El Pais

Juan Manuel Santos: “Una justicia perfecta no permite la paz”

el paisEl presidente de Colombia analiza el acuerdo alcanzado con las FARC: “Es imposible hacer justicia sobre 52 años de guerra.”

 Juan Manuel Santos, en el avión presidencial, tras la entrevista. CAMILO ROZO

Javier Lafuente, 4 septiembre 2016 / EL PAIS

La tarde del pasado 23 de agosto el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos (Bogotá, 1951) seguía desde su oficina todo lo que ocurría La Habana. Por recomendación de Jonathan Powell, uno de sus asesores internacionales en las negociaciones con las FARC, había apremiado a su delegación para celebrar una suerte de cónclave con el que finiquitar las conversaciones después de cuatro años en La Habana. En torno a las 18.45, Santos recibió una llamada de la canciller, María Ángela Holguín. “Acabamos de terminar”, lee dijo. El presidente recordaba el momento en que dio por concluidas las negociaciones de paz que pusieron fin a 52 años de guerra el viernes durante un vuelo a Cartagena, donde invitó a realizar esta entrevista ante por lo apretado de su agenda.

Hasta que un poco después logró hablar con el jefe negociador, Humberto de la Calle, el mandatario colombiano recuerda que se quedó callado, contento. “Han sido cuatro años muy complicados, en los que estuvimos a punto de tirar la toalla. Pero es un acuerdo que va a cambiar la historia de Colombia. Ahora, esto ha sido difícil, pero construir la paz va a ser aún más complicado”, asegura Santos, consciente de que los acuerdos deben aún refrendarse en el plebiscito del 2 de octubre. A la hora de la entrevista, en la mañana, aún no se conocía la fecha y el lugar de la firma definitiva, que anunciaría esa misma tarde: el 26 de septiembre en Cartagena. En el viaje de vuelta, ya más distendido, bromea con que el desliz de Mariano Rajoy, presidente en funciones de España, fue una mera coincidencia. De hecho, se llegó a barajar el 29 de diciembre y asegura que se concretó definitivamente durante el almuerzo del viernes. La fecha elegida permitirá que los jefes de Estado que quieran acudir puedan prácticamente enlazar su visita a la Asamblea General de la ONU con el acto.

Pregunta. ¿Cuándo fue la última vez que pensó en tirar la toalla?

Respuesta. Al acercarnos al final las FARC comenzaron a añadir puntos a las negociaciones que no se habían discutido. Yo dije: “Si eso es lo que ellos creen que van a conseguir, terminemos ya”.

“El gran reto para el plebiscito será neutralizar
casi cuatro años de mentiras y de desinformación”

P. El jefe negociador, Humberto de la Calle, aseguró que les hubiese gustado haber logrado más en el acuerdo. ¿Qué le hubiese gustado conseguir?

R. De la Calle dijo lo que mucha gente piensa, yo incluido. En un acuerdo de esta naturaleza trazar la línea divisoria entre justicia y paz deja a muchos descontentos. Estoy seguro de que la mayoría de los colombianos hubiesen querido más justicia para los responsables de crímenes de guerra y lesa humanidad. Pero el enfoque con el que abordamos le negociación fue encontrar el máximo de justicia que nos permita la paz. Por eso decimos que todo proceso de paz es imperfecto. Una justicia perfecta no permite la paz.

P. Gobierno y FARC acordaron la creación de una Jurisdicción Especial para la Paz, que será quien sancione a los actores del conflicto. Después de 50 años de guerra, ¿cuánto se pueden demorar esos juicios?

“El odio y la envidia es lo único que justifica
ver a Uribe y Pastrana juntos”

R. Hay que proceder con mucho pragmatismo y realismo. El tribunal tiene que trabajar con mucha eficiencia y abordar en primera instancia los casos más significativos para generar credibilidad y que la gente perciba que se está aplicando la justicia. Pero no nos engañemos, poder impartir veredictos sobre todos y cada uno de los casos de 52 años de guerra es imposible.

P. De todas las críticas al proceso, ¿cuál es la que más entiende?

“No gobierno para las encuestas, hice este proceso
a sabiendas del costo político que iba a tener”

R. Mucha gente piensa que debe haber más justicia, pero porque no están acostumbrados a la justicia transicional, a la justicia restaurativa, a la reparadora. Estamos acostumbrados a la justicia vengativa, por cierto, cada vez más en entredicho si lo que se busca es restaurar a la víctima.

P. ¿Cuál es el gran reto para el plebiscito del 2 de octubre?

R. Poder poder neutralizar casi cuatro años de mentiras y de desinformación, que han hecho mella, que han confundido mucho la gente. Tenemos comprobado que a toda esa gente cuando se le explican los acuerdos dicen: “Ah, yo no sabía, tenía entendido otra cosa”. El gran reto es hacer una pedagogía efectiva.

P. ¿Cómo se va a lograr en cuatro semanas si no se ha conseguido en cuatro años?

R. Haremos una campaña sencilla pero muy intensa. Vamos a lograr el cometido, quizás no con todo el mundo, porque nos hubiese gustado tener más tiempo, pero creo que será suficiente para poder ganar el plebiscito ampliamente.

P. Ustedes han logrado un acuerdo de paz, pero siempre se les ve saliendo al paso de declaraciones de los críticos al proceso. ¿Por qué cree les cuesta marcar la agenda?

R. Los negociadores no han tenido el tiempo de hacer pedagogía, ahora están comenzando. Además, muchos de los periodistas han sido influidos por esa desinformación. Uno de los grandes debates que debería generarse en este país es el papel de los medios como cuestionadores. Un periodista cuando sabe que lo que le está diciendo es mentira debe cuestionar eso. Aquí muchos de los periodistas reproducen la mentira porque lo dice una persona u otra.

