Mes: agosto 2018

Carta a las golondrinas: Alégrense hoy, la goma viene al final. De Paolo Luers

1 septiembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimados amigos:
Ahora arranca la carrera. El tablero está puesto con todos los candidatos, alianzas y coaliciones. Salieron las primeras encuestas.

Ustedes están alegres, porque su candidato Bukele sale primero en ambas encuestas, con 9 puntos en la de la UFG y con 4 puntos en la de LPG-Datos. Los felicito. Es algo histórico: por primera vez en la postguerra salvadoreña la carrera será entre tres. Lo que ni Héctor Silva ni Tony Saca pudieron, hoy es un hecho: Hay un tercer candidato fuerte.

Pero cuidadito, falta mucho para febrero. La campaña apenas está comenzando. Tomen en cuenta otra verdad que ambas encuestas revelan: Ya se pinchó el globo con el cual ustedes anduvieron volando tan alto durante meses, cuando las encuestas parecían decir que la gran mayoría estaba con Bukele. Hoy vemos que fue un auto-engaño: Lo que aquellas encuestas midieron no fueron intenciones de voto, sino el grado de insatisfacción de los ciudadanos con el gobierno, con la economía, con los partidos, con la corrupción… Ni siquiera estaban hechas las coaliciones ni definidos los candidatos.

Hoy que el tablero está completo, apenas comenzamos a medir intenciones de voto. Ya no el grado de frustración de la gente con la política actual, ahora se mide quiénes se perfilan como los que pueden cambiar la situación y devolverle rumbo al país.

La gente sigue descontenta con el país como está y encachimbada con la corrupción. Pero los 4 cuatro candidatos navegan con las banderas del cambio y de la lucha contra la corrupción. Las escandalosas revelaciones sobre los robos multimillonarios de Saca y Funes y sus respectivas argollas afectan igual a ARENA, GANA y FMLN. Afectan a ARENA, porque llevó al poder a Saca y se desmarcó de él hasta después de salir del poder. Al FMLN, porque llevó al poder a Funes, y porque hasta la fecha no se desmarcó de él. A GANA, porque nació precisamente de esta argolla que controlaba y manipulaba al gobierno y al partido ARENA durante la presidencia de Saca. Fue esta argolla que se fue de ARENA para fundar GANA, que robó, controló que invirtió los millones defalcados durante el quinquenio de Tony Saca en su nuevo proyecto: GANA y UNIDAD.

¿Qué creen que pinchó el globo del apoyo tan mayoritario que recibió Bukele desde que anunció que iba a correr contra “los mismos de siempre”? Fue su matrimonio con GANA. Ahora está bajo la misma sospecha de todos los demás. Hoy, como todos los demás, tiene que mostrar que sí quiere y puede cambiar las cosas que han estado tan mal en la política.

Entonces, ¿a quiénes de los candidatos podemos creer que en serio va a tener la voluntad y la capacidad de cambiar la política? Es la pregunta que todos nos vamos a hacer durante la campaña que ahora comienza.
Hugo Martínez y Karina Sosa fueron parte del esquema de poder encabezado primero por Funes y luego por el Politburó del FMLN. Hablan de renovación, pero no es fácil creerles que son parte de la solución, por que fueron parte del problema.

Nayib Bukele entró en la política por la puerta ancha del FMLN en el 2012, cuando ya todos vimos con asombro las mañas de Mauricio Funes. Entró de la mano de José Luis Merino, el capo de Alba-Petróleo. Fue este hombre oscuro quien lo llevó a la candidatura de Nuevo Cuscatlán y luego a convertirse en alcalde de San Salvador. Aunque luego se desmarcó de Funes y del Politburó del FMLN, durante años Bukele también fue parte del problema.

Los únicos que como personas no fueron parte del problema, son Carlos Calleja y Carmen Aída Lazo, quienes de la vida empresarial y académica, respectivamente, entraron a la política partidaria y electoral, prometiendo un gobierno no partidario, basado en méritos y capacidades; y Josué Alvarado y Roberto Ocampo, quienes con VAMOS lanzan un partido nuevo de carácter ciudadano.

