Manuel Hinds

Comenzando a caerse. De Manuel Hinds

manuel hindsManuel Hinds, 17 febrero 2017 / EDH

En varias ocasiones he descrito el problema fiscal del gobierno del FMLN como una gotera que, si no se repara, puede botar el techo. Lo he descrito como una gotera porque, vista en sus números fríos, la famosa crisis no sería crisis si el gobierno fuera manejado por personas competentes y responsables. Al gobierno le ha entrado y todavía le entra el dinero a borbollones desde que el FMLN está en el poder y, de una situación fiscal muy razonablemente buena cuando tomó la presidencia en 2009 ha pasado a una en la que no le alcanza el dinero para nada.

diario hoyLa he descrito como una gotera que puede botar el techo porque no hay fortaleza que resista el impacto sostenido de la negligencia, el desorden y el desperdicio desaforado con los que el FMLN maneja las finanzas públicas y el gobierno en general. Es claro que en este ambiente, en algún momento el agua va a corroer una viga, o a romper una columna, o a erosionar una fundación. Hasta este momento la situación de impago del gobierno había afectado a los proveedores y a los usuarios de los servicios públicos, que cada vez carecen más de materiales, y que cada vez son peores, pero este impacto había sido difuso. El dinero no llegaba a las escuelas y tampoco a los hospitales y unidades de salud, y la gente sufría esto pero como individuos. La gente estaba sufriendo, pero el gobierno podía pretender que todo funcionaba.

Pero el miércoles se supo que la negligencia del gobierno había cruzado otra línea, una en que los efectos de cruzarla se sentirán en conjunto y simultáneamente por toda la población: debido a la enorme y vieja mora del gobierno del FMLN, las empresas guatemaltecas que exportan energía a El Salvador han decidido ya no venderle electricidad al país. Este es el comienzo de un proceso de descalabro de la oferta de electricidad que si no es prontamente corregido llevará a escasez de electricidad, mayores costos, racionamientos y un colapso en la producción del país. El costo de una escasez de electricidad no solo es el foco que no se encendió o la comida que se pudrió en la refrigeradora sino también el tiempo perdido en la operación de maquinaria y las consecuentes pérdidas en salarios y producción.

El FMLN toma estos problemas con la misma falta de interés que ha mostrado en todas sus tareas de gobierno. En realidad, llegar a escaseces y racionamiento no es una novedad para los gobiernos marxistas. En Cuba todo es racionado y en Venezuela ya casi todo, lo cual es muy bienvenido para los partidos hermanos del FMLN en esos países. El racionamiento les presenta la oportunidad de darles electricidad a unos sí y a otros no, haciendo que la gente vaya dependiendo más de estar bien con los del gobierno y el partido para sobrevivir. Les ayuda a apretar la soga en el cuello de la población.

El racionamiento, obviamente, tendría un costo político para el FMLN pero, seguramente, si llegamos a los apagones, el gobierno primero le restará importancia al hecho (diciendo, por ejemplo, que en muchos lados hay apagones) y, segundo, le echará la culpa a ARENA por no aprobarle más endeudamiento en la Asamblea.

El gobierno confía en que le puede echar la culpa de su pésimo gobierno a ARENA porque ésta, ocupada en visitar y revisitar sus sedes locales para asegurarse y reasegurarse de la lealtad de sus funcionarios internos para las siguientes elecciones internas, nunca tiene tiempo ni interés para decir nada y menos para protestar firmemente. Como resultado, mientras peor es el gobierno del FMLN, más cae la popularidad no sólo del FMLN sino también de ARENA. Y hay menos protección contra los abusos del FMLN.

Mucha gente no lo realiza, pero por este camino iremos, poco a poco, cayendo en la desgracia de Venezuela.

