Manuel Hinds

La hora de la verdad para ARENA. De Manuel Hinds

Esta columna urgente saldrá hasta mañana lunes en El Diario de Hoy. Pero por la urgencia de que los dirigentes y diputados de ARENA lo lean hoy, antes de la plenaria para elegir a magistrados de la Corte Suprema, fue publicada on-line un día antes.

Hoy en la elección de magistrados está en juego la credibilidad de ARENA y su candidato. No se pueden equivocar. No pueden aceptar magistrados malos como ficha de una alianza electoral. Tienen que vetar al jefe de Probidad y a la Procuradora. Tienen que insistir en la elección de magistrados independientes, honrados y capaces. 

Paolo Luers

15 julio 2018 / El Diario de Hoy

¿Hacia donde va El Salvador?

Hay pocas veces en las que una acción marca la diferencia en la contestación a esta pregunta, y hoy estamos en uno de ellas. Hay pocas veces también en las que las acciones de un solo actor son determinantes. Hoy también estamos en una de ellas. La decisión es la del nombramiento de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, cuatro de los cuales serán de la Sala de lo Constitucional. El actor decisivo es ARENA. Ningún magistrado puede ser electo sin los votos de ARENA. En esta decisión ARENA se está jugando la suerte del país, y la suya propia. Puede tener o un gran triunfo o un gran fracaso. Puede demostrar que su cambio es auténtico o que ha colapsado ante las presiones políticas. Nada en medio.

Es la decisión más importante de estos años, mucho más importante que la elección presidencial de 2019, porque, como se ha demostrado en los últimos años, el país puede aguantar pésimos gobiernos con muchos enemigos de la democracia y el imperio de la ley, siempre que tengamos una Corte Suprema y una Sala de lo Constitucional que haga respetar la ley y los derechos fundamentales del ciudadano. Eso, sin embargo, no es posible si tenemos un gran presidente pero una Corte que es corrupta o incompetente o dedicada a subvertir el orden constitucional.

Mucha gente interpreta esto en términos de inclinaciones hacia la derecha y hacia la izquierda. Eso es un error. La clave está en términos de la integridad personal de los magistrados electos, y de su dedicación a respetar la constitución y los derechos que da a los ciudadanos. Hay personas que llenan estos requisitos, y otras que no los llenan, en la izquierda y en la derecha.

En los últimos años los medios de comunicación han estado llenos de las tragedias de Venezuela, primero, y desde hace un año, de Venezuela y Nicaragua, dos países que han entrado en una barrena de corrupción y violencia y muerte contra sus ciudadanos. En este momento decisivo del país debemos reflexionar en el vínculo que une la elección de los magistrados con la sangrienta represión que hay en esos países. Lo que está pasando allá pasó primero por la corrupción de sus cortes supremas de justicia, que luego se dedicaron a facilitar la toma del poder por parte de los tiranos que ahora reprimen a sus pueblos, y a justificar jurídicamente todo lo que hicieran—desde hacer trampa en las elecciones, hasta perseguir a los defensores de la democracia, hasta asesinar impunemente a los ciudadanos. Los medios que ocuparon estos tiranos para dominar la Corte no fueron ideologías sino los medios oscuros de la corrupción.

Lo que salga de esta elección pesará sobre los que hayan tomado la decisión por toda la historia del país—para bien o para mal. Y el peso será más grande sobre los hombros de ARENA y de los que dentro de ella la tomen. No habrá excusa que valga.

El daño de que se tomen decisiones equivocadas sería enorme, difícil de revertir. Después de mucho trabajo ARENA está logrando credibilidad en su lucha por renovarse y dejar atrás muchas cosas que decepcionaron a la población. Todo esto, incluyendo las posibilidades de ganar las elecciones de 2019, se irían al trasto si ARENA da sus votos para una Corte que se va a mover no para respetar los derechos de los ciudadanos sino para asegurar intereses oscuros. Mostraría que el poder real lo tiene el pasado, no el futuro.

No hay ninguna, ninguna razón que justifique desproteger a los ciudadanos.

Si, por el contrario, ARENA se asegura que la Corte sea una de lujo, que puede serlo, habrá demostrado que su renovación es real y que promete llevar al país a un futuro mucho mejor que su pasado—el rumbo hacia la democracia, el respeto a los derechos individuales y el desarrollo. Que el poder está con el futuro, no con el pasado.

