Nayib Bukele

Equipo de rivales. de Erika Saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

1 abril 2019 / EL DARIO DE HOY

“Team of rivals” o “equipo de rivales” fue una de las hazañas políticas de Abraham Lincoln como Decimosexto Presidente de los Estados Unidos de América. La expresión —plasmada en el libro de la periodista Doris Goodwin— hace referencia a la capacidad que tuvo Lincoln de juntar a las mejores personas, a “los hombres más fuertes”, para que integraran su gabinete de gobierno en medio de un turbulento clima político y social. Este equipo incluía a tres exrivales de Lincoln en la lucha por la candidatura presidencial republicana y a varios demócratas. El Presidente construyó un gabinete sólido más allá de las simpatías partidarias y la complejidad de las relaciones humanas.

En El Salvador todavía no conocemos a los miembros del gabinete del presidente electo Nayib Bukele. Han pasado casi dos meses desde las elecciones presidenciales y a la fecha no sabemos los nombres del “equipo de transición” ni posibles miembros de un futuro gobierno. El cuerpo de funcionarios del Órgano Ejecutivo es el encargads de echar a andar la mayor parte del aparataje estatal y su competencia determinará el éxito para salvar instituciones manchadas por la ineficiencia desde hace décadas. Es un tema que nos interesa a todos, independientemente si simpatizamos con el presidente electo o no.

En los últimos días el debate se ha enfrascado en temas que carecen de trascendencia, como dónde se realizará el traspaso de mando. El lugar es irrelevante, lo que más urge en este momento es la buena voluntad del gobierno saliente y del entrante para que las instituciones se entreguen en orden, transparencia y civilidad. Más que el protocolo del traspaso de mando, necesitamos que se vaya consolidando un gabinete que incluya personas capaces y aptas para puestos clave y para dirigir 14 ministerios y 52 instituciones autónomas.

En el gobierno necesitamos a los mejores. Tenemos décadas de improvisar los nombramientos o de asignar esos cargos a personas por simpatías partidarias más que por especialización y capacidad de ejecutar políticas públicas en determinado rubro. A pesar que en este país hay muchísima gente con una gran formación académica y profesional, la línea que más ha pesado ha sido la partidista o una lealtad mal enfocada, donde ha prevalecido asentir con todo lo que hace o piensa el presidente, más que discrepar de manera razonada y hacer las cosas de forma correcta.
Llevar a los mejores no significará para el presidente acompañarse de las personas con las que existe mayor simpatía. En esta ocasión, como en la conformación del equipo de rivales, implicará que lo fundamental en el nombramiento de un funcionario no es nivel de amistad o cercanía con el presidente electo, sino la capacidad de echar a andar una institución, de depurar la sobrecarga de la planilla estatal y de hacer que las entidades públicas ofrezcan buenos resultados en favor de la ciudadanía.

El llamado es al presidente electo a reflexionar sobre la trascendencia del nombramiento del gabinete de gobierno. Ya no se trata de simpatías o rechazos, sino de convertirse en un verdadero líder e integrar las instituciones con las personas idóneas, más allá de si fueron quienes lo criticaron en su campaña. Y también las personas que sean consultadas para formar parte del gabinete de gobierno deben tomarse con seriedad la propuesta: tener la honestidad intelectual para rechazar un puesto para el que no tiene la experticia; o demostrar el patriotismo aceptando un puesto público a pesar de las diferencias con el nuevo presidente.

Nayib Bukele es el presidente electo y hay que apoyarlo en el buen desarrollo de las instituciones, eso nos conviene a todos. No se debe privar a la ciudadanía de tener un gabinete compuesto por los hombres y las mujeres más fuertes para dirigir al Estado.

Carta sobre el traspaso de mando: ¿transparente u hostil? De Paolo Luers

28 marzo 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Parece que todo lo que el presidente electo haga y publique hay que someterlo a un estudio exhaustivo de realidad y mentira.

Veamos: El martes 26 de marzo, Nayib Bukele publicó en Twitter la siguiente denuncia:

“Este día, Cancillería le comunicó a nuestros delegados para el acto de la Toma de Posesión del 1 de junio, que por orden de Casa Presidencial, se suspende toda reunión de coordinación, obviamente por nuestras recientes críticas al gobierno. De continuar esta decisión, sería la primera vez que en la historia moderna del país, que no habría acto de Traspaso de Mando. Ni ARENA trató así al FMLN.”

