Columna transversal

Debate, contienda y unidad. Columna Transversal de Paolo Luers

El éxito de ARENA en 2018 depende de la capacidad de convertir la contienda entre los precandidatos presidenciales en un valor agregado para el partido y su interlocución con la sociedad civil, y no en un factor de división.

Paolo Luers, 16 junio 2017 / EDH

He tenido oportunidad de discutir con los tres hombres que hasta ahora han expresado interés en competir por la candidatura presidencial de ARENA: los empresarios Carlos Calleja, Javier Simán, y el abogado Luis Parada. Pude constatar que tienen importantes coincidencias, incluyendo la problemática del proceso interno en cual competirán.

Los tres se ven como outsiders, situados más en la sociedad civil que en el partido. Los tres tomaron la decisión de competir por la candidatura precisamente por su convicción que para salir de su crisis, el país no debería ser gobernado por el partido ARENA, sino por una alianza mucho más amplia y abierta; y que esta alianza tiene que ser dirigida no por cuadros militantes sino por profesionales que trasciendan el interés partidario.

Los tres ven el peligro que una ARENA dividida no sepa manejar bien una contienda democrática de primarias para elegir a su candidato presidencial. Los tres están claros en que sus propias actuaciones (y la de sus apoyos dentro y fuera del partido) pueden agravar o superar la división – y que de esto depende si van a lograr construir las alianzas necesarias para ganar en 2018 y en 2019.

Los tres entienden que el éxito de su potencial candidatura en 2019 depende en buena parte del éxito en las elecciones de alcaldes y diputados en marzo 2018 – y que este éxito en gran medida depende de ellos. Para decirlo de manera más clara: El éxito de ARENA en el 2018 depende de la capacidad de convertir la contienda entre los precandidatos presidenciales en un valor agregado para el partido y su interlocución con la sociedad civil, y no en un factor de división. El hecho de poder escoger entre varios candidatos potentes puede ser un atractivo y un salto de calidad de ARENA y en la muestra de su evolución democrática – o puede ser su punto débil si no logran manejar bien la contienda. Los tres precandidatos entienden esto, aunque cada uno hasta ahora ha actuado de forma diferente ante este reto. Esta es mi apreciación.

Discutiendo con los tres precandidatos los principales retos que enfrenta el país, y por tanto el próximo gobierno, también he registrado muchas más coincidencias que diferencias. Coinciden hasta en las metas y prioridades que marcan ruptura con las prácticas de los gobiernos anteriores de ARENA: Construir una forma de gobernar transparente; fortalecer la institucionalidad democrática y la independencia de los órganos del Estado; erradicar la corrupción y el uso mercantilista del Estado a favor de intereses sectoriales y empresariales. Y coinciden en sus visiones de crecimiento y desarrollo basado en educación e inclusión social; en la necesidad de ordenar las finanzas públicas y hacer eficiente la inversión pública. No es cierto lo que sugiere El Faro: que Calleja y Simán representen diferentes visiones sobre la relación gobierno-partido-sector privado. El hecho de que diferentes empresarios apoyan a cada uno de los precandidatos no significa que estos representen distintos sectores e intereses.

No teniendo diferentes visiones sobre el futuro del país, el proceso interno de ARENA se reduce básicamente a dos contiendas:

•¿Quién tiene mayor capacidad para poner en práctica la visión común desde el próximo gobierno?

•¿Y cuál de los precandidatos tiene más liderazgo para construir la nueva mayoría social y electoral necesaria para ganar las elecciones del 2019 y para dar sostenibilidad a un proyecto de país?

Ante la inamovilidad, división y falta de liderazgo en el partido (y ante el peligro que estos se profundicen en caso el proceso de primarias se manejara mal), son los precandidatos los llamados de tomar la iniciativa. Urge que se sienten en una mesa para decidir cómo quieren llevar la contienda. Urge que identifiquen con claridad sus coincidencias, para convertirlas en la plataforma unificada de su partido. También urge que identifiquen sus diferencias, y que acuerden las normas civilizadas de cómo dirimirlas en un proceso interno democrático, respetuoso, constructivo y transparente.

Los acuerdos mínimos que deben ser capaces de generar los hombres que quieren gobernar el país deben incluir:

•El compromiso que todos los candidatos apoyarán al candidato que salga electo y formarán parte de su campaña y del proyecto político común.

•Adelantar la fecha de las primarias presidenciales. ARENA no puede ir a las elecciones de marzo 2018 dividido en campos. La candidatura presidencial tiene que definirse en primarias al final de este año.

