Mes: abril 2018

Hombres que matan. De Erika Saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

30 abril 2018 / El Diario de Hoy

Hay que aclarar: no todos los hombres son malos ni son el enemigo. He tenido la fortuna de vivir rodeada de hombres a quienes les debo mucho por enriquecer mi vida, colaborando a que yo sea la mujer en que me he convertido. Papá, hermanos, tíos, jefes, profesores, compañeros y amigos, quienes reconocen el valor igualitario e impulsan siempre a ser mejor persona. No podemos generalizar. Pero estoy clara que vivo en una burbuja; no se puede obviar que en El Salvador buena parte de mujeres sufre las consecuencias de un machismo arraigado en todos los niveles.

El machismo está en todos lados y se refleja en formas de violencia física, verbal, sexual, económica, etc. Es mucho más claro evidenciar este tipo de conductas cuando vemos a una mujer maltratada, golpeada o violada; pero el machismo y la violencia también se manifiestan de maneras más sutiles. Hay hombres que ofenden, humillan, amenazan, controlan a sus parejas, hijas, hermanas, mamás; hay hombres que prohíben manera de vestirse, deciden si vas o no vas a un lugar, o con quién hablas y con quién no. Prohibir a una mujer algo que quiere hacer u obligar a lo que no se desea también son muestras del machismo y agresión en nuestra cultura. Estas conductas son inaceptables y como sociedad no podemos normalizarlas.

La cultura machista no solo se refleja en hombres. Como lo dije a principios de 2017, también hay machismo vestido de mujer, el de aquellas que —en lugar de mostrar un poco de empatía por la difícil situación que vive una mujer abusada— culpan a estas de los hechos en las que se ven involucradas. Que por qué nos vestimos de una forma, que por qué andamos solas, que por qué vamos a esos lugares; estos no deberían ser condicionantes de si nos pasa algo o no, merecemos respeto siempre. Esto no es justificante de ninguna agresión. La culpa nunca es de la víctima.

Hay mucho trabajo pendiente para erradicar el machismo y la violencia contra las mujeres. Primero, hay que empoderar y acompañar a las mujeres para que se animen a denunciar a los hombres que les han hecho daño; estas personas necesitan ayuda, orientación y fortaleza. También tenemos que desaparecer algunos mitos todavía presentes en la sociedad: no hay motivo que justifique soportar una relación abusiva, está bien separarse de un hombre que te maltrata, está bien divorciarse. Como dice el dicho, mejor sola que mal acompañada. Como contrapartida, el sistema de justicia tiene que estar listo para atender estos casos con la importancia y especialidad que merecen.

Además, tenemos que “cambiarnos el chip” como sociedad. El avance más efectivo será educar a nuestra familia y a las nuevas generaciones en igualdad y respeto a las mujeres. Si tiene la oportunidad de criar niños y niñas, erradique el cliché “esas son cosas de niñas” o “esos solo lo hacen los niños”; explíqueles que niños y niñas tienen las mismas responsabilidades, derechos y merecen las mismas recompensas; que todos podemos ser frágiles pero también fuertes.

En el corto plazo tenemos que ayudar, fortalecer y orientar a las mujeres que sufren los abusos; entender que estas personas tienen cargas emocionales que no pueden ser superadas solas. A mediano plazo es importantísimo establecer una cultura en el sistema educativo en la que el machismo no sea patrón de conducta y la agresión la manera de resolver conflictos. Esa cultura de menosprecio a la vida y a la mujer debe ser minimizada y es deber de todos. Familia, escuelas, universidades, Estado, ONG, periodistas, iglesias, todos los que inciden en producir y reproducir ideas y conductas tienen que ver en esto. Las mujeres no son pertenencia de ningún hombre; son compañeras, son amigas, son familia, son iguales.

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Celebrando antes del gol. De Cristina López

30 abril, 2018 / El Diario de Hoy

En un país como el nuestro, en donde la democracia se encuentra aún en pañales, no es un logro menor en el sistema de partidos el que se institucionalice y ejecute con éxito una primera instancia de elecciones internas para elegir al candidato presidencial. Por eso es que el casi cansino estribillo que venimos oyendo desde hace semanas, de que con independencia de quien ganara las elecciones internas de candidatos de ARENA el verdadero ganador sería el sistema democrático, tienen su mérito.

