dieterich tiene razón), con el proyecto que Chávez había configurado desde 2003.

Y, por el momento escogido, el golpe fue brutal.

Se pensó que si el Presidente no ganaba el referéndum o lo ganaba con menos el 60% de los votos, se vería obligado a convocar unas nuevas elecciones, por lo que la convocatoria al No era mucho más que una simple cuestión electoral constitucional. Configuraba “la batalla decisiva” contra el proyecto de país que Chávez había imaginado durante 4 años.

Cambios fundamentales, que ambicionaba instituir y que después de perder la consulta se vio obligado a pretender imponer por la fuerza.

Pero Baduel le había hecho un tremendo bien al país.

Primero, con su conducta reforzó todas las fuerzas del No. Y luego anuló cualquier abstención como opción.

Y, esto, Chávez jamás lo perdonaría.

En abril de 2008, la diputada Iris Varela (de la absoluta confianza de Chávez) denuncia al general Baduel por haber recibido presuntamente un millón 277 dólares de la NED (National Endowment for Democracy), y Baduel es arrestado por agentes de la DIM acusado por corrupción, y el 7 de mayo de 2010 condenado a casi 8 años de prisión.

Hasta esta semana cuando, también sorpresivamente, ha salido en libertad.

Es el único ministro del régimen que ha sido acusado de corrupción.

Un régimen, como decía alguien muy acertadamente, “Sin ideas, ética ni iniciativa”. Enredado en una maraña de intereses entre políticos, empresarios y militares,  con unas cabezas al frente que no aceptan ni consejos ni razones y que controlan todos los aparatos del oficialismo.

Y al parecer decididas a arrastrar todo consigo dentro de una crisis económica y social que según dicen amenaza con ser peor que la de Grecia.

Un Gobierno (como también dicen) incapaz de negociar cualquier cosa, o de establecer cualquier alianza internacional significativa.

Tal como (anticipadamente) lo previó aquella vez Raúl Isaías Baduel.

Liberaron en Venezuela al general Raul Baduel

Hoy salió de la cárcel militar Ramo Verde el general Raul Baduel. Muchos piensan que con este paso comenzo la transición en Venezuela. Publicamos dos entrevistas que Paolo Luers hizo a Baduel, la primera antes de su encarcelacn, recién de amigo personal y ministro de defensa de Hugo Chávez convertido en féreo opositor al intento de aprobar una constitucn socialista. La segunda hecha en su celda en Ramo Verde.

Segunda Vuelta

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“Sigo luchando por una sociedad con equidad y justicia social”

ENTREVISTA AL GENERAL RAUL ISAÍAS BADUEL, ministro de defensa de Chávez hasta julio de 2007

Paolo Luers, 6 marzo 2008 / EDH

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¿Cómo me dirijo a usted? ¿General, ministro…?

Raúl. Me siento muy orgulloso de mi condición de soldado, pero por encima de eso está mi condición de ciudadano.

Raúl, soy Paolo. Alemán, periodista, analista político, columnista. Tengo 30 años de vivir en El Salvador. Soy de izquierda, pero escribo en un periódico de derecha.

Tengo un buen amigo mexicano que también es alemán y de izquierda: Heinz Dietrich.

No me imaginaba que fuera amigo suyo.

Tenemos divergencias en cuanto a lo ideológico, pero eso no es óbice para que seamos amigos. (Raúl nos sirve un té verde, mejorado con un trago de dudosa procedencia andina. De inmediato me quitó un dolor de cabeza.). Eso va a aumentar mi fama de brujo.

Te has convertido de protagonista del oficialismo en protagonista de la oposición. ¿Vas a jugar un papel en la oposición de aquí en adelante?

Ese nuevo modelo político que se construye en nuestro país debe ser profundamente democrático, con división de poderes y con contrapesos. Debemos apartarnos de la ortodoxia que señala que la democracia con división de poderes es un instrumento de dominación burgués. Después de mi pase al retiro, no podía ser ajeno a lo que se estaba planteando al país: una reforma constitucional que constituye un fraude constituyente. De materializarse significaba la consumación de un golpe de Estado.

