FMLN

Carta a los renovadores: No se dejen distraer de populismos. De Paolo Luers

11 abril 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

No es nada nuevo que los partidos tienen que renovarse, principalmente ARENA y FMLN. El error principal (y posiblemente fatal) que pueden cometer es focalizar el debate sobre su renovación en la competencia con Bukele y Nuevas Ideas, tratando de competir con su supuesta “nueva forma de hacer política” – o sea con la demagogia anti política. Lo peor que pude pasar al país es que para las elecciones legislativas del 2021 se desate una carrera entre diferentes formas de populismo. Parece que estamos en este camino, con muchos retomando propuestas o exigencias demagógicas, o incluso tirándole los calzones al presidente electo. Esto es rendición, no renovación.

La necesidad de ARENA y el FMLN de renovarse no surge del hecho que Bukele los haya vencido en la elección presidencial. Este debacle solo fue la factura que pagaron por no atender a tiempo la necesidad de renovación.

Tanto en la izquierda cono en la derecha, la renovación, la democratización y la definición ideológica de los partidos están en discusión desde hace muchos años. En vez de buscar cómo competir contra Bukele en su propio terreno, el populismo, los partidos tienen que retomar el hilo de su propio desarrollo interno y finalmente refundarse con claras definiciones ideológicas. No hay que complicar tanto este asunto. Es mucho más sencillo que parece.

El FMLN tiene que refundarse como partido socialdemócrata, reformista, progresista, con fuerte énfasis en el Estado del Bienestar al modelo de países como Canadá, los países de Escandinavia y Alemania – pero al mismo tiempo rompiendo la barrera ideológica que le ha impedido adoptar la defensa de las libertades y de la institucionalidad republicana.

ARENA tiene que refundarse como partido liberal, republicano, constitucional, con especial énfasis en la defensa de las libertades (no solo económicas, sino también sociales) – pero al mismo tiempo rompiendo la barrera ideológica que le ha impedido adoptar como su propósito histórico la erradicación de la pobreza en El Salvador.

Que en el camino tienen que democratizarse, fomentar nuevos liderazgos, cambiar sus estatutos, el lógico – pero lo más importante será que definan con claridad su proyecto político, su razón de ser.

Si los partidos no logran producir este salto cualitativo, se van a reducir a remanentes de un mapa ideológico desfasado – y otros partidos o movimientos nuevos tomarán su espacio para representar una derecha liberal y una izquierda reformista.

No tienen que reinventar la rueda. Retomen los debates de ruptura dentro del FMLN (ERP/RN; Renovadores; FDR), y las discusiones en ARENA luego de perder el poder en 2009 (incluyendo el documento que en el 2010 surgió para renovar el ideario de ARENA). Olvídense de Nuevas Ideas y definan, bajo su propia lógica, su identidad política. Si lo logran, todos ganamos. En un país con un partido liberal fuerte y uno socialdemócrata consolidado, no cabrá una tienda de variedades populistas como Nuevas Ideas.

Saludos,

La legitimidad de ARENA. De Manuel Hinds

22 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

La legitimidad es dinámica. Se puede tener pero luego perder o aumentar en las siguientes elecciones. Esta fluidez aumenta cuando las circunstancias están cambiando, como en este momento. En Inglaterra le llaman a la oposición “la leal oposición”. El objeto de la lealtad es el pueblo y es esta lealtad lo que le da la legitimidad a los partidos políticos. Estén en el gobierno o en la oposición, el pueblo espera que estos partidos busquen el beneficio del pueblo. Es esa lealtad la que los hace elegibles para el poder.

En El Salvador, uno de los factores más importantes en los resultados electorales del 3 de febrero fue precisamente la percepción de la ciudadanía de que los dos partidos que dominaron la política del país en los últimos treinta años se habían concentrado en atacarse el uno al otro, olvidando esta lealtad. El malestar de la población, que no se sentía representada en estas grescas, se manifestaba en la baja participación en las elecciones.

