La legitimidad de ARENA. De Manuel Hinds

22 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

La legitimidad es dinámica. Se puede tener pero luego perder o aumentar en las siguientes elecciones. Esta fluidez aumenta cuando las circunstancias están cambiando, como en este momento. En Inglaterra le llaman a la oposición “la leal oposición”. El objeto de la lealtad es el pueblo y es esta lealtad lo que le da la legitimidad a los partidos políticos. Estén en el gobierno o en la oposición, el pueblo espera que estos partidos busquen el beneficio del pueblo. Es esa lealtad la que los hace elegibles para el poder.

En El Salvador, uno de los factores más importantes en los resultados electorales del 3 de febrero fue precisamente la percepción de la ciudadanía de que los dos partidos que dominaron la política del país en los últimos treinta años se habían concentrado en atacarse el uno al otro, olvidando esta lealtad. El malestar de la población, que no se sentía representada en estas grescas, se manifestaba en la baja participación en las elecciones.

Por años varios columnistas advertimos que si los dos partidos se concentraban en estas luchas sin sentido iban a abrir el espacio para que, como sucedió en Venezuela, en Ecuador y en Perú, surgiera una tercera fuerza a desalojar a los que se consideraban indispensables. Pero los dos partidos principales pensaban que la población no tendría otra alternativa que votar por cualquiera de ellos dos, porque formar una tercera fuerza era imposible. En realidad, a través de la historia moderna del país, nadie diferente a ARENA y el FMLN había logrado competir en esta lucha en la que estaban enzarzados estos partidos. Hasta 2019.

La derrotas catastrófica del FMLN y la incapacidad estructural que este partido tiene para evaluarse a sí mismo y renovarse —evidente en el hecho de que sus dirigentes siguen siendo los que eran durante la guerra hace treinta años, y en la rigidez de su ideología— da pie para pensar que ese partido está en decadencia terminal y que va a ser sustituido eventualmente por otro partido, ahora de izquierda moderada.

Pero ARENA sigue siendo una fuerza importante, con poder en términos de la Asamblea y de las municipalidades que ganó hace apenas un año, y con posibilidad de mantener y aumentar este poder. Pero para poder lograrlo, ARENA tiene que aprender a fondo las lecciones que el 3 de febrero le dejó. La primera y principal es que los pleitos internos son terriblemente destructivos, para el partido mismo y para la percepción que la gente tiene de él. La gente ve los pleitos internos, las zancadillas, los boicots mutuos y concluye que son síntomas que evidencian que los líderes que se disputan el poder de esas formas tan descarnadas están solo interesados en sus propias ambiciones personales y que el partido y el pueblo no les importan. Los que llegan al extremo de preferir que su propio partido pierda con tal de que un rival no gane demuestran que para ellos los ideales del partido no son importantes y que el partido solo es un vehículo para lograr sus ambiciones personales. Esa falta de lealtad con la gente es lo que la ciudadanía vio en el pleito entre ARENA y el FMLN, y este conflicto sin sentido entre los dos lo castigó en las elecciones. Si ARENA misma entra en un pleito interno de gatos por el control del COENA el pueblo volverá a pasar factura. El conflicto actual debe terminar rápidamente y de una manera institucional para que el partido pueda pasar al otro punto importante: su papel en el manejo del país con la nueva administración del Ejecutivo.

Si quiere mantener y aumentar su legitimidad y no seguir el ejemplo del colapso del FMLN, ARENA tiene que jugar un papel positivo en las nuevas circunstancias, demostrando que su lealtad es hacia el pueblo. Debe, primero que nada, defender la institucionalidad del país, que es la única garantía que tenemos para mantener las libertades del pueblo. Segundo, debe proponer y ayudar a implementar las acciones que pueden sacar al país del subdesarrollo en las que más puede ayudar: la inversión en capital humano y la recuperación de la inversión y el crecimiento del empleo. Tercero, no debe oponerse a todo por oponerse, sino cuando sea necesario para cumplir con las dos anteriores. Eso es lo que el pueblo espera de ARENA.

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