elecciones legislativas

Los incuestionables. De Erika Saldaña

La vida política y de servicio público irmplica un escrutinio constante por parte de la ciudadanía y medios de comunicación sobre las decisiones que se toman en asuntos públicos.

erika saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 5 febrro 2018 / El Diario de Hoy

A los políticos no les gusta que se les cuestione. La constante en los programas de entrevistas y redes sociales es que si les hacen una pregunta para la que no tienen o no quieren dar respuesta, muchos candidatos se vuelven hábiles en hacerse los desentendidos, evadir o cambiar el tema. También expertos en reclamar en privado a los dueños de los medios por el trabajo de sus periodistas. ¿Acaso no entienden que en una república tienen el poder delegado? ¿Que los periodistas hablan (o deberían) por muchos de nosotros y ser contralores del poder? Como dicen los gringos, los periodistas son el watchdog del poder.

EDH logLos casos más curiosos son de aquellos que ya han sido funcionarios, pues pareciera que se ganaron una especie de corona y nadie puede criticarlos; y si lo haces, inmediatamente te tachan de simpatizante del partido de la oposición. Que penita, pero ¿tan limitado es su pensamiento que si cuestionan a alguien del Frente es porque son de ARENA? ¿O si cuestionan a ARENA es porque son rojos? El país es de todos, el poder es delegado y los periodistas solo hacen su trabajo, preguntar por nosotros.

En plena campaña política todos los candidatos quieren que únicamente se exponga su mejor cara, la sonrisa más brillante y los mensajes de motivación más convincentes. Creen que quien resalta esos aspectos es amigo y el resto somos sus enemigos. Creen que sus palabras deberían bastar para ser merecedores de nuestro voto. Estas personas todavía tienen mentalidad feudalista, donde “el señor” era quien mejor sabía la forma de administrar los bienes o tomar decisiones; ahora creen que sus ideas o acciones políticas son infalibles y la crítica se hace por “pluma pagada” o “micrófono vendido”, con la única intención de dañar.

Se nota la incomodidad de varios candidatos y dirigentes cuando un periodista se atreve a preguntar más allá de lo evidente, cuando critica sus posturas o confronta sus propuestas con la realidad. Créanme, señores dirigentes y candidatos, que si tuvieran cara a cara a la ciudadanía indignada por sus decisiones, esa que se informa, preocupa y hace crítica sobre la manera en que han llevado los asuntos públicos, el cuestionamiento que recibirían sería diez veces peor.

Aquí el rol importante que juegan los medios de comunicación en la labor de fiscalización: ya que nosotros, los ciudadanos comunes, no nos podemos sentar con todos los políticos a discutir, los periodistas se transforman en voceros de nuestras inquietudes. Como lo ha dicho la Sala de lo Constitucional: “los medios de difusión juegan un rol fundamental, ya que son un instrumento que le permite a la sociedad acceder a información de relevancia pública al facilitarle la búsqueda, recepción y difusión de información. De forma correlativa, se espera que dichos medios desempeñen con responsabilidad, ética y apego a la verdad su función de informar”.

Me pregunto si han hecho el intento de pensar que, ante un cuestionamiento, existe la posibilidad que ustedes estén equivocados y no quien los cuestiona. ¿Han considerado que quizá no es la simple gana de molestar y que vale la pena considerar o responder a una pregunta válida y fundamentada? Como dijo Harry Truman, presidente de EE. UU., ‘if you can’t stand the heat, get out of the kitchen!’; si no pueden aguantar el calor, ¡sálganse de la cocina! Los periodistas están para preguntar, y ustedes, porque les delegamos el poder, para responder. Si no están dispuestos a ser pasados por fuego, si no están dispuestos a soportar y responder a la crítica, mejor retírense de la política.

La vida política y de servicio público implica un escrutinio constante por parte de la ciudadanía y medios de comunicación sobre las decisiones que se toman en asuntos públicos. Si alguien inicia en política, prepárese a que le cuenten las costillas; y si en una gestión un funcionario cometió errores, lo mínimo que se esperaría es que los acepte y corrija. Pero no que nos conformemos con sus respuestas preparadas y que solo pretenden quedar bien en la foto. El Salvador ya no es una finca, es una república. Tienen que responder a los cuestionamientos; si no quieren hacerlo, no tienen business siendo políticos.

