Estados Unidos

Mejor no ir. De Manuel Hinds

En el caso particular de la visita a Estados Unidos, el objetivo es dar la impresión de que el gobierno se preocupa por la suerte de todos los hermanos lejanos cuando en realidad dicha suerte no les importa.

manuel hindsManuel Hinds, 15 septiembre 2017 / EL DIARIO E HOY

El gobierno del FMLN ha organizado una visita a Estados Unidos para hacer una petición al gobierno estadounidense a favor de los programas que ese país tiene para ayudar temporalmente a los inmigrantes indocumentados. Esta noticia es chocante, porque mientras con un lado de la boca el FMLN hace estas peticiones, con el otro lado ataca continuamente a los Estados Unidos, lo acusa de ser un imperio, quema su bandera, se opone a Estados Unidos en todas las iniciativas de éste en política exterior, apoya a los enemigos de ese país, insulta a la embajadora en El Salvador y en general lo trata como el peor enemigo de la raza humana.

EDH logEsta manera de hablar con los dos lados de la boca no es una sorpresa en el FMLN, que la usa en prácticamente todos los temas, comenzando por el más fundamental: el respeto a las instituciones democráticas. El FMLN se presenta a sí mismo como el partido más democrático que existe en el país mientras que con todas sus acciones erosiona las instituciones democráticas y las ataca con campañas continuas de desprestigio, calumnias e insultos. Así es el caso, por ejemplo, de su relación con la Sala de lo Constitucional, a la que ataca no sólo verbalmente, sino con pedradas y otras intimidaciones físicas.

El objetivo de esta estrategia es dar “evidencias” para contrarrestar los ataques que el FMLN pueda recibir por sus acciones y objetivos reales. En el caso particular de la visita a Estados Unidos el objetivo es dar la impresión de que el gobierno se preocupa por la suerte de todos los hermanos lejanos cuando en realidad dicha suerte no les importa nada porque la han puesto y la siguen poniendo en peligro cada día con sus actitudes y acciones antinorteamericanas. La idea es contrarrestar la realidad con un acto que es obviamente vacío dadas todas sus otras acciones. El poder decir que fueron a Washington a ayudar a los hermanos lejanos les abrirá la puerta para decir que los ayudan aunque sigan insultando a Estados Unidos, defendiendo servilmente al gobierno del Socialismo del Siglo XXI y atacando la integridad de las instituciones democráticas del país.

La verdad es que sería mejor que el FMLN no fuera más a realizar este tipo de gestiones. La razón principal para no hacerlo es que sus visitas le hacen más mal que beneficio a todos los inmigrantes latinoamericanos, salvadoreños y de otros países, porque con su doble cara el FMLN los tiñe con una imagen que no corresponde con lo que ellos son. En su gran mayoría, los inmigrantes son personas trabajadoras que buscan una mejor vida para ellos y sus hijos y que aspiran a ganarse su ciudadanía contribuyendo a la grandeza de su país de adopción. Lo último que quieren es que los norteamericanos piensen que ellos odian al país, que lo miran con envidia malsana y que lo que desearían sería destruirlo. En realidad, esa es la imagen que los enemigos de extrema derecha de la inmigración quisieran proyectar sobre los inmigrantes para justificar sus posturas en contra de ellos. Lo peor que quieren los inmigrantes es que cuando los funcionarios visitados reciban el informe sobre quiénes son los que los visitan (un informe que siempre se les da antes de cada reunión a los funcionarios) lean que representan un país cuyo gobierno actúa y habla como enemigo de los Estados Unidos, y que entre los visitantes hay personas que han quemado la bandera norteamericana y dicen que su objetivo es destruir a los Estados Unidos.

Es decir, lo que las misiones de este tipo hacen es peor que la simple exhibición de hipocresía. Es peor que dejar que el FMLN se trate de lavar la cara en la política doméstica por todo el daño que está causando a los hermanos lejanos con su odio a los Estados Unidos. Está identificando a los hermanos lejanos con un odio que ellos no tienen, y con eso está ayudándoles a los enemigos de los inmigrantes a tener argumentos para echarlos de ese país.

Anuncios

El presidente de los supremacistas raciales. De Cristina López

Trump tuvo varias oportunidades para elevarse a la altura que la historia exige y que implica la condena absoluta, sin medias tintas ni relativismos, del supremacismo blanco y sus acólitos.

