Erika Saldaña

Niñas, ni esposas ni madres. De Erika Saldaña

Derogar la posibilidad de que una niña se case a temprana edad es un buen comienzo para proteger sus derechos y libertades. Sin embargo, el problema de raíz no es este.

erika saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 21 agosto 2017 / EL DIARIO DE HOY

Las niñas son niñas y no deberían ser esposas a temprana edad. En eso estamos de acuerdo la mayoría de salvadoreños. Pero hay otro problema: a veces la falta de educación sexual lleva a que una niña se convierta en madre antes de los 18 años; en peores situaciones, una violación las obliga a asumir ese rol en contra de su voluntad. En ambos casos, muchas de ellas además de madres se convirtieron en esposas. Esta es una dura realidad de El Salvador, en la que más de 22,000 niñas están casadas o en unión no matrimonial, la mayoría de ellas en contra de su voluntad.

EDH logHasta el pasado jueves, la ley salvadoreña aceptaba el matrimonio de una niña cuando estuviera embarazada y con el consentimiento de sus padres; esto dio lugar a que niñas fueran unidas en matrimonio en contra de su voluntad y, peor aún, con su violador. El temor al “qué dirán” impulsó a padres casar a sus hijas por la fuerza. Y en una total aberración hay casos en que los jueces excluyeron de responsabilidad penal a acusados de violación si se casaban con su víctima menor de edad, a quien obligaban a convivir con alguien que en algún momento le hizo daño.

Las anteriores situaciones son un reflejo de la cultura de nuestra sociedad. Esa en la que una relación sexual o embarazo en soltería se corrige casándose, donde el honor de la mujer se ve limpiado por el matrimonio, donde los hijos se legitiman socialmente si los padres están juntos y al hombre se le perdonan sus actos imponiéndole la pena del casamiento. Situaciones con una visión limitada de lo que significa un hogar.

A una niña mamá y esposa se le hace el doble de difícil salir adelante en una sociedad marcada por la pobreza, el machismo y la exclusión; con mucho esfuerzo de por medio, probablemente logre terminar sus estudios básicos y alcanzar la universidad, criar un bebé, mantener una vivienda y trabajar para subsistir. Pero no todas las niñas corren con esta suerte y muchas de ella ni obtienen trabajo ni apoyo de su familia o de la sociedad.

Derogar la posibilidad de que una niña se case a temprana edad es un buen comienzo para proteger sus derechos y libertades. Sin embargo, el problema de raíz no es este. Una persona no debería convertirse en mamá siendo aún una niña. No voy a entrar a discutir lo obvio: una niña no debería ser violada. Pero en los casos en los que no se da esta aberración, pero sí un embarazo, la razón detrás de esto es la vergüenza para tocar temas tabúes o el desconocimiento de los mismos padres. Y algo más, ni las familias ni las escuelas hablan sobre educación sexual completa a niñas y adolescentes.

A los jóvenes no se les enseña los riesgos y responsabilidades de una relación, la posibilidad de un embarazo o el peligro de adquirir una enfermedad de transmisión sexual. Tampoco se les enseña sobre cómo responder a una faceta distinta de la vida de ellos ni sobre métodos anticonceptivos. Estamos negando la realidad a la que muchos niños y adolescentes están expuestos; también nos estamos cegando al hecho que, en una sociedad globalizada, la información les llegará, quizá no de la mejor manera y sin el filtro de un adulto que los oriente.

Derogar la posibilidad de que los menores se casen trae un poco de sensatez a nuestra sociedad. Sin embargo, esta resulta insuficiente para enfrentar los problemas de niñas embarazadas, no desaparece las uniones no matrimoniales, ni la exclusión a la que estas o jóvenes mayores de 18 años se ven sometidas cuando llega un bebé a temprana edad.

En El Salvador aún tenemos el reto de una educación sexual completa para niños y adolescentes, y así prevenir embarazos o enfermedades. También tenemos el desafío de cambiar la cultura de una sociedad machista. Las niñas ya no serán esposas, pero falta erradicar que no sean madres a temprana edad. Además, debemos eliminar el estigma que todavía recae sobre las jóvenes madres solteras. Un matrimonio debe darse bajo la convicción libre, informada y voluntaria de unirse a alguien más para formar una familia. Las mujeres no tenemos más honor por estar casadas, ni menos por tener un hijo siendo solteras.

