Mes: mayo 2016

Diario de un secuestro: Siete días en manos de la guerrilla. De Salud Hernández-Mora

La periodista española Salud Hernández habla con los medios de comunicación tras su liberación. EFE

La periodista española Salud Hernández habla con los medios de comunicación tras su liberación. EFE

Salud Hernández-Mora, 31 mayo 2016 / El MUNDO

el mundoLlego a El Tarra el miércoles por la mañana, en una tartana, por carreteras de tierra. El pueblo, enclavado en el Catatumbo, región selvática y montañosa, fronteriza con Venezuela, sobrevive del cultivo y procesamiento de coca. Lo encuentro alborotado por la desaparición de dos jornaleros. Sus familiares señalan al Ejército como el culpable. Bloquean las salidas para obligar a buscarlos.

Aunque hay policías, jamás abandonan su cuartel por temor a que los maten. Tampoco el Batallón, situado a la salida de la localidad, impone autoridad alguna. El mando y control lo ejercen las FARC, el ELN y el EPL.

Jueves, 19 de mayo

Concentración en la plaza de distintos movimientos sociales para concertar acciones que ayuden a dar con los dos ausentes. Miembros de las asociaciones campesinas ASCANCA y CISCA me tildan de “periodista manipuladora” porque en el pasado escribí de sus nexos con FARC y ELN. Discutimos. Por la tarde intentan prohibirme hacer fotos y me recriminan que entrara a El Tarra sin permiso. Volvemos a discutir, casi a gritos. A la misma hora están velando a un chico de 22 años que asesinó el EPL ese día. Quería dejar las armas, volver a su hogar, y no lo permitieron. Nadie osa protestar por el crimen. La ley del silencio es la única garantía para seguir vivo.

Viernes, 20 de mayo

A las 7.45 horas, en una calle solitaria, dos guerrilleros me obligan a subirme a su moto y aparcan metros más adelante. Se presentan como integrantes del ELN. Preguntan por qué peleo con las asociaciones. Me quitan cámaras, grabadora, documentos, cuadernos, memorias UBS etc. “Revisamos todo y esta tarde o mañana se lo devolvemos y de pronto puede hablar con el comandante. No puede salir de la plaza. Tenemos gente vigilándola“. Pienso en comunicarme con Bogotá, pero siempre siento ojos controlando. Hago una llamada rápida al diario ‘El Tiempo’, por temor a que puedan tomar represalias contra quien me preste el móvil, para advertir que no mandaré la columna. “El lunes les explico”.

Sábado, 21 de mayo

A mediodía se me acerca un chico. “Suba a esa moto con su equipaje. Le van a devolver lo suyo y sigue a Cúcuta [capital de Norte de Santander]”. Recojo mi equipaje y abordo la moto. Una hora más tarde llegamos al caserío Buenos Aires, sobre el río Catatumbo. Cambio dos veces más de moto. Sobre las 15.00 horas damos con el comandante ‘Marcos’.

Se va a quedar unos días con nosotros. Me llevo lo suyo y ya le traemos ropa. ¿Qué número tiene para las botas?”. Protesto por el secuestro. “Es un error lo que hacen. Si usted me cita, yo vengo encantada, pero así solo conseguirá reproches. Fui idiota al fiarme de ustedes“, replico.

Da media vuelta y me deja con dos hombres armados, en un bosque. Por la noche me trasladan a una choza de madera con una cama. Ocho guerrilleros vigilan fuera. ‘Marcos’, que dice conocer mi trabajo, dedica unos minutos a hablarme de revolución, de abandono estatal, de multinacionales gringas que quieren chupar la sangre del Catatumbo.

Secuestrar a una reportera es un error. No voy a cambiar de opinión frente al ELN”, digo. “No le veo sentido”.

“Haremos un gesto humanitario devolviéndola con el CICR [Comité Internacional de la Cruz Roja]”, responde. Quedo más perpleja.

Domingo, 22 de mayo

Temprano, me llevan a una casa de labriegos. “No converse con ellos”, advierten. Al caer la tarde salimos hacia el río. ‘Marcos’ insiste en que harán una demostración de humanidad del ELN entregándome más adelante el CICR. “¿No será que me matan?”, pregunto. “No, la vamos a entregar”, insiste. Comenta uno de los artículos que ha leído en una de las memorias que me quitó. Es sobre alias ‘Gabino’, líder del ELN. “Dice usted cosas terribles sobre él”, opina. “Y eso que no ha leído ni la mitad”, contesto.

Quedo en manos de cuatro guerrilleros armados, dos de fusil y dos con pistolas 9 milímetros. Abordamos una lancha y surcamos el Catatumbo una hora. Pernoctamos en una casa abandonada.

Lunes, 23 de mayo

Escuchamos helicópteros por la tarde. Corremos a escondernos en uno de tantos sembradíos de coca que abundan en la región. Oscurece y a lomos de mula, que proporciona un miliciano, partimos. Tras un recorrido tortuoso de varias horas, por una trocha abierta entre abismos, arribamos a una casa solitaria. A las 2.00 horas oigo helicópteros cerca. Salvo el de guardia, los tres guerrilleros que me vigilan, duermen en hamacas. A las 3.55 horas me sorprende un despertador. La salida estaba prevista a las 4.00. Como trabajadores citadinos, apuran los últimos instantes de sueño antes de ponerse en pie y reanudar la marcha.

Martes, 24 de mayo

Llegamos a otro rancho abandonado. Deben entregarme a una comisión. Pero no hay nadie a la vista. Pasan las horas. Consigo entablar conversación. El más joven, de 16 años, tiene cara de crío. Entró al ELN por su tía y su madre, también guerrilleras.

“Si viene la plaga [Ejército] nos damos plomo“, reta, apretando su AK 47.

Admite que nunca entró antes en combate, lleva sólo tres años con armas. Antes realizaba otras labores. Su compañero, de 17 años, salió a un caserío de los alrededores, a comprar comida. Están muertos de hambre. Regresa con arroz, lentejas y pasta.

Tampoco sabe de guerras, sería la primera vez en enfrentarse al Ejército. “¿Qué harás si llegan muchos?”, quiero saber. “Ahí vemos”, indica.

El tercero está a punto de cumplir 20. Limpia a conciencia su pistola 9mm. “Usted, doña, pida lo que necesite”, ofrece.

El jefe del grupo, que ronda la treintena, admite estar preocupado porque el punto de encuentro es vulnerable si aparecieran los soldados. Pide que nos mantengamos bajo techo por el avión fantasma que surcó el cielo. “Reconozca que con esos tres jóvenes no podría defenderse“, le digo. Hace un gesto de resignación y se aleja.

Cae la noche y arriban tres subversivos montando mulas. Los cuatro guardianes respiran aliviados. Me entregan y desaparecen.

A ciegas, guiados por los animales, en silencio, cruzamos montañas con el nuevo grupo. Nos internamos en la selva hasta un punto en el que damos con un grupo de guerrilleros. Han preparado hamacas amarradas a los árboles bajo plásticos negros. “Ahí duerme usted”, y señalan una.

