Mes: junio 2019

O conmigo, o contra mí. De Mariana Belloso

Ese es el clima que ahora vivimos los salvadoreños que utilizamos redes sociales: un comentario puede desatar ataques masivos que ponen a prueba la tolerancia y resistencia de cualquiera...

30 junio 2019 / LA PRENSA GRAFICA/SEPTIMO SENTIDO

Los llamados a la unidad son uno de los recursos más antiguos de la política. Los seres humanos, animales sociales, han desarrollado en las ciencias políticas la sistematización de sus formas de relacionarse, sus estructuras de poder y su organización.

Entonces vemos a la unidad como medio y como fin en la obra de muchos teóricos, desde filósofos políticos hasta politólogos, y por supuesto que encontramos la palabra en los discursos de líderes y políticos de todos los tiempos, con resultados variados: desde los llamados a la unidad del proletariado en el «Manifiesto comunista», hasta el afán por conformar alianzas y bloques entre países con fines similares.

¿Pero qué pasa cuando el llamado a la unidad se vuelve, a su vez, una invitación a combatir a quien no se sume a la colectividad en cuestión? Recordemos algunos casos recientes. «Quien no está con nosotros, está contra nosotros», afirmó el entonces presidente de Estados Unidos George W. Bush, la madrugada del 21 de septiembre de 2011, en referencia a que no podía haber medias tintas en la lucha contra el terrorismo. Efectivamente, un grupo de países, incluido El Salvador, formaron un bloque de aliados para combatir a los que se consideraban parte del eje del mal.

La misma República Popular China no admite que sus aliados reconozcan a Taiwán como un país independiente, y su política de una sola China ha puesto entre la espada y la pared a países pequeños como, de nuevo, El Salvador.

Y si bien uno puede llegar a justificar y hasta a compartir posturas como estas, en las que están en juego temas como el equilibrio geopolítico o la seguridad internacional, decir que quien no está conmigo está contra mí también puede ser desafortunado.

Ese es el clima que ahora vivimos los salvadoreños que utilizamos redes sociales: un comentario puede desatar ataques masivos que ponen a prueba la tolerancia y resistencia de cualquiera. Con mayor frecuencia se ha vuelto desafortunado emitir opiniones que pongan en entredicho al nuevo gobierno, más que todo en Twitter, que se ha vuelto la plataforma de comunicación por excelencia de la nueva administración.

Y si bien antes se pensaba que los ataques venían de grupos bien organizados para hacer ruido en las redes sociales, los denominados «troll centers», la verdad es que los ánimos se han caldeado al punto de que los insultos y el acoso vienen de ciudadanos comunes y corrientes, como usted o como yo, que simplemente se valen de la seguridad que da el estar tras un teclado y una pantalla para «poner en su lugar» a quien piensa distinto.

Leemos a dirigentes de Nuevas Ideas hacer llamados a la unidad, mientras cualquier opinión que ponga en duda a algún funcionario del Gobierno es sepultada pronto por cientos de voces prestos a defender al actual Ejecutivo. Es, cada vez más evidentemente, el imperio del odio.

Es desafortunado que se esté profundizando de esta forma la polarización política, algo que como país hemos padecido durante décadas cuando las dos fuerzas políticas preponderantes eran ARENA y el FMLN, exponentes máximos de la lucha entre derechas e izquierdas. Con la elección de Nayib Bukele se repitió una y otra vez que se había puesto fin al bipartidismo, a esa polarización que tanto daño le hizo al país, que tantas decisiones importantes frenó, y que tantas reformas necesarias retrasó.

Y sin embargo, la división continúa: o sos de los nuestros, o estás contra nosotros. ¿Será que somos incapaces de dejar a un lado las diferencias y arremangarnos para rescatar al país? ¿Será que esa lucha eterna por pertenecer al bando ganador será nuestra perdición?

