renovación

Detestable unidad. De Napoleón Cornejo

Detesto cuando me hablan de unidad. Especialmente en política. En esas conversaciones, “unidad” es habitualmente un sinónimo de sumisión, de abandono del criterio propio por el del colectivo, y del incondicional apoyo al caudillo de turno, sin objeción alguna, a cualquiera de sus posturas. Esa concepción de unidad, como la que exhibe un rebaño de ovejas, ha convertido a nuestros pueblos más en activos electorales que en individuos críticos de sus gobernantes.

Napoleón Cornejo, 19 marzo 2017 / LPG

En el contexto de los partidos políticos salvadoreños, nunca ha sido más evidente la frase de Walter Lippmann que dice: “Donde todos piensan igual es porque nadie está pensando”. En el FMLN las decisiones y las visiones de la alta comandancia son dogma; y sus fieles, sin detenerse a pensar más allá de la poesía o el discurso incendiario, los acuerpan ingenuamente. ARENA, con la desgastada excusa de adherirse sus “principios”, es un espejo de ese mismo verticalismo que le critica a su contraparte. Solo bastó que llegaran unos jóvenes progresistas y mostraran criterio propio para que la extrema derecha se enervara y les diera una patada. El objetivo de ambos es exactamente el mismo: construir una cohesionada masa de fanáticos con pronta disponibilidad para asentir y ponerse un chaleco.

Pero luego están los que, sabiendo que hay motivos para disentir, se excusan aduciendo que hacerlo concede ventajas al adversario. Lo que esta posición deja claro, además de su penosa resignación al statu quo, es su ingenuidad; pensando que una extrema es mejor que la otra y que el péndulo político de los últimos 30 años no le hace más daño al país. Esa subordinación voluntaria, justificada en el miedo, los vuelve cómplices de empoderar cabezas provectas para decidir nuestro futuro. Un partido que no es criticado ni retado, aún en plena campaña electoral, jamás tendrá presión para modernizarse.

La verdadera unidad no se logra con regaños ni extorsión. No se exige ni se reclama. No se obtiene con un infantil “¡Callate, porque le das armas al otro!” La unidad se gana a partir de ideas, que por su propio mérito hacen que las personas se adhieran a una iniciativa. Se logra con debate público para obligar a los arcaicos liderazgos a reconsiderar su posición y su rol.

Por eso, a los reclamos de que así se divide la “derecha”, la respuesta no puede ser más fácil: ¡Ojalá! Ya es necesario que nazca otra, aseada del fanatismo religioso y sin traumas de la guerra fría. En la actual, cuando se acercaron personas con ideas más acorde a los tiempos, y por ello con capacidad de atraer adeptos tradicionalmente adversos a ARENA, rápidamente les dieron la espalda. Un partido así quizá pueda inspirar hígados, pero no cerebros. Un partido así no nos va a construir un mejor país del que dejó en 2009.

Ningún progreso vendrá sin confrontación. Y son los rebeldes, los disidentes, los que retan a comandancias y cúpulas quienes lo materializan. Para ustedes, en ARENA y el FMLN, que en respeto a las ideas y al intelecto se vuelven disidentes del establishment y rechazan su visión de “unidad”, les comparto lo que escribió uno de mis autores favoritos: “La búsqueda de justicia social y la libertad no puede sacrificarse por ‘bienes supremos’ como ‘la solidaridad de la tribu’, la tan manida ‘cohesión social’ o ‘el orden’ al que alude un dictador para justificar el recorte de libertades y la arbitrariedad. Esa es una de las luchas del librepensador. Para ello necesita soportar la soledad muchas veces y, sobre todo, valentía, una virtud que nos permite ejercer el resto de virtudes. A pesar de la soledad que supone elegir un camino propio y desmarcarse de las masas, no actuar es tomar partido”.

Somos más de 6. De Andy Failer

Esto no se trata de generar un choque generacional, se trata de generar un clima de armonía para todas las generaciones, todas tienen que aportarle a nuestra democracia, y todas son parte de la vida política.

