Sin categoría

Sangre derramada. De Mario Vargas Llosa

MARIO VARGAS LLOSA

Mario Vargas Llosa, premio nobel de literatura

Mario Vargas Llosa, 20 agosto 2017 / EL PAIS

El terrorismo fascinó siempre a Albert Camus y, además de una obra de teatro sobre el tema, dedicó buen número de páginas de su ensayo sobre el absurdo, El mito de Sísifo, a reflexionar sobre esa insensata costumbre de los seres humanos de creer que asesinando a los adversarios políticos o religiosos se resuelven los problemas. La verdad es que salvo casos excepcionales en que el exterminio de un sátrapa atenuó o puso fin a un régimen despótico –los dedos de una mano sobran para contarlos- esos crímenes suelen empeorar las cosas que quieren mejorar, multiplicando las represiones, persecuciones y abusos. Pero es verdad que, en algunos rarísimos casos, como el de los narodniki rusos citados por Camus, que pagaban con su vida la muerte del que mataban por “la causa”, había, en algunos de los terroristas que se sacrificaban atentando contra un verdugo o un explotador, cierta grandeza moral.

el paisNo es el caso, ciertamente, de quienes, como acaba de ocurrir en Cambrils y en las Ramblas de Barcelona, embisten en el volante de una camioneta contra indefensos transeúntes –niños, ancianos, mendigos, jóvenes, turistas, vecinos- tratando de arrollar, herir y mutilar al mayor número de personas. ¿Qué quieren conseguir, demostrar, con semejantes operaciones de salvajismo puro, de inaudita crueldad, como hacer estallar una bomba en un concierto, un café o una sala de baile? Las víctimas suelen ser, en la mayoría de los casos, gentes del común, muchas de ellas con afanes económicos, problemas familiares, tragedias, o jóvenes desocupados, angustiados por un porvenir incierto en este mundo en que conseguir un puesto de trabajo se ha convertido en un privilegio. ¿Se trata de demostrar el desprecio que les merece una cultura que, desde su punto de vista, está moralmente envilecida porque es obscena, sensual y corrompe a las mujeres otorgándoles los mismos derechos que a los hombres? Pero esto no tiene sentido, porque la verdad es que el podrido Occidente atrae como la miel a las moscas a millones de musulmanes que están dispuestos a morir ahogados con tal de introducirse en este supuesto infierno.

1503153835_678637_1503153913_noticia_normal_recorte1Tampoco parece muy convincente que los terroristas del Estado islámico o Al-Qaeda sean hombres desesperados por la marginación y la discriminación que padecen en las ciudades europeas. Lo cierto es que buen número de los terroristas han nacido en ellas y recibido allí su educación, y se han integrado más o menos en las sociedades en las que sus padres o abuelos eligieron vivir. Su frustración no puede ser peor que la de los millones de hombres y mujeres que todavía viven en la pobreza (algunos en la miseria) y no se dedican por ello a despanzurrar a sus prójimos.

La explicación está pura y simplemente en el fanatismo, aquella forma de ceguera ideológica y depravación moral que ha hecho correr tanta sangre e injusticia a lo largo de la historia. Es verdad que ninguna religión ni ideología extremista se ha librado de esa forma extrema de obcecación que hace creer a ciertas personas que tienen derecho a matar a sus semejantes para imponerles sus propias costumbres, creencias y convicciones.

El terrorismo islamista es hoy día el peor enemigo de la civilización. Está detrás de los peores crímenes de los últimos años en Europa, esos que se cometen a ciegas, sin blancos específicos, a bulto, en los que se trata de herir y matar no a personas concretas sino al mayor número de gentes anónimas, pues, para aquella obnubilada y perversa mentalidad, todos los que no son los míos –esa pequeña tribu en la que me siento seguro y solidario- son culpables y deben ser aniquilados.

Para mí las Ramblas son un lugar mítico,
la ciudad empezó a liberarse antes que el resto de España

Nunca van a ganar la guerra que han declarado, por supuesto. La misma ceguera mental que delatan en sus actos los condena a ser una minoría que poco a poco –como todos los terrorismos de la historia- irá siendo derrotada por la civilización con la que quieren acabar. Pero desde luego que pueden hacer mucho daño todavía y que seguirán muriendo inocentes en toda Europa como los catorce cadáveres (y los ciento veinte heridos) de las Ramblas de Barcelona y sembrando el horror y la desesperación en incontables familias.