Si esto ya era tabaco fuerte, su acólito Walter Araujo elevó el tema a crisis nacional que pone al país al borde de la insurrección, con esta publicación en Twitter:

“INAUDITO, si ellos no hacen el traspaso de mando, sería un Golpe de Estado directo, violando la alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia. Si eso se da, no queda más que el pueblo, disuelva la Asamblea Legislativa golpista, usando todos los recursos a su mano. Advertidos.”

¿Cuáles son los hechos detrás de todo este drama? Son totalmente diferentes – y no explican el drama que arman Bukele y Araujo.

18 febrero 2019:
El canciller Carlos Castaneda dirige una carta al Nayib Bukele, informándolo que por ley tiene la responsabilidad de constituir una “Comisión Coordinadora para el Traspaso de Mando Presidencial 2019-2024”, y solicita al presidente electo a nombra a sus representantes en esta entidad.

17 marzo 2019
Mandada esta carta, durante 1 mes no pasa nada. Es hasta el 17 de marzo que Bukele contesta al canciller y nombra a sus delegados: Marcela Rodríguez y Sofía Medina. La última fue gente de comunicaciones de Bukele en la alcaldía de San Salvador y una de as acusadas en el caso “Troll-Center”.

19 marzo 2019:
A solo recibir esta respuesta, cancillería emitió, el 19 de marzo, un acuerdo ejecutivo, formalizando la Comisión Coordinadora, incluyendo a las dos representantes del presidente electo.

21 marzo 2019:
La primera reunión de esta “Comisión Coordinadora para el Traspaso del Mando Presidencial” tuvo lugar en cancillería, el 21 de marzo. Según fuentes del gobierno, fue una sesión informativa, para ver todos os detalles a atender. Se acordó convocar la próxima reunión para el martes 2 de abril. Esta convocatoria nunca fue suspendida, confirma Roberto Lorenzana desde Casa Presidencial.

26 marzo 2019:
El martes 26, de la nada, salió Nayib Bukele con su denuncia que el gobierno no quería realizar el acto de traspaso – y Walter Araujo con su denuncia que no quieren entregar el poder, y por tanto había que preparar la insurrección. ¡Qué manera de anunciar su retiro de una comisión!

¿Así nos van a tener los próximos 5 años, inventando una crisis tras otra: fraudes electorales, golpes de estado, conspiraciones – y llamando al “pueblo” a disolver la Asamblea, el Tribunal Electoral, la Corte Suprema o a sustituir al fiscal general?

En todo esto, tampoco el presidente electo ha nombrado su equipo de transición para recibir los ministerios y autónomas. Parece que no están interesados en una alternancia coordinada y transparente, sino más bien planificando una transición accidentada.

Saludos,

Epílogo

27 marzo 2019, 10.17pm

Epílogo 2

28 marzo 2019, 8.02am

Carta a los tuiteros y facebuqueros: Paremos a las ‘turbas digitales’. De Paolo Luers

26 marzo 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Todos deberían leer la columna titulada “No nos van a callar”, publicada por Erika Saldaña el lunes 25 de marzo en El Diario de Hoy. De su propia experiencia explica el fenómeno de las “turbas digitales” que en las redes sociales atacan a cualquiera que se atreve a expresar crítica pública al líder de Nuevas Ideas y presiente electo Nayib Bukele.

Yo recibo este tipo de ataques diariamente: insultos, mentiras, amenazas. Amenazas de expatriarme, amenazas de muerte, amenazas a mi familia. Siempre he preferido no tomar en serio estos ataques. Siempre he dicho: Para mucha gente frustrada, las redes sociales son una válvula de escape para deshacerse de sus agresiones reprimidas. La gente que nos insulta o amenaza en Twitter, ya no nos va a tirar piedras o balas…

Sigo convencido que para mucha gente, la violencia digital funciona como terapia. Pero solo funciona para individuos. Si la violencia digital es organizada, colectiva y dirigida, ya no sirve como válvula de escape para prevenir violencia real. Por esto es correcto el término que Erika Saldaña usó en su columna: “Turbas digitales”. Ella no fue victima de la agresión de unos locos, sino de un ataque organizado y dirigido. Y así como lo vimos en la violencia en la manifestación contra la Ley de Agua, en estos casos la violencia digital la violencia digital va a la calle, la verbal se hace real. Cuando estamos ante “turbas”, la violencia digital promueve, convoca y prepara la violencia callejera y real contra personas o propiedades.