Dicen que eres un militar institucionalista, que defiende la constitución contra quien sea que la ataque.

En abril de 2002, cuando una junta de facto usurpó el poder, conduje la operación cívico militar de restitución de la dignidad nacional. Se logró que el presidente fuese restituido como primer magistrado. Lo que en 2002 hice como soldado, hoy lo hago como ciudadano: Fije una posición muy categórica contra la reforma de Chávez. Él estaba tratando de usurpar el poder constituyente originario que reside en el pueblo.

¿Esta posición pública tuya, como hombre de izquierda, fue la cosa decisiva en el referéndum?

Muchos analistas señalan eso. Mi motivación fue como ciudadano cumplir con el deber de defender la constitución. Puede ser que ese 5 de noviembre cuando fije mi posición fue el punto de inflexión y motivó a los ciudadanos a votar.

No sólo has sido ministro de defensa de Chávez, tú lo has acompañado durante muchos años en el camino de la construcción este proyecto político.

Forjamos una amistad desde los tiempos en la academia. El 17 de diciembre de 1982, conmemorando la desaparición física del libertador, cuatro oficiales paracaidistas analizamos la situación de nuestro país: una democracia sumamente deteriorada, un clientelismo con altos niveles de corrupción. Este día hicimos un juramento de revertir esa situación y alcanzar el anhelo de una democracia más profunda en nuestro país. Parafraseamos el juramento del libertador, y eso fue el momento fundacional de el Ejercito Bolivariano Revolucionario, que se convierte en Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, y luego en el partido político, Movimiento Quinta República, que sirvió de plataforma para que Chávez ganara las elecciones de diciembre de 1998.

¿Quién traiciono este juramento? A Baduel le dicen traidor

No me siento aludido. El ideario de nuestro movimiento y juramento es fundamentado en las ideas del libertador Simón Bolívar, de su maestro Simón Rodríguez y del general Ezequiel Zamora. En ningún momento se planteó que el sistema político que construirá nuestro movimiento estuviese enmarcado en el marxismo-leninismo, siempre hablamos de la profundización de la democracia. Y en gran medida, ese anhelo está recogido en la carta magna que hicimos en el 1999.

Para resumir: el problema es la democracia. Teodoro Petkoff me dijo lo mismo. ¿El punto de quiebre entre la izquierda y el chavismo es cuando está en peligro la democracia?

Es mi convicción. Nuestro ideal siempre era rescatar esa democracia.

 

¿Te puedes imaginar un movimiento bolivariano sin Chávez?

Debemos seguir ideales y no hombres, y esos ideales se deben seguir en función de principios y de valores éticos.

¿Es verdad que de los cuatro hombres del juramento ya nadie está con Chávez?

Fuimos a jurar el entonces capitán Hugo Rafael Chávez Frías, el capitán Jesús Urdaneta Hernández, que también se distanció hace ya mucho tiempo, Felipe Acosta, quien ya murió, y yo.

Del referéndum, ¿qué conclusiones sacas?

Lo dije previo al 2 de diciembre que independientemente de los resultados que se obtuvieren, de ese evento comicial debíamos extraer grandes lecciones y accionar para que nuestro país se siguiera fortaleciendo hacia un derrotero cierto. Primero, a reconocernos todos en la pluralidad y procurar la unidad en la diversidad. Debe ser una sociedad con equidad y justicia social. Y eso está consagrado en nuestra constitución, que establece que somos un Estado social de derecho y de justicia, donde debe haber equidad en la participación, en el acceso a la riqueza y a todos los recursos que tiene nuestro país.

La crisis del país no es sólo culpa de Chávez, sino también de una oposición incapaz. ¿Compartes esta tesis?

El accionar de la oposición ha sido muy desatinado Yo soy enfático en señalar que nadie puede capitalizar los resultados del 2 de diciembre, porque en realidad triunfó el civismo, triunfo la democracia. Estamos en una profunda crisis política, también estamos en puertas de una profunda crisis económica e indudablemente de una crisis social. Por eso creo firmemente -y así lo plantee al país en la madrugada del 3 de diciembre- que la única solución cívica, democrática y eficiente que nos queda para salir de esta situación es la convocatoria del poder constituyente originario, a través de una asamblea nacional constituyente, donde estén representados todos los sectores del país, sin exclusión ninguna.