Andy Failer, director de comunicaciones de la Juventud de ARENA recientemente suspendido de su cargo

Andy Failer, 19 marzo 2017 / EDH

En los últimos días la opinión pública ha sido testigo del ruido mediático que provocó todo lo ocurrido alrededor de la juventud de ARENA, de lo cual fui partícipe, pero lo que quiero dejar claro es que el protagonismo no me pertenece ni a mi ni a 5 personas más. Nosotros solo somos un reflejo, diverso, de lo que los jóvenes salvadoreños quieren. Sí, la juventud salvadoreña es la protagonista, y no de esta historia, sino de la que está a punto de construirse.

Los jóvenes quieren mayores oportunidades de empleo, quieren un país seguro, un mejor sistema educativo y de salud, una nación próspera. Todos queremos, sin lugar a dudas, un mejor El Salvador. Y si los políticos verdaderamente quieren hablar, o quieren politiquear, como ya lo han hecho algunos sobre la agenda de la juventud, pues les resumo cuáles son los temas en los cuales ustedes no logran ponerse de acuerdo.

El panorama electoral, de momento, no es favorable para ningún partido político, ni para muchas figuras casi ancestrales dentro de los mismos partidos, ancestrales no solo de trayectoria, sino también de criterio. Esta es la historia que la juventud salvadoreña deberá construir, todos podemos ser protagonistas y dejar de ser espectadores al momento de votar en las dos próximas contiendas electorales.

Sé que es difícil, desde una posición ciudadana, pensar en elecciones o votos cuando está claro que la oferta política más allá de atraer, espanta. ¿Vale la pena votar?

Más del 50 % de la población salvadoreña es joven, y para las próximas elecciones presidenciales la participación de los que votan por primera vez será clave, será trascendental, y nosotros, los jóvenes, podemos lograr que sean épicas. Está en nuestro poder, en nuestras manos, sentenciar a los que se han desenvuelto como más de lo mismo, como también ponerle un alto al populismo. Entonces sí, vale la pena votar. Hoy más que nunca nuestra voz no solo es disidente, también es incidente.

La renovación ha quedado en el discurso, eso ha quedado claro. Y la apertura no ha sido más que una pantalla que ya se ha desvanecido. Los protagonistas de esta historia no son 6 jóvenes, los protagonistas somos todos los salvadoreños que queremos transformar la realidad de nuestro país. Somos más de 6 los que nos hemos dado cuenta de que la política necesita cambios urgentes, somos más de 6 los que vamos votar en las próximas elecciones, somos más de 6 los que exigimos gente más capaz e idónea, somos más de 6 los que ya no creemos en ti: político corrupto, mentiroso, populista y demagogo.

Esto no se trata de generar un choque generacional, se trata de generar un clima de armonía para todas las generaciones, todas tienen que aportarle a nuestra democracia, y todas son parte de la vida política. Muchos cuestionan a esta generación de la cual soy parte, los llamados millennials, todo por ser idealistas y rebeldes. Pero somos nosotros las principales víctimas del contexto social que heredamos de los que hoy, en su mayoría, siguen tomando decisiones en nuestro país. Y nosotros no queremos trasladar el mismo contexto social a la siguiente generación. Permítannos ayudar, aportar, estamos listos para contribuirle enormemente a El Salvador.

A los políticos: Dejen de preguntarse si los cambios son necesarios, o sobre qué debemos discutir, dejen de cuestionar a la diversidad y de señalar a unos pocos. Dejen ya que sus intereses personales se carcoman los anhelos de miles, dejen de alimentar a la corrupción, ¿no les basta la realidad de nuestro país? Dejen de ser parte del problema, porque hoy… somos más de 6 los dispuestos a erradicar el problema.

Jóvenes ahora y siempre. De Carolina Ávalos

Si queremos avanzar como sociedad, tenemos que romper las cadenas que nos atan al pasado.

Carolina Ávalos, 14 marzo 2017 / EDH

En los años 80, mi generación no tuvo acceso a una vía política civilizada. Muchos de nosotros, los jóvenes de entonces, enfrentamos frustraciones y vivimos angustias, en un contexto en donde no teníamos una opción democrática para participar en los cambios sociales y hacer que nuestra voz se escuchara. Fue un tiempo en el que se truncaron los sueños de muchos jóvenes: por la muerte; por la emigración a otras tierras; o, simplemente, porque se quedaron haciendo lo mejor que pudieron, dadas las circunstancias de guerra e inicios de la posguerra. Sí, hay que reconocer que fuimos una generación taciturna contra todo nuestro deseo.