De chips a estancamiento. De Manuel Hinds

manuel hindsManuel Hinds, 10 febrero 2017 / EDH

El último informe sobre El Salvador de la administración del Banco Mundial a su Junta de Directores tiene en la portada una fotografía de un chip de computadora manufacturado en los años setenta por la empresa Texas Instruments. El chip dice “Made in El Salvador”, Hecho en El Salvador. El objetivo de mostrar esta fotografía en la portada es mostrar lo que El Salvador era capaz de hacer hace casi cincuenta años, algo que muy pocos países en desarrollo podían hacer en esos años: tener una industria que no dependía de productos primarios sino de puro conocimiento y que, al contrario de lo que en esa época era común en el Tercer Mundo, añadía un alto valor agregado tanto en términos de los salarios de los obreros que trabajaban en la manufactura misma de los chips como de los de los ingenieros salvadoreños que los dirigían, entrenados en las técnicas más modernas de su tiempo.

diario hoyLos representantes de la empresa manifestaron muy frecuentemente su satisfacción con la calidad del trabajo de profesionales y obreros, y planearon convertir a El Salvador en una de sus sucursales principales en países en desarrollo. Dentro de esos planes estaban el ayudar a las universidades para que pudieran elevar el nivel de las ingenierías electrónicas, de sistemas, y de producción para que el país pudiera absorber niveles mayores de producción y la instalación de otras empresas que proveían materiales para Texas Instruments o que usaban sus productos en sus propia producción.

El Salvador era en ese tiempo la envidia de muchos países en desarrollo. Desgraciadamente, movimientos que luego formarían el FMLN comenzó su campaña de secuestros, atentados y acciones para desestabilizar al país, y Texas Instruments fue una de las víctimas de ella. Resistió por un tiempo pero al final los costos que estas campañas del FMLN le causaban, en términos humanos y monetarios, superaron las ventajas que la alta calidad y el buen desempeño de los salvadoreños les daban. Decidieron irse, y se llevaron a varios ingenieros salvadoreños porque los consideraban excelentes.

La enorme magnitud de lo que El Salvador perdió puede medirse por lo que ganaron los países adonde Texas Instruments y sus asociadas se fueron. El mayor beneficiado fue Singapur, que en ese momento era un país que apenas comenzaba su vida independiente y cuya población tenía ingresos menores que los de El Salvador. La pobreza era enorme en ese país, el esfuerzo por mejorar la educación y la salud apenas estaban comenzando. Texas Instruments se movió a un país bastante más pobre que El Salvador, menos desarrollado.

Pero en vez de alejarlos, en vez de volverlos víctimas de atentados, Singapur acogió a Texas Instruments y a otras empresas asociadas que fueron muy importantes en el desarrollo del país. Estas empresas convirtieron a Singapur en un foco de desarrollo tecnológico, algo que El Salvador perfectamente podría haber hecho si no hubiera sido por las campañas de odio que levantó el FMLN. Ahora Singapur es uno de los países más ricos del mundo, basado en atraer empresas de alta tecnología como la Texas Instruments.

Es bien triste no solo que esto haya pasado sino también que se haya olvidado tan completamente, y que no se haya extraído ninguna lección de lo que fue una tragedia. Desde 1970 hasta ahora el FMLN ha inyectado odio y sembrado división, y en su afán de escalar el poder total ha logrado paralizar al país en una economía de bajo valor agregado, mientras Singapur y otros países han logrado desarrollarse en el mismo tiempo que ha pasado desde que el FMLN logró expulsar a Texas Instruments y las posibilidades de movernos a una industria de algo valor agregado. Aquí está el FMLN, ahora en el poder, alentando al pueblo salvadoreño a que se peleen por las migajas de lo que es ahora el país, cuando, sin sus inyecciones de odio, el país pudiera ser el Singapur de Latinoamérica.

Por supuesto, nunca lograremos cambiar al FMLN, que lo que quiere es el poder total, económico y político, para sus líderes. Pero sí podemos dejar de votar por ellos para que no sigan destruyendo a El Salvador.