Quiera Dios que ARENA esté a la altura de su compromiso histórico.

 

Lea también:
Carta a los que eligen magistrados: Aquí la lista de los buenos.
De Paolo Luers

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La tragedia de América Latina. De Manuel Hinds

13 julio 2018 / El Diario de Hoy

En 1950 los salarios que latinos viviendo en Estados Unidos ganaban representaban en promedio el 85 % de los que ganaban los no latinos. En 2017 representan solo el 66 %. Al mismo tiempo, la participación de los latinos en la fuerza laboral norteamericana ha subido del 2 al 14 %. Es decir, mientras que la cantidad de latinos en ese país se ha multiplicado por siete, los salarios que ganan como porcentaje de lo que ganan los no latinos se han disminuido en un 23 %.

El Banco de la Reserva Federal de San Luis, Missouri, ha publicado un estudio analizando las razones de las diferencias en salarios, que sus conclusiones las reducen a una sola: la diferencia en logros educacionales y de formación de habilidades. Los logros de los no latinos en estas dimensiones no solo eran más bajos que los de los no latinos en 1950 sino que también han aumentado mucho menos rápidamente de entonces para acá. Los latinos, entonces, han ido recogiendo los trabajos que requieren menos habilidades y que por supuesto pagan menos. Representando el 16 % de todos los trabajadores de Estados Unidos, representan el 25 % de los trabajadores sin capacitación y de los trabajadores agrarios. La gente que tiene solo educación primaria o menos es el 16 % de los latinos, solo el 4 % de los no latinos. En el otro extremo de la distribución, los latinos representan solo el 8 % de los trabajos profesionales y técnicos, y apenas un 10 % de los gerentes, oficiales y propietarios.

El descenso en los salarios como porcentaje de los salarios de los no latinos se debe a la suma de dos tendencias: una, a que la población latina en Estados Unidos se educa menos que lo que se educan los demás, y, dos, a que los inmigrantes que han aumentado la población latina (muchos de los cuales son salvadoreños) son de una educación muy baja en relación con la de la población no latina.

Estas dos tendencias apuntan a la misma conclusión: sea que los latinos crezcan en Estados Unidos, o que crezcan en América Latina y se vayan luego para allá, siempre tienden a tener un nivel educativo mucho más bajo que el de los no latinos. Y eso hace que ganen mucho menos que los no latinos en Estados Unidos, allá o aquí.

Es bien sabido que la comparación da resultados opuestos a estos cuando se hace con inmigrantes asiáticos, especialmente chinos e indios, que en una generación saltan de la pobreza a la riqueza a través de mejorar radicalmente su educación. Los asiáticos tienen ahora rendimientos académicos e ingresos que superan los de los anglosajones. Cuando llegan a Estados Unidos, estos asiáticos pasan por penurias similares a las de los inmigrantes legales latinoamericanos. Pero salen adelante en una generación. El problema está en nosotros, los latinos, que acarreamos la pobreza con nosotros.

El problema que cause este acarreo es obviamente cultural: la cultura latinoamericana no reconoce la educación como algo útil y que valga la pena. Criados en la tradición de la colonia española, que veía la riqueza en términos de minerales y de productos de la tierra, no del conocimiento y las habilidades, los latinos nunca hemos desarrollado el respeto al conocimiento que tienen todos los pueblos avanzados. Ni siquiera nos hemos dado cuenta de que toda riqueza proviene en el último extremo del conocimiento. Por eso nunca hemos logrado desarrollarnos.

Esa es la tragedia de la América Latina. La tragedia de El Salvador es peor, porque todo indica que los que se van a Estados Unidos para bajar el promedio de educación allá, tienden a ser los más aventajados aquí.

Esta cultura de la ignorancia debe cambiarse aquí para que la educación pueda florecer y para que esto nos lleve al desarrollo. La idea de que primero debemos subir la producción y luego pensar en la educación y la salud del pueblo ignora, contra toda la evidencia de la historia y de la economía mundial actual, que no se puede subir la producción sustancialmente si no se mejora la educación, la salud, la cultura de la población. Los problemas de la producción y de la calidad del capital humano no se pueden separar. Son una misma cosa. Tenemos que entender esto, y si no queremos hacerlo, debemos acostumbrarnos a ser pobres.