También tiene su mérito admitir que al fin, el partido parece haberle puesto fin al sistema de elecciones por dedazo, una victoria en la que se interpuso el pensamiento de los militantes más jóvenes sobre el de los venerables fundadores. Queda por ver si el buen ejemplo contagia al resto de los partidos, en especial a un FMLN que se ha demostrado incapaz no solo de gobernar, sino también de corregir lo que siempre criticaron mientras ejercían política de oposición. No solo no corrigieron la corrupción: se volvieron profesionales en su ejercicio.

Debo reconocer que durante los inicios de la campaña interna, específicamente cuando las encuestas indicaban que la competencia real era entre Javier Simán y Carlos Calleja, me parecía que ARENA tenía el mejor problema posible: un exceso de candidatos decentes en una época en la que parecería haber sequía. Era evidente, incluso para alguien que veía la elección interna con la distancia de una ciudadana en el extranjero, no partidaria y no militante, que ambos equipos de campaña contaban con suficiente buena fe para merecer el beneficio de la duda. Cerca de la recta final la buena fe empezó a ceder frente a los ataques personalistas horrendos que ambos bandos comenzaron a lanzarse, pero al perder la elección Javier Simán dio el paso más crucial que cualquier demócrata verdadero puede dar: reconocer la derrota, y felicitar al contrincante.

También hay rectitud y elegancia en saber ganar, y Calleja la demostró entarimado cuando llamó a la unión. Pero voces paralelas a los candidatos demostraron, después de la elección interna, que aprendieron poco del gran ejercicio de democracia que tildaron de histórico hasta el cansancio. Primero, porque parece que hay quienes piensan que la parte difícil ya quedó atrás. Segundo, porque hay otros que pensaban (como la diputada Karla Hernández) que tenían “servidas las presidenciales”.

Ambas posturas son el equivalente a celebrar un gol antes de anotarlo. La verdad es que esta era la parte fácil. Los contrincantes a los que se enfrentará Calleja ahora no estarán amarrados a los mismos niveles de civilidad y decencia que tenía (por lo menos a nivel oficial) Javier Simán. Lo que viene ahora son fábricas de troles, desinformación plantada y viralizada para el ataque, y la manipulación de los electores más apáticos y descontentos, tanto con el Frente como con ARENA, dos partidos que consideran los han defraudado. Y esto no podrá enfrentarlo el equipo de Calleja sin el apoyo del equipo de Simán. Solo con unidad demostrarán si el poder era medio para echar andar políticas para un mejor país, o un fin en sí mismo.

@crislopezg

 

Paralítico. De Cristian Villalta

29 abril 2018 / La Prensa Gráfica

En un mes, el Fmln tendrá candidato a la presidencia. Sin importar su nombre, sabemos que se apellidará Martínez, que no hará ninguna crítica a la extraviada conducción que el partido sufrió en los últimos años y que tendrá el Everest comunicacional de venderle esperanza a un electorado que ya les compró una o hasta dos veces con terribles resultados.

A muchos izquierdistas se nos antojaba una revolución en el Fmln, a más no haber. Creímos que luego del desgobierno de Salvador Sánchez Cerén, del comprobado cinismo de la comisión política del Frente y las consecuencia electorales provocadas por esas dos taras, advendría siquiera una discusión pública en ese instituto.

Lo que sucedió al desastre electoral, no obstante, fue sólo la confirmación de la parálisis de liderazgo que el partido oficial sufre desde hace ya algún rato. La suma de la autocrítica en el Fmln es cero. Vamos, es que si la gran perestroika en el Gobierno luego de marzo fue empoderar a Óscar Ortiz, sólo queda apagar las luces e irnos todos a Masada.

Lo de la izquierda salvadoreña ha sido trágico: una vez convertida en gobierno, se olvidó de programa, visión y contenido, y lo redujo todo a estrategia, táctica y dialéctica. Y una dialéctica vulgar, chabacana, ramplona. Y, por maldita lógica histórica, sus mejores hombres y mujeres se fueron quedando en ese tránsito de 40 años de promesa subversiva a facción oficial que acabó empequeñeciéndolo.

