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Populismo millennial: Nayib Bukele y sus dos insólitas semanas de gobierno por Twitter. De Darío Mizrahi

Se convirtió el 1° de junio en el mandatario más joven de la historia de El Salvador, con 37 años. Había ganado las elecciones prometiendo una regeneración de la política, pero ejerce el poder con una fórmula que combina las herramientas comunicacionales del siglo XXI con el caudillismo del siglo XX.

Nayib Bukele, el presidente que gobierna a través de Twitter
Nayib Bukele, el presidente que gobierna a través de Twitter

15 junio 2019 / INFOBAE

“Presidente de la República de El Salvador, Jefe de Estado, Jefe de Gobierno y Comandante General de las Fuerzas Armadas”. Así se presenta Nayib Bukele en Twitter, su despacho virtual. Allí toma, comunica y ejecuta sus decisiones.

No hace falta estudiar psicología para encontrar en esa acumulación de títulos y atribuciones una necesidad de demostrar autoridad. Todos los presidentes latinoamericanos son, al mismo tiempo, jefes de Estado y de Gobierno, y comandantes de sus fuerzas militares, pero ningún otro siente la necesidad de aclararlo. Se sabe que van de la mano del cargo.

“Voy a decir algo que hace mucho tiempo debió haber sido dicho: ahora el poder está en sus manos, en las manos de todos”, dijo Bukele el 1 de junio, después de jurar. Su primer tuit como mandatario en funciones fue una foto suya de espaldas a la cámara, con la banda presidencial puesta y un aire casi épico.

El perfil de Twitter de Nayib Bukele
El perfil de Twitter de Nayib Bukele

Esa misma noche estrenó una fórmula que repetiría hasta el cansancio: tuits que comienzan con “Se ordena…” y concluyen con alguna disposición. Lo que el Poder Ejecutivo hace habitualmente a través de decretos y resoluciones administrativas, sólo que por Twitter, sin pasar por ningún canal institucional.

“Se ordena a la @FUERZARMADASV (cuenta oficial de la Fuerza Armada de El Salvador) retirar de inmediato el nombre del Coronel Domingo Monterrosa, del Cuartel de la Tercera Brigada de Infantería, en San Miguel”, fue lo que publicó Bukele. Lo que vino después fue una larga serie de retuits a personas que lo felicitaban por su decisión.

Bukele hizo que fuera su esposa quien le tomó el juramento como nuevo Presidente de El Salvador el 1 de junio de 2019 (REUTERS/Jose Cabezas)
Bukele hizo que fuera su esposa quien le tomó el juramento como nuevo Presidente de El Salvador el 1 de junio de 2019 (REUTERS/Jose Cabezas)

En los primeros días de su gobierno se ha instalado una política del espectáculo que, al exponer situaciones del pasado reciente enfrentadas con la ética y posiblemente con la ley, somete también de forma indistinta e irresponsable el honor y dignidad de muchas personas a una especie de escarnio público. Se trata de un debut en el ejercicio del poder presidencial que no sólo exhibe un alto nivel de arbitrariedad, sino que también riñe con la institucionalidad y el respeto a legalidad del país”, dijo a Infobae el filósofo Carlos G. Ramos, investigador académico de la FLACSO en El Salvador.

Casi todas las resoluciones de los días siguientes apuntaron en la misma dirección: separar de su cargo a funcionarios vinculados con el gobierno anterior, del FMLN. Por ejemplo, el 5 de junio tuiteó: “Se le ordena a la Ministra de Relaciones Exteriores @CancillerAleHT, remover de su cargo en la Dirección General de Desarrollo Social, a Dolores Iveth Sánchez, hija del ex Presidente Sánchez Cerén. No contrate reemplazo, pase su salario de $2,645.64 a ahorro institucional”. Esta dinámica lleva a los ministros a tener que responder por el mismo medio. “Su orden será cumplida de inmediato Presidente”, contestó la canciller Alexandra Hill Tinoco.

Se trata de un debut en el ejercicio del poder presidencial que no sólo exhibe un alto nivel de arbitrariedad, sino que también riñe con la institucionalidad y el respeto a legalidad del país

“Esto tiene la intencionalidad de terminar de hundir al FMLN, con vistas a los próximos procesos electorales. Por otra parte, bajo el pretexto de combatir el nepotismo, lo cual no se cuestiona, se han suprimido varias secretarías de la presidencia y se han cometido violaciones a los derechos laborales de cientos de empleados públicos, la mayoría sin militar en un partido político, al despedirlos sin el debido proceso que ordena la ley. Lo llamativo es que hasta ahora no ha enfilado sus críticas y despidos hacia ex funcionarios de ARENA, lo cual es congruente con el aparente viraje hacia la derecha que está tomando su gobierno, como puede apreciarse en la composición de su gabinete, así como en las acciones que está realizando”, explicó Héctor Samour, profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad Centroamericana de San Salvador, en diálogo con Infobae.

Las desviaciones sobre el normal funcionamiento de una democracia institucionalizada son múltiples. Por un lado, el despido de un funcionario debería seguir un determinado procedimiento para ser válido y no ser una completa arbitrariedad. Hasta tal punto prima el desorden en el método Bukele que en más de una oportunidad se ha equivocado.

“Se le ordena al presidente de CEL, @wdgranadino, remover de su cargo a José Roberto Peña, encargado de energías renovables, hermano de Lorena Peña”, escribió en otra ocasión. Pero la ex diputada del FMLN lo desmintió. “Todos mis hermanos fueron asesinados por la dictadura militar. ¡Respete! ¡Y deje de mentir!”, replicó.

Por otro lado, detrás de estos tuits asoma la idea de construir una imagen de Bukele como un mandatario omnipresente y superpoderoso. Que por eso se permite también hacer cosas insólitas. “Se les ordena a todos darle like y así ser el Presidente de Twitter”, publicó el 7 de junio, citando un tuit de la revista Aquí Lo Miré. “Oficialmente soy el Presidente más cool del mundo”, había tuiteado una hora antes, compartiendo un video del youtuber Jacobo Wong. Y luego llegó al absurdo de escribirles a sus seguidores “se les ordena que vayan a dormir“.

