Manuel Hinds

¿Lo mismo de siempre? De Manuel Hinds

2 abril 2019 / El Diario de Hoy

El Salvador ha pagado un precio enorme por los conflictos que llenaron su historia en los últimos cincuenta años, desde los secuestros que comenzaron en los setentas, que destruyeron la rápida expansión industrial que incluía los desarrollos iniciales de la industria electrónica, la primera de Centro América, hasta la guerra civil que dejó 80,000 muertos y causó enormes sufrimientos y una caída del ingreso por habitante de 25%, hasta la postguerra llena de incertidumbre que retardó el desarrollo del país por la amenaza continua que el FMLN planteaba contra las instituciones democráticas del país. La gráfica adjunta muestra el menor de los costos: el económico. La línea azul muestra el ingreso por habitante desde 1920 a 1979. La línea negra muestra lo que tendríamos si hubiéramos seguido creciendo a la tasa a la que veníamos haciéndolo en esos años.

La roja muestra lo que e ha sido la realidad de 1979 hasta ahora. El ingreso por habitante actual es apenas un poco más de la mitad de lo que sería si no hubiéramos tenido la caída de la guerra en 1979 y todo el periodo de odios y conflictos que siguió.

FUENTE: Maddison Historical Data https://www.rug.nl/ggdc/historicaldevelopment/maddison/ y DataBank del Banco Mundial.

La gráfica muestra solo parte del costo que las confrontaciones han tenido para el país. Además de reducir el ingreso por persona a prácticamente la mitad de lo que podría ser, hay que sumar el costo mismo de la guerra (el costo de los dos ejércitos) y las muertes y los sufrimientos. Solo viendo la gráfica todos deberíamos de entender que el conflicto y la violencia sólo pueden llevarnos a más pobreza y a más conflicto, en un círculo vicioso que es el que hemos vivido desde que la violencia se fue apoderando del país a fines de los años setentas.

Un cambio de gobierno es siempre una oportunidad para iniciar cambios que sean positivos y significativos para el desarrollo del país. En el discurso de aceptación de su triunfo electoral, el Presidente Electo dijo que, con ese triunfo, ganado con un partido diferente a ARENA y al FMLN, se cerraba el período de la postguerra que había sido caracterizado por los mismos conflictos que habían llevado a la guerra. ¿Qué más positivo y significativo podría suceder que terminar con ese período de odios y conflictos enconados que comenzó en los setentas y sigue todavía vigente 50 años después? Por supuesto, los conflictos tienen al menos dos partes y alguien tiene que tomar la iniciativa para terminarlos y hacer prevalecer la razón sobre los odios, las revanchas y las soberbias. Por la Constitución, que da al Presidente la responsabilidad de mantener la armonía social en el país, y por la responsabilidad misma del liderazgo, es al Presidente Electo al que le toca iniciar el proceso de reconciliación que es necesario para que el país entre a una etapa de progreso. Si no lo hace, el país seguirá con lo mismo de siempre en el sentido más fundamental de la expresión, porque lo mismo de siempre por 50 años ha sido el personalismo, la agresividad, el revanchismo, y el deseo no de aceptar que hay gente que tiene ideas distintas a los que detentan el poder y que si los hay, hay que aniquilarlos. Eso ha sido lo de siempre, y los resultados s e ven en la gráfica.

Si el Presidente Electo logra que las instituciones funcionen en medio de la diversidad de opiniones políticas que es natural en toda sociedad, pasará a la historia como la persona que terminó con la guerra que ha dividido y atrasado al país por 50 años. Si no, dejará esta tarea histórica para otro presidente futuro, con todo el costo que esto significa para el país. Su período habrá sido otro ejemplo de “lo mismo de siempre”.

La columna vertebral del desarrollo. De Manuel Hinds

Sin duda que hay algunas políticas económicas que deben implementarse para volver al país atractivo para la inversión y para posibilitar la inversión pública, pero las “políticas sociales” no son adjuntas a éstas, sino la columna vertebral del desarrollo del país. Son lo más importante que tenemos que hacer y merecen las prioridades más altas.

29 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

La sociedad es un organismo muy complejo y su desarrollo requiere acciones en un gran número de dimensiones. Sin embargo, hay ciertos temas que son fundamentales en todas estas dimensiones, y acciones que si no se toman detienen todo el progreso. Para identificar cuáles son esos temas fundamentales es necesario tomar una perspectiva lejana, viendo el bosque para que los árboles individuales no distraigan la vista.