Diabetes fiscal. De Manuel Hinds

Como un diabético mal cuidado, el gobierno se engorda mientras que los servicios públicos y las actividades legítimas del gobierno tienen cada vez tienen menos recursos.

manuel hindsManuel Hinds, 28 enero 2017 / EDH

El gobierno quiere que creamos que el problema fiscal del país es que no puede pa-gar sus deudas porque sus ingresos son más bajos que sus egresos. El equivalente médico de esta enfermedad sería inanición. Los síntomas serían ver a un gobierno adelgazado, esquelético. Su cura sería reducir el uso de energía o aumentar la comida. Pero la enfermedad fiscal del gobierno de El Salvador no es inanición. Lo que tiene el gobierno es diabetes fiscal—una enfermedad en la que la persona come mucho, puede engordar enormemente, pero se está muriendo de hambre porque los alimentos no se usan para que sus células puedan trabajar. La enfermedad se come la energía que entra al cuerpo y deja sin comida a las células que la comida debería alimentar. Esto es lo que pasa en el país. El gobierno cada vez cobra más impuestos, y diario hoycada vez dedica menos de estos (y de los préstamos que logra conseguir) a pagar los servicios públicos que el gobierno debería de proveer. Como un diabético mal cuidado, el gobierno se engorda mientras que los servicios públicos y las actividades legitimas del gobierno tienen cada vez tienen menos recursos. La diabetes, médica y fiscal, engorda al paciente pero causa inanición en sus células.

Las radiografías del gobierno muestran un enorme gordo en sus ingresos, y un pobre esquelético muriéndose de hambre en las funciones que debería de estar cumpliendo. El remedio no es darle más de comer al diabético. Hacerlo es altamente contraproducente, porque el darle más comida acelera el proceso por el cual los que reciben la comida se las quitan a las células del cuerpo. Si el gobierno consigue más dinero, su gordura aumentará pero sus actividades legítimas caerán cada vez más en la inanición.

Por supuesto, el gobierno clama, cuando pide más y más dinero, que se queda sin efectivo porque, siendo un gobierno de izquierda, está gastando mucho en servicios sociales para los pobres. Hay gente que les cree: los que no viven en este mundo, los que no se dan cuenta de cómo los servicios sociales se han deteriorado, los que no se detienen a pensar que no es posible que este gobierno ha recibido más recursos que cualquier otro gobierno y ha llevado al estado a una situación paupérrima, los que no se dan cuenta de que el gobierno del FMLN ha logrado que le aprueben un presupuesto que no contiene todos los gastos que tendrá que cubrir en 2017 porque si los incluyera se vuelve obvio que el presupuesto está desfinanciado.

Pero los que se tragan la peregrina idea de que el gobierno se ha metido en problemas fiscales porque gasta mucho en ayudar a los pobres deberían de reaccionar viendo como, en medio de la crisis espantosa por la que pasan los hospitales públicos porque no reciben dinero suficiente ni para los medicamentos más esenciales, el gobierno del FMLN les ha recortado 17 millones en el nuevo presupuesto, diciendo que en realidad no les hará falta, implicando que no los necesitan. Pero al mismo tiempo el gobierno gasta 50 millones en extravagantes seguros de salud privados cuyas primas cuestan, en todo el gobierno, cerca de 50 millones de dólares que, si fueran invertidos en los hospitales públicos, harían una gran diferencia para la población del país. Que el FMLN hace esto muy conscientemente lo demuestran las declaraciones de una de sus líderes en la Asamblea, que llena de indignación dijo que ella y sus colegas no podrían ir a clínicas públicas o del Seguro Social porque son muy inferiores a las del sector privado. ¡Claro! ¡Si día a día ellos mismos le quitan dinero a los servicios públicos! Este es un claro caso de diabetes fiscal, en la que las glóbulos que deberían de llevar la glucosa a las células del cuerpo se quedan con ella y la usan para su propio beneficio.

