Jaime García Oriani

Un “debate” mejorable. De Jaime García Oriani

Jaime García Oriani, 8 abril 2018 / El Diario de Hoy

A las cosas hay que llamarlas por su nombre. Una bicicleta eléctrica no es una motocicleta, por mucho que tenga dos ruedas y un motor. Hay diferencias que llevan a utilizar conceptos diferentes para referirnos a ambas cosas, aunque tengan similitudes.

Decir que el primer encuentro entre los precandidatos presidenciales de ARENA fue un debate sería irreal. Se trató de un foro, bastante restringido por cuestiones de tiempo y formato, en el que los contendientes respondieron a las preguntas sin oportunidad de interactuar entre ellos o profundizar en sus argumentos. Pese a esto, no les quitamos el mérito ni su importancia.

Algunos miembros del partido tricolor se refieren a los eventos como algo inédito. “Es la primera vez en la historia que se hace en El Salvador un evento donde las personas que aspiran a ser candidatos van a someterse a una entrevista con moderador”, dijo Ricardo Martínez, coordinador general de la Comisión Electoral Nacional (CEN). Sus declaraciones merecen ser matizadas: no es la primera vez que sucede esto; en 2008, cuando Tony Saca controlaba ARENA, se organizaron varios foros con los entonces precandidatos, en un polémico proceso por los favoritismos de la dirigencia.

Luis Mario Rodríguez, quien vivió en persona esa experiencia al haber sido precandidato presidencial en aquella ocasión, trató recientemente el asunto en una columna de opinión publicada en El Diario de Hoy. (Las internas en ARENA, 5 de abril de 2018).

“En 2008 se aplicó la misma modalidad y los encuentros degeneraron en meras presentaciones de propuestas en las que el reglamento aprobado por la dirigencia prohibió la réplica entre los contrincantes. Esa decisión impidió el contraste de ideas y limitó significativamente los objetivos de la iniciativa. (…) La falta de discusión no permitió identificar los rasgos de cada presidenciable y al final se impuso la sonrisa sobre la propuesta, la arenga en lugar de la razón y el ‘dedazo’ por encima de la voluntad de los miembros del partido”, escribe Rodríguez.

Esta vez, sin embargo, hay una diferencia fundamental con lo sucedido en 2008. Ahora, el voto es secreto. Más allá de los foros que se tendrán, el gran paso que ha dado ARENA es favorecer una elección en la que las bases se puedan sentir libres de presiones o de imposiciones.

La decisión de los areneros repercutirá, sin duda, en la realidad nacional. Con su voto, propondrán a todos los salvadoreños una alternativa a los 10 años de desgobierno y a los criticones caprichosos de aires mesiánicos. Nuestro país no está para juegos y necesita de personas preparadas, capaces, honestas y creíbles que den un rumbo a El Salvador. Por cómo están las cosas, sea quien fuere el que llegue al Ejecutivo, no la tendrá nada fácil.

Ante esta responsabilidad que tienen las bases, toma mayor fuerza la necesidad de una verdadera confrontación y discusión de ideas. Un verdadero debate daría mejores elementos de juicio a los afiliados para que decidan inteligentemente, y no guiados por el que tiene apoyos de dirigentes, alcaldes o diputados.

Aún quedan dos eventos y tiempo para redefinir las reglas. Un verdadero debate ayuda a limar asperezas, colabora en la maduración democrática de un partido y, en el mejor de los casos, hace ganar credibilidad.

P.D.: Como acción concreta en línea con el tema “Despolarización y reconciliación, El Salvador del futuro”, ARENA debería dejar su tradicional marcha. No se puede unir a un país con un himno cuya letra habla de la lucha férrea entre opuestos, con sangre y muerte. Sería una decisión difícil, que implicaría dejar atrás una herencia de un contexto histórico ya pasado. Acciones así comunican y dicen más que un spot publicitario o una cara sonriente.

jgarciaoriani@gmail.com

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ARENA en la encrucijada. De Jaime García Oriani

Jaime García Oriani, 18 marzo 2018 / El Diairio de Hoy

Después de las elecciones legislativas y municipales, entramos en la carrera por la Presidencia de la República. Dentro de unas semanas, ARENA llevará a cabo sus primarias para elegir al candidato presidencial. Este evento podría sentar precedente en la historia democrática de nuestro país si se respeta el voto y voluntad de las bases, dejando de lado el tradicional dedazo y cualquier imposición.