Los magistrados, los derechos ciudadanos y el Mundial. De Manuel Hinds

ARENA debe tener un proceso interno muy serio, mucho más serio que el que está haciendo la Asamblea, para escoger a los que puede apoyar, y negociar sobre esa base, de una manera transparente, sin mezclar esta elección con otros temas en los que se puedan feriar la Sala de lo Constitucional por el bíblico plato de lentejas.

29 junio 2018 / El Diario de Hoy

La Asamblea Nacional está a punto de tomar una de las decisiones más cruciales que puede tomar: la elección de cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional. La importancia de estos cargos en la vida nacional y en la sobrevivencia de la democracia en el país es crucial.

La rama judicial tiene tres características que las convierten en la rama más especial del gobierno. Diferente de las ramas ejecutiva y legislativa, que por naturaleza son políticas y deben serlo, la rama judicial debe ser apolítica. Sus objetivos son establecer y mantener el imperio de la ley y la justicia, para lo cual deben mantenerse al margen de las presiones y consideraciones políticas, particularmente porque la defensa del ciudadano contra los abusos del poder político ocupa un lugar muy importante en las tareas de los magistrados.

Así, mientras que las ramas ejecutiva y legislativa fueron creadas para poner en funcionamiento la democracia, de tal forma que los deseos del pueblo se conviertan en políticas, la rama judicial establece un marco para el funcionamiento de esa democracia. Este marco existe en un reino diferente, el de los principios. Defiende derechos que no pueden ser violados por nadie, ni por gobiernos electos por unanimidad. Estos derechos son los que le dan la dignidad al ciudadano.

La rama judicial tiene otra característica única: para ser juez o magistrado se requiere excelencia en una profesión específica, el derecho, y en especialidades en las que no todos, ni siquiera la mayoría de los abogados, son expertos. Esto es así porque los jueces y magistrados tienen que emitir sentencias sobre casos en los que se oponen derechos de diversos individuos en diferentes dimensiones. Los magistrados tienen que ser capaces de sopesar todos estos derechos y encontrar la solución que se aproxime más a la justicia. Para esto tienen que tener conocimientos especializados muy profundos, y un entrenamiento más profundo todavía en el pensamiento crítico e integrador. Y, por supuesto, tienen que tener integridad moral, para que sus sentencias respondan a los principios de la ley y la justicia, no a tráficos de influencias, o a mandatos políticos, o a dineros escondidos.

Los constituyentes estaban tan conscientes del conocimiento y la integridad que tienen que tener estos magistrados que los hizo sujetos de elecciones secundarias, en las que se supone que los representantes del pueblo discutirán larga y juiciosamente para decidir a quiénes elegir.

Las instituciones gubernamentales tienen dos componentes: los documentos que las establecen y las personas que las vuelven realidad. De estos componentes, la Constitución está muy bien. Prestó mucha atención a asegurar, tanto como fuera posible en un documento, la elección de personas adecuadas para los altos llamados de las magistraturas. Desgraciadamente, no podemos decir lo mismo de los diputados mismos ni de sus diputados líderes, que, teniendo este y otros temas importantes en juego, han permitido que algunos de ellos tengan el tupé de irse a Rusia a ver los partidos del Mundial, alegando que desde mucho antes (incluso desde la niñez) habían planeado estos viajes con gran ilusión. Eso demuestra que no entienden la importancia de los cargos que detentan ni las responsabilidades que tienen con el pueblo. Ellos sí muestran mucho interés en las elecciones de los puestos internos en la Asamblea, que son más que nada posiciones para llenarse el ego. Se interesan tanto que es difícil que se hubieran ido a Rusia si lo que se estuviera eligiendo fueran esos puestos en la Asamblea. Ese interés, sin embargo, no se traduce en interés por cumplir con las tareas que el pueblo les confió.

ARENA no puede abandonar en ellos la capacidad de negociar quiénes son los candidatos a magistrados que el partido va a apoyar. El hecho de que hayan preferido irse a un partido en Moscú en vez de trabajar seriamente en el proceso de la elección ha mostrado que son capaces de ceder puestos en la Sala por un plato de lentejas en Rusia.

