Estados Unidos

El silencio de Óscar y Valeria. De Mario Vega

Unidos en un solo abrazo, en una sola muerte. No necesitan articular palabras, su sacrificio habla alto y fuerte.

Mario Vega, pastor general
de ELIM

1 julio 2019 / EL DIARIO DE HOY

No dicen nada, no hay palabra alguna. El padre en su intento desesperado de sostener y proteger a su pequeña hija; ella, aferrada con infantil fuerza al cuello de su padre, segura de su amor y resguardo. Unidos en un solo abrazo, en una sola muerte.

No necesitan articular palabras, su sacrificio habla alto y fuerte. Perturba a los que sí guardan silencio o evaden su cuota de responsabilidad. Condenan el silencio obsecuente que se instala bochornosamente en los espacios de incidencia.

Condenan rotundamente a los que convierten la tragedia humana en recurso electoral. Condenan el oportunismo que pretende salir ganancioso de una derrota moral profunda que desnuda el carácter auténtico de quienes desean pasar la página, limpiar la mesa y evitar aranceles.

Un abrazo perpetuo que habla en nombre de aquella persona que muere cada día siguiendo la esperanza. Que habla por la otra persona que cada mes muere en las mismas aguas. Que habla en nombre de los que con sus cuerpos sembraron los desiertos, los caminos, la línea férrea, los lupanares, las cantinas de mala muerte, los campos de concentración de la primera democracia mundial. Ellos no tienen tiempo para esperar. Ya no abrigan esperanzas ni creen en promesas.

Su calvario es ahora y saben que deben andar por los caminos, por los desiertos, por los ríos. Aunque les prolonguen la marcha, empujándolos a caminos más largos, más sacrificados, más peligrosos. Pero la carestía y las amenazas son tan fuertes que no dejarán de caminar.

Las tragedias se multiplicarán y habrá otros que con los ojos cerrados continuarán hablando fuerte. Continuarán peregrinando por una oportunidad de trabajo. Eso es todo, trabajo. Al otro lado del río, donde nadie regala nada. Donde habrá nuevos desprecios y amenazas. Pero trabajo, al fin.

En su último abrazo desesperado, en su gesto de amor perpetuo, trasluce su fe en el Cristo que está con ellos, con el pueblo crucificado, con aquellos que le ponen rostro al 75% del presupuesto nacional, al 18% del PIB, al 40% de los salvadoreños que aguardan su oportunidad para largarse por el camino del Gólgota, esperando resucitar a la esperanza, al trabajo digno, a la vivienda y a la salud humanas.

Saben que la muerte es una posibilidad del camino, pero en casa es una certeza. No desean marcharse, tampoco separarse. Por eso mamá espera, observa, se alarma, entra en pánico, grita, desespera, se parte de dolor. Impotencia, impotencia desoladora, abrumadora. Pero nada rompe el amor, la unidad, el abrazo.

Ni siquiera las aguas de la muerte. Y allí, en su gesto de amor y de fe nos hablan a todos. Sin que medie una palabra, un sonido. Su abrazo interminable nos interpela a todos, nos desafía, nos sacude y nos cuestiona sobre nuestra postura, nuestra voz, nuestra palabra. No quieren nuestra lástima, tampoco nuestro lamento.

Quieren nuestras manos, nuestra fuerza, nuestra indignación. Por aquellos que aguardan enjaulados, por los que planean probar la corriente del río, por los que entran al desierto, por los que huyen de los carteles, por los que se esconden de la Guardia en las orillas del Suchiate, por los niños, por las mujeres, por el bono demográfico que gota a gota se filtra por las fronteras. Con el grito del silencio y con la fuerza de sus espaldas expuestas al amanecer nos preguntan: ¿Qué harás tú por este pueblo sufriente?

Dolor de Patria. De Erika Saldaña

Los gobiernos están obligados a buscar una solución integral y civilizada al tema de la migración por motivos de violencia y por la falta de oportunidades. Somos humanos con iguales derechos y nadie debería estar sufriendo estas tragedias.

1 julio 2019 / EL DIARIO DE HOY

Siempre he creído que el peor sentimiento que puede acompañar a un ser humano es la desesperanza. Cuando alguien llega al punto de pensar que no hay soluciones, no hay expectativas, no hay ilusiones, no hay futuro. En El Salvador existe mucha desesperanza. Hay personas que piensan que su vida no tiene un sentido dentro de las fronteras, no tienen trabajo y no tienen la oportunidad de ofrecerles lo básico a sus hijos. No tienen nada y mejor optan por arriesgar su vida en el camino hacia el “sueño americano”. Óscar Martínez y su pequeña hija Valeria son ahora el rostro más representativo de la desesperanza que viven muchos en el país.