Se trata de una excelente oportunidad para ese partido y su lucha por recobrar credibilidad, ganar buena reputación y recuperar el Ejecutivo. Es un camino escabroso con numerosos obstáculos por superar.

Lo primero por vencer es la soberbia tras los resultados de las últimas votaciones. Varios miembros del partido han sido prudentes e insisten en tomarlos con humildad. Sin embargo, algunos por allí pregonan su victoria con triunfalismos como si el desplome del FMLN lo fuera todo. A ellos les recordamos que fueron incapaces de traducir el descontento de la población en votos, a pesar del nefasto gobierno del Frente, la baja aprobación de Sánchez Cerén y el deseo colectivo de cambiar el rumbo del país.

Al menos hasta el momento en el que escribo este artículo, ARENA habría obtenido -8 % de votos respecto a 2015. Matemáticamente vencieron, pero los números no parecen indicar que el electorado encontró una opción en ellos o está del todo satisfecho con sus propuestas. Son voces de alerta en una elección en la que hubo 178,538 votos nulos contra 48,822 de las anteriores legislativas. Si los consideráramos un partido, serían la quinta fuerza política del país, debajo del PCN y arriba del PDC. Evidentemente, entre los votos nulos no están solo aquellos ejercidos con voluntad de anular, sino también los que son consecuencia de diversos errores.

Un segundo obstáculo es la tentación de inclinar la balanza hacia un candidato o imponerlo. Se percibe buena voluntad por parte de la Comisión Electoral Nacional (CEN) que lanzó el proceso con el lema “Tu voto es secreto”. Luego del remedo de primarias de la época Saca, finalmente los más de 122 mil afiliados podrán expresar su preferencia en las urnas.

El partido cuenta con tres precandidatos de nivel y con gran trayectoria profesional. Quienes elijan deben hacerlo basados en su capacidad, seriedad de propuestas y factibilidad, y no solo motivados por quién ha organizado más eventos masivos, tiene más amigos entre la cúpula o está acompañado de más alcaldes y diputados.

Los debates serán una herramienta fundamental para escucharlos y ejercer un voto orientado por su desempeño y no por las “sugerencias” de algunos líderes. Es importante que rindan honor al nombre y no se conviertan en micrófonos abiertos de frases bonitas y slogans de campaña por el miedo de “división” que genera una sana confrontación de ideas.

Daría mayor credibilidad -y sería más coherente con el espíritu democrático- que esos eventos fueran organizados por medios de comunicación, sin imposición de temas o agendas, como suele suceder en las primarias estadounidenses. Sé que, por ahora, es pedir demasiado a un partido que ha prohibido a sus contendientes asistir a foros, debates o entrevista que no sean organizados por ellos.

El tercer obstáculo con el que se podrían topar es hacer un mal papel en los primeros meses de la nueva Legislatura. Deberán ser más protagónicos, frenando el despilfarro en toda la Asamblea y no solo a nivel de bancada, convirtiéndose en una oposición propositiva y constructiva.

Tendrán que buscar el voto de otras fuerzas políticas para lograr mayoría simple, no se diga calificada. Esto no puede ser excusa para caer en los pactos sucios o en la repartición de cuotas que benefician la corrupción. Estaremos atentos para que elijan un Fiscal General y magistrados para la Corte Suprema de Justicia independientes.

ARENA está en una encrucijada. Corresponde a sus miembros elegir la ruta que quieren seguir. En el horizonte se entrevé un camino encharcado por el populismo con figuras de aires mesiánicos que buscarían la presidencia. Hay que evitar caer en sus juegos, haciendo de 2019 una batalla de publicidad. El mejor remedio para la antipolítica es la política que ofrece propuestas concretas y creíbles a una población tan necesitada de soluciones reales.