La gente, con mucho escepticismo y ojos críticos, va a observar a todos ellos, sus discursos, su manera de actuar, sus propuestas, su coherencia, su capacidad. Van a observar también a los partidos, con aun más escepticismo, para ver cuál partido realmente abre el espacio para las críticas y propuestas de la ciudadanía.
Ahora vamos a medir la consistencia de los candidatos, su substancia, su temple. Esto es lo que se va a reflejar en las múltiples encuestas que vamos a ver en los próximos meses.

Habrá tiempo para festejar, pero en febrero 2019, no ahora – y a saber para quiénes. Ustedes que tanto hablan de “el pueblo”, recuérdense: la mitad todavía no ha decidido, y la otra mitad ya les pinchó el globo.

Saludos,

La izquierda que América Latina necesita (y la que no). De Gisela Kozak Rovero

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, es recibido en Caracas por el presidente venezolano, Nicolás Maduro, en marzo de 2018. Credit Cristian Hernández/European Pressphoto Agency

Gisela Kozak Rovero es escritora y académica venezolana

27 agosto 2018 / THE NEW YORK TIMES (ESP)

CIUDAD DE MÉXICO — A mediados de julio de este año, el Foro de São Paulo, la plataforma que reúne a los partidos de izquierda de la región, tuvo su encuentro más reciente. Al final del evento, en La Habana, los participantes firmaron una declaración que puso en evidencia una de las fallas cruciales de la izquierda: se respaldó a los gobiernos de Venezuela y Nicaragua, que atraviesan una injustificable deriva autoritaria.

Al hacerlo, la izquierda latinoamericana mostró, una vez más, su desinterés por temas tan centrales de la vida democrática como la garantía de los derechos humanos, la transformación de las economías que dependen todavía de las materias primas y el fortalecimiento de las instituciones transparentes y autónomas.

Una izquierda acorde a las exigencias de nuestro tiempo podría crear un contrapeso a una derecha que, en algunos casos, ha intentado imponer una agenda cultural conservadora. Por ello es indispensable que América Latina tenga una izquierda democrática. Pero, lamentablemente, la región está lejos de tenerla. Se trata de un escenario adverso para los liberales: si queremos consolidar la vida democrática latinoamericana es ineludible tener tanto a una derecha como una izquierda sensatas.

América Latina necesita tanto a una derecha plural
como a una izquierda democrática, alejada del autoritarismo.

La región vive un auge de la derecha tecnocrática, que llegó al poder en buena medida para poner fin a gobiernos de una izquierda desprestigiada y, en algunos casos, enarbolando banderas conservadoras que prometían promover los “valores familiares”. Así resultaron victoriosos Mauricio Macri en Argentina, Sebastián Piñera en Chile e Iván Duque en Colombia.

Aunque la derecha ha carecido de imaginación social y no es especialmente sensible a los derechos de las mujeres y la diversidad cultural, está asociada con el orden; lo sea o no, a menudo se le percibe como más sensata que la izquierda en el manejo de la economía y de la gobernanza. También, a diferencia de un amplio sector de la izquierda latinoamericana, los gobernantes de derechas han sido firmes en condenar de manera unánime la represión y naufragio antidemocrático de la Venezuela de Nicolás Maduro y la Nicaragua de Daniel Ortega.

Hay algunas limitantes en la izquierda actual que tendrían que superar por el bien de la región: insiste en una retórica beligerante y divisionista que recuerda a la Guerra Fría, carece de suficiente audacia en el terreno económico y hace demasiadas concesiones al autoritarismo represivo.

La izquierda latinoamericana tiene un problema de imagen y vocabulario. Todavía se escuchan términos como “lacayos del imperio”, “OEA, ministerio de colonias” o “derecha apátrida y racista”; y se aprecia una nostalgia por el pasado evidenciada en la idolatría de la figura patriarcal y autoritaria de Fidel Castro, que vimos tanto en Hugo Chávez como en José Mujica y en Michelle Bachelet.

También se ha rehusado a abandonar una retórica antineoliberal anquilosada. Conserva un discurso populista que apela a los recuerdos de un pasado venturoso de Estados paternalistas, como el peronismo argentino o el nacionalismo mexicano. Pese a su legítima preocupación por la desigualdad, la izquierda no parece entender la economía del siglo XXI, diversa y globalizada. Este no es el caso de las izquierdas más exitosas en el continente: la uruguaya y chilena, que conservaron políticas “neoliberales” sin perder su vocación social.