La foto de Óscar y Valeria a la orilla del río Bravo, entre la frontera de México y Estados Unidos, ha dado la vuelta al mundo. Esta imagen ha causando dolor y conmoción a todos aquellos que tenemos un corazoncito. Al verla, cualquiera se pregunta qué problemas, angustias y desesperanza pasaba por la cabeza de esos jóvenes padres para pensar que la mejor opción en ese momento era llegar a la frontera y cruzarse el río nadando.

Este mismo sentimiento de desesperanza lo hemos visto en las caravanas migrantes que han salido de El Salvador, Honduras y Guatemala, en las cuales cientos de personas ven como su única opción de progreso y vida irse caminando miles de kilómetros hacia Estados Unidos. Lo vimos en los nicaragüenses intentando cruzar hacia Costa Rica; en las mareas de venezolanos queriendo entrar a Colombia y otros países de acogida. En los originarios del Medio Oriente y África intentando llegar a Europa. La migración por motivos de pobreza, falta de oportunidades y guerras son un problema a nivel mundial.

A quienes todavía no nos pasa por la cabeza la idea de migrar, y menos en esas condiciones, es porque tenemos mejores opciones de vida aquí en el país. Muchos no somos lo suficientemente consientes del privilegio que tenemos al poder disponer de casa, comida y un trabajo que nos permite solventar las necesidades básicas. Eso es un privilegio en un país donde un gran porcentaje de salvadoreños vive con un dólar diario, que sufre la violencia y que piensa que sus hijos no tienen posibilidades de salir adelante aquí.

El problema de la migración es gigantesco y no encontrará una solución en una sola vía. Las muertes en el camino no solo se solventarán con el hecho que los países abran las fronteras y reciban a los refugiados, ni regresando a estas personas al país de origen o recrudeciendo las políticas migratorias. Los gobiernos están obligados a buscar una solución integral y civilizada al tema de la migración por motivos de violencia y por la falta de oportunidades. Somos humanos con iguales derechos y nadie debería estar sufriendo estas tragedias.

A la migración deberíamos empezar viéndola desde una perspectiva básica: todas las personas en este mundo somos seres humanos con igualdad de derechos. El problema es que no todos hemos tenido igualdad de oportunidades para desarrollar la vida de la manera en que queremos. Por eso se buscan mejores opciones de vida, y estas, a veces, se pintan fuera de las fronteras del país de origen.

El Gobierno de El Salvador debe iniciar un intenso trabajo para generar esperanza en sus ciudadanos y que las personas lleguen al convencimiento que dentro de las fronteras nacionales hay oportunidades que valen la pena. Los salvadoreños necesitan trabajo y la seguridad que sus vidas no serán arrebatadas en sus comunidades. Que sus hijos podrán crecer con educación, salud y seguridad. Hay que hacer que El Salvador valga la pena para todos.

Lo que no discutimos cuando hablamos de migración. De Cristina López

1 julio 2019 / EL DIARIO DE HOY

Es una sensación desgarradora cuando el nombre de nuestro país se relaciona más con tragedias fatales que con potencial humano, pero fue lo anterior precisamente la razón por la que El Salvador se mencionó de la manera más prominente en las portadas mediáticas de mayor circulación. La imagen de los cuerpos de Óscar Alberto y su hija de 23 meses, Angie Valeria, flotando sin vida tras un fracasado intento de cruzar el turbulento Río Bravo hacia Estados Unidos, se usó como accesorio argumentativo, reduciendo lo que eran vidas ricas en historias, anécdotas y potencial humano a amarillismo mediático y político.

El New York Times, respondiendo a las críticas válidas que muchos activistas pro-inmigración hicieron de que la decisión editorial de desplegar la foto desgarradora en la portada deshumanizaba y restaba dignidad a la memoria de las víctimas, justificó el amarillismo en que era un mal necesario para despertar conciencia sobre el costo humano del desastre que es la política migratoria estadounidense y la crisis humanitaria que se deriva de sus restrictivas políticas de asilo e inmigración autorizada. Claro; la restrictiva legislación existente no responde a la realidad actual para tantos, en la que los incentivos para arriesgarse a morir con tal de mejorar la calidad de vida (o simple y, llanamente, sobrevivir) continúan pareciendo más atractivos que los costos.