Miércoles, 25 de mayo

A las 3.30 horas recogen el campamento y me dejan con tres guardias bajo unos arbustos. Observo el ir y venir de un enjambre de guerrilleros. Ninguno quiere charlar conmigo. A última hora de la tarde, salimos los cuatro. Cruzamos un río y seguimos a pie hasta dar con tres motos. Nuevos carceleros. Recorremos un largo trecho y atravesamos a toda velocidad dos caseríos. Cambiamos a un todoterreno y luego a otro con platón. Flanqueada por guerrilleros, con fusiles, volamos al siguiente punto. Es noche cerrada, sin luna. De la mano de un subversivo, caminamos deprisa hacia una casa de madera, habitada por una familia. Por las voces adivino dos niñas pequeñas, la menor con lengua de trapo, vivaracha y corretona, que debe estar muy mimada porque monta pataletas en cuanto le niegan algo; dos mujeres y un campesino.

Los guerrilleros me encierran en un cuarto con una colchoneta y un par de sillas de plástico. Antes de echar el candado, me ofrecen comida y café.

En la habitación contigua está encendido el televisor. Por el noticiero me entero del rapto de dos colegas que estaban en la zona para informar sobre mi secuestro, de los operativos militares para rescatarnos, y de las contradictorias versiones sobre lo que me ha ocurrido.

Jueves, 26 de mayo

Después de entrar a la habitación con un pocillo con café, dos guerrilleros me acompañan a hacer mis necesidades en el monte. Les digo que no es necesario, que no voy a huir, que demoro un minuto. “Es el procedimiento”, explican.

Pasamos por un laboratorio de base de coca y aguardan a prudente distancia. Termino y, al volver junto a ellos, uno de ellos me pide que nos sentemos un rato. Roza la treintena y relata que ingresó hace cinco porque los ricos lo quieren todo para ellos y el ELN lucha por los pobres. Que le empujaron a tomar las armas cuando le arrebataron toda esperanza de una vida digna. Respondo que la violencia no genera desarrollo. No me escucha, no le interesa intercambiar opiniones, sólo descargar su hondo resentimiento. “No entregaremos nunca las armas, no hay garantías de que el gobierno cumpla. Nunca dan lo que prometen”, pronostica. “¿Cree que las entregarán los de las FARC?”, inquiero.

“No sé, pero no creo“, indica.

De vuelta a la habitación, observo el paisaje. Es un escondite perfecto: en medio de la cordillera, entre laderas salpicadas de cocales y cultivos de frijoles sin casas a la vista.

Por la tarde resuenan con fuerza los helicópteros y oímos ráfagas de fusil. Apagan todas las luces y ya sólo se oyen murmullos. Sigo encerrada.

Viernes, 27 de mayo

10.00 horas. “Nos vamos. Aliste sus cosas”. Andamos rápido monte arriba. Nos recoge una camioneta. Reaparece el comandante José Luis. “Le entregamos a una comisión local de la Iglesia Católica, a dos curas”, cuenta. “Es un error que secuestren reporteros. Así nunca cubriremos lo que pasa en estas zonas apartadas”, replico. “Si ya los periódicos hacen un esfuerzo por la crisis que padecemos, así, será más complicado”.

Bajo un árbol aguardan los sacerdotes de San Calixto y San Pablo, dos poblaciones donde también conviven las tres guerrillas. La Iglesia Católica es la institución más respetada en el área.

José Luis pronuncia unas palabras sobre los objetivos del ELN y las razones que les animan a seguir empuñando las armas. Piden que redacte y escriba una sencilla acta de entrega que firmamos los religiosos y yo. Hago dos copias, una para la Iglesia y otra para el ELN. Sólo indica que “El Ejército de Liberación Nacional hace entrega a la Iglesia Católica de Salud Hernández Mora”.

También dan un comunicado. Adelanto que no me haré eco de él y que regresaré al Catatumbo. “Necesitamos garantías de que no volverán a secuestrar reporteros”, le digo. “Necesitamos venir a estas regiones a informar sobre los problemas que existen, no sólo grupos armados”. Preguntamos sobre los reporteros de RCN.

“Sus compañeros saldrán hoy o mañana por tarde”, anuncia. Añade que podré trabajar aunque lo más conveniente será pedir permiso. “A ustedes no hay quien los localice desde Bogotá”, replico.

Nos despedimos y emprendemos el camino de regreso a la libertad con los dos padres.

 

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Carta a Norma Guevara: Todo lo que se hace con 700 mil dólares. De Paolo Luers

Paolo Luers, 31 mayo 2016 / EDH

paolo luers caricaturaEstimada diputada:
Usted no es cualquier gata en la Asamblea, usted es la jefa de fracción del FMLN, del partido gobernante. Hay que tomar en serio lo que dice.

Dijo usted que cuál era la jodedera con los 700 mil dólares que gasta la Asamblea en viajes cada año. Dijo que si ahorraran estos 700 mil, “no se hace ni el corredor del centro penal.”

Bueno, no sé tanto de construcción de penales, pero estoy seguro que con 700 mil dólares se haría mucho más que un corredor. ¿O cuánto cuesta una unidad de bartolinas en una delegación policial?

Sí le puedo asegurar que hay múltiples formas de invertir mejor estos 700 mil dólares anuales que ustedes los diputados gastan en sus viajes.

Con 700 mil dólares se pueden dar becas universitarias de $500 a más de 100 estudiantes de escasos recursos.

Con 700 mil dólares se puede poner a la disposición de las escuelas públicas en todo Soyapango 60 profesores extra.

Con 700 mil dólares se puede crear un equipo de 60 entrenadores deportivos para trabajar tiempo completo en las comunidades de más incidencia de delincuencia violenta.

Con 700 mil dólares se podría duplicar el presupuesto de la Compañía Nacional de Danza y crear una Compañía Nacional de Teatro.

Con 700 mil dólares la escuela de teatro del proyecto ESARTE en Suchitoto podría dar becas a 30 estudiantes y además hacer 20 talleres en comunidades o cantones del país.

Con 700 mil dólares se construyen canchas de deporte en 5 comunidades, con grama artificial, luces y gradería.

Con 700 mil dólares se construye 7 casas comunales equipadas con todo.

Claro, diputada: También se podría comprar con 700 mil dólares 10 camionetas Prado para la Junta Directiva de la Asamblea – pero ahora mejor no hablemos de subvenciones. Hablemos de inversión social en educación, deporte, cultura, convivencia, prevención…

Usted puede decir que no es realista, que algunos viajes los tienen que hacer los diputados, sobre todo los directivos. Y yo le pregunto: ¿Qué daño le causaría al país si ningún diputado saliera de viaje al exterior? Y comparemos esto con el daño que causa no invertir en las comunidades en riesgo: en profesores extra, en entrenadores, en canchas, en becas, en arte y cultura. Contésteme cuál daño es más grave para el país – y yo le digo si usted es progresista o simplemente una funcionaria acomodada.