Una izquierda democrática tendría que entender que la superación de la pobreza no depende del protagonismo asistencial del Estado o de los precios de las materias primas, sino de políticas dirigidas a la producción, el conocimiento y el desarrollo de tecnología. Del mismo modo, debe empezar a incorporar en su proyecto económico a tres figuras que hasta ahora han estado ausentes: el empresario, la creatividad individual y el mérito.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, durante el XXIV Foro de Sao Paulo, en La Habana, el 17 de julio de 2018 Credit Yamil Lage/Agence France-Presse — Getty Images

Por último, una fracción sustancial de la izquierda latinoamericana no parece conceder importancia a la destrucción de las instituciones democráticas o a la corrupción. La declaración del Foro de São Paulo condona tanto la persecución judicial del régimen de Daniel Ortega a opositores como la corrupción del expresidente Lula da Silva, puesta al descubierto por la operación Lava Jato.

Esa solidaridad con líderes condenados por corrupción y con regímenes represores —como los de Cuba, Nicaragua y Venezuela— es escandalosa. Rechazan “de forma enérgica la política intervencionista de Estados Unidos en los asuntos internos de la Nicaragua sandinista”, condenan “la guerra no convencional […] aplicada por el imperialismo yanqui y sus aliados […] contra la Revolución bolivariana” y piden a Estados Unidos “la indemnización al pueblo cubano por los daños y perjuicios causados por más de medio siglo de agresiones”. La declaración fue suscrita por partidos como el Movimiento de Regeneración Democrática (Morena), ganador de las recientes elecciones en México, y por sectores de las izquierdas uruguaya y chilena, que tradicionalmente eran más moderadas.

Es incoherente e inmoral que la izquierda latinoamericana, que en el pasado luchó con valentía por los derechos humanos de las víctimas de las dictaduras militares de derecha y que aún hoy denuncia sus excesos, sea cómplice de las atrocidades que se cometen en Venezuela y Nicaragua.

Esta es una mala noticia para los liberales de América Latina: necesitamos una izquierda aliada con un discurso liberal y que comparta los valores de defensa de los derechos individuales y la diversidad cultural. Esto es de gran importancia ahora, cuando estamos presenciando ataques xenofóbicos y una reacción conservadora a los reclamos de movimientos feministas.

La izquierda debe sacudirse la tentación autocrática y la retórica estancada en el pasado que le impide contribuir, junto con otras fuerzas políticas, a combatir la desigualdad y defender la justicia y la equidad. Esa izquierda no tiene que empezar de cero, sino volver a su tradición histórica más exitosa: la socialdemocracia.

A mediados del siglo pasado, las medidas de la socialdemocracia —la búsqueda de equilibrios entre mercado y Estado, la defensa de las libertades públicas y la implementación de políticas sociales sostenibles— ayudaron a consolidar las democracias más pujantes, fuertes y respetuosas de los derechos humanos del planeta.

En el marco de unas instituciones democráticas sólidas y de la realización de elecciones libres, la izquierda puede balancear el poder e influencia de políticas conservadoras que no atiendan la injusticia social ni los avances culturales. América Latina necesita tanto a una derecha plural como a una izquierda democrática, alejada del autoritarismo y de la grandilocuencia del pasado.

Carta a los jóvenes de “Nuestro Tiempo”: Sigan avanzando contra corriente. De Paolo Luers

30 agosto 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Queridos bichos:
Otra vez unos jóvenes andan en las calles recolectando firmas para un nuevo partido, porque entre los existentes y nacientes no encuentran quién los represente, quién les abra espacio, quién tome en serio sus problemas y sus aspiraciones.

En nuestro espectro político existente, estos jóvenes no encuentran un partido que defiende todas las libertades, no solo las económicas y empresariales, sino igual las sociales e individuales de las mujeres, de minorías de toda clase. Encuentran a la derecha salvadoreña demasiado conservadora, y a la izquierda salvadoreña demasiado “estatista”, queriendo regular todo, poniendo “el pueblo” encima del individuo libre. Quieren construir políticas donde se encuentren y complementen principios liberales del Estado de Derecho con principios socialdemócratas de justicia social.

Se han acercado a ARENA, y no han sido bienvenidos. Algunos se han acercado al CD o al PSD (ambos ahora difuntos), pero se dieron cuenta que estaban alineados con el Frente o con Nuevas Ideas. Con Nuevas Ideas comparten la crítica a la política tradicional de los partidos, pero les repelan su tendencia populista y su actitud anti-política y destructiva.