P. Las élites de las ciudades hace años que no sienten de cerca la violencia, pero son muy reacios al proceso. Y los que han sufrido la violencia más de cerca se sienten alejadas de las élites políticas. ¿A quién creen que tienen que dedicar más atención para el plebiscito?

R. La actitud de las víctimas ha sido una de las grandes lecciones de este proceso. Pensé que iban a ser los más duros y han sido los más generosos, los más dispuestos a perdonar. Ha sido una gran lección de vida. No entiendo cómo mis compañeros de élite, porque yo pertenezco a ella, soy miembro de los clubes más exclusivos de la capital, se dejan desinformar sobre los beneficios de la paz.

P. ¿Le molesta?

R. Me siento a veces triste de que exista gente que después de tener la información no entienda la importancia de dar este paso para dejarle a todos nuestros hijos un país más tranquilo. Aquí también hay un ingrediente político. Mucha gente está pensando en 2018 [año de las próximas elecciones presidenciales]. Cuando se piensa solamente con un criterio de conveniencia política se distorsiona la realidad. Otra cosa que me tiene triste es lo que el odio y la envidia son capaces de hacer. Unió a los dos enemigos más acérrimos, Uribe y Pastrana. Rezo todos los días para no ser invadido por esos sentimientos de odio y envidia, lo único que justifica ver a Uribe y Pastrana juntos.

P. Al igual que ocurrió con David Cameron, usted no tenía por qué convocar una consulta y las encuestas señalan que su popularidad baja. ¿Teme un Brexit a la colombiana?

R. No. Estoy seguro de que el pueblo colombiano tiene inteligencia para pensar que aunque no es una paz perfecta esto es mejor que 20 o 30 años más de guerra. Nunca he gobernado paras las encuestas, porque si se vive pendiente de las ellas no se toman decisiones. Yo hice este proceso a conciencia, a sabiendas del costo político que iba a tener. Cualquier líder debe asumir el capital político como algo para gastarlo. El que se mantiene cuidando su capital político no toma decisiones.

P. ¿Qué pasa si gana el no?

R. Muy sencillo: se devuelve la guerrilla a la selva y continúa el conflicto armado.

P. ¿Y con usted?

R. Termino mi mandato [en 2018] con una herida en mi capacidad de gobernar. Acabaría lo que hemos empezado además de la paz. Otra de las grandes mentiras es decir que yo me dediqué demasiado a la paz.

P. Esta ha sido una de las semanas más convulsas que se recuerda en América Latina. ¿Qué le ha parecido el impeachment a Dilma en Brasil?

R. Personalmente, me ha dolido. Tuve con Dilma una muy buena relación, colaboramos en muchos aspectos de la región. Verla en esta situación ha sido doloroso en lo personal. En la parte institucional, prefiero no opinar, porque tengo que respetar las reglas del juego internas de cualquier país. No quiero que Brasil salga perjudicado en este proceso.

P. Después de la multitudinaria manifestación en Venezuela, y con la frontera ya abierta, ¿teme que una implosión social afecte a Colombia?

R. Lo que sucedió en Venezuela es la demostración de que el pueblo venezolano quiere que se agilice el proceso de revocatorio, tienen todo el derecho a reclamarlo. Colombia ha estado siempre dispuesto a ayudar en cualquier momento para poder evitar una implosión que a nadie le conviene.

P. Estados Unidos ha sido el gran aliado de Colombia. Hillary Clinton ha apoyado el proceso de paz. Donald Trump no se ha pronunciado. ¿Usted a quién prefiere en la Casa Blanca?

R. Yo prefiero no meterme en la política de otro país, pero Hillary es una amiga personal, su marido y ella han sido un apoyo para mi gobierno y los anteriores. No tengo si no elogios para ellos. A Trump no lo conozco , pero sí puedo opinar que sus políticas no son las que estamos abanderando.

“Hemos conocido una derecha civilizada”

Lectores de EL PAÍS responden a la pregunta: ¿Debe Rivera apoyar a Rajoy?

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Mariano Rajoy conversa este martes con Albert Rivera en el Congreso. PIERRE-PHILIPPE MARCOU (AFP)

el pais12 julio 2016 / EL PAIS

Estas son las respuestas de los lectores a la pregunta formulada por el director de Opinión de EL PAÍS, José Ignacio Torreblanca, sobre si Ciudadanos debe apoyar al PP y facilitar la investidura del próximo presidente del Gobierno.

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Ningún dirigente o partido que haya esgrimido en algún momento una ambición regeneracionista puede apoyar un Gobierno del PP tras el rodillo de la mayoría absoluta de 2011-2015, ni mucho menos formar Gobierno. Salvo que se quiera traicionar la principal exigencia ciudadana, que es la de la coherencia. En aras de la gobernabilidad del país puede, a lo sumo, abstenerse. La responsabilidad de la mayoría solitaria del PP es únicamente del PP. El PP, y Mariano Rajoy, han sido los únicos que han mejorado resultados el 26-J. Sería, pues, hasta cierto punto contra natura y contra la voluntad popular hacer malabares para formar Gobiernos alternativos. Pero una cosa es no ser obstruccionista y otra muy distinta avalar desde otros partidos y en especial los nuevos la política del PP. Si el PP no ha renovado su mayoría absoluta, por algo será. Pablo García Astrain

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De entrada, mi respuesta es no. Y ahora expongo mis razones:

1. En el PP no ha cambiado nada con respecto a las condiciones que se dieron tras el 20-D y entonces Ciudadanos le dijo no a Rajoy. ¿Por qué tendría que cambiar ahora?

2. Tras el 20-D, Ciudadanos construyó, junto con el PSOE, un programa de gobierno con el que Sánchez se presentó a la investidura. No veo ningún motivo en la situación actual como para anular aquel pacto y sustituirlo por otro con el PP.

