gabinete

Carta con preguntas abiertas que debemos hacer al futuro presidente. De Paolo Luers

30 mayo 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

El 1 de junio, el presidente tendrá su fiesta. Ganó las elecciones, y tiene derecho a celebrar su ascenso al poder – y a poner a los suyos a festejar.

Pero para el resto del país, el 1 de junio también será el día de la verdad. El presidente electo ha tenido 4 meses para armar el diseño de su gobierno y buscar a los funcionarios idóneos para hacerlo realidad. Hasta la fecha poco ha revelado sobre qué cambios piensa a hacer a la estructura del gobierno, y sobre las personas que lo van a conducir.

Sólo ha revelado la creación de 2 nuevos ministerios, Vivienda y Desarrollo Local, a partir de la transformación de dos instituciones autónomas, FONAVIPO y el FISDL. Ha nombrado a las dos respectivas ministras, aparte de las de Educación, Salud, y Cultura. Además ha nombrado una embajadora, ante naciones unidas – de un total de casi 50 embajadas que necesitan nombramientos nuevos o confirmaciones de titulares.

La verdad es que faltando dos días muy poco sabemos sobre el gobierno que asumirá su trabajo el 1 de junio. Hay incógnitas en cuanto a las personas: De los ministerios claves, sólo conoceos las titulares de Salud y Educación.

Entonces, la primera incógnita es: ¿Quiénes y escogidos con qué criterios y prioridades van a asumir el resto de los ministerios?

Está en absoluto secreto quiénes van a componer el gabinete de seguridad y dirigir la Policía, la Fuerza Armada y las estructuras de Inteligencia. Pero detrás de las incógnitas sobre personas hay incógnitas absolutas sobre asuntos tal vez aun más importantes:

SEGURIDAD:

¿Vamos a seguir con esquema donde los jefes policiales controlan toda la política de seguridad pública – o vamos hacia la recuperación del control civil sobre la policía, así como lo establece el espíritu de la Constitución y de los Acuerdos de Paz? Ahora la dirección de la PNC, el Ministerio de Seguridad, el Viceministerio de Prevención (!), Migración y Centros Penales – todos están bajo mando directo de oficiales policiales. Bukele tendrá que tomar varias decisiones de gran importancia: ¿Romper o no con el control de un grupo de oficiales sobre las políticas e instituciones de Seguridad – o establecer control civil y político?

En este mismo contexto: ¿Van a restablecer el Ministerio de Justicia o dejar este área supeditado a las lógicas de Seguridad?

CASA PRESIDENCIAL:

¿Qué va a hacer el presidente Bukele en su propia casa? Desde Funes queda instalado en Casa Presidencial un aparato de sobre-gobierno, que quita competencias a los ministerios y al Consejo de Ministros. Por ejemplo: La Secretaría de Inclusión de la Presidencia fue creada para darle un feudo propio a la esposa de Funes. Desde este cargo, ella intervenía en todo el gobierno, creando no solo molestias sino serios desórdenes administrativos y canales de corrupción. Vamos a ver si el nuevo presidente decidirá desmontar las estructuras de poder paralelo en CAPRES – o si prefiere hacer uso de ellos, para su propios fines. Esto incluye la Secretaría que durante 10 años ha conducido Marcos Rodríguez, la de transparencia y Participación Ciudadana, que a todas luces es un aparato de propaganda, desinformación y chantaje a funcionarios.

SECTOR ENERGÉTICO: 

Más allá de los funcionarios que el presidente ponga al cargo de la CEL y las instituciones que controla (GEO, INE, ETESAL), las verdaderas interrogantes son: ¿Van a continuar la política energética desastrosa de las administraciones Saca, Funes y Sánchez Cerón, que han tenido el ‘Grupo CEL’ como instrumento de financiación corrupta y no como medio para dotar al país de energía económica y sostenible?

¿Van a frenar el intento de David López, el actual presidente de CEL, de revertir la exitosa descentralización del sector energético y concentrarlo nuevamente en la todopoderosa CEL?

¿Van a cambiar radicalmente la política de inversiones en proyectos inútiles como El Chaparral y la ampliación de la 5 de Noviembre y volver a invertir en la Geotérmica y otras energías renovables?

¿Van a romper con el mecanismo obsceno de esconder las ganancias de LaGeo en una sociedad anónima, creada para evadir la rendición de cuentas?