Negociaron con pandillas. De Erika Saldaña

Es saludable que inicie un debate serio sobre este tema. Con énfasis en serio. Ojala que no se limite a enmarcar el problema de los pactos electorales con pandillas en el contexto de la tregua, sino donde verdaderamente pertenece: las políticas de Seguridad post tregua del FMLN y la ausencia de alternativas por parte de ARENA.

Paolo Luers

erika saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 14 agosto 2017 / EL DIARIO DE HOY

El FMLN y ARENA habrían negociado con las pandillas a cambio de incentivar o intimidar las votaciones presidenciales de 2014. A los dos partidos políticos mayoritarios de El Salvador poco les importó el historial criminal de estos grupos, los fines para los cuales podrían utilizar el dinero recibido en sus negociaciones, ni las consecuencias que el fortalecimiento de estos grupos tendría en la vida de muchos salvadoreños. A estos partidos políticos únicamente les interesó mantener o recuperar el poder.

EDH logEmpecemos por lo incomprensible. ¿A quién en su sano juicio se le ocurre que es válido sentarse a negociar aspectos políticos del país, como una votación, con grupos que se encuentran fuera de la ley? Las pandillas son ese fenómeno social cuya raíz no hemos comprendido a cabalidad. Probablemente son producto de la desigualdad, violencia y falta de oportunidades, pero eso no excluye el hecho que son grupos de personas que han cometido graves delitos contra la sociedad y cuya reinserción o aceptación no puede ocurrir fuera de los parámetros que dibuja la ley.

Cuando en 2016 se dieron a conocer audios y videos publicados por el periódico digital El Faro, en el que aparecían funcionarios de ambos partidos mayoritarios intentando hacer acuerdos con los jefes de las principales pandillas, a los partidos no les tocó más que aceptar esas reuniones; eso sí, aduciendo otro tipo de motivos y tratando de justificar cualquier rastro de ilegitimidad. ARENA manifestó que sus reuniones se realizaron con el fin de que las pandillas permitieran una votación libre en los territorios controlados y cesaran el acoso a votantes en la segunda vuelta presidencial de 2014; mientras que el FMLN expresó que las reuniones del Ministro de Gobernación con pandilleros respondían a un apoyo económico para renovar los documentos únicos de identidad y programas de microcrédito.

Los partidos políticos han desgastado tanto su credibilidad en El Salvador, que ya pocos (o solo su voto duro) creen en las justificaciones que otorgan. Aunque manifiesten que sus propósitos eran distintos a incidir en las elecciones de 2014, no hay nada que justifique que negociaron con pandillas. Si su intención era detener acciones ilegítimas, su deber era acudir a las instancias correspondientes a denunciar y hacer públicos los hechos, no sentarse a ofrecer beneficios a pandilleros.

A los políticos no les importó que estos grupos han robado, matado, violado e intimidado a muchas personas; el único fin que ARENA y el FMLN habrían tenido en la cabeza era conseguir ganar las elecciones y con estas negociaciones dejaron claro que estaban dispuestos a pagar cualquier precio, dinero y vidas de salvadoreños. Usaron a grupos que depredan a la sociedad para ganar unas elecciones. Es algo vil. Despreciable.

Por otro lado, con este tipo de negociaciones queda expuesta la incapacidad de los actuales partidos políticos de ganar una elección con base en propuestas y trabajo. A ARENA y el FMLN les salía más fácil lograr que las personas votaran o dejaran de votar por la fuerza, a las alternativas naturales en un país civilizado: presentar planes de gobierno con propuestas decentes y que los ciudadanos fueran los que evaluaran esas propuestas en las urnas. No tienen ni la mínima capacidad de gobernar de manera decente, por lo que se tuvieron que auxiliar de los métodos más bajeros que existen.

ARENA y el FMLN atentaron directamente con el sistema político y contra la democracia misma. Si las elecciones libres son un presupuesto necesario para la existencia de un Estado constitucional de Derecho, el solo intento de alterar la voluntad popular a través de compra de votos o de la intimidación a ciudadanos libres para que no asistieran a las urnas, los vuelve culpables de atentar contra la esencia del sistema republicano.