“La consecuencia política de esta forma de gobernar —continuó Samour— es que se fomente el autoritarismo, la transgresión de las leyes y la vulneración del Estado de derecho, sobre todo en un contexto en el que los otros órganos del Estado aparentemente no hacen el suficiente contrapeso al Ejecutivo, y los principales partidos de oposición están sumidos en una profunda crisis de identidad”.

El uso de las redes sociales como vía de comunicación preferencial es compartido por mandatarios de todo el mundo. Pero hasta Donald Trump y Jair Bolsonaro, que son quienes las emplean de modo más extremo, conceden entrevistas y conferencias de prensa de tanto en tanto. Bukele, que no debatió con sus rivales durante la campaña electoral, aún no se ha dejado entrevistar desde que asumió y en su única rueda de prensa apenas aceptó dos preguntas.

Está tratando de diferenciarse de sus predecesores usando una estrategia mediática que le funciona muy bien. Se siente cómodo en las redes sociales, y es consciente de que su campaña digital ha jugado un papel muy importante en el crecimiento de su proyecto político, que es Nuevas Ideas. Creo que en este momento busca mandar un mensaje contundente de su poder como presidente, y dejar claro que va a cumplir sus promesas de campaña de sacar a los acusados de corrupción del gobierno. Pero, a pesar del impacto de sus tuitazos, Bukele y su equipo saben de las limitaciones de una estrategia puramente mediática. Temo que su campaña para diferenciarse dañe a largo plazo la reputación de instituciones que tanto le ha costado al país construir desde la guerra civil”, dijo a Infobae Sofía Martínez, consultora independiente en temas de violencia, migraciones y corrupción en Centroamérica.

Lo paradójico es que con un estilo millennial, que ofrece un contraste casi absoluto con los políticos tradicionales, está reproduciendo una forma personalista y verticalista de ejercer el poder, propia de los viejos caudillos políticos latinoamericanos.

“El liderazgo del actual presidente —dijo Ramos— tiene mucho de nuevo en sus medios para comunicar, en los códigos de lenguaje de su laxa narrativa política, en los eslóganes simples que acompañan su marca personal y en la forma de hacer política del espectáculo. Pero tiene también mucho de viejo en lo carente de argumentos de su discurso, en la comodidad con que asume el culto a su personalidad, en la poca competencia para dialogar y convivir con la crítica y con los críticos, en su constante descalificación de los adversarios y, especialmente, en lo que parece ser una escasa preocupación por el cumplimiento escrupuloso de la ley”.

Entre la expectativa de cambio y el temor a una regresión

Un estudio mundial de la firma Consulta Mitofsky informó esta semana que Bukele es el presidente más popular de América, con un 71% de aprobación. No llama la atención. Su estrategia de comunicación directa y permanente lo muestra como un mandatario que trabaja las 24 horas, que exige resultados inmediatos a sus ministros y que combate “a los corruptos”, como pretende demostrar con sus despidos masivos a funcionarios del gobierno anterior.

La estrategia del uso del Twitter por parte del Presidente busca dotar de un halo de efectividad y capacidad ejecutiva a su gestión —dijo Samour—, al dar órdenes directamente a sus ministros y a otros funcionarios, que responden inmediatamente por el mismo medio, obedeciendo sin objetar. Son instrucciones a veces solicitándoles una acción para resolver un problema específico de una comunidad, o a veces para pedirles que diseñen un plan para resolver problemas más complejos, como, por ejemplo, un plan de reforestación para todo el país, en un plazo de 10 días. El efecto que persigue es mostrar que está gobernando con rapidez para resolver los problemas y mantener así las altas cotas de popularidad”.

La consecuencia política de esta forma de gobernar es que se fomente el autoritarismo, la transgresión de las leyes y la vulneración del Estado de derecho

La opinión pública salvadoreña estaba hastiada de un bipartidismo estéril, con un partido conservador como ARENA, incapaz ofrecer estabilidad económica y seguridad, y una fuerza de izquierda como el FMLN, que no cumplió sus promesas de mayor bienestar e igualdad. La demanda por un cambio era generalizada y Bukele es un emergente de eso. No necesitó hacer grandes promesas para ganar. Le bastó —y le basta por ahora— con mostrarse muy diferente de lo que había.

“La modernización jurídica institucional diseñada en los 90 para dar soporte al régimen democrático no necesariamente tuvo un correlato en la transformación de la cultura política, ni de las élites ni de la población. Sobreviven vestigios autoritarios, que conviven y disputan cuotas de poder con los actores y dinámicas democratizadoras. Por otro lado, la corrupción y la oscuridad en el actuar de los partidos políticos y los funcionarios de gobierno han conducido a que amplios sectores sociales estén predispuestos a aceptar formas de autoritarismo, arbitrariedades personalistas y populismos del signo que sean, para menguar el hartazgo con la política y con los políticos que produjeron la guerra de los 80 y el post conflicto de los 90″, sostuvo Ramos.

El problema es que sin un plan de gobierno consistente, y sin la capacidad de gestión para llevarlo a cabo, será difícil que Bukele pueda hacer frente a los innumerables desafíos que tiene por delante. El Salvador tiene la mayor tasa de homicidios del mundo, un Estado con serias debilidades, una economía muy precaria y millones de personas en la más absoluta pobreza, un combo que lleva a miles a emigrar todos los años.

El Presidente tiene bastante experiencia en el mundo del marketing, pero no tanta en el de la administración pública. Hasta 2011 era un joven empresario que estaba al frente de la compañía publicitaria que heredó de su padre. En 2012 se presentó a sus primeras elecciones y ganó la alcaldía de Nuevo Cuscatlán, un municipio que no llega a los 8.000 habitantes. Lo curioso es que, a pesar de mostrarse como el rostro de la renovación, lo hizo como candidato del FMLN.