Igual pasa en educación, en donde las escuelas reciben cada vez menos dinero.. Pero, grandes como son estos casos, ni siquiera comienzan a explicar a dónde se va tanto dinero que el gobierno recibe y sigue recibiendo de los ciudadanos mie

Lecciones de los empresarios para el FMLN, lección 1. De Manuel Hinds

manuel hindsManuel Hinds, 20 enero 2017 / EDH

Esta semana la línea aérea VECA, fundada con dinero de Alba y manejada por líderes del FMLN, colapsó, dejando sin cumplir muchas obligaciones con proveedores, empleados y clientes. El colapso se desencadenó cuando los dueños de uno de los dos aviones que volaba la empresa lo embargaron porque la aerolínea no pagaba su alquiler. Vergonzosamente, hasta el momento del colapso VECA siguió vendiendo pasajes a sabiendas que no los iba ni a honrar ni a pagar nunca. Los gerentes tenían que haberlo sabido porque entendían que les iban a quitar el avión porque no estaban pagando el alquiler, y que esto los iba a llevar a la quiebra.

diario hoyEl FMLN y sus simpatizantes deberían de reflexionar sobre esta quiebra, y sobre las pérdidas de todas las empresas que el partido fundó con dinero de los venezolanos que ahora están pasando hambre. Son baños de realidad que contradicen el concepto que han tenido toda su vida de lo que es el mundo y cómo funciona. En su primitiva ideología marxista, ellos pensaron que con el mundo ya había venido apartado un puesto para cada empresa, de modo que los empresarios solo habían tenido que apoderarse de ellas, como quien se apropia de una silla en el teatro y se asegura una buena vista de la función. En su ideología, los servicios de los empresarios no representan valor agregado, porque, según ellos, la verdadera producción solo la hacen los trabajadores.

Ahora que han manejado VECA y la han llevado a la quiebra, igual que a todas las empresas que han manejado, la realidad les está mostrando que no había un espacio reservado en el mercado para que cualquiera que fuera el dueño de VECA ganara dinero. Tampoco había una prohibición de que VECA existiera y ganara mucho dinero. Como todas las empresas, VECA pudo haber sido un éxito o el fracaso que fue, no porque hay una predeterminación en la historia, sino porque las empresas tienen éxito o fracasan dependiendo de cómo son manejadas. Si la hubieran manejado bien, hubiera crecido y sido un éxito como tantas empresas salvadoreñas. Pero como la manejaron mal, la llevaron a la quiebra.

Después de ser humillados por la realidad, los del FMLN deberían de entender y respetar a los miles de empresarios salvadoreños, de todos los tamaños, que ellos han odiado y envidiado por tantos años. Esos empresarios luchan diariamente para hacer lo que ellos no pudieron hacer —pagar los sueldos de sus empleados, pagar a sus proveedores, cumplir con sus clientes y no dejarlos colgados con pasajes que no podrán nunca usar ni cobrar. Dos aviones, dinero y unos cuantos pilotos y empleados no hacen una empresa. Lo que la hace es la organización y la fuerza que le da un empresario de verdad.

Y después de entender esto deberían de sentirse mal de que en su soberbia inaudita llegaron a creer que podían manejar no solo empresas sino también el estado, y que en el espíritu de esa soberbia ellos armaron una guerra terrible que dejó ochenta mil muertos solo para lograr tener lo que ahora ellos tienen: empresas quebradas y un estado fallido, y ni la más mínima idea de cómo levantar al país que están hundiendo con sus fracasos.

Al igual que con VECA, ellos han destrozado las finanzas del país mientras han devaluado todos los servicios públicos que el gobierno debería de estar brindando. Al igual que VECA, el estado salvadoreño está fallido, no porque falten unos nuevos Acuerdos de Paz, ni porque no han podido gobernar por la polarización (ellos han controlado el Ejecutivo y la Asamblea Nacional en sus dos gobiernos) sino por dos razones vergonzosas: una por su incompetencia para manejar empresas e instituciones, y la otra por sus constantes esfuerzos por socavar las instituciones democráticas del país para asegurarse el control total del país, aun sabiendo que son incapaces. Esto es otra prueba de que los ha movido siempre no ideales sino su soberbia insatisfecha. ¿Y para esto fueron todas las muertes?

