Bernd Finke

Nueva Sala de lo Constitucional, una perspectiva alemana. De Bernd Finke

Bernd Finke, Embajador de la República Federal de Alemania

20 noviembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Después de meses de lucha, los nuevos magistrados de la Sala de lo Constitucional han sido finalmente elegidos. El proceso de selección fue obviamente un trabajo duro. Algunas veces, las calificaciones jurídicas de los candidatos estaban en el centro de los debates, pero sobre todo se planteó la cuestión de la presunta proximidad de los futuros magistrados a los partidos políticos del país. Algunos de los debates recordaban a un chalaneo y existía el riesgo de que la reputación de la Sala y de los futuros magistrados se viera dañada.

Por otro lado, también se podría decir que las intensas controversias sobre la elección de nuevos magistrados tenían algo bueno: los debates atestiguan la gran importancia sociopolítica que se concede a la Sala como órgano central de control de la constitucionalidad de la vida política. Las decisiones de la Sala siempre se refieren a cuestiones de democracia, Estado de Derecho y derechos humanos. Un tribunal no puede tener una mayor responsabilidad y, como consecuencia, la selección de su jueces debe hacerse con el máximo debido cuidado.

En los últimos nueve años, los jueces constitucionales cuyo mandato, con una excepción, terminó el 15 de julio, establecieron nuevos estándares. Gracias a su integridad, independencia, imparcialidad y profesionalismo han contribuido a un fortalecimiento sustancial del orden constitucional de El Salvador y han asegurado que el “tercer poder” fuera un contrapeso efectivo a los poderes Ejecutivo y Legislativo, equilibrando mejor el sistema de checks and balances (controles y equilibrios) requerido para cualquier democracia y para cualquier Estado de Derecho.

Donde quiera que los magistrados de la Sala vislumbraron desarrollos indeseables o una necesidad de corrección trazaron límites claros y no se alejaron de decisiones incómodas. En Alemania y en otros países europeos, la Sala ha fortalecido la reputación de El Salvador como una democracia relativamente joven pero firmemente establecida.

La elección del nuevo panel de magistrados marca el comienzo de un nuevo capítulo en la historia de la Sala y en la historia constitucional del país. Alemania felicita a los magistrados recién electos. No debemos sobrestimar el hecho de que hubo muchas críticas a su presunta afiliación partidista durante el proceso de selección. En Alemania también los jueces constitucionales son elegidos por recomendación de los partidos políticos. Nuestras democracias viven del compromiso político de sus ciudadanos y de su contribución a la competencia de ideas. Aristóteles ya describió al hombre –hace más de 2000 años– como un “zoon politikon”, es decir, un ser político. Sería ingenuo asumir que los magistrados han pasado por la vida sin influencias o preferencias políticas o partidistas. Todos formamos nuestras propias opiniones políticas y nos inclinamos por uno u otro campo. Eso es normal.

Lo importante es que a partir de ahora, el día en que asumen sus cargos, los magistrados de la Sala dejarán atrás sus preferencias partidistas o ideológicas y harán de la defensa de la Constitución el único punto de referencia para sus acciones. Esperamos que los nuevos jueces sean conscientes de esta gran responsabilidad para con el pueblo de El Salvador y para con el futuro de la democracia, del Estado de Derecho y de los derechos humanos en el país.

Como todas las cortes constitucionales de los estados democráticos, la nueva Sala a veces tomará decisiones que provoquen críticas. Esto también es normal. La crítica es parte integrante del discurso político y es un derecho fundamental protegido por la Constitución como parte de la libertad de expresión. Lo que no se debe repetir son los ataques personales y los actos de agresión verbal contra los magistrados o sus familias. Las decisiones desagradables no son la expresión de una “dictadura de la justicia”, sino de la supremacía de la ley, siempre que se tomen de acuerdo con la Constitución.

Además, los líderes políticos en el Gobierno y en el Parlamento tienen el poder de evitar conflictos con la Sala si tienen en cuenta el contenido y los límites de la Constitución en el período previo a sus decisiones. Y no hay que olvidar que hay otro aspecto central para la paz jurídica en una sociedad: la voluntad de los órganos constitucionales de no competir entre sí, sino trabajar unidos por el bien común. Como decía Cicerón: “El bien público será la ley suprema”.