En 2015 volvió a ser postulante del partido, pero para un cargo de mayor envergadura, la alcaldía de la capital del país, San Salvador. Entonces empezaron a verse algunos rasgos controversiales de su liderazgo. El FMLN lo acusó de ser autoritario y lo echó del partido luego de que Xochilt Marchelli, síndica de San Salvador, lo denunciara por violencia física y verbal durante una sesión del consejo capitalino. “Me dijo ‘sos una maldita traidora, bruja’, y me arrojó una manzana”, aseguró Marchelli.

Trató de crear su propio partido con la aspiración de competir por la presidencia en 2019. Pero, como no llegaba a cumplir con los plazos legales, anotó su postulación en la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), un desprendimiento de ARENA muy cuestionado por la falta de transparencia de muchos de sus dirigentes, como el ex presidente Elías Antonio Saca (2004 — 2009), que fue arrestado en 2016 por corrupción.

“Cuando fue alcalde de San Salvador y miembro del FMLN —dijo Martínez—, vimos a un Bukele carismático, joven, dispuesto a apostar por nuevas formas de hacer política y de enfrentar el principal problema del país, que es la violencia de las pandillas. A la vez, el Bukele que conocemos hasta ahora es alguien muy mediático, polémico, y sin mucho interés por lograr consensos. Todas esas son cualidades que a priori no tendrían por qué ser negativas para un líder joven como él. La clave está en la medida en que las utilice en su papel como presidente. El tiempo nos dará la respuesta”.

Bukele acaba de cumplir 15 días en el poder, así que es demasiado pronto para emitir juicios definitivos. La voracidad y la discrecionalidad con las que está actuando preocupan a quienes conocen los peligros de un Poder Ejecutivo desbocado en sociedades de instituciones frágiles. Pero aún está a tiempo de moderarse y de probar que realmente busca consolidar la democracia.

Bukele prometió depurar la política salvadoreña, pero sus primeros días como presidente estuvieron repletos de controversias (REUTERS/Jose Cabezas)
Bukele prometió depurar la política salvadoreña, pero sus primeros días como presidente estuvieron repletos de controversias (REUTERS/Jose Cabezas)

“El nuevo presidente de El Salvador se encuentra ante una excepcional oportunidad de transformar la dinámica política del país y de refrescar las maneras de encarar los graves problemas que hay. Su particular forma de relacionarse con la población puede contribuir positivamente en este sentido. Sin embargo, fortalecer y consolidar nuevos escenarios de desarrollo social y democrático es un desafío que exigirá, más temprano que tarde, que se abra a múltiples frecuencias de diálogo social y a concertaciones nacionales y regionales que le permitan hacer la diferencia. Antes de que su actual tendencia a un estilo autocrático lleve a hacer de este gobierno una forma de autoritarismo de generación 3.0″, concluyó Ramos.

Los trucos tuiteros de Nayib Bukele. De Nelson Rauda en EL PAIS

Atrae como a moscas la miel un presidente de 37 años que tuitea a su casi millón de seguidores la desaparición de una secretaría, el despido de un funcionario o que él es el “presidente más cool” del mundo. Aunque Twitter apenas llega a los salvadoreños.

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele.
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele. J. Cabezas REUTERS

15 JUNIO 2019 / EL PAIS

La distracción es indispensable en el espectáculo de un mago. Te hace ver fijamente una carta en su mano cuando la verdadera acción sucede en otro lugar. Nayib Bukele, gran showman, ha iniciado su gestión como presidente de El Salvador con esa táctica. Y la carta que usa para captar la atención de todos es su cuenta de Twitter.

El 1 de junio, cuando se terminaba de limpiar la plaza tras su toma de posesión, Bukele ordenó cambiar el nombre de una brigada militar bautizada en honor a un criminal de guerra. La decisión fue aplaudida por organizaciones de derechos humanos y rápidamente cumplida por el Ejército. Al siguiente día, el 2 de junio, circuló un vídeo de soldados despintando el nombre del coronel Domingo Monterrosa del cuartel de San Miguel. La rapidez de Bukele permitió apuntar dedos: la exguerrilla del FMLN, Gobierno en los 10 años anteriores, no pudo (o no quiso) borrar el nombre del coronel, para no chocar con los militares, alegando, incluso, miedo de un golpe de Estado. Lo que el FMLN no hizo en una década, Bukele lo hizo en un tuit.

Aquello fue solo el comienzo. El mismo domingo 2 de junio, Bukele disolvió, todo a través de mensajitos en la red social, cinco secretarías de la presidencia. Esa orden de menos de 280 caracteres eliminará unas 600 plazas del Gobierno y en teoría ahorrará cerca de 15 millones de dólares en salarios el próximo año. Bukele recurrió de nuevo a Twitter para hacer espectaculares destituciones con nombre y apellido, además de cargo y salario. Decenas de funcionarios fueron despedidos por su parentesco con exfuncionarios del FMLN. Bukele pretendió establecer una narrativa: todos los despidos son cuota del partido que se va del poder dejando lleno de parientes el aparato del Estado. Eso no era cierto para todos. Pero, al menos en redes, el truco funcionó. La multitud dijo “me gusta”.

Tras un par de días de despidos a lo Donald Trump en El Aprendiz, el presidente volvió tendencia las palabras “se le ordena”. Sus ministros parecían competir por quién le contestaba con el tuit más inmediato y el tono más señorial: “sí, mi presidente”, “ahorita mismo presidente”, “su orden será ejecutada”. Bukele le encontró humor a la situación y se desató: ordenó, por ejemplo, a su secretario privado comprar una cafetera con el sobrante del salario de una plaza eliminada y, acto seguido, le ordenó comprar pan dulce con su propio salario.

Y no paró: ordenó a un youtuber que se bañara, a otro que hiciera mejores vídeos. Se autonombró “el presidente más cool del mundo”. El 9 de junio, pasada la medianoche, tuiteó “DRACARYS”, el comando que Daenerys Targaryen usaba para ordenar a sus dragones que abrieran fuego en la serie Juego de Tronos. Bukele no añadió ningún contexto, aunque días antes alguien había hecho un montaje de un tuit de Bukele con esa palabra. Estos primeros días de presidencia, los memes se confunden con la realidad.

