Estados Unidos

La mentira de un “país lleno” Columna Transversal de Paolo Luers

21 abril 2019 / EL DIARIO DE HOY

El número de imbecilidades que puede decir (más bien, tuitear) un presidente demagogo es ilimitado. Trump es el ejemplo de un presidente cuya demagogia no tiene límites de racionalidad, veracidad, responsabilidad o decencia.

“Our country is FULL” (Nuestro país está LLENO), anunció Trump en Twitter, agregando su advertencia de cerrar la frontera con México, si este país no capturaba a todos los “illegals” que tratan de entrar a Estados Unidos.

No me voy a detener en esta columna con las numerosas barbaridades políticas que le cupieron a Trump en un solo tuit: hablar de personas “ilegales”; pensar que los mexicanos podrán decidir a arrestar a los miles de migrantes que diariamente cruzan su país; amenazar con cerrar una frontera de 3,175 km y 56 pasos para peatones, vehículos, trenes y mercancías. De todo esto ya se ha hablado bastante.

Pero que el presidente de un país diga: Estamos llenos, ya no cabe más gente – esto si es nuevo. Sobre todo, cuando es tan evidentemente falso.

Igual que en los demás países desarrollados e industrializados (Europa, Canadá, Australia), el desarrollo demográfico y económico de Estados Unidos depende de una permanente inmigración. Un reciente análisis del New York Times, titulado “Trump Says the U.S. Is ‘Full’,” llega a la siguiente conclusión: “Esto sugiere que la nación ya no puede acomodar mayor inmigración, porque ya está sobre estirado. Pero esto va en contra del consenso de expertos de demografía y economía. Ellos ven amplia evidencia de que el país no está ni cerca de ‘lleno’. Más bien, una población cada vez más vieja y la decreciente tasa de nacimiento entre la población nacida en Estados Unidos están creando ciudades y pueblos carentes de población, viviendas desocupadas y finanzas públicas en crisis.”

Sobre todo el mercado laboral exige que elevados números de jóvenes entren a la vida productiva – pero sin migrantes esa exigencia quedaría insatisfecha.

La misma situación absurda se generó en muchos países europeos. En Alemania, por ejemplo, la entrada de millones de refugiados de Siria, Irak, Afganistán y otras regiones en crisis causó todo un movimiento anti migración, a pesar de que los expertos en demografía y desarrollo tienen años de señalar que el país necesita más inmigración, sobre todo de jóvenes, para evitar que colapsen el mercado laboral, el sistema de aprendizaje de trabajadores calificados, y el sistema de pensiones.  

Ahora los alemanes se dieron cuenta que la migración es un fenómeno no solo inevitable, sino manejable. Y es más, es un fenómeno incluso necesario y positivo, cuando es bien administrada. Positivo para los países receptores, que necesitan mano de obra fresca y crecimiento demográfico – pero también para los países de origen, que necesitan bajar presión social, recibir ingresos por remesas y calificar su mano de obra. Los países del Sur de Europa (Italia, Serbia, Croacia, Grecia, España y Portugal) lograron despegar su desarrollo económico, social y democrático en los años 60/70 en gran parte porque Alemania, Suecia, Holanda Francia y Gran Bretaña necesitaban millones de trabajadores – y los integraron en concepto de “Gastarbeiter” (“trabajadores invitados”). Los países del Sur se beneficiaron, porque evitaron hambrunas y recibieron miles de millones de remesas; y los países del Norte se beneficiaron, porque tenían disponible mano de obra económica para el desarrollo de sus industrias claves, por ejemplo la automotriz. Buena parte de los “trabajadores invitados” regresaron luego a sus países a los 15 o 20 años, con ahorros y formación profesional – pero un alto porcentaje (unos 40%) se quedó en el Norte, integrándose plenamente a sus sociedades y culturas.

En épocas anteriores, sin la migración masiva a Estados Unidos, países como Irlanda e Italia se hubieran hundido en su pobreza – y Estados Unidos no se hubiera desarrollado tanto en el Siglo 20. Cosa parecida había pasado en el siglo 19 con la migración alemana a Estados Unidos.

Estos países europeos, en ciertos momento de sus historia, sí estaban llenos, o sea con más población que podían alimentar. Así como ahora El Salvador es un país ‘lleno’, que necesita de la migración para que la sobrepoblación no la hunda en pobreza. Solo imagínense a nuestro país con los 8 ó 9 millones de habitantes que tuviéramos sin el movimiento masivo de emigración al Norte.

