pandillas

Carta a los expertos de Seguridad: Analicen bien. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 19 octubre 2017 / MAS! y EL DIARO DE HOY

Estimados colegas:
Las olas de asesinatos van y vienen. Es como la curva de fiebre de alguien con seria infección. Cuando baja, el gabinete de Seguridad canta victoria. Cuando sube, lo explican sacando el fantasma de una división dentro de la MS13 que ellos mismos están tratando de cultivar. Mano dura mezclada con una torpe política de dividir para reinar.

 Por esto entran y salen camionetas de la DGCP en los penales de Zacatecoluca, Ciudad Barrios e Izalco, con pasajeros encapuchados, cuyas salidas y entradas no son registradas. Es un operativo de la sección logos MAS y EDHde inteligencia penitenciaria (al mando de Rafael Benavides, conocido en la guerra como Ramón Suárez y como operativo de secuestros de las FPL), que quiere provocar una división dentro de la MS13. Por esto llevan a ciertos reos de un penal al otro. No tiene nada que ver con una segunda tregua, como ustedes sospechan.

Todavía el fiscal general está empeñado en criminalizar los traslados de reos que se hicieron en el 2012, en el marco de la tregua, cuando tenían un objetivo claro: facilitar un proceso de reducción de la violencia. Pero los traslados clandestinos de ahora no los investiga la fiscalía, aunque tienen un fin oscuro: crear una pandilla nueva, la famosa MS503, que se desvincularía del acuerdo de las tres pandillas históricas de negarle cualquier apoyo electoral al FMLN. Han declarado la guerra al FMLN, en represalia a las promesas no cumplidas que este partido les hizo en el marco de sus pactos electorales del 2015; y a la campaña de exterminio que inició el gobierno del FMLN una vez que ganara las presidenciales.

Los dirigentes de las pandillas, a partir de esto, rompieron todos los compromisos y pláticas con el FMLN. Por eso, el gobierno está tratando de provocar una disidencia con la cual pueda negociar. Pero no negociar para buscar una salida a la crisis de seguridad y a la violencia, sino para llegar a nuevos pactos electorales.

Es algo torpe que el gobierno comprometa su propia maniobra, usando al mismo tiempo la supuesta división en la MS para explicar el auge de homicidios de los últimos dos meses. Están creando un monstruo – y al mismo tiempo echan a su monstruo la culpa del auge de violencia.

Detrás de esto nadie detecta la razón más lógica de las olas de violencia: Son las respuestas de las pandillas a la guerra declarada, los operativos de aniquilamiento y los grupos de exterminio. Acción y reacción: pandilleros muertos-pandilleros matando; policías muertos-policías matando. La consecuencia inevitable de una política equivocada.

Repiensen sus análisis, colegas.
Algo debemos aportar para cambiar esta situación. Saludos,

44298-firma-paolo

 

 


Fe de errata:
En la carta dice que Rafael Benavides (“Ramón Suárez”) fue operativo de secuetros de las FPL. Es falso: fue operativo de secuestros del las FAL del Partico Comunista)

 

 

 

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Esperanza. De Cristian Villalta

Y para ahorrarnos el gasto en policías, tanquetas y fusiles, ¿por qué mejor no matamos a nuestros enemigos antes de que crezcan?

CRISTIAN VILLALTA

Christian Villalta, director de El Gráfico

Cristian Villalta, 24 septiembre 2017 / LA PRENSA GRAFICA

Entiendo que matarlos por hambre o desnutrición les parezca más congruente con el actual estado de las finanzas públicas, es ideal matar sin hacer nada más que ignorar los deberes constitucionales, y que eso no cuesta un peso, pero no hay garantías de triunfo, Óscar. La resiliencia de esa gente es casi una necedad.

Tampoco envenenarles la leche garantiza nada, aunque se agradece la sugerencia, ministro. Recuerde que la mayoría de ellos no van a la escuela, o en todo caso comenzaron el año escolar pero la deserción puede más, y la idea es aniquilar completamente. ¿Tierra arrasada, no?

Además, si estos periodistas progres y mequetrefes lloriquean por las actividades extracurriculares de algunos de la corporación, ni nos imaginemos la preguntadera que les cogería.

