populismo

Steven Pinker: “Los populistas están en el lado oscuro de la historia”

Es una de las grandes figuras de la psicología cognitiva y un especialista en el binomio mente-lenguaje. Dialéctico incansable e innegociable, su nuevo libro, ‘En defensa de la Ilustración’, vuelve a cargar contra los profesionales del apocalipsis. Contra los irredentos de “el mundo va cada día peor y solo nosotros podemos salvarlo”. Hombre de ciencia y de pensamiento, el catedrático de Harvard ajusta cuentas con los populistas y con los enemigos del progreso.

HACE YA MUCHO tiempo que Steven Pinker (Montreal, 1954) mató a Dios. Fue en Canadá, al entrar en la adolescencia y descubrir que no lo necesitaba para nada. “Cuando empecé a pensar en el mundo, no le encontré sitio y me di cuenta de que no me servía ni siquiera como hipótesis”, explica. Arrancó entonces un idilio con la ciencia que 50 años después no ha dejado de crecer. Considerado uno de los psicólogos cognitivos más brillantes del planeta, sus trabajos académicos, centrados en el binomio lenguaje-mente, y sus obras de divulgación, como La tabla rasa (2002) y Los ángeles que llevamos dentro (2011), han roto tantos moldes que muchos le ven como un adelantado de la filosofía del futuro.

No es una descripción que le agrade a Pinker, pero es imposible sustraerse a ella al repasar su obra. Cada uno de sus libros ha generado ondas sísmicas de largo alcance. Debates globales en los que este catedrático de Harvard, firme defensor de las bases genéticas de la conducta, nunca ha rehuido el cuerpo a cuerpo y que le han valido la fama de dialéctico invencible. Desde esa altura, vuelve ahora a la carga con una obra mayor. Un trabajo que ha cosechado el aplauso internacional y que Bill Gates ha definido como su “libro favorito de todos los tiempos”.

En defensa de la Ilustración (editorial Paidós, 550 páginas, traducción de Pablo Hermida Lazcano) es ante todo un ajuste de cuentas con los enemigos del progreso. Aquellos que piensan que el mundo no deja de retroceder y que solo ellos pueden salvarlo. Son adversarios bien conocidos y temibles. Donald Trump, el Brexit, el populismo y los nacionalismos tribales forman parte de esa cohorte oscura, adversaria de los valores de la Ilustración.

“Los populistas se sienten inquietos frente a esa corriente
gradual e inexorable que lleva al cosmopolitismo y
a la liberalización de costumbres”

“Los ideales de razón, ciencia y humanismo necesitan ser defendidos ahora más que nunca, porque sus logros pueden venirse abajo. El progreso no es una cuestión subjetiva. Y esto es sencillo de entender. La mayoría de la gente prefiere vivir a morir. La abundancia a la pobreza. La salud a la enfermedad. La seguridad al peligro. El conocimiento a la ignorancia. La libertad a la tiranía… Todo ello se puede medir y su incremento a lo largo del tiempo es lo que llamamos progreso. Eso es lo que hay que defender”, explica Pinker.

Steven Pinker: “Los populistasestán en el lado oscuro de la historia”

Foto: Adam Glanzman

Está sentado en su despacho de la Universidad de Harvard. A su alrededor se respira silencio. La novena planta del William James Hall, diseñado en 1963 por el arquitecto Minoru Yamasaki, es un estanque de luz líquida desde el que se contempla Cambridge (Massa­chusetts) y su lluvia de mayo. Dentro, en el departamento de Psicología Cognitiva, unos pocos alumnos merodean por la oficina del profesor. Hay libros especializados, moldes de cerebros y algún que otro ordenador. Dos sillones violetas invitan a sentarse. Pinker lo hace sin dejar de mirar a su interlocutor. Con su aspecto de rockero superviviente de los setenta, se le ve tranquilo, en su ambiente. Durante más de una hora, contestará a las preguntas con largueza. Curtido en mil debates, sabe que su propia calma refleja mejor que nada la fuerza de sus convicciones.

La Ilustración, en su definición, se vincu­la al capitalismo. Un concepto que ha entrado en crisis, ¿no?
Ilustración y capitalismo van juntos, pero hay una confusión muy extendida. Muchos intelectuales entienden el mercado como el libre mercado, lo identifican con el anarcocapitalismo o el liberalismo extremo. Y no son la misma cosa. El propio Adam Smith fue claro al respecto.

Pero con la Gran Recesión, una parte importante de la población, sobre todo la más joven, ha llegado a la conclusión de que el capitalismo y las instituciones que lo sustentan les han fallado. Y han dejado de confiar, se sienten los perdedores de la globalización. ¿Qué les diría?
Lo primero, que miren los datos. Ni la globalización ni los mercados les han empobrecido. La realidad es bien distinta. La pobreza extrema ha descendido un 75% en 30 años. Lo segundo, no hay incompatibilidad entre los mercados y las regulaciones. Por el contrario, la experiencia de la Gran Recesión nos mostró que se debe evitar el caos de los mercados desregulados. Lo tercero, hay que recordar el poder de los mercados para mejorar la vida. El mayor descenso en la pobreza de la historia de la humanidad se ha dado probablemente en China y se ha logrado no mediante la redistribución masiva de riqueza desde los países occidentales, sino por el desarrollo de instituciones de mercado.