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Empleadores exigentes. De Cristina López

Ninguna persona esperaría, siendo realistas, ser contratada sin preparar currículum, presentarse a una entrevista, y brindar una explicación convincente de por qué, de entre las incontables opciones, es la indicada para el puesto.

Cristina LópezCristina López, 5 febrero 2018 / El Diario de Hoy

Cualquiera que ha tenido que pasar por el tortuoso proceso de buscar trabajo, sabrá que gran parte de la receta para el éxito reside en la preparación. Muchísimo antes de llegar a la parte de la entrevista, hay pasos que requieren cuidado y estrategia, como la presentación breve y  clara en una hoja de vida de logros y grados académicos alcanzados. Lo ideal es presentarlos de cierta manera que informe al empleador que tenemos las cualificaciones ideales para el puesto para el que queremos ser contratado. Ninguna persona esperaría, siendo realistas, ser contratada sin preparar currículum, presentarse a una entrevista, y brindar una explicación convincente de por qué, de entre las incontables opciones, es la indicada para el puesto.
EDH logY, sin embargo, esta época electoral es un excelente indicador que muchísimos candidatos a la Asamblea Legislativa y alcaldías a lo largo y ancho del país esperan exactamente eso: ser electos, equivalente a ser contratados por el empleador más importante, la ciudadanía, sin explicar de manera coherente por qué son los más calificados para la posición. Y nosotros, los empleadores, parecemos no habernos dado cuenta del poder que tenemos, porque seguimos permitiéndoles a muchos que apliquen a uno de los puestos más importantes sin darnos la  mínima explicación.
Por suerte, muchos miembros de la sociedad civil se han empezado a dar cuenta de que merecemos más y que solo mandar a imprimir vallas publicitarias no vuelve a alguien más calificado. Las redes sociales, una excelente herramienta democratizadora, se han vuelto un medio en el que los candidatos realmente interesados por escuchar lo que la ciudadanía necesita pueden mostrarse accesibles.
Un ejemplo de esto es Félix Raúl Betancourt, que sin necesidad de preguntarle, se ha acercado a diferentes potenciales constituyentes a través de Twitter y ha facilitado su propuesta legislativa, haciendo lo que cualquier aspirante a una posición laboral debería de hacer: convencer al empleador de que cuenta con las cualificaciones necesarias y merece ser contratado. En un deprimente contraste, el partido ARENA, a pesar de contar con varios candidatos con perfiles potencialmente interesantes, es casi imposible encontrar información de sus logros laborales o académicos, o de sus propuestas legislativas con políticas públicas específicas más allá de eslóganes.
Tengo un hermano que ha vuelto la búsqueda de esta información una cruzada pública. A diario solicita a diferentes partidos, a través de las redes sociales, que le brinden las hojas de vida de los candidatos para poder tomar una decisión informada. Es deprimente ver que ARENA aún no se ha tomado la solicitud en serio, dando la impresión de que aún piensan que se merecen el puesto sin hacer el mínimo esfuerzo de demostrar su competencia.
Es igualmente deprimente ver candidatos que buscan reelegirse, algunos por cuarta o quinta vez, sin tener un solo logro palpable o una agenda de servicio. La cumbre del cinismo la alcanzó la alcaldesa de Antiguo Cuscatlán, haciendo promesas que podría haber cumplido en cualquiera de sus períodos municipales durante las tres décadas que ha estado al frente de la alcaldía. Al ser cuestionada sobre la alternelecciones legislativas, candidatos a diputados,ancia (o falta de) en la alcaldía de Antiguo, tuvo el cinismo de contestar que su mejor alternancia era la comunicación que tenía con los residentes de Antiguo. Quizás ya es hora de que, como empleadores, nos volvamos más exigentes.

