Joaquín Samayoa

ARENA persiste en ignorar a Darwin. De Joaquín Samayoa

Lo más preocupante es que los señores y señoras del Coena ni siquiera están defendiendo bien las posiciones de centro o derecha en temas políticos y económicos. Es la derecha religiosa la que se ha venido haciendo cada vez más influyente. Algunos dirigentes se están dejando manipular por personas que confunden la religión con la política y terminan sirviendo mal a ambas.

Joaquín Samayoa, 5 julio 2017 / EDH-Observadores

La insatisfacción de la población con el actual gobierno se ha venido poniendo en evidencia con cifras contundentes en todas las encuestas de opinión. Esa percepción tiene un sustrato objetivo que se refleja en un evidente deterioro de todos los indicadores de desarrollo económico y social. Ante ese estado de cosas, uno podría pensar que ARENA, como principal partido de oposición, debiera tener un paseo de campo el día de los importantes eventos electorales que se aproximan.

Sin embargo, el espectro de una lamentable derrota sigue siendo real para los tricolores y para el país. No porque el FMLN pueda derrotarlos, sino porque ellos mismos parecen fatalmente destinados a hacerlo. Si ARENA no logra que la población insatisfecha le conceda al menos el beneficio de la duda; si no logra que la clase media de los principales centros urbanos quiera darle una nueva oportunidad; si no logra entusiasmar a las nuevas generaciones de votantes, es muy posible que tenga pésimos resultados en las próximas contiendas electorales.

Hacia ese desenlace apuntan, como parte ya de un patrón, las decisiones del Coena que ocasionaron la renuncia de los diputados Wright y Valiente a optar por la candidatura para un nuevo período como representantes del pueblo en la Asamblea Legislativa. Y ojalá no sean del todo ciertas las versiones que circulan en redes sociales sobre las razones por las que el Coena impidió la inscripción de las suplentes propuestas por Wright y Valiente, porque si lo fueran, ARENA estaría bastante peor de lo que muchos imaginan.

De ser ciertas esas explicaciones, la dirigencia arenera estaría poniendo de manifiesto una tremenda rigidez política por el solo hecho de crearse un problema por dos precandidatas suplentes, que ni tendrían mucha ocasión de suplir porque los diputados que las proponen son muy cumplidos y diligentes en su trabajo y no se la pasan viajando como muchos otros.

Peor aún si pretenden justificar el rechazo a Aída Betancourt Simán aduciendo que no llena el perfil. ¿De qué estamos hablando? ¿Cuál perfil? Porque si se refiere a formación académica, sintonía con los valores y aspiraciones democráticas de nuestra sociedad, honestidad, inteligencia y capacidad para debatir ideas, resulta que Aída les da por lo menos cuatro vueltas a casi todos los diputados actuales de ARENA y de los demás partidos. Así de simple.

Si, como afirman algunos allegados a las entrañas de ARENA, el rechazo a Aída se debe a que la consideran de izquierda. O no la conocen o tienen ellos posiciones de tan extrema derecha que el resto del mundo les queda a su izquierda. Eso significaría que ARENA está inmersa en un peligroso proceso de involución ideológica que no se detendrá hasta dar nueva vida a lo más deplorable de su ADN y de su historia. Un partido con esa mentalidad no le resulta atractivo ni confiable a la mayoría de salvadoreños

Pero lo más preocupante es que los señores y señoras del Coena ni siquiera están defendiendo bien las posiciones de centro o derecha en temas políticos y económicos. Es la derecha religiosa la que se ha venido haciendo cada vez más influyente. Algunos dirigentes se están dejando manipular por personas que confunden la religión con la política y terminan sirviendo mal a ambas.

Independientemente de sus buenas o no tan buenas intenciones, y habida cuenta de las excepciones que siempre existen, son personas que ostentan una actitud bastante repugnante de superioridad moral, desde la cual ven de menos a quienes tienen valores diferentes y a quienes tienen la convicción de que es correcto imponer a toda la población unas determinadas creencias religiosas.

