Crecimiento

¿Lo mismo de siempre? De Manuel Hinds

2 abril 2019 / El Diario de Hoy

El Salvador ha pagado un precio enorme por los conflictos que llenaron su historia en los últimos cincuenta años, desde los secuestros que comenzaron en los setentas, que destruyeron la rápida expansión industrial que incluía los desarrollos iniciales de la industria electrónica, la primera de Centro América, hasta la guerra civil que dejó 80,000 muertos y causó enormes sufrimientos y una caída del ingreso por habitante de 25%, hasta la postguerra llena de incertidumbre que retardó el desarrollo del país por la amenaza continua que el FMLN planteaba contra las instituciones democráticas del país. La gráfica adjunta muestra el menor de los costos: el económico. La línea azul muestra el ingreso por habitante desde 1920 a 1979. La línea negra muestra lo que tendríamos si hubiéramos seguido creciendo a la tasa a la que veníamos haciéndolo en esos años.

La roja muestra lo que e ha sido la realidad de 1979 hasta ahora. El ingreso por habitante actual es apenas un poco más de la mitad de lo que sería si no hubiéramos tenido la caída de la guerra en 1979 y todo el periodo de odios y conflictos que siguió.

FUENTE: Maddison Historical Data https://www.rug.nl/ggdc/historicaldevelopment/maddison/ y DataBank del Banco Mundial.

La gráfica muestra solo parte del costo que las confrontaciones han tenido para el país. Además de reducir el ingreso por persona a prácticamente la mitad de lo que podría ser, hay que sumar el costo mismo de la guerra (el costo de los dos ejércitos) y las muertes y los sufrimientos. Solo viendo la gráfica todos deberíamos de entender que el conflicto y la violencia sólo pueden llevarnos a más pobreza y a más conflicto, en un círculo vicioso que es el que hemos vivido desde que la violencia se fue apoderando del país a fines de los años setentas.

Un cambio de gobierno es siempre una oportunidad para iniciar cambios que sean positivos y significativos para el desarrollo del país. En el discurso de aceptación de su triunfo electoral, el Presidente Electo dijo que, con ese triunfo, ganado con un partido diferente a ARENA y al FMLN, se cerraba el período de la postguerra que había sido caracterizado por los mismos conflictos que habían llevado a la guerra. ¿Qué más positivo y significativo podría suceder que terminar con ese período de odios y conflictos enconados que comenzó en los setentas y sigue todavía vigente 50 años después? Por supuesto, los conflictos tienen al menos dos partes y alguien tiene que tomar la iniciativa para terminarlos y hacer prevalecer la razón sobre los odios, las revanchas y las soberbias. Por la Constitución, que da al Presidente la responsabilidad de mantener la armonía social en el país, y por la responsabilidad misma del liderazgo, es al Presidente Electo al que le toca iniciar el proceso de reconciliación que es necesario para que el país entre a una etapa de progreso. Si no lo hace, el país seguirá con lo mismo de siempre en el sentido más fundamental de la expresión, porque lo mismo de siempre por 50 años ha sido el personalismo, la agresividad, el revanchismo, y el deseo no de aceptar que hay gente que tiene ideas distintas a los que detentan el poder y que si los hay, hay que aniquilarlos. Eso ha sido lo de siempre, y los resultados s e ven en la gráfica.

Si el Presidente Electo logra que las instituciones funcionen en medio de la diversidad de opiniones políticas que es natural en toda sociedad, pasará a la historia como la persona que terminó con la guerra que ha dividido y atrasado al país por 50 años. Si no, dejará esta tarea histórica para otro presidente futuro, con todo el costo que esto significa para el país. Su período habrá sido otro ejemplo de “lo mismo de siempre”.

