El Salvador

Carta a Yesenia Hernández: ¿Ingenua o tramposa? De Paolo Luers

18 septiembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimada concejal:
En Twitter se me ha desatado una ola de protesta (incluyendo los usuales insultos), porque le llamé a usted “ingenua” – por pensar que cambiándose del PDC al campo de Bukele estaría ayudando a “despolarizar” el país. Yo tengo la opinión que Bukele es la figura más polarizante de este país. La confrontación que él genera ya no es la clásica entre derecha e izquierda, sino una nueva y aun más explosiva entre democracia plural y caudillismo demagógico. Es a confrontación de uno contra todo el sistema político. No ver esto y pensar que Bukele es el hombre que sepa superar la polarización – eso es lo que yo llamo “ingenuo”.

¿Por qué sus defensores en las redes sienten que decirle “ingenua” es un insulto, casi un delito de violencia contra a mujer? Todo lo contrario: “Ingenuidad” es a interpretación más benévola que uno puede hacer del transfuguismo que ustedes han cometido al postularse a principio de este año como candidatos del PDC; al asumir sus cargos de alcaldes o concejales bajo la bandera del PDC; y al salir en septiembre uniéndose a la campaña de GANA-Nuevas Ideas. La otra interpretación, hecha por muchos, es que ustedes se vendieron, al mejor estilo de GANA, que es un partido nacido del transfuguismo que hizo de la compra-venta de voluntades políticas su negocio.

Yo no la estoy acusando de haberse vendido. No creo que a usted la compraron. No hubo necesidad. Y con esto llegamos a definir lo que significa “ingenuidad”. La Real Academia Española lo define así: ingenuidad = candor, falta de malicia.” Google nos da una definición más explicativa: “ingenuo = persona que es sincero, candoroso y sin doblez y actúa sin tener en cuenta la posible maldad de una persona o la complejidad de una situación.”

Esto es exactamente lo que yo quería expresar cuando le dije “ingenua”: Usted realmente cree en el discurso de Bukele, sin tener en cuenta su posible maldad, ni a complejidad de la situación de nuestro país. Usted no ve que el movimiento de Bukele, que surge de su capacidad de ubicar y luego profundizar y movilizar los resentimientos y las frustraciones que tantos (con sobradas razones) tienen con la política nacional, no es para superar la polarización – es para que surja un nuevo polo que se enfrenta a todos.

De todos modos, si queremos hablar de culpa, no la tienen solamente ustedes. Parte de la responsabilidad tiene el PDC, que conscientemente aceptó a candidatos, quienes abiertamente simpatizaron con Nuevas Ideas más que con el PDC. Era obvio que ustedes eran candidatos de Bukele, a pesar de su discurso oficial del abstencionismo. Su operador de propaganda, Neto “El Brozo” Sanabria, los estaba promoviendo abiertamente durante toda la campaña.

Todo este fenómeno también se podría interpretar como una infiltración planificada de agunos celestitos en el PDC – para luego conseguir que este partido se sumara a la candidatura de Bukele. Puedo entender que están algo decepcionados que esto no prosperó – y que en vez de conseguir otro partido taxi, Bukele se tuvo que conformar con algunos tránsfugas que se le unieron a título personal.

No son los únicos ingenuos que se unen a este movimiento, a pesar de su carácter caudillista y su falta de sustancia política. Solo espero que los ingenuos no se dejen contaminar de la malicia de sus operadores. 

Saludos de

 

 

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La lucha contra la impunidad debe seguir. De Erika Saldaña

17 septiembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

El Salvador ya tiene su primer expresidente de la República condenado a cárcel por delitos de corrupción. Motivo de vergüenza nacional. El pasado miércoles, el Tribunal Segundo de Sentencia de San Salvador condenó a Elías Antonio Saca y varios de sus colaboradores más cercanos a penas de prisión y a restituir cientos de millones al Estado salvadoreño. Es discutible si la pena es ejemplarizante o injusta, pues para unos es motivo de celebración, pero para otros estas personas merecían la hoguera. La condena fue calificada como histórica por el Fiscal General de la República, y no han faltado los reproches tanto a la pena como a la afirmación del funcionario.