La verdad sobre los servicios públicos. De Manuel Hinds

manuel hindsManuel Hinds, 13 enero 2017 / EDH

Una diputada y vocero del FMLN en la Asamblea Legislativa hizo hace algunos días unas declaraciones espectaculares en el contexto de defender la decisión de contratar (como en los años anteriores) un seguro de salud privado para los diputados y empleados de la Asamblea, que si no se contrata se verían obligados, como la mayoría de los salvadore-ños en el sector formal, a someterse al Seguro Social. La diputada dijo, entre otras cosas:

diario hoy“Yo creo que el concepto de un seguro privado siempre ha sido sostenido porque siempre se ha hecho que la cosa pública no sirva, de verdad históricamente. Yo me admiro, a mí me impresiona llegar al Seguro Social, ver al doctor, al nefrólogo por decir algo, dar consulta en el Seguro Social. ¿Cómo lo atiende el nefrólogo en el Seguro Social? Como que si usted fuera a mendigar. Si ya está pagando el seguro y luego busca al nefrólogo en el Hospital de Diagnóstico  y la actitud del nefrólogo es diferente”.

Luego la diputada siguió:

“Aquí  se ha dicho históricamente de la cosa pública que no sirve, precisamente por eso antes se licitaba mucho la privatización de la salud, porque se decía que lo privado sí es bueno y lo público es malo, ¡por Dios! si quienes hacemos la cosa pública somos los mismos seres humanos que actuamos en lo privado y porque en lo público somos malos y en lo privado tratamos de ser buenos. Conclusión, porque paga. Sí, pero en lo público el médico también está ganando, ante esa circunstancia que ha sido históricamente, usted va a pasar consulta en la unidad de salud, yo siempre hago un chiste para la gente y digo ‘usted llega enfermo y sale más enfermo’, porque el paciente con una tocadita a veces  de espalda se siente mejor, pero si el médico lo recibe de una manera malcriada obviamente la gente asiste al sistema [privado] de salud”.

Las declaraciones de la diputada no tienen nada de original. Es lo que todo el mundo dice. Describen con toda exactitud la situación de los servicios públicos en el país—no sólo los servicios de salud, sino todos los servicios que el estado, ahora en manos del FMLN, está en la obligación de rendir. Hay, sin embargo, varios aspectos en los que son extraordinarias, ligados a tres hechos.

Uno, que lo diga una diputada miembro del partido que está en el poder desde hace siete años y medio, que por tanto es responsable por la pobre condición de los servicios públicos. Dos, que la actitud de los médicos es sólo una parte de los problemas del sistema público de salud, que incluyen la falta de medicinas y materiales, hospitales en los que llueve por dentro por la repetida explosión de las tuberías de agua, y condiciones pésimas para los pacientes de consulta y hospitalizados, mientras que el gobierno del FMLN se niega a pagar los salarios pactados hace años con el escalafón de salud.

Tres, que una miembro prominente del FMLN exprese una preferencia por los servicios privados, diciendo que en los públicos “usted llega enfermo y sale más enfermo”, cuando su partido desde su fundación ha tratado de eliminar al sector privado para que lo único que exista sea el sector público. Cuatro, que confiese que no entiende cómo los servicios privados siempre son muy superiores a los públicos, y aun así crea en una ideología y pertenezca a un partido que quieren eliminarlos.

Cinco, que la élite del FMLN quiera tener un acceso a los obviamente mejores servicios privados no con sus propios recursos, sino usando fondos proporcionados por los contri-buyentes en general, la mayoría de los cuales no tienen otra alternativa que ir al muy inferior sistema nacional de salud. Es decir, los líderes del partido que pretende defender al pueblo, quieren usar (y usan) el dinero de éste para no tener que pasar por las penas que éste pasa por lo malos que son los servicios públicos que ellos mismos manejan.