El bosque es bien simple. Lo podemos describir con dos hechos. El primero es que El Salvador crece muy poco para poder salir del subdesarrollo dentro del siguiente medio siglo. A la tasa promedio a la que hemos estamos creciendo desde que terminó la guerra en 1992 (que es un poquito mas alta que la del promedio de Latinoamérica), nos tardaríamos 55 años para alcanzar el ingreso por habitante que ahora tiene Uruguay, el país latinoamericano con mayor ingreso por habitante pero todavía no plenamente desarrollado.

El segundo hecho es que la única manera de subir la tasa de crecimiento de la economía (y generar desarrollo) es educando al pueblo para que puedan producir bienes y servicios más sofisticados y así generar más valor agregado en la producción, obteniendo más ingresos. Esto, que siempre ha sido cierto, lo es mucho más aún en la economía del conocimiento que está capturando al mundo entero. Esto es cierto aún para los países con recursos naturales porque dichos recursos no se pueden explotar sin conocimiento; es más cierto aún para un país como el nuestro que no los tiene.

Por supuesto, no se puede educar bien a un pueblo que no tiene salud ni seguridad. Está comprobado además que la formación del individuo para que pueda desarrollar la innovación y la creatividad que son esenciales para generar tasas altas de desarrollo el conocimiento debe estimularse muy tempranamente en los niños, y que deben acompañarse de cuidados de salud que van mucho más allá que los que ahora reciben. El cerebro humano se abre a aprender ciertas cosas básicas a edades muy tempranas y luego se cierra en estas dimensiones. Los que aprendieron a usar estas habilidades en esos años pueden progresar a estadios más altos que los que no lo lograron hacer. La falta de atención a la educación y la salud en esos años condena a la mayor parte de los salvadoreños a quedarse permanentemente atrás en su vida. Además, proveyendo esta atención se previenen muchas enfermedades en los adultos, que luego sale más caro tratar que lo que hubiera costado prevenir.

Tercero, no sería ni justo ni práctico concentrar toda la inversión en las generaciones futuras por lo que también hay que hacer un esfuerzo muy grande para mejorar la educación y la salud de los adultos, con el mismo objetivo de mejorar sus habilidades para mejorar su valor agregado. La revolución tecnológica actual da muchos mecanismos para facilitar esta educación, y todos deben ser ocupados. En casos como el del software, se ha observado que muchos individuos que podrían acceder a nuevas actividades y aumentar enormemente sus ingresos no lo hacen porque no se les imagina que lo pueden hacer. Esto pasa especialmente con las mujeres. Hay que hacer un esfuerzo en este sentido también, empoderando al pueblo no para que pelee con otros sectores sino para que se de cuenta de que puede lograr su propio desarrollo.

A todo esto que estamos hablando —la educación, la salud, la seguridad, el empoderamiento— la gente la llama “las políticas sociales”, como si fueran un adjunto a otras políticas, quizás más serias e importantes. Sin duda que hay algunas políticas económicas que deben implementarse para volver al país atractivo para la inversión y para posibilitar la inversión pública, pero las “políticas sociales” no son adjuntas a éstas, sino la columna vertebral del desarrollo del país. Son lo más importante que tenemos que hacer y merecen las prioridades más altas.

Lo son por dos razones. Primero, porque el tener educación, salud y seguridad es lo que es el desarrollo. Estas actividades son fines en sí mismas. Segundo, porque sin ellas no vamos a crecer económicamente y nunca alcanzaremos el desarrollo pleno de nuestra sociedad. Es decir, son fines y medios para el desarrollo. Debemos darles primera prioridad desde ya, desde este minuto y todos debemos colaborar para su éxito.

La legitimidad de ARENA. De Manuel Hinds

22 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

La legitimidad es dinámica. Se puede tener pero luego perder o aumentar en las siguientes elecciones. Esta fluidez aumenta cuando las circunstancias están cambiando, como en este momento. En Inglaterra le llaman a la oposición “la leal oposición”. El objeto de la lealtad es el pueblo y es esta lealtad lo que le da la legitimidad a los partidos políticos. Estén en el gobierno o en la oposición, el pueblo espera que estos partidos busquen el beneficio del pueblo. Es esa lealtad la que los hace elegibles para el poder.

