Nayib Bukele

Neodictadorcitos. De Ricardo Avelar

ricardo avelar.jpgRicardo Avelar, 1 febrero 2017 / EDH

Hace unas semanas en este mismo espacio ofrecí una clasificación de tipos de políticos con el objetivo de ser más acuciosos al analizar y vigilar a nuestros funcionarios.

En esta incluí a los líderes poco efectivos y sin compromiso democrático, quienes tienen un déficit de resultados y además buscan suprimir las garantías y libertades de la ciudadanía.

diario hoyPor otro lado, están los líderes no efectivos con actitudes democráticas. Estos son idealistas que pese a su vinculación con el ideal republicano, son incapaces de lograr acuerdos políticos que lleven a un cambio. También están los efectivos y con actitudes democráticas.

Estos son deseables, pues tienen la capacidad de alcanzar resultados sustanciales sin dejar de lado el respeto a la legalidad y la institucionalidad.

Sin embargo, los que más generan preocupación son aquellos que son efectivos en su gestión, con capacidad de dejar tras de sí avances visibles, pero tienen un profundo desapego con el Estado de Derecho y aquellas garantías que vuelven enriquecedora la vida en democracia. Estos tienden a considerar que la institucionalidad entorpece la agilidad de su liderazgo y están dispuestos a rearmar las normas para ponerlas en función de su personalidad y sus caprichos.

Inicialmente, estos personajes gozan de legitimidad pues ofrecen respuestas rápidas visibles a sectores significativos del electorado. Suelen, además, tener éxito cuando se les compara con los lentos y atribulados procesos anteriores, máxime si se enmarcan en sociedades polarizadas con poca innovación política.

En su incipiente sentido de victoria, tienden a enamorarse del poder. La mera constatación de que su voluntad fácilmente se vuelve vinculante y debe ser respetada por la ciudadanía exacerba la peligrosa vanidad.

Cuando escribí de esa clasificación -básica, lo admito, pero más compleja de lo que tenemos en la actualidad- lo hice esperando que reflexionemos en una peligrosa actitud en la que usualmente caemos como electores: el devastador utilitarismo en el que nos importa poco la democracia sin con algo nos complacen.

Esto porque tendemos a pensar que la institucionalidad es una condición de lujo, tan importante como los asientos de cuero en un carro: “agradable, pero no siempre necesaria”. Por ello, ante una crisis o una situación complicada, nos mostramos dispuestos a sacrificar garantías y procedimientos por ver resultados efectivos.

En los doce días que lleva como presidente de los Estados Unidos, por ejemplo, Donald Trump ha iniciado su mandato en medio de tremendas controversias y pretendiendo avalar con decretos ejecutivos algunas barbaridades que no sobrevivirían el debate legislativo, tan necesario para dotar de legitimidad y pluralidad las decisiones políticas.

Y con esos mecanismos está promoviendo una agenda de miedo y aislacionismo peligrosa para el resto del mundo, el cual ha crecido de forma acelerada con el advenimiento de la globalización y las fronteras y mercados abiertos.

En medio de esas polémicas acciones, ha sido astuto el inquilino de la Casa Blanca, dando concesiones a quienes de otra forma se opondrían al instante por sus órdenes ejecutivas. A los más conservadores, por ejemplo, les concedió la gracia de anunciar el fin del financiamiento de organizaciones que “promueven el aborto” (decirlo así sería un grosero simplismo, pues hacen una tarea más profunda y constructiva) en otros países. Y a los más liberales les ha hecho obviar sus desaciertos promoviendo algunos recortes de impuestos y la reducción regulatoria.

Con ello, su exagerada agenda se ha visto minimizada por quienes selectivamente están ignorando el peligroso camino en que lleva al país y que se han preocupado por “recoger las migajas políticas” que ofrece Trump.

A diferencia de los autoritarismos de antaño, estos neodictadorcitos efectivos son más dañinos porque cuentan con el aplauso, la venia y la validación de parte la sociedad civil.

A Trump, por ende, lo vuelve peligroso su afán de poder sin límites y lo vuelve devastador toda la gente que de forma miope le celebra logros entre un mar de abusos de poder, mentiras y ataques a la prensa que lo cuestiona.

Esto es relevante para El Salvador por lo mucho que dependemos de Estados Unidos y porque aquí, lastimosamente, una de las “promesas políticas” se comporta de forma muy similar a la del irritable y anaranjado presidente americano.