En todos los estados del mundo existe una divergencia entre la teoría constitucional y la realidad constitucional. El Salvador se ha dotado de una Constitución comprometida con el Estado de Derecho, la democracia y los derechos humanos. Esperemos que la Sala pueda contribuir para que la teoría constitucional sea cada vez más apegada a la realidad constitucional y que El Salvador siga siendo un buen ejemplo para toda la región”.

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Palabras abiertas entre buenos amigos. De Bernd Finke, embajador alemán

El FMLN y el gobierno han denunciado como “interferencia en los asuntos internos de El Salvador” las declaraciones de diferentes embajadores, siempre y cuando han señalado peligros para el Estado de Derecho, la división de poderes y la lucha contra la corrupción en El Salvador. El último caso: el rechazo del FMLN y del gobierno a las declaraciones de la embajadora de Estados Unidos sobre la reforma a la Ley de Extinción de Dominio aprobada ratificada por el presidente. Anteriormente, el ex-embajador alemán, Heinrich Haupt, tuvo que enfrentar críticas e incluso protestas diplomáticas por sus declaraciones en defensa de la Sala de lo Constitucional. Ahora, el actual embajador de Alemania, Bernd Finke, comenta el compromiso de los embajadores con la institucionalidad democrática del país.

Segunda Vuelta

No tengo un mandato para hablar en nombre del cuerpo diplomático, pero creo que expreso el sentimiento de muchos de mis colegas: Nos sentimos amigos de este maravilloso país.

bernd finke

Bernd Finke, embajador de Alemania en El Salvador

Bernd Finke, 2 agosto 2017 / El Diario de Hoy

Como diplomático de carrera estoy siguiendo con gran interés el debate en curso sobre las supuestas injerencias en los asuntos internos de El Salvador por parte de algunos miembros del cuerpo diplomático.

Normalmente, señalamientos de esto tipo salen a la luz cuando un diplomático hace observaciones públicas que no le agradan al Gobierno o a otros representantes de la clase política. A menudo, se trata de observaciones sobre cuestiones como la buena gobernanza, la democracia o los derechos humanos.
Las reacciones de los funcionarios no solo sorprenden al reproducirse en los diferentes medios de comunicación, sino que pareciera que se sospecha que algunos diplomáticos promueven sus propias agendas políticas en el país anfitrión.

EDH logCon respecto a la situación en El Salvador, me atrevería a decir que esas presunciones no tienen fundamento. ¿Por qué? Para comenzar hablando de la cuestión de agendas políticas del cuerpo diplomático: En el caso de mi país, de Alemania, es justo que tengamos una agenda política en El Salvador. Pero esta agenda no está orientada a promover posiciones encontradas entre los partidos políticos. Nuestra agenda política se basa en principios políticos fundamentales como el estado de derecho, la democracia, la promoción de los derechos humanos, el crecimiento económico para todos y el bienestar del país.

Nuestra agenda política no se basa en programas de los partidos o convicciones ideológicas y mucho menos es una “agenda oculta”. Esta agenda política no es el resultado de una decisión unilateral, no es una agenda solamente alemana, sino que se basa en un acuerdo de común entendimiento bilateral entre Alemania y El Salvador. Todo esto, tomando en cuenta que entre nosotros —así como entre El Salvador y la Unión Europea, o El Salvador y el resto de países amigos— existe una comunidad de valores compartidos respecto al estado de derecho, la democracia o la promoción de los derechos humanos.

Hemos acordado que nuestra cooperación debería servir para promover dichos valores. Por eso creo que como Embajador me es permitido compartir con el país si hay, de parte de mi gobierno, algunas preocupaciones respecto al rumbo de El Salvador. No se trata de dar lecciones con un índice levantado, sabemos que todos tenemos tareas que hacer al respecto.

Como el resto de diplomáticos hablo como amigo de El Salvador y —al hablar de amistad— estoy convencido que los buenos amigos no solo deben apoyar las necesidades del otro, sino que también tienen el derecho y la obligación moral de avisar cuando algo podría evolucionar en una dirección preocupante —ya sea en El Salvador, ya sea en Alemania.

No tengo un mandato para hablar en nombre del cuerpo diplomático, pero creo que expreso el sentimiento de muchos de mis colegas: Nos sentimos amigos de este maravilloso país. No estamos interesados en la política de un partido de gobierno o de oposición. Estamos interesados en profundizar y ampliar nuestras relaciones bilaterales poniendo en práctica nuestra comunidad de valores. Entonces, las reflexiones de los diplomáticos en El Salvador no podrían —no deberían de— entenderse como “injerencia política”, sino como palabras abiertas entre amigos.