Por años varios columnistas advertimos que si los dos partidos se concentraban en estas luchas sin sentido iban a abrir el espacio para que, como sucedió en Venezuela, en Ecuador y en Perú, surgiera una tercera fuerza a desalojar a los que se consideraban indispensables. Pero los dos partidos principales pensaban que la población no tendría otra alternativa que votar por cualquiera de ellos dos, porque formar una tercera fuerza era imposible. En realidad, a través de la historia moderna del país, nadie diferente a ARENA y el FMLN había logrado competir en esta lucha en la que estaban enzarzados estos partidos. Hasta 2019.

La derrotas catastrófica del FMLN y la incapacidad estructural que este partido tiene para evaluarse a sí mismo y renovarse —evidente en el hecho de que sus dirigentes siguen siendo los que eran durante la guerra hace treinta años, y en la rigidez de su ideología— da pie para pensar que ese partido está en decadencia terminal y que va a ser sustituido eventualmente por otro partido, ahora de izquierda moderada.

Pero ARENA sigue siendo una fuerza importante, con poder en términos de la Asamblea y de las municipalidades que ganó hace apenas un año, y con posibilidad de mantener y aumentar este poder. Pero para poder lograrlo, ARENA tiene que aprender a fondo las lecciones que el 3 de febrero le dejó. La primera y principal es que los pleitos internos son terriblemente destructivos, para el partido mismo y para la percepción que la gente tiene de él. La gente ve los pleitos internos, las zancadillas, los boicots mutuos y concluye que son síntomas que evidencian que los líderes que se disputan el poder de esas formas tan descarnadas están solo interesados en sus propias ambiciones personales y que el partido y el pueblo no les importan. Los que llegan al extremo de preferir que su propio partido pierda con tal de que un rival no gane demuestran que para ellos los ideales del partido no son importantes y que el partido solo es un vehículo para lograr sus ambiciones personales. Esa falta de lealtad con la gente es lo que la ciudadanía vio en el pleito entre ARENA y el FMLN, y este conflicto sin sentido entre los dos lo castigó en las elecciones. Si ARENA misma entra en un pleito interno de gatos por el control del COENA el pueblo volverá a pasar factura. El conflicto actual debe terminar rápidamente y de una manera institucional para que el partido pueda pasar al otro punto importante: su papel en el manejo del país con la nueva administración del Ejecutivo.

Si quiere mantener y aumentar su legitimidad y no seguir el ejemplo del colapso del FMLN, ARENA tiene que jugar un papel positivo en las nuevas circunstancias, demostrando que su lealtad es hacia el pueblo. Debe, primero que nada, defender la institucionalidad del país, que es la única garantía que tenemos para mantener las libertades del pueblo. Segundo, debe proponer y ayudar a implementar las acciones que pueden sacar al país del subdesarrollo en las que más puede ayudar: la inversión en capital humano y la recuperación de la inversión y el crecimiento del empleo. Tercero, no debe oponerse a todo por oponerse, sino cuando sea necesario para cumplir con las dos anteriores. Eso es lo que el pueblo espera de ARENA.

Carta a los miembros del Frente y Arena: ¡Ahora o nunca! De Paolo Luers

7 febrero 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimados militantes:
Sus partidos, ambos, han recibido derrotas muy dolorosas el domingo pasado. El Frente no solamente perdió el gobierno y no solamente se vio reducido a una quinta parte de su electorado, lo doloroso fue recibir esta derrota a manos de una fuerza novata que quiere destruir al Frente para quedarse con el legado de las luchas populares de los años 70 y 80, con la representación de la izquierda y de los pobres del país.

Para los areneros es duro reconocer, luego de dos gobiernos desastrosos del FMLN, que la gente no apostó a la estabilidad y la recuperación económica que ellos ofrecieron, sino que se dejó seducir por la aventura, el berrinche, la confrontación con el sistema, y las promesas de un líder populista.

Era inevitable que ambos partidos entraran en crisis y que sus respectivas cúpulas enfrentaran la ira y el rechazo de sus bases. Tan profunda es la crisis y tan fuerte la ira que las cúpulas de ARENA y el FMLN tuvieron que anunciar procesos adelantados para renovar sus direcciones. Es más, en ambos casos tuvieron que conceder que ninguno de sus miembros se podrá postular para la reelección. Serán relevos absolutos.