ARENA debe tener un proceso interno muy serio, mucho más serio que el que está haciendo la Asamblea, para escoger a los que puede apoyar, y negociar sobre esa base, de una manera transparente, sin mezclar esta elección con otros temas en los que se puedan feriar la Sala de lo Constitucional por el bíblico plato de lentejas.

Las verdaderas coaliciones. De Manuel Hinds

En vez de formar coaliciones entre partidos, los partidos que quieran aumentar sus votos deberían de buscar formar coaliciones de ciudadanos que los apoyen, incluyendo a los que han ido dejando de votar.

22 junio 2018 / El Diario de Hoy

Prácticamente todos los partidos políticos se han declarado abiertos a la posibilidad de crear coaliciones con otros partidos para las elecciones presidenciales de 2019. Aunque puede haber otras motivaciones para hacerlo, la idea detrás de esas coaliciones sería aumentar el caudal de votos en dichas elecciones.

En el caso de El Salvador llama la atención que los partidos políticos estén tratando de unirse para aumentar sus votos cuando el problema principal de ellos no es que se estén quitando votos entre ellos mismos sino que la población les ha estado quitando votos a todos juntos. Es decir, en nuestro caso, los partidos crearían coaliciones para sumar sus participaciones de un total de votos que se está encogiendo. En vez de formar coaliciones entre partidos, los partidos que quieran aumentar sus votos deberían de buscar formar coaliciones de ciudadanos que los apoyen, incluyendo a los que han ido dejando de votar. Ese es el lago donde hay más pescados, y donde el número de pescados está creciendo más rápidamente.

Pero, ¿por qué no hacer las dos cosas si en el peor de los casos lo que podría pasar es que la coalición no sume los votos? La respuesta es que, en nuestro caso, las coaliciones pueden resultar en menos votos que los que un partido solo podría ganar. Es decir, si el primer partido tiene 100 votantes y el segundo 25, puede suceder que su coalición gane solo 75, con lo que el partido mayor habría perdido un porcentaje alto de votos. ¿Cómo puede pasar esto, y a quiénes les puede pasar?

En el caso de El Salvador puede pasar porque los votantes se han ido decepcionando de los partidos políticos y dejando de votar por cualquiera de ellos porque los consideran corruptos, ineficientes o anticuados, motivados no por la mejoría de sus votantes sino por la mejoría de los miembros de sus cúpulas de poder. Toda acción que haga que más gente piense que esto es así, logra que se decepcionen más votantes y dejen de votar. Una de estas acciones puede darse cuando un partido político hace una coalición con un partido que la población considera que es más corrupto o ineficiente, y que pertenece a la vieja manera de hacer política. En estos casos, las coaliciones pueden reducir el número total de votantes de los partidos que tienen mejor prestigio sin aumentar el número de votos de los asociados en sus coaliciones.

Es decir, los partidos que tienen mejor prestigio, o los que lo están aumentando, son las potenciales víctimas de esta reducción de votos por decepción. En los momentos actuales, esto identifica claramente a ARENA, que, con mucho esfuerzo, ha ido institucionalizándose y ha ido mejorando muy sustancialmente en términos de candidatos y de procedimientos. Los avances de ARENA han sido muy superiores a los que han logrado otros partidos, que se han quedado en el estilo de política que ha ido decepcionando a muchos votantes. Eso le está dando ventaja a ARENA para atraer de regreso a muchos de los que se han ido yendo al campo de los que no votan.

En este momento, hacer coaliciones con esos partidos niega las reformas que han llevado a ARENA adonde está ahora, y niega la ventaja que eso le pueda dar para atraer a sus viejos partidarios ahora decepcionados. Pero aun, puede decepcionar a muchos que se han quedado y que ven las reformas con creciente esperanza. Este efecto puede ser muy grave especialmente porque ARENA está todavía luchando internamente para ir profundizando su reforma. Si está teniendo problemas con la eliminación de las herencias de su propio pasado, ¿cómo puede insertar en su propio terreno herencias peores de partidos en donde esas herencias todavía son la corriente principal de su presente?