El Fmln urge de un cambio profundo; confío que ocurrirá pero no será en el marco de las elecciones de 2019, que sólo representarán el canto del cisne del grupo de Medardo, Norman, Merino, Ortiz y anexos.

Mi confianza tiene poco de qué asirse, excepto de las causas finales, teleológicas si quieren, que son el motor no sólo del Frente sino del pensamiento de izquierda en El Salvador.

Parece obvio que habrá un cambio en el gobierno el próximo año. No hay razones de peso para pensar en otros cinco años del Frente. A la vez, hay motivos para creer que la próxima administración profundizará la carga impositiva, le recortará a la inversión social y recrudecerá el enfoque militarista de la seguridad pública.

El espectro nacional está fragmentado, sin vasos comunicantes sanos entre las distintas tendencias ni entre sus caudillos; sólo un estadista conseguiría que esas ideas convivan y se instale el necesario ambiente para administrar las tensiones que se aproximan a la vista de todos.

Pero de eso, no hay nada en la vitrina de 2019. De la derecha se percibe la ansiedad de recuperar el Ejecutivo, no conciencia de sus graves errores del pasado ni tampoco vergüenza de cómo se benefició con la corrupción de su último gobierno. Así, ¿cómo?
Ninguno de los otros partidos ni movimientos aportan una alternativa en esta coyuntura: algunos se vacían en culto a la personalidad sin contenido y los otros son cofradía de amigotes.

En uno, cinco o diez años dependiendo de cuanto tiempo se pierda en las veleidades electorales, cuando la nación ya no soporte lo anormal de nuestro Estado, lo alienado de su funcionamiento, se necesitará de un compromiso humanista de nuestra política, tan secular como sea posible. La izquierda del mañana, la que debe erguirse sobre las cenizas del naufragio de este Fmln, verá entonces su hora.

Buenos consejo a Carlos Calleja. De José Miguel Fortín, Guillermo Miranda Cuestas, Carlos Ponce

Al oído de Carlos Calleja. De José Miguel Fortín Magaña

26 abril 2018 / La Prensa Gráfica

Hoy recuerdo nuevamente aquella lectura sobre los generales victoriosos entrando en Roma, conduciendo una cuadriga, mientras un sirviente sostenía ante sus cabezas una corona de laureles, al paso de la multitud que los alababa, en tanto ese mismo esclavo les susurraba que no debían olvidar que eran mortales. Esa costumbre no solo era sabia, sino necesaria. Ojalá que hoy, los políticos triunfantes tuvieran la suerte de contar con un verdadero amigo que les advierta sobre los peligros del Poder, dado que sin duda contarán siempre con innumerable cantidad de aduladores.

Escribo al oído de Carlos Calleja en estas páginas, porque probablemente nunca lo haré personalmente, debido a mi desinterés por el halago; y porque, desafortunadamente estoy seguro, ya ha sido cuasi secuestrado por una inmensa pléyade de serviles aduladores que solo le dirán lo lindo, bueno y eficiente que resultarán todas sus acciones, desde aquí, hasta 2019.

Mire, Carlos, nos guste o no, usted deberá enfrentar a los verdaderos enemigos de la democracia solo. Si gana, por cinco años se rodeará de miles de falsas amistades que le endulzarán el oído y se reirán de cuanto chiste haga; para después, cuando pase su período, olvidarse de su existencia. Si pierde, verá ese silencio mucho más pronto de lo que cree; y en menos de un año, los que hoy lo vitorean, lo habrán abandonado.

A partir de este momento, su nombre se ha vuelto público y sus enemigos, los verdaderos, buscarán hasta debajo de las piedras para atacar su imagen, para ridiculizarlo y para encontrar flaquezas donde las haya.