•Convertir lo más antes posible el proceso ahora informal en uno formal: abrir las inscripciones oficiales de candidatos al sólo salir de la primarias de alcaldes y diputados en julio de este año; definir con claridad el tiempo de la campaña interna.

•La principal regla del juego: presentarse a las bases en conjunto, en debates institucionales.

•En la transición, hasta que comience el tiempo formal de la contienda, los precandidatos se abstienen de proselitismo interno y de solicitar apoyos de diputados, alcaldes, estructuras partidarias. Cada precandidato se dedicará a construir los apoyos que el partido necesitará en la sociedad – y regresa con los resultados al debate interno.

Este pacto de caballeros no sólo es factible, es necesario. Una vez que los precandidatos tengan un acuerdo sólido, lo presentarán a las autoridades de partido para que lo ratifiquen y oficialicen. Quien de los candidatos y de los líderes partidarios se niega a contribuir a la construcción de este acuerdo -y a cumplirlo- se autodescalificará como futuro candidato o líder.

El Gran Quiz del lenguaje político. O ¿Where is the beef? Columna Transversal de Paolo Luers

Paolo Luers, 2 junio 2017 / EDH

Reproduzco una serie de tuits publicados durante los últimos 2 meses: 12 de Mauricio Interiano y 12 de Carlos Calleja. ¿Puede usted identificar cuál es de quién? Pero cuidado: mezclados entre las opiniones de Interiano y Calleja también hay 12 tuits de Salvador Sánchez Cerén. ¿Los puede distinguir?

  1. Pongámonos la Patria al hombro, y asumamos con humildad la misión que se nos ha encomendado.
  2. Necesitamos un proyecto íntegro de gente honesta.
  3. Tenemos que redoblar esfuerzos y seguir trabajando con esmero por la gente, el país se lo merece.
  4. Hay que aprender del pasado para manejar las cosas mejor hacia adelante.
  5. Cuando se tiene decisión y fe es posible resolver los grandes problemas del país.
  6. Es momento de apartar nuestros intereses personales y que comencemos a pensar el bien común.
  7. Tenemos que buscar la forma permanente de entendernos, de encontrarnos, de poder vivir en paz en El Salvador.
  8. La riqueza más grande que tiene nuestro país es su gente.
  9. Los problemas de país no los van a resolver solo los políticos, se van a resolver solo si nos sumamos todos los salvadoreños.
  10. Es fundamental retomar el diálogo y lograr entendimientos en torno a las políticas para estimular el crecimiento económico.
  11. Para gobernar, además de voluntad política, se requiere participación, diálogo y coherencia.
  12. Para enfrentar los nuevos retos se necesita cambiar de mentalidad, resolver las diferencias sin violencia, ir al encuentro y entendimientos.
  13. Los salvadoreños esperan mucho de nosotros y es momento que comencemos a demostrar que queremos el mismo cambio que quiere la población.
  14. Llegó el tiempo donde no podemos seguir viendo hacia atrás en búsqueda de excusas. Hoy nos toca responsabilizarnos por nuestro futuro; solo así podremos construir una nueva sociedad en El Salvador.
  15. Uno de los grandes retos que estamos enfrentando como país es la reforma al sistema de pensiones.
  16. Si queremos transformar el país debe de haber primero una transformación política, este es momento de hacer una diferencia.
  17. Necesitamos de una nueva generación de liderazgo, una nueva mentalidad, que nos permita cerrar las heridas del pasado, unirnos y trabajar.
  18. La política puede ser la oportunidad para cambiar un país y todos tenemos la responsabilidad y obligación de trabajar por un mejor ES.
  19. Uniendo voluntades podemos alcanzar grandes e históricas decisiones para sumarnos positivamente al crecimiento de nuestra nación.
  20. No podemos seguir en un país dividido. No podemos esperar cambios si seguimos polarizados. El gobierno tiene capacidad de dividir.
  21. El Salvador necesita de integridad y trabajo para salir adelante. Una nación con oportunidades pero también con responsabilidades.
  22. Unidos bajo una nueva visión podremos construir una nueva sociedad en El Salvador.
  23. Este es el momento para construir un mejor El Salvador y depende de todos.
  24. En la crisis existe la oportunidad, debemos estar abiertos a seguir aprendiendo, a construir una nueva visión de país, los salvadoreños.
  25. El SALVADOR puede volver a brillar y esta en nuestras manos que asumamos el llamado que nuestra patria nos está haciendo.
  26. Orientemos nuestros esfuerzos a la construcción de un plan de nación incluyente, para el bienestar de los salvadoreños.
  27. Para transformar El Salvador y construir una nueva sociedad, necesitamos un proyecto de país renovado, inclusivo y moderno.
  28. Los salvadoreños queremos menos ataques y más soluciones, queremos un compromiso por el bien de la nación.
  29. Cambiemos la realidad y demos verdaderos pasos por un mejor futuro, por nuestros niños, por vos y por El Salvador.
  30. Creemos profundamente en generar igualdad de oportunidades para construir una nueva sociedad con una clase media pujante.
  31. El gobierno tiene que poner la información en manos de la población, con transparencia.
  32. Reafirmamos nuestro compromiso con el sector empresarial y los inversionistas en El Salvador.
  33. Educación y salud son fundamentales para el desarrollo del país.
  34. Es obligación del gobierno y todos los sectores políticos generar condiciones que aseguren a población disfrute de derechos constitucionales.
  35. Debemos de ser coherentes con nuestro discurso y no vamos a tolerar la corrupción venga de donde venga.
  36. El Salvador necesita una estrategia para crecer sanamente: Innovación, inversión y un gran salto en la calidad de nuestra educación.