“Los periódicos podrían haber publicado ayer que
137.000 personas escaparon de la pobreza.
Eso ocurre cada día desde hace 25 años,
pero nunca merece un titular”

Eso es mejora económica, pero no más libertad.
La libertad económica suele ir acompañada a menudo de otras formas de libertad. Corea del Sur, aparte de gozar de una economía de mercado, es un lugar mucho más libre y placentero que su vecino del norte. Cuando los países abandonan el mercado, como Venezuela, se hunden en la miseria. Ocurrió con la Unión Soviética, la China de Mao, la Alemania del Este anterior a la caída del Muro…

Pinker, en su despacho del departamento de Psicología Cognitiva de Harvard.

Pinker, en su despacho del departamento de Psicología Cognitiva de Harvard.

Vale, el mundo es un lugar mejor y los mercados ayudan a ello. Pero entonces, ¿por qué asistimos a un ascenso del populismo?
Nadie lo sabe con certeza. Seguramente la Gran Recesión contribuyó a ello. En Europa hubo además un factor añadido. Al tiempo que se registraba una fuerte corriente migratoria desde los países musulmanes, aumentaba el terrorismo yihadista y se exageraba su riesgo. El resultado fue que el miedo y el prejuicio anidaron en muchos ciudadanos y se generó una reacción. No es algo nuevo. Los populistas están en el lado oscuro de la historia. Se sienten inquietos y marginados frente a esa corriente gradual e inexorable que conduce al cosmopolitismo, la liberalización de las costumbres, los derechos de las mujeres, los gais, las minorías… Eso asusta a esos hombres blancos mayores que forman su núcleo, que apoyan a Trump, al Brexit, a los partidos xenófobos europeos.

¿Cuál es la ideología de fondo de ese movimiento?
Tienen en común una mentalidad tribal, la misma que conduce al nacionalismo y al autoritarismo. Sienten hostilidad hacia las instituciones, buscan un líder natural que exprese la pureza y la verdad de la tribu. Les cuesta aceptar la idea democrática e ilustrada de que el gobernante es un custodio temporal del poder sometido a deberes y limitaciones.

Es decir, rechazan el control de las instituciones democráticas.
Efectivamente. El énfasis de la Ilustración en las instituciones parte de la idea de que, dejados a su naturaleza, los humanos acabarán haciéndolo mal, agrediéndose, luchando por el poder… Frente a esto, no procede intentar cambiar la naturaleza humana, como siempre han buscado los totalitarismos, sino utilizar la propia la naturaleza humana para frenarla. Como dijo James Madison [presidente de EE UU de 1809 a 1817], la ambición contrarresta la ambición. De ahí el sistema de contrapoderes. Por supuesto que los líderes pretenden maximizar su poder, pero si los tribunales y los legisladores, aunque no sean ángeles, se les enfrentan, se neutralizan y se previene la dictadura.

¿Les ve ganando el pulso?
No sé si el populismo vencerá a las fuerzas de la Ilustración, pero hay razones para pensar que no. Aunque Trump se empeñe en ello, los avances son muy difíciles de revertir. El populismo tiene una fuerte base rural y se extiende por las capas menos cultas de la sociedad. Pero el mundo es cada vez más urbano y educado. La generación de Trump, de hecho, desaparecerá y tomarán el poder los millennials, poco amigos del populismo.

Y mientras eso llega, ¿no está el mundo en peligro con Trump?
Pues sí. Su personalidad es impulsiva, vengativa y punitiva. Y tiene el poder de declarar una guerra nuclear. Esas son razones suficientes. Pero además se opone a las instituciones que han permitido el progreso. Rechaza el comercio global, la cooperación internacional, la ONU… Si en estas últimas décadas no hemos sufrido una guerra mundial se debe a una serie de compromisos mutuos que parten de la premisa de que somos una comunidad de naciones y tomamos decisiones en consecuencia. Trump amenaza todo ello. Ha abandonado la aspiración de Obama de un mundo sin armas atómicas, ha rechazado el pacto con Irán y ha modernizado el arsenal nuclear… Sus instintos autoritarios están sometiendo a un test histórico al mundo y a la democracia estadounidense.

¿Y cuál es su pronóstico?
Pienso que vencerán las instituciones. Hay muchas fuerzas opuestas a lo que dice Trump y que le impiden materializarlo. Incluso han surgido líderes carismáticos que se alinean con los valores de la Ilustración, como Justin Trudeau y Emmanuel Macron…

No parecen suficientemente fuertes.
Para vencer al populismo se debe además reconocer el valor del progreso. Hay un hábito muy extendido entre intelectuales y periodistas que consiste en destacar solo lo negativo, en describir el mundo como si estuviera siempre al borde de la catástrofe. Es la mentalidad del default. Trump explotó esa forma de pensar y no encontró resistencia suficiente en la izquierda, porque una parte estaba de acuerdo. Pero lo cierto es que muchas instituciones, aunque imperfectas, resuelven problemas. Pueden evitar guerras y reducir la pobreza extrema. Y eso debe formar parte del entendimiento convencional de cada uno.

Es usted un optimista.
Me gusta más definirme como un posibilista serio.

Frente a ese posibilismo, después de dos guerras mundiales, la bomba atómica, la proliferación de armas y el terrorismo, mucha gente no cree que el mundo sea un lugar mejor. ¿Están completamente equivocados? ¿No es necesario cierto pesimismo para no caer en la complacencia?
Hay que ser realistas. Las cosas siempre pueden ir a peor y es cierto que la complacencia impide ver los peligros. Un riesgo es el fatalismo, la idea de para qué hay que molestarse en mejorar el mundo si el mundo no hace sino empeorar; son aquellos que piensan: si no es el cambio climático, serán los robots los que acaben con nosotros. El otro es el radicalismo. Mucha gente joven ve acertadamente errores en el sistema. Y eso es bueno, pero si se acaba pensando que las instituciones son tan disfuncionales que no merece la pena mejorarlas, entonces se entra en el terreno de las soluciones radicales: todo puede ser destruido porque nada vale. Mejor edificar sobre las cenizas. Ese es un error terrible, porque las cosas se vuelven mucho peores.