Saludos,

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Economía: más de lo mismo. De Salvador Samayoa

salvador_samayoaSalvador Samayoa, 31 mayo 2016 / EDH-Observadores

Según la encuesta de “Predictvia” para EDH, un alto porcentaje de los que responden, cercano a 50%, dice que la situación económica de su familia y de otras familias que conoce ha desmejorado en los dos últimos años. Para un 30% la situación sigue igual. Solo un 18% dice que ha mejorado. La publicación no indica si este 18% representa a una gran cantidad de los que ya estaban muy bien o a una ínfima cantidad de los que estaban muy mal.

Estas son mediciones subjetivas. Son opiniones. Recogen, mal o bien, lo que dice la gente. En el plano de los indicadores técnicos, hay datos buenos y datos malos. Unos atribuibles al desempeño del gobierno; otros no. La economía creció 2.4% en 2015, crecimiento modesto pero bueno. Peor es nada, como dicen. Las importaciones de bienes de capital crecieron 12.4% en observadorel mismo período y siguieron creciendo en el primer trimestre de 2016. Dato bueno, relacionado directamente con la inversión. Las remesas crecieron 3.3% y sostuvieron al 20% de los hogares de nuestro país. Gracias a Dios y a que todavía no llega Trump. En la factura petrolera ahorramos casi $400 millones por la caída de los precios internacionales. Gracias a Obama, a Irán y a la OPEP, aunque la estrategia de Arabia Saudita está funcionando y los precios ya comenzaron a rebotar también.

Se puede exponer cualquier cantidad de datos para argumentar mejoría, estancamiento o deterioro de la situación, pero hay dos que llaman mucho la atención, porque permiten comparar lo comparable y porque exigen a todos los actores nacionales -no solo al gobierno- un desempeño mejor. Primer dato: entre 2008 y 2015 El Salvador tuvo un crecimiento acumulado de 8-10% del PIB, contra 20-30% de los restantes países de la región. Segundo dato: En el último año, El Salvador siguió en el último lugar en atracción de inversión extranjera directa entre los hermanos y los no tan hermanos centroamericanos.

Ese es, precisamente, el punto: la economía no despega. Seguimos hundidos en un hoyo, con pequeños desarrollos por aquí o por allá, pero muy lejos de vislumbrar siquiera la ruta de un crecimiento de verdad. En su discurso de toma de posesión, el presidente reiteró la necesidad de crecimiento económico para sacar adelante al país. En ese momento pareció que era consciente de las implicaciones de tal aspiración, que lo obligaban a recuperar la confianza de los inversionistas y a asegurar la eficacia de su propia gestión.

Pronto, sin embargo, el gobierno tomó un sendero sembrado de minas. Pateó primero la mina de los impuestos y pateó después la claymore previsional. Los estallidos causaron daños de considerable gravedad, no porque fuera improcedente revisar la estructura tributaria o porque fuera innecesaria una reforma del sistema de pensiones, sino por los tiempos y los enfoques de la iniciativa gubernamental. De esa manera, redujo el debate nacional a envenenadas y estériles discusiones de préstamos, pensiones e impuestos, en vez de dedicarlo a esbozar, concertar y concretar los vectores y los motores del desarrollo nacional.

La situación parece complicada, pero en realidad es bien simple. Si lleváramos diez o quince años creciendo al 4% -5%, en vez de 1%-2%; si en vez de 24% tuviéramos 50% o 60% de empleo formal, y si además fuera un empleo de calidad y de alta productividad, no existirían o no serían agobiantes ni irresolubles los problemas de finanzas públicas que ahora agotan por completo la energía nacional. El problema no está en los $500 millones de las pensiones. El problema es que no crecemos.

A nuestra economía le falta ante todo una idea-fuerza, un modelo, una filosofía del desarrollo, un verdadero pensamiento social, una apuesta grande y viable que nos permita despegar. Llevamos 25 años y seguiremos otros 25 más empecinados en un proceso de suma cero, atacando y obstruyendo el FMLN y las fuerzas sociales de izquierda todo lo que perciben como neoliberalismo; atacando y obstruyendo ARENA y las fuerzas sociales de derecha todo lo que perciben como socialismo.

Creo que el presidente tenía la intuición de un paradigma para evitar que su gobierno cayera en la trampa de esa confrontación. Hasta ahora no lo desarrolló, en buena medida porque su propio partido no lo acompañó. Terminan así dos años de gobierno sin cambio de dirección. Y así terminará el quinquenio si no hay cambio de timón. Y serán ya diez años de FMLN y 20 años de ARENA sin proyecto de nación.

El Salvador no puede transitar los senderos del capitalismo sin regulaciones, el de los profesores de Chicago, el de Thatcher, el de Reagan, el engendro neoliberal. No estamos cerca tampoco de su versión más social, la de los Clinton y los Obama, la del Estado de bienestar. Tampoco pensamos en el capitalismo de Estado, el de los grandes desarrollos de los últimos 20 años en Moscú, Beijing o Kuala Lumpur, el de las corporaciones respaldadas por el Estado, pero con diseño y desempeño de empresa privada multinacional.

Más cerca podríamos estar de la social-democracia europea, que por cuatro décadas completas llevó a niveles sin precedentes el desarrollo económico, los servicios públicos y la calidad de la vida de los trabajadores en casi todos los países de Europa occidental.

También podríamos ver hacia India, país con enorme sector privado y con inmenso peso del Estado, que supo mantener y desarrollar la agricultura mientras diversificaba y modernizaba su aparato productivo, volcándolo hacia la ingeniería de software, la nanotecnología, la biotecnología y otros servicios tecnológicos de alta productividad.

En algo podríamos emular al Chile de Aylwin, de Frei, de Lagos y de la primera Bachelet, egregios líderes que dejaron atrás el autoritarismo, se empeñaron en la concertación y dieron a su país dos décadas completas de estabilidad, crecimiento y unidad.

Pero no estamos en nada. Seguimos atrapados en ideologías desfasadas. No tenemos norte ni modelo ni plan de nación. Ese es el verdadero problema, más que la calidad de la gestión.

Los dos años del gobierno y los siete de ARENA. De Manuel Hinds

manuel_hindsManuel Hinds, 30 mayo 2016 / EDH-Observadores

Este momento en el que el gobierno actual está cumpliendo dos años es muy apropiado para contemplar el desastre al que el FMLN ha llevado al país. Pero también es muy apropiado para reflexionar sobre la situación de ARENA, ya que de éste dependemos para poder evitar que el FMLN vuelva a ganar a pesar de haber tenido un gobierno que será el peor de nuestra historia –en una categoría en la que compite sólo el otro gobierno del FMLN.

Dada la importancia de lo que está en juego, al evaluar los dos años del gobierno del presidente Sánchez Cerén es necesario también evaluar los siete años de ARENA como oposición. Y es necesario hacerlo sin ambages, sin pensar que criticar una realidad que ya ha llevado al país a varias derrotas es una traición. Precisamente quedarse callados es lo que sería un traición al partido y al pueblo porque causaría otra derrota electoral. Tiene que haber un triunfo, y ese triunfo tiene que producir un gobierno responsable dedicado al pueblo.