Pero lo que ambas cúpulas no quieren soltar es el control sobre las estructuras del partido durante el proceso de elección interna. Se niegan a renunciar y a dejar espacio para que una dirección transitoria se haga cargo de organizar el proceso de transición. En ambos partidos, inmediatamente se escucharon las exigencias que sus cúpulas respectivas se apartaran inmediatamente. Resulta que las militancias no confían en una transición controlada por las cúpulas salientes.

Además, en el caso de ARENA, los estatutos solo permiten elecciones internas adelantadas en caso que el COENA renuncie. No permite a un COENA convocar elecciones y quedarse al mando mientras se efectúen.

Para ambos partidos, la renovación de sus cúpulas será una gran oportunidad – y a la vez un desafío peligroso. No tendrá sentido un relevo de personas sin una renovación política-programática y sin un cambio en la forma de organización y dirección interna. Por ejemplo, en el caso de ARENA, se hizo evidente que fue un error fatal tener como COENA a la plancha ganadora, sin tomar en cuenta a los otras que compitieron. ARENA necesita ahora construir un COENA pluralista que represente todas las corrientes existentes dentro del partido. Si ahora vuelven a cometer el mismo error, solamente cambiando el grupo que tomaría el poder total dentro del partido, la división interna se hará explosiva.

El FMLN tiene el mismo problema, pero aún más grave. Hace 18 años, una mayoría del partido decidió prohibir las tendencias políticas internas y a partir de ahí siempre hubo una dirección centralizada, que no dejaba espacio a disidencias, debates, críticas. Incluso abolieron las primarias para designar candidatos y dirigencias. Ahora les toca rehacer el tejido democrático – dentro de una militancia educada en la obediencia. Pero si el Frente no logra enfrentar este desafío, no habrá forma de resistir el intento de Nuevas Ideas de desmantelarlo para quedarse con sus bases.

Ustedes, los miembros de las dos fuerzas que han administrado la transición del país de la guerra a la paz y del autoritarismo a la democracia, hoy tienen la responsabilidad histórica de renovar sus partidos y convertirlos en instrumentos para defender lo construido a partir de los Acuerdos de Paz. Ahora necesitarán quien lo defienda…

Saludos,

La recuperación del Frente. Claves electorales (2). De Salvador Samayoa

Salvador Samayoa, firmante de os Acuerdos de Paz

22 enero 2019 / EL DIARIO DE HOY/Observadores

En 2014, por primera vez en 20 años, se presentó en elecciones presidenciales una alternativa fuerte y un desafío creíble a la hegemonía del FMLN y ARENA. Hasta ese momento, los dos partidos habían obtenido en promedio el 90% de los votos válidos en primera vuelta, dejando a terceros una reducida franja de 10% de la votación. El candidato de “Unidad” fue Antonio Saca, en ese momento un formidable oponente, todavía sin demandas de corrupción, buen político, carismático, de trato agradable y entrador con la gente. Tony era ampliamente conocido en todo el país y apreciado en las clases medias por sus políticas sociales, aunque sus ex correligionarios las tildaran de populistas. Su candidatura generó una expectativa considerable y mucho ruido. Las encuestas vaticinaron apretado triple empate con probable paso de Saca a la segunda vuelta. Al final la coalición liderada por GANA obtuvo el 11.44% de los votos, lejos de los partidos mayoritarios.

Ahora tenemos de nueva cuenta un desafío a los dos grandes partidos, pero esta vez el retador, un político de menos quilates comparado con Saca, se ha mantenido durante varios meses en la primera posición. Además de plasmar esa ventaja, los sondeos de opinión han dejado claro que la suerte de Nayib Bukele está ligada a la suerte del FMLN más que a otros factores de la contienda electoral. En pocas palabras, sin negar que el candidato de GANA pueda pescar alguna trucha en otro estanque, los que afirman que marcarán la bandera golondrina son en gran medida desertores electorales del FMLN. Bukele solo sube si baja el Frente, y solo sube mucho si el Frente baja mucho, a tal grado que para ganar necesita un colapso estrepitoso del Frente a nivel nacional. En otras palabras, solo podría proclamar su victoria parado sobre la tumba del FMLN, como sepulturero de 50 años de lucha popular.