Levantando el techo del crecimiento. De Manuel Hinds

28 diciembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

El Gobierno de Estados Unidos ha anunciado la asignación de más de $5,000 millones al Triángulo Norte para levantar de una manera permanente la capacidad de crecimiento de las tres economías, de tal manera que se desincentiven las migraciones ilegales a ese país. El efecto que esta enorme cantidad puede tener en el desarrollo de estos países puede terminar siendo totalmente nulo o totalmente exitoso, dependiendo de las prioridades que guíen su asignación. Dos elefantes blancos ahora pesando sobre la economía del país —el Puerto de La Unión y la carretera del Norte— proporcionan ejemplos tristes de cómo buenas intenciones de la cooperación externa pueden resultar en fracasos monumentales.

El Puerto costó más de $200 millones que en una parte hay que pagar al Gobierno de Japón mientras que en la otra parte ya se pagó en los costos de contrapartida que tuvo que poner el gobierno durante la construcción. Hasta el momento, el Puerto no ha generado un solo dólar para pagar estos costos. El gobierno salvadoreño está ahora tratando de venderlo o darlo en concesión a China en un trato que probablemente va a salir más caro que tenerlo sin uso, como ha estado ya por varios años. La carretera del Norte, que se esperaba contra toda esperanza que desencadenara el desarrollo del norte del país, no ha logrado nada de eso y se ha convertido en una carretera que nadie usa, pero que hay que mantener. Ningún posible emigrante ha sido detenido en su emigración por estos proyectos.

Con todo y que fueron fracasos, estos proyectos no han sido los más inútiles de los últimos años. Hay muchos proyectos que han fondeado el subsidio del consumo y no han dejado nada de beneficio a los que los recibieron. El costo de estos subsidios es gigantesco, excediendo los $2,000 en un período presidencial (equivalente a construir diez puertos de la Unión). Con esta cantidad podría cambiarse el destino del país. Sin embargo, este costo gigantesco no deja nada duradero a sus beneficiarios o al país y ni siquiera se sabe qué fue lo que subsidiaron, ya que el subsidio de un producto no necesariamente se traduce en mayor consumo de ese producto sino en liberar fondos que el beneficiario iba a usar para comprar dicho producto y permitirle así poder comprar otro, como ir al cine.

Estos fondos deberían asignarse a actividades que puedan aumentar permanentemente nuestra capacidad de desarrollarnos, levantando el techo que restringe nuestra tasa de crecimiento —y que lo dejen levantado de allí en adelante—. Esto solo puede lograrse invirtiendo en capital humano, cuyas deficiencias actuales son el obstáculo más grande para crecer en el mundo de la economía del conocimiento. Hay dos proyectos que pueden causar ese salto de calidad que nos permitiría acceder al desarrollo. El primero sería invertir en la generación que está naciendo ahora para que gocen de una salud y una educación consistente con la de un país en franco desarrollo. Este esfuerzo en crear una primera generación desarrollada es factible y nos llevaría en dos o tres décadas al desarrollo sostenible. Esta estrategia, sugerida por la oficina local de Unicef, sería similar a la seguida por los países nórdicos y los países más exitosos de Asia.

Este proyecto debería complementarse con un plan de inversión en la educación de adultos en instituciones de primer mundo para que nuestra población actual pueda integrarse a la economía del conocimiento. Esto no implica educar físicos especializados en cohetes, sino personas que puedan acceder al conocimiento para enriquecer la producción en todas las actividades corrientes en nuestro país— en la agricultura, la industria y los servicios. Como Edward C. Prescott, Premio Nobel de Economía, lo ha demostrado fehacientemente, las diferencias en la productividad del trabajo, que son el origen de las diferencias en la riqueza de las naciones, dependen del uso correcto de conocimiento libremente obtenible en nuestro mundo conectado. Con estos dos proyectos cubriríamos el corto y el largo plazo de una verdadera estrategia de desarrollo. Si logramos que nuestra población aprenda a usar el conocimiento en la producción entraremos al proceso del desarrollo, y la gente preferirá quedarse a vivir aquí en vez de irse a países desarrollados.