En El Salvador, uno de los factores más importantes en los resultados electorales del 3 de febrero fue precisamente la percepción de la ciudadanía de que los dos partidos que dominaron la política del país en los últimos treinta años se habían concentrado en atacarse el uno al otro, olvidando esta lealtad. El malestar de la población, que no se sentía representada en estas grescas, se manifestaba en la baja participación en las elecciones.

Por años varios columnistas advertimos que si los dos partidos se concentraban en estas luchas sin sentido iban a abrir el espacio para que, como sucedió en Venezuela, en Ecuador y en Perú, surgiera una tercera fuerza a desalojar a los que se consideraban indispensables. Pero los dos partidos principales pensaban que la población no tendría otra alternativa que votar por cualquiera de ellos dos, porque formar una tercera fuerza era imposible. En realidad, a través de la historia moderna del país, nadie diferente a ARENA y el FMLN había logrado competir en esta lucha en la que estaban enzarzados estos partidos. Hasta 2019.

La derrotas catastrófica del FMLN y la incapacidad estructural que este partido tiene para evaluarse a sí mismo y renovarse —evidente en el hecho de que sus dirigentes siguen siendo los que eran durante la guerra hace treinta años, y en la rigidez de su ideología— da pie para pensar que ese partido está en decadencia terminal y que va a ser sustituido eventualmente por otro partido, ahora de izquierda moderada.

Pero ARENA sigue siendo una fuerza importante, con poder en términos de la Asamblea y de las municipalidades que ganó hace apenas un año, y con posibilidad de mantener y aumentar este poder. Pero para poder lograrlo, ARENA tiene que aprender a fondo las lecciones que el 3 de febrero le dejó. La primera y principal es que los pleitos internos son terriblemente destructivos, para el partido mismo y para la percepción que la gente tiene de él. La gente ve los pleitos internos, las zancadillas, los boicots mutuos y concluye que son síntomas que evidencian que los líderes que se disputan el poder de esas formas tan descarnadas están solo interesados en sus propias ambiciones personales y que el partido y el pueblo no les importan. Los que llegan al extremo de preferir que su propio partido pierda con tal de que un rival no gane demuestran que para ellos los ideales del partido no son importantes y que el partido solo es un vehículo para lograr sus ambiciones personales. Esa falta de lealtad con la gente es lo que la ciudadanía vio en el pleito entre ARENA y el FMLN, y este conflicto sin sentido entre los dos lo castigó en las elecciones. Si ARENA misma entra en un pleito interno de gatos por el control del COENA el pueblo volverá a pasar factura. El conflicto actual debe terminar rápidamente y de una manera institucional para que el partido pueda pasar al otro punto importante: su papel en el manejo del país con la nueva administración del Ejecutivo.

Si quiere mantener y aumentar su legitimidad y no seguir el ejemplo del colapso del FMLN, ARENA tiene que jugar un papel positivo en las nuevas circunstancias, demostrando que su lealtad es hacia el pueblo. Debe, primero que nada, defender la institucionalidad del país, que es la única garantía que tenemos para mantener las libertades del pueblo. Segundo, debe proponer y ayudar a implementar las acciones que pueden sacar al país del subdesarrollo en las que más puede ayudar: la inversión en capital humano y la recuperación de la inversión y el crecimiento del empleo. Tercero, no debe oponerse a todo por oponerse, sino cuando sea necesario para cumplir con las dos anteriores. Eso es lo que el pueblo espera de ARENA.

La educación para los cambios. De Manuel Hinds

15 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

En esta columna he enfatizado muchas veces la importancia de invertir en el capital humano del país, elevando el nivel y la penetración de la educación y la salud del pueblo entero. Es igualmente importante discutir los tipos de educación que necesitamos para evitar graduar personas que no encuentren trabajo en el mercado —algo que está pasando en este momento—. La falta de convergencia entre las necesidades de la sociedad y lo que el sistema educativo está produciendo proviene de dos problemas principalmente. Uno es que la enseñanza no está enfocada en dichas necesidades. El otro es que la calidad de la enseñanza es mala, de tal forma que las cosas que el sistema dice que enseña al alumno realmente no se las enseña. El segundo problema es, sin duda, el peor porque conlleva una mentira que para las personas que invierten sus recursos en educarse adquiere la naturaleza de estafa.