Acaso el peligro mayor de esos crímenes monstruosos sea que lo mejor que tiene Occidente –su democracia, su libertad, su legalidad, la igualdad de derechos para hombres y mujeres, su respeto por las minorías religiosas, políticas y sexuales- se vea de pronto empobrecido en el combate contra este enemigo sinuoso e innoble, que no da la cara, que está enquistado en la sociedad y, por supuesto, alimenta los prejuicios sociales, religiosos y raciales de todos, y lleva a los gobiernos democráticos, empujados por el miedo y la cólera que los presiona, a hacer concesiones cada vez más amplias en los derechos humanos en busca de la eficacia. En América Latina ha ocurrido; la fiebre revolucionaria de los años sesenta y setenta fortaleció (y a veces creó) a las dictaduras militares, y, en vez de traer el paraíso a la tierra, parió al comandante Chávez y al socialismo del siglo XXI en la Venezuela de la muerte lenta de nuestros días.

Para mí, las Ramblas de Barcelona son un lugar mítico. En los cinco años que viví en esa querida ciudad, dos o tres veces por semana íbamos a pasear por ellas, a comprar Le Monde y libros prohibidos en sus quioscos abiertos hasta después de la medianoche, y, por ejemplo, los hermanos Goytisolo conocían mejor que nadie los secretos escabrosos del barrio chino, que estaba a sus orillas, y Jaime Gil de Biedma, luego de cenar en el Amaya, siempre conseguía escabullirse y desaparecer en alguno de esos callejones sombríos. Pero, acaso, el mejor conocedor del mundo de las Ramblas barcelonesas era un madrileño que caía por esa ciudad con puntualidad astral: Juan García Hortelano, una de las personas más buenas que he conocido. Él me llevó una noche a ver en una vitrina que sólo se encendía al oscurecer una truculenta colección de preservativos con crestas de gallo, birretes académicos y tiaras pontificias. El más pintoresco de todos era Carlos Barral, editor, poeta y estilista, que, revolando su capa negra, su bastón medieval y con su eterno cigarrillo en los labios, recitaba a gritos, después de unos gins, al poeta Bocángel. Esos años eran los de las últimas boqueadas de la dictadura franquista. Barcelona comenzó a liberarse de la censura y del régimen antes que el resto de España. Esa era la sensación que teníamos paseando por las Ramblas, que ya eso era Europa, porque allí reinaba la libertad de palabra, y también de obra, pues todos los amigos que estaban allí actuaban, hablaban y escribían como si ya España fuera un país libre y abierto, donde todas las lenguas y culturas estaban representadas en la disímil fauna que poblaba ese paseo por el que, a medida que uno bajaba, se olía (y a veces hasta se oía) la presencia del mar. Allí soñábamos: la liberación era inminente y la cultura sería la gran protagonista de la España nueva que estaba ya asomando en Barcelona.

¿Era precisamente ese símbolo el que los terroristas islámicos querían destruir derramando la sangre de esas decenas de inocentes al que aquella furgoneta apocalíptica –la nueva moda- fue dejando regados en las Ramblas? ¿Ese rincón de modernidad y libertad, de fraterna coexistencia de todas las razas, idiomas, creencias y costumbres, ese espacio donde nadie es extranjero porque todos lo son y donde los quioscos, cafés, tiendas, mercados y antros diversos tienen las mercancías y servicios para todos los gustos del mundo? Por supuesto que no lo conseguirán. La matanza de los inocentes será una poda y las viejas Ramblas seguirán imantando a la misma variopinta humanidad, como antaño y como hoy, cuando el aquelarre terrorista sea apenas una borrosa memoria de los viejos y las nuevas generaciones se pregunten de qué hablan, qué y cómo fue aquello.

La tragedia y la esperanza. De Alberto Barrera Tyszka

636387010399075568w-e1503215856257

Alberto-Barrera-Tyszka-640

ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, ESCRITOR Y COLUMNISTA VENEZOLANO

Alberto Barrera Tyszka, 20 agosto 2017/ PRODAVINCI

Enfrentar a unos políticos cínicos e inescrupulosos es tan difícil y arriesgado como oponerse a un comando de la Guardia Nacional en cualquier manifestación. Eso que llamamos resistencia no es una acción que solo puede darse en la calle, con escudos y con máscaras antigás. A veces, el poder de la mentira es tan aterrador como las balas. También producen muerte. Y desaliento, impotencia, rabia, desolación. Y frente a la violencia institucional que ejercen los poderosos es mucho más complicado resistir: ¿cómo combatir una farsa solemnemente estructurada?, ¿cómo pelear contra un engaño convertido en sistema, formalizado, distribuido sin pudor por todos los medios? Cuando Delcy Rodríguez mira hacia la cámara, altiva, soberbia, como si en realidad hubiera prodavinciganado una elección democrática; cuando desdobla una sonrisa sardónica y habla desde la arrogancia de los oligarcas, cuando se dirige a los diputados electos por el pueblo (que no cobran desde hace un año y han sido despojados de toda posibilidad de acción) y les dice que el parlamento no ha sido disuelto y que ellos deben seguir trabajando… ¿Qué se puede hacer? ¿Qué se puede hacer cuando Delcy Rodríguez se transforma en una bomba lacrimógena?