Los partidos políticos ya se encontraban inmersos en una crisis por culpa de su misma ineptitud para dirigir los temas trascendentales para la ciudadanía; estas negociaciones con grupos criminales los siguen llevando camino al abismo. El posible resquebrajamiento del sistema de partidos políticos será culpa de la desconfianza que ellos mismos han sembrado con acciones reprochables como estas. O cambian su forma de hacer política, o la historia recordará a estas legislaturas y gobiernos como los únicos responsables de la total decadencia de El Salvador.

Lista de súper. De Erika Saldaña

Es irrazonable que gasten grandes cantidades de dinero en publicidad de las excusas del gobierno, que aparten fondos para las compras de carros de lujo, que alimenten a funcionarios u organicen celebraciones con fondos del Estado.

erika saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 7 agosto 2017 / EL DIARIO DE HOY

El presupuesto de 2017 está fuera de la realidad y por eso es inconstitucional. Así lo dictaminó la Sala de lo Constitucional. En corto, no cumple el principio de equilibrio presupuestario, no se consideran gastos obligatorios y abundan los innecesarios. Se mantienen intactos las asignaciones de muchos ministerios y dependencias, mientras que para el pago de pensiones fijan mil dólares a una partida que ya sabíamos que necesitaba doscientos treinta millones de dólares en este año. Es como si del presupuesto de su casa, usted apartara una cantidad para salir con sus amigos, pero no sabe cómo pagará el colegio de sus hijos.

EDH logEsta no es la primera vez que la Sala interviene en el presupuesto. Hace un par de años estableció que es inconstitucional la existencia de partidas presupuestarias libres de auditoría y control, rechazando las llamadas “partidas secretas” o de gastos imprevistos. Además, en otras resoluciones ha dicho que hay gastos que pueden recortarse para comprar, por ejemplo, medicamentos para la hemofilia. A pesar de que estas medidas le suenan lógicas a cualquier ciudadano que le cuesta ganar su salario y salir con los gastos mensuales, el Gobierno y la Asamblea parecen no entender y no las han cumplido como deberían. Se niegan a hacer bien un presupuesto y a ordenar las cuentas del Estado.

El problema fiscal de El Salvador hay que arreglarlo y para eso es necesario, en primer lugar, ordenar la casa e implementar una verdadera política de austeridad. Cuando hablamos de recortar gastos varios funcionarios del gobierno han tergiversado las intenciones y han intentado satanizar las acciones. Lo primero que dicen es que se eliminarán los programas sociales, que no se entregarán uniformes ni alimentos a los niños en las escuelas, que no habrá medicinas en los hospitales y que se tendrá que despedir gente del aparato estatal. Nada más alejado de la realidad. Pareciera que su única intención es meter miedo a la gente necesitada que se beneficia de dichos programas.

El recorte de los gastos se tiene que dar en el día a día y donde existe grasa. Es irrazonable que gasten grandes cantidades de dinero en publicidad de las excusas del gobierno, que aparten fondos para las compras de carros de lujo, que alimenten a funcionarios u organicen celebraciones con fondos del Estado. Y, por otro lado, tengan a gente sufriendo la falta de un medicamento en un hospital o un niño yendo a una escuela sin agua. Si camináramos en los pasillos de las distintas instituciones públicas probablemente encontraríamos gastos que podrían eliminarse y que se invertirían mejor en áreas que beneficien directamente a distintos sectores poblacionales.

Y, seamos honestos. El Estado tiene una planilla sobrepoblada, donde se paga salario a dos personas por el trabajo que bien podría hacer una si se pone las pilas. Los administradores del aparato estatal tienen que hacer una purga y eliminar las plazas innecesarias, hacer un ajuste de salarios para pagar a cada quien por el trabajo que corresponde, y establecer un verdadero sistema de control del servicio civil. No existe un mecanismo de supervisión de la eficiencia de cada empleado público y no sabemos con certeza cuántos empleados debería tener el Estado para salir con sus quehaceres. Los tres Órganos del Estado están obligados a colaborar con las medidas que ayuden a reducir gastos e invertir de mejor manera el dinero disponible.

La diputada Lorena Peña, analizando lo dicho por la Sala en un programa de televisión, señaló que las medidas ordenadas para tratar de solventar la crisis fiscal y que se corrija el problema de equilibrio presupuestario son una lista de súper; y que el Gobierno tenía más y mejores reglas sobre la austeridad que las que se establecen en la sentencia. Si ya tienen un plan para sacar a país de la crisis y si creen que este caminaría mucho mejor sin la existencia de la Sala de lo Constitucional, adelante, demuéstrenlo. No se arriesguen a que les sigan corrigiendo la plana.