Bukele solo sube si baja el Frente. Para ganar necesita un colapso estrepitoso del Frente a nivel nacional.

Por eso la recuperación del Frente, tanto si ocurre como si no ocurre, es una de las claves más importantes del próximo evento electoral. Desde un punto de vista cuantitativo no sería muy difícil para el Frente alcanzar cotas que lo pusieran en la rampa de entrada a la segunda vuelta. En su peor versión, sumados sus votos en coalición, en marzo del año pasado, tuvo más del doble de votos que el partido de Bukele. Si no recuperara ni un solo voto de los que desertaron en marzo, pero tampoco redujera ese caudal, tomando el padrón de 2019 y suponiendo una participación similar a la primera vuelta de 2014, el FMLN tendría un piso de 20% de los votos válidos en la elección presidencial.

Los números tienen la gracia de ser exactos. Entre marzo de 2014 y marzo de 2018 el FMLN perdió más de 900,000 votos. Si de ellos recupera solo a tres de cada 10, con la misma hipótesis de participación de 55%, tendrá 30% de los votos válidos. Eso es más -tal vez mucho más- de lo que puede dar por seguro un candidato que tiene una ventaja considerable en las encuestas, pero no tiene todavía probada la conversión de sus simpatizantes en masivo voto popular.

Sería, sin embargo, un error hacer cuentas alegres con los números, porque la recuperación de la confianza ha debido enfrentar enormes resistencias, no solo en la base partidaria, sino también en la base social, tan decisiva en una contienda electoral. La estruendosa caída de 2018 tuvo causas bien diversas, algunas superables, otras no. Muchos votos se perdieron por puntuales decisiones gubernamentales, otros por la bancarrota de los programas clientelares. No vienen al caso los punteos exhaustivos, ni los balances que incluyan elementos positivos. Más que uno u otro desatino, lo que tal vez resulte difícil de perdonar es la frustración de la esperanza popular.

En esta dimensión se sitúa el resentimiento y el reclamo de muchos excombatientes y militantes históricos que se sintieron abandonados y enojados por lo que calificaron como arrogancia de funcionarios y dirigentes partidarios. Y en esta dimensión se sitúa la indignación de la gente por la corrupción y la escandalosa ostentación. Quizá la mayor parte de dirigentes del Frente no se enriqueció, pero al final fue devastadora la tibieza de su posición en materia de corrupción, agresiva cuando los corruptos fueron otros, tolerante y hasta cómplice con los propios.

La decepción en ese aspecto fue crucial, pero al votante menos militante, con clara definición de izquierda democrática, que fácilmente puso medio millón de votos en las dos últimas elecciones presidenciales, también le pesó la reiterada complicidad de la vieja guardia del FMLN con los gobernantes autoritarios de Venezuela y Nicaragua, justo en el momento en que más pisotearon las libertades públicas, anularon los mecanismos democráticos, burlaron la voluntad soberana de sus pueblos, asesinaron estudiantes en las calles y desataron la más odiosa represión contra la oposición.

Por todo esto debe renovarse el proyecto político de izquierda en el país. En el ADN de izquierda hay impulsos y agendas que difícilmente asumirán otras corrientes y que son vitales para amplios segmentos de la población. Entre otras la defensa del consumidor, la protección ambiental, la obra pública comunal, el precio de las medicinas, el alza del salario mínimo, la igualdad de género, el derecho laboral y la política social. Que esta última haya estado mal planteada y convertida en ineficiente programa clientelar, o que en otros temas los gobiernos del Frente lo hayan hecho mal, no implica que estas líneas se deban abandonar.

Debe renovarse el proyecto político de izquierda en el país. En el ADN de izquierda hay impulsos y agendas que son vitales para amplios segmentos de la población.

Pero la renovación del instrumento partidario de la izquierda solo ocurrirá desde el entusiasmo y la energía de la recuperación de su base electoral. En ese camino, Bukele no es la solución. Al contrario, para cualquier proyecto de izquierda es su destrucción. Los militantes tienen derecho a no creer en la capacidad de cambio de la actual Dirección, pero tienen a las puertas, tan pronto como el próximo año, una convención estatutaria para cambiar la situación.