@docAvelar

La guerra del político a la prensa libre. De Cristina López

Cristina LópezCristina López, 30 enero 2017 / EDH

La guerra del político contra los medios no siempre lo fue. Inicialmente, el interés que la prensa tenía en él era desproporcional a sus méritos. Las historias que lo cubrían informaban poco, y en cierta medida, se habían convertido en repetidoras de los mensajes que el político — que antes de eso sabía más de medios que de política y usaba su calidad de outsider como ventaja en un clima de hartazgo hacia la clase política tradicional — tan cuidadosamente diseñaba. Esa misma calidad de outsider lo hacía una historia interesante que contar, más allá de una noticia informativa. Aún no estaban claras las consecuencias de que el político cambiara su estatus de celebridad menor por el de funcionario electo, por lo que el tratamiento mediático benevolente hacía poco o ningún daño.

diario hoyObsesionado con tener el control absoluto sobre su imagen pública y venderla a las masas, el político fomentó el culto a su propia personalidad haciendo un uso habilidoso de las redes sociales, específicamente de Twitter. De esa manera podía brincarse la necesidad de los medios de comunicación como intermediarios y hablar directamente con la gente. En Twitter escribía comentarios sobre temas de cultura popular y mostraba siempre un lado más relajado. Criticaba a su mismo partido, que resultaría demasiado cobarde y dependiente de su popularidad para asignar a sus críticas consecuencia de peso alguna o saber justificar por qué apoyaban la candidatura y gestión del político, si tan crítico era hacia ellos. Un ejercito de seguidores virtuales — reales y comprados — servían como el propulsor viral de sus mensajes. El político, recreándose en las simpatías recibidas, las magnificaba al repetir e informarle a todos sus seguidores las adulaciones de las que era sujeto.

Pero la luna de miel con los medios se acabó. Tenía que, desde el momento en que el político se convirtió en funcionario en virtud de que tradujo las adulaciones en votos y transformó su ejército de seguidores virtuales en un movimiento político. Se acabó simplemente porque el outsider ya no lo era. Se había convertido en parte de un sistema en el que el rol de los medios es encarar al poder y transparentarlo, no amplificar la controlada imagen que el político con tanta fiereza defendía. Pero cuando molesta el mensaje, una de las estrategias más usadas es atacar al mensajero. Y cuando se cuenta con un ejército de seguidores, se puede explotar su fidelidad para desacreditar mensajeros incómodos y para lanzar ataques, cibernéticos y reales a quien ose publicar narrativas en discordia con la imagen que tan cuidadosamente ha fraguado de sí mismo el político.

Emprender la guerra contra los medios es entonces la mejor manera de renunciar a la responsabilidad democrática de dar cuentas al pueblo por las preguntas que pueda generar la gestión. Porque al final, como producto del sistema electoral democrático, cuando se es electo se administra sobre todos: los fieles seguidores y los críticos. Los que leen uno u otro periódico. Ninguno merece menos explicación. Los medios, que se deben a sus audiencias, deben procurar en la medida de lo posible y a veces con periodismo investigativo voraz (ese de consecuencias nixonianas) ser el pie de página a la incompletísima imagen que los políticos fraguan de sí mismos. Y es por eso que los periodistas — todos — se deben solidarizar entre sí para volverse la defensa del sistema democrático de libertades que requiere necesariamente de una prensa libre y denunciar a una sola voz al político que en retaliación por contenido que no le gusta, decide volverse juez arbitrario de lo que consiste periodismo y lo que no, cuando eso le toca a las audiencias. Le toca al periodismo ignorar el ego maltrecho del político, y es cuando más se enconcha y más limita el acceso el político resentido que más necesita la ciudadanía de los periodistas. Para combatir el mal periodismo existen las correcciones y otros mecanismos legales: del autoritarismo no se salva nadie.

ACLARACIÓN: Cuando hablo del político me refiero a Donald Trump. Cualquier parecido con la realidad de la alcaldía salvadoreña es mera coincidencia.

