Ricardo Avelar

Muy tarde, Hugo Martínez… De Ricardo Avelar

25 julio 2018 / El Diario de Hoy

“Definitivamente no”. Así de contundente fue el excanciller de la República y candidato a la presidencia por el FMLN, Hugo Martínez, cuando en una entrevista se le preguntó si consideraba que Venezuela es un faro a seguir para El Salvador.

Con estas palabras se desmarca del respaldo que dio Salvador Sánchez Cerén al gobierno del país sudamericano. Además, Martínez está aceptando lo obvio: una de las más graves crisis del Continente, en un país que pese a la riqueza de recursos es ahora económica, política y socialmente insostenible, algo que su partido siempre ha negado en contra de toda lógica.

En la misma entrevista, el candidato efemelenista condenó el abuso de poder y la represión del gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, quienes han perdido el miedo a matar a quienes les adversan. “El drama de Nicaragua es algo inaceptable y los actos de violencia que se están dando venga de donde venga son condenables”, afirmó.

Nuevamente, Martínez se desmarcó de las posturas del FMLN y del presidente mismo. “Yo no comparto las declaraciones de Salvador Sánchez Cerén sobre este caso. Definitivamente yo no comparto las declaraciones del presidente sobre Nicaragua”, sentenció.

Este es un acto de valentía inusual en las filas del FMLN. No solo equivale a cuestionar la línea del partido, sino a desafiarla en uno de los temas más espinosos del momento: su respaldo a dos gobiernos que hace tiempo abandonaron la revolución o la izquierda y se han colocado el traje del autoritarismo. Al ir en contra de la postura que la dirigencia efemelenista ha adoptado en cuanto a Venezuela y Nicaragua, Hugo Martínez está poniendo en entredicho la identidad del partido y su liderazgo, que ha optado por alinearse a estos gobiernos —por afinidad ideológica y por conveniencia— olvidando su pasado de lucha antidictaduras.

Pese a tal valentía, este gesto llega demasiado tarde. En el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA), por ejemplo, la labor de Martínez fue instrumental para que se detuviera un histórico pronunciamiento denunciando la represión a cargo de Nicolás Maduro. A finales de mayo de 2017, el representante salvadoreño pidió un receso en la sesión en que se discutía una resolución firme y contundente y tras el retorno, varios países del Caribe se arrepintieron de apoyarla. El Salvador, jugando una postura ambivalente, se limitó a abstenerse y facilitó el fracaso de tal pronunciamiento.

Si bien es cierto un canciller no marca la política exterior, es su principal ejecutor. Puede no haber dado la orden, pero es parcialmente responsable de esas acciones y de avalar prácticas poco democráticas en países vecinos. Por eso, más de un año después, se sienten tardías sus críticas a los regímenes de Maduro y Ortega-Murillo.

Yo quisiera sentirme esperanzado de que hay un atisbo de moderación dentro del FMLN. También me entusiasma la idea de que un partido tan rígido se esté abriendo a una pluralidad de opiniones y que una izquierda progresista y antiautoritaria (pero de verdad, no a conveniencia) se vislumbre en un país donde ambos extremos políticos viven en la prehistoria.

Pero el comportamiento anterior del excanciller Martínez no deja de parecerme una piedra en el zapato. Puede que hacia dentro él haya tratado de moderar posturas de su gobierno. Puede que haya intentado llevar relaciones diplomáticas dinámicas y versátiles, siendo efectivamente un buen canciller. Todo esto podría (y parece ser) cierto, pero no borra el hecho de que El Salvador dio su respaldo a políticas barbáricas e inaceptables.

Por eso, lo que procede para tomar en serio las palabras del aspirante presidencial es un verdadero acto de contricción. Un honesto “mea culpa” puede legitimar y validar lo dicho en tal entrevista. La honestidad incómoda y una disculpa siempre pesan más que solo asumir que el pueblo tiene memoria corta.