A pocos días de los comicios persiste la incertidumbre sobre la recuperación del FMLN y esta es, sin duda, la clave más importante del resultado electoral. Su candidato ha hecho un gran trabajo. Ha exhibido dotes de estadista y mucho potencial. En la organización y en círculos sociales se perciben aires de remontada y una militancia más energizada, pero las encuestas siguen contándole al Frente una historia de terror. Tienen la palabra los votantes, los de izquierda en este caso. Ojalá no vayan de mal a peor.

Vea la primera entrega de la serie Claves Electorales de Salvador Samayoa en este link: El escenario electoral

Carta a la izquierda: ¡Pónganse serios! De Paolo Luers

13 diciembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

El ascenso del nuevo populismo celeste va a costa del FMLN. Muchos que durante toda la posguerra han votado por el Frente, hoy anuncian en encuestas su intención de votar por Nayib Bukele.

¿A qué se debe este fenómeno? No es que estos votantes hayan dejado de sentirse identificados con la izquierda. Pero se sienten frustrados con el partido que representa a la izquierda.

Hablando con ex militantes de FMLN que ahora apuestan a Bukele, uno recibe una respuesta simple: “Bukele y Nuevas Ideas representan la ‘nueva izquierda’, que va a corregir los errores del Frente. Se trata de ‘refundar’ la izquierda.” Ellos no tienen ninguna afinidad con GANA, más bien detestan la cultura de corrupción y chanchullos que representa este partido. El pacto de Bukele con GANA no lo ven como traición, sino como movida táctica, que se va a corregir luego de las elecciones. Tienen fe que Bukele y Nuevas Ideas son la solución a la crisis de la izquierda, la cual muchos de ellos viven como crisis personal.

Digo “fe”, porque apostar a Bukele y Cía. para refundar la izquierda solo puede ser un acto de fe. No está basado en una trayectoria de izquierda de los líderes de Nuevas Ideas. Mucho menos de sus operadores políticos y propagandísticos, que casi todos provienen de la derecha más mafiosa.

Entiendo la frustración con el FMLN y sus actitudes conservadoras y oportunistas.

¿Pero en qué se transforma esta frustración? Lo lógico sería luchar por la renovación del Frente, o por construir una nueva izquierda: moderna, democrática, abierta al debate.

Pero pensar que un demagogo con actitudes de playboy hijo de papi puede salvar la izquierda y convertirse en el heredero de tanta lucha y tantos sacrificios, es absurdo y ofensivo. Este hombre nunca ha sido de izquierda, se metió al Frente por oportunismo, y así salió. Obviamente tiene la habilidad de apropiarse de consignas y banderas históricas de la izquierda, pero esto no lo convierte en luchador social. También un militar golpista y corrupto como Hugo Chávez tuvo esta habilidad – y ya sabemos que el régimen que estableció no tiene nada de izquierda.

El primer requisito para alguien que proclama querer renovar la izquierda, es vocación democrática. La segunda: tener una estrategia para empoderar a la sociedad, sobre todo los sectores marginados. Cosa que es excluyente con empoderase como líder que representa a las masas y las convierte en instrumento para preservar su poder. Bukele no cumple ninguno de estos dos requisitos. Construye un partido a la medida de su líder. Se vanagloria que este partido es un movimiento sin cúpulas. Este ha sido siempre el truco de los movimientos autoritarios, incluyendo los fascistas al estilo de Mussolini, Perón y, otra vez, Hugo Chávez: No quieren gobernar con instituciones, sino mediante la conexión directa entre líder y movimiento. Terminan con un déspota que no rinde cuentas a ninguna instancia, ni del partido ni de Estado, sino directamente “al pueblo”, o sea a todos y a nadie.

Esto es lo contrario a izquierda, porque es contrario a los principios de libertad, democracia y emancipación. Por esto no solo el Frente se distanció (a fin) de Bukele, sino también se desmarcan de él figuras históricas de la izquierda democrática como Rubén Zamora, Salvador Samayoa, Roberto Rubio. Les da pena, igual que a mi, que un oportunista y ególatra pueda tener éxito navegando con banderas usurpadas de izquierda. Les inspira desconfianza, igual que a mi, que Bukele y Ulloa despotrican contra el sistema pluralista construido por los Acuerdos de Paz y hablan de una Constituyente para construir una “Segunda República”. El país necesita estabilidad institucional, no experimentos de anti-política que encubre nuevos autoritarismos.

