Columna transversal

Tal vez fallaron los detectores de bullshit, pero no los de prepotencia. De Paolo Luers

Columna Transversal, 13 enero 2019 / EL DIARIO DE HOY

Los debates entre candidatos son pruebas de carácter, más que ocasiones para transmitir contenidos y propuestas. En los debates, sobre todo cuando son de verdad, uno observa como los hombres que quieren conducir el país se manejan bajo estrés, y cómo encaran la crítica y las preguntas incómodas, en un ambiente que no pueden controlar y que puede volverse hostil. El futuro presidente tendrá que enfrentar este tipo de situaciones críticas con frecuencia, en escenarios internacionales y nacionales. Tendrá que enfrentar conflictos con la oposición o con movimientos sociales; huelgas, desastres y crisis regionales. Tiene que saber conducirse y conducir en situaciones críticas y hostiles.

Esta capacidad de los candidatos es muy difícil de medir, sobre todo cuando en sus campañas prefieren solo enfrentarse al público en situaciones controladas, puestas en escena, coreografiadas. Los debates ponen a prueba esta capacidad.

La manera más contundente de reprobarla es no asistir.

Bukele no asistió al debate convocado por la UES, y no participará este domingo en el debate televisivo organizado por ASDER. No solo esto: Su vice Félix Ulloa no llegó a la cita de los vicepresidentes con ASDER, y ninguno de ellos se dignó asistir al evento del Colegio Médico, en el cual los médicos presentaron sus demandas a los candidatos. Tampoco hicieron caso a una convocatoria que varias ONG hicieron a los candidatos a nombre de la niñez salvadoreña.

Son candidatos ausentes. Esta ausencia extraña en la recta final de una campaña también se manifiesta en los medios. Bukele y Ulloa son los únicos candidatos que no se exponen a preguntas ni a entrevistas. Prefieron monólogos. Incluso en los programas donde invitan a representantes o voceros de las diferentes campañas para discutir ciertas problemáticas del país, quedan vacías las sillas reservadas para GANA.

Lo mismo se refleja en los territorios. Bukele solo se deja ver en pocos eventos totalmente controlados y coreografiados para limitar el contacto directo con la población, incluso con la propia militancia. Los otros candidatos diariamente se exponen a ‘baños de pueblo’ en colonias, actividades casa por casa, mercados, buscando el contacto directo con todos, incluyendo escépticos y adversarios. Por esto es que están ganando terreno. Bukele rehúye este contacto y todas las situaciones que se escapan del control y de la estricta escenografía de sus showmasters.

¿Qué hay detrás de esta ausencia sistemática? Miedo a enfrentarse a riesgos, desafíos, y preguntas incómodas. Detrás de este miedo: inseguridad. Pero también la inmensa arrogancia de alguien que no cree en debates, en intercambios de ideas, en concertaciones, en la necesidad de escuchar. Prepotencia e inseguridad son una mezcla fatal.

Muchos quieren explicar la ausencia de los candidatos como la estrategia adecuada de quienes creen que están ganando. La lógica: ¿Por qué exponer a los candidatos a cualquier riesgo (en entrevistas, en debates, en eventos territoriales no controlables), si ya estamos ganando? Entonces, ven la ausencia como muestra de fuerza. Yo la veo más bien como muestra de pánico. Comienzan a ver que el globo se está desinflando – y no saben cómo pararlo. La mejor prueba de eso es el intento fracasado de corregir en un fin de semana el error de no haber construido a tiempo su aparato de defensa del voto y apoyo logístico para el ‘Día D’.  No saben ellos cuánto le está costando este error, precisamente con las bases del FMLN que ya estaban al punto de enamorar. Las bases del FMLN saben qué es organización territorial, sectorial y local, saben cuánto cuesta y saben cuánto vale. Organización es parte de su ADN. Observando a Nuevas Ideas haciendo política como unos principiantes que no entienden, sino más bien menosprecian la organización popular, y que no saben moverse fuera de las redes sociales, estas bases históricas de la izquierda comienzan a perderle el respeto a Bukele – y se les esfuma la expectativa de que este nuevo partido Nuevas Ideas podría ser la nueva izquierda, sustituyendo a un Frente desgastado. Pero estas bases de la izquierda, por más que estén frustrados con el FMLN y quisieran castigarlo, lo que menos soportan es el menosprecio a la gente que comienzan a detectar en Bukele, en su ausencia y en su arrogancia.