@crislopezg

Carta a los periodistas: Paremos esto antes de que comience. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 1 diciembre 2016 / EDH

Colegas:
La cuenta de redes sociales “sociedad civil’, uno de los instrumentos cercanos al FMLN y al alcalde Bukele, tiene por misión reproducir cualquier mensaje oficialista, atacar a cualquiera que critique a Bukele, y coordinar la agitación propagandística y la guerra sicológica. El pasado lunes, “sociedad civil” colocó un mensaje en twitter y facebook – y el “shitstorm” comenzó: Docenas de militantes y cientos de trolls con cuentas falsas entraron en acción. El mensaje original todavía no era tan agresivo, fue solamente la señal para desencadenar las amenazas. Decía: “El ‘periodista’ @Cmelendez12 es el encargado por Dutriz para hacer las notas contra @nayibbukele. Basta ver tuits para ver clase de persona.”

diario hoyLa respuesta de la red de “sociedad civil” fue inmediata y brutal: una serie de amenzas abiertas, hasta de muerte, y los más viles insultos a La Prensa Gráfica, El Diario de Hoy, la familia Dutriz… pero sobre todo y de manera muy personal a nuestro colega Cristian Meléndez.

Esto no es nada nuevo. A mi me ha pasado incontables veces. Y ya todos conocemos la campaña que Bukele ha desatado contra los periódicos que se atreven a criticarlo. Primero ordenó, como la fiscalía logró comprobar con ayuda del FBI, a la agencia digital que trabaja para la alcaldía a producir y publicar versiones falsificadas de los sitios web de LPG y EDH. Y cuando primero La Prensa Gráfica y luego la fiscalía investigaron estos ataques, y siempre las prubeas señalaron hacía el alcalde y su staff, comenzó una campaña permanente contra los periódicos, obviamente orquestada desde la alcaldía de San Salvador, y con “sociedad civil” como uno de sus parlantes. Hasta trataron de provocar un boicot de lectores a los periódicos, que a los días tuvieron que abandonar porque nadie les hacía caso.

Todo esto se puede, si no tolerar, aguantar. Así es el clima político en nuestro país, lamentablemente. Yo ni siquiera hubiera llevado estos casos a la fiscalía o las cortes. De hecho, no fui a demandar a nadie, cuando me di cuenta que habían usado mi nombre para inscribir los dominios de web que necesitaban para difundir las falsificaciones de La Prensa Gráfica. Como fueron suficiente estúpidos para pagar los dominios con sus propias tarjetas de crédito, esta trampa no me afectó. ¿Y para qué denunciarlo?

Pero amenazas de muerte contra un colega periodista es otro caso. Ahí pasaron una raya que no hay que permitir que nadie se la pase.

Tenemos cualquier tipo de violencia, y de sobra, pero no tenemos violencia política ni contra periodistas. Nuestra sociedad creó un consenso muy sólido de toda la sociedad, cuando se trataba de terminar la guerra y la dictadura y alcanzar la paz y la democracia, que sigue vigente. Cuando Mario Belloso decidió, en medio de una manifestación de estudiantes, sacar un M16, parapetarse cuidadosamente y matar a sangre fría a dos policías, la sociedad entera levantó su voz y obligó al FMLN de desligarse de la violencia política y este tipo de grupos. Y de hecho, el FMLN los desarticuló.

Hoy a los periodistas y la opinión pública nos toca nuevamente exigir que nadie se pase de la raya que nos separa de la violencia política y contra la libertad de expresión. Así como el FMLN en el 2006 desarticuló la Brigada Limón y otros grupos de choque, ahora hay que exigirle que desarme estructuras que provocan violencia desde las redes sociales. Incluso por su propio interés. Si el entonces alcalde de Mejicanos no hubiera desarmado el monstruo que él ayudó a armar, la Brigada Limón, hoy no sería diputado. Piénselo, alcalde Bukele…

Simplemente solidarizarse con el colega que ahora está el ojo del “shitstorm” no es suficiente. Saludos,

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Telegramas urgentes a figuras e instituciones públicas: A ver quién se anima a contestar. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 24 noviembre 2016 / EDH

Diputados: Elegir magistrados de Corte de Cuentas cercanos al PCN no es buena idea. Ya sabemos como trabajan.

Embajadores: En vez de inspeccionar un sitio de construcción en el penal Izalco, pidan visitar un penal donde pueden hablar con internos, p.ej. ejemplo Quezaltepeque. Pregunten por tuberculosis.

Alcalde Bukele: ¿Cómo se les ocurrió comprar los dominios para las clonaciones de LPG bajo mi nombre y pagarlos con su propia tarjeta de crédito?

diario hoyOscar Ortiz: ¿Quién en CAPRES tiene formación suficiente para conocer la palabra ‘Némesis’, pero no suficiente para conocer sus significados: venganza o enemigo invencible?

ARENA: ¿El partido y su fracción va a respaldar la iniciativa de René Portillo Cuadra de penalizar la manipulación del presupuesto?