Eso no es democracia. De Erika Saldaña

Cualquier intento de totalitarismo, de derecha o de izquierda, es perjudicial para el país. Los ciudadanos debemos estar conscientes que es nuestra obligación estar pendientes de que exista un Estado de Derecho.

erika saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 31 julio 2017 / EDH

Los pronunciamientos realizados por los partidos y organizaciones de izquierda en el Foro de São Paulo son preocupantes. Estos ya no solo hablan de construir una alternativa a los partidos y organizaciones de derecha, lo cual es válido y necesario para fomentar una pluralidad de pensamiento; el fin primordial de la búsqueda de la justicia social ha quedado a un lado. Ahora estos pronunciamientos pretenden cimentar la idea de que los medios de comunicación que no alaban a la izquierda están al servicio de la derecha política y empresarial; que la toma de todas las instituciones del Estado es necesaria para consolidar su proyecto político y que quien no piense como ellos está equivocado.

EDH logLa férrea intención de adueñarse de todas las instituciones y poderes del Estado, principalmente la toma de los poderes judiciales, es una declaración concreta en contra de la democracia. En un Estado Constitucional de Derecho es imperativo la existencia de la separación de poderes; pero, sobre todo, es necesario que existan entidades capaces de ejercer control sobre las mismas instituciones públicas y así evitar los abusos de poder.

Distintos funcionarios del FMLN critican el actuar de instituciones como la Sala de lo Constitucional, Sección de Probidad y Fiscalía General de la República, olvidando que cuando la oposición se encontraba en el poder eran ellos quienes exigían su actuación. Es una lástima que en esos tiempos dichas instituciones no se atrevían actuar con la firmeza que hoy lo hacen, pero eso no justifica que hoy pretendan comportarse como lo que antes tanto criticaban.

La dañina pretensión del FMLN de controlar el Órgano Judicial ha sido una de las luchas constantes en los últimos 8 años. En diversas ocasiones funcionarios o miembros de dicho partido han manifestado que la labor de la Sala de lo Constitucional se trata de un sabotaje a su gestión por el hecho de pronunciar sentencias que políticamente no les conviene; han llamado a sus simpatizantes a apoyar sus acciones contra esta institución, lo cual se ha traducido en amenazas, bloqueos a la libertad de circulación de los magistrados y en un intento de botar el portón de la Corte Suprema de Justicia. Eso no es democracia.

Por otra parte, la intención de callar a los medios de comunicación no es más que una muestra del escaso compromiso con una verdadera transparencia que tiene el Gobierno. Resulta inaudito que los funcionarios pretendan establecer lo que los medios deberían publicar o no, a quienes deberían criticar e incluso llegan a culparlos de sus fracasos. Los medios libres no atentan contra las instituciones ni generan antipatía hacia los grupos políticos; simplemente los supervisan y los dejan al descubierto para que los ciudadanos se informen de distintas fuentes para tomar una decisión de apoyo o rechazo. Buscar el silencio de los medios tampoco es democracia.

La semana pasada varios funcionarios del FMLN criticaron duramente las declaraciones de la embajadora de los Estados Unidos, Jean Manes, sobre las repercusiones que pueden causar al país las recién aprobadas reformas a la Ley de Extinción de Dominio. La diplomática recordó que la voluntad política de luchar contra de la corrupción es uno de los requisitos que Estados Unidos establece para recibir fondos de cooperación; esto fue suficiente para que varios funcionarios la acusaran de injerencista.

Resulta increíble que los políticos se molesten por la petición de una diplomática de luchar contra la corrupción. No les están pidiendo que hagan algo malo, que coman niños o que hagan jabón a los viejitos; simplemente que colaboren para erradicar las practicas dañinas en el Estado para acceder a la ayuda que su Gobierno brinda al país. Es aquí que cuesta entender cuáles son los intereses de los partidos políticos y a qué o quién pretenden defender.

Cualquier intento de totalitarismo, de derecha o de izquierda, es perjudicial para el país. Los ciudadanos debemos estar conscientes que es nuestra obligación estar pendientes de que exista un Estado de Derecho, el cual se garantiza con la independencia de pensamiento entre el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, el efectivo ejercicio de control entre dichos órganos y la alternancia en el poder. Es peligroso que una persona o un partido político pretenda enquistarse en el poder o que sus acciones se libren de la revisión o critica ciudadana. Sin democracia perdemos todos.

