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O conmigo, o contra mí. De Mariana Belloso

Ese es el clima que ahora vivimos los salvadoreños que utilizamos redes sociales: un comentario puede desatar ataques masivos que ponen a prueba la tolerancia y resistencia de cualquiera...

30 junio 2019 / LA PRENSA GRAFICA/SEPTIMO SENTIDO

Los llamados a la unidad son uno de los recursos más antiguos de la política. Los seres humanos, animales sociales, han desarrollado en las ciencias políticas la sistematización de sus formas de relacionarse, sus estructuras de poder y su organización.

Entonces vemos a la unidad como medio y como fin en la obra de muchos teóricos, desde filósofos políticos hasta politólogos, y por supuesto que encontramos la palabra en los discursos de líderes y políticos de todos los tiempos, con resultados variados: desde los llamados a la unidad del proletariado en el «Manifiesto comunista», hasta el afán por conformar alianzas y bloques entre países con fines similares.

¿Pero qué pasa cuando el llamado a la unidad se vuelve, a su vez, una invitación a combatir a quien no se sume a la colectividad en cuestión? Recordemos algunos casos recientes. «Quien no está con nosotros, está contra nosotros», afirmó el entonces presidente de Estados Unidos George W. Bush, la madrugada del 21 de septiembre de 2011, en referencia a que no podía haber medias tintas en la lucha contra el terrorismo. Efectivamente, un grupo de países, incluido El Salvador, formaron un bloque de aliados para combatir a los que se consideraban parte del eje del mal.

La misma República Popular China no admite que sus aliados reconozcan a Taiwán como un país independiente, y su política de una sola China ha puesto entre la espada y la pared a países pequeños como, de nuevo, El Salvador.

Y si bien uno puede llegar a justificar y hasta a compartir posturas como estas, en las que están en juego temas como el equilibrio geopolítico o la seguridad internacional, decir que quien no está conmigo está contra mí también puede ser desafortunado.

Ese es el clima que ahora vivimos los salvadoreños que utilizamos redes sociales: un comentario puede desatar ataques masivos que ponen a prueba la tolerancia y resistencia de cualquiera. Con mayor frecuencia se ha vuelto desafortunado emitir opiniones que pongan en entredicho al nuevo gobierno, más que todo en Twitter, que se ha vuelto la plataforma de comunicación por excelencia de la nueva administración.

Y si bien antes se pensaba que los ataques venían de grupos bien organizados para hacer ruido en las redes sociales, los denominados «troll centers», la verdad es que los ánimos se han caldeado al punto de que los insultos y el acoso vienen de ciudadanos comunes y corrientes, como usted o como yo, que simplemente se valen de la seguridad que da el estar tras un teclado y una pantalla para «poner en su lugar» a quien piensa distinto.

Leemos a dirigentes de Nuevas Ideas hacer llamados a la unidad, mientras cualquier opinión que ponga en duda a algún funcionario del Gobierno es sepultada pronto por cientos de voces prestos a defender al actual Ejecutivo. Es, cada vez más evidentemente, el imperio del odio.

Es desafortunado que se esté profundizando de esta forma la polarización política, algo que como país hemos padecido durante décadas cuando las dos fuerzas políticas preponderantes eran ARENA y el FMLN, exponentes máximos de la lucha entre derechas e izquierdas. Con la elección de Nayib Bukele se repitió una y otra vez que se había puesto fin al bipartidismo, a esa polarización que tanto daño le hizo al país, que tantas decisiones importantes frenó, y que tantas reformas necesarias retrasó.

Y sin embargo, la división continúa: o sos de los nuestros, o estás contra nosotros. ¿Será que somos incapaces de dejar a un lado las diferencias y arremangarnos para rescatar al país? ¿Será que esa lucha eterna por pertenecer al bando ganador será nuestra perdición?

Ojalá que no, y ojalá que toda esa efervescencia en redes no pase de eso, porque ahora más que nunca es que se necesita juntar esfuerzos para resolver los problemas fiscales, económicos, sociales, de seguridad y de inequidad que nos tienen en el sótano en cuanto a crecimiento, y que hacen que nuestra gente huya hacia otros países, sin importar los peligros que eso implique.

