Manuel Hinds

La CICIES y el Estado fallido. De Manuel Hinds

Manuel Hinds, 17 marzo 2017 / EDH

El Fiscal General de la República pidió que se establezca una CICIES (una versión salvadoreña de la CICIG de Guatemala), aduciendo que la Fiscalía ya no tiene recursos. El gobierno contestó que la CICIES vulneraría la soberanía del país y que no sería necesaria porque el gobierno apoya a la Fiscalía con todo lo que necesita. Esta declaración de apoyo, sin embargo, no se ha traducido en una mayor disponibilidad de recursos para la Fiscalía. Al contrario, el gobierno ha demostrado cuáles son sus prioridades al asignar recursos, ahora bastante escasos, a contratar a 600 personas más, a pesar de que los partidos de oposición y el Fondo Monetario Internacional han señalado que la razón principal del déficit inmanejable del gobierno ha sido la contratación desmedida de personal y el aumento de sus salarios.

El Fiscal ha despertado un viejo tema: la posibilidad de tener a un grupo de extranjeros manejando una parte importante del sistema judicial salvadoreño. Por supuesto, el incorporar este grupo al sistema jurídico salvadoreño sería aceptar que tenemos un Estado fallido, incapaz de manejar de manera eficaz una de las funciones estatales más importantes: la persecución del crimen. Reconocer esto sería terrible. Pero más terrible sería no reconocer una realidad irrebatible.

Por otro lado, varios observadores han señalado (incluyendo al exvicepresidente de la Corte Suprema de Justicia, el Dr. René Hernández Valiente) que el Estado de Derecho puede estar rompiéndose en otras dimensiones que están dentro de la jurisdicción de la Fiscalía misma: a través del tiempo se ha notado claramente que las personas que son de una cierta orientación política son perseguidas, fotografiadas en circunstancias humillantes y tratadas como si fueran culpables aun cuando no han sido vencidas en juicio, mientras que los que tienen la otra, la del gobierno, aunque se haga mucho ruido acerca de sus alegados delitos, nunca son perseguidos ni molestados siquiera. Esta evidente asimetría ha sido explicada repetidamente como el resultado de que la Fiscalía está preparando con mucho ahínco estos casos para ser invencible en los juicios. Este argumento, sin embargo, se va volviendo más débil con el paso del tiempo. La Fiscalía se ha ganado el respeto de la ciudadanía con varias acciones valientes que han marcado precedentes muy positivos para el país. Pero la posibilidad de que esté siendo utilizada para objetivos políticos —hacer parecer que la corrupción es exclusiva de una tendencia política únicamente cuando la evidencia parece indicar que está regada en todos los partidos— es una sombra que la Fiscalía misma tiene que despejar.

Una pregunta distinta es si traer a un grupo de extranjeros a hacer lo que los salvadoreños no logramos hacer va a resolver estos problemas. Para que pueda funcionar una posible CICIES tendría que contar con el apoyo decidido de la Fiscalía, que no dejaría de tener el monopolio de los poderes que la Constitución le da. Una CICIES apoyada en una Fiscalía débil, con un presupuesto gruesamente insuficiente, afrontaría los mismos problemas que la Fiscalía tiene ahora. Podría pensarse que tener a una CICIES extranjera podría asegurar la imparcialidad política o ideológica de la Fiscalía. Podría ser, pero podría ser que no también porque la que tiene el poder de perseguir es la Fiscalía, exclusivamente.

En realidad que exista o no una CICIES no es tan importante como el hecho que estamos viviendo en un Estado fallido y no estamos haciendo nada para salir de él. Si existe la voluntad política del pueblo, los problemas de la Fiscalía pueden resolverse con CICIES y sin ella. Pero el pueblo tiene que manifestarse y pedir cuentas al gobierno y a la Fiscalía sobre lo que están haciendo para defenderlo del crimen. El problema es que, como en tantos temas, se ha vuelto elegante no hacer nada, excepto decir que el problema es que no hay líderes creíbles. Esto puede ser cierto. Pero es como estar en un barco que tiene un gran boquete y ver que nadie quiere achicar el agua porque “los líderes no son creíbles”, como si sólo los líderes fueran a ahogarse.