En caso que ustedes se queden confundidos y no logren distinguir entre los mensajes del presidente de la República, el presidente de ARENA y el pre-pre-candidato presidencial de ARENA, en los próximos días publicaré en redes sociales la solución de este Quiz.

Vea la solución del Gran Quiz

 

Columna Transversal: Sólo para empezar. De Paolo Luers

Todavía estamos esperando a un candidato que se lanza a la política con un catálogo de primeras medidas que se compromete a tomar al sólo llegar a Casa Presidencial. No esperamos que llegue con un programa de gobierno o un plan quinquenal debajo del brazo. Pero sí que nos anuncie los cambios concretos y radicales que hará en la forma de gobernar – y que de manera simbólica marcan el rumbo que quieren dar a sus gobierno.

Paolo Luers, 19 mayo 2017 / EDH

La sociedad salvadoreña no está harta de política. Está harta de la política “más de lo mismo”. Los ciudadanos mandan este mensaje de múltiples formas, unos con protestas, otros con apatía, otros siguiendo a políticos antisistema. ¿Pero cómo pueden los partidos y sus candidatos convencer a los ciudadanos que entendieron estos mensajes, si bajo la promesa de “el cambio” llegó al poder un grupo de personas que resultaron más corruptos que los políticos tradicionales?

La crisis de credibilidad ya no se resolverá con discursos que invocan conceptos generales como “cambio de rumbo”, “nueva forma de hacer política”, “renovación”, “buen vivir”, “nueva sociedad”, “nuevas ideas”, “nueva visión”.

Ahora que comienzan a surgir las figuras que pretenden gobernarnos luego de tres administraciones con grandes promesas de renovación y miserables resultados, no podemos permitir que nos sigan hablando en términos generales, bonitos, pero en última instancia vacíos.

Tienen que ofrecernos, desde el inicio de las contiendas internas que definirán los candidatos, no “nuevas ideas” sino compromisos concretos, realistas, valientes y verificables.

Todavía estamos esperando a un candidato que se lanza a la política con un catálogo de primeras medidas que se compromete a tomar al sólo llegar a Casa Presidencial. No esperamos que llegue con un programa de gobierno o un plan quinquenal debajo del brazo. Pero sí que nos anuncie los cambios concretos y radicales que hará en la forma de gobernar – y que de manera simbólica marcan el rumbo que quieren dar a sus gobierno.

Si yo tuviera que escribir este “Plan para comenzar”, sería más o menos así:

  • Limpiar Casa Presidencial: Disolución de la Secretaría de Transparencia y Participación Ciudadana; Disolución de la Secretaría de Gobernabilidad.
  • Creación de una Comisión Presidencial de Reforma al Estado.
  • Transformación de la Secretaría Técnica en un Ministerio de la Presidencia.
  • Creación de la Oficina de Asesoría Académica del Estado, adscrita al Ministro de la Presidencia, compuesta por los mejores expertos y académicos que representan diferentes corrientes de pensamiento.
  • Conversión de la Secretaría de Inclusión Social en Ministerio Social.
  • Conversión de la Secretaría de Cultura en una institución independiente del Ejecutivo, con un estatus de autonomía comparable al de la Universidad de El Salvador.
  • Reducción de la Secretaría de Comunicación a una Oficina de Prensa
  • Conversión de los medios estatales en una entidad autónoma fuera del ejecutivo.
  • Regreso de Protección Civil al Ministerio de Gobernación.
  • Creación de un Ministerio de Justicia y un Ministerio de Seguridad Pública.
  • Reducir número de viceministros.
  • Reglamente claro y estricto para la publicidad del gobierno. Eliminar cualquier publicidad política desde Casa Presidencial, ministerios y autónomas. Solo permitir publicidad informativa. Reducir drásticamente el presupuesto de publicidad gubernamental.
  • Reducir el uso de cadena nacional a casos de emergencia, eliminando cadenas para promover posiciones políticas del gobierno.
  • Dar plena autonomía al ISSS; cambiar mecanismo de nombramiento del director.
  • Venta de las flotas de camionetas de lujo del gobierno. Creación de un servicio central de transporte que atiende a ministerios y Casa Presidencial. Con vehículos funcionales, y todoterrenos solo para ciertos viajes. Medidas correspondientes en las autónomas e superintendencias.
  • Abolir las plazas de asesores de los ministros y viceministros. La Oficina de Asesoría Académica del Estado asume la asesoría de los ministerios.
  • Promover medida similar en la Asamblea: Creación de un Tanque de Pensamiento Legislativo de alta calidad académica y no partidaria. Reducir al mínimo las plazas de asesores para las fracciones.
  • Restablecer la representación del sector privado en las Juntas Directivas de las autónomas.
  • Volver a establecer las dos instituciones consultivas que han sido exitosas y productivas: la Comisión Nacional de Desarrollo; y el Consejo Nacional de Seguridad, ambos con amplia autonomía y dirigidas por personas de alto profesionalismo.
  • Delegar a estos dos organismos las consultas con la sociedad civil (incluyendo la creación de Consejos Consultivos, etc.), que en las dos últimas administraciones han sido manipuladas desde Casa Presidencial y su Secretaría de Gobernabilidad.

Esta lista puede ser incorrecta, y seguramente es incompleta, sujeta a definir prioridades. Pero algo así la sociedad está esperando. Estos cambios despertarán fuertes resistencias entre políticos, funcionarios y burócratas. Quien los anuncia se hará enemigos.

Pero, ¿de qué nos sirven líderes que no están dispuestos de enfrentarse a resistencias y superarlos?

Obviamente, el siguiente presidente de la República necesitará desarrollar nuevas políticas de Seguridad, Educación, Salud, etc., por las actuales no funcionan – pero nadie espera que ya las tenga bajo el brazo. Requiere de muchos estudios. Pero sí esperemos que tenga claro que desde el primer día tiene que limpiar el gobierno. Es como si alguien que compra una casa: Lo primero que hace es limpiarla, y luego comienza a planear como transformarla.

La independencia de los mendigos. La Columna Transversal de Paolo Luers

Permitimos que el fiscal, al tiempo que investiga casos que afectan al gobierno y los partidos, tenga que negociar con este mismo gobierno y estos mismos partidos el presupuesto que necesita su institución.

Paolo Luers, 5 mayo 2017 / EDH

Todos hablan de la independencia de la Fiscalía General de la República, pero nadie entra al meollo del asunto: su dependencia presupuestaria.

La situación que tenemos es absurda. Exigimos a la FGR que se persiga la corrupción, sea de quien sea. Perseguir la corrupción significa investigar a fondo a pasados y actuales gobernantes y funcionarios, afectando a todos los partidos políticos: el que ha gobernado antes, el que está gobernando actualmente, y a los otros que hicieron pactos oscuros de gobernabilidad con los gobiernos de turno. Pero permitimos que el Fiscal General, al tiempo que investiga casos que afectan al gobierno y a todos los partidos, tenga que negociar con este mismo gobierno y estos mismos partidos el presupuesto que necesita su institución para operar y para poder llevar a cabo adecuada y profesionalmente estas investigaciones.

No importa quién esté al mando de la FGR, si como persona es corrupto o es honesto, esta es una situación que inevitablemente compromete la actuación de su institución. La independencia que necesita una fiscalía para poder investigar a quien sea que amerite investigación será frágil si para conseguir los fondos requeridos está dependiendo de la buena voluntad de los poderes que está investigando. La independencia de una fiscalía es incompatible con una constante incertidumbre presupuestaria. La independencia de una fiscalía no puede ser sólida si el gobierno o cualquiera de los partidos le pueden aprobar o negar el presupuesto de operaciones.