Treinta años después, no queremos repetir la historia. Los jóvenes de hoy no tienen por qué renunciar a ser jóvenes, ni abandonar el deseo de impulsar cambios. Además, no podemos ignorar las dinámicas de la globalización y los cambios que esto conlleva en nuestras sociedades. Me refiero a los avances en campos tan variados como la tecnología y las comunicaciones, pero, sobre todo, en nuevas posibilidades de transformación hacia sociedades más modernas, democráticas y sostenibles.

Por eso me parece incomprensible que en el siglo XXI la juventud salvadoreña choque contra una muralla impenetrable cuando es propositiva. Al parecer, sólo hay cabida en las instituciones políticas para los jóvenes que son agentes de transmisión de la línea tradicional y establecida. Esto, claramente, va en contra de la naturaleza misma de lo que significa ser joven, como sujeto apasionado y transformador de la realidad.

La juventud es la levadura que puede contribuir a las transformaciones necesarias en los partidos políticos existentes, e incluso en el mismo sistema político. Apostarle a espacios e instituciones políticas en donde no se exija la obediencia, sino la participación dinámica de nuestros jóvenes, sería un punto de quiebre. Más ahora que  estamos en un momento decisivo en la política nacional: la ciudadanía y los jóvenes, en particular, buscan un tipo de representación política que les haga valer sus ideales, que les canalicen y den respuestas a sus preocupaciones, y que les brinden espacios para participar activamente en el debate nacional y en el planteamiento de propuestas para generar cambios positivos en la sociedad.

Estoy convencida que es un momento decisivo en nuestra vida política. Las diferentes generaciones tenemos que trabajar juntas y dar un giro en la manera de hacer política en nuestro país. No podemos seguir comprometiendo el futuro de nuestros jóvenes y de toda una sociedad. Más aún, cuando vivimos en un contexto social complicado, en donde los jóvenes son las principales víctimas de la violencia social, donde las oportunidades educativas son limitadas, desiguales y de mala calidad. En El Salvador, la matriculación de la educación media (tasa neta) roza el 38 % y la terciaria (tasa bruta) el 30 %, muy por debajo de los promedios de América Latina.

Hay muchos jóvenes que ni estudian ni trabajan (uno de cada cuatro), y que no cuentan con las herramientas necesarias (cualificación, educación, etc.) para poder insertarse en el mercado laboral en condiciones favorables, por lo que siguen engrosando el gran sector informal, todo esto limitando seriamente las posibilidades de movilización laboral y social.

Como sociedad tenemos que abrirle el paso de los jóvenes al conocimiento, al acceso a tecnologías, a la participación política, a las oportunidades de realizarse en su vida laboral, familiar y comunitaria. No podemos seguir truncando las vidas de más jóvenes, con nuestras viejas historias de un mundo mejor antes de la guerra e imponiendo nuestras visiones de manera egoísta: tenemos que conciliar y transitar entre generaciones. O le abrimos el paso a la juventud, o el paso se abrirá a pura presión, como ocurrió con el volcán de San Salvador al hacer erupción en 1917: la presión fue de tal magnitud que la lava buscó salidas alternas.

Los jóvenes tienen el potencial de transformar la sociedad y de exigir, reformar y construir las vías democráticas para ello. Tengo la convicción que apoyaremos en este camino a los jóvenes, hijos nuestros, y futuros padres y madres de nuestros nietos, sobre todo porque es nuestro anhelo que se conviertan en ciudadanos de pleno derecho.

@cavalosb

Johnny Wright: “Arena sigue siendo un partido excluyente”

El diputado de ARENA Johnny Wright fue el único diputado, de los 84, que se abstuvo de votar durante la plenaria en donde se eligió a Douglas Arquímides Meléndez como fiscal general, en enero de 2015. Foto: Fred Ramos

Gabriel Labrador, 8 marzo 2017 / EL FARO

¿Está de acuerdo con la decisión del presidente de Arena de pedirle la renuncia a Andy Failer, director de comunicación de la JRN?