Chávez sabía mentir. Y, generalmente, lo hacía bien. Sus herederos conocen el método, tratan de seguirlo, pero son mucho más torpes, más evidentes. Les sale fácil lo fácil: la sorna, la burla, la ironía, el descaro. Pero son incapaces de convocar una esperanza, de comunicar con un mínimo de emoción algo que aunque sea parezca una verdad. Son demasiado obvios. En muy pocos días, sin ayuda de nadie, ellos solitos le han confirmado al país y al mundo que todo lo que prometieron con respecto a la Constituyente era una fantasía infantil, que lo único que realmente les interesa es terminar de apagar la democracia, que la Constituyente sólo sirve para tratar de legitimar la dictadura en Venezuela.

Desde que se instaló este nuevo “milagro”, según pregonaban los altos dirigentes del gobierno, ¿qué ha pasado?, ¿a qué se han dedicado los supuestos nuevos representantes del también supuesto poder popular originario? El espectáculo ha sido grotesco, patético. Desde Tibisay Lucena hasta Tarek Williams Saab, pasando por ese detalle que es Nicolasito, el Sin Par de Miraflores.

¿Para qué necesita el país una nueva Constitución? Para suspender, sustituir y perseguir a una Fiscal incómoda, con demasiada información sobre la millonaria corrupción del gobierno. ¿Para qué necesitan los pobres de Venezuela una nueva Constitución? Para dejarlos sin candidatos por quien votar. Para inhabilitar y encarcelar a líderes de la oposición que puedan ganarle al oficialismo en futuras elecciones. ¿Para qué requiere nuestra sociedad un cambio en la Carta Magna? Para adelantar las elecciones que antes el mismo Consejo Nacional Electoral había retrasado de todas las maneras posibles. ¿Por qué necesitábamos con tanta premura esta Asamblea Constituyente? Porque el país precisa con urgencia una Comisión de la Verdad que premie la represión oficial y someta al país a un régimen de censura y control.

Desde que empezó la ANC, ¿cuántos niños han muerto por desnutrición en Venezuela? ¿Acaso algún funcionario del gobierno ha hablado de esto?

A Hugo Chávez siempre le encantó la contra ofensiva. Lo repitió en varias oportunidades. Es algo que forma parte de la lógica de la guerra con la que Chávez, lamentablemente, envenenó la política nacional. Soportaba los ataques, asumiendo que eran movimientos enemigos, para luego en una aparente jugada defensiva terminar agrediendo, conquistando más posiciones de poder. Así como actuó el oficialismo en el paro petrolero, así también actuó ahora en estos meses de protestas de 2017. Esperaron sin importar la cantidad de muertos, sabiendo que al final podrían cobrarle toda esa sangre al adversario. Es lo que están haciendo ahora. Es el momento de la contra ofensiva. La oportunidad para profundizar eso que ellos llaman pomposamente “la revolución”.

La estrategia implica una frialdad abrumadora. Una distancia criminal con la vida de los ciudadanos. Y una apuesta delirante por la farsa. Por hacer de la mentira una definición de gobierno, una forma de vida. De manera instantánea, el nuevo Fiscal descubrió que la Fiscal General de la República es corrupta, racista, conspiradora violenta y promotora de una invasión gringa. De manera instantánea, el CNE destrabó todas las dificultas y problemas que interpuso para impedir el referendo y las elecciones y, de pronto, convocó un proceso exprés para el próximo mes de octubre. De manera instantánea… ¿Cómo desactivar un fraude que tiene como cómplices al gobierno, las instituciones y la Fuerza Armada Nacional?

La sociedad democrática venezolana, con sus debilidades y heterogeneidad, lleva años tratando de responder a esa pregunta. No es nada fácil. Es muy desalentador lo que nos pasa como país. Después de cada dos décadas y una bonanza petrolera estamos peor que antes, en todos los sentidos. Nuestra pobreza es trágica. Y gracias a ella, muchos de los funcionarios del “gobierno de los pobres” se han hecho millonarios. Es trágico un país donde los hijos de una víctima de la violencia del Estado sean ahora quienes legitimen esa misma violencia del Estado. Es trágico un país donde la miseria crece, los hospitales no funcionan, los cuerpos de seguridad masacran a inocentes, hay ciudadanos desaparecidos y estudiantes presos por protestar. Es trágico que todo esto, además, se haga a nombre de la libertad y de la justicia.