Con respecto al FMLN, dos preguntas de la encuesta que publicó el jueves pasado El Diario de Hoy sobre la evaluación que hace el pueblo del gobierno dan una medida de lo mal que la sociedad lo valora. Una de estas es: ¿qué es lo mejor que el observadorgobierno ha hecho? El porcentaje más alto (38 por ciento) responde que son las medidas extraordinarias para el combate a la criminalidad. La otra pregunta es si esas mismas medidas están dando buenos resultados. El 58 por ciento dice que no, y, con un punto más (59 por ciento) piensa que dichas medidas no se mantendrán y no generarán una mejora real y sostenible en la seguridad pública. Es decir, cerca del 60 por ciento de la sociedad considera que lo mejor que está haciendo el gobierno no sólo no está dando buenos resultados sino que no servirá para nada. Y esto es lo mejor. De allí para allá es cuesta abajo.

Las dos terceras partes de la población consideran que el rumbo del país está equivocado y la mitad manifiesta que su situación económica se ha desmejorado en los dos años de esta administración. La respuesta más común a la pregunta de cuales san sido los desaciertos del gobierno fue la corrupción y el encubrimiento de funcionarios (18 por ciento). Con relación al gobierno anterior, también del FMLN, el 78 por ciento está en desacuerdo con la tregua, y el 55 por ciento considera que hubo corrupción en el caso del Chaparral. Es decir, le ha llovido fuerte al FMLN en su gobiernos actual y en el anterior.

El país no aguanta otro gobierno como este, y no va a elegir otra vez al FMLN al poder — a menos que sienta que la alternativa es peor.

Cualquiera podría pensar que todo esto le brinda una gran ventaja a ARENA, mejorando su posición para los próximos eventos electorales. Esto, sin embargo, no es así. El 58 por ciento considera que ARENA no ha hecho un buen papel como oposición y el 62 por ciento, casi las dos terceras partes, manifiestan que ARENA no se encuentra mejor posicionado que antes de este gobierno de cara a las próximas elecciones. Es decir, las pérdidas del FMLN no han sido ganancias para ARENA. Tanto el FMLN como ARENA han caído catastróficamente en la evaluación del público, uno como gobierno, el otro como oposición y potencial gobierno.

Hay una interpretación torcida de estos resultados, que dice que la caída en prestigio de ambos partidos evidencia una pérdida de prestigio del sistema entero de partidos políticos. Digo que es torcida porque, con intención o si ella, quita la culpa a los partidos mismos. Es como echar la culpa al fútbol cuando todos los que compiten por un campeonato son malos equipos. No es que el pueblo vea mal a todos los partidos políticos en el mundo; no es que vea mal a la democracia sueca o a los partidos daneses. Los que le importan son los que hay en El Salvador. Y a estos los mira mal, independientemente del comportamiento de los partidos holandeses.

Elevando la discusión a la evaluación del régimen de partidos en el mundo entero, esta interpretación desvía la atención del verdadero problema, un problema en el que yo he venido insistiendo desde hace mucho tiempo: los partidos políticos del país han perdido el contacto con el electorado e, inmersos en sus propios temas internos, han olvidado el papel fundamental que los partidos políticos deben jugar en una democracia, y no le están ofreciendo al electorado las soluciones que éste necesita. Como consecuencia, el pueblo deja de votar (ver por ejemplo, “Secessio Plebis”, de noviembre de 2013).

El FMLN se puede dar el lujo de no estar en contacto con la mayoría del electorado porque tiene un voto duro que lo apoya aunque produzca gobiernos incompetentes. Pero ARENA no es así. Como se vio en la segunda vuelta de las elecciones de 2014, ARENA necesita del voto del ciudadano no comprometido para ganar las elecciones. Y no lo está ganando sino que lo está perdiendo con su comportamiento de los últimos siete años. Y lo peor es que no se da cuenta y no quiere darse cuenta.

ARENA se ha vuelto insensible a la realidad circundante porque cree que ya ganó las elecciones presidenciales de 2019 y que el poder será del que lo arrebate en ARENA mismo tan temprano como sea posible. En esta ingenua creencia, se ha llenado de conflictos personalistas similares al de niños peleándose en una garduña. El problema no es que haya diferencias de opinión, y la solución no está en reprimirlas. El problema es que el partido, carente de la disciplina que da una sólida ideología y una institucionalidad fuerte, se ha vuelto presa del “bullying”, la intimidación lograda a través de gritar más que los demás, de codear y patalear, y de amenazar con destruir al partido si la voluntad del “bully” no se cumple.

Así, el partido se ha convertido en el reino de “yo hago lo que quiero y si me reclaman me voy y pongo otro partido y divido la derecha y ARENA pierde las elecciones, y qué, y qué y qué”. Lo que hay no es la diversidad de la democracia sino el caos de un palenque barato en el que los gallos están sueltos y se atacan en cualquier lado… Y, mientras tanto, dejan al FMLN hacer lo que quiera.

De esta forma, lo que la gente percibe es que ARENA está cayendo en una situación en la que los que hacen más bulla salen ganando aunque el partido y el país pierdan porque lo que quieren es satisfacer un ego desbalanceado y poco justificable. Pero por eso mismo el palenque se está haciendo cada vez más pequeño. Los gallos que ahora se pelean van a ser los reyes de un palenque sin audiencia.

Esto es una tragedia porque ARENA es la única esperanza que existe ahora para derrotar al FMLN, y si sigue así se va a convertir en un partido de segunda. ARENA no puede permitir que el partido caiga en manos de la matonería, que se detiene cuando encuentra límites pero se expande hasta llegar a la autodestrucción si no los encuentra.

Poner estos límites debe ser la primera prioridad del partido en este momento.

Demostrar que amenazar, y gritar e intrigar no son caminos al poder en ARENA. Que el camino es el verdadero liderazgo, que tiene que contener ideas aterrizadas para gobernar bien, un contacto directo con el pueblo, y la disciplina necesaria para poder arbitrar pacíficamente entre distintas ideas y personalidades. Los que ejercen la matonería no pueden pretender acceder a la presidencia, una de cuyas tareas constitucionales es (Artículo 168, inciso 3): “Procurar la armonía social, y conservar la paz y tranquilidad interiores y la seguridad de la persona humana como miembro de la sociedad”.

Los que creen que el pueblo los admira porque son gritones deben entender que la gente percibe que si actúan en contra de este principio en su propio partido, ¿cómo no van a actuar en contra de él al pasar al plano nacional?

Seguridad pública: luces y sombras. De Salvador Samayoa

salvador_samayoaSalvador Samayoa, 30 mayo 2016 / EDH-Observadores

Diversas encuestas han reportado en los últimos días una prudente pero significativa mejoría en el porcentaje de opiniones favorables de los ciudadanos en relación con el combate a la criminalidad. Es una mejoría atribuible, sin duda, a las medidas extraordinarias de los últimos tres meses, ya que antes de marzo, culminando con la matanza de Opico, la eficacia del gobierno era prácticamente nula y la situación se percibía como más descontrolada y más grave aún que en años anteriores.