LPGNo nos desanimemos, tenemos un punto a favor. Al fin entendimos que nada bueno puede salir de la pobreza. Que la pobreza produce pobres –gran línea, profe. De modo que los pobres son el enemigo de cara al futuro. Los pobres de hoy no son solo los pobres del mañana, sino que entre ellos inevitablemente están los delincuentes de la próxima década.

Entenderlo no es poca cosa, camaradas. Esa es una visión connatural a la historia salvadoreña. Y los descalzos perdieron siempre, desde los pipiles hasta El Mozote.

Disculpen la pausa. Por la emoción, se me secó la garganta.

Comprendo las dudas de algunos. Con tanta blandenguería política, han perdido el enfoque; una conciencia desenfocada puede volverse escrupulosa. Pero ya parémosle a tanta logística y habladera… Convengamos en que si los agarramos desprevenidos, advendría un triunfo militar inobjetable. Esa guerra sí la podemos ganar. Y no es poca cosa, desde Sánchez Hernández no ganamos una.

Y antes de que alguno acá objete mamarrachadas tipo derechos humanos, de la niñez y otras sensiblerías pequeño burguesas, le invito a que recuerde aquellas horribles noches, oculto en la montaña.

¿Qué les mantenía despiertos, pese al hambre, parados y ateridos, con piojos desde el pelo hasta las botas? ¿El espíritu bolivariano? No, Medardo, siga durmiendo.

Les mantenía esa enfermedad, ese mal endémico de ciertos pueblos que se llama esperanza. Ese germen crece y se reproduce ferozmente entre los marginales, los excluidos y los pobres. Por eso es que Jesús les tenía tanto cariño, si eran su clientela.

Claro, la esperanza que nos animaba, bueno, que les animaba a ustedes porque yo estoy acá solo de asesor estratégico, aunque siempre he admirado su causa, Normita, era la del triunfo socialista. Y digo, pues, yo sé que siguen peleando por el socialismo… desde el capitalismo… transición anticapitalista me corrige Sigfrido, gracias. Y eso que ustedes no eran pobres, sino que habían hecho la opción preferencial. Of course.

Pero estos pobres de hoy y sus esperanzas son tan poca cosa. No aspiran más que a salud digna, educación suficiente, libertad de circulación y… esto es lo más risible… seguridad adonde viven. Y después, toda esa plataforma neoliberal de espacio público, identidad nacional, igualdad sustantiva. Babosadas, pues, nada que conmueva el curso de la historia. ¿Qué van a saber de dialéctica si solo saben de hambre?

Por eso, mis estimados camaradas, antes que nuestros enemigos se contagien de esperanza y luego se les transforme en desencanto, y del desencanto pasen a la rabia, al brinco, la pertenencia y el delito, les recomiendo que nos anticipemos y que les entremos a sangre y fuego.

Al enemigo por su nombre: cualquier niño sospechoso de ser pobre, con el agravante de ser salvadoreño.

Mijango tenía razón. De Roberto Valencia

roberto-valenciaRoberto Valencia, 29 agosto 2017 / EL FARO

En lo sustancial, tenía razón Mijango, el mediador in chief, en su análisis sobre lo que se le venía encima a El Salvador.

Tenía razón el denostado Raúl Mijango cuando, hace ya dos años y finiquitado el controversial proceso que convenimos en llamar la Tregua, nos concedió una larga entrevista –una más, esta vez on the record– con la vaga pretensión de que sus respuestas, las de un testigo privilegiado, sirvieran como colofón a una de las políticas públicas que más incidencia ha tenido en la evolución de las maras y de los mareros.

el faroTenía razón Mijango cuando dijo: “Las posibilidades de construir paz en el país se han agotado, y ahora toca esperar a que los sedientos de muerte y de sangre, tanto en las pandillas como en el gobierno, se sacien y vuelvan a considerar que es necesario trabajar por la paz”.

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Foto Víctor Peña.