No estoy escribiendo esto para cuestionar o poner en duda la vocación de independencia del actual fiscal general. Estoy cuestionando el sistema actual que le obliga a negociar sus presupuesto. Estoy cuestionando un sistema que da al gobierno y a los partidos la posibilidad de extorsionar a la fiscalía, o por lo menos a tener influencia sobre el alcance de sus investigaciones, controlando y dosificando con criterios políticos-partidarios los fondos de la fiscalía.

Mauricio Funes, ahora asilado en Nicaragua, llegó al colmo de transferir al fiscal general de entonces, actualmente residiendo en Mariona, más de medio millón de dólares de fondos de Casa Presidencial para poder acelerar las investigaciones contra su archienemigo Paco Flores. Incluso si Luis Martínez no haya usado ni un dólar de “refuerzo” para mejorar su vida personal, esta transferencia constituye una aberración institucional. No puede un presidente promover la persecución penal de sus adversarios políticos financiándola con fondos de Casa Presidencial.

Y ojo: Así como un presidente puede hacerle concesiones presupuestarias para promover cierta investigación y persecución, lo puede hacer para que otras investigaciones no se hagan.

Los Acuerdos de Paz, para llevar las discusiones sobre la independencia del sistema judicial del discurso a la realidad, terminaron incluyendo en las reformas constitucionales del 1992 un artículo que garantiza a la Corte Suprema y al sistema judicial un porcentaje fijo (6 %) de los ingresos corrientes del Presupuesto del Estado. Ningún magistrado de la Corte Suprema tiene que sentarse con el presidente ni con la Asamblea para negociar presupuesto.

Lamentablemente, los negociadores de la paz no incluyeron en esta sabia regla a la fiscalía. Ha llegado la hora de hacerlo, ahora que la sociedad salvadoreña ha puesto en la agenda nacional la lucha contra la corrupción y la independencia de las instituciones. De qué forma, no sé. Puede ser que se incluya a la FGR dentro de la cuota constitucional del sistema de justicia, puede ser por aparte. Puede ser mediante una reforma constitucional, o puede ser mediante un acuerdo político entre los partidos. Pero tiene que cumplir un objetivo: Hacer la FGR realmente independiente, y evitar que el fiscal general tenga que andar de mendigo o de extorsionista negociando su presupuesto con los poderes que pueden salir afectados de sus investigaciones. Esta situación es indigna y significa que la justicia siga siendo sujeto a negociaciones políticas.

Si no resolvemos este problema institucional de independencia presupuestaria, ¿qué esperamos que el Fiscal General haga cuando en las próximas negociaciones presupuestarias con Casa Presidencial o con la Asamblea tenga del otro lado de la mesa a personas que tenga que investigar?

Columna Transversal: Paralizados por nuestros tabúes. De Paolo Luers

Paolo Luers, 21 abril 2017 / EDH

El país no va a avanzar mientras nadie se atreva a romper algunos tabúes muy arraigados que frenan su desarrollo.

La reforma agraria
Es un tabú tan fuerte que ni siquiera hay debate sobre este tema. Todo el mundo sabe que la reforma agraria de Duarte, recetada por Estados Unidos, ha fracasado rotundamente. La idea central de la reforma agraria fue contrainsurgente: Había que parar la masiva incorporación de campesinos al movimiento insurgente, y a la vez establecer una base social sólida a la Democracia Cristiana, el socio principal de los militares en la aplicación de las políticas contrainsurgentes de Estados Unidos. Era un plan político, más que un plan económico. Fracasó en ambas dimensiones. La Reforma Agraria fracasó políticamente, porque nunca llevó a una consolidación de la Democracia Cristiana, sino que buena parte de los cooperativistas se volvieron base social del FMLN – y tuvo que nacer ARENA, vinculada a las víctimas de la Reforma Agraria, para dar sostén político a la guerra. Y económicamente fracasó, porque el Estado nunca logró hacer productivas las cooperativas de la Reforma Agraria. Muchas tierras expropiadas quedaron, incluso hasta la fecha, sin explotación agrícola. Más bien la Reforma Agraria destruyó la agricultura nacional. Hoy, cuando la agricultura tendría que dar el paso a la agroindustria, no hay disponibilidad de las extensiones de tierra necesarias, porque todavía la Constitución prohíbe la concentración de tierras. La consigna “la tierra a quien la trabaja” ha llevado a que nadie la trabaje, o solamente para la subsistencia. La agricultura como factor del desarrollo, está condenada a la muerte, porque nadie se atreve a romper el tabú y revertir la reforma, reformando la Constitución.