Por supuesto, el cambio en la opinión pública no es para lanzar las campanas al vuelo. En primer lugar porque todavía está observadorlejos de reflejar una opinión mayoritaria, en segundo lugar porque se trata más de expectativas que de realidades contrastadas, en tercer lugar porque hay serias dudas sobre la sostenibilidad de las medidas que han animado un poco a la gente, y en último término porque está anclado en el comprensible pero muy discutible clamor popular de uso de la violencia para terminar con la violencia.

De cualquier manera, los datos de las encuestas merecen consideración. Según LPG ha subido de 9.6% a 20.4% la gente que opina ahora que el presidente está ayudando a resolver el problema de seguridad. Todavía el número es bajísimo, pero es una mejoría de más de 10 puntos. Así de mal estaba la calificación hace solo unos meses, en febrero de 2016. De igual manera ha bajado de 70.0% a 57.5% la gente que cree que el presidente no está ayudando a solucionar la inseguridad. Todavía es muy alto el número negativo, pero se ha reducido en más de 12 puntos en el último trimestre.

La encuesta de “Predictvia” para EDH tiene dos lecturas, ambas importantes. La lectura negativa es que casi el 60% cree que las medidas extraordinarias contra las pandillas no están dando resultados. La lectura positiva es que casi el 40% cree que sí lo están haciendo. En condiciones normales, este dato sería malo, pero viniendo de niveles tan altos de desaprobación, que ahora un 40% califique como eficaces las medidas contra las pandillas constituye al menos una evolución digna de reconocimiento y atención.

Ha mejorado la expectativa. De la realidad poco sabemos. Las instituciones del ramo de seguridad siguen sin ofrecer datos periódicos confiables, debidamente procesados, estandarizados y bien analizados, sobre los delitos más graves. No lo hacen en materia de homicidios, que hasta cierto punto son más fáciles de registrar, menos aún con delitos más difíciles de procesar.

¿Quién está matando? ¿Cuál es el perfil de las víctimas de la violencia? Si mueren 400 personas en un mes, ¿cuántos son pandilleros, cuántos se mataron entre ellos, cuántos murieron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, cuántos son atribuibles, aunque sea hipotéticamente, a grupos de exterminio? ¿Cuántos homicidios están relacionados con la droga o con la extorsión? ¿Se mantienen las coordenadas geográficas de la violencia o están en expansión? A estas debiéramos poder responder con datos creíbles, entregados con regularidad, con verdadero celo por reflejar la realidad. En cambio, tenemos información fragmentaria, discontinua y dispersa, que no nos permite evaluar la situación con la debida claridad.

El presidente está recibiendo al final de su segundo año de gobierno un cierto reconocimiento porque ha mostrado mayor liderazgo y efectividad, comenzando con el cambio de ministro y de director de la PNC, que a muchos les pareció una rueda de caballitos, pero tal vez era algo más.

Después de la matanza de Opico, la célebre discusión del estado de emergencia o de excepción, a pesar de sus deficientes definiciones e interpretaciones, dejó la inédita imagen de los jefes de los tres Órganos del Estado y el titular del Ministerio Público conjurados ante la gravedad de la situación. Dejó también la semilla de un amplio consenso para la aprobación de medidas extraordinarias, tanto legislativas como administrativas, para mayor efectividad en el combate contra las pandillas.

Enhorabuena al gobierno y a todos por los consensos logrados. Por cierto, no estaríamos como estamos si con similar diligencia, responsabilidad, voluntad y sentido de unidad se trataran otros problemas acuciantes de nuestra realidad. Ahora por primera vez desde el acuerdo de paz, el gobierno tiene prácticamente todo lo que ha pedido en materia de seguridad. Tiene a todos los sectores apoyando su gestión en el CSCC. Tiene todas las leyes especiales que requirió. Tiene tres recursos financieros adicionales a la cuantiosa suma aprobada para seguridad en el presupuesto general de la nación. En este sentido, el gobierno ha recibido de todas las fuerzas políticas mucho más de lo que concedió el FMLN a los gobiernos de ARENA cuando estaba en la oposición.

Ahora tiene que producir mejores resultados, pero debe hacerlo superando deficiencias estructurales, perversiones institucionales e inaceptables acciones policiales. En este orden, su mayor desafío será revertir la militarización de la seguridad, evitar la violación de derechos humanos y superar la parálisis mostrada en el componente social de su estrategia general.

En este último aspecto ha mostrado una preocupante incapacidad para dar vida en los barrios populares a su propio lineamiento de acción social, de mejoramiento de infraestructura comunal y de transformación educacional. Su excusa ha sido la falta de dinero, pero tal vez debiera buscar la explicación de tanta ineficacia en la deformación burocrática y en la falta de imaginación, compromiso y convicción de sus propios cuadros, tanto en el gobierno central como en la gestión municipal.

En cuanto al uso de la Fuerza Armada, el decreto ejecutivo de septiembre de 2009 definió de manera imprecisa su rol y su control. Desde entonces hasta abril de 2016, sucesivos decretos no han hecho más que prorrogar la vigencia de la chapucería original. Los presidentes, además, no han rendido en la forma debida los informes establecidos en la correspondiente disposición constitucional. Esta situación debe terminar. Sería muy triste que después de tantos años de insurgencia, de guerra y de acuerdos de paz, el gobierno del FMLN pasara a la historia como el que volvió a militarizar la seguridad.

“Nunca hemos dicho que estamos en guerra”: Marco Tulio Lima, jefe de la FES

Es una entrevista un poco inusual la que La Prensa Gráfica publica al subcomisionado Marco Tulio Lima, jefe de la recién creada fuerza élite FES de la PNC. No hay preguntas, solo respuestas. Por tanto, tampoco hay repreguntas. En vez de esto, el periódico agrega a cada “respuesta” de Lima “un párrafo de contexto, que confirma o refuta lo dicho por el subcomisionado.” Por la ausencia de preguntas y  repreguntas, pedimos a Paolo Luers que agregue a cada bloque las preguntas que habra que hacer al oficial de la PNC.

Segunda Vuelta

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Marco Tulio Lima tiene ante sí un reto grande: comandar al proyecto estrella del ejecutivo en su combate a la criminalidad de las pandillas. Este texto se compone con frases pronunciadas por el subcomisionado en una entrevista concedida a esta revista el miércoles 18 de mayo, a las que se les da contexto para afirmar o refutar lo dicho por el policía. En ellas habla sobre la fuerza letal, el respeto a los derechos humanos y algunas de las ideas sobre las pandillas que ha sostenido desde su paso por la DAN.

Una entrevista de Moisés Alvarado, 29 mayo 2016 / LPG

Marco Tulio Lima parece mínimo en esta oficina de techos altos, típica del Castillo de la Policía Nacional Civil. El espacio está casi vacío, con apenas un escritorio, una mesa y unos elegantes muebles negros para ocupar un área de unos 50 metros cuadrados. Viste una camisa negra que apenas rompe la monotonía con un curioso escudo, el de la International Narcotics and Law Enforcement Affairs (INL).