Para un sector de la opinión pública es risible una condena a diez años de cárcel, cuando ésta tiene como base la confesión de desfalco de más de trescientos millones de dólares por el mismo expresidente. A un ciudadano común y corriente, en un proceso judicial con todas las de la ley, le habrían tocado entre veinte y treinta años de prisión. Pero tratemos de tomar las cosas en su justa medida. Sí, es una condena mínima en relación con el impacto que los actos de corrupción han tenido en la sociedad salvadoreña; pero no es poco, ni el equivalente a un viaje al Caribe. Más que por el número de años de prisión ordenados por el juez, la condena al expresidente Saca es histórica porque, esta vez, la impunidad en los delitos de cuello blanco no se salió con la suya.

El Salvador ha tenido una historia en la que el peso de la justicia le llega al más pobre. Hemos visto duras condenas a personas que se han robado gallinas para poder comer o muchos años de prisión a quien se robó un reloj de quince dólares. Pero pocas veces la justicia le había llegado a personas en posiciones de privilegio y menos a un expresidente de la República. Lo anterior no significa que hay que aplaudir el trabajo del sistema de justicia, pues falta muchísimo por hacer; pero resulta imposible negar que existe un avance.

Ahora corresponde a la Fiscalía General de la República demostrar que esta condena no fue un golpe de suerte. En primer lugar, las investigaciones y procesos judiciales deben seguir. La confesión del expresidente dejó sobre la mesa la posibilidad de investigar el cometimiento de otros delitos por parte de personas que no han sido procesadas. Esto debe hacerse. Por otro lado, la Fiscalía está en la obligación de aplicar la Ley de Extinción de Dominio, recuperar el dinero robado y devolverlo al Estado para su inversión en la sociedad. El afectado directo por los delitos de corrupción siempre es el ciudadano que no obtuvo un servicio público de calidad por carencias económicas del gobierno.

Y para dejar a un lado especulaciones, la Fiscalía debe transparentar los motivos por los cuales negoció penas parciales con los condenados. Si se contaban con todos los elementos probatorios de los cuales se hacía alarde en cada conferencia de prensa, lo justo es que se revele a la población qué gana el Estado con bajarle una pena a alguien que se la merecía completa.

Así como una persona no es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo, tampoco las instituciones. La Fiscalía nunca va a quedar bien con todos y siempre le vamos a exigir más. Pero no podemos negar que la condena a un expresidente de la República por corrupción es un paso en la dirección correcta. Para cerrar uno de los tantos capítulos tenebrosos de nuestra historia, es necesario que se concluyan el resto de investigaciones y procesos judiciales en el caso “destape a la corrupción”, y que además se recupere el dinero robado.

Como sociedad debemos tener en cuenta que los cambios son procesos que llevan tiempo, no son eventos de un momento específico. Esta condena no va a limpiar el historial de corrupción, es solamente un paso en el combate de un delito enquistado en nuestra sociedad a distintos niveles. También hay que poner los ojos en el sistema de transparencia del país. Las personas que estuvieron al frente de instituciones como la Corte de Cuentas también deben responder por su pasividad u omisión de actuación durante la época de Saca. Las investigaciones y condenas deben continuar.

¿Qué será? De Cristian Villalta

16 septiembre 2018 / La Prensa Gráfica

Sí, te verías preciosa en ese traje. El escudo nacional en las faldas de la pollera, la mantilla de encaje cubriéndote la cabeza. Y no, no te lo digo como ironía, lo prefiero mil a veces a que te enroles como cachiporrista. Pero amar a tu patria, ángel de mi vida, no tiene nada que ver con ese despilfarro de encajes azul y blanco.

Si me pides explicártelo, lo intentaré, aunque es un esfuerzo inútil. Esto de la patria solo se aprende con el tiempo; cuando ser salvadoreña te duela, entonces te acordarás de lo que hoy te digo.

“Nuestra patria El Salvador” no es un lugar. La patria es más que nuestros volcanes, que nuestros campos perversamente generosos en gente pobre, que nuestros ríos a cuyos flancos se peca como se implora. Y sí, tienes razón, son 21 mil kilómetros de cielo sobre 21 mil kilómetros de tierra. Pero la patria es más que la suma de este suelo y de esas nubes.

Tampoco cabe en las páginas de un libro. La patria nada tiene que ver con esos hombres cuyos apellidos te aprenderás con el tiempo. Ellos, presbíteros, generales y nobles, fueron piedra fundadora de la República de El Salvador. Y, pese a lo mal que lo hicieron, les seguimos rindiendo homenaje. Es que, óyeme, con lo que los próceres sembraron hace 200 años, cosechar paz era imposible. Fue más fácil cosechar despojo.