Contra el público. De Martín Capparós

Dicen que hacer periodismo es contar lo que alguien no quiere que se sepa. Quizá, cada vez más, sea contar lo que muchos no quieren saber…

En Ucrania, Gareth Jones se encontró granjas colectivas y campesinos que morían de hambre.
En Ucrania, Gareth Jones se encontró granjas colectivas y campesinos que morían de hambre. Getty Images
Martín Capparós,
escritor argentino

15 diciembre 2015 / EL PAIS

Se llamaba Gareth Jones como quien se llama Juan Pérez y aun así, en esos días confusos, su nombre resonó en tres continentes. Había nacido en Gales en 1905, hijo de un profesor y una maestra, y fue un alumno de primera –Cambridge incluido. Hablaba francés, alemán, ruso; en cuanto se graduó lo contrataron en el Foreign Office, pero pronto prefirió ser su propio hombre. En 1931 hizo su primer viaje por la Unión Soviética, como negro de un americano rico, el señor Jack Heinz, príncipe del ketchup. Después volvió a Londres para redactar las memorias de Lloyd George, ex premier británico, pero su momento llegó a principios de 1933, cuando viajó a Alemania para contar la llegada al poder de unos señores de camisas marrones y designios negros. PUBLICIDADinRead invented by Teads

“Si este avión se cayera, la historia de Europa cambiaría. Porque a unos pocos metros de aquí está sentado Adolf Hitler, canciller de Alemania y líder del despertar nacionalista más volcánico que el mundo haya conocido”, escribió, desde el avión oficial nazi, en febrero de 1933. “¿Cómo consiguió este hombre de aspecto tan ordinario que 14 millones de personas lo tomaran por un dios?”.

Gareth Jones (1905-1935), periodista galés

El mundo rico lo miraba con cierta simpatía, porque Hitler les ayudaría a combatir el comunismo; Gareth Jones les decía que se cuidaran: el nazismo “era una masa de dinamita humana”. Y en marzo se tomó un tren a Ucrania. Alguien le había dicho lo que todos callaban: que el Gobierno de Stalin estaba hambreando la región, que sus habitantes morían como moscas. El 29 de marzo publicó en varios periódicos un despacho que sería famoso: “He caminado a través de pueblos y granjas colectivas. Por todos lados oí el mismo grito: ‘No hay pan. Nos estamos muriendo”. Jones explicó que los comunistas lo negaban y decían que si faltaban alimentos era por culpa de los campesinos –y que, ya en el tren, tiró una cáscara de naranja en la basura y un hombre se abalanzó para comérsela.

Sus reportes, publicados en el Manchester Guardian y el New York Evening Post, no consiguieron que Occidente interviniera, y provocaron desmentidas fervorosas: los intelectuales más influyentes apoyaban la revolución soviética, y no querían saber. El jefe de la oficina rusa del New York Times, Walter Duranty –premio Pulitzer 1931–, escribió que la historia era falsa, y muchos lo sostuvieron. Jones insistió, citó fuentes, contó; cinco meses más tarde, Duranty todavía sostenía que “cualquier noticia sobre hambruna en Rusia es exageración o propaganda malintencionada”. Para entonces unos ocho millones de ucranianos habían muerto de hambre. La decisión de no mirar no es un invento actual.

Jones fue expulsado de Rusia y se fue a explorar el Extremo Oriente. A veces se preguntaba para qué sirve hablar cuando nadie quiere oír lo que dices; después pedía que le volvieran a llenar el vaso. Recorrió China, Japón, Mongolia. Por allí andaba cuando los japoneses ocuparon Manchuria; Jones quería contarlo, pero lo secuestró una banda mongola. Pidieron por su rescate 100.000 pesos de plata mexicana; mientras negociaban llegó un enviado del Soviet que –se dice– pagó más. Lo fusilaron en el justo medio de la nada el 22 de agosto de 1935; el día siguiente habría cumplido 30 años.