Rotundamente no, no estoy de acuerdo, y aunque tiene la potestad para hacerlo, en el comunicado del partido se habla de que Arena es una institución. Pero en una institución también hay procesos, en una institución la acusación también se justifica con evidencias, y yo no he visto que se haya seguido un debido proceso. De hecho, conozco diferentes versiones entorno a lo sucedido. He leído declaraciones de algunos que dicen que fue porque Andy filtró información; he escuchado que porque les dio una entrevista a su medio ; e inclusive he escuchado que porque él ha manifestado su opinión entorno a que la legislación vigente del aborto es algo que hay que discutir. Entonces, hay varias versiones, y verdaderamente, para tomar la decisión para quitar a alguien de la estructura del partido pues no me pareció correcta ni la forma ni el fondo con lo que se ha hecho a la Juventud.

¿La decisión de pedirle la renuncia a alguien es un castigo, una sanción o una censura?

Yo no creo que para Andy o para la Juventud haya sido un castigo. Creo que el gran perdedor en todo esto es el partido que, a través de esta acción, manifiesta que sigue siendo un partido exclusivo o excluyente.

¿Pero acaso no hubo un mensaje de apertura cuando se les juramentó como directivos de la JRN, en diciembre?

De ninguna forma creo que es este el mensaje que se le debe enviar a la juventud. No creo que si se invita a la juventud a que participe en política, se le debe pedir a la juventud que se adapte a los partidos políticos; todo lo contrario, creo que los partidos políticos deben adaptarse a la juventud. Y precisamente no logro ver eso en estos momentos. Estaba lleno de esperanza con los nuevos jóvenes que habían llegado a conformar la directiva nacional, que habían preparado un proyecto importante entorno a los temas que ellos consideran son temas fundamentales de nación. Es lamentable que haya sucedido lo que sucedió, aunque creo que la decisión que tomaron los cinco (que renunciaron) ha sido una decisión muy valiente, consecuente, y pues realmente gozan de todo mi respeto y admiración.

¿Está claro por qué despidieron a Andy Failer?

Mirá, hay una versión de los jóvenes en donde ponen en su comunicado que el trasfondo de la decisión es haber accedido a darle una entrevista a El Faro. Esa es la versión de los jóvenes. Entre la versión de los jóvenes y la de la dirigencia del partido, yo a ciegas confiaría en la versión de los jóvenes.

¿Es falso que Andy estuviera filtrando información equivocada? ¿Te parece poco sostenible?

Pues para ser una acusación de ese tipo considero que debe sostenerse con evidencia, porque no deja de ser una acusación bastante seria. Por eso existen instancias como el Tribunal de Primera Instancia del partido donde uno puede interponer una denuncia para que haya una investigación. Esas acusaciones diría que son irresponsables.

Cuando cinco jóvenes deciden irse, seguramente consideraron que ni siquiera se podía hacer la lucha adentro, sino que tiraron la toalla y dijeron: “ya aquí no se puede”.

No creo que deba verse como que este grupo está tirando la toalla, incluso ellos lo manifiestan en su comunicado, que esto no se trata de una protesta sino que ellos van a seguir trabajando por El Salvador. Yo conozco a todos los integrantes que renunciaron el día de ayer y tengo mucha cercanía con AndY, que está en mi equipo de trabajo, y estoy totalmente convencido de que a estos jóvenes no los detiene nadie. Tienen grandes sueños y van a hacer grandes cosas. Entorno, lo que esto podría implicar para el partido, pues… yo sigo estando en el partido, soy un diputado del partido Arena, y ahí estamos también trabajando por generar espacios, debate, diálogo y apertura, pero apertura real.

¿Podrías, por ejemplo, discutir internamente sobre el buen uso de los recursos públicos, o el tema del matrimonio entre personas del mismo sexo o en el tema de aborto en determinadas circunstancias?