Cristina LópezCristina López, 21 agosto 2017 / EL DIARIO DE HOY

Depende a quién le pregunte, pero para muchos la sociedad estadounidense es un éxito de libertad post-racial. Para muchos, la elección de Barack Obama a la presidencia, por el hecho de ser el primer presidente afroamericano, significaba la prueba palpable de que el racismo se había terminado con la desegregación y las reformas que volvieron ilegal discriminar con base en la raza. Quienes tenían esta opinión, probablemente vieron evidencia de lo contrario hace diez días, cuando en Charlottesville, Virginia, el movimiento de los supremacistas blancos (y milicias simpatizantes armadas) se reunió para protestar la remoción de estatuas de la Confederación.

EDH logEn diferentes localidades alrededor de Estados Unidos, la discusión cultural de si algunas comunidades quieren o no que en las zonas públicas se le rinda homenaje con estatuas a quienes lucharon por la Confederación en la Guerra Civil (el bando que estaba dispuesto a romper la unión para mantener la legalidad de la esclavitud) se ha convertido en ley por medio de los concejos y otras autoridades estatales. Quienes abogan por la remoción de estatuas señalan que en Alemania no existen monumentos para Hitler, solo memoriales para sus víctimas. De cualquier manera, los manifestantes a favor de las estatuas confederadas aparecieron en Charlottesville no solo armados, sino con banderas en las que la esvástica nazi era prominente, mensajes y símbolos que contradicen su postura de que buscaban hacer una demostración pacífica.

Una coalición de grupos antisupremacistas decidió protestar pacíficamente a los neonazis, marchando por las calles de Charlottesville. Se ha reportado que hubo encontronazos violentos entre la protesta y la contra-protesta; sin embargo, fue a los que se encontraban protestando en contra de los nazis y el supremacismo racial a quienes un terrorista embistió con un carro, dejando una víctima fatal.

La policía, que hasta que los sucesos se tornaron violentos se encontraba en el lugar protegiendo la libertad de expresión de los nazis, logró capturar al terrorista, quien seguramente terminará su vida en la cárcel, tanto como las decenas de supremacistas blancos que en los últimos años han cobrado vidas con su racismo (muy a pesar de la opinión azucarada e ingenua de que en Estados Unidos ya se acabó el racismo).

En Estados Unidos el presidencialismo tiene –tristemente– tanta fuerza que a nivel cultural, gran parte de la ciudadanía espera de quien tiene la investidura presidencial una suerte de liderazgo moral, para bien o para mal. Para bien, porque en ocasiones ha habido presidentes que se han elevado a la altura del momento histórico condenando sin medias tintas los males ideológicos que amenazan los principios que en teoría definen los valores de una república.

Reagan condenó el muro de Berlín, Bush padre le hizo frente al Ku Klux Klan, a Obama le tocó llamar a la unidad en el sepelio de nueve afroamericanos, muertos a balazos a manos de un neonazi dentro de una iglesia. Trump tuvo varias oportunidades para elevarse a la altura que la historia exige y que implica la condena absoluta, sin medias tintas ni relativismos, del supremacismo blanco y sus acólitos. Lo hizo, pero justificando su violencia en que “el otro lado” también era violento. Lo hizo, pero solo luego de dos días, y luego de tres, volvió a contradecirse, esta vez diciendo que entre los supremacistas había gente decente que solo quería ver sus estatuas respetadas y culpando a las contra-protestas de la violencia. Procedió luego a defenderse ante las críticas que, por obvias razones, le lanzó no solo la prensa, sino también republicanos asqueados. No es difícil saber cuál es el lado correcto del argumento: al preguntarles qué opinaban de las declaraciones presidenciales, los supremacistas celebraron, diciendo estar orgullosos de su presidente..

@crislopezg

Carta a Trump: Salvar Venezuela sin ir a la guerra. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 15 agosto 2017 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Dear Donald:
Sé que tiene un Departamento de Estado acéfalo y que sus únicos asesores son militares. Se nota. Le voy a mandar algunos consejos no solicitados, a los cuales usted por supuesto ni siquiera haría caso si le lo diera algún experto anglosajón en política hacía América Latina.

masSi realmente quiere ayudar a Venezuela a recuperar su democracia, lo peor que puede hacer es amenazar a Maduro con una intervención militar de Estados Unidos. Es de las pocas cosas que a esta altura le pueden dar oxígeno a este régimen aislado interna y externamente. Maduro y sus narco-generales lo aman por esta su nueva bravuconería.