Estas personas incurren en graves errores. En primer lugar, reducen el ámbito de moralidad cristiana a dos únicos temas: el aborto y la homosexualidad. En segundo lugar, no caen en la cuenta del peligroso precedente que intentan establecer al justificar que el Estado anule la libertad de conciencia y tenga la potestad de imponer una moral oficial.

Aún desde su estrecha visión religiosa, no hace ningún sentido abrir las puertas a que el día de mañana sean otros los que dominen invasivamente las principales instancias decisorias del Estado y les impongan leyes y regulaciones en esos y en otros temas controversiales. Los paladines de la moral religiosa no caen en la cuenta que con su intolerancia ellos mismos se están clavando la estaca. Están dispuestos a ceder el poder político con tal de sentirse bien apartando a quienes podrían tener una visión crítica o unas ideas diferentes en algunos de los muchos temas relevantes para el futuro del país.

No les vendría nada mal entender que los hallazgos científicos de Darwin son también relevantes en la dimensión política. Si la supervivencia de las especies dependiera de la rigidez y la fuerza, todavía tendríamos dinosaurios, en vez de perros y gatos, merodeando por las calles de las grandes ciudades. Sobrevive el más apto, el que tiene mayor capacidad de adaptación. No se les pide que renuncien a sus creencias, solo que no quieran hacerlas prevalecer sobre cualquier otro criterio o consideración.

Reflexione el Coena. No solo están perdiendo a dos diputados excelentes, los más emblemáticos de los cambios que demanda la sociedad. También están perdiendo a importantes líderes de opinión y están alienando a los sectores sin los cuales no pueden ganar una elección.

La Némesis del FMLN. De Joaquín Samayoa

Joaquin SamayoaJoaquín Samayoa, 22 septiembre 2016 / EDH-Observadores

En la mitología griega, la diosa Némesis castigaba a los que desobedecían a aquellos que tenían la potestad de mandarlos. En la emergente cultura democrática salvadoreña, esa misión la ha venido realizando la Sala de lo Constitucional de la CSJ frente a cualquier sujeto político que pretenda desobedecer o ignorar los mandatos y regulaciones establecidos en la Constitución de la República de El Salvador.

observadorLa Sala realmente no castiga, pero sí obliga a todos por igual a someterse a las normas constitucionales. Eso le ha resultado sumamente inconveniente y molesto a un partido que está empeñado en conseguir el poder absoluto, reduciendo a una mera formalidad la separación de los tres poderes del Estado y anulando cualquier obstáculo jurídico a sus pretensiones antidemocráticas.

Para mala fortuna del FMLN, sus dos gobiernos han debido operar bajo la lupa de una Sala de lo Constitucional integrada mayoritariamente por juristas verdaderamente comprometidos con su misión, personas rectas que no se doblegan ante presiones políticas y no ocupan sus cargos para obtener ventajas personales ni para conseguir la simpatía o aprobación de nadie.

La elección de estos altos funcionarios judiciales no fue muy diferente de cualquier otra elección de segundo grado, sometida a los cálculos y apuestas de los partidos políticos que siempre han buscado asegurarse la posibilidad de manipular y someter a los funcionarios que eligen. Pero en esa ocasión, para buena fortuna de la institucionalidad democrática de nuestro país, se equivocaron.

Al momento de constituir la nueva Sala de lo Constitucional en 2009, uno de sus cinco magistrados se conservaba del grupo anterior y se consideraba suficientemente dócil. Dos de los nuevos candidatos habían mostrado consistentemente afinidad con corrientes políticas de izquierda. El FMLN pensó que, con tres de cinco, el control de la Sala era pan comido. ARENA, por su parte, no podía ponerse moños de doncella, porque la fuerza del bloque de derecha en la Asamblea había sido socavada por el transfuguismo. Aceptó a Florentín Meléndez y a Sidney Blanco como un mal menor, frente a otros candidatos de izquierda más radical.