Ojalá que no, y ojalá que toda esa efervescencia en redes no pase de eso, porque ahora más que nunca es que se necesita juntar esfuerzos para resolver los problemas fiscales, económicos, sociales, de seguridad y de inequidad que nos tienen en el sótano en cuanto a crecimiento, y que hacen que nuestra gente huya hacia otros países, sin importar los peligros que eso implique.

Carta a la capitana Carola Rackete: El imperativo humanista. De Paolo Luers

29 junio 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

[Quiero que antes de leer esta carta, primero vean este artículo sobre el barco “Sea Watch”, que bajo el mando de Carola Rackete rescata a refugiados en el mar mediterráneo. Actualmente tiene a bordo 42 refugiados que de otra manera hubieran naufragado y muerto – y el gobierno en Roma te prohibió desembarcar a los rescatados en un puerto italiano. Para los que leen esta carta en internet, es fácil encontrar esta nota, solo activen este link. Para los que leen esta carta en El Diario de Hoy o MAS, pongan en Google el título de la nota: La capitana que desafía a Salvini. Gracias.]

Estimada Carola:

Tu ejemplo anima a tomar acción. Estás desafiando al gobierno italiano y su alpha macho Matteo Salvini, que considera criminal la operación de los barcos humanitarios de rescate y amenaza con echarte presa y decomisar la “Sea Watch”, si entras al puerto de Lampedusa. Mandaste un mensaje a Savini: “He decidido entrar al puerto. Sé a lo que me arriesgo, pero los 42 náufragos a bordo están al límite. Los llevo a salvo.”

En Estados Unidos han sido arrestados voluntarios humanitarios por el crimen de abastecer de agua a los migrantes que atraviesan el desierto para cruzar la frontera. En México comienza la represión contra organizaciones religiosas y comunitarias que brindan apoyo logístico a las caravanas de migrantes que atraviesan el país.

Mientras el mundo tiene gobernantes como Trump y Savini, se necesita personas como tú, que no aceptan la criminalización de la migración – e incluso de las organizaciones humanitarias que tratan de evitar que esta criminalización resulte en la muerte.

Tu desafío valiente funciona. Los gobiernos municipales de Amsterdam y Berlin han ofrecido recibir a los refugiados a bordo de la “Sea Watch”. Organizaciones religiosas de Italia se han comprometido a recibir a los náufragos, de la manera que su alimentación, tratamiento médico, ropa y el transporte a su destina final no le costaría ni un solo Euro al gobierno italiano. El multitudinario Congreso de los lutheranos de Alemania sacó una resolución que autoriza a su Iglesia a formar parte activa en las operaciones humanitarias en el mediterráneo en apoyo a los refugiados. El presidente de la Iglesia dijo: “Ayudar al prójimo es un deber cristiano, y ningún gobierno puede prohibirlo.”

“Il capitano”, como los seguidores de “La Lega” (el partido de derecha racista de Salvini) llaman a su líder, al fin ha encontrado a su capitana. Mejor díganle de un solo “il duce”, como a Mussolini…

Tu posición frente el poder cínico no tiene nada de berrinche, ni de búsqueda de protagonismo (ni siquiera usas las redes sociales). Tienes tanta fuerza, porque la tuya nada más es una posición de principios profesionales y humanitarios, sin confrontación, sin agitación propagandística. Pero es contagiosa y marca una tendencia, que puede ser peligrosa para los Trump y Salvini, que insisten en cerrar sus fronteras – incluso a costa de muertos.

Gracias, paisana. Saludos desde El Salvador, de

El patógeno de la violencia. De Mario Vega

Mario Vega, pastor general de ELIM

28 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

James Gilligan, médico psiquiatra, fue llamado por el sistema de prisiones del estado de Massachusetts en busca de una solución para los altos índices de violencia y suicidios que se producían en la población interna. El doctor Gilligan se dedicó afanosamente a identificar la razón última de la violencia. Después de varios años de estudio identificó el patógeno y le llamó «humillación abrumadora».