Mauricio Interiano: ¿Vas a defender a las diputadas que no votaron por los 550 millones – o vas a defender el derecho del jefe de fracción de imponer como votar?

Fiscal General: ¿Por qué aun no ha emitido orden de captura contra Mauricio Funes? ¿Sólo porque ya se ausentó?

Hato Hasbún: ¿Dónde estás? De todos los temas que durante años hablaste diariamente, ahora sólo escuchamos a Oscar Ortiz.

General Atilio Benítez: Le recomiendo que, al solo tener la votación de la Asamblea a su favor, renuncie al fuero y defienda su honor ante la corte. Lo apoyaría.

Diputado Gallegos: Sólo creería en su nuevo discurso conciliador, si públicamente renunciara a postulados que ha defendido durante años: la pena de muerte y el derecho de tomar la justicia en sus manos. Ya llegó al cargo, haga un Trump…

Prensa Gráfica: Cuidadito que no vaya crear su propio ‘némesis’. Estas batallas, como la que ustedes tienen contra Bukele, o las ganan, o habrán hecho invencible al adversario. Vea Trump.

Gerson Martínez: A nombre de todos los que amamos el arte, le rogamos que deje de aprovechar su cargo para imponer sus gustos cursi. O instala un comisión de expertos independientes, o deje de poner monumentos.

Secretaria de Cultura de la Presidencia: ¿Cuándo va a cumplir la promesa de exhibir las obras de la “Ultima Cena”, censuradas el año pasado? ¿O hay un veto definitivo de CAPRES?

Casa Presidencial: ¿Qué pasa con el nieto del presidente y su salida de parranda nocturna, que terminó con un ciudadano muerto y la fuga del lugar del accidente? ¿El presidente va a mantener silencio?

Saludos a todos,

44298-firma-paolo

 

La excepción de la impunidad. De Mario González

Mario González, editor subjefe de El Diario de Hoy

Mario González, editor subjefe de El Diario de Hoy

Mario González, 2 octubre 2016 / EDH

El Departamento de Justicia de Estados Unidos envió a las autoridades judiciales salvadoreñas un informe contundente que revela los entresijos y complicidades de los ciberataques perpetrados en 2015 contra La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy.

El documento prácticamente confirma los resultados de un primer peritaje realizado por expertos informáticos en los teléfonos y equipos decomisados en allanamientos al grupo señalado como autor de la copia fraudulenta de los sitios web http://www.laprensagráfica.com y http://www.elsalvador.com.

diario hoyEl informe, suscrito por la Fiscal General de los Estados Unidos, Loretta Lynch, muestra irreversiblemente las conexiones y los pagos efectuados para la compra de dominios que llevaron a los ataques cibernéticos que perseguían, incluso, sacar de operaciones ambos medios hasta por seis horas.

Como verán, las autoridades salvadoreñas y de Estados Unidos están llevando el caso con mucha seriedad y hasta las últimas consecuencias. Eso debe de tener muy preocupados a los involucrados porque es obvio que ellas no están jugando.

Más allá de las consideraciones legales y de quienes resulten culpables, lo más importante es que se está sentando un precedente contra la impunidad y la tentación de funcionarios y cualquier otra persona de atentar contra la libertad de expresión.

En adelante, nadie podrá sentirse por encima de la ley para atentar contra medios ni ningún joven inmaduro intentar hacerlo como si fuera un juego de niños, creyendo que nadie se dará cuenta.

También, este caso es una señal de advertencia contra la corrupción de funcionarios que quieran usar dineros del pueblo para contratar estructuras siniestras y callar las críticas y señalamientos.

La legislación salvadoreña contempla una pena de cárcel e inhabilitación para ejercer cargos públicos a los miembros de gobierno que incurran en el delito de atentados contra la libertad de expresión.

Estructuras de este tipo, abominables y sucias, solo me recuerdan las bombas contra La Crónica del Pueblo, La Monumental y la YSAX y las interferencias que le ponían a las homilías de Monseñor Romero, así como las cadenas radiales durante la guerra en los años 80.

Ahora es el Departamento de Justicia el que ha respondido al llamado de la justicia salvadoreña y esas pruebas no se pueden obviar.

Pero esa no es la única manera en que se busca imponer esquemas fracasados.

El rostro de la prepotencia y represión del oficialismo quedó bien mostrado esta semana cuando un funcionario humilló a un dirigente sindical en una reunión de diálogo entre representantes del gobierno y dirigentes gremiales. “¡Usted no es nadie!”, le espetó groseramente el funcionario de marras al sindicalista que había llegado a conversar.