No pasó mucho tiempo para que los cuatro nuevos magistrados, haciendo a un lado las inclinaciones ideológicas que pudieran tener, se constituyeran en un equipo de trabajo muy cohesionado. Pronto llegaron las primeras sorpresas. En vez de engavetar demandas, como era lo habitual, empezaron a trabajar duro para resolver las que iban presentándose y también las que llevaban años sin resolverse.

Las primeras sentencias que elaboró la Sala perturbaron a todos los partidos políticos, perjudicando más directamente al PCN y al PDC, que junto al grupo que hoy es GANA se habían aliado con el FMLN bajo la consigna “Todos contra ARENA”. Sin embargo, algunas de esas sentencias también les resultaron molestas a los empresarios de los grandes medios tradicionales de comunicación social, con lo cual se daba una clara indicación de que la Sala sería igualmente acuciosa en todos los puntos del espectro ideológico.

La partidocracia no tardó en reaccionar y, desde entonces, no han cesado los intentos de desacreditar y reducirle poder a la Sala de lo Constitucional, comenzando con el infame decreto 743 que tuvo que ser prontamente derogado. En lo sucesivo y en distintos momentos, todos los partidos de oposición se han ido desligando de la estrategia que buscaba neutralizar el poder de la Sala. Sin embargo, al FMLN ese grupo de indomables magistrados se le ha vuelto una verdadera obsesión y lo ataca cada vez con mayor frecuencia y virulencia.

Siendo la esencial función de la Sala el control constitucional del ejercicio del poder, no es extraño que sea el FMLN el partido que se siente más perjudicado por la potestad que tiene la Sala para invalidar leyes y actos de gobierno. Ya que el FMLN ha estado a cargo del poder Ejecutivo y ha dominado la correlación de fuerzas todos estos años en la Asamblea Legislativa, es lógico que haya sido ese partido el que más ha incurrido en actos reñidos con los preceptos constitucionales.

Eso puede haber dado la falsa impresión, explotada demagógicamente por el FMLN, de que los magistrados de la Sala favorecen a ARENA o a la derecha. Irónicamente, es el FMLN el que le ha dado un rol tan prominente a la Sala, ya que esta instancia judicial no puede actuar por propia iniciativa, sino únicamente en respuesta a demandas de amparo o inconstitucionalidad, que no habrían sido tantas si el FMLN hubiera hecho un intento honesto por legislar y conducir el gobierno sin atropellar las normas constitucionales.

Estoy convencido de que estos mismos magistrados que les provocan tantas agruras al presidente Sánchez Cerén y a otros altos dirigentes del FMLN, igual le habrían contado las costillas a ARENA si este partido hubiera sido responsable de actuaciones contrarias a la Constitución. La acusación de que la Sala favorece a ARENA es totalmente infundada. Los desacuerdos que muchos tenemos con algunas de esas sentencias no tienen nada que ver con sesgos políticos o ideológicos, sino con corrientes de pensamiento jurídico.

Tampoco tiene fundamento el alegato de que la Sala se atribuye funciones que competen a otros poderes. Nunca la Sala ha pretendido legislar; únicamente da las pautas necesarias para que las enmiendas que por su mandato haga la Asamblea a las leyes no estén reñidas con la Constitución.

Finalmente, la acusación de que la Sala es parte de una conspiración para derrocar al gobierno del FMLN es tan absurda que no merece comentarios. Ese es el caballito de batalla del partido oficial para invalidar cualquier cuestionamiento que se haga a la gestión de su gobierno y a las actuaciones de sus cuadros en otras instancias del aparato estatal. Mucho más fácil para ellos y mucho más beneficioso para el país sería que reconozcan y enmienden sus errores y que renuncien, de una buena vez, a tener el control absoluto del Estado.

Si el FMLN sigue empecinado en su curso de acción y en su discurso obsoleto, se distanciará cada vez más de la gente y la Sala de lo Constitucional seguirá siendo su Némesis, al menos hasta el 2018.