El día que asume su cargo de presidente, tiene que presentar su gabinete completo. E inmediatamente la ciudadanía y los medios debemos buscar respuestas a todas estas incógnitas. Este gobierno arranca con transparencia o arranca mal.

Saludos,

Un remedio novedoso contra las infecciones políticas. De Joaquín Samayoa

25 mayo 2019 / EL DIARIO DE HOY / OBSERVADORES

Me cuento entre los que hubieran preferido que otro candidato ganara la elección presidencial, pero no por eso dejaré de reconocer el valor de las actuaciones que me parezcan atinadas en el gobierno de Nayib Bukele.

Lo voy a decir rápido y sin rodeos. Me ha parecido muy interesante y me ha sorprendido gratamente la designación de cinco mujeres para posiciones clave en el nuevo gabinete de gobierno. Conozco a tres de ellas y creo que están muy bien calificadas para desempeñarse en esas posiciones, pero más que sus capacidades, suma de formación y experiencia, me alegra que sean mujeres; y más que sean mujeres, veo muy bien que sean nombres y rostros frescos en el gobierno, todas ellas relativamente libres de contaminación política y de esclavitudes ideológicas.

Es temprano para saber si el presidente electo nos va a cumplir o nos va a quedar debiendo con lo de las nuevas ideas, pero es un buen paso empezar formando equipo con nuevas personas. Y ojalá siga empleando esos mismos criterios al seleccionar a quienes completarán el núcleo de su equipo de trabajo, porque casi todos los nombres, ya bien conocidos, de los que se han mantenido cerca de él antes, durante y después la campaña electoral, me generaban mucha desconfianza y bastantes temores. Espero que esas personas no aparezcan más adelante en otras posiciones importantes. Esto último lo digo también rápido y sin rodeos. Si a alguien le pica, está en total libertad para rascarse.

Que una gran parte del gabinete sea femenina abre buenas posibilidades para hacer las cosas de manera diferente. No me agradan los estereotipos, ni los positivos ni los negativos, como criterio para juzgar a las personas, pero hay que reconocer que, en general, las mujeres suelen tener ciertas cualidades que los hombres tenemos de manera más excepcional. Me refiero a cualidades importantes para conducir ciertos asuntos de gobierno; cualidades como la capacidad de empatía, la sensibilidad emocional, la intuición y la inclinación hacia formas no egocéntricas y poco agresivas de resolver conflictos. En la medida en que estas nuevas funcionarias hayan cultivado esas virtudes, habrá más probabilidades de experimentar nuevas formas de hacer política.

Eso sería ya una ganancia. Pero además quiero enfatizar lo atinado de dar oportunidad a personas con un expediente limpio de crímenes y desaciertos políticos. Solo María Ofelia Navarrete (María Chichilco) tuvo un rol activo en el conflicto armado, pero ella es una persona tan sabia en su sencillez, que no se ha dejado contaminar por las cosas más abominables que ocurrieron durante la guerra, ni se ha prestado a desplegar lealtades ideológicas rígidas u obsoletas. Nunca perdió el rumbo. Lo importante para ella sigue siendo ayudar y promover a los más pobres y marginados de esta sociedad.

No sabemos, al fin de cuentas, cuán grande será la participación de mujeres o de gente fresca en el nuevo gobierno, pero si los primeros nombramientos son una indicación de lo que falta por conocerse, creo que el presidente Bukele ha comenzado bien. Y ojalá él mismo se deje transformar por las personas virtuosas a su alrededor, para que se ocupe de lo que debe ocuparse y lo haga con ecuanimidad; para que no se convierta en otro Trump u otro Funes, que viven para pelear con sus adversarios y con fantasmas en una interminable guerra de “tweets” que a nadie benefician.

Hasta ahora, con muy pocas excepciones, los gobiernos han sido una especie de patriarcado y la política un escenario para el combate público entre políticos narcisistas, incompetentes y ambiciosos. Eso es lo primero que debe empezar a cambiar si aspiramos a edificar una sociedad diferente. La mujer no debe seguir relegada a posiciones subordinadas ni a pequeños espacios de decisión y acción, generalmente en ámbitos poco relevantes. Tampoco debe ser forzada a copiar lo peor del género masculino para poder destacarse y tener oportunidades. La mujer salvadoreña ha sido históricamente uno de los pilares más sólidos de nuestra sociedad. Justo es que se le reconozca su valor y se le conceda su espacio de acción.