Pasaron 80 años; a mí me gusta recordarlo como ejemplo de eso que los periodistas hacen cada vez menos: escribir contra el público. Nuestros medios se inventaron tantos medios –clicks, retuits, megustas– para averiguar qué quieren sus clientes que no reparan en medios para satisfacerlos, y así se llenan de listas y consejos y dietas y tetas. Dicen que hacer periodismo es contar lo que alguien no quiere que se sepa; quizá, cada vez más, sea contar lo que muchos no quieren saber.

Derrotar a los populismos. De Tonia Mastrobuoni

Matteo Salvini con Marine Le Pen
Matteo Salvini con Marine Le Pen EFE
Tonia Mastrobuoni,
corresponsal del periódico italiano La Repubblica
en Berlin

8 ABRIL 2019 / EL PAIS

Con la perspectiva adecuada, el Brexit podría ser un formidable instrumento de campaña electoral contra los soberanismos. Si dejamos de lado por un instante el trágico caso del primer divorcio en la historia de la Unión Europea, incluso podría convertirse en un argumento para el resurgimiento del continente.

Hace unos días, el viceministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Michael Roth, sintetizó a la perfección el teatro del absurdo que estamos viviendo actualmente, al señalar con el dedo “el espectáculo de mierda” que ofrecen los políticos “nacidos con una cuchara de plata en la boca, que fueron a las mejores escuelas y universidades”, y que “difícilmente” sufrirán las consecuencias del referéndum más demencial de la historia. Cada día, el Reino Unido nos ofrece momentos que parecen robados al inolvidable Otter de Desmadre a la americana: “Creo que esta situación requiere que alguien haga un gesto verdaderamente inútil y estúpido. Se trata solo de decidir cuál”.

En esta circunstancia, Europa está dando la única imagen adulta, como les gusta decir a los propios ingleses. Ha mostrado una férrea unidad al rechazar todos los intentos de Theresa May de abrir una brecha en las capitales más comprensivas, como Berlín, para poder arrancar mejores concesiones. Y el espectáculo de un país que se ha sumido en la pesadilla del adiós a la UE sin un atisbo de estrategia debería ser un argumento extraordinario para los europeístas a la hora de explicar que los atajos de los populistas no llevan a ninguna parte.

En Italia son incontables los representantes de la Liga y del Movimiento Cinco Estrellas que jaleaban, enfervorizados, la idea del Brexit y hoy callan avergonzados. ¿Por qué no recordárselo una y otra vez, mientras el glorioso Reino Unido se postula para ser, en la peor de las hipótesis, una cosa intermedia entre un gigantesco fondo de cobertura y una isla Caimán en mitad del Atlántico?

No se ha producido el apocalipsis de refugiados temido por los flautistas del populismo. Nadie puede mencionar las “olas de inmigrantes” a punto de invadir Europa sin sonar patético

Otro elemento fundamental para los europeístas es que no se ha producido el apocalipsis de refugiados temido por los flautistas del soberanismo en los últimos años. Nadie puede seguir usando el argumento de las “olas de inmigrantes” a punto de invadir Europa sin sonar patético. Hasta tal punto que, en Alemania, la AfD, un partido que engordó sus filas y derivó hacia posiciones de extrema derecha gracias a la famosa política de “puertas abiertas” de Angela Merkel, hoy está perdiendo votos, calladamente pero sin cesar. En algunos Länder cruciales del este del país, en los que se vota entre septiembre y octubre, ha perdido entre dos y cinco puntos respecto a hace seis meses, mientras que el partido más europeísta de Alemania, Los Verdes, está obteniendo cada vez más apoyos en todas partes.

Por otra parte, la idea de que Matteo Salvini, la AfD y los demás partidos de la derecha populista puedan coaligarse tras las elecciones resulta difícil de creer. ¿Con qué fin? En una entrevista concedida a La Repubblica, Alice Weidel ha dicho que la Liga es “esclava” del Movimiento Cinco Estrellas y ha lamentado que Italia se encuentre “en una situación desoladora” por culpa de la fragilidad de los bancos y la magnitud de la deuda. Sobre los inmigrantes, cualquier intento por parte de Italia de encontrar una orilla en sus primos soberanistas ha topado con puertas cerradas a cal y canto. Y la relación entre populistas y popularidad en un tema tan importante como la austeridad es inversamente proporcional según estemos hablando de Alemania o Italia, Holanda o Grecia, Dinamarca o España. En resumen, dependiendo de que sea el norte o el sur.