Claro que hay salidas de la pobreza, y de la necesidad de la migración. Irlanda, que todavía al principio del siglo 20 tuvo hambrunas y tuvo que mandar a millones de sus hijos a Estados Unidos e Inglaterra, ahora es un país vibrante que recibe migrantes para poder continuar creciendo. Portugal, el Sur de España y buena parte de Italia comenzaron a salir del “tercer mundo” con la integración europea y su mercado laboral libre. Sin la posibilidad de migración masiva y mercados laborales libres no hay desarrollo para países como los nuestros del triángulo Norte de Centroamérica.

Assange y la libertad de prensa. De Cristina López

15 abril 2019 / EL DIARIO DE HOY

No me simpatiza Julian Assange. No sé si es por su actitud de patán petulante, o por los repetidos rumores reportados en varios medios de comunicación de que el Gobierno del Ecuador tuvo que enviarle repetidas peticiones escritas de que por favor cumpliera con un mínimo de hábitos higiénicos mientras se encontraba refugiado en la embajada de dicho país en Londres. No sé si son las cifras (cerca de 6 millones de dólares) que según el Ecuador le costó al gobierno tenerlo de mal agradecido huésped por obra y gracia de los caprichos de Rafael Correa. O será el aspecto pálido y grasiento, de estatua de cera a dos pelos de derretirse por completo. O quizás el hecho de que se escurrió de ser llevado a la justicia en Suecia por las acusaciones de abuso sexual en su contra. Quizá sea una combinación de todo.

Y a pesar de mi desdén contra el tipo y de lo incómodo que se siente escribir en su defensa, en nombre de la libertad, del acceso a la información y de la rendición de cuentas, espero que no sea castigado por haber expuesto secretos gubernamentales. Por el momento, la justicia estadounidense está luchando a brazo partido porque se logre una extradición rápida, para poder procesarlo por su participación en publicar información gubernamental secreta. Se le acusa específicamente de violentar una ley contra el Abuso y Fraude Computacional y de haber conspirado con una ex-analista de inteligencia militar, ayudándole a violentar una contraseña del Departamento de Defensa estadounidense, clasificada como confidencial.

Quienes quieren procesarlo consideran que a Assange no le protege la libertad de prensa, pues en teoría no era periodista. Se consideraba a sí mismo un “hacktivista”, la combinación de un hacker y un activista. Quienes quieren que los secretos del gobierno permanezcan herméticos y libres de que una ciudadanía crítica exija rendición de cuentas, consideran que al hackear esa contraseña Assange abandonó la zona de la libertad de expresión, entrando en la de pura criminalidad.

Y, sin embargo, como dijo la columnista del Washington Post Margaret Sullivan, a Assange se le está acusando con términos que hacen parecer mucho de lo que hacen los mejores periodistas del mundo como conspiración criminal. Es perfectamente normal (y de hecho, éticamente correcto) que los periodistas tengan interés en ocultar sus fuentes y protegerlas con anonimato, sobre todo cuando divulgar la información que han hecho del conocimiento del periodista podría acarrearles consecuencias negativas. No es extraño que el gobierno estadounidense esté empeñado en procesar a Assange: juega a su favor que sea un personaje tan impopular, puesto que como dijo el director de la Fundación para la Libertad de Prensa Trevor Timm, “cuando los gobiernos tratan de restringir el acceso a la prensa, de la manera que sea, la inclinación no es ir tras la persona más popular”,

La intención de la justicia estadounidense es clara. Están buscando desincentivar a los futuros Assanges de publicar información auténtica que el gobierno quiere mantener en secreto. La historia ha enseñado la corrupción que se destapa cuando se publica la información que los gobiernos no quieren que veamos. Desde los archivos del Pentágono que revelaron la corrupción detrás de la guerra de Vietnam hasta el escándalo de Watergate que le costó la presidencia a Nixon, varios episodios históricos demuestran que en situaciones de secretismo, la luz y transparencia es el mejor desinfectante. Para evitar crear un precedente en el que se lo que se criminaliza es incomodar al gobierno, lo mejor sería que no procesaran a Assange.

@crislopezg

Carta sobre la diferencia entre la realidad y la percepción de la corrupción. De Paolo Luers

7 marzo 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Cosas extrañas están pasando en El Salvador. No solo el plato volador que observó Will Salgado en el cielo nocturno sobre San Miguel. Ahora circula una carta fantasma, primero en las redes, luego hasta en los periódicos, dirigida al presidente Salvador Sánchez Cerén. Supuestamente la mandó Cynthia Huger, vicepresidenta de la Corporación del Reto del Milenio, que es la instancia que maneja y controla los fondos de Fomilenio. Digo supuestamente, porque la copia divulgada no lleva firma. Y es imposible compararla con la original, porque esta extrañamente no ha sido recibida en Casa Presidencial, a pesar de que la copia de la supuesta correspondencia lleva fecha del 22 de febrero. ¿Tardará 3 semanas la valija diplomática desde Washington a San Salvador?