Muerte por negligencia. De Manuel Hinds

Y el gobierno debe asumir de una vez por todas su responsabilidad para con el pueblo, pasando por los ajustes que, siendo dolorosos, son necesarios. 

Manuel Hinds, 10 marzo 2017 / EDH

El gobierno, la oposición, y el país entero se han ido acomodando a la situación fiscal de la manera más peligrosa que existe—negligente, descuidadamente, sin buscar una cura sino reaccionando a los cada vez más frecuentes síntomas del daño que esta situación está causando a El Salvador. La imagen que más se adapta a lo que está pasando es la de un alcohólico tirado en la cuneta, con una herida que este momento no es lo que lo va a matar pero que no se le cura y está en peligro de infectarse, que cada cierto tiempo se acerca a la familia para exigir que le den dinero porque si no se lo dan va a morir de inanición, infecciones o sobredosis de alcohol y alguna otra droga. Cada vez que se acerca a la familia, ésta se siente chantajeada pero cede dándole un poco, una cantidad que no va a sacarlo de la cuneta, no va a limpiar las heridas, pero que evitará que muera en este momento.

Esta dinámica es la peor de todas porque asegura que la situación se vaya deteriorando día a día hasta que en un momento las heridas se van a infectar y la crisis se convertirá en algo agudo que causará muchos daños graves antes de poderse resolver. Ya estos daños se están dando. El país se ha convertido en el paria de los mercados de deuda, las tasas de interés que está pagando son enormes y substraen de recursos que debían ser utilizados en actividades esenciales para el funcionamiento del gobierno. Los efectos negativos de la carestía de recursos no sólo están afectando al FMLN y al gobierno actual sino que están comprometiendo recursos que el próximo gobierno podría utilizar para resolver los problemas tan serios que tiene el país.

El gobierno y el FMLN escogieron este camino para el país a fines del año pasado al concentrarse en extraer permisos de la Asamblea para seguir endeudando al país, en la creencia de que así, poco a poco, iban a ir extrayendo permisos de uno en uno, sin tener que enfrentar la necesidad de parar la hemorragia de fondos que el manejo irresponsable de los recursos está causando. En ese momento creyeron que con amenazar con la expropiación de las pensiones o con otras medidas terribles iban siempre a conseguir los dólares para seguir el juego, sin descartar que si no lo lograban, podría siempre tratar de expropiarlas. Por eso descartaron el único camino que hay hacia la solución verdadera del problema: armar un programa de medidas que reduzca el déficit para volver otra vez solvente al estado y usar el financiamiento adicional para proveer fondos mientras esas medidas tienen efecto. El problema no es diseñar estas medidas, que son relativamente sencillas, sino tener la voluntad política de hacerlo. El FMLN debería tener esta voluntad porque la estrategia del chantaje de a poquitos le está causando un altísimo costo político que puede terminar acabando al partido.

Por el otro lado, el acceso a la estrategia del chantaje gradual debe ser negado al gobierno. ARENA debe regresar a la postura con la que comenzó en sus tratos sobre este problema: condicionar su apoyo legislativo a que la crisis se resuelva de una vez por todas, con una solución técnica que rescate a este y a los gobiernos futuros de la negligencia fiscal que está debilitando tanto al país. Y el gobierno debe asumir de una vez por todas su responsabilidad para con el pueblo, pasando por los ajustes que, siendo dolorosos, son necesarios. Debe abandonar la loca ambición de detener los arreglos para negociar una salida en la que el costo de los problemas actuales y sus ajustes se lo pueda echar a ARENA. Ha habido demasiadas mentiras, demasiada incapacidad y demasiada irresponsabilidad con el pueblo. Esas son cosas que ya pasaron y que no se pueden borrar. Lo que le queda es resolver el problema para minimizar los daños.

ARENA tiene que cooperar en dar una solución real de una vez por todas a este problema para evitar una tragedia nacional.