En este escenario, ¿el tema de la participación en las elecciones regionales puede ser tratado como un dilema moral? No estamos ante una disyuntiva ética, no debatimos entre opciones más o menos virtuosas, más o menos valientes, más o menos honestas. La dirigencia política, si quiere seguir haciendo política, no tiene otra posibilidad. Está obligada a mantenerse unida y a dar la pelea en todos los espacios que puedan. Aguantar la contra ofensiva no es sencillo. El gobierno solo quiere contaminarnos con una enorme sensación de derrota. Ese es el primer objetivo de la Asamblea Nacional Constituyente. Que olvidemos que somos mayoría. Que pensemos que no sirve de nada ser mayoría. Que aceptemos que han ganado y que ya no importa, que no tenemos nada qué hacer.

Pero nosotros no podemos olvidar lo que ellos no olvidan: cada día son menos. Cada día menos gente los quiere, les cree. Dentro y fuera del país. Es una tendencia que no se ha detenido desde hace años. Un indicador que sigue creciendo. En el fondo, el chavismo pelea contra la historia. Actúan así porque saben que están rodeados. Ahora la paranoia es su ideología.

La esperanza también puede ser un recurso natural renovable.

El dilema de las imágenes de la violencia

Dos editores de medios españoles discuten los problemas éticos de publicar o no fotos que demuestran las muertes violentas. Es un dilema que enfrentamos los periodistas en El Salvador todos los días.

Segunda Vuelta

15030837849766

inaki-gil_250x310

Iñaki Gil, director adjunto del periódico El Mundo

Iñaki Gil, 19 agosto 2017 / EL MUNDO

Ésto es una columna de opinión. Y voy a dar la mía. Es lícito publicar fotos terribles de un atentado. Se puede y hasta se debe. Está en el Adn y en la deontología del periodismo. Periodismo es, básicamente, contar lo que pasa. Una fotografía de prensa es un material informativo, no estético. Por ejemplo, la que publicamos ayer en portada. Todo el horror, en una imagen: los cuerpos tendidos sobre las baldosas de Las Ramblas, los policías empuñando sus armas. Era terrible, sí. Pero es que lo que pasó fue terrible: un asesino segó 13 vidas.

el mundoAlgunas acciones humanas son sangrientas, despiadadas, desagradables. El terrorismo, la guerra. ¿Por qué hay que sustraer al lector esa visión? ¿En nombre de qué principios? ¿Quién es el árbitro de lo admisible y del mal gusto? Yo defiendo que más allá de lo establecido por el Código Penal y de la contención para no añadir sufrimiento a las víctimas, no debe de haber límites. Eso sí, cada uno es libre de opinar sobre el trabajo y los criterios de los demás. Los medios, faltaría más, también podemos y debemos estar sujetos a escrutinio público. Si he entendido bien, nos reprochaban afán de lucro o notoriedad. Peor aún, falta de respeto a las víctimas.

Según este sarpullido de escrúpulos, los soldados que liberaron el campo de exterminio de Buchenwald, donde fueron asesinados 56.000 personas, no deberían haber difundido las escalofriantes imágenes. Y, menos, obligar a los vecinos de la cercana Weimar a contemplar las pilas de cadáveres. Menos mal que no había Twitter y se pudo dar testimonio de la barbarie. Según la moralina del momento, una de las fotos emblemáticas de la Guerra de Vietnam nunca debió publicarse. Pero Nick Ut documentó todo el dolor en aquella niña del napalm que huye gritando por la carretera. Facebook la habría censurado, es una menor y está desnuda. Por cierto, el reportero la llevó a un hospital donde sólo aceptaron atenderla cuando mostró su acreditación de prensa. Le salvó la vida y siguen siendo amigos 45 años después.

Nos acusan de exhibicionismo pero yo sostengo que la difusión en ‘Elmundo.es’ del vídeo que muestra cómo fue abatido el quinto terrorista de Cambrils es relevante. Y por lo tanto, periodísticamente pertinente. Para que cada cual forme su opinión.

Y los gatitos, a su rincón.

– – – – – – – – – –

Con perdón, tengo dudas.
De Fernando Mas

ramblas-opi-1440x808

fmparadiso-180x180

FERNANDO MAS, DIRECTOR ADJUNTO DE EL INDEPENDIENTE

Fernando Mas, 19 agosto 2017 / EL INDEPENDIENTE

Escribo sin ánimo de convencer. Escribo para aclararme, que cuantos más años sumo, más dudo. Lo hago con el ánimo inquieto, porque a los hijos de puta que decidimos publicar fotos de muertos en un atentado estas cosas nos afectan. Los muertos.