ARENA está trabajando en coaligar sectores de la población que, sin pertenecer al partido, están de acuerdo con su evolución hacia un partido moderno, con visión al futuro. Estas son las coaliciones que ARENA necesita, las que le pueden traer votos, ideas y personas que pueden ayudar a hacer mejor a nuestro país. Las otras coaliciones hay que verlas con un lente doble: los votos que pueden traer, y los votos que pueden hacer perder.

Los sistemas y la corrupción. De Manuel Hinds

La corrupción y la ineficiencia se resuelven apoyando acciones como la de la Fiscalía en el caso de Funes, y participando en la política para asegurarse de que las personas que manejan las instituciones representativas tengan la calidad humana y moral necesarias para manejarlas bien. Lo que no debe hacerse es caer en la tentación de darle el poder a personas que atacan la institucionalidad democrática…

15 junio 2018 / El Diario de Hoy

El caso que la Fiscalía ha iniciado contra el ex- presidente Mauricio Funes ha generado dos tipos de interpretaciones. Una sostiene que el caso prueba que las instituciones democráticas no funcionan y por lo tanto deben ser sustituidas por algún régimen diferente. La otra sostiene que, por el contrario, el caso prueba que las instituciones están funcionando porque se están abriendo posibilidades de obtener justicia que antes no existían. La segunda es, sin duda, la única realista porque está basada en una concepción sensata de lo que son los sistemas, y también, por eso mismo es la única conducente al progreso.

La visión de los sistemas políticos que fundamenta la primera interpretación asume que estos son automáticos —es decir, que para considerarse exitosos tienen que funcionar sin defectos aunque la gente elija para que los manejen personas incompetentes o inmorales o tiránicas. Esta manera de ver los sistemas es equivalente a pensar que, si un carro choca todos los carros no sirven, o que si la Selecta pierde consistentemente las reglas del fútbol no están funcionando, o que el fútbol mismo ha demostrado ser un mal deporte.

Los sistemas proveen un marco para la política, pero el resultado de dicha política depende no solo de ese marco sino también, y crucialmente, de las personas que la población escoja para manejar el sistema. Los sistemas, si hablaran, dirían lo que el juez John Roberts, presidente de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, dijo hace poco hablando de las limitaciones naturales que tiene la Corte misma: “No es nuestro trabajo proteger a la gente de las consecuencias de sus decisiones políticas”. El sistema no puede hacer que políticos malos electos a la Asamblea Nacional pasen buenas leyes, o que los electos a la presidencia hagan decisiones sabias aun si son ignorantes, o que se comporten honestamente si son deshonestos.

Esto nos lleva a la otra desventaja de la primera interpretación de lo que ha evidenciado el caso de Funes. El creer que las instituciones democráticas han fallado solo porque hay dificultades tontamente abre las puertas para las tiranías.

La política es el arte de tomar decisiones que afectan a una comunidad. Hay solo dos maneras en las que estas decisiones pueden tomarse. Una es que las tome una persona o un grupo que no tiene que responder por ellas a los que cargan con las consecuencias de dichas decisiones. La otra es que los que tomen las decisiones tengan que responder ante el pueblo, de tal forma que en el último análisis es el pueblo el que toma las decisiones.

Por supuesto, para que esto funcione así son necesarias instituciones, que establecen procedimientos para que las decisiones del pueblo se traduzcan en las decisiones de sus representantes. Por supuesto, si la gente toma decisiones tontas, éstas se filtrarán a los resultados del gobierno, aun si las instituciones funcionan bien. Pero los resultados serán mucho peores si, como resultado de esto, el pueblo desmonta las instituciones que lo ligan con el gobierno —que eso es lo que en el fondo quieren hacer los que piensan que el sistema es un fracaso y debe ser sustituido por otro. La alternativa al sistema en el que el gobierno tiene instituciones que lo ligan al pueblo es uno en el que dicha conexión no existe. Ese otro sistema es una tiranía que además de quitar la libertad al pueblo seria ilimitadamente corrupta.