3. Ciudadanos ha basado parte de su campaña en la regeneración política y ha establecido como línea roja la corrupción. En el PP, desde el 20-D solo han existido más casos de corrupción, a lo que habría que añadir las conspiraciones del ministro del Interior en Cataluña; una razón más para no pactar con el PP.

4. Pactar un coalición de Gobierno con el PP podría suponer para Ciudadanos la fagotización de esta formación por el PP y, prácticamente, desaparecer en un corto espacio de tiempo no más allá de dos legislaturas (similar al caso de UPyD). Vicente Fdez. Arias

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Rivera no debe ni puede pactar con Rajoy.

Los votos recibidos por Rivera no se le han dado para ser la muleta del PP, ni aunque la “estabilidad” dependa de ello. Quien quería votar PP ya lo hizo directamente. Pactar con Rajoy es pactar con la corrupción, con los sobres, con Bárcenas, con Camps, con Barberá, con Arístegui, la Gürtel y la Púnica. Rivera no recibió tres millones de votos para echarlos a la basura (se condenaría como político y como opción de futuro). Podría, eso sí, pedir la cabeza de Rajoy y de varios corruptos más del PP (desde Arenas a Cospedal) a cambio de un programa político y económico de regeneración… pero eso es soñar (pura ciencia ficción). Con los pies en la tierra, Rivera no puede ni debe pactar con Rajoy, pase lo que pase. Terceras elecciones incluidas. Juan Vilches.

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No.

Creo que la labor desarrollada por Rivera desde el pasado 20 de diciembre, ha permitido a muchas personas, conocer a una derecha civilizada, no diré culta todavía. Pero que apunta maneras, que puede dialogar y a la que no le gusta que se juegue en el Congreso con maquinitas ni que se meta la mano en la caja. Mezclar su ideología con la de los cientos de imputados, condenados… del PP sería algo irreversible. Creo que Rivera debe girar al “centro” y es cuestión de tiempo que las nuevas generaciones de los hijos del PP vean en él algo menos contaminado que lo que tienen en casa. Tal vez, incluso algún socialista al que no le gustan los experimentos regionales, ni las zancadillas internas y mucho menos las puertas giratorias pudiera sentirse atraído. Antonio Jaén

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Rivera no debería de pactar ni con Rajoy ni con Sánchez. La mayoría de los votantes de C’S son votantes que votaron en el 2011 a Rajoy, y arrepentidos y decepcionados no quieren que repita como presidente. Si Rivera lo hace posible por activa o por pasiva, este electorado se sentirá muy frustrado. Con Sánchez tampoco debió de pactar Rivera puesto que estos votantes son ciudadanos de centro-derecha que no quieren a Rajoy, pero menos quieren un presidente socialista. Rivera debió de mantenerse en un segundo plano, antes, y ahora con más motivo, dejando la pelota en el tejado del PP y del PSOE, pero su afán de protagonismo le puede y le pierde. José Manuel Riveiro Corona.

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Opino que sí. Ciudadanos debe apoyar al PP, pero manteniendo sus promesas y forzando, si puede, la dimisión de Rajoy. Unos años más de despiadadas e injustas políticas de derechas acabarían abriendo los ojos a los ciegos y pusilánimes. Es el PP y solo el PP el que debe darnos miedo o, mejor todavía, terror pánico. Parafraseando a Monterroso: “Cuando despertó, Mariano Rajoy seguía ahí”. José Belenguer Serrano.

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Sí. Eduardo Barousse Moreno

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Es Rajoy el candidato que debe ofrecer voluntariosamente a Rivera un pacto de legislatura o investidura. Rajoy es el que tiene que demostrar a Ciudadanos que estaban equivocados en la pasada campaña y que él personalmente puede asumir un Gobierno reformista y anticorrupción. Como eso no va a suceder, dado el talante despreciativo, inmovilista y de mínimos de Rajoy, a Rivera solo le quedará pasar a la oposición constructiva votando no al investidura. Se avecinan tormentas políticas y económicas en el horizonte y a Ciudadanos le interesa mantenerse como un referente, el partido de la ilusión por un proyecto político reformista íntegro, frente a los “populares” que quieren disolver su esencia en un regalo de gobernabilidad que se resolverá inútil al poco tiempo dado el nulo afán de cambio de Rajoy. Carlos Camino

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Sí, debe de pactar. Carmen Juárez

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La peor decisión que puede tomar un partido que está en la lucha por ganar espacio político es verse enredado en acuerdos con un partido enfermo de corrupción. La opción no es pactar con el PP, es pactar con los dirigentes que han podrido la política, que han ensuciado la función pública. Es una cuestión de respeto a la gente que cree en las bases del PP. Pactar con Rajoy es, de alguna manera, favorecer su enquistamiento en el poder y con él, y con ellos, una nefasta manera de entender la política. Es permitir que un político sin escrúpulos, sin responsabilidad política ni ciudadana se salga con la suya. Es que Rajoy solo tiene que sentarse a esperar que su método dé frutos, solo con dejar pasar los días y apelar al sentido común del resto de partidos para que hagan lo que deben, tragar y abstenerse ante este personaje. La política en España ha tomado un tono extraño, donde quien intenta pactar es castigado, quien se refuerza en el cinismo del que deja hacer se beneficia. Solo escucho hablar de quién tiene la responsabilidad ante la posibilidad de que se vuelva a votar, pero se olvidan que sin segundas no habría terceras, que los culpables de este estancamiento político son la corrupción del PP que lo deja aislado y la desidia e infantilismo de Iglesias y Garzón cuando debieron estar a la altura de los millones de votantes que confiaron en ellos. Olé, por Rivera y Sanchez, que intentaron un pacto de contrarios, sobre una base de lugares comunes para sumar. Lástima que solo lo entendieron ellos. De nada sirve un pacto de investidura si luego no es posible gobernar. Rubén Óscar Mansor.