La solución de este problema es muy difícil pero es esencial. Involucra no solo la mejoría técnica del profesorado sino, y muy importantemente, la inyección de la pasión por lograr excelencia en su profesión. Esto, por supuesto, debe ir acompañado de mejoras en la educación, la remuneración y el prestigio del profesorado. Los países que han logrado éxitos más grandes en la educación de su gente, incluyendo prominentemente a los nórdicos, lo han hecho enfocándose mucho en la mejora de sus profesores.

Pero es igualmente importante enfocarse en las necesidades de la sociedad, tanto a largo como a corto plazo, lo cual requiere destruir varios mitos, comenzando con el que dice que el ideal debe ser que todos tengan una educación universitaria. Países como Alemania e Inglaterra, que han invertido mucho en la educación técnica, enfocada en generar habilidades que lleven al alumno a conseguir rápidamente un empleo de valor agregado, han demostrado que dicha educación es un camino muy eficiente para lograr y sostener el desarrollo económico. Y, si es exitosa, puede ser mucho más barata que la alternativa de tratar de pasar a todos por la universidad. Sin duda es muchísimo más barata que no dar educación y dejar que el pueblo se defienda con habilidades de bajo valor agregado.

La orientación de los estudiantes a habilidades que sean demandadas por la sociedad tiene un problema muy particular: las tecnologías están cambiando tan rápidamente que cuando los estudiantes se gradúan las tecnologías que han estudiado muy probablemente son obsoletas. Por eso, lo más importante es lograr que los alumnos aprendan a aprender para que siempre se puedan mantener al día.

Esta semana estuve en una conversación con un exitoso empresario salvadoreño de software que está muy interesado en este problema porque lo que restringe el crecimiento de su empresa es la disponibilidad de programadores. Es decir, si la empresa logra conseguir programadores, le es relativamente fácil conseguir clientes para el crecimiento de su empresa y dinero para financiarlo. Con 27 años, maneja una empresa que tiene cerca de 70 programadores y está creando entre 6 y 8 empleos nuevos cada mes. Los empleos pagan $500 mensuales al ingresar a la empresa y pueden subir en pocos años a $1,500 mensuales y aún más.

La entrada a esta profesión no requiere un grado universitario sino solo los conocimientos básicos de un bachillerato (la empresa no exige ningún título) y un entrenamiento de cuatro meses. Los que la empresa escoge para contratar son personas que hayan realizado proyectos, que les enseñan a conceptualizar problemas y a resolverlos. Pero lo que más les sirve para escoger es la pasión que los aplicantes tienen, no por conseguir un trabajo sino por el placer de aprender y por la satisfacción de resolver problemas de programación. Esto es lo que motiva a los muchachos a enfrentar el gran reto de la nueva revolución tecnológica: aprender a aprender.

Hay otras profesiones que requieren de habilidades más elaboradas, de matemáticas más avanzadas, de ciencias naturales profundamente estudiadas. Pero en todos los campos es cierto que lo esencial es enseñar a las nuevas generaciones y a sus profesores a aprender, que es lo que tendrán que hacer por todas sus vidas, y darles la pasión por el conocimiento, que es lo que los va a motivar y les dará satisfacción. Ambas cosas son cruciales en nuestros tiempos.

La visión catastrófica de la vida. De Manuel Hinds

11 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY-Observadores

En una película italiana un político habla de la industria de la catástrofe que prevalece en lo que él llama “el Sur”. Con esa expresión el político se refiere al sur de Europa pero claramente incluye también, y con más razón, a los países subdesarrollados. Él no se refiere a catástrofes reales-que las hay, sin duda-sino a la percepción que los habitantes de estos países tienen de todo lo qué pasa en ellos. Cualquier cosa que sucede es un parteaguas histórico, una nueva etapa, un renacer del mundo o la sepultura de algo, una crisis, un colapso, una catástrofe. Estos países son víctimas de la visión catastrófica de la vida, en donde no hay procesos graduales sino sólo Grandes Eventos que son tantos que, irónicamente, después de un tiempo la gente no puede recordarlos.

