Bernd Finke

Palabras abiertas entre buenos amigos. De Bernd Finke, embajador alemán

El FMLN y el gobierno han denunciado como “interferencia en los asuntos internos de El Salvador” las declaraciones de diferentes embajadores, siempre y cuando han señalado peligros para el Estado de Derecho, la división de poderes y la lucha contra la corrupción en El Salvador. El último caso: el rechazo del FMLN y del gobierno a las declaraciones de la embajadora de Estados Unidos sobre la reforma a la Ley de Extinción de Dominio aprobada ratificada por el presidente. Anteriormente, el ex-embajador alemán, Heinrich Haupt, tuvo que enfrentar críticas e incluso protestas diplomáticas por sus declaraciones en defensa de la Sala de lo Constitucional. Ahora, el actual embajador de Alemania, Bernd Finke, comenta el compromiso de los embajadores con la institucionalidad democrática del país.

Segunda Vuelta

No tengo un mandato para hablar en nombre del cuerpo diplomático, pero creo que expreso el sentimiento de muchos de mis colegas: Nos sentimos amigos de este maravilloso país.

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Bernd Finke, embajador de Alemania en El Salvador

Bernd Finke, 2 agosto 2017 / El Diario de Hoy

Como diplomático de carrera estoy siguiendo con gran interés el debate en curso sobre las supuestas injerencias en los asuntos internos de El Salvador por parte de algunos miembros del cuerpo diplomático.

Normalmente, señalamientos de esto tipo salen a la luz cuando un diplomático hace observaciones públicas que no le agradan al Gobierno o a otros representantes de la clase política. A menudo, se trata de observaciones sobre cuestiones como la buena gobernanza, la democracia o los derechos humanos.
Las reacciones de los funcionarios no solo sorprenden al reproducirse en los diferentes medios de comunicación, sino que pareciera que se sospecha que algunos diplomáticos promueven sus propias agendas políticas en el país anfitrión.

EDH logCon respecto a la situación en El Salvador, me atrevería a decir que esas presunciones no tienen fundamento. ¿Por qué? Para comenzar hablando de la cuestión de agendas políticas del cuerpo diplomático: En el caso de mi país, de Alemania, es justo que tengamos una agenda política en El Salvador. Pero esta agenda no está orientada a promover posiciones encontradas entre los partidos políticos. Nuestra agenda política se basa en principios políticos fundamentales como el estado de derecho, la democracia, la promoción de los derechos humanos, el crecimiento económico para todos y el bienestar del país.

Nuestra agenda política no se basa en programas de los partidos o convicciones ideológicas y mucho menos es una “agenda oculta”. Esta agenda política no es el resultado de una decisión unilateral, no es una agenda solamente alemana, sino que se basa en un acuerdo de común entendimiento bilateral entre Alemania y El Salvador. Todo esto, tomando en cuenta que entre nosotros —así como entre El Salvador y la Unión Europea, o El Salvador y el resto de países amigos— existe una comunidad de valores compartidos respecto al estado de derecho, la democracia o la promoción de los derechos humanos.

Hemos acordado que nuestra cooperación debería servir para promover dichos valores. Por eso creo que como Embajador me es permitido compartir con el país si hay, de parte de mi gobierno, algunas preocupaciones respecto al rumbo de El Salvador. No se trata de dar lecciones con un índice levantado, sabemos que todos tenemos tareas que hacer al respecto.

Como el resto de diplomáticos hablo como amigo de El Salvador y —al hablar de amistad— estoy convencido que los buenos amigos no solo deben apoyar las necesidades del otro, sino que también tienen el derecho y la obligación moral de avisar cuando algo podría evolucionar en una dirección preocupante —ya sea en El Salvador, ya sea en Alemania.

No tengo un mandato para hablar en nombre del cuerpo diplomático, pero creo que expreso el sentimiento de muchos de mis colegas: Nos sentimos amigos de este maravilloso país. No estamos interesados en la política de un partido de gobierno o de oposición. Estamos interesados en profundizar y ampliar nuestras relaciones bilaterales poniendo en práctica nuestra comunidad de valores. Entonces, las reflexiones de los diplomáticos en El Salvador no podrían —no deberían de— entenderse como “injerencia política”, sino como palabras abiertas entre amigos.