El jueves llegaron a las redacciones de todos los medios de comunicación vídeos del atentado en Barcelona. Material gráfico que, con una crudeza extrema, mostraba lo ocurrido.

En El Independiente estábamos preparando una pieza sin ese tipo de imágenes, pero decidimos añadir dos secuencias muy crudas. Consideramos que no había que ocultar las consecuencias del terror. Dudé. Dudé tanto que sigo dudando. Continuó la reflexión. Retiramos las imágenes. No sé si fue la decisión correcta.

  1. Correcto o no, hubo un proceso de reflexión en la redacción.
  2. Correcto o no, retiramos los vídeos.
  3. Correcto o no, elaboramos un vídeo propio en el que incluimos imágenes de víctimas, pero evitando la crudeza que (reflexionemos) todos vimos.

Lo que quiero decir es que las decisiones pueden ser acertadas o no, pero no son producto de la improvisación.

Más tarde llegó una foto de la Agencia Efe que, a mi juicio, informaba de lo ocurrido. En ese caso, perdón, no dudé. Pixelamos a todas las personas que había en ella. La publicamos.

Screen Shot 2017-08-19 at 11.03.06 AM.pngSe nos ha insultado -como a otros medios- en las redes sociales, se nos ha llamado sinvergüenzas y algunas cosas más. Es evidente que nuestro trabajo está sometido a escrutinio público como cualquier otro. Faltaría más. En cuanto a las redes sociales, siento decir que ni marcan ni marcarán lo que debemos hacer.

Publicamos la foto porque era una foto informativa. Punto. Lo es. Punto. (Sí, demasiada categórica la frase para uno que duda).

DHd7cp7W0AArlqH

Pero escribo porque pasado el tiempo no cesan las críticas, cuando no las magistrales clases de periodismo. [Muchas de ellas de profesionales que nunca jamás han ido más allá de la esquina a ver si llueve].

Esa foto (u otras igual de explícitas) se han publicado en portada de periódicos de España, Alemania, Reino Unido, Estados Unidos, Chile, Argentina, Francia, Brasil… En medio mundo. ¿Todos se equivocan? ¿Se equivocan prestigiosos medios como The Times, The Guardian , The New York Times, Le Monde, Corriere della Sera, El Mercurio…? Creo que no. Parece, por tanto, que existe un criterio compartido: hay que enseñar el horror.

¿Límites? Claro. Los vídeos que publicamos durante media hora violentaron lo que debe ser la información. Pero es mi criterio y no juzgaré a quien decida emitirlos.

No sé si ustedes han visto muertos. Muertos en una tragedia, digo. No he estado en guerras, pero los he visto. La primera vez tenía 23 años. Hubo un accidente de autobús a la altura de Puerta de Hierro (salida de Madrid hacia La Coruña) y más de una decena de muertos. Me enviaron desde la redacción de El Mundo. A reportear. Eso hice. Volví al periódico y trabajé. Creo que fueron cinco o seis páginas de información. Las fotos, recuerdo, eran de Fernando Múgica. Duras. Cuando llegué a casa, vomité. Vi muertos entre el lodo tras una riada en Badajoz. He visto mujeres con Síndrome de Down prostituidas en las calles de Madrid y yonkis caminar como muertos en las calles de barro de Las Barranquillas. Todo eso y mucho más existe. Es la vida.

No, los medios no publicamos determinadas fotos por placer, por negocio; tampoco vamos a determinados lugares por morbo. Es nuestro trabajo.

Screen Shot 2017-08-19 at 11.02.02 AM.png

Dudo. ¿Por qué sí se puede dar la imagen de niños refugiados muertos y no las del atentado de Barcelona? ¿Por qué las de cadáveres acumulados en pateras y no las del atentado de Barcelona? ¿Por qué unas son un icono que sacude conciencias y otras son “una vergüenza”? Sí, soy así.

He leído en Twitter tantas sentencias que estoy perplejo. La gente no duda. La gente defiende sin pudor que la imagen de un niño en una playa sacude la conciencia, pero que las de un atentado son morbo y que si no entiendes la diferencia eres, sencillamente, un tarado. De acuerdo, soy un tarado.

Una última reflexión apurada. Disculpen. Identifico a la derecha más reaccionaria con una alcaldesa que tuvo Madrid. En ocasiones se le ocurrían cosas como limpiar las calles de pobres y putas. Para que no se vieran. Si no lo ves, no existe. Si no lo ves, no sientes. Tengamos la fiesta en paz y retíreme a esos pobres del portal, por favor.