Votemos por buenos candidatos, saquemos a los malos. De Erika Saldaña

Hay que votar por los mejores candidatos que podamos encontrar en las próximas elecciones. Votemos por caras, no por banderas, o votemos por candidatos independientes.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 19 junio 2017 / EDH

Hace una semana escribí sobre el resentimiento, la apatía, el descontento y el rechazo que existe en El Salvador hacia los partidos políticos. Pero la vida sigue a pesar de los políticos y sus partidos. Así que no podemos caer en la desesperanza, que es lo peor que puede sentir una persona o sociedad. Pareciera que en la política el cielo está nublado y que no tenemos opciones, pero las tenemos, pocas, pero las tenemos. Hay que votar por los mejores candidatos que podamos encontrar en las próximas elecciones. Votemos por caras, no por banderas, o votemos por candidatos independientes.

Hablemos de los candidatos independientes. Para quienes rechazan a los partidos políticos, estas candidaturas pueden significar una opción para las elecciones de 2018. Los independientes tienen que hacer gala de su calificativo; si esa es la forma por la que se deciden para participar en la política, sus acciones, pensamientos y discursos no pueden ser a imagen y semejanza de las actuaciones de los partidos existentes; tampoco puede resultar en alianzas cuestionables con estos, porque entonces no salimos de lo ya reprobado públicamente.

Votar por rostro y no por banderas políticas también es otra opción para la necesaria renovación política. A pesar de los altos niveles de apatía, está fuera de la realidad pensar que los partidos políticos actuales perderán la representación mayoritaria con la que ahora cuentan. Por eso es necesario que en los partidos se involucre gente nueva y capaz de mejorar las filas partidarias. Es un error mal etiquetar a una persona por involucrarse con un partido; no hay que satanizar las afinidades partidarias, querer ser político no es siempre sinónimo de querer “componerse” por la “vía rápida” y ser “político” no es ni debería ser considerada mala palabra o desprestigio. Si gente capaz y honesta no se involucra, estaremos perdidos con representantes incapaces y deshonestos. Apoyemos a las personas que actúan y son el cambio que queremos ver.

Los que nos quedemos fuera de la actividad política formal también tenemos que hacer nuestra tarea. Debemos depurar conscientemente nuestras opciones y votar por los mejores candidatos que se presenten. Recordemos que quienes resulten ser diputados en 2018 serán los encargados y votarán en las elecciones de funcionarios. Estas son vitales en nuestra república para mantener balances y contrapesos entre los órganos del Estado.

Estos diputados electos votarán por cuatro magistrados que formarán parte de la Sala de lo Constitucional por los próximos nueve años y elegirán al nuevo Fiscal General. Por si fuera poco, podrían decidir sobre la reforma de pensiones e impactarán el rumbo económico y financiero del país. Esta elección es trascendental. No elijamos por simple simpatía, caras bonitas o fidelidad ciega a los partidos. Si queremos mantener a flote esta sociedad, los discursos huecos, prefabricados, y las ideas con soluciones a medias ya no tienen cabida en la política salvadoreña.

En la ya latente campaña electoral, si un candidato no le explica los temas que impulsará en la Asamblea Legislativa o concejos municipales, sus propuestas concretas y la forma en que estas funcionarían, es muy probable que sus ideas estén pegadas con saliva. No vote por él. Si un candidato a diputado limita su desempeño a ir al Salón Azul cuando hay plenaria, a sacarse la foto para ponerla en Twitter y Facebook, pero no brinda resultados concretos de su trabajo, no vote por él. Si un candidato hace un trabajo escueto, a medias, se pierde las votaciones de leyes y dictámenes por cuestiones banales (como andar fumando o haciendo cualquier otra cosa), llega tarde injustificadamente o solo se le ve una vez al mes, no asiste a comisiones de trabajo, abusó de bienes públicos (prestando carros nacionales a familiares o viajando con fondos públicos), realizó tráfico de influencias para contratar a familiares, ha estado involucrado en corrupción o cualquier otra situación cuestionable, no vote por él.

Ahora existe la posibilidad de tener los diputados que nos merecemos, porque podemos votar por rostro. Elijamos con pinza a las personas que conformarán la Asamblea Legislativa, no desperdiciemos este poder. Vote por la renovación.