¿Es el nacionalismo uno de esos factores de destrucción?
Crecí en Quebec y las tensiones que hay en España no me son ajenas. El nacionalismo corre siempre el riesgo de hacerse maligno, pero puede ser benévolo, si funciona como un contrato social y se basa en la residencia, no en las creencias religiosas, clánicas o tribales. La mente humana, de hecho, tiene una categoría flexible de tribu: puede referirse a la raza, pero también a un equipo deportivo, a Windows contra Mac, a Nikon frente a Canon. Y además cabe su despliegue en múltiples niveles: uno puede estar orgulloso de ser de Harvard, de Boston, de Massachusetts y del mundo. Si nuestro sentido de nación coexiste con nuestro sentido de ser europeos y, más importante aún, de ser humanos y ciudadanos del mundo, puede ser benigno. El nacionalismo es pernicioso cuando se parte de una imposición tribal y se entiende como una suma cero: nuestra nación solo puede prosperar si a otras les va peor.

¿Ayudan las redes sociales al populismo?
El populismo las ha usado. Ahora bien, no quiero echar la culpa de todo a las redes sociales. Eso se ha puesto muy de moda: hay un problema y se les atribuye la culpa. Las redes pueden ser usadas positivamente, como hizo Obama.

Leyendo su libro es casi imposible no ser optimista con el devenir del mundo. Pero cuando uno lo cierra y mira las noticias, el pesimismo vuelve. ¿Está el problema en los medios?
El periodismo tiene un problema inherente: se concentra en acontecimientos particulares más que en las tendencias. Y le resulta más fácil tratar un hecho catastrófico que uno positivo. Esto acaba generando una visión distorsionada del mundo. El economista Max Roser lo ha explicado. Los periódicos podrían haber recogido ayer la noticia de que 137.000 personas escaparon de la pobreza. Es algo que lleva ocurriendo cada día desde hace 25 años, pero que nunca ha merecido un titular. El resultado es que 1.000 millones de personas han escapado de la pobreza extrema y nadie lo sabe.

Volviendo al principio. La Ilustración se apoya en el progreso. ¿Pero no es irracional ser tan optimista? A fin de cuentas, la creencia de que las cosas siempre irán mejor no es más racional que la creencia de que todo irá siempre a peor.
Ser incondicionalmente optimista lo es, es irracional. Hay una falsa creencia, procedente del siglo XIX, de que evolución equivale a progreso. Pero la evolución, en un sentido técnico y biológico, trabaja en contra de la felicidad humana. La biosfera está llena de patógenos que están en constante evolución para enfermarnos. Los organismos de los que dependemos para alimentarnos no quieren ser nuestro alimento. La vida es una lucha. Y el curso natural de los acontecimientos es terrible. Pero la ingenuidad humana hace caso omiso a estos problemas. Hay una falacia muy común que conceptualiza el progreso como una fuerza mística del universo que destina a los humanos a ir a mejor. Siempre a mejor. Y eso, simplemente, no es así. Tenemos una esperanza razonable de progreso si las instituciones humanas sacan lo mejor de nosotros, si nos permiten adquirir nuevos conocimientos y resolver problemas. Pero eso no siempre ocurre. Hay muchas fuerzas que naturalmente empeoran las cosas.

Pinker, con una sonrisa tenue, ha terminado. Educadamente, se levanta y se encamina a la sesión de fotos. De lado y de frente, se deja llevar por el departamento de Psicología Cognitiva e incluso posa junto a una sinuosa masa color canela guardada en formol. Al terminar, la observa y comenta: “Este cerebro es real”. Los alumnos miran de reojo a su maestro y siguen trabajando en silencio. Fuera, llueve sobre Cambridge.

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Carta a Hugo: ¡Seguí sorprendiéndonos! De Paolo Luers

29 mayo 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Estimado Hugo Martínez:
Me sorprendiste. No pude imaginarme que en las primarias presidenciales del FMLN podía perder el candidato de la cúpula. Pero ganaste. Tomaste la decisión correcta en el momento correcto, luego de la derrota electoral de marzo. Parece que hiciste las alianzas internas correctas. Apostaste a la insatisfacción de los militantes y bases, la cual ya se había manifestado, no solo en el pobre resultado de marzo, sino también en el apoyo que logró atraer el discurso de Bukele contra la dirigencia del FMLN.

Aunque no parecía posible, ganó el candidato que con más credibilidad habló de renovación, democracia interna, y cercanía con las bases.

Te felicito. Es una buena noticia para la izquierda salvadoreña, pero también para el país. Cualquiera que logre producir más apertura y democracia en el FMLN, aunque sea gradual y tímidamente, aportará a la estabilidad del país.

Sigo escéptico que podrás transformar, contra todas las resistencias, al Frente en un partido moderno e inmune al populismo. Cuando un partido de izquierda conducido por la ortodoxia entra en crisis, siempre hay dos opciones: deslizarse hacia el populismo para mantenerse en el poder; o transformar la lógica de la izquierda en un concepto racional y responsable con soluciones viables dentro del marco de la democracia representativa y constitucional.