Aquella entrevista tuvo lugar el 1º de octubre de 2015, meses después de que el gobierno de Salvador Sánchez Cerén abortara sus negociaciones con los pandilleros y le apostara todo a la versión más sangrienta y brutal del manodurismo de todas las ensayadas tras la firma de los Acuerdos de Paz. Para entonces, los “sedientos de muerte y de sangre” de uno y otro lado ya estaban desatados. De un lado, las pandillas asesinaron a más de 60 policías en ese año, muertes brutales y cobardes en su inmensa mayoría, y también se atrevieron a desafiar a la sociedad entera con un paro del transporte público; del otro lado, se había consumado ya la masacre de la finca San Blas e incontables samblases más que la Policía Nacional Civil, con la anuencia de la Fiscalía y de la sociedad en general, encubre y tolera bajo la etiqueta de “enfrentamientos”. Poco ha cambiado en dos años.

Tenía razón Mijango cuando dijo: “¿Cuánto tiempo va a durar [la guerra]? No sé pero, en la experiencia que conocí y viví en el conflicto armado de los ochenta, fueron diez años y más de 50,000 muertos. En 1982 se hizo la primera propuesta de búsqueda de soluciones negociadas, pero en aquel momento las dos partes creyeron en la victoria militar. Es igual que ahora, que el gobierno está tratando de buscar una victoria militar, mientras que una vía negociada permitiría ahorrar tiempo, ahorrar muertos y ahorrar sufrimientos, y resolver el problema de una forma eficaz”.

Han pasado dos años y 9,000 asesinatos desde aquellas palabras, y no se atisban todavía señales inequívocas de que las maras estén perdiendo el control en sus canchas, o de que el diálogo pueda emerger como solución a un problema tan desbordado que solo los más miopes entusiastas del manodurismo creen que se puede resolver por la vía represiva.

Tenía razón Mijango cuando dijo: “Cientos de grupos [clicas] antes respondían a las directrices de las ranflas nacionales, pero ahora han caído en la anarquía, operan de forma autónoma, unidas solo por la idea de practicar la violencia”.

El gobierno presenta como uno de los grandes logros de las Medidas Extraordinarias haber dificultado como nunca antes la comunicación entre las ranflas encarceladas y los pandilleros en la libre. Y seguramente sea cierto, seguramente hoy sea más difícil que nunca que escapen órdenes o consignas de las cárceles, pero ¿nos hemos preguntado si eso per se ayuda o entorpece para buscar una solución a este conflicto tan enraizado y complejo?

Por último, creo también que tenía razón Mijango cuando dijo: “Yo llegué al convencimiento de que ya no hay capacidad nacional, con actores nacionales, de encontrar una salida a este problema. Siento que nos hemos polarizado demasiado, y que de alguna manera nos hemos satanizado entre nosotros mismos, y que el mismo Consejo [el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia] terminó siendo un fantoche que para lo único que ha servido es para justificar y legitimar la acción represiva del gobierno”.

La sociedad salvadoreña, a pesar de lo que asegura la propaganda gubernamental, está muy lejos –muy lejos– de dar con la fórmula para rehabilitar y reinsertar a más de 60,000 pandilleros activos y no menos de 400,000 personas entre familiares condescendientes, novias, simpatizantes, aspirantes, colaboradoras… Y, lo más preocupante, de dar con la fórmula para que cientos, quizá miles de niños y adolescentes salvadoreños no sigan queriendo –más que nada en este mundo– integrarse en la pandilla de su colonia o de su cantón, como lo quieren hoy.

Mijango fue el mediador por excelencia. Un tipo rupestre, malcae, franco, hábil, campechano, descuidado, el perro flaco al que se le pegan todas las pulgas. La persona que más se involucró en la Tregua, un proceso con luces y sombras que esta sociedad hizo descarrilar. Pero ese denostado Mijango es, sin duda, una de las personas en este mundo que más y mejor conoce el fenómeno de las maras y a sus líderes más influyentes. Alguien que podría asesorar, aconsejar, tender puentes, pero que esta sociedad prefiere verlo encarcelado, haya o no motivos.

Me temo que en lo esencial tenía razón Mijango: tal cual van las cosas, tendrán que pasar años de muerte y sangre, décadas quizá, hasta los que los sedientos se sacien, hasta que en la sociedad salvadoreña vuelvan a surgir voces valientes y de peso que juzguen necesario trabajar en serio por la paz.

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Si alguien quiere leer completa aquella entrevista, puede hacerlo en este enlace.