Concluyó que la violencia es siempre un intento desesperado y riesgoso de ganar respeto, atención y reconocimiento hacia sí mismo o hacia el grupo con quien la persona se identifica. Su teoría es capaz de explicar todos los rangos de conductas violentas, desde las individuales (homicidios y suicidio) hasta las colectivas (guerra, terrorismo y genocidio) y permite desarrollar métodos prácticos de prevención de la violencia.

En palabras del Dr. Gilligan: «Toda violencia es un intento por reemplazar la humillación con autoestima”. Tal idea no solo es un presupuesto teórico sino que Gilligan tuvo la oportunidad de demostrarlo al cambiar el énfasis de castigar la violencia por prevenirla antes de que ocurra. Los resultados fueron fabulosos.

Durante los 25 años que duró su trabajo en las prisiones, los índices de violencia y suicidios se redujeron casi a cero. En los Estados Unidos el índice de reincidencia de los reos que cumplen su condena es del 65% en los siguientes tres años a su liberación. Con la aplicación de su método, el Dr. Gilligan logró reducir la reincidencia a un 1% en un período de 25 años. Sus logros extraordinarios le convirtieron en catedrático del Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard por 34 años.

En esa universidad llegó a convertirse en el director del Instituto de Leyes y Psiquiatría. Además ha trabajado como consultor y asesor de Tony Blair y de la Cámara de los Lores en el Reino Unido, del Tribunal Criminal Internacional de la ex Yugoslavia en La Haya, del Colegio Estadounidense de Abogados y de muchas legislaturas estatales, departamentos de sheriffs y comisionados policiales. Además es autor de una docena de libros en el tema de la violencia.

Actualmente el Dr. Gilligan se encuentra jubilado y vive al lado de su esposa Carol.
Sus estudios y sus libros demuestran cómo el enfoque de la civilización humana por tratar de corregir las acciones violentas con castigos severos es un camino incorrecto que perpetúa el problema.

De nuevo en sus palabras: «El castigo es el detonador de violencia más poderoso que hemos inventado». La afirmación de que mayor represión provoca mayor violencia no es una idea antojadiza sino un hecho que ha sido demostrado en todo lugar y en todo tiempo en que se haya aplicado.

Si el patógeno de la violencia es el sentimiento de humillación abrumadora, es obvio que un trato más severo y humillante profundizará aún más los sentimientos de inadecuación, derivando en nuevas y mayores expresiones violentas.

No ha ocurrido en la historia humana alguna ocasión en la que el uso de la fuerza haya resuelto algún tipo de violencia. Tampoco ha ocurrido en nuestro país. Pero las propuestas del Dr. Gilligan están saturadas de éxitos que demuestran la veracidad de sus enfoques.

Cuando el problema de la violencia se pretende resolver, debería hacerse desde un enfoque científico y probado; no desde la emotividad popular o el ganguerismo político. Por amor a Dios, ya hay demasiado dolor para continuar experimentando con la vida de los pobres.

Carta sobre la foto de Valeria. De Paolo Luers

27 junio 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

La agencia de Aduana y Protección de Fronteras CBP es la encargada de arrestar y mantener detenidos a los migrantes que cruzan la frontera sin permiso, incluyendo los miles de menores de edad que tienen en campos de concentración.

Para hacer más eficiente el trabajo de esta agencia, el presidente Trump nombró como su nuevo jefe a un señor llamado Mark Morgan, quien se calificó para este cargo hablando de los niños detenidos en la frontera, en una entrevista con FOX NEWS, en los siguientes términos:

“I’ve looked at their eyes and I’ve said that is a soon-to-be MS-13 gang member. It’s unequivocal.”

“Les he mirado a los ojos y he dicho: este es un futuro miembro de la MS-13. No hay dónde equivocarse”.