El problema es que el debate político alrededor de la inmigración en Estados Unidos se encuentra tan estancado por la polarización, el populismo nacionalista y el resentimiento a lo extranjero, que una foto, por trágica que sea, no hará que alguien cambie de opinión. El tema migratorio consistentemente aparece en encuestas (Gallup) como uno de los cinco temas que los votantes estadounidenses consideran más importantes en cada elección, por lo que el argumento de que fotos así son necesarias para “empezar una conversación al respecto”, carecen de substancia.

La conversación al respecto es constante, tanto por parte de la administración anti-inmigrante de Donald Trump que considera a los inmigrantes como la mayor amenaza a la salud, empleos, y recursos estadounidenses, como por parte de quienes abogan por los derechos humanos de las víctimas de esta crisis humanitaria moderna (sobra señalar que entre los opositores políticos de Trump, no todos son almas caritativas y también se encuentran oportunistas que buscan usar el tema migratorio como herramienta electoral).

Pero las discusiones generadas por la foto desafortunadamente carecieron de varios elementos importantísimos que no se pueden perder de vista si se piensa en la cadena de acontecimientos que han tenido que tener lugar para que los trágicos eventos que captura la imagen sucedieran: la deuda de décadas que los gobiernos del triángulo norte tienen para con su ciudadanía. Que la inmigración continúe siendo parte del ADN histórico de nuestras naciones no es un detalle menor; implica una falla estructural en la más básica razón de ser de nuestra República. Nuestra constitución arranca en su primer artículo definiendo a “la persona humana como origen y el fin de la actividad del Estado”.

Mientras existan personas en El Salvador a quienes les falte la justicia, la seguridad jurídica y el bien común (que son la razón constitucional de ser para la organización de nuestro Estado) a tal grado de que arriesguen la existencia para mejorar sus condiciones, nuestras autoridades están faltando a su solemne juramento de defender y hacer cumplir la Constitución. Es un problema serio, y siempre lo ha sido, pero nos hemos acostumbrado al grado de que lo consideramos normal. Quizás porque gobierno tras gobierno, se continúa hablando de la inmigración como un problema para el que la solución se encuentra en las decisiones de otros: en que en EE.UU. se elijan gobernantes decididos a volver la inmigración legal más accesible, que México deje de actuar como esbirro de la brutalidad policíaca anti-inmigrante de los estadounidenses, o que se construya o no una pared fronteriza entre EE.UU. y México —eso es el equivalente a esperar que la solución a un problema de goteras es que deje de llover—.

La solución debe encontrarse en casa, empezando con cumplir lo que la constitución declara como fines del Estado.

@crislopezg

Carta sobre la foto de Valeria. De Paolo Luers

27 junio 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

La agencia de Aduana y Protección de Fronteras CBP es la encargada de arrestar y mantener detenidos a los migrantes que cruzan la frontera sin permiso, incluyendo los miles de menores de edad que tienen en campos de concentración.

Para hacer más eficiente el trabajo de esta agencia, el presidente Trump nombró como su nuevo jefe a un señor llamado Mark Morgan, quien se calificó para este cargo hablando de los niños detenidos en la frontera, en una entrevista con FOX NEWS, en los siguientes términos:

“I’ve looked at their eyes and I’ve said that is a soon-to-be MS-13 gang member. It’s unequivocal.”

“Les he mirado a los ojos y he dicho: este es un futuro miembro de la MS-13. No hay dónde equivocarse”.

Este hombre, con estos criterios, es ahora el responsable de la suerte, de la salud, de la vida y del futuro de miles de niños arrestados en la frontera.

Mira a un niño centroamericano y ve a un futuro pandillero.

¿Qué hubiera visto este hombre al encontrarse con Valeria Ramírez, si ella no hubiera muerto en el intento de cruzar el río Bravo, sino hubiera llegado a uno de los centros de detención? Hubiera visto en la niña salvadoreña de 23 meses una futura pandillera, ladrona o prostituta. Como él mismo dijo: “It’s unequivocal,” sin lugar a equivocarse…

La foto de Valeria recorrió el mundo, salió en la portada del New York Times, y todos la asociamos con aquella otra foto, tomada en una playa de Grecia, de Aylan, el niño kurdo.