Solo el 10.7 % de la población mayor de 18 años tiene Twitter en El Salvador, según la encuestadora LPG Datos. 36.9 % de los salvadoreños dijo a la encuestadora de la Universidad Centroamericana (UCA) que las redes sociales eran lo que más utilizaron para informarse en la campaña presidencial, solo por detrás de la televisión. Sin embargo, apenas un 3.6 % de esos encuestados mencionaron Twitter como la que más utilizaron, cuando más del 90 % dijo que era Facebook.

Pese al uso limitado, la información que se produce en Twitter circula fuera de lo digital, en otros medios de comunicación, pero también en la cotidianidad. Una empresa de gaseosas sacó anuncios en buses retomando la frase: “se le ordena a los salvadoreños disfrutar lo nuestro”. En la app de mensajería WhatsApp circulan calcomanías de Bukele con la fórmula “se le ordena” y frases como: “pagarme el almuerzo”, “invitarme a unas cervezas” y otras de contenido sexual.

Es fácil perderse en la vorágine informativa. Muchos medios de comunicación internacionales y famosos opinadores de redes sociales están deslumbrados por la forma. Los atrae como a moscas la miel un presidente de 37 años que tuitea a su casi millón de seguidores la desaparición de una secretaría, el despido de un funcionario o que él es el “presidente más cool” del mundo. El truco funciona. Aunque Twitter apenas llega a los salvadoreños, el debate público dominante sobre uno de los países más homicidas del mundo es acerca de lo que ahí se escribe. El ritmo frenético del presidente en sus redes marca agenda.

Twitter ha sido su carta de distracción mientras se asientan él y los suyos en el Gobierno. Twitter ha sido un truco efectista mientras no empiece a cumplir las promesas del ambicioso plan de trabajo que ofreció en campaña. Y aunque solo van un par de semanas, Bukele ya empezó a incumplir algunas de esas promesas.

“Los corruptos han iniciado una campaña de miedo dirigida a los empleados públicos”, escribió Bukele el 9 de febrero, seis días después de ganar la elección. “Todo lo contrario: los empleados públicos por fin tendrán estabilidad, recibirán aumentos y promociones por mérito, no por ‘conectes’ partidarios. Y dejarán de ser acosados por no apoyar al FMLN”. El sistema judicial salvadoreño ya revisa si el proceso seguido para decenas de casos de despidos fue legal. Bukele, por ejemplo, anunció el despido del inexistente hermano de una líder efemelenista. Los hermanos de ella fueron asesinados en la guerra. Pero el tuit fue ampliamente celebrado. La fiesta de la forma, el desprecio por el fondo. El presidente ya advirtió a los jueces que revisan los despidos para “que se pongan del lado del pueblo”. Sin embargo, Bukele tiene en su Gabinete a 14 personas de su círculo de confianza, entre parientes (su hermano es su principal asesor y un tío es secretario de comercio), exempleados de sus empresas y amigos cercanos. Pero eso no es tendencia en la red del pajarito.

Previo a asumir la presidencia, Bukele guardó como secreto estatal los nombres de su equipo de trabajo y marcó el tono nombrando a seis mujeres al hilo. “Por primera vez en la historia de nuestro país tendremos un Gabinete paritario, de igual número de mujeres que de hombres”, prometió Bukele en su discurso de toma de posesión. Para el 12 de junio, ese porcentaje era de 76% hombres y 24% mujeres.

En su plan de Gobierno, Bukele dijo que “la problemática de los grupos criminales no puede ser tratada exclusivamente desde una óptica de combate a la delincuencia”. Pero ante una oleada de ataques contra policías, cuatro asesinatos en cinco días, el presidente insinuó que buscará medidas más severas, tal como lo hicieron todos los gobiernos anteriores. “Acaban de lesionar a otro agente de la PNC en Santa Ana. Dos impactos en el abdomen. Lastimosamente nos arrinconan y solo nos dejan con una opción. Y no es una tregua”, dijo Bukele en un país donde los cuerpos de seguridad han perpetrado varias ejecuciones extrajudiciales en los últimos años, algunas de ellas difundidas justamente por Twitter.

Los primeros nombramientos en la Policía Nacional Civil anticipan la continuidad de la política represiva que El Salvador ha implementado en los últimos cinco años, una que convirtió al país en el más homicida del mundo en 2015.

El recién nombrado director de la Policía es cuestionado por su compromiso con derechos humanos. Era el jefe de Áreas Especializadas de la institución cuando una agente fue raptada y asesinada por uno de sus compañeros en la fiesta navideña de uno de esos grupos élite. El asesino huyó gracias a la complicidad de sus compañeros. El subdirector de la Policía, el mismo del Gobierno anterior, estuvo detenido años atrás y fue procesado por colaborar con un grupo de ejecución extrajudicial: la “Sombra Negra”.

Tres días antes de la elección, Bukele prometió —en Twitter, cómo no— que ningún diputado tendría “cuotas” en su Gobierno. La Asamblea Legislativa es el órgano de Estado más desprestigiado en el país. Pero ya nombró en su Gabinete a dos diputados de Gana, el partido con que llegó a la Presidencia, y del que forman parte varios acusados de corrupción. Además, nombró como viceministro de Obras Públicas a uno de los fundadores de ese partido, y a dos exfuncionarios del presidente Antonio Saca, condenado tras haber confesado un desfalco de casi 300 millones de dólares.

Para un presidente que es tan comunicativo en redes -solo este jueves 13 de junio publicó 45 tuits-, destaca su silencio sobre el acuerdo migratorio entre México y Estados Unidos, que endurecerá el camino que transitan cientos de migrantes salvadoreños (y hondureños y guatemaltecos) todos los días. Todo lo contrario: Bukele reclamó a Forbes México por afirmar en un tuit que él había criticado ese pacto. Bukele ha comparado a El Salvador con “un hijo drogadicto que necesita ayuda de su padre Estados Unidos” y ha evitado en su política exterior cualquier crítica a la gestión Trump. Desde que está en el cargo, lo único que Bukele ha dicho al presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, es que le cede su lugar como presidente mejor evaluado de América, porque ha aprendido mucho de él.