Administrando la pobreza y la escasez, sin creación de futuro: el enfoque público dominante. De Alberto Arene

Las dos noticias/realidades publicadas en la sección de economía de LA PRENSA GRÁFICA el martes recién pasado justifican e introducen el título de esta columna: “FMI: Avance en situación fiscal es insuficiente”/“El Salvador, entre los países con menos competitividad y talento”. En trabajos académicos y conferencias impartidas, en mi paso un par de años en el gobierno, en una centena de columnas escritas y en mi observación del enfoque y práctica de muchos funcionarios y políticos, he confirmado que el enfoque de administrar la pobreza y la escasez sin creación de futuro ha sido el dominante, condenando al país a la prolongación de la pobreza y a la irrelevancia.

17 mayo 2018 / La Prensa Gráfica

El primer artículo retoma el comunicado de prensa del FMI: “El crecimiento potencial (de la economía) sigue siendo más bajo de lo deseable, el nivel de deuda sigue siendo alto y se proyectan grandes brechas de financiamiento para 2019 y más allá. En este contexto, los directores (del FMI) enfatizaron la necesidad de una mayor consolidación fiscal, el fortalecimiento del sector financiero y la implementación de reformas estructurales de largo alcance para mejorar el entorno empresarial y apoyar el empleo formal”. El ministro de Hacienda, Nelson Fuentes, señaló que la revisión que ha hecho el FMI califica la deuda del país hasta 12 años: “Entre 2019 y 2024 está considerado que la deuda baje 10 puntos, es un esfuerzo bien grande para la próxima administración si quisieran adoptar estas medidas”. Ricardo Castaneda, del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI), comentó: “En los últimos años la reducción del déficit fiscal fue en buena medida por recorte de dos variables importantes: el gasto social y la inversión pública… los niveles del Ministerio de Educación para 2018 son los mismos que en 2013, y los niveles de gasto del Ministerio de Salud son los mismos que en 2014”.

El segundo artículo afirma que El Salvador ocupa la posición 100 de 119 países en el Índice Global de Competitividad del Talento que publica la Escuela de Negocios INSEAD, que mide cómo los países y las ciudades pueden atraer y retener el talento. Para medir se hace una división entre habilidades vocacionales, que son las capacidades que se adquieren con entrenamiento o experiencia, y su impacto se mide por qué tanto estas habilidades permiten a las personas encontrar un empleo. El Salvador tiene sus peores indicadores en las áreas de investigación y desarrollo, uso de la tecnología, relación entre pago y productividad, el mercado y el clima de negocios. En Centroamérica, Costa Rica es la mejor evaluada con el puesto 35, seguido por Panamá 45, Guatemala 84, Honduras 92, El Salvador 100, sin medir a Nicaragua.

En la última década el país se endeudó y deterioró considerablemente sus finanzas públicas, reduciendo al mismo tiempo la inversión privada, el crecimiento y las capacidades competitivas, aumentando las calificaciones de riesgo y deteriorando la confianza y el clima de negocios. Terminó con un ajuste desordenado que redujo el gasto y la inversión social, sin implementar un ajuste ordenado e integral, en un gobierno que se apartó considerablemente del Asocio para el Crecimiento dejado por el primer gobierno. Aunque desnaturalizado, el Asocio se “salvó” por presiones del sector privado, de la oposición y del mismo gobierno de Estados Unidos, con muchos retrasos, contradicciones y sinsabores a través de los años.

El partido y su gobierno nunca aceptaron y asumieron la prioridad de la inversión y el crecimiento, adversando los asocios públicos-privados, comenzando con la concesión del Puerto de La Unión y la ampliación del Aeropuerto Internacional. Ahora –y mañana– el país paga sus consecuencias, pero también su partido política y electoralmente…

Huérfanos de estrategia de crecimiento y desarrollo. De Roberto Rubio

Roberto Rubio, 9 abril 2018 / La Prensa Gráfica

A pesar de que la situación fiscal del país sigue siendo delicada, la reforma de pensiones, entre otros factores, ha dado un respiro, y los nubarrones de la crisis y el impago se han despejado por el momento. Es ocasión entonces de pensar más en una problemática que se había relegado en el debate nacional: la falta estructural de crecimiento de nuestra economía. En efecto, desde hace años la economía salvadoreña está atrapada en un crecimiento vegetativo que apenas ronda el 2 %. Como hemos dicho en otras ocasiones, se trata de una “economía pasmada”.