La corrupción y la ineficiencia se resuelven apoyando acciones como la de la Fiscalía en el caso de Funes, y participando en la política para asegurarse de que las personas que manejan las instituciones representativas tengan la calidad humana y moral necesarias para manejarlas bien. Lo que no debe hacerse es caer en la tentación de darle el poder a personas que atacan la institucionalidad democrática del gobierno con el fin de desmontarla para poder ejercer un poder tiránico sobre el estado. Lo que el pueblo debe entender es que el que quiere demoler las instituciones democráticas lo que busca es destruir toda la capacidad que tiene el pueblo de controlar su eficiencia y honradez. Lo que quiere es que le abran la puerta para imponer una tiranía corrupta.

La politización de la religión. De Manuel Hinds

8 junio 2018 / El Diario de Hoy

El problema fundamental de El Salvador es el divisionismo que ha caracterizado a su sociedad desde hace varias décadas. Hay muchos problemas que han surgido por otras razones pero no hay ninguno que pueda resolverse sin antes resolver éste.

La solución del divisionismo no está en eliminar la diversidad de opiniones y estilos de vida. No es forzar a todo el mundo a que piense igual, sino en lograr la unidad en la diversidad.

Pareciera que ARENA ha entendido esto y está basando en gran parte su campaña presidencial en buscar la armonía social para facilitar la solución de los graves problemas que afectan a la nación. Pero ARENA tiene no solo que hablar de esto sino también actuar en consecuencia. Además de cerrar fuentes de conflictos, debe evitar abrir nuevos temas que se presten a ellos.

Y esto es lo que hizo hace unas semanas cuando llevó una imagen de la Virgen María a la Asamblea y realizó un acto un acto religioso en el que comulgaron varios. Este acto fue una violación de la Constitución Política, un abuso de la autoridad del partido en la Asamblea y una politización de las creencias religiosas.

La Constitución no menciona la palabra laico pero establece un marco en el que claramente prohíbe la unión de la religión con la política. En el artículo 82 dice: “Los ministros de cualquier culto religioso, los miembros en servicio activo de la Fuerza Armada y los miembros de la Policía Nacional Civil no podrán pertenecer a partidos políticos ni optar a cargos de elección popular. Tampoco podrán realizar propaganda política en ninguna forma”.

El Estado prohíbe la unión de la religión y la política por muy buenas razones. Primero, porque logra la unidad en la diversidad en un país democrático en el que existen las libertades de culto y de pensamiento. Por muchos siglos la mezcla de estas dos dimensiones de la vida humana resultó en enormes divisiones sociales y políticas que llevaron a grandes tragedias en todos los continentes. Estas tragedias se terminaron en el Occidente solo hasta que se introdujo el concepto del Estado laico. De esta forma, la laicidad se convirtió en un instrumento de paz. Segundo, porque la política y la religión apelan a distintas motivaciones del ser humano, la primera, a la razón, y la segunda, a la fe. La unidad de la razón es esencial para el funcionamiento del estado democrático y ha sido lograda en incontables oportunidades en la historia, incluyendo la del momento mismo en el que se emitió la Constitución. La unidad de la fe no puede obtenerse nunca y ni siquiera se necesita para tener un estado funcional. El Estado puede funcionar perfectamente aun si todos los ciudadanos tienen una fe distinta, siempre y cuando el Estado sea laico. Tercero, la historia ha demostrado, y sigue demostrando en los estados teocráticos del Medio Oriente y en los movimientos terroristas en la misma región, que cuando se mezclan la religión y la política existe el peligro de que los ministros religiosos ejerzan su autoridad religiosa para lograr objetivos que no tienen nada que ver con el espíritu sino solo con intereses políticos.

El uso de la religión para obtener votos es condenado también por las religiones. No puede negarse que el llevar a la imagen de la Virgen y realizar ceremonias religiosas genera un simbolismo, el de que el o los que lo hacen son muy buenas personas porque tienen fe y son religiosos. Constituye el pecado de usar el nombre de Dios en vano, el vicio de la ostentación de la fe. Es el pecado de los fariseos. Los diputados deben verse buenos y ganar votos porque hacen buenas cosas en la Asamblea, no porque comulgan en ella.

Dirán algunos que por la misma libertad de culto la fracción de ARENA tenía el derecho de llevar la imagen de la Virgen y llevar a cabo un servicio religioso católico en el local de la Asamblea. Pero es que los derechos de unos terminan cuando infringen los derechos de otros. Esto ofendería a los evangélicos, los musulmanes, los paganos, los ateos y a muchos cristianos a los que no les gusta el ejercicio de la prepotencia religiosa.