¿Cuál era el defecto principal de la reforma constitucional propuesta por Chávez?

La mal llamada reforma definitivamente era una nueva constitución, era una nueva estructura del Estado, era el plantear el rumbo del país hacia un destino diferente.

¿Es cierto que en estos ocho o nueve años se está estructuralmente resolviendo el problema de la pobreza?

Estamos deviniendo en un populismo. Si bien es cierto que la situación en el año 1998 ameritaba la instrumentación de las misiones sociales, no podemos seguir alimentando esa relación basada en carisma personal, esa relación clientelar de dar dádivas al pueblo y no fomentar en nuestra ciudadanía que cada uno debe dar su aporte para que el trabajo productivo sea el generador de la riqueza que se disfrute en el país. Hemos estado con unos niveles de incremento de manera exponencial del gasto público, inorgánico, con una voracidad de consumo de la renta petrolera desproporcionada, que no podemos seguir así.

¿Las declaraciones del presidente sobre el carácter de las FARC colombianas causa malestar en las filas de la fuerza armada?

Muchos oficiales me han manifestado una profunda preocupación por esa situación. Implica un cambio diametral de las líneas rectoras que emanan comandante en jefe de la fuerza armada nacional. En el año 2004 tuvimos un ataque doloroso de la guerrilla colombiana. Resultaron muertos un ingeniero de PDVSA y efectivos del ejército. A raíz de esos hechos, el presidente públicamente fijó la posición de Venezuela: que nunca, ni en lo personal, ni tampoco como una política de su gobierno, había apoyado a la guerrilla colombiana y que nunca lo apoyaría. Ahora vemos un cambio en esa posición.

¿Por qué Chávez busca el conflicto con Colombia?

Es un manejo irresponsable de la política exterior de nuestro país, la esta utilizando como un subterfugio para desviar la atención de los problemas del país. Y, lo que es más grave, procurar reivindicarse de la derrota electoral del 2 de diciembre buscando alrededor de su persona una unión nacional reeditando un enfrentamiento que había sido superado entre Colombia y Venezuela hace mucho tiempo.

¿El presidente tiene capacidad de escuchar a sus colaboradores? ¿O es la ausencia de esta capacidad la razón de tomar tantas decisiones improvisadas?

Me remitido a mis experiencias mas recientes como ministro de la Defensa. Sólo en una oportunidad fui recibido y tomado en cuenta por el presidente.

———

Héroe y traidor: El general Baduel recluso en un cuartel

Paolo Luers, 23 junio 2010

I

Por lo menos dos veces el general Raúl Isaías Baduel ha sido el hombre clave para su compañero de armas, Hugo Chávez. La primera vez cuando los generales del Estado Mayor le obligan a al presidente Chávez a renunciar y lo llevan preso a Fuerte Tiuna y luego a la naval en la Isla La Orchila. El general Baduel, jefe la Brigada de Paracaidistas en Maracay, organizó la resistencia militar contra el golpe, logró cambiar la correlación de fuerzas dentro de la Fuerza Armada, y al fin restituyó a Hugo Chávez como presidente de la República. Este pequeño favor le valió su ascenso a Comandante General del Ejército en 2004 y a ministro de Defensa en 2006.

La segunda vez que Baduel se convirtió en el personaje clave para Hugo Chávez fue en 2007. En julio renunció al cargo de ministro de Defensa y inmediatamente comenzó una campaña contra la reforma constitucional promovida por Chávez. En el referéndum de noviembre 2007, la reforma constitucional es rechazada. La primera derrota de Hugo Chávez en las urnas en 8 años.

La leyenda oficial de los chavistas es que en abril del 2002 le hizo golpe de estado “la oligarquía” representada en Fedecamaras (Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela) – y que lo restituyó en el poder “el pueblo”. La verdad es que lo quitó una fracción de los militares y lo rescató el general Raul Isaías Baduel.