Igual los jóvenes, sobre todo los que se sienten rebeldes e irreverentes. Tal vez son vulnerables que les den paja, pero a la vez tienen un detector infalible de prepotencia. Estas alarmas ya están activadas, tanto en las bases de la izquierda, como en los jóvenes. Y por esto la campaña de Bukele se está desinflando.

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Joder a Paco Flores. Columna Transversal de Paolo Luers

30 diciembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Escuché los ‘audios presidenciales’ que publicó la revista digital ‘Factum’. Lo que se presencia ahí, tiene algo insuperablemente cómico. Algo tan cínico que raya en lo absurdo. Algo tan absurdo que da risa.

Hay que ubicarse en el tiempo y en el contexto. La grabación refleja una reunión celebrada el 11 de octubre del 2013. Los participantes son: Mauricio Funes, entonces presidente de la República, acompañado por su capo ‘Mecafé’; y Tony Saca, su antecesor en Casa Presidencial, acompañado por su capo-primo Herbert y por su incondicional César Funes. A esta altura del partido, Tony Saca ya se había robado decenas de millones de dólares de fondos públicos. Cuanto realmente robó nunca lo vamos a saber. Según la acusación del fiscal Douglas Meléndez, se quedó con la totalidad de la partida reservada de CAPRES, unos 300 millones. Pero como esto obviamente fue paja mediática y por tanto no lo pudo comprobar, Meléndez aceptó un juicio abreviado, así que nunca se estableció cuál fue la porción que de hecho se apropió Saca. Cuando los presidentes se juntaron para tomar whisky y conspirar, buena parte de este dinero ya estaba invertido: en sus empresas, en su mansión – y en su partido GANA.

Por su parte Funes, con 4 años en CAPRES, posiblemente ya había superado las cifras de Saca. Según Douglas Meléndez, cuando Funes entregó el poder en junio del 2014, había malversado unos 350 millones, y nadie sabe que porcentaje te quedó a él, a Vanda, a la Michy y a sus hijos…

Entonces, aquel 11 de octubre del 2013 están sentados dos dones tomando whisky. Ambos perfectamente sabían que el otro se había robado una fortuna – pero de esto, entre caballeros, no se habla. Hablaron sobre como joder a otro ex presidente, Paco Flores, y como convencer a la ciudadanía que este su enemigo común se había quedado con 10 millones de dólares que el gobierno de Taiwán había mandado con cheques a su nombre. Obviamente, los ahí reunidos, ladrones todos, no se dieron paja mutuamente hablando de ética, moral y corrupción, tampoco de los víctimas del terremoto supuestamente defraudados por Flores. No, las lágrimas de cocodrilo quedaron reservados para los discursos públicos de Funes. Entre ladrones no se habla así, así que se concentraron en discutir cómo involucrar a un periodista corrupto, a un fiscal corrompible, a un fiscal general amigo y a un ministro de Seguridad inescrupuloso (Ricardo Perdomo). Todo con un solo fin: joder a Paco Flores – y por tanto a ARENA, faltando cinco meses a las elecciones. Aunque no lo mencionaron, se trató de facilitar que don Tony podía regresar al poder y seguir robando. Punto. Una cosa sumamente práctica, que tiene que ver con sobornos, con amenazas, con tráfico de información falsa – no con pendejadas nobles como justicia o verdad.

Ahí reside lo cómico de estas conversaciones, lo cínico y lo absurdo. El triángulo conspirativo entre dos presidentes anteriormente enfrentados ideológicamente, pero unidos en la corrupción y el odio a Paco Flores; y el tercero, ausente pero siempre presente: el todopoderoso Fiscal General Luis Martínez.

No era la única vez que se puso a funcionar este triángulo mafioso para joder a un adversario. Igual los mismos tres conspiraron para hundir a don Billy Sol y los otros acusados en el caso CEL-ENEL. Con el mismo cinismo: todos los conspiradores sabían perfectamente quienes habían convertido la CEL y a Geotérmica en hoyos negros de la corrupción: primero Saca, luego Funes, usando los mimos operadores. Con el caso CEL-ENEL querían matar dos pájaros con un tiro: desacreditar a Billy Sol, Paco Flores y ARENA – y a la vez levantar una cortina de humo para esconder su propia administración fraudulenta en la CEL. 