No voy a publicar las fotos otra vez. Ya todos las conocemos. A todos nos impactaron.

Existe una diferencia que hay que hacer: la familia de Aylan huyó de su país Siria porque está en guerra. La familia de Valeria no huyó de su país, sino buscó otro país para encontrar trabajo, oportunidades y seguridad. Pero ambas, violencia y falta de oportunidades, son razones válidas para migrar. Lo han sido en toda la historia de la humanidad…

Muchos critican que se está convirtiendo la foto de Valeria en un símbolo y que la usan para criticar a Trump y su política de convertir a los gobiernos de México y Centroamérica en cómplices del intento de bloquear y criminalizar la migración.

Pero esta foto ES un símbolo e igual que la de Aylan, cambiará el debate sobre migración. La foto de Aylan vino a dar fuerza a Angela Merkel y su política de abrir las fronteras de Alemania a los refugiados. La foto de Valeria va a dar fuerza a los millones de ciudadanos en Estados Unidos que van a exigir que se abran la frontera a los migrantes centroamericanos. Ambas fotos son símbolos y poderosos instrumentos políticos.

Saludos,

La mentira de un “país lleno” Columna Transversal de Paolo Luers

21 abril 2019 / EL DIARIO DE HOY

El número de imbecilidades que puede decir (más bien, tuitear) un presidente demagogo es ilimitado. Trump es el ejemplo de un presidente cuya demagogia no tiene límites de racionalidad, veracidad, responsabilidad o decencia.

“Our country is FULL” (Nuestro país está LLENO), anunció Trump en Twitter, agregando su advertencia de cerrar la frontera con México, si este país no capturaba a todos los “illegals” que tratan de entrar a Estados Unidos.

No me voy a detener en esta columna con las numerosas barbaridades políticas que le cupieron a Trump en un solo tuit: hablar de personas “ilegales”; pensar que los mexicanos podrán decidir a arrestar a los miles de migrantes que diariamente cruzan su país; amenazar con cerrar una frontera de 3,175 km y 56 pasos para peatones, vehículos, trenes y mercancías. De todo esto ya se ha hablado bastante.

Pero que el presidente de un país diga: Estamos llenos, ya no cabe más gente – esto si es nuevo. Sobre todo, cuando es tan evidentemente falso.

Igual que en los demás países desarrollados e industrializados (Europa, Canadá, Australia), el desarrollo demográfico y económico de Estados Unidos depende de una permanente inmigración. Un reciente análisis del New York Times, titulado “Trump Says the U.S. Is ‘Full’,” llega a la siguiente conclusión: “Esto sugiere que la nación ya no puede acomodar mayor inmigración, porque ya está sobre estirado. Pero esto va en contra del consenso de expertos de demografía y economía. Ellos ven amplia evidencia de que el país no está ni cerca de ‘lleno’. Más bien, una población cada vez más vieja y la decreciente tasa de nacimiento entre la población nacida en Estados Unidos están creando ciudades y pueblos carentes de población, viviendas desocupadas y finanzas públicas en crisis.”

Sobre todo el mercado laboral exige que elevados números de jóvenes entren a la vida productiva – pero sin migrantes esa exigencia quedaría insatisfecha.

La misma situación absurda se generó en muchos países europeos. En Alemania, por ejemplo, la entrada de millones de refugiados de Siria, Irak, Afganistán y otras regiones en crisis causó todo un movimiento anti migración, a pesar de que los expertos en demografía y desarrollo tienen años de señalar que el país necesita más inmigración, sobre todo de jóvenes, para evitar que colapsen el mercado laboral, el sistema de aprendizaje de trabajadores calificados, y el sistema de pensiones.  

Ahora los alemanes se dieron cuenta que la migración es un fenómeno no solo inevitable, sino manejable. Y es más, es un fenómeno incluso necesario y positivo, cuando es bien administrada. Positivo para los países receptores, que necesitan mano de obra fresca y crecimiento demográfico – pero también para los países de origen, que necesitan bajar presión social, recibir ingresos por remesas y calificar su mano de obra. Los países del Sur de Europa (Italia, Serbia, Croacia, Grecia, España y Portugal) lograron despegar su desarrollo económico, social y democrático en los años 60/70 en gran parte porque Alemania, Suecia, Holanda Francia y Gran Bretaña necesitaban millones de trabajadores – y los integraron en concepto de “Gastarbeiter” (“trabajadores invitados”). Los países del Sur se beneficiaron, porque evitaron hambrunas y recibieron miles de millones de remesas; y los países del Norte se beneficiaron, porque tenían disponible mano de obra económica para el desarrollo de sus industrias claves, por ejemplo la automotriz. Buena parte de los “trabajadores invitados” regresaron luego a sus países a los 15 o 20 años, con ahorros y formación profesional – pero un alto porcentaje (unos 40%) se quedó en el Norte, integrándose plenamente a sus sociedades y culturas.