Igual, la leyenda oficial de la oposición es que la derrota en el referéndum de noviembre 2007 se le hicieron a Chávez “los estudiantes” con sus manifestaciones,. Pero lo más probable es que esta derrota Chávez la deba a su viejo amigo Raúl Isaías Baduel. Fue él quién convenció a muchos dentro del campo de la revolución bolivariana (y dentro de las Fuerzas Armadas) del carácter antidemocrático del proyecto constitucional de Chávez. Con el resultado que entre los chavistas hubo mucha abstención e incluso voto por el “No”. Y con otro resultado probablemente decisivo: los militares le dejaron ver al presidente que no le iban a apoyar en caso de un fraude electoral. Mucho menos cuando, resultado de un fraude, habría que reprimir manifestaciones y protestas…

Año y medio después del referéndum, en abril del 2009, Baduel es detenido y acusado de corrupción. En mayo del 2010 es condenado por una corte militar a 8 años de prisión.

II

La cárcel militar Ramo Verde está situada dentro de un amplio complejo militar, en una montaña encima de Los Teques, capital de Miranda. Oficialmente se llama Centro Nacional de Procesados Militares, y desde el 2006, cuando aquí se fugaron unos prominentes opositores, es de alta seguridad. No se parece en nada a las cárceles para civiles, que en Venezuela tienen la misma fama de hacinamiento, corrupción, desorden y violencia que en El Salvador.

No puedo llevar ni cámara ni grabadora, ni nada que me identifique como periodista. Visito al general Baduel como ‘amigo personal’. Bueno, cuando lo conocí hace dos años, me regaló una botella de un extraño licor de raíces andinas, que yo me lo tomé entero. Puede ser que esto nos haya convertido en amigos. Y cuando luego de una larga espera y docenas de llamadas telefónicas entre el jefe de guardia y a saber quienes, pude entrar a la cárcel, Raúl Isaías Baduel de hecho me recibió como viejo amigo. O como uno más de su enorme familia, que estaba este sábado reunida en la cárcel militar, como todos los fines de semana, para cocinar, comer, tomar café y para interminables parlamentos, discusiones, chambres y chistes.

La celda de Baduel no es realmente una celda. Es como un pequeño apartamento de un cuarto con baño y cocina. En medio una mesa donde fácilmente cabe una docena de comensales. Baduel es un preso privilegiado, comparado con los presos políticos en las cárceles comunes. El personal militar lo trata de manera correcta y respetuosa. Ya no se le cuadran, porque les llamaron la atención, pero en esta cárcel se siente que se respeta el rango militar de Baduel y la leyenda en la cual se ha convertido.

Por muy privilegiado, Baduel es un preso. Aunque a él no le gusta la categoría, es preso político. Le pesa la reclusión, le pesan los 8 años. Le pesa que le digan ladrón. Le pesa el aislamiento: “Aquí son pocos que me visitan, mi familia y algunos amigos, porque para cualquiera puede tener consecuencias. Yo estoy fuera de la vida pública.”

No se hace ilusiones. Sabe que el resentimiento y el odio de Chávez lo van a perseguir mientras éste reine en Miraflores. “Yo no voy a salir de aquí, por más recursos legales que agotemos para comprobar mi inocencia. Soy preso de Chávez, y no saldré mientras esté en el poder. En 2009, luego de perder el referéndum, Chávez gritó en una asamblea de oficiales: ‘Baduel, traidor, ¡te sale paredón!’ El mismo presidente dijo en público al general Cedeño, el fiscal militar: “Tú sabes lo que tienen que hacer con Baduel.’ La orden su cumplió a cabalidad.”

Cuando pregunto por las acusaciones que le han hecho, se arma una calorosa discusión en la que interviene su mamá, tres de sus hijas, un yerno, una tía y los familiares de varios otros militares presos en Ramo Verde. Baduel sólo dice: “Nunca se pusieron de acuerdo cuánto dinero yo robé siendo ministro. Chávez dijo en Madrid que eran 15 millones de dólares, otros hablan de 20 millones de bolívares (que serían como 3 millones de dólares, otros inventan otros números. A mi lo único que me consta es que tengo dos finiquitos, de dos Contralorías –de la Fuerza Armada y de la República – que nunca han sido revocados.”

