José Miguel Fortín Magaña

Del país de la sonrisa, al país del desconsuelo… De José Miguel Fortín Magaña

El Salvador, otrora llamado el país de la sonrisa, es hoy uno de los países más violentos del planeta y con una altísima tasa de insatisfacción ciudadana.

José Miguel Fortín Magaña, 10 marzo 2017 / LPG

Estamos perdiendo una generación, me decía hace unos días un distinguido colega; y parece que no le damos importancia. Estoy totalmente de acuerdo con él; siento que hemos llegado al punto de poder caer en el precipicio de la desesperanza y que a propósito, para conseguir la inamovilidad de la gente, el gobierno del FMLN nos empuja por esa ruta, fraccionando la realidad en trozos, a manera de caricatura, sugiriendo que solo cincuenta municipios han tenido algún grado de peligrosidad y que mientras tanto, todos debemos vivir en un ridículo carnaval al que llaman el “festival del buen vivir”. Pareciera que debemos agradecer al partido gobernante que “solo” mueran diez o más salvadoreños cada día, que jóvenes y viejos quieran migrar a los Estados Unidos y que nos mantengan, jugando con nuestra inteligencia en medio de mentiras, haciéndonos creer que todo es culpa del pasado y que sus despilfarros e incapacidad son solo una ilusión.


¿Cómo creer en quienes mienten descaradamente delante de lo obvio? ¿Cómo acompañar a quienes con desprecio llaman indigentes a los ciudadanos que atropellan, como si la vida de alguien valiera más por el dinero que posea? ¿A los que esconden y tuercen información sobre quién asesinó a un salvadoreño trabajador, desde un vehículo de Casa Presidencial, en el Puerto de La Libertad? ¿Cómo creer en quienes impiden la transparencia en la verificación del número de muertos, siendo capaces de ocultar hasta la causa de la muerte de un hipopótamo?

Confiar en esa calaña de funcionarios, que mienten sistemáticamente y luego vuelven a mentir, ya no es posible. Hemos llegado al punto en que no podemos permanecer indiferentes y continuar bajando la cabeza creyendo que eso es nuestro destino, no es ya una opción. Los salvadoreños debemos levantar la voz; y al levantarla, como decía en un artículo pasado, los ciudadanos se convertirán de sujetos pasivos, en héroes; porque héroe no es quien no tiene miedo, ni quien es inmune a los balazos o a la muerte; ni he querido referirme al héroe de historieta que solo debe temerle a la kriptonita, sino al salvadoreño de a pie y al empresario, al catedrático y al analfabeta, al joven y al viejo, que con sus propias limitaciones le hacen frente a la vida; y que al cabo de un día se acuestan agotados pero satisfechos por haber hecho lo correcto; y que al día siguiente se volverán a levantar para continuar dando el rostro a los problemas que la vida traiga. A ese heroísmo es al que debemos apostar, porque es necesario, para que entonces levantemos la cabeza y gritemos con toda la fuerza: ¡Basta ya de mentiras! ¡Basta ya de esa obscena necesidad de gastar más de lo que se tiene! ¡Basta ya de vivir con lujos que no son lícitos ni posibles! ¡Empecemos a reconstruir nuestro país! A pesar de los ineptos, de los cobardes y de los deshonestos.

Juntos podremos asegurar que nuestra tierra fue y ¡volverá a ser! el país de la sonrisa.

En un país de criminales y políticos. De José Miguel Fortín Magaña

A pesar de lo que se cree popularmente, los criminales y otras personas con mentes desbalanceadas no nacen así. Cuando viene al mundo, el ser humano ya cuenta con un temperamento que lo impulsa a comportarse de cierta manera, y que difiere de persona a persona. Este temperamento innato es la materia prima de la personalidad de cada quien, la cual se va moldeando mediante el contacto con la sociedad y su entorno en general. La familia, la escuela, sus amigos y muchos otros grupos lo van influenciando y le van demarcando límites a sus impulsos emocionales.

fortin-maganaJosé Miguel Fortín Magaña, 10 febrero 2017 / LPG

Idealmente, al final de este proceso el individuo ha aprendido a controlar su temperamento y ha desarrollado su propio carácter, el cual se convierte en gran parte de quién es él. Ortega y Gasset lo define así: “Yo soy yo y mi circunstancia”. Este proceso de aprender a establecer límites contrapone dos fuerzas básicas de la teoría Freudiana del psicoanálisis: el Súper Ego, que juega el papel de la conciencia moral, y el Id, que contiene los instintos básicos, como la agresividad y el impulso sexual.

la prensa graficaHay que tener claro que en el fondo todos los humanos somos agresivos, lo cual no es negativo; de hecho, la agresividad es necesaria para crear competencia e impulsar el desarrollo humano. Sin embargo, la agresividad carente de límites, aquella que le falta la influencia moderadora de la conciencia, resulta en una personalidad desbalanceada o malsana que al final es destructiva para la sociedad. Es aquí donde podemos ver lo que sucede en la mente de los criminales y de muchos políticos: en la medida en la que estas personas no moderan sus instintos básicos, se puede decir que ambos adolecen de la misma psicopatología.

En ambos casos podemos ver a individuos que al tener que escoger entre seguir los instintos básicos o escuchar a su conciencia, siempre terminan sucumbiendo a los deseos. Tanto el criminal como el político corrupto son dos caras de la misma moneda: en ambos casos este individuo se congratula de que hace lo que le plazca, lo que se siente bien, sin que le importen las consecuencias que podrían tener sus acciones en la sociedad.

Sabiendo esto, nosotros los ciudadanos correctos y éticos, aquellos que todavía obedecemos los dictados de nuestra conciencia, tenemos la obligación de trabajar para transformar nuestra sociedad y nuestro país. Todos juntos debemos demandar que las acciones de todos los ciudadanos, pero sobre todo las de aquellos que nos gobiernan y nos dirigen, sean sustentadas por una idea clara de lo que es correcto aun si estas van en contra de su conveniencia, de sus preferencias personales o partidarias.

Y es que necesitamos a líderes que digan la verdad en vez de decir lo que creen que la gente quiere oír; que se enfrenten a lo que es incorrecto en vez de justificarlo o esconderlo; que trabajen por aquellos que les pueden recompensar menos en vez de aquellos que les pueden dar más. En resumen, en este país donde abundan los criminales y políticos corruptos necesitamos líderes valientes e íntegros, que al escuchar el clamor y el malestar colectivo puedan superar las ideologías políticas y ofrecernos un verdadero camino que nos lleve a tener el país que todos anhelamos.