Rodrigo Samayoa Valiente

El Zoológico del mal. De Rodrigo Samayoa Valiente

16 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

El Parque Zoológico Nacional está lleno de crueldad. Algunos argumentan que debería cerrarse: por el abandono en que está, por la falta de inversión y por la mala experiencia educativa que representa. El mayor problema del zoológico son algunos seres humanos que están contratados.

Conozco profesionales increíbles que han dedicado mucho tiempo de su vida a ayudar al Zoo; de los mejores profesionales del país han pasado por ahí y no ha habido solución. Conozco al director y varios exdirectores, conozco a veterinarios, biólogos, jauleros y otros tantos con mística acrisolada, pasión por su trabajo, que no duermen cuando un animal está enfermo. Pero el Zoo está enfermo. Escudados en sindicatos se han reunido lo peor que tenemos como sociedad y nunca ha habido quien tenga el valor de hacerles frente. Nadie se ha parado y dicho ¡basta ya! Cada vez que ha habido exigencias administrativas, se desquitan con los animales; cada vez que se les obliga a cumplir con sus responsabilidades laborales, aparece un animal muerto. Cada vez que se tratado de llegar a una solución, el chantaje y la bajeza han ganado.

Es un ambiente que debería ser un encuentro con la naturaleza, educativo, familiar; un lugar donde nuestros hijos puedan aprender de las maravillas de la naturaleza, asombrarse por ver aves de colores, reírse por ver monos jugando, comprender lo imponente que es un jaguar; un espacio que bien administrado debería de ser grandioso. Nuestro Zoológico dista mucho de ser esto, es un ambiente viciado, es un ambiente de muerte, de crueldad, donde circula el mal.

La gente que ha pasado por el Zoo me ha contado tantas historias, como que es habitual que se pierdan animales bajo llave. Cuando se investiga o la policía interviene, vuelven aparecer mágicamente dentro de sus jaulas. Una vez un grupo de veterinarios se dedicó a investigar cuáles eran las causas de mortalidad del Zoo, se descubrió que los envoltorios de comida eran un de las principales. Con datos sólidos fue una batalla campal lograr sacar de las instalaciones del Zoo a los vendedores, da la casualidad que los puestos de venta de comida y churritos son de familiares de los miembros del sindicato.

Cada medida administrativa implementada se ha topado con resistencia de los sindicatos, y la moneda de cambio son los animales. Hieren, mutilan y matan animales con el objetivo que la administración del Zoo se vea afectada. Amplios reportajes periodísticos enumeran la cantidad de muertes del Zoo y se culpa a los administradores. Estos temerosamente salen a dar declaraciones y no enfilan su artillería a los verdaderos culpables. Temerosos porque si hablan seguro aparece otro animal muerto. Han dejado que le chantaje les gane, o los directores no se sienten con la fuerza suficiente para pararlos. Llegamos al grado de implementar un sistema de videovigilancia, tanto para monitorear a los visitantes, pero sobre todo para monitorear a los empleados. Durante este proceso, curiosamente, de los últimos recintos en ser instalado el sistema fue el de Gustavito y ya todos conocemos cual fue el resultado.

Ya basta. Hay un mal que vive en el Zoológico Nacional. Ya no podemos soportar la indiferencia, la tibieza o la inacción. Para salvar al Zoo solo podemos si llegamos a la raíz del mal y si en este procedimiento terminamos cerrando el Zoo y mandando a todos a su casa, que así sea. Pero no se vale que sigan matando animales como carta de negociación porque les exigen trabajar. No más.

Agua para todos. De Rodrigo Samayoa Valiente

3 diciembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

No debería ser tan difícil, en un país como El Salvador, garantizar agua para todos. Para todos los salvadoreños, para la agricultura y para la industria. El Salvador tiene un superávit de agua, tenemos un promedio anual arriba de los 2000 mm. En escala mundial eso nos sitúa dentro de los climas más lluviosos. Aun así, no es misterio que existe una profunda crisis del agua. Esta crisis es mayoritariamente debida a una mala gestión del agua.

La mala gestión del agua no es responsabilidad exclusiva de una administración o de una institución, es también responsabilidad de algunos empresarios, agricultores y comunidades. Todos compartirnos la culpa de la mala gestión del agua. Desde los que desperdician el agua limpiando una acera; a los que barren la basura y la echan en los tragantes; a la empresa que ha operado por 20 años sin tener una planta de tratamiento; o todas las alcaldías que dan permisos de construcción y no tienen alcantarillado o una solución de saneamiento, que venden fantasmas de inversión que saben que no existe la capacidad real para realizarlos y que inexplicablemente favorecen a colegas.

Es una de las crisis más importantes de nuestros tiempos, nos está matando. La mala calidad del agua nos enferma, el desbordamiento de ríos y quebradas nos ahoga, la falta de agua nos mata, nos hace migrar, nos hace tomar acciones desesperadas y fortalece el odio y la violencia. Es fácil de imaginar a los extremos que se puede llegar, si alguien le hecho veneno (contamina) al agua que toman sus hijos. Y es que hay una clara crisis de agua, hay una crisis de acceso al agua potable, esta es una crisis que no es por falta del recurso, es por mala gestión.

En el siglo 20 murieron 130 millones de personas como consecuencias de hambrunas, en una de las más grandes que afectó a Etiopía, Somalia y Chad a finales de los 70´s, la producción mundial de alimentos de esos años equivalía al 142% de lo necesario para alimentar a la humanidad. No se murieron por falta del recurso, murieron por una malévola inequidad. De las misma manera en El Salvador hoy no tenemos agua, no porque no exista el recurso, no tenemos agua porque hemos hecho una pésima gestión del recurso.

Agua para todos es una realidad que se puede alcanzar en corto tiempo. Tiene que ver con un concepto central y cuatro principios básicos. El agua es un derecho humano y la gestión del agua debería de estar guiada por la declaratoria de Dublín. El agua dulce es un recurso finito y vulnerable, esencial para sostener la vida, el desarrollo y el medio ambiente. El aprovechamiento y la gestión del agua deben inspirarse en un planteamiento basado en la participación de los usuarios, los planificadores y los responsables de las decisiones a todos los niveles. La mujer desempeña un papel fundamental en el abastecimiento, la gestión y la protección del agua. El agua tiene un valor económico en todos sus diversos usos en competencia a los que se destina y debería reconocérsele como un bien económico.

Para garantizar adherirse a estos principios, tenemos que hacer cuatro acciones claras: 1. Gestión de las aguas residuales: debemos todos pagar por el agua sucia que sacamos. 2. Gestión de cuencas: establecer con un sistema de cobro y pago por servicios ambientales. 3. Gestión de áreas protegidas: una aproximación ecosistémica a la gestión de territorios generadores de agua potable. 4. Gestión de la infraestructura: Inversión en distribución y reparación de acueductos.

No necesitamos un uso político, mediático, ni mucho menos electoral del agua. Necesitamos ciencia, principios y acciones concretas. Estas acciones son complejas pero no inalcanzables, si despolitizamos la gestión del agua, nos basamos en principios internacionales, podemos llegar a los consensos necesarios para que realmente tengamos Agua Para Todos.

Si quiere saber más sobre estas ideas puede visitar https://samayoavaliente.wordpress.com/.