Hoy Tony Saca y Luis Martínez conviven en Mariona. Tal vez todavía andan discutiendo porqué no les funcionó su jugada contra don Billy. Bueno, la segunda jugada sí les funcionó. No lograron condenar a Paco Flores, pero sí matarlo. Tampoco Saca logró regresar a poder, pero por o menos lograron que llegara Sánchez Cerén.

En resumen, los ex presidentes nos obsequiaron una ópera bufa surrealista, y el que debe estar riéndose a carcajadas es Paco Flores, apreciando desde donde esté las piruetas que dio la vida a los tres señores que lo querían joder…

Escuche los ‘audios presidenciales”:
Versión resumida
Versión completa

Lea la nota de Factum:
Funes y Saca planifican operación ilegal

¿Quiénes opacan las propuestas? Columna Transversal de Paolo Luers

16 diciembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Esta carrera presidencial es inusual, en muchos sentidos. Hay una extraña mezcla entre estilos de campaña, no solo entre los diferentes contendientes, sino también conviviendo dentro de cada campaña. Los equipos de cada candidato brincan de las usuales promesas populistas a descalificaciones al adversario, pero también presentan propuestas.

El problema es que el permanente ruido de los mutuos ataques y contraataques, sobre todo entre los partidarios de Nayib Bukele y de Carlos Calleja, opaca las propuestas. Así, aunque todos los candidatos han presentado propuestas y varias de ellas valen la pena analizarlas comparativamente, se genera la percepción general que hay un vacío de contenidos y propuestas.

Carlos Calleja y Carmen Aída Lazo han pasado varias semanas usando sus diarias visitas territoriales y sectoriales para presentar propuestas concretas. También han organizado eventos de especiales temáticas. Algunas de sus propuestas han sido convertidas en iniciativas legislativas y presentadas a la Asamblea, en materia de transparencia, austeridad e impuestos. El problema es que no solo en las redes sociales, sino también en los medios e incluso en los análisis, se ha enfocado más en la parte más juiciosa de la campaña: las acusaciones, contraacusaciones, sospechas, descalificaciones.

Los candidatos de VAMOS han lanzado múltiples propuestas, algunas algo confusas, pero otras bastante racionales, por ejemplo en materia de prevención e inclusión social —pero como ellos no participan del show de lucha grecorromana, nadie les para bola.

Hugo Martínez, aparte de pegar brincos, ha formulado propuestas, por ejemplo en materia de educación y salud. Pero nadie se ha tomado la molestia de analizarlas, me imagino por la sospecha general de que son “lo mismo de siempre del Frente” —y por la percepción de que de todos modos no va a ganar…

Bukele es el candidato que menos ha revelado qué piensa hacer como presidente, aunque también formuló propuestas, algunas bastante concretas, como el Aeropuerto Internacional de Oriente, que habría que analizar para ver qué tipo de gobierno piensa armar y con qué prioridades.

En esta situación, salieron varias columnas que se quejan de que “en esta campaña nadie está haciendo propuestas”, y en especial de que nadie habla del problema más urgente: la inseguridad, la delincuencia, las pandillas. Ojo, colegas, esto no es cierto. O por lo menos, no como afirmación generalizada.

Voy a poner un ejemplo: Mi amigo Cristian Villalta, uno de mis columnistas favoritos, escribió: “Merecíamos una campaña para adultos. A cambio hemos tenido una profunda discusión sobre los colores, un poco de inglés sin barreras, misoginia cuando se puede, vulgaridades cuando se debe y en general una comunicación que no respeta códigos. ¿Por qué la resistencia de los candidatos a hablar de las pandillas, del plan de seguridad, de la vulnerabilidad de nuestros cuerpos de seguridad?”.

Y en El Faro, Roberto Valencia inicia una entrevista diciendo: “Los candidatos a la presidencia apenas han dicho nada sobre las maras transcurrida ya más de la mitad de la campaña electoral en El Salvador, como si se tratase de un fenómeno ajeno a la sociedad o sin incidencia”.