Periodista. Máster en comunicación corporativa. jgarciaoriani@gmail.com

Debates para destapar la demagogia. De Jaime García Oriani

Jaime Garcia orianiJaime García Oriani, 18 febrero 2018 / El Diario de Hoy

De vez en cuando veo un video que reúne los mejores momentos de la serie The Newsroom. Son escenas que nos ayudan a mantener la esperanza en un periodismo alejado del morbo, con principios éticos, con temas relevantes para sus audiencias, sin miedo a ser exigentes, a los riesgos que esto conlleva y a las presiones políticas o comerciales.

Uno de mis capítulos favoritos es el noveno de la primera temporada. En el canal se preparan para un debate entre los precandidatos presidenciales del Partido Republicano, realizando un simulacro con jóvenes que han estudiado a fondo a cada uno de los participantes.

EDH logWill McAvoy, periodista y presentador del noticiero, explica que será un debate distinto, porque la intención es encontrar a los candidatos que den al votante los mejores argumentos, cosa que no estaba ocurriendo en una campaña de frases hechas y mensajes vacíos.

“Las preguntas tienen que ser más duras. Hay que detener a los candidatos cuando no respondan y llamarles la atención cuando sus respuestas contradigan los hechos”, dice Will.
—Senador Santorum. Su campaña es sobre la libertad que estaríamos perdiendo. Cite tres libertades que tuviéramos antes de la investidura del presidente Obama y que ahora ya no tengamos.

—Obamacare —respondió el precandidato—. Para empezar…
—¿Ha tenido que cambiar de médico?
—¿Puedo acabar? —dijo molesto Santorum.
—No señor —afirmó tajantemente McAvoy y volvió a preguntar—. ¿Ha tenido que cambiar de médico?
—No. Ahora estoy hablando de Obamacare —contestó secamente el senador.
—Mi pregunta era: “Cite tres libertades que tuviera antes de la investidura del presidente Obama y que ahora ya no tenga”.
Tras eso, McAvoy preguntó a Gingrich.
—Usted ha dicho que si es elegido el precio de la gasolina será de 66 centavos el litro. ¿Cómo controla el presidente el precio del petróleo?
—Señor McAvoy, me parece reprobable que los medios enfrenten a los republicanos unos con otros de esta manera —reclamó el político evadiendo la pregunta.
—Son las primarias de su partido y todos optan a la nominación. No fue idea mía enfrentarles, sino suya.
Entonces, el periodista se dirigió a Ron Paul.
—Quisiera hablar de los boletines que escribió y vendió a partir de los años 90.
—Ya he dicho lo que tengo que decir: yo no los escribí —aseguró Paul.
—Llevan su nombre, su firma, ganó dinero con ellas y en 1996 las defendió en el Dallas Morning News —rebatió McAvoy.

En tiempos de desinformación, debemos ser más exigentes y escarbar para destapar la demagogia, las propuestas poco serias y las falsedades. Esto fortalece la búsqueda de la verdad y da a los ciudadanos mejores elementos para tomar decisiones.

Poco hemos visto de una campaña en la que algunos políticos huyen del debate y se enfocan más en palabrerías o en tapizar las calles de propaganda, lo cual resulta no solamente molesto, sino un menosprecio al intelecto del elector. En el caso concreto de la Asamblea, me gustaría no solo ver quién sostiene mejor sus propuestas legislativas, sino conocer claramente sobre las elecciones de magistrados de la CSJ, Fiscal General y de segundo grado.

Tenemos una segunda oportunidad: la elección presidencial. El ejercicio debería de comenzar dentro de los mismos partidos cara a sus primarias. Del FMLN sabemos lo que podemos esperar. Ojalá que en ARENA estén dispuestos a que los tres precandidatos tengan uno o varios debates de altura; esto ayudará a que sus bases elijan mejor y a ganar credibilidad.

jgarciaoriani@gmail.com

Basta de juegos, hablemos de la política en serio. De Jaime García Oriani

Cuando empobrecemos la vida democrática a un juego entre políticos, implícitamente decimos a los ciudadanos que es un espectáculo para ver, no una actividad en la que hay que involucrarse.