Mientras esa “pasmadencia” continúe, cualquier reforma fiscal no tendrá los frutos deseados, ni habrá suficientes inyecciones de inversión pública para reactivar la economía, ni lograremos buena calificación de riesgo para mejorar nuestro acceso al crédito internacional. Es fundamental dedicarle tiempo y energías para responder interrogantes como: ¿Por qué la economía no crece, y cuando crece no es sostenible? ¿Qué hacer para reactivar la economía y lograr una dinámica sólida y robusta? ¿Cómo hacer para que cuando la economía crezca se traduzca en procesos de desarrollo?

La ruta de las respuestas parte de la necesidad de contar con una estrategia de crecimiento y desarrollo, que permita animar la decaída economía, darle sostenibilidad, y mejorar la calidad de vida y bienestar de la población, especialmente de los más vulnerables y marginados. No es la intención acá analizar las causas de nuestro enclenque crecimiento y mal desarrollo. El espacio con que contamos acá tampoco lo permite. Pero podemos mencionar algunos “tips” al respecto.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que las causas del bajo crecimiento económico son estructurales, y residen en su esquema de funcionamiento: desarticulación sectorial, territorial y empresarial, consumismo, baja propensión a la inversión, inversiones de poco valor agregado, excesiva dependencia de remesas, inestabilidad política permanente, debilidades institucionales, etcétera.

En segundo lugar, la reactivación demanda acciones de corto plazo: reestructuración de deuda y acceso a créditos en mejores condiciones (Banca Multilateral) para lograr una inyección sustantiva de inversión pública (big push), acuerdos políticos básicos, mejora de tramitología y aduanas, ingeniería financiera/constitución de fondos para expansión de crédito para vivienda, etcétera.

En tercer lugar, a medio/largo plazo es esencial contar con una apuesta productiva estratégica, la cual sea el eje vertebrador de las actividades empresariales, sectoriales y territoriales. Una puesta que defina qué queremos ser en los próximos años. A manera de ejemplo: ser una plataforma logística y de valor agregado de talante mundial. Puede ser esta u otra, pero lo importante es contar con una apuesta basada en un análisis serio de nuestras potencialidades y oportunidades, de tal forma que permita darle rumbo económico al país.

Finalmente, es estratégico saber traducir el crecimiento económico en desarrollo, ya que ni el crecimiento ni los mercados por sí mismos generan desarrollo. Los beneficios del crecimiento tienen que enfocarse a disminuir la inequidad y mala distribución de la riqueza, dar acceso amplio y de calidad a los servicios públicos, priorizar el combate a la pobreza, manejar amigable y sostenidamente el medio ambiente, mejorar el transporte público, elevar la cobertura y calidad de la educación y la salud, impulsar cambios culturales y la investigación científica, asegurar la seguridad ciudadana, combatir la corrupción e impunidad, fortalecer la institucionalidad democrática, etcétera.

Un llamado al optimismo. De Carmen Aída Lazo

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 Carmen Aída Lazo, decana de Economía y Negocios de la ESEN

Carmen Aída Lazo, 13 noviembre 2016 / EDH-Expansión

Si usted, al igual que yo, ha asistido a foros y debates donde se discuten las causas del persistente bajo crecimiento económico del país, seguramente está familiarizado con los temas que salen a
colación.

Con el riesgo de ser excesivamente simplista, a continuación me permito resumir algunos de los elementos que más se suelen citar en dichas discusiones.

EDH logLos sospechosos de siempre del bajo crecimiento
• Se enfatiza que El Salvador ha venido creciendo en la última década a la mitad de la tasa promedio de la región centroamericana, pero que el bajo crecimiento es un fenómeno estructural, no limitado a los últimos años.