La solución del problema fiscal. De Manuel Hinds

manuel hindsManuel Hinds, 3 marzo 2017 / EDH

El gobierno parece estar tomando medidas para resolver su problema fiscal. El miércoles pasado anunció que está dispuesto a rebajar $126 millones de gastos anuales, una cifra que, aunque insuficiente, es sustancial. Si el gobierno sigue este curso se dará cuenta de que el manejo prudente de sus finanzas y la firmeza en mantenerlas bajo control le darán muchos beneficios. El manejo que ha hecho hasta ahora ha sido terriblemente negativo para el país y para el gobierno.

diario hoyEn vez de ayudar a resolver los problemas del pueblo, este manejo los ha ido aumentando, generando problemas que no habían sucedido en el país desde hace muchas, muchas décadas. Desde hace al menos ochenta años, la gente que trabaja en el gobierno no había tenido que preocuparse por la recepción de su salario a tiempo. Ahora hay maestros que tienen tres o cuatro meses de que no les pagan. La lista de los medicamentos que no hay en los hospitales está subiendo a una velocidad espeluznante. Las escuelas no tienen material. Los proveedores no reciben pago por lo que ya entregaron. El país ha estado al borde de que le corten la electricidad que compra de Guatemala y varias oficinas de gobierno están bajo la amenaza de apagones.

Todo esto añade a las angustias que ya tenía el pueblo salvadoreño. Son angustias muy básicas y que tienen un impacto negativo enorme en el progreso del país porque no se puede esperar que una persona que no haya recibido su salario por cuatro meses pueda concentrarse en su trabajo y no en estar haciendo arreglos continuos con sus acreedores y con sus proveedores para poder sobrevivir sin pagarles. Esto se vuelve una cadena porque dichos acreedores y proveedores también tienen problemas al no recibir pagos, de modo que pagos detenidos en el empleador más grande del país se multiplican en la sociedad, esparciendo la angustia y convirtiendo el crédito informal de un instrumento que puede ayudar a la inversión pequeña en uno que sólo se usa para compensar dichos pagos.

El impacto político de este descontento no puede pasar inadvertido para el gobierno, ni por supuesto para la oposición. Para el gobierno no pagar los sueldos es peor que bajar los gastos. Pero la oposición no debe ponerse en la posición de bloquear reducciones necesarias de éstos, excepto cuando dichas reducciones realmente representen un peligro para la Nación. Ningún ciudadano gana de estos problemas. El desgaste de que el gobierno no cumpla con sus obligaciones no es sólo para el gobierno y el FMLN sino también y primordialmente para el pueblo que está regresando a los problemas que tenía en los Años Veinte con el pago de sus salarios.

Pero el FMLN también debe dejar de ver a las finanzas públicas como una fuente de financiamiento político y tratar de sustituir con ellas los ingresos que el partido recibía de Venezuela. Debe entender que los impuestos no son el derecho real que una vez fueron en la época del absolutismo, algo que el pueblo tiene que dar para que los que están en el gobierno se sustraigan de los problemas económicos del país. Los impuestos son el pago que la ciudadanía hace para recibir servicios públicos eficientes. El gobierno ha olvidado esto y debe recordarlo.

También debe entender que las pensiones no son hechas para resolverle problemas fiscales al gobierno sino a la población trabajadora. Y el gobierno, menos que nadie, puede apropiarse de fondos que los pensionados presentes o futuros han ahorrado para su vejez, ni pagándoles tasas de interés mucho más bajas de interés (que repercuten en pensiones más bajas) ni directamente apropiándose de las pensiones, volviendo peor el problema fiscal por crear una enorme deuda con los ciudadanos.

Pero, habiendo dicho esto, la propuesta de la sociedad civil tiene muchas medidas que ayudan a rebajarle el costo al gobierno, que en el neto quedan rebajadas a la mitad. Decir que esto no ayuda es ya un capricho de un partido que se imaginaba que iba a quedarse con los miles de millones de ahorros de la sociedad para gastárselos ahorita mismo y dejar a los gobierno futuros una deuda enorme sin otra manera de pagarse que con enormes impuestos.