En esa visión catastrófica de la vida Latinoamérica es, sin duda, la campeona mundial. En ella, la Izquierda Ha Triunfado Para Siempre varias veces (como cuando Cuba extendía su influencia en los setentas y ochentas, o como cuando Lula, los Kirshner, Chávez, Correa y Morales dominaban Sur América), y también varias han sido las veces en la que la Izquierda ha Sido Exterminada Sin Posible Renacimiento (como cuando casi todos estos fueron derrotados y fueron esquinados a formar el Foro de Sao Paulo con la caída de la Unión Soviética en los noventas). Lógicamente, la Derecha ha seguido ciclos simétricos a los de la Izquierda, pero ahora la gran catástrofe es la Gran Caída de los Partidos Políticos y de la Izquierda y la Derecha al mismo tiempo. Este Gran Evento se ha pintado tan grande, en la política, como fue el impacto del asteroide que aniquiló a los dinosaurios.

Los Grandes Eventos se han hecho tantos, y se han vuelto tan irrelevantes con el tiempo, porque su grandeza se ha definido cuando ellos han sucedido, no al revisar sus efectos. El impacto del asteroide se volvió una catástrofe porque los dinosaurios de verdad se extinguieron y la vida en la tierra cambió para siempre. Pero los Grandes Eventos Políticos de Latinoamérica se han desvanecido porque sus resultados nunca se han visto, o si se han visto-como en el caso genuinamente catastrófico de Venezuela, Chávez y Maduro-han sido en el sentido opuesto de lo que los iniciales entusiastas decían.

En medio de todos los Grandes Eventos, con sus promesas de cambios sensacionales, lo más fundamental nunca cambió: Latinoamérica siguió siendo subdesarrollada, económica, política y socialmente.
No debería ser difícil comprender que las dos cosas-la visión catastrófica de la vida y la ausencia de un verdadero desarrollo-están ligadas. La primera ha sustituido a la segunda, o, más exactamente, la primera ha sido la droga que ha vuelto a la población insensible a la segunda. Tristemente, el pueblo vive de la droga de los Grandes Eventos, creyendo que con cada uno de ellos ha resuelto sus problemas para siempre, cuando en realidad, con su candidez, lo que ha hecho y sigue haciendo es perpetuar el subdesarrollo.

En el fondo, los Grandes Eventos son un síntoma nada más de los muchos que acompañan a una enfermedad fundamental de los países subdesarrollados: la exigencia de una solución instantánea de todos nuestros problemas. Yendo más al fondo, estos síntomas son manifestaciones de algo que nunca hemos querido aprender: que las cosas buenas de la vida, incluyendo el desarrollo, requieren un trabajo personal y colectivo sostenido por mucho tiempo. Los países desarrollados no se hicieron ricos de un día para otro. El trabajo sostenido da resultados en el corto plazo, pero pasar de la pobreza a la riqueza requiere mucho tiempo, y vale la pena invertir ese tiempo bien porque el tiempo pasa de todos modos. La inversión que se necesita es en capital humano. No es posible tener la riqueza de Silicon Valley con poblaciones que no tengan una educación de primera.

Si América Latina llegara a educar bien a sus poblaciones, ese si sería un gran evento, que no necesitaría mayúsculas para resaltar su importancia. Es en este sentido que los Grandes Eventos llevan a que el verdadero gran evento que deberíamos de ansiar nunca tiene lugar. Porque no hemos comprendido esto, ese gran evento no ha pasado, y seguimos siendo subdesarrollados después de 200 años de ser independientes.

En El Salvador se dice que con la derrota de los dos grandes partidos políticos la era de los partidos se ha terminado y que con eso se ha logrado eliminar las diferencias de opinión y que con eso hemos alcanzado la armonía social. Ninguna de estas cosas es cierta. Lo que ha pasado es que estos partidos perdieron la conexión con los procesos de cambio que se han estado dando en el país-no en una elección del 3 de febrero sino por décadas, tales como el surgimiento de la clase media urbana que ahora domina al país. Para esa nueva clase, la amenaza del comunismo ya no es importante, ya no piensan que puede volverse realidad. Como consecuencia, los dos partidos que giraban alrededor del comunismo-el FMLN a favor y ARENA en contra-sufrieron derrotas por el desvanecimiento de sus temas. Pero no están desaparecidos, no ahora por lo menos.