En vez de esto, lo que el presidente de Estados Unidos debe hacer son tres cosas:

  1. EDH logHablar con Cuba y darle garantías que con un cambio de régimen en Venezuela no perderá el suministro de petróleo. O sea, convencer a Cuba que sostener a la fuerza a Maduro y apoyar la represión contra la oposición no es la única forma que Cuba puede asegurar su sobrevivencia económica. Esto requiere negociaciones paralelas con la oposición venezolana.

Pero lo que usted hace es cerrar las puertas recién abiertas de comunicación con Cuba, obligando a Castro y Maduro a defenderse mutuamente.

  1. Negociar con China, que es el principal acreedor de Venezuela. Venezuela ha empeñado los próximos 20 años de su producción petrolera a China, y Pequín sabe perfectamente que el régimen de Maduro, aunque logre sobrevivir a pura fuerza de represión, nunca tendrá capacidad de honrar esta deuda. La única manera de asegurar que Venezuela le pague a China es un cambio democrático que logre reconstruir la economía nacional. Nuevamente, igual que en el caso de Cuba, Estados Unidos puede dar las garantías que va a facilitar que un nuevo gobierno venezolano, con la ayuda de los organismo financieros internacionales, honre la deuda con China.

Pero lo que usted hace es tensionar la relación con China con su discurso de guerra comercial y sus amenazas militares a Coreo del Norte.

  1. En vez de amenazar con suspender las compras de petróleo a Venezuela, mejor negocie con Colombia para que juntos corten la conexión narco que mantiene funcionando el régimen narco-militar venezolano. Boicotear el petróleo venezolano afectaría a la población venezolana que ya está sufriendo la crisis de abastecimiento. Cortar la conexión FARC-Maduro y su negocio narco, sólo afectaría y efectivamente debilitaría a las cúpulas militares y políticas de Venezuela.

Estoy claro que su ceguera ideológica no le permitirá modificar sus políticas hacía Cuba y China, ni siquiera para salvar Venezuela y estabilizar América Latina. Pero la tercera opción, tal vez la más efectiva para debilitar a Maduro, encaja perfectamente en su discurso macho, Mr. Trump. A menos que sea discurso y nada más.

Si tiene más preguntas, consulte con los expertos en América Latina que abundan en Washington. O haga que su embajadora en Salvador me llame. Tengo varias cosas que me gustaría discutir con ella.

Sincerely yours,

44298-firma-paolo

Fe en la humanidad. De Cristina López

Cuando muchos hablan del “pantano” de corruptelas que puede ser DC olvidan que alrededor del pantano hay una comunidad vibrante de individuos de todos los colores y religiones, que ven a los inmigrantes como una parte importantísima de sus comunidades con independencia de las políticas migratorias de moda.

Cristina LópezCristina López, 31 julio 2017 / EDH

En una coyuntura en la que la política continúa dándonos una mala noticia tras otra, específicamente bajo la administración Trump, de vez en cuando cae bien recordar que quienes tenemos el poder y la capacidad de mejorar nuestras sociedades no son nuestros políticos, somos nosotros, los individuos. De nuestra responsabilidad individual depende el querer construir comunidades fuertes y solidarias, con independencia de las políticas públicas de los gobiernos de turno.

EDH logRecientemente en Washington, DC, una de las ciudades estadounidenses con la concentración más grande de miembros de la diáspora salvadoreña, recibimos un recordatorio de la fuerza de las comunidades. La última semana de junio, un edificio en la zona noroeste del distrito, habitado en su mayoría por inmigrantes centroamericanos y sus familias, se convirtió temporalmente en un infierno.
Se especula que una explosión de gas en medio de la noche fue la causante de que todas las familias inquilinas, en cuestión de horas, se quedaran sin nada; sin el espacio donde vivían; sin las cosas que, poco a poco, con el esfuerzo de su trabajo, habían ido comprando para amueblar sus espacios. Se escaparon solo con su vida y con lo puesto.

Legalmente, el edificio no les debe nada. Por el momento, los alojaron temporalmente en un hotel. De los contenidos de sus apartamentos, no verían reparación alguna a menos que tuvieran seguro de inquilinos, cosa que para muchos era un lujo que no podían costearse con sueldos de la industria de servicios.