El Opio y los Acuerdos de Paz. De Manuel Hinds

Los Acuerdos de Paz se centraron en dos objetivos concretos: uno, terminar la guerra, y dos, perfeccionar los mecanismos institucionales que permitirían que en el futuro los problemas del país se resolvieran políticamente, no a balazo.

manuel hindsManuel Hinds, 6 enero 2017 / EDH

La idea de que los Acuerdos de Paz se quedaron cortos porque no resolvieron todos, todititos los problemas del país se ha convertido en la nueva droga que adormece a El Salvador. Esta idea se enmarca dentro de una tradición de dos siglos en los cuales la población ha buscado drogas para evitar tomar las medidas que hubieran desarrollado al país hace ya mucho tiempo.

diario hoyUna de las más viejas ha sido echarle la culpa a España por el subdesarrollo, clamando que los españoles se llevaron “todo el oro” de la América Latina, como si la fuente de la riqueza fueran los minerales, no la educación de la gente, y como si en El Salvador hubiera habido mucho oro que los españoles se hubieran llevado. Esta idea, terriblemente perniciosa, ha sobrevivido hasta nuestro tiempo. El uruguayo Eduardo Galeano publicó en 1971 un ensayo llamado “Las venas abiertas de la América Latina” que desarrolla esta idea con tanta cursilería que el propio Galeano reconoció años después que ni él mismo sería ya capaz de leer su libro por lo pesada que era su prosa de izquierda y porque había ya superado sus ideas hacía ya mucho tiempo. Pero a los latinoamericanos y a los salvadoreños en particular les fascina este tipo de ideas para lamentarse por una vida entera por lo que unos malvados españoles les hicieron hace ya 300 o 400 años. Esta droga es maravillosa porque justifica no hacer nada en la vida real y echarle la culpa a otros—que es la fuente del subdesarrollo.

En esta lamentación los latinoamericanos no se ponen a pensar que, por ejemplo, los australianos nunca se han quejado de que los ingleses se hayan llevado sus minerales. En vez de eso, han desarrollado su país con la educación y la salud de su gente. Tampoco se ponen a pensar que mientras regalaban el libro de Galeano al Presidente Obama, Hugo Chávez y sus Socialistas del Siglo XXI realmente se llevaron el petróleo de Venezuela e hipotecaron a China los recursos naturales del país por muchas décadas futuras. ¿Son esas las venas abiertas de Venezuela?

Hay muchas otras drogas, tales como la búsqueda de “una solución integral a los problemas del país”. Bajo el efecto de esa droga, la gente dice que no vale la pena resolver problemas específicos porque ningún problema será realmente resuelto hasta que todos los problemas estén resueltos. Entonces, los latinoamericanos se sientan a pensar en cuál sería esa receta mágica que nos convertiría no en Suiza, o en Suecia (en donde todavía hay problemas) sino en un cielo en la tierra en el que ningún problema social, económico o político existiría.

Ya con eso, los salvadoreños pueden llenar su vida intelectual fluctuando entre echarle la culpa de todo a la Madre España, o a la madrastra putativa que sustituyó a los españoles cuando éstos se fueron, Estados Unidos, e imaginar todas las características que tendría la utopía que, un día, los salvadoreños vamos a descubrir y que nos va a dar la riqueza de Estados Unidos, Europa, Japón y similares sin tener que estudiar y ser productivos. Esta fluctuación justifica aun más no hacer nada.

Ha sido en estos sueños de opio que El Salvador ha gastado las energías que debería haber usado para desarrollarse. Y ha sido en medio de estos sueños de opio que la idea de que esa solución perfecta, esa idea maravillosa que resolverá todos y cada uno de los problemas que han existido, existen y existirán debió haber surgido en los Acuerdos de Paz.

Gracias a Dios que esta idea no surgió en el momento en el que los Acuerdos de Paz estaban siendo discutidos porque si hubiera surgido y prevalecido todavía estaríamos en guerra. Afortunadamente, los Acuerdos de Paz se centraron en dos objetivos concretos, sin opios ni otras drogas: uno, terminar la guerra, y dos, perfeccionar los mecanismos institucionales que permitirían que en el futuro los problemas del país se resolvieran políticamente, no a balazos. Los dos objetivos se cumplieron. Ahora es nuestra tarea asegurar que, con esas instituciones, vayamos progresando día a día en la solución de nuestros problemas como lo han hecho todos los países que han logrado desarrollarse.