No es realmente tema para él. El caso es político. Baduel ha hecho algo que puede ser peligroso en un país tan polarizado como Venezuela: se hizo enemigo a muerte de un lado, que lo ve como traidor, sin hacerse amigo del otro, que lo sigue viendo con mucha sospecha, como militar chavista.

Baduel no cree mucho en la oposición. “Muchos de ellos están negociando y pactando con Chávez. A mi me consta, porque dirigentes ‘opositores’ me buscaron en noviembre de 2007 para convencerme que salga a reconocer el triunfo de Chávez en el referéndum. ¡Y yo sabía que lo habíamos ganado! Otros quieren regresar al pasado, son derechistas. No comulgo con ellos. Pero hay algunos, como Ismael García (del partido Podemos) y Leopoldo López, que sinceramente quieren enfrentar la pobreza y las injusticias en el país.”

Algunos opositores critican el hecho que como ministro no se opuso a Chávez y la ideologización y politización del ejército. “No han leído mi discurso en la entrega del mando, en julio del 2007. Exigí al ejército cuidar la democracia. Exigí al gobierno a no tomar el camino del Capitalismo del Estado. Dije que no podía haber revolución sin democracia y división de poderes. Cada vez que veo la consigna que han puesto en todos los cuarteles: ‘Patria socialista o muerte, ¡venceremos!’, se me remueve el estómago. ¿Viste el rótulo en la entrada?”

Lo vi. No le tomé foto, porque anduve incógnito, no de periodista. ¡Un cuartel con una consigna de guerrilleros! Y adentro, recluido y amargado, un general que es a la vez héroe y traidor, y que tiene en su celda cuatro grandes afiches: uno de Ghandi, otro de Martin Luther King y dos de Nelson Mandela…

El general me ve en la cara la confusión que me causan sus afiches: “Mandela, de símbolo de la lucha armada, se convirtió en símbolo de la reconciliación. Lo admiro por eso.”

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III

Se suspende la discusión política y se sirve el almuerzo. Este sábado la cocina le tocó a Rayrin, la hija mayor del general, que vino de Maracay con su esposo, su mamá y dos hermanas menores. Spaghetti marinera. Cuando se entera que soy alérgico a camarones, le quitan a todo el mundo los platos ya servidos. Rayrin se inventa otra salsa para mis spaghetti, y al rato comemos todos. Cuento 12 comensales en la mesa que preside del general.

Realmente preside. Dirige la conversación. Las hijas me cuentan qué duro ha sido (y sigue siendo) todo esto para ellas y sus hijos. “Mis hijos defienden a su abuelo en la escuela, en la calle, donde sea. Tiene un costo para ellos, pero también un gran beneficio: se unió la familia,” dice Rayrin, una belleza rubia con ojos por ratos muy, muy tristes.

Al rato, la conversación se desliza nuevamente a la política. El general comienza a hablar de su tema preferido, el proyecto de la Constituyente, “convocada por petición popular, elegida en elecciones libres, con el mandato de dictar una Constitución que rescate la democracia, los principios republicanos, la división de los poderes, la independencia judicial, el carácter apolítico de la Fuerza Armada, una política petrolera que asegure el futuro industrial del país, la lucha contra la pobreza…”

Una nueva revolución, para él. Para los chavistas, la contrarrevolución. Para muchos opositores, una reedición del chavismo sin Chávez y sin los cubanos…

El general realmente está sentado entre todas las sillas. Una situación incómoda y peligrosa para un preso político. “Soy enemigo de los dos campos de la polarización. Ya sabes, los militares miden su honor por la cantidad de sus enemigos…”

En la oposición, ya no quieren saber nada de la idea de una Constituyente. En privado dicen: “Primero hay que sacar a Chávez, luego se puede hablar de una Constituyente.” Temen una Constituyente en manos de Chávez.