El agradecimiento por haber escapado una muerte terrible —el incendio cobró una vida— venía para muchos seguido de la aflicción de no tener nada. La Cruz Roja los asistió en los primeros días después de la tragedia, pero como organización que se encarga de los primeros auxilios, poco podían hacer por ellos una vez pasaron varios días. Acudieron a sus consulados, pero la falta de recursos y en ocasiones, de personal capacitado para responder a este tipo de necesidades, los dejó con pocas opciones: se les ofreció únicamente tramitarles pasaportes nuevos a un costo menor que lo normal y brincándose la lista de espera, que no es poco, pero cuando no se tiene nada, tener el pasaporte vigente no aparece tan arriba en la lista de prioridades.

Muchas veces se dice de Washington DC que debido a la altísima concentración de poder que distingue a la ciudad, el éxito lo marca de manera exacerbada el círculo de contactos. Se dice, “no es quién sos, es a quién conocés”. Esto, de entrada, limitaría a muchísimas familias inmigrantes, sobre todo bajo la administración Trump, en la que la desconfianza a los inmigrantes se ha visto exacerbada, azuzada por la retórica que sale del Órgano Ejecutivo. Y sin embargo, cuando muchos hablan del “pantano” de corruptelas que puede ser DC olvidan que alrededor del pantano hay una comunidad vibrante de individuos de todos los colores y religiones, que ven a los inmigrantes como una parte importantísima de sus comunidades con independencia de las políticas migratorias de moda. Esta comunidad respondió a la tragedia haciéndola propia. Aunque aún hay familias necesitadas, en cuestión de semanas donaciones personales de bienes básicos y no tan básicos (desde sofás, camas, sábanas, vajillas enteras hasta impresoras, para apoyar a las familias con niños en edad escolar) están mejorando la situación de miembros de nuestra comunidad, solidarizándose con los inmigrantes en lo que casi puede percibirse como acto de rebeldía ante una administración prácticamente hostil, recordando que al final, si uno de nosotros sufre, sufrimos todos, devolviéndonos a muchos cínicos la fe en la humanidad.

@crislopezg

Así podría salvar Trump a Maduro. De Moisés Naím

Un bloqueo petrolero daría la coartada perfecta al chavismo.

MoisesNaim4

Moisés Naim, escitor y columnista venezolano

Moisés Naím, 23 julio 2017 / EL PAIS

El presidente Donald Trump y su equipo están considerando la posibilidad de prohibir la importación de petróleo venezolano a Estados Unidos. El cálculo de la Casa Blanca y otros en el Congreso es que esta sanción asfixiaría la economía venezolana y conduciría a la caída del régimen de Nicolás Maduro. Yo no estoy tan seguro. Veo la posibilidad de que esta medida más bien termine fortaleciendo al Gobierno de Caracas, debilitando a la oposición y agravando la crisis humanitaria que está devastando a los venezolanos.

el paisTrump ha anunciado que impondría severas sanciones económicas a Venezuela si Maduro lleva adelante su intención de convocar comicios para una Asamblea Constituyente. Los más de 500 diputados que saldrían elegidos, en un proceso tutelado y trampeado por el régimen, tendrían la misión de reescribir la Constitución. La fundada preocupación es que la intención de Maduro y sus socios cubanos es la de usar esta nueva Constitución —cuya redacción y aprobación controlarían— para imponer instituciones y políticas económicas como las que imperan en Cuba.

Por otro lado, más de siete millones de venezolanos que participaron en una consulta organizada por la oposición manifestaron su repudio a esta Constituyente. Diversos presidentes y expresidentes de América Latina y Europa, el secretario general de la Organización de Estados Americanos y múltiples organizaciones internacionales han exhortado al Gobierno de Caracas a que suspenda esta iniciativa. Pero Maduro y los suyos reiteran que el proceso es imparable.

De resultar esto cierto, Trump ha prometido sanciones más severas de las que ya hay. El enfoque adoptado por Barack Obama y continuado por Trump ha sido el de identificar con nombre y apellido a corruptos, narcotraficantes, violadores de derechos humanos y otros criminales que ocupan altos cargos en el Gobierno de Venezuela y en sus fuerzas armadas e imponerles fuertes sanciones personales. Pero en ciertos círculos de Washington y de la oposición venezolana estas sanciones son percibidas como insuficientes, y de ahí la propuesta de prohibir la importación de petróleo venezolano a Estados Unidos.