Me repugna tanto eso como los que confunden -esa misma señora es el paradigma- la caridad y la solidaridad.

Gracias a todos los que estos días nos han explicado lo que hay que hacer en este oficio. Enhorabuena a los que no dudaron y decidieron no dar fotos –aunque en un claro autoengaño reprodujeron las portadas llenas de muertos de los medios impresos de medio mundo- de la carnicería de Barcelona. Gracias a todos los que han lanzado campañas contra El Independiente y otros medios por haber tomado una decisión. Me han hecho pensar. Sigo en ello.

Quizá nos equivocamos. O no.

 

Carta a Mijango: Te quieren acabar. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 19 agosto 2017 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Mi amigo Raul:
Te quieren acabar. Muerte civil. Muerte penal. Y hasta la muerte física. Tiran para matar, desde la Fiscalía General de la República, desde los medios, analistas y expertos de Seguridad (no importa cuánto hayan fracasado con sus propuestas y políticas).

Destruyéndote a vos quieren erradicar del imaginario nacional, de una vez por todas, la idea del diálogo y de la mediación en el contexto de la política de seguridad, prevención y reinserción. Unos (los del FMLN y el masgobierno) porque les estorba esta idea, porque desde el 2014 apuestan todo a la represión y la solución militar. Otros, porque destruyéndote a vos quieren llevarse de encuentro a Funes y Munguía Payés. Otros, porque quieren legitimar su triste historial de mano dura bajo los gobiernos de ARENA…

EDH logSos el blanco ideal. No pueden enjuiciar a Funes y Munguía Payés, porque no hay delito que les pueden imputar. No pueden enjuiciar a Fabio Colindres, porque es obispo de la Iglesia Católica. No se atreven a enjuiciarme a mi, porque con razón mucha gente sospecharía que quieren callar a la única voz que consistentemente en los medios critica la política de Seguridad del gobierno y la actuación de la Fiscalía.

Te escogieron a vos, porque saben que ningún sector poderoso de la sociedad te va a defender. Ni el FMLN, porque para ellos sos traidor, como cualquiera de izquierda que no se somete a su control. Ni ARENA, porque sos ex guerrillero y crítico de sus políticas.

OEA-Tregua

Raul Mijango (derecha) con el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, monseñor Fabio Colindres y Adam Blackwell, secretario de seguridad multidimensional de la OEA, en el penal de Mariona

Me preguntaron si pongo la mano en el fuego por vos. La respuesta es: sí, porque tengo 30 años de conocerte. Pasamos juntos por la guerra y la construcción de la paz. Sé de qué madera sos hecho. Sé que te ofreciste de mediador, no para ayudar a las pandillas, sino para ayudar al país a encontrar un camino para salir de la terrible matanza que bloquea la democracia, el crecimiento, el bienestar y la fibra social de la nación. Estuve a la par tuya docenas de veces cuando encaraste a los líderes de las pandillas para que cumplieran su palabra de convertirse en parte de la solución del problema de la violencia que ellos mismos (pero no solo ellos) han generado.

Estuve a la par tuya cuando los amenazaste a hacer las gestiones necesarias para que los volvieran a encerrar en Zacatraz y boten la llave si usaban violencia para chantajear al gobierno y la sociedad.

Me consta que vos nunca has sido cómplice de los pandilleros, ni para meterles teléfonos a los penales (acusación absurda, porque ahí han tenido teléfonos antes, durante y después de la tregua, simplemente por que el sistema penitenciario es corrupto), ni para extorsionar empresas, como ahora te acusa la Fiscalía en un nuevo juicio. Te acusan de extorsión en un caso donde trataste de mediar entre una empresa y las pandillas para evitar que atentaran contra los empleados. Qué manera de agradecer a un mediador.

Ambos casos están basados exclusivamente en el testimonio de “Nalo”, el cabecilla de la pandilla 18-Revolucionarios que vendió su alma a la Fiscalía a cambio de que le otorgaran inmunidad en casos de asesinatos, robos, extorsiones, tráfico de drogas y de armas.

La figura del testigo criteriado fue creada para que delincuentes de menor escala ayuden a esclarecer delitos mayores a los cometidos por él. La Fiscalía ha pervertido este instrumento legal, dando inmunidad a un asesino y traficante de armas y drogas para que testifique en el caso de la supuesta introducción de ilícitos a los penales. Le salvan de una condena segura de 50 a 60 años para mandarte a vos a la cárcel por 14 años. No solo es mal negocio, es éticamente inaceptable.

Ahora estás grave y hospitalizado y al darte de alta vas a seguir enfermo, pero igual te quieren meter en una bartolina. Te quieren matar.