Lima dice que solo hace 20 días se trasladó para acá para ser el comandante de la Fuerza de Reacción (Fuerzas Especializadas de Reacción El Salvador, FES). Dueño de una larga y desigual carrera (que incluye la captura de dos buscados narcotraficantes), el subcomisionado se enfrenta ahora al reto de dirigir el proyecto estrella del gobierno salvadoreño en su tema más sensible, la seguridad.

Detrás de su poblado bigote, Lima hace gala de corrección política en un momento en que su unidad está en el ojo de todos, sobre todo del director de la PNC, Howard Cotto, que hasta ahora permite que dé una entrevista a un medio de comunicación. La misma ha sido ordenada de la siguiente manera: a una frase expresada por Lima, le sigue un párrafo de contexto, que confirma o refuta lo dicho por el subcomisionado.

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“La posibilidad de utilizar la fuerza letal ha existido desde que existen las instituciones. Hay varios niveles. El último es el arma de fuego. Se utiliza según el nivel de agresión ilegítima y la amenaza que el agente encuentra al combatir el crimen”.

La Ley Orgánica de la Policía Nacional Civil, en su artículo 15, estipula lo anterior y aclara que el agente solo podrá ejercer este derecho cuando su vida o la de un tercero estén en real peligro o con el propósito de evitar que se cometa un delito grave, que amenace la vida. Pero parece que el uso de la fuerza letal se ha hecho algo institucionalizado en la corporación desde enero de 2015, cuando su máxima autoridad de entonces hizo una invitación directa a utilizarla. “Hay una institución que los respalda, hay un gobierno que los respalda. Háganlo (disparen) con toda confianza y convicción”, dijo Mauricio Ramírez Landaverde, ahora ministro de Justicia y Seguridad. De allí que en 2015 se registraran 415 presuntos enfrentamientos entre policías y pandilleros.

Paolo Luers: ¿Por qué hay tanto uso de fuerza letal en operativos policiales, cuando estos, por definición son para detener a sospechosos, no para provocar enfrentamientos y eliminarlos? ¿No significa esto una militarización de la PNC, o sea la adopción de operatividad militar?

“En el pasado había grupos que agredían a la población, pero que no tenían dentro de su propósito principal agredir a la policía. Ahora, como ellos decidieron utilizar las armas de fuego, hay más posibilidades de que en una intervención se pueda recibir una agresión y exista la necesidad de hacer uso de la fuerza”.

Ese es el argumento con el que Marco Tulio justifica el uso letal de la fuerza de las autoridades de seguridad. En muchos casos, su utilización ha sido legítima al encontrarse policías y soldados en peligro real de muerte. Sin embargo, también se han cometido excesos de fuerza, como lo estableció una resolución de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos fechada el 26 de abril de este año, en la que se hace constar que las muertes ocurridas en la finca San Blas (26 de marzo de 2015) y Panchimalco (16 de agosto) fueron ejecuciones extrajudiciales, donde se asesinó a pandilleros (y personas ajenas a la estructura) aún cuando no ofrecieron ninguna resistencia. En torno a este espinoso tema, Marco Tulio señala que la unidad que comanda ha sido responsable de una mínima parte de los presuntos enfrentamientos con pandilleros (hasta la fecha se reporta una decena de muertes en hechos como este) que la policía ha protagonizado en el último mes. Por el momento, el titular de la PDDH, David Morales, no ha denunciado ningún exceso en el uso de la fuerza por parte de la FES y afirma que no tiene siquiera indicios.

Paolo Luers: Hasta el 2014, las pandillas tuvieron como regla solo andar armados cuando andaban en operativos específicos. Según nuestras investigaciones, esto cambió, cuando la PNC comenzó a entrar en territorios conflictivos listos para disparar, y en muchos casos disparando. Entonces, las pandillas dieron permiso a su gente de andar armados siempre. ¿No puede ser que por esto se han multiplicado a partir del 2014 los enfrentamientos armados entre PNC y pandilleros?

“Vemos que los pandilleros migran a otros lugares, otros han abandonado las zonas rurales y retornado a las zonas urbanas para adoptar un comportamiento más clandestino, esconden las armas, evitan la confrontación, y eso es una señal de que están a la defensiva, y eso es bueno porque se ve que la estrategia funciona”.

Según reportes de inteligencia policial y entrevistas realizadas a pandilleros por esta revista, los pandilleros, en efecto, realizan un proceso de migración hacia otras zonas por una mayor acción de las fuerzas de la autoridad y, como se pudo comprobar en San Antonio Silva, en San Miguel, por los crímenes cometidos por un presunto grupo de exterminio del que la PNC aún no ha podido identificar a ningún miembro. Allí, sin embargo, la orden de la pandilla era migrar a otros sitios de la zona rural. Lo de la disminución de enfrentamientos no encuentra respaldo en las estadísticas: el 26 de abril, el director de la Policía, Howard Cotto, dijo que habían ocurrido 198 enfrentamientos entre la PNC y las pandillas, a una media de 49.5 por mes, mayor al promedio del año pasado, de 34.58. Ya con la FES en las calles, el número no ha dejado de crecer, pues para esta fecha pasa de 240.

Paolo Luers: Subcomisionado, ¿usted tiene conocimiento que las tres pandillas principales, desde finales de Semana Santa 2016, en diferentes comunicados han ordenado a sus miembros a mantener un cese al fuego unilateral y suspender todas las acciones ofensivas? Este período coincide con la baja sustancial de homicidios y de enfrentamientos directos con la PNC. ¿Es cierto que en este período de abril-mayo 2016 se ha reducido a un mínimo los atentados a policías y sus familiares?

 
“Este problema que tenemos (el de las pandillas) es un fenómeno social, multicausal, debido a que en El Salvador existieron políticas públicas ausentes de oportunidades para los jóvenes, sin inversión en ellos. La ausencia de eso la ocupó el crimen”.

El postulado de Marco Tulio Lima se contradice con el enfoque que parece haber tomado el Gobierno de El Salvador desde el inicio de 2015, uno que privilegia la represión por sobre los otros cuatro ejes que conforman el Plan El Salvador Seguro. En una entrevista realizada en febrero de este año, el vocero de la Presidencia, Eugenio Chicas, no podía dar un recuento de indicadores para establecer el éxito o el fracaso del área de la prevención, pues afirmó que la estrategia para este rubro aún no contaba con financiamiento. La aprobación de 152 millones en bonos de esta semana pudiera dar luces en este campo.

Paolo Luers: Si es así, subcomisionado, ¿por qué el gobierno prioriza la confrontación represiva con los pandilleros, en vez de priorizar la inversión social en los territorios conflictivos?

 
“Esperamos que la justicia penal opere, que la Fiscalía haga su rol, que los jueces hagan su rol, y que el país camine en esa dirección”.

Este es el llamado que hace Marco Tulio Lima a las otras instancias que definen la justicia en el país. Aquí se enfrenta a un problema, pues el sistema salvadoreño se ha caracterizado por altos niveles de impunidad, al menos en el último lustro. En el reportaje “Los países que no lloran a sus muertos”, publicado el 30 de marzo de 2014, dos periodistas de LA PRENSA GRÁFICA establecieron, comparando el número de condenas por homicidio y la cantidad de asesinatos cometidos entre 2011 y 2013, que el porcentaje de impunidad en El Salvador era del 94 %.