Díme a quién defiendes y te diré quién eres. De Joaquín Samayoa

Joaquin SamayoaJoaquón Samayoa, 16 septiembre 2016 / EDH-Observadores

Defenderse culpando a otros es parte del ADN del FMLN. ¿Aceptar errores? – Nunca. ¿Guardar prudente silencio? – Tampoco. ¿Defenderse con buenos argumentos? – Muy complicado, requiere cierto esfuerzo intelectual que no quieren o no pueden hacer. Es mucho más fácil inventar conspiraciones y dar vida a fantasmas de golpe de estado. Y, a medida que el tiempo transcurre, es cada vez más frecuente que nos vengan con ese tipo de patrañas. Lejos quedaron aquellos tiempos en los que algunos dirigentes estaban genuinamente motivados por cierto idealismo, no en el sentido filosófico pero sí en el sentido moral del término. En su etapa germinal, predicaban la idea de la revolución como un vehículo necesario para hacer posible el surgimiento de un “hombre nuevo”. Todavía no había feministas que protestaran por el lenguaje sexista. De cualquier forma, al hombre nuevo le endilgaban una buena cantidad de virtudes, entre ellas la de estar abierto a la crítica y la de cultivar el hábito de la auto-crítica.

observadorEso era cuando luchaban por el poder. Ahora ya lo tienen. Ahora las cosas son muy diferentes, en parte porque los mejores hombres y mujeres que apoyaron el esfuerzo revolucionario ya no están; algunos simplemente se distanciaron, mientras que muchos otros ofrendaron sus vidas y han sido olvidados. De los que quedan, muchos se han dejado seducir por privilegios que nunca antes habían disfrutado; otros, los menos, tal vez conservan su integridad moral e ideológica, pero tienen pánico a reconocer el evidente fracaso del proyecto político al que han dedicado sus vidas; sienten una profunda necesidad existencial de negar su fracaso y culpar a otros por sus errores.

El caso es que ahora defienden todo aquello que tanto y con tan buenas razones repudiaban. Defienden regímenes que violan los más elementales derechos civiles y políticos. Nunca se les ha escuchado siquiera una débil crítica por los presos políticos y la represión en Venezuela, ni por los constantes atropellos a los medios de prensa, o por la abolición sistemática de la independencia de los poderes del Estado en ese y otros países de la región.

Los más altos dirigentes del FMLN, algunos de ellos con importantes cargos además en el gobierno o la legislatura, han intentado justificar, sin un ápice de vergüenza, sus despilfarros del dinero que tanta falta hace para satisfacer las necesidades más básicas del pueblo que creyó en sus promesas.

Tratan cada hecho aisladamente para poder trivializarlo fácilmente, pero en conjunto el desperdicio suma cientos de millones de dólares con los que se podría salvar y mejorar muchas vidas en hospitales desabastecidos, en calles inseguras, en escuelas desvencijadas.

Dentro de esa línea de pensamiento y acción, no es extraño que en la presente coyuntura defiendan al expresidente Funes, llegando al extremo de aconsejarle salir del país y pedir asilo político en Nicaragua para no ser alcanzado por el brazo de la justicia.

Todos conocemos y respetamos el principio jurídico de la presunción de inocencia, pero en este momento no se trata de eso. Para juzgar moralmente el comportamiento de un funcionario público no es necesario esperar los resultados de un proceso judicial. Los excesos de Funes siempre estuvieron a la vista de quien los quisiera ver. Los delitos propiamente dichos tendrán que ser probados en los tribunales, pero no quieran hacernos creer, señores y señoras del FMLN, que ustedes no se dieron cuenta de todas las irregularidades y del abuso, como mínimo, de muchos millones de dólares de la “partida secreta” para lujos que no van con el cargo que Funes ostentaba.

Con lo que ya se conoce, hay suficientes indicios para justificar la investigación que la Fiscalía está realizando. En vez de acusar a la Fiscalía de hacer persecución política, el FMLN debiera estar colaborando activamente para esclarecer toda la verdad.