Y ya que hablo de estos temas en referencia al nuevo gobierno, quisiera extrapolar estas consideraciones al terreno de los partidos políticos, cuya pérdida progresiva de legitimidad los llevó a una aparatosa derrota el 3 de febrero recién pasado y a una crisis interna que los ha seguido desgastando y los está reduciendo a su mínima expresión.

Tanto en ARENA como en el FMLN se está desplegando una lucha de poder que no responde a una mayor conciencia de su propia realidad ni a un planteamiento ideológico claro en cada una de las fracciones contendientes. Son luchas entre dirigentes, jóvenes o viejos, que están ya demasiado gastados, dirigentes que no traen nada nuevo y no entienden que ellos mismos son una parte importante del problema y, por consiguiente, lo mejor que pueden hacer es apartarse y facilitar una auténtica renovación en sus respectivos partidos. De otra forma, las infecciones políticas que los tienen postrados no van a sanar, solo van a seguir enconándose hasta provocarles la muerte.

Cuando el deber llama. De Cristina López

5 mayo 2019 / EL DIARIO DE HOY

Aún no hay mucho que discutir sobre el gabinete entrante del presidente electo. Quizás sea por silencio intencional estratégico para evitar la auditoría necesaria a la que debería ser sujeto cualquier servidor público en una posición de liderazgo nacional. Los comentarios que el presidente electo (¡siempre tan reacio a la cobertura periodística crítica!) se dignó a darle a la prensa mientras atendía a Gavin Newsome parecen indicar lo anterior. Puede que el silencio se deba a alguna inclinación a la improvisación y que nuestro futuro presidente quiera deleitar a sus seguidores con la versión gabinete de una fiesta sorpresa el 1 de junio.

O quizás —y no hay manera de saber — no sabemos quiénes formarán parte del gabinete porque le está costando encontrar candidatos potables. Y lo anterior no es en lo absoluto indicador de que en nuestro país falte el talento, o de que tengamos un desierto de potencial, talento, preparación académica, o compromiso con la patria. Lo anterior tiene más que ver con las circunstancias específicas que facilitaron la victoria del presidente electo. En un país en el que el bipartidismo parecía monolítico y permanente, imaginar cómo se verá un gobierno de una tercera fuerza partidista es un reto para muchos ciudadanos. Tanto para los recalcitrantemente partidistas como para los independientes. La incertidumbre surgida de las inconsistencias ideológicas y políticas del presidente electo y del partido que eligió como vehículo no es menor e implica un riesgo político y profesional para bastantes criterios independientes.

Hay quienes sostienen que de este gobierno, simplemente con base en la corruptela con la que la figura central de la campaña se alió para ganar, no puede salir nada bueno. Hay quienes ven como una cuestión de moralidad el negarse a cooperar con alguien que miente, ataca, difama y desinforma para explotar el hartazgo de la población sin ofrecer reformas concretas y sustanciales a cambio. Y algo de mérito tiene este argumento. Demuestra rectitud de principios, sirve como línea en la arena para separar a quienes tienen compromisos serios con una filosofía política y social definida, de los oportunistas que se agarran de la pita de cualquiera que sea el globo que prometa agarrar más altura. Sin embargo, este argumento llevado a su extremo lógico implicaría abandonar principios y valores de gobernabilidad, de tecnocracia, de acuerdos de país, políticas de Estado y de independencia partidista. Implicaría el privilegio y la comodidad de perder cinco años de posible progreso en espera del candidato ideal y preferido. Sería, en políticas públicas, el equivalente a quemar el autobús donde vamos todos con tal de demostrar las imperfecciones del conductor.

Y la verdad es que en un país como el nuestro, en el que a menos que se cuente con suerte y con el limitado acceso a una educación de calidad, a servicios de salud dignos y a un empleo que permite la movilidad social, hay poquísimas opciones fuera de sobrevivir, emigrar, o morir, ya sea en manos de la criminalidad pandilleril o de la violencia doméstica. Y la misión principal de cualquier gobierno debería ser que la prosperidad de su gente no dependa de la suerte.