JAIME GARCIA ORIANIJaime García Oriani, 7 enero 2018 / El Diario de Hoy

Para iniciar un año que políticamente nos propone tantos desafíos, en mi artículo de la semana pasada invitaba a que hiciéramos del 2018 el año de la anti – antipolítica. Es el primero de una serie que escribiré cada tanto a lo largo de estos meses, con la intención de plantear ideas para hacer frente exitosamente a lo que se viene.

Esta vez me dirijo no solo a los ciudadanos, sino también a mis colegas periodistas, en especial a aquellos que tienen la responsabilidad de dirigir medios de comunicación o definir los enfoques de los temas que se publican.

EDH logHace poco leía un artículo del NiemanLab que forma parte de las predicciones y propuestas para el periodismo en este nuevo año, del cual retomo bastantes puntos para esta columna. Titulado “Stop covering politics as a game”, en éste la académica Dannagal G. Young advierte sobre el peligro que existe cuando la cobertura electoral se enfoca mayormente como una simple competición entre fracciones, entre izquierda y derecha, como una batalla entre individuos y partidos, en lugar de centrarse en el debate sobre políticas, propuestas y filosofías de gobierno.

Dicho de otro modo, es pernicioso ejercer un periodismo que se dedica a reproducir los dimes y diretes entre uno y otro partido o personaje, sin importar qué tan verdaderas, acertadas o bajas sean tales afirmaciones, como vemos en ocasiones con los circos (sin intención de ofender a quienes se dedican al entretenimiento) que montan algunos políticos en sus redes sociales. Lo más triste del caso es que amplificamos el show y perdemos la oportunidad mostrar la realidad, que muchas veces esconde compincharía o acuerdos que responden a intereses particulares y no al bien de todos los salvadoreños.

Los medios de comunicación caemos en este juego quizás motivados por “vender más”, ganar clics en nuestros sitios o interacciones. Esto nos llevaría a tratar sobre el modelo de negocios del periodismo en la era digital y en las formas de establecer indicadores de desempeño, pero no es la ocasión para hacerlo.

Con estos enfoques, los grandes perdedores son los ciudadanos, a quienes nos debemos. “Pongámoslo simple: esta cobertura permite a los políticos dividir aún más el país, evitar el escrutinio y distraer a los ciudadanos del debate y de una reflexión sobre acciones que les traerán consecuencias en la vida real”, afirma Young. Añade que varios politólogos han advertido que la práctica de cubrir la política como un juego estratégico o una batalla erosiona la confianza en las instituciones y que con notable descaro las élites políticas lo explotan para lograr sus objetivos electorales. Recordemos la recurrente campaña de miedo o de lucha de clases de los dos principales partidos, cuyos discursos se quedaron anclados en el pasado; estoy casi seguro de que esta vez el caballo de batalla será la antipolítica.

Cuando empobrecemos la vida democrática a un juego entre políticos, implícitamente decimos a los ciudadanos que es un espectáculo para ver, no una actividad en la que hay que involucrarse. Con palabras de Robert Entman, profesor de medios y asuntos públicos en la George Washington University, propiciamos una democracia sin ciudadanía.

De esta forma, relegamos el pensamiento crítico y la información se transmite únicamente en clave de posiciones, cayendo en un engañoso balance que da espacio a la demagogia y retórica electorera. Así se generan, por lo general, dos reacciones: o rechazo a lo que se percibe como pésimas propuestas que terminan en la misma historia de siempre, o se incrementa el fanatismo y la polarización. Acerca de esto último, en su ensayo “Selling ourselves short”, Bert Bakker y Yphtach Lelkes explican que, al sentirse llamados a apoyar alguno de los bandos, los votantes, hasta aquellos más pensantes, toman decisiones confiados ciegamente en lo que sostiene alguna de las partes, en vez fijarse en la calidad de los argumentos presentados y su factibilidad.

La prensa seria e independiente —adjetivo a propósito, pues si algo tendremos en esta campaña es medios de pacotilla— debe preguntarse cómo realizará su cobertura electoral en un país apático y disgustado con la política, para ayudar a su purificación, depuración y devolverle credibilidad.

2018: el año de la anti-antipolítica. De Jaime García Oriani

El mejor remedio para la antipolítica es la buena política, aquella que no se vale de sí misma para satisfacer sus mezquinos intereses, sino que busca el bien común.