El fenómeno de las “turbas” se hizo famoso en Centroamérica  mucho antes de que existieran las redes sociales: las “turbas divinas”, que los sandinistas echaron encima a sus adversarios en Nicaragua para controlar sindicatos, universidades, barrios. Hoy estas “turbas” sandinistas las vemos en televisión: grupos civiles armados hasta los dientes, convertidos en escuadrones de la muerte, protegidos por la policía, reprimiendo a estudiantes. En la Venezuela de Maduro se llaman “colectivos” y con total impunidad atacan y asesinan a opositores.

Aquí en El Salvador tuvimos la “Brigada Limón”, encabezada por Mario Belloso, que operaba como grupo de choque del FMLN y sus alcaldías, sobre todo para reprimir protestas de sindicatos municipales. Cuando Mario Belloso, aprovechando una manifestación en frente de la UES, sacó un fusil para matar a sangre fría a dos agentes policiales, la conmoción social fue tan grande en todo el país y en todos los sectores que el FMLN tuvo que desarticular, de una vez por todo, esta su propia versión de las “turbas”.

Fue una muestra que la violencia política no ha tenido espacio en El Salvador desde los Acuerdos de Paz. Y no hay que permitir que esto cambie.

Siempre hemos tenido violencia verbal en las redes. Los partidos y gobiernos han tratado de montarse encima de este fenómeno y dirigirlo contra sus críticos y adversarios. Pero antes de la entrada en escena de Nuevas Ideas, esto había sido un fenómeno marginal, sin mucho impacto. Pero ellos sí han logrado armar en serio y en grande sus “turbas digitales”, y dirigirlos eficientemente – que es la parte más complicada en este tipo de campañas. A veces parecen todos sincronizadas, siguiendo señales y mensajes de algunas cuentas claves, como las de Ernesto Sanabria (@-Brozo)  y Walter Araujo – otras veces operan de forma descentralizada, como “guerrilla cibernética”, como células, por iniciativa propia.

Más importante que el tuit original de Walter Araujo, que da la
señal de ataque, son todas las respuestas e en el hilo

Una vez que la violencia digital tiene este grado de organización, ya no se trata de individuos frustrados deshaciéndose de sus agresiones. Se trata de operaciones intencionales y planificadas de dar muerte civil, intimidar y destruir a adversarios o críticos. Y ya no hay ninguna garantía que la violencia se quede limitada al espacio cibernético. Por lo contrario, en cualquier momento puede traspasarse a la calle, a la realidad, y volverse criminal – sea por ordenes superiores, sea por la inercia propia de una “guerrilla cibernética” o “turba digital”.

Todavía podemos parar las “turbas digitales”, así como entre todos logramos parar a la “Brigada Limón”.

Saludos,

Políticas de teatro. De Cristina López

Este tipo de acoso es parte del show: es para que la audiencia en general tome nota de los costos que acarrea criticar al presidente electo, buscando silenciar a aquellos con menos tolerancia a la toxicidad propia de este tipo de maniobras.

25 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

Imagínense por un momento estar en los zapatos de la persona encargada de manejar la cuenta de Twitter oficial de la Policía Nacional Civil el miércoles de la semana pasada. Imagínese, mientras la persona hacía su trabajo, ver que el presidente electo desde al alcance masivo de su propia cuenta de Twitter decide exigirle a al cuerpo policial que libere a dos detenidos. Obviamente, es poco lo que puede hacer al respecto de las exigencias del presidente electo la persona con el rol de “community manager”. Y obviamente, esto es algo que sabe el presidente electo.