El reto principal del Frente -y el tuyo como su candidato- no es ganar las elecciones y preservar el poder, sino preservar la izquierda como elemento constructivo dentro del pluralismo democrático. Hacer que el FMLN se quede en el poder es imposible, transformar y preservar la izquierda salvadoreña como opción para el futuro y elemento de estabilidad del proceso democrático que iniciamos con los Acuerdos de Paz es una tarea necesaria, difícil, pero posible.

Espero que no te equivoqués en esta disyuntiva entre el populismo y la renovación democrática del FMLN. Puede existir la tendencia de tratar de emular al discurso antipolítico de Nuevas Ideas -sea para competir exitosamente contra esta tendencia, sea para preparar la opción de aliarse contra ella. Sería un error histórico. Tu verdadero reto es contener al populismo, que nace en la crisis de la izquierda – y que tiende a destruir al FMLN, si no sabe como enfrentarlo adecuadamente.

En las campañas presidenciales que comienzan a partir de ahora (al tener el tablero completo -Carlos Calleja, Nayib Bukele y Hugo Martínez) vamos a ver si vas a emular el discurso antipolítico y antisistema de Nuevas Ideas, o si vas a tener el coraje y la capacidad (y el espacio dentro de tu partido) para defender la democracia institucional construida en los últimos 27 años desde la perspectiva de una izquierda responsable y racional.

Si te equivocás y nutrís al populismo (o incluso lo llevás al poder), ni vos ni el FMLN van a sobrevivir como opción política. Si consolidás al FMLN, transformándolo, puede ser que gane ARENA las presidenciales, pero la izquierda se mantendrá vigente como oposición y fuerza indispensable – e incluso como opción de poder para el futuro.


No es fácil hacer lo correcto, lo sé. Muchas veces va contra la corriente. Pero hay que hacerlo. Te deseo suerte. Seguí sorprendiéndonos.

Saludos,

Carta desde Italia: L’opera buffa. De Paolo Luers

24 mayo 2918 / MAS! y El Diario de Hoy

Luego de una semana en Italia y con mi escasa capacidad de entender italiano, obviamente no estoy en condición de analizar competentemente la complicada situación política de este país. Ni lo intento. Pero tengo impresiones, basadas en las impresiones de mis amigos romanos.

Parece que los italianos viven la permanente crisis de gobernabilidad con humor. La única opción de formar un gobierno es una coalición entre dos populismos: la ‘Lega Nord’ (Liga del Norte), de clara tendencia derechista, xenofóbica y antieuropea, que nació de la rebelión del Norte rico contra el gobierno central dominado por el Sur pobre; y el ‘Movimento 5 Stelle’ (5 estrellas), también escéptico contra la integración europea, pero más bien de tendencia de izquierda, aunque su líderes insisten que están más allá de las ideologías. Se proyectan como un movimiento ciudadano ‘transversal’ en contra de la partidocracia.

La partidocracia italiana, famosa por su corrupción, está fuera del juego. La Democracia Cristiana, que durante décadas gobernó Italia, muerta; la socialdemocracia, reducida a un mínimo; y los conservadores de Berlusconi, excluida del intento de formar un gobierno.

La coincidencia entre los dos populismos que ahora quieren formar un gobierno juntos se agota en una larga lista de cosas que rechazan: la presencia de tantos refugiados en Italia, ‘la casta política’, el bipartidismo, el Euro, la burocracia de Bruselas, ‘la corrupción’, ‘el establishment’…

Mis amigos romanos, en largas y apasionadas discusiones, no pueden definir las coincidencias positivas entre estos dos movimientos. Sospechan que no hablan de lo mismo cuando critican la corrupción, la burocracia y el establishment. Tal vez pueden ponerse de acuerdo sobre políticas más restrictivas contra la inmigración, pero difícilmente sobre política fiscal, inversiones sociales, transparencia en la administración pública. Habrá políticas del mínimo denominador común…

Los líderes de los dos movimientos se han vetado mutuamente: “Si yo no puedo ser primer ministro, tu tampoco.” Por tanto, tuvieron que buscar a un tercero, una persona ‘independiente’, para que asuma le jefatura del gobierno, mientras que ellos gobiernen. ¿Pero quién quiere este cargo, cuando está claro que lo que va a pasar en este gobierno depende del pleito y de los compromisos entre los dos líderes de los movimientos, sus grandes egos, y sus necesidades de responder a sus seguidores.

Encontraron a uno voluntario: un señor Giuseppe Conte, un prominente abogado sin ninguna experiencia política o administrativa. Lo propusieron al presidente de la República, un caballero respetable de la vieja escuela, pero también del establishment de la ‘vieja política’, que ambos movimientos dicen detestar…

En Italia el presidente tiene la facultad de aceptar o rechazar la propuesta que le hacen los partidos para nombrar al primer ministro. También puede nombrar un ‘gobierno técnico’ compuesto por tecnócratas, o convocar nuevas elecciones.

Mientras el presidente Sergio Mattarella estaba considerando sus opciones, la prensa reveló que el candidato a primer ministro se acreditó méritos académicos que las respectivas universidades desconocen. Dijo que lo iba a pensar un día más, y también expresó su desconfianza al ministro de Economía que quieren nombrar, un banquero enemigo del Euro y de la Unión Europea, que nombre provoca pánico en Berlín, Paris y Bruselas.

Pero todo indica que cuando se publique esta carta, Italia tendrá un gobierno. Aunque no he encontrado a nadie que piensa que esto resuelva la crisis de gobernabilidad. Todos se ríen de un hombre que para convertirse en primer ministro hace trampas con su currículum. Todos están convencidos que los dos ‘líderes’ y sus teatrales egos van a paralizar su propio gobierno.