¿Estamos financiando a terroristas? De Centro de Estudios Jurídicos CEJ

Es saludable que inicie un debate serio sobre este tema. Con énfasis en serio. Ojala que no se limite a enmarcar el problema de los pactos electorales con pandillas en el contexto de la tregua, sino donde verdaderamente pertenece: las políticas de Seguridad post tregua del FMLN y la ausencia de alternativas por parte de ARENA.

Paolo Luers

Centro de Estudios Jurídicos CEJ, 14 agosto 2017 / LA PRENSA GRAFICA

centro estudios CEJLa semana pasada se celebró audiencia en el proceso que se instruye contra ciertos exfuncionarios, empleados públicos, y sujetos privados a quienes se les atribuye la comisión de delitos en el marco de la política del gobierno conocida como la tregua con las pandillas.

En esa audiencia, un líder pandillero rindió su testimonio y aseveró que para las elecciones presidenciales de 2014 el FMLN y ARENA les entregaron a las 3 principales pandillas cantidades de dinero para requerirles apoyo en la campaña electoral. Ese apoyo, para el caso del FMLN, incluía quitarles el Documento Único de Identidad a las personas afines a ARENA, y así evitar que ejercieran su derecho al sufragio.

LPGCabe recordar que a inicios de este año, ciertas investigaciones periodísticas revelaron las reuniones de altos dirigentes de ARENA y el FMLN con líderes pandilleros en el contexto de las elecciones de 2014. En esa ocasión dijimos en esta columna: “Lo que merece todo nuestro repudio es que las conversaciones (con las pandillas), negociaciones o como quiera llamárseles, se manejen en la penumbra y tengan como propósito la obtención de réditos políticos electorales. Es la vida y la tranquilidad de los ciudadanos la que día a día está en juego”.

La declaración testimonial relacionada, aunada a las investigaciones periodísticas sobre ese mismo asunto, son indicios suficientes para que la Fiscalía General de la República (FGR) inicie de inmediato una investigación.

En respeto al derecho a la presunción de inocencia, debemos ser prudentes y evitar condenar de antemano a cualquier sujeto o partido político. Pero, de igual manera, ejercer ciudadanía supone exigir a FGR que investigue profunda y rápidamente si los partidos políticos, sus dirigentes, y algunos sujetos relacionados con aquellos, han participado en financiar a los grupos pandilleros.

Esto adquiere singular importancia porque en agosto de 2015, la Sala de lo Constitucional emitió una sentencia en que, de un modo innovador, hizo una declaratoria general de las pandillas como organizaciones terroristas. Dijo: “Son grupos terroristas las pandillas denominadas Mara Salvatrucha o MS-13 y la Pandilla 18 o Mara 18, (…) en consecuencia, sus jefes, miembros, colaboradores, apologistas y financistas, quedan comprendidos dentro del concepto de terroristas”.

De ese modo, no es baladí la existencia de indicios de un financiamiento directo de las pandillas por parte de los dos partidos políticos mas grandes del país. Tal circunstancia supondría no solo que tales partidos, y en particular algunos de sus dirigentes, financiaron organizaciones terroristas, sino que también ellos serían considerados terroristas, a partir de los criterios definidos por la Sala de lo Constitucional.

El caso resulta peor ya que de acuerdo con tales indicios, los diálogos y el financiamiento a las pandillas fue con el objeto de obtener apoyo en votos y en actos criminales disuasivos para la elección presidencial de 2014. Y siendo que esta se definió apenas por 6,634 votos –que representaron el 0.22 % de los votos válidos– es altamente probable que la existencia de tales irregularidades –si es que ocurrieron– haya sido determinante para alterar el resultado final.

De ser cierto, esto supondría el delito de fraude electoral, y uno de los más graves atentados a la democracia después de la firma de los Acuerdos de Paz.

Los donantes de los partidos –empresarios, empleados públicos, y cualquier individuo– así como todos los contribuyentes –que también financiamos indirectamente a los partidos mediante el pago de impuestos que fondean la deuda política– debemos exigir explicaciones a los líderes de los partidos, y resultados inmediatos a la FGR.

Ningún financista de partidos políticos ni ningún otro ciudadano debería tolerar que el dinero que aportan a esos institutos termine en manos de organizaciones criminales que amenazan la seguridad y vida de todos los salvadoreños. Estaremos atentos a las actuaciones de la FGR.