Pero eso no importaba. El punto no era abogar por los detenidos (que a mi parecer, fueron víctimas de una detención fue autoritaria y la libertad de expresión incluye la libertad de protestar, pero no es ese el tema de esta columna). El punto de la demanda era el show: parecer que abogaba por los detenidos mientras le tiraba carne roja a su base de seguidores. Difícilmente se le escapa al presidente electo que twitearle a la cuenta del Ministerio Público tiene el mismo efecto para fines prácticos y legales que pagar una deuda con dinero de Monopoly.

Pero el show debía continuar, e inmediatamente, como ballet coreografiado entraron en acción el tipo de mecanismos que anuncian el nivel de desinformación y propaganda que podemos esperar de los próximos cinco años de gobierno: los titulares luminosos de “medios” sin historial o legado de cubrir periodismo del de verdad, presentando al presidente electo como paladín de los derechos humanos (sin aclarar la falta de consecuencia jurídica de que un ciudadano sin la autoridad de darle una orden a la Policía Nacional Civil le envíe un tweet con una orden y con un límite de tiempo para cumplirla), mientras sus seguidores y fanáticos comenzaban a llenar las redes sociales de alabanzas y halagos.

La peor parte de esta rutina vino del rol que juegan los más tóxicos elementos del discurso político salvadoreño, y que se abalanzaron a insultar a las voces racionales que simplemente, señalaban lo obvio: que si había ilegalidad en las capturas, los mecanismos para la liberación de los detenidos no están en Twitter, sino en las autoridades competentes y que por bien intencionado que fuera el tweet del presidente electo y por apasionado que fuera el clamor de sus seguidores, ningún mecanismo legal había sido activado. Por decir algo así, a Erika Saldaña (columnista de este periódico, presidenta del Centro de Estudios Jurídicos y abogada con casi una década de experiencia constitucional desde la Corte Suprema de Justicia) la atacaron vulgarmente los fans del presidente electo, incluido el ex-diputado Walter Araujo, cuyos aportes al discurso político no estarían fuera de lugar en la sección de sol general en el Estadio Cuscatlán.

Este tipo de acoso es parte del show: es para que la audiencia en general tome nota de los costos que acarrea criticar al presidente electo, buscando silenciar a aquellos con menos tolerancia a la toxicidad propia de este tipo de maniobras. No es difícil imaginar que desafortunadamente, cada uno de los elementos de este show se van a repetir constantemente durante la próxima administración, pues al presidente electo le ha sido valiosísimo durante su carrera política, incluyendo administraciones municipales y campañas.

@crislopezg

No nos van a callar. De Erika Saldaña

Ninguna persona tiene derecho a callar a otra.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

25 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

La semana pasada, mediante la red social Twitter, cuestioné al presidente electo Nayib Bukele sobre la orden de liberar a dos personas detenidas por la PNC en los disturbios que se dieron en la marcha contra la privatización del agua. Parafraseando mi comentario fue: “Es presidente electo, no presidente que ya está gobernando. Si las capturas son ilegales o no, que lo determinen las autoridades competentes y vigentes”. Hasta ahí. Ninguna ofensa, comentario despectivo y un cuestionamiento razonable en una república democrática. Inmediatamente cayeron las turbas digitales con descalificaciones e insultos.

Uno de los principios fundamentales en cualquier república democrática es la libertad de expresión. A través de ella somos capaces de difundir nuestros pensamientos, críticas y posiciones sobre cualquier tema. Para que seamos capaces de decir lo que queramos han caído imperios, monarquías y dictaduras en todas las latitudes; todos somos iguales y tenemos los mismos derechos. No importa si hay miles de personas cansadas de la opinión de una. Esa una tiene derecho a expresar lo que piensa libremente, esté equivocada o no.

Los que ejercemos nuestro derecho a la libertad de expresión en una red social nos sometemos voluntariamente a los dimes y diretes que se generan ante la diversidad de puntos de vista. Como opinión propia, acertada o no, todas son válidas y todos tenemos derecho a exponerlas. Sin embargo, los intentos de callar o pretender hostigar a alguien por su opinión diferente no caben en una república democrática. Callar es normalizar algo inaceptable.
La respuesta que más ha llamado la atención al comentario que hice de Bukele fue la de uno de los aliados más cercanos del presidente electo, el señor Walter Araujo; literalmente manifestó: “Usted ya cierre su trompa, estamos hartos como pueblo de sus intromisiones políticas. Defensora de privatizadores y arenazis. ¡Metida! Mejor póngase a trabajar”. No es la primera vez que trata de deslegitimar a alguien por pensar distinto a él, a Bukele y a los seguidores de Nuevas Ideas.