La lentitud normal de la entrada de un nuevo gobierno está siendo opacada por la frenética actividad del presidente en Twitter. Y eso como estrategia comunicacional y de campaña funciona bien. Pero no basta para administrar a un país.

No basta, sobre todo, ante un país que promedió nueve homicidios diarios en junio, una cifra que se ha mantenido en lo que va del año; un país en el que solo cuatro de cada 10 de los que empiezan la educación se gradúan de secundaria; un país donde más de 500,000 hogares viven bajo la línea de la pobreza. Entre 2020 y 2021, Bukele necesitará la aprobación de unos 250 millones de dólares en deuda externa. Para ello, requerirá 56 votos en la Asamblea Legislativa, y por ahora sus aliados no suman más de 11. Ante todo eso no hay respuestas, ya que el presidente solo ha dado un par de conferencias de prensa. Sabemos que se considera el “más cool”, pero no cuál será su política de seguridad.

Sus trucos en Twitter le compran tiempo. Son efectistas. Falta ver si son efectivos. Para que en cinco años El Salvador sea el país que Bukele visionó y ofertó, puede que haga falta magia de verdad.

EL PAÍS y EL FARO se unen para ampliar la cobertura y conversación sobre Centroamérica. Cada 15 días, el sábado, un periodista de EL FARO aportará su mirada en EL PAÍS a través de análisis sobre la región, que afronta una de sus etapas más agitadas.

La realidad distorsionada. De Cristina López

20 mayo 2019 / EL DIARIO DE HOY

Es innegable que Twitter, en comparación con las demás plataformas sociales existentes, es la más influyente. No solo porque es el medio a través del que muchísimas figuras poderosas alrededor del globo se expresan, sino porque es también el medio en el que muchos de los más prestigiosos periodistas del mundo usan para recibir e intercambiar información: muchas de las personas de las que dependemos para las noticias reciben sus noticias en Twitter. Para bien o para mal.

El diputado Portillo Cuadra decía el otro día, en una entrevista, que le correspondía al presidente entrante “desmontar” el odio que se percibe en las redes sociales. No le falta razón: el ruido y los ataques que resultan cuando uno dirige cualquier crítica (mayor o menor) a quienes tienen el poder de desatar la furia de todos sus seguidores en contra del que osa criticar es una de las herramientas que más le han servido al presidente electo. Pero a veces es fácil perder de vista que Twitter y otras redes sociales distan mucho de ser un reflejo transparente y auténtico de la realidad.

Sí, a veces lo que se discute en Twitter termina volviéndose parte del ciclo noticioso. Es fácil que la plataforma termine afectando nuestras percepciones al asumir que una mayoría tiene una manera de pensar cuando quizás las posturas que más suenan en Twitter no sean ni las más democráticas, ni las más populares, sino las que más provocan, para volverse virales. Y si ver el mundo con el filtro de Twitter es un peligro para la distorsión que puede causar en el periodismo, es incluso peor si quienes nos gobiernan también ven la red social como un termómetro ideal de la realidad para definir sus prioridades.

Como señalaba un estudio reciente en la revista The Atlantic, Twitter dista mucho de ser una plataforma representativa del ciudadano promedio. En lo que conversaciones políticas se refiere, las posturas que llaman más la atención (y la atención es la moneda en la economía de las redes sociales) son posturas radicales. Las limitantes del medio, como su brevedad, incentivan a que, para ganar en la economía de la atención, sean las posturas provocadoras e intransigentes las que resaltan. La conversación mesurada y empática atrae menos atención, requiere más cuidado y tiempo, por lo que una plataforma cuyos principales elementos son brevedad y eficiencia, no es el mejor lugar para la búsqueda de consenso o la discusión de temas en los que hay más tonos de grises que blancos y negros.

Como mencionó Yasha Mounk en su reportaje para The Atlantic, las ciencias sociales han notado que los ciudadanos más activos en temas políticos no son representativos de las poblaciones generales. En promedio, quienes más se involucran en temas políticos tienden a ser más económicamente afluentes, más educados, y por ende, más poderosos que el promedio. Y este tipo de usuario es específicamente el que pulula en Twitter (sin contar a las redes cuentas de conducta inauténtica, pagadas por los inescrupulosos para distorsionar la opinión pública). Estos grupos que no representan a la mayoría de la población tienen una influencia desproporcionada en Twitter. Porque en teoría la red permite que “cualquiera” tenga una voz, líderes culturales y políticos tienden a pensar que la opinión de “el pueblo” o “el público en general” puede encontrarse en Twitter. Y porque tantas de las personas encargadas de describir la realidad (periodistas) y tomar decisiones al respecto (políticos) viven pegados a Twitter, leyendo opiniones, críticas, ataques, y demás manipulaciones, es imposible que esta realidad distorsionada no nos esté pasando la factura. Lo anterior no es un llamado a la desconexión, sino a agregarle mayor intencionalidad y raciocinio a las maneras en las que nos conectamos.

@crislopezg

Conmoción y olvido del lector políticamente correcto. De David Jiménez

David Jiménez, director del periódico español El Mundo

David Jiménez, director del periódico español El Mundo

David Jiménez, 3 abril 2016 / EL MUNDO

Twitter, ese espacio de debate que alguien ha descrito como una versión moderna de las pintadas que se dejan en las puertas de los baños públicos, se ha llenado estos días de lectores enfurecidos por lo que consideran un agravio comparativo entre las coberturas de los atentados de Bruselas y Pakistán. ¿Por qué tanto espacio dedicado a los europeos y tan poco a los paquistaníes? ¿Acaso a los medios les importan más unas vidas que otras?