El energúmeno siguió gritando para descalificar a los sindicalistas, quienes optaron por salirse de la reunión para no caer en el juego. ¿Desesperación por las protestas sindicales, o humor etílico o su verdadera personalidad? No sé, pero la vida da vueltas.

Durante he ejercido el periodismo he visto caer a muchos políticos que se sintieron seguros y elevados en su momento de cúspide, sobre todo en los años 80. Ahora esos personajes ya no son nada o ya no están.

Uno sabe cómo comienzan estas cosas, pero no cómo van a terminar.

Cuando el brazo de la justicia empieza a pedir cuentas, allí viene el llanto y el crujir de dientes y ni montando marchas o amenazas callejeras pueden evitarlo. Si no, pregúntenle a Belloso. No creo que ahora haya una excepción para castigar la impunidad.

Trudeauismos. De Cristina López

Cristina López, Lic. en Derecho de la ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University. Cristina López, 25 abril 2016 / EDH

Mi tendencia ingenua a compartir opiniones personales que a veces no gozan del consenso general ha sido de las fuentes más constantes de lecciones de prudencia. Por eso estoy plenamente consciente de que estoy a punto de ganarme la desaprobación de un número importante de lectores. Mi opinión impopular de hoy es que estoy harta de Justin Trudeau. Si usted no sabe quién es Justin Trudeau, considérese el afortunado miembro de un grupo bastante pequeño. El resto de nosotros no hemos corrido la misma suerte.

Justin Trudeau es el Primer Ministro de Canadá. En Canadá, debido a su sistema parlamentarista, el Primer Ministro tiende a tener menos poder y, por ende, menos protagonismo que en los sistemas presidencialistas. La política es indirecta: son los ganadores de elecciones locales y las políticas internas de cada partido lo que termina diario hoydefiniendo al Primer Ministro, en una representación bastante diluida de los votos de la gente. En pocas palabras, no hay demasiadas razones por las que un Primer Ministro, en comparación a la fiebre mediática que rodea a los candidatos presidenciales en sistemas presidencialistas, ocupe demasiado la atención de los medios. Sin embargo, para el caso específico de Trudeau lo anterior no ha sido la realidad. Recibe casi el mismo nivel de cobertura y pleitesía mediática que el otro Justin con el que comparte nacionalidad (Bieber, aclarando por si son de los que cierran los ojos frente a las revistas en la caja del supermercado).

Es entendible que Trudeau llame la atención. Es joven y con su edad ha incorporado una bienvenida disrupción a la manera tradicional de interactuar con los medios. Es listo y está mucho más a tono con la manera de pensar de su electorado y su cambiante demografía. Es mediáticamente astuto y entiende muy bien que en el ciclo noticioso de 24 horas, cualquier cosa puede volverse noticia y ha vuelto la viralidad su arma más poderosa. Los medios, inocentemente, han picado el anzuelo con hambre de principiantes, y Trudeau y su Instagram con posturas de yoga en la mitad de un día en el ejercicio de sus labores, saturan los medios digitales. Y eso no es culpa de Trudeau, que solo está exprimiendo la atención y la adoración mediática lo más que puede, porque implica una cómoda absolución de las preguntas difíciles, distracción de las críticas y un esquive de las preguntas incómodas en conferencias de prensa.

Uno de sus últimos episodios de pleitesía viral ocurrió durante una visita que hizo a un instituto tecnológico, donde contestó con un lujo de detalles impresionante — y poco característico para alguien no versado en la materia — una pregunta sobre computación cuántica. Solo después de que el video le había dado la vuelta al mundo, una publicación reveló un poco más de contexto, contando que Trudeau — en serio o en broma — había pedido a la prensa que le hicieran la pregunta y sencillamente, había preparado su respuesta antes de la conferencia de prensa. Otro punto para la astucia política por encima del escepticismo sano que debería tener la prensa ante el poder. La explicación sobre cómo el momento no había sido tan auténtico como parecía no recibió ni por cerca el mismo nivel de atención que la “realidad” maquillada de la conferencia.