Negociaron con pandillas. De Erika Saldaña

Es saludable que inicie un debate serio sobre este tema. Con énfasis en serio. Ojala que no se limite a enmarcar el problema de los pactos electorales con pandillas en el contexto de la tregua, sino donde verdaderamente pertenece: las políticas de Seguridad post tregua del FMLN y la ausencia de alternativas por parte de ARENA.

Paolo Luers

erika saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 14 agosto 2017 / EL DIARIO DE HOY

El FMLN y ARENA habrían negociado con las pandillas a cambio de incentivar o intimidar las votaciones presidenciales de 2014. A los dos partidos políticos mayoritarios de El Salvador poco les importó el historial criminal de estos grupos, los fines para los cuales podrían utilizar el dinero recibido en sus negociaciones, ni las consecuencias que el fortalecimiento de estos grupos tendría en la vida de muchos salvadoreños. A estos partidos políticos únicamente les interesó mantener o recuperar el poder.

EDH logEmpecemos por lo incomprensible. ¿A quién en su sano juicio se le ocurre que es válido sentarse a negociar aspectos políticos del país, como una votación, con grupos que se encuentran fuera de la ley? Las pandillas son ese fenómeno social cuya raíz no hemos comprendido a cabalidad. Probablemente son producto de la desigualdad, violencia y falta de oportunidades, pero eso no excluye el hecho que son grupos de personas que han cometido graves delitos contra la sociedad y cuya reinserción o aceptación no puede ocurrir fuera de los parámetros que dibuja la ley.

Cuando en 2016 se dieron a conocer audios y videos publicados por el periódico digital El Faro, en el que aparecían funcionarios de ambos partidos mayoritarios intentando hacer acuerdos con los jefes de las principales pandillas, a los partidos no les tocó más que aceptar esas reuniones; eso sí, aduciendo otro tipo de motivos y tratando de justificar cualquier rastro de ilegitimidad. ARENA manifestó que sus reuniones se realizaron con el fin de que las pandillas permitieran una votación libre en los territorios controlados y cesaran el acoso a votantes en la segunda vuelta presidencial de 2014; mientras que el FMLN expresó que las reuniones del Ministro de Gobernación con pandilleros respondían a un apoyo económico para renovar los documentos únicos de identidad y programas de microcrédito.

Los partidos políticos han desgastado tanto su credibilidad en El Salvador, que ya pocos (o solo su voto duro) creen en las justificaciones que otorgan. Aunque manifiesten que sus propósitos eran distintos a incidir en las elecciones de 2014, no hay nada que justifique que negociaron con pandillas. Si su intención era detener acciones ilegítimas, su deber era acudir a las instancias correspondientes a denunciar y hacer públicos los hechos, no sentarse a ofrecer beneficios a pandilleros.

A los políticos no les importó que estos grupos han robado, matado, violado e intimidado a muchas personas; el único fin que ARENA y el FMLN habrían tenido en la cabeza era conseguir ganar las elecciones y con estas negociaciones dejaron claro que estaban dispuestos a pagar cualquier precio, dinero y vidas de salvadoreños. Usaron a grupos que depredan a la sociedad para ganar unas elecciones. Es algo vil. Despreciable.

Por otro lado, con este tipo de negociaciones queda expuesta la incapacidad de los actuales partidos políticos de ganar una elección con base en propuestas y trabajo. A ARENA y el FMLN les salía más fácil lograr que las personas votaran o dejaran de votar por la fuerza, a las alternativas naturales en un país civilizado: presentar planes de gobierno con propuestas decentes y que los ciudadanos fueran los que evaluaran esas propuestas en las urnas. No tienen ni la mínima capacidad de gobernar de manera decente, por lo que se tuvieron que auxiliar de los métodos más bajeros que existen.

ARENA y el FMLN atentaron directamente con el sistema político y contra la democracia misma. Si las elecciones libres son un presupuesto necesario para la existencia de un Estado constitucional de Derecho, el solo intento de alterar la voluntad popular a través de compra de votos o de la intimidación a ciudadanos libres para que no asistieran a las urnas, los vuelve culpables de atentar contra la esencia del sistema republicano.