• Se suele mencionar a la baja tasa de inversión como una de las razones directas del bajo crecimiento. En el país se invierte cerca del 14 % del PIB cuando estudios indican que sería necesario que esta tasa fuese de al menos 20 %. Asociado a las bajas tasas de inversión, se señala que el país también adolece de bajas tasas de ahorro para financiar dicha inversión.

• Se destaca que el país está a la zaga en la atracción de inversión extranjera directa en la región.

• Se suelen citar otros rasgos del país que dificultan el crecimiento, particularmente: los altos niveles de inseguridad y violencia y sus efectos en el clima de negocios; el bajo nivel de capital humano, que dificulta el surgimiento de industrias más sofisticadas; los altos costos de hacer negocios en el país (incluyendo la tramitología); la ausencia de un conjunto de incentivos para el aumento de la productividad y la innovación; la polarización política y su impacto negativo en las decisiones de inversión; la fragilidad fiscal que se ha acentuado en los últimos años; el impacto de la entrada de remesas en una estructura productiva orientada al consumo.

Por lo general, cuando el ponente termina de presentar las causas del bajo crecimiento, queda una sensación en la audiencia que estos desafíos son demasiado complejos, demasiado estructurales, y que los márgenes de maniobra para lograr cambios en el rumbo de la economía son sumamente estrechos. Muchos de estos debates se convierten pues en catarsis colectivas con pocos elementos propositivos para pasar a la acción.

Comencemos por cambiar de actitud

Y esta actitud derrotista la podemos y debemos cambiar, y este puede ser un primer paso importante para recuperar el optimismo por un El Salvador más próspero. Ello sin obviar los importantes retos que enfrentamos.

Y para ello propongo que comencemos a incluir en el análisis no solo los obstáculos que enfrenta el país, sino también sus fortalezas. Y hay mucho de positivo que podemos destacar de El Salvador: nos hemos ido convirtiendo en un país con una institucionalidad democrática cada vez más sólida; somos reconocidos como gente laboriosa; contamos con un sistema financiero robusto; gozamos de una excelente ubicación geográfica; somos un país abierto al mundo; a pesar de nuestras diferencias, somos capaces de ponernos de acuerdo en temas clave de nación; en la posguerra, hemos tenido avances sustanciales en la reducción de la pobreza y el acceso de la población a servicios básicos; hemos mantenido un liderazgo importante en la región centroamericana en diferentes sectores; estamos gozando del bono demográfico y de una población joven más educada que las generaciones previas. Estos y otros son elementos que no debemos omitir a la hora de discutir las oportunidades reales que tenemos para finalmente dejar atrás los años de bajo crecimiento económico.

Si pasamos de la catarsis en las que hemos caído a un análisis más integral, estoy segura que pronto estaremos imaginando estrategias audaces y pragmáticas para dinamizar la economía.

Nunca subestimar la importancia de las expectativas

En su primer discurso inaugural, y cuando Estados Unidos estaba sumido en la Gran Depresión de los años 30s, el Presidente Franklin Delano Roosevelt dijo una frase que trascendió: “lo único que debemos temer es el temor mismo; ese terror anónimo, irracional, injustificado que paraliza los esfuerzos necesarios para pasar de la retirada al avance”. Esa frase es vigente para el caso de El Salvador: las expectativas y actitudes son clave para reactivar el crecimiento económico, pues en la medida que el pesimismo prevalezca, se desalienta la inversión y el gasto, lo cual termina confirmando las expectativas negativas.

El Salvador indudablemente enfrenta desafíos al crecimiento, pero la decisión individual de cada actor de qué actitud asumirá ante estos desafíos, puede marcar la diferencia. Y hay muy buenas razones para seguirle apostando al país.

Esta edición estará siendo leída por empresarios, analistas que inciden en el país. Mi interés era aprovechar esta oportunidad para hacer un llamado a recuperar el optimismo.