¡Qué rara esta percepción! ¿Un columnista tan sensible para los tonos de lenguaje político como Villalta, o un experto en el tema pandillas como Valencia, no se dieron cuenta de que Carlos Calleja, en medio del sospechoso silencio sobre el tema pandillas, hizo una ponencia larga sobre seguridad, que rompe con las concepciones hasta ahora adoptadas por los gobiernos, tanto de ARENA como del FMLN? ¿O por qué otra razón no reaccionaron?

Un candidato de ARENA dijo: “No podemos seguir con una guerra interminable contra las pandillas” y diseñó un concepto de prevención que consiste en “focalizar toda la inversión social de Estado en la tarea de erradicar la marginación social” y en hacer posible la reinserción de los sectores fuera de la ley en la sociedad. Esto supuestamente debería haber provocado un debate. Al fin un candidato tuvo el valor de formular una política de seguridad racional, sabiendo que posiblemente no sea popular, ni en su propio partido —y nadie entró en este debate, ni los demás candidatos (con excepción de Josué Alvarado, quien hace de las políticas de inclusión el eje de su programa), ni los expertos, ni los columnistas. Un candidato de derecha se compromete a poner fin a la ideología de mano dura, a revertir la militarización de la seguridad pública y dice que va a someter al aparato de seguridad a un estricto control civil —y seguimos hablando de pantones y quejarnos de que la campaña no tiene sustancia…

Aquí impera una percepción selectiva, basada en la sospecha de que todos los candidatos, aunque hagan propuestas, incluso algunas audaces y arriesgadas, no hablan en serio. Aplicar de antemano esta asunción de culpabilidad, sin ni siquiera entrar en análisis, obviamente no abona a la meta de que al fin los ciudadanos decidan su voto de manera racional.

Cada uno haga sus números. Columna Transversal de Paolo Luers

2 diciembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Parece que ya están decididas las elecciones presidenciales. Parece. Pero la apariencia puede engañar. Se genera en dos campos: en el de las encuestas, y en las redes sociales, donde existe un claro dominio de los operadores de Nuevas Ideas, resultado de un trabajo sistemático de años.

Hasta La Prensa Gráfica, por nada conocida por simpatía con el candidato de GANA, en su nueva encuesta da la impresión que la gente ya se decidió. Pero el 46.9% no se ha decidido, según esta encuesta. Es un porcentaje inusualmente alto, cuando solo faltan 2 meses a las elecciones. Además hay que tomar en cuenta que puede existir un “voto escondido” que aun no se revela en encuestas. Cuando la pregunta era con qué partido partido simpatizan, ARENA está con 25.9% unos 9.2 puntos encima de su intención de voto (16.8%). El FMLN, con 14.8% de simpatía, está unos 7.9 puntos encima de su intención de voto (6.9%). Se puede deducir que ambos partidos tienen un potencial “voto escondido” considerable.

Esto se confirma con los datos sobre “identidad ideológica”. Un 35.3% se declara de derecha, y un 17% de izquierda, dejando bastante espacio de crecimiento, tanto a los partidos de derecha como al partido de izquierda – una vez que los indecisos tomen su decisión electoral.

Es cierto que el “voto duro” ya no es tan duro, por el evidente desgaste de los partidos. Esto se expresa en las encuestas. Los simpatizantes tradicionales y hasta los miembros de los partidos usan las encuestas para expresar su insatisfacción con sus direcciones. ¿Lo harán también a la hora de votar de verdad? Me permito ponerlo en duda.

Con el inusual porcentaje de indecisos (46.9%), y con el potencial voto escondido (o voto todavía en berrinche con las direcciones de sus partidos) para FMLN y ARENA, es muy prematuro (o tramposo) querer declarar ganador a esta altura. Esta ha sido la estrategia de Bukele desde el inicio. “El pueblo ya decidió” siempre ha sido su consigna favorita. Las encuestas han alimentado esta euforia y ciertamente impactado la opinión pública.