Con los agiotistas. De Manuel Hinds

El manejo eficiente de las finanzas públicas es clave porque ahorra enormes cantidades de dinero en comparación con los intereses que tiene que pagar un estado manirroto y mal manejado.

manuel hindsManuel Hinds, 24 febrero 2017 / EDH

El gobierno publicó ayer como un grandioso logro la venta de $600 millones en bonos con vencimiento en 2029 a una tasa de interés de 8.625 por ciento. Como razón adicional de orgullo el gobierno indicó que había recibido ofertas cinco veces más altas que la cantidad que se quería colocar (recibió ofertas que sumaban $3,359 millones entre todos los potenciales compradores cuando solo se estaban ofreciendo $600 millones). El tono de triunfo es totalmente inapropiado porque la tasa de interés es horriblemente alta, el equivalente para un gobierno de tomar prestado dinero de agiotistas. También es inapropiado presumir que les habían ofrecido mucho más dinero que el que querían porque eso lo único que indica es que el gobierno estaba ofreciendo tasas de interés demasiado altas, tan altas que diario hoyatrajo tantas abejas al panal. Es bien fácil atraer miles de compradores si usted ofrece algo muy barato, y peor si lo vende a un precio que deja a muchos compradores con ganas de comprar. Usted beneficiaría a los que compraron a costa del estado salvadoreño ya que los compradores podrían darse la vuelta y vender los bonos a mayores precios de los que le pagaron a usted, para una ganancia instantánea. El gobierno debería de aclarar si hubo ventas inmediatamente después de que el gobierno vendió, y a qué precios.

En todo caso, la tasa de interés es altísima. En este momento el rendimiento de los bonos a 10 años del Tesoro de Estados Unidos es de 2.41 por ciento, lo cual indica que El Salvador pagará aproximadamente 6.2 por ciento más que la que paga Estados Unidos y 4.8 por ciento más que lo que pagaría México. Compararnos con México no es fuera de orden porque por varios años tuvimos grado de inversión, una calificación de riesgo mucho mejor que ese país (mientras mejor es la calificación de riesgo menor es la tasa de interés).

Ahora calcule usted cuánto pagaremos en estos bonos y cuánto hubiéramos pagado si todavía tuviéramos la calificación que teníamos en los años noventas.

Estos bonos nos van a costar en intereses, por año, $600,000,000 X 8.625 por ciento = $51,750,000. Multiplique esto por 12 años y le dará $621,000,000. Es decir que por $600 millones de deuda, pagaremos en capital e intereses $1,221,000,000 (si, mil doscientos veintiún millones de dólares). Si fuéramos todavía comparables con México, pagaríamos en intereses solo $22,800,000. En los 12 años pagaríamos $263,600,00 en intereses, que al sumarlos a los $600,000,000 de deuda, llegamos a $873,600,000 de pago total. Esto es $347,400,000 menos que lo que tendremos que pagar ahora.

Piense ahora en lo que se podría hacer con esa diferencia, y piense lo que se podría hacer con la cantidad total que el gobierno tendrá que pagar por esos bonos, mil doscientos veintiún millones, y recuerde que el gobierno no hace nada visible con las enormes cantidades de dinero que gasta.

Estas cifras deberían de hacer pensar a los salvadoreños, que, con gran liviandad piensan que tener grado de inversión (una calificación muy buena que solo Chile y El Salvador tenían en los finales de los años noventas) no es importante. El manejo eficiente de las finanzas públicas es clave porque ahorra enormes cantidades de dinero en comparación con los intereses que tiene que pagar un estado manirroto y mal manejado. Allí, en esos $347,400,000 que tendremos que pagar de más van 347 escuelas de un millón de dólares cada una, o 347 unidades de salud del mismo precio, o casi 700 becas de $100,000 cada una para estudiar posgrados en universidades de primera en Estados Unidos o en Europa. ¿Cuántas universidades se podrían equipar con $347 millones?

