Superación

Jóvenes salvadoreños se preparan en la Universidad de Oxford

EDH20151023NAC008PDesde Soyapango hasta la Universidad de Oxford

Álvaro Salamanca ha sido un estudiante sobresaliente durante su vida académica.

Con muchos esfuerzos y de la mano de personas altruistas Álvaro Salamanca, un joven de 25 años, originario de Soyapango, San Salvador, ha dado un salto extraordinario hasta la Universidad de Oxford, en Reino Unido, la más antigua y que se encuentra en los primeros lugares de la lista de mejores centros universitarios del mundo.

El joven soyapaneco, quien es hijo de un médico y una enfermera que han luchado mucho por sacar adelante a cinco hijos, estudia en esa institución la Maestría en Economía.

Su llegada a Oxford no es un tiro de suerte.

Álvaro estudió la educación básica y media en el Liceo Salvadoreño de donde se graduó con nota 9.7 en la Paes.

diario de hoyGracias a sus buenas calificaciones logró agenciarse una media beca del Programa Fantel que le permitió estudiar la licenciatura en Economía y Negocios, en el Instituto Especializado Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN), donde destacó con un cum de 8.9, mención Magna Cum Laude.

El cuarto de los hijos de la familia Salamanca Paredes se jugó el todo por el todo con miras a tener una mejor educación, pues si bien no tenía recursos decidió aplicar a  Oxford por la calidad académica y la reputación que tiene la universidad.

Sus estudios durarán dos años. En este momento se encuentra comenzando el segundo de ellos y lleva materias como Microeconomía Avanzada, Econometría Avanzada, Economía para el Desarrollo, Organización Industrial y Análisis Empírico basado en Teoría.

Según cuenta fue aceptado en Oxford antes de tener los fondos necesarios, por lo que se decidió a tocar puertas para buscar el apoyo financiero necesario y lo logró.

Sostiene que ha recibido becas parciales de tres empresarios salvadoreños que han confiado él: se trata del ingeniero Ángel Díaz, cuya empresa opera en El Salvador, el Doctor Ricardo Cordero quien tiene una compañía en Suiza y el licenciado Christian Hernández Gallardo cuya empresa opera en el Reino Unido.

“Ellos me ofrecieron su apoyo en diversos momentos a lo largo de este último año. En principio me sentí muy orgulloso de tener su apoyo, pues significa que ellos han depositado su confianza en mí y me consideran una forma de invertir en el país. Quedé sorprendido con su nivel de altruismo, su filantropía y su deseo de contribuir a un mejor El Salvador invirtiendo en su gente”, comenta el becario.

Álvaro dice que él fijó sus ojos en Oxford porque cuando cursaba una de las materias de la licenciatura en la ESEN le atrajo mucho el trabajo de un profesor que estaba en dicha universidad.

Según dice hay muchas cosas que resaltar de Oxford, pero las resume en dos: la experiencia académica y la experiencia de vida.

Con respecto al primer aspecto comenta que los profesores de su departamento son muy buenos, con un gran récord académico y muchos aportes importantes al campo de la economía y otras ciencias sociales.

“Las clases y los contenidos son tanto apasionantes como retadores. Otro aspecto dentro de esta categoría  son mis compañeros. Estoy también muy impresionado con el nivel académico de mi clase, todos mis compañeros son muy capaces y eran primeros de su clase en sus universidades de origen.

Creo que hasta este punto he aprendido mucho de mis compañeros y es también un reto mantenerme al ritmo de los demás de mi clase”, subraya.

   En cuanto a la vida de Oxford señala que ofrece un ambiente único.

“Es una ciudad pequeña y muy linda (cercana a Londres), la cual gira en torno a la universidad. La arquitectura es increíble, es como vivir en un museo. Además, es una ciudad muy internacional, con muchos estudiantes y gente joven y con una gran oferta cultural. El ambiente es bastante académico, es muy fácil aprender y la universidad ofrece toda la infraestructura para hacerlo”, sostiene este joven emprendedor que un día espera cursar el Doctorado en Economía.

Oxford es una continua exigencia para Álvaro.

El primer año, tuvo que adaptarse a recibir todas las clases en Inglés, todo fue intensivo. Iban a un ritmo bastante rápido, hasta el punto que para él era un verdadero reto no quedarse atrás y para ello trabajaba con sus compañeros todos los días.

Al inicio le fue un poco difícil porque tuvo que cubrir ciertos vacíos teóricos que tenía. Por ejemplo, varios de sus compañeros habían visto ya algunos temas en su grado o tenían una mejor preparación en Matemática.

Un día de su vida en la universidad inicia alrededor de las nueve de la mañana y termina cerca de las doce de la noche. “Normalmente tengo entre dos y seis horas de clase y entre 8 y diez horas de estudio o trabajo académico, dependiendo de cuántas clases tenga en el día”, sostiene.

Hoy en día tiene varios amigos de su programa con los que aparece en las fotografías, pero también tiente otros que estudian en otros programas.
Además de sus estudios también aparta tiempo para hacer bicicleta de montaña y para ello aprovecha varios parques cercanos que son muy buenos para ello.

Durante su vida en Oxford, Álvaro ha tenido oportunidad de visitar Gales y varias ciudades de Inglaterra, pero también ha conocido Austria, Francia, Bélgica y los Países Bajos.