Para obtener una imagen más realista, hay que analizar otros elementos igualmente importantes, que pueden arrojar elementos de valoración sobre el potencial de las tres candidaturas. Un factor es la situación interna de los partidos ARENA y FMLN. Ambos han lanzado candidatos que gradualmente se desmarcan de los conceptos tradicionales de sus partidos. Gradualmente, porque quieren evitar conflictos internos en tiempos electorales. Carlos Calleja, en las elecciones internas promovido por el aparato partidario, comienza a comportarse como “outsider” y “renovador”, adoptando un discurso independiente del partido. La selección de Carmen Aída Lazo como su vice ha sido un desafío a los conservadores en ARENA. Y resulta que ella no está de adorno, sino sus posiciones críticas a las políticas económicas y sociales de los gobiernos de ARENA se están reflejando en un giro sorprendente: La fórmula Calleja/Lazo está adoptando como su eje central el concepto de fuertes inversiones sociales como palanca para el crecimiento. Esta misma línea se prolonga en sus propuestas en el tema Seguridad, priorizando la inversión social focalizada sobre la continuación de la guerra contra las pandillas. Todavía les cuesta reunir toda la derecha detrás de esta nueva visión. Y también requiere tiempo convencer a los sectores críticos a ARENA que estos cambios son más que un cambio de discurso. Pero se puede observar que en ambas direcciones (la interna y la externa) están gradualmente teniendo avances.

En una situación parecida se encuentra Hugo Martínez. Tiene que convencer al voto duro rojo que su giro hacía la renovación es la única forma de mantener vivo al FMLN como partido de izquierda. Y por otra parte tiene que superar en los sectores decepcionados de los gobiernos del FMLN muchas dudas de su capacidad de encabezar la renovación de su partido.

Si ambos se mantienen coherentes y audaces en sus planteamientos, pueden movilizar votos que estaban distanciándose de sus partidos.

Otro factor a analizar es el impacto del sistemático trabajo territorial que ambos candidatos y sus partidos están haciendo. Si con este trabajo pueden movilizar a las bases organizadas en los municipios que gobiernan, la recta final puede producir sorpresas. En este campo, ni GANA, ni CD, ni Nuevas Ideas pueden competir. Y menos su candidato, quien parece tener aversión al contacto directo con la gente.

Todos estos factores posiblemente no sereflejan en las encuestas. Encuestas son encuestas, pero como dice Salvador Samayoa: En marzo 2018 hubo una medición real, no en encuesta, sino en elecciones, donde los tres partidos que respaldan a Carlos Calleja obtuvieron 1.25 millones de votos. ¿Cuántos factores objetivos existen para pensar que esta vez van a votar diferente? Y estos 1.25 millones votaron en una elección legislativa con solo 45% de participación. Si proyectamos este resultado a una elección presidencial, que suele tener por lo menos un 55% de participación, estaríamos hablando de casi 1.5 millones de votos – en un padrón total de 5.6 millones, de los cuales votarán 3 millones, si la participación es de un 55%, como en la primera ronda del 2014.

Cada uno haga sus números…


Hablar suave entre tanto griterío. Columna Transversal de Paolo Luers

18 noviembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Esta semana vi en un canal alemán una conversación entre el rockero Herbert Grönemeyer y la nueva estrella de la política alemana: Robert Habeck. El último es uno de los dos presidentes de Los Verdes (este partido siempre tiene una dupla en su dirección: una mujer y un hombre). Conozco a Herbert Grönemeyer, por que tiene décadas de estrellato musical. Pero nunca lo había escuchado hablar de política. En cambio, Robert Habeck es una figura nueva para mi. Desde que subió a la dirección de Los Verdes, este partido no ha parado de crecer en las encuestas y las elecciones. En el último sondeo de opinión nacional, Los Verdes han sobrepasado a los socialdemócratas y disputan el primer lugar con los demócrata-cristianos de Angela Merkel. De un partido-movimiento nicho (ecologista), Los Verdes se están transformando en opción de poder.

A la pregunta de cómo se explicaba su éxito, Habeck dijo una frase sorprendente: “En un tiempo cuando todos gritan –en nuestras calles, en nuestros parlamentos, en la tele, en las redes– nosotros hablamos suave, y de repente la gente nos escucha y entiende. Están cansados de los gritos”.

Se refiere a la manera histérica que los políticos están reaccionando al surgimiento del populismo en Alemania –y a los gritos e insultos permanentes de este movimiento nacionalista y racista.

El rockero, conocido por sus textos provocativos, le contesta: “Tienes razón, no tiene sentido toda esta exaltación. Los alemanes deberíamos estar relajados –firmes, pero relajados– porque el 80 % no quiere que el populismo avance ni un milímetro más. Parece que no nos damos cuenta que somos un país mucho más democrático, tolerante e inmune contra el populismo”.