¿Qué es lo importante de la supuesta carta? El fuerte reclamo que hace en cuanto a la corrupción en El Salvador. Según la misteriosa carta, El Salvador “no ha pasado la evaluación de desempeño” respecto al “control de la corrupción.” O sea, reprobados en materia de la lucha contra la corrupción…

Bueno, es entendible que al gobierno de Estados Unidos, como donante de los fondos de Fomilenio, le preocupe la corrupción, igual que a nosotros. ¿Pero cuál es la tal “evaluación de desempeño” que hace el gobierno de Estados Unidos para llegar a la conclusión que nuestro país no está combatiendo debidamente la corrupción?

Por más increíble que parezca, la respuesta es que mandan a hacer encuestas. La tal “evaluación de desempeño” de la lucha contra la corrupción en El Salvador (y otros países del mundo) que hace el gobierno de Estados Unidos para decidir si mantiene, reduce o suspende su ayuda financiara no es un examen objetivo de la corrupción y de las medidas anticorrupción. Lo que miden es la precepción que la gente tiene sobre estos asuntos. Una metodología parecida a la del famoso “Latinobarómetro” y otras encuestas que hace el Banco Mundial.

En estas encuestas preguntan a la gente si tienen la impresión que en su país hay mucha, o poca corrupción, si la corrupción ha aumentado y si el gobierno la está combatiendo debidamente. Es obvio que de esta manera no se mide la corrupción sino la percepción que la gente tiene de ella que puede ser correcta pero igual puede ser equivocada.

Por lógica, la percepción de la corrupción aumenta cuando hay muchos funcionarios acusados de corrupción y cuando todos los días los medios y los políticos hablan de estos casos. Pero lo que aumenta no es la corrupción objetiva, sino la percepción subjetiva. La corrupción objetiva, al investigar, enjuiciar y publicitar a tantos casos de corrupción, bien puede estar reduciéndose. Y es bien probable que esto esté pasando en El Salvador. ¿Usted piensa que hoy hay más corrupción en El Salvador que bajo los gobiernos de Saca y Funes? Yo no.

Entonces, lo realmente misterioso de esta carta no es que no tenga firma y que en 3 semanas no haya llegado a Casa Presidencial. El hecho realmente misterioso es que esta carta, si es que es auténtica, confunde la percepción con la realidad y con base en esta confusión amenaza con recortar la ayuda financiera de Estados Unidos a El Salvador.

Entonces, queda la pregunta: ¿Quién anda circulando esta carta misteriosa, sin explicar la diferencia entre realidad y percepción? ¿Y con qué fin?

Saludos,

Carta a la secretaria de Seguridad Nacional de EEUU: Más respeto, por favor. De Paolo Luers

5 marzo 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimada Kirstjen Nielsen:
En la reunión que en nuestra capital celebró con los ministros de seguridad de Honduras, Guatemala y El Salvador, usted dijo: “Pido a cada uno de ustedes que muestren un liderazgo audaz para detener la formación de nuevas caravanas, que han traído violencia, crimen e inestabilidad a la región.”

Como jefa máxima de Seguridad Nacional de Estados Unidos, usted tiene el más amplio y profundo acceso a cualquier información relacionada con temas de Seguridad. Por tanto usted sabe, igual que los ministros centroamericanos, que su afirmación es falsa. Las caravanas no han traído violencia, crimen e inestabilidad a la región. Es al revés, las caravanas, así como la migración ‘ilegal’ en general, son una consecuencia de la violencia, crimen e inestabilidad existentes en la región.

Las caravanas solo son una modalidad nueva del mismo flujo de centroamericanos que diariamente emprenden viaje a Estados Unidos. Y es una modalidad que reduce el poder de los coyotes y de las organizaciones criminales que se lucran de la migración ‘ilegal’ y que su gobierno siempre exigió a nuestros gobiernos que los combatieran. Si realmente quieren combatir el crimen organizado, ustedes deberían coordinar con los gobiernos de Centroamérica y México el apoyo y la seguridad de las caravanas. No es un chiste, Ms Secretary, sino una observación seria.

Me imagino que cuando se reunió con el presidente electo Bukele hizo los mismos planteamientos que al gobierno saliente. Lastimosamente no sabemos qué respuestas le ha dado. Su oficina de prensa solo difundió un comunicado escueto, diciendo que Bukele discutió con usted sobre temas como el narcotráfico, tráfico de personas, de armas, lavado de dinero, ciberseguridad, pandillas, migración forzada y la cooperación con la policía y Fuerza Armada. “Sobre los cuales se tendrá una agenda en común a desarrollar entre el gobierno de Estados Unidos y el futuro gobierno de El Salvador dirigido por el presidente electo Nayib Bukele”, señala el comunicado.