El Salvador ante el espejo. De Carolina Ávalos

El populismo es una metáfora de la miseria y una sombra de la democracia, que puede ser un peligro al surgir en contextos de democracias nacientes y frágiles, o cuando éstas no funcionan bien.  Cuando los grandes problemas del país se ignoran, y el paso por el gobierno se convierte en una plataforma ideal para crear ilusiones y esperanzas y no dar respuestas a los problemas reales de la población se deben encender las alarmas.

El Salvador, y la región, enfrentará dos años de desplome económico (caída precios de materias primas, lento crecimiento de las economías desarrolladas y menores flujos comerciales y de capital) según proyecciones del Banco Mundial. Sin embargo, esto no es nuevo para nuestro país, caracterizado históricamente por mantener los más bajos niveles de crecimiento promedio en Centroamérica. Esto nos debe apurar para retomar la agenda del crecimiento sostenible y erradicar la pobreza extrema.

diario hoyNo se puede hablar de política social, sin hablar de política económica, y no se puede hablar de éstas sin hablar de políticas ambientales valientes y reforma fiscal, es así de simple. Si cumplimos los caprichos de cada funcionario que llega al gobierno de turno, nos encontraremos con una situación como la actual, sin visión compartida de Desarrollo y Oportunidades… aquella que obviamos pactar, como si fuese un tema menor, en los “Acuerdos de Paz”.

El Informe Regional de Desarrollo Humano hace un llamado claro de afrontar la pobreza en sus múltiples dimensiones. ¿Pero qué significa esto, y cómo se aplicaría a El Salvador?

La adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible es un primer paso para que el país construya su propia ruta y trabaje con una visión de futuro. ¿De donde parte El Salvador? El Informe habla de los logros en materia de reducción de la pobreza y cómo hay que crear una serie de fortalezas y resilencias para que aquellos segmentos que ahora son vulnerables no vuelvan a caer en la pobreza ante las futuras crisis. El Informe muestra cómo únicamente el tres por ciento de nuestros conciudadanos han escapado de la pobreza debido a transferencias directas, comparado con 41 y 13 por ciento en Chile y Brasil, respectivamente. Otros estudios recientes señalan que la disminución de la pobreza en El Salvador se explica más por la migración y las remesas familiares que por políticas públicas exitosas.

La expulsión de salvadoreños y sus remesas no puede, ni debe ser la base de la política social y económica del país.

Los problemas de la pobreza multidimensional se resuelven, por un lado, con asegurar los derechos fundamentales de las personas, y por otro, generando las condiciones para ampliar las oportunidades económicas, culturales y políticas. Algo difícil en un país en donde la corrupción y las malas políticas desvían valiosos recursos que se esfuman como la niebla con el primer rayo de sol.

El empleo digno y de calidad junto a la educación son determinantes para romper con la trampa de la pobreza. La protección social puede contribuir al crecimiento inclusivo si se focaliza en la fuerza laboral con mayor desventaja social (ej. jóvenes, mujeres…entre otras), creando así oportunidades para entrar en el mercado laboral en igualdad de condiciones.

Todo lo anterior podría realizarse si se tiene una clara estrategia económica, en donde se promuevan reformas dirigidas a estimular la inversión privada, mejorar la productividad y vencer la informalidad en un marco de seguridad jurídica y políticas que generen confianza y respeto el Estado de Derecho. Sin olvidar, que es fundamental fortalecer las instituciones y modernizar la administración pública, y todo ello desde posiciones ideológicas, siempre legitimas, pero que se supediten al bien común y al interés general.

Se habla mucho de la necesidad perentoria de acuerdos de país, de políticas de Estado, pero aquellos llamados a conseguirlas parecen incapaces de hacerlo, a pesar de la creciente exigencia ciudadana. ¿Es demasiado pedir? Nuestro futuro y el de nuestros hijos nos lo dirá.