En épocas anteriores, sin la migración masiva a Estados Unidos, países como Irlanda e Italia se hubieran hundido en su pobreza – y Estados Unidos no se hubiera desarrollado tanto en el Siglo 20. Cosa parecida había pasado en el siglo 19 con la migración alemana a Estados Unidos.

Estos países europeos, en ciertos momento de sus historia, sí estaban llenos, o sea con más población que podían alimentar. Así como ahora El Salvador es un país ‘lleno’, que necesita de la migración para que la sobrepoblación no la hunda en pobreza. Solo imagínense a nuestro país con los 8 ó 9 millones de habitantes que tuviéramos sin el movimiento masivo de emigración al Norte.

Claro que hay salidas de la pobreza, y de la necesidad de la migración. Irlanda, que todavía al principio del siglo 20 tuvo hambrunas y tuvo que mandar a millones de sus hijos a Estados Unidos e Inglaterra, ahora es un país vibrante que recibe migrantes para poder continuar creciendo. Portugal, el Sur de España y buena parte de Italia comenzaron a salir del “tercer mundo” con la integración europea y su mercado laboral libre. Sin la posibilidad de migración masiva y mercados laborales libres no hay desarrollo para países como los nuestros del triángulo Norte de Centroamérica.

Assange y la libertad de prensa. De Cristina López

15 abril 2019 / EL DIARIO DE HOY

No me simpatiza Julian Assange. No sé si es por su actitud de patán petulante, o por los repetidos rumores reportados en varios medios de comunicación de que el Gobierno del Ecuador tuvo que enviarle repetidas peticiones escritas de que por favor cumpliera con un mínimo de hábitos higiénicos mientras se encontraba refugiado en la embajada de dicho país en Londres. No sé si son las cifras (cerca de 6 millones de dólares) que según el Ecuador le costó al gobierno tenerlo de mal agradecido huésped por obra y gracia de los caprichos de Rafael Correa. O será el aspecto pálido y grasiento, de estatua de cera a dos pelos de derretirse por completo. O quizás el hecho de que se escurrió de ser llevado a la justicia en Suecia por las acusaciones de abuso sexual en su contra. Quizá sea una combinación de todo.

Y a pesar de mi desdén contra el tipo y de lo incómodo que se siente escribir en su defensa, en nombre de la libertad, del acceso a la información y de la rendición de cuentas, espero que no sea castigado por haber expuesto secretos gubernamentales. Por el momento, la justicia estadounidense está luchando a brazo partido porque se logre una extradición rápida, para poder procesarlo por su participación en publicar información gubernamental secreta. Se le acusa específicamente de violentar una ley contra el Abuso y Fraude Computacional y de haber conspirado con una ex-analista de inteligencia militar, ayudándole a violentar una contraseña del Departamento de Defensa estadounidense, clasificada como confidencial.

Quienes quieren procesarlo consideran que a Assange no le protege la libertad de prensa, pues en teoría no era periodista. Se consideraba a sí mismo un “hacktivista”, la combinación de un hacker y un activista. Quienes quieren que los secretos del gobierno permanezcan herméticos y libres de que una ciudadanía crítica exija rendición de cuentas, consideran que al hackear esa contraseña Assange abandonó la zona de la libertad de expresión, entrando en la de pura criminalidad.