Ahora que la contienda interna ha terminado, permítame (hablando con la franqueza que me caracteriza) decirle que usted me pareció una persona sincera hace ya varios meses cuando hablamos; y que esa opinión no ha cambiado; pero que creía y todavía lo hago, que se equivoca al no querer confrontar aun cuando dos ideas esenciales se yuxtapongan, como por ejemplo cuando la creencia en la libertad y en la República se oponen a la opresión y a la tiranía. Ahí no hay consenso que valga y debe uno estar dispuesto a defender la patria hasta con la vida. Supongo que por eso es que el himno de su partido reza que “libertad se escribe con sangre” (aun cuando esa frase sea incomprensible para el saliente alcalde de San Salvador) y por ello, porque el candidato de ARENA tendrá necesariamente que debatir sus ideas contra los postulantes de otros institutos políticos y particularmente y en su oportunidad contra el señor Bukele, es que lo invité a conversar; pero según entiendo, usted (o alguien cercano a su persona) lo interpretó como un acto de hostilidad por mi parte, lo que siento mucho. Hoy temo por quienes han empezado a rodearlo. ¡Huya de la lisonja y de la zalamería!; se equivoca si considera que quienes lo adulan son siempre sus amigos, o si cree que quienes hacen crítica constructiva son siempre sus enemigos. Si permite un último consejo de alguien que nada busca, sino ver la luz, como Diógenes; rodéese de un equipo capaz y técnico; pero ante todo, que esas personas sean gente recta y honesta, que adoren a Dios, veneren la Patria y sirvan al Pueblo.

Aunque yo no esté de acuerdo con usted en muchas cosas, le deseo lo mejor.

La encrucijada de Carlos Calleja. De Guillermo Miranda Cuestas

27 abril 2018 / El Diario de Hoy

Los proyectos políticos, como la vida cotidiana, están llenos de encrucijadas. Al final de las elecciones, no faltan los analistas que crean narrativas sobre cómo ocurrió cierto resultado a partir de las decisiones acertadas y desacertadas de cada candidato. Esta serie de columnas busca anticiparse a ese cómodo análisis retrospectivo e identificar, a medida aparecen los candidatos a presidir el Estado salvadoreño, sus encrucijadas. Y el primero de la lista es Carlos Calleja.

Parado en la usual tarima de la sede de ARENA, revestida de los tres colores abanderados desde 1981, Carlos Calleja es proclamado como la apuesta de su partido a competir por la Presidencia de la República. Hay dos premisas que parecen ser ignoradas en la tarima tricolor. Primero, cientos de miles de salvadoreños están desencantados con esos y otros colores. Segundo, los hijos de los cincuentones y sesentones —aquellos nacidos o crecidos después del conflicto— no están desencantados necesariamente; muchos, nunca fueron siquiera encantados.

En el discurso, pareciera que Carlos Calleja admite estas premisas y fue estratégico al no plegarse a las líneas duras de negar pertinencia al diálogo y a la reconciliación. También en el discurso, Carlos Calleja plantea una “nueva era de acuerdos”, de cara a una nueva fase de la sociedad global —la economía del conocimiento— y en un país en el que las instituciones políticas han sido incapaces de consensuar, construir e implementar verdaderas apuestas al largo plazo.

Pero las frases de buenas intenciones y la mera retórica tienen un límite en el tiempo. El discurso de cambio será creíble en la medida en que se observen acciones concretas en al menos tres direcciones: un equipo de plan de gobierno de profesionales honestos, competentes y actualizados en el debate internacional alrededor del desarrollo y las políticas públicas; una coalición de movimientos sociales y partidos políticos que potencie la inclusión y la diversidad de pensamiento y además confirme su capacidad de construir acuerdos; y un liderazgo audaz y democrático en la agenda legislativa.

Los últimos dos puntos son los más complejos. El referente chileno es sumamente valioso para comprender que sí es posible trazar una agenda común entre conservadores y liberales. La ecuánime alianza de tres partidos —uno conservador que abandera el progreso económico, otro social cristiano que subraya políticas sociales de fondo y otro liberal que defiende minorías excluidas— ha definido la libertad, la justicia y la inclusión como principios centrales que ahora sigue el gobierno de Piñera. Con ello se ha diversificado la oferta política a distintos segmentos poblacionales y generacionales y al mismo tiempo se ha renovado el sistema de partidos en Chile.