Estos jóvenes no quieren desmontar el sistema partidario, lo quieren complementar y regenerar, inyectándole al mismo tiempo racionalidad, ética – y empatía con los que no participan del desarrollo económico y social del país.

No quieren revolución, sino reformas. Son jóvenes que tienen vocación de voluntariado y activismo. Han decidido que “Es Nuestro Tiempo”, el tiempo de los ciudadanos activos, los voluntarios que se meten a reconstruir el tejido social, los activistas ciudadanos. De ahí el nombre del partido que quieren construir: “Nuestro Tiempo”.

Los del Frente los llaman “pequeños burgueses”, los de Nuevas Ideas los insultan como “baby arenazis”. Los conservadores los llaman despectivamente “progres” y “social confusos”, como si trabajar por el progreso fuera algo sospechoso o subversivo; y como si la ruptura con dogmas de la derecha (e igual de la izquierda) fuera cosa de locos que se niegan a tomar su lugar en una línea recta que va entre izquierda y derecha.

Son jóvenes que ya no aceptan este esquema. Distinguen a los actores políticos y sociales por su ubicación sobre otra coordinada, que va entre autoritario y democrático, ubicándose ellos en una posición radicalmente democrática; o entre conservadurismo/sociedad cerrada y liberalismo/sociedad abierta, ubicándose ellos en el lado hasta ahora vacío que defiende todas las libertades.

En una situación cuando nos quieren contar el cuento de que la solución a la crisis del sistema partidario es el surgimiento del proyecto de Nayib Bukele, que recoge a los populistas de izquierda (incluyendo ultraizquierda) y los populistas de la derecha mafiosa, los jóvenes de “Nuestro Tiempo” hablan de devolverle a la política la racionalidad y la dignidad. Van contra la corriente, pero ojo: La ola populista tiene corta vida, viene con fuerza, pero no tiene sustancia. Estos jóvenes, en cambio, piensan en el futuro que hay que construir: con largo aliento, perseverancia, voluntad y activismo ciudadano. No apuestan a tomar el poder y dar vuelta al sistema partidario, apuestan a complementar y dignificarlo. Su meta es meter un par de diputados en la próxima Asamblea, para generar debates en la sociedad y construir puentes que sirvan para largo plazo.

Yo no coincido con todas sus posiciones. Algunas son demasiado idealistas para mi gusto. Pero confío en su seriedad, su compromiso con la democracia, su rechazo a las tentaciones del populismo y de la anti-política que están de moda.

Por esto, les di mi firma para que se constituyan como partido. Serán un complemento positivo al pluralismo que desde los Acuerdos de Paz estamos construyendo. No voy a militar en este partido, porque no sirvo para militar. Pero les deseo que miles de jóvenes les apoyen, no solo con su firma, sino aceptando el reto de convertirse en voluntarios y activistas en este largo camino de reformar la sociedad y de dignificar la política.

Mi respeto por su valentía de ir contra corriente.
Saludos,


Carta a los diputados: Déjense de pajas y negociaciones. De Paolo Luers

28 agosto 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Señores y señoras:
Trataron de llegar a consensos sobre la elección de los magistrados – y no pudieron, porque GANA y FMLN insisten en su cuotas. ARENA hizo hasta piruetas, acomodando en su propia propuesta para la Sala de lo Constitucional a Sergio Avilés, para que esté contento el FMLN; y para otra Sala a Sonia Cortez, para que esté contento GANA – a pesar de que ambos no llenan todos los requisitos. Para acomodar a estos dos candidatos (y a los partidos necios), ARENA llegó a sacrificar candidatos mucho mejor calificados, recibiendo ardua crítica por parte de organizaciones de la Sociedad Civil.

Todo de balde ante la insistencia de FMLN y GANA de contaminar la Sala de lo Constitucional con una candidata incompetente como Sonia Cortez.

Ahora están agotadas las negociaciones entre las cúpulas para buscar consensos con quienes no los quieren. Ahora es la hora de los diputados y su conciencia. Existe una lista de los 30 candidatos, clasificados según su capacidad e idoneidad. Esta lista es vigente, porque en 5 semanas nadie ha presentado otros criterios con un puntaje diferente. Nadie.