Ante la situación, si las personas preparadas, comprometidas, independientes y decentes a las que se les ofrece una posición para la que están calificadas no aceptan el reto, el autobús va a chocar de todos modos y a oscuras, sin la posibilidad de tener una auditoría independiente de las motivaciones del nuevo gobierno. Claro, hará falta la discusión de reformas que permitan compensar al mejor talento de manera competitiva con el mercado laboral para que aceptar un puesto de servicio público no sea un lujo que solo quienes no necesitan el ingreso puedan darse. Y será necesario que quienes acepten una posición tengan el compromiso y la valentía de denunciar malas prácticas cuando sea necesario y de renunciar si las malas prácticas se vuelven el modus operandi. Lo importante no es quién sea el conductor con tal que el autobús avance.

Vea también “Carta a Cristina y otros: Cuidadito con los conductores.” De Paolo Luers


Equipo de rivales. de Erika Saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

1 abril 2019 / EL DARIO DE HOY

“Team of rivals” o “equipo de rivales” fue una de las hazañas políticas de Abraham Lincoln como Decimosexto Presidente de los Estados Unidos de América. La expresión —plasmada en el libro de la periodista Doris Goodwin— hace referencia a la capacidad que tuvo Lincoln de juntar a las mejores personas, a “los hombres más fuertes”, para que integraran su gabinete de gobierno en medio de un turbulento clima político y social. Este equipo incluía a tres exrivales de Lincoln en la lucha por la candidatura presidencial republicana y a varios demócratas. El Presidente construyó un gabinete sólido más allá de las simpatías partidarias y la complejidad de las relaciones humanas.

En El Salvador todavía no conocemos a los miembros del gabinete del presidente electo Nayib Bukele. Han pasado casi dos meses desde las elecciones presidenciales y a la fecha no sabemos los nombres del “equipo de transición” ni posibles miembros de un futuro gobierno. El cuerpo de funcionarios del Órgano Ejecutivo es el encargads de echar a andar la mayor parte del aparataje estatal y su competencia determinará el éxito para salvar instituciones manchadas por la ineficiencia desde hace décadas. Es un tema que nos interesa a todos, independientemente si simpatizamos con el presidente electo o no.

En los últimos días el debate se ha enfrascado en temas que carecen de trascendencia, como dónde se realizará el traspaso de mando. El lugar es irrelevante, lo que más urge en este momento es la buena voluntad del gobierno saliente y del entrante para que las instituciones se entreguen en orden, transparencia y civilidad. Más que el protocolo del traspaso de mando, necesitamos que se vaya consolidando un gabinete que incluya personas capaces y aptas para puestos clave y para dirigir 14 ministerios y 52 instituciones autónomas.

En el gobierno necesitamos a los mejores. Tenemos décadas de improvisar los nombramientos o de asignar esos cargos a personas por simpatías partidarias más que por especialización y capacidad de ejecutar políticas públicas en determinado rubro. A pesar que en este país hay muchísima gente con una gran formación académica y profesional, la línea que más ha pesado ha sido la partidista o una lealtad mal enfocada, donde ha prevalecido asentir con todo lo que hace o piensa el presidente, más que discrepar de manera razonada y hacer las cosas de forma correcta.
Llevar a los mejores no significará para el presidente acompañarse de las personas con las que existe mayor simpatía. En esta ocasión, como en la conformación del equipo de rivales, implicará que lo fundamental en el nombramiento de un funcionario no es nivel de amistad o cercanía con el presidente electo, sino la capacidad de echar a andar una institución, de depurar la sobrecarga de la planilla estatal y de hacer que las entidades públicas ofrezcan buenos resultados en favor de la ciudadanía.

El llamado es al presidente electo a reflexionar sobre la trascendencia del nombramiento del gabinete de gobierno. Ya no se trata de simpatías o rechazos, sino de convertirse en un verdadero líder e integrar las instituciones con las personas idóneas, más allá de si fueron quienes lo criticaron en su campaña. Y también las personas que sean consultadas para formar parte del gabinete de gobierno deben tomarse con seriedad la propuesta: tener la honestidad intelectual para rechazar un puesto para el que no tiene la experticia; o demostrar el patriotismo aceptando un puesto público a pesar de las diferencias con el nuevo presidente.