Respecto a la Asamblea Legislativa, el panorama es muy desafiante. La sola elección de presidente del Órgano Legislativo ya expuso a funcionarios que tienen en su currículum los vicios de la ARENA anclada en prácticas inaceptables. Fue Norman Quijano quien votó por una Corte de Cuentas subordinada al PCN. Fue Margarita Escobar quien votó por un decreto en 2011 con el objetivo de paralizar a la Sala de lo Constitucional. Ambos se disputan ahora una silla que, dado el funcionamiento de la innecesariamente amplia junta directiva, tiene más sentido de privilegio que de servicio. Si bien el candidato no tiene responsabilidad en el ámbito legislativo, la credibilidad de una nueva forma de hacer política empieza en la Asamblea Legislativa a partir del 1 de mayo. Bajo esta lógica, la fracción legislativa de ARENA puede ser su principal aliada o su principal contrincante. Ahí podrá confirmarse si existe o no esa “nueva ARENA” que Carlos Calleja mencionó en su discurso de proclamación.

De la idoneidad de su equipo de trabajo, de la construcción o no de una coalición incluyente y de la capacidad de provocar una agenda legislativa al servicio del país, en decisiones vitales como la elección de magistrados de la Sala de lo Constitucional o de fiscal general, se entenderá si Carlos Calleja está proponiendo a los salvadoreños el regreso de ARENA al poder —la ARENA que gobernó por 20 años— o el ingreso de algo realmente distinto. Ahí su encrucijada.

@guillermo_mc_

La corrupción en la carrera por la presidencia. De Carlos Ponce

27 abril 2018 /El Diario de Hoy

Las elecciones internas para elegir candidato presidencial finalizaron el fin de semana pasado en ARENA. Los afiliados eligieron a Carlos Calleja, el más joven de los tres que participaron en el proceso. Al igual que los otros dos contendientes, Javier Simán y Gustavo López, Calleja no nunca ha trabajado en el sector público y, por lo tanto, no tiene se tiene que preocupar del efecto que esto tendría sobre la credibilidad de su discurso. Sin embargo, se ha rodeado de gente que si puede debilitar sus planteamientos. Entre quienes apoyan visible y abiertamente a Calleja hay personajes vinculados al pasado político que aborrecen los salvadoreños. Esto, sin duda, choca con la “Nueva Visión” propuesta por Calleja y con su postura de cero-tolerancia a la corrupción.

La corrupción será un tema clave para las próximas elecciones. La posición de los candidatos en relación con este problema tiene el potencial de ganarles o restarles muchos adeptos. Distintos instrumentos de medición indican que la ciudadanía percibe que la corrupción se ha agudizado. La gente no cree en los funcionarios públicos y, en general, en los políticos. Peor aún, los salvadoreños asocian la corrupción con la incapacidad de los funcionarios y, en consecuencia, con su poco interés de resolver los principales problemas que afectan diariamente a la gran mayoría, como la inseguridad.

Retomando dos de los términos utilizados frecuentemente por el joven empresario, Calleja aún está a tiempo para desechar el “círculo vicioso” del que se ha rodeado y cambiarlo por un “círculo virtuoso” de personas que valgan la pena. Solo así podrá prevenir que se contamine su discurso anticorrupción y pierda fuerza su “Nueva Visión” de país. Necesita buscar mujeres y hombres íntegros, honestos y capaces, para sustituir a los que solo debilitarán sus planteamientos. Si no lo hace, no logrará convencer a los que aún no le compran su discurso.

Aun así, Calleja tiene ventaja sobre los precandidatos que han salido a desfilar en el partido oficialista. A él no lo persigue la oscura sombra de haber sido un funcionario público. En cambio, Gerson Martínez y Hugo Martínez, las posibles cartas del FMLN, sí tienen ese problema. Ambos han sido parte de dos de los gobiernos más corruptos de la historia de El Salvador. Nunca abrieron la boca para criticar o denunciar a las redes de corrupción que carcomen el aparato estatal. Eso los hace cómplices o, cuando menos, plantea serias dudas sobre cualquier postura que adopten en su campaña en contra de la corrupción o las viejas prácticas políticas.

A Nayib Bukele también lo persigue el mismo fantasma. No fue hasta hace poco cuando empezó a hablar sobre corrupción y trinquetes políticos en el FMLN. Guardó silencio por demasiado tiempo. Esto no quiere decir que cualquiera de los Martínez o Bukele no puedan revertir su actual posición; lo pueden hacer, solo que les costará más tiempo y esfuerzo.