Si ARENA y el FMLN desaparecen será por las cosas que hagan de aquí en adelante-si se muestran incapaces de evitar destruirse a sí mismos en pleitos internos y de reinventarse para encontrar un tema. Si no logran hacerlo, las izquierdas y las derechas no desaparecerán. Eventualmente saldrán otros partidos para reagrupar a las derechas e izquierdas modernas. Pero nada de esto será importante si las poblaciones siguen saltado de un Gran Evento a Otro Gran Evento, y permiten que los nuevos gobiernos no inviertan en el capital humano necesario para salir del subdesarrollo.

Coordinando esfuerzos para el desarrollo. De Manuel Hinds

22 febrero 2019 / EL DIARIO DE HOY

La situación actual, con un nuevo gobierno a poco tiempo de tomar el poder, es propicia para hacer un inventario del estado del país, buscando un punto de partida para basar una estrategia de desarrollo que coordine los esfuerzos de todos los aliados con los que cuenta El Salvador en esta tarea.

El objetivo fundamental

El problema económico fundamental de nuestra sociedad es que no está adecuada a la nueva economía del conocimiento que está capturando al mundo. Este concepto es frecuentemente mal entendido. Mucha gente piensa que en esta economía hay que producir software o alta ciencia para tener éxito. Esto no es cierto. En este mundo, el valor de un producto está determinado por la cantidad de conocimiento que incorpora. Para incorporar conocimiento, no es necesario inventarlo uno mismo. Solo hay que conocerlo y saberlo aplicar. Tampoco es necesario trabajar en fábricas de cohetes espaciales ni de teléfonos inteligentes. El conocimiento hace la diferencia en todas las actividades económicas, desde la agricultura hasta las fábricas de cohetes. Holanda e Israel son ejemplos de países que han aplicado la alta tecnología a la agricultura, por lo que cada agricultor holandés e israelita puede producir mucho más y por tanto ganar más que en países con menos avance tecnológico. Ese es el camino a la riqueza.

La mayor parte de los salvadoreños carecen del conocimiento y la capacidad necesaria para aplicarlo en la producción de actividades que les genere ingresos dignos. Esto es lo que hay que darle a los salvadoreños para que puedan progresar. Si no creamos este capital humano, no hay esperanza de lograr ningún progreso. Más bien, como el mundo entero está moviéndose en esta dirección, vamos a retroceder. Por eso, la formación de capital humano debe ser la prioridad número uno, el objetivo fundamental cuyo logro debe organizar los esfuerzos de nuestro desarrollo.

Los obstáculos más grandes al desarrollo

Es con esta perspectiva que es necesario atacar los problemas más grandes que obstaculizan el mejoramiento del capital humano del país. Estos problemas incluyen algunos que son básicos para tener un estado funcional en el país, principalmente la necesidad de recuperar el control territorial del país entero, que se ha perdido como consecuencia de las maras. Esta recuperación debe hacerse al mismo tiempo que la inversión en capital humano, que ayudará en establecer la presencia del estado en todo el país. El combate a la corrupción está entre estas actividades indispensables, pero orientado no a perjudicar a enemigos políticos y desviar la atención a tiempos lejanos sino a asegurar la transparencia en el manejo de los fondos públicos en el presente. Igualmente, debe incluirse el desarrollo institucional que asegure la democracia, la independencia de todos los poderes del estado y la protección de los derechos del ciudadano.

Los aliados

Esta transformación es muy difícil pero no imposible si es que sabemos usar los aliados naturales que nos pueden ayudar a realizarla. Hay cuatro de estos aliados. Uno es Estados Unidos, que ha sido un aliado por mucho tiempo y que tiene un interés muy grande en ayudar a crear una sociedad en la que la gente no tenga los incentivos — la falta de oportunidades y la violencia incontrolada— que los hacen emigrar hacia ese país. En esta categoría de aliados podemos incluir a los otros países desarrollados, muchos de los cuales dedican recursos sustanciales a ayudar al país. El segundo son los países vecinos, que tienen problemas similares a los nuestros, y con los cuales se debe poder establecer cooperación para vencer estos problemas de una manera coordinada. El tercero es el conjunto de instituciones oficiales multilaterales de crédito como el Banco Mundial, el BID, y el BCIE. El cuarto, fundamental, es el sector privado local e internacional, que es el que puede crear las actividades que luego van a desarrollar el país.

La coordinación de los esfuerzos

El interés en resolver estos problemas es tan grande que es muy factible formar una comisión asesora de desarrollo nacional con la participación de todos estos aliados para diseñar e implementar un plan de integración del país a la economía del conocimiento, removiendo los obstáculos que ahora impiden esta integración y ayudando a conseguir los recursos intelectuales y monetarios para realizarlo.