Moraleja: La nueva política es la continuación de la vieja. 

Saludos desde Roma,

Salida populista o democrática. De Roberto Rubio

21 mayo 2018 / La Prensa Gráfica

Sin lugar a dudas han venido creciendo los descontentos y desencantados con el actual sistema de partidos políticos. Y con razón. Ahora ya son mayoría, y entre muchos de ellos se ha despertado la anti política, el anti partidismo, el rechazo a lo existente. Caldo de cultivo para el populismo. Tierra abonada para que las emociones predominen sobre las razones y evidencias. Campo fértil para que la palabra ligera y superficial del líder populista cautive a la gente “cansada de los políticos” (como si los populistas no fueran políticos del mismo cuño).

En ese mar de desencanto/descontento ha venido pescando Nuevas Ideas. Y por el momento pesca solito. Pesca sin mayores ideas y sin nuevos argumentos, seduce con discurso superficial y envases sin contenido. Pero pesca bastante. En ese mar de frustraciones, bastan espejos mediáticos sin mayor carnada para que se aproximen los peces. Tanto así que su líder se ha convertido es un importante rival para las elecciones presidenciales.

¿Tendremos un desenlace populista en nuestro sistema político? ¿De qué depende que tengamos una salida política populista o democrática? La hipótesis que acá planteamos es que no depende tanto de lo que haga o deje de hacer Nuevas Ideas, sino de lo que haga o deje de hacer el FMLN y ARENA; es decir que el éxito de dicho movimiento no está tanto en función de factores internos sino de factores externos al mismo.

Internamente, las ventajas y desventajas que tiene Nuevas Ideas, hasta cierto punto se “neutralizan”. Por un lado, la popularidad de Bukele, su fortaleza mediática, su rol de víctima, son ventajas que se ven contrarrestadas por las desventajas: falta de organización y presencia territorial del movimiento, abultadas informaciones e investigaciones publicadas en diversos medios de comunicación sobre casos de corrupción en su breve paso como funcionario, rodeado de viejos personajes con nuevas mañas, popularidad entre muchos jóvenes que no votan. Haciendo una simplificación del complejo entramado, podemos afirmar que, más o menos, las ventajas y desventajas se neutralizan.

Por tanto, las posibilidades de éxito de Nuevas Ideas dependen más de factores externos. Por un lado, de la capacidad de renovación y unificación de los partidos políticos existentes, especialmente FMLN y ARENA. Por otro lado, del fortalecimiento de las capacidades cognoscitivas y organizativas de la ciudadanía.

En la medida que esos partidos tradicionales dejen de serlo, se separen en palabras y obras del viejo sistema político, expongan no solo un nuevo discurso y narrativa sino y sobre todo nuevas prácticas y comportamientos políticos, condenen y no permitan la opacidad y corrupción incluso dentro de sus propias filas, dignifiquen el degradado ejercicio del poder y de las desprestigiadas instituciones, fortalezcan su democracia interna, se alejen del clientelismo y nepotismo, prioricen la ética sobre la política, en esa medida la pesca alegre que ahora lleva a cabo Nuevas Ideas ya no lo será tanto.

Asimismo, en la medida que tengamos una ciudadanía más organizada, más fresca, más informada, más crítica no solo hacia los viejos sino hacia los nuevos liderazgos, una ciudadanía que no se deja ir tanto por las emociones del momento sino por el análisis objetivo de los hechos, en esa medida nos alejaremos también de los riesgos del populismo, y nos aproximaremos más a una salida hacia adelante y democrática a nuestro esclerótico sistema político.

Carta a los magistrados electorales y muchos otros: No le den pretextos al remedo de redentor. De Paolo Luers

19 mayo 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Bukele quiere hacerse la víctima. No le hagan el favor.

Para el que pretende proyectarse como redentor (contra ‘el sistema’, ‘la corrupción’, , la ‘clase política’, ‘la partidocracia’, ‘la oligarquía’, ‘la dictadura de los medios’…) siempre sale beneficioso poderse presentar como víctima de tales poderes.

Recomiendo al Tribunal Electoral hacer horas extras para ratificar lo más antes posible las firmas que presentó Nuevas Ideas para constituirse como partido. Aprovechar al máximo el plazo que concede la ley sería un torpe abuso de poder, que Bukele puede interpretar -con cierta razón- como obstrucción.

Nadie tiene dudas que en los libros que presentaron hay más de 50 mil firmas válidas. Ratifíquenlas. Al populismo hay que vencer en las urnas, no en la burocracia.

Si la ley permite interpretarse así, dejen que haga sus primarias y se inscriba de candidato de Nuevas Ideas. ¿Qué rédito político tendrán ‘elecciones primarias’ de un movimiento que nació con un líder-candidato, mucho antes de tener cuerpo orgánico, plataforma ideológica, principios y programa político? Hasta las primarias del FMLN entre los Martínez tendrán más credibilidad democrática.

Si la ley no permite que se inscriba como candidato de Nuevas Ideas, no le pongan ninguna traba para inscribirse montado sobre uno de los partiditos. No se les ocurra cancelarlos. Dejen que Bukele se suba a estos barquitos podridos y se hunda con ellos al zarpar al movido mar electoral.