Los partidos políticos ya se encontraban inmersos en una crisis por culpa de su misma ineptitud para dirigir los temas trascendentales para la ciudadanía; estas negociaciones con grupos criminales los siguen llevando camino al abismo. El posible resquebrajamiento del sistema de partidos políticos será culpa de la desconfianza que ellos mismos han sembrado con acciones reprochables como estas. O cambian su forma de hacer política, o la historia recordará a estas legislaturas y gobiernos como los únicos responsables de la total decadencia de El Salvador.

“No podemos seguir pidiendo más violencia”: María José Cornejo/crominóloga

Yessica Espinoza, 26 junio 2017 / EL MUNDO (SV)

La criminología cultural ¿cómo ve la violencia y las pandillas del país?

La criminología cultural trataría entender las razones detrás de la violencia. No podemos hacer aseveraciones uniformes sobre la violencia que ejercen las pandillas, hay crímenes pasionales por ejemplo; la violencia es bastante expresiva, no siempre cumple un propósito funcional, sino un propósito de expresar algo, por eso es que se dan expresiones de violencia que parecieran extremas e irracionales. Las pandillas podrían verse como la necesidad de un sector de la población de recobrar cierta identidad, de tener una posición en la sociedad, de ser escuchados, pero que lo están haciendo de una manera nociva y dañina tanto para ellos como para la sociedad. Entonces hay que ver por qué están llegando a este extremo de expresión, por qué están llegando a este tipo de daños. La criminología cultural intentaría entrar a estas comunidades, comprender la cultura de la calle, las fuerzas que están operando en las comunidades.

¿Qué factores están provocando estas expresiones?

Uno de los factores es la represión del Estado, cómo estos poderes se están configurando de manera que las salidas que le ven para revelarse, oponerse y resistir estas fuerzas es la violencia, que no cumple un propósito más que decir préstennos más atención o devuélvannos cierto nivel de dignidad.

También hay procesos económicos, el alto nivel de desigualdad porque cuando se analiza el fenómeno de las pandillas en el país, vemos marcadísimo el tener comunidades marginales frente a otras sumamente opulentas y esa brecha genera emociones, enojos y todo tipo de cosas subjetivas que impactan al joven, que es un factor para crear sociedades violentas.

Esta la falta de atención a estos jóvenes, que pareciera que a la sociedad no le importa y la manera en que se responde, que el Estado no da oportunidades, sino que está presente como una institución de control y de represión de comportamientos.

¿ Qué soluciones propone la Criminología Cultural para controlar el fenómeno de las pandillas ?

La criminología ve necesario abordar el tema desde las causales grandes y hacer esfuerzos en todas estas partes. Hablamos de la cultura de la sociedad, medios de comunicación que replican ciertas historias, el Estado con sus políticas y están las víctimas y victimarios. Por ejemplo, la educación por medio de la academia, que puedan entrarle a otras teorías o a ayudar a pensarlo de manera distinta, no solo pensarlo desde la perspectiva de control social. Desde lo medios de comunicación es necesario no replicar discursos que nos repitan la misma historia de la pandilla, el pandillero, es el culpable sin entender qué hubo detrás de cualquier evento criminal, ir más allá de solo el conteo de muertos, se debe tratar de comprender qué realmente pasó en ese suceso, pues cada uno tiene su particularidad. El Estado tiene la responsabilidad no solo de controlar sino de desarrollar a la juventud y de crear espacios y oportunidades para los jóvenes, tiene la responsabilidad de minimizar el daño social de sus propias políticas porque las políticas de represión generan un gran daño social porque los jóvenes que no están en las pandillas viven una violencia permanente de experimentar operativos que llegan a derribar las puertas de las casas, de ver a hombres armados todos los días.

¿Cómo podrá hacer eso el Estado?

El Estado necesita un cambio mental, un cambio de paradigma y para cambiar el paradigma del control, de que todo se trata de controlar a la sociedad, tiene que entender que hay políticas que están destruyendo el tejido social y están perdiendo el control por medio de ese rompimiento. Es un cambio de paradigma que se puede apoyar en instituciones académicas y que la sociedad debe pedir porque al final es la sociedad la que genera ese debate público. La sociedad pide que se minimice la violencia pero debe pedir una respuesta distinta y tenemos que partir de que lo que tenemos no nos está funcionando, sabemos que las políticas nos han generado más violencia. No podemos seguir pidiendo más violencia. Para mí que la respuesta para que el Estado cambie viene de la sociedad.