¿Haciendo historia? De Manuel Hinds

15 febrero 2019 / EL DIARIO DE HOY

“Hagamos historia” fue uno de los eslóganes usados por el ahora Presidente electo en su campaña.

Realmente en la elección logró varias cosas que serán mencionadas en la historia, tales como haber terminado con el duopolio electoral ARENA-FMLN, que había durado por tres décadas, o haber sido uno de los comicios ganados en primera vuelta (con más del 50 % de los votos, como Cristiani, Flores y Saca).

Pero las elecciones, y las cosas que pasaron en ellas, solo son pasos intermedios en la historia, habilitaciones para hacer o no cosas que realmente hagan historia en el país. Un gran triunfo electoral pierde sentido histórico sin una mejoría real y sostenible en la vida de la población.

En las condiciones de nuestro país, el verdadero quiebre histórico se daría si se sentaran las bases para generar un crecimiento alto y sostenido en el país, de tal forma que El Salvador comenzara a desarrollarse, económica y socialmente, a un ritmo que permitiera a las generaciones actuales ver un país en franco desarrollo.

Esto no se logra con trucos macroeconómicos como políticas expansivas monetarias o fiscales, que al final, ambas, terminan con inflación, endeudamientos excesivos e inestabilidad. Basta ver lo que ha pasado en Venezuela y en Nicaragua en los dos gobiernos sandinistas, para darse cuenta de que estos trucos son como las drogas, que generan dependencia y luego su propia destrucción.

Además, para generar desarrollo, no es necesario solo crear crecimiento sino también, crucialmente, transformar la economía salvadoreña de lo que es ahora, una de bajo valor agregado, a una de alto valor agregado, que se produce solo con un capital humano desarrollado —es decir, con una población altamente educada, con niveles altos de salud y gozando de seguridad ciudadana. Esto, que siempre ha sido cierto, lo es mucho más ahora, en plena expansión de la economía del conocimiento. Para lograrlo, es indispensable concentrar los recursos del Estado en un esfuerzo enorme para aumentar el capital humano de nuestra población. Es posible enfocar esta inversión en cuatro actividades que nos pongan firmemente en el camino del desarrollo. Estas actividades serían las siguientes:

Primero, invertir en la salud preventiva y la educación temprana de los niños que están naciendo ahora, que se convertirían en la primera generación ya encaminada al desarrollo. Esta inversión temprana reduce mucho los costos del paso al desarrollo porque beneficia a los niños en una etapa en donde mayor salud y mayor educación toman ventaja de la edad en la que ellos están más susceptibles de aprender para formar inteligencias y cuerpos fuertes y bien saludables.

Segundo, ir siguiendo esta generación con inversión en educación y salud de primer mundo, para que cuando entren al mercado de trabajo, puedan insertar el país en la economía mundial del conocimiento.

Tercero, invertir en educación técnica y de tercer nivel para los salvadoreños que ya están en la fuerza laboral, para que ellos puedan superarse también y aumentar el valor agregado de su producción, y con esto, los ingresos de la población.

Cuarto, invertir también fuertemente en la seguridad ciudadana, con entrenamiento a las fuerzas policiales y con fuerte desarrollo local para prevenir el crimen.

Generar los recursos para esta inversión inicial en dar un salto de calidad en el desarrollo requerirá de una política fiscal muy bien pensada, y de un empuje muy fuerte a la producción para crear los recursos necesarios, algo que puede lograrse con esfuerzos para conseguir inversión local y extranjera, y con reducciones en los costos innecesarios que la burocratización excesiva impone a las empresas. Esto requiere grandes esfuerzos pero es factible.

Lograr esto crearía historia más allá de triunfos electorales, que pueden llevar a un desencanto si no llevan a mejores políticas que al fin pongan al país en el rumbo del desarrollo. Si este desarrollo se logra, entonces sí las generaciones futuras pensarán en 2019 como una verdadera refundación de la República, no porque allí se instalaron políticos y partidos que luego duraron uno, o dos, o muchos períodos en el gobierno como Chávez y Maduro, sino porque desde este momento se comenzó a invertir en serio en incorporar al país a la economía del conocimiento, y por tanto, al desarrollo y la riqueza.