Privatización y nacionalización
Otros tabúes son la privatización, pero absurdamente también la nacionalización. Ambos temas son vetados, porque al tocarlos inmediatamente se desata una especie de guerra religiosa. Esto no permite un debate racional sobre ventajas y desventajas de nacionalización o privatización en ciertas áreas de los servicios o de la economía. No puede haber un debate sobre la privatización de partes del sistema de Seguro Social, a pesar de que probablemente tuviéramos menores costos y mejores servicios si el ISSS pudiera contratar servicios ambulatorios e incluso clínicos privados para mejorar la atención. Un sacrilegio para nuestra izquierda de solo pensarlo…

En cambio, la derecha se levanta en armas siempre cuando detecta el fantasma de la nacionalización. Incluso en áreas como el transporte público y los desechos sólidos, donde está más que comprobado que la empresa privada está fallando, y donde en muchos países empresas públicas prestan mejores servicios a menos costos.

El debate sobre privatización, nacionalización o empresas mixtas debería ser un debate técnico y no ideológico con características de guerras religiosas. Estos temas no son asuntos de fe, sino asuntos prácticos y de eficiencia. El Seguro Social perfectamente podría transformarse en un seguro que deja de ofrecer servicios médicos, y se limite a pagar a los proveedores de salud, sean públicos y privados. Por otra parte, el Estado hace ratos hubiera tenido que destruir el mafioso monopolio privado de MIDES, creando empresas públicas (o público-privadas) bajo control regulatorio de los municipios. Habría que analizar si no sería más eficiente que las alcaldías conjuntamente crearan una empresa metropolitana de recolección de basura, y si esta tendría que ser de carácter municipal, privado o mixto, para ser eficiente.

El transporte público urbano posiblemente sería más eficiente si fuera administrado por una empresa pública manejada por los municipios del Gran San Salvador, que por supuesto podría subcontratar o concesionar parte de los servicios unificados a los empresarios o cooperativas de transporte. Todo esto depende de estudios de factibilidad y no de credos ideológicos.

La cobardía de los partidos ante estos tabúes es la única forma de explicar el escandaloso hecho que luego de 9 año de terminar su construcción del Puerto de La Unión todavía no está operando. El Estado no lo puede operar, pero tampoco permite que lo haga un consorcio privado. A esta altura, ambos puertos y ambos aeropuertos deberían estar bajo administración de concesionarios privados, por supuesto regulados por instituciones del Estado.

Con el tabú de la privatización como fantasma los gobiernos de Saca, Funes y Sánchez Cerén han destruido el único Asocio Público-Privado exitoso que tuvimos: LaGeo, que genera electricidad haciendo uso de la fuerza térmica de nuestro subsuelo, operada con gran éxito tecnológico, económico y ecológico en conjunto por CEL y la multinacional italiana ENEL. Sacaron a ENEL con amenazas, embargos, vetos y casi a palos del país, y nuestra industria geotérmica quedó estancada.

Así es la fuerza destructiva de los tabúes que nadie se atreve a enfrentar.

El orden. Columna transversal de Paolo Luers

Estamos acostumbrados de ubicarnos en el espectro político sobre una coordenada entre izquierda y derecha. Pero hay otra que mide y explica mucho mejor el carácter de partidos, movimientos, o líderes: la coordenada entre autoritario y democrático.

Paolo Luers, 7 abril 2017 / EDH

Nuestro adorado cuarto de niño, este reino del desorden que defendimos contra las intromisiones y regulaciones de los adultos, vive en nuestra memoria como símbolo de libertad y felicidad. Pero al crecer nos enseñaron que todo ser maduro tiene que aspirar a un orden que nos da estabilidad. De la libertad del desorden sólo nos queda la nostalgia.

En política, los conservadores se ven como garantes de este orden. En Alemania hay un partido conservador de derecha, cuyo programa se llama “Ordnung”. Un término muy alemán, mucho más pesado que “orden” en español. No es sólo un principio, es una manera de actuar, controlar, imponer, sancionar. En alemán, las fuerzas de seguridad se llaman “Ordnungskräfte”: fuerzas del orden. No defienden la libertad, ni los derechos ciudadanos, defienden el orden. “Ordung muss sein” (orden es necesario) fue la frase preferida de la dictadura nazi y de la dictadura comunista.

Para los conservadores, la mente desordenada es una carga para el hombre y una amenaza para la sociedad, y la creación de orden la ven como una tarea de la sabiduría. Así ya lo dijeron en cristiana convicción Agustín y Tomás de Aquino. “Ordnung” es el término fundamental del conservadurismo político.