Este hombre, con estos criterios, es ahora el responsable de la suerte, de la salud, de la vida y del futuro de miles de niños arrestados en la frontera.

Mira a un niño centroamericano y ve a un futuro pandillero.

¿Qué hubiera visto este hombre al encontrarse con Valeria Ramírez, si ella no hubiera muerto en el intento de cruzar el río Bravo, sino hubiera llegado a uno de los centros de detención? Hubiera visto en la niña salvadoreña de 23 meses una futura pandillera, ladrona o prostituta. Como él mismo dijo: “It’s unequivocal,” sin lugar a equivocarse…

La foto de Valeria recorrió el mundo, salió en la portada del New York Times, y todos la asociamos con aquella otra foto, tomada en una playa de Grecia, de Aylan, el niño kurdo.

No voy a publicar las fotos otra vez. Ya todos las conocemos. A todos nos impactaron.

Existe una diferencia que hay que hacer: la familia de Aylan huyó de su país Siria porque está en guerra. La familia de Valeria no huyó de su país, sino buscó otro país para encontrar trabajo, oportunidades y seguridad. Pero ambas, violencia y falta de oportunidades, son razones válidas para migrar. Lo han sido en toda la historia de la humanidad…

Muchos critican que se está convirtiendo la foto de Valeria en un símbolo y que la usan para criticar a Trump y su política de convertir a los gobiernos de México y Centroamérica en cómplices del intento de bloquear y criminalizar la migración.

Pero esta foto ES un símbolo e igual que la de Aylan, cambiará el debate sobre migración. La foto de Aylan vino a dar fuerza a Angela Merkel y su política de abrir las fronteras de Alemania a los refugiados. La foto de Valeria va a dar fuerza a los millones de ciudadanos en Estados Unidos que van a exigir que se abran la frontera a los migrantes centroamericanos. Ambas fotos son símbolos y poderosos instrumentos políticos.

Saludos,

De sirenas y partidas secretas. De Carmen Aída Lazo

Carmen Aída Lazo, decana de Economía de la ESEN; excandidata a la vicepresidencia

25 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

La Odisea siempre ha sido uno de mis libros favoritos. En ella, Homero relata las aventuras de Ulises en su retorno a su hogar en Ítaca, después de la guerra de Troya.

Y sin lugar a dudas el relato más conocido de esta obra es el de Ulises y las sirenas. Cuando Ulises finalmente decide emprender su viaje hacia Ítaca, la diosa Circe habla con él y le advierte que se encontrará con las sirenas en su camino, quienes, con sus voces, hechizan a los hombres. Los hombres, embelesados, saltan de los barcos y mueren ahogados, por lo que Circe le recomienda atarse al mástil del barco para evitar sucumbir ante estas criaturas míticas.

Ulises así lo hace y además ordena a todos los hombres de la nave taparse los oídos con cera, Por último, les exige que no lo desaten, sin importar cuánto suplique. Gracias a estas precauciones, Ulises y su tripulación logran salir ilesos del encuentro con las sirenas.

Este relato ha sido sujeto de diferentes interpretaciones metafóricas a lo largo del tiempo, siendo una de ellas que, dada nuestra vulnerable naturaleza humana, muchas veces lo que más nos conviene es atarnos de manos y limitar voluntariamente nuestro libre albedrío, pues ello nos librará de cometer acciones que nos terminen afectando. Dado que las tentaciones estarán ahí, y que será en extremo difícil no sucumbir ante ellas, es mejor limitar anticipadamente nuestro accionar, en otras palabras, es mejor atarnos de pies y manos al mástil del barco.

Esta alegoría resulta particularmente pertinente para el caso de nuestro país, donde los sonados casos de corrupción han erosionado la confianza de la población en la clase política. Y porque tales casos de corrupción, -en los que se dilapidaron los recursos del Estado-, se podrían haber evitado si las posibilidades de sucumbir a las tentaciones se hubiesen minimizado oportunamente. Es decir, si quienes ostentan el poder actuasen como Ulises, atándose al mástil del barco.