Muchos pueden tildarme de optimista al pensar que los candidatos no se van a dejar ir así como están y harán los cambios que vayan en contra de la corriente. No obstante, prefiero ser optimista y exigente. Estoy seguro de que la mayoría está de acuerdo con demandar más de los candidatos, exigirles que vayan más allá de las palabras bonitas y que acompañen sus discursos con acciones que demuestren su compromiso con desarticular las redes de corrupción en El Salvador y cambiar la forma de hacer política. Este es el reto que los salvadoreños debemos plantearles a los candidatos.

@_carlos_ponce

 

La rigidez del FMLN. De Manuel Hinds

27 abril 2018 / El Diario de Hoy

Las elecciones del 4 de marzo dejaron muy claro al FMLN que sus acciones han alejado a sus votantes. El castigo electoral fue de una magnitud tal que parece que dichos votantes no regresarán a menos que haya cambios muy grandes en el FMLN. La gran pregunta del momento en relación con el FMLN es si podrá realizar estos cambios antes de las elecciones de 2019, o al menos si podrá realizarlos antes de que las tendencias divisivas internas lo reduzcan a ser un partido de segunda fila. Es, por supuesto, imposible prever lo que pasará, pero es evidente que será muy difícil para el FMLN ajustarse a tiempo. Sin el apoyo económico de Venezuela, con crecientes conflictos internos, lo más probable es que el partido pase por una depresión muy larga antes de poder reinventarse —si es que lo logra hacer.

Alguna gente ha sugerido que los precandidatos en las primarias actuales usen esta campaña para realizar los cambios necesarios. Esto parece muy razonable hasta que se miran los detalles. Hay tres razones evidentes de descontento. Primero, está el descontento causado por la incompetencia que el partido ha mostrado en el manejo del gobierno y la alegre complacencia con la que los jefes máximos se han instalado cómodamente en los puestos de gobierno y si te he visto no me acuerdo con los que los han puesto allí.

Segundo, está el descontento con la composición de la cúpula misma, que está formada por personas que han ocupado puestos dirigentes desde hace casi cuarenta años y que a todas luces no quieren desalojar sus posiciones de poder. Se han convertido prácticamente en los dueños del FMLN. Hay mucha gente que está comenzando a pensar que esos puestos deberían de ser más asequibles, que el partido ganaría mucho con la diversidad y la juventud que nuevos directivos podrían darle.

Tercero, y más profundamente, está el descontento ideológico. Es muy claro que este descontento existe. Las razones específicas del descontento, sin embargo, no lo son. Pueden interpretarse en maneras totalmente distintas y hasta opuestas: puede ser causado porque el FMLN no ha sido consistente con sus principios marxistas y no ha sido capaz de convertir al país en otra Venezuela, o porque el partido ya ve ridículas las viejas ideas del marxismo y piensa que debería de moverse hacia la social democracia. Es decir, el descontento puede ser porque la cúpula ha sido demasiado radical o demasiado poco radical en términos ideológicos.

Nadie sabe exactamente cómo está la composición del descontento ideológico, pero lo más probable es que algunos grupos pueden estar descontentos por la primera razón, y otros por la segunda, en cuyo caso el partido estaría al borde de un rompimiento que no se ha dado por la férrea disciplina que impone la cúpula.

Apretar el acelerador en este momento en una u otra dirección ideológica, suavizando el partido o endureciéndolo, podría desencadenar este conflicto, con el resultado que el partido se dividiría. La división del partido sería más probable todavía porque al conflicto ideológico se sumaría el conflicto de poder descarnado, porque es seguro que la cúpula lucharía a fondo para evitar que les cambien el partido. Cualquier cambio radical ideológico tendría inmediatos efectos en las estructuras de poder. Esto puede ser bueno pero probablemente no está dentro de las intenciones de los precandidatos o de los miembros de la cúpula.

En estas circunstancias es muy improbable que los precandidatos realmente quieran utilizar sus campañas para causar un cambio drástico en el FMLN —no mientras estén en campaña— porque hacerlo en estas circunstancias sería el camino más directo a la derrota electoral, que ya de entrada es muy probable. Causar el rompimiento del FMLN sería interpretado muy desfavorablemente por el partido entero, llevando al fin de la carrera del causante.