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Aunque considero a Ciudadanos un partido de centro-derecha no debería dar su apoyo al PP por pura coherencia con los principios que han proclamado a los cuatro vientos: regeneración democrática y transparencia, elementos que no se dan precisamente en Rajoy y compañía. Y, sinceramente, tampoco veo a sus herederos muy lejos de sus jefes, al menos por los sapos que se están comiendo para hacerse un hueco en el poder. Naturalmente, hablo de Maillo, Pablo y Cía. Si votan a favor del PP, debieran hacerlo tras conseguir negociar los cambios que ya negociaron con el PSOE, como mínimo. J. Payán

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La pregunta es: ¿Debe pactar Rivera con Rajoy? La respuesta es: “Depende”. Ciudadanos no debe pactar con el PP a cambio de nada, ni de puestos en el Gobierno (Rivera ya dijo que no querían sillas). No debe apoyar a Rajoy así como así. Lo que deben hacer PP y Ciudadanos es sentarse a negociar un acuerdo de gobernabilidad y la responsabilidad del éxito en el acuerdo es de ambos. Ciudadanos debe entender que no puede exigir ni la mitad de medidas de su programa, ya que debería ser proporcional al número de escaños obtenidos. Y el PP debería entender que debe ceder en algunos para obtener su apoyo. En resumen: si yo fuera Albert Rivera, saldría ante los medios y diría lo siguiente: “Queremos un acuerdo de gobernabilidad con el PP. Entendemos que teniendo menos escaños que ellos no podemos exigir el cumplimiento de todas las propuestas en su programa, pero nuestro apoyo tampoco debe ser gratuito. Somos humildes y pedimos solo tres propuestas de nuestro programa:

1. Nueva ley electoral: un ciudadano, un voto.

2. Aplicar el paquete de medidas de regeneración democrática (puertas giratorias, listas abiertas, primarias en los partidos…).

3. Supresión de las Diputaciones

Si se comprometen únicamente a estas tres medidas tendrán nuestro voto”. Como votante de Ciudadanos, si Rivera le da su apoyo a Rajoy a cambio de prácticamente nada, de maquillaje… perderá mi voto. Creo que el votante de C’s es más crítico de lo que pueda ser el votante del PP con su partido. Javier Oviedo

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 Sí, sin ninguna duda, Rivera debiera intentar pactar con Rajoy. Seguramente accediendo a un Gobierno que lo participe activamente, pero creo que debe dejar de lado la negativa y caprichosa influencia de Sánchez. Este último quien, por cierto, debiera dejar de lado su arrogancia constante, reconocer su derrota electoral, y facilitar un Gobierno que, quiérase o no, fue votado mayoritariamente por la gente, y que además hace muchísima falta ya no solo para el Gobierno nacional del día a día, sino además para generar una imagen de país consolidado. (Por cierto, no soy del PP, pero reconozco que en este momento es lo más adecuado). Creo que es esta también una importante coyuntura que puede permitir plantar firme cara al independentismo, que tanto daño hace a la sociedad. Pablo A. Pérez.

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No!!!

Si Rivera ha perdido ocho diputados por vetar a Rajoy. Debe ser fiel a los votantes que le han quedado. Se supone que estos han creído en su promesa electoral. Y debe cumplirla. Emilio Soler

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Cuando los resultados de unas elecciones conllevan una ambigüedad de resultados, que la ley electoral así vigente lo ha decidido, y lo ha hecho en dos ocasiones sucesivas, lo mínimo que pueden hacer los partidos es conformar una mayoría de gobierno que permita cambiar lo que no funciona, en nuestra democracia. La gestión de poder debe realizarse de la mejor forma posible, anteponiendo los intereses generales de la democracia a los propios del grupo perdedor. Esta lealtad se refiere al proceso democrático, y no necesariamente a las políticas que ponga en práctica el nuevo gobierno, por ello todos aquellos grupos deben aglutinarse en esta ocasión en torno a un programa de gobierno que no puede ser de izquierdas o derecha, sino del interés general de los ciudadanos de este país, para su bien común y para ello Sr. Rajoy, Rivera, Sánchez o Iglesias deberían estar negociando, una legislatura de transición para el bien común. Miguel Brito Ramos.

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Sería muy importante que Ciudadanos ayudara a formar gobierno porque necesitamos ya un gobierno fijo cuanto antes. Personalmente no me gustan en absoluto las políticas de Rajoy y del PP, los numerosos casos de corrupción, las pésimas políticas sociales. Y el caso de las escuchas en el Ministerio del Interior tiene claras reminiscencias del franquismo que resultan francamente alarmantes. Casi peor -si cabe- que los casos de corrupción económica. Sin embargo, aunque es difícil entenderlo, la gente ha vuelto a votar por el Partido Popular y a mí me gustaría que los partidos que entren en el gobierno juntos al PP ejerciesen un control fuerte al PP y que les obligasen a hacer una limpieza profunda para que los ciudadanos podamos volver a creer en la democracia en España. Con el PP en el gobierno nuestro concepto de cómo debe de funcionar la democracia se aleja cada vez más de la realidad. Más que nunca necesitamos hombres de Estado en el gobierno para ejercer un mayor control sobre la ética en política. Ciudadanos tiene mejor sentido de la ética que el PP y su papel es clave para regenerar la política y el PP en concreto. Julia Weiss.

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Debe y está obligado. Primero, porque el bipartidismo se ha terminado en beneficio de la democracia. Segundo, porque estamos perdiendo una oportunidad única, para hacer leyes negociadas por todos los partidos y no impuestas, que un partido legisla y otro elimina al llegar de nuevo con sus mayorías absolutas. Tenemos necesidad de una ley de educación, justicia, electoral pactadas por la mayoría de los partidos y no leyes impuestas sin negociación previa que nos ha traído hasta aquí, como la Ley de educación. Es un momento único para la democracia negociada y no impuesta. Para ello hace falta talante que dudo exista en los líderes de los partidos actuales. Luis Maraña.