Son temas de nación, relevantes, que definitivamente tienen que abordarse, discutirse y por supuesto que hay que buscarles solución. Pero creo que la gran pregunta para el partido no es cómo lo va a lograr, cuándo lo va a lograr, quiénes lo van a lograr. La pregunta fundamental es ¿qué quiere ser Arena? Yo creo que todo mundo reconoce que si Arena quiere salir adelante, si Arena quiere volver a representar a la mayoría de los salvadoreños, tiene que cambiar, de una u otra forma. Pero no cambios cosméticos, yo diría que cambios fundamentales. Y lo primero que hay que plantearse es ¿qué partido quiere ser? A mí me parece que para algunas personas, la salida de estos jóvenes lo están viendo como una victoria o una reafirmación de que Arena es un partido conservador. Pues podés llamarle liberal, podés llamarle conservador, el partido no va a salir adelante si no representa los sueños, los ideales, y la solución a los problemas de la gran mayoría de salvadoreños. Yo no creo que es un tema de tipificar la ideología, o inclusive definirla aún más, sino que Arena debe demostrar que está trabajando sobre lo fundamental, sobre el desarrollo social que necesita la gente, sobre verdaderamente apostar al país, que no solo quede en palabras y de ser un partido de oposición responsable.

¿Preguntabas qué es Arena? ¿No está definido en los estatutos, en los principios y objetivos?

Es curioso que mencionás los principios y los estatutos. Muchas personas hablan de los mismos, yo los he leído muchas veces, y no encontré en el cuerpo de estatutos o de principios razón alguna por la cual se puede justificar el despido de Andy de la estructura del partido.

¿No hay una razón comprensible de por qué ha ocurrido esto?

Desde mi punto de vista, no.

¿El despido y las renuncias posteriores son un retroceso con lo que se había avanzado de apertura y renovación del partido?

¿Un retroceso para el partido? Sí, es un retroceso. Creo que la decisión que se tomó dificulta que el partido sea un partido atractivo para jóvenes. Queda claro que la juventud salvadoreña, o la juventud en general, no es un segmento de la población que va a seguir una línea. Yo veo una juventud idealista, con aspiraciones, con sueños, rebelde, llena de energía y con deseos de cambiar las cosas. Entonces, yo creo que es difícil decir: ‘todos son bienvenidos, pero siempre y cuando, vea…’ Yo creo que o todos son bienvenidos o todos no son bienvenidos.

Hay dirigentes que nos dijeron o que pusieron en Twitter ‘bueno, los que no piensen así, tienen que irse y buscar otro partido’.

El abordaje no debe de ser un abordaje confrontativo. El reto que tenemos las personas que pensamos diferente es lograr persuadir, y no tanto hacia dentro del partido, que de hecho tiene su base reducida al histórico más bajo. Más bien, debemos de persuadir y convencer a los votantes, a los salvadoreños que hoy por hoy ni se identifican con ningún partido político. Creo que en esas aguas debemos de estar pescando y creo que esa es la gente a la que hay que convencer.

¿Esta decisión marcha en sentido contrario a eso?

Sí, evidentemente sí.

¿Qué pasó con Mauricio Interiano? Él prometió renovación, pero este caso lo deja en entredicho, lo pone como un dirigente conservador para un partido conservador.

Creo que esa pregunta solo se la puedes hacer a Mauricio Interiano y te deseo toda la suerte del mundo de que él te pueda conceder esa respuesta.

¿Cuál es tu valoración de Interiano?

No. Honestamente no quisiera opinar o hacer una valoración sobre el desempeño del presidente del partido. La opinión que realmente cuenta es la de los salvadoreños y la de los areneros que quieren sumarse o incluso de los que quieren alejarse del partido. En el fondo, aquí responsabilidad tenemos todos de hacer cada quien lo que podemos hasta donde podemos.

¿Dirías que hay una intención para afectarte a vos? Andy tiene un vínculo contigo. Algunos de los que renunciaron también.

Pudiese ser, pero en la política y en nuestro proyecto, en el trabajo que hacemos. No me tomo las cosas de manera personal. Nuestro compromiso, nuestra visión, nuestros objetivos y la defensa del sistema democrático liberal, la defensa del estado de derecho, de la igualdad ante la ley, del principio de tolerancia y del respeto a la libertad de expresión, y otros derechos y libertades que nosotros tenemos y que creemos fundamentales. Todo ese trabajo y todo lo que hacemos nosotros es más grande que la persona. No se trata de si estoy dolido o herido de forma personal. Ni siquiera me he detenido para considerar eso.