Ni los más fanáticos pueden defender ya
la revolución bolivariana sin hacer el ridículo

Hay tres razones por las cuales esta es una mala idea. La primera es que la experiencia histórica en materia de sanciones demuestra que los bloqueos o embargos económicos generales casi nunca logran su objetivo. Hacen sufrir más a la población pero no afectan a los gobiernos y a las élites que lo apoyan.

El caso de Cuba es el mejor ejemplo. En 1962, Estados Unidos le impuso un embargo comercial en respuesta a las confiscaciones de bienes de ciudadanos y empresas norteamericanos. Lejos de desgastar al régimen, su único efecto ha sido el darle una excusa para justificar la crónica catástrofe económica que sufre la isla.

Y hay más ejemplos. Lo que llevó al Gobierno de Irán a la mesa de negociación que culminó en el acuerdo que frenó su programa nuclear no fueron las sanciones económicas que pesan sobre el país desde hace décadas, sino nuevas y muy sofisticadas medidas de castigo dirigidas a altos funcionarios, a sus socios y a su sistema financiero. Vladímir Putin se queja de las sanciones generales que hay contra Rusia, pero mucho más de las que afectan específicamente a las finanzas de sus más cercanos colaboradores y oligarcas amigos.

La segunda razón es que el bloqueo petrolero es innecesario. Sus terribles efectos ya los ha creado Nicolás Maduro. La economía venezolana ha colapsado y desgraciadamente sigue en caída libre. Las reservas en el Banco Central están por debajo de 10.000 millones de dólares, una fracción de lo que deberían ser. La mayor parte de los alimentos, los insumos para producirlos o las medicinas hay que importarlos pagándolos al contado en moneda dura, ya que nadie le da crédito al Gobierno. La trágica realidad es que ya no hay suficientes dólares para importar lo que hace falta para nutrir y medicar adecuadamente a todos los venezolanos. Y esta tragedia la crearon Chávez, Maduro y sus aliados cubanos… solitos. Sin ayuda de Washington.

Y esta es la tercera razón. La tragedia venezolana tiene responsables muy claros. El mundo ya ha entendido que los venezolanos sufren por culpa de la oligarquía chavista que ha gobernado al país durante 18 años bajo la tutela de La Habana. Ahora ni siquiera los simpatizantes más fanáticos pueden defender los resultados de esa revolución bolivariana sin hacer el ridículo. Un bloqueo petrolero impuesto por Donald Trump sería una maravillosa y oportuna tabla de salvación política para Maduro. Trump sería presentado como el responsable del hambre de los venezolanos. Maduro ha venido denunciando la “guerra económica declarada por el imperio del norte contra Venezuela” como la causa de los males del país. El bloqueo petrolero le daría la coartada perfecta.

No lo haga, presidente Trump.

La Ley de Extinción de Dominio en Estados Unidos: Una práctica llena de abusos: Washington Post

El debate sobre la Ley de Extinción de Dominio no termina con la reforma aprobada recientemente por la Asamblea Legislativa. Es necesario tomar en cuenta la experiencia en Estados Unidos. El Washongton Post acabo de publicar un artículo que señala que la ley comparable en Estados Unidos se prestó para muchos abusos y está siendo usada por las fiscalías y las policías para autofinanciarse.

Segunda Plana

Jeff Sessions wants police to take more cash from American citizens

imrs.php

, 17 julio 2017 / THE WASHINGTON POST

washington postAttorney General Jeff Sessions on Monday said he’d be issuing a new directive this week aimed at increasing police seizures of cash and property.

“We hope to issue this week a new directive on asset forfeiture — especially for drug traffickers,” Sessions said in his prepared remarks for a speech to the National District Attorney’s Association in Minneapolis. “With care and professionalism, we plan to develop policies to increase forfeitures. No criminal should be allowed to keep the proceeds of their crime. Adoptive forfeitures are appropriate as is sharing with our partners.”

Asset forfeiture is a disputed practice that allows law enforcement officials to permanently take money and goods from individuals suspected of crime. There is little disagreement among lawmakers, authorities and criminal justice reformers that “no criminal should be allowed to keep the proceeds of their crime.” But in many cases, neither a criminal conviction nor even a criminal charge is necessary — under forfeiture laws in most states and at the federal level, mere suspicion of wrongdoing is enough to allow police to seize items permanently.