En este momento los altísimos intereses que estaremos pagando solo afectan este préstamo. Pero marcan el camino que el país seguirá si el gobierno no ajusta su manejo fiscal y hasta la manera en la que habla. Si este ajuste no se da, cada vez que se tome un préstamo se pagará una tasa así de alta o mayor, con lo que poco a poco la tasa promedio que se paga sobre la deuda va a ir aumentando hasta asfixiar al país.

Ese será el gran logro de los gobiernos del FMLN.

Comenzando a caerse. De Manuel Hinds

manuel hindsManuel Hinds, 17 febrero 2017 / EDH

En varias ocasiones he descrito el problema fiscal del gobierno del FMLN como una gotera que, si no se repara, puede botar el techo. Lo he descrito como una gotera porque, vista en sus números fríos, la famosa crisis no sería crisis si el gobierno fuera manejado por personas competentes y responsables. Al gobierno le ha entrado y todavía le entra el dinero a borbollones desde que el FMLN está en el poder y, de una situación fiscal muy razonablemente buena cuando tomó la presidencia en 2009 ha pasado a una en la que no le alcanza el dinero para nada.

diario hoyLa he descrito como una gotera que puede botar el techo porque no hay fortaleza que resista el impacto sostenido de la negligencia, el desorden y el desperdicio desaforado con los que el FMLN maneja las finanzas públicas y el gobierno en general. Es claro que en este ambiente, en algún momento el agua va a corroer una viga, o a romper una columna, o a erosionar una fundación. Hasta este momento la situación de impago del gobierno había afectado a los proveedores y a los usuarios de los servicios públicos, que cada vez carecen más de materiales, y que cada vez son peores, pero este impacto había sido difuso. El dinero no llegaba a las escuelas y tampoco a los hospitales y unidades de salud, y la gente sufría esto pero como individuos. La gente estaba sufriendo, pero el gobierno podía pretender que todo funcionaba.

Pero el miércoles se supo que la negligencia del gobierno había cruzado otra línea, una en que los efectos de cruzarla se sentirán en conjunto y simultáneamente por toda la población: debido a la enorme y vieja mora del gobierno del FMLN, las empresas guatemaltecas que exportan energía a El Salvador han decidido ya no venderle electricidad al país. Este es el comienzo de un proceso de descalabro de la oferta de electricidad que si no es prontamente corregido llevará a escasez de electricidad, mayores costos, racionamientos y un colapso en la producción del país. El costo de una escasez de electricidad no solo es el foco que no se encendió o la comida que se pudrió en la refrigeradora sino también el tiempo perdido en la operación de maquinaria y las consecuentes pérdidas en salarios y producción.

El FMLN toma estos problemas con la misma falta de interés que ha mostrado en todas sus tareas de gobierno. En realidad, llegar a escaseces y racionamiento no es una novedad para los gobiernos marxistas. En Cuba todo es racionado y en Venezuela ya casi todo, lo cual es muy bienvenido para los partidos hermanos del FMLN en esos países. El racionamiento les presenta la oportunidad de darles electricidad a unos sí y a otros no, haciendo que la gente vaya dependiendo más de estar bien con los del gobierno y el partido para sobrevivir. Les ayuda a apretar la soga en el cuello de la población.

El racionamiento, obviamente, tendría un costo político para el FMLN pero, seguramente, si llegamos a los apagones, el gobierno primero le restará importancia al hecho (diciendo, por ejemplo, que en muchos lados hay apagones) y, segundo, le echará la culpa a ARENA por no aprobarle más endeudamiento en la Asamblea.

El gobierno confía en que le puede echar la culpa de su pésimo gobierno a ARENA porque ésta, ocupada en visitar y revisitar sus sedes locales para asegurarse y reasegurarse de la lealtad de sus funcionarios internos para las siguientes elecciones internas, nunca tiene tiempo ni interés para decir nada y menos para protestar firmemente. Como resultado, mientras peor es el gobierno del FMLN, más cae la popularidad no sólo del FMLN sino también de ARENA. Y hay menos protección contra los abusos del FMLN.

Mucha gente no lo realiza, pero por este camino iremos, poco a poco, cayendo en la desgracia de Venezuela.