La patria no es la paz, pero son gemelas. Es que la patria es un deseo, el deseo de vivir en paz sin movernos del metro en que nacimos, del metro en que crecimos, del metro en el que gozamos a nuestra familia, del metro en el que conocimos el amor.

Y la paz no es posible sin justicia ni igualdad. Si no reconocemos al otro como igual a nosotros, no reconoceremos sus derechos. Si creemos que por pensar distinto a nosotros ese otro es un extraño aunque vivamos en el mismo pedazo del mundo, no hay posibilidades de justicia para él.

En El Salvador, miles de personas nunca gozaron de esa posibilidad, ¿sabés? Por pensar distinto que los más fuertes, por no ser considerados sus iguales por los más fuertes, por exigir solidaridad, por hacerse en voz alta las preguntas propias de un corazón bueno, por todo ello debieron irse y olvidar ese metro para siempre.

Pero no todos se fueron. Algunos se quedaron acá, preguntando hasta morir, porque hay corazones que no saben callar. Y eso es el corazón de un patriota: aunque puede llevarse la patria consigo como uno se lleva sus sueños allá adonde vaya, el patriota entiende que la paz más cara, la paz soñada, es la de tus iguales, la de los de tu tierra. Y te quedas con ellos… Antes de que todos te digan santo, unos pocos deben decirte hermano.

Nadie hace un conteo de patriotas, no sé cuántos haya hoy. Sé que alguna, muchas veces en nuestra historia, amar a la patria inspiró a los mejores salvadoreños a resistir. Aunque ahora sobramos los sensatos que te recomiendan soportar, eso no tiene nada que ver con la patria. La patria no se lleva bien con la cobardía.

Imperfecta y querida, esa ha sido la patria para mí. ¿Qué será para ti, cariño? ¿Qué será mañana? ¿Qué será?

Carta sobre la corrupción: Ver el bosque, no solo los árboles podridos. De Paolo Luers

15 septiembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

La corrupción es un cáncer. Puede matar la democracia. De acuerdo. Pero no nos damos cuenta que la medicina que recetamos puede ser más mortal que la enfermedad.

¿Por qué ahora estamos hablando todos de la corrupción? Es porque ahora hay más transparencia; hay más investigación; hay juicios; hay un presidente confeso y condenado, y otro prófugo; hay más vigilancia ciudadana; y porque leemos sobre la corrupción todos los días en los periódicos.

¿Estos son muestras que el país se está hundiendo en corrupción – o más bien que al fin estamos empezando a superarla? El país parece asumir lo primero. Hay un clima de sospecha generalizada: Para muchos, toda la política, todos los partidos, los partidos enteros, todos los funcionarios son corruptos, incluyendo los futuros que todavía no han tenido oportunidad de mostrar de qué son hechos.

Es cierto: La corrupción es sistemática, como hemos visto en los casos Saca y Funes. Diseñaron un sistema de robo. ¿Pero es cierto que sea sistémica, como muchos nos quieren decir? Sistémico en el sentido que incluso los hombres y mujeres de buenas intenciones que asumen cargos políticos, necesariamente terminarán corruptos, porque el sistema los corrompe.

Es cierto: Todos los partidos políticos han tenido diputados, funcionarios, dirigentes corruptos. ¿Pero son corruptos los partidos, todos enteramente, y todos por igual? No.

Las medicinas contra la corrupción son: transparencia, vigilancia ciudadana, sólidas instituciones que la investigan, persiguen y enjuician. Necesitamos más de estas medicinas, y más eficientes. ¿Pero será buena medicina la sospecha generalizada? ¿Será buena medicina la descalificación general de los partidos, de la Asamblea Legislativa, del sistema de justicia? No.

La sospecha generalizada y la deslegitimación sistemática de las instituciones y los partidos, de la clase política en general, son tan erosivos para la democracia que la misma corrupción. Profundizan los resentimientos populares, dan oxígeno a la anti política, y en última instancia abren espacio para movimientos autoritarias y anti institucionales.

Hay discursos irresponsables que atizan este fuego. Algunos los usan por ingenuidad, otros por interés. Para los partidos emergentes, para tener éxito, lo más rentable es arremeter contra todo: el sistema, la clase política, el establishment, ‘los mismos de siempre’ – contra la política misma. Si fuera solamente Nuevas Ideas que emplea este discurso redentor, no lograría erosionar la confianza de la gente en el sistema democrático e institucional del país. Pero a veces también caen en este discurso otros partidos emergentes, como Vamos y Nuestro Tiempo, igual que movimientos ciudadanos que con buenas razones se organizan para denunciar las deficiencias institucionales.