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Por coherencia, y por supervivencia, no debe pactar, a menos que Rajoy se eche a un lado y el PP nomine a alguien no contaminado como candidato a presidente. Esto sería una medalla para Rivera, pero por eso mismo el PP no lo va a aceptar. Juan Mª González Oliveros.

 

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Mariano Rajoy y Pablo Iglesias EFE

Mariano Rajoy y Pablo Iglesias EFE

Con su plan de destruir el centro, ambos nos condenan a la ingobernabilidad.

Editorial, 19 junio 2016 / EL PAIS

el paisA una semana de las elecciones generales, algunos tratan de hacernos creer que los ciudadanos que se acerquen a las urnas solo tienen ante sí una única y dramática decisión: apoyar a un bloque de derechas dirigido por el PP o, por el contrario, sumarse a un bloque de izquierdas encabezado por Podemos.

Esa dicotomía es falsa e interesada. Primero, porque, como muestran todas las encuestas, una mayoría considerable de españoles se sitúa en posiciones ideológicas cercanas al centro. Segundo, porque, como muestra el sondeo de Metroscopia publicado hoy por EL PAÍS, aunque la mayoría de votantes del PP preferirían gobernar con Ciudadanos, y los de Podemos con el PSOE, los socialistas y los de Ciudadanos se decantan con toda claridad por coaliciones transversales que incluyan a sus partidos, antes que por fórmulas en las que no estén ellos dos.

La lógica de bloques la promueven aquellos que quieren hacer creer que solo se puede gobernar España desde un extremo ideológico en confrontación con el otro extremo. Pero esta lógica no solo es falaz sino destructiva para nuestro país. Basta con examinar las propuestas programáticas de los cuatro partidos en liza —cosa que, por desgracia, una campaña electoral basada en las emociones y el trazo grueso no parece estar permitiendo—, para comprobar que la confluencia programática entre PP y Ciudadanos, por un lado, y PSOE y Unidos Podemos, por otra, es mucho menor que la existente, por ejemplo, entre socialistas y Ciudadanos.

El nuevo tablero político, multipartidista, hace bastante inútil reivindicar la victoria en votos como única fuente de poder. Eso se aplica especialmente a Mariano Rajoy: el mal balance de legislatura, su deteriorada imagen a costa de los innumerables casos de corrupción sufridos en sus filas y su reticencia tras el 20-D a abrir negociaciones conducentes a una investidura le invalidan para liderar una coalición, necesariamente transversal, que promueva los cambios y reformas necesarios para España. Además, si como indican las encuestas, sus resultados fueran peores que los del 20-D, resultará muy difícil que continúe como líder de su partido, ya que, como ha señalado Albert Rivera, eso cerraría al PP toda posibilidad de permanecer en el Gobierno.

Al otro lado del tablero político, Pablo Iglesias es, pese a postularse como la única alternativa a Mariano Rajoy, el dirigente con menos posibilidades de ser presidente del Gobierno. Es imposible imaginar que los socialistas —después de haber visto malograda la investidura de Pedro Sánchez por la resistencia de Podemos siquiera a abstenerse— se dispongan ahora a convertir a Pablo Iglesias en jefe de un Ejecutivo en el que el PSOE juegue el papel de comparsa. Mantenemos la posición defendida en su día desde este espacio editorial de que el PSOE no puede gobernar con Podemos porque esta es una fuerza esencialmente populista y de variable orientación ideológica que no ha demostrado fiabilidad ni actitudes como para gobernar para todos los españoles. Esa posición es mucho más rotunda si el PSOE es tercera fuerza por el deseo de los votantes de ver a los socialistas en la oposición.

Además, el camino hacia La Moncloa de Podemos se ve lastrado por el hecho de que suscita casi tanta reticencia como el PP en el conjunto de la sociedad: el 57% nunca votaría a los populares, y el 43% tampoco lo haría nunca por Podemos, mientras solo un 14% manifiesta absoluto rechazo hacia el PSOE o Ciudadanos.

La centralidad viene también obligada por el deterioro de las dos fuerzas dominantes en el anterior sistema bipartidista, PP y PSOE, que parecen reunir ahora una menor intención de voto, y posiblemente, menos escaños, que en diciembre.

Hay que pedir a los electores que decidan su voto siendo conscientes del difícil marco español y europeo en que les toca decidir. Y a los partidos, que abandonen el terreno de la banalización y del simplismo. No se puede confundir al electorado gritándole que no hay más opción que Rajoy o Iglesias. Todavía existen muchos votantes indecisos y hay campaña por delante.

Desde la transversalidad se pueden encontrar soluciones de gobierno que traigan a la vez cambio y estabilidad, y reformas sin rupturas, además de soluciones para cuestiones enquistadas, como la de Cataluña. Por el contrario, desde la polarización, el frentismo y la dinámica de bloques solo se puede garantizar una continua crispación que conduce a que los problemas se perpetúen.

Deliberemos. De José Ignacio Torreblanca

El autor es el nuevo editor de la sección Opinión de El País.

José Ignacio Torreblanca es Profesor Titular en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y Doctor Miembro del Instituto Juan March de Estudios e Investigaciones. José Ignacio Torreblanca, 5 junio 2016 / EL PAIS

“Somos nosotros mismos los que deliberamos y decidimos conforme a derecho sobre la cosa pública, pues no creemos que lo que perjudica a la acción sea el debate, sino precisamente el no dejarse instruir por la discusión antes de llevar a cabo lo que hay que hacer”. Una sencilla pero potente observación (formulada por Pericles en el 431 a.C.) que resume a la perfección algo que todos sabemos, que una democracia es imposible sin un debate público de calidad, pero que demasiado a menudo olvidamos o nos intentan hacer olvidar.