Additionally, many states allow law enforcement agencies to keep cash that they seize, creating what critics characterize as a profit motive. The practice is widespread: In 2014, federal law enforcement officers took more property from citizens than burglars did. State and local authorities seized untold millions more.

Since 2007, the Drug Enforcement Administration alone has taken more than $3 billion in cash from people not charged with any crime, according to the Justice Department’s Inspector General.

The practice is ripe for abuse. In one case in 2016, Oklahoma police seized $53,000 owned by a Christian band, an orphanage and a church after stopping a man on a highway for a broken taillight. A few years earlier, a Michigan drug task force raided the home of a self-described “soccer mom,” suspecting she was not in compliance with the state’s medical marijuana law. They proceeded to take “every belonging” from the family, including tools, a bicycle and her daughter’s birthday money.

In recent years, states have begun to clamp down on the practice.

“Thirteen states now allow forfeiture only in cases where there’s been a criminal conviction,” said Robert Everett Johnson, an attorney for the Institute for Justice, a public interest law firm that represents forfeiture defendants.

In 2015, Eric Holder’s Justice Department issued a memo sharply curtailing a particular type of forfeiture practice that allowed local police to share part of their forfeiture proceeds with federal authorities. Known as “adoptive” forfeiture, it allowed state and local authorities to sidestep sometimes stricter state laws, processing forfeiture cases under the more permissive federal statute.

These types of forfeitures amounted to a small total of assets seized by federal authorities, so the overall impact on forfeiture practices was relatively muted. Still, criminal justice reform groups on the left and the right cheered the move as a signal that the Obama administration was serious about curtailing forfeiture abuses.

In his speech Monday, Attorney General Sessions appeared to specifically call out adoptive forfeitures as an area for potential expansion. “Adoptive forfeitures are appropriate,” he said, “as is sharing with our partners.”

“This is a federalism issue,” Johnson said. “Any return to federal adoptive forfeitures would “circumvent limitations on civil forfeiture that are imposed by state legislatures … the Department of Justice is saying ‘we’re going to help state and local law enforcement to get around those reforms.’”

The Department of Justice did not return a request for comment.

Solo la deportación masiva podrá salvar a Estados Unidos. De Bret Stephens

En resumidas cuentas: los llamados estadounidenses “reales” están arruinando al país. Quizá deberían irse para que podamos remplazarlos con gente mejor: recién llegados que aprecien todo lo que ofrece Estados Unidos.

Migrantes recién naturalizados durante una ceremonia para nuevos ciudadanos en Atlanta, en otoño de 2016 Credit David oldman/Associated Press

Bret Stephens, 20 junio 2017 / NEW YORK TIMES

Cuando se trata de inmigración, este columnista conservador forma parte del grupo que favorece la deportación. Estados Unidos tiene demasiadas personas que no trabajan, que no creen en Dios, que no aportan gran cosa a la sociedad y que no aprecian la grandeza del sistema estadounidense.

Necesitan regresar al lugar de donde vinieron.

Read in English

Hablo de estadounidenses cuya familia ha estado en este país desde hace varias generaciones. Complacientes, sintiéndose con todos los derechos y en ocasiones sorprendentemente ignorantes respecto a temas básicos de la ley y de la historia de Estados Unidos, son una laguna estancada en la que podrían ahogarse nuestros prospectos como nación.

En todos los temas, los no inmigrantes de Estados Unidos le están fallando al país.

¿Delincuencia? Un estudio del Instituto Cato señala que los no inmigrantes tienen una tasa de encarcelamiento de casi el doble que los inmigrantes ilegales, y más de tres veces mayor que la de los inmigrantes legales.

¿Logros académicos? Solo 17 por ciento de los finalistas del concurso de talento científico Intel 2016 –calificado como “el Premio Nobel de los jóvenes”– fueron hijos de padres nacidos en Estados Unidos. En el Instituto Rochester de Tecnología, solo 9,5 por ciento de estudiantes de posgrado en ingeniería eléctrica son no inmigrantes.