La lista está bien clara: a la izquierda los 15 candidatos elegibles, y a la derecha los 15 no elegibles. Elijan entre los 15 calificados los 5 magistrados y cinco suplentes. Entre ellos hay gente de derecha y de izquierda, no importa. Son los calificados. Punto.

Déjense de pajas y elijan de esta lista de 15, y olvídense de los otros 15. Y que cada uno de ustedes dé la cara por su voto. 

Saludos,

Maña vieja: madrugones en la Asamblea Legislativa. De Erika Saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

27 agosto 2018 / EL DIARIO DE HOY

Los diputados en la Asamblea Legislativa lo quieren seguir haciendo: “los madrugones”. Así como la legislatura del año 2000 dolarizó el país en un madrugón, así quisieron meternos gol el jueves pasado, casi eligiendo magistrados cuando el país dormía. Qué mala maña. Diputados, el poder del pueblo es delegado, no de ustedes. Ya deberían tener claro que la ciudadanía quiere las cosas de manera transparente y, además, magistrados competentes, honestos e independientes en la Corte Suprema de Justicia.

Para los que no saben que son “madrugones”, pues es cuando aprueban decretos a la carrera, con dispensa de trámite y de madrugada. Prometieron en enero, febrero y marzo de este año que las elecciones de funcionarios ya no se realizarían por reparto de cuotas partidarias. No han cumplido. Se dividen los puestos públicos con base en intereses partidarios. Esto no es ideológico, ni de diferencias honestas por las corrientes de pensamiento jurídico; estos intereses son: lo que yo o mi grupo quiero, necesito y lo creo que es mío. Es cualquier cosa, menos el interés por el bien público o de la mayoría.

La semana pasada vivimos un episodio en el que, mientras todos dormían, la Asamblea se preparaban para elegir magistrados. A la fecha de envío de estas palabras, los diputados llevaban cuarenta días sin elegir magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Intentaron hacerlo en la plenaria del pasado jueves, donde la Comisión Política fue súbitamente convocada alrededor de las siete de la noche; cerca de la medianoche desistieron del intento de elección. Aunque el retraso vuelve urgente la elección, los diputados también están obligados a comprobar que eligen a los candidatos más idóneos. Y, en este caso, las formas también importan.

A pesar de que muchos diputados tienen décadas en la Asamblea Legislativa, nunca aprendieron que los madrugones, a oscuras y de espalda a la población, no son la forma en que se deben aprobar los decretos y las leyes. El debate y la transparencia son el pilar fundamental del trabajo parlamentario; ahí deberían exponerse las distintas ideas políticas y, con la discusión, llegar a un consenso que beneficie a las mayorías. Esto, a la vista de toda la población.

Los diputados deberían tener clarísima su obligación. Sin embargo, la práctica ha sido “llevar cocinados” los decretos y autorizarlos con dispensa de trámite en la madrugada. Así se aprobó de manera muy cuestionada la dolarización en la época del presidente Francisco Flores; así se aprobó la última reforma al sistema de pensiones, un parche que tendrá que revisarse dentro de un par de años porque no resuelve un problema estructural; así se han aprobado presupuestos de la Nación desfinanciados y deudas millonarias a través de préstamos; así se han elegido funcionarios que no cumplen con los requisitos de moralidad y competencia notorias; así se han acostumbrado a trabajar, a oscuras y a espaldas de la población.

Los diputados no han entendido que la erradicación de estas malas prácticas nos beneficia a todos. A los ciudadanos, porque estamos en nuestro derecho a que los representantes en la Asamblea Legislativa hagan su trabajo conforme a la Constitución. Y a ellos mismos, porque así se evita que las bancadas mayoritarias utilicen la prepotencia política a su conveniencia. La historia nos ha dejado claro que la política se mueve en forma de péndulo, pasando de izquierda a derecha y viceversa. No puede ser que, lo que tanto criticó un partido cuando era minoría, es lo que incoherente y descaradamente hace cuando tienen mayoría.

Diputados, no han hecho el esfuerzo de rectificar el proceso que pretendieron impulsar; ese que se quedó a medias, sin baremos y solo en las promesas de campaña. Si bien la Asamblea Legislativa es el órgano político por excelencia, donde la negociación se vuelve inevitable, esta debe ser sobre una base objetiva. En este caso, sobre la base de los mejores perfiles y descartando aquellos que no cumplen los requisitos para el cargo.