De no hacerlo, sus palabras lucirán como un intento de congraciarse con gran parte del electorado que está condenando los abusos en Venezuela y Nicaragua. Sin reconocer sus errores como exfuncionario y disculparse, estas esperanzadoras palabras llegan muy tarde y sirven de muy poco.

@docAvelar

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Gales optó por el progreso, El Salvador no. De Ricardo Avelar

El 22 de mayo del presente año, Kirsty Williams, secretaria de Educación de Gales, anunció una reforma a la materia de Relaciones y educación sexual (SRE por sus siglas en inglés).

11 julio 2018 / El Diario de Hoy

Esta reingeniería surgió a partir de un diagnóstico elaborado por expertos en la materia, encabezados por la profesora de la universidad de Cardiff, Emma Renold. Ellos estudiaron las necesidades principales de los estudiantes y contrastaron estas con los principales retos de su país en temas de educación sexual y afectiva.

La principal conclusión del panel es que la educación actual está demasiado limitada a aspectos biológicos, dejando atrás temas como afectividad y prevención de abusos físicos y psicológicos, así como consentimiento y respeto a la diversidad. Asimismo, el ámbito sexual estará en línea con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que llama a incluir perspectivas culturales, históricas, biológicas y sociales, buscando un entendimiento integral.

SRE se convertirá en una materia obligada a los alumnos a partir de los 5 años, y estos irán recibiendo conceptos cada vez más sofisticados y apropiados para su desarrollo intelectual y emocional. El panel de expertos concluyó que mucho antes de iniciar su vida escolar, los niños interactúan con mensajes contradictorios sobre el género, la sexualidad y las relaciones y entre más temprano se inicie la formación en estas áreas se canalizará de manera más completa lo que los pequeños están observando constantemente, especialmente con el acceso a nuevas tecnologías.

Los expertos también identificaron la alta vulnerabilidad de las mujeres y los riesgos de la masculinidad tóxica. Atendiendo este diagnóstico, sugieren que se eduque en el marco legal existente y se explique a los alumnos cómo actuar si se sufre o se evidencia abuso. Además, la nueva SRE explicará formas de apoyar a quienes han sufrido algún tipo de violencia, independientemente de su género.

Para que los cambios surtan efecto, Williams anunció que se capacitará a los maestros para que puedan guiar a los alumnos, pues está en sus manos que las nuevas generaciones interactúen de manera sana y constructiva con la sexualidad.

En solo cuatro años, Gales se estará colocando a la vanguardia de la educación sobre relaciones y sexualidad, habiendo generado una política educativa basada en evidencia y un concienzudo diagnóstico. Esta reforma ofrece la libertad a los padres de que sus hijos no reciban la información por razones morales o religiosas, pero motiva a que lo hagan para que no existan brechas entre los alumnos más informados y los menos.

Del otro lado del mundo, los diputados que forman la comisión de Cultura y Educación de la Asamblea Legislativa de El Salvador descartaron estudiar la Ley de Educación en Afectividad y Sexualidad Responsable, presentada por un grupo de ciudadanos. ¿La razón? Que ésta contradice los “valores cristianos”, cuya defensa —por cierto— no es responsabilidad de ningún funcionario público.

Sería injusto decir que haber descartado este proyecto es condenar a toda la niñez salvadoreña al oscurantismo, la propaganda y los lugares comunes. No, solo se condena a una parte, a la más pobre, a la que tiene menos acceso a información de calidad y la que no puede asistir a colegios privados donde sí se imparte la materia y además hay acceso a apoyo psicológico en casos de abusos.