Del principio del orden se derivan una serie de axiomas que caracterizan y dominan el pensamiento del conservadurismo, sea de derecha o de izquierda: realismo, jerarquía, autoridad, disciplina, patria, seguridad, armonía, moral, unión… Su punto común es la prevalencia de lo existente sobre lo posible. Los liberales, la izquierda democrática y la izquierda antiautoritaria tienen otros axiomas: pluralismo, debate, tolerancia, derecho a la disidencia, emancipación, autodeterminación, libertad….

La izquierda democrática, los liberales, los libertarios y los antiautoritarios desarrollan utopías, la derecha conservadora se aferra a tradiciones e identidades. Confinando la utopía al ámbito de la fantasía y lo imposible, los conservadores tienden a elevar la tradición y la identidad a categoría de necesario. No existe alternativa, este es el refrán conocido de los conservadores. La pérdida del orden (como en la crisis de refugiados en Europa; o en las manifestaciones ciudadanas en Venezuela) significa caos, y es imposible vivir. El desorden genera miedo, y el miedo genera fuerza para los conservadores. Así se explican el Brexit, el triunfo de Trump, el surgimiento de derechas ultraconservadoras en Francia, Holanda, Alemania, Hungría, Polonia y Rusia.

El hecho que todo orden político es sucesible a perturbaciones, los liberales y la izquierda democrática lo vemos como normal y hasta necesario para producir cambios. Para la derecha conservadora y la izquierda ortodoxa, ansiosas de armonía, disciplina y unidad, cualquier perturbación significa peligro. Es por esto que los conservadores pueden vivir mejor con injusticia que con desorden. Y esto incluye a los conservadores marxistas. Ahí reside en el fondo la diferencia entre autoritarios (derecha conservadora, comunistas) y antiautoritarios (liberales, izquierda democrática).

Tal vez ser conservador o ser liberal y antiautoritario es asunto de temperamento. Unos prefieren el calor del cuarto de niño desordenado; otros, la seguridad y el orden de un escritorio de oficinista.

Pero más allá de temperamentos individuales, también es asunto del tipo de convivencia que se quiere en una familia, en una sociedad, en un país, en el mundo: ¿Una convivencia basada en orden-unidad, o en pluralismo-diversidad? Unidad del pueblo (los nacionalistas) o unidad de clase (la izquierda ortodoxa) versus sociedad abierta. Pueblo versus ciudadanía. Identidad versus personalidad. Colectivo versus individuo.

Estamos acostumbrados de ubicarnos en el espectro político sobre una coordenada entre izquierda y derecha. Pero hay otra que mide y explica mucho mejor el carácter de partidos, movimientos, o líderes: la coordenada entre autoritario y democrático. Si usamos esta coordenada para entender el espectro político, de repente vemos mucha cercanía entre los polos clásicos de derecha e izquierda. Y mucha coincidencia entre liberales e izquierda democrática, libertarios y antiautoritarios. Pero el espectro partidario (aun) no refleja esto.

Mari Le Pen (la líder ultraderechista de Francia) y Pablo Iglesias (el líder de la nueva izquierda populista española) se parecen mucho más de lo que ellos mismos creen. Comunistas y fascistas han erigido dictaduras muy parecidas. Nacionalistas y marxistas tienen el mismo irrespeto por los individuos, sus libertades y sus diferencias. Es tiempo que los verdaderos liberales y los verdaderos socialdemócratas entendamos que tenemos mucho más en común que cada uno con los extremos en la coordenada izquierda-derecha.

(Inspirado en una nota de Roman Leik en Spiegel-Online)

Columna transversal: Correcciones para mantener el país al flote. De Paolo Luers

Los que le ponen metas falsas o irreales, no le hacen ningún favor al incipiente diálogo nacional. Le hacen estorbo.

Paolo Luers, 10 marzo 2017 / EDH

Los que hablan de ‘Segundos Acuerdos de Paz’ o de ‘Acuerdos de Paz de Segunda Generación’ son igualmente irresponsables que los que piden un ‘Pacto de Nación’ que defina, de una por todas, el rumbo del país, o incluso la ‘Refundación de la República’ mediante una Constituyente…

Buscar unos ‘Segundos Acuerdos de Paz’ sólo tendría sentido si habláramos de buscar la paz, mediante diálogo y tal vez negociaciones, en el actual conflicto sangriento, que es entre Estado y pandillas. Pero ni el gobierno, que invitó a Naciones Unidas a esta iniciativa, ni este organismo internacional, ni los partidos políticos dejan duda que no están buscando esto. Entonces, ¿‘Segundo Acuerdo de Paz’ entre quiénes? ¿Entre los que firmaron el primer Acuerdo de Paz: ARENA y FMLN? La última vez que chequeé, no estaban en guerra. Olvidémenos de este término.