En las redes sociales se está construyendo una verdad inapelable, que es la que diga Nayib Bukele y sus simpatizantes. Ir en sentido contrario a ello activa las turbas digitales, los acosos selectivos y produce una avalancha de insultos, desacreditaciones y bullying. Utilizan cualquier cosa para armar una guerra psicológica contra el que tenga una opinión distinta y se atreva a emitirla; amenazan con “sacar trapos al sol”, que en muchas ocasiones no es más que hacer públicas cuestiones reservadas al ámbito personal de cada quien. Hay que señalar que estas estructuras digitales y su forma de operar no son exclusivas de los simpatizantes del presidente electo, también las hemos visto en afines a ARENA y FMLN.

El título de presidente electo no lo convierte en una persona infalible y exenta de cualquier crítica. Aquí vivimos en una república democrática donde todos tenemos derechos, no en una monarquía con un rey entronizado. Si el presidente electo accedió a entrar en la cancha política, él y sus simpatizantes deben estar claros que estará sometido al escrutinio público los cinco años de su presidencia.

En El Salvador hay leyes e instituciones que respetar, y eso nos incluye a todos, ciudadanos y funcionarios. Aunque Nayib Bukele sea el presidente electo, no puede dar órdenes cuando aún no está en funciones; no puede pasar por encima de la autoridad de la PNC y solo con base en sus apreciaciones personales.

Existe una regulación legal sobre las maneras de proceder y un preestablecimiento de las instituciones competentes que se pueden involucrar y determinar si las detenciones fueron legales o no. Sus palabras fueron para liberar a dos estudiantes involucrados en disturbios; mañana puede ser para lo contrario. Este es el riesgo de salirse de las facultades que la Constitución y las leyes otorgan a cada funcionario. Las instituciones están ahí para reducir el margen de arbitrariedad de quienes ostentan el poder. Esa es mi opinión y si alguien no está de acuerdo debatamos sin insultos, sin deslegitimar a una persona por cualquier cosa y sin pretender callarla.

La separación de poderes plasmada en la Constitución es una garantía que esta república no se convertirá en una dictadura o una monarquía. No podemos volver a las épocas donde el presidente era quien elegía funcionarios a su antojo, manejaba instituciones y dirigía todos los poderes del Estado. Así no funciona una república y el presidente electo y sus simpatizantes deberían tenerlo claro.

Los planetas alineados. De Manuel Hinds

21 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

El presidente electo pareciera tener todos los planetas alineados para tener éxito en su administración. Con el colapso del FMLN ha quedado clara la coincidencia de intereses que tenemos con Estados Unidos, una coincidencia que estuvo oculta por el apoyo que el FMLN y su gobierno dieron al régimen de Maduro en Venezuela, la peor dictadura que ha existido en Latinoamérica, y al de Ortega en Nicaragua.

Hay mucha gente que cree que la coincidencia está dada por la voluntad del nuevo gobierno de revertir ese apoyo y unirse a las demás democracias continentales en su rechazo a esas tiranías. Pero hay una coincidencia mucho más profunda: tanto Estados Unidos como el pueblo salvadoreño estamos interesados en convertir El Salvador en un país en el que la gente quiera vivir y hacer su futuro en él en vez de emigrar a Estados Unidos.

Como lo ha demostrado en las últimas semanas, Estados Unidos está dispuesto a invertir fuertemente en nuestro país económica y políticamente. Si no lo había hecho en las magnitudes en las que está dispuesto a hacerlo ahora era porque el FMLN no tenía ni el deseo de permitirlo (el FMLN siempre ha mantenido la actitud de que Estados Unidos es un enemigo) ni la capacidad de coordinar la enorme complejidad de las inversiones que se generarían, y tampoco de permitir el crecimiento del sector privado.