Obviamente, es necesaria una agenda en común con Estados Unidos. Pero para ser efectiva tiene que basarse en franqueza y mutuo respeto. Esperamos que el futuro presidente salvadoreño no haya agachado la cabeza, como los tres minstros, sino que le haya expresado que no está de acuerdo con la premisa suya de ver a las caravanas como expresión del crimen organizado.

Esta es la gran interrogante que tenemos: ¿Cuál será la política de Seguridad del futuro presidente y cómo la va a conciliar con las prioridades y los métodos definidos por ustedes en el gobierno de Estados Unidos.

No soy quien puede dar consejos al presidente electo. Pero tal vez puede atender el consejo de Fabio Castillo. Este hombre, amigo de Bukele, expresó en su entrevista con El Diario de Hoy que ve positivo que el futuro gobernante esté comprometido con estrechar los vínculos con los Estados Unidos.

Pero agregó: “Lógicamente esto requiere que los EE.UU. nos traten con más respeto…”.

Yo le haría la misma petición, señora secretaria. Venir a Centroamérica para imponer a nuestros gobiernos un análisis a todas luces falso, y las políticas de Seguridad que de ahí se deriven, no es la base para una agenda común que puede resolver los problemas ni de Estados Unidos ni los nuestros.

Saludos respetuosos,


Trump: el miedo. De Bob Woodward

Foto:  Chip Somodevilla Getty Images

El presidente de EE UU es retratado sin concesiones en Miedo. Trump en la Casa Blanca (Roca Editorial). En su libro, el periodista que investigó el Watergate se asoma al caótico y agresivo día a día del hombre más poderoso del mundo. Este es un extracto de uno de sus capítulos.

20 noviembre 2018 / EL PAIS SEMANAL

El Tanque tenía su atractivo. A Trump le encantaba la habitación. También conocida como la Habitación Dorada por su alfombra y sus cortinas, el Tanque es una estancia ornamentada y solemne. En esencia, es un lugar de retiro, privado y de alta seguridad que refleja décadas de historia.

JUSTO ANTES de las diez de la mañana del 20 de julio, un agobiante y despejado jueves, seis meses después de haberse proclamado presidente, Donald Trump cruzó el río Potomac hasta el Pentágono.

Las presentaciones preparadas por Mattis y Cohn eran mitad clase de historia, mitad confrontación geoestratégica. También se trataba de un tardío esfuerzo por abordar la inminente pregunta: ¿cómo establece esta Administración sus prioridades políticas y se atiene a ellas?

McMaster no acudió porque tenía un compromiso familiar.

Los mapas que representaban las obligaciones estadounidenses por todo el mundo —despliegues militares, tropas, armas nucleares, cargos diplomáticos, puertos, activos de inteligencia, tratados e, incluso, acuerdos comerciales— ocupaban dos grandes pantallas en la pared, y contaban la historia de Estados Unidos en el mundo. Se mostraban incluso los países en los que Estados Unidos tenía puertos y derechos sobre el espacio aéreo. También se mostraban los principales radares y otras instalaciones de vigilancia.

Una reunión infernal. Este texto, un extracto del capítulo 27º del libro, evoca la tensa reunión del 20 de julio de 2017 entre Trump y sus principales colaboradores en seguridad y economía. El presidente los critica con furia, y lo mismo hace con sus generales en Afganistán. A sus aliados de la UE y a las empresas europeas los insulta abiertamente.

Asistentes a la reunión. De izquierda a derecha, de arriba a abajo. Donald Trump: desde el 20 de enero de 2017 es el 45º presidente en la historia de EE UU. Rex Tillerson: secretario de Estado hasta su destitución en marzo de este año. Steve Bannon: estratega jefe de la Casa Blanca hasta su despido en agosto de 2017. James Mattis: general y actual secretario de Defensa de Estados Unidos. Steve Mnuchin: banquero, productor de cine y secretario del Tesoro de EE UU. Gary Cohn: principal asesor económico de Trump entre 2017 y 2018.
Asistentes a la reunión. De izquierda a derecha, de arriba a abajo. Donald Trump: desde el 20 de enero de 2017 es el 45º presidente en la historia de EE UU. Rex Tillerson: secretario de Estado hasta su destitución en marzo de este año. Steve Bannon: estratega jefe de la Casa Blanca hasta su despido en agosto de 2017. James Mattis: general y actual secretario de Defensa de Estados Unidos. Steve Mnuchin: banquero, productor de cine y secretario del Tesoro de EE UU. Gary Cohn: principal asesor económico de Trump entre 2017 y 2018.