Para Baduel, este miedo es “falta de confianza al pueblo. Chávez ya no puede controlar un proceso constituyente.” Para Baduel, la vieja idea de una Constituyente sigue válida: “Ninguno de los tres procesos electorales que han llevado a la Constitución del 1999, ha tenido respaldo popular de más del 50%: el referéndum, las elecciones a la Constituyente, y el referéndum de aprobación de la Constitución. Hay que construir un proceso amplio que dé legitimidad a la nueva Constitución.”

IV

En la tarde, luego de varias rondas de café y postres, le hago un par de preguntas al general Baduel que no quiere dejar de hacer:

¿Si nunca fue chavista, como usted dice, por qué aceptó el cargo de comandante general del ejército y luego de ministro de Defensa?

Yo le pedí a Chávez que me dejara de comandante de los paracaidistas hasta mi retiro. Se lo insistí. Pero yo soy soldado y cuando me asignan otro cargo, yo puedo pedir que me dejen, pero tengo que obedecer. Yo tenía incluso la visión de cómo iba a ser el acto de entrega el día de mi retiro. Siempre en Maracay, en la sede de mis paracaidistas. Yo iba a lanzarme una última vez, descender en paracaídas, dar parte por última vez, ir a cambiarme, y salir de civil. Yo no quería ser ministro, mucho menos de Chávez, yo quería seguir siendo soldado y paracaidista.

¿Es cierto que Usted le dijo a Chávez, recién electo presidente, que no se pusiera uniforme militar?

Correcto. Chávez tenía que asumir su cargo como ciudadano, no como ex-militar. Como ciudadano, el presidente puede ser Comandante en Jefe de la Fuerza Armada. ¿Pero un teniente coronel, dando órdenes a generales y admirantes? Chávez no respeta estas cosas, hace una mezcla peligrosa entre partido, gobierno, ejército. Yo siempre se lo señalé, cosa que no aguanta.

Hay quienes piensan que el golpe del 2002 fue un autogolpe de Chávez para poder hacer la limpieza política entre la oficialidad.

Así dicen varios. A mi no me consta. Pero sí me consta que le hablé a Miraflores y le dije: “Vengase a Maracay, aquí estará seguro y juntos defenderemos la Constitución.”

En este momento, aún había cómo salir de Caracas para Maracay. Pero él, en vez de enfrentarse al golpe, se fue a entregar en el fuerte Tiuna. Me dijo: “Voy para Tiuna con los generales, para buscar una solución…” Esto es lo que yo te puedo contar.

¿General, nunca pensó después que mejor no hubiera rescatado a Chávez, que mejor no hubiera dado el contragolpe? No estuviera preso ahora.

Mejor preso que traidor. Como soldado, tuve que defender la Constitución, no a Chávez.

Una última pregunta, general, no sé si me la quiere contestar: ¿Es cierto que usted combatió en El Salvador, en una misión militar venezolana para ayudar a Duarte?

¿Quién le contó esto? Si esto todavía se mantiene en secreto. Nadie sabía, ni mi familia. ¿Te recuerdas, Rayrin, que fui a estudiar afuera en el 81? Estudiar era ir a tirar balas contra la guerrilla. Fuimos todo un contingente, nunca nos identificamos como venezolanos. Aquí en el cuello traigo como recuerdo una esquirla, me cayó en Morazán en el río Torola.

¿En el río Torola? No me digas, ahí estuvo yo del otro lado, yo era guerrillero en Morazán.

¡Capaz nos encontramos y nos matamos mutuamente!

¿Yo puedo publicar esto, la misión militar venezolana en El Salvador, tirando balas?

Que yo sepa, aún es información clasificada. Pero, ¿qué tiene, si ya estoy preso aquí?

El general se levanta. Yo me levanto. Nos abrazamos. Me dice: “Mira, tú me vas a entender, por que has estado en una guerra civil: Aquí muchos juegan con soluciones violentas, de los dos bandos. Nosotros, tú y yo, sabemos que esto es inaceptable, por que sabemos lo que significa en sacrificios.

Termina una visita de casi cinco horas. Me despido y me voy. Abajo, en la entrada al cuartel-cárcel, una última mirada l rótulo que dice: ‘Patria Socialista o Muerte. ¡Venceremos!’

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