El presidente electo, en su reciente discurso en la Heritage Foundation en Washington D.C. estableció las líneas que su gobierno seguiría en términos de políticas exteriores y domésticas, todas en armonía con la democracia liberal, que es el motor de la sociedad estadounidense y que da las seguridades que los inversionistas, norteamericanos y locales, esperan para apostarle con fuerza al crecimiento de El Salvador.

Por otro lado, el colapso del FMLN también abre la puerta para darle viabilidad económica y política a la administración del presidente electo y en general a la democracia salvadoreña en un conjunto de circunstancias realmente histórico. La democracia ha funcionado en El Salvador ya por más de tres décadas pero es la primera vez en la que se dan dos circunstancias en las que la verdadera democracia puede consolidarse. Una es que por primera vez ninguna de las dos fuerzas políticas más poderosas está movida ideológicamente (si las palabras de la Heritage son sinceras) por el objetivo de destruir la democracia.

La otra es que, por primera vez también, el poder está realmente dividido en dos: el presidente tendrá el ejecutivo pero está muy lejos de tener los votos necesarios para controlar el legislativo. Esto había pasado en otros gobiernos, pero la diferencia de votos para lograr la mayoría era suficientemente pequeña para que los partidos pequeños (el PCN, GANA y la DC) pudieran asegurar que se lograría. Y así lo hicieron.

Ahora la diferencia es enorme. Si todos los partidos pequeños (incluyendo GANA, el del presidente electo) se unen lograrían apenas 23 votos de los 84 de la Asamblea. Pasar una medida por mayoría simple requiere 43 votos, que se pueden lograr sumando ARENA (37 votos) con los del presidente electo (11 de GANA para un total de 48), o con la suma de GANA, PCN, DC y FMLN (46 votos en total).

Estas situaciones se dan en muchas democracias, tanto que la madurez democrática puede medirse por la eficiencia con la que dos fuerzas políticas pueden colaborar por el beneficio del pueblo, sin entregarse la una a la otra pero cooperando por este beneficio. En Alemania, por ejemplo, este ha sido el caso por décadas.

La situación en El Salvador permite lograr una legitimidad enorme para el nuevo presidente si se logra armar una coalición basada en el beneficio del país. Esto haría historia. Si no se logra, el país entero va a perder en conflictos sin sentido.

Pero hay algo que puede desarticular todos los planetas que hoy están alineados: el intento de gobernar sin las instituciones del estado, saltándose el orden establecido por la ley. Cuando esto se hace, como en Venezuela y Nicaragua, el orden jurídico se derrumba, el poder se concentra absolutamente, y así es como surge la corrupción absoluta de esos países.

En esta semana el presidente electo tomó una acción con la que se saltó el orden jurídico del país cuando ordenó a la PNC que soltara a dos estudiantes capturados en una manifestación.

La policía los acusó de tirar proyectiles contra agentes policiales, un delito que se configura como desorden público y daños materiales. En un segundo twit, el presidente electo le dio dos horas a la PNC para soltarlos, amenazando a los policías individuales con que si no lo hacían les iba a abrir un expediente después del 1 de junio.

La PNC dijo que se apegaría a los plazos procesales establecidos por la ley y que, como también dice la ley, remitiría los expedientes a la Fiscalía General de la República, que es la que decide si los acusa o no.

Los procesos que establece la ley protegen a la ciudadanía contra las arbitrariedades del poder político. Ni un presidente ya en funciones tiene el poder para soltar a alguien que ha sido capturado. La policía debe entregar a los reos con su acusación a la Fiscalía y esta decide si acusarlos, y para condenarlos o soltarlos hay que ir a un juez. Eso evita que a alguien lo suelten o lo meten preso dependiendo de si le cae bien o no al presidente.

Esto es lo que ha pasado en Venezuela y en Nicaragua, y este poder sobre vidas y haciendas es lo que les permitió a Chávez, a Maduro y a Ortega imponer su tiranía a base de violencia. En todos estos casos, los presidentes justificaron el salto de las instituciones diciendo que todos los demás eran corruptos. Cuando las instituciones cayeron porque ellos se las saltaron, ellos se constituyeron en tiranos, y como dijo Lord Acton, con el poder absoluto se corrompieron absolutamente.