No es extraño que quieran crear el fantasma de la persecución política, pero es una ofensa a la inteligencia y a la sensibilidad de la gente afirmar, como lo hizo la presidenta de la Asamblea Legislativa, que a Funes se le persigue porque ARENA lo odia. Lo único cierto en esa afirmación es que ARENA odia a Funes. Lo odia como reacción a la virulencia de sus incesantes ataques al sector privado; lo odia por su discurso divisivo que tanto daño hizo a nuestra sociedad; lo odia por su hipocresía y por su prepotencia.

Lo que no dice la señora Peña, porque no lo quiere decir o porque su ceguera ideológica le impide verlo, es que no es solo ARENA la que tiene animosidad contra el expresidente. La gente que está más molesta e indignada es la que creyó en él. Las mismas bases del FMLN son las que más razones tienen para odiarlo al darse cuenta de cómo se ha gastado el dinero que a ellos se les niega siempre que piden agua en sus comunidades, seguridad en sus vecindarios, medicinas en sus hospitales, incrementos en sus salarios, buena educación en las escuelas de sus hijos.

Al final de esta historia y cuando sea del conocimiento público toda la información que haya recabado la Fiscalía, tal vez no se pueda probar la culpabilidad del expresidente en todo lo que se le imputa, pero sí habrá pruebas contundentes para condenarlo judicialmente por algunos de ellos y quedará en evidencia también un cúmulo de actuaciones inapropiadas y hasta escandalosas que dejará muy mal parado al FMLN por su silencio cómplice y por su defensa de actuaciones reñidas con los valores políticos y religiosos de la gran mayoría del pueblo salvadoreño.

¿Puede resurgir ARENA? De Joaquín Samayoa

Joaquin SamayoaJoaquín Samayoa, 10 agosto 2016 / EDH-Observadores

El partido ARENA culminó hace pocas semanas su proceso de reforma de estatutos y se encuentra en plena campaña interna para elegir a las nuevas autoridades de su Consejo Ejecutivo, conocido socialmente como COENA.

Ambos procesos se hacían necesarios ya desde hace algún tiempo, no solo para fortalecer la cohesión partidaria, amenazada por crecientes voces y murmullos de descontento, sino para redefinir una identidad política acorde con los desafíos que enfrenta un partido que carga con dos derrotas al hilo en elecciones presidenciales, una importante escisión y el desgaste natural de cuatro períodos de gobierno.

La alternancia en el ejercicio del poder es un fenómeno natural y deseable en cualquier sistema democrático. En ese sentido, podría pensarse que los gobiernos del FMLN eran necesarios y tal vez inevitables. El problema actual de ARENA es que no da señas de recuperarse para ponerse en condiciones de darle continuidad a la alternancia con un triunfo sobre el FMLN en las próximas elecciones presidenciales.

observadorY ese problema de ARENA pasa a ser un problema de país, si se tiene en cuenta que el proyecto político del FMLN es copar gradualmente todas las instancias de poder, objetivo que bien podría alcanzar si sale bien parado en los comicios de 2018 y 2019. El Salvador no es como otros países en los que los fundamentos del Estado están garantizados independientemente de los partidos en el poder. No es un país en el que todos juegan a la democracia, en el que todos los partidos contendientes valoran igualmente la separación de poderes, las libertades civiles y políticas y los demás pilares de la democracia.

ARENA está obligada a contribuir a la alternancia. Y debe hacerlo cuando todavía pueda hacerlo.

Debe volver a ser un partido grande y fuerte, un partido que inspira y genera adhesiones, una verdadera opción de poder. Y eso es precisamente lo que ahora ARENA no es. De otra forma no se entiende que no haya podido crecer en siete años de gobierno bastante desastroso del FMLN. Si no encuentra manera de reinventarse, ARENA le seguirá dejando la cancha despejada al populismo y a otras opciones de muy dudosas credenciales democráticas. Estamos hablando de un problema de liderazgo, que ojalá atinen a resolver en sus próximas elecciones internas, pero también hablamos de un problema en sus bases.