Nayib Bukele es el presidente electo y hay que apoyarlo en el buen desarrollo de las instituciones, eso nos conviene a todos. No se debe privar a la ciudadanía de tener un gabinete compuesto por los hombres y las mujeres más fuertes para dirigir al Estado.

Carta a Casa Presidencial: Too little, too late – o la montaña parió un ratón. De Paolo Luers

Paolo Luers, 20 marzo 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Estimado señor presidente:
Ayer nos dio a conocer los cambios en su gabinete – según usted para responder “al sentimiento y las expectativas de amplios sectores de la ciudadanía, haciendo sentir sus prioridades y demandas” en las pasadas elecciones.
O no ha entendido el sentimiento y las expectativas de la gente, o no tiene capacidad de responder adecuadamente. Porque los cambios de funcionarios que usted nos presentó, no resuelven nada.

Too little, too late. La montaña parió un ratón.

La única medida que la gente le va a agradecer es la remoción de Marcos Fortín de ANDA. Y el director del FOVIAL que nombró para sustituirlo, es buena selección.

También era inevitable sustituir a Eugenio Chicas, sobre todo porque ustedes siguen pensando que el suyo en el fondo no es un problema de malas políticas, sino de mala percepción e comunicación. Seguramente Roberto Lorenzana hará un papel mucho más decente y eficiente como vocero del gobierno. El problema es que moviendo a Lorenzana, usted está desarmando la secretaría que mejor ha trabajado. Y como el problema suyo es de malas políticas, lo que debería haber hecho es fortalecer la Secretaría Técnica y darle más competencias. Digo, para que alguien en Casa Presidencial esté mandando, ya que usted no lo hace. Y no me diga que Óscar Ortiz es el indicado para ser un Secretario Técnico eficiente y con autoridad. Nadie se lo va a creer. Es obvio que lo pasaron a este cargo para que esté ocupado y deje de joder por la candidatura presidencial del FMLN…

También es de aplaudir que al fin haya quitado al ministro de Economía, don Tharsis. Porque en este ministerio han fracasado las políticas de subsidio que tanto daño hicieron a la gente – y a su partido, en las elecciones. Pero entonces no había que poner a la viceministra Luz Estrella. Había que quitarla también. Claro, esto no se atrevió, porque el ministerio es botín de ALBA, y don José Luis Merino se puede encachimbar si usted le quita a su ministro, quien debe millones a ALBA, y a la vez a la comisaria política Luz Estrella…

Tampoco parece nada razonable jalarse a don Tharsis a Casa Presidencial, con un cargo inventado de Comisionado para la Inversión, en vez de simplemente mandarlo a su casa.

Hablemos de atracción de inversiones, que sí es una cosa clave. Ahora tendrá 3 funcionarios en esta área: un ministro fracasado y reciclado en CAPRES, Sigfrido Reyes en PROESA, y José Luis Merino en la Cancillería. Un trío perfecto para espantar a cualquier inversionista. A los tres hubiera tenido que sacar de su gobierno…

Lo que la gente esperaba eran cambios en Seguridad y Salud, que son las dos áreas de su gobierno donde la incapacidad tiene harta a gente. Bueno, tal vez son tres, incluyendo el Viceministerio de Transporte. Dejar estos tres ministerios así como están, la gente lo va a tomar como lo que es: muestra que usted hizo un par de cambios para que todo siga igual. Igual de mal.


Usted se acaba de pegar un tiro en la pata. Su gobierno va a seguir agonizando, y su partido va a sufrir otra debacle electoral en febrero 2019.


Saludos,


Carta al presidente de la República: ¿Y los cambios en su gabinete? De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 12 marzo 2016 /EDH

Estimado profesor Sánchez Cerén:
¿Qué pasó con los cambios que usted, a finales del año pasado, anunció en su gabinete? Sólo tocó al gabinete de Seguridad, pero incluso esto quedó a medias. Sustituyó al ministro y su vice por dos policías; y promovió a Howard Cotto como director general de la PNC, pero dejó en su cargo al director de la Academia Nacional de Seguridad Pública, al director general de Centros Penales, al jefe de la OIE, a su comisionado presidencial de Seguridad, Hato Hasbún. Y pasó lo que pasa cuando uno hace las cosas a medias: todo siguió igual.