—El mejor regalo que la generación anterior nos ha hecho —comenzó Mattis— es el orden democrático internacional basado en normas.

Esta arquitectura global trajo consigo seguridad, estabilidad y prosperidad.

Bannon estaba sentado a un lado, en la línea de visión del presidente. Conocía muy bien su concepción global del mundo. Para él era como una especie de fetiche. Su propia obsesión seguía siendo “Estados Unidos primero”.

“Esto va a ser divertido”, pensó Bannon mientras Mat­tis exponía las razones por las que los principios organizativos del pasado seguían siendo factibles y ­necesarios.

“Ahí está el meollo del asunto”, pensó Bannon.

El secretario de Estado Rex Tillerson fue el siguiente.

—Esto es lo que ha mantenido la paz durante 70 años —concluyó el antiguo magnate del petróleo de Texas.

Para Bannon se trataba más bien del antiguo orden mundial: compromisos costosos y sin límite, promesas hechas y cumplidas.

Trump negó con la cabeza en desacuerdo, aunque no dijo nada.

Cohn fue el siguiente en hablar. Él expuso las razones a favor del libre comercio: México, Canadá, Japón, Europa, Corea del Sur. Presentó los datos de importación y exportación.

—Somos grandes exportadores de productos agrícolas, casi 130.000 millones de dólares al año —apuntó—. Necesitamos que esos países compren nuestros productos agrícolas. Toda la parte central de Estados Unidos se compone, básicamente, de agricultores —informó.

La mayoría de ellos había votado a Trump.

La venta de armas de Estados Unidos en el extranjero ascendió a 75.900 millones de dólares en el año fiscal de 2017.

—No cabe duda de que tenemos muchos aviones militares en el mismo aeropuerto de Singapur en el que compran muchos aviones Boeing —dijo Cohn—. No cabe duda de que realizamos enormes operaciones de inteligencia desde Singapur. No cabe duda de que nuestra flota naval entra y sale de allí para repostar y reabastecerse.

Cohn afirmó que el déficit comercial hacía crecer la economía estadounidense.

—No quiero oírlo —dijo Trump—. ¡Son todo chorradas!

Mnuchin, secretario del Tesoro y otro veterano de Goldman, habló de la importancia de las alianzas de seguridad y las sociedades comerciales.

Trump se volvió para mirar a Bannon. Luego volvió a mirar. Bannon lo tomó como una señal.

—Esperad un momento —dijo Bannon a todos los presentes mientras se levantaba—. Seamos realistas.

Eligió uno de los acuerdos internacionales más controvertidos, un acuerdo que ataba a Estados Unidos a ese orden global.

—El presidente quiere revocar el acuerdo iraní y vosotros lo estáis ralentizando. Es un acuerdo espantoso. Quiere revocarlo para poder renegociarlo.

El jefe de estrategia advirtió que “una de las cosas que quiere hacer” es imponer sanciones a Irán.

—¿Alguno de vuestros malditos grandes aliados de la Unión Europea va a apoyar al presidente? Tanto hablar de que son nuestros socios. ¿Podéis nombrar a uno que piense apoyar al presidente en el tema de las sanciones?

Mnuchin trató de responder a la pregunta sobre la importancia de los aliados.

—Dadme un nombre —solicitó Bannon—. Un país, una empresa. ¿Quién va a apoyar las sanciones?

Nadie respondió.

—A eso me refiero —corroboró Trump—. Lo ha dejado bien claro. Habláis de todos esos tipos como si fueran aliados. Ahí arriba no hay un solo aliado. Responded la pregunta de Steve: ¿quién va a apoyarnos?

—Lo máximo que podemos decir es que no están incumpliendo nada —convino Tillerson.

Todas las agencias de inteligencia estaban de acuerdo en eso. Era el aspecto fundamental. ¿Cómo podían imponer nuevas sanciones si no se había incumplido el acuerdo?

—Todos están ganando dinero —dijo Trump, y señaló que la Unión Europea estaba comerciando y haciendo grandes negocios con Irán—. Y nadie nos va a apoyar.

Trump pasó a Afganistán, donde, recientemente, ya había aguantado media docena de reuniones del Consejo de Seguridad Nacional y algunas otras de menor envergadura.

—¿Cuándo vamos a ganar algunas guerras? Tenemos estos gráficos. ¿Cuándo vamos a ganar algunas guerras? ¿Por qué intentáis imponerme eso?

Haciendo referencia al comandante en Afganistán, el general John Nicholson, que no estaba presente, el presidente atacó.

—Dudo que sepa cómo ganar. No sé si es un ganador. No hay victorias.

Trump no se había decidido por una estrategia en cuanto a Afganistán, seguía siendo objeto de debate.