Salamanca sostiene que vive en una casa que no es propiedad de la universidad, pero que ofrece alojamiento a los estudiantes a precios competitivos. Se trata de una organización sin fines de lucro que se llama North Oxford Overseas Centre.

Guillermo creyó en sí mismo, apostó alto y llegó hasta las aulas de Oxford

El joven originario de San Salvador aplicó a una beca para poder estudiar durante un año la Maestría en Políticas Públicas en el prestigioso centro de estudios.

El salvadoreño Guillermo Miranda Cuestas estudia una Maestría en Políticas Públicas en la Universidad de Oxford, en Reino Unido.

El salvadoreño Guillermo Miranda Cuestas estudia una Maestría en Políticas Públicas en la Universidad de Oxford, en Reino Unido.

Este salvadoreño, graduado del Liceo Salvadoreño con una nota 9.6 en la Prueba de Aprendizaje (Paes), estudia actualmente la Maestría en Políticas Públicas en las aulas de Oxford. Esto es así gracias a una beca otorgada por el Programa Chevening del gobierno de Reino Unido.

Guillermo, de 27 años, se graduó como licenciado del Instituto Especializado Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN), donde estudió Ciencias Jurídicas. Él es un joven bien dispuesto y ávido de vivir nuevas experiencias. Es así como en 2009 hizo un intercambio académico que lo llevó a a las aulas de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Al graduarse de la ESEN estuvo en el primer quintil de su promoción y, aunque allí no tuvo un cum sobresaliente, sí  destacó cuando  estudió una Maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Salamanca. En dicha institución obtuvo un cum de 9.2.

Miranda Cuestas empezó su vida académica en Oxford el pasado mes de septiembre y estará allí por un año.

“La dinámica de aprendizaje es única, nos empujan no sólo a leer y escuchar, sino a pensar por uno mismo y a sostener posturas propias. El trabajo en equipo es cotidiano y cada alumno tiene un tutor pendiente de sus avances o desafíos”, comenta Guillermo.

En este momento cursa las materias de Filosofía y Economía. “Aunque soy abogado, las clases de Economía y Filosofía que llevé en la ESEN me han ayudado demasiado”, comenta.

Desde que empezó a estudiar derecho en la ESEN, el menor de tres hermanos se veía a sí mismo estudiando en Oxford  por varias razones:  por su historia, porque es una de las mejores universidades del mundo y porque su mentora, que también estudió en Oxford, lo motivó a confiar en él, a enfrentar sus miedos y apostar alto.

Según cuenta, se enteró que había sido aceptado mientras terminaba un ensayo para la universidad, en España.

“Desde que leí el correo (con la notificación de que había sido aceptado) comencé a gritar como loco, luego llamé a mis papás. Pasada la emoción queda un sentimiento de fortuna y gratitud, pero al mismo tiempo de compromiso”, externó.

Al consultarle porqué decidió tomar esa maestría, sostiene que lo hizo porque tiene un enfoque eminentemente práctico.

“(La maestría) no se centra en la investigación, sino en personas dispuestas a transformar la realidad desde el servicio público o desde el sector privado”, subraya.

Guillermo, quien estará un año estudiando en Oxford, ha participado en política a través de iniciativas ciudadanas, sobre todo en temas de transparencia y participación e institucionalidad.

También es asiduo con la pluma por lo que escribe para este matutino desde hace varios años y recientemente realizó una consultoría para la Secretaría de Asuntos Políticas de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Hasta el momento su mayor reto ha sido adaptarse al clima y a la comida. “No hay nada como los vientos de octubre, el sol permanente, la playa cercana y las pupusas de cada domingo”, dice tras experimentar las características lluvias de aquél país.

¿Qué tan difícil ha sido adaptarse al ritmo de Oxford y a estar lejos de su familia? El joven Miranda Cuestas sostiene que para nada ha sido tan difícil porque el Internet acorta distancias y el ritmo de la universidad y de la ciudad es tan acelerado que no hay mucho tiempo para la nostalgia. “Eso sí, todos los días leo las noticias de El Salvador”.

En su estadía en Oxford ha conocido a otros salvadoreños. Una que recién finaliza su maestría en Antropología, otro que se encuentra en MBA y uno más que está por iniciar su doctorado.

Según dice, se hacen nuevos amigos desde el primer día, porque cada estudiante está afiliado a un colegio de los 38 que conforman la universidad y en cada uno hay una vida social bastante intensa.

Para él, la interrelación con otras personas que conoce en Oxford es otra forma de aprender.

“Cada plática en la cafetería, en el bar o en los pasillos es conocer una experiencia nueva de cualquier parte del mundo. Uno se siente pequeño y así aprende más. En mi clase hay personas de 55 países. Es una escuela de culturas impresionante”, subraya.

Un día normal para Guillermo inicia entre las ocho y nueve de la mañana y termina a eso de las diez de la noche. Y aún así tiene espacio para practicar el remo y ciclismo.

De Oxford dice que es una combinación entre arquitectura fascinante, tradiciones centenarias y conversaciones académicas y no académicas a cada instante.

“Aburrirse es imposible. El medio de transporte por excelencia es la bicicleta”, dice el inquieto joven quien junto a otros doce estudiantes vive en una casa que forma parte de la universidad.

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