 

Manos sucias. De Erika Saldaña

Es indignante la forma de actuar de los diputados. Así, como quien dice, aquí mando yo y las cosas se hacen como yo digo. Con matonería e indiferencia a lo que piense y diga la ciudadanía.

erika saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 24 julio 2017 / EDH

A los diputados se les olvidó una vez más la ciudadanía. En secreto, a puerta cerrada y sin mayor discusión pública, aprobaron las reformas a la Ley de Extinción de Dominio y al Fideicomiso de Obligaciones Previsionales. Así, en menos de una hora, debilitaron una ley que ayuda a combatir la corrupción y crimen organizado y aprobaron subir a 50 % el techo de lo que las AFP están obligadas a prestarle al gobierno; o sea, otra vez van a meter mano en nuestro dinero de pensiones.

EDH logVamos por partes. Hicieron varias reformas a Ley de Extinción de Dominio y quitaron elementos importantes de esta normativa que hará que la Fiscalía la tenga cuesta arriba en la incautación de propiedades que se sospeche son de origen ilícito. Las reformas a la Ley de Extinción de Dominio, lejos de fortalecer el trabajo contra la impunidad, amarra a la FGR en el impulso de estos casos; se le resta autonomía al proceso y se incluyen tiempos de prescripción inusuales para leyes de este tipo. La FGR solo tendrá un año para investigar y si no logra esclarecer el caso en ese tiempo se ordenará darlo por cerrado con efectos de cosa juzgada. Increíble, inédito y sospechoso. ¿Qué intereses están defendiendo los diputados? Pareciera que quieren que las investigaciones se hagan contrareloj y así incrementar posibilidad de que estas no progresen.

Con la decisión de aumentar del 45 % al 50 % la cantidad de fondos que las AFP están obligadas a comprar en certificados al Gobierno, lo que han hecho es retrasar la discusión sobre una reforma integral al sistema de pensiones. Es decir, tiraron el problema hacia adelante y que sea otro Gobierno y otra Asamblea quienes lo resuelvan. Mientras eso sucede los ahorros de los trabajadores pierden rentabilidad, ya que el fideicomiso obliga a la compra de deuda gubernamental que paga intereses bajísimos; podríamos tener más rentabilidad si ese dinero se invirtiera en otros mercados. Esta reforma le da unos 500 millones de dólares más al Gobierno, los cuales aplacarían el problema de pago unos 18 meses. El 2018 será año preelectoral y nadie querrá asumir el costo político de una reforma necesaria; probablemente tampoco se produzca la reforma y se tire la pelota nuevamente a 2019.

Sumémosle a lo anterior: es indignante la forma de actuar de los diputados. Así, como quien dice, aquí mando yo y las cosas se hacen como yo digo. Con matonería e indiferencia a lo que piense y diga la ciudadanía. En menos de una hora se cambió la agenda, se solicitó dispensa de trámite, se leyeron y se aprobaron las reformas. Así, como si nada, los diputados mostraron que no les interesa que una reforma sea discutida amplia y técnicamente; y que tampoco les importa lo que usted y yo pensamos.

Del FMLN hay cosas que no sorprenden ni extrañan. El incuestionable temor reverencial de sus diputados hacia la cúpula no les permite votar de otra forma que no sea en bloque, sin mayor discusión y sin posibilidad de disentir. Tampoco extraña que sus simpatizantes no cuestionen sus decisiones, pues ya se acostumbraron a consentir lo que el partido decida; todavía hay personas que le creen a la cúpula cualquier cosa, porque tienen en la cabeza que el enemigo siempre es la derecha oligárquica y no las malas decisiones que toman como partido.

¿Y ARENA como oposición? Creo que es más eficiente una piedra. No votaron, no pidieron la palabra y no dijeron absolutamente nada de las reformas. En otras ocasiones le han dado de golpes a sus curules, han llevado megáfonos y han hecho todo lo posible por hacerse escuchar. Esta vez, al no oponerse a las propuestas, implícitamente aceptaron su contenido. Al no votar demostraron su indiferencia a la opinión pública y el poco respeto que le tienen a la inteligencia de sus votantes; ni siquiera se tomaron la molestia de pedir la palabra para oponerse a la votación. Así no se hace oposición; renunciaron a representar a los indignados por las reformas y a los que votaron por ellos.