Una vez más, los diputados expresaron con su rechazo abierto (como las vergonzantes declaraciones de Arturo Simeón Magaña, de ARENA) o su silencio que la niñez salvadoreña no es su prioridad. Esto, pese a la situación alarmante que se vive, expuesta magistralmente hace unos días en este medio por Claudia Cristiani (https://www.elsalvador.com/opinion/editoriales/498701/es-hora-de-actuar-educacion-en-afectividad-y-sexualidad/), quien destacó que las cifras de fecundidad en adolescentes de El Salvador son superiores al promedio mundial, que las niñas embarazadas no terminan la escuela, que muchas son forzadas a vivir con su violador y que hay alta incidencia de casos de VIH.

El Salvador estuvo a pocos pasos de iniciar una discusión seria, como se hizo en Gales. Pero los diputados optaron por el camino fácil, el de hacer caso omiso a la evidencia y dar el giro emocional, ese que revienta cohetes de moralina y alimenta fantasmas de “destrucción de la familia”, “marxismo cultural” o “ideología de género”. Desde lejos veremos prospectos como la audaz reforma encabezada por Kirsty Williams, mientras la “defensa de principios cristianos” justifica nuestra pasividad e inactividad, en detrimento de nuestra niñez y adolescencia.

Que nos quede claro: así se legisla en este sector de Macondo.

@docAvelar

Me asustas cuando callas. De Ricardo Avelar

Me asustas, ciudadano, cuando notas cómo actúan los partidos y les sigues defendiendo. Cuando la misma corrupción la denuncias del contrario y la defiendes de tu amigo. Me asustas cuando a pesar de estos vacíos, dejas que la propaganda y el proselitismo partidario te enamore…

14 junio 2018 / El Diario de Hoy

“Me gustas cuando callas”, escribió el chileno Pablo Neruda en el Poema XV de sus “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”. En sus estrofas se respira melancolía, miedo e incomodidad. Y si bien me encantaría contarles con detalles lo que este texto me ha producido desde hace años, no es ese mi objetivo el día de hoy. Con el perdón del prolífico autor, vengo a parafrasearlo, y utilizar sus palabras con otro propósito. Aquí va:

Queridos ARENA y FMLN, me asustan cuando callan porque sus conciencias parecen ausentes y las voces de la ciudadanía las oyen, pero estas no les tocan. Parece que el sentido común se les hubiera volado y las contradicciones les tapan la boca.

Me asustas cuando callan los abusos de derechos humanos, porque si lo avalan, en otro contexto podrían hacer lo mismo. Me asusta que denuncien con fuerza los abusos de los contrarios, pero callen o defiendan los de aquellos que son cercanos.

Querido FMLN, me asustas cuando callas al ver que Daniel Ortega ha encabezado una sistemática represión a quienes protestan las decisiones más polémicas de su gobierno. Me asustas cuando ignoras que el otrora líder de la revolución y opositor de la dinastía de los Somoza se ha convertido en un nuevo caudillo. Me asustas cuando no entiendes el abismo que existe entre su forma de gobernar y los ideales que hace menos de cuarenta años se enarbolaban al derrocar a “Tachito”.

Me gustas cuando no callas, FMLN. Como cuando meses atrás, tus diputados se dieron cita en la embajada hondureña para protestar por los abusos y las pretensiones de concentrar el poder de Juan Orlando Hernández, mandatario del vecino país que de forma atropellada logró un segundo periodo al mando. Ahí se apreció tu ánimo antiautoritario y tu espíritu de lucha. En ese momento, quien calló fue la derecha, que prefirió no condenar a su allegado.

Me asustas cuando callas, ARENA, porque parece que no aprendiste nada del pasado. Que estás anclada en defender selectivamente algunos principios. Me asusta que condenes con vehemencia a Nicolás Maduro pero aceptes que decir “¡fuera JOH!” en Tegucigalpa te pueda costar la libertad o hasta la vida. Me asustas cuando callas, sabiendo que en Honduras han matado y desaparecido a manifestantes y defensores de derechos humanos.