Los políticos han hecho lo que quieren con nuestro país, simplemente porque los hemos dejado. Nosotros debemos aspirar siempre e insistir en el “deber ser”, en que se elijan los magistrados de la Corte Suprema de Justicia con base en mérito y no por cuotas partidarias. Y que se haga con transparencia, no en madrugones.

Cuando rezar y tener fe no es suficiente. De Cristina López

27 agosto 2018 / EL DIARIO DE HOY

La Iglesia Católica está pasando una de las peores crisis de su historia moderna. Sobre todo, porque es una herida autoinfligida, causada por quienes deberían hacer de la defensa de los más vulnerables una prioridad. El fiscal general del estado de Pennsylvania en Estados Unidos acaba de publicar un reporte de más de mil páginas, en el que aparecen documentadas y expuestas a la luz del mundo décadas de abuso sexual proveniente de sacerdotes hacia un número de víctimas que supera los miles. Y eso solo en Pennsylvania.

Aparte de los abusadores, el reporte reveló un número de cómplices, quienes, teniendo poder de decisión dentro de la estructura de la Iglesia, ayudaron a encubrir crímenes, hicieron oídos sordos cuando las víctimas se atrevieron a levantar la voz, o permitieron que quienes tenían acusaciones creíbles en su contra continuaran ejerciendo labores pastorales, a veces solo cambiándolos de parroquia e ignorando la conducta aberrante.

La reacción de la Iglesia esta vez ha sido distinta al silencio que fue la regla general cuando en 2002 se destapó la cloaca que era la arquidiócesis de Boston, en el estado de Massachusetts, quedando expuestas las décadas de abusos ahí. En ese momento, la actitud fue la de preservar la reputación eclesiástica ante todo, como si valiera más que el daño a la imagen de la Iglesia como institución que socorre y protege, o a los traumas de las víctimas. La actitud ahora ha cambiado, y la respuesta, liderada por el Papa Francisco, ha sido pedir perdón a la feligresía, a las víctimas.

Y, sin embargo, gran parte de la feligresía ha reaccionado de manera defensiva: acusando a los medios de querer hacerle daño a la Iglesia por reportar sobre los casos, como si la verdad y la transparencia pudiera ser más dañina a la institución que los crímenes de sus miembros. Defensiva, tratando de agregar como “peros” las obras de caridad de la Iglesia, como si en el balance general las obras buenas de alguna manera borraran los horrores. Defensiva, alegando que la discusión abierta de los crímenes se hace de mala fe, con la intención de incriminar a los muchísimos sacerdotes “santos”. El problema de estas actitudes es que asignan más valor a la institución que al dolor de las víctimas y fomentan la misma cultura de silencio de la que parece querer alejarse el Papa Francisco con su carta.

Por supuesto que sobran ahora los llamados a rezar por las víctimas, porque haya más vocaciones, porque los crímenes de los miembros no alejen a futuros feligreses, porque la institución que fundó Jesucristo logre sobrevivir los crímenes de sus pastores. Pero solo rezar no es suficiente. Hace falta además abrir los oídos, para que no vuelvan a pasar décadas antes de que se le preste atención a las víctimas. Para que la feligresía logre recuperar la confianza en sus pastores hará falta, más que llamados a la oración, llamados a la reforma. Que se instituyan verdaderos mecanismos de transparencia y auditoría, para que el poder del que gozan los pastores de la Iglesia entre sus comunidades se utilice para liderarlas espiritualmente y no para abusar de ellas. Se dice que hay que diferenciar a la institución de sus miembros cuando los miembros hacen mal, pero cuando la institución, que goza de privilegios fiscales y diplomáticos, por décadas ha cobijado y protegido al mal, resulta difícil ver la diferencia.

@crislopezg

El reto del Frente. Columna Transversal de Paolo Luers

26 agosto 2018 / EL DIARIO DE HOY

El FMLN corre riesgo de ser desplazado por Nuevas Ideas. Las próximas encuestas (las primeras desde que el tablero electoral está completo) lo van a confirmar. ¿Desplazado de qué? No necesariamente en el gobierno, porque las próximas encuestas también van a confirmar que ARENA tiene buenas posibilidades de ganar la presidencia. Entonces, repito la pregunta: ¿Desplazado de qué? Desplazado como principal expresión de la oposición contra ARENA. Desplazado como expresión de descontento social de los salvadoreños, y en este sentido como expresión de izquierda.