Estas reformas de la Ley de Extinción de Dominio y al Fideicomiso de Obligaciones Previsionales ahora van al escritorio del presidente. Por acción u omisión, los diputados ya tienen las manos sucias. Señor presidente, no se ensucie las suyas. Vételas.

¿Padres de la Patria responsables? De Erika Saldaña

Hoy más que nunca hay que exigir a los diputados una verdadera representación, pues no es posible que se acuerden de la ciudadanía únicamente para pedirnos el voto.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 17 julio 2017 / EDH

El salvadoreño siempre ha tenido la fama de trabajador. Somos esas personas que nos levantamos con los primeros rayos del sol y durante el día hacemos nuestro mejor esfuerzo para que las labores terminen de la mejor manera. Los salvadoreños honrados procuramos llegar a tiempo a las labores diarias, estar atentos en las reuniones, brindar resultados a los jefes, enfocarnos en lo importante y sacar lo más pronto posible lo urgente. Pero en la Asamblea Legislativa los diputados hacen todo lo contrario.

Si como dice el artículo 121 de la Constitución, la función primordial de los diputados es legislar, pareciera que en El Salvador su trabajo principal es echarle la culpa a los otros partidos de los nulos avances del país, levantar la mano según les ordene la dirigencia y no su conciencia o entendimiento; muchos se dedican a elaborar teorías de la conspiración, echarle zancadilla a cualquier avance en temas importantes, negociar a puerta cerrada y buscar como desgastar leyes que empiezan a funcionar como la Ley de Extinción de Dominio y Ley de Enriquecimiento Ilícito. Pareciera que, al darse cuenta de que algo funciona, su labor es desmantelar la poca institucionalidad que nos va quedando en entidades como la Sección de Probidad o la Fiscalía General de la República.

En El Salvador hay diputados que llegan a la Asamblea al finalizar la plenaria o que se aparecen una vez cada seis meses; otros están en su curul haciendo dibujitos mientras el presidente de la República habla o prefieren salir a fumar mientras se realiza la votación de propuestas importantes; hay 51 diputados que tenían mejores cosas que hacer que estar a las 9 a.m. escuchando y cuestionando el informe anual del Ministro de Hacienda y del resto del gabinete. Algunos tienen tan escasa participación como legisladores que nunca los hemos escuchado hablar o no sabíamos que eran diputados electos.

Y mientras ellos se dedican a hacer casi nada, el país sigue sin alcanzar ningún tipo de acuerdo trascendental para lograr aplacar la crisis fiscal que nos ha tenido en vilo desde hace varios meses. Seguimos sin una reforma de pensiones integral, discutida de manera consciente y consensuada por la mayoría de sectores de la población. Seguimos sin contar con un mecanismo objetivo y transparente para la elección de funcionarios, por lo que no resultaría extraño que sean ciertos los rumores según los cuales las reformas a extinción de dominio y pensiones se negocian a cambio de la elección de Corte de Cuentas de la República.

Es una vergüenza, falta de consideración e irrespeto a la población, que los diputados piensen que el cargo público que se les ha encomendado es una especie de prerrogativa o título nobiliario y no un genuino trabajo por el cual reciben un salario y tienen que presentar resultados. Causa indignación que anden casa por casa ofreciendo trabajar por el país y defender los derechos de los ciudadanos, mientras que a la hora de demostrar su compromiso todas esas promesas y palabras se las lleva el viento.

Esta época electoral es el tiempo perfecto para cuestionar a los diputados sobre qué han hecho por el país y cuáles son sus planes si buscan ser electos en 2018. No bastan las frases adornadas con las típicas “voy a trabajar por el país” o “voy a defender sus derechos”. Como ciudadanía tenemos que educarnos y aprender a exigir resultados de los que son nuestros representantes en la Asamblea Legislativa.

Los políticos responden a incentivos y probablemente el temor al elector sea lo único que los haga darse cuenta y reaccionar en su falta de visión y liderazgo; no existen propuestas legislativas integrales en muchos temas y hay una grave ausencia de resultados en aspectos que nos interesan a todos los salvadoreños. Hoy más que nunca hay que exigir a los diputados una verdadera representación, pues no es posible que se acuerden de la ciudadanía únicamente para pedirnos el voto. Si los diputados son los que toman las decisiones al interior de la Asamblea, tengan claro que nosotros, los ciudadanos, las tomamos en las urnas.