La AfD, por ejemplo, suele arremeter contra Italia y sus cuentas que no encajan para ganar votos. En el sentido contrario, a la Liga le va bien cuando critica la austeridad alemana impuesta a Italia. También de estas incongruencias deben hablar los europeístas en la próxima campaña electoral, para demostrar que los populistas viven solo como pars destruens. Y que no tienen ni idea de qué proponer a cambio de todo lo que destruyen de forma sistemática.

Carta a los amigos de una CICIES: Cuidado con lo que pidan. De Paolo Luers

19 marzo 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Hay un dicho muy sabio que dice: “Be careful what you wish for, you just might get it – Cuidado con lo que pidan, peligroso que se les cumpla…” Aplica perfectamente a estos deseos que de repente se ponen populares, promovidos por personas muy ágiles para recoger las frustraciones y los sentimientos de la gente, para convencer a la gente que acepten soluciones, a pesar de los riesgos evidentes que conllevan.

Por ejemplo: Ante la crisis de violencia, surge la demanda de que la policía responda con más fuerza, y comenzamos incluso a pedir que la autoridad pueda usar métodos fuera de la ley – con tal que ponga orden. Pero cuando nos cumplen estos deseos, de repente nos damos cuenta que la represión puede afectar a cualquiera.

Todos lamentamos la corrupción. Muchos piden una Comisión Internacional contra la Impunidad, la famosa CICIES. Bukele la ofreció en su campaña, como receta para combatir la corrupción y la impunidad. Y muchos le aplauden. Pero no se dan cuenta de los riesgos que implica una CICIES, cuando la promueven para debilitar las instituciones del Estado que le pueden hacer estorbo al presidente entrante. Bukele tendrá una gobernabilidad difícil, porque la oposición (ARENA y FMLN) controla el Legislativo, y porque las instituciones que controlan al poder (como la Corte Suprema, la Sala Constitucional, la Fiscalía), son independientes por diseño constitucional, pero además surgieron de la actual correlación de fuerzas en el Asamblea Legislativa.

Entonces, surge una ‘nueva idea’: Aprovechar la indignación contra la corrupción para instalar una CICIES que puede corregir decisiones de la Fiscalía General y de la Corte Suprema. O sea, un CICIES encima de las instituciones y sus poderes constitucionales. Y ahí se vuelve peligroso el grito por la CICIES, en boca de gente con tan poco respeto por la Constitución y la independencia de las instituciones. Ahí es donde tenemos que decir: “Cuidado con lo que pidan, peligroso que se les cumpla…”

¿Estamos viendo fantasmas? No. Hay indicios preocupantes. A ver:

El secretario general de Nuevas Ideas, Federico Anliker, escribe en Twitter: La reciente resolución de la CSJ de El Salvador, de prohibir a la sección de Probidad de investigar los delitos de corrupción antes del 2009, es una burla al pueblo Salvadoreño y al combate contra la corrupción. #CiciesYa”.

Está perfectamente en línea con su líder Bukele, quien el día anterior tuiteó lo siguiente: “Uno de los indicadores donde más ha caído El Salvador, es en el de corrupción e impunidad. Luego de la resolución de hoy de la Corte Suprema de Justicia, queda claro que ese indicador solo irá aún más a la baja. Urge una CICIES.”

Se confirma una sospecha que algunos tuvimos hace ratos: que la CICIES, versión Félix Ulloa/Nayib Bukele, no será supeditada a la institucionalidad constitucional, sino diseñada para alterarla. Cuando expresé esta sospecha en Twitter, varios partidarios de Bukele la confirmaron sin ningún tapujo: No estamos obligados a obedecer autoridades corruptas. Pueden haber sido electos con requisitos y procedimientos “legales”, pero si son corruptos no hay que someterse,” dijo Bertha María Deleon.  