¿Cómo ve el papel de las autoridades de seguridad en el tema de las pandillas?

Las autoridades de seguridad deberían acercarse a las comunidades. Hay que aceptar que las pandillas tienen autoridad en las comunidades, eso es una realidad. Pero hay que partir que no será la violencia la que les va a arrebatar esa autoridad, sino que hay otras formas de mediar, de dialogar, entonces las autoridades deben acercarse a los líderes comunales, religiosos, por ejemplo, para encontrar formas de mediación para aplacar e ir retomando el control de las comunidades; pero para el Gobierno es muy difícil aceptar que las pandillas tienen autoridad y control pero no deberíamos de verlo como debilidad que ya el Estado no tiene el control, si hay que dialogar, hay que dialogar.

En ese sentido, ¿estaría la criminología cultural a favor de la tregua?

La tregua es un tema bastante complicado. De todas las políticas de seguridad que el Estado ha aplicado, la tregua ha sido la única política de seguridad que ha logrado disminuir el nivel de homicidios. Eso nos dejó una gran lección más allá de si es legal o ilegal dialogar con los pandilleros o si fue legal o ilegal los mecanismos de la implementación.

Hay que entender que el principio de diálogo funcionó, fue efectivo. Pero como se ha movido de que no nos vamos a ensuciar las manos negociando con actores criminales tenemos ese paradigma pero es injusto que el Estado venga a decir que no se va meter a dialogar con actores criminales y que la sociedad que sufre la violencia diga que no se va a ensuciar las manos, cuando esos diálogos son necesarios y dan estabilidad. Yo veo a la tregua como un experimento que valdría la pena repensarlo, quizás le faltó transparencia y claridad al proceso y por supuesto, hizo falta mecanismos que le dieran sostenibilidad. Un diálogo tiene que ir más allá de un cese al fuego, se tendría que crear oportunidades, involucrado a la policía de una manera más integral y al resto de la sociedad también.

Pero, después de la tregua, la criminalidad aumentó...

Eso se venia venir, precisamente por la falta de otros mecanismos. La tregua se manipuló de mil maneras. Habían varios discursos que se dieron a la vez: por un lado el presidente Funes decía que apoyaba al diálogo y por otro decía que no; enviaron una serie de mensajes mixtos que le restaron credibilidad. También, al no haber una estructura que le diera sostenibilidad de acuerdos y por último que al romper con la tregua, entran otra vez con represión y aún con más de la que había antes. Incrementó la violencia desde los dos lados, el Estado le dio un giro completo a la política que llevaba.

La policía arreció la represión contra las pandillas por medio de la FES, FIRT y GRP y aseguran que es necesario a la par de la rehabilitación. ¿Lo ve viable?

Yo veo contradictorio que el mismo Estado que busca eliminar hable de rehabilitar. No se puede hablar de que queremos rehabilitar y queremos erradicar, o se habla de una cosa o de otra. Claro que se deben regular actividades o controlar el crimen pero no hablar de erradicar grupos, porque es una materia bien peligrosa, porque nos podríamos convertir en Estado genocida cuando hemos designado a un grupo como culpable y buscamos su eliminación total y la sociedad también apoya y hay situaciones que se están saliendo de control como por ejemplo las ejecuciones sumarias. Hay que ir cambiando el lenguaje y reorientando el paradigma de cómo lo entendemos.

¿Es posible la rehabilitación de un pandillero?

La criminología cultural no ve al joven como desviado o teniendo una falla psicológica. Creo que lo que se tiene que rehabilitar es la sociedad, las condiciones que han permitido que estos grupos existan, entonces cuando hablamos de reinserción, por ejemplo, ¿reinserción a qué? ¿A una sociedad que condena, que es violenta, que no le da valor a las comunidades? Lo que necesitamos es rehabilitarnos todos para ser una sociedad más abierta a la juventud, a que el concepto de desarrollo vaya más orientado a las sociedades, no solo a carreteras, centros comerciales y se nos olvida la gente que es el centro de todo.