El mismo mensaje va a todos que pretenden inhabilitar la candidatura presidencial de Bukele con juicios. El juicio de la manzana ante el ‘Juzgado Especializado de Instrucción para Una Vida Libre de Violencia y Discriminación para las Mujeres’ es una locura. La legislación que dio vida a este tribunal no fue creada para que nadie le pueda decir ‘traidora’ a una política o funcionaria. Es para perseguir abusos serios contra las mujeres, como pasan todos diariamente. Es una farsa aplicar esta legislación al pleito entre Bukele y el FMLN dentro del Consejo Municipal. Apelar la sentencia absolutoria y revivir este caso fue otra decisión torpe del fiscal general. Es cierto que Bukele le ha faltado el respeto con su tarimazo frente a su oficina. Fue de mal gusto, pero está dentro del marco de la libertad de expresión. No trate de desquitárselo reviviendo una acusación ridícula.

A los magistrados de la Corte Suprema y su Sección de Probidad les recomiendo mucho cuidado con el caso Bukele. Si hay indicios de enriquecimiento, procedan. Pero cuidado, no le apliquen criterios que no están aplicando a otros funcionaros. Si no pagó impuestos sobre los pagos que le hizo la empresa familiar de publicidad, déjenlo en manos de Hacienda.

Queda el caso de la clonación de los periódicos. Hasta ahora, a pesar de toda la tinta derramada sobre su troll center, lejos de hacerle daño político le ha ayudado a Bukele proyectarse como hombre que desafía a los poderes facticos y mediáticos. Ya Funes aprovechó esta imagen. Siempre he pensado que estas estrategias demagógicas hay que enfrentarlas políticamente, no en las cortes. Para los medios, esto significa ser acuciosos y no dejarle pasar a Bukele y sus instrumentos de desinformación ninguna mentira. La demagogia se enfrenta con buen periodismo, no corriendo a la fiscalía.

Moraleja: Este hombre desafía a todos, a todo el sistema político, y en las elecciones del 2019 hay que vencerlo entre todos, de una vez por todas. Pero en contienda limpia, como corresponde en el sistema que queremos defender.

Saludos,

“La gente quiere cambios, pero también estabilidad”. Una conversación política de Paolo Luers con Sonia Sierra, diputada del ‘Parlament de Catalunya’

En España, Ciudadanos, el ‘Partido de la Ciudadanía’, ha crecido elección tras elección, encuesta tras encuesta. Ya desplazó a los socialistas, los nacionalistas y Podemos, con posibilidad de relevar al Partido Popular de Mariano Rajoy del poder. Para entender este fenómeno se solicitó una entrevista a Inés Arrimadas, una de las principales figuras líderes de este partido. Era mal tiempo para hablar con ella: Como jefa de oposición en el Parlament, estaba inmersa en las últimas negociaciones para resolver la crisis de ingobernabilidad en Cataluña. La conversación al fin se hizo con Sonia Sierra, una profesional de educación convertida en diputada y dirigente de Ciudadanos.

Sonia Sierra, diputada por Ciudadanos en el ‘Parlament de Catalunya’

13 mayo 2018 / EL DIARIO DE HOY

¿Adonde está situado Ciudadanos en el espectro político? Parece una novedad: el centro reaccionando a la crisis del bipartidismo. Normalmente, para romper al bipartidismo clásico, los movimientos se originan desde los polos, o muy de izquierda o muy de derecha. Pero a diferencia de Podemos, que se ubica a la izquierda del PSOE y cuestiona el sistema político, Ciudadanos se ubica en el centro defendiendo al sistema. ¿Cómo surgió esto?

Ciudadanos nace en Cataluña, como reacción al nacionalismo. Gran parte de los políticos catalanes son nacionalistas, estén en el partido que estén. En el momento que los socialistas alcanzan el poder, después de muchísimos años de gobiernos nacionalistas, los socialistas continúan con el nacionalismo. Pero hay un grupo enorme los ciudadanos que no comulgamos con el separatismo catalán y nos sentimos huérfanos, nadie nos representaba, y surge Ciudadanos. Primero es una reacción al nacionalismo, sobre todo porque los partidos de izquierda son tan nacionalistas como los partidos de derecha llamados nacionalistas. Se forma una plataforma ciudadana, que después dará lugar a en partido. Es una plataforma ciudadana que apunta a ciudadanos provenientes de diferentes espectros en el arco ideológico, y finalmente se acaba constituyendo un partido a nivel nacional, que ocupa un espacio que no tenía representación en España. Es un espacio de centro, liberal y progresista, que lucha tanto contra el populismo nacionalista como contra el populismo de izquierda, que son las dos amenazas que tenemos ahora mismo.

Ciudadanos versus Podemos

Interpreto que Ciudadanos juega un papel de contención frente a tres peligros para la democracia española: la inmovilidad del Partido Popular, combinada con la corrupción y la falta de apertura democrática; los movimientos separatistas, sobre todo en Cataluña; y el populismo de Podemos y su intención de capitalizar el descontento que ha surgido con el bipartidismo para cuestionar todo el sistema político nacido de la transición democrática. ¿Es así?

Sí. Vamos por partes. Podemos hace un diagnóstico, hace protesta, pero no hace ningún tipo de propuesta. No son capaces de pasar de la protesta a las soluciones. En cambio, Ciudadanos hace un diagnóstico de las cosas que funcionan bien y que funcionan mal, y a partir de ahí hacemos propuestas de la regeneración democrática, en contra la corrupción, y para acabar con el nacionalismo y el populismo. 

Sonia Sierra con Paolo Luers en el Parlament en Barcelona

Tengo la impresión que en cuanto a confrontar o incluso contener esta tendencia populista de Podemos, que surgió con el propósito de articular políticamente el descontento que se mostró en las manifestaciones masivas y en la crisis social y del empleo, Ciudadanos es un éxito, viendo las encuestas que lo ponen como primera fuerza, tanto en Cataluña como en España entera.