La situación de los precandidatos y de los otros que manejan el partido, pues, no es envidiable. Por estas razones es muy improbable que el FMLN logre realizar un cambio que le devuelva sus votantes antes de las elecciones de 2019… y por mucho tiempo. De esta forma, la rigidez del partido, que le representó ventajas por muchos años, se ha convertido ahora en el Albatros que está llevándolo a la declinación.

La insurrección de los estudiantes. De Pedro Joaquín Chamorro

Pedro Joaquín Chamorro, ex diputado nicaraguense, hijo del periodista asesinado Pedro Joaquín Chamorro y de la ex presidente Violeta Barrios

27 abril 2018 / El Diario de Hoy

Nicaragua ha vivido seis días de una verdadera insurrección popular iniciada por jóvenes estudiantes auto convocados a una protesta pacífica, que al ser reprimida con violencia tanto por los grupos de choque paramilitares, como por la propia Policía Nacional ha resultado en al menos 28 jóvenes asesinados con fusiles de guerra cargados con balas de verdad.

En unas pocas horas, el panorama político ha cambiado radicalmente y tal como lo expresó un amigo: “el país vive ahora una oleada democratizadora cuyo impulso vital lo ha puesto la sangre de los jóvenes asesinados”.

Daniel Ortega ha cruzado muchas rayas rojas en tan poco tiempo durante estos álgidos días, comenzando el pasado 19 de abril, pero la más importante es haber disparado contra su pueblo, tal como lo hizo Somoza.

A manera de comparación histórica: la masacre estudiantil del 23 de julio de 1959 que perpetró la guardia somocista en León contra una marcha de jóvenes de la UNAM que se dirigía a protestar al comando local, dejó como saldo fatal cuatro estudiantes asesinados y 60 heridos.

En contraste, a la noche del lunes 23, se contabilizaban 28 jóvenes asesinados con certeros balazos en la cabeza, en el corazón o en el tórax, entre ellos figura un periodista de Bluefields asesinado en cámara. Sin contar los cientos de heridos de menor o mayor consideración, como el infortunado joven que perdió un ojo a consecuencia de una bala de goma.

Enardecida la juventud, y llena de una energía inspiradora, ha hecho ondear la bandera azul y blanco de Nicaragua donde antes estaban los megarrótulos de culto a la personalidad de la pareja presidencial, en algunas alcaldías bajaron la bandera partidaria y han dejado ondeando únicamente la azul y blanco, y en un gesto de simbolismo profundo, reemplazaron en el cuello de la estatua de Sandino en Niquinohomo, la bandera rojinegra del partido sandinista, colocando en su lugar la que cobija a todos los nicaragüenses.

También han quemado y botado estrepitosamente varios inmensos árboles de lata que han sido el símbolo esotérico y fachadista del actual gobierno, que plagan los cuatro puntos cardinales de la capital. Jamás imaginé verlos caer al suelo, como el caballo de “Tacho”, o quemados, como los árboles de Indio Maíz.

En esta insurrección cívica que aún no termina. Hemos observado escenas que jamás se han visto ni en las películas, como la población civil en actitud verdaderamente cristiana y solidaria, devolviendo a los supermercados “Palí” el botín que los vándalos, ante la vista y paciencia de la Policía, se habían llevado a sus casas.

El pueblo nicaragüense ha dado al mundo una muestra de civismo que nos enorgullece a todos y estos jóvenes estudiantes, que un día parecieron apáticos o hipnotizados, le han dado a la nación un ejemplo que cambiará nuestra historia para bien.

Gracias a la tecnología moderna, toda persona con un teléfono celular es hoy un reportero; por ello todo ha quedado documentado en videos y compartido miles de veces por medio de WhatsApp, una aplicación elemental para la comunicación masiva en estas situaciones, cuando el régimen controla la gran mayoría de las comunicaciones y ha ordenado el cierre de la señal de medios independientes como “100 % Noticias”, un medio con el que me solidarizo totalmente, así como la incendiada “Radio Darío” de León.