Hablamos mucho de crisis de la democracia, y casi cada día intentamos reinventarla. Pero los principios que hacen funcionar nuestras democracias tienen casi 2.500 años de antigüedad y muy poca necesidad de renovación en lo el paisfundamental. Aquel ágora ateniense, que permitía una democracia participativa, se ha transmutado hoy en un ágora digital. Más que nunca, la complejidad del mundo en el que vivimos exige unos medios de comunicación que puedan explicar esos cambios, dar voz a la ciudadanía y exigir cuentas al poder.

Que los principios y ambiciones democráticas sean los mismos no quiere decir que sea fácil desarrollarlos. Al contrario, vivimos en una época marcada por profundos cambios tecnológicos que abren posibilidades tan infinitas como complejas de materializar. Y por si el reto del cambio digital no fuera suficiente, en nuestras sociedades proliferan los extremismos y la polarización, a veces alimentados por las dinámicas de las redes sociales, lo que hace difícil en ocasiones mantener ese debate público de calidad que sirve de oxígeno a nuestras democracias.

El PAÍS acaba de cumplir 40 años y se lanza con toda energía e ilusión a conquistar los nuevos espacios de debate público y deliberación que conforman Internet y las redes sociales. Queremos conectar a las generaciones que fundaron este periódico y lo han sostenido con su fidelidad con los jóvenes que se incorporan al mundo y también ansían un espacio abierto y plural para el análisis riguroso y de calidad. Además del cambio digital y generacional, buscamos abrirnos geográficamente a nuevas firmas, temáticas y miradas. En nuestras tribunas, aspiramos a mezclar la experiencia y la veteranía con la juventud y la innovación. Y en nuestros editoriales queremos reflexionar en voz alta sobre los hechos más relevantes de la actualidad, los problemas que nos preocupan a todos y las tendencias que están definiendo ya nuestro futuro. Queremos reflexionar, debatir, analizar, lograr entre todos un espacio público de calidad que mejore la democracia. Deliberemos.

@jitorreblanca

EL PAÍS Opinión se renueva

José Ignacio Torreblanca es el nuevo jefe de una sección que mira más a Internet y amplía áreas de debate.

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José Ignacio Torreblanca

5 junio 2016 / EL PAIS

EL PAÍS Opinión, la sección que el periódico dedica a editoriales, tribunas y debates, arranca nueva etapa con la mirada puesta en el desarrollo de contenidos para la web, en la renovación de firmas y en una invitación a lectores y generaciones de todo el mundo a participar en el intercambio de ideas. Éstas son las claves de la nueva etapa:

1) Más Internet. Llegar a más lectores a través de más canales es la filosofía de una nueva realidad que ha multiplicado sus posibilidades en la era de Internet. Además de la oferta en papel, la nueva sección intenta recorrer todos los caminos que hoy se abren en el universo digital.

Por ello, Opinión amplía su presencia en Internet con una página en Facebook donde los lectores pueden encontrar todos los contenidos de la sección, participar en encuestas instantáneas sobre cuestiones de actualidad y asistir a entrevistas en directo con los autores y responsables de la sección. Esta nueva página en Facebook se añade a nuestra cuenta ya existente en Twitter (@elpais_opinion), a la que seguirá, pronto, la presencia en Instagram. Opinión ofrecerá además videoanálisis de las noticias de actualidad, permitirá descargar podcasts semanales donde analizaremos con nuestros corresponsales los hechos y tendencias más relevantes de la actualidad mundial, y elaborará newsletters que enviará por correo electrónico a los lectores que se suscriban.

2) Renovación de firmas. Las secciones de Claves y Mirador renuevan sus articulistas buscando un mejor equilibrio geográfico, generacional, de género y temático. Se incorporan Víctor Lapuente, Sandra León, Jorge Galindo, Máriam Martínez-Bascuñán, Valeria Luiselli y Javier Sampedro, que suman sus columnas a las habituales de Julio Llamazares, Manuel Jabois, Jorge M.Reverte, José Ignacio Torreblanca, David Trueba y Xavier Vidal-Folch.

3) Ampliar el debate. Los lectores encontrarán más espacio para expresar su opinión en la sección de Cartas al Director en la web; una herramienta imprescindible para conectar con los lectores, darles voz y estar al tanto de sus preocupaciones. También, quienes aspiran a colaborar en EL PAÍS Opinión encontrarán en la web orientacioens para hacerlo: aportar claves originales, identificar temas novedosos, buscar ángulos distintos, mostrar realidades diferentes o rehuir manifiestos y argumentarios, son algunas de las recomendaciones.

Además, los lectores seguirán encontrando en nuestra sección a los mejores viñetistas, un comentario diario de actualidad (Acento) y una ventana al mundo (Conversación Global).

La nueva etapa de EL PAÍS Opinión cuenta con José Ignacio Torreblanca como jefe de esta área. Torreblanca es profesor de Ciencia Política en la UNED y ha dirigido la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relationes (ECFR). Es columnista de EL PAÍS desde junio de 2008. Su último libro Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis (Debate) se publicó en abril de 2015. Ha publicado también ¿Quién Gobierna en Europa? (Catarata, 2014) y La fragmentación del poder europeo (Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

El Salvador encarcela el proceso de paz. De Jacobo García/EL País

El documento de acusación en el “caso tregua” fue elaborado bajo el mando de Luis Martínez en la FGR. Douglas Meléndez sólo sacó del requerimiento fiscal la imputación al general Munguía Payés, porque no logró adjudicarle delitos. Luis Martínez también ordenó elaborar una solicitud de antejuicio contra Munguía Payés, pero el nuevo fiscal no la presentó. Aquí una investigación de Jacobo García de El País.