“Deberíais estar matando gente. no necesitáis una estrategia para matar gente” (Trump al general Unford, presidente del Estado mayor conjunto, hablando de Afganistán)

—Deberíais estar matando gente. No necesitáis una estrategia para matar gente.

El general Dunford, presidente del Estado Mayor Conjunto, salió en defensa de Nicholson.

—Señor presidente —dijo Dunford, de manera educada y con voz suave—, no se ha ordenado conseguir la victoria. Esas no son las órdenes.

Con Obama, que había retirado la mayor parte de las tropas (habían pasado de 100.000 a 8.400), la estrategia se centraba en llegar a un punto muerto.

Mattis y Dunford proponían nuevas normas de intervención para las tropas estadounidenses en Afganistán, lo que les otorgaría libertad para ser más agresivos y letales al eliminar las restricciones a los comandantes locales de la era Obama. Las tácticas ya no se anunciarían al enemigo. Los éxitos recientes al combatir al ISIS reflejaban la importancia de esos cambios.

Trump recordaba que el general Nicholson había autorizado el uso de la bomba de 10 toneladas, la GBU-42/B, conocida también como MOAB, por sus siglas en inglés, la madre de todas las bombas.

—Hizo explotar esa bomba enorme sobre ellos.

—Sí —dijo Dunford—, fue una decisión que tomó el comandante de campo, no se tomó en Washington.

Mattis intentó intervenir educadamente.

—Señor presidente, señor presidente…

—Perro loco, Perro loco —respondió Trump, usando su apodo en la Marina—. Se están aprovechando de nosotros ¿Qué estamos haciendo? —Trump preguntó a sus generales de forma tan severa como le fue posible sin gritar—. ¿Y ganar? ¿Y ganar, qué? Estamos en esta situación porque habéis estado recomendando esas actividades.

La tensión iba en aumento y pronto volvieron al tema de Irán.

—Lo están cumpliendo —dijo Tillerson—. Ese es el trato, y lo están cumpliendo. Puede no gustarte.

Trump y su Consejo de Seguridad Nacional, en julio de 2017. De frente, de izquierda a derecha, Jim Mattis, Patrick Shanahan, Joseph Dunford y Paul Selva. Detrás (junto a la puerta), Steve Bannon.
Trump y su Consejo de Seguridad Nacional, en julio de 2017. De frente, de izquierda a derecha, Jim Mattis, Patrick Shanahan, Joseph Dunford y Paul Selva. Detrás (junto a la puerta), Steve Bannon. Departamento de Defensa de EE UU

El secretario de Estado tenía una forma lógica de revisar los detalles del cumplimiento técnico del acuerdo.

—Eso es típico de la clase dirigente —contestó Trump.

Discutían para que todas esas cosas encajaran entre sí: los acuerdos comerciales con China y México, el acuerdo nuclear con Irán, el despliegue de tropas o la ayuda exterior. El mensaje de Trump fue decir “no” a todo lo que le habían presentado.

—No podemos hacer esto —dijo Trump—. Esto es lo que nos ha llevado a esta situación.

—Cuando digas que apliquen sanciones —dijo Bannon, dirigiéndose a Mnuchin—, estos grandes socios ¿qué harán con las sanciones?

Mnuchin parecía eludir una respuesta.

—No, espera —le presionó Bannon—. ¿Están con nosotros o no?

—Nunca lo apoyarán —observó Mnuchin.

—He ahí la respuesta —dijo Bannon—. Esos son vuestros aliados.

—Las empresas europeas —dijo Trump, señalando con el dedo a Mnuchin— no valen una mierda.

Siemens, Peugeot, Volkswagen y otras empresas europeas conocidas estaban invirtiendo activamente en Irán.

—Rex, eres débil. Quiero revocarlo.

Trump pasó a uno de sus temas favoritos. Quería aplicar aranceles a las importaciones de acero, aluminio y automóviles. Se preguntaba por qué Mnuchin no declaraba a China una manipuladora monetaria tal como él pretendía.

Mnuchin explicó que, hacía años, China había sido una manipuladora monetaria, pero que ya no lo era.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Trump—. Aporta argumentos convincentes. Hazlo. Declara que lo es.

Mnuchin le explicó que la ley en Estados Unidos era muy clara en cuanto a los requisitos para probar la existencia de manipulación monetaria y que, por eso, no podía aportar argumentos convincentes.

—Estamos en el lado equivocado en los acuerdos comerciales —dijo Trump—. Pagamos por todos ellos más de lo que valen. Los otros países están ganando dinero. Mirad todo esto de aquí arriba. Estamos pagando por todo esto. Esos países son “protectorados” —declaró.

—De hecho, eso es bueno para nuestra economía —repitió Cohn.