Me asustan ambos cuando respaldan la violencia y hasta ofrecen su apoyo a gobiernos que aunque se dicen de lados opuestos, perdieron de la misma forma el miedo de silenciar a la prensa, de armar a civiles para que vapuleen a sus compatriotas y hasta de matar. Me asustan cuando se evidencian sus lealtades, no a un ideario antiautoritario, sino a un poder sin límites siempre que este sea ejercido por sus amigos.

Me asustas cuando callas, FMLN, cuando por años denunciaste la corrupción de la derecha y ahora que tu primer presidente, Mauricio Funes, aparece salpicado en una compleja trama de presunto desvío de fondos, no haces más que un tibio pronunciamiento. Y no es que el tema lo hayas olvidado, porque cuando de la derecha se trata, lo denuncias con pasión.

Me asusta cuando te pronuncias, ARENA, sobre el caso Funes, y algunos de tus voceros piden separar de su cargo a funcionarios actuales que tienen pendientes investigaciones de presunto enriquecimiento ilícito, porque al mismo tiempo callas sobre algunos de tus líderes que están en las mismas. Y no solo callas, los defiendes, los acuerpas, incluso les premias con una jefatura de fracción.

Me asustas cuando callas, ARENA, cuando se evidencia el truculento manejo de fondos públicos durante tus gobiernos. Me asustas cuando le dices “incapaces” a quienes gobiernan, sabiendo que tu ineptitud en algunos temas le heredó al FMLN un país violento y con pobre crecimiento.

Me asustas cuando callas, joven de ARENA o del FMLN, pues cuestionar a tu dirigencia o los corruptos de tu partido complican tu camino a un cargo público. Me asusta que la rebeldía la hayas sustituido por un silencio cómplice.

Pero más me asustas tú, ciudadano, cuando al ver estas situaciones también callas. Cuando notas cómo actúan los partidos y les sigues defendiendo. Cuando la misma corrupción la denuncias del contrario y la defiendes de tu amigo. Me asustas cuando a pesar de estos vacíos, dejas que la propaganda y el proselitismo partidario te enamoren más que el mismísimo Neruda a Matilde Urrutia, su gran y último amor.

@docAvelar

El huesped. De Ricardo Avelar

30 mayo 2018 / El Diario de Hoy

Después de unos problemas en casa, se marchó. Casi de puntillas, evitando ser visto y escuchado. Así llegó donde su amigo, quien sin cuestionar sus motivos le abrió las puertas. Así se convirtió en el Huésped.

El Huésped se mudó a un nuevo vecindario. No tan diferente al suyo, pero con algunas peculiaridades.

Con el tiempo, el Huésped fue notando el recelo de sus vecinos y es que en barrios como estos las noticias corren rápido y quienes le rodeaban empezaron a preguntarse por qué, de un día para otro, este personaje había aparecido en sus vidas. Y no apareció silencioso ni sutil. Su entrada se dio con pompa, pues su amigo el Anfitrión le ofreció todas las facilidades posibles y se aseguró que el respaldo a la presencia del nuevo elemento se notara. No había necesidad de esparcir rumores. El vecindario completo sabía casi a ciencia cierta de dónde venía el Huésped y por qué se mudó.

Pese a que el barrio miraba con molestia al nuevo inquilino y algunos de los locales le cuestionaban su presencia si lo cruzaban en el supermercado o sus constantes viajes al autolavado, tenían otros problemas que afrontar y es que este nuevo vecindario vivió siempre una tensa calma.

Una de las razones que despertó las sospechas y el recelo de los vecinos fue, precisamente, que el Anfitrión del Huésped era el líder de la directiva de este barrio. Como tal, tenía el poder de tomar decisiones que afectaban a todos y en la mayoría de ocasiones, poco le importaba lo que quisieran sus pares. Se rumoraba que había hecho trampas con el dinero de los condóminos para agrandar su riqueza. Contrató un aparato de guardias que vigilaba constantemente a los vecinos y disuadía cualquier crítica a su gestión al frente del barrio. Acosaba a los vecindarios aledaños, tenía tratos oscuros con otras comunas más lejanas cuyos liderazgos eran cuestionables y en una ocasión mandó a redecorar los parques de su localidad con unos armatostes horrendos que simulaban ser árboles. Y es que además de principios cuestionables, el anfitrión tenía mal gusto. Ante todo esto, por cierto, el Huésped guardó silencio porque no se muerde la mano que te da asil… residencia temporal, perdón.