Paolo Luers

Miembros de la Mara Salvatrucha a su llegada a la prisión de Quezaltepeque. Jose Cabezas REUTERS

Miembros de la Mara Salvatrucha a su llegada a la prisión de Quezaltepeque. Jose Cabezas REUTERS

La Fiscalía ordena la detención de los mediadores de la tregua con las pandillas avalada por OEA y la ONU. El gobierno del FMLN encabeza la mano dura en el país más violento del mundo.

Jacobo García, 18 mayo 2016 / EL PAIS

el paisEn 1991 un joven militante de izquierdas, Raúl Mijango y un militar, David Munguía Payés, participan en el equipo que negocian el fin de la guerra en El Salvador. Aquellos jóvenes, emocionados por la paz, se caen bien, se hacen amigos y logran un acuerdo que pone fin al conflicto.

Dos décadas después, en 2011, El Salvador vuelve a estar inmerso en otra guerra. Las pandillas 18 y Salvatrucha se han declarado odio eterno y diariamente se recogen de las calles más de 15 cadáveres, lo que convierte al pequeño país centroamericano en el más violento del mundo.

Desbordado por la violencia, el presidente Mauricio Funes (2009-2014) permite a los dos amigos que encabecen un proceso de negociación entre las pandillas para frenar la sangría. Por aquel entonces el militar había llegado a general y ministro y el otro era un conocido defensor de los derechos humanos.

Los equipos negociadores van una y mil veces a las cárceles para entrevistarse con los líderes de las maras, gestionan traslados, coordinan la entrega de 480 armas y acuden varias veces a la casa presidencial para explicar los avances. Finalmente, de marzo de 2012 a mayo de 2013, han consumado algo impensable; un alto el fuego a cambio de beneficios carcelarios que redujo de 15 a 5 los muertos diarios. Hay días incluso que se llega a cero. En promedio se reduce un 75% las muertes en el país más violento del mundo. La ONU y la OEA apoyan la negociación.

Sin embargo, hablar con las pandillas, incluidas en la lista de organizaciones terroristas de EE UU, es profundamente impopular en El Salvador después de años de matanzas y el tiempo político se cruza en el camino de la tregua. Primero con el relevo del ministro de Interior y después con la llegada del nuevo gobierno de Salvador Sánchez Cerén, que cambia radicalmente el discurso.

El FML gana las elecciones de 2014 con un mensaje de mano dura y satanización de la tregua respaldado por sondeos que evidencian el hartazgo de la población a dialogar con asesinos tatuados convertidos es actores políticos.

Acto seguido, Cerén moviliza las tanquetas y al ejército para combatir a las pandillas y se convierte en delito negociar con ellas. La sangrienta consecuencia es que los cadáveres se multiplican y en 2015 se alcanza un pico de 30 muertos diarios. En otra ocasión, 54.

Paralelamente el fiscal general Douglas Meléndez, a quien el proceso de paz le parece una fórmula “no correcta que permitió a las pandillas reamarse y causar más daño”, la emprende contra todo lo que huele a tregua. Su argumento es que “la negociación no es un delito pero que durante la misma se cometieron actos ilícitos” como introducir teléfonos móviles en las cárceles o permitir fiestas con prostitutas explica durante una entrevista con EL PAÍS en su despacho.

Desde el primero de mayo ordenó la detención de la mayoría de negociadores, policías y miembros de la sociedad civil que participaron en el proceso de paz; en total 21 ordenes de captura, incluido el jefe de prisiones, que termina con 18 detenidos y otros tres funcionarios en busca y captura.

La imputación de la Fiscalía a la que tuvo acceso EL PAÍS, pero desconocida por los salvadoreños debido al secreto de sumario que castiga a quien lo publique, responsabiliza a los dos amigos de ser las cabezas de un proceso de negociación fallido que tuvo como consecuencia el fortalecimiento de las pandillas.

De los dos amigos el primero en caer fue el activista Mijango, encarcelado desde primero de mayo en condiciones de aislamiento y exhibido ante la opinión pública como un pandillero más vestido de blanco. Paralelamente su amigo Munguía Payés es acusado de enviar al matadero a sus hombres al permitir “el rearme y fortalecimiento de las pandillas y que la población civil, soldados y policías se vuelvan objetivo” dice el documento de 138 páginas.

El militar podría ser detenido en cualquier momento salvo por un inciso, goza de fuero por su condición de ministro. Sin embargo, la pistola contra él ya está cargada a falta de una última prueba que lo vincule. EL PAÍS obtuvo también el borrador con membrete oficial que se guarda en los cajones de la Fiscalía listo para ser enviado a la Asamblea con el objetivo de que los diputados voten el desafuero, o antejuicio, contra el militar. El Fiscal General confirmó a este diario la existencia del documento, pero dijo que fue elaborado por su antecesor.

Los tres primeros meses de este año hubo un promedio de 20 muertos diarios. El embajador Adam Blackwell, secretario de seguridad de la OEA hasta 2015 y activo mediador durante la tregua expresó su “tristeza” y califica de “juicio político” el proceso abierto contra los negociadores. “La actual ley antipandillas y el hacinamiento del 300% en las cárceles es lo que ha vuelto a empoderar a las pandillas”. La cárcel es la universidad del crimen.

La persecución de los actores del proceso de paz es un problema también para los pandilleros. “Es una locura que las personas que han contribuido a salvar a más de 6.000 vidas están en la cárcel” explica Santiago, quien habla en nombre de casi 70.000 pandilleros. El líder de la 18 sureños llega a la entrevista en un hotel de la capital salvadoreña con dos teléfonos con los que puede hablar en cualquier momento con los líderes encarcelados. “No necesitamos que nadie introdujera teléfonos porque ahí dentro tenemos los nuestros” y aclara que fiestas con música hubo siempre dentro de las cárceles”. Durante la entrevista suena varias veces su celular con música de cumbia. El Salvador, sin embargo, tiene pocos motivos para bailar. “Nada de lo que pasó sería posible sin el consentimiento ni del presidente” añade el pandillero. Por el momento, el ex presidente Funes guarda silencio y es que el proceso de paz que empezó con una amistad se ha convertido en una suma de imputaciones.