Pero no estás solo. En este país hay muchos que te vamos a defender y pedir tu libertad y un juicio justo.

Ten fuerza, Raúl. Te lo pide tu amigo

44298-firma-paolo

 

Salvadoreños, ¿atrapados sin salida? De Alberto Arene

El Salvador ya topó, y se aproxima a tocar fondo, por ausencia de un grupo con la visión y características para liderarlo al futuro.

alberto-arene2Alberto Arene, 17 agosto 2017 / LA PRENSA GRAFICA

A veces pareciera que pretendemos vivir en la normalidad o más bien que nos hacemos los locos para poder sobrevivir y no volvernos locos… El Salvador lidera las tasas de homicidios en el mundo, el menor crecimiento y mayor endeudamiento de Latinoamérica y el mayor deterioro y vulnerabilidad ambiental, y –como si lo anterior no fuera suficiente– ya comenzó a revertirse nuestra válvula histórica de escape, las migraciones que llevaron al éxodo a un tercio de nuestra población, regresando miles de compatriotas de Estados Unidos, lo que reducirá progresivamente la remesas familiares que en el último cuarto de siglo nos dieron de vivir. El Salvador ya topó, y se aproxima a tocar fondo, por ausencia de un grupo con la visión y características para liderarlo al futuro.

LPGPero estas calamidades por grandes que sean no son las que nos tienen atrapados sin salida, sino la ausencia de un liderazgo y proyecto a la altura de los desafíos que enfrentamos. Solo veamos las características, intereses y talantes de buena parte de quienes nos gobiernan frente a las dimensiones de la tragedia que confrontamos.

Para los más estudiosos de la realidad salvadoreña a nivel nacional e internacional, El Salvador enfrenta una crisis de grandes dimensiones, y confronta un enorme desafío de viabilidad y futuro. Pero los salvadoreños pareciéramos tener dosis considerables de desprecio por el conocimiento y la comprensión objetiva, racional de los problemas y sus vías de solución. En la entrevista que sostuvimos el domingo pasado en el programa FOCOS con el historiador e intelectual salvadoreño Roberto Turcios, este afirmó que “en lo económico es donde se pone en evidencia la situación límite, insuperable del modo de producción de la posguerra… porque la crisis fiscal no se puede resolver de la manera acostumbrada con soluciones coyunturales. Se requiere un acuerdo de gran alcance. No podemos pensar en el desarrollo con las tasas de crecimiento que tenemos, no podemos pensar en reducir las desigualdades sin reducir la brecha tecnológica con el mundo. E incluso no podemos seguir con la realidad migratoria que hemos tenido. Desde varios lados se nos aparece una situación límite porque el modo de desarrollo ya no da para más”.

Pareciera que los salvadoreños no nos hacemos las grandes preguntas que se formulan las sociedades en tiempos de crisis históricas. Estamos más acostumbrados a preguntas o a comentarios pequeños y puntuales; a ver los problemas como coyunturales, no obstante que todos los de importancia no pueden solucionarse sin transformaciones estructurales; más acostumbrados a pequeñas respuestas a problemas complejos y al enfoque inmediatista del “coyol quebrado coyol comido”, frente a la necesidad de buscar soluciones duraderas en el tiempo; a la parcialidad del pensamiento frente a la necesidad de ver el todo, su integralidad; al enfoque individualista para enfrentar los problemas frente a la necesidad de actuar concertadamente como grupo o sociedad, con el individualismo de cada quien en su changarrito, en su respectivo grupito, caminando en las aguas envenenadas del conflicto y la desconfianza.

Hasta donde yo logro medio ver y comprender, la ausencia de visión y estrategia compartida y organizada para enfrentar la enormidad de los problemas del presente y la inviabilidad del futuro, y la falta de involucramiento sustantivo de la ciudadanía, explicarían por qué estamos atrapados sin salida.

Me inclino a pensar que la gran pregunta que debemos formularnos es: frente a semejante crisis histórica y ausencia de viabilidad y futuro ¿qué podemos hacer? Aquí algunas de las respuestas más comunes: 1. Esperar que termine este gobierno y tratar de contener sus peores decisiones. 2. Ir a elecciones legislativas y municipales el año próximo y a elecciones presidenciales en 2019 para cambiar la correlación de fuerzas y derrotar estratégicamente al enemigo. 3. Abstenernos de votar, o anular el voto. 4. Echarle la culpa al otro, al FMLN o a ARENA, a los comunistas o a la oligarquía y los yanquis. 5. Que nos salven y anexen los Estados Unidos, o que nos integremos a la Alianza Bolivariana de los Pueblos (ALBA) y al socialismo. 6. No hay nada que hacer. 7. Rezarle a Dios que todo lo puede. ¿Qué otra se le ocurre, amigo lector? El problemón es enorme, pero como respuesta salimos con un churrito… Hasta allí nos da, hasta allí “nos escurre”… Además de confrontar serios problemas de viabilidad, ninguna de estas respuestas y “soluciones” nos sacará del problemón que enfrentamos.