—No quiero oírlo —respondió Trump—. Todo eso son chorradas.

A medida que la reunión llegaba a su fin, Tillerson se reclinó en su silla. Parecía dirigirse al presidente, pero no mantenía contacto visual con él. En cambio, miraba a Mattis.

—Tu acuerdo —dijo el secretario de Estado—. Es tu acuerdo.

En Texas era una forma de lavarse las manos, como aquel que dice: obedeceré y ejecutaré las órdenes, pero el plan es tuyo, no mío.

—Invertimos 3.500 millones de dólares al año para tener tropas en Corea del Sur —dijo Trump enfadado—. ¡Y ellos fueron incapaces de decidir si querían o no el sistema antimisiles THAAD! ¡Y tampoco si iban o no a pagar por él!

Algunos surcoreanos creían que el sistema antimisiles podía provocar una guerra con Corea del Norte y habían puesto reparos a la instalación, argumentando que era por el bien de Estados Unidos y Japón.

—Pues ¡saca las putas tropas! —exclamó Trump—. ¡Me importa una mierda!

—Los surcoreanos nos dan muchísimas subvenciones —explicó Cohn, desafiando directamente al presidente—. El acuerdo comercial es bueno para la economía de Estados Unidos —repitió—. Nos compramos las teles más increíbles del mundo por 245 dólares. Lo cual quiere decir que la gente gasta menos dinero en televisores y más dinero en otros productos estadounidenses.

Si Estados Unidos retiraba sus tropas de Corea del Sur, harían falta más portaaviones en esa parte del mundo para estar tranquilos.

—Eso podría costar hasta 10 veces más —expuso Cohn. Luego estaba la información de inteligencia, sumamente delicada, que se había obtenido gracias a los programas de acceso especial que Corea del Sur permitió que Estados Unidos llevara a cabo. Trump parecía no comprender su valor o necesidad.

—A ver, 3.500 millones de dólares, 28.000 soldados —dijo el presidente. Estaba furioso—. No sé por qué están ahí. ¡Vamos a traerlos a todos a casa!

—Entonces, presidente —dijo Cohn—, ¿qué necesitarías que hubiera en la región para dormir bien por la noche?

—No necesitaría una mierda —aseguró el presidente—. Y dormiría como un bebé.

Priebus puso fin a la reunión. Mattis parecía estar completamente desanimado.

Trump se levantó y salió.

Era como si Tillerson se hubiese quedado sin aire. No podía soportar el ataque de Trump a los generales. El presidente hablaba como si el Ejército estado­unidense fuese una panda de mercenarios a sueldo. Si un país no nos pagaba para que estuviéramos ahí, no queríamos estar ahí. Como si a Estados Unidos no le interesara forjar y mantener un orden mundial pacífico, como si el principio organizativo de Estados Unidos fuera el dinero.

—¿Estás bien? —le preguntó Cohn.

—Es un puto imbécil —observó Tillerson para que todos lo oyeran.

TRUMP ABANDONÓ la reunión con Priebus, Bannon y Kushner justo antes de las 12.45. Estuvo unos momentos saludando a los miembros del servicio que se encontraban en el pasillo.

—La reunión ha ido genial —dijo Trump a los periodistas—. Una reunión estupenda.

Se dirigió a la limusina presidencial.

—Me alegro de que al fin te decidieras a decir algo —­felicitó Trump a Bannon—. Necesitaba un poco de apoyo.

—Lo estabas haciendo genial —dijo Bannon.

Mnuchin, el secretario del Tesoro, salió detrás de ellos. Quería asegurarse de que estuviera claro que estaba con Trump en el asunto de los aliados europeos.

—No sé si son aliados o no —convino—. Estoy contigo.

En el coche, Trump describió a sus asesores.

—No saben nada de negocios. Todo lo que quieren hacer es proteger a todo el mundo, y nosotros lo pagamos.

Dijo que los surcoreanos, nuestros aliados, no llegarían a un nuevo acuerdo comercial con nosotros.

—Y quieren que les protejamos de ese loco en el norte.

COHN CONCLUYÓ que, de hecho, Trump estaba yendo hacia atrás. Había sido más razonable durante los primeros meses, cuando todavía era un principiante.

“Los asesores del presidente están preocupados por su carácter imprevisible, su ignorancia y sus opiniones peligrosas” (un alto cargo de la Casa Blanca)

Para Priebus, esta había sido la peor de muchas reuniones espantosas. Seis meses después de formar parte de la Administración, podía ver con claridad que tenían un problema fundamental a la hora de establecer objetivos. ¿Adónde se dirigían?

La desconfianza en la sala había sido palpable y corrosiva. El ambiente era salvaje. En apariencia, todos estaban en el mismo bando, pero parecían llevar puesta la armadura de guerra, en especial el presidente.