Venezuela da la espalda al chavismo. El País

La oposición logra una contundente victoria en las elecciones parlamentarias y tendrá el control de la Asamblea Nacional.

Tintori junto a otros opositores celebran los resultados. / JUAN BARRETO (AFP)

Tintori junto a otros opositores celebran los resultados. / JUAN BARRETO (AFP)

Javier Lafuente, 7 diciembre 2015 / EL PAIS

el paisVenezuela inicia una nueva era. El país ha decidido dar la espalda al chavismo el día en que se cumplían 17 años de la primera victoria de Hugo Chávez. La oposición venezolana superó todas las adversidades posibles y ha vencido las elecciones parlamentarias. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) tendrá el control de la Asamblea Nacional al obtener 99 diputados, por 46 del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Quedan por adjudicar 22 escaños.

El triunfo supone un varapalo monumental a la figura y a la gestión del presidente, Nicolás Maduro, toda vez que las elecciones se habían convertido en una suerte de plebiscito. La crisis economía, la inseguridad o la persecución a los dirigentes opositores han sido motivos suficientes para que la sociedad haya dicho basta y optado para un cambio en el mapa político del país. El mandatario reconoció los “adversos resultados” aunque aseguró, en tono desafiante, que había ganado “una contrarrevolución”. La derrota del oficialismo conlleva también un golpe político para la revolución bolivariana y el socialismo del siglo XXI, que apenas hace dos semanas sufría un primer revés, después de la victoria de Mauricio Macri ante Daniel Scioli en las presidenciales de Argentina.

Pese a que en los últimos días los sondeos auguraban una diferencia ajustada, con una participación del 74,25%, los resultados evidencian la brecha existente entre la oposición y el oficialismo, que conserva la presidencia y mantiene el control sobre todo los poderes del Estado.

La tardanza en conocerse los resultados no pudo evitar que, mientras llegaba el anuncio oficial del Consejo Nacional Electoral, los principales líderes opositores celebraran unos resultados que ya consideraban irreversibles. Era el caso de Lilian Tintori, esposa del preso político Leopoldo López, encarcelado desde hace casi dos años y condenado a más de 13, que rebosaba felicidad. Una de las primeras medidas que prometió adoptar la oposición era aprobar una ley de amnistía para los presos políticos.

La victoria es también un brindis a la unidad. Por primera vez, todas las formaciones opositoras confluyeron bajo un mismo paraguas, el de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), un crisol de partidos políticos que van desde el centro izquierda hasta la derecha más conservadora y que ha conseguido sobreponerse a los amedrentamientos y las trabas que, durante años, le ha impuesto el oficialismo.

El cierre tardío de los colegios empañó una jornada que había transcurrido con tranquilidad y provocó las críticas unánimes de la oposición. Pese a que el sistema electoral estaba concebido para favorecer al chavismo por diversas medidas que se han tomado durante años, el oficialismo puso toda la maquinaria a funcionar en torno a mediodía. Maduro llamó a la “ofensiva popular” para que nadie se quedara en casa. El chavismo intensificó la presión sobre su electorado cuando quedaban dos horas para el cierre de las urnas, a las seis de la tarde. Tantos los mensajes de los líderes como los que se emitían incesantemente por televisión dejaban entender que los colegios seguirían abiertos pasada la hora prevista, algo que confirmó el Consejo Nacional Electoral al prolongar el cierre al menos una hora. La ley permite que permanezcan abiertos mientras haya gente por votar. Lo que hizo el chavismo fue movilizar a la gente.

La situación no era nueva. Hace tres años, en las últimas elecciones a las que se presentó el fallecido líder bolivariano, se estima que Chávez logró 800.000 votos en horas de la tarde que terminaron por ser decisivas en la victoria final. Una situación similar se produjo meses después, cuando el opositor Henrique Capriles, que partía con una amplia ventaja, terminó derrotado de nuevo, esta vez por Nicolás Maduro. Gracias la denominada Operación Remolque consiguió arañar cerca de medio millón de votos.

Por primera vez en 17 años las encuestas, que auguraban una victoria contundente para la oposición, se cumplieron. Para tratar de evitarlo Maduro fue intensificando su discurso, hasta el punto de llegar a decir que tendrían que ganar “como sea”. No obstante, el presidente se mostró especialmente conciliador la noche previa a las elecciones; aseguró que sus declaraciones se habían malinterpretado e insistió en que reconocería los resultados, fuesen los que fuesen. De alguna forma, ponía la piedra sobre el tejado de la oposición en caso de que no consiguiesen una victoria que daban por segura. Y que ha consumado el comienzo de una nueva época en Venezuela.

El debate presidencial español y sus resultados

El lunes 30 de noviembre tres de los cuatro candidatos principales a la presidencia del gobierno de España participaron en el debate organizado por el periódico El País: Albert Rivera del partido Ciudadanos; Pedro Sánchez del PSOE; y Pablo Iglesias de Podemos. El candidato del PP y actual jefe del gobierno, Mariano Rajoy, decidió no participar. Segunda Vuelta pone a disposición de los salvadoreños el video completo de este debate. Tenemos mucho que aprender en término de debate político.

El día 2 de diciembre, El País publicó el resultado de una encuesta realizada por la Metroscopia para medir el desempeño de los candidatos.

 

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Esta encuesta también demuestra el alto costo político que paga Rajoy de no presentarse al debate con los 3 candidatos jóvenes que le retan.

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