Nicaragua: el costo escondido. De Manuel Hinds

18 mayo 2018 / El Diario de Hoy

Por muchos años varios sectores de El Salvador en la mal llamada derecha (los que creen que el triunfo de la derecha es que las empresas hagan muchas utilidades) han considerado a Nicaragua como el gran ejemplo para el desarrollo de este país, la solución perfecta para los desequilibrios políticos y económicos característicos de la América Latina: dejar todo el poder político en las manos de un gobernante que al mismo tiempo, al estilo del viejo Somoza, deje al sector privado hacer lo que quiera en la economía contra una servidumbre entregada al líder político. También, varios sectores en la mal llamada izquierda (la que cree que el triunfo de la izquierda está en que individuos que se dicen de izquierda y apoyan servilmente Venezuela y a Cuba se mantengan en el poder) también la han visto como un modelo a seguir, ya que los “compas” de la Revolución Sandinista se han enquistado en el gobierno y en la empresa privada y se han enriquecido tanto y más que los secuaces de los Somoza.

Mucha gente que no pertenece a estos grupos también han pensado en algún momento en que este sería un buen modelo, ya que, por un costo en pérdida de libertad, otros derechos individuales y una cierta cantidad económica para mantener a los que regentean el régimen, se ha logrado una alta inversión extranjera y la armonía social.

Los eventos de las últimas semanas han dado un baño de realidad a los que así pensaban. El pueblo que supuestamente estaba lleno de armonía ha mostrado que bajo la aparente tranquilidad y satisfacción del pueblo nicaragüense hay un terrible descontento, y que la aparentemente bondadosa tiranía es en realidad capaz de ser mortífera y profundamente destructiva. De una manera que nosotros no podemos ni siquiera entender, Nicaragua sigue siendo la hacienda de un tirano, igual que lo fue en la época de los Somoza que comenzó en 1937 y duró hasta 1979, cuando los sandinistas lo derrocaron pretendiendo dar final a las dictaduras en su país. En los años subsiguientes, una sección de los sandinistas, y en especial Daniel Ortega y su mujer Rosario, tomaron control del gobierno y, con un intermedio en los años Noventa, se apoderaron del país y volvieron a tornarlo en una hacienda comandada por unos propietarios con la ayuda de unos mandadores. Es una historia muy triste para un país.

Los que hablaban maravillas de esa hacienda Nicaragua se olvidaron de mencionar, o quizás nunca lo supieron, que durante todos estos años, ya casi 40 desde que Somoza cayó, Nicaragua siguió siendo terriblemente pobre, con un ingreso por persona que es apenas el 64% del de El Salvador, con una clase media mucho más pequeña que la de nuestro país y con cero desarrollo institucional. ¿Para qué querían instituciones, si estaban felices con la tiranía de Daniel y Rosario?

Los tristes acontecimientos de Nicaragua ponen el foco sobre lo que es el progreso de una sociedad, y sobre lo que es la resistencia al cambio. Los acontecimientos trágicos de las últimas semanas muestran que dejar en manos de un tirano el poder total del país por la promesa de que este no convertirá el país en comunista es en realidad un pacto con el diablo que, como en todos los mitos que narran estos pactos, tiene un costo terrible que se manifiesta solo en el futuro y de una manera altamente destructiva.

Como decía Lord Acton, el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Ya muchas personas habían comprendido el sentido de estas palabras antes de los acontecimientos de los últimos días —cuando, por alguna razón, sus derechos se convirtieron en obstáculos para los tiranos y sus mandadores, como cuando a estos les gustaron las hijas de los ciudadanos, o cuando estos pidieron participación en sus negocios, o cuando dijeron algo que ofendió a los dioses del Olimpo Sandinista. Ahora el pueblo buscó manifestar sus descontentos, y esos dioses respondieron con metralla y violencia irrestricta.

La culpa de todo esto no lo tienen los Ortega por haber sido tiranos, sino los nicaragüenses por haberlo permitido, sometiéndose a ellos servilmente. Hoy están comenzando a pagar el costo de haberlo hecho.