¿La decisión del partido afecta a los diputados de Arena, a vos, te resta credibilidad?

¿A mi persona? No.

¿Y al partido?

Al final, cada quien es responsable de lo que dice y hace. Yo estoy dispuesto a siempre responsabilizarme por mis fracasos, por mis errores, como también por mis aciertos. Pero en general creo que esta situación no le ayuda (al partido). Definitivamente no le ayuda.

Carta a la Juventud Republicana: No se dejen amordazar. De Paolo Luers

 

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 11 febrero 2017 / EDH

Bichos:
Escucharon durante años el discurso de renovación y apertura de los dirigentes de ARENA. Algunos incluso hablaron, con toda pompa, del ‘relevo generacional’. Entonces, ante tanta insistencia, ustedes les tomaron de la palabra, se metieron al partido y cuando había que renovar la dirección de la JRN, el brazo juvenil de ARENA, se apuntaron: con entusiasmo, con ganas – y con la energía creativa y rebelde que se necesita para empujar un proceso de renovación. Cuando una buena mañana de diciembre del año pasado ustedes fueron juramentados, nuevamente escucharon del presidente del partido el discurso de renovación: “Definitivamente hay que cambiar la manera de hacer política en el país, y los jóvenes son un pilar muy importante para ello.”

diario hoyMe llamó mucho la atención el video que vi de este acto: caras frescas, algunas ya conocidas por su participación en movimientos de la Sociedad Civil; nada de chalecos tricolor, sino con camisetas que anunciaron el lema de este nuevo equipo: “Somos País”.

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Vaya, me dije, al fin hay vientos nuevos en ARENA; al fin se ve una juventud que no quiere servir de pelotón de pinta y pega, sino de motor de la renovación, de debate y de pluralismo. Platiqué con algunos de ustedes, y me encantó lo que escuché: “Nosotros seremos el vínculo entre el partido y la sociedad, sobre todo con la juventud, con todos que quieren un cambio en el país, pero que siempre han visto un partido cerrado. Vamos a abrir la puerta a la juventud y la renovación…”

Que bueno que el nuevo COENA al fin entendió que la juventud de su partido tiene que ser el motor de la renovación que no se puede hacer desde arriba. Pensaba yo.

Parece que me equivoqué. Hoy, sólo seis semanas después, parece que el COENA ya quiere cortarles las alas, por miedo que se les vuelvan rebeldes, independientes y críticos. El director de Comunicación, el empresario de publicidad Sherman Calvo, ya les dijo que todo lo que publiquen en redes (que es el hábitat idóneo para comunicarse con los jóvenes del país) tiene que pasar por el filtro del COENA. También el discurso de Mauricio Interiano ha cambiado: ahora les dice que hay una línea del partido y que se olviden de ir contra corriente. Un dirigente les dijo que sean conservadores. ¡¿Adónde se ha vista una juventud conservadora?!

Les digo una cosa, bichos: Juventud que no va contra corriente no vale la pena. Los partidos modernos y exitosos necesitan un contingente de juventud crítica e irreverente. El brazo juvenil partido sólo es fuerte si es el caldo de cultivo de la renovación. Si es un apéndice del establishment, no sirve para nada, mucho menos al partido a prepararse para el futuro.

Si el liderazgo del partido no tiene capacidad o voluntad de seguir transformado el partido, los únicos que pueden mantener abierta esta opción son ustedes – y para esto necesitan autonomía de criterios.

Ustedes decidan: O van a hablar el lenguaje de la juventud salvadoreña, que por cierto es muy escéptica de todos los partidos; o van a ser loros para repetir el discurso oficial de la generación en el poder. Tienen que decidirse, y lo tienen que hacer con audacia y sin miedo de enfrentar los obstáculos que les van a poner. Si acceden a adoptar el discurso del establishment, le privan a la oposición de un instrumento vital para romper las barreras entre partido y sociedad. Si se atreven a dar las batallas necesarias para hacerse respetar como la Juventud Republicano que la oposición necesita, también la sociedad, los universitarios, los jóvenes de las colonias los van a respetar y escuchar. Si no se hacen respetar en el partido, nadie afuera les va a respetar.