Un día, el vaso de la paciencia de los vecinos se derramó. Desde hacía tiempo, los miembros de esta localidad ahorraban parte de sus ingresos en un esquema controlado por la Directiva. Y cuando esta última quiso hacer cambios, el descontento se hizo notar rápidamente. Los condóminos rápidamente demandaron cambios del líder de esta directiva y este, lejos de escuchar, hizo que sus guardias silenciaran las protestas.

Cuando los más jóvenes del vecindario salieron a quejarse pues les estaban robando el prospecto de un futuro digno, se encontraron con fuerza bruta. Aquellos que se dedicaban a llevar las noticias de lo que sucedía a todos los rincones del barrio también fueron reprimidos. La lista de amigos del líder empezó a derrumbarse, a medida se evidenciaban sus prácticas poco transparentes y la barbarie de su mandato. Y un día, hasta tumbaron los armatostes horribles con los que había decorado los parques.

En medio del caos, hubo alguien que inicialmente guardó silencio y luego, cínicamente, salió en defensa de la descarada directiva: el Huésped. Y es que el Huésped no es tonto. Sabe que el regreso a su antiguo barrio lo pone en riesgo. Sabe que la gente sabe muchas cosas. Sabe, también, que permanecer donde cómodamente le hospedan requiere complicidad y defensa, requiere hacer apologías cínicas de cosas que antes, cuando más joven, solía criticar.

El Huésped confirma con su defensa a la directiva que ni aquí ni allá fue un tipo confiable. Por lo contrario, deja entrever el tipo de amigos de los que se rodea. Amigos sin escrúpulos, que odian ser cuestionados, que no titubean antes de callar a quienes les hacen preguntas, que no sienten pena por reprimir.

Y no, no se espera que el Huésped cambie. Por el contrario, seguirá defendiendo a su Anfitrión. El problema es que el Anfitrión ya no puede garantizar su pertenencia, pues el barrio ha despertado y muchos lo quieren fuera. Y sin él al mando, el Huésped está en riesgo de volver a casa, donde algunos le esperan ansioso (para llevarlo a la justicia).

@docAvelar

¿Democracia mediocre? De Ricardo Avelar

16 mayo 2018 / El Diario de Hoy

El proceso de elecciones internas de ARENA ha sido uno de los más democráticos que el país ha visto. Voto secreto, un padrón más o menos estructurado, cuasi debates para conocer las posturas de los precandidatos y un amplio escrutinio de la sociedad civil son algunos de los factores que permiten reconocerle al partido tricolor un paso en la dirección correcta.

Sin embargo, tras una inspección más cuidadosa, estas internas dejan también mucho que desear. Numerosos informes dan cuenta de favoritismos de las estructuras hacia uno u otro precandidato y en cada visita, mitin o evento, estos aspirantes se hacían acompañar por algunos cuestionables personajes de la política nacional.

“Líderes” con procesos abiertos en la Sección de Probidad, alcaldes que han transformado sus municipios en cuestionables feudos, personajes que han llegado armados a la Asamblea Legislativa, entre otros, son algunas de las figuras que manchan este intento de poner en manos ciudadanas más poder de elección.

El proceso más limpio y democrático es, a su vez, un tanto opaco y con grandes fallas. Ahí reside uno de los grandes problemas de la política salvadoreña: tenemos pobres estándares y nos conformamos con poco. Corregir eso es un balón en la cancha de la ciudadanía.