El líder que deberá conducir a ARENA en los próximos años no puede ser un mero administrador de asuntos partidarios; no puede ser simplemente un vocero con buen discurso o buena imagen.

Debe ser un líder genuino. Una persona que entiende y siente los reclamos y las aspiraciones de la gente; una persona prudente pero audaz; una persona que sabe contagiar su convicción y sabe identificar los liderazgos locales y sectoriales que mejor pueden ayudarle a revitalizar al partido.

Los que tienen derecho a voto en las elecciones internas de ARENA deben entender que no se es bueno o malo por ser viejo o por ser joven, por ser hombre o mujer, por tener vínculos con uno u otro de los sectores tradicionalmente fuertes dentro del partido. Ninguna de esas condiciones, por sí misma, califica o descalifica a nadie. Deben buscar en los aspirantes no sólo buenas ideas, no solo visión de futuro para el partido y para el país, sino también y sobre todo deben buscar carisma, ese conjunto de cualidades personales que generan entusiasmo, credibilidad y confianza.

No estarán eligiendo presidente de la república sino presidente y directivos de su partido. Son perfiles muy diferentes.

Hoy más que nunca, ARENA necesita dirigentes que entienden la política y saben ser flexibles al hacer valer sus principios. Si pensamos, por ejemplo, en algo tan crucial como la próxima elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, tras la cual serán sustituidos cuatro de los cinco magistrados de la Sala de lo Constitucional, es evidente que ARENA debe comenzar ya a hacer alianzas. Y no es posible hacer alianzas políticas cuando se pone por delante el ego, los prejuicios, la desconfianza o los resentimientos. ARENA necesita un líder apasionado pero con cabeza fría. Si no lo encuentra, seguirá aislada, le seguirá cediendo al FMLN las alianzas que, de otra forma, le permitirían construir un bloque sólido de derecha.

No voy a abundar más en el tema del liderazgo, porque quiero referirme también a problemas que tiene ARENA en sus bases, problemas que no siempre son el resultado de un liderazgo deficiente ni pueden corregirse enteramente con un liderazgo efectivo. Algunos de esos problemas son el precio que se paga por tener un partido que permite la libertad de pensamiento y expresión, pero no por eso debe aceptarse que las actitudes de los miembros y simpatizantes vuelvan imposible la conducción coherente del partido.

Para decirlo en pocas palabras, ARENA padece de canibalismo endógeno. Su base natural, el segmento electoral de centro-derecha, tiene actitudes hiper-críticas hacia sus dirigentes políticos, en marcado contraste con las bases hiper-condescendientes del FMLN.

Desde el punto de vista de las responsabilidades ciudadanas, es deseable que la gente esté alerta y rechace lo que está mal, sin doble moral. Pero los extremos pueden resultar contraproducentes.

Desde el punto de vista de la lucha por el poder, ARENA está en desventaja. Los areneros no les dejan pasar a sus dirigentes y funcionarios nada que sea o parezca inapropiado; mientras que los simpatizantes del FMLN se hacen la vista gorda y les dejan pasar todo a los suyos. Los tricolores despedazan a sus dirigentes, mientras que los rojos cierran filas disciplinadamente en torno a los suyos.

A escasas dos semanas de las cruciales elecciones internas en ARENA, ya empiezan a verse algunas manifestaciones de canibalismo. Como que algunos no entienden que esa contienda es entre adversarios y no entre enemigos. Así no se puede construir un partido fuerte.

La Sentencia derribará el Mito. De Joaquín Samayoa

Joaquin SamayoaJoaquín Samayoa, 16 julio 2016 / EDH-Observadores

En la vida real, las opciones son siempre más limitadas que en el mundo de los deseos. La historia se va haciendo sobre la base de lo posible. Es esa determinación, por terrible que pueda ser o parecer, la que sirve para juzgar los acontecimientos históricos.