El presidente electo ha dicho que se opone a las tiranías de Venezuela y Nicaragua. Debe entonces evitar tomar acciones que convertirían a El Salvador en otra Venezuela y destruirían todas las posibilidades de progreso que se abren en este momento.

Carta a la Fundación Heritage: Seducidos por Bukele. De Paolo Luers

16 marzo 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Ustedes orgullosamente reclaman dos cosas: que son el ‘tanque de pensamiento más influyente del mundo’ y que son una ‘bastión del movimiento conservador’.

Los principios ideológicos de Heritage están bien explicados en su pagina WEB y obviamente Nayib Bukele los estudió bien antes de presentarse ante ustedes. Es más, los tomó como guión para su ponencia: libre mercado, libertad de empresa, estado reducido. La agenda de Ronald Reagan, el Tea Party y Mr. Trump.

El abrazo a esta agenda es sorprendente para un político como Bukele, quien comenzó a denunciar a su partido izquierdista FMLN por supuestamente haber abandonado la lucha contra estos principios neoliberales. Así comenzó su campaña presidencial: denunciar al FMN como igual de neoliberal que ARENA y presentarse como heredero de la lucha social supuestamente abandonada por el FMLN…

Y un mes después de su victoria electoral viene a Washington, a la Heritage, y dice: Surprise, surprise! Soy uno de ustedes. Voy a seducir (lure) a los inversionistas, voy a reducir al estado y eliminar la corrupción. ¡Aplauso!

Y ustedes, los guardianes del conservadurismo reaganiano, están tan impactados que se olvidan que también son guardianes de la reputación académica y ética de un tanque de pensamiento comprometido con el alto estándar de sus investigaciones y análisis. ¿Por qué les digo esto? Porque escuché decir a Nayib Bukele, en el sacrosanto auditorio de la Heritage Foundation, varias afirmaciones que pensaría que iban a provocar por lo menos preguntas críticas. Pero no escuché ninguna pregunta crítica o de algún rigor académico.

Voy a mencionar tres ejemplos.

Bukele les dijo que en El Salvador no hay seguridad porque ARENA se robó todo el dinero para financiarla. En concreto, afirmó que en 20 años de gobierno, ARENA robó 37 mil millones de dólares. O sea, un promedio anual de casi 2 mil millones en un país donde apenas en el año 2000 el presupuesto general de la nación sobrepasaba los 2 mil millones de dólares. Bukele tomó la cifra de los 37 mil millones de dólares de un estudio de su mentor Salvador Arias, un economista marxista y dirigente del FMLN, fallecido en 2018. Bueno, el maestro Arias fue más bien la caricatura de un economista marxista y estoy seguro que jamás le hubieran permitido disertar en la Fundación Heritage. Pues una de sus tesis más populares entre la izquierda salvadoreña sí disertó ante ustedes y nadie pidió a Bukele que justificara estas exorbitantes cifras.

También dejaron pasar, sin pregunta ninguna, cuando anunció que en sus 5 años en Casa Presidencial va a reducir a cero la cantidad de drogas que pasen por El Salvador con destino a Estados Unidos y la migración ilegal desde El Salvador a Estados Unidos. No dijo limitar el narcotráfico y la migración ilegal, dijo erradicarlos 100%. ¿Y ustedes aplaudieron porque están de acuerdo con Trump que narcotráfico y migración son los únicos asuntos que cuentan para la región centroamericana, o porque le creyeron a su invitado que puede llevarlos a cero?

Me extraña que en la Fundación Heritage un expositor puede decir estas tres cosas absurdas sin que ningún analista o investigador se levante para cuestionarlo.

La única manera de medio explicarme esta tolerancia al bullshit es esta: la derecha de Estados Unidos, luego de aguantar por 10 año el discurso antiimperialista de un gobierno salvadoreño que defendió los regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua, abraza feliz a cualquiera hable mal de Maduro, Ortega y China Popular y le deja pasar cualquier barbaridad, con tal que diga que quiere ser amigo y hacer business con Estados Unidos.

Que el tipo tiene años de arremeter contra los medios de comunicación, ¿cómo va a irritar esto a quienes aceptaron tragarse las mismas actitudes de su propio presidente?

Saludos desde San Salvador,