Claro, porque surgimos de la sociedad civil, de personas que no nos dedicamos a la política profesionalmente, y en un momento de crisis económica, social e institucional damos respuestas que no era capaz de dar ‘la vieja política’, o sea, los partidos de bipartidismo – pero tampoco Podemos, porque se queda en la protesta y no es capaz de ofrecer propuestas viables. Los ciudadanos confían en nosotros, porque nos ven reformistas. Ven que no planteamos cosas imposibles y que podemos dar estabilidad. La gente quiere cambios, pero también quiere estabilidad. Somos el partido que mejor ha sabido canalizar todo este contento que se veía en el 15M (el ‘movimiento de los indignados’ del 15 de mayo 2011), resultado de una profunda crisis económica, social, cultural e institucional. Con el paso del tiempo, nos ven como el partido que mejor es capaz de vehicular todos estos anhelos de la sociedad española de cambio, de regeneración democrática, pero sin poner en peligro todo lo que hay – hacer cambios, pero mantener la estabilidad del país.

Si no hubiera surgido Ciudadanos de la manera como después irrumpió en la política nacional, ya como fuerza nacional, Podemos hubiera quedado con el monopolio de articular todos los descontentos y orientarlos en una dirección antisistema. ¿Esto hubiera causado una crisis política muy seria en España? ¿Es Ciudadanos la contención a esta tendencia populista, que sigue existiendo, pero ya no tiene esta fuerza, porque surgió Ciudadanos? ¿Es Ciudadanos también la contención al separatismo catalán?

Sí. Ciudadanos ha logrado vencer al nacionalismo en Cataluña por primera vez en 40 años, tanto en votos como en escaños. Tenemos una ley electoral muy injusta que no nos permite gobernar, pero en Cataluña hemos vencido a ambos populismos, el separatista de los nacionalistas y el de izquierda de Podemos.

Ciudadanos versus el Partido Popular 

En cambio, la otra función de Ciudadanos, la de obligar al PP, la derecha conservadora, a cambiar, a transformarse, a abrirse, a democratizarse y a superar la corrupción, parece que ustedes no han funcionado tanto.

Sí ha funcionado. Ya no es lo mismo…

¿Es una de sus líneas estratégicas ser catalizador para un cambio dentro de la derecha, en especial del PP?

No del PP, en general. Catalizador de cambio de la política, del ejercicio del poder. Sea el PP, los socialistas, los nacionalistas, todos que han estado en el poder tienen casos de corrupción y necesitan transformarse. Lo que todos han hecho para generar gobernabilidad era pactar sillas y cargos: Me das la consellería (ministerio. P.L.) de educación y de medio ambiente, y te apoyo en la investidura (formación del gobierno. P.L.). Ciudadanos es el primer partido que para apoyar la investidura no pide sillas, sino pide reformas que son buenas para todos los españoles. Dentro de estas reformas está la obligación de que, cuando hay un caso de corrupción, o por lo menos una imputación, la persona tiene que abandonar su puesto. Ya hemos logrado que se abandonen escaños en Andalucía, en Murcia, en Madrid. Ha habido un cambio. Hay un cambio sustancial, que nunca antes se había hecho aquí en España: apoyar investiduras a cambio de reformas.

¿Ustedes se han imaginado hace un par de años que podían llegar al punto de ser la primera fuerza de España?

Todos los que estamos en este proyecto creemos mucho en nuestras ideas. Estamos en esto para acabar gobernando y cambiando este país.

¿Cuáles son los factores de su éxito? ¿Es su forma de liderazgo, son su principios, o son los errores de los demás partidos?

Nosotros tenemos muy buenos líderes: En el caso de España, Albert Rivera, Inés Arrimadas en Cataluña. Todos somos personas que provienen de la sociedad civil, que no nos hemos dedicado profesionalmente a la política nunca, y tenemos trayectorias incuestionables en nuestras áreas de trabajo, sea educación o sanidad pública o infraestructura… Luego, hemos hecho un buen diagnóstico, y a partir de este diagnóstico hemos desarrollado propuestas que los ciudadanos ven viables.

Inés Arrimadas, dirigente de Ciudadanos y jefe de la opsición en Cataluña

Esta característica de ciudadanos que se meten en política, que no viven de la política, ¿cómo se mantiene esto, una vez el partido crece y tiene que llenar parlamentos y gobiernos?

Abriendo la política, abriendo nuestras listas siempre a personas de a sociedad civil, a independientes. Manteniendo el compromiso que estás de paso en la política. Yo en cualquier momento me reincorporo a mi trabajo de profesora. 

Ustedes se llaman ‘Partido de la Ciudadanía’. ¿Qué mecanismos tienen, a diferencia de otros partidos, que les permite mantener y desarrollar esta relación partido-sociedad?

Estar siempre abiertos a talentos, a independientes. Siempre tener listas llenas de personas que vienen de la sociedad civil, y que se han destacado por su trabajo: en salud, en ferrocarriles, en educación… El principio es que las personas que se van a dedicar a salud, o a lo que sea, sean profesionales solventes en este campo, que tengan competencia y nexos ciudadanos.

 

La crisis catalana

Hablemos de Cataluña. ¿Cuál va a ser el desenlace de esta crisis?

Nosotros hemos ganado las elecciones, pero no podemos gobernar. La responsabilidad recae sobre los nacionalistas. Su máximo interés no es resolver la crisis, sino que siga habiendo líos. Han insistido en la investidura de personas que están presos o fugados de la justicia. No tienen interés en gestionar soluciones a los problemas reales de Cataluña, sino en prolongar su ‘proces’ separatista. Por esto proponen candidatos que no son viables. Si el 22 de mayo no han logrado formar gobierno, Cataluña va a elecciones nuevas. Sería responsabilidad de ellos.