Otros hablan de ‘Acuerdos de Segunda Generación’, obviamente viendo los de 1992 como acuerdos incompletos. Es una idea erronea pensar que los Acuerdos de Paz se quedaron cortos y por tanto habrá que completarlos ahora. Los acuerdos del 1992 cumplieron a cabalidad lo que eran sus propósitos: terminar la guerra; erradicar la violencia como instrumento de la política; y establecer el pluralismo democrático, en el cual la izquierda se podía incorporar, buscando realizar su concepto de transformaciones sociales mediante el uso de la política, del derecho a la organización y de la libertad de expresión.

Todo esto (y la desmilitarización) se cumplió con la reforma del sistema político e institucional producida por los Acuerdos de Chapultepec. El hecho la izquierda, luego de incorporarse al sistema plural e incluso llegar al Ejecutivo, no produjo ninguna transformación social es un problema o de su incapacidad, o de su falta de voluntad, o del enredo ideológico de este partido – pero de ninguna manera es falacia de los Acuerdos de Paz.

El hecho que tampoco ARENA ha tenido éxito en poner en páctica su concepto que con suficiente crecimiento económico y con libertad empresarial se generarían los recursos para erradicar la probreza y marginación, tampoco es culpa de los Acuerdos de Paz, sino de las políticas de ARENA – y de su deslice al populismo con la llegada de Saca. Pero Saca del lado de ARENA y Funes del lado del FMLN no son consecuencias tardías de los Acuerdos de Paz, sino de errores y desviaciones de sus respectivos partidos.

No necesitamos completar los Acuerdos de Paz, ni mucho menos refundar la República o reescribir la Constitución. Necesitamos renovación de la política y de los partidos para prevenir al siguiente Saca o Funes. Necesitamos desarrollar políticas públicas y formas de gobernar adecuadas para enfrentar los retor del siglo 21, con su revolución tecnológica y una globalización indetenible. Necesitamos analizar el presente y el futuro para definir estas políticas pública, en vez de seguir analizando los conflictos del siglo XX.

Bueno, dirán muchos: Pero por lo menos tiene que salir de esta coyuntura de diálogo y los buenos oficios de Naciones Unidas un ‘Pacto de País’ que rompa la paralización causada por la polarización. Un pacto que defina el rumbo, para que todos podamos trabajar unidos con los mismos propósitos…

Esto o es una trampa o es una ingenuidad. La polarización no tiene nada de malo, sino es inherente a la democracia pluralista. Nuestro problema no es que los dos partidos tengan propuestas incompatibles, sino que no tienen propuestas, o por lo menos no las quieren exponer con transparencia. La paralización y la falta de acuerdos no se rompen con pactos, sino cambiando la correlación de fuerzas mediante elecciones. Y para que las elecciones produzcan una clara definición de rumbo, primero necesitamos que los partidos definan y expliquen con claridad la diferencia entre sus respectivos rumbos, programas y propuestas.

¿Con esto estoy diciendo que el diálogo no tiene sentido? Por lo contrario, el diálogo siempre tiene razón, en el sentido muy pragmático de mantener al país al flote mientras no se termine construyendo la nueva mayoría necesaria para redefinir el rumbo. Este proceso va a durar por lo menos hasta el 2019 (y posiblemente más) – y mientras tanto hay que mantener funcionando al país, su economía y su Estado.

Si el diálogo promovido por Naciones Unidas lograra permitir al gobierno flexibilizar sus posiciones, abrazar al pragmatismo, salirse de los callejones sin salida donde se ha atrincherado, ya sería un enorme aporte. Aunque no defina el rumbo, no lleve a un pacto nacional, no refunda la República, este diálogo sería útil. Si mediante el diálogo se lograra establecer un marco, dentro del cual el FMLN y su gobierno no pierdan la cara cambiando la políticas que necesitan cambiar para mantener el país a flote, vale la pena que todos aportemos a este esfuerzo. Lo más probable es que con esta idea el presidente, al no ver otras alternativas de cómo salir de la crisis, haya invitado a Naciones Unidas como facilitador.