Y es que la falta de transparencia en el manejo de las finanzas del Estado, la opacidad en el uso de los recursos públicos, actúan como esas tentaciones, como esos cantos de sirena, que estimulan los abusos en el ejercicio del poder. Nuestra historia reciente ha demostrado contundentemente, que, en la medida que existan fondos públicos que no estén sujetos a una adecuada rendición de cuentas o al escrutinio público, los funcionarios se verán tentados a hacer un uso inadecuado de dichos recursos.
Es por ello que la transparencia y la rendición de cuentas en el uso de los fondos del Estado actúa como un poderoso antídoto para evitar tales tentaciones. Es la forma de atarse al mástil de quienes ostentan el poder. Y es lo que todos debemos exigir.

El fortalecimiento de la transparencia en el manejo de las finanzas públicas exige una agenda con múltiples acciones, con un compromiso político real y con un genuino involucramiento de los diferentes actores de la sociedad civil. Es mucho lo que aún se puede hacer en El Salvador. De hecho, el International Budget Partnership -que clasifica a los países de acuerdo a la transparencia en su presupuesto-, ubica a El Salvador entre los países con nivel de transparencia insuficiente.

Ciertamente se han dedicado foros completos a discutir y tratar de trazar esa agenda, pero cierro esta columna comentando una acción puntual, concreta, de exclusiva responsabilidad del poder Ejecutivo y que, de realizarse, contribuiría al tan necesario fortalecimiento de la transparencia.

Esta acción es reducir, a su mínima expresión, la partida de gastos reservados en el Presupuesto General del Estado 2020. La principal característica de la partida de gastos reservados -conocida popularmente como partida secreta- ha sido la opacidad y discrecionalidad con la que se ha manejado desde la Presidencia de la República. Esto puede y debe cambiar, y está en manos del Órgano Ejecutivo el hacerlo.

El presupuesto del Organismo de Inteligencia del Estado asciende a más de 30 millones de dólares y se clasifica como gasto reservado. A manera de referencia, la Superintendencia de Competencia -que vela por el buen funcionamiento de los mercados- cuenta con un presupuesto anual de $2.7 millones, Fosalud, con cerca de $39 millones, el Hospital Nacional Benjamín Bloom: $34 millones. Un presupuesto anual de $30 millones para la OIE es excesivamente alto en un país con las demandas sociales que tiene El Salvador.

Es cierto además que muchos países tienen partidas de Gastos Reservados, pero también es cierto que muchos de ellos cuentan con mucha mayor claridad sobre la definición de tales gastos y mejores mecanismos de fiscalización y auditoría de su ejecución. Además de definir con precisión qué se considera gasto reservado, es importante explicitar las prohibiciones. Así, por ejemplo, de ninguna manera los gastos reservados deben ser usados para el pago de sobresueldos u otra forma de compensación a servidores públicos, y deben ser auditados por la Corte de Cuentas de la República. Y en caso la información sea clasificada como reservada, deberá hacerse pública una vez venza el plazo de dicha reserva.

En definitiva, ningún gasto del Estado debe estar exento de un mecanismo de fiscalización y control. Ninguno. Es posible y necesario que el presupuesto que mandará el Gobierno a la Asamblea en septiembre de este año contemple una reducción sustancial de los gastos reservados, y que se emprenda un esfuerzo serio por definir y fiscalizar tales fondos.

Mayor transparencia es central para brindar mejores bienes y servicios a la población, y para combatir la corrupción. La transparencia ayuda a blindar a los gobernantes de las tentaciones en el poder. La reducción y control de los gastos reservados es una acción factible en la dirección correcta.