Si además tenemos una embajadora de Estados Unidos, un fiscal general y medios que diariamente hablan de la corrupción, pero no saben proyectar que la crisis se debe precisamente a que al fin la estamos enfrentando, el resultado es fatal: Lo que en realidad es la fiebre producida por la lucha contra la corrupción, es percibida como la fiebre de la agonía fatal del sistema.

Es en este ambiente que vamos hacia las elecciones presidenciales. En este ambiente de sospecha generalizada corremos peligro que ningún candidato, aun cuando proponga las soluciones correctas, tenga credibilidad. En una situación donde es urgente que los incipientes esfuerzos de transformar, limpiar y abrir los partidos adquieran fuerza y logren cambios, existe el peligro que se estrellen contra el muro de la incredulidad generalizada.

Los movimientos autoritarios y demagógicos no necesitan que los ciudadanos les crean. Lo único que necesitan es que los ciudadanos ya no crean a nadie y en nada. Así se genera la situación absurda que las propuestas más indecentes de repente puedan competir en igualdad de condiciones – o incluso con ventaja, siempre cuando logren explotar y movilizar las frustraciones y los resentimientos que con sobradas razones tiene la gente.

¿Qué hacer? Ver el bosque y no solo los árboles podridos. Exigir transparencia, instituciones sólidas e independientes, mejores políticas públicas. Y más sensatez. Creamos en nuestro poder ciudadano para producir cambios en los partidos e instituciones, en vez de delegarlo a redentores.

Saludos,

¿Una crisis futura? De Manuel Hinds

14 septiembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Como es bien sabido, el impago parcial de unas deudas pequeñas hace un par de años tuvo efectos muy negativos. Nos llevó a una reducción de la calificación de nuestra deuda, que es un indicador de la confiabilidad que tiene el gobierno para pagarla. Una reducción lleva a que menos personas naturales y jurídicas estén dispuestas a financiar al país, y a que otros, que estaban dispuestos a comprarlos a una cierta tasa de interés, estén dispuestos a seguir haciéndolo pero a tasas de interés más altas. El pago de tasas más altas implica que, de los fondos con los que cuenta el Estado, las cantidades asignadas a otros gastos o inversiones tienen que ser menores. Es decir, tasas más altas significan menos escuelas construidas, o menos medicinas en los hospitales, o menos policías en las calles.

Así, además de afectar muy negativamente el prestigio del país, el impago nos ha llevado a tener que pagar más caro por el crédito al país. Esto debería haber quedado como una lección muy clara de que jamás debemos entrar en impago de una deuda, ni siquiera por unos minutos, si es que una lección era necesaria para una cosa tan evidente.

Se acerca la presentación del presupuesto para 2019. De acuerdo con una sentencia de la Sala de lo Constitucional, el gobierno tiene que incluir en él el pago de todos los gastos que ya se sepa que tienen que pagarse al momento de elaborar el presupuesto, lo cual incluye el pago de estos bonos en septiembre de 2019. Este pago es como mínimo de $800 millones pero hay otros $1,200 millones que los tenedores de estos bonos pueden también presentar al cobro si así lo desean. De esta forma, el gobierno tiene que estar listo para pagar $2,000 dentro de un año, y esto debe presupuestarse.

De acuerdo con la Constitución, todos los gastos incluidos en el presupuesto tienen que ir acompañados de la forma en la que serán pagados, que en este caso tiene que ser la emisión de otros bonos con vencimiento en el largo plazo por una cantidad equivalente. La emisión de estos bonos requiere la aprobación de la mayoría calificada de la Asamblea Legislativa.

Esta emisión es completamente distinta de las emisiones que el gobierno pueda querer realizar para pagar los otros gastos incluidos en el presupuesto, que pueden reducirse si se reducen los gastos que van a financiar. En este caso, el gasto que los nuevos bonos financiarían no se puede reducir ni eliminar, porque está determinado por el vencimiento de una deuda ya existente. Esta emisión también es diferente de las que pagan nuevos gastos en otra dimensión: estos bonos no aumentarán la deuda ya existente del país en forma neta, porque el aumento de deuda que ellos implican será compensado por la disminución de la deuda implícito en el pago de los bonos anteriores. Una tercera diferencia es que si no se aprueban se afectaría la situación del país como deudor de una manera muy negativa, causando costos en todas las dimensiones de la vida del país. Una cuarta diferencia es que el dinero conseguido por los futuros bonos tiene que estar disponible en un cierto día de acuerdo a obligaciones incurridas por el estado salvadoreño. El atraso en esta fecha es ya en sí un impago, aunque el pago se realice un día después. Dado que la emisión de bonos en los mercados internacionales requiere trabajos que tardan meses, es necesario que la aprobación deje un buen margen de tiempo para la emisión.