Resultado: 24 homicidios al día en lo que va del año 2016. Cifra tan impactante que tiene al país en una discusión absurda sobre ‘estado de excepción’ (para ampliar facultades a la policía, a costa de restricción de derechos constitucionales), ‘estado de emergencia’ (para suspender restricciones presupuestarias), y ‘medidas excepcionales’ (que nadie sabe definir, pero que tendrán algo que ver con el rol de la Fuerza Armada).

Pero ninguna ‘medida extraordinaria’ tiene sentido si no va dentro de una redefinición de la política de Seguridad y de las prioridades del gobierno, y de una renovación del liderazgo en el área Seguridad. ¿Qué más tiene que pasar para que usted tome estas decisiones, señor presidente? Sigue la indefinición de mando en Seguridad.

Y las otras áreas de sus políticas públicas, aunque igualmente están en crisis, ni siquiera las ha tocado en cuanto a relevo de liderazgos y conceptos. Sigue en su cargo el ministro de Hacienda, a pesar de la pena que le está haciendo pasar a usted, a su gobierno y a su partido con el fracaso de su proyecto de reforma de pensiones. Ya está claro que la reforma de Cáceres, que significa la expropiación de los fondos individuales de ahorro, no va. No es políticamente viable, ni siquiera sus más fieles aliados en GANA y PCN están dispuestos a cometer suicidio político-electoral aprobando esta reforma. Desde el año pasado se está especulando por quién usted va a sustituir a Carlos Cáceres, y ahí sigue el hombre, obstaculizando los necesarios acuerdos sobre el futuro de las pensiones.

¿Y cuántos hechos embarazosos tienen que revelarse de Marcos Rodríguez, su secretario de Apariencias, y de Tharsis Salomón López, su ministro de Economía, para que usted los despida? No importa desde qué ángulo se vea la desaparición (o pérdida, o destrucción, o simple retención) de los datos de los viajes de Funes, que la Sala de lo Constitucional solicitó a Casa Presidencia, quien tiene que asumir la responsabilidad se llama Marcos Rodríguez. Si usted lo mantiene en su cargo, el costo caerá directamente al Presidente de la República.

En el caso del ministro de Economía, cuesta entender que no haya sido sustituido hace largo rato. Más bien, nunca se entendió su nombramiento. Si la idea de nombrar a este empresario fue restablecer la confianza entre gobierno y sector privado, obviamente no se cumplió. A este funcionario lo hubiera tenido que apartar cuando se hicieron públicos sus compromisos financieros con ALBA Petróleos. Luego pasaron los escándalos de despidos arbitrarios de varios colaboradores del Ministerio, y a hora la destrucción de documentos oficiales del gobierno supuestamente custodiados en los archivos del ministerio. Y don Tharsis sigue, como si en el país no hubieran cientos de profesionales mucho más capacitados y mucho más probos para ocupar el cargo de ministro de Economía.

Podríamos ampliar la lista y hablar de ANDA, de CEPA, de PROESA, de CORSAIN.

Déjeme decirle, presidente: Ya nadie entiende su manera de premiar a los mediocres, los  fracasos, las negligencias y los abusos.

Y otra cosa: No tiene que esperar hasta mayo, cuando termine su segundo año, para poner orden en su gabinete. Cualquier día del año funciona para hacer cambios.

Saludos,

e2b99-firma-paolo

La evaluación desfavorable del gobierno y el escepticismo hacia el futuro. De Alberto Arene

Alberto Arene, expresidente de CEPA

Alberto Arene, expresidente de CEPA

Alberto Arene, 14 enero 2016 / LPG

“Al concluir el año 2015, prevalece entre la opinión pública salvadoreña una evaluación desfavorable en torno a la situación general del país y una actitud de escepticismo hacia el futuro”, reveló la más reciente encuesta de opinión del Instituto Universitario de Opinión Pública de la UCA (IUDOP). En su primer año y medio de gestión, esta es la peor evaluación de los últimos 6 gobiernos en los últimos 26 años. Ante semejantes resultados que coinciden con los de otras encuestas, ¿qué hará ahora el presidente? ¿Los cambios de visión, estrategia y equipo a partir de febrero serán tan relevantes para enfrentar la crítica situación que la seguridad, la economía y las finanzas públicas requieren?