El redactor jefe de internacional del portal estadounidense Vox ya describió en noviembre la hipocresía de lectores que le plantearon la misma pregunta en relación a los atentados de París y Beirut. Max Fisher defendía el trabajo de la prensa y sostenía que el problema estaba en una audiencia que se indignaba por la supuesta ausencia de una información que ni buscaba ni le interesaba. La polémica había empezado cuando un tuitero logró atención mundial con un mensaje en el que, utilizando el mundouna foto de un acontecimiento que había tenido lugar en Beirut una década antes, denunciaba el supuesto silencio de los medios tras la masacre en un bastión de Hizbulá. Para Fisher «era difícil no ver la ironía» en ese tuit lleno de imprecisiones que el autor podría haber evitado si hubiera leído una información que no sólo existía, sino que había sido publicada en cientos de medios.

Lo ocurrido con Pakistán estos días también es representativo. Algunos lectores me han escrito ofendidos porque no llevamos a portada la noticia del atentado de Lahore -sí en páginas interiores-, una queja en principio legítima. Lo sorprendente es que no recibiéramos ese toque de atención durante la última década, en la que Pakistán ha sido el país del mundo más golpeado por el terrorismo junto a Irak. Una media de dos atentados diarios.

Entre 1999 y 2013 viajé a menudo por el país, informando de golpes de Estado, terremotos y brutales matanzas terroristas. El interés que despertaba lo que narraba desde allí solía ser inferior a las crónicas de fútbol de segunda división. Pero éste y otros periódicos seguimos cubriendo la zona porque creíamos que era nuestra responsabilidad. Escribí entonces y sigo manteniendo que Pakistán importa: el mayor riesgo para el mundo no está en la dictadura de Corea del Norte o los ayatolás de Irán, sino en la posibilidad de que los fundamentalistas controlen un país con armas nucleares y en una rivalidad con La India que ya ha provocado tres guerras.

Que de repente todo el mundo se acuerde de Pakistán -un rato: la atención duró horas- puede llevar a los mismos medios acusados de indiferencia a pasar la pregunta a los lectores. ¿Se debe ese súbito y pasajero interés en el país a lo mucho que importan ahora sus víctimas? ¿O fue un reflejo por lo ocurrido en Bruselas y el temor a que podamos sufrir lo que los paquistaníes llevan años padeciendo?

Por supuesto hay lectores que se preocupan sinceramente por lo que pasa en países lejanos, pero sabemos que no son mayoría porque la tecnología nos permite hoy conocer cuánta gente lee cada noticia y por cuánto tiempo. The Guardian, que también fue cuestionado por sus lectores tras su pobre cobertura del atentado de Lahore, mostraba los datos el otro día y concluía que no importaba cuántas veces cambiaran de titular o enfoque, la prioridad de sus lectores no estaba en Pakistán.

Ocurre lo mismo con otros temas que supuestamente son los que más movilizan a la opinión pública, sobre todo en las redes sociales, y que los periódicos tenemos serios problemas para que sean leídos, ya sean conflictos en África, la crisis de los refugiados o la más cercana violencia de género, que hoy vuelve a nuestras páginas con un gran reportaje de Pedro Simón sobre un maltratador «arrepentido». Si cada observador ofendido por la insuficiente cobertura de uno de estos temas se convirtiera en lector real, los periódicos tendríamos presupuesto para abrir oficinas permanentes en las capitales de todos los países a los que supuestamente hemos abandonado informativamente.

Hoy sabemos mejor que nunca lo que la gente quiere leer, al menos en Internet, y la buena noticia es que podemos desmontar el mito de que sólo atrae lo banal. La política, la salud, la educación, la cultura, el deporte o la ciencia también interesan. Lo que ocurre en tu ciudad interesa más que lo que pasa en otras. Estados Unidos más que Mali. Y Pakistán sólo cuando percibimos que lo que pasa allí nos puede afectar. Por eso vamos a seguir informando del país, tratando de hacer un mejor trabajo en explicar a nuestros lectores por qué debería importarles.

Twitter político en El Salvador. Su forma de operar, objetivos y principal líder

Encontramos en Internet, en una plataforma llamada slideshare.net esta investigación y documentación exhaustiva sobre los trols en El Salvador. No conocemos a los autores, no sabemos qué credenciales profesionales tienen. Así que no podemos dar testiomnio de la validez de sus hallazgos. Con esta reserva que les debemos a nuestros lectores, reproducimos esta investigación que nos parece intersante.

Segunda Vuelta

Noviembre 2015 / RalphPolls

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FIN

Adiós Twitter. De Marvin Galeas

marvin galeasMarvin Galeas, 8 octubre 2015 / EDH

Gracias a las redes establecí contacto con muchos amigos de los que tenía muchos años de no saber  nada.  Sobre todo fui recogiendo información sobre los compañeros del colegio de la secundaria. Unos de ellos han tenido un notable éxito en la vida. Por ejemplo Waldo Concepción de Panamá, prestigioso médico en Estados Unidos. Wally, como le decíamos fue siempre un líder. No me extrañó mucho pues  encontrar en la red que ahora es un famoso cirujano y profesor de Stanford.

La hondureña Soraya Solabarrieta, es una brillante abogada en su país.  En el colegio fue presidente de la clase de graduandos de finales de los setenta. Llamaba la atención por su rara mezcla racial.  Su madre era una mulata de las islas de bahía y su padre un vasco legítimo. El resultado: una muchacha delgada de rasgos finos, pelo ensortijado pero completamente rubio.

Supe de la cubana Anabel Ancheta. Sus fotografías actuales en Facebook, parecen una copia de las fotos del anuario del colegio. Sigue tan risueña y elegante como siempre. Como si el tiempo nunca pasó por su rostro.

Contacté a la panameña Rocío Jaramillo, quien se ha convertido en una especie de punto de referencia obligado para todos los que estudiamos secundaria en el Instituto Adventista Centroamericano en los años setenta.