Tengan seguro que si hoy demuestran temple y principios, van a encontrar muchos aliados en sectores que hasta ahora ni han vuelto a ver al partido. Si el partido aun no entiende que esta es su función como Juventud Republicana, convénzanlos con éxitos mostrables. Pero no tiren la toalla antes de dar la batalla. ¡Nunca!

Saludos y adelante,

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Solo por contraste: la juventud de la competencia

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El envase. De Christian Villalta

La política es todavía el mercado más monopolizado y anacrónico del país.

Christian Villalta, 11 septiembre 2016 / LPG

A falta de analistas, el FMLN y ARENA buscan asesoría en publicidad. Es lo lógico cuando la sociedad ya no espera de ellos producción de pensamiento político ni evolución programática sino solo imagen. Para venderte la misma gaseosa, lo que necesitas es cambiar el envase. Y si en Compitalandia y Confusiolandia no quieren cambiar el producto (o no saben fabricar más que la misma chuchería), pues a lucir cool aunque sea sin sustancia, que con eso basta para que los de siempre nos manchemos el dedito.

la prensa graficaDel recetario para lucir cool, una de las que personalmente más me seduce es la pretensión de transparentar sus métodos, de hacer política ante el escrutinio popular y de rejuvenecer sus filas con nuevos cuadros de la que quieren hacer gala las cúpulas en ambos patios. Políticos de entreguerras festejan que haya modos menos histriónicos de lucir fresco ante el electorado que subirse al Tagadá o bautizar chuchos en Twitter. Practicar la democracia intramuros de los partidos es estar “in”, y nadie muere en el intento.

ARENA lo hizo, en una elección que tuvo el efecto de un megaspot publicitario, para bien y para mal. Para bien porque el guion no admitía mayores desviaciones y eso garantizó la efectividad del mensaje: contendientes con el mismo discurso, matizado con algunas frases casi futboleras de Hugo Barrera (no hay futbolistas viejos ni jóvenes, solo malos y buenos…), debates sin ninguna agresión, tiempo para mostrar al menos un ratito a cada uno de los que importan en el partido, y una idílica imagen de unidad, de disciplina granítica, de hermandad republicana, este último un mensaje fundamental luego de una época bizarra de medios melones, transfuguismo y maletinazos. Para mal porque en lugar de duplicar su respuesta al país, a través de dos personas que suponemos creen en lo mismo, ARENA no respondió la pregunta esencial: ¿si ya se cansó de ser oposición, qué ofrece de distinto al electorado que lo sacó del poder en 2009? No bastará con cambiar unas coplas del himno, vamos.

Desde el Gobierno, el FMLN también se esmera en vender una imagen de bloque granítico pero con tristes resultados para su cúpula. Uno se imagina los pucheros de Medardo, José Luis y Norma (disculpen la confianza, pero nombrarlos por su pseudónimo me parecería aún más igualado) cuando alguno de sus cuadros más jóvenes no se adhiere al manual. Por manual, entendámonos, compañero, no me refiero al librito de Fedor Vasilievich Konstantinov –qué materialismo histórico ni qué ocho cuartos, diría Sigfrido–, sino a las consignas que funcionarios, diputados y alcaldes rojos deben usar en caso de emergencia.

Por ejemplo, si se habla de la CIGIG, mentarle su madre a la embajadora; si se habla de Venezuela, hablar de soberanía y bajo ninguna presión hablar de democracia; si se cuestiona la participación de algunos oficiales de la Fuerza Armada en el tráfico de armas, poner cara de circunstancia; si se habla de Rais, tararear una de Juanga; y si se habla de la tregua, mutis.

Ni ARENA ni el FMLN conectan con la sociedad, con lo que la clase media exige ni con lo que la renta más baja y la informalidad necesitan. Difícilmente ocurrirá en el corto plazo: la derecha política no renovará su ADN mientras la derecha económica siga traumada por Saca; y mientras siga gobernando, el FMLN solo será útil para sí mismo.