Paolo Luers: ¿Por qué cree que el sistema judicial no “hace su rol”? ¿No tiene que ver con la pésima labor investigativa de la PNC y con una gran cantidad de capturas masivas que no se sostienen ante los juzgados? ¿Por qué la PNC, en vez de aumentar su capacidad de arrestar sospechosos, no aumenta su capacidad investigativa?

“Hemos sido sinceros con la población y hemos sabido reconocer cuando el fenómeno ha ido agravándose. En ningún momento hemos escondido las cifras de delitos y de homicidios, aún cuando ha habido grandes cifras de homicidios. Pero nunca hemos dicho que estamos en guerra. Una guerra tiene otros parámetros, otros estándares, y aquí hay suficiente experiencia en categorizar al fenómeno, porque de allí venimos”.

Marco Tulio reconoce de forma tácita que el Gobierno de El Salvador se equivocó al expresar, desde el Ejecutivo, la idea de que los medios exageraban la percepción de la violencia que se vivía en el país, aún ante la realidad de las cifras. Tal posición solo fue derribada hasta que la población contempló con horror la masacre de 11 personas en Opico. Pero el subcomisionado se desmarca de calificar al fenómeno como “guerra”. Si lo hubiera hecho, habría sido interesante escuchar de un exguerrillero, ahora a cargo de la unidad más importante de la seguridad del país, la manera en que pelearía esta. Sin embargo, se desmarca de usar esa palabra para definir el fenómeno, al que califica como “una reacción y contrareacción del combate al crimen”. En una pregunta posterior, habla de grupos de pandilleros que “decidieron irse al monte” y que portan armas de grueso calibre, “pertrechos para sobrevivencia, equipo quirúrgico para curación de heridas, equipos de comunicación”, protegidos por casas abandonadas, tatus y trincheras.

Paolo Luers: ¿Si no estamos en guerra, por qué las fuerzas especiales que usted comanda se mueven con armas, transporte y equipos de guerra: vehículos blindados, ametralladoras, helicópteros? Además, cómo interpretar las declaraciones de Oscar Ortíz y Eugenio Chicas que hablan de una guerra contra las pandillas?

“Lo que pasa es que como todavía estamos construyendo esto, hemos recibido los vehículos, hemos recibido el armamento, la alimentación, la logística, hay un montón de equipos que están en proceso. No le puedo dar un monto exacto”.

Fue la respuesta brindada por el subcomisionado acerca de los recursos con los que trabaja la FES. En cuestionamientos posteriores, asegura que su unidad no cuenta con más capital que el destinado de forma ordinaria a la PNC, por lo que dinero de otros sectores ha sido redirigido a su funcionamiento, al que la institución ha dado prioridad. También menciona a la cooperación internacional, a la que solo hizo responsable de la donación de equipos (vehículos, armas) y de capacitaciones. No habló de países donantes con nombre propio, a los que tendrían que dar cuenta de sus acciones, sobre todo en el respeto a los derechos humanos.

“Las pandillas ya están conceptualizadas como estructuras delincuenciales que han migrado al crimen organizado transnacional… hoy por hoy constituyen la principal amenaza a la seguridad nacional y de Centroamérica, y están siendo instrumentalizadas por las organizaciones de narcotraficantes que operan”.

Se trata de una idea sostenida desde hace varios años en El Salvador, incluso Lima la mantuvo durante su trabajo al frente de la División Antinarcóticos de la Policía Nacional Civil, como lo reflejan notas de prensa. Sin embargo, es una que todavía no se ha comprobado, la de una instrumentalización generalizada de las pandillas por parte del narcotráfico. Existen casos aislados de clicas que sí se han puesto al servicio del crimen organizado y cuyos casos están judicializados, como la Fulton Locos (Chalatenango), que trabaja bajo la sombrilla del cartel de Texis a través de su nexo, José Misael Cisneros, o la Normandie Locos (Sonsonate), al mando de Moris Bercián Machón, a propósito hijo del condenado por narcotráfico en los noventa, Asmel Bercián, exagente de la Policía Nacional. Moris ahora es prófugo de la justicia. Ambas clicas pertenecen a la MS. Pero el Departamento del Tesoro de Estados Unidos señaló a la pandilla como un eslabón del tráfico de cocaína hacia esa nación norteamericana. El antropólogo Juan Martínez difiere con esta idea, pues en su opinión la pandilla no tiene una estructura lo suficientemente jerarquizada como para hacer una actividad parecida. “El pandillero, a lo mucho, llega a reconocer a su corredor de programa, pero, sobre todo, la autoridad es ‘el palabrero’, no los líderes nacionales de la pandilla. La clica es una célula que cuenta con mucha autonomía”, sostiene Martínez.

Paolo Luers: ¿Si usted habla de “amenaza a la seguridad nacional”, no está reconociendo que el conflicto traspasa la dimensión de “seguridad pública”?
Usted trabajó durante a
ños en el combate a la narcoactividad. ¿Cuáles son las pruebas de su tesis que las pandillas salvadoreñas están siendo instrumentalizadas por el narcotráfico internacional?

 
“Cuando estuve en narcóticos hicimos un estudio del narcomenudeo, donde pudimos probar las tendencias grandes de las pandillas hacia el control del narcomenudeo en El Salvador. Lo administran las pandillas, principalmente la MS. Van en esa mutación, y es algo a lo que hay que prestarle atención”.

La administración del narcomenudeo podría deberse al control que la clica de una pandilla ejerce sobre el territorio que habita y no necesariamente se traduzca como trabajo conjunto entre pandilla y operadores del narcotráfico. Según lo reconoció en una entrevista a LA PRENSA GRÁFICA el actual director de la PNC, Howard Cotto, cuando era jefe de la Comisión Nacional Antidrogas, El Salvador juega un papel distinto al de los otros dos países del Triángulo Norte en el negocio de las drogas y es visto, más bien, como un espacio para lavar dinero “por su economía dolarizada”. El narcomenudeo, en su mayor parte, según datos de la DAN, está compuesto por el comercio de marihuana. La ganancia sería tan marginal que no rivalizaría con la obtenida por la extorsión, principal fuente de ingreso de la pandilla.

Paolo Luers: ¿Cómo exjefe de la DAN usted conoce la diferencia de narcomenudeo y narcotráfico internacional. ¿Por qué mezcla ahora los dos conceptos?

“Neutralizar el accionar y la expansión de las pandillas en los territorios que ahora controlan. La otra meta es capturar y llevar a la orden de los jueces a los principales 100 cabecillas que están ejerciendo violencia en el país. En términos generales esperamos que existan mejores condiciones para los planes de prevención, de reinserción. Que la recuperación del tejido social sea más efectiva”.