—A esto se parece la locura —concluyó Priebus.

UN ALTO CARGO o de la Casa Blanca que habló durante esa misma época con algunos participantes de la reunión hizo este resumen: “El presidente procedió a soltar una reprimenda e insultar a todo el grupo por no saber nada en lo que respecta a defensa o seguridad nacional. Es evidente que muchos de los asesores principales del presidente, especialmente los pertenecientes a la esfera de la seguridad nacional, están sumamente preocupados por su carácter imprevisible, su relativa ignorancia, su incapacidad para aprender y también por lo que ellos consideran que son opiniones peligrosas”. 


Se van porque no hay de otra. De Erika Saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

29 octubre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Los hermanos lejanos no se van de sus países porque los engañan, se van porque no hallan vida que desarrollar en sus tierras. No nos engañemos ni hagamos teorías de la conspiración. Alguien puede ayudarles a pagar el viaje hacia los Estados Unidos, pero alguien que está bien en su país no se va para ningún lado.

Hemos visto en los últimos días cómo la caravana de migrantes que se dirige a la frontera entre México y Estados Unidos ha irritado las relaciones entre estos países y los pertenecientes al Triángulo Norte. El flujo de migrantes no es algo nuevo. Son miles de personas las que arriesgan sus vidas cada año en busca de un futuro mejor; pero hoy ya no lo hacen de manera individual, se han unido, convirtiéndose en un mar de gente que busca entrar a los Estados Unidos y cumplir el sueño americano. O salir de la pesadilla en la que lamentablemente se ha convertido Centroamérica.

En medio de las distintas coyunturas políticas en cada país, no han faltado voces señalando que se trata de un fenómeno creado con el objetivo de afectar imágenes políticas, generar percepciones de cara a las elecciones de medio término en Estados Unidos o distraer de las crisis políticas internas de Nicaragua, Honduras, Guatemala y El Salvador. Lejos de si la caravana de migrantes es una creación con fines políticos o un grupo de gente manipulada, lo cierto es que detrás de cada persona que decide caminar miles de kilómetros con sus hijos en brazos hay un drama humano, producto de la falta de oportunidades y la pobreza en el país que decidió abandonar.

Los problemas inician al interior de los países centroamericanos, en la incapacidad de los gobiernos de ofrecer las condiciones mínimas en las que una persona pueda desarrollarse. Se ha perdido el control de la seguridad pública y la gente ya no puede caminar tranquila en las calles. Los servicios públicos son de precaria calidad y las oportunidades de trabajo son escasas. En Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador rebalsa la corrupción, el dinero no se invierte en la gente, y cuando creíamos que ya pocas cosas son capaces de asombrarnos, la realidad se supera a sí misma y nacen nuevas razones para que los ciudadanos honrados se indignen.

El gobierno salvadoreño ha negado la existencia de la migración forzada producto de la violencia, y tuvo que ser la Sala de lo Constitucional la que obligara a reconocer el problema y a adoptar medidas para tratar de paliar la crisis. En la sentencia se expuso que existe un fenómeno de desplazamiento forzado de personas que tiene origen en el contexto de violencia e inseguridad que afecta gravemente a zonas controladas por las pandillas y en las afectaciones a derechos como la vida, integridad física, libertad y propiedad. Además, ordenó diseñar e implementar políticas públicas y protocolos de actuación orientados a prevenir el desplazamiento forzado de los habitantes del país.

La incapacidad del Estado salvadoreño de encontrar soluciones a problemas como el desplazamiento interno por motivos de violencia, la pobreza, la falta de oportunidades para obtener un trabajo digno, la desidia de combatir la corrupción que diluye el dinero que debería invertirse en la educación de los niños, en la salud de los trabajadores o las pensiones de los mayores, son factores que han agravado el éxodo masivo hacia el Norte.

La caravana de migrantes sigue su camino hacia Norteamérica. Y ojalá la tristeza que causa ver gente sin esperanza, con hambre y los temores embolsados en una maleta, haga reaccionar a todos los gobiernos involucrados; a los centroamericanos, en la búsqueda de soluciones a las raíces del problema; al estadounidense, a resolver la migración de una manera sensata, como una crisis humanitaria y no como una amenaza a su gente.

Mientras la mayoría nuestra gente sobreviva hasta con trescientos dólares al mes, mientras haya que esperar dos o más meses por citas en sistema de salud, mientras colonias enteras estén dominadas y amenazadas por pandillas, mientras solo se creen cinco mil empleos y necesitemos sesenta mil al año para jóvenes graduados, siempre habrá gente que se quiera ir. No hay que convencerlos mucho para que se vayan, se van porque no les queda de otra.