Y, sin embargo, como dijo la columnista del Washington Post Margaret Sullivan, a Assange se le está acusando con términos que hacen parecer mucho de lo que hacen los mejores periodistas del mundo como conspiración criminal. Es perfectamente normal (y de hecho, éticamente correcto) que los periodistas tengan interés en ocultar sus fuentes y protegerlas con anonimato, sobre todo cuando divulgar la información que han hecho del conocimiento del periodista podría acarrearles consecuencias negativas. No es extraño que el gobierno estadounidense esté empeñado en procesar a Assange: juega a su favor que sea un personaje tan impopular, puesto que como dijo el director de la Fundación para la Libertad de Prensa Trevor Timm, “cuando los gobiernos tratan de restringir el acceso a la prensa, de la manera que sea, la inclinación no es ir tras la persona más popular”,

La intención de la justicia estadounidense es clara. Están buscando desincentivar a los futuros Assanges de publicar información auténtica que el gobierno quiere mantener en secreto. La historia ha enseñado la corrupción que se destapa cuando se publica la información que los gobiernos no quieren que veamos. Desde los archivos del Pentágono que revelaron la corrupción detrás de la guerra de Vietnam hasta el escándalo de Watergate que le costó la presidencia a Nixon, varios episodios históricos demuestran que en situaciones de secretismo, la luz y transparencia es el mejor desinfectante. Para evitar crear un precedente en el que se lo que se criminaliza es incomodar al gobierno, lo mejor sería que no procesaran a Assange.

@crislopezg

Carta sobre la diferencia entre la realidad y la percepción de la corrupción. De Paolo Luers

7 marzo 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Cosas extrañas están pasando en El Salvador. No solo el plato volador que observó Will Salgado en el cielo nocturno sobre San Miguel. Ahora circula una carta fantasma, primero en las redes, luego hasta en los periódicos, dirigida al presidente Salvador Sánchez Cerén. Supuestamente la mandó Cynthia Huger, vicepresidenta de la Corporación del Reto del Milenio, que es la instancia que maneja y controla los fondos de Fomilenio. Digo supuestamente, porque la copia divulgada no lleva firma. Y es imposible compararla con la original, porque esta extrañamente no ha sido recibida en Casa Presidencial, a pesar de que la copia de la supuesta correspondencia lleva fecha del 22 de febrero. ¿Tardará 3 semanas la valija diplomática desde Washington a San Salvador?

¿Qué es lo importante de la supuesta carta? El fuerte reclamo que hace en cuanto a la corrupción en El Salvador. Según la misteriosa carta, El Salvador “no ha pasado la evaluación de desempeño” respecto al “control de la corrupción.” O sea, reprobados en materia de la lucha contra la corrupción…

Bueno, es entendible que al gobierno de Estados Unidos, como donante de los fondos de Fomilenio, le preocupe la corrupción, igual que a nosotros. ¿Pero cuál es la tal “evaluación de desempeño” que hace el gobierno de Estados Unidos para llegar a la conclusión que nuestro país no está combatiendo debidamente la corrupción?

Por más increíble que parezca, la respuesta es que mandan a hacer encuestas. La tal “evaluación de desempeño” de la lucha contra la corrupción en El Salvador (y otros países del mundo) que hace el gobierno de Estados Unidos para decidir si mantiene, reduce o suspende su ayuda financiara no es un examen objetivo de la corrupción y de las medidas anticorrupción. Lo que miden es la precepción que la gente tiene sobre estos asuntos. Una metodología parecida a la del famoso “Latinobarómetro” y otras encuestas que hace el Banco Mundial.

En estas encuestas preguntan a la gente si tienen la impresión que en su país hay mucha, o poca corrupción, si la corrupción ha aumentado y si el gobierno la está combatiendo debidamente. Es obvio que de esta manera no se mide la corrupción sino la percepción que la gente tiene de ella que puede ser correcta pero igual puede ser equivocada.

Por lógica, la percepción de la corrupción aumenta cuando hay muchos funcionarios acusados de corrupción y cuando todos los días los medios y los políticos hablan de estos casos. Pero lo que aumenta no es la corrupción objetiva, sino la percepción subjetiva. La corrupción objetiva, al investigar, enjuiciar y publicitar a tantos casos de corrupción, bien puede estar reduciéndose. Y es bien probable que esto esté pasando en El Salvador. ¿Usted piensa que hoy hay más corrupción en El Salvador que bajo los gobiernos de Saca y Funes? Yo no.

Entonces, lo realmente misterioso de esta carta no es que no tenga firma y que en 3 semanas no haya llegado a Casa Presidencial. El hecho realmente misterioso es que esta carta, si es que es auténtica, confunde la percepción con la realidad y con base en esta confusión amenaza con recortar la ayuda financiera de Estados Unidos a El Salvador.

Entonces, queda la pregunta: ¿Quién anda circulando esta carta misteriosa, sin explicar la diferencia entre realidad y percepción? ¿Y con qué fin?

Saludos,