Lo que sigue es una fascinante conversación sobre el lenguaje en la política. Ambos, el rockero y el político, coinciden en la fórmula “firme, pero relajado”, un concepto muy extraño en la política, y más aun en tiempos en que los medios, la academia, los talk-shows y los dirigentes políticos no paran de hablar de crisis: crisis de partidos, crisis de la democracia liberal, crisis de migración, crisis de valores, peligro del populismo, riesgo para la convivencia…

La vieja estrella de rock le pregunta a la flamante estrella política: “Siempre pensaba que Los Verdes eran radicales. Nacieron de un movimiento de protesta. ¿Y vos proponiendo hablar suave?”.

La respuesta: “Seguimos siendo radicales. Pero radical no es quien grita más. Radical es quien define su política desde el fin, desde la meta, desde o necesario. No desde lo popular. Y explicándolo bien, la gente nos entiende. Somos realistas radicales”.

Me impresionó esta conversación. No creo que son enfoques solamente válidos para Alemania. Nosotros en El Salvador también convertimos la política en una competencia de quien grita y pega más fuerte. También enfrentamos un populismo intransigente, que se expresa a puros gritos, insultos, descalificaciones. Y para enfrentarlo, nosotros también tendemos a caer en la trampa de ponernos histéricos, levantando la voz, en vez de confiar en el argumento, la racionalidad, el realismo con visión.

Sin embargo, de repente, en medio de la campaña electoral, observo que aquella fórmula “firme, pero relajado” comienza a abrirse espacio en nuestro escenario político. De los cuatro candidatos, tres tienden más a hablar suave que a gritar. Y es obvio que entre los tres representan la mayoría. Entonces, ¿por qué no relajarse y confiar en que la gente escucha cuando se hable suave – pero claro y firme?

¿No será que aquel candidato que apuesta únicamente a recoger y profundizar los resentimientos de la gente, acercándose el día de las elecciones pierde momentum y credibilidad?

Quien logre agregar a la fórmula “firme pero relajado” una dosis fuerte de “realismo radical”, combinado con la claridad y el valor para expresar los problemas que padecemos y las soluciones posibles, se convertirá en la alternativa al populismo gritón y histérico. También en El Salvador.

Un proyecto ejemplar en Suchitoto. Columna Transversal de Paolo Luers

4 noviembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

En Suchitoto hay un lugar que se llama Centro de Arte para la Paz (CAP). Ocupa toda una cuadra del barrio San José, sede de un colegio de monjas antes de la guerra. Cuando Suchitoto y todas sus comunidades rurales, muchas de ellas en la sombra del cerro Guazapa, se convirtieron en teatro de guerra, las monjas se fueron. El colegio, con su capilla colonial y su hermoso claustro, quedó abandonado —por el resto de la guerra y muchos años más y comenzó a caerse lentamente… Hasta que Peggy O’Neill, una monja norteamericana que había llegado a Suchitoto durante la guerra para gestionar el retorno de los refugiados de guerra, decidió establecer ahí su sueño: un Centro de Arte para la Paz. Se fue para Estados Unidos, reunió el dinero, compró el colegio abandonado con todo y su capilla, y comenzó a reconstruir todo. Poco a poco el claustro, hermosamente restaurado, se volvió a llenar nuevamente de niños y jóvenes, de talleres de pintura, teatro, música, ajedrez, idiomas, karate, danza —y pronto de risas, exposiciones, conciertos, de un museo comunal y obras de teatro…

La mejor manera de describir el alma y el impacto social de este proyecto es contando la historia de su más reciente actividad. Alguien propuso montar en el CAP un altar de muertos para celebrar el Día de los Difuntos, retomando viejas tradiciones. La hermana Peggy encargó el proyecto a Daniela Heredia, una artista recién incorporada al Centro. Ella dijo: Tenemos que recuperar la tradición de los altares que había en las casas; la gente debe construir su propio altar y rendir tributo a su ser querido. Involucremos a la gente de los barrios y comunidades, gente que todavía carga con los muertos de la guerra —y también de la actual violencia que sufre el país.