Por estas razones, la emisión de estos bonos con el destino exclusivo de pagar las deudas ya adquiridas debería ser considerada con criterios distintos a los de las demás deudas propuestas por el gobierno, y debería ser aprobada sin atrasos para que el dinero esté disponible en el momento en el que se necesite. Este es un tema de país, no uno de partidos políticos. Un atraso en este pago sería fatal no solo para el gobierno que esté en el poder sino también para el país entero.

¿Y si te ponen “donde hay”? De Mario Vega

Mario Vega es pastor general de la iglesia CELIM

14 septiembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Giges fue un pastor de ovejas que, después de un vendaval y un terremoto, vio que la tierra se había agrietado para formar un abismo en los campos donde pastaban sus ovejas. Intrigado descendió por la grieta y encontró un caballo de bronce que contenía un cuerpo sin vida y sin otra cosa más que un anillo de oro en uno de sus dedos. Giges decidió tomar el anillo y quedarse con él. Posteriormente y de manera incidental, descubrió que el anillo tenía el poder mágico de volverlo invisible cuando le daba vuelta en su dedo. Al asegurarse del poder de su anillo, se dirigió al palacio donde aprovechando su capacidad de volverse invisible logró seducir a la reina, asesinar al rey y convertirse en el nuevo rey, un rey tirano. Con el poder de su invisibilidad, Giges tuvo la opción de hacer el bien, descubriendo criminales y luchando por el bien común. Pero, por el contrario, buscó su provecho personal adquiriendo riqueza y poder.

La historia se encuentra en el libro segundo del Diálogo de la República de Platón. El propósito de la historia es reflexionar sobre si el hombre es justo por naturaleza o por coerción. La coerción de las leyes y de las consecuencias del mal obrar. Platón afirma que la mayor parte de personas actuaría a semejanza de Giges al gozar de la impunidad que el anillo de la invisibilidad les proporcionaría.

La reflexión de Platón, de hace más de 2,300 años atrás, sigue teniendo total validez ante los sonados casos de corrupción de hoy en día. Cuando una persona asume como funcionario público alcanza poder que se traduce en cierto grado de impunidad. A mayor autoridad alcanzada mayor capacidad para volverse arbitrario e “invisible”. Los privilegios que otorga el rol de servidor público no son usados para el fin que se crearon sino para complacer los intereses más egoístas, miserables e insensibles. Ante ello los ciudadanos adoptan la idea de que los políticos son una cloaca de corrupción y no dejan de indignarse ante tanto delito. Pero ¿qué ocurriría si cada uno de esos ciudadanos condenadores fueron ubicados en la misma posición? ¿Qué haría cada uno de ellos con el poder de la invisibilidad? De acuerdo con Platón, casi todos terminarían por reeditar la misma conducta.

El anillo de Giges no se encuentra solamente en las grietas del campo público sino también en el privado, en la academia, en el religioso, en la familia y en lo personal. El carácter del hombre se manifiesta en las conductas más pequeñas y cotidianas: en la honradez al declarar y pagar los impuestos, en el pago de salarios humanos, en el cumplimiento de la palabra que se empeñó a un hijo, en la puntualidad, en el respeto al cónyuge, en el uso de la verdad. Esos elementos son los que al final de cuentas dan respuesta a el qué haríamos en posesión de un privilegio distintivo. Lastimosamente, son justamente esos elementos los que no se tienen en cuenta al decidirnos por un negocio, un médico, un pastor, una pareja. Para el caso de las próximas elecciones ¿somos capaces de percibir la egolatría, las infracciones a la ley electoral, las mentiras, las promesas fantasiosas e inútiles, el inusitado interés en los problemas de lugares recónditos que nunca antes se habían visitado? Significa entonces que ¿no hay salvación para esta plaga? Claro que sí, ve tú y haz la diferencia comenzando por tu círculo íntimo y tu vida privada.