Posiblemente para ustedes sería una ventaja ir a nuevas elecciones.

Puede ser, pero nosotros no queremos repetir las elecciones. Estamos preparados para volver a ganarlas, pero Cataluña tiene que empezar a funcionar de una sola vez. Desde julio del 2017 no se habla de sanidad, no se habla de educación. Aquí en el pralament no se reúnen las comisiones, no se avanza en nada. Hay que darle respuestas a los ciudadanos. Volver a ir a elecciones solo prolonga esta agonía. No podemos tener Cataluña paralizada por culpa de los separatistas y el antojo de un político prófugo.

¿Cuál es el papel de Podemos en todo esto?

Hay un acuerdo entre Ciudadanos, el PSOE y el PP de mantener la institucionalidad en Cataluña. Podemos no se quiso sumar. Como siempre, sirve de muleta de los separatistas.

¿Algún consejo para quienes quieren emular la experiencia de Ciudadanos en otros países, por ejemplo en América Latina?

Confiar en la ciudadanía. Siempre estar cerca de las organizaciones de la sociedad. Tener propuestas viables. Impulsar cambios sin romper la estabilidad. Se comienza chiquito, pero haciéndolo bien, la gente se da cuenta que hay una opción viable.

Gracias. Salúdame a Inés. La próxima vez me encantaría conocerla.

 

 

Mesianismo. De Federico Hernández Aguilar

9 mayo 2018 / El Diario de Hoy

El mesianismo es, en política, la habilidad para hacerle creer a un número grande de personas que el futuro de un país y el liderazgo de un político son la misma cosa. “Ya no soy un ser humano: soy una idea”, acaba de decir Lula da Silva, sin mucha originalidad, a las puertas de la cárcel. En nuestras plazas públicas se está oyendo algo similar: “Yo solo soy la punta de lanza, pero este movimiento ha nacido del pueblo salvadoreño y será del pueblo salvadoreño”.

Mezclar esperanzas sociales con ambiciones personales está a la base del mensaje populista, pero la clave de su éxito se encuentra en la conjunción de semejante personalismo exacerbado con ciertos andamiajes históricos. Sin ese cruce, infortunado y preciso a la vez, los ilusionistas de la política jamás alcanzarían las cuotas de poder que suelen conseguir. Latinoamérica, lamentablemente, ha sido pródiga en estas bifurcaciones entre coyunturas y caudillos. A nuestra generación le ha tocado ver escenificado solo el más reciente de sus desastres continentales, con Cuba y Venezuela a la cabeza.

Si bien necesita gozar de cierto carisma, el caudillo mesiánico requiere sobre todo de una realidad política en la que se haya generalizado la mediocridad. Esa medianía debe verificarse tanto en su propio grupo ideológico como en círculos políticos más amplios. Entre personalidades brillantes y lúcidas el populista se siente permanentemente desafiado. Su camino entonces se desvía y busca un atajo que obvia la prueba de medirse con otros líderes, porque su mira está dirigida al hombre-masa descrito por Ortega y Gasset.

Pensemos por un momento en qué méritos especiales debería tener un nuevo caudillo de izquierda en El Salvador que quiera sobresalir, marcar diferencia, incluso brillar, si para contrastarse tiene enfrente a un Salvador Sánchez Cerén, un Medardo González, una Norma Guevara o un Sigfrido Reyes. ¡Vamos! Para disputarle terreno a esta gente nuestro populista emergente hasta podría darse el lujo de no mostrar dotes extraordinarias para la oratoria o el debate de ideas; tampoco tendría que esforzarse en buscar la excelencia como funcionario público o discutir soluciones reales a problemas reales. Es probable que ni siquiera tenga que devanarse el cerebro para explicar dónde se ubica ideológicamente.

El político mesiánico confía en el hartazgo de la gente, en la desesperanza generada por la vulgaridad de quienes ya prometieron y no cumplieron. Hoy le toca a él prometer, y sus promesas van cargadas de nuevas formas de prometer lo mismo. La diferencia es que la hora de la antipolítica ha sonado justo cuando a él le dio por echar a volar sus golondrinas. Y quienes le creen se aferran como náufragos al sueño de ver por fin abrirse el horizonte para ellos y sus destinos.

Como sabemos, este “mesías” ya está entre nosotros y viene con la misión de dar las nuevas “Tablas de la Ley” a la Patria desvalida. Sus fieles dicen estar creciendo como hongos, mientras los oportunistas de siempre ven en él su última oportunidad de figurar o vengarse. No tiene, repito, los méritos para estar donde está, pero en su propio grupo ideológico le hicieron el enorme favor de hacerle navegar en un mar de mediocridad. A él únicamente le ha tocado desplegar las velas.

La antipolítica, en cuanto discurso, suele alimentarse de errores ajenos. El FMLN ha cometido muchos y parece que se empeñará en seguirlos cometiendo. Falta saber qué rumbo tomará el otro partido grande, el de oposición, que tampoco se ha caracterizado por saber administrar sus ventajas competitivas y todavía menos sus victorias electorales.

En resumen, y para que quede claro, los únicos que pueden hacer que la próxima elección presidencial se convierta en una competencia de tres corredores son ARENA y el FMLN. Nadie más. De sus actuaciones depende que el mesianismo de nuestra época, ese que cabe en los 280 caracteres de un tuit, llegue demasiado lejos.