Esto sería un desastre para el país – y mortal para la izquierda. El Salvador, con tantos problemas sociales históricos no resueltos, necesita una izquierda racional y responsable, que se libere de las tentaciones populistas. Lamentablemente, ahora no la tiene. El FMLN, mucho antes de los fracasos de sus dos gobiernos, ha decidido no transformarse en una izquierda democrática, capaz de promover las reformas necesarias, sino que se ha inspirado en el autoritarismo de Cuba y Nicaragua – y a la vez del populismo de Hugo Chávez. Pero aunque parezca absurdo, viendo la historia de sus luchas internas, de la ortodoxia de su conducción política y de sus políticas erradas, el Frente es el partido que mantiene en sus filas y en su ADN la representación de los sectores excluidos y el ideal de su superación.

Nuevas Ideas es la prolongación de las desviaciones populistas del Frente, llevándolas al extremo del oportunismo. Veamos la historia de las relaciones entre el FMLN y GANA. Una vez en el gobierno, el Frente optó por la solución oportunista y corrupta a su problema de gobernabilidad. En vez de consecuentemente construir gobernabilidad mediante el desarrollo de políticas reformistas que correspondan a las necesidades de la gente, optó por comprar gobernabilidad aliándose con GANA, o sea con la expresión más corrupta de la derecha, marginada incluso por ARENA que luego de su experiencia con Saca optó por iniciar un proceso de renovación y limpieza.

Bukele y NI llevan este oportunismo al extremo fusionándose con GANA. Y aunque este nuevo bloque NI-GANA desata todas sus baterías de ataques políticos y sobre todo cibernéticos contra ARENA, lo hacen con la intención de desplazar al Frente como adversario de ARENA. Ellos saben que no van a quitar votos a ARENA, atacan a ARENA para disputar votos al Frente. Y no solo votos: Disputan al Frente las banderas de la izquierda.

La única estrategia viable del FMLN para parar esta hemorragia es dar un viraje audaz y transformarse, al fin, en una izquierda deliberante, autocrítica, tolerante, democrática y reformista. Solo si el Frente llena el gran espacio abandonado que existe en nuestra sociedad para una izquierda democrática, puede ponerle límite al crecimiento del populismo de seudo-izquierda que personifica Nayib Bukele. La decisión de Bukele de aliarse con GANA es la gran oportunidad del Frente de marcar con claridad la diferencia entre izquierda y populismo oportunista y corrupto. La esencia de la izquierda es promover la justicia social y a la vez la institucionalidad democrática y republicana que ella ha conquistada con los Acuerdos de Paz. La esencia de la izquierda no puede ser el poder a cualquier costo, mucho menos al costo de la democracia y la decencia. El FMLN tiene que dejar esta parte oscura de su historia a Bukele: el populismo y el oportunismo de Funes, las alianzas oscuras con Saca y GANA – y concentrase a recuperar la verdadera esencia de la izquierda: la democracia interna, el compromiso con la institucionalidad, la lucha por la inclusión social, las reformas responsables…

Si el Frente no tiene el valor de iniciar esta transformación, al final el país se queda sin una izquierda racional y con dos variantes de populismo disputándose quién lo sepa vender mejor.

Si el Frente tiene el valor de desmarcarse de sus componentes corruptos y populistas (Funes, alianza con Gana…), de la misma manera que ARENA, aunque con resistencias, se está desmarcando de sus errores populistas y corruptos (Saca), el país dispondrá de dos fuerzas que con legitimidad puedan defender el sistema republicano contra el populismo y la corrupción – a pesar de marcadas diferencias ideológicas y programáticas. Estas diferencias se deben seguir expresando en campañas electorales de alto contenido político, en el juego necesario de gobierno-oposición, y en un sistema de alternancia con transiciones responsables.

Lo irónico (y a la vez lo bello) de esta lógica es que, si ambos partidos la aplican consecuentemente y realmente se desmarcan y se limpian de sus errores de corrupción y populismo, todos los desechos se acumularían, a la vista de todos, en un nuevo bloque que se llama Nuevas Ideas-Gana, encabezado por Nayib Bukele.

Si ambos partidos entienden esta lógica, deberían reflejarlo en estrategias de campaña diferentes, ambos identificando a NI-Gana como el adversario principal a vencer.