JAIME GARCIA ORIANIJaime García Oriani, 31 diciembre 2017 / El Dairio de Hoy

Sé, estimado lector, que en estos días lo menos que queremos es escuchar de política y del montón de contrariedades que tenemos como nación, ya que son tiempos de fiesta, de descanso, para pasarla en familia y gozarse lo lindo de la vida. Pero, por ser también tiempos en los que se habla de esperanza, nos recuerdan que, pese a los problemas, podemos sobrellevar las adversidades y salir adelante.

No podemos hacer la vista gorda ante lo que se viene: las elecciones municipales y legislativas. Sabemos su importancia y hemos repetido incesantemente todo lo que está en juego. Si sumamos a eso que son la antesala de una elección presidencial que nos da la oportunidad de corregir el rumbo de un país sin rumbo, dirigido por ineptos (no es un insulto; la RAE lo define como alguien “no apto ni a propósito para algo” y esta es la realidad que vemos por la carencia de resultados del Gobierno), toman mayor relevancia.

EDH logLa campaña electoral está por comenzar y ya nos sentimos cansados, como si hubiésemos recorrido un largo camino. Se comprende perfectamente porque escuchamos tantos discursos vacíos o vemos a los mismos de siempre queriendo retener una alcaldía o una curul. Además, hay un profundo sentido de disgusto hacia la clase política, probablemente motivado por la falta de medidas efectivas para frenar la violencia, por la mala situación económica, por los numerosos casos de corrupción que salen a luz o por tener diputados que se ponen de acuerdo para recetarse jugosos bonos navideños -una cuestión que considero profundamente injusta en un país cada vez más pobre, con hospitales desabastecidos y escuelas públicas desmoronándose- y que son incapaces de lograr acuerdos de país.

No está de más advertir que la solución a nuestros males no la encontraremos nunca en estar hartos de los políticos o en absteniéndonos de ir a votar. Por el contrario, esto únicamente favorecería a los políticos “de baja calidad”, que son sostenidos por los fanáticos que poco o nada exigen de sus representantes.
Mucho menos la hallaremos dándole el voto a los paladines de la antipolítica, que en realidad solo saben criticar destructivamente y capitalizan el sentido de impotencia en la gente. Sus propuestas suenan atractivas y hacen creer que “pueden dar su merecido” a los malos políticos que tanto daño nos han hecho.

El liderazgo antipolítico, sin embargo, es emocional. “En términos pragmáticos y neuropsiquiátricos, se apela a lo más visceral de nuestra naturaleza, a estructuras cerebrales primarias como el sistema límbico, que se maneja de forma dicotómica, produciendo simpatía o rechazo en los demás. Esa visión del liderazgo conduce a la mitificación de la figura, quien se convierte en un héroe salvador de la sociedad”, explica el venezolano Alirio Pérez Lo Presti, médico psiquiatra. Las experiencias de otros países nos muestran cómo estos pseudomesías únicamente empeoran las cosas.

El mejor remedio para la antipolítica es la buena política, aquella que no se vale de sí misma para satisfacer sus mezquinos intereses, sino que busca el bien común. Sí, es posible, soy optimista. Los ciudadanos debemos hacer nuestra parte. Conozcamos las propuestas (que, espero, pronto nos hagan conocer), pensemos bien por quiénes votaremos – ¡elijamos por rostro! – y luego demos seguimiento a lo que nos han prometido y a los resultados.
La democracia es más que el voto y precisamente eso hace que no sea fácil vivir en una democracia. “La democracia está fatigada y envejecida de ilusión.

No se trata de una cuestión generacional sino de vitalidad sentimental de las propias convicciones”, escribía el político José María Lassalle al tratar sobre la antipolítica en España. Descansemos, recuperemos energía y no bajemos la guardia para dar un nuevo impulso a la lucha por un mejor país a través de la democracia.

Que este 2018 sea el año de la anti-antipolítica y convirtámonos nosotros, los ciudadanos, en los verdaderos protagonistas.

jgarciaoriani@gmail.com

Es Antiguo Cuscatlán donde debe haber debate. De Jaime García Orani

Con toda la riqueza que genera, Antiguo Cuscatlán es una ciudad con el potencial para convertirse en una de Primer Mundo. Lamentablemente no lo es y hoy por hoy le queda un largo camino. Insistamos para que haya debate entre ambos candidatos.