Ambos partidos necesitan una renovación profunda, botando peso muerto, lastre ideológico y cuadros oportunistas e inservibles. De esa purga saldrían toneladas de basura. Si no hallan qué hacer con ella, faltaba más, se la venden a Nicaragua, que ha demostrado en los últimos días una curiosa pericia para el manejo de los desechos tóxicos.

 

El nuevo Coena. De Marvin Galeas

marvin galeasMarvin Galeas, 30 julio 2016 / EDH

El Partido ARENA se apresta a elegir un nuevo Consejo Ejecutivo Nacional, Coena. Los estatutos están, por fin, listos y se espera que haya una elección democrática, de la cual salga un partido fortalecido y con nuevos brillos. Suena bien. Lo que preocupa es que lejos de que el proceso unifique, la batalla entre las distintas planillas que se postulan causen división en vez de unión.

La cuestión de la elección de ARENA no es asunto que solo concierna a ese partido, sino a todos los salvadoreños. Y es que hoy por hoy, ese instituto político es la única esperanza de cambio. De manera que lo que ocurra a ese partido va más allá de los intereses políticos de los diferentes grupos de poder a su interior.

diario hoySi ARENA pierde las elecciones de 2018, el FMLN podrá adueñarse tranquilamente del órgano judicial, y a ello sumará el control del Tribunal Supremo Electoral, el Registro Nacional de Personas Naturales, además de los órganos legislativo y ejecutivo. Es decir ganará fácilmente la elección presidencial de 2019, aún perdiéndola en las urnas. Y así tendremos otros cinco años del FMLN y sus “magníficos” gobiernos.

Por todo lo anterior, ARENA no debe ni puede, perder las próximas elecciones de alcaldes y diputados. Mi modesta sugerencia es que los principales líderes areneros traten de conformar un Coena muy representativo y sobre todo capaz de conducir al partido a una victoria electoral. Ya no hay cabida para el presidencialismo en ARENA, ni para que haya un supra poder de los expresidentes de la República.

Es hora de que se imponga la razón por encima de cualquier pasión o intereses particulares. Ninguna de las personas que se mencionan como posibles presidentes del partido podrá llevarlo a la victoria en las próximas justas electorales, sin el apoyo entusiasta y decidido de un grupo de experimentados colaboradores y del Coena mismo. Cada miembro del Coena debe tener su propio peso y no solo servir de comparsa al presidente de turno.

Jorge Velado puede retirarse con la satisfacción del deber cumplido. Él heredó una dirección de un partido en transición. Y ahora lo deja como primera fuerza política y con nuevos estatutos. Es probable que algunos no estén del todo satisfechos con la normativa, pero es mucho mejor que tener eso a no tener nada o algo que todo mundo le vale sorbete.

Los expresidentes de la República han cumplido un papel importante, pero deben entender que ya es momento de pasar a un nivel más de consejeros que de actores activos y decisorios. Es tiempo para otros liderazgos, ideas nuevas, frescas, métodos modernos de campaña, pero siempre bajo los principios del respeto a la democracia representativa, el respeto a la libre empresa y al Estado de Derecho. El liberalismo, pues.

Probablemente los nuevos estatutos no conviertan a ARENA en un partido ultramoderno. Pero lo que sí es cierto es que es el más moderno de nuestros partidos. Creo que personas con mucho peso político dentro de ARENA deben acercarse, discutir, negociar y llegar a consensos sobre que tipo de Coena y no solo de presidente se necesita para ganar las próximas elecciones.

De nada sirve estar pensando en estos momentos en candidaturas presidenciales areneras si al partido le va mal en las próximas elecciones. Lo primero es lo primero. Y lo más urgente e importante es tener el vehículo listo para ganar. Y para ganar ARENA necesita mucho más que el voto tradicional. Necesita del voto de todos los que están desencantados con los pésimos gobiernos del FMLN.

Pero para ello, se necesita un excelente trabajo territorial y mucha audacia para construir un lenguaje que conecte con el nuevo electorado. Un mensaje que lleve esperanza a un pueblo y un país que parece haberse resignado a lo peor. Necesitamos un partido que entusiasme y que nos haga creer que hay una luz al final del túnel.