A tres años y medio de concluir su gestión, a solo un par de años de las elecciones legislativas y municipales, y a tres de las presidenciales, la pregunta es si a partir del 1.º de febrero, el presidente hará un viraje lo suficiente importante para comenzar a mejorar la seguridad, la economía y las finanzas públicas, antes del inicio de la coyuntura electoral que iniciará un año y medio después. Solo así mejoraría la evaluación del país y la confianza en el futuro, y tal vez, las perspectivas de su partido de ganar por tercera vez las elecciones presidenciales y gobernar por segunda vez a partir de junio de 2019.

En la encuesta del IUDOP, 82.5 % opinó que la delincuencia aumentó y el 24.5 % admitió haber sido directamente su víctima, el 66.7 % que los planes de seguridad están dando poco o ningún resultado, el 62.3 % que la Fiscalía ha cumplido poco o nada con su deber de investigar a los responsables de los hechos delictivos y el 69.3 % que en esa institución existe mucha o alguna corrupción. Y respecto a la economía y la pobreza, solo el 5 % piensa que la economía mejoró frente al 48.9 % que piensa que siguió igual y al 46.1 % que empeoró, 49.9 % que la pobreza aumentó, 43.2 % que se mantuvo igual y el 6.9 % que disminuyó. 60 % anticipa un deterioro de la economía nacional, 25.4 % que se mantendrá igual y solo el 11.7 % pronostica una mejoría. El pesimismo sobre el futuro económico del país es mayor en las mujeres, en las personas entre 26 y 40 años, y en quienes tienen mayores niveles educativos.

El 55.5 % considera que el gobierno del presidente Sánchez Cerén representa un cambio negativo para el país y el 32.6 % un cambio positivo, disminuyendo su calificación a 5.18 (de 5.59 en noviembre de 2014 y 5.68 en febrero de 2015), la más baja de su gestión. El 46.7 % cree que con el actual gobierno la situación seguirá igual, el 27.7 % que empeorará y el 23.7 % que mejorará, girando “las expectativas futuras del país con la actual administración alrededor de la continuidad y el deterioro”.

Si muchos de los “modelos”, gestiones e instituciones de la posguerra están considerablemente agotados, el desafío del ejercicio de este y del próximo gobierno –del presidente, del gabinete y de los presidentes de las llamadas instituciones “autónomas”– es no solo enfrentar de la mejor manera posible las diversas y crecientes demandas, sino también, impulsar una profunda transformación institucional de mediano y largo plazo, para crearle viabilidad, relevancia y futuro a dicha institución, al Estado y al país. Esto supone la estructuración de visiones ilustradas y estructuradas de mediano y largo plazo determinada por las tendencias y escenarios futuros, consensuada con las principales contrapartes del país y con actores internacionales relevantes, viabilizándolas con planificación estratégica y preparación de la cartera de proyectos de preinversión, con la obtención de modalidades de financiamiento que no aumenten la deuda soberana, con la ejecución eficiente y transparente de la inversión pública, y tanto o más, con la creación de las condiciones para desatar la inversión privada y la creación acelerada y sostenida de riqueza, cerrándole todos los portillos a la elusión, a la evasión fiscal y al contrabando. Y conlleva muchas soluciones público-privadas a enormes problemas públicos históricamente acumulados, maximizando los ingresos públicos tan escasos, priorizando la política social y la protección de los más vulnerables.

Enfrentar la crisis de seguridad requiere varios miles de millones de dólares adicionales para financiar los programas de inteligencia y represión; de fortalecimiento de la Fiscalía y del sistema judicial y penitenciario; de rehabilitación, prevención y masiva intervención e inclusión social integral en la comunidades, y creación de mucho empleo juvenil decente para cientos de miles de jóvenes, en la próxima década.

Todo esto supone visión compartida, consensos mínimos y confianza creciente, y un ejercicio de gobierno libre de corrupción y de intentos y percepciones de la misma, evitando iniciativas de ley que sean declaradas inconstitucionales, retrasen el ejercicio del gobierno, deterioren la institucionalidad, la creación permanente de confianza, el logro de consensos nacionales y del enorme apoyo internacional que sostenidamente requiere el país en los próximos años.

ARENA y la oposición no dan señales todavía de prepararse a gobernar con la visión y actitud que requiere esta nueva y compleja época del país y del mundo. ¿Tendrá ahora el presidente la visión y la resolución de ponerse a la altura de la historia?