Capturar a los primeros 100 más buscados. Esa es la ambiciosa meta que el subcomisionado plantea para el primer año de accionar de la FES. Aunque en el más reciente informe de capturados por la unidad la cifra se coloca en 75, de los incluidos en el listado, en este primer mes de acciones se ha detenido a 12 personas. Cuatro más han muerto en intercambios de disparos. Según lo comenta el propio Lima, el grueso de las detenciones corresponde a otros miembros de pandillas aprehendidos en flagrancia por delitos como tenencia de drogas o portación ilegal de armas de fuego.

Paolo Luers: Si la tarea prioritaria de su unidad es capturar a cabecillas, ¿no sería más lógica crear unidades especiales de inteligencia e investigación, en vez de crear una fuerza especial de choque de carácter militar, como es la FES?

“La diferencia principal de la FES con las unidades anteriores es que nosotros no estamos buscando hacer operaciones de redadas. Hemos hecho un análisis del perfil criminal de los delincuentes. Algo inédito. Se les ha hecho un análisis de inteligencia, criminal e inclusive jurídico de su condición. Todos ellos tienen órdenes de capturas pendientes”.

Es uno de los puntos más novedosos de la unidad especial. El subcomisionado fue parte de las Manos Duras de Francisco Flores y Antonio Saca y reconoce la poca efectividad de esas medidas, que quizá contribuyeron a una mayor expansión del fenómeno de las pandillas. También de la creación de legislaciones como la Ley Antimaras, que en la práctica nunca pudo ser utilizada, como lo expresó varias veces el propio Marco Tulio en notas de prensa de la época cuando estuvo al frente de delegaciones complicadas, como Apopa, Soyapango y San Marcos, enfrentando un fenómeno que quizá no terminaba de entender.

Paolo Luers: Nuevamente, si es así, ¿cómo explica usted el carácter, armamento y entrenamiento militar de la FES? Da la sospecha que es para provocar enfrentamientos, en vez de detenciones.

 

Las imágines de la FES que comanda el entrevistado:

Conclusión: Si se mira como una guerra, las tropas se mueven como en una guerra, la gente muere como en una guerra, lo más probable es que sea una guerra…

¿Qué harías tú con $700,000 anuales? De Max Mojica

max mojica-xMax Mojica, 30 mayo 2016 / EDH

Setecientos mil dólares anuales es una cantidad considerable, de respeto. ¿Qué harías tú si tuvieras a disposición esa cantidad de dinero? Seguramente invirtiéramos, nos diéramos lujos, regalaríamos una parte a nuestros familiares y amigos, haríamos caridad y nos sobraría para ahorrar. Resumido en una frase: pudieras hacer lo que quisieras. Pero los $700 mil a los que me refiero, no son privados, son públicos y eso hace que los observemos con una óptica totalmente diferente.

Los fondos públicos son puestos a disposición de los Funcionarios, no para estar a la orden de sus divinas majestades para su despilfarro y para financiar actividades que no traigan o deriven en un provecho para la colectividad; por lo contrario, están ahí para generar beneficios a todos. Saco a colación lo anterior, ya que una prominente funcionaria del partido de diario hoyGobierno, en declaraciones brindadas en un medio local, afirmó que “no serviría de nada ahorrar en gastos de viaje de Diputados para destinarlos a seguridad”, porque con los $700 mil que se podrían ahorrar, dijo ella, “no se construye ni el corredor de un centro penal”, dando la impresión que esa cantidad de dinero anual –que seguramente cambiaría la vida a cualquier salvadoreño que la recibiera- constituye una suma irrelevante cuando se habla de finanzas públicas, habiendo cerrando su afirmación con una pregunta: “¿qué haría usted con ese dinero?” Debido a que nadie ha contestado la pregunta, yo me atreveré a sugerir algunas opciones para utilizar esos $700 mil anuales.

Si yo pudiera disponer de ellos, seguramente lo invirtiera en comprar 28 nuevas radio patrullas, totalmente equipadas para darle seguridad a la ciudadanía que tanto las necesita. Si no la usase para lo anterior, podría optar por pagar los salarios anuales de 137 nuevos agentes de nivel básico adicionales para la Policía Nacional Civil, o bien, brindarles un aumento o pagarles el bono a los ya existentes.

Si no le parece ninguna de las opciones anteriores, la verdad sea dicha, puedo sugerir otras; si en algo es pródigo El Salvador, es en necesidades ciudadanas. Por ejemplo, podríamos optar por utilizar ese dinero en subsidiar el consumo anual de gas propano a 14,767 familias o bien garantizar la entrega anual de los $30.00 mensuales a 1,944 familias rurales beneficiadas con el programa de apoyo “Comunidades Rurales Solidarias”.

Si dejamos a un lado los programas sociales y nos trasladamos a los reclamos que recurrentemente presentan sectores organizados de nuestra sociedad, como lo son los maestros, podríamos cumplir parcialmente sus expectativas abriendo 117 nuevas plazas magisteriales, garantizando el pago anual a los maestros que recibirían con ese dinero un salario mensual de $500.00. Si no es lo anterior, podríamos pagarle a 584 alumnos destacados de escuelas públicas, becas anuales para colegios privados, a razón de $100 mensual por alumno, para que ellos puedan mejorar sus expectativas educativas y puedan desarrollar su potencial académico.

Seguramente el sector salud se vería agradecido que se invirtiera en él semejante cantidad de recursos. Se podrían contratar 47 nuevos médicos especialistas con un salario mensual de $1,250.00, o bien, a 60 nuevos médicos generales con un salario mensual de $970.00. Las enfermeras no se quedarían atrás, ya que podrían crearse 93 plazas para enfermeras, con un salario de $630 mensuales; todo lo cual vendría a brindar cierto alivio al drama humano que a diario viven nuestros hermanos salvadoreños en los hospitales públicos.

En cuanto a necesidades personales, con ese dinero se podrían pagar por todo un año a 194 pensionados, con pensiones de $300, o garantizar un plato de comida al día a 648 privados de libertad que se encuentran en las bartolinas de la PNC, a quienes el Estado no le brinda ningún tipo de alimentación ni accesorios de higiene.

Realmente podrías hacer mucho si tuvieras esa cantidad de ingreso anual, eso sí, si fuera tuya, también podría ocurrir que no hicieras nada o que la despilfarraras. Nadie te diría nada. Al fin de cuentas sería tu dinero. Eso es lo singular de la propiedad privada: es privada. Situación muy distinta es cuando se trata de fondos públicos, los cuales son y deben estar sujetos al continuo escrutinio ciudadano.

El desperdicio de recursos ocurre en un país en que las necesidades son prácticamente infinitas y algunas de sus soluciones –como reducir gastos- son tan simples y evidentes, que por simples y evidentes no son atendidas por los funcionarios a quien corresponde aplicarlas. Nuestros gobernantes no necesitan de sesudos asesores para encontrar gastos que se puedan recortar para reorientar recursos a las áreas que más los necesitan, lo que realmente requieren es sentarse calculadora en una mano, papel y lápiz en la otra, y una voluntad firme de hacerlo. Si algún día lo hacen, estoy seguro que Juan Pueblo se los agradecerá.

@MaxMojica