Desgraciadamente este es el estado de evolución de una buena parte de la conducción política del país, pero también de una parte de la ciudadanía. La política ha fracasado. Los partidos políticos y la Asamblea Legislativa son los instrumentos y poderes más atrasados de la institucionalidad democrática y el principal obstáculo para el entendimiento y el desarrollo nacional. La solución no es la antipolítica sino el surgimiento de grandes políticos para el entendimiento, el resurgimiento y el desarrollo de El Salvador. Y sobre todo de estadistas, grandes políticos con visión estratégica comprometidos con los intereses nacionales. Hasta ahora hemos dejado por la libre a los políticos. Ha llegado el momento de ocuparnos de ellos, transformando la política que es demasiado importante para dejársela a los políticos. ¿Cómo? Intentaremos responder en la próxima columna.

Adiós a Leonardo Heredia: Radicalmente libre. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 17 agosto 2017 / MAS! y EL DIARIO DE HOY *

Mi suegro preferido:
No sé adónde te fuiste, pero seguramente seguirás jodiendo. Estos últimos días que ya no tenías fuerza (o ganas) ni para putearme, esto ya no era vida para alguien como vos.

Te conocí el 16 de enero del 1992. Abriéndonos paso en la Plaza Barrios, entre miles de desconocidos que se abrazaban para celebrar el fin de la guerra, de repente Daniela se paró y dijo: Te maspresento a mi papá. Andabas bien tipazo, y en este mar de banderas rojas llevabas el pañuelo rojo más como atuendo de caballero que de simpatía con la insurgencia. Dijiste: “Así que vos sos el cabrón con huevos que trajo de regreso a esta muchacha al país…”

A esta altura con Daniela ya teníamos varios años de pareja, y hacía un año que tu hija había regresado del exilio. Daniela me había contando de la leyenda Leonardo, fundador EDH logde radios y maestro de locutores en México, Guatemala, Costa Rica, Panamá y El Salvador, pero hasta este día nos conocimos. Por una simple razón: Hasta este día 16 de enero anduvimos compartimentados, llevando una vida clandestina, sin contacto con amigos y familia.

Este día te llevé a conocer a los compas de la Venceremos que estaban transmitiendo desde una de las torres de Catedral. Y al rato te convertiste en asesor y padrino de la Venceremos, en su transición de radio guerrillera a radio legal y comercial. Circuito entre dos leyendas de la radiodifusión…

Fuiste fue para mi el salvadoreño más auténtico que he conocido. Te moriste de risa de la manera que yo puteaba, tratando de hablar como salvadoreño: “Te voy a enseñar a putiar fino”, me dijiste, “si no nadie te va a respetar en este país.” Y algo aprendí. Para hablar claro y pelado, para que la gente te entienda, ¿qué mejor maestro que Leo?

Navegaste de entre éxito profesional y fracasos, y tus últimos años viviste hombre pobre. ¿Por qué? Hace poco le pregunté. Su respuesta: “Soy demasiado irreverente para que mis éxitos sean sostenidos. Siempre terminé mandando a la mierda a mis jefes y mis socios. Nadie me debe, y no debo nada a ningún hijueputa…”

Y así terminó su vida Leonardo: radicalmente libre. No dependiendo de nadie, ni de su familia. No haciendo caso a nadie, pero también dejando que cada uno de nosotros viviera como le daba la gana. Tus hijas e hijos (no sé si por algún destino genético o por emulación, porque nunca recibieron educación tuya) salieron igual: artistas, creativos, irreverentes, rebeldes… libres. ¿Qué más quiere un padre?

¿Qué te puedo decir que no te hayan dicho todos? Todo un país te reconoce como el padre de la radiodifusión, y muchos como la personificación del galán latino. Para mi sos el hombre que redefinió el concepto de suegro. Y el “hijueputa” honoris causa.

Adiós, Leonardo,

44298-firma-paolo

(Esta es la versión original de la carta a Leonardo. En la versión publicada en MAS!, elsalvador.com, y El Diario de Hoy algunos conceptos considerados “malas palabras” fueron “suavizados”. Para Leonardo, como para mi, no existen malas palabras.
Además, leonardo y yo nunca nos hemos insultado, nos hemos puteado, que es cosa muy diferente.)