Y Justin Trudeau recibe cobertura porque los reportajes superficiales que genera — sean las fotografías de sus sesiones de boxeo, o de sus bailes espontáneos — capturan la atención de la audiencia. Donde la adoración mediática se vuelve tóxica es cuando la prensa política se olvida de su razón de ser y canjea su rol de auditoría del poder por el rol de la prensa rosa. Eso solo incentiva a que otros políticos, con sistemas con estados de derecho más débiles que el canadiense y calcetines más extravangantes, intenten traficar en trudeauismos mientras empujan irresponsabilidad fiscal, populismo, mediocridad, conflictos de intereses o falta de transparencia. Traficando en trudeauismos los cobija una prensa cómplice, demasiado distraída por los bien ejecutados guiones de show business. El rol de un gobernante no es entretener audiencias: que la prensa no se los haga posible.

@crislopezg

Fuera de orden. De Federico Hernández Aguilar

IXVT_federicoFederico Hernández Aguilar, 24 febrero 2016 / EDH

Pena ajena. Difícil sentir otra cosa al ver a altos personeros del partido oficial, la semana pasada, acuerpar una manifestación que buscaba ejercer presión sobre la Fiscalía General de la República. Por mucho que el alcalde de San Salvador convoque a sus seguidores para emitir opiniones sobre una investigación que le involucra en presuntos ilícitos, el acompañamiento organizativo del FMLN estuvo tan fuera de orden como las amenazas proferidas por el edil capitalino. Ni este último tenía por qué llegar a semejantes exabruptos, ni el oficialismo tenía por qué convertir el asunto en un ataque faccioso a la institucionalidad del Estado.

diario hoyPor supuesto que el Alcalde tiene todo el derecho de expresar sus dudas alrededor del proceso que se le sigue a un grupo de jóvenes ligados a los ataques cibernéticos contra La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy. Y tanto derecho tiene, que el fiscal Meléndez seguro habría escuchado sus alegatos o sus exigencias sin necesidad de verlo subido en una tarima, rodeado de simpatizantes, megáfono en mano, arremetiendo contra el Ministerio Público como si tal espectáculo callejero tuviera algún tipo de fuerza probatoria.

Nuestra sociedad vive presa de numerosas ansiedades, y el control de las emociones forma parte de esas responsabilidades individuales que cualquier funcionario público debería practicar. Ni por la dignidad de los cargos, ni por el respeto que se les debe a las instituciones del país, deberían nuestros líderes políticos olvidarse del valor inestimable de la prudencia y la serenidad.

Ya es bastante grave que se convoque a un mitin partidario frente a la Fiscalía; todavía más delicado es que se hagan advertencias al propio Fiscal respecto del abrupto final de su gestión. “O se olvida de mi caso o aténgase a las consecuencias”, vendría a ser una traducción bastante aproximada al sentido que tuvieron las palabras del edil capitalino la semana pasada.

Sin embargo, con todo y lo reprensibles que son, las amenazas del señor Bukele podrían explicarse en virtud del temor a que su involucramiento en hechos tan vergonzosos logre probarse. Si ese temor no existiera, bastaría con dejar que las investigaciones siguieran su curso y esperar a que el asunto se aclare, sin mediar prepotencias ni intimidaciones. Lo que resulta mucho menos sencillo de entender es por qué el FMLN, desde su cúpula, ha creído oportuno respaldar al alcalde en esta cruzada personal.

Hay razones para creer que Bunker no es el único nido de troles que funciona en el país. La cobardía de mantener planillas de difamadores con el propósito de impulsar determinadas agendas políticas o ideológicas quizá sea una lacra más extendida de lo que imaginamos. Ya se han hecho públicas las sospechas que vinculan a estas estructuras con otros funcionarios, lo que vendría a añadir un delito mayor a los que hoy se investigan, pues confirmaría la utilización de recursos del Estado en el ataque sistemático de adversarios y ciudadanos críticos. ¿Habrá algo de esto detrás del apoyo que en este momento los dirigentes del partido de gobierno le están dando a su cuestionado alcalde? Todo parece posible.

Pero no acaba en el show montado frente a la Fiscalía el perpetuo acoso del oficialismo a las instituciones. El burdo intento de amarrar las manos a la sección de probidad de la Corte Suprema de Justicia, las arremetidas cíclicas del gobierno contra los magistrados de la Sala de lo Constitucional y el decidido impulso que desde el poder se quiere dar a una inconsulta reforma al sistema de pensiones, atropellando derechos a diestra y siniestra, vienen a sumarse a una larga cadena de abusos, autoritarismos y arbitrariedades que la ciudadanía ha venido soportando en los últimos años. ¿A qué desfiladero nos conduce esta espiral de acciones antidemocráticas? ¿De qué lado se romperá la cuerda una vez que la estiremos hasta el límite de su resistencia?