Carta a una amiga que ama al país: No nos hagamos ilusiones. De Paolo Luers

25 junio 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Muy estimada amiga:

“Todos queremos lo mejor para este pueblo. Eso es lo que necesita el país: un sentido de unidad, un sentido de inclusión, un respeto por nuestras instituciones, nuestro modo de vida, el estado de derecho y el respeto mutuo”. Estas fueron las palabras que citaste del expresidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, después de la elección de Donald Trump en 2016. Fue un llamado bien intencionado que honra al expresidente Obama, pero lastimosamente no fue realista.

Lea también:

Uniendo esfuerzos. De Erika Saldaña

Porque resulta que Trump no quiere lo mejor para su pueblo, sino que busca promover las causas de la xenofobia, el racismo – y que su lema ‘Make America Great Again’ se traduce a ‘Make White America Great Again’. Resulta que Trump no promueve ‘un sentido de unidad e inclusión’, sino la división y exclusión. Resulta que Trump no  entiende lo que significan la palabra respeto…

Hoy, en el tercer año de la presidencia de Trump, Obama ya no diría lo mismo. Tuvo que reconocer que ante un gobierno de este tipo resulta ilusorio apelar a la unidad, al respeto a las instituciones y a cualquier tipo de respeto. Lo que hay que hacer es fortalecer la institucionalidad y los contrapesos, incluyendo la oposición, para evitar que pueda avanzar su agenda antidemocrática – y para asegurar que en las próximas elecciones se produzca un cambio.

Entonces, la noble frase de Obama sobre ‘el sentido de unidad’ no nos sirve de punto de partida para una reflexión sobre la situación actual de nuestro país – y sobre cómo relacionarse con el gobierno de Bukele los que no somos parte de su proyecto de poder. Vale la pena estudiar Estados Unidos y Trump, pero para aprender cómo hacer oposición y contención a un presidente que ha logrado movilizar una porción tal vez no mayoritaria, pero sí grande y sólida de la población alrededor de consignas simplistas, populistas y divisionistas.

¿Cómo atreverse a ejercer crítica, oposición y contención a un gobierno que tiene ventaja de popularidad, porque no tiene ningún asco a lo simple, lo falso y lo demagógico – mientras que la oposición no sabe cómo comunicar verdades más complejas y mensajes contra la corriente?

¿Cómo lograr esto cuando todos los instrumentos necesarios para hacerlo se encuentran en crisis de identidad y liderazgo: los partidos políticos, la academia, los organizaciones de la sociedad civil, el parlamento, los medios de comunicación? Todos. Y cuando muchos de estos instrumentos de contrapeso son tan fáciles de extorsionar por la presión popular que el recién electo presidente sabe movilizar contra cualquier intento de someter su poder a reglas institucionales y legales.

Sólo cuando estos instrumentos se hayan logrado liberar de su actual parálisis y recuperen su capacidad de jugar su papel en el sistema de pesos y contrapesos, puede convertirse en oposición propositiva y constructiva. Para ser oposición constructiva, primero hay que establecerse como oposición. Esto es válido para partidos como para intelectuales o líderes de la sociedad civil. Si no, veremos más del espectáculo embarazoso que ya comienza a presentarse diariamente: que cada uno por separado y debajo de la mesa, desde su debilidad y su miedo de perder importancia, busca arreglarse con el nuevo poder.

Concertación digna sólo será posible desde posiciones de fuerza y unidad. Es imposible imaginarse una unidad nacional sin antes haber llegado a una claridad de criterios, prioridades y propósitos, tanto en el campo gubernamental como en el campo opositor. Sólo entonces se podrá concertar a favor del país. Sin dar este paso, sin transparencia sobre los propósitos de los diferentes actores (gubernamentales, opositores, ciudadanas y gremiales) no puede haber concertación, solo pactos oscuros y sumisiones.

Entiendo tu interés manifiesto de que el país avance. Está bien decir: ‘Unamos esfuerzos por el país’ – pero antes de unir esfuerzos hay que tener fuerza. No es un gobierno ni un presidente que nos van a unir. Vamos a unirnos para tener la fuerza de concertar con el gobierno por el bien del país. Y para ejercer oposición donde no hay intento de imposición y chantaje.