Algunas preguntas para los candidatos. De Luis Mario Rodríguez

13 septiembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

A cuatro meses de las elecciones los candidatos presidenciales no han presentado propuestas serias y estructuradas en tres ámbitos fundamentales para el desarrollo nacional: la seguridad pública, el endeudamiento estatal y el crecimiento económico. Esta es una invitación para que respondan a una lista de interrogantes sobre situaciones que, indiscutiblemente, tendrá que administrar el que gane los comicios.

La inseguridad mantiene a los salvadoreños en una disposición permanente de angustia. Las cifras de homicidios no ceden. No existe una política de Estado que permita contemplar el rumbo, las metas y los resultados en el corto, mediano y largo plazo. El enfoque electoral del problema, por las administraciones de derecha y de izquierda, ha impedido un tratamiento responsable del tema. Las extorsiones ahogan a los pequeños empresarios y las maras siguen al asecho de los jóvenes en zonas donde la autoridad no logra recuperar el control del territorio.

¿Cómo enfrentarán a las pandillas? ¿Cuál será su estrategia para combatir las extorsiones? ¿Cuáles son sus planes de prevención del delito, de rehabilitación y de reinserción de los privados de libertad? ¿Cuál es su planteamiento en relación al hacinamiento carcelario? ¿Impulsarán una política criminal que atienda el dilema de la seguridad de manera global? ¿Promoverán un proceso de depuración al interior de la Policía Nacional Civil? ¿Otorgarán un mayor presupuesto a esa entidad para incentivar a los agentes policiales y proteger el futuro de sus familias ante los atentados que sufren aquellos en el desempeño de sus deberes? ¿Mantendrán en una sola institución la atención a la seguridad y a la justicia o debatirán acerca del restablecimiento de dos ministerios diferentes? ¿Retomarán el Consejo Nacional de Seguridad Pública? ¿Propondrán una normativa legal que armonice las estadísticas criminales y que evite la contradicción de los datos y la falta de información sobre los diferentes delitos? ¿Instalarán una mesa de consulta con jueces, fiscales y gremiales de abogados que les permita identificar modificaciones a las leyes para una lucha más eficiente en contra de la delincuencia?

El endeudamiento público sobrepasó los topes límite para una economía dolarizada. El pago de las obligaciones crediticias asfixia el financiamiento de diferentes programas y políticas públicas. Los acuerdos en esta materia se incumplen reiteradamente. A las fuerzas políticas parece no importarles el desprestigio internacional y el encarecimiento de los intereses que causó el impago de la deuda en 2017.

¿Cuál es el programa de los presidenciables para reducir progresivamente la deuda pública durante su quinquenio? ¿Fomentarán un “pacto fiscal integral” en los primeros seis meses de su gestión? ¿Cómo mejorarán los ingresos de la hacienda pública? ¿Subirán los impuestos, crearán incentivos fiscales para atraer inversión, recomendarán medidas para acabar con la evasión y la elusión fiscal? ¿Cómo atenderán el exceso de gasto público? ¿Qué harán para afrontar la presión del escalafón salarial de los ministerios de educación y salud? ¿Conservarán el sistema privado de pensiones, multiplicarán el rendimiento de los ahorros e incorporarán los cambios que no fueron atendidos durante la última reforma para mitigar el apremio fiscal? ¿Cuáles criterios aplicarán para aumentar el Fondo para el Desarrollo Económico y Social de los Municipios (Fodes)? ¿Revisarán el incumplimiento de la “ley reguladora de endeudamiento público municipal” que establece un techo a los pasivos de los gobiernos locales? ¿Presentarán un plan de empréstitos internacionales con montos y cronogramas cuya aprobación es indispensable para estabilizar el endeudamiento? ¿Cómo pretenden alcanzar la mayoría calificada en la Asamblea Legislativa para ratificar esos préstamos? ¿Ampliarán la base tributaria facilitando la formalización de los comerciantes?

El otro gran asunto: la economía. Sin la pujanza empresarial no hay empleo, se ensancha la pobreza y el Estado no recibe más impuestos para financiar programas sociales, infraestructura de gran impacto y áreas como la seguridad. Nos encontramos a la cola en Centroamérica en captación de inversionistas nacionales y extranjeros, tenemos la menor tasa de crecimiento económico y cientos de miles de salvadoreños afrontan circunstancias miserables de vida ¿Cuál es su proyecto para restablecer las condiciones óptimas de competitividad y productividad, para facilitar los negocios, generar confianza, aplacar la tramitología, acabar con el clientelismo y modernizar la función pública? La mesa está servida.