JAIME GARCIA ORIANIJaime García Orani, 10 diciembre 2017 / El Diario de Hoy

Este periódico publicó, hace algunas semanas, dos entrevistas con los principales candidatos que compiten por la municipalidad de Antiguo Cuscatlán: la actual alcaldesa, Milagro Navas, y Luis Rodríguez, de la coalición CD-FMLN.

Antiguo es un pequeño municipio de casi 20 km², con poco más de 23 mil votantes. Es la segunda ciudad con mayor desarrollo humano, de acuerdo con datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), pese a los patentes contrastes y diferencias sociales que allí se ven. En su territorio hay grandes empresas, misiones diplomáticas, hoteles, centros comerciales, entre otros. A eso se suma el tiempo que lleva en el poder el mismo partido y la misma persona. No es San Salvador, San Miguel, Santa Ana o Santa Tecla, pero no podemos negar que se trata de un municipio importante, con grandes retos pendientes.

EDH logEn sus entrevistas, ambos candidatos dieron su visión, analizaron la situación y mostraron sus planes a grandes rasgos. Tomando en cuenta lo dicho por ellos y tras buscar un poco más sobre sus propuestas, concluyo que son muy parecidas: los dos hablan de invertir en infraestructura, en la red vial, en mejorar la iluminación, en colaborar en la lucha contra la delincuencia y apostar por la cultura, entre otras cosas.

Si bien Antiguo Cuscatlán ha sido tradicionalmente un municipio de “derechas”, esta similitud en sus propuestas, más bien de naturaleza técnica, es una motivación más para que haya debate entre los dos candidatos y no sea una elección definida por cuestiones “ideológicas”. Sería interesante escucharlos confrontar seriamente, para así poder decidir por el que sostenga mejor sus planes, nos muestre su viabilidad y nos inspire confianza. Es una lástima que la actual alcaldesa dijera, en esa misma entrevista con El Diario de Hoy, que no ha pensado debatir con Rodríguez y que ni sabe quién es (cosa extraña, pues al adversario se le debe conocer). Ojalá cambie de opinión.

En concreto, me gustaría que se discutieran los siguientes temas:

– Transparencia y uso de los fondos públicos: aprobación de licencias de construcción y proyectos, uso del Fodes e impuestos municipales.

– Apoyo en la lucha contra la criminalidad, especialmente en las zonas críticas ya conocidas, y prevención de la violencia.

– Inversión en la red vial: nueva infraestructura para solucionar los problemas de tráfico, mantenimiento de calles y señalización.

– Mejora de los espacios públicos: modernización o nuevos mercados, ornato, parques, zonas peatonales y ciclovías.

El perfil de ambos haría aún más interesante un debate. A Milagro Navas la conocemos y después de casi 30 años en la comuna podemos elaborar un juicio bastante acertado sobre su labor. He sido crítico de su último periodo —lo reafirmo porque hay un evidente deterioro, los problemas no se han solucionado de fondo y ella ocupa un cargo público por el cual los ciudadanos le debemos exigir resultados— pero reconozco que se ha facilitado la inversión y que algunos servicios, como la recolección de basura, funcionan bastante bien.

Luis Rodríguez, por su parte, no parece ser la típica figura del FMLN, un partido cuya gestión en el Ejecutivo ha sido desastrosa y funesta. Rodríguez inició este camino a través del movimiento ciudadano Habla y luego se postuló con la coalición antes mencionada. Fue catedrático de la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN) y de la Escuela de Comunicaciones Mónica Herrera. Fue encargado de comunicación de la CEL y diseñó el programa “Yo cambio”, con el cual se busca facilitar la reinserción de los reos en la sociedad.

Con toda la riqueza que genera, Antiguo Cuscatlán es una ciudad con el potencial para convertirse en una de Primer Mundo. Lamentablemente no lo es y hoy por hoy le queda un largo camino. Insistamos para que haya debate entre ambos candidatos —esperemos también que algún medio de comunicación se anime a organizarlo— y elijamos a quien sea capaz de llevar a nuestro municipio a su máximo esplendor.