Y a mi pregunta ¿Cuál es la alternativa que propones? ¿Poner una CICIES que opere al margen de CSJ y FGR?”, el ingeniero Jacinto Bustillo, antiguo compañero y (pensaba yo) amigo mío, ahora defensor de Bukele, contestó de manera aun más descarada: “No al margen. Por encima. Declarar Estado d Excepción y destituir a la CSJ, FGR, funcionarios de justicia. Reforma a la Constitución.”

Esta discusión surgió a raíz del debate sobre la decisión de la Corte Suprema de no seguir investigando en Probidad las declaraciones de patrimonio de épocas que ya caen bajo prescripción para cosos civiles.

Esta discusión con expertos jurídicos la resumí de esta forma: “Entonces, como las investigaciones de Probidad tienen como finalidad, cuando hay indicios, una acción civil, es correcto que Probidad respete prescripción de acción civil (10 años). Esto no impide que FGR tome acción penal.”

Esta lógica legal no les gusta a todos los seguidores de Bukele. Uno de ellos, llamado @gabriel9085, tuiteó: “Y que importa la inconstitucionalidad cuando se trata de hacer justicia ya es tiempo que haya en este país serias acciones…”

Es evidente que quieren instalar una CICIES con facultades fuera del margen constitucional, encima de la Corte, la Sala Constitucional y la Fiscalía. Piensen bien lo que pidan. Podría hacerse realidad.

Saludos,









Carta a los sabios: Tomen la reconciliación en sus manos. De Paolo Luers

12 marzo 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

En 2016, cuando la Sala de lo Constitucional derogó la Ley de Amnistía, escribí en una columna titulada ‘Cállese, señor presidente’ los siguientes párrafos:

“Puede y debe haber una legislación que establezca una instancia temporal de justicia transicional que podrá satisfacer las demandas de verdad y reparación, pero sin necesidad de abrir mandar a nadie a la cárcel. Esta fue la reacción inmediata de las personas sensatas del país a la sentencia de la Sala. En esto coincidimos muchos, independientemente de si estábamos de acuerdo o no con la sentencia. Había que acatarla y había que buscar una forma de cumplirla y que en vez de hacerle daño al país haga más sólido su proceso de paz y reconciliación.”

“El presidente (y todos los demás ‘implicados’ de todos los bandos), por decencia y prudencia, tenían que apartarse de este debate. Si no, la posible solución sería inmediatamente percibida como un nuevo pacto de los protagonistas de la guerra de evadir su responsabilidad”.

Exactamente esta percepción se ha materializado ahora. Hoy existen dos propuestas de ley y ninguna tendrá capacidad de aportar a la reconciliación. Una propuesta es conocida como la Ley Rodolfo Parker, y uno solo tiene que ver la composición de la comisión legislativa que la elaboró para saber que no será aceptada por la sociedad. Son los protagonistas de la guerra (de ambos bandos), y todo el mundo percibe que están redactando una auto-amnistía. La segunda propuesta proviene de otro sector ‘interesado’: de organizaciones que dicen representar a las víctimas de crímenes de guerra. Aunque algunos lo quieran declarar ‘políticamente correcto’, ‘las víctimas’ tampoco son los llamados para diseñar esta legislación, por dos razones: son parte interesada y nadie puede hablar en nombre de todas las víctimas del conflicto.    

Decir que ambas propuestas no proceden de ninguna manera significa que todo lo que se propone en ellas sea malo. Significa que el método no funciona. Lo que hubieran tenido que hacer los poderes del Estado (Presidencia, Asamblea, Corte Suprema) es convocar una ‘Comisión de Sabios’ (compuesta por rectores de universidades, representantes de iglesias, penalistas, constitucionalistas y otras personalidades de prestigio moral e intelectual) para organizar debates, tanto públicos como académicos, y que de ellos surja una propuesta de Ley de Reconciliación que llene el vacío que dejó la derogación de la Amnistía de 1993.

Como no llevamos a cabo este debate, perdimos casi tres años sin cumplir con la sentencia de la Sala. Ojo: esta sentencia no solo derogó la ley del 1993, sino también ordenó consensuar una nueva.