De chips a estancamiento. De Manuel Hinds

manuel hindsManuel Hinds, 10 febrero 2017 / EDH

El último informe sobre El Salvador de la administración del Banco Mundial a su Junta de Directores tiene en la portada una fotografía de un chip de computadora manufacturado en los años setenta por la empresa Texas Instruments. El chip dice “Made in El Salvador”, Hecho en El Salvador. El objetivo de mostrar esta fotografía en la portada es mostrar lo que El Salvador era capaz de hacer hace casi cincuenta años, algo que muy pocos países en desarrollo podían hacer en esos años: tener una industria que no dependía de productos primarios sino de puro conocimiento y que, al contrario de lo que en esa época era común en el Tercer Mundo, añadía un alto valor agregado tanto en términos de los salarios de los obreros que trabajaban en la manufactura misma de los chips como de los de los ingenieros salvadoreños que los dirigían, entrenados en las técnicas más modernas de su tiempo.

diario hoyLos representantes de la empresa manifestaron muy frecuentemente su satisfacción con la calidad del trabajo de profesionales y obreros, y planearon convertir a El Salvador en una de sus sucursales principales en países en desarrollo. Dentro de esos planes estaban el ayudar a las universidades para que pudieran elevar el nivel de las ingenierías electrónicas, de sistemas, y de producción para que el país pudiera absorber niveles mayores de producción y la instalación de otras empresas que proveían materiales para Texas Instruments o que usaban sus productos en sus propia producción.

El Salvador era en ese tiempo la envidia de muchos países en desarrollo. Desgraciadamente, movimientos que luego formarían el FMLN comenzó su campaña de secuestros, atentados y acciones para desestabilizar al país, y Texas Instruments fue una de las víctimas de ella. Resistió por un tiempo pero al final los costos que estas campañas del FMLN le causaban, en términos humanos y monetarios, superaron las ventajas que la alta calidad y el buen desempeño de los salvadoreños les daban. Decidieron irse, y se llevaron a varios ingenieros salvadoreños porque los consideraban excelentes.

La enorme magnitud de lo que El Salvador perdió puede medirse por lo que ganaron los países adonde Texas Instruments y sus asociadas se fueron. El mayor beneficiado fue Singapur, que en ese momento era un país que apenas comenzaba su vida independiente y cuya población tenía ingresos menores que los de El Salvador. La pobreza era enorme en ese país, el esfuerzo por mejorar la educación y la salud apenas estaban comenzando. Texas Instruments se movió a un país bastante más pobre que El Salvador, menos desarrollado.

Pero en vez de alejarlos, en vez de volverlos víctimas de atentados, Singapur acogió a Texas Instruments y a otras empresas asociadas que fueron muy importantes en el desarrollo del país. Estas empresas convirtieron a Singapur en un foco de desarrollo tecnológico, algo que El Salvador perfectamente podría haber hecho si no hubiera sido por las campañas de odio que levantó el FMLN. Ahora Singapur es uno de los países más ricos del mundo, basado en atraer empresas de alta tecnología como la Texas Instruments.

Es bien triste no solo que esto haya pasado sino también que se haya olvidado tan completamente, y que no se haya extraído ninguna lección de lo que fue una tragedia. Desde 1970 hasta ahora el FMLN ha inyectado odio y sembrado división, y en su afán de escalar el poder total ha logrado paralizar al país en una economía de bajo valor agregado, mientras Singapur y otros países han logrado desarrollarse en el mismo tiempo que ha pasado desde que el FMLN logró expulsar a Texas Instruments y las posibilidades de movernos a una industria de algo valor agregado. Aquí está el FMLN, ahora en el poder, alentando al pueblo salvadoreño a que se peleen por las migajas de lo que es ahora el país, cuando, sin sus inyecciones de odio, el país pudiera ser el Singapur de Latinoamérica.

Por supuesto, nunca lograremos cambiar al FMLN, que lo que quiere es el poder total, económico y político, para sus líderes. Pero sí podemos dejar de votar por ellos para que no sigan destruyendo a El Salvador.