Heredia comenzó a visitar docenas de familias y muchas de las comunidades más afectadas por la guerra y las invitó a construir altares para sus muertos, no solo las víctimas, también de sus abuelas, padres o líderes difuntos. La respuesta fue sorprendente: no solo había interés, más bien se dio cuenta de que había una imperante necesidad de reactivar y compartir la memoria de tanta muerte, pero también de tantas vidas ejemplares. Cada persona o familia tenía su propia memoria -—pero de manera muy personal, no expresada, a veces hasta obviada por ser tan dolorosa, ni siquiera compartida dentro de a familia. De repente surgió la oportunidad de hacer visibles las memorias, compartirlas —y de esta manera repartir entre todos la carga del pasado.

En el CAP se creó una fábrica de altares, hechos de cartón, sin adornos. Estos se repartieron a las familias y comunidades, quienes comenzaron a adornarlos con flores de papel, dibujos, fotos, objetos relacionados con las vidas de las personas a homenajear. En la Casa de Cultura, en el Centro del Adulto mayor y en muchas casas comunales de los cantones se reunieron docenas de mujeres para producir miles de flores para los altares y para adornar toda la capilla, que iba a albergar los altares el Día de los Difuntos. En estas sesiones de trabajo artesanal se compartieron miles de historias, las jornadas se convirtieron en eventos de narrativa popular, en encuentros de historias —y en muchos casos en sesiones de terapia grupal para enfrentar juntos las memorias dolorosas, pero también las de valentía, de lucha y de vidas ejemplares.

Poco a poco los altares terminados regresaron al Centro de Arte. La gente, junto con sus altares, trajo fotos, la silla del abuelo, los instrumentos de trabajo de los difuntos, su marimba, su sombrero —y sus historias. Ningún altar se parece al otro, cada uno representa una vida, además de un despliegue de creatividad, amor y respeto. Y por primera vez, a la vista de todos, compartido, colectivo.

Y así, luego de largos años de abandono y otros de reconstrucción todavía inconclusa, volvió a abrirse la capilla San José al pueblo de Suchitoto, ya con el campanil rescatado, con techo nuevo, con impresionantes pilares de Copinol que sustituyen las que estaban al punto de rendirse ante años de abandono y humedad. A partir del 31 de octubre, y sobre todo el Día de los Difuntos, cientos de familias, algunas de remotos cantones, desfilan por la capilla para ver los más de 100 altares, presididos el de Monseñor Romero, todo decorado de blanco.

Un encuentro de la gente de Suchitoto con su historia, con las vidas y muertes de sus mejores hijos e hijas, con las vidas truncadas, con su propia identidad marcada por la violencia, pero también por la solidaridad, las luchas compartidas, la capacidad de superar el dolor y los contratiempos. También un encuentro de la gente con su propia creatividad, su capacidad de expresarse a través del arte.

Esta es la esencia del Centro de Arte para la Paz de Suchitoto que quería compartir: por su carácter ejemplar, por su aporte a la convivencia comunal, por su capacidad de reparar el tejido social y moral dañado por la guerra, la pobreza y la violencia. Pueden visitar los Altares en Memoria en la capilla San José hasta el 18 de noviembre. Vale la pena.

Bukele no. Cinco razones. Columna Transversal de Paolo Luers

21 octubre 2018 / EL DIARIO DE HOY

En enero de 2015, cuando Bukele corrió por la alcaldía de San Salvador, publiqué ocho razones de no votar por él, concluyendo con la frase: “Como son razones de peso, haré todo lo posible para que no gane”.

I
Ganó y hoy, que va por la presidencia, reitero esta frase con aun mayor convicción, porque ahora lo conocemos mucho mejor. Hemos visto cómo administró la alcaldía capitalina, utilizando su gestión para promover a su persona y los colores de su futuro partido. Hemos observado la manera como provocó la ruptura con el FMLN, dándole a su partido solo dos opciones: aceptarlo como candidato presidencial, o expulsarlo.

A un hombre con un ego tan ilimitado nunca le debemos permitir llegar al poder.

II
En tres años ha llevado a la alcaldía capitalina al borde de la quiebra, igual como anteriormente en Nuevo Cuscatlán. Ha hecho buenas obras, pero no dentro de un plan coherente de desarrollo urbano con prioridades definidas, sino dentro de un esquema de impacto publicitario. Viendo sus propuestas en la campaña presidencial, queda claro que hará exactamente lo mismo desde el Gobierno Central. El plan urbano Una Obra por Día se transformó en un plan nacional 20 Obras por Día, siempre con un guion mediático que sustituye un plan de desarrollo nacional. Su proyecto Centro Histórico de San Salvador se convirtió en 50 Centros Históricos Recuperados. Parece que corre por alcalde de todo el país…

Un hombre con tan poca disciplina fiscal no debe ser ejecutor del presupuesto nacional.