¿Devoción religiosa, especialmente la variedad cristiana? Hay más inmigrantes ilegales que se identifican como cristianos (83 por ciento) que estadounidenses que lo hacen (70,6 por ciento). Los derechistas que quieren ponerle restricciones a la inmigración harían bien en ponderar este dato cuando se quejan de la baja asistencia a la iglesia.

¿Creación de empresas y emprendimiento? Lo no inmigrantes abren la mitad de los negocios de los que establecen los inmigrantes; de 1995 a 2005 menos de la mitad de las empresas fundadas en Silicon Valley fueron creadas por personas no inmigrantes. En general, el porcentaje de empresarios no inmigrantes se redujo en más de diez puntos de 1995 a 2008, según un estudio del Harvard Business Review.

Los argumentos en contra de los no inmigrantes no terminan ahí. El índice de partos para mujeres no casadas nacidas en Estados Unidos supera al de las madres nacidas en el extranjero, 42 sobre 33 por ciento, respectivamente. El índice de delincuencia y criminalidad entre adolescentes no inmigrantes supera al de sus pares inmigrantes. Un reporte reciente del Sentencing Project también encontró evidencias de que, mientras menos inmigrantes haya en un vecindario, más posibilidades hay de que este sea peligroso.

Además está la importantísima cuestión de la demografía. La carrera por el futuro a fin de cuentas será corrida por la gente saludable, en edad laboral y fértil. Y aquí también nos están fallando los no inmigrantes. “El aumento en el número total de nacimientos anuales en Estados Unidos, de 3,74 millones en 1970 a 4 millones en 2014, se debe por completo a partos de madres nacidas en el extranjero”, reveló el Centro de Investigaciones Pew. Sin esas mamás inmigrantes, Estados Unidos se vería enfrentado a la misma espiral demográfica mortal que acecha a Japón.

En resumidas cuentas: los llamados estadounidenses “reales” están arruinando al país. Quizá deberían irse para que podamos remplazarlos con gente mejor: recién llegados que aprecien todo lo que ofrece Estados Unidos, que tienen mayores ambiciones para sí mismos y sus hijos y están más dispuestos a hacer sacrificios por el futuro. En otras palabras, el tipo de gente que éramos antes… cuando “nosotros” acabábamos de desembarcar.

Claro, es broma lo de deportar en masa a los “verdaderos estadounidenses”. (¿Quién los va a recibir, además?) Pero la amenaza de deportaciones masivas no ha sido ninguna broma con este gobierno.

El 15 de junio, el Departamento de Seguridad Nacional parecía haber anunciado que extendería un programa del gobierno de Barack Obama llamado Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), que permite que jóvenes indocumentados que llegaron a Estados Unidos siendo niños –unas 800.000 personas en total– sigan estudiando y trabajando. Esa decisión daría marcha atrás a las amenazas de Trump en su campaña de deportar a esos chicos, cuyo único delito fue haber sido traídos a Estados Unidos por sus padres.

Empero, el gobierno sigue empeñado en deportar a esos padres y el viernes 16 de junio, el Departamento de Seguridad Nacional anunció que incluso DACA seguirá en revisión. Eso es una cruel medida para los jóvenes inmigrantes, que se preguntan si serán enviados de regreso a un país “de origen” que difícilmente conocen y que habla un idioma que muchos de ellos ni siquiera entienden.

Más allá de lo inhumano que resulta jugar de ese modo con la vida de otra gente, está también la miopía de esa medida. Nadie encuentra felicidad ahuyentando a quienes podrían amarlo. Los negocios no prosperan cuando despiden a sus mejor empleados ni desanimando las solicitudes de empleo. ¿Cómo quieren que Estados Unidos sea grandioso de nuevo si reprende y expulsa a un sector de su población que tiene más energía, es más emprendedor, más respetuoso de la ley, que más empleos crea, que más ideas genera, que más se reproduce y que es más devoto?

Ya que yo soy hijo de inmigrantes y crecí en el extranjero, siempre he pensado que Estados Unidos es un país que pertenece, en primer lugar, a los recién llegados: a la gente que más se esfuerza por ser parte de él pues se da cuenta de que es precioso; que hace todo lo posible para que nuestras ideas y nuestro atractivo sigan siendo nuevos y brillantes.

Esto solía ser un cliché, pero en tiempos de Trump necesita explicarse una y otra vez: somos un país de inmigrantes; también uno de y para inmigrantes. Los estadounidenses que no entiendan eso deberían irse.