Saludos,

Uniendo esfuerzos. De Erika Saldaña

24 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

“Todos queremos lo mejor para este pueblo. Eso es lo que necesita el país: un sentido de unidad, un sentido de inclusión, un respeto por nuestras instituciones, nuestro modo de vida, el estado de derecho y el respeto mutuo”. Estas fueron las palabras del expresidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, después de la elección de Donald Trump en 2016. Fue un llamado a la unidad del país luego de que su partido perdiera la elección presidencial. Y estas son palabras que también deberíamos hacer propias para El Salvador.

Lea también: Carta a una amiga que ama al país: No nos hagamos ilusiones. De Paolo Luers

La semana pasada tuve la oportunidad de compartir un almuerzo organizado por la embajadora de los Estados Unidos Jean Manes en su residencia, en el que mujeres líderes de este país intercambiaron ideas y visiones con la primera dama de la república y las ministras de Turismo, Educación, Salud, Cultura y Desarrollo Local. El llamado durante la reunión fue el mismo hecho por el expresidente Obama. La embajadora pronunció un breve mensaje que luego fue difundido en su cuenta de Twitter: “El momento de este país es hoy. Tenemos que dar un paso adelante y empujar desde donde estamos. Seamos audaces, seamos valientes, no vacilemos, no nos detengamos. Nuestras familias, nuestras comunidades, nuestros países nos necesitan”. El Salvador necesita a todos sus buenos ciudadanos.

Durante décadas, los partidos †††políticos que ganaron una elección empujaron esfuerzos hacia decisiones específicas sin considerar la opinión de quienes fueron adversarios o de quienes no pensaban de manera similar. No ha existido la suficiente madurez política de tener en cuenta lo que piensan las minorías. Eso ha profundizado la polarización y el resentimiento entre distintos sectores de la sociedad. Todas estas asperezas existentes son las que hay que limar, centrando esfuerzos en sacar adelante un país dañado por la pobreza, exclusión y corrupción. Esto es posible hacerlo sin perder el pensamiento propio y el sentido crítico propio.

El llamado a unir esfuerzos por el país no se traduce una sumisión y aceptación a ciegas de las decisiones que provengan del Órgano Ejecutivo. La invocación a la unidad significa que todos los involucrados en las decisiones de país deben tener la madurez política de participar en un diálogo horizontal para la toma de decisiones. Significa que los ciudadanos comprometidos con El Salvador debemos unir esfuerzos y apoyar las buenas propuestas que provengan del Ejecutivo. Y también, que la presidencia y sus ministros deben escuchar las observaciones y críticas orientadas a tomar mejores decisiones o corregir errores. La idea principal debe ser siempre resolver de manera civilizada los problemas del país.

En El Salvador necesitamos mucha civilidad. Civilidad cuando convivimos en nuestras colonias y comunidades; civilidad en las calles y en el tráfico; civilidad en el trato con nuestros compañeros de trabajo y con los usuarios de los servicios. Y también, civilidad en el ámbito político, donde los oponentes partidarios o los distintos pensamientos ideológicos no deben tratarse como si fueran enemigos. El fin último de todos los involucrados en política debería ser el progreso del país y el bienestar de la población. Lo único distinto es el camino a seguir, no la finalidad que todos buscamos.

Hoy es un buen momento para compartir el mensaje de la embajadora Manes a todos los ciudadanos que queremos a nuestro país: hay que unir esfuerzos por El Salvador. Debemos dejar a un lado las diferencias políticas que nos han separado desde hace décadas y trabajar, cada quien desde su trinchera personal, en hacer avanzar el desarrollo de nuestro país. Las diferencias no deben ser más ruidosas que el deseo de mejora de todos los ciudadanos. Cuando se trata de nuestro país, todos estamos en el mismo equipo.