III
La manera como ha provocado el conflicto dentro de FMLN y su posterior alianza con GANA demuestran que Bukele no es, como se proyecta, el hombre que supera las ideologías, sino un político que puede adoptar cualquier ideología cuando le conviene, y deshacerse de ella cuando su plan táctico cambia. Para provocar la ruptura con el FMLN y llevarse buena parte de sus bases, se vistió de heredero de los ideales del Frente histórico traicionados por un partido que, según él, se hizo copia de ARENA. Luego declaró que había plena coincidencia con el ideario socialdemócrata del CD, para al fin afiliarse a GANA, que representa la derecha rancia de Tony Saca.

Un hombre tan impredecible, oportunista y carente de principios no puede construir la estabilidad que necesita nuestro país. Está invitando a los salvadoreños, que con buenas razones están frustrados con la política, a una aventura sin rumbo ni plan coherente.

IV
Bukele se proyecta como el líder que va a superar la polarización. Pero es el político más polarizante de la posguerra. La polarización tradicional entre derecha e izquierda por lo menos tiene un marco de referencias que da cierta racionalidad. En cambio, Bukele polariza con todos: con el FMLN, con ARENA, con el sistema de partidos, con la oligarquía, con los medios de comunicación, con el sistema en general. Para él, la polarización y la permanente agresión verbal son el método para autopromoverse y para explotar los resentimientos en una sociedad expuesta a mucha violencia e incertidumbre.

Un hombre con un carácter tan destructivo no puede ejercer un liderazgo positivo y unificador.

V
Bukele se proyecta como nueva forma de pensar y hacer política, como alternativa a los mismos de siempre, los corruptos. Pero está rodeándose, desde el inicio de su carrera política hace seis años, con los mismos operadores políticos y propagandísticos de Tony Saca: Walter Araujo (exdirigente de ARENA), Peter Dumas (íntimo amigo de Saca), Porfirio Chica (operador de inteligencia de René Figueroa), Ernesto “el Brozo” Sanabria (operador de guerra sicológica de Saca), Alejandro Muyshondt (desestabilizador de Saca), Merlin Barrera (quien hizo el plan de gobierno 2014 para Tony Saca y ahora lo hace para Bukele), Félix Ulloa y Giovanni Galeas (que se unieron a la segunda campaña electoral de Saca) –y ahora además con Herbert Saca, Andrés Rovira y Guillermo Gallegos (que fundaron GANA por órdenes y con fondos de Tony Saca, cuando este fue expulsado por ARENA).

Hay tres candidatos que nadie los ha podido vincular a casos de corrupción. Y uno que por propia decisión se rodea de corruptos y corruptores, y que además está siendo señalado de haber cometido un fraude de ley para evadir impuestos sobre 1 millón de dólares. Esta suma le pagó una empresa familiar de dividendos escondidos, generados por contratos de publicidad con el gobierno, cuando esta empresa no debería haber sido contratada mientras Bukele fue funcionario público. Tiene que arreglar cuentas con Hacienda sobre este monto no declarado, antes de que pueda ser inscrito como candidato.

Cualquiera de los otros tres candidatos presidenciales (Hugo Martínez, Carlos Calleja y Josué Alvarado) tienen más posibilidades de renovar la política que el candidato de GANA. Ellos plantean reformas, no rupturas. Sus propuestas no son tan dramáticas y espectaculares como las de Bukele, pero son más viables y toman en cuenta los obstáculos y la pluralidad. Para mi gusto, podrían ser menos conservadores, me gustan los líderes audaces, pero la verdad es que entre los tres ofrecen opciones para el amplio espectro de nuestra sociedad: izquierda, derecha, centro. Bukele, en cambio, ofrece mucho espectáculo, pero significa incertidumbre, inestabilidad y caprichos.

Los salvadoreños, tan defraudados que se sienten por la política, no necesitan antipolítica. Necesitan política racional y confiable.