Diez, quince o veinticinco años después de promulgada la ley de amnistía, ésta puede parecer inconveniente. Sin embargo, cuando se promulgó era una condición necesaria para el cumplimiento de los acuerdos que pusieron fin a la guerra fratricida en El Salvador. Ninguno de los contingentes armados se habría ido tranquilo a su casa sin esa odiosa garantía. Eso es lo que ocurre siempre que una sociedad decide que no quiere seguir destruyéndose por tiempo indefinido, en espera a que una de las partes logre éxito en su intento de aniquilar a la otra. Borrón y nueva cuenta. Ese es el precio que hay que pagar para darle una oportunidad real a la paz.

observadorEn ese camino no hay laureles, ni siquiera florecillas que lo adornen un poquito. No hay justicia para las víctimas del pasado, solo para las que indudablemente habrían seguido acumulándose si la guerra hubiese continuado. Y no es válido enturbiar esa apreciación con el argumento de que sigue habiendo violencia en El Salvador. Aún si aceptamos que, en una importante medida, la violencia de hoy tiene sus raíces en la de ayer, la conclusión obligada es entonces que habría hoy mucha más violencia si la situación que la originó se hubiese prolongado mucho más, como sin duda habría ocurrido sin una ley de amnistía.

Más allá de sus fundamentos filosóficos en la concepción del Estado y de la historia, no soy especialista en intrincados temas jurídicos. Aunque tengo mi opinión al respecto, no quiero hacer aquí una crítica jurídica a la sentencia de inconstitucionalidad de la ley de amnistía. Como alguien ya ha señalado, esa decisión de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia abre una caja de Pandora, pero le encuentro un lado positivo. Después de muchos y muy desagradables alborotos, la referida sentencia derribará el mito de que la ley de amnistía impidió que se hiciera justicia y, en la medida que lo hizo, es la causa de que todavía hoy no se haga justicia en los miles de crímenes que atormentan a la sociedad salvadoreña.

Habrá sobresaltos, enfrentamientos verbales enconados, acusaciones con renovado resentimiento. Se debatirá hasta la saciedad por qué unos muertos son más importantes que otros, por qué unas atrocidades deben someterse a procesos judiciales mientras que otras tendrán que ser, una vez más, desatendidas. Una buena parte de la energía social, constructiva o destructiva, se empeñará en el manejo de las consecuencias que acarrea la derogatoria de la Ley de Amnistía. Pero al final, muy pocos, si es que alguno, de los procesos judiciales que se emprendan culminará con éxito o contribuirá a la reconciliación.

La Ley de Amnistía ha sido un impedimento formal para intentar que se esclarezca la verdad y se haga justicia. Pero tampoco había sido posible esclarecer verdades o hacer justicia sobre los crímenes que se cometieron durante las dos décadas previas a la promulgación de la ley. Y mucho me temo que así seguirán las cosas. Nuestro sistema de justicia penal no logra resolver los crímenes de la semana pasada ni los del mes pasado, ni los del año pasado; ninguno de los cuales está amparado por una ley favorable a la impunidad.

La condena judicial por esos crímenes tan horrendos y que tanto dolor nos causaron a todos en los años de locura, no podrá sustentarse en pruebas científicas; necesita de testimonios cuya verdad y validez puedan prevalecer en las cortes; testimonios incriminatorios de los mismos hechores, o de sus jefes y subalternos. Lamentablemente, sobran razones para pensar que eso no ocurrirá.

Sin el impedimento que planteaba o el que se le atribuía a la Ley de Amnistía, quedará claro que las posibilidades reales de hacer justicia pasan por otras coordenadas. Una vez derribado el mito, tendremos que empezar a poner más atención a los problemas reales, a los problemas de hoy, a todo lo que está y siempre ha estado mal en nuestro sistema de justicia penal. Ojalá que en el camino hasta llegar a ese entendimiento no nos destrocemos más de lo que ya estamos destrozados como sociedad.