Lamentablemente otros, según me contaron mis amigos, murieron ya. No muchos. Pero son muertes que duelen porque uno siempre los recuerda jóvenes y llenos de vida. También encontré en la red a mis amigos y amigas de Jocoro donde viví siendo niño en la casa de mi abuela. La mayoría son profesionales y gente de bien.

Muchos amigos nuevos se han ido agregando desde que comencé a escribir columnas. Pero esta red tiene la ventaja que uno puede fácilmente aceptar o rechazar cualquier solicitud.  Así que con Facebook, que creo es una red para mantener contacto con amigos, no hay mucho problema.

Twitter es otra cosa. Lo que fue pensado para emitir comentarios rápidos sobre cualquier tema se fue convirtiendo poco a poco, en una vía para que resentidos, pendencieros, extorsionadores, troles a sueldo y todo tipo de mal vivientes se hayan apoderado de la red para vivir insultando, amenazando, denigrando.

Una cosa es opinar con vigor y otra es insultar con bajeza. Formé mi cuenta de Twitter hace unos años. La verdad es que no escribí muchos comentarios. Pero no dejó de asombrarme el número de seguidores a mi cuenta, a pesar de que cada día tenía que borrar a un promedio de 50 o 60 perfiles falsos. Llegué incluso a tener más seguidores que tuits emitidos.

Siempre traté de opinar con respeto. Quizá alguna veces con sarcasmo y humor. Pero nunca insulté y mucho menos amenacé a nadie.  Personalmente he aprendido a ser tolerante con las ideas de cualquiera, por absurdas que me parezcan. No me molesta en absoluto que alguien critique de manera fuerte mis opiniones. Y tampoco me marean los elogios.

Incluso soporté el lenguaje procaz de los troles al servicio del oficialismo y sus aliados. Lo que si no estoy dispuesto a tolerar, ni tengo por qué hacerlo es que se metan con mi familia.  Fue justa la indignación de Roberto Rubio cuando le hicieron lo mismo. Y él sabe perfectamente quiénes fueron las eminencias grises que se encargan de esas cosas.

Medité entonces que realmente hay otras formas de ayudar a cambiar esta triste situación en la que ha caído el país. No tengo porque soportar a los malcriados por muy altos que sean los cargos que tengan o que hayan tenido. No les voy a permitir que se metan con lo que más quiero.

Así que tomé la decisión de cerrar la cuenta de Twitter y suspender la publicación de mi correo electrónico en esta columna. Se acabó. No más. Que se queden hablando solos y rumiando su desestabilización y resentimiento. Además hay tuiteros más frescos que están haciendo la lucha. Por mi parte, me dedico a otras cosas que me causan mayor alegría.

Política tuitera. De Fernando Mires

Fernando Mires es chileno, historiador, catedrático en el Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de Oldenburg/Alemania – y uno de los más brillantes analistas de las polticas en América Latina. Es íntimo conocedor del proceso político de Venezuela, y uno de los autores del portal venezolano de análisis, opinión y debate Prodavinci, del cual retomamos este ensayo sobre tuiter, política y agresión cibernética.

fernando miresFernando Mires, 3 junio/Prodavinci

Es todavía nuevo pero a la vez muy antiguo medio de expresión. Twitter, palabra que pronto será incorporada a la RAE como Tuiter, más sus derivados sustantivos y verbales como tuiteo y tuitear, ha llegado a ser un medio privilegiado en el proceso siempre inconcluso de la “acción comunicativa” (Habermas).

Digo nuevo porque su auge proviene del mundo digital. Digo antiguo porque desde tiempos remotos ha habido grandes tuiteros antes de tuiter (a.T.).

Los profetas de la Biblia, por ejemplo, eran tremendos tuiteros a.T. En frases de menos de 140 caracteres anunciaban la nueva vida, la llegada del mesías y hasta el acabo del mundo. Algunas frases no parabólicas de Jesucristo también estaban hechas en estilo, extensión y forma tuiteras como tuiteros fueron los apóstoles, sobre todo Pablo de Tarso.

Efectivamente, el tuiter, debido a la brevedad de sus frases, se presta mucho para la formulación de mensajes de salvación algo que lamentablemente ya descubrieron los Testigos de Jehová a quienes, con el perdón de Dios, he tenido que bloquear en masa, so pena de que mi computador colapse frente a tanta insistencia para impedir mi libre acceso al infierno.

Hay géneros literarios que se prestan al estilo tuitero. Otros no. El ensayo en ningún caso. Pero sí la poesía. Escribir “quiero hacer contigo lo que la primavera hace con las flores” (Neruda) cabe perfectamente en un twitter, y dice mucho; sobre todo a las damas. Con la filosofía es más complejo. Ha habido grandes filósofos a.T. pero otros no. Aristóteles por ejemplo nunca habría podido escribir en tuiter. Sócrates tal vez, pero Sócrates, al igual que Jesús, no escribía, aunque según su apóstol Platón sabía expresarse de modo exquisitamente tuitero. Además era chatero pues siempre esperaba una respuesta a sus preguntas. Kant y Hegel, u hoy Habermas, con esas frases kilómetricas que se gastan, jamás podrían haber sido buenos tuiteros. No ocurre así con Marx. Imaginemos que el viejo hubiera escrito en tuiter “Proletarios del mundo uníos”. Afortunadamente no lo hizo.

Sin lugar a dudas el más grande filósofo tuitero de la historia a. T. ha sido Nietzsche. Su estilo sentencioso estaba hecho para tuitear. Lástima que no haya vivido nuestro tiempo pues quizás tuiteando se habría salvado del manicomio. Al menos habría batido todos los records de “followers” y eso habría alimentado todavía más su ego, que muy chico no lo tenía.

Ahora, donde no existen dudas es que si hay una disciplina hecha para el tuiter, es la política. El tuiter –no estoy haciendo ninguna analogía- ha logrado convertirse en un ágora virtual de nuestro tiempo. Así como al ágora, la plaza central de la polis griega, acudían los ciudadanos a discutir, dando origen a la política, a tuiter llegan también ciudadanos a manifestar con sus frases entrecortadas diversos mensajes y opiniones políticas.