La economía zombi. De Roberto Rubio

¿Estamos saliendo del período de bajo crecimiento en que nos encontramos desde hace años?

roberto rubioRoberto Rubio, 6 junio 2016 / LPG

La semana pasada, la FUNDE realizó una evaluación de la situación económica y fiscal a dos años del gobierno actual. Quiero referirme acá solamente a la parte económica. ¿Estamos saliendo del período de bajo crecimiento en que nos encontramos desde hace años? El gobierno afirma que sí, basado en el hecho que la economía creció 2.5 % en 2015. Sin embargo, por varias razones expuestas en tal evaluación, esta afirmación no es sostenible.

En primer lugar hay un problema con la cifra optimista que se presenta para 2015. Esta es el resultado aritmético de haber ajustado el PIB y la tasa de crecimiento a la baja: en lugar de usar la tasa de crecimiento la prensa graficaeconómico del 2 % en 2014, anunciada con bombo y platillo por el gobierno en marzo de 2015 como una señal de superación del ciclo de bajo crecimiento, se presenta ahora una tasa de solo el 1.4 %. Si se hubiera mantenido la anunciada tasa del 2 % en 2014, el crecimiento de 2015 hubiera sido solo del 1.9 % y no del 2.5 %.

En todo caso, esperamos que el BCR haya hecho el ajuste a la baja del valor del PIB y de la tasa de crecimiento en 2014, por razones técnicas válidas y no por agrandar artificialmente el forzado optimismo de la política oficial.

En segundo lugar, es cierto que los datos indican que en 2015 hubo una ligera mejoría de la economía respecto a 2014, especialmente gracias al comportamiento del sector externo. Sin embargo, los mismos datos oficiales hacen dudar del crecimiento del 2.5 %.

Así lo muestra el comportamiento de muchas variables que reflejan la dinámica económica: a) el IVAE, que mide el comportamiento físico de la actividad económica, no llegó ni de cerca a crecer un 2 % en 2015; b) el empleo formal, indicador clave del crecimiento económico, apenas creció a una tasa superior al 1 %; tómese en cuenta que en el período 2014-2015 el empleo formal apenas promedió poco más de 5 mil nuevos puestos de trabajo por año, y que anualmente entran al mercado laboral más de 60 mil personas aptas para trabajar; c) las remesas, importante factor de dinamización económica, no incrementaron tanto de 2014 a 2015 y mantuvieron el mismo porcentaje del PIB (16.5 % en ambos años); d) los préstamos, otro factor dinamizador, redujeron su demanda del 12 % al 4 % aproximadamente, de mediados de 2014 a fines de 2015; otro indicador del ritmo de la actividad económica como son los impuestos también mostraron su flaqueza en 2015: los dos pilares impositivos, el IVA y el impuesto a la renta, tuvieron un rendimiento debajo de lo supuestamente recaudado/presupuestado (un 7.1 % menos en 2015).

En tercer lugar, incluso aceptando un crecimiento económico del 2.5 % de 2014 a 2015, nada indica que se trata de una tendencia como para afirmar que se está saliendo del hoyo. Como ya ha sucedido muchas veces, determinadas coyunturas activan ligeramente la economía en un año, y al cabo de uno o dos años vuelve a caer. En cuarto lugar, si de medir tendencias se trata, lo que sí podemos afirmar es que ya sea que se haya tomado como base de referencia la tasa del 2 % o del 1.4 % en 2014, para tener crecimiento del 1.9 % o del 2.5 % en 2015, lo cierto es que en los dos años de gobierno la tasa promedio de crecimiento fue de apenas el 1.9 %.

En fin, los datos duros permiten sostener que por el momento no estamos saliendo de ese caminar lento del que desde hace años padece nuestra economía. Tampoco vemos que existen o se están construyendo los motores que pueden reactivarla y dinamizarla. Ni vislumbramos las apuestas estratégicas productivas que puedan orientarnos hacia un crecimiento robusto y sostenido. Por ello, de forma ilustrativa, hablamos de una Economía Zombi: camina lerda, ya no le palpita el corazón para bombear y activar la economía así como para sentir a los pobres, no tiene cerebro que la oriente, y por tanto no sabe para dónde va.