Pero nunca es tarde. En vez de continuar una estéril discusión que se concentra en descalificar las propuestas existentes de Ley de Reconciliación, impulsemos la Comisión de Sabios y aportemos todos a su trabajo, con propuestas, críticas y criterios.

Saludos,

Carta sobre el posible jaque mate a Maduro: No podrá contra la fuerza de la ayuda humanitaria. De Paolo Luers

23 febrero 2019 / MAS! y El DIARIO DE HOY

Viendo en live el concierto “Venezuela Aid” en Cúcuta, durante todo el día de viernes, se me hace que este sábado 23 será un día histórico para Venezuela. Miles de venezolanos cruzaron la frontera a Colombia para vivir esta fiesta musical con Miguel Bosé, El Puma, Carlos Vives, Silvestre Dangond, Diego Torres, Santiago Cruz, Paulina Rubio, Ricardo Montaner, Juan Luis Guerra – y toda la crema y nata de la música popular venezolana, mientras que el concierto que Maduro mandó a armar al otro lado del puente, titulado “Hands Off Venezuela” no tiene ni artistas conocidos ni público.

Pero los jóvenes venezolanos cruzaron la frontera no solo por el concierto, sino para acompañar y proteger al inmenso convoy de ayuda humanitaria que saldrá e sábado para Venezuela. Desde muchos países latinoamericanos, europeos y norteamericanos han llegado a Cúcuta contenedores con cientos de toneladas de medicina y comida. También en puntos fronterizos de Brasil y en puertos de algunas islas caribeñas hay contenedores esperando su entrada a Venezuela.

Maduro no quiere que la ayuda humanitaria internacional entre a su país y ha dado órdenes a la cúpula militar de detenerla. Con esto Maduro ha puesto a los miembros de sus Fuerzas Armadas en una situación donde tendrán que tomar una decisión: cometer el delito imperdonable de privar a las familias venezolanas de la tan necesitada ayuda humanitaria – o romper la lealtad a un gobierno ilegítimo, represivo y corrupto.

Nadie sabe de antemano qué van a hacer los militares venezolanos ante esta disyuntiva. Pero los docenas de miles de personas reunidas en Cúcuta, y otros más del otro lado de la frontera, incluyendo casi todos los diputados de la Asamblea Nacional, están decididos a acompañar y defender los convoyes.

Posiblemente hoy, en el Puente Internacional Tienditas sobre el rio Táchira (y en otros puntos fronterizos o puertos) se va a decidir el futuro de Venezuela. Maduro tiene dos opciones, y ambas lo acercarán aun más al fin de su régimen: Si da la orden de reprimir con violencia militar a los convoyes y sus acompañantes (diputados, Juan Guiadó, comunidad internacional, masas de jóvenes venezolanos), corre el riesgo de perder el control de las tropas y/o se expone al mundo como genocida; si deja pasar la ayuda, se consolida el poder moral y político del presidente interino Juan Guaidó, quien en la tarde de viernes se hizo presente en Cúcuta para saludar a los 150 mil asistentes al concierto – y para ponerse a la cabeza del traslado de la ayuda humanitaria.

No hay manera que Maduro salga bien de esta disyuntiva. ¿Y la oposición? Cada opositor (sea diputado o ciudadano) que hoy salga para defender los convoyes humanitarios pone en peligro su libertad e incluso su vida. Pero no hay forma que no salga triunfante el movimiento de restablecer la democracia en Venezuela de esta confrontación.

Espero, de todo corazón, que este sea el jaque mate a Maduro. Saludos,

Debate sobre la CICIES: La manzana podrida y la salud del resto. De Carlos Ponce

Urge que la sociedad (partidos, academia, organizaciones civiles, gremios, medios) discuta el concepto y los pros y contras de una CICIES. El gobierno entrante ha puesto este tema en la agenda del día, como una de sus prioridades – aunque la idea de instalar en El Salvador una comisión internacional que ayude a investigar la corrupcn y as prevenir la impunidad viene de mucho antes y surgió de la Sociedad Civil.
¿Qué competencias puede tener una CICIES sin violar normas constitucionales? ¿Cómo evitar que se vuelva instrumento de lucha política en manos del Ejecutivo? ¿Cómo sería la relación entre Fiscalía General de la República y CICIES?
Todos estos termas (y otros) tienen que abordarse, aclararse y concertarse, antes de que se pueda pensar en instalar una CICIES.
Vamos a acumular en este blog todas las aportaciones racionaes a este debate necesario.