El tuiter ha llegado a ser un centro de discusión, de exposición e incluso de agitación política. No me refiero solo a los tuiteros de países sometidos a regímenes dictatoriales y autocráticos donde tantos y tantas yoanis sánchez defienden lo más preciado de cada uno que es el derecho a la palabra, sino, además, a la actividad política como tal.

La política es palabra y cada palabra es un significante. Pero a diferencia de otros, los significantes políticos para que surtan efecto deben ser formulados de modo conciso y breve, vale decir, en estilo tuitero.

No es casualidad que los más grandes políticos de la historia hayan sido expertos en la formulación de frases breves y a la vez altamente significativas. Churchill era un maestro en la materia. Casi todas sus breves frases políticas están plenas de paradojas e ironías. La frase de Gorbachov “quien llega tarde será castigado por la vida”  tiene también un clásico formato tuitero. Lo mismo la de Willy Brandt el día de la caída del muro: “Lo que nace unido debe crecer unido”. Aún guardo en mi memoria una de las últimas frases de Allende poco antes de morir: “Y se abrirán las anchas alamedas”. Si hubiese sido tuiteada habría tenido una resonancia aún más grande.

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Los grandes dictadores y autócratas, en cambio, han carecido de vocación tuitera. Hitler aullaba. Franco y Pinochet chillaban. Stalin tronaba. Fidel Castro era capaz de hablar cinco horas seguidas sin expresar una sola idea. La síntesis y la precisión, la ironía y el humor, nunca han sido cualidades dictatoriales.

Los mejores tuiters políticos son no solo breves sino además metafóricos y metonímicos y por lo mismo indirectamente poéticos. Hoy por ejemplo leí uno extraído de un artículo de Javier Solana: “El Mediterráneo se está convirtiendo en una fosa común”. Basta leer la frase e inmediatamente asoman imágenes de botes repletos de africanos huyendo de la miseria, del hambre, de las guerras, para al final encontrar la muerte cerca de una costa europea.

Lo decisivo en la frase corta no es solo su brevedad, sino la capacidad de transportar imágenes e ideas no dichas. Es lo que los alemanes denominan “Hintergedanke” palabra que significa “el pensamiento de atrás”, vale decir, “el pensamiento que está detrás del pensamiento”. Esa es la razón por la cual hay muchos tuiters fallidos. Lo que está detrás de lo que uno quiere decir no siempre aparece en la frase. En ese caso, lo más recomendable, si uno mete las patas, es borrar el tuiter. A los que escriben ¡me han hackeado la cuenta! ya no les cree nadie.

Sin embargo, así como la vida diaria está llena de peligros y agresiones, con mayor razón ocurre en el tuiteo. Desde su más oscuro anonimato muchos desalmados obtienen en el espacio que les brinda tuiter la posibilidad de agredir al prójimo. Eso quiere decir que así como en la vida pública acecha la amenaza de la antipolítica, en la vida tuitera también asoma el feo rostro de la antipolítica.

Los que tenemos ya cierta experiencia en el oficio, estamos incluso en condiciones de identificar a los agresores del tuiteo en dos grupos psico-sociales.

El primero está formado por los “llaneros solitarios”. Son en su mayoría seres acomplejados que situados frente a la pantalla obtienen el extraño placer de insultar a prójimos, sobre todo a aquellos que han alcanzado un reconocimiento del cual ellos carecen por completo.

El segundo grupo es aún más tóxico. Está formado por quienes –siguiendo a Gramsci- podríamos llamar “tuiteros orgánicos”. Son, en su gran mayoría, personajes al servicio de un partido, de un gobierno o de una mafia. En algunos países ya se autodenominan “guerrillas comunicacionales”. Y efectivamente lo son. Su tarea es asaltar a alguien de improviso, colmarlo de injurias, intentar destruir no a la frase de la persona sino a la persona de la frase. Las ordenes de asesinato virtual vienen por cierto de arriba.

Lo más aconsejable, en caso de ser agredido en tuiter –me lo han dicho mil veces- es hacer caso omiso del agresor. Pero a veces resulta imposible. Quienes como yo hemos tenido la fortuna de haber cursado la básica en una escuela pública, aprendimos ahí la primera ley de la guerra cotidiana: “a quien te insulte devuelve el insulto multiplicado por dos, porque si no lo haces te seguirá insultando”. Es decir, si te mentan a la madre, méntale a la abuela. A veces resulta. Esos bandidos solo conocen su idioma. Por supuesto, después de haber soltado una palabrota tuitera no va a faltar el cursi que te va a interpelar: “¿Así escribe un intelectual?”. Como si un intelectual fuera una especie biológica diferente a la de un abogado, dentista o plomero. O que por el hecho de haber escrito algunos libros uno estuviera obligado a calarse los insultos que se le ocurren a cualquier malnacido.

En cualquier caso, en momentos límites tenemos siempre la posibilidad del bloqueo, equivalente a la goma de borrar cuando usábamos lápices. Gracias al bloqueo podemos eliminar virtualmente al enemigo sin necesidad de matarlo. Acto, no lo niego, altamente seductor. Gracias al bloqueo tu haces desaparecer de la pantalla a un enemigo y de paso le dices, fuera de aquí, esfúmate, conviértete en polvo cósmico.

Pero el bloqueo es un arma defensiva y por lo mismo como toda arma es peligrosa. Hay que usarla solo en casos extremos. Usar el bloqueo sin agresión manifiesta del otro es también una agresión. De lo que se trata -eso es lo importante- es defender a tu espacio tuitero. Y si ese espacio es político, hay que preservarlo de los perversos políticos, es decir, de los anti-políticos. Vengan de donde vengan; estén donde estén.

Al fin y al cabo no estoy muy seguro si en la polis griega los ciudadanos se trataban con tanta amabilidad como ahora imaginamos. Cuando Sócrates fue condenado a muerte más de una puteada debe haber sonado en el aire del ágora.