Una propuesta con mucha nostalgia y poca eficacia. De Joaquín Samayoa

Joaquin SamayoaJoaquín Samayoa, 11 febrero 2016 / EDH-Observadores

La Comisión de Educación y Cultura de la Asamblea Legislativa emitió dictamen favorable para discutir en el pleno una iniciativa del partido GANA que apunta a establecer la obligatoriedad de impartir una nueva asignatura en los centros de educación básica y media. La idea es desempolvar la materia “Moral, Urbanidad y Cívica” que se enseñaba antes de la reforma educativa de 1968.

Al igual que la idea de leer la Biblia en las escuelas, recientemente propuesta por un diputado del PCN, la cual no encontró respaldo suficiente en otras fracciones legislativas, la inclusión de “moral y cívica” (como ahora la llaman) en el currículo responde a muy buenas intenciones pero refleja poco entendimiento del problema que busca resolver.

Se argumenta que antes, cuando se impartía esa asignatura, los estudiantes eran más disciplinados y no se involucraban en actividades delictivas. El argumento sostiene implícitamente que era gracias a la enseñanza de esa asignatura que los jóvenes eran bien portados. El problema es que no hay y nunca hubo estudio alguno que recabara evidencias de que la tal asignatura realmente tenía el impacto que ahora pretenden atribuirle.

Lo que yo recuerdo es que era una asignatura totalmente irrelevante. Lo que en aquellos tiempos lograron los colegios y escuelas en la educación de los jóvenes se debió a muchas otras cosas. En primer lugar, el buen ejemplo de los adultos que se relacionaban con nosotros. En segundo lugar, la disciplina, que entonces se valoraba y se hacía valer. En tercer lugar, la importancia que se le daba al deporte como forma sana de entretenimiento y drenaje de energías juveniles, pero también como instrumento para inculcar el respeto a las normas, el trabajo en equipo y la convivencia armónica.

Pero tan importante como lo que se hace o se deja de hacer en los centros educativos es el entorno familiar y social de los jóvenes. En ese aspecto, las cosas han cambiado drásticamente en el mundo y en nuestra sociedad. La vida es ahora mucho más compleja en todo sentido. Ahora hay distracciones y peligros inmensamente mayores para los jóvenes.

Los bolsones de marginalidad urbana han crecido inmensamente, generando entornos muy poco propicios para la educación en el seno de las familias que habitan en esas zonas de hacinamiento y pobreza. Para alivio de males, muchos padres y madres de familia ahora trabajan hasta tarde en la noche y no encuentran tiempo ni energías para hacerse cargo de la educación de sus hijos. A eso hay que añadir la desintegración familiar ocasionada por la migración de todos los que huyen de la inseguridad o buscan desesperadamente oportunidades económicas que nuestro país no ofrece.

Los jóvenes que andan por malos caminos no son los que escucharían las lecciones de moral y cívica en las escuelas, sino los cientos de miles que están fuera de ellas. El verdadero reto del sistema educativo está en retener a los niños y jóvenes que desde hace años vienen fracasando y desertando. Retenerlos a pesar de todo lo negativo y adverso de la realidad familiar y social en que viven. Para ello son muchas las cosas que deben cambiar en el sistema educativo, muchas las cosas que deben hacerse para mejorar los barrios en que viven, muchas las cosas que deben hacerse para que los jóvenes vuelvan a tener convicción de que vale la pena educarse.

La asignatura que se busca añadir al plan de estudios no es siquiera principio de solución para ninguno de los problemas que una verdadera política de juventud debiera asumir con lucidez y creatividad. Es una asignatura, además, para la cual el sistema educativo no tiene personal docente con las actitudes y competencias necesarias. Una asignatura que entrará como aprieta-canuto en un programa de estudios ya bastante cargado y con notables deficiencias; una asignatura que, a pesar de las buenas intenciones, volverá a ser irrelevante.

Yo esperaría que, en vez de acallar sus conciencias aprobando apresuradamente una mala solución a los problemas, el pleno legislativo y el Ministerio de Educación promuevan una discusión más a fondo sobre la problemática de la juventud y de la familia salvadoreña, con los pies bien asentados en las crudas realidades que a diario deben enfrentar.