Segunda Vuelta

13 febrero 2018 / EL DIARIO DE HOY

La confianza con la que la ciudadanía ve al gobierno se la tienen que ganar los funcionarios. Es algo que simplemente no se puede autoproclamar o exigir. Los ciudadanos confían en el gobierno según perciben las acciones y posturas que adopta el Ejecutivo a través de su gabinete. Si se perciben como objetivas, íntegras, justas, transparentes y rectas, la gente confía en ellos y en el gobierno. Cuando los funcionarios dan señales de ser parcializados, injustos, incorrectos, turbios, interesados o falsos, la ciudadanía no confía en el gobierno y hasta pone en duda la legitimidad de la autoridad conferida al Estado.

La desconfianza es contagiosa. Basta con tener un funcionario en el que la gente no confíe para que se generalice a todo el gobierno. Una manzana podrida no es vista como prueba de que el resto, que se ven sanas, realmente lo están, sino como síntoma de que todas, a pesar de verse frescas y saludables, secretamente están igual de arruinadas. Esta contaminación es una de las principales razones por las que los candidatos de ARENA y el FMLN obtuvieron tan malos resultados en las pasadas elecciones.

La CICIES, uno de los proyectos con que Nayib Bukele promocionó su campaña, así como está planteada hasta este momento, tiene el potencial de convertirse en una perfecta ilustración de la analogía de la manzana podrida. Hay varios detalles que le restan objetividad, integridad, transparencia y rectitud a la principal apuesta en la lucha contra la corrupción del nuevo gobierno. Es sumamente importante prestar atención a estos detalles si la intención es genuina.

El más importante tiene que ver con quién controlará el proyecto. Según lo han dado a entender, el Ejecutivo pretende tener control absoluto, designando como encargado a Félix Ulloa, vicepresidente electo. Ambas decisiones restan confianza al proyecto. La nueva entidad dependería del sistema al que pretenderá vigilar e investigar. Eso sería repetir el error que se cometió al subordinar la Inspectoría de la PNC al director general, sabiendo cómo esto la debilitó, solo que las consecuencias serían mucho más graves. Mantener el mando del ente contralor se interpreta como que se continuará con la práctica de aparentar luchar contra la corrupción seleccionando objetivos simbólicos a quién meter presos, mientras, a escondidas, se crea su propia red de corruptos.

La mejor forma de implementar este proyecto es que el mismo Bukele predique con el ejemplo, sometiéndose él y a sus funcionarios al escrutinio de la nueva entidad. Esto es imposible si mantiene el control del proyecto. Las actuaciones del actual secretario de Transparencia y Anticorrupción, Marcos Rodríguez, son un vivo ejemplo de que mantener al contralor bajo el mando del controlado es una receta para garantizar la impunidad de los funcionarios en el poder, atacar a los adversarios políticos y erosionar la confianza ciudadana.

Esta iniciativa generará confianza para el resto del gobierno en la medida en que: 1) funcione de forma independiente, sin estar subordinada al ejecutivo o a las influencias partidarias; 2) la persona que esté al frente del proyecto debe ser alguien que goce del respeto y reconocimiento de todos los sectores; 3) no usurpe las funciones de la FGR sino que las complemente y monitoree. Estas tres cosas requieren un replanteamiento del diseño del proyecto y exigen un mecanismo para que la persona encargada no sea nombrada de dedo, sino que su designación sea el resultado de un amplio consenso que no esté sujeto a las influencias partidarias. Si se pretende implementar como se ha descrito, la ciudadanía perderá la confianza, primero en el proyecto y progresivamente en el nuevo gobierno.

@_carlos_ponce