Compañeros, pónganse serios. Si quieren preservar la izquierda como fuerza relevante, no abandonen al Frente en el momento que al fin comienza a renovarse. Si ya no creen en esta renovación, voten por Calleja para que medio levante el país y dedíquense a construir una nueva izquierda. Si ambas opciones les parecen imposibles, registren su protesta votando por Josué Alvarado, quien es un hombre correcto con gran compromiso social. Pero no caigan en la trampa del nuevo populismo.

Saludos, Paolo Luers  

La extraña agonía del FMLN. De Manuel Hinds

6 diciembre 2018 / EDH-OBSERVADORES

La gráfica 1 muestra los cambios en las preferencias partidarias medidas por las encuestas de LPG Datos desde la primera vuelta de la última elección presidencial hasta el momento. Como puede verse, ARENA no se movió, de modo que el crecimiento de GANA más Nuevas Ideas (25% de los encuestados) se alimentó de una caída del FMLN de 16.0% y de Otros e Inciertos (los que no saben por quién van a votar, o si van a hacerlo, etc.), que cayeron 9.5%.

Pero, como se ve en la gráfica 2, ese 9.5% el FMLN ya lo había perdido al grupo de Otros e Inciertos entre 2009 (el momento máximo del FMLN) y el 2014. De este modo, la coalición de GANA + NI se ha alimentado casi exclusivamente de quitarle los votos que el FMLN había ganado de 2006 a 2009. Esto lo hizo en dos etapas: agarrando votos (9.5%) que el FMLN ya había perdido al grupo de Otros e Inciertos en 2014, y luego quitándole directamente 16% al FMLN en los últimos meses. Así, pues, GANA + NI le está robando el mandado al FMLN y, si tiene éxito, lo estaría reduciendo al 15% de los encuestados, un tamaño mucho más pequeño que GANA + NI y ARENA (cada uno con cerca de 26% de los encuestados). GANA + NI se convertiría en uno de los dos partidos principales y el FMLN se convertiría en un partido menor.

FUENTE: LPG Datos, encuesta publicada el 29 de noviembre de 2018 en las redes. Los datos de 2018 corresponden a noviembre de ese año.

De este modo las dos gráficas muestran una historia muy coherente: la migración de las bases de un partido a otro, efectuada en dos etapas—primero a través de un grupo grande de previos votantes del FMLN que prefiere no votar que votar por el FMLN, y luego un grupo de votantes más duros que se unen a los anteriores para votar por un nuevo partido.

La estrategia de GANA + IN para extraerle los votantes al FMLN es muy clara. Busca convencer a éstos de que GANA + NI es el único que pueden ganarle a ARENA, de tal forma que los que voten por el FMLN están desperdiciando su voto. La cuchilla escondida debajo de este argumento es que mientras más gente se mueva en estas elecciones del FMLN a GANA + NI más se acercaría el FMLN al punto de no regreso—un nivel de votos tan pequeño que lo haría perder no solo una cantidad irrecuperable de los subsidios que da el gobierno a los partidos por voto obtenido sino también su credibilidad como factor de poder. El poder de un partido y de sus partidarios y de sus cúpulas depende de que la gente crea que tienen poder. Eso es lo que atrae a nuevos partidarios y lo que hace que lo otros partidos y el país entero lo tomen en cuenta. Como toda reputación, es más fácil obtener la credibilidad del poder que recuperarla. Una vez que se ha tenido y se ha perdido, no se puede recuperar, ya que la imagen de decadencia permea todas las percepciones. Por esta razón, el FMLN no puede pensar que puede permitirle a GANA + IN que le quite sus votos pero que después los va a recuperar, sea que GANA + NI gane o pierda las elecciones.

FUENTE: LPG Datos, encuesta publicada el 29 de noviembre de 2018 en las redes. Los datos de 2018 corresponden a noviembre de ese año.