Elecciones internas en ARENA: un llamado al debate. De Jaime García Oriani

En ARENA hay precandidatos interesantes, con buena preparación académica y trayectoria profesional. Ojalá nos den a los ciudadanos el gusto de escucharlos, de conocer a través de la sana confrontación sus puntos de encuentro y diferentes propuestas.

JAIME GARCIA ORIANIJaime García Oriani, 18 noviembre 2017 / El Diario de Hoy

Es prioritario fijarse en las elecciones de 2018 sin perder de vista las de 2019. No es fácil cuando el país desea un cambio de rumbo urgentemente (y, por tanto, de gobierno), como evidencian diversas encuestas. A esto se suman los anuncios de algunos interesados en ser candidatos presidenciales y la relevancia que la opinión pública les está dando. Asimismo, ambos procesos están íntimamente ligados, pues el trabajo del Ejecutivo se verá afectado, para bien o para mal, por la aritmética de la próxima legislatura.

EDH logEs inevitable, pues, no hablar sobre lo que ocurrirá dentro de los institutos políticos en este largo camino rumbo a las elecciones presidenciales, ya que los partidos deberán elegir a un candidato en un proceso de democracia interna.

Nayib Bukele está gestando un vehículo a la medida para llevar a término sus aspiraciones; la estructura verticalista y cerrada del FMLN dificulta creer que la elección no estará determinada y decidida por su cúpula, por mucho que escuchemos rumores de uno o dos potenciales participantes.

En ARENA las cosas podrían ser diferentes. Al menos en sus estatutos lo hacen un partido de espíritu democrático. Además, varios de sus militantes y sectores claman por elecciones internas transparentes y justas, que den la posibilidad de elegir, sin presiones de ningún tipo, a quien sea el mejor candidato para vencer y eventualmente dirigir nuestro país. Si conducen su proceso con éxito, sentarían un importante precedente en la maduración de la democracia en El Salvador.

Reglas del juego claras y transparencia son fundamentales, pero no lo son todo. Es imperativo enriquecer las elecciones internas por medio del debate. A algunos les da miedo, porque pueden salir mal parados o podría darse la impresión que el partido está dividido (en la visión retrógrada de quienes no aceptan la autocrítica o la pluralidad de opiniones). En realidad, se trata de una excelente ocasión para propiciar la candidatura del mejor y no tener como vencedor al que monte el show más grande, acarree más gente, se alíe con los “viejos zorros”, inscriba a más personas en el padrón o tenga los anuncios más creativos.

¿Temas a debatir? Tantos: transparencia y lucha contra la corrupción —comenzando por el mismo partido, sin importar que esto cueste a los precandidatos perder alguna simpatía o apoyo— seguridad y prevención de la violencia; políticas fiscales; reducción del gasto público; reactivación de la economía, apoyo a las Pymes y atracción de inversión, entre otros.

Los más de 90 mil inscritos en el padrón interno jugarán un rol determinante. Esperemos que no se dejen llevar por las “sugerencias” de los líderes locales, las estructuras o alcaldes, sino que decidan basados en sus propias convicciones y en cómo los precandidatos sostienen sus propuestas. No está de más decir que la voluntad de los electores debe ser respetada y garantizada por el Coena.

En ARENA hay precandidatos interesantes, con buena preparación académica y trayectoria profesional. Ojalá nos den a los ciudadanos el gusto de escucharlos, de conocer a través de la sana confrontación sus puntos de encuentro y diferentes propuestas. Organicen uno o varios debates, pero de verdad, no como aquellos remedos en las primarias de la época Saca. ¡Qué mejor campaña que un digno proceso interno con debate de altura, exento de demagogia, sin espacio para los caprichos y dedazos de los dirigentes o financistas!

Esta es una oportunidad para que el partido tricolor demuestre —tomo las palabras de Eduardo Torres en una de sus columnas de opinión— “que ha aprendido de sus errores; que tiene pesos y contrapesos en su organización para un mejor accionar que evite vicios del pasado reciente”.

jgarciaoriani@gmail.com