Dies Irae para Daniel Ortega y Rosario Murillo. De Giaconda Belli

Giaconda Belli, poeta y novelista nicaraguanse

25 abril 2018 / Confidencial

No lo esperábamos tan contundente pero el Día de la Ira llegó para nuestros gobernantes el 19 de abril.

De un golpe cayeron con sonido de vidrios rotos las encuestas, las afirmaciones, las creencias de que gobernaban con el apoyo y aprobación de la mayoría. De una vez se vinieron al suelo las pretensiones de que podían salirse con la suya violando las leyes, destruyendo la Constitución, inventando un sistema de país a su imagen y semejanza.

La arrogancia con que han venido ignorando las críticas de tantos, la impunidad con que actuaron para aterrorizar a pacíficos manifestantes y evitar que el pueblo se manifestara en las calles, la violencia que creían poder desatar sin pagar ningún precio, les pasó la cuenta.

Podrán seguir repitiendo el discurso del amor, alegando que quieren el diálogo, atribuyéndose la defensa de la familia, atreviéndose a llamarse revolucionarios, acusando a quienes los adversan de “derechistas” o de ser instrumentos de la CIA, pero después del 19 de abril, su discurso ha quedado vacío. Las mentiras de ese discurso que por once años han intentado hacernos creer, han quedado en evidencia ante todo el pueblo. No se puede tapar el sol, ni el 23 de abril, con un dedo.

Esa ficción de “pueblo presidente” que nos decían éramos mientras nos ignoraban, ha salido de su estado de callada condena para convertirse en una realidad y demandarlos a voces por su mal gobierno, sus arbitrariedades, su falta de ética, los fraudes electorales, el apañamiento de delincuentes, la malversación de las leyes, la entrega de nuestras tierras, la venta de nuestra soberanía, el descuido de nuestros recursos, la arrogancia de su opacidad informativa, de su negativa a ser transparentes en los asuntos del estado, la desconfianza hacia sus propios ministros que han tratado como peleles, el abuso de los empleados estatales para obligarlos a rotondear bajo amenaza de despedir a quienes no sean sumisos y aduladores, el crimen de haber hecho retroceder un avance tan esencial como la apoliticidad del Ejército y la Policía, insistiendo en doblegar a sus jefes, en malearlos, en obligarlos a deponer sus propios códigos militares y en someterse, no al pueblo presidente, sino a una pareja autoritaria y ciega a la realidad.

La sangre de los que lucharon por un país libre: los que cayeron en la lucha contra Somoza y los que han caído en estos once años y sobre todo en esta semana valiente, ha vuelto a revivir en esta nueva generación de nicaragüenses dispuestos a recuperar el sueño de una Patria Libre. No en vano existieron hombres y mujeres generosos y ejemplares que quisieron iluminar la oscuridad. Sus fantasmas están con nosotros, su legado está con nosotros. Sandino vive.

El Dies Irae es el día del juicio, es la hora del juicio. Daniel Ortega y Rosario Murillo han sido juzgados como gobernantes: no son lo que queremos para nuestro país. Se les dio la oportunidad, pero no fueron dignos: los acabó la ambición, los cegó el mesianismo, la arrogancia de sus propias interpretaciones.

Los nicaragüenses ahora estamos ante un problema: se habla de diálogo. Se dice que es lo más civilizado; pero ¿cómo dialogar a estas alturas? La desconfianza hacia Daniel y Rosario es insuperable. Ya mostraron ampliamente su vocación totalitaria. ¿Cómo creer que tendrán la tolerancia y el espíritu democrático, la ética y la transparencia que debe tener un buen gobierno? ¿Qué diálogo puede haber con ellos cuando no creemos en su disposición de acatar verdaderamente la voluntad del pueblo? ¿Quién será el garante de que se cumplirá lo que se acuerde cuando hemos visto a Daniel Ortega ignorar los acuerdos y compromisos que firmó para llegar al poder?

La solución de este problema es una: el Presidente y su esposa deben tener a valentía para darse cuenta de que se les terminó su tiempo.

El pueblo presidente les pide que renuncien. Deben renunciar. Sin que muera nadie más, sin obligar a los nicaragüenses a volver a las calles, deben renunciar. Fracasaron, se sobrepasaron. Humildemente, acéptenlo y renuncien.

Es la única salida decente y digna que les queda.