El FMLN, que las encuestas dicen no llegará ni al 10% de los votos, pasaría a segunda categoría como partido. No sólo eso. Los votantes mismos, las estructuras y la base dura del FMLN que se pasen a GANA + NI se convertirían en ciudadanos de segunda clase en un partido que ya no sería de ellos.

Que esto esté pasando es bien extraño porque la cúpula y las estructuras del FMLN no están haciendo nada para detener el sangramiento excepto manejar una campaña presidencial que parece de entrada una aceptación de una derrota. Esto equivale a un abandono de sus propias bases, que no terminan de entender la diferencia entre perder unas elecciones y cometer un suicidio como partido. Es más extraño todavía porque ni siquiera hay convergencia ideológica entre el FMLN y GANA + NI, que si existiera podría pensarse que justificaría la negligencia con la que la cúpula del FMLN está dejando abandonado su partido. La transfusión de votantes se está dando de un partido que se definió como de izquierda hacia uno que nunca ha tenido el más mínimo trazo de una ideología y ha sido oportunista sin ambages desde que nació.

La única manera en la que el FMLN puede sobrevivir es mostrando una votación respetable, que indique que lo que está sufriendo no es un colapso total sino una fluctuación de un poder que se mantiene. Si saca sustancialmente menos que el 20% de los votos, el FMLN pasará a segunda categoría, asesinado no por otros partidos políticos, sino por la deserción de sus propios votantes. Quizás algunos se lamenten después de cómo se suicidaron políticamente.


Carta al FMLN y GANA: Todavía hay salida de su dilema, De Paolo Luers

3 noviembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

A los dirigentes, diputados y candidatos del Frente y de GANA:
Pronto tendremos Sala de lo Constitucional. No hay fuerza política que resista tanta presión ciudadana, moral y política. El berrinche de GANA o terminará o les causará un costo político muy alto en tiempos electorales. Ya varios de sus diputados están buscando cómo salir del dilema en el cual su dirección y su candidato presidencial los han metido.

Parece que al FMLN, como si tuviera tendencia suicida, le cuesta corregir su posición. No quiere dar sus votos, algunos por miedo a perder la cara, otros porque prefieren que no haya Sala ni Corte Plena completa, y algunos pocos porque coinciden con la estrategia de desestabilización de GANA y Bukele. Es absurdo, porque el FMLN ya no tiene argumentos para objetar al listado de candidatos a magistrados que fue aprobado mayoritariamente por la Comisión Política de la Asamblea. Aldo Cáder, Sergio Avilés, Marina de Torrento, Carlos Vásquez y Alex Marroquín son profesionales intachables, ampliamente apoyados por la comunidad jurídica y la sociedad civil, y no hay argumento válido para sostener la tesis de que son fichas de la derecha.

Dentro de pocos días serán electos, posiblemente incluso por unanimidad, porque el berrinche y el boicot ya no son sostenibles, ni para GANA ni para el Frente. El que insista en quedar oponiéndose quedará aislado y será castigado en las urnas. Al fin, jugar irracionalmente con la institucionalidad no paga.

Es más, una vez que se rompa el esquema de polarización estéril que ha mantenido al país sin Sala y con Corte Plena incompleta por más de 100 días, la Asamblea debería aprovechar la oportunidad para también elegir a un fiscal general independiente, capaz y valiente. Si esto significa reelegir al actual fiscal o buscar otro, esto debería ser el centro del debate nacional, una vez que estén electos los magistrados. Lo que todos los partidos y sus candidatos tienen que tener claro es que la ciudadanía no permitirá retrocesos en la Fiscalía, así como no los permitió en la Corte Suprema. No se olviden que el 3 de febrero es ‘payday’.

Quienes valientemente demuestren que son capaces de poner los intereses del país y su institucionalidad democrática encima de sus intereses partidarios o personales y encima de sus ganas de armar berrinches, pueden salir ganando políticamente. La gente premia a los que corrigen sus errores. Todavía tendrán tiempo, de ahí a las elecciones, a limitar el costo político-electoral que de otra manera sería mortal.

Una vez que salgamos de la crisis institucional y tengamos Sala, Corte completa y Fiscal General, nos podemos dedicar de lleno a discutir el rumbo del país que propongan los candidatos.

Saludos,