Perfil

María José Cornejo es salvadoreña y candidata al Doctorado en Criminología Global y Cultural en la Universidad de Kent, Reino Unido. Se graduó como Masters en Política Pública Internacional en la Universidad de Tsukuba, Japón y tiene una Licenciatura en Ciencia Política y Manejo de Negocios en la Universidad de Ozarks, Estados Unidos. Ha sido comentarista del libro “Pandillas como Movimiento Social” de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) y conferencista en Washington D.C. con el tema “Mediación en Conflicto Criminal: Riesgos y Potenciales y la Tregua de Pandillas en El Salvador”, presentado en la Reunión Anual de la Asociación de Criminología Americana.

Aprender a dar segundas oportunidades. De Kalena de Velado

Esta semana conocí biografías conmovedoras de gente que eligió aprovechar oportunidades para salirse de grupos fuera de la ley o de situaciones dramáticas (drogas, parálisis cerebral o física, maternidad en soledad y falta de educación).

Kalena de Velado, 23 abril 2017 / LPG

Pero también palpé una poderosa raíz de desconfianza en la capacidad de redención del ser humano en nuestra sociedad, sobre todo frente a criminales que han cometido acciones innombrables, sean estas estafas y corrupciones, reclutamientos, amenazas y asesinatos de jóvenes inocentes cometidos por las pandillas. Debiéramos aprender a dar segundas oportunidades…

Un ejemplo a seguir son mis amigos Rodrigo y Graciela de Bolaños, de League Central America, una empresa maquiladora de paquete completo que ofrece trabajo a jóvenes en riesgo y expandilleros, así como a personas con discapacidades, madres solas, muchos de ellos que apenas saben leer y escribir. En los videos sobre estos casos, los personajes agradecían la oportunidad laboral en un ambiente amable, compasivo y empático, que además le ofrece la posibilidad de estudiar y completar la educación básica, el bachillerato, carreras técnicas o universitarias.

En nuestras reuniones y actividades organizadas por el Comité de Balance Familia y Trabajo de ANEP, he podido conversar y aprender de este ejemplar matrimonio que hace un mejor El Salvador a través de animar a la sociedad en general y al sector empresarial a dar “segundas oportunidades” a quienes verdaderamente quieren salir adelante. Me impresiona mucho cómo en League se cuida a las familias de los colaboradores con educación para los padres, guardería en horas laborales para que los empleados puedan visitar en horas de almuerzo y descanso a sus hijos. Recuerdo muy bien que en uno de los eventos de la Fundación EMPREPAS, hace más de cuatro años, Rodrigo me comentó su sueño de convencer a los dueños de negocios de reconvertir las instalaciones de sus empresas en centros de desarrollo humano (en línea con lo que sugiere la doctrina social de la Iglesia y con la visión de Responsabilidad Social Empresarial).

Efectivamente, coincido con voces como la de Rodrigo, que exhortan a que nos unamos a enfrentar juntos el combate a la pobreza extrema, la falta de educación y la reparación de rupturas familiares (sea por emigración o falta de valores), que son algunas de las causas del ambiente de inseguridad que vive nuestra juventud principalmente. No solo se necesita la política de represión o mano dura, sino la mano amable, en especial con quienes han demostrado valentía al salirse de las pandillas para convertirse sinceramente al cristianismo, sea católico o evangélico (en Sala Negra, de El Faro, hay un interesante reportaje: “La revolución de las ovejas”). Creo firmemente que no hay otra salida mejor que la de promover que Jesús sane el corazón de los criminales, pero también de los “buenos hermanos”, que juzgan con dureza señalando a “los que no tienen remedio”, que talvez nunca hemos matado a nadie pero que no buscamos con más entusiasmo educar activamente a jóvenes en riesgo, comenzando por cuidar a los hijos de nuestros empleados.

Si vamos a reducir costos en la empresa por la difícil situación a la que nos han llevado, no toquemos los puestos de trabajo. La empresa League y su CEO, Rodrigo Bolaños, han mostrado éxito y rentabilidad por ser más humanos. Por eso recibió el premio británico Capitalismo Responsable 2016.