¿Elección o selección? De Erika Saldaña

Si el proceso de ARENA ha sido penoso, el del FMLN fue peor. Su lista de candidatos fue formada a puertas cerradas, sin ingreso ni control ciudadano, sin medios de comunicación, con “invitaciones” limitadas a algunas personas para que se inscribieran como precandidatos.

erika saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 10 julio 2017 / EDH

Los partidos políticos en El Salvador dejan mucho que desear. Parece que, a pesar de las sentencias de la Sala de lo Constitucional que ordenan implementar la democracia interna, sus procesos no son elecciones sino selecciones. Y dudo mucho que estas sean enteramente libres e independientes para sus militantes. Se nota que las cúpulas partidarias buscan, como sea, mantener cuotas de poder y seguir dominando la dirección de los partidos. Si democracia interna es que las decisiones sean tomadas por la mayor cantidad posible de miembros que la conforman, pareciera que las cúpulas buscaron la forma de controlar la participación y competitividad. Da la impresión que existe una línea que dirige quiénes estarán en la planilla, por quién votar y a quién dejar afuera.

EDH logAntes que permitir aires de renovación, ARENA optó por no cambiar. Dejó fuera de su proceso a una mujer inteligente y profesional excepcional, Aída Betancourt; y también prefiere que dos de sus diputados notables por independientes, Johnny Wright y Juan Valiente, se alejen de sus filas antes que permitir el disenso. ARENA tira por la borda la tolerancia hacia aquellos buenos elementos que piensan distinto que el “establishment”. Pareciera que no es un partido republicano como su nombre lo indica, sino feudal y faccionalista. No parece ser la sombrilla para ideas liberales y republicanas que tanto manifiesta, sino cuna para el conservadurismo más rígido y atrasado; ese que nos trajo exclusión política, económica, guerra y nos sigue trayendo la exclusión de ciudadanos por consideraciones culturales.

Johnny Wright y Juan Valiente son diputados representativos por independientes; han sido críticos y se han ganado el reconocimiento de mucha de la población apática y descontenta con la política. Quizá no son reflejo de las ideas ortodoxas de su partido, pero sí de una sociedad cansada de la manera tradicional en que se ha hecho la política en el país. Así, ARENA pierde la posibilidad de acercarse a un sector incrédulo de la población, a los independientes, a los indecisos, a los que no piensan en absolutos. Estos han visto en estos dos diputados la posibilidad de que los políticos puedan ser francos, aunque estemos en desacuerdo con ellos.

Y si el proceso de ARENA ha sido penoso, el del FMLN fue peor. Su lista de candidatos fue formada a puertas cerradas, sin ingreso ni control ciudadano, sin medios de comunicación, con “invitaciones” limitadas a algunas personas para que se inscribieran como precandidatos. ¿Qué competencia existe para elegir a los más representativos cuando se reparten 84 puestos y solo hay 84 personas invitadas a competir? La militancia del FMLN continúa obedeciendo a ciegas a una cúpula impermeable, que no admite crítica y que considera saber siempre qué es lo mejor para su militancia. Ojalá, por el bien de la democracia, que en el FMLN exista el disenso y este en algún momento sea público, obligando así a la necesaria renovación política.

Los partidos no han sido capaces de ver más allá de su propia nariz, pues trabajan únicamente en mantener contentas a sus bases y a la militancia radical, sin pensar que afuera hay un 67 % de la población que no se siente representada y que también está habilitada para votar. Las elecciones internas de un partido las conquistan con los votos de las bases, pero los partidos no han considerado que las elecciones nacionales se ganan con los votos de la población entera, quienes estamos hartos de extremismos ideológicos.

Ambos partidos han cerrado sus filas para evitar que cualquier persona externa que piense distinto a ellos se involucre, no vaya a ser que les dé tos por algún viento de renovación. Han convertido en los partidos políticos en pequeñas sectas que defienden a ultranza “sus principios e ideales”, sin considerar que en el país hay temas urgentes que resolver; unos andan mezclando la religión con política, mientras que otros izan banderas de la Guerra Fría. Como resultado tenemos una agudización del odio y la falta de respeto, porque si no estás conmigo, estás contra mí. Los partidos políticos están a tiempo de reflexionar y corregir el rumbo que llevan, pues si no se ponen las pilas para renovarse y cambiar, lo más probable es que terminen siendo cambiados.