Si tomáramos más en serio nuestro rol de ciudadanos como fiscalizadores del poder, quizá el proceso de internas de ARENA sería propio de alguno de los partidos minoritarios y periféricos, de esos que no tendrían mucho que presumir. Y a los partidos fuertes y establecidos la gente les exigiría procesos verdaderamente limpios.

Cualquier precandidato que se rodee de personajes cuestionables se vería automáticamente como alguien que los valida y eso le haría ganarse el repudio del ciudadano harto de que sus impuestos se destinen a una piñata de favores y beneficios. Un foro de eslóganes sería visto como un evento inspiracional pero de poca utilidad. Si de verdad hubiese debate, se esperaría que quien modere el espacio haga preguntas incómodas para medir posturas, temple y credenciales democráticas de diálogo.

En un respetable proceso de primarias, los medios de comunicación competirían por ganar el respeto de las audiencias dando seguimiento cercano a cada promesa, evaluando su factibilidad y los costos de cada una. Habría equipos dedicados a verificación de datos y a identificar inconsistencias y ningún precandidato podría aspirar a una cobertura tipo farándula, cuando aspira a tan importante cargo como la presidencia de la República.

Pero ese no es el país en el que vivimos. En el nuestro, el pináculo de la democracia interna todavía deja dudas, pero no por ello lo debemos despreciar. Debe servir como un mínimo no negociable para cualquier partido que pretenda acceder al poder. Afortunadamente, estamos a tiempo de ver qué hará el resto de institutos políticos de cara a 2019. Dentro del FMLN se está viendo un interesante proceso donde los Martínez (Hugo y Gerson) parecen estar desligándose de los dedazos y dan una ligera idea de que el militante tiene una opción más allá de los designios de la poderosa Comisión Política. En el resto de partidos preliminarmente interesados, no se ve mayor cosa que llame la atención.

Traigo al resto de competidores a colación porque un sistema de partidos no funciona tan diferente a un mercado de bienes o servicios. Entre más competencia haya, se espera que los servicios mejoren y que sea el cliente (o el votante) el gran ganador del proceso. Esto depende de que haya reglas e incentivos claros, pero también de que el último afectado esté listo a exigir decencia o a dejar de consumir una opción.

Si el limitado proceso de ARENA es el mejor, esto habla de la mediocridad en la ejecución de nuestro sistema de partidos. Aquí hay una oportunidad de oro para exigirle a cada bandera que quiera aspirar a cargos públicos que supere a su contrincante, que muestre debates más incisivos, que depure a sus miembros más cuestionables, que sea más transparente en sus registros, que no siga a líderes mesiánicos, entre otras cosas.

Nuestro sistema de partidos llega a ser lamentable, pero se puede rescatar. Todo depende de que sepamos exigir y con base en resultados, premiar o castigar. Solo este dinamismo nos podrá acercar a una democracia real y funcional. Moverse es importante, es primordial. De no hacerlo, como dice el cantautor uruguayo Jorge Drexler, “lo mismo con las canciones, los pájaros, los alfabetos: si quieres que algo se muera, déjalo quieto”.

@docAvelar

El exalcalde capitalino. De Ricardo Avelar

1 mayo 2018 / El Diario de Hoy

El legado del ahora exalcalde capitalino es confuso. Por un lado, hay obras significativas.

Se han revitalizado puntos de la ciudad y ha generado nuevas oportunidades de negocios, empleos y espacios de convivencia. Esto es urgente en una sociedad violenta y desconfiada del vecino. Además, se redescubren y embellecen joyas arquitectónicas del pasado. Esto le ha generado popularidad y fama.

Sin embargo, es en su forma de hacer política donde se golpea su legado. El exalcalde entendió que la institucionalidad es lenta y genera frustraciones a quienes tienen necesidades apremiantes. Para legitimar su mandato, forjó su liderazgo en torno a un solo proyecto: el suyo. Sus acciones siempre fueron encaminadas a reforzar su propia imagen y cuando una institución le dio problemas, lejos de llamar a su mejora, invitó a tomársela y la descalificó.

Ahí es donde reside el peligro del exalcalde. Pese a su efectividad en transformar sectores de la ciudad y su capacidad de posicionar sus mensajes, mostró pobres credenciales democráticas. Cuando se vio enfrentado a la justicia, despotricó contra esta y pretendió ganar una batalla política en lugar de someterse ordenadamente al procedimiento.

Su sello ha sido la matonería política, con mayor elegancia y decoro, pues ha sido más astuto. Pero su vinculación con la prensa fue problemática, a menos que esta le dedicara coberturas indulgentes. Su trato con la oposición no fue de construir puentes, sino de minimizarlos y en el camino se rodeó de personajes altamente cuestionables.

Su ascenso es comprensible en un país sin mayores avances por lo ingrata que es la política partidaria. Pero sus actitudes poco institucionales, revestidas de un estilo nuevo y agraciado, son igual de peligrosas que las tribulaciones que nuestras democracias han vivido en el pasado.

Y cuando hablo del exalcalde, hablo de dos personas distintas, con características comunes, pero en momentos opuestos de sus carreras. El viernes 27 de abril, el edil de la Ciudad de Guatemala, Álvaro Arzú, falleció tras un fulminante infarto. Además de sus cincoperiodos al frente de la comuna, fue presidente de la República y quizá el político de más peso en los últimos años. Su sello está presente en la capital chapina y las cuadrillas verde-neón mantienen vistosos los jardines de una ciudad cuyos problemas de fondo no han terminado de resolverse.

Por otra parte, este 1 de mayo Nayib Bukele termina su periodo al frente de la Alcaldía de San Salvador. En estos tres años, su proyecto principal fue el rescate del centro histórico y deja tras de sí plazas que han recuperado su elegancia, una oportunidad para nuevos negocios y opciones para turistas y locales que pueden recobrar el orgullo de pasear por los rincones más antiguos de la capital.

Pero San Salvador está lejos de encontrar soluciones a sus problemas complejos, tanto como la Ciudad de Guatemala. A la hora de enfrentar cuestionamientos al respecto, ambos
alcaldes recurrieron a tácticas de descalificación en lugar de afrontar críticas legítimas y lejos de sumar voces críticas, se rodearon de aplaudidores y leales defensores.

Arzú desperdició una oportunidad de transformar su liderazgo en un catalizador de nuevas voces. Ser el “presidente de la paz” (tras haber firmado el fin del conflicto armado en 1996) no se transformó en una figura de reconciliación y diálogo. Bukele se encuentra en el otro extremo. Tras su corta carrera como alcalde, está a las puertas de conformar su partido y buscar la presidencia. Sin embargo, su motivación parece ser personalista y no institucional.

Su movimiento “Nuevas Ideas” se respalda por la ejecución de proyectos interesantes, pero es difícil encontrar principios que den sentido a esta iniciativa.

Bukele está a tiempo de construir un legado diferente, pero no sé si lo hará. Debería reflexionar brevemente sobre el legado de Arzú, imaginarse el fin de su carrera política y preguntarse cómo será recordado y qué beneficio le trajo su carrera política a la capital y alpaís. Si piensa recapacitar en su vocación democrática y abandona su vanidad, es bienvenido a aportar a la arena política nacional. Si por el contrario replicará la megalomanía de Arzú (algo que ya hace de cierta forma), mejor que aprenda de los asistentes de los casinos y se retire a tiempo, cuando todavía le queda algo de prestigio.

“Clases de democracia”. De Ricardo Avelar

19 abril 2018 / El Diario de Hoy

El 6 de enero de este año, en medio de la campaña para las legislativas y municipales, un joven candidato a diputación por el partido ARENA afirmó que había recibido presiones de líderes de su partido por algunas posturas críticas. Sin embargo, no reveló quiénes habían sido estas personas.

Desde que hizo pública esta denuncia, por diferentes vías se le pidió aclarar la identidad de estas personas. No lo hizo. Y el 9 de enero, en este mismo medio publiqué una columna en la que exponía cómo no basta con ser (y mercadearse como) joven, si no estás dispuesto a cambiar algunas prácticas de la política tradicional en El Salvador.

En concreto, si vas a hacer acusaciones, promesas o discursos al aire, pero no estás dispuesto a encarar preguntas de la ciudadanía, no estás mostrando algo diferente. Y ese fue el tema central de mi columna. Invitarle a que aclarara, precisara y acaso mostrara una correspondencia entre el mercadeo de su “frescura política” y su ejecución. Y tampoco lo hizo. Y tras los comicios, no resultó electo, aunque no me consta que sea a raíz de no haberse distanciado de “lo de siempre”.

Pues bien, esas elecciones son historia y estamos a las puertas de que se instale una nueva legislatura. Y como es usual, junto a una nueva conformación de diputados se acerca también la negociación sobre la próxima Junta Directiva de la Asamblea Legislativa, una estructura codiciada por los partidos por sus beneficios tanto en dinero y especies como por su poder político y administrativo.

Esta directiva lleva varios periodos de tener una cuestionada legitimidad. Primero, pues la presidencia parece haberse convertido en un incentivo para mantener partidos “bisagras” leales al oficialismo. Segundo, porque se aprueban bonos, regalos y hasta onerosas fiestas en tiempos de vacas flacas en las finanzas públicas. Y además porque desde ahí se puede tener en las sombras las contrataciones de activistas, amigos y familiares que engrosan las filas de las bancadas y el personal administrativo.

Por ello, 2018 es una oportunidad de oro para que los diputados demuestren actitudes diferentes. Para que se comprometan con transparencia y uso racional de los fondos. Para que admitan públicamente que las elecciones del 4 de marzo fueron un mensaje de que la población se está hartando de las prácticas corruptas y opacas de siempre. Pero parece que no lo están haciendo.

El 7 de abril de este año, uno de los diputados más votados, René Portillo Cuadra, reaccionó a un tuit del periodista y columnista de este medio, Paolo Lüers. Ante una invitación de Lüers a reducir el número de directivos (actualmente 14), el legislador tricolor contestó: “Es importante reducir el número de directivos, pero más importante es suprimir los beneficios”.

¡He ahí un compromiso! O al menos eso podría pensar uno. En vista de que Portillo Cuadra sentó las bases para una promesa más o menos concreta (reducción de beneficios), decidí lanzarle una pregunta en esa red social: “¿Está dispuesto a comprometerse públicamente con ambos (reducción de directivos y de beneficios)? Y si es así, ¿votaría en contra de un protocolo de entendimiento que no incluya ni reducción de directivos ni beneficios, aun si su partido lo respalda?”.

Con esto, pretendía que el diputado ampliara (como lo hice en enero con Abraham Soto) y que a la población le quede más clara su postura. Esperé una respuesta concreta de su parte, pero esta no llegó. Y bueno, tampoco puedo asumir que soy el tuitero más viral y quizá mi cuestionamiento se perdió entre otros tantos mensajes que el diputado recibe, por lo que aprovecho este espacio para lanzarle nuevamente la pregunta: ¿Se compromete a una reducción de directivos y beneficios? ¿Votaría diferente a su partido si este no asume estas reducciones? ¿Lo denunciaría públicamente?

Hace pocos días, el precandidato presidencial Javier Simán aseguró que ARENA está dando “clases de democracia” al resto de partidos en su proceso interno. Maticemos: puede que sean el partido con la mayor apertura para designar a su candidato, pero si sus líderes y diputados no encaran a la población, servirán de muy poco estas clases.

El balón